BUENOS AIRES (especial para Punto Uno) Hace ocho años la Universidad Nacional de Lanús tuvo la gentileza de invitarme a participar en su Congreso de “Geopolítica y Filosofía”, allí integré un panel con Alcira Argumedo y Alicia Castro. Se nos propuso una pregunta concreta: “¿cómo romper a favor del campo popular, el empate hegemónico en que hoy viven Argentina y América Latina?”. Por supuesto que la pregunta misma suponía ya un diagnóstico, el cual se expresa a través de un concepto geopolítico clave (el de “empate hegemónico”). Asumí ambos, sólo que lo hice desde el punto de vista de la otra disciplina al que este mismo Congreso invitaba: la Filosofía. Es mi vocación y mi práctica efectiva en estos últimos cincuenta años. Sólo que no me refiero a la filosofía en general, sino a una filosofía latinoamericanamente situada, que se practica en nuestro país y en nuestra región y que hemos denominado “Filosofía de la Liberación”. Esta junto a la “Teología de la Liberación”, “La pedagogía de la Liberación” y las “Cátedras Nacionales” en materia de Ciencias Políticas y Sociales (una de cuyas ilustres pioneras teníamos el gusto que nos acompañase en ese panel, precisamente Alcira Argumedo) han ido construyendo (desde sus diferentes perspectivas y enfoques) un corpus conceptual lo suficientemente sólido como para intentar contestar esa pregunta. Y su solidez no le viene sólo de lo epistémico, sino de su arraigo en nuestra propia experiencia y necesidades históricas. Ya que sólo arraigado en la tierra y abierto al mundo, algo se torna realmente sólido. Ese corpus es por cierto muy distinto del europeo y del norteamericano (aun cuando algunos términos puedan sonar iguales), lamentablemente todavía muy arraigados en los grandes centros oficiales de docencia e investigación, como si fueran conceptos y prácticas “universales sin más”. Lo cual, por supuesto no lo son. Desde este corpus conceptual (latinoamericanamente situado) abordé la cuestión.
*EL PESCADO Y LA CABEZA*
Suele decirse que “el pescado empieza a pudrirse por la cabeza” y este viejo dicho popular es descriptivo de una de las mayores causas de ese empate hegemónico (en materia geopolítica) tanto como una de las mejores chances para romperlo a nuestro favor. Tenemos la cabeza ocupada con tantas (supuestas) verdades, modelos y teorías ajenas a nuestro cuerpo, que éste cada vez nos pertenece menos. Permítasenos graficar con una saeta del padre Castelani esta situación de tener la “cabeza ocupada”: “¡Hay cuántas cosas que saben las gentes de este albardón/ hay cuántas cosas que saben/ pero cosas que no son!”. Desocupar la cabeza y reunir el pensamiento con su ser y su estar (propios), es una tarea político-cultural de primer orden. Es casi imposible triunfar en lo económico y en lo geopolítico, con una cabeza ocupada por otros y con un cuerpo que patea en contra. Pasando a términos conceptuales esta situación de facto, nosotros llamaremos “situación colonial” (una “cabeza ocupada” por otro) y “proceso de liberación nacional y social”, a la ruptura de esa hegemonía anómala y a la recuperación de nuestra propia soberanía cultural y política. Si razona el caballo se acabó la equitación, de aquí que los mayores empeños de ese Imperio (del Otro en nosotros) estén puestos directamente en que pensemos lo menos posible y que cuando lo hagamos, utilicemos sus categorías y no las nuestras. Por eso –desde el punto de vista estrictamente conceptual- pensamos que la categoría de “Liberación” debe estar en la base de cualquier proyecto geopolítico que (en nuestro país y en nuestra región) intente un desempate a favor de sus Pueblos. Nuestro proyecto es entonces un proyecto de Liberación, o será siempre insuficiente para el fin mayor que nos proponemos. Y este término (Liberación) no dice lo mismo que los conceptos usuales (de clara matriz eurocéntrica) como Libertad, Revolución, Emancipación, Luchas, etc. sino que dice mucho más y es mucho más integral aún. Acaso por eso mismo fue y es tan puntillosamente negado, minimizado o reemplazado, tanto en la autodenominada Academia, como en los intelectuales considerados “bien pensantes” (por el Otro, claro). En lo que sigue intentaremos precisar la potencialidad del concepto de Liberación, indisolublemente unidos a los del Pueblo y Nación (en perspectiva latinoamericana, claro está).
*¿QUE ES ESO DE “LIBERACIÓN”?*
Algunas aclaraciones puntuales: 1°) Es un concepto que surge específicamente en el contexto latinoamericano y del Tercer Mundo (a partir de la segunda mitad del siglo XX), al calor de los procesos de descolonización y de las denominadas revoluciones nacionales antiimperialistas. 2°) ni en la filosofía, ni en las ciencias sociales europeas o norteamericanas tiene mayores antecedentes ni prestigio. Allí los conceptos nodales son, como dijimos: Libertad, Revolución, Desarrollo, Modernización, Emancipación etc. Tenía si antecedentes e historia propia en el terreno de la Teología y relativamente en el Arte.3°) por ese mismo origen político y social, requiere como contraparte inexcusable -para una comprensión más plena- el concepto de Dependencia, contra y a partir del cual opera. 4°) precisamente esa dupla Dependencia/Liberación, nace opuesta a otra que daba la impronta por entonces: Desarrollo/Subdesarrollo (advirtiendo sobre la ilusión modernizadora que ella encerraba, al soslayar el problema básico de la dependencia latinoamericana). Se trata, en consecuencia, de un concepto esencialmente ético y político. Su fuerza revulsiva en el campo epistémico, proviene de ese origen. Lo otro es que (Liberación) es un concepto típico de la filosofía y del pensamiento latinoamericano contemporáneo, e incluso es así reconocido en el actual debate internacional de ideas.
*EL SUJETO Y EL MARCO DE LA LIBERACION.*
No hay auténtico proceso de Liberación sin un sujeto social que lo protagonice (el Pueblo) y un marco histórico donde transcurra esa lucha (la Nación). Respecto de estos dos últimos conceptos (Pueblo y Nación), sólo diremos ahora algunas cosas muy básicas (en función del tiempo disponible). En primer lugar, que estas dos nociones sí tienen largos antecedentes en el pensamiento europeo y cobran su significación más actual a partir de la Modernidad y su consumación. Pero ambas (Pueblo y Nación) -que para un pensamiento de la Liberación resultarán claves- despertarán en cambio, en el pensamiento europeo contemporáneo, fuertes “sospechas” y frecuentes rechazos viscerales. Esto –como no podía ser de otra manera- a partir de su propia experiencia histórica que, por supuesto, no es la nuestra; situaciones ambas que será fundamental no confundir, ni mezclar, ni universalizar (lo cual, lamentablemente, suele ser muy frecuente en los análisis y debates). En segundo lugar, ¿por qué las nociones de Pueblo y Nación son claves para estructurar un pensamiento de la Liberación? Porque esas nociones –pensadas desde nosotros- le otorgan a una Filosofía de la Liberación las coordenadas adecuadas para pensar su “sujeto”, aquél que protagoniza la Liberación (y sufre la Dependencia). La expresión Pueblo hace referencia al sujeto socialmente encarnado de la Liberación y la expresión Nación establece el marco histórico-cultural (geopolítico) en que se da la misma. Un proceso de Liberación es entonces protagonizado por un Pueblo que convive en una Nación (o busca convivir en ella), de manera libre, una “vida buena”, es decir digna de ser vivida. En tercer lugar, en el pensamiento europeo las categorías de Clase e Individuo (con todas las variantes del caso) se han impuesto por sobre este concepto de Pueblo, reduciéndose éste a un puesto residual, al que busca (intencionalmente) relacionarse con experiencias totalitarias o encubridoras. Por el contrario, un análisis en término de Pueblo –tal como ocurre en los pensamientos de la Liberación- no necesariamente son antagónicos con esas dos nociones, sino que incluso las utiliza y las contiene, sólo que de un modo diferente. Otro tanto ocurre con la idea de Nación. Aquí el pensamiento europeo prefiere hablar de Sociedad (y esquiva expresamente el término “Comunidad”, con el cual inició su marcha hacia la democracia: la polis griega). También liga a esta noción nuestra de Nación con experiencias totalitarias suyas (de su pasado próximo), o con expresiones ya superadas (e inválidas) en una era como la presente. Aquí será fundamental –para un pensamiento de la Liberación- dejar bien en claro dos cosas: 1°) que su idea de Nación nada tiene que ver con aquellos “nacionalismos” totalitarios europeos y 2°) que la construcción de la Nación (capaz de protagonizar un proceso de Liberación) es un programa todavía pendiente y vigente entre nosotros. Lo nuevo es que ahora ese proceso de construcción deberá cursar en un marco de creciente “mundialización”, con todos los desafíos e inteligencias que esto supone. Por cierto que todo esto afecta a la noción de Estado. Y en esto nuestra asimetría contemporánea con la situación europea es notoria. El origen, desarrollos y desafíos de los estados latinoamericanos fueron completamente distintos de los europeos y norteamericanos, que aquellos se dieron. Pero esto, amigo lector, bien puede ser motivo de otra conversación.
«Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán(…) A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas. Pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, seguramente no se van a equivocar. (…) La opción es generar procesos y no ocupar espacios».
Papa Francisco (2015)
Occidente asiste a la relajación, , cuando no a la erosión, de los sustratos cristianos que le dieron origen, y que explican la deriva nihilista de las clases dirigentes, fundamentalmente las norteamericanas. Hoy EEUU es un imperio sin imperio que repite el patrón romano: una élite plutocrática depredadora frente a un modelo de acumulación de capital insostenible por medios económicamente racionales.
Esta crisis de sentido en Occidente contrastó con la irrupción de una nueva voz en el corazón de la Iglesia católica. Tras la larga tradición de papas europeos, el pontificado de Francisco, un líder del ‘sur global’, reorientó la atención de Roma hacia los «pueblos» y los «humildes», desafiando implícitamente el individualismo y el materialismo de las sociedades post-cristianas.
Pero lo distintivo del presente es el divorcio mismo entra el capitalismo occidental y su ética fundante: el protestantismo. Esa tradición religiosa que si alguna vez le dio fuerza económica, ahora deja un vacío espiritual que explica gran parte de la turbulencia global.
Francisco llevó al Vaticano algo esencialmente latinoamericano: la «teología del pueblo» de Licio Gera, distinta de la más famosa –y ya sepultada– «teología de la liberación».
Los viejos liberales ven populismo en esa mirada de Francisco sobre los pueblos como sujetos históricos, pero ese liberalismo es tan arcaico como el marxismo que condena. Hoy domina un individualismo poscristiano, tecnoliberal y nihilista, que simplemente declara, como Thatcher, que ‘la sociedad no existe’.
En los 12 años y algunas semanas de su pontificado, Francisco concentró sus gestos y mensajes en los humildes: pobres, excluidos, perseguidos, migrantes; los descartados por la sociedad moderna, en quienes veía el rostro de Dios. Aunque esto no es una novedad histórica del cristianismo, la intensidad del enfoque de Francisco generó incomodidad en ciertos sectores del Vaticano.
Sus aperturas hacia divorciados, gays o creyentes de otros caminos hacia Dios incomodaron especialmente a aquellos que temen el abandono del papel tradicional de la Iglesia como autoridad moral sobre lo correcto e incorrecto a los ojos de Dios. Esta tensión doctrinal tiene matices diferentes según las regiones, con mayor resonancia crítica en las iglesias no occidentales. Sin embargo, nadie se atreverá a cuestionar abiertamente el «pobrismo» de Francisco, que en definitiva fue inaugurado por el mismo Fundador.
El gran tema es el trabajo
Aunque a menudo se proceda -de modo deliberado o no- a vincular al cristianismo con el «pobrismo» y el consecuente tiro por elevación al peronismo, señalemos que el punto de partida del cristianismo es el pobre, no su glorificación. Una cosa es reconocer en el humilde el rostro concreto de la injusticia; otra muy distinta es naturalizar esa condición como destino manifiesto y romantizable. Si el cristianismo pone en el centro la dignidad inviolable de cada persona, el peronismo traduce esa premisa a la vida histórica de una comunidad organizada: no administrar la pobreza, sino superarla; no hacer del necesitado una identidad permanente, sino elevarlo a la condición de trabajador, que no es solo una categoría económica sino una forma de pertenencia, dignidad y realización humana. Porque ser pobre describe una herida social, una condición producto de la materialidad; ser trabajador nombra una identidad, un lugar en el mundo y una posibilidad de «vivir bien».
En ese punto, la insistencia de Francisco adquiere una claridad poco frecuente en este tiempo. Cuando afirma que “el gran tema es el trabajo”. Dice Francisco, en Fratella Tutti:
«El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo». En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo.»
Francisco apela al trabajo no como variable económica sino como condición de existencia: como forma de aportar, de crecer, de vincularse, de ser parte. Por eso advierte que la ayuda material solo puede ser provisoria, y que la verdadera política —si pretende ser popular en serio— debe garantizar que cada persona pueda desplegar sus capacidades y vivir de su propio esfuerzo.
Por la misma senda, Perón enfatiza la riqueza espiritual del cristianismo, pero señala que le falta una versión política que permita la transformación social efectiva. Dice Perón:
«La concepción cristiana presenta otra posibilidad, impregnada de una profunda riqueza espiritual, pero sin una versión política suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno» – Modelo Argentino para el proyecto Nacional (1974)
El peronismo resulta, en este modo de ver las cosas, una forma político práctica del cristianismo. Un puente entre lo espiritual y lo político.Es por eso que la clave de esta base doctrinaria y filosófica se ofrece, todavía (por encima de las circunstanciales diferencias y dirigencias) como un fuerza capaz de remendar las heridas. Aquello que el propio Francisco continuó como legado: la cultura del encuentro.
Lo que estamos afirmando, en última instancia, es que la persistencia de este sustrato cristiano—ese rescoldo profundo y casi invisible—será la llama que mantendrá viva la esperanza colectiva, incluso en un tiempo dominado por la desesperanza individualista y las acechanzas aún desconocidas del futuro inmediato.
Este titilar nos sitúa en un cruce de caminos. Porque si bien esta llama de esperanza colectiva se mantiene viva en las bases de Occidente, una nueva realidad emerge en la esfera pública: la desconfianza generalizada y la irrupción del ciudadano/votante como espectador que busca saldar cuentas con una dirigencia percibida como inauténtica. Esta nueva dinámica ha dado origen a un fenómeno que podemos denominar la venganza del espectador.
La venganza del espectador
Habitamos un tiempo donde la vara quedó tan baja que cualquiera “se le anima” a la política. Se sabe. Cualquier periodista o influencer puede soñar – con algún apego a la realidad – con ocupar un rol de referencia en el desierto de ideas de la actualidad. Es que el fenómeno Milei abrió una tranquera general.
En todos los casos, apareció -y a nivel mundial- una oportunidad simbólica de»ajustar cuentas» con algo que se miraba desde afuera. Pasarle factura a una dirigencia incapaz de comprender nuestros problemas. Muchas iras acumuladas, contenidas demasiado tiempo. De allí que haya madurado una firme desconfianza hacia instancias intermediarias como los partidos políticos, sindicatos, corporaciones diversas y también hacia los medios de comunicación tradicionales, de cuyas ruinas surgieron los formatos de comunicación digital que hoy proliferan por todo el paisaje de redes. ¿Quién quiere ser influencer cuando sea grande?.
Después de todo, si la política profesional era «eso», entonces todos podemos decirle a “los políticos” lo que deben hacer y como hacerlo. El tiempo de los comentaristas, con o sin experiencia. Un ruido blanco donde el silencio no genera buenas métricas. La saturación de la que este mismo artículo participa.
