Reflexiones sobre la «Independencia» en tiempos de humillación y vasallaje

Por Daniel L. Vaschetto

Lito Nebbia nos dice que «si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia, quien quiera oír que oiga..»

Lo primero entonces es que no existen «hechos» puros, existen los hechos interpretados en ciertas tramas conceptuales, categoriales, desde ciertos «trasfondos» ideológicos. 

También se «narran» los hechos en función de los intereses o proyectos de los múltiples actores involucrados.

La historia oficial Mitrista impuso el relato que resultaba funcional a los intereses de la Oligarquía porteña, subordinada al proyecto de la División internacional del imperio Británico. En esa versión el 9 de julio de 1816 es una fecha fundacional de la República Argentina. Y asi lo seguimos conmemorando. Pero hay varias cuestiones que ese relato no considera, o distorsiona, por lo que haremos una breve reflexión en clave de IDENTIDAD y TRADICIÓN. 

La lucha por la independencia no ocurre si antes no se constituye un cuerpo de experiencias, creencias y valores comunes que permiten delimitar un NOSOTROS y un ELLOS. ¿Y cuál era la identidad naciente en 1816? ¿Acaso se proclamó la independencia de Argentina respecto de España? Claro que NO. 

La ARGENTINIDAD no existía en el imaginario de los congresistas, el texto definitivo declara la independencia de «las provincias unidas de SUDAMÉRICA». El Gral SAN MARTÍN -uno de los que más empujó para que eso ocurra- decia: «yo soy un hombre del partido AMERICANO». 

El proyecto del Libertador, también el de Bolívar, no era la creación de veinte republiquetas subordinadas al orden NEOCOLONIAL diseñado por Gran Bretaña, sino una gran Nación o una Confederación de repúblicas respetando los límites administrativos de la época colonial. El desmembramiento y la fragmentación fue el proyecto de los mercaderes de los puertos, interesados en el LIBRECOMERCIO más que en la independencia. 

Entonces, en 1816 se libran varios conflictos simultáneos. El de quienes como San Martin o Belgrano quieren la independencia, enfrentado al de quienes buscan un heredero de alguna dinastía para coronarlo/a ( Carlos M. de Alvear y la princesa Carlota). Al mismo tiempo la camarilla porteña con ideas UNITARIAS enfrentada al Protector de los Pueblos Libres, José Gervasio ARTIGAS, liderando la banda oriental y las pcias Litorales. Quienes el 29 de junio de 1815 en el Congreso de Oriente en Arroyo de la China declararon la independencia. Ya en las «Instrucciones» a los diputados artiguistas a la Asamblea de 1813 se proponia la declaración de la independencia de España y de todo otro poder extranjero. La opción por el sistema republicano de gobierno y la igualdad de las pcias. Estos diputados fueron rechazados por sostener que la capital no podía ser la ciudad de Buenos Aires. 

Además podemos ver un conflicto sobre el MODELO de SOCIEDAD que se quería constituír, mientras el Artiguismo postulaba un modelo donde se representaran de forma IGUALITARIA todos los componentes del cuerpo social, incluídos los GAUCHOS e INDÍGENAS, la élite criolla porteña deseaba una «ciudadania» restringida a la clase propietaria. Lo manifiesta Mitre cuando juzga a los participantes del Congreso de Oriente como «hombres de dudosa honorabilidad». O cuando Tomás de Anchorena llama «cuicos» (monos) a los diputados del Alto Perú. 

En sintesis, en este complejo escenario ya vemos plantearse dos Proyectos antagónicos, que originaron dos TRADICIONES POLITICAS e ideológicas, que perduran hasta el presente. Por un lado el de una ÉLITE criolla racista, antidemocrática, que carece de una idea de NACIÓN SOBERANA y privilegia sus negocios particulares, y por el otro el Proyecto de construír una gran Nación que incluya a las mayorías populares mestizas, de criollos, indígenas y afrodescendientes. 

Ése proyecto de los Libertadores, de Artigas, y de las provincias interiores aún está inconcluso.

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