¿Sobre qué hay que hablar?

Por Omar Auton 

 “Hay momentos en que los países son urgidos

                                                           a “recontar” su vida, para hacerse cargo de ella

                                                        plenamente, o librarse a la deriva” Methol Ferré 

   Retomo la obra del maestro Methol Ferré en el epígrafe, para responder a los muchos que me cuestionan “Para que hablar de historia”, “Lo que hace falta es decir claramente cómo vamos a recuperar la industria, parar la inflación y recuperar los salarios”, o “Tiene que ser alguien nuevo, hay que terminar con la vieja política”, en realidad los temas referentes a medidas concretas, más que importantes por cierto, van a ser encarados y resueltos por funcionarios de acuerdo con su ideología o su pensamiento político, por ende lo que debemos discutir es “Desde Dónde” se la va a encarar y seguramente vamos a debatir una serie de ideas con un sentido común parecido o vamos a tener claro que estamos parados en veredas diferentes.

   Es por lo expuesto que considero que lo fundamental en esta etapa es tener claro quiénes somos, cual es nuestra identidad y para ello, como escribe Methol, hay que “recontar”, volver a poner en presente nuestra historia e identidad, una cosa es hacer, luego, alianzas electorales o frentes, pero teniendo en claro quiénes somos nosotros, los peronistas, y quiénes nuestros aliados, amigos, compañeros de ruta, de lo contrario vamos a andar comprando soluciones económicas, educativas, laborales, etc. en un mercado de baratijas o a alguna ONG, ya que la destrucción de los partidos políticos los ha dejado sin cuadros técnicos orgánicos.

   Dicho esto, quiero volver al tema de La Comunidad Organizada, como anécdota quiero señalar que nada menos que Carlos Marx, en “la Ideología Alemana” escribió “solamente dentro de la comunidad con otros, todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos, solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad individual “ y es en base a ese aserto que Byung Chul Han expresa “Curiosamente, también Marx define la libertad como una relación lograda con el otro. En consecuencia, ser libre, no significa otra cosa que “realizarse mutuamente”.

   Esto es porque cuando hablamos de la Comunidad Organizada estamos sintetizando una realidad de nuestra historia, tanto de los pueblos originarios como de la conquista y las oleadas inmigratorias, que Perón recoge en su libro, visión expuesta en el Congreso de Filosofía de Mendoza en 1949 y al mismo tiempo “situando” un pensamiento universal desde nuestra propia mirada, como reclamaba Arturo Jauretche.

   Cuando conocí el libro, hace muchos años, vino a mí una experiencia de infancia, a los cuatro años mis padres se mudaron a Quilmes Oeste, una zona denominada La Cañada, a una cuadra de la, por entonces, Av. Calchaquí, paso obligado para acceder a la ruta 2 y viajar a la costa atlántica, si bien Perón había sido depuesto, era 1956, seguían los planes de vivienda del Banco Hipotecario, hoy en manos de Elsztain e IRSA gracias a Menem, en los alrededores había varias empresas metalúrgicas, textiles, de celulosa, etc., por ende en poco tiempo se conformó un barrio de entrerrianos, correntinos, chaqueños, la migración interna que venía en busca del empleo industrial, se compraba un lote, se instalaba una casa prefabricada, adelante y atrás se comenzaba a construir la casa de material, eso era los sábados, domingos y feriados, en que el hombre de la casa no trabajaba en la fábrica, pero los vecinos, pese a ser sus jornadas de descanso, concurrían a “darle una mano”, no había arquitectos o maestros mayores de obra, se construía de acuerdo a las necesidades de la familia y todo el barrio se arremangaba para entras ladrillos, cal y arena, hacer “pastones”, las zanjas para los cimientos, hasta terminarla, esto se repetía con cada nuevo “recién llegado”, era la comunidad que se organizaba para resolver las necesidades comunes, el libro lo leí después y lo entendí por este recuerdo.

   Esta experiencia derivaba en las Sociedades de Fomento, que encaraban la representación de los vecinos para que el municipio impulsara el asfaltado de calles, la instalación de agua corriente, gas natural y cloacas, de ahí los candidatos a concejales, que seguían viviendo en el barrio, he ahí un camino para la reconstrucción de la organización social y la política, de abajo hacia arriba y de la periferia hacia el centro como nos enseñó el papa Francisco.

   A medida que crecían los municipios y aparecieron los “Delegados municipales” una forma de descentralización de la gestión, para ponerla más cerca del vecino, luego se advirtió que esto era “peligroso” y se lo fue vaciando, la dictadura genocida iniciada en 1976, convirtió el ser un delegado municipal o un “fomentista”, en algo peligroso para la salud, de todas maneras en algunos lugares sobrevivió el sistema, en La Plata esos delegados fueron votados por los vecinos hasta el 2001, luego pasaron a ser designados “a dedo” por el intendente.

   En CABA la constitución previó la descentralización en comunas, en mi libro citado en el capítulo anterior he analizado su suerte así como otras provincias que tienen legisladas instituciones similares. Los sindicatos son organizaciones de la comunidad, en ese caso se trata de resolver colectivamente los problemas laborales comunes, las cooperadoras escolares tenían el mismo sentido, solo que nacieron para colaborar con las necesidades de la escuela y en muchos casos, luego, se convirtieron en la forma de resolver los problemas de los hijos de los integrantes, que iban a esa escuela, todo puede deformarse, pero no significa que debe abandonarse.

   Pero nada mejor que leer al creador de este concepto “ Para organizar una comunidad se requiere la concurrencia de muchos factores. En primer lugar, nada se edifica sin claridad de objetivos, sobre la base de una ideología común que reúna a hombres , que sienten de la misma manera lo que se considera fundamental para el país. Sabemos que esto se concreta en una doctrina que abre un amplio espacio de coincidencia aceptado por la mayoría de la comunidad…es necesario restaurar, además, un inalienable principio de objetividad. Y no puedo pensar e otro criterio de objetividad que no sea la presencia de la voluntad del pueblo como guardián de su propio destino…Para que esto sea posible deberemos alcanzar un alto grado de conciencia social, que entiendo como la identificación por parte del individuo de sus derechos inviolables, sin enajenar la comprensión de sus deberes…Por último, si tuviera que decidirme por un factor aglutinante, optaría por la solidaridad social, como fuerza poderosa de cohesión que solo un pueblo maduro puede hacer germinar” (“El Modelo Argentino, para el proyecto nacional”; Juan Domingo Perón).

   Por ende si uno se dice Peronista, no puede salir a despotricar contra “La vieja Política”, porque la política anterior a 1976 tenía muchos elementos a rescatar, por ejemplo:

1) Un gobierno organizado, o sea a) Unidad de Conducción, b) Estado de Derecho y c) Eficacia y eficiencia, esto es una administración que funciona de manera ordenada, transparente y con planificación.

2)Una gestión descentralizada, o sea a) Con autonomías locales, acercando lo público a los ciudadanos, b) calidad administrativa trasladando competencias y toma de decisiones a provincias, municipios y comunas y c) Federalismo, recuperando el adecuado equilibrio entre Nación y Provincias.

3) Un Pueblo libre, o sea, a) Participación del ciudadano, no sólo con el sufragio sino en la acción misma de gobierno, b) libre organización, el pueblo se organiza en forma conveniente para sus fines y c) Ciudadanos como actores, como miembros activos y participativos de la comunidad

   Lo que debemos superar y dejar atrás es “La nueva política”, la que conocimos a partir de 1983, la que a partir de la destrucción del tejido comunitario, la desindustrialización y desestructuración del trabajo en relación de dependencia y registrado como ordenador social y generador de identidad  individual, la desaparición de la familia como unidad básica de socialización, mediante la transmisión de valores y tradiciones, a la comunidad  e integración del individuo a la misma, a la idéntica suerte corrida por la educación pública y la fragmentación de la comunidad en individuos aislados, llenos de temor (a la falta de éxito económico, al no reconocimiento de sus conciudadanos, a la inseguridad laboral, a la soledad individual, ocultada hoy por la hipercomunicación digital, sin vínculos afectivos reales y el consumismo desbocado), redujo la participación política al sufragio en tiempos normales o a la pueblada anárquica en las crisis.

   Lo que hay que enterrar para siempre es la política de dirigentes advenedizos, ambiciosos, oportunistas y corruptos, que hacen de ella un instrumento para el enriquecimiento personal y de sus descendientes de varias generaciones (como el clan Menem), que llegan a lo público desde la publicidad, el deporte, la empresa o que son “fabricados” por los dueños del país a partir del monopolio de los medios de comunicación másiva y esa hipercomunicación que aturde, con los “operadores políticos” que han hecho de ella un empleo, que su talento nace de una agenda poblada de “contactos en el poder” (siempre económico o de ciertas embajadas) para ser negociada al mejor postor, sea éste de derecha, de izquierda o ambidextro.

   Hay que reconstruir los partidos políticos como herramientas adecuadas de participación popular, la Comunidad Organizada no es aquella en la que todos pensamos igual, es aquella en la que todos o la mayoría pretendemos vivir bien, con trabajo, tranquilidad y la certeza que el futuro va a ser siempre mejor, pero pueden subsistir diferencias en como se logra eso, para ello están los partidos políticos, pero hay que reintegrarlos al barrio, tienen que generar dirigentes que sepan lo que es caminar cuadras bajo la lluvia en calles de tierra o con simples mejorados, con mala iluminación y servicios deficientes y pretendan cambiar eso, no cambiar ellos de barrio, que sus vecinos los conozcan por su nombre no por su apellido, que estén dispuestos a sacrificar su descanso y su tranquilidad ante el dolor o la necesidad del otro, que pongan su destino en la realización de toda la comunidad, sabiendo que su propio destino va a ser mejor en ese camino.

   No pretendo mártires ni ascetas, la función pública debe ser muy bien remunerada, nadie puede pensar y trabajar para el colectivo social si no tiene la tranquilidad de su familia, admiro a los curas villeros, muchos de los cuales provienen de familias acomodadas y han renunciado a ello, pero estoy hablando de mujeres y hombres comunes que viven y aspiran a lo que todos aspiramos, no de los que han abrazado un sacerdocio.

   Los candidatos deben ser elegidos en comicios internos, donde voten los afiliados al partido, al igual que las autoridades partidarios, basta de “dueños de la lapicera” que entre cuatro paredes arman listas en un “tome y daca” de ambiciones personales y no de auténticas representatividades. Debe existir la caducidad de los mandatos para terminar con el “transfuguismo” como vivimos hoy, donde ni siquiera se oculta la corrupción de voluntades compradas, los cargos legislativos son de los partidos y estos deben tener la posibilidad de reemplazar a los que traicionan el mandato popular.

   Todos los funcionarios del gobierno en sus tres poderes deben hacer una declaración de sus bienes y de los de sus familiares al momento de ser electos, repetirlo anualmente y al final del mismo someterse a lo que en épocas del Virreinato se llamaba Juicio de Residencia, sobre su gestión y su patrimonio, todos conocemos de enriquecimientos inexplicables, que nunca son juzgados, además, por tener un poder judicial que es de los más impresentables de nuestra historia y que merece una profunda reforma en su acceso al cargo, su estabilidad y su transparencia.

   Como hombre que ya ha entrado en la última etapa de su vida puedo hablar de estas cosas porque las he vivido, he visto una manera de hacer política y de vivirla, dos líderes que se combatieron en vida como Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón, vivieron una vida austera, uno en su casa de barrio en La Plata y el otro en una casa comprada por sus amigos en Madrid durante los años de su exilio, los argentinos de mi edad hemos conocido muchos políticos que eran conocidos por haber sido “Senadores” o “Diputados”, nacionales o provinciales y que tenían una vida normal en un profesional o persona de clase media, deben revolverse en sus tumbas cuando ven no sólo la corrupción actual sino el exhibicionismo de sus protagonistas.

   Pero insisto, lo que expongo no es un sueño ni una utopía, la Argentina vivió esa “Vieja Política”, los que la quieren eliminar son los que quieren seguir con el sistema actual sólo que esperan su turno para el latrocinio, sean empresarios, candidatos prefabricados o pastores evangélicos que ni siquiera viven en el país y todos tratando de eludir cualquier definición seria sobre su pensamiento (Milei fue la excepción), todo son lugares comunes “La gente está cansada” o “La gente quiere algo distinto”, sin embargo como no dicen que piensan ellos o que van a hacer concretamente si fueran electos, nunca sabemos “¿distintos a qué?” van a ser.

   Por eso es necesario no esperar “A ver quién es el candidato”, eso es secundario, lo que es acuciante es que pongamos nuestro esfuerzo en reconstruir la política, aquella que Francisco calificaba como “La más noble de todas las actividades, porque buscaba el bienestar de todos”, reconstruirla desde abajo, yendo a las sociedades de fomento si las hay o creándolas donde no existen, hablando con nuestros vecinos de los problemas del barrio y como resolverlos, si sos comerciante yendo a la asociación de tu ciudad, sumarte, reclamar que representen las necesidades de sus pares ante las autoridades, si sos profesional en tu Colegio profesional, si sos empresario en la asociación de tu ramo.

   A los que tienen vocación política, armá tu Unidad Básica, llamá a tus conocidos, recorré las organizaciones que mencioné antes, los sindicatos, otras UB, buscá objetivos comunes, debate, horizontalidad participativa, sacate el dolor y la angustia de la impotencia, salí de la bronca individual y juntala con otras broncas y demandas, transformala en un reclamo, una demanda una propuesta de solución, de a poquito, de lo más simple a lo complejo, de abajo hacia arriba.

   Pero lo más importante, lo irrenunciable, si no queremos ser más de lo mismo, recordemos que “La mortaja no tiene bolsillos”, si vas a meterte simplemente para ser un chorro, un sinvergüenza, un estafador más, de las necesidades populares espero que no hayas leído nada de esto, no es para vos, vos sos parte de lo que debe terminar.

UN FUTURO DISTINTO ES POSIBLE

      Omar Auton

                                                                               “La multitud de los solos, carece de

                                                                        tarea común y es un reino de mezquin-

                                                                        dades y ensueños” Alberto Methol Ferré

    Hace muchos años, el autor de esa frase publicó un libro fundamental para el pensamiento rioplatense, “El Uruguay como problema”, donde plantea el drama de la balcanización de Iberoamérica desde la realidad de la banda oriental, en él expresa crudamente “La apatía uruguaya no es solo inercia de buenas costumbres, sino también inconfesable sospecha acerca del destino del país. El futuro del Uruguay ¿es realmente posible? Hay apatía porque no ve salida histórica, se está “a puertas cerradas”. Delante hay un muro. Es el asomo y recelo de que no hay solución puramente uruguaya para el Uruguay” a casi 60 años de aparición del libro podemos decir que muchos argentinos enfrentan similar desazón.

   Voy a ingresar en un terreno que discurre en el límite más extremo entre peligrosas antinomias, escribir desde los sueños, esperanzas y experiencias del autor, sin caer en la soberbia del que quiere “bajar línea”; ser claro y categórico en los asertos y diagnósticos, sin pretender tener la vara de medida de la certeza en lo que vendrá; evitar los sectarismos y descalificaciones, sin caer en la “corrección política” que navega en aguas del oportunismo de “quedar bien con todos”; recuperar la memoria de la historia, evitando el escamoteo de hitos y momentos fundantes de una identidad, sin cerrar la puerta a otras visiones y valoraciones tan sinceras como la de uno; vamos a ver si esas experiencias pueden ser “Presente” y al darnos cuenta que el pasado no desaparece, que convive en el presente y determina, en muchos aspectos el futuro, encontramos nuestra estrella polar en el cielo que nos ayude a navegar hacia el puerto que deseamos.

   Me he referido, quizás hasta obsesivamente, a que nuestra génesis como país estuvo originada en una derrota, en la de la balcanización de la Gran Nación Latinoamericana por obra de “La Vieja Raposa” británica, al decir de León Felipe, Methol Ferré, en la obra antes mencionada, también hace referencia a ello, pero doblemente, ya que Uruguay también nace de un doble aborto, en primer lugar de la ruptura del Virreinato del Río de la Plata, y luego de su secesión de las Provincias Unidas en 1828, de las que era la “Banda Oriental”, a raíz de la traición de Bernardino Rivadavia y la acción de Lord Ponsomby (una y otra vez Inglaterra).

   Esa injerencia inglesa sigue viva hoy con la ocupación Británica de nuestras Islas Malvinas, su avance sobre la Antártida Argentina, la presencia continua de propiedades inglesas en nuestra Patagonia y la influencia cultural en los grandes centros urbanos, aquí vemos como aquel pasado sigue hoy condicionando nuestro destino (¿y el futuro?).

   Hay una larga tradición de estudios históricos sobre el carácter “nacional” de Hispanoamérica, que va desde San Martin y Bolívar, Manuel Ugarte y tantos otros patriotas para cuyo conocimiento me remito a mi libro “Patria o Colonia, debatir, pensar, actuar” (Edic. Ciccus; Buenos Aires; 2025). Perón y Getulio Vargas lo retoman en la primera mitad del siglo XX y a fines de ese mismo siglo el Mercosur, los avances como la Unasur, la Celac y el intento del Banco del Sur a comienzos de este siglo XXI, no son simplemente gestos de nostalgia, expresan la conciencia que en la era de los estados continentales e industriales como EE.UU, China, Rusia e India, incluso la Unión Europea, con todos sus conflictos y contradicciones, son intentos de avanzar hacia integraciones territoriales que no sólo tienen orígenes históricos, raciales, lingüísticos, culturales, similares, sino que sus economías no tienen posibilidades de futuro sin gigantescos mercados, su seguridad peligra sin sistemas de defensa comunes, su identidad se hace difusa ante la penetración cultural de las potencias dominantes y emergentes.

   Por ello pensar en una Argentina con crecimiento, inclusión social, justicia distributiva y soberanía política y territorial requiere pensar en la integración iberoamericana, fue así desde un principio y sigue siendo así, cada vez más.

   Para integrarnos en esa comunidad sudamericana, necesitamos tener un proyecto de país, un modelo de comunidad, que se conozca y se valore, que conozca su historia, su geografía, sus recursos, su sistema de valores, como la solidaridad, la justicia, la dignidad del ser humano por sobre todo, ha habido experiencias, Los caudillos federales lucharon por eso y no los estudiamos en ningún ciclo lectivo con seriedad, sabemos quiénes fueron Nabucodonosor, Cleopatra o Washington pero no Felipe Varela, Ibarra, Quiroga, Bustos o Estanislao López y el más grande de todos José Gervasio de Artigas, la calle más larga de Buenos Aires sigue llevando el nombre del traidor más grande de nuestra historia, Bernardino Rivadavia y la historia que estudiamos es la de un genocida y criminal como Bartolomé Mitre.

   Guste a quién guste Julio Argentino Roca fue el creador del Estado argentino, nacionalizó la Aduana, estatizó la inscripción de nacimientos y fallecimientos (antes en manos de la iglesia), creó el Ejército Nacional, incorporó la visión geopolítica de la Patagonia y la Antártida, sancionó la Ley 1420 de Educación común, gratuita y obligatoria, lo demás lo podemos discutir pero esto es innegable. Yrigoyen democratizó ese Estado a partir del voto universal, herencia de un roquista como Sáenz Peña y Juan Domingo Perón construyó la Argentina moderna con ascenso social, justicia, redistribución de la riqueza y una Constitución nacional que dejó atrás el individualismo de la de 1853 para avanzar en la comunidad basada en los derechos sociales, esa carta magna, la de 1949 nunca fue recuperada pese a que sigue viva en el art. 14 “bis” de la actual (Sí, el que Milei quiere eliminar por decreto).

   He aquí un segundo elemento, que nos viene del pasado, forma parte de nuestra herencia e identidad, sin conocerlo, estudiarlo y darle visibilidad en el presente tampoco habrá futuro.

    Estoy hablando claramente de la necesidad de una gran Reforma Educativa que no sólo debata las “formas” de organizar los ciclos lectivos sino los “CONTENIDOS” de los planes de estudio en los dos primeros ciclos, una reforma que nos debemos desde hace cincuenta años, asimismo es necesaria una nueva ley universitaria, la de 1973 es un antecedente muy valioso, que ponga la educación superior al servicio de las necesidades de la patria y nuestro pueblo en lugar de ser un centro de formación de un “proletariado universitario” al servicio de un modelo económico cada vez más concentrado y excluyente.

   Es necesario recuperar íntegramente nuestra maravillosa diversidad cultural, la de nuestros pueblos originarios, la criolla y la que luego creció con las oleadas inmigratorias, somos un pueblo mestizo, más allá que esto horrorice a nuestras oligarquías y la tilingueria que repta a su alrededor, la “unidad racial” es un invento reaccionario de la Europa devastada en los años 30 del siglo pasado y sus variantes contemporáneas, EE.UU es un pueblo mestizo, donde lo latino crece incluso en su clase política, España es incomprensible sin lo visigodo, lo árabe y lo judío o China tiene miles de años de fusiones y mestizajes de los pueblos nómadas del Asia. Lo criollo es nuestra fuerza e identidad y no una mácula o algo descalificador. Eso sí, nada de embarcarnos en reconocimientos de “naciones originarias”, eso es otro invento de los Británicos para balcanizarnos aún más, país hay uno solo la República Argentina, “Nación” también y es América del Sur.

Empezando por casa.-

   Perón, a su regreso a la patria, nos explicó claramente que el mundo iba hacia una integración y que debíamos empezar por hacerlo en Latinoamerica, pero además insistió que primero había que consolidar un ser nacional, una identidad nacional, porque había dos formas de integrarse, la primera (que luego se llamó “globalización”), consistía en una etapa superior del imperialismo donde las potencias dominantes consolidaran un modelo planetario desde sus intereses, para ello además del dominio económico o el poder militar tenían el manejo de la comunicación a fin de ir diluyendo los distintos modelos de sociedad, las culturas, las “formas de ser” de los pueblos, para ir concentrando el “consumo” cultural, borrando la memoria y la historia nuestra gente, introduciendo sus propios esquemas de valores y creencias.

   El otro camino es el de integración sin hegemonías, sin dominios coloniales, donde los países se fueran incorporando a estructuras mayores pero sin perder sus características civilizacionales, lo que Francisco llamó “La cultura del poliedro” en oposición a “La cultura de la esfera”, una plana, sin rugosidades ni relieves , la otra incorporando y respetando esas diferencias, en un diálogo intercultural sin imposiciones ni dominios.

   Ello demanda construir nuestro Modelo de País, nuestro Proyecto Nacional, y Perón nos lo dejó escrito con el cargo de ir actualizándolo tiene, a mi criterio, tres aspectos centrales.

1)La Comunidad Organizada, el concepto de comunidad como superior al de sociedad, los individuos no se acercan por temor al Leviathan, al “Homo Lupus” o solamente por intereses egoístas, desde que el ser humano apareció sobre la tierra se reunió en clanes, hordas, pueblos, no sólo para subsistir sino para socializar y socializarse. A nosotros el sentimiento comunitario nos llega de España, de los comuneros, también de nuestros pueblos originarios, el Ayllu, que la ultramoderna IA explica como “ Forma tradicional de organización social, económica y territorial…grupo de familias unidas por vínculos de sangre, antepasados comunes y trabajo colectivo sobre un territorio…UNIDAD BÁSICA de los pueblos indígenas antes y después de la conquista”.

   Esa simbiosis recibe el aporte de la inmigración  que se organiza por vecindad y de ahí llega a los llamados “Hospitales de Comunidad” el Alemán, el Italiano, el Español, etc, en el Gran Buenos Aires se conformaron barrios enteros donde todos los vecinos ayudaban a los recién llegados de sus provincias, la otra migración: la interna, a alambrar el lote y luego construir la casa.

   Perón vió ese fenómeno en su andar por las provincias por su vida militar, lo pensó desde la tradición griega en Aristóteles y  de ahí su libro “La Comunidad Organizada”.

2) La Democracia Social, esto es pasar del individuo en la vida política a la participación colectiva, no sólo en la idea demo liberal de un hombre un voto y que  por ende los derechos e intereses individuales se expresan en ese sufragio, sino a reconocer que hay derechos colectivos, sociales (la libertad, la salud, el trabajo, la seguridad) que no pueden resolverse en forma individual y por eso los hombres se unen para obtenerlos para todos, ahí muere el homo lupus, el aspecto solidario supera al aspecto egoísta, ambos coexisten en la naturaleza humana, esas organizaciones libres de la comunidad (agricultores, industriales, comerciantes, sacerdotes, soldados, obreros y empleados) participan en la vida política de dos maneras, como individuos y como parte de un grupo o sector y tiene derecho a votar como individuo pero también a participar y ser escuchado como grupo, su rol no se limita a emitir un sufragio y volver a su vida privada, delegando el ejercicio de la política, sino que continúa participando en el bien común. La democracia formal cede ante la democracia social.

3) Las Organizaciones Libres del Pueblo, los habitantes de un país se constituyen en comunidad, a partir de cuestiones axiológicas, históricas, tradiciones, su Cultura, en una palabra y asimismo conforman grupos o sectores que expresan necesidades, intereses, reclamos, etc, como vimos en ese doble carácter participan de la vida política, pero la Democracia Social y participativa exige que están debidamente organizados, y tengan institucionalmente un lugar en la vida política de la comunidad, ya que este pensamiento se basa en que el Poder emana del pueblo y solo se debe ejercer en aras de las expectativas del pueblo, el gobernante es elegido para ello y no debe apartarse de ese mandato.

   Esto requiere que estas organizaciones participen dentro del poder legislativo o de un espacio similar, dejan de ser grupos de interés o de presión, para convertirse en grupos de representación, en esa tensión entre ciudadano individual y parte de una organización sectorial, el hombre se convierte en el zoon politikon de Aristóteles.

   La Constitución de 1949 es un salto prodigioso hacia el constitucionalismo social, y lo hicimos los argentinos, la teoría egológica del derecho de Cossio cambia el enfoque del Derecho, la norma no es mas que la expresión de la “Conducta viviente” el resultado de la interferencia intersubjetiva a partir de la convivencia, la norma solo describe esa conducta, y nació en Argentina.

   Tenemos un riquísimo bagaje de conocimiento situado, o sea que es la expresión de nuestra convivencia como pueblo, nuestra historia, nuestra mesticidad, pero que contiene elementos de los demás pueblos americanos, no somos ni fuimos nunca una isla, Saavedra nació en Bolivia, Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán y fué Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, Artigas nunca se reconoció uruguayo, él era “oriental”, podríamos seguir enumerando casos así, nuestros comprovincianos del noroeste tienen muchísimo en común con Bolivianos y Peruanos, la cueca es compartida por chilenos y cuyanos y nuestros compatriotas del noreste tienen grandes costumbres compartidas con brasileños del sur y paraguayos, mal que les pese a los oligarcas y tilingos que sienten que nacieron por error en estas tierras.

   Todo lo expresado al comienzo era para llegar a esto, nosotros desconocemos mucho de lo hasta aquí expresado, no se enseña en nuestras escuelas y universidades, no está en los medios de comunicación, es más durante años se nos enseño que el Brasil era nuestro enemigo y nuestras FF.AA, cuya marina aún usa el luto por la muerte del almirante inglés Nelson (en la “corbata” negra alrededor del cuello) tenían como principal hipótesis de conflicto una guerra con Brasil. En 1978 casi vamos a una guerra con Chile por las islas del Beagle y luego le regalamos toda la frontera cordillerana a las empresas mineras inglesas o del ex Commonwealt (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) y de EE.UU.

   Por eso para construir un destino diferente hay que:

1) Reformar la Constitución liberal de 1994 e ir a una carta magna que recupere y actualice los conceptos fundamentales de la de 1949.

2)  Ir a una reforma educativa integral que cambie los contenidos de los diferentes ciclos educativos y que incorporen nuestra verdadera historia, sin escamoteos ni partidismos, nuestra geografía física y económica, nuestra lengua y nuestras expresiones culturales.

3)Pensar un modelo económico a partir de nuestras fortalezas y posibilidades pero que piense, en principio al Mercosur y luego a América del Sur como mercados y escalas de producción, a la felicidad del pueblo como finalidad y la conservación del medio ambiente como condición.

4) Recuperar la diversidad cultural de todo nuestro territorio, para fortalecer una cultura nacional y de ahí irá naciendo una latinoamericana.

5) Una política exterior soberana y no alineada en términos ideológicos, desde el Mercosur, ingresar a los BRICS, retomar nuestra mejor tradición en política exterior que ha subsistido a los cambios de gobierno.

   Claro, esto es hablar desde donde partir, falta el como y el cuando, pero iremos hacia ahí.

Tres imaginarios en disputa: Mitre, Alberdi y Jauretche

La denominada lucha cultural (o “batalla por las ideas”) ocupa hoy un lugar decisivo en toda estrategia política, cualquiera sea el signo ideológico que ésta tenga o el propósito que persiga. Sin haber teorizado todavía demasiado sobre estos temas, lo sabían muy bien los hombres de la denominada “Organización Nacional” (1853 en adelante) y de la subsiguiente “Generación del Ochenta”. Allí se inició una nueva y decisiva etapa de esa “batalla cultural”, la cual llega hasta nosotros. Mario Casalla se refiere a tres momentos significativos de ella: Mitre y su “Galería de Celebridades”, Alberdi y sus “Grandes y Pequeños hombres” y una tercera perspectiva (nacional y popular), Arturo Jauretche.

Por Mario Casalla*

(para La Tecl@ Eñe)

Como es sabido, un proceso auténticamente liberador no es tal si – conjuntamente con lo político y lo económico – no es capaz de consolidar una profunda transformación cultural. Al mismo tiempo, también sabemos que lo opuesto (la dominación) requiere, para triunfar y consolidarse, haber ganado en ese terreno. Más aún, hemos ido aprendiendo con dureza – en tanto latinoamericanos y hombres del Tercer Mundo – que en esta “era de la globalización”, lo cultural adquiere una importancia mucho mayor aún, ya que una nación puede, a veces, ser perfectamente dominada sin necesidad de ocupar físicamente su espacio geográfico, ni cambiarle su moneda, su bandera y sus instituciones básicas. No pocas veces basta con ocupar su “cabeza”, fijarle una agenda y dotarla de permanentes (y atractivos) contenidos. El resto, hasta suelen hacerlo lo propios “hijos del país”. Por lo tanto, el denominado imperialismo cultural, neocolonialismo o dependencia cultural, es tan efectivo que las antiguas formas militares o económicas ya no son las usuales. Por esto es que la denominada lucha cultural (o “batalla por las ideas”) ocupe hoy un lugar decisivo en toda estrategia política, cualquiera sea el signo ideológico que ésta tenga o el propósito que persiga. Es que “el pescado – como recuerda el viejo dicho – se pudre por la cabeza”, metáfora que debería, sin embargo, completarse diciendo que también empieza a “salvarse” desde ella. Por cierto que esta lucha cultural no es sólo “virtual y mediática” (como a veces parece insinuarse), sino que también sigue siendo una lucha territorial y encarnada en la cotidianidad (física y psíquica) de nuestro pueblo. Podrán haber mutado los espacios y formas de vida (sin dudas que las nuevas tecnologías han contribuido fundamentalmente a ello), también las formas de trabajo y de diversión de la gente, pero siguen siendo personas de carne y hueso, con una cotidianidad específica en la cual sí se juega lo fundamental de su identidad cultural y de su proyecto de vida. En ese ámbito inmediato, el sistema educativo y el aparato cultural desempeñan un papel fundamental (además de ser éste mucho más abarcadores que lo aludido bajo los nombres de “escuela” o “medios de comunicación”). Sin haber teorizado todavía demasiado sobre estos temas, lo sabían muy bien, sin embargo, en nuestro país los hombres de la denominada “Organización Nacional” (1853 en adelante) y de la subsiguiente “Generación del Ochenta”. Allí se inició una nueva y decisiva etapa de esa “batalla cultural”, la cual – con las ideas y vueltas del caso – llega hasta nosotros. Permítame referirme a tres momentos significativos de ella, para proseguirla, por cierto.  

  1. Un primer imaginario (porteño): Mitre y su “Galería de Celebridades”

Escribimos sus nombres desde muy chiquitos, con la lengua en la punta entre los dientes. La Señorita los dictaba despacito y a cada uno de ellos les seguía una sentencia – breve y reverencial – que se adosaba con pretensión de eternidad: “el Padre de la Patria”; “el más grande hombre civil”; “el orador de la Constitución”, el “padre del Aula”, etc., etc. Con el paso de los años vendría alguna que otra desilusión (o no), pero lo cierto es que la Nación ya había construido su primer Panteón Nacional y lo colocó en el mejor lugar posible: nuestra (casi virgen) memoria infantil. Por supuesto que – al igual que todas las ilusiones de ese tipo – fueron irremediablemente atacadas por las posteriores desilusiones, pero, ¡cuánto duraron y qué “eficaces” fueron en su momento! Eso que alguna vez se llamó “el granero del mundo”, aquello que la composición “tema la Vaca” expresó como ninguna otra, tuvo también un comienzo escritural: me refiero a la «Galería de Celebridades Argentinas: biografías de los personajes más notables del Río de la Plata». Imaginada por Bartolomé Mitre en 1843 (durante su exilio uruguayo) se editó posteriormente en Buenos Aires (en 1857 y a todo lujo) por la imprenta de Ledoux y Vignal. Fue tan importante que la Galería – publicada como se advertirá cuatro años después del derrocamiento de la “primera Tiranía” (Rosas) – se reeditaría solemnemente en 1957, es decir al cumplirse su centenario, y dos años después del derrocamiento de la “segunda tiranía” (Perón). Esta vez su éxito fue mucho menor (acaso porque ya los chicos estaban creciditos) pero lo cierto es que la labor pionera de don Bartolo es innegable. Fue realmente la primera historia oficial de la Argentina moderna, con todas las implicancias del caso. 

Un índice bien razonado

Por cierto que la labor no fue sólo de Mitre, sino de un puñado de hombres también “célebres”. Mitre escribió allí la biografía de Manuel Belgrano (anticipo de su “Historia de Belgrano”, que publicará al año siguiente). Juan María Gutiérrez escribirá la biografía de Rivadavia; Tomás Guido la del almirante Guillermo Brown; D.F. Sarmiento la biografía de San Martín; Luis Domínguez la de Florencio Varela; Manuel Rafael García la de su padre Manuel García y Pedro Lacasa se encargará de la biografía del general Lavalle. Por supuesto que hay muchas otras más, por eso yo me permito sugerirle, amigo lector, que consulte esa singular “Galería” en alguna biblioteca de su localidad y estoy seguro que no saldrá defraudado. El Prólogo fue escrito también por Juan María Gutiérrez, repatriado ese mismo año de 1857 y más tarde será rector de la UBA. Allí Gutiérrez fija con meridiana claridad el objetivo principal de la Galería y dice – refiriéndose a los biografiados – que “es necesario colocarlos en dignos pedestales, a fin de que la juventud les venere”. Para ello deben limpiarse “las manchas de lodo con que los salpicó el carro revolucionario” y construir un panteón moralizante (cívico y militar) que pueda servir de referencia a las nuevas generaciones cultas. Se trataba – nada más ni nada menos – que de gestar un nuevo mito de los orígenes (esta vez post batalla de Caseros) que presentará de otra manera los viejos ideales de Mayo y reescribirá la Historia como proceso de elites lideradas por Celebridades (notorias y excepcionales) que modelaron la Nación, casi desde la nada, expresando al mismo tiempo a un Pueblo rescatado del Vulgo. Por eso Mitre –en el Prólogo de la “Galería de Celebridades”- coloca a Mariano Moreno como la primera de todas y lo bautiza, “el Miguel Ángel de la Revolución de Mayo”, el cual “como magnífico trozo de mármol, le dio forma y vida, y presentó a los ojos atónitos del pueblo una estatua en la que todos vieron concretadas sus aspiraciones de independencia y libertad”. Tras Moreno vino “una minoría ilustrada” que cultivó sus semillas “luchando siempre contra el torrente de la barbarie”. Y a continuación, “cuando todos creían esas semillas extirpadas bajo las patas de los caballos de los Atilas de la Pampa, han aparecido hombres como Rivadavia que las han vivificado bajo el soplo fecundante de la civilización”. Por supuesto, al final de la Galería está Mitre mismo, gobernando a una Buenos Aires separada de la Confederación Argentina (1853/1860) para preservar así al verdadero pueblo (el porteño) de la nueva vulgaridad federal (Urquiza).

Requisitos para ser un hombre celebre

Por supuesto que para ingresar a ese Panteón no basta con haber protagonizado los sucesos de la Revolución de Mayo, sino que es necesario contar con tres requisitos esenciales: Primero (¡y en todo el sentido del término!), servir o haber servido a la “causa porteña”, es decir formar parte de lo que Mitre llamaba el “Partido de la Libertad” que nacía con Moreno y culminaba en él, en tanto primer servidor de los intereses de Buenos Aires contra el nuevo “atropello federal” (la Constitución Nacional de 1853, que sólo firmará en 1860 y después de imponer las modificaciones porteñas). Así que para ser porteño no basta con haber nacido en Buenos Aires, sino que es necesario serlo “de buena ley” (por ejemplo, el sanjuanino Sarmiento sí lo era y ¡sin ninguna duda!). En consecuencia, provincianos abstenerse de pretender entrar a esta Galería (por las dudas, la expresión “Río de la Plata” figuraba en el subtítulo de la obra). Segunda condición básica para ser una Celebridad: no haber sido rosista confeso, o bien haber hecho apostasía pública de tal debilidad, es decir: no ser federal, de ninguna manera. A los pocos que ingresaron (a pesar de haber tenido alguna relación en el largo período que Rosas gobernó el país) esos antecedentes le fueron convenientemente ocultados o disimulados (el mismísimo general San Martín, por caso, que donó su sable a Rosas por defender la soberanía nacional en Obligado, cosa que su biógrafo obviará olímpicamente). Tercera condición básica: ser hombre culto e ilustrado, lo cual ha de interpretarse literalmente como: no haber sido caudillo, “hombre del vulgo”. Por eso el propio Mitre realizará las tres primeras exclusiones expresas de esa Galería: allí no entraron Saavedra, ni Dorrego, ni el general Güemes (y éste a pesar de haber sido reconocido como héroe de la Independencia, pero, un ¡“héroe gaucho” es poco para Celebridad!). Los tres fueron caudillos (y caudillos populares) razón por la cual – advertirá Mitre – “aunque no merezcan las bendiciones de la posteridad, se presentarán a sus ojos con el resplandor siniestro de aquélla soberbia figura de Milton que pretendía arrastrar en su caída todas las estrellas del firmamento (…) son los representantes de las tendencias dominadoras de la barbarie”. Sarmiento con la publicación de su “Civilización y Barbarie, vida de Juan Facundo Quiroga” (1845), había ya escrito el mejor modelo de una No-Celebridad. La “Galería” ya tenía cara y cruz. Largo fue superar esa fijación infantil y, por lo que veo, no hemos logrado superarla del todo. Acaso Sartre tenía parcialmente razón cuando decía – al final de su autobiografía, “Las Palabras” – “…podemos deshacernos de una neurosis, pero no curarnos de nosotros mismos”. Me parece que lo que sí puede hacerse es cambiar, aventura difícil que puede intentarse hasta el minuto final. Con una sola condición, claro: renunciar de antemano a Galerías de ese tipo y con ese precio.

2.Una primera respuesta (nacional). Alberdi y sus “Grandes y Pequeños hombres”

Si la “Galería de Celebridades Argentinas”, ideada por Bartolomé Mitre en 1857, fue el primer imaginario político porteño, la primera respuesta intelectualmente contundente será la obra “Grandes y pequeños hombres del Plata”, escrita en el exilio por el tucumano Juan Bautista Alberdi. Publicada póstumamente en París (1912), hoy nos es accesible en ediciones locales (impresas y en la web) y vale la pena leerla, por cierto. Al igual que la “Galería” de Mitre, estos retratos alberdianos son imperdibles para conocer los problemas más profundos (y todavía irresueltos) de nuestros deseos de organización como república democrática, federal y representativa. Todavía en varias de las discusiones del presente (como ser: coparticipación federal de impuestos, explotación de recursos naturales, choques institucionales varios entre Nación y provincias, por caso) resuenan los ecos de aquellos viejos problemas irresueltos que -como todo lo irresuelto – afloran cada tanto traumáticamente. Si separamos lo anecdótico de lo fundamental y nos acotamos a lo sucedido en el país durante los últimos treinta años (1983-2013), podríamos decir que el cartero alberdiano tocó tres veces en nuestra puerta y en las tres, o bien nos hicimos los distraídos, o bien volvimos a colocar parches que apenas disimulan las grietas profundas. Una fue durante el gobierno Raúl Alfonsín, cuando se insinuó el debate sobre el traslado de la Capital Federal al interior del país (rápidamente ridiculizado y minimizado); otra en 1994 cuando – por acuerdo de coyuntura entre el gobierno de Menem y el radicalismo – se reformó la Constitución Nacional, con fines tan oportunistas como mezquinos (otra reelección presidencial para Menem, a cambio de migajas y pompas de jabón); la tercera en 1995, cuando se discutió un nuevo estatuto jurídico-institucional para la ciudad de Buenos Aires, lo cual culminó con el engendro de un “ente autónomo”, que no satisfizo a nadie y terminó agregando nuevos problemas a los pendientes desde su federalización en 1880. En fin, que los problemas no se resuelven con hombres célebres – nos recordará Alberdi – sino con grandes políticas nacionales, republicanas y populares. Exactamente a la inversa del pensamiento y la acción de Mitre y del siempre vivo Partido Porteño.

De la Geografía a la Política

Cuando Alberdi discute públicamente con Sarmiento (a raíz del sentido de los términos Unitario y Federal) le señala: “No se confunda, no son dos partidos son dos países”. Y esto es clave: no se trataba de geografía, sino de política. El problema no era Buenos Aires como territorio físico, sino la comprensión “porteña” (es decir Unitaria) del país que tenían sus gobernantes y su clase dirigente. En este sentido, Sarmiento era tanto o más porteño que Mitre, a pesar de haber nacido y gobernado la provincia de San Juan; así como no se es Federal por el simple hecho de haber nacido y vivido en una provincia. Se trata de mentalidades y no de personajes. Ahí está el caso de Urquiza: sucesor indiscutido de esa causa federal, se vuelve (por interés) tan unitario como los porteños. Así el Supremo Entrerriano -termina lleno de plata, pero sin gloria alguna – tomando mate en su fabuloso Palacio San José. Es que se había vuelto – siguiendo la figura alberdiana – un “pequeño hombre” al cual retratará implacablemente en pocas líneas: “¿Para qué ha dado Urquiza tres batallas?: Caseros para ganar la presidencia, Cepeda para ganar una fortuna y Pavón para asegurarla”, parábola que por cierto seguiría haciendo escuela en la historia argentina. Es que – detrás de unitarios o federales – hay en realidad dos concepciones diferentes de la unidad nacional: o en torno de Buenos Aires y sus intereses; o con Buenos Aires dentro de un país integrado por todos y en razonable igualdad. De aquí también sus diferencias con Mitre al evaluar la Revolución de Mayo, para Alberdi ésta “fue unitaria en este sentido porteño o local: como revolución para todas las provincias, pero hecha por una, en su beneficio y sin la asistencia de todas… De ahí la actitud de las provincias, de doble resistencia y hostilidad contra España y contra Buenos Aires”. Es que no se trataba de cambiar de yugo, sino de terminar con la explotación. Cosa muy distinta, por cierto.

De la Política a la Economía

De la misma manera se posiciona Alberdi frente a la dicotomía sarmientina Civilización o Barbarie, correlato cultural de la dupla (política) Unitario o Federal. Para el tucumano esa dicotomía no tiene nada que ver con la cuestión geográfica del Campo o la Ciudad (como pretendía el sanjuanino), ni tampoco con la mayor o menor ilustración o academia de los gobernantes, sino con el proyecto de país que anime a estos. Y aquí aparece el costado económico del abogado redactor de las “Bases”: se trata, o bien de construir una Argentina capitalista y moderna, capaz de acoplarse al desarrollo mundial en curso (que entonces Europa lideraba), sacando de ello el mayor provecho para el bienestar de su población; o bien de continuar – como lo había hecho el partido porteño – con una Argentina pastoril y colonial, centrada en el puerto de Buenos Aires y sus intereses, poniendo al resto del país a su servicio. En este caso, lejos de haberse hecho en Mayo una auténtica revolución, simplemente habríamos cambiado un coloniaje externo por uno interno: “Las formas externas se han modificado, los hechos reales han empeorado… Buenos Aires quiere más: un solo pueblo, el suyo, servido por el tesoro y por el gaje del tesoro de todos los pueblos… ha hecho admitir esa unidad a las provincia disfrazándola de federación… La federación argentina es una especie de alcancía en que todas las provincias guardan sus rentas, pero cuya llave está en manos de Buenos Aires y cuyo tesoro sólo sirve al que tiene la llave”. Alberdi era por entonces lo que hoy llamaríamos – económicamente hablando – un “desarrollista” modernizador, y por eso mismo lo que pone del otro lado es el feudalismo atrasado y neocolonial, que para él simbolizan los que llamará “caudillos de frac”, cuyos prototipos no son otros que Rivadavia, Sarmiento y Mitre. Invirtiendo aquellas posiciones, dirá entonces: “Las campañas rurales representan lo que Sudamérica tiene de más serio para Europa… Si sospechara Sarmiento que toda la naturaleza del poder político reside en el poder de las finanzas, no perdería su tiempo y sus frases en las tontas y ridículas teorías de civilización y barbarie”. Pero, claro, para Sarmiento “el mal que aqueja a la república argentina es su extensión” y para Mitre el Partido de las Luces y los Principios no era otro que el de una Buenos Aires (cerrada y chiquita, porteña en suma) acosada por un “desierto interior”. La realidad duraría más o menos cincuenta años, pero el viejo e ilustrado Partido Porteño no pierde las esperanzas: siempre hay un “pequeño hombre” dispuesto a servir su causa, en algún remoto rincón del país. A veces, hasta es mucho mejor (y más presentable) que no haya nacido en Corrientes y Esmeralda, que hable con tonada y hasta – si fuera posible – use poncho. ¡Don Bartolo y sus muchachos los esperan aquí con los brazos abiertos! Y algo más, claro.     

3. Una tercera perspectiva (nacional y popular): Arturo Jauretche

Publicado en 1968, y reeditado ampliamente hasta nuestros días, este Manual de Jauretche bien puede colocarse como continuidad (y a la vez respuesta crítica) tanto de la Galería de Celebridades de Mitre (1857), como de los Grandes y Pequeños hombres del Plata de J. B. Alberdi (publicado póstumamente en 1912). De Mitre y Sarmiento critica Jauretche casi todo y de manera muy similar a como ya lo había hecho Alberdi en su época, pero también le critica a este último su europeísmo a ultranza y la idea – consecuente con eso – de que Europa era el modelo a imitar, tanto en lo político como en lo económico (sobre todo en su versión inglesa y norteamericana). Está claro que para Alberdi “Europa era el taller” y América su gran proveedora de material primas, de ella luego recibiría (reelaboradas) los productos que necesita para vivir (la célebre “fórmula de Cobden”), por lo tanto, no era necesario ni sensato desconocer ese designio natural (para Adam Smith y para Alberdi no existía todavía el “deterioro de los términos de intercambio”); así como – en lo político – el federalismo norteamericano era el modelo a trasplantar en Argentina. Por cierto, que esto – en su época – era “progresista” respecto del feudalismo conservador que Alberdi advertía en el programa mitrista y sarmientino, pero ya no lo era a mediados del siglo XX cuando Jauretche redactó el Manual. Por eso su Zoncera N° 11 (“Gobernar es Poblar”) es una crítica de Alberdi, al mismo tiempo que lo reconoce como “el único pensador auténtico del siglo XIX”.

Tres novedades del Siglo XX

Jauretche escribe su obra después de dos experiencias políticas argentinas que presenció y protagonizó sucesivamente: el Radicalismo yrigoyenista y el posterior Peronismo; más aún –como radical forjista – hizo de puente entre una y otra. O sea que vio encarnarse tres cosas que el Partido Porteño nunca quiso y que el romanticismo alberdiano apenas atisbó al final de sus días: 1) la democracia de grandes masas, transformando así la política de elites y de un puñado de partidos, en una creciente experiencia popular; 2) la industrialización del país, quebrando en los hechos (y por necesidad) la fórmula de Cobden y la Escuela de Manchester (materias primas por productos elaborados afuera) y 3) la posibilidad de una política exterior no alineada con las grandes potencias e integrada en una Patria Grande. Esto es lo que básicamente traen de nuevo el Radicalismo y el Peronismo a la vida política y económica del país (entre 1916 y 1955) y esos cincuenta años de gobiernos sucesivos – con sus más y con sus menos – son los que fundan la Argentina Moderna, que no casualmente cierra su ciclo a comienzos de este siglo XXI, con la crisis profunda de esas dos grandes experiencias nacionales. Lo que sigue son vientos del presente y nuevas voluntades (y oposiciones) en marcha, donde lo nacional vuelve trabajosamente a intentar un camino. El Manual de Jauretche se inscribe, entonces, en esas tres realidades de la Argentina Moderna y no ya en el horizonte de Mitre o Alberdi, propios del siglo XIX. Un horizonte de democratización de la vida política, de industrialización del país y de voluntades soberanas en el terreno internacional.

Aparece el medio pelo

En tanto ha emergido en Argentina un nuevo sector social, al cual –nmuy gráficamenten- Jauretche denomina “el medio pelo” y le dedicará un libro con ese nombre y subtitulado “Apuntes para una sociología nacional” (auténtico best seller del año 1966 y subsiguientes). Este sector social emergerá como superación del viejo proletariado que se incorpora al voto con Yrigoyen y al consumo digno con Perón. A mitad de camino entre el proletariado y la clase alta, constituye un híbrido que va creciendo (sobre todo en Buenos Aires y los grandes centros urbanos) y que terminará por dar la impronta del país y de diferenciarlo respecto de otras experiencias sociales latinoamericanas. Ya es un lugar común decir que Argentina es un país de clase media, pero no lo era antes de 1950. En realidad, este “medio pelo” ocupa un lugar equívoco en la estructura social, ambigüedad que Jauretche precisa diciendo: “intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior…situación que por obvias razones no se da en la clase alta porteña que es el objeto de la imitación, ni tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media”. O sea, no es propiamente una “clase” (en el sentido social del término) sino un sector social en la transición de la sociedad tradicional a la moderna. Quizás sea la Zoncera N° 13 la que pinte mejor este sector del “medio pelo”, ésta simplemente dice: “Este país de m…”. Sobre lo cual Jauretche advierte: “Al tilingo la m…no se le cae de la boca ante la menor dificultad o desagrado que le causa el país como es, porque es fruto de una educación en cuya base está la autodenigración como zoncera sistematizada”. O sea que el “zonzo no nace, sino que se hace”, y la fábrica más efectiva hay que buscarla en cierto tipo de escuela. Y allí la frase de un Hombre Célebre ha hecho estragos en la conciencia del medio pelo: “Civilización o Barbarie”. Acunado entre la Galería de Mitre y el Billiken o Anteojito, poco a poco el niñito argentino se fue volviendo un zonzo.

La colonización pedagógica

Diez años antes Jauretche había publicado otro de sus best seller, Los Profetas del Odio (1957), el cual se reedita en la década siguiente con el mismo título, pero con un agregado (la “yapa”) denominado La Colonización Pedagógica (1967). Este título, junto con el Manual y El Medio Pelo (todos de los años 60 del siglo pasado), conforman el núcleo duro del pensamiento jauretcheano y su mejor aporte para la consolidación de una conciencia nacional. Los tres conservan la más estricta actualidad y ahora que los releo advierto que en mi ejemplar del Manual, ¡está el sello de la vieja “Librería Salta”! Por lo cual me permito además recordarles que Jauretche estuvo a mediados de esa década de los 60 disertando allí – invitado por el Club Universitario de la calle Mitre, próximo a la Legislatura – a la sazón impulsado por un grupo de jóvenes salteños que ya luchaban contra la dictadura de turno (el onganiato, entonces). Aquella escuela sarmientina (idealizada luego como prototipo), si bien es cierto que alfabetizó al país rápidamente y le dio una impronta singular a su población, lo hizo a un costo cultural que con el tiempo se haría sentir: su colonización pedagógica, o sea la ejecución práctica de aquélla dialéctica civilización/barbarie, que colocaba lo propio como bárbaro y lo extranjero como civilizado. La Galería de Mitre le proveyó los Hombres Célebres, así como – a pesar de él – el europeísmo alberdiano la condenaba al desarraigo. Contra esto reacciona el Manual jauretcheano y lo hace de una manera original: no es una anti-galería (remplazando unos próceres por otros), ni tampoco una reacción anti republicana o antidemocrática, sino que se trata del desnudamiento de un mecanismo específico de dominación cultural, madre nutriente de toda dominación política. Jauretche, en su campechanismo muy bien estudiado, bautizó esta tarea como la de “avivar zonzos” (empezando por las zonceras que lo alimentaban). Por aquellos mismos años, en Francia, Michel Foucault trabajaba en los mecanismos sutiles del poder y – en el más cercano Brasil – Paulo Freire daba forma a su pedagogía de la liberación. Tres nombres y metodologías diferentes para un mismo objetivo: la liberación personal y social, aquí o allá. O sea que la famosa “viveza criolla” era el primer mito a desmontar: ¡la Argentina no era un país de vivos, sino de zonzos! Para ello, amigo lector, el Manual jauretcheano sigue siendo un recurso muy recomendable.

Viernes, 24 de abril de 2026.

*Mario Casalla, es filósofo y periodista. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (ASOFIL)    

La visita de Thiel y los algoritmos de la muerte del Silicon Valley

Por Alfredo Moreno

Los gigantes tecnológicos no son innovadores neutrales. Son el arsenal reluciente y ensangrentado del imperio norteamericano. La compañía Palantir Technologies se destaca entre ellos.

En las calles devastadas de Gaza, donde más de 72.000 palestinos han sido masacrados desde octubre de 2023, en las universidades iraníes bombardeadas por drones, los algoritmos de IA (inteligencia artificial) comandan las acciones de la muerte.

Procesan datos robados para generar listas de objetivos, seleccionan hogares civiles para su aniquilación y guían drones hacia reuniones familiares. La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, ha señalado directamente a Palantir como cómplice de lo que ella denomina un “crimen colectivo” de genocidio.

El director ejecutivo Alex Karp, promueve un sistema de guiado de misiles y alardea abiertamente de la “alianza estratégica” de Palantir con el Ministerio de Defensa de Israel y EE. UU. y del orgullo que siente al respaldar la ocupación “en todo lo que podamos”. Este es su modelo de negocio. La automatización del genocidio no se corresponde con el progreso de la humanidad.

Algoritmos de inteligencia artificial (IA) como Lavender, Gospel, Where’s Daddy se han convertido en las armas de mayor confianza del ejército israelí en esta guerra potenciada por la ciencia de datos.

El retorno de Trump al gobierno de EE. UU. dio un fuerte respaldo a la participación de corporaciones de base tecnológica y algorítmica en el área militar. En la primera Cumbre DefenseTech realizada en Israel, líderes corporativos del Silicon Valley, fondos de capital de riesgo y funcionarios del ejército israelí promocionaron abiertamente su asociación en la guerra controlada por inteligencia artificial.

El 10 de diciembre de 2025, funcionarios militares israelíes, fabricantes de armas y capitalistas de riesgo estadounidenses se reunieron en la Universidad de Tel Aviv para la primera Cumbre DefenseTech de la historia. El evento se desarrolló en paneles sobre «El futuro del conflicto global», «Desafíos de las espadas de hierro» (el nombre que el ejército israelí da a la guerra en Gaza) y «Explorando la innovación en la tecnología de drones».

Representantes de las corporaciones Palantir, Sequoia Capital y Elbit, que anidan en el Silicon Valley, compartieron el escenario con el director general del Ministerio de Defensa de Israel y el jefe de Lotem, la unidad el ejército dedicado a los macrodatos y la inteligencia artificial. Ingenieros de Google Cloud y soldados uniformados de Mafat, el ala de investigación y desarrollo del ejército israelí completaron el encuentro de emprendedores tecnológicos, representantes militares e inversores estadounidenses deseosos de establecer contactos para impulsar el mercado militar tecnológico.

El encuentro Cumbre DefenseTech tenía como objetivo mostrar las tecnologías y estrategias de vanguardia de Israel para abordar la seguridad global, pero el evento mostro el comienzo de una nueva etapa de tecno militarización inaugurada por la reelección de Donald Trump. Las alianzas entre el ejército israelí, los capitalistas de riesgo y los jefes corporativos estadounidenses se intensifiquen bajo la nueva administración del gobierno de EE. UU.

Palantir nunca fue una empresa íntegra. Nacida con financiación inicial de la CIA a través de In-Q-Tel, fue concebida como un arma para la “guerra contra el terror”. Desde entonces, se ha convertido en la columna vertebral indispensable tanto del imperialismo estadounidense como del apartheid israelí.

Su plataforma de software devora ingentes cantidades de datos como metadatos telefónicos, rastros en redes sociales, grabaciones de cámaras de seguridad, imágenes de drones y genera objetivos.

En Gaza, ha impulsado la transición de la selección de objetivos convencional a la matanza industrial mediante IA, donde la revisión humana es inexistente y la muerte de niños se considera un costo aceptable.

El mismo sistema es utilizado por la estructura militar y de defensa estadounidense en todo el mundo, desde Venezuela hasta Irán; proporcionando vigilancia y análisis de datos a los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Actualmente la plataforma tecnológica de Palantir opera en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, coordinando enjambres de drones, bombardeos de misiles y decisiones en tiempo real en el campo de batalla.

Palantir es el nexo entre los beneficios trimestrales de Silicon Valley y el número de víctimas del imperio.

La red se extiende mucho más allá. El contrato de Google y Amazon para el Proyecto Nimbus, valorado en 1200 millones de dólares, proporciona al ejército israelí infraestructura en la nube y herramientas de IA. Microsoft, NSO Group con su software espía Pegasus y Cellebrite completan el círculo. Estas empresas se han integrado tan profundamente en la economía de ocupación que las vidas palestinas se han convertido en datos brutos para la persecución y la limpieza étnica.

La fiscalía italiana confirmó en marzo de 2026 que se utilizó software espía israelí contra activistas y periodistas italianos en 2024, mientras que la ciberseguridad de la Unión Europea se subcontrata cada vez más a empresas israelíes, convirtiendo a Europa en un estado apéndice de vigilancia.

Este es el complejo tecnológico-militar sionista en acción: una fusión perfecta de la innovación de Silicon Valley, las empresas emergentes tecnológicas sionistas y la violencia colonial israelí, subvencionada por los contribuyentes estadounidenses y protegida por los gobiernos occidentales.

La maquinaria de destrucción de Silicon Valley no es inevitable. Es una elección, una que puede y debe romperse. La sangre de Gaza está en su código. El futuro exige que eliminemos esta pesadilla línea por línea, servidor por servidor, dólar por dólar, hasta que el corazón digital del imperio deje de latir y el pueblo palestino pueda respirar de nuevo.

El CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) anuncio el martes 31 de marzo que «A partir de ahora, las principales organizaciones que participen en operaciones terroristas serán nuestros objetivos legítimos»

El órgano militar iraní acusó a compañías de inteligencia artificial y de la tecnología de la información del país estadounidense de ser parte del «elemento principal en la planificación y el seguimiento de los objetivos de los asesinatos» de iraníes.

Las compañías catalogadas como “objetivos legítimos” muestra claramente que la guerra está basada en dato y algoritmos que necesitan de equipamiento (hardware) tanto fijo como móvil para su operción y desplazamiento. La lista está conformada por:  Cisco Systems, Hewlett-Packard (HP), Intel, Oracle, 5. Microsoft, Apple, Google, Meta, IBM, Dell, Palantir, Nvidia, JP Morgan, Tesla, General Electric, Spire Solutions, G42 y Boeing.

Soberanía: “a sus plantas rendido un León”

Thiel se reunió con Javier Milei en noviembre de 2024, en el primer viaje que realizó al Silicon Valley, y elogió el rumbo de su gobierno alineado en el camino de Trump. Ahora la Casa Rosada le abrirá sus puertas para reunir, sistematizar y aprovechar toda la información disponible sobre la ciudadanía en diversos organismos del Estado.

El fundamento para esta cesión de soberanía a manos del gobierno de Milei, sería la de perseguir el terrorismo, uno de los objetivos contemplados en el decreto que empodera a la SIDE transgrediendo límites elementales de la Constitución nacional y que fue publicado el 2 de enero pasado.

En el artículo 15 de ese texto, se dispone la creación de la Comunidad Informativa Nacional (CIN), que concentra los datos guardados por las dependencias de la propia SIDE, la Cancillería, los ministerios de Justicia y Seguridad, el Renaper, la Dirección Nacional de Migraciones, el Centro Nacional de Ciberseguridad, la CONAE, la Autoridad Regulatoria Nuclear, la CNEA, el Renar, la Aduana y ARCA, entre otros.

Los acuerdos que firmaron Milei y el ministro de Defensa, Carlos Presti, para adherir al Escudo de las Américas promovido por Donald Trump son la iniciativa para habilitar el ingreso de Palantir al país, con la posible afectación de derechos civiles que implica.

Los antecedentes muestran que Patricia Bullrich en so rol de ministra de seguridad había trabajado un contrato millonario con Palantir, la compañía que utilizó el ICE para sus redadas anti inmigrantes de Minneapolis. La idea era utilizarla en la Agencia de Seguridad Migratoria. Esta iniciativa choque con los intereses de Karina Milei por el manejo millonario del negocio, que decidió no crear la Agencia de Seguridad Migratoria.

El uso de inteligencia artificial para el patrullaje de redes sociales y análisis de delitos conlleva el riesgo de reproducir sesgos y discriminación que podrían criminalizar injustamente a sectores específicos de la población, en particular opositores, como lo muestra la amplia evidencia internacional donde actúa Palantir.

La cercanía de Milei con el cofundador de Palantir, Peter Thiel, es un alineamiento ideológico y político; la entrega de infraestructura crítica de seguridad a intereses corporativos y geopolíticos extranjeros vinculados a agencias de EE.UU. como el ICE y la CIA, deja a la Argentina sin soberanía nacional.

El ajuste de Milei a la población argentina es solamente comparable con las atrocidades humanas conocidas. En el sistema científico tecnológico argentino (SCT) produjo un cientificidio sin precedentes.

Para el modelo de país que está configurando, no necesita un SCT que genere conocimiento e innovación para los intereses de la nación.

Hablar de innovación tecnológica en la argentina de Milei es hablar de negocios financieros tecnológicos comandados desde el gabinete de Trump. Es ponerse anteojos de realidad virtual para ver una sociedad donde “baja la pobreza” y “la economía se distribuye y argentina va camino a convertirse en una potencia”.

Las políticas de privatización y vaciamiento en Ciencia y Tecnología, en la Educación, en Universidades Públicas, en Hospitales Públicos, en empresas como Invap, Arsat y Aerolíneas Argentina, entre otras, distancia a la Argentina de integrar la tabla de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) por patentes de innovación en tecnología.

El despliegue de la agenda ultra derechista global a la que asistimos, es una forma de valorar los triunfadores del Silicon Valley y un ataque masivo a los recursos de la inteligencia y la sensibilidad colectivas. Esa agenda comienza cuando se acepta el lenguaje de los avatares, caricaturas digitales a los que nos tiene acostumbrado Milei; con las que este movimiento apunta a liquidar el pensamiento y el lenguaje de la crítica en la búsqueda de alternativas humanas. 

En este camino, transcribo Fragmento de la presentación del presidente Luis Ignacio “Lula” Da Silva en la cumbre sobre el impacto de la Inteligencia Artificial, Nueva Delhi 2026.

“Aquí, en Delhi, el mundo digital regresa a su tierra natal.

Fueron los matemáticos indios quienes, hace más de dos mil años, nos legaron el sistema binario en el que se basa la informática moderna.

Volvemos para debatir uno de los mayores dilemas de la actualidad.

Nuestras sociedades se encuentran en una encrucijada.

La Cuarta Revolución Industrial avanza rápidamente, mientras que el multilateralismo retrocede peligrosamente. En este contexto, la gobernanza global de la inteligencia artificial adquiere un papel estratégico. Toda innovación tecnológica de gran impacto tiene un carácter dual y nos enfrenta a cuestiones éticas y políticas.

La aviación, el uso del átomo, la ingeniería genética y la carrera espacial son ejemplos de este fenómeno. Pueden multiplicar el bienestar colectivo o ensombrecer el destino de la humanidad.

La revolución digital y la inteligencia artificial elevan estos desafíos a niveles sin precedentes. Tienen un impacto positivo en la productividad industrial, los servicios públicos, la medicina, la seguridad alimentaria y energética, y en la forma en que nos relacionamos unos con otros.

Sin embargo, también pueden fomentar prácticas extremadamente perjudiciales, como el uso de armas autónomas, el discurso de odio, la desinformación, la pornografía infantil, el feminicidio, la violencia contra las mujeres y las niñas, y la precariedad laboral.

Los contenidos falsos manipulados por la inteligencia artificial distorsionan los procesos electorales y ponen en peligro la democracia.

Los algoritmos no son solo aplicaciones de códigos matemáticos que sustentan el mundo digital. Forman parte de una compleja estructura de poder. Si no se adoptan medidas colectivas, la inteligencia artificial agravará las desigualdades históricas.

Las capacidades computacionales, la infraestructura y el capital siguen estando excesivamente concentrados en unos pocos países y empresas.

Los datos generados por nuestros ciudadanos, empresas y organismos públicos están siendo apropiados por unos pocos conglomerados, sin que se genere un valor ni unos ingresos equivalentes en nuestros territorios.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, dos mil seiscientos millones de personas están desconectadas del universo digital.

Las estimaciones indican que en 2030 todavía habrá seiscientos sesenta millones de personas sin electricidad.

Cuando son unos pocos los que controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no se trata de innovación, sino de dominación”.

Francisco: Pedagogía para la reconstrucción nacional

Por Gustavo Matías Terzaga*

“Saben que el deber del cónclave es darle un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo casi al fin del mundo”, dijo, con la humildad de los grandes, el primer papa jesuita, latinoamericano y argentino de la historia, Francisco, aquella noche romana de 2013.

La muerte del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica en las Pascuas de abril de 2025 ha apagado una de las últimas voces morales con autoridad real en este mundo en ruinas. Su partida nos deja una sensación de orfandad, de desamparo histórico, pero también, desde esta ausencia, en el caso de Francisco, morir es apenas su segunda realidad; la primera es la permanencia viva de su inspiración que trasciende el tiempo y seguirá obrando en la conciencia de los humildes.

En la historia de los pueblos existen figuras que desbordan el lugar institucional que lograron ocupar. Jorge Mario Bergoglio, nacido en el barrio de Flores, fue sin duda uno de esos hombres. Y como líder espiritual supo convocar, conducir y salvar almas, interpretar el dolor de los humildes con entrega y misericordia, abrir las puertas de la iglesia para que ingresen todos, ofrecer orientación moral en tiempos de extravío, y encarnar, con su palabra y su gesto austero, una esperanza que apunta a la dignidad integral de la persona humana y su comunidad. Francisco dedicó su pontificado a renovar con fuerza el sentido profundo de la misión pastoral de la Iglesia, impulsando una salida hacia las periferias existenciales del mundo contemporáneo. Lo hizo abriendo caminos nuevos y abrazando una pedagogía de paz activa que reclamó construirla con «cero violencia y cien por ciento de ternura«. Su mensaje, sin embargo, trascendió largamente los márgenes eclesiásticos: convirtió la misericordia, la caridad, el servicio y el amor al prójimo en fundamentos concretos de una praxis social y política muy inspiradora.

En Argentina, lamentablemente, haber reducido a Francisco a una identidad política, como la de “peronista” -dejando el orgullo a un costado- ha constituido no solo un reduccionismo analítico, sino también una inversión conceptual. Si algo puede decirse con mayor precisión es que el peronismo -en su matriz más originaria- fue una expresión temporal y política de valores profundamente arraigados en la doctrina social de la Iglesia Católica, de la cual Francisco fue su representante universal, por eso dialoga tan nítidamente con los principios del justicialismo. Más allá de que lo fuera, haber caratulado al Papa como peronista lo atrapó en las categorías menores de la inmadurez política argentina, tan cargada de odio y miserabilidad. Esta operación, tal vez, haya sido una de las causas más vinculadas a su ausencia física en la Argentina durante su papado. En una sociedad donde la fractura ha devenido en identidad de los extremos, su visita corría el riesgo de ser absorbida por la lógica de la grieta, profundizando la confrontación en lugar de sanar y unir. Estamos levantando muros, en vez de construir puentes. Respecto a la ausencia de mesura, esa es una reflexión y un aprendizaje que nos debemos los argentinos, a la vez que Francisco prefirió ser señalado a proferir un posible daño viniendo a la Argentina.

Es dable señalar también que la partidocracia inepta y ensimismada -tanto de derechas como de izquierdas- comprendió rápidamente la hondura de la figura de Francisco. Y justamente por eso, por un odio gorila enquistado o por un prejuicio anticlerical superficial, prefirió resistirla o negarla. No se trató de un malentendido, sino de una negativa consciente a interpretar su mensaje, porque hacerlo hubiese implicado revisar privilegios, desandar dogmatismos y asumir responsabilidades históricas que ni unos ni otros estuvieron dispuestos a enfrentar.

Una disgregación antes de continuar. Aquí no hablaremos de Francisco desde la teología ni desde la espiritualidad en su sentido más doctrinal. Nuestra formación y nuestra tradición nos ubican en otra trinchera: la de quienes leen la historia con vocación política. Desde esta concepción, lo reconocemos como un referente ético, cultural y político de dimensión histórica, cuya palabra y cuya acción abren senderos para repensar, con profundidad y coraje, la reconstrucción nacional y continental. Y lo decimos con respeto, pero sin ambigüedad, Francisco legó a los pueblos de la periferia una pedagogía de liberación y una inspiración realista para refundar la política como instrumento al servicio de la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.

Francisco no fue el Papa de los poderosos sino de los pueblos, pisó alfombras rojas, si, pero con la suela gastada de sus zapatos negros de caminante. Su voz no emergió desde los salones del poder global, vino desde los márgenes donde late la vida real de millones de excluidos. Encarnó una multilateralidad auténtica, no la de las cumbres diplomáticas, sino la que viene de regiones pobres, las de los trabajadores explotados, las villas, los sin techo, los migrantes rechazados, los presos, las mujeres invisibilizadas, los “descartables”, las minorías sin derechos, prostitutas, los vulnerados, los últimos y los sometidos. En este sentido, su legado es clave para la unidad de los pueblos de América Latina; un continente herido por la desigualdad producto de la presión balcanizadora ultramarina, pero unido por una historia de lucha independentista, por su religiosidad popular, su lengua y su dignidad. Somos el pueblo mestizo y originario, una síntesis cultural potente, la raza cósmica del sur, de José Vasconcelos.

Desde hace décadas, Francisco formula principios cuya potencia desborda lo religioso y lo personal, y penetra en el corazón mismo de la praxis política, por caso: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es superior a la idea, el todo es superior a la parte. En su aparente simpleza, estos principios contienen un universo conceptual que se sintetiza en una pedagogía que interpela a nuestro movimiento en lo sucesivo, pero también, al motivo que explica nuestras derrotas.

  1. El tiempo es superior al espacio.

Este principio es una condena al inmediatismo político contemporáneo, a esa enfermedad terminal de las dirigencias que han sustituido los procesos por la coyuntura, la paciencia de la siembra por el cálculo, la conciencia nacional por el pragmatismo obsceno, y la construcción estratégica por el resultado, el cargo y la mera permanencia.

Francisco, con su visión de hombre formado en el barro y en la paciencia de la oración, nos recuerda que los cambios verdaderos se gestan como procesos colectivos, se encarnan en la lucha, maduran en el tiempo largo de los pueblos y se orientan -ineludiblemente- en el sentido de su historia. Nada que pretenda ser fundacional puede construirse sin esa noción de duración, de paciencia activa, de acumulación estratégica. Los pueblos no conquistan su destino a golpe de instantaneidad, lo hacen cuando un liderazgo es capaz de organizar el deseo social, el anhelo popular, y proyectarlo en el horizonte histórico.

Tenemos una política rosquera que se desespera por el espacio -una banca, un cargo, un lugar en la lista- pero que ha olvidado que sin tiempo no hay raíz ni tampoco frutos. Francisco nos advierte con una lucidez impiadosa que el vértigo del presente sin proyecto es la forma más eficaz de la impotencia política. La obsesión por “estar” ha sustituido la vocación de “hacer”; y en ese desplazamiento, la política se ha vuelto, en muchos casos, un simulacro de poder sin contenido social.

  1. La unidad prevalece sobre el conflicto.

La unidad no es la negación del conflicto, sino su conducción hacia un horizonte superior. La política que no reconoce el conflicto es ingenua o hipócrita, pero la que se regodea en él, la que convierte la fisura en identidad y el antagonismo en doctrina, termina sirviendo a los intereses del enemigo histórico de los pueblos favoreciendo la fragmentación interna como preludio del sometimiento externo. La unidad no es uniformidad, ni renuncia a la pluralidad, es la síntesis poliédrica superior que organiza las diferencias y su originalidad particular en función de un proyecto común. Básicamente, es la conducción del antagonismo, no su negación o su exacerbación hasta su estallido. La historia argentina es también la historia de esas derrotas que nacieron en el seno mismo de nuestras filas. Unidos o dominados, decía el General. La unidad, entonces, es la condición estratégica nodal sin la cual no hay acumulación posible.

Francisco propone una unidad arraigada en el pueblo, tejida en la comunidad, forjada en el barro de la lucha social, donde las diferencias existen, pero no destruyen; donde el conflicto vive, pero no fragmenta. Es la unidad como arquitectura política de la esperanza, y es, al mismo tiempo, una advertencia feroz: cada división innecesaria en el campo popular es una victoria anticipada del adversario histórico. A tomar nota.

  1. La realidad es superior a la idea.

He aquí el principio más profundamente antielitista de Francisco, que podemos interpretar como una crítica sin rodeos a los tecnócratas de laboratorio, a los intelectuales de gabinete, a los ideólogos que nunca pisaron una villa ni compartieron el pan con los excluidos. En política, como en la religión, quien no conoce el sufrimiento del pueblo no tiene derecho a hablar en su nombre. El conductor debe venir del pueblo.

Sabemos por Perón que la realidad es la única verdad. Francisco lo reinterpreta desde el pueblo, donde las ideas que no nacen del dolor y la esperanza de los humildes, están condenadas al fracaso o a la impostura. Donde hay una necesidad nace un derecho, decía nuestra jefa espiritual, Evita. Hoy más que nunca, cuando la política se encierra en despachos de institutos o se disuelve en redes sociales, este principio exige volver a pensar desde abajo, en los barrios, casas sindicales, en los comedores, cooperativas, parroquias, clubes, escuelas, centros vecinales; allí donde el pueblo vive, resiste, circula y sueña; donde se gesta lo nacional. Francisco lo dijo con fuerza: pastores con olor a oveja. Nosotros reclamamos políticos con un poco de barro en los pies.

La política nacional exige volver a escuchar, volver a caminar, volver a hablar el idioma del pueblo. No hay proyecto transformador que no nazca de una lectura concreta de la realidad y de las necesidades vitales de las grandes mayorías populares, y toda política que no se encarne en su realidad concreta, se vuelve ruido virulento de clase media ilustrada, sin raíz ni trascendencia. Francisco nos devuelve el oído y la mirada, nos exige ir al terreno, no a condescender sino a aprender, porque sólo desde el subsuelo popular puede alzarse un proyecto nacional verdadero.

  1. El todo es superior a la parte.

Juan Domingo Perón dijo que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza, que la trascendencia nunca es personal, mucho menos a costa de servirse de la rutina de los demás, ni es sectorial, ni minoritaria. Es colectiva, solidaria, o no es.

Hoy, la disgregación social no es espontánea, sino consciente e inducida. Nos quieren divididos, enfrentados, agrietados, reducidos a consumidores de causas aisladas y fanáticas. Un pueblo que no se reconoce y fortalece como totalidad cohesionada es fácil de atomizar y someter. Frente a esto, Francisco reivindica la solidaridad como principio político y la comunidad como estructura del verdadero proyecto de poder. Pero este principio también es una doctrina geopolítica. Ningún país de América Latina alcanzará su grandeza necesaria y suficiente si persiste en el aislamiento. El que no se une, es absorbido, el que no construye unidad interna y se integra al todo, será parte suelta en el engranaje de la dispersión y la dependencia.

Un legado para refundar.

En contraste con la visión simple y trascendente de los lineamientos que encarnó Francisco, que de ningún modo escapa al sentido común, a la vida íntima de una persona o a la construcción de un pueblo, la práctica reciente de buena parte del liderazgo dirigente nacional se ha visto marcada por una lógica inversa a estos principios: la ocupación de espacios sin proyecto, la centralidad personal sin proceso colectivo. La política argentina ha caído en la trampa de lo inmediato, la fragmentación ha reemplazado a la unidad y la ideología vacía no pisa el terreno y ha eclipsado la dura realidad del pueblo. La política se ha vuelto gestión del presente, una administración de lo dado.

Los principios de Francisco no son un recetario de fórmulas homeopáticas para los males del país, son mandatos para una praxis política nacional-popular-latinoamericana, una gramática política y una mística de comunidad, capaz de reanimar la esperanza nacional para ponernos de pie. Son una herramienta para refundar la política desde el sujeto pueblo y no desde el designio dirigente. Francisco nos deja, además de un profundo mensaje espiritual, un legado estratégico, una hoja de ruta para los pueblos de América Latina. En tiempos de oscuridad y desorientación, sus pensamientos son la brújula que habita al interior de los pueblos. En tiempos de fragmentación, su mensaje es una arquitectura para la unidad.

Hoy más que nunca debemos pensar nuestra política en términos de tiempo, unidad, realidad, totalidad y pluralidad armónica. Francisco nos ha dado las claves, su pensamiento no debe ser recordado, debe ser aplicado.

No busquemos entre los muertos al que VIVE.

*Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico

ARTURO JAURETCHE de la Ciudad Río Cuarto, Cba

 EL PESCADO, LA CABEZA Y UN CUERPO QUE PATEA EN CONTRA

 Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (especial para Punto Uno) Hace ocho años la Universidad Nacional de Lanús tuvo la gentileza de invitarme a participar en su Congreso de “Geopolítica y Filosofía”, allí integré un panel con Alcira Argumedo y Alicia Castro. Se nos propuso una pregunta concreta: “¿cómo romper a favor del campo popular, el empate hegemónico en que hoy viven Argentina y América Latina?”. Por supuesto que la pregunta misma suponía ya un diagnóstico, el cual se expresa a través de un concepto geopolítico clave (el de “empate hegemónico”). Asumí ambos, sólo que lo hice desde el punto de vista de la otra disciplina al que este mismo Congreso invitaba: la Filosofía. Es mi vocación y mi práctica efectiva en estos últimos cincuenta años. Sólo que no me refiero a la filosofía en general, sino a una filosofía latinoamericanamente situada, que se practica en nuestro país y en nuestra región y que hemos denominado “Filosofía de la Liberación”. Esta junto a la “Teología de la Liberación”, “La pedagogía de la Liberación” y las “Cátedras Nacionales” en materia de Ciencias Políticas y Sociales (una de cuyas ilustres pioneras teníamos el gusto que nos acompañase en ese panel, precisamente Alcira Argumedo) han ido construyendo (desde sus diferentes perspectivas y enfoques) un corpus conceptual lo suficientemente sólido como para intentar contestar esa pregunta. Y su solidez no le viene sólo de lo epistémico, sino de su arraigo en nuestra propia experiencia y necesidades históricas. Ya que sólo arraigado en la tierra y abierto al mundo, algo se torna realmente sólido. Ese corpus es por cierto muy distinto del europeo y del norteamericano (aun cuando algunos términos puedan sonar iguales), lamentablemente todavía muy arraigados en los grandes centros oficiales de docencia e investigación, como si fueran conceptos y prácticas “universales sin más”. Lo cual, por supuesto no lo son. Desde este corpus conceptual (latinoamericanamente situado) abordé la cuestión.  

*EL PESCADO Y LA CABEZA*

Suele decirse que “el pescado empieza a pudrirse por la cabeza” y este viejo dicho popular es descriptivo de una de las mayores causas de ese empate hegemónico (en materia geopolítica) tanto como una de las mejores chances para romperlo a nuestro favor. Tenemos la cabeza ocupada con tantas (supuestas) verdades, modelos y teorías ajenas a nuestro cuerpo, que éste cada vez nos pertenece menos. Permítasenos graficar con una saeta del padre Castelani esta situación de tener la “cabeza ocupada”: “¡Hay cuántas cosas que saben las gentes de este albardón/ hay cuántas cosas que saben/ pero cosas que no son!”. Desocupar la cabeza y reunir el pensamiento con su ser y su estar (propios), es una tarea político-cultural de primer orden. Es casi imposible triunfar en lo económico y en lo geopolítico, con una cabeza ocupada por otros y con un cuerpo que patea en contra. Pasando a términos conceptuales esta situación de facto, nosotros llamaremos “situación colonial” (una “cabeza ocupada” por otro) y “proceso de liberación nacional y social”, a la ruptura de esa hegemonía anómala y a la recuperación de nuestra propia soberanía cultural y política. Si razona el caballo se acabó la equitación, de aquí que los mayores empeños de ese Imperio (del Otro en nosotros) estén puestos directamente en que pensemos lo menos posible y que cuando lo hagamos, utilicemos sus categorías y no las nuestras. Por eso –desde el punto de vista estrictamente conceptual- pensamos que la categoría de “Liberación” debe estar en la base de cualquier proyecto geopolítico que (en nuestro país y en nuestra región) intente un desempate a favor de sus Pueblos. Nuestro proyecto es entonces un proyecto de Liberación, o será siempre insuficiente para el fin mayor que nos proponemos. Y este término (Liberación) no dice lo mismo que los conceptos usuales (de clara matriz eurocéntrica) como Libertad, Revolución, Emancipación, Luchas, etc. sino que dice mucho más y es mucho más integral aún. Acaso por eso mismo fue y es tan puntillosamente negado, minimizado o reemplazado, tanto en la autodenominada Academia, como en los intelectuales considerados “bien pensantes” (por el Otro, claro). En lo que sigue intentaremos precisar la potencialidad del concepto de Liberación, indisolublemente unidos a los del Pueblo y Nación (en perspectiva latinoamericana, claro está). 

*¿QUE ES ESO DE “LIBERACIÓN”?*

Algunas aclaraciones puntuales: 1°) Es un concepto que surge específicamente en el contexto latinoamericano y del Tercer Mundo (a partir de la segunda mitad del siglo XX), al calor de los procesos de descolonización y de las denominadas revoluciones nacionales antiimperialistas. 2°) ni en la filosofía, ni en las ciencias sociales europeas o norteamericanas tiene mayores antecedentes ni prestigio. Allí los conceptos nodales son, como dijimos: Libertad, Revolución, Desarrollo, Modernización, Emancipación etc. Tenía si antecedentes e historia propia en el terreno de la Teología y relativamente en el Arte.3°) por ese mismo origen político y social, requiere como contraparte inexcusable -para una comprensión más plena- el concepto de Dependencia, contra y a partir del cual opera. 4°) precisamente esa dupla Dependencia/Liberación, nace opuesta a otra que daba la impronta por entonces: Desarrollo/Subdesarrollo (advirtiendo sobre la ilusión modernizadora que ella encerraba, al soslayar el problema básico de la dependencia latinoamericana). Se trata, en consecuencia, de un concepto esencialmente ético y político. Su fuerza revulsiva en el campo epistémico, proviene de ese origen. Lo otro es que (Liberación) es un concepto típico de la filosofía y del pensamiento latinoamericano contemporáneo, e incluso es así reconocido en el actual debate internacional de ideas. 

 *EL SUJETO Y EL MARCO DE LA LIBERACION.* 

No hay auténtico proceso de Liberación sin un sujeto social que lo protagonice (el Pueblo) y un marco histórico donde transcurra esa lucha (la Nación). Respecto de estos dos últimos conceptos (Pueblo y Nación), sólo diremos ahora algunas cosas muy básicas (en función del tiempo disponible). En primer lugar, que estas dos nociones sí tienen largos antecedentes en el pensamiento europeo y cobran su significación más actual a partir de la Modernidad y su consumación. Pero ambas (Pueblo y Nación) -que para un pensamiento de la Liberación resultarán claves- despertarán en cambio, en el pensamiento europeo contemporáneo, fuertes “sospechas” y frecuentes rechazos viscerales. Esto –como no podía ser de otra manera- a partir de su propia experiencia histórica que, por supuesto, no es la nuestra; situaciones ambas que será fundamental no confundir, ni mezclar, ni universalizar (lo cual, lamentablemente, suele ser muy frecuente en los análisis y debates). En segundo lugar, ¿por qué las nociones de Pueblo y Nación son claves para estructurar un pensamiento de la Liberación? Porque esas nociones –pensadas desde nosotros- le otorgan a una Filosofía de la Liberación las coordenadas adecuadas para pensar su “sujeto”, aquél que protagoniza la Liberación (y sufre la Dependencia). La expresión Pueblo hace referencia al sujeto socialmente encarnado de la Liberación y la expresión Nación establece el marco histórico-cultural (geopolítico) en que se da la misma. Un proceso de Liberación es entonces protagonizado por un Pueblo que convive en una Nación (o busca convivir en ella), de manera libre, una “vida buena”, es decir digna de ser vivida. En tercer lugar, en el pensamiento europeo las categorías de Clase e Individuo (con todas las variantes del caso) se han impuesto por sobre este concepto de Pueblo, reduciéndose éste a un puesto residual, al que busca (intencionalmente) relacionarse con experiencias totalitarias o encubridoras. Por el contrario, un análisis en término de Pueblo –tal como ocurre en los pensamientos de la Liberación- no necesariamente son antagónicos con esas dos nociones, sino que incluso las utiliza y las contiene, sólo que de un modo diferente. Otro tanto ocurre con la idea de Nación. Aquí el pensamiento europeo prefiere hablar de Sociedad (y esquiva expresamente el término “Comunidad”, con el cual inició su marcha hacia la democracia: la polis griega). También liga a esta noción nuestra de Nación con experiencias totalitarias suyas (de su pasado próximo), o con expresiones ya superadas (e inválidas) en una era como la presente. Aquí será fundamental –para un pensamiento de la Liberación- dejar bien en claro dos cosas: 1°) que su idea de Nación nada tiene que ver con aquellos “nacionalismos” totalitarios europeos y 2°) que la construcción de la Nación (capaz de protagonizar un proceso de Liberación) es un programa todavía pendiente y vigente entre nosotros. Lo nuevo es que ahora ese proceso de construcción deberá cursar en un marco de creciente “mundialización”, con todos los desafíos e inteligencias que esto supone. Por cierto que todo esto afecta a la noción de Estado. Y en esto nuestra asimetría contemporánea con la situación europea es notoria. El origen, desarrollos y desafíos de los estados latinoamericanos fueron completamente distintos de los europeos y norteamericanos, que aquellos se dieron. Pero esto, amigo lector, bien puede ser motivo de otra conversación.

Un cristianismo para el desierto occidental 

Por: Marcos Domínguez- @zoncerasabiertas

«Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán(…) A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas. Pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, seguramente no se van a equivocar. (…) La opción es generar procesos y no ocupar espacios».

Papa Francisco (2015)

Occidente asiste a la relajación, , cuando no a la erosión, de los sustratos cristianos que le dieron origen, y que explican la deriva nihilista de las clases dirigentes, fundamentalmente las norteamericanas. Hoy EEUU es un imperio sin imperio que repite el patrón romano: una élite plutocrática depredadora frente a un modelo de acumulación de capital insostenible por medios económicamente racionales. 

Esta crisis de sentido en Occidente contrastó con la irrupción de una nueva voz en el corazón de la Iglesia católica. Tras la larga tradición de papas europeos, el pontificado de Francisco, un líder del ‘sur global’, reorientó la atención de Roma hacia los «pueblos» y los «humildes», desafiando implícitamente el individualismo y el materialismo de las sociedades post-cristianas.

Pero lo distintivo del presente es el divorcio mismo entra el capitalismo occidental y su ética fundante: el  protestantismo. Esa tradición religiosa que si alguna vez le dio fuerza económica, ahora deja un vacío espiritual que explica gran parte de la turbulencia global. 

Francisco  llevó al Vaticano algo esencialmente latinoamericano: la «teología del pueblo» de Licio Gera, distinta de la más famosa –y ya sepultada– «teología de la liberación».

Los viejos liberales ven populismo en esa mirada de Francisco sobre los pueblos como sujetos históricos, pero ese liberalismo es tan arcaico como el marxismo que condena. Hoy domina un individualismo poscristiano, tecnoliberal y nihilista, que simplemente declara, como Thatcher, que ‘la sociedad no existe’.

En los 12 años y algunas semanas de su pontificado, Francisco concentró sus gestos y mensajes en los humildes: pobres, excluidos, perseguidos, migrantes; los descartados por la sociedad moderna, en quienes veía el rostro de Dios. Aunque esto no es una novedad histórica del cristianismo, la intensidad del enfoque de Francisco generó incomodidad en ciertos sectores del Vaticano. 

Sus aperturas hacia divorciados, gays o creyentes de otros caminos hacia Dios incomodaron especialmente a aquellos que temen el abandono del papel tradicional de la Iglesia como autoridad moral sobre lo correcto e incorrecto a los ojos de Dios. Esta tensión doctrinal tiene matices diferentes según las regiones, con mayor resonancia crítica en las iglesias no occidentales. Sin embargo, nadie se atreverá a cuestionar abiertamente el «pobrismo» de Francisco, que en definitiva fue inaugurado por el mismo Fundador. 

El gran tema es el trabajo

Aunque a menudo se proceda -de modo deliberado o no- a vincular al cristianismo con el «pobrismo» y el consecuente tiro por elevación al peronismo, señalemos que el punto de partida del cristianismo es el pobre, no su glorificación. Una cosa es reconocer en el humilde el rostro concreto de la injusticia; otra muy distinta es naturalizar esa condición como destino manifiesto y romantizable. Si el cristianismo pone en el centro la dignidad inviolable de cada persona, el peronismo traduce esa premisa a la vida histórica de una comunidad organizada: no administrar la pobreza, sino superarla; no hacer del necesitado una identidad permanente, sino elevarlo a la condición de trabajador, que no es solo una categoría económica sino una forma de pertenencia, dignidad y realización humana. Porque ser pobre describe una herida social, una condición producto de la materialidad; ser trabajador nombra una identidad, un lugar en el mundo y una posibilidad de «vivir bien».

En ese punto, la insistencia de Francisco adquiere una claridad poco frecuente en este tiempo. Cuando afirma que “el gran tema es el trabajo”. Dice Francisco, en Fratella Tutti:

«El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo». En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo.»

Francisco apela al trabajo no como variable económica sino como condición de existencia: como forma de aportar, de crecer, de vincularse, de ser parte. Por eso advierte que la ayuda material solo puede ser provisoria, y que la verdadera política —si pretende ser popular en serio— debe garantizar que cada persona pueda desplegar sus capacidades y vivir de su propio esfuerzo.

Por la misma senda, Perón enfatiza  la riqueza espiritual del cristianismo, pero señala que le falta una versión política que permita la transformación social efectiva. Dice Perón: 

«La concepción cristiana presenta otra posibilidad, impregnada de una profunda riqueza espiritual, pero sin una versión política suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno» – Modelo Argentino para el proyecto Nacional (1974)

El peronismo resulta, en este modo de ver las cosas, una forma político práctica del cristianismo. Un puente entre lo espiritual y lo político. Es por eso que la clave de esta  base doctrinaria y filosófica se ofrece, todavía (por encima de las circunstanciales diferencias y dirigencias) como un fuerza capaz de remendar las heridas. Aquello que el propio Francisco continuó como legado: la cultura del encuentro.

Lo que estamos afirmando, en última instancia, es que la persistencia de este sustrato cristiano—ese rescoldo profundo y casi invisible—será la llama que mantendrá viva la esperanza colectiva, incluso en un tiempo dominado por la desesperanza individualista y las acechanzas aún desconocidas del futuro inmediato.

Este titilar nos sitúa en un cruce de caminos. Porque si bien esta llama de esperanza colectiva se mantiene viva en las bases de Occidente, una nueva realidad emerge en la esfera pública: la desconfianza generalizada y la irrupción del ciudadano/votante como espectador que busca saldar cuentas con una dirigencia percibida como inauténtica. Esta nueva dinámica ha dado origen a un fenómeno que podemos denominar la venganza del espectador.

La  venganza del espectador

Habitamos un tiempo donde la vara quedó tan baja que cualquiera “se le anima” a la política. Se sabe. Cualquier periodista o influencer puede soñar – con algún apego a la realidad – con ocupar un rol de referencia en el desierto de ideas de la actualidad. Es que el fenómeno Milei abrió una tranquera general.

En todos los casos, apareció -y a nivel mundial- una oportunidad simbólica de»ajustar cuentas» con algo que se miraba desde afuera. Pasarle factura a una dirigencia incapaz de comprender nuestros problemas. Muchas iras acumuladas, contenidas demasiado tiempo. De allí que haya madurado una firme desconfianza hacia instancias intermediarias como los partidos políticos, sindicatos, corporaciones diversas y también hacia los medios de comunicación tradicionales, de cuyas ruinas surgieron los formatos de comunicación digital que hoy proliferan por todo el paisaje de redes. ¿Quién quiere ser influencer cuando sea grande?.

Después de todo, si la política profesional era «eso», entonces todos podemos decirle a “los políticos” lo que deben hacer y como hacerlo. El tiempo de los comentaristas, con o sin experiencia. Un ruido blanco donde el silencio no genera buenas métricas. La saturación de la que este mismo artículo participa.

La venganza del espectador prevalece como marca de época. Una época cimentada en un ciudadano/votante consumidor que elige productos políticos según sus preferencias inmediatas.

El abandono progresivo de la construcción política alrededor de grandes relatos colectivos, terminó reduciéndola a un acto de identificación narcisista. El problema radica en que la dirigencia política debe tomar nota de esto para tranformarlo positivamente, no para consolidarlo o contratar consultores que le ayuden a copiar la fórmula. Una dirigencia consultor-dependiente, enamorada de sí misma pero separada peligrosamente de la sociedad.

Después de todo parte importante de la actual corriente antipolítica es una rebelión contra la teatralizacion de la política, y no contra la política en sí.

Autenticidad

Por eso la política en general y el peronismo en particular deberían salir del rincón con argumentos surgidos de la práctica política real. Poner en valor el cara a cara. El encuentro. Lo genuino que se cierne en sus bases, y que se contrapone diametralmente a su superficie. Solo así se recuperará la imaginación política perdida, sobre todo en el peronismo donde buena parte de su dirigencia padece del mismo mal que esas clases medias ilustradas que lo han copado: la inautenticidad.

Una paradoja dolorosa para un movimiento cuyo origen histórico es exactamente lo opuesto: una fuerza nacida del calor popular y las raíces sociales más profundas, surgida para desafiar al statu quo político decadente de su época; hoy tiene el desafío urgente de encontrar nuevos símbolos y nuevas formas para volver a encarnar su razón de ser. Lo que también es, por cierto, una obligación patriótica.

Recuerdo algo que ocurrió en una de esas tantas reuniones a las que uno asiste. Un  dirigente sindical dio detalles de un encuentro con Francisco en el Vaticano. Comentó que, al narrarle  el “trabajo que hacía el sindicato con los más humildes” al Santo Padre, Francisco lo interrumpió para consultarle algo puntual:

“muy bien , muy interesante pero, ¿ustedes los tocan?, literalmente , ¿están en contacto físico?,¿abrazan a los pobres?…”

El silencio de quienes oímos la anécdota cerró el relato.

Al final, quizás la venganza del espectador no sea otra cosa que la respuesta a la soledad masiva frente a la pantallas. Un narcisismo de masas que celebra  su propia clarividencia, mientras profundiza su descenso al egoísmo más autodestructivo.

Nuestra vida espiritual , y también la política, demandan abandonar el confort y volver a tocar el mundo real con nuestras manos. Abrazar, como pedía Francisco, aquello que pretendemos representar.

Bienvenidos al tren

Por Daniel Fabián Chaves

Algunos de los círculos infernales del conurbano comienzan a manifestarse en toda su abrumadora nitidez, cada vez con mayor frecuencia y hasta con indolente desparpajo.

El cronista se encuentra en el primer tercio de su viaje de retorno al hogar en Ituzaingó, desde su rutina laboral de los fines de semana, en Villa Luzuriaga. Viaja esta vez, sentado en una formación del 242 ramal San Justo – Morón.

Llegando a la intersección de Ignacio Arieta y Avenida Don Bosco, el chofer para y permite que suba sin pagar pasaje una familia compuesta por presuntos papá, mamá y dos hijos varones de unos 10 años de edad. Quizás más, quizás menos. Los adultos evidencian dificultades de índole mentales o algún grado, acaso, de alienación causada por múltiples probables factores, de los cuales resalta la miseria extrema que ostentan.

Suben con dos carritos colmados de bolsas. Uno de los carritos queda en medio del pasillo, junto a la primera hilera de doble asiento, donde van sentados la madre y uno de los chicos. El 242 dobla por avenida Luis María Campos para insertarse lánguidamente en territorio moronense.

El carrito suelto cae, y junto a él, se abre una de las bolsas y se desparrama en el piso. Discute la pareja, agitando ambos sus brazos y emitiendo una especie de gruñidos que no alcanzan a clarificarse como palabras en castellano básico. Finalmente, la mujer se decide y vuelve a meter por el agujero que se hizo en la bolsa, un par de zapatillas, algunas telas, y una bolsa con algo que se asemeja a pizzetas apelmazadas unas a otras. Luego levanta todo y lo lleva sobre sus faldas. Así hasta llegar a plaza La Roche, donde descienden antes que el resto del pasaje.

Simultáneamente, mis ojos dan testimonio como cada fin de semana al arribar a la habitual fealdad de la mencionada plazoleta frente a la estación Morón del FF.CC. Sarmiento, que decenas… qué digo decenas, cientos y hasta para ser más preciso, un largo par de centenares de seres humanos, forman desprolijas filas sobre la vereda de 25 de Mayo y doblan por avenida Rivadavia, esperando que una institución benéfica les brinde una pequeña vianda de comida, seguramente la única que comerán en todo el día, exceptuando sobras de alguna panadería o algún tacho de basura del cual satisfacerse, si cabe la adjetivación.

El cronista atraviesa, como cada fin de semana, dicho espacio público del corazón de nuestro conurbano en horario nocturno, no siempre bien iluminado claro está. Divisa considerable demora para esperar al siguiente convoy del ferrocarril, así que decide cruzar la estación para ir a tomar el colectivo de la línea 395, que lo dejará cerca de su residencia, al fin.

En ese derrotero entre roedores por doquier, mientras cruza las vías pensando en una emblemática canción de Leonard Cohen “Everybody Knows” (Todo el mundo lo sabe, traducido a nuestro paladar rioplatense), observa sin asombro alguno, a un borracho en el peor de sus momentos, como abrazado a un rencor, vomitando junto a la barrera.

Escasos 50 metros más adelante, otro ebrio que se apoya contra un poste de luz, un hombre ya maduro, de edad bastante indefinida pero cercano a los 60 años, por lo menos. Si se suelta, caerá desvanecido en su propio lodazal de orines y vómitos. El callejón sin salida, donde la dignidad ya no importa en lo más mínimo.

Y las urgencias arrecian, mientras las “personas inteligentes” conceden años y años a quienes concienzudamente vinieron para profundizar el deterioro del tejido social hasta volarlo en mil pedazos. Que es lo que ya se evidencia con tan solo caminar y caminar, y caminar. Pero eso sí: Los «educados» conceden «gobernabilidad»… para que todo vuele por los aires, muchísimo más temprano que tarde.

Ahora el cronista dobla por Crisólogo Larralde, una cuadra lúgubre en su oscuridad y veredas destrozadas desde tiempos inmemoriales, entre Independencia y Cabildo, exactamente donde hay numerosas paradas de colectivos. El tercer borracho, yace recostado sobre el asiento de la parada del 441 cartel San Alberto. Mañana no sabrá qué sucedió esta noche. Y seguramente pasado mañana tampoco sabrá lo que sucederá mañana en cualquier parte de la jornada.

Golpe de suerte! El 395 llega tras menos de 10 minutos de espera, acostumbrados como estamos todos sus usuarios a los 30, 40 o 50 minutos de espera regulares tanto sábados como domingos. A mitad de viaje, sobre avenida Sarmiento, en las coquetas calles de Castelar, una señora experimenta alguna clase de brote, y comienza a gritar y a emitir incoherencias.

Algunas palabras son distinguibles con absoluta claridad: Remiten a verduras que no fueron compradas. Comida que ya no hay, pero que su mente mantiene cual tortura cotidiana en medio de sus delirios. Al rato, se calma sin que nadie le diga una sola palabra. Y una aparente normalidad vuelve a marcar prudente presencia al interior de la formación, mientras una interminable senda de luces mortecinas nos saludan sin sonrisas a nuestro paso.

Los que aún no llegaron a esos círculos del infierno, en todo caso estamos apenas un escalón por encima, como dijera la cardióloga a este cronista, a quien sentenció como “detonado de estrés” y le reclamó desentenderse de “la política” por tiempo indefinido, según ella, en caso de que desee sobrevivir, paso previo a re-vivir. Vaya uno a saber. Seguramente ella tiene toda la razón.

Al menos, este vecino precisa dar testimonio de estas realidades de nuestros nadies, sin romantizarlos ni estigmatizarlos.

El país invivible ya está entre nosotros. Y entre pibes que portan armas y multiplican amenazas en masa, violencia social que se acrecienta exponencialmente en todo su salvajismo, condenados de nuestra tierra que se arrastran sin destino por las callejuelas sucias y oscuras de nuestras y todas las ciudades y pueblos habidos y por haber, mucho más simpáticos en sus auto-bombos publicitarios que en la sórdida realidad que los suele atravesar… así como también una legión de indiferentes, un puñado de almas sensibles y caritativas, un amplio pelotón de insanos que gozan con todo este cuadro, y los poderosos de siempre que se hacen cada vez más poderosos sin que nada ni nadie les ponga un verdadero coto final…

… el cronista finalmente arriba a su harto modesto hogar. Desensilla, pone agua a calentar en la pava, y sólo atina a pensar, mientras contempla su patio desde el ventanal de su habitación: “Bienvenidos al tren”.

!Andá a la p…!

Por Carlos Caramello

“Nada hay más terrible

que una ignorancia activa.”

Goethe

“Milei al Gobierno, KM al Poder”, podría sintetizar el eslogan de esta administración que comienza a sentir los primeros temblores justo allí, donde la espalda pierde su nombre decente. La otra definición sería, “necesitamos más de 2,9% de inflación porque KM menos del 3% no acepta”. Están para cualquiera. Porque los dejan estar para cualquiera. Cuanto más absurdo, cuanto más delirante sea el planteo, mejor. Cuando todo caiga, haciendo más ruido que un piano de cola arrojado desde la terraza, los canallas del empresariado sentimental y coqueto que el lunes pasado salieron de la juntada de AmCham (Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina) diciendo que “valoraban la señal de sostener el rumbo” lo van a mandar con pito y cadena indicando que “el proyecto era correcto… pero él está loco”.

¿Loco? “Loco… sí -dice el viejo Polonio sobre Hamlet en la inmortal pieza del Cisne de Avón-. Pero hay método en su locura”. La ecuación les cerró mejor que ninguna hasta ahora, incluido el golpe de Estado de 1976: un megalómano trastornado, con delirios de estrella del rock, manejado por su hermanita con complejo de Antígona. La Tortera -como la apoda Mauricio Macri en la intimidad y no tanto- es una de las mujeres más rústicas y brutales del país (al punto hacerle sombra a Patricia Bullrich) y fue habilitada por los que condimentan el estofado a llevarse todo lo que pueda. Claro, a cambio de… bueno, está a la vista. Carambola, palito y tronera. Mientras la fórmula les rinda (¿qué es el 3% de ANDIS frente a la entrega de los Glaciares a las mineras; cuánto representa la estafa $Libra al lado de los miles de millones de dólares que han fugado con el carry trade?), lloverán los plácemes sobre la peluca y los hombros con caspa de Milei.

Y el tipo, encima, se les hace el difícil. “Si no nos quieren acompañar -los aprieta-, no pasa nada. Nos vamos a casa. Total yo puedo trabajar en el sector privado”. Pero… ite iendo, diría un coya amigo mío. No te frustres, Fiera. Andá nomás. Vete, te pido que te vetas. Al sector privado, al campo con los perros imaginarios o, por ahí, a la cárcel… en el mejor de los casos. Eso, el Papadas, lo sabe. Como sabe muchas otras cosas. Demasiadas, acaso, para quienes lo vienen patrocinando. Y por eso usa doble chaleco antibalas: tiene más kevlar encima que una paleta de paddle de última generación. Siempre es mejor sudar la gota gorda que la fría.

Ánade cruel

El pato no suele ser un ave violenta, vengativa, envidiosa, irascible y carnicera salvo que pertenezca a la familia de los Bullrich. Con sus tecnológicos anteojos con audífono (se ha mandado a hacer varios pares de distintos colores así, cuando le toca hablar, le van dictando lo que tiene que decir), la senadora Patricia B. asoma en el escuálido mundillo libertario como candidata de recambio. Un vocero sin voz, una armadora que no sabe armar y un Papadas desgastado de tanto rayar el modelo contra las paredes de la real economic, hacen que esta ex todo reaparezca en el cenit de la errante ultra derecha como proyecto potable. En todo caso -y por ahora- es la que mejor mide en un gobierno barranca abajo.

Es que la derechosidad, que es muy afecta al uso del espejo retrovisor cuando las cosas no marchan como creen que deberían, ha comenzado a extrañar; casi a sentir remembranzas por las figuras de Horacio Rodríguez Larreta en CABA y Patricia Bullrich Luro Pueyrredón en el país. No porque admitan haberse equivocado sino porque su ideal de dirigente es aquel que puedan despedir cuando hace alguna cosita que les desagrada, como al servicio doméstico, y eso, en nuestra desleída democracia de bajísima intensidad, todavía no se consigue.

Encima, el golden boy (he dicho golden, no taxi) que se había armado KM en su cabecita loca no para de mostrar el culo: propiedades baratísimas que le venden jubiladas prestamistas que no lo conocen; viajes a Nueva York y a Punta del Este pagados por el gobierno; vacaciones familiares en Aruba, destino por el que pagó nada más que 5.000 dólares de pasajes: o este muchacho es el rey de la pichincha o algo muy turbio se esconde detrás de la aparente suerte económica del vocero afónico.

Pero la Rubia Perdición de Javier Milei se niega a soltarle la mano. Acaso con buen criterio ya que, supone, tras Adorni se puede esconder una inflación que no cesa de crecer y centenares de muertos por faltas de medicamentos, de atención, de comida y… por suicidio. ¡Qué equivocada! Las malas nuevas potencian las malas viejas y los errores sucesivos son imposibles de ocultar tras otros errores. Así, el 2027 (¿usted cree que falta mucho? No sea pueril) se presenta más difícil que alcanzar la esquiva inflación cero.

¿La casta dónde está?

En el gobierno del Casalito Milei. La verdadera, digo. La que difícilmente el ojo poco avezado del hombre y la mujer de a pie pueda distinguir. “Tener poder es tener impunidad”, definió alguna vez Alfredo Yabrán antes de tener que salir obligadamente de su cómodo anonimato. ¿Quién te otorga inmunidad en este paisito nuestro? El Poder Judicial. Y lo primero que le aconsejaron los Menem a KM cuando la entornaron fue que se comprara una Justicia Propia. Claro, no le avisaron que los armadores nunca lo harían para ella. Porque estos procesos de latrocinio desmadrado requieren, imprescindiblemente, de chivos expiatorios.

La buena de KM, subyugada por las peripecias del poder (e ignorante de las traiciones que suelen signarlas) se entregó de cuerpo entero a lo que uno de los Menem le susurraba al oído y eligió al abogado Santiago Viola como consultor primero, como defensor familiar luego y, finalmente, ahora, como Viceministro de Justicia. Y quiero decir que este es vice de verdad porque juega de taquito con el ministro Juan Bautista Mahiques, un exponente explícito de la casta judicial, casi el prototipo.

No voy a perderme en el intricado laberinto de la familia judicial, con sus incestuosidades políticas y sus protecciones mafiosas. Hay gentes que saben mucho más del tema y algunos, como Carlos Pagni, hasta cuentan una parte, aunque lo hagan con un lenguaje casi inextricable, para iniciados (Jauretche aconsejaba leer La Nación y pararse del lado opuesto. Pero leerla). Sí voy a decir que Viola, hijo de la jueza Claudia Balbín, que en una época ofrecía sobreseimientos a cambio de inculpar a Cristina Kirchner, fue defensor de los hijos de Lázaro Báez y le tendió una trampa al juez Casanello intentando, mediante testigos falsos, demostrar que el magistrado visitaba la Quinta de Olivos durante el kirchnerismo. El viceministro de Justicia libertario también defendió a la hermana del represor Jorge Radice, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex ESMA. Una joyita el pibe.

La dupla de la injusticia teje hoy una red de impunidad de características casi absurdas ya que con ella intenta envolver tanto a personajes del gobierno acusados de corrupción como a algunos enemigos del Papadas, como Claudio “El Chiqui” Tapia y su brazo ejecutor, Pablo Toviggino. Todo mientras desde el libertarismo caricaturesco, la senadora jujeña Vilma Vedia trata de convencer al pueblo argentino de comer carne de burro. Y uno se pregunta: ¿son conscientes de los riesgos que corre el Gabinete de Milei si esta propuesta se extendiera? Pobre Platero, y su amigo don Juan Ramón Jiménez.

Trump-oso

Es más o menos sabido que el Papa es la representación de Dios en la Tierra, sucesor de Pedro y vicario de Cristo. Ahora bien, el conflicto empieza cuando Dios baja a la Tierra para gobernar los Estados Unidos y el jefe del Pentágono le explica al mundo que León XIV “no sabe nada de teología”. En ese nivel de desatino está la administración de los Estados Unidos: un presidente absolutamente extraviado, en el sentido más amplio del adjetivo; un Jefe del Pentágono, Peter Hegseth, más objetado (y bestial) que el propio Trump; un partido Republicano atravesado por una profunda grieta que tiene a los que siguen apoyando aun al Papadas Blondo y los que quieren sacarlo del Gobierno antes de que hunda aún más al país y al mundo.

Donaldo, como si nada. Hoy se pelea con Irán. Mañana amenaza a China. Pasado bloquea el ya bloqueado estrecho de Ormuz. Al día siguiente dice que volverá a negociar pero si los iraníes le entregan la totalidad del uranio enriquecido y se comprometen a frenar por 20 años la carrera nuclear mientras en paralelo bombardea lugares neurálgicos para Rusia y se pelea con el Senado de su país que, cada semana, está más cerca de imponerle restricciones para guerrear.

La escasez de información (Israel ha cerrado toda comunicación que no salga de su gobierno y los periodistas independientes siguen siendo asesinados en Gaza, Líbano e Irán) impide un verdadero análisis pero cada día está más clara la soledad del norteamericano a quien ya no respetan ni los mandatarios europeos ni el mismísimo Netanyahu que, no sólo ha bombardeado refinerías estratégicas de las que se surte yankylandia sino que rompió el alto el fuego por 10 días alcanzado entre El Líbano y los Estados Unidos.

Algunas fuentes serias sostienen que la suerte de Trump está echada, en lo político y, sobre todo en lo militar, ámbito en el que ha quedado más expuesto que en los archivos de Epstein. Sólo la voracidad de Israel, en cabeza de un par de ministros del gabinete como Itamar Ben Gvir, de Seguridad Nacional, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mantiene la tensión en un punto de no retorno ya que no quieren salir de esta guerra sin anexar parte de Irak y del sur del Líbano.

Voces más poderosas se alzan en este sentido. Una de ellas, la de Xi Jinping: “Un cierto país, obsesionado con mantener su hegemonía, ha hecho todo lo posible por paralizar los mercados emergentes y las naciones en desarrollo. Quien progresa rápidamente se convierte en un objetivo de contención; quien se pone al día se convierte en una amenaza. Pero todo esto es en vano. El mundo en el que vivimos hoy es una comunidad con un futuro compartido. La gente no quiere una nueva Guerra Fría; quiere un mundo de paz duradera y seguridad universal”, ha dicho el premier chino. Y ese no habla porque el aire es gratis.

Olor a final

Tengo que pedir perdón, a esta altura, por tomarme algunas cosas en solfa. Pero en un país en el que el Presidente -que se dice Doctor en Economía-, explica que “la inflación sube porque los precios aumentan”; el Ministro de Salud -que se llama Lugones y desciende del creador de la picana eléctrica… hablame de casta- descubre que el PAMI tiene afiliados mayores de 80 años y les echa la culpa por el déficit de la institución; el Secretario de Agricultura les anuncia a las entidades del campo que las retenciones serán cero… hacia el final del segundo gobierno de Milei y el Director General de Gendarmería, a la sazón novio de la Ministra de Seguridad, compra boinas por valor de dos millones de dólares (a 150.000 pesos la unidad cuando su precio de mercado es de 50.000) que no se pueden usar porque no van con el uniforme.

Un país en el que usted, que me lee, sabe perfectamente de quién hablo cuando digo KM pero la justicia lleva meses tratando de discernir a quién le pertenecen las iniciales que recibían el 3%; donde un operador periodístico ensobradísimo le avisa a un imputado por las coimas de ANDIS que van a allanar sus oficinas; el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri se posiciona como la persona que va a conducir la interna del Peronismo hacia 2027; Eduardo Menem consigue un fallo favorable de la Corte para cobrar 40 millones de pesos de jubilación y un retroactivo de 1.500 millones  y Julio de Vido, un gran tipo: 76 años, diabetes tipo 1, insulino dependiente, continua detenido en Ezeiza por peronista… Bueno, ese país es un mal chiste, una broma macabra, la farsa en la que se repite la tragedia, una burla a la inteligencia y a la esperanza de las mujeres y los hombres que lo sufren día a día.

Mujeres y hombres, niños y ancianos, personas, seres humanos que, no se entiende cómo, no se han rebelado más allá del grupito de jubilados que son apaleados y reprimidos cada miércoles en las puertas del Congreso y alguna marcha esporádica y, a veces, ilusionante -como la del 24 de marzo- que deja ese regusto a que la cosa puede cambiar. Con hambre, sin trabajo, sin consumo, 300.000 puestos de trabajo perdidos en poco más de 2 años, 70 empresas que cierran por día y los macabros recortes a la ciencia, la universidad, a la salud… Con todo eso, la inflación sigue aumentando y las promesas de Milei caen una tras otra como las fichas de un dominó que nos lleva a la muerte.

Es imprescindible reaccionar. Romper el inmovilismo. Salir de la pesadilla vivida como destino. Y eso no es chiste.

Por Carlos Caramello.-

https://deudaprometida.com/anda-a-la-p/

Etiquetas: Javier Milei

Palantir: una amenaza para la democracia

Asociacion Gremial de Computación

Una empresa de vigilancia que nunca ganó una elección pretende definir quién es una amenaza. Palantir no vende software: vende una cosmovisión. Y el gobierno argentino le está abriendo la puerta con el DNU 941/2025. Soberanía digital o control corporativo.

Palantir emitió un manifiesto haciendo pública su ideología, objetivos y fines políticos. Palantir no es un partido político, ni es un Estado, sino que se trata de una empresa de análisis y procesamiento de datos, vigilancia y ciberespionaje. Se ha especializado en la creación de algoritmos, sistemas de blancos y detección de objetivos para ejércitos y ministerios de defensa, de los cuales es su principal contratista en los países occidentales, sobre todo en los Estados Unidos, donde ostenta contratos con el Pentágono y con ICE, además de sus acuerdos con la OTAN, policías metropolitanas y diversos