La venganza del espectador prevalece como marca de época. Una época cimentada en un ciudadano/votante consumidor que elige productos políticos según sus preferencias inmediatas.
El abandono progresivo de la construcción política alrededor de grandes relatos colectivos, terminó reduciéndola a un acto de identificación narcisista. El problema radica en que la dirigencia política debe tomar nota de esto para tranformarlo positivamente, no para consolidarlo o contratar consultores que le ayuden a copiar la fórmula. Una dirigencia consultor-dependiente, enamorada de sí misma pero separada peligrosamente de la sociedad.
Después de todo parte importante de la actual corriente antipolítica es una rebelión contra la teatralizacion de la política, y no contra la política en sí.
Autenticidad
Por eso la política en general y el peronismo en particular deberían salir del rincón con argumentos surgidos de la práctica política real. Poner en valor el cara a cara. El encuentro. Lo genuino que se cierne en sus bases, y que se contrapone diametralmente a su superficie. Solo así se recuperará la imaginación política perdida, sobre todo en el peronismo donde buena parte de su dirigencia padece del mismo mal que esas clases medias ilustradas que lo han copado: la inautenticidad.
Una paradoja dolorosa para un movimiento cuyo origen histórico es exactamente lo opuesto: una fuerza nacida del calor popular y las raíces sociales más profundas, surgida para desafiar al statu quo político decadente de su época; hoy tiene el desafío urgente de encontrar nuevos símbolos y nuevas formas para volver a encarnar su razón de ser. Lo que también es, por cierto, una obligación patriótica.
Recuerdo algo que ocurrió en una de esas tantas reuniones a las que uno asiste. Un dirigente sindical dio detalles de un encuentro con Francisco en el Vaticano. Comentó que, al narrarle el “trabajo que hacía el sindicato con los más humildes” al Santo Padre, Francisco lo interrumpió para consultarle algo puntual:
“muy bien , muy interesante pero, ¿ustedes los tocan?, literalmente , ¿están en contacto físico?,¿abrazan a los pobres?…”
El silencio de quienes oímos la anécdota cerró el relato.
Al final, quizás la venganza del espectador no sea otra cosa que la respuesta a la soledad masiva frente a la pantallas. Un narcisismo de masas que celebra su propia clarividencia, mientras profundiza su descenso al egoísmo más autodestructivo.
Nuestra vida espiritual , y también la política, demandan abandonar el confort y volver a tocar el mundo real con nuestras manos. Abrazar, como pedía Francisco, aquello que pretendemos representar.
Algunos de los círculos infernales del conurbano comienzan a manifestarse en toda su abrumadora nitidez, cada vez con mayor frecuencia y hasta con indolente desparpajo.
El cronista se encuentra en el primer tercio de su viaje de retorno al hogar en Ituzaingó, desde su rutina laboral de los fines de semana, en Villa Luzuriaga. Viaja esta vez, sentado en una formación del 242 ramal San Justo – Morón.
Llegando a la intersección de Ignacio Arieta y Avenida Don Bosco, el chofer para y permite que suba sin pagar pasaje una familia compuesta por presuntos papá, mamá y dos hijos varones de unos 10 años de edad. Quizás más, quizás menos. Los adultos evidencian dificultades de índole mentales o algún grado, acaso, de alienación causada por múltiples probables factores, de los cuales resalta la miseria extrema que ostentan.
Suben con dos carritos colmados de bolsas. Uno de los carritos queda en medio del pasillo, junto a la primera hilera de doble asiento, donde van sentados la madre y uno de los chicos. El 242 dobla por avenida Luis María Campos para insertarse lánguidamente en territorio moronense.
El carrito suelto cae, y junto a él, se abre una de las bolsas y se desparrama en el piso. Discute la pareja, agitando ambos sus brazos y emitiendo una especie de gruñidos que no alcanzan a clarificarse como palabras en castellano básico. Finalmente, la mujer se decide y vuelve a meter por el agujero que se hizo en la bolsa, un par de zapatillas, algunas telas, y una bolsa con algo que se asemeja a pizzetas apelmazadas unas a otras. Luego levanta todo y lo lleva sobre sus faldas. Así hasta llegar a plaza La Roche, donde descienden antes que el resto del pasaje.
Simultáneamente, mis ojos dan testimonio como cada fin de semana al arribar a la habitual fealdad de la mencionada plazoleta frente a la estación Morón del FF.CC. Sarmiento, que decenas… qué digo decenas, cientos y hasta para ser más preciso, un largo par de centenares de seres humanos, forman desprolijas filas sobre la vereda de 25 de Mayo y doblan por avenida Rivadavia, esperando que una institución benéfica les brinde una pequeña vianda de comida, seguramente la única que comerán en todo el día, exceptuando sobras de alguna panadería o algún tacho de basura del cual satisfacerse, si cabe la adjetivación.
El cronista atraviesa, como cada fin de semana, dicho espacio público del corazón de nuestro conurbano en horario nocturno, no siempre bien iluminado claro está. Divisa considerable demora para esperar al siguiente convoy del ferrocarril, así que decide cruzar la estación para ir a tomar el colectivo de la línea 395, que lo dejará cerca de su residencia, al fin.
En ese derrotero entre roedores por doquier, mientras cruza las vías pensando en una emblemática canción de Leonard Cohen “Everybody Knows” (Todo el mundo lo sabe, traducido a nuestro paladar rioplatense), observa sin asombro alguno, a un borracho en el peor de sus momentos, como abrazado a un rencor, vomitando junto a la barrera.
Escasos 50 metros más adelante, otro ebrio que se apoya contra un poste de luz, un hombre ya maduro, de edad bastante indefinida pero cercano a los 60 años, por lo menos. Si se suelta, caerá desvanecido en su propio lodazal de orines y vómitos. El callejón sin salida, donde la dignidad ya no importa en lo más mínimo.
Y las urgencias arrecian, mientras las “personas inteligentes” conceden años y años a quienes concienzudamente vinieron para profundizar el deterioro del tejido social hasta volarlo en mil pedazos. Que es lo que ya se evidencia con tan solo caminar y caminar, y caminar. Pero eso sí: Los «educados» conceden «gobernabilidad»… para que todo vuele por los aires, muchísimo más temprano que tarde.
Ahora el cronista dobla por Crisólogo Larralde, una cuadra lúgubre en su oscuridad y veredas destrozadas desde tiempos inmemoriales, entre Independencia y Cabildo, exactamente donde hay numerosas paradas de colectivos. El tercer borracho, yace recostado sobre el asiento de la parada del 441 cartel San Alberto. Mañana no sabrá qué sucedió esta noche. Y seguramente pasado mañana tampoco sabrá lo que sucederá mañana en cualquier parte de la jornada.
Golpe de suerte! El 395 llega tras menos de 10 minutos de espera, acostumbrados como estamos todos sus usuarios a los 30, 40 o 50 minutos de espera regulares tanto sábados como domingos. A mitad de viaje, sobre avenida Sarmiento, en las coquetas calles de Castelar, una señora experimenta alguna clase de brote, y comienza a gritar y a emitir incoherencias.
Algunas palabras son distinguibles con absoluta claridad: Remiten a verduras que no fueron compradas. Comida que ya no hay, pero que su mente mantiene cual tortura cotidiana en medio de sus delirios. Al rato, se calma sin que nadie le diga una sola palabra. Y una aparente normalidad vuelve a marcar prudente presencia al interior de la formación, mientras una interminable senda de luces mortecinas nos saludan sin sonrisas a nuestro paso.
Los que aún no llegaron a esos círculos del infierno, en todo caso estamos apenas un escalón por encima, como dijera la cardióloga a este cronista, a quien sentenció como “detonado de estrés” y le reclamó desentenderse de “la política” por tiempo indefinido, según ella, en caso de que desee sobrevivir, paso previo a re-vivir. Vaya uno a saber. Seguramente ella tiene toda la razón.
Al menos, este vecino precisa dar testimonio de estas realidades de nuestros nadies, sin romantizarlos ni estigmatizarlos.
El país invivible ya está entre nosotros. Y entre pibes que portan armas y multiplican amenazas en masa, violencia social que se acrecienta exponencialmente en todo su salvajismo, condenados de nuestra tierra que se arrastran sin destino por las callejuelas sucias y oscuras de nuestras y todas las ciudades y pueblos habidos y por haber, mucho más simpáticos en sus auto-bombos publicitarios que en la sórdida realidad que los suele atravesar… así como también una legión de indiferentes, un puñado de almas sensibles y caritativas, un amplio pelotón de insanos que gozan con todo este cuadro, y los poderosos de siempre que se hacen cada vez más poderosos sin que nada ni nadie les ponga un verdadero coto final…
… el cronista finalmente arriba a su harto modesto hogar. Desensilla, pone agua a calentar en la pava, y sólo atina a pensar, mientras contempla su patio desde el ventanal de su habitación: “Bienvenidos al tren”.
“Milei al Gobierno, KM al Poder”, podría sintetizar el eslogan de esta administración que comienza a sentir los primeros temblores justo allí, donde la espalda pierde su nombre decente. La otra definición sería, “necesitamos más de 2,9% de inflación porque KM menos del 3% no acepta”. Están para cualquiera. Porque los dejan estar para cualquiera. Cuanto más absurdo, cuanto más delirante sea el planteo, mejor. Cuando todo caiga, haciendo más ruido que un piano de cola arrojado desde la terraza, los canallas del empresariado sentimental y coqueto que el lunes pasado salieron de la juntada de AmCham (Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina) diciendo que “valoraban la señal de sostener el rumbo” lo van a mandar con pito y cadena indicando que “el proyecto era correcto… pero él está loco”.
¿Loco? “Loco… sí -dice el viejo Polonio sobre Hamlet en la inmortal pieza del Cisne de Avón-. Pero hay método en su locura”. La ecuación les cerró mejor que ninguna hasta ahora, incluido el golpe de Estado de 1976: un megalómano trastornado, con delirios de estrella del rock, manejado por su hermanita con complejo de Antígona. La Tortera -como la apoda Mauricio Macri en la intimidad y no tanto- es una de las mujeres más rústicas y brutales del país (al punto hacerle sombra a Patricia Bullrich) y fue habilitada por los que condimentan el estofado a llevarse todo lo que pueda. Claro, a cambio de… bueno, está a la vista. Carambola, palito y tronera. Mientras la fórmula les rinda (¿qué es el 3% de ANDIS frente a la entrega de los Glaciares a las mineras; cuánto representa la estafa $Libra al lado de los miles de millones de dólares que han fugado con el carry trade?), lloverán los plácemes sobre la peluca y los hombros con caspa de Milei.
Y el tipo, encima, se les hace el difícil. “Si no nos quieren acompañar -los aprieta-, no pasa nada. Nos vamos a casa. Total yo puedo trabajar en el sector privado”. Pero… ite iendo, diría un coya amigo mío. No te frustres, Fiera. Andá nomás. Vete, te pido que te vetas. Al sector privado, al campo con los perros imaginarios o, por ahí, a la cárcel… en el mejor de los casos. Eso, el Papadas, lo sabe. Como sabe muchas otras cosas. Demasiadas, acaso, para quienes lo vienen patrocinando. Y por eso usa doble chaleco antibalas: tiene más kevlar encima que una paleta de paddle de última generación. Siempre es mejor sudar la gota gorda que la fría.
Ánade cruel
El pato no suele ser un ave violenta, vengativa, envidiosa, irascible y carnicera salvo que pertenezca a la familia de los Bullrich. Con sus tecnológicos anteojos con audífono (se ha mandado a hacer varios pares de distintos colores así, cuando le toca hablar, le van dictando lo que tiene que decir), la senadora Patricia B. asoma en el escuálido mundillo libertario como candidata de recambio. Un vocero sin voz, una armadora que no sabe armar y un Papadas desgastado de tanto rayar el modelo contra las paredes de la real economic, hacen que esta ex todo reaparezca en el cenit de la errante ultra derecha como proyecto potable. En todo caso -y por ahora- es la que mejor mide en un gobierno barranca abajo.
Es que la derechosidad, que es muy afecta al uso del espejo retrovisor cuando las cosas no marchan como creen que deberían, ha comenzado a extrañar; casi a sentir remembranzas por las figuras de Horacio Rodríguez Larreta en CABA y Patricia Bullrich Luro Pueyrredón en el país. No porque admitan haberse equivocado sino porque su ideal de dirigente es aquel que puedan despedir cuando hace alguna cosita que les desagrada, como al servicio doméstico, y eso, en nuestra desleída democracia de bajísima intensidad, todavía no se consigue.
Encima, el golden boy (he dicho golden, no taxi) que se había armado KM en su cabecita loca no para de mostrar el culo: propiedades baratísimas que le venden jubiladas prestamistas que no lo conocen; viajes a Nueva York y a Punta del Este pagados por el gobierno; vacaciones familiares en Aruba, destino por el que pagó nada más que 5.000 dólares de pasajes: o este muchacho es el rey de la pichincha o algo muy turbio se esconde detrás de la aparente suerte económica del vocero afónico.
Pero la Rubia Perdición de Javier Milei se niega a soltarle la mano. Acaso con buen criterio ya que, supone, tras Adorni se puede esconder una inflación que no cesa de crecer y centenares de muertos por faltas de medicamentos, de atención, de comida y… por suicidio. ¡Qué equivocada! Las malas nuevas potencian las malas viejas y los errores sucesivos son imposibles de ocultar tras otros errores. Así, el 2027 (¿usted cree que falta mucho? No sea pueril) se presenta más difícil que alcanzar la esquiva inflación cero.
¿La casta dónde está?
En el gobierno del Casalito Milei. La verdadera, digo. La que difícilmente el ojo poco avezado del hombre y la mujer de a pie pueda distinguir. “Tener poder es tener impunidad”, definió alguna vez Alfredo Yabrán antes de tener que salir obligadamente de su cómodo anonimato. ¿Quién te otorga inmunidad en este paisito nuestro? El Poder Judicial. Y lo primero que le aconsejaron los Menem a KM cuando la entornaron fue que se comprara una Justicia Propia. Claro, no le avisaron que los armadores nunca lo harían para ella. Porque estos procesos de latrocinio desmadrado requieren, imprescindiblemente, de chivos expiatorios.
La buena de KM, subyugada por las peripecias del poder (e ignorante de las traiciones que suelen signarlas) se entregó de cuerpo entero a lo que uno de los Menem le susurraba al oído y eligió al abogado Santiago Viola como consultor primero, como defensor familiar luego y, finalmente, ahora, como Viceministro de Justicia. Y quiero decir que este es vice de verdad porque juega de taquito con el ministro Juan Bautista Mahiques, un exponente explícito de la casta judicial, casi el prototipo.
No voy a perderme en el intricado laberinto de la familia judicial, con sus incestuosidades políticas y sus protecciones mafiosas. Hay gentes que saben mucho más del tema y algunos, como Carlos Pagni, hasta cuentan una parte, aunque lo hagan con un lenguaje casi inextricable, para iniciados (Jauretche aconsejaba leer La Nación y pararse del lado opuesto. Pero leerla). Sí voy a decir que Viola, hijo de la jueza Claudia Balbín, que en una época ofrecía sobreseimientos a cambio de inculpar a Cristina Kirchner, fue defensor de los hijos de Lázaro Báez y le tendió una trampa al juez Casanello intentando, mediante testigos falsos, demostrar que el magistrado visitaba la Quinta de Olivos durante el kirchnerismo. El viceministro de Justicia libertario también defendió a la hermana del represor Jorge Radice, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex ESMA. Una joyita el pibe.
La dupla de la injusticia teje hoy una red de impunidad de características casi absurdas ya que con ella intenta envolver tanto a personajes del gobierno acusados de corrupción como a algunos enemigos del Papadas, como Claudio “El Chiqui” Tapia y su brazo ejecutor, Pablo Toviggino. Todo mientras desde el libertarismo caricaturesco, la senadora jujeña Vilma Vedia trata de convencer al pueblo argentino de comer carne de burro. Y uno se pregunta: ¿son conscientes de los riesgos que corre el Gabinete de Milei si esta propuesta se extendiera? Pobre Platero, y su amigo don Juan Ramón Jiménez.
Trump-oso
Es más o menos sabido que el Papa es la representación de Dios en la Tierra, sucesor de Pedro y vicario de Cristo. Ahora bien, el conflicto empieza cuando Dios baja a la Tierra para gobernar los Estados Unidos y el jefe del Pentágono le explica al mundo que León XIV “no sabe nada de teología”. En ese nivel de desatino está la administración de los Estados Unidos: un presidente absolutamente extraviado, en el sentido más amplio del adjetivo; un Jefe del Pentágono, Peter Hegseth, más objetado (y bestial) que el propio Trump; un partido Republicano atravesado por una profunda grieta que tiene a los que siguen apoyando aun al Papadas Blondo y los que quieren sacarlo del Gobierno antes de que hunda aún más al país y al mundo.
Donaldo, como si nada. Hoy se pelea con Irán. Mañana amenaza a China. Pasado bloquea el ya bloqueado estrecho de Ormuz. Al día siguiente dice que volverá a negociar pero si los iraníes le entregan la totalidad del uranio enriquecido y se comprometen a frenar por 20 años la carrera nuclear mientras en paralelo bombardea lugares neurálgicos para Rusia y se pelea con el Senado de su país que, cada semana, está más cerca de imponerle restricciones para guerrear.
La escasez de información (Israel ha cerrado toda comunicación que no salga de su gobierno y los periodistas independientes siguen siendo asesinados en Gaza, Líbano e Irán) impide un verdadero análisis pero cada día está más clara la soledad del norteamericano a quien ya no respetan ni los mandatarios europeos ni el mismísimo Netanyahu que, no sólo ha bombardeado refinerías estratégicas de las que se surte yankylandia sino que rompió el alto el fuego por 10 días alcanzado entre El Líbano y los Estados Unidos.
Algunas fuentes serias sostienen que la suerte de Trump está echada, en lo político y, sobre todo en lo militar, ámbito en el que ha quedado más expuesto que en los archivos de Epstein. Sólo la voracidad de Israel, en cabeza de un par de ministros del gabinete como Itamar Ben Gvir, de Seguridad Nacional, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mantiene la tensión en un punto de no retorno ya que no quieren salir de esta guerra sin anexar parte de Irak y del sur del Líbano.
Voces más poderosas se alzan en este sentido. Una de ellas, la de Xi Jinping: “Un cierto país, obsesionado con mantener su hegemonía, ha hecho todo lo posible por paralizar los mercados emergentes y las naciones en desarrollo. Quien progresa rápidamente se convierte en un objetivo de contención; quien se pone al día se convierte en una amenaza. Pero todo esto es en vano. El mundo en el que vivimos hoy es una comunidad con un futuro compartido. La gente no quiere una nueva Guerra Fría; quiere un mundo de paz duradera y seguridad universal”, ha dicho el premier chino. Y ese no habla porque el aire es gratis.
Olor a final
Tengo que pedir perdón, a esta altura, por tomarme algunas cosas en solfa. Pero en un país en el que el Presidente -que se dice Doctor en Economía-, explica que “la inflación sube porque los precios aumentan”; el Ministro de Salud -que se llama Lugones y desciende del creador de la picana eléctrica… hablame de casta- descubre que el PAMI tiene afiliados mayores de 80 años y les echa la culpa por el déficit de la institución; el Secretario de Agricultura les anuncia a las entidades del campo que las retenciones serán cero… hacia el final del segundo gobierno de Milei y el Director General de Gendarmería, a la sazón novio de la Ministra de Seguridad, compra boinas por valor de dos millones de dólares (a 150.000 pesos la unidad cuando su precio de mercado es de 50.000) que no se pueden usar porque no van con el uniforme.
Un país en el que usted, que me lee, sabe perfectamente de quién hablo cuando digo KM pero la justicia lleva meses tratando de discernir a quién le pertenecen las iniciales que recibían el 3%; donde un operador periodístico ensobradísimo le avisa a un imputado por las coimas de ANDIS que van a allanar sus oficinas; el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri se posiciona como la persona que va a conducir la interna del Peronismo hacia 2027; Eduardo Menem consigue un fallo favorable de la Corte para cobrar 40 millones de pesos de jubilación y un retroactivo de 1.500 millones y Julio de Vido, un gran tipo: 76 años, diabetes tipo 1, insulino dependiente, continua detenido en Ezeiza por peronista… Bueno, ese país es un mal chiste, una broma macabra, la farsa en la que se repite la tragedia, una burla a la inteligencia y a la esperanza de las mujeres y los hombres que lo sufren día a día.
Mujeres y hombres, niños y ancianos, personas, seres humanos que, no se entiende cómo, no se han rebelado más allá del grupito de jubilados que son apaleados y reprimidos cada miércoles en las puertas del Congreso y alguna marcha esporádica y, a veces, ilusionante -como la del 24 de marzo- que deja ese regusto a que la cosa puede cambiar. Con hambre, sin trabajo, sin consumo, 300.000 puestos de trabajo perdidos en poco más de 2 años, 70 empresas que cierran por día y los macabros recortes a la ciencia, la universidad, a la salud… Con todo eso, la inflación sigue aumentando y las promesas de Milei caen una tras otra como las fichas de un dominó que nos lleva a la muerte.
Es imprescindible reaccionar. Romper el inmovilismo. Salir de la pesadilla vivida como destino. Y eso no es chiste.
“Aunque ese tipo desapareciera, no podría ocupar su lugar, la competencia por ese puesto va a ser feroz… ¿cuántos otros candidatos habrá?”.
Estas palabras pertenecen a Man-Su, un hombre que después de 25 años es despedido de su lugar de trabajo y reflejan una síntesis del mundo laboral contemporáneo. La escena donde se pronuncian estas palabras es de la película “La única opción” y la imagen muestra a Man-Su en una terraza, en el momento que levanta una maceta enorme por sobre su cabeza a punto de ser lanzada al vacío para descargar sobre la integridad de alguien que es un supuesto competidor en el puesto de trabajo al cual él aspira. El director de la película (Park Chan-wook), que juega un poco con lo ridículo y lo trágico de la situación, lo muestra al protagonista como levantando una gran pesa que no puede sostener. Parece un atleta absurdo. Un Buster Keaton coreano y moderno.
La única testigo de la situación, una señora que se supone es la dueña de la casa donde el protagonista entró sin pedir permiso, lo mira desde atrás y le pregunta “¿levantamiento de pesas?” La película está llena de símbolos, este puede ser uno de ellos, un peso que no se soporta y lo oprime, pero con el cual no sabe qué hacer. ¿la culpa? No. Mientras unas gotas de agua de la maceta, al parecer recién regada, le caen sobre la cabeza, reflexiona: “¿Cuántos otros candidatos habrá?” y es la pregunta lo que lo detiene, no la culpa. La pregunta que le hace ver que con eliminar a uno no tiene sentido. Man-Su no tiene culpa, pero tiene deudas (¿acaso no son lo mismo?), el dinero se le acaba y tiene que elaborar un plan para que nadie le robe el nuevo puesto de trabajo que tanto ambiciona. Entonces hace un simple cálculo, una estimación. “…cuatro, cinco…diez”, ¿cuántos serán los competidores? Números (no seres humanos) que lo amenazan en este nuevo orden del capital.
Hay que eliminarlos a todos. Man-Su tiene que encontrar otro trabajo para mantener a su familia y seguir sosteniendo su estilo de vida. Y como el cuerpo habla, la ansiedad, el estrés y la presión le pasan factura. Un dolor de muelas (otro símbolo) se dispara cuando es despedido y lo altera cada vez más. Dolor que logra arrancarse (se saca la muela) cuando elimina al último contrincante, sintiendo un alivio físico que es un alivio mental.
¿Qué pasaría si siguen apareciendo competidores? ¿Cuántos dolores debería arrancarse? ¿Se ha convertido su vida en una rueda sin fin que lo consume a sí mismo?
“Se lo están comiendo vivo”, dice Man-Su después de ver que el árbol de uno de sus competidores está siendo devorado por insectos. En realidad es algo más profundo, ya que habla de él mismo y de cómo el mundo está avanzando y cambiando, y se lo está “comiendo” porque él no está encontrando la manera de avanzar también.
Mas allá de todo spoileo, el desenlace de “La única opción” transcurre entre la ironía y una profunda devastación. Se lo ve a Man-Su entrando a la fábrica con una tablet en su mano, emocionado y haciendo un gesto de suprema alegría, agitando a la par sus brazos hacia atrás y a hacia delante con los puños cerrados y con la mirada al cielo, gritando como si hubiese conseguido meter un gol que le vale un campeonato. Tras asesinar a sus principales rivales Man-Su finalmente obtiene el puesto de trabajo que tanto anhelaba. Un final feliz, pero la película lo presenta de forma inquietante: su nuevo cargo consiste en supervisar instalaciones altamente automatizadas, donde prácticamente no hay trabajadores humanos.
“Se lo están comiendo vivo”, había dicho, y así, irónicamente, ha sacrificado su humanidadpara regresar al mundo laboral y descubrir que el sistema productivo con el que tanto pretendía reencontrarse ya no necesita personas. De algún modo, su sacrificio fue en vano. Además, con resentimientos y secretos que inundaron las relaciones familiares que dejaron marcas que no desaparecerán.
No era ni es mi intención hacer un comentario de una película, no me considero un crítico de cine ni mucho menos, tampoco soy muy cinéfilo más allá de disfrutar de buenas películas cuando rara vez se encuentran. Simplemente quiero expresar una serie de interrogantes que me asaltaron cuando la disfruté.
Interrogantes que me hicieron, de alguna manera, viajar en el tiempo. Cuando estaba terminando de verla, no pude evitar recordar otra película. Seguro la he visto en el viejo y querido cine Arte. Ese cine del subsuelo en el que nos juntábamos con amigos para hacer de ese encuentro una especie de rito cultural. Me refiero al rito del encuentro, vernos. A la celebración de estar ahí y poder discutir, hablar, criticar, disfrutar y luego compartir una pizza, un vino o un buen café hasta agotar todas las conclusiones posibles sin llegar a ningún puerto, porque no se trataba de llegar a ningún lado, sino de estar, nada más que eso, estar juntos.
Lulú Massa
Esa otra película a la que refiero es “La clase obrera va al paraíso”. Tengo que agudizar bastante la memoria e incluso recurrir a la ayuda para recordar los nombres del personaje central. Sí me acuerdo perfectamente del actor, el gran Gian María Volonté. El personaje se llamaba Lulú Massa. ¿No la vieron? La dejo acá abajo.
Me pregunto dónde quedó el paraíso. Si bien es cierto que tampoco Lulú lo alcanza, ¿acaso si lo hace Man-Su?. Esa euforia, ese desahogo final de Man-Su ¿es el paraíso de Lulú?.
Lulú da la vida por el destajo, y para eso se mimetiza con la máquina, es una máquina. Tiene la fábrica interiorizada. Un poco lo dice al comienzo:
“Todo está aquí (se toca la cabeza), en el cerebro. En el cerebro, está la dirección central. Decide, hace proyectos, hace programas y da marcha a la producción. (…) Los brazos, la lengua, la boca todo se pone en movimiento. Logra alimentos que son la materia prima, (…) el individuo trabaja para comer (…) la comida baja hasta aquí (se toca la panza) donde hay una máquina que la tritura y la deja lista para salir, igual que una fábrica (…) El individuo es igual que una fábrica de mierda (…)”.
Es una máquina que desprecia esa “voz de conciencias esclarecidas” que son los estudiantes que quieren insuflarle la idea de que su trabajo es trabajo alienado. Pero para él, la eficiencia máxima es la liberación y el paraíso, hasta que un accidente le arranca un dedo y se rompe el engranaje revelándole su condición de mercancía descartable.
Lulú y Man-Su expresan la reconfiguración de una subjetividad. En las dos historias hay un muro. Un muro que divide el adentro y el afuera de la fábrica. En una historia, la de Man-Su, se mata para entrar; en la otra, la de Lulú, se muere por salir. Pero el muro es el mismo. El muro de la fábrica no cambia. Lo que ha cambiado “brutalmente” es el sujeto que produce, que trabaja.
Marx, Deleuze, Byung-Chul Han, Laval, Dardot
Hay un texto de Karl Marx que creo interesante para poner en perspectiva estas películas y tratar de entender que pasa en estas subjetividades. El texto es Fragmento sobre las máquinas, está en los conocidos Grundrisse.[1]
Marx anticipa aquí, y estructura en términos teóricos, la mutación hacia lo que hoy conocemos como sociedades de control y del rendimiento, al explicar cómo el capital objetiva el conocimiento humano en la tecnología para dominar la vida productiva.
Pensemos en las figuras de Lulú y Man-Su. El trabajo subsumido por la máquina y un autómata. El instrumento de trabajo deja de ser una herramienta manejada por la destreza del obrero (Lulú). Veamos sino esa escena inicial donde Lulú hace como un precalentamiento antes de poner en funcionamiento su herramienta. Quiere ser el mejor, el más eficiente, producir más. El instrumento deja de ser una herramienta para pasar a ser un sistema automático de maquinaria (Man-Su). La máquina le roba el alma al obrero y funciona con leyes mecánicas dejando al obrero como un mero accesorio vivo subsumido al movimiento del mecanismo. La máquina se apropia de la actividad del obrero.
De alguna manera lo que hace Marx es anticipar el infierno, no el paraíso. Y lo anticipa cuando comienza a mostrar a la objetivación del trabajo (las máquinas y la ciencia) como un poder ajeno que gobierna al trabajo vivo. Esta metamorfosis material que no tira abajo ningún muro, es la base de lo que Gilles Deleuze llama el paso a las “sociedades de control”.
“Reformar la escuela, reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben que, a un plazo más o menos largo, esas instituciones están acabadas. Solamente se pretende gestionar su agonía y mantener a la gente ocupada mientras se instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas. Se trata de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias. “Control” es el nuevo nombre propuesto por Burroughs para designar el nuevo monstruo que Foucault reconoció como nuestro futuro inmediato.”[2]
Todo el desarrollo de “La única opción” no hace más que mostrarnos que esas nuevas fuerzas llamaron a la puerta hace ya un tiempo; y que en un giro perverso han empujado al sujeto a convertirse, al ritmo del “tú puedes”, en una máquina del rendimiento.
Pero me quedo un poco en Marx y en lo que él denomina General Intellect (Intelecto general). La maquinaria absorbe la acumulación de saber y de la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social. El conocimiento social general, es decir, la ciencia y la tecnología se transforman en una fuerza productiva que moldea la vida social derivando esto en que el trabajador deja de ser un agente principal y se convierte en un supervisor.
Pensemos en la figura de Man-Su, en el final de la película, pero elevado a la enésima potencia. Hasta qué punto la tecnología se ha transformado en una fuerza tan potente que lo configuró hasta llevarlo a eliminar a sus posibles competidores. Quiero decir, este Intelecto general que ya preanunciaba Marx, ha convertido a la vida social en una sumatoria de individualidades que luchan encarnizadamente por la conservación.
Esta cristalización de la ciencia, la información y la tecnología en capital fijo, pasan a ser en el neoliberalismo exigencias, que el individuo debe desarrollar en forma permanente mediante el aprendizaje continuo, evaluación o coaching. Esto está muy bien desarrollado en un libro que describe toda esta transformación, el libro se titula La nueva razón del mundo: ensayo sobre la sociedad neoliberal[3]. El General Intellect ha sido interiorizado y el sujeto es concebido como un “capital humano” que debe autovalorizarse.
Observemos sino todo el proceso de “aprendizaje” forzado a que es sometido Man-Su después de su despido. Esas sesiones de coaching casi absurdas de autoconocimiento y de exigencias psíquicas para sobrevivir y triunfar. Y como decía más arriba, es llevado a una lógica del rendimiento, según describe Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio[4], que opera como violencia sobre la psique con un costo trágico.
El cambio de paradigma de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento es empujado por el afán de maximizar la producción. Así como la fábrica de Lulú es un claro ejemplo de la sociedad disciplinaria habitada por sujetos de la obediencia basada en la negatividad de la prohibición, el mandato y la ley, y donde la narrativa imperante era dominada por el “deber” y el “no-poder” (veamos cómo se configuran todas la relaciones de Lulú; con los estudiantes, con el capataz, con el sindicato, con la familia), a partir de cierto nivel de productividad la lógica de la negación alcanza un límite y tiene consecuencias paralizantes que impide el crecimiento productivo ulterior.
Para superar esto y aumentar la eficacia, ya no sirve el destajo; y un dedo más o menos no deja de ser más que una anécdota. Ahora la eficacia no se logra con la coordinación ni con el ritmo acompasado de un ejército de obreros obedientes. Si se quiere eficacia hay que desregular la negatividad y reemplazarla por una lógica positiva de “poder hacer”, donde los proyectos, la iniciativa personal y la motivación ocupan el lugar de la viejas prohibiciones. Ya no hay fábricas como prisiones, ya no hay panópticos. El panóptico es uno mismo, y sostiene al muro. Quizá el muro sea uno mismo. La explotación se convierte en autoexplotación y es voluntaria.
Pero esta transición no representa una ruptura total, sino una continuidad orientada al incremento de productividad: el nuevo “poder” no anula el “deber” interiorizado, ya que el sujeto de rendimiento pasó previamente por la fase disciplinaria. Lo que cambia drásticamente es la estructura de coerción. Al liberarse de un dominio externo, la libertad y la obligación terminan coincidiendo. El sujeto se entrega a la “libre obligación de maximizar el rendimiento”.
¿Cómo caracterizar la subjetividad de Man-Su? Todos sus actos, empezando por la planificación para eliminar a sus oponentes, están orientados por la maximización de su rendimiento. Esta forma de explotación es mucho más sutil, destructiva y eficiente que la explotación por parte de otros porque viene disfrazada con un sentimiento de libertad. El individuo se convierte al mismo tiempo en amo y esclavo, víctima y verdugo, explotador y explotado.
Las consecuencias patológicas de este paso son demoledoras: mientras que la negatividad de la sociedad disciplinaria generaba locos y criminales, la hiperactividad y el exceso de positividad de la sociedad de rendimiento producen “depresivos y fracasados”. Exceso de positividad que se manifiesta como una sobreabundancia de estímulos, informaciones, superproducción y supercomunicación que ha reemplazado los antiguos límites de la negatividad y la prohibición. Al desaparecer las fronteras inmunológicas que defendían al individuo frente a lo extraño o lo “otro”, el sujeto se enfrenta a una masificación asfixiante de “lo idéntico”, impulsada por el mandato absoluto del “poder hacer” sin restricciones.
El mejor ejemplo de estos límites de la negatividad y la prohibición lo encontramos en Lulú y su trabajo a destajo. Lo vemos en su agotamiento del cuerpo biológico frente a las normas externas, ya que la lógica de prohibición y mandato es la que rige la productividad. El capataz, el cronómetro y el reglamento como control externo (deber) intentan acelerar aún más los ritmos de trabajo para ganar más, pero chocan con el “no puedo más” de un cansancio físico (no-poder) que la disciplina intenta quebrar hasta que Lulú pierde un dedo. En definitiva esto no es más que el desencadenante de un serie de negatividades: “no dejes de pedalear” (el No del patrón) engendra el “no trabajamos más” (el No del obrero)
Lulú termina desvariando contando un sueño que justamente habla de un muro, un muro que hay que empujar y derribar, pero que del otro lado solo encuentra una densa niebla en vez del paraíso. Y detrás de ese muro se encuentra con Militina, un viejo compañero que se volvió loco. Una clara referencia a que la única salida del encierro es la locura o la muerte.
¿Y Man-Su?. Un personaje que representa la ansiedad y el fracaso personal ante la sociedad. El no sueña con ningún muro porque el muro es él mismo. Se tiene que traspasar a él mismo. Su único sueño es “entrar” y tiene que lidiar con el miedo constante de que otros ocupen su lugar y por eso los va eliminado uno por uno.
Man-Su no tiene esa serie de negatividades, no tiene un “No” que lo detenga. Él sustituye el “debes” por el “puedes”, él mismo se empuja más allá de sus límites, incluso urdiendo la eliminación de la competencia para “poder” trabajar. Acá no hay un capataz que dice “no dejes de pedalear”, él es su capataz. Acá no hay un “no trabajamos más”. Él afirma, no niega.
Ese “No” que operaba como límite en Lulú (la prohibición, el capataz, la huelga), estalla en mil pedazos en Man-Su. Se convierte en un cúmulo de estímulos que lo conducen a una actividad frenética que saturan su organismo llenándolo de angustia y a su vez de afán de éxito. La Tablet que sostiene al final de la película es todo un símbolo, esa pantalla es el vehículo de la supercomunicación que contiene toda la información de las instalaciones automatizadas que ahora debe supervisar solo. Man-Su ingresa a su nuevo puesto de trabajo como único operario a una fábrica sin obreros, pero con su mente más ocupada y estimulada que nunca supervisando el vacío que él ayudó a crear.
Antes de ir cerrando las ideas que dispararon estas dos películas, expuestas quizá en forma un poco desordenadas, quiero volver un poco a Marx. Si uno ve las imágenes del inicio de “la clase obrera…”,observa a cientos de obreros ingresando a una fábrica. Mientras que al final de “La única opción”, lo que se ve es a Man-Su solo supervisando máquinas. Un concepto central en Fragmento sobre las máquinas para entender la transformación del trabajo, y yo agrego, para entender también el cambio operado en la subjetividad en este capitalismo neoliberal y financiero, es el de disposable time (tiempo disponible). Este término hace referencia al tiempo que queda libre una vez que se ha cubierto el tiempo de trabajo necesario para la producción de bienes. Como puede verse muy claramente en “La única opción”, las máquinas son las que permiten ahora la producción casi sin esfuerzo y tiempo humano. La producción depende más del desarrollo de la ciencia y la tecnología (lo que antes decíamos, General Intellect), y esto hace que se reduzca casi al mínimo el tiempo necesario para la producción. Ya no hay cientos de obreros entregando su tiempo para producir. El adelanto tecnológico crea tiempo disponible. Opera acá una paradoja que Marx observa: por un lado el capital busca crear tiempo disponible mediante la eficiencia de las máquinas y por otro lado el sistema convierte ese tiempo libre en plusvalía.
Siguiendo con la lectura de Byung-Chul Han, ese tiempo disponible creado y capturado, no es otra cosa que el producto de la maximización del funcionamiento que deriva en mero rendimiento produciendo la reducción de la vitalidad humana. Una especie de “agotamiento moderno” que separa, un cansancio a solas que termina destruyendo la comunidad. Man-Su se queda solo, y sus competidores también estaban solos y abrumados.
Es en esta encrucijada donde más urge encontrar el paraíso. Ese anhelo que ni Lulú ni Man-Su se animaron o no pudieron ni siquiera imaginar. Quizá esas mutaciones en la subjetividad que operaron al compás del capital, ameriten escapar por arriba y abandonar los juegos dialecticos para arriesgarse a un juego de la afirmación. Una afirmación que no es la positividad que funcionó como excusa de la negación de una negación para justificar el rendimiento. No, quizá haya que pensar sujetos que estén a la altura de una hospitalidad incondicional a la espera de la llegada del otro.
Sujetos que hagan del cansancio algo vital, aunque suene paradójico; una especie de facultad inspiradora que a diferencia del agotamiento moderno sea un cansancio elocuente capaz de reconciliar, abriendo espacios nuevos que permitan a los sujetos volver a conectar y confiar en el mundo. Sujetos del “no-hacer” que permitan el acceso a una atención especial, lenta y duradera contrapuesta a la hiperactividad del rendimiento y la eficiencia. Una subjetividad que devuelva el asombro por el mundo y cree comunidad, unida por una colectividad singular de paz compartida.
Esta paradoja que se produce al enfrentar a dos personajes como Lulú y Man-Su pone de manifiesto que el avance de la técnica, es decir, ese General Intellect del que hablaba Marx, terminó produciendo un sistema de esclavitud por la captura del tiempo disponible. Man-Su y su Tablet en soledad esquivando máquinas que van y vienen por la fábrica, demuestran que hasta su propia humanidad solitaria es un estorbo.
Frente a este paisaje devastador, uno se pregunta si todavía es posible el paraíso. Creo que un indicio lo dije más arriba. Espacios de espera, de asombro, de afirmación de una alteridad radical. Pensemos en una sociedad del tiempo libre producto del adelanto científico, tiempo libre no capturado, sino un tiempo que se convierta en territorio organizado para la creación y la elevación. Un territorio que es comunidad estructurada en torno a un espíritu solidario que convierta al ocio estéril en proyecto de superación dejando a un lado la violencia individualista de la competencia absoluta. Un territorio que será espacio de una Comunidad Organizada cuyo objetivo no es la mera productividad sino la dignificación del sujeto para que se adueñe de su destino y de su tiempo.
Lulú veía una densa niebla detrás del muro y ese muro terminó internalizado en Man-Su. El trabajador ha entregado su tiempo libre en beneficio del aumento de la productividad a costa de disolver lazos comunitarios.
Perón
Algo de esto advertía Juan Domingo Perón en un texto imprescindible, si queremos apostar a recuperar lo que el neoliberalismo trata de disolver. El Modelo argentino para el proyecto nacional[5], escrito en 1974, hace referencia al “ocio mal empleado” y al espejismo de la tecnología. Allí Perón contrasta la realidad de los países de baja tecnología que “sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades”, con las clases y países que basan su exceso de consumo sobre ellos, afirmando que estos últimos tampoco gozan de una auténtica cultura ni de una vida sana, sino que “se debaten en medio de la ansiedad, el tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado”. En esa misma página advierte que el ser humano, “cegado por el espejismo de la tecnología”, ha olvidado las verdades esenciales de su existencia.
Un poco antes, en una sección que titula “Las enseñanzas del proceso histórico mundial”, señala que el pragmatismo ha sido el motor del progreso económico, pero que una de sus consecuencias ha sido la de “reducir la vida interior del hombre, persuadiéndolo de pasar de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario”, y que para no ubicar a la sociedad en un simple modelo adaptativo de tecnología externa, “se requiere la máxima incentivación del esfuerzo creativo”.
Y agrega que, para que la tecnología cumpla su rol liberador y no genere una sociedad vacía, debe estar subordinada a un modelo de país. El Estado debe establecer marcos flexibles donde el empresariado pueda desarrollar su capacidad creativa. Esto requiere abandonar las políticas liberales de dependencia tecnológica y asumir el avance científico-tecnológico como una tarea planificada e interdisciplinaria. De esta manera, el progreso material y el desarrollo tecnológico se convierten en el soporte de una Comunidad Organizada que eleva espiritualmente a sus ciudadanos en lugar de pulverizarlos en el utilitarismo.
Al final, el paraíso estaba al alcance de la mano. Había que organizarse, no solo para recuperar el tiempo, sino también para vencerlo.
[1]Marx, K.– Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, vol, 2, México. Siglo XXI, 1972, pp. 216-230.
[2]Deleuze, G.- Conversaciones – Post-Scriptum sobre las sociedades de control. Valencia, España. Pre-textos- 2014pp 278-279
[3]Laval, C y Dardot, P.- La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Barcelona, España. Gedisa. 2013
[4]Byung-Chul Han.-La sociedad del cansancio. Barcelona, España. Herder. 2026
[5]Perón, J D.- Modelo argentino para el proyecto nacional. Biblioteca del Congreso de la Nación – Argentina.
Los cruzados digitales de Milei están en plena campaña sucia no sólo contra el kirchnerismo sino en particular contra el peronismo y el mismo Perón. Mientras tanto, buscan que se note lo menos posible el mar de indicios contra Adorni y la desesperación laboral de los argentinos. Por eso, hasta intentan presentar como un triunfo propio el fallo de la Justicia de Nueva York que le da la razón a Kicillof.
La tropa digital de Javier Milei. –la verdadera, la que trabaja en las sombras y sin firma– no se dedica sólo a demoler kirchneristas. Su gran objetivo se llama Juan Perón.
Su Excelencia evita criticar en público al peronismo. Por eso dice que la desgracia argentina empezó hace 100 años y no hace 80. Es una forma de preservar el voto peronista a Milei del 2023 y no perderlo de cara al 2027.
El golpe, un hecho único
Pero la campaña anónima en redes aprovechó el 24 de marzo para meter en la misma bolsa que a la dictadura no sólo a Isabel Perón. También al mismísimo General. Ni siquiera se trata de una crítica explícita y racional. Las piezas desparramadas en las redes parecen querer instalar un cambalache. Sé igual, diría el ensayista Minguito Tinguitella: Perón, Isabel, los Montoneros… Todas, organizaciones o figuras de un tiempo oprobioso que debería servir para dos objetivos. El primero, la justificación de la dictadura. O, como mínimo, la relativización del Terrorismo de Estado de la dictadura. Esa condición relativa debería servir, según buscan los estrategas oficiales, para restarle el carácter de hecho único, de matanza a escala industrial y planificada. De proyecto refundacional operado sobre una sociedad hasta ese momento más igualitaria que el resto de las sociedades de América latina.
A no confundirse. No es cuestión de negar el debate histórico, y tampoco la discusión historiográfica. El punto es que no existe, legítimamente, una Historia de Estado. O en todo caso no tendría que existir, la haga quien la haga. Parcializa la mirada del pasado y obtura el debate, y cuando eso sucede en general ganan los que reivindican lo más oscuro de ese pasado. Tampoco se trata de negar los crímenes de la Triple A ni de impedir la discusión sobre cómo actuó cada fuerza de izquierda, armada o no armada. Pero, de nuevo, el golpe fue un hecho único, y la explicación es casi tautológica: si la Junta Militar tomó la Casa Rosada el 24 de marzo cuando las guerrillas ya no tenían poder de daño, ¿para qué lo hizo si no era para dar un golpe de mano y cambiar a la Argentina de una vez y para siempre?
También con el 24 de marzo el Gobierno utilizó la táctica Cambalache. Inventar una mescolanza donde todo está sucio, sin jerarquía ni racionalidad, y convertir esa mescolanza en Historia de Estado. Una táctica totalitaria.
Las metas del antiperonismo
A la vez, el antiperonismo abierto o encubierto procura simultáneamente varios objetivos:
*Terminar con la única alternativa electoral opositora y de estructuración de poder realmente existente, lo cual va más allá de sus debilidades y su fragmentación actual.
*Cristalizar un esquema de empleo que describe en detalle en esta edición Cristian Módolo cuando habla de desesperación laboral: los que tienen trabajo pero buscan un cambio porque es malo o no llegan a fin de mes.
*Reducir lo más posible el poder de negociación sindical.
*Liquidar lo que pueda quedar de identidad política o referencia histórica.
*Cortar la transmisión generacional.
Sin deuda
En medio de esas tareas se interpuso un tribunal neoyorkino. Dijo que la Argentina no tendrá que pagar los 16 mil millones de dólares por la estatización de YPF que reclaman los buitres de Burford, especialistas en comprar juicios y acompañarlos con maniobras de lobbying e inteligencia. Axel Kicillof, ministro de Economía cuando Cristina Fernández de Kirchner estatizó YPF, resumió así la estatización: “Ese proceso de hizo en base a normas y leyes de la Constitución Nacional que les da derecho a los países a declarar determinado bien como patrimonio de interés estratégico”. El último fallo revisó una condena previa y estableció la misma jerarquía legal que venía pregonando Kicillof: la ley argentina y la Constitución están por encima del estatuto de una sociedad anónima como YPF.
El relato de Su Excelencia ya fue desplegado: por supuesta incompetencia de Kicillof se llegó a este juicio en los Estados Unidos, que afortunadamente logró arreglar la competente actuación del Gobierno actual. Aplauso, medalla y beso. Lo paradójico es que en su discurso del viernes 27 a la noche, poco antes del triunfo de la selección por 2 a 1 frente a Mauritania, Milei dijo que expropiar YPF fue «una aventura suicida» de CFK y de Kicillof. Incluso anunció que enviará al Congreso una norma para ponerles límites a las expropiaciones. Un razonamiento, por llamarlo de alguna manera, enloquecedor.
La contracara de ese relato enloquecedor es que hoy no existirían los yacimientos de Vaca Muerta, con el desarrollo alcanzado y el potencial, sin la estatización previa de YPF. Con ese paso el país recuperó un instrumento como el que contaba desde los gobiernos de Yrigoyen y Alvear y como el que cuentan Brasil o México con Petrobrás y Pemex. O Malasia con Petronas.
De acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de los Estados Unidos, Vaca Muerta alberga 16 mil millones de barriles de petróleo recuperable y 308 billones de pies cúbicos de gas natural. Es la segunda reserva de shale gas y la cuarta de shale oil en el mundo.
En cuanto al contenido del fallo, el constitucionalista Andrés Gil Domínguez posteó que desde la Constitución de 1853 existe, con la expropiación por razones de utilidad pública, «un límite razonable a la inviolabilidad de la propiedad privada». Recordó que el juicio contra el Estado argentino se inició en abri de 2015 bajo la presidencia de Cristina, siguió durante los mandatos de Mauricio Macri y Alberto Fernández y continuó, hasta terminar, con Milei. Dijo Gil Domínguez: «Los argumentos defensivos siempre fueron los mismos: los tribunales de los Estados Unidos no tenían jurisdicción para tramitar un proceso donde se discutía derecho público argentino». Agregó que la expropiación respetó la Constitución y las leyes y concluyó: «En otras palabas, la defensa estratégica fue una política de Estado durante la totalidad de la tramitación del proceso». Es decir que resulta falso el argumento de Su Excelencia sobre su cualidad de salvador del patrimonio nacional luego de la acción de esos deleznables peronistas y horribles populistas.
El exdiputado Eduardo Di Cola escribió en X que el fallo en favor de YPF «es coherente con el propio interés de los Estados Unidos». Recuerda Di Cola que el fiscal para el Distrito Sur de Nueva York Damian William ya había afirmado que los jueces no tienen competencia para ejecutar bienes de Estados extranjeros. Añade Di Cola: «La explicación es muy sencilla. La Justicia norteamericana no puede abrir la puerta y sentar el antecedente para que, por ejemplo, la Justicia de China condene en China a una empresa norteamericana y al propio estado de EE.UU., violando leyes de inmunidad soberana». Moraleja: «El fallo es en defensa del propio interés norteamericano».
Qué modelo para YPF
Con Vaca Muerta e YPF como realidades palpables, la discusión sin cambalache de por medio es otra: el modelo energético deseable, o en todo caso el modelo industrial buscado.
La gestión de Horacio Marín, el presidente actual de YPF y exgerente de Techint, desinvirtió en áreas que consideraba menos rentables, como cuando se desprendió Profértil sin tener en cuenta que los fertilizantes eran un insumo estratégico, cosa probada desde que comenzó la guerra de Ucrania en 2022. Ucrania era un gran productor de fertilizantes. La estrategia de Marín y Su Excelencia apunta a exportar energía, sobre todo apostando al desarrollo del Gas Natural Licuado. YPF, además, no funciona como herramienta de regulación de precios internos, fenómeno que cualquiera puede comprobar estos días yendo a una estación de servicio y viendo, si es que accede a los precios de manera transparente, cómo el conflicto en el estrecho de Ormuz afecta a un país con petróleo como la Argentina y a su propio bolsillo.
La última gestión peronista en YPF, a cargo del exsenador santacruceño Pablo González, tuvo en cambio una postura orientada a expandir la actividad productiva con base en Vaca Muerta y a usar YPF como herramienta de política económica. Por un lado, regulando precios en casos de emergencia como sucedió con la creación del barril criollo, una forma de desenganche respecto de situaciones mundiales críticas. Por otro lado, diversificando la oferta con litio, electricidad y tecnología.
Entretanto, en Ciudad Gótica, Su Excelencia paró a su lado a Adorni. Él y el Jefe Karina, evidentemente, quieren aguantarlo. Ya lo hicieron con José Luis Espert (¿lo recuerdan?) y les salió mal. Pero la de Adorni en pose de cadena nacional no fue su primera foto en estos días. Para demostrar que no es un hombre solo venía tomándose selfies con los miembros del gabinete como si fuera un cumpleañero.
Todos los jueves, en un galpón de la UOCRA, se juntan alrededor de cien obreros de la construcción desempleados. Tienen un talonario. Cada talonario tiene un número. Cada número es un posible trabajo.
Las empresas de construcción que necesitan trabajadores ofrecen entre uno y cinco puestos. El gremio encontró que la solución más justa es el azar. Así que los puestos se sortean. Uno a uno. Si te toca, hay trabajo por unas semanas. Si no te toca, el sindicato te ayuda con la comida.
Después del sorteo se come un guiso bien pulsudo, y se reparten viandas y bolsones para poner algo en la mesa familiar del fin de semana.
Cien personas. Entre uno y cinco empleos. La matemática es brutal. Como también lo es la solidaridad de los compañeros a cargo de la seccional de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina que reciben, organizan, cocinan, hablan y contienen. Son trabajadores que ordenan el caos de los ingenieros.
Lo que más me golpeó cuando vi la escena no fue lo que desnuda ni el reflejo de época que conlleva. Lo que más me impactó fueron esas personas con papelitos en la mano, mirando el bolillero. Tipos que se levantan cuando todavía es de noche, tipos que trabajan a alturas de vértigo y que pueden calcular los grados exactos de una pendiente con sólo mirarla. Gente laburante, de verdad. Ahí, parada, esperando que la suerte los acompañe para poder trabajar.
Es una dignidad en suspenso.
Hoy 19 de marzo, la Iglesia celebra a San José. Esposo de María, padre de Jesús. Patrono de la Iglesia Universal y de los Trabajadores.
La poderosa Fe que inspira San Cayetano lleva a que muchas veces nos olvidemos de este último aspecto de San José. La confusión surge porque el que tiene su santuario en el porteño barrio de Liniers es el Santo del Pan: o sea de lo que el trabajo habilita. Pero el del trabajo propiamente dicho, es San José.
¿Y por qué? Sencillamente, porque San José fue el primer trabajador. Con sus manos sostuvo a una familia, y no cualquier familia. Trabajó toda su vida, enseñó a su hijo un oficio. Fue un hombre que se hizo cargo.
En la pandemia, el Papa Francisco escribió una carta apostólica llamada Patris Corde. Con corazón de padre con motivo de los 150 años de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal.
En esa carta describe siete dimensiones del padre que fue José. Y una de ellas es la del padre trabajador. El Papa Francisco dice esto que señalamos: el trabajo de José no fue solo el medio para ganarse el pan. Fue la manera concreta de amar a su familia. El trabajo como acto de amor, como forma de poner el cuerpo en la vida de los que uno quiere.
“El trabajo se convierte en ocasión de realización no solo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia” dice nuestro Papa.
A eso, los cien tipos que vi el jueves pasado lo sabían bien. No necesitaban que nadie se los explicara.
La seccional de la UOCRA que visité encontró en el azar la respuesta a la exclusión. Pero cuando la suerte reemplaza a la justicia, estamos sonados.
Rescato el ingenio popular que con rapidez de reflejo expresaron los compañeros del sindicato, aplicando la valentía creativa, otro de los aspectos con el que describe el Papa Francisco a San José en Patris Corde. Francisco pone el ejemplo de los amigos del paralítico que lo bajan desde el techo entre la multitud para ponerlo delante de Jesús. Creatividad.
Sin embargo, esa solución temporaria no puede volverse la norma. Y eso está sucediendo. En todas partes. ¿Qué es si no el algoritmo de Uber? Levantar la persiana de un negocio todos los días también se transformó en una quiniela: ¿entrará alguien hoy o nada?
La Argentina del sorteo, como en la timba o como en el péndulo de la grieta, es divertida cuando a uno la suerte está de su lado. Pero esa sensación es pasajera. Va y vuelve. Demasiado riesgo cuando lo que se juega son los destinos de la Patria.
La Argentina que queremos no es esa. Es la del taller de José: donde el trabajo es cotidiano, donde el padre llega a la casa con algo concreto, donde el oficio se transmite, donde la familia tiene previsibilidad sobre su vida. Es la Argentina que abraza con orden y proyecto.
Si aceptamos que el trabajo es un favor que se sortea, y no un derecho que se construye con política industrial, con producción nacional, con industria de la construcción activa, entonces hemos perdido algo medular. Algo que en esa tradición de la Iglesia que fundó el hijo de José, el carpintero, se llama la dignidad del trabajo.
Las manos de esos cien tipos que esperaban en esa seccional son exactamente lo que este país necesita para crecer. Trabajo sobra. ¿Quién lo ordena? “Si nos organizamos trabajamos todos”.
Hay que campear con una cuota de utopía y compromiso, sin ejercitar el manual militante de las nostalgias autocomplacientes. Quebrar la orfandad que se siente en el ambiente, vertebrar un proyecto con al menos un signo de paternidad: hacerse cargo. De la autocrítica responsable y honesta. De construir un programa posible. De enunciar una convocatoria política con raíces y con alas, una política que engendre futuro, que proponga ir por la huella de la esperanza.
Existe una canción de Jairo que se llama “Carpintería de José”. Es un tema sencillo, casi un susurro. Habla de José como padre. Lo mejor es que lo describe con 4 verbos que cualquier hombre común hace: cantar, pelear, rugir y llorar.
Lo corre por un momento de la dimensión del trabajo, del rezo de las manos que obran en silencio. Lo vuelve alguien que hace ruido.
Es una canción, podríamos decirle así, espiritual. Pero resulta inevitablemente política en la Argentina de hoy, donde el trabajo tiene algo de sagrado precisamente porque escasea. Cuando algo falta, se vuelve visible su valor. Y el valor del trabajo, en este país, está siendo puesto en crisis todos los días. Un hombre que sabe construir paredes y no puede construirlas, pierde el ingreso y pierde el lugar donde se reconoce. Pierde la forma de ser padre, de llegar a la casa con algo concreto para su familia.
José no hubiera podido ser el padre que fue si no hubiera tenido oficio, y si no hubiera tenido taller. Trabajaba y moldeaba su familia, la esperanza de un futuro digno que la iba organizando. Es la forma que tiene cada persona, cada pueblo, de poner su impronta en el mundo, de decir “acá estuve, acá hice algo, acá serví”.
*Secretario General de la organización Encuentro Peronista. Ex Director Nacional de Primera Infancia (Ministerio de Desarrollo Social). Ex director del Programa Defensoría del Pueblo en Villas.
Si bien la mayor parte del empresariado de la UIA fue parte del golpe, cámaras empresarias como la de Comercio y la Construcción integraron junto a la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) nave insignia del golpe que se inició con su Lockout o paro empresario del 16 de febrero de 1976, el más célebre acto de desestabilización de un gobierno democrático producido por las clases dominantes argentinas, la “entidad industrial” también fue intervenida y comenzó un proceso de reestructuración del poder interno concentrado en las grandes firmas transnacionales y desplazando a los sectores internos que habían integrado la Confederación de la Industria Nacional Argentina junto a los dirigentes de la CGE.
El sector más nacional del empresariado tuvo allí su “Canto del Cisne”, nunca más se recuperó, pero Ramos expresa bien las causas de su fracaso (Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, T.5; Edic. Continente; Bs.As.; 2013) “El atraso semicolonial del país había dado nacimiento tardío a una burguesía frágil, que a diferencia de sus gemelas del occidente europeo, no había descripto la evolución histórica capaz de conducirla desde la manufactura a la gran industria y, desde allí, a definir el destino del poder, sino que era por el contrario, el poder mismo conquistado por las masas y una parte del ejército el que brindaba su apoyo a la burguesía otorgándole créditos, ventajas arancelarias y protección legal. De este modo la CGE quedaba fatalmente ligada al destino del gobierno nacional. La UIA y la Sociedad Rural, por el contrario, tenían su apoyo político en el exterior, en los gobiernos imperialistas, la prensa mundial y la banca imperialista”. Esto que era real en 1945-1955, se repite en 1973, solamente que el valor de unos pocos más decididos, lo pagaron con su destierro, la confiscación o directamente el robo de sus propiedades en las mazmorras de la dictadura.
Para entender la diferencia con la UIA, podemos decir que ésta desde su fundación, expresó los intereses del capital imperial, desde su inveterado presidente Luis Colombo que no solo representaba los intereses de Leng Roberts y Cia. sino que hasta tenía sus oficinas en el mismo edificio donde estaba la embajada británica. En 1945, figuraba entre sus socios Joaquín de Anchorena, en representación del gremio de “Abogados Adheridos”, las firmas eran tan “argentinas” como “Compañía de Petróleo Shell, Sherwin Williams Argentina, Dreyfus y Cía, Squibb and Sons, Dunlop, Philips, Philco, Olivetti, Duperial, Bunge y Born, Compañía Italo Argentina de Electricidad y Coca Cola”.
Desde aquella época siempre coincidió con los intereses de los ruralistas y de la banca extranjera. En el mundo financiero en principio, estaba separada la banca nacional a quién representaba la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) fundada en 1972, que casualmente en los 90 se fusionó con la Asociación de Bancos de la República Argentina (ABRA) que representaba los bancos extranjeros, para resurgir luego de la crisis del 2001, que puso en cuestión la credibilidad del sistema bancario argentino.
La UIA poco a poco fue integrada por los hijos o nietos de los representantes originales de aquellas firmas que eran argentinos o por argentinos formados en las escuelas de negocios de las universidades privadas, pero también de las nacionales, de ahí los Think Tank que hemos descripto en capítulos anteriores.
Después de la crisis del 2001, surge AEA la Asociación Empresaria Argentina, que reúne hoy al grupo más poderoso de los sectores económicos dominantes: Paolo Rocca, Luis Pagani, Héctor Magnetto, Sebastián Bagó, Alfredo Coto, Carlos Miguens, Federico Braun, Luis Perez Companc, Alberto Grimoldi, Eduardo Elsztain, Miguel Arguelles, Martín Migoya y Marcos Galperín. Es que en realidad al estallar la burbuja del 1 a 1, quedó a la luz que se venía una pulseada fuerte para saber quién imponía las condiciones en la salida de la convertibilidad y este grupo, el más poderoso de la UIA, se preparaba para lo que se venía, ¿Como se iba a reestructurar el capitalismo argentino en el nuevo siglo?
En un muy interesante libro (“El País que Quieren sus dueños”; Edit. Planeta; Buenos Aires; 2025) Alejandro Bercovich, traza una semblanza que quiero compartir “Entender el comportamiento de los dueños del país e identificar su cuota de responsabilidad en el estancamiento productivo, la desigualdad social y el deterioro de las condiciones de vida que hasta ahora arrojó como resultado nuestra joven democracia es una tarea tan indispensable como pendiente desde aquel intento pionero de José Luis de Imaz en “Los que Mandan” sesenta años atrás…fue el primero en identificar las taras y falencias de ese grupo de individuos de origen casi calcado, nacidos y criados en prácticamente los mismos ámbitos (familias, barrios, colegios, clubes) pero a pesar de ello incapaces, según él, para “conducir concertadamente a la comunidad, dirigirla en vistas a la obtención de determinados fines, al alcance de ciertos logros” o para “regirse por marcos normativos más o menos similares”
“Los que mandan ahora son herederos de los que mandaban en aquel momento o simples capataces de las multinacionales a los que los dueños originales les cedieron sus sillas…y así la simétrica incapacidad de los hijos y nietos para pegar el salto de clase dominante a clase dirigente desembocó en la crisis existencial de la democracia que terminó incubando la convulsión ultraderechista que sacudió las urnas en 2023” todo esto es cierto, tan cierto como la camada del Colegio Cardenal Newman que se hizo cargo del Estado con Macri u hoy en día los “Belgranitos” egresados del Manuel Belgrano como Santiago Caputo, Ramiro Marra, Martín Menem, Javier Iguacel o Eugenio Casielles.
También acierta Bercovich, cuando señala “La élite económica vio en el Estado una oportunidad para agrandar su tajada del excedente o inaugurar nuevos negocios. Incluso, sobre todo diría, a expensas de sus competidores o potenciales rivales. Así a los empujones, se definieron las concesiones, los peajes, las obras públicas, las exenciones impositivas, los subsidios sectoriales, la regulación o desregulación de mercados, según conviniera, las barreras comerciales para proteger a determinados sectores y hasta la definición de por dónde pasaría un tren o que ruta se arreglaría o cual no”. Macri fue el primer intento de desembarco directo de uno de ellos, “nacido y criado en esa élite” al frente de un grupo de gerentes, asesores y dueños de empresas (a los cuales Paolo Rocca les sumó a la UCR a través de Sanz) en la conducción del Estado y fue un fiasco mayúsculo, el tipo que “les pidió a los dueños de las mayores fortunas del país un 1% de sus patrimonios para la campaña, con la promesa que lo recuperarían con creces cuando todas las empresas se valorizaran apenas asumiera” terminó confrontando por negocios con sus rivales particulares o por las políticas implementadas.
Es que más allá de los desaguisados que el gobierno de los Fernández dejara, acumulado al fracaso del macrismo, dejó el camino expedito para que apareciera el Golem, de cuya creación luego diremos algo, “el nosotros contra ellos fue necesario potenciarlo, aprovechando el desconcierto postpandémico y las redes sociales. El desafío era gigantesco, como hacer que un tipo como Galperín siguiera pareciendo un “benefactor” aunque exprimiera a los pequeños comerciantes con comisiones abusivas del 11,99% más IVA, que uno como Claudio Belocopitt siguiera posando de “héroe” aún después de subir las cuotas de su prepaga el doble que la inflación y de aclarar que “son un servicio de lujo” o que otro como José Luis Manzano pudiera volver a departir tranquilamente en público sobre el rumbo del país después de haber ejecutado los pases de magia que lo catapultaron del gabinete menemista privatizador al control de esas mismas empresas privatizadas “ y sin embargo lo lograron.
Existe un anatema aún vigente sobre esta burguesía, desde hace décadas y es que la oligarquía sigue siendo la dueña del modelo cultural dominante y los sostiene, pero en el fondo los desprecia, el “Chatarrin” con que el Golem anatematiza a Rocca es el equivalente actual al “Cucharita” conque la “aristocracia de cuna” motejaba a Franco Macri cuando este intentaba acercarse a sus territorios. A diferencia de la burguesía norteamericana que despreciaba a los latifundistas sureños riéndose de su supuesto olor a bosta de caballo antes de arrasarlos en la Guerra de Secesión, estos “burgueses” admiran los valores de la oligarquía, quieren asistir a sus colegios y clubes y para ello lo primero que hacen cuando alcanzan fortuna es…comprar un campo para ser “productores agropecuarios”.
Hace muchos años, Don Arturo Jauretche, recurriendo al mismo libro que Bercovich, nos decía” …la clase alta porteña era normalmente permeable a los nuevos. Pero con esta burguesía demasiado nueva y sin pulir fue reticente, como lo había sido con los vencedores del 80, hemos visto como había incorporado en la primera mitad del siglo XIX a los europeos pobres, pero de estilo distinguido, política que siguió practicando habitualmente. Pero ahora los nuevos aparecían masivamente y la clase alta ya tenía seguridad, dictaba cátedra en los salones, en las veladas del Colón, en las tardes de Palermo y en las ruedas de sus clubes, en la escala que empezaba en el Club del Progreso, subía por el Jockey Club y terminaba en el Círculo de Armas”.
“Nada tenían en común esas gentes de la vara de medir por más pesos que hubieran acumulado…Además estos nuevos ostentaban apellidos imposibles-italianos y hasta españoles-…Los Barolo o Roveranos, entre tanto, con monumentales edificio; los Llorente, Ybarra, del comercio, los Lagomarsino, Merlini, Campomar, Llauró Colombo, Pini, Vasena, de la industria no encontraron fácil la entrada a la clase alta” y aquí viene la referencia al libro de José Luis de Imaz “Salvo algunas excepciones notables (Dodero, Fortabat, Masllorens, Pasman, Bracht, Braun, Menéndez y otros) y contados, el prestigio económico obtenido por los empresarios, no parece haber ido acompañado por su equivalente “reconocimiento” al más alto nivel social”.
Sin embargo, esa primera burguesía no se afectó por esa falta de reconocimiento y a diferencia de sus herederos no intentó hacerse ganaderos o cabañeros, no intentó acceder a La Recoleta, poblando con sus mármoles a la genovesa, el cementerio de la Chacarita.
Resulta capital para comprender el rol de la llamada “burguesía nacional”, esa no está en la UIA, en realidad nunca estuvo más que como furgón de cola, el recientemente creado Movimiento Industrial Nacional, simplemente disputa espacios dentro de la entidad para discutir “estrategias de marketing, va a ser un espacio de comunicación” explicaba a Perfil, el 17 de abril de 2025, Tomás Karagozian, el CEO de TN&Platex, la textil que acaba de cerrar sus plantas en Tucumán, y los pequeños y medianos empresarios víctimas de la implacable política de Milei para terminar con la manufactura local no tienen representación.
Pero es necesario comprender la mentalidad, la visión de este sector, retomando a Ramos “En los países semicoloniales, según puede observarse, las fuerzas entre la burguesía nativa y el capital extranjero, están desproporcionadamente a favor de este último, que cuenta con el apoyo de la prensa, los partidos políticos, la oligarquía y hasta sectores de la pequeña burguesía privilegiada y enceguecida por la falsificación de la historia y la tradición cultural…Su dependencia de la provisión de maquinarias, materias primas y accesorios de las metrópolis imperialistas impone a la burguesía industrial argentina una extremada cautela política” y es así, mientras la oligarquía (ayer ganadera, hoy agrario-financiera, siempre rentista) cuenta con sus medios de comunicación, ayer la Prensa y la Nación, hoy el grupo Clarín, La Nación, Infobae, Ámbito Financiero, TN, La Nación +, etc., la universidad y sus cátedras de economía, sus políticos “dóciles”, algunas embajadas, etc. para afirmar, sin contradictores, el destino de primarización del país; los industriales argentinos nunca pudieron sostener un diario, una revista u hoy un programa de Youtube. Recientemente el paradigmático José Luis Manzano afirmaba que “el país iba a crecer y algunos sectores a volar”, nombrando la energía, la minería, la tecnología y los commodities, los mismos que explican el supuesto crecimiento del 4% del PBI (petróleo, servicios financieros, minería y agro) todos ellos caracterizados por no crear fuentes de trabajo, no generar actividades industriales vinculadas y no mejorar el nivel de vida de los argentinos de a pie.
Ramos, en la obra mencionada afirma “Las inversiones imperialistas en la industria argentina eran muy importantes…nuestra burguesía industrial, que teóricamente debería ser el eje para un desarrollo impetuoso, vivió para siempre trabada por antagonismos debilitantes. Aquellas industrias que eran de capital nacional eran asimismo propiedad de extranjeros o de hijos de extranjeros (se refiere a la burguesía original, a la que me he referido, siguiendo a Jauretche, en un párrafo anterior), la influencia de la ideología imperialista era predominante en el último medio siglo, gravitaba en estos industriales y los impulsaba a adorar de rodillas la técnica imperialista, sus instituciones y sus mitos. Rechazaba así una verdadera comprensión de su papel en la Argentina, país al que por lo general juzgaban desdeñosamente”.
Ahora bien, señalado que fué el momento de oro del intento de generar un país industrial, las dificultades de esa “burguesía nacional” o su cobardía para transformarse en “clase dirigente”, su sumisión cultural frente a la Oligarquía, su modo de vida y su forma de entender el destino del país, el fracaso de los dos intentos de generar espacios de representación propia, con las consecuencias que esta derrota produjo hasta hoy, su dificultad para desprenderse de una representación corporativa y crear otra propia, sin el apoyo del estado y el movimiento nacional ¿Porqué son el apoyo y sustento de Javier Milei hoy en día pese a los agravios y descalificaciones?
Dejando aclarado que me refiero al sector que conduce la UIA, cuyas características hemos descripto largamente, recordemos que una semana después de la victoria del Golem en la segunda vuelta, Paolo Rocca dijo ante sus gerentes “En la Argentina tenemos grandes oportunidades en energía, acero y litio…ahora se dio un proceso que refleja el hartazgo de la sociedad con una degradación institucional…una hipertrofia del Estado…yo personalmente comparto la esperanza que este cambio está generando”, pocos días después en una conferencia pública para clientes de Techint, se abrazó a Guillermo Francos y pidió un aplauso para el flamante ministro del Interior, éste, a su vez, conoció al hoy presidente en la Corporación América de Eduardo Eurnekian quién tuvo a Javier Milei a sus órdenes durante 15 años y a quién en un brindis en el hotel Alvear ante 500 socios del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción le auguró “Deseo honestamente Javier que tengas la oportunidad de demostrar a la sociedad argentina que el orden, la disciplina y la coherencia son el único camino que llevan al éxito de las naciones”.
Rocca, hoy denostado y agraviado, colocó a un gerente de su petrolera (Tecpetrol) Horacio Marín, junto a media docena de sus hombres en YPF (puede darse el lujo de tolerar algún insulto o perder una licitación de sus caños). AEA el grupo que reúne a lo más granado del poder económico, publicó tres comunicados en los meses siguientes al ballotage, el primero fue una felicitación “con gran satisfacción” por el triunfo, el segundo, titulado “Una oportunidad histórica” y redactado, según Alejandro Bercovich en su libro ya citado, en su almuerzo asamblea-anual y firmado por Paolo Rocca, Luis Pagani, Héctor Magnetto, Sebastián Bagó, Alfredo Coto, Carlos Miguens, Federico Braun, Luis Perez Companc, Alberto Grimoldi, Eduardo Elsztain, Miguel Arguelles, Martin Migoya y Marcos Galperín y se valora “muy especialmente que el gobierno se disponga a tomar medidas que permitan el más pleno desarrollo del sector privado, sometido durante años a injerencias estatales indebidas, a controles de precios, a una elevadísima presión tributaria, a restricciones arbitrarias en materia de comercio exterior y a amenazas como la Ley de Abastecimiento”
El tercer comunicado fue, obviamente, tras la aprobación de la Ley Ómnibus por el Congreso, que le daba al presidente prácticamente la suma del poder público.
¿Desconocían acaso las características “especiales” del Golem y por eso hoy los sorprende sus desplantes? de ninguna manera. El 16 de noviembre de 2023, en el mismo salón del hotel Alvear, Eurnekian “no cabía en sí”. Todas las miradas se repartían entre su viejo pupilo y él. Alguien le preguntó por sus propuestas de campaña más disparatadas y se permitió una broma fuerte “Tengo 3700 ñatos en mi empresa y uno salió fallado, ¿que querés que le haga?”.
De todas maneras, vale la pena soportar algún desdén, algún epíteto desmedido mientras los 50 tipos más ricos del país, a fines de 2024 atesoraban entre todos, casi 78.000 millones de dólares, un 70% más que los 46.000 millones que reconocían a fines de 2019, y eso tan solo por la revalorización de acciones y bonos que produjo el acceso al gobierno de la Libertad Avanza, hoy mismo Rocca debería pasar 236 años gastando 100.000 dólares al día para agotar su fortuna y un trabajador no gastar un peso de su salario durante 35 años para tener esos 100.000 dólares “París bien vale una misa”.
Ahora bien, ¿estoy diciendo que todos estos industriales, más allá de haberse globalizado se han incorporado de pleno a la vieja oligarquía, cuyos apellidos ilustran las estaciones del subterráneo línea D? de ninguna manera. Según cuenta Augusto Tartufoli en “El planeta de los dueños” hay un espacio geográfico llamado “El Bajo”, tal como se la denomina-entre nos y solo entre nos- esa franja sexy que va desde la Avenida Libertador, hacia las curvas plateadas del río. Allí donde los GPS de los autos importados pronuncian indicaciones en inglés, donde no existe el “gire a la derecha” sino el “turn right”, hay un clúster de restaurantes con epicentro en Acassusso, de nombres John Bull, The Embers, Kansas o Friday donde la fauna local no almuerza sino que acude para su “lunch”, bien, en ese lugar, se cuenta que ante la invitación a compartir mesa con Gloria García de Coto, esposa de Alfredo Coto, una familiar de Federico Braun pronunció dos palabras “Mejor no”, que una integrante de una familia artífice de la Conquista del Desierto se vea obligada a hacer “small talk” con la mujer de un matarife es un hecho inadmisible.
Asimismo cuando en el desarrollo del recientemente lanzado a las inversiones inmobiliarias Marcelo Mindlin, nada menos que en el Barrio Parque, a metros del Malba, intentó adquirir una unidad Federico Pieruzzini, importador de vehículos de alta gama y representante en Argentina de Land Rover y Jaguar, recibió la “bolilla negra” porque “Barrio Parque no es lugar para un vendedor de autos”, y después cuando uno menciona a la oligarquía, los “ólogos” nos responden “Eso ya no existe”.
Mas allá de las notas de color, lo cierto es que si el peronismo se debe un debate acerca de cómo acompañar una repotenciación del movimiento sindical, también se lo debe acerca de cómo acompañar y promover la agremiación de los pequeños y medianos empresarios, ellos son trabajadores en el sentido que el peronismo da a esta palabra, como lo son los comerciantes y profesionales independientes, y su organización y defensa de sus intereses debe ser parte de un movimiento nacional “reloaded” (Entre tanta terminología en inglés en nuestro hablar cotidiano, permitanme este desliz).
Henos de nuevo aquí, tratando de descifrar las causas de la cobardía histórica de la burguesía argentina y las consecuencias pretéritas y actuales de su sumisión cultural que la llevó y lleva a acompañar las políticas de la oligarquía aún cuando son víctimas de ellas, algo muy parecido al sector mayoritario de nuestras FF.AA que han sido instrumentadas una y otra vez contra los intereses del pueblo argentino (1930, 1955,1976) y luego sufrieron las consecuencias de esos crímenes y desatinos sin que la oligarquía, que siempre protegió a sus miembros partícipes, levantara la voz en su defensa u hoy han sido desarmadas, reducidas a su mínima expresión y siguen acompañando las políticas que conducen inevitablemente a su desaparición (¿para que quiere una colonia FF.AA?) o a su reducción como guardia pretoriana para reprimir los intentos populares.
En 1958 comienza luego de los peores años de la “Fusiladora”, otro ensayo de encontrar un camino. Arturo Frondizi es elegido presidente y con él las ideas desarrollistas, convengamos que adolecían de un problema de base, el concepto de “Desarrollo” intenta explicar el sistema capitalista como un camino único en el cual hay países más avanzados o “desarrollados” y otros más atrasados o “subdesarrollados”, por ende se trata de encontrar la forma de apurar el avance y alcanzar a los más desarrollados considerando las inversiones extranjeras especialmente en siderurgia y petroquímica como algo valioso en este logro. En resumen las ideas de “Imperialismo”, “Países dominantes y países dominados”, la relación de necesidad de la existencia de colonias y semicolonias para que haya potencias coloniales “desarrolladas” no existen para ellos o las consideran viejas.
El estudio de esta visión reviste una gran importancia hoy, dado que una invasión de economistas que se autodefinen “desarrollistas” intenta convencer a un peronismo descerebrado, claudicante y falto de ideas que son la salida esperada, que tienen la receta para lograr, como prometió Frondizi en 1958 “Estabilidad y Desarrollo”, con la condición que abandonemos toda idea “dirigista” o “autonomista”.
El propio Frondizi que cuando Perón manda al congreso el tratado con la California, se transforma en su principal enemigo y publica su libro “Política y Petróleo” defendiendo el monopolio de YPF, en cuanto asume la presidencia sin embargo hace todo lo contrario de lo que había dicho (quizás por esto Menem lo consideraba “un gran estadista”) anuncia la “Batalla por el petróleo” y firma los contratos petroleros con Panamerican, Tennesee y la Banca Loeb.
Pero además se pone en marcha un plan de “Estabilización y Desarrollo” cuyas columnas principales eran:
1) Una profunda racionalización del Estado, congelando vacantes y salarios así como implementando retiros voluntarios y reducción de la obra pública.
2) Un acuerdo con el FMI para un Stand By por 75 millones de dólares, con el compromiso de seguir muchas de las políticas económicas del organismo.
3)Un acuerdo con el gobierno de EE.UU y un grupo de Bancos por un préstamo de 254 millones de dólares.
4)Una nueva ley de inversiones extranjeras, otorgando a los capitales extranjeros los mismos derechos que a los argentinos, eliminando cualquier restricción a la repatriación de capitales o dividendos a sus países de origen.
5)Unificación y liberación del tipo de cambio y flotación con intervención del Banco Central, esto significó una devaluación del 300% del dólar oficial y un 64% del paralelo.
Me detengo en este detalle para que podamos ver como el mismo paquete de medidas se repite una y otra vez, fracasa una y otra vez, pero deja las mismas consecuencias.
1) Un gigantesco traslado de riquezas al sector agropecuario a partir de la devaluación como principal exportador.
2) Una brutal caída de los ingresos de los trabajadores, que en dos años perdieron 8 puntos del PBI, cayendo su participación del 46 al 38%., esto conjuntamente con la política de achicamiento del Estado provocó durísimos conflictos y Frondizi no vaciló en aplicar el Plan Conintes o Plan de Conmoción interna, encarcelando trabajadores y delegados, militarizando servicios públicos en los casos de huelgas y recurriendo a violentas represiones de marchas y tomas de fábricas (como el caso del Frigorífico Lisandro de la Torre).
3) El comienzo de un largo ciclo de desnacionalización de la industria argentina. Las inversiones extranjeras en países de riesgo como Argentina vienen de tres maneras:
a) Para actividades financieras como el “Carry Trade”, o sea traer divisas, cambiarlas por pesos, comprar bonos o ponerlos en plazos fijos, capitalizar ganancias, recomprar dólares e irse.
b) Invertir en materias primas estratégicas, petróleo, minería, de rápido retorno de la inversión (eso fué el plan petrolero de Frondizi y hoy Vaca Muerta y el RIGI), escasa o nula generación de trabajo, beneficios impositivos y de repatriación de ganancias y dividendos, una vez agotadas las reservas se van (vaciamiento de YPF y del gas de Loma de la Lata por Repsol con el menemismo).
c) Adquirir empresas en funcionamiento bajo la presión de una competencia que por razones de escala es insostenible sin apoyo del Estado.
Prácticamente los esbozos de industria automotriz y petroquímica de capital nacional desaparecieron, los ramales ferroviarios y las industrias asociadas sufrieron los embates del llamado “Plan Larkin” de eliminación de ramales, lo que además encarecía la producción en las provincias, la devaluación además hacía más caros los insumos importados requeridos por la industria.
Asimismo la “lluvia de Inversiones” que se esperaba nunca se produjo, el promedio entre 1958 y 1961no superó los 160 millones de dólares, si la inversión interna bruta fija era en 1957 de 1595 millones de pesos y equivalía al 18,5 del PBI, en 1962 era de 2207 millones de pesos y equivalía al 22,6% del PBI.
Ramos, hace un acertado análisis de esta época, “Si la Revolución Libertadora implicó un retroceso aunque en modo alguno el retorno al punto de partida-o sea el 3 de junio de 1943- tampoco llegó la oligarquía a realizar su programa hasta el fin. De ahí que los “libertadores se encontraran tan frustrados como los peronistas. Ni la vieja Argentina ni la nueva lograron vencerse de modo completo…Frondizi realiza una política pendular entre ambos intereses y no logra satisfacer plenamente a ninguno de ellos, su actitud dual nacía de la situación misma, no de su maquiavelismo privado”
Esto se mantuvo, con leves variantes hasta los años 70, en términos políticos en el terreno del pensamiento económico liberal, en los años 60 aparecen nuevas corrientes. El pensamiento católico tras la muerte de Bunge, se expresa en hombres como Moyano Llerena, sin embargo el cambio mas fundamental es que comienzan a ocupar un lugar cada vez más secundario las “preocupaciones sociales” en aras de un “profesionalismo más secular, así aparece una corriente vinculada a los economistas nucleados en el estudio de Carlos García Martínez y Rafael Olarra Giménez, siguiendo la obra “Argentina será Industrial, o no cumplirá su destino” (Marcelo Rougier y Juan Odisio; Imago Mundi Buenos Aires; 2017), García Martínez asumió como ayudante en el Departamento de Estudios Económicos de la UIA en 1958, dos años después, designado por Frondizi, como economista general adjunto de la “Misión Larkin” del Banco Mundial, ya mencionada, tras el golpe de 1962 vuelve a la UIA y termina como jefe del Departamento de Política Económica e Industrial. En 1963 cuando José Alfredo Martínez de Hoz asumió por primera vez la cartera económica, fué designado presidente del Banco Central.
Su pensamiento siguiendo a los autores citados podemos resumirlo así ”postulaba que la Argentina era una potencia de quinto orden y que su decadencia había comenzado en el Centenario…las causantes del desvarío eran: el catolicismo económico-social, el keynesianismo, el desarrollismo, el autarquismo y el dirigismo.En relación a la política industrial la errónea estrategia adoptada había respondido en lo fundamental a tres principios: La expansión del mercado interno, la protección contra la competencia del exterior y la legislación de promoción sectorial”, en lo referente al aumento de la demanda señalaba “ el crecimiento del crédito bancario, el aumento masivo de salarios y el incremento del gasto público mediante la emisión monetaria” como las políticas a descartar.
García Martínez fundó más tarde el Centro de Estudios de Política y Economía, que publicó la revista “Política y Economía”, en el CEPE participó Javier González Fraga por entonces empleado del estudio García Martínez-Olarra Giménez y Luis García Martínez (Director del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina) Roberto Favelevic y Armando Ribas, en las páginas de la revista escribían Mariano Grondona, José Alfredo Martínez de Hoz, Juan y Roberto Alemann, Alberto Benegas Lynch y también economistas de FIEL (Fundación de Investigaciones Latinoamericanas), cuyo staff actual incluye personalidades como Adelmo Gobbi (presidente de la Bolsa de Comercio), Cristiano Ratazzi en el Consejo Consultivo, Daniel Artana y Juan Luis Bour como economistas jefe y a Miguel Kiguel, Ricardo López Murphy, Manuel Solanet y Enrique Szewach. Una vez más la consigna de cabecera del grupo fue “Una drástica reducción de la intervención del Estado y la fuerte liberalización de los mercados”, como pasos necesarios para ¡la rápida evolución de la industria!
Seguramente muchos se preguntarán:
1) ¿Los industriales argentinos saben que desde la aparición misma del capitalismo en los países originarios (Francia, Inglaterra, Países Bajos) más tarde en Alemania, Italia , Japón y EE.UU, luego en los “emergentes” como Corea, Singapur, Indonesia, India o China, el proceso se llevó a cabo con fuerte intervención estatal y protecciones aduaneras?
2) ¿Los industriales argentinos no se dieron cuenta que cada vez que hubo “liberalización de los mercados”, o “aperturas económicas” el resultado fue la quiebra y el cierre de empresas nacionales o la extranjerización del sector por la compra directa de empresas (como en los 90)
3) ¿La Unión Industrial Argentina representa los intereses reales de la “burguesía argentina” especialmente en las medianas y pequeñas empresas, hoy podemos decir también en algunas grandes como FATE?
4) ¿Forman parte de la “burguesía nacional” los propietarios de conglomerados económicos cuyas empresas no sólo no tienen domicilio en Argentina si no que se han globalizado y sus propietarios ni siquiera viven aquí, incluyamos al inefable José Luis Manzano, ex “peronista renovador”, ex ministro de Carlos Menem y hoy millonario empresario de las comunicaciones y el petróleo?
No voy a intentar responder esas preguntas, al que le interese puede ahondar en el tema, estudiar, aportar más información y sobre todo juntarse con otros compañeros a debatir y sacar conclusiones es uno de los grandes temas pendientes para el pensamiento nacional.
Sin embargo hemos conocido un intento serio y profundo de construir una alternativa a esto y fue la Confederación General Económica (CGE), nacida el 15 de agosto de 1952, fundada por José Ber Gelbard, precisamente a la luz de las políticas del gobierno de Juan Domingo Perón y decidida a representar los intereses de pequeños y medianos empresarios nacionales, y que tenía por objetivo “La defensa de las pymes argentinas, la integración de la economía interna, promover la transferencia del conocimiento y la capacitación constante y la construcción de consensos políticos con la Confederación General del Trabajo (CGT) y el gobierno”, así como “ El desarrollo de la industria, el comercio y los servicios conformado por capitales nacionales, la regionalización de la economía, articular diferentes cadenas de valor en cada región agregando eslabones de conocimiento a través de universidades e institutos de tecnología, la promoción de nuevas tecnologías entre los empresarios nacionales pymes y su capacitación en conjunto con los trabajadores, la promoción de la industria pesada como factor de impulso a pymes proveedoras, promover la logística, fomentar el consumo de productos de fabricación nacional, impulsar las industrias estratégicas y fortalecer el crecimiento económico del país mediante un mercado interno pujante y las exportaciones competitivas con valor agregado” es en su homenaje que por Ley 27.108/14, se celebre el día 16 de agosto como Día del Empresario Nacional.
Como vemos hubo una “burguesía nacional” capaz de elaborar un programa de desarrollo capitalista, por ello no resulta extraño que en 1955 haya sido ilegalizada e intervenida militarmente, cuando reaparece en 1958 había perdido representación, especialmente en el comercio cuya representación comenzó a ser hegemonizada por las grandes cadenas de supermercados.
La CGE recuperó protagonismo en los años 70 y en 1972 presentó junto con la CGT un documento que diagnosticaba los problemas económicos del país y presentaba propuestas para solucionarlos, en marzo de 1973 presenta las “Sugerencias del Empresariado Nacional para un Programa de Gobierno” y finalmente el 30 de mayo la CGT, la CGE y El Gobierno firman el “Acta de Compromiso Nacional para la Reconstrucción, Liberación Nacional y la Justicia Social” que comprendía un paquete de 19 proyectos de ley, la primera de ellas el “Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional”.
El documento sostenía que “las empresas extranjeras se habían beneficiado de los regímenes liberales utilizando el crédito interno y remitiendo descontroladamente utilidades al exterior…gozaban de elevada protección aduanera y usufructuaban de la importación indiscriminada de equipos, lo que se traducía en una absorción de las empresas nacionales y una mayor concentración”.
Cabe señalar que, en ese momento, hasta la UIA a través de su presidente Elbio Coelho, manifestó su apoyo afirmando que había que impulsar “fuertes empresas privadas y eminentemente argentinas” (SIC).
Respecto de las inversiones extranjeras “Las nuevas inversiones se evaluarían en función de criterios que considerasen el aumento de la ocupación, la mejora en la balanza de pagos, el desarrollo regional. El monto y destino de la radicación, las tasas máximas de utilidades que podrán girarse al extranjero y la regulación del endeudamiento externo de las empresas quedarán claramente explicitados en la nueva legislación…se considera prioritario el desarrollo de industrias productoras de maquinarias e insumos básicos, la realización acelerada de los grandes proyectos industriales ya iniciados en siderurgia, petroquímica, química pesada, aluminio, celulosa y papel…el plan declaraba la decisión de controlar el crecimiento “exagerado” en ramas no prioritarias y reconvertir industrias de bienes de consumo (alimentos, aparatos para el hogar, textiles, cuero, muebles e imprenta) y…proponía el aliento a las exportaciones industriales lo cual se llevaría a cabo mediante incentivos fiscales, facilidades crediticias y el desarrollo de una política de inserción internacional y apertura de mercados”
Pero todo esto no quedó en meras declaraciones, la ley de inversiones extranjeras estipuló que “Debían radicarse en actividades y zonas geográficas determinadas por el ejecutivo y no generar el desplazamiento del mercado de empresas de capital nacional. Quedaron prohibidas a los extranjeros la adquisición de más de un 50% del capital de una empresa que operara en la Argentina y toda inversión en las áreas consideradas vitales para la seguridad nacional, que incluían energía, química, petróleo, servicios públicos bancos y seguros, agricultura y pesca, medios de comunicación social, publicidad y comercialización. La ley restringía al 12,5% las remesas de utilidades al exterior y sólo podrían efectivizarse a partir del quinto año de la radicación y penalizaba con impuestos extraordinarias el incumplimiento”.
Estamos ante el último intento de las fuerzas nacionales de cambiar el rumbo de la historia y avanzar hacia un modelo de capitalismo autónomo (no autárquico), integrado al mundo pero desde su soberanía y sus propios intereses, que recuperaba parte de los viejos sectores que construyeron el movimiento nacional que catapultó la década extraordinaria de 1945-1955 (la única “década ganada” en realidad), los trabajadores organizados encuadrados en la CGT, los empresarios nacionales organizados en la CGE acompañaban y sostenían el liderazgo indiscutido de Perón, también algunos sectores medios que volvían de su “gorilismo” anterior, pero ya no contaban con el apoyo de las FF.AA, despojadas a partir de 1955 de todo atisbo nacional y menos peronista.
Tampoco la Argentina era la de 1955, había crecido la clase trabajadora no solo en número sino en su perfil técnico y profesional, sin embargo sí seguía siendo la misma la oligarquía, que agazapada trató de preservar fuerzas y alianzas, especialmente con los sectores transnacionales del empresariado, su poder de fuego a partir de los estancieros representados por la Sociedad Rural Argentina, que comenzaba a arrastrar tras de sí a sectores medianos, especialmente ante los proyectos como la Ley Agraria y el Impuesto a la Renta Potencial de la Tierra, el predominio cultural en la formación de profesionales y los programas de educación, incluso los partidos políticos se agazaparon almanaque en mano especulando con el tiempo de vida del Gran Argentino.
Asimismo les apareció un aliado inesperado, los grupos terroristas que despreciando la voluntad popular siguieron cometiendo crímenes y atentados, a los dos días que Perón se consagrara presidente de los argentinos por tercera vez, con el 61,86% de los votos, un grupo que se proclamaba peronista (aunque su jefe reconocía que no conocían a Perón y nunca habían leído ni “la Comunidad Organizada”), asesinaba al Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci, una figura fundamental para el proyecto de Perón y una de las columnas que sostenían el Pacto Social y el Plan Trienal.
Rucci pagó con su vida su lealtad a Perón y su compromiso con este intento de reconstrucción nacional, Gelbard fue perseguido por la dictadura militar que le quitó hasta la ciudadanía argentina, muriendo en 1977, la CGE fue disuelta y sus bienes confiscados y Martínez de Hoz se dedicó a arrasar hasta el recuerdo de este intento. Su labor fue continuada por Menem-Cavallo, Macri y ahora el Golem, pero esta es otra historia.
La salud, como la libertad o el poder, cobra valor cuando no se tienen. No da votos, no ocupa la agenda. Está ahí. Cuando desaparece el que puede paga y el que no, padece. Hubo una persona que pensó al revés y lo volvió obra. Ramón Carrillo quiso y pudo. Las reliquias de su legado se nos presentan como cuentas pendientes. ¿Quién fue y cómo pensó la salud Argentina? ¿Qué pistas nos ofrece para interpretar nuestra realidad sanitaria?
Lo material: la revolución de la capacidad instalada
Ramón Carrillo nació en Santiago del Estero, el 7 de marzo de 1906. Viajó a Buenos Aires a estudiar Medicina y se graduó con medalla de honor. Fue becado y se especializó en Europa de donde volvió consagrado como uno de los más brillantes neurocirujanos de la época. Puso en marcha el servicio de Neurocirugía del Hospital Militar y en 1942 ganó el concurso de profesor adjunto en la carrera de Medicina de la UBA. Tenía 36 años.
Cercano a FORJA, simpatizante de los militares nacionalistas del GOU y trabajador del hospital militar, católico, referente universitario. La excelencia de su formación y sus círculos de relaciones lo acercaron a Perón. Cuando lo trasladan de la Isla Martín García, Carrillo asiste al coronel encarcelado en el Hospital Militar y es quién oficia de “cartero” en los episodios del 17 de octubre.
En 1946 se convirtió en el primer Ministro de Salud de la Historia argentina. El país no contaba con una política sanitaria nacional. Las entidades previas al Ministerio de Salud (Protomedicato realista; Dirección Nacional de Higiene; Dirección de Salud Pública) se limitaban al control de focos infecciosos del puerto y a otras tareas de menor relevancia. El pueblo pobre sufría y los datos hablaban: provincias enteras en las que no había un solo hospital; la mortalidad infantil llegaba a los 300 por mil en las regiones más abandonadas (hoy las zonas de tasa más elevada como Corrientes están en los 17 por mil); y para 1940 un tercio de los argentinos aspirantes al ejército eran rechazados por incapacidad física y problemas de salud.
Antes de asumir como Ministro confeccionó un Plan Análitico de Salud, un documento de cuatro mil fojas que detalla uno por uno los problemas sanitarios y sus posibles soluciones a nivel nacional. Implementó un método de gestión basado en la planificación centralizada y la ejecución descentralizada, según las características, peculiaridades y necesidades de cada región del país.
A esta etapa debemos la organización por “niveles de atención” del sistema público. Es decir, Centros de Atención Primaria de la Salud (se calculan en unos 3,000); ampliación de camas y construcción de hospitales generales (se duplicaron las camas, de 66,300 en 1946 a 134,000 en 1954); construcción de más de 40 Institutos Especializados (del Quemado; de Oncología, de Hemoterapia, etc). Además, creó disciplinas (como la arquitectura hospitalaria), sistematizó un método de gestión e inventó una perspectiva organizativa. Según el propio Ministro: “todo depende de una eximia organización de los consultorios externos, fundada en la asistencia en equipo dentro de los mismos y en forma seriada; de ese modo, un peso invertido (…) rinde 5 veces más que el invertido en camas”.
Carrillo creó EMESTA, la empresa nacional de medicamentos destinada a impulsar la producción pública, pero sobre todo a orientar y fomentar la producción privada en el marco de un plan nacional de desarrollo. Se desarrolló un completo calendario de vacunación para la época e impulsó campañas de erradicación de enfermedades infecciosas, como el Paludismo del Noroeste Argentino.
Escapa a los propósitos de este texto un detalle de esta obra monumental en la que trabajó muchas veces en conjunto con la Fundación Eva Perón. Los nombres de esos hospitales, todavía de pie y dando pelea más de ochenta años después, son la prueba de una epopeya que no tiene comparación a nivel continental y que es poco o mal reconocida a nivel local. Todo para preservar “lo único permanente de una Nación: su caudal humano, que es potencial biológico y el futuro de todas las Patrias”.
Lo simbólico: ciencia y trascendencia
Para Carrillo, hay dos factores que condicionan la salud de un pueblo. El primero las condiciones sociales y materiales, y el segundo la “ignorancia, que impide toda difusión de una cultura sanitaria”. La principal arma con la que pelea es la organización de los servicios médicos organizados en niveles y con médicos generales. Se presta atención médica, pero también se educa a través de capacitaciones, videos y materiales de propaganda sanitaria. Por eso, muchos hospitales tenían sala de cine, y por eso también el pueblo tiene derechos y obligaciones: “es el responsable de su propia salud. El trabajo de los médicos es estéril si no se cuenta con su colaboración”.
Carrillo gestiona en un contexto de posguerra, de creación de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud como entidad sanitaria transnacional. Los problemas de rehabilitación de los soldados tras la guerra, la demanda de atención y asistencia social en los países empobrecidos, y el temor al avance del comunismo y sus ideas de equidad dan como resultado políticas de “bienestar” social en muchos países capitalistas. Las mismas se llevan adelante con distintos modelos solidarios que Carrillo estudia.
Son momentos de estupendos avances científicos y tecnológicos (infectológicos, de producción de antibióticos y vacunas, de desarrollo de estudios de laboratorio e imágenes médicas). Por eso se volvió hegemónica una mirada positivista de la salud centrada en los procesos biológicos. La OMS intenta ampliar esta mirada con su famosa definición de salud del año 1949 “como un completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades”.
Carrillo lleva mucho más lejos estos conceptos. La definición de la OMS es vacua si no se la llena de contenido político. Carrillo lo interpreta de esta forma: la base de nuestra doctrina sanitaria es la doctrina justicialista y, por eso, nuestra política sanitaria no será de atención sino de previsión social. Quiere decir: la atención biomédica es un derecho y todos los argentinos lo tienen por su condición; pero más importante que lo biológico es lo social: trabajo, vivienda y salarios son la mejor política sanitaria. Pero además de eso, quiere decir: más importante que curar, es prevenir. Este aforismo tan correcto como la mayoría de las veces intrascendente, se vuelve política pública y causa de Estado.
Nuestro Ministro sabe que los avances biomédicos son geniales, pero que, sin implementación política con criterios de equidad, no sirven. Es científico y humanista. Es higienista, pero no un policía médico. Es neurobiólogo, pero impulsa la medicina general y familiar. Si para Carrillo la misión más importante de la medicina es alargar la vida humana y evitar muertes prevenibles, la misión más importante de un funcionario público es ofrecer un sentido y propósito a esas vidas en el marco de un proyecto de revolución nacional. No es vivir por vivir. Con su obra dota las vidas que salva de un sentido de responsabilidad nacional. Es un patriota.
Que las personas vivan más y mejor, para que puedan trabajar más y mejor. Que las personas estén más sanas, para que estén más contentas, pero también para que produzcan más. Que lo humano ocupe el centro de la escena, no como humanos consumidores, sino como humanos que son parte de una comunidad -y de un Estado- que los ayuda, pero que les tiene que pedir responsabilidades a cambio.
Hasta acá podríamos decir que más allá de su genialidad personal, estas políticas no tienen nada de diferente a otras experiencias de “socialización de la atención médica”. Pero Carrillo profundiza: no se trata solo de prevenir siempre y de curar cuando se puede, sino del POR QUÉ de esa prevención. Queremos mantener al pueblo sano y prolongar la vida porque es bueno para la Patria, porque es más barato, porque mejora la productividad de los trabajadores, pero por sobre todas las cosas porque es lo justo y lo bello, lo correcto ante la mirada de Dios.
Esto se explica por su formación humanista cristiana. Así habla a pacientes y a médicos: “recordarles mi afecto a aquellos que sufren en hospitales, y recordarles el profundo sentido del cristianismo que nos manda aceptar el sufrimiento como una purificación”; e insiste en que “desea acogerse a las palabras del Gran Maestro como a un mandato, para decirnos, como él: yo estaba enfermo y me visitaste, lo que hagas por uno de estos, lo harás por mi”.
La tercera posición del peronismo es: ni yanquis ni marxistas. Por díscolos, por conveniencia, y por convicción. Para Perón, ambos lados de la contienda de la guerra fría son dos caras de la misma moneda. La explotación del hombre por el dinero, o por el Estado. Son, en definitiva, dos desviaciones materialistas que desmerecen la dimensión humana y trascendente de la humanidad. Insectifican al hombre. Carrillo lo aplica desde su profesión: “el triunfo de la medicina es ya no ser necesaria, de esa formase habrìa consumado el triunfo del espíritu sobre la materia, del bien sobre el mal”.
Carrillo desde lo sanitario y Juan Perón desde la conducción política buscan una salida hacia adelante, que no se queda solo en lo local. Para ellos, Argentina puede ser un faro civilizatorio. Carrillo asegura que “hemos asumido la tarea de preparar a nuestro pueblo, poniéndolo en condiciones de cumplir el destino que le impone su tradición, la fecundidad del suelo patrio y los progresos de nuestras instituciones políticas, unidos al hecho de constituir a la Argentina en una de las reservas de la humanidad. por su cultura y sus fecundas y generosas concepciones de la vida, lo mismo que su tradicional respeto de los hombres y los pueblos”.
Todas las citas mencionadas son extraídas de discursos del Ministro en salones de trabajadores, de congresos académicos y profesionales, e incluso en actos de anuncios políticos como la inauguración de viviendas en un barrio pobre cordobés.
Lo histórico: un héroe con el que rendir cuentas
Ningún Ministro Nacional de Salud estuvo nunca jamás a la altura de Carrillo. Con algunas muy buenas excepciones, la mayoría se dedicó a debilitar o sustraer de sentido la obra aquí mencionada. El gobierno actual es quizá la expresión más humillante: no planifica, no es serio científicamente. Crece la mortalidad infantil, vuelven enfermedades erradicadas como el Sarampión, crecen enfermedades de la decadencia, como la sífilis. Una revolución sanitaria en marcha atrás. ¿Qué habría que hacer?
Carrillo es fundador y al mismo tiempo “completador” del sanitarismo nacional. Es un científico que quiere tener todas las variables que pueda bajo control. Incluso si pudiera, capaz hubiera elegido tenerlas a todas. Pero sabe que no puede: la existencia humana contiene el hecho trágico de sus propios límites. Hay algo más que se nos escapa y nos trasciende. Carrillo como católico dice: es Dios. Cualquier otra persona puede encontrarlo desde otro lugar, siempre que quiera y crea.
La obra científica, artística, política, trascendente de Carrillo se da en el marco de una tradición (que podría definirse como el “arte de curar”, de alargar y mejorar la vida, es decir, una tradición por y para otros) y dentro de ella, inventa lo nuevo. Esto es: el método de planificación, la forma de ejecución, la organización por niveles, el impulso del sector privado con dirección pública, el cambio de lógica de la atención médica, etc. Piensa en salud, no en enfermedad. Lo deja plasmado en su obra política, en sus libros, y en el mensaje oral que dejó en sus equipos.
Carrillo rinde cuentas con “lo médico” hasta ese momento: está bárbaro saber de medicina, pero atendemos seres humanos. Nos exige un esfuerzo para mirar más allá de la enfermedad. Mientras ajusta cuentas con el pasado, nos advierte con su ética de las desviaciones médico-sanitarias con las que lidiamos hoy. Muere pobre, y cuestiona la mercantilización de la medicina y de los médicos. No se puede ser médico para hacer plata. Es una falla de origen. Es incorrecto porque el propósito de la salud es DAR.
Además, combate la desviación “politicista”. En su segundo gobierno, pierde una interna en el gabinete y queda en minoría contra los demás ministros (en particular, Apold de prensa, y Teisaire, vicepresidente). Después de la muerte de Eva, el ala de alcahuetes e inoperantes gana la disputa al gestor eficiente. Si bien esto vale para toda la función pública, estamos cansados de ver familiares y amigos de intendentes y gobernadores como funcionarios públicos con el único criterio de ser garantes de la lealtad mal entendedida. Sin formación técnica ni capacidades, los alcahuetes y arribistas nos hacen mucho mal.
De la misma forma y en un sentido inverso, Carrillo anticipa los problemas de la desviación cientificista de cuadros técnicos “despolitizados”. Carrillo era excelente por su formación técnica, pero era un excelente cuadro político. Antes de renunciar al cargo, le escribe una larga carta a Perón advirtiendo sobre los graves problemas de orientación en algunos aspectos de la política del gobierno, sobre la opacidad del entorno presidencial, etc. Son momentos en donde Carrillo frena su proyecto de ley de profilaxis (correcto desde lo técnico) por encontrar oposición en un aliado importante de la coalición, como era la Iglesia (es decir, incorrecto desde lo político).
Si es grave un político que no sabe, más grave puede ser un técnico que no sabe de política. En nuestro país, esa línea de burócratas es interpretada por los cuadros técnicos que post Yalta armaron la Organización Mundial de la Salud. Que hoy, ante el terraplanismo sanitario de Milei defendamos las nociones básicas de la ciencia que promueven estos organismos no significa que no podamos dilucidar que, en buena medida, se vienen dedicando a formar cuadros técnicos desprovistos de mirada política. Esa es, básicamente, la causa del fracaso de todas las profecías de SALUD PARA TODOS EN EL AÑO 2000.
La OMS formó seres humanos que piensan que los programas sanitarios se pueden copiar y pegar de forma enlatada en cualquier contexto. “Sanitaristas” argentinos que no hablan de Carrillo pero que cuando lo citan no hablan del justicialismo, ni de que Carrillo era creyente, ni de su simpatía por los militares nacionalistas, ni de su ética y honestidad inquebrantable. Docentes que lo pasteurizan en su potencia política y que a lo sumo usan una frase trillada de Carrillo para usar de primera diapositiva de un Power Point aburridísimo o de slogan en su remera partidaria, pero jamás leyeron un texto completo de él.
Última: Carrillo muere pobre y exiliado atendiendo brasileños que no pueden pagar por su salud en Belém do Pará. Mientras padece las privaciones y la pobreza en el exilio, la dictadura oligárquica del 55 ha incautado sus bienes en Argentina y lo acusa de “enriquecimiento ilícito”. Una actitud que pinta bien a los que gobiernan este país mientras detestan a sus habitantes: mandaron a prender fuego los pulmotores que Carrillo encomendó comprar para auxiliar a niños y niñas ante brotes de polio. Unos meses después, el último gran brote de poliomielitis produjo más de 6.500 casos, miles de muertes, muchas de ellas de niños argentinos que no contaron con esos pulmotores para su asistencia.
En este país hacer política para defender al pueblo de verdad tiene un precio. Lo pagás con un destierro, o con la cárcel, al menos con difamación y calumnias en contra tuya. No se puede defender al pueblo y que te quieran todos. No se puede servir a dos amos al mismo tiempo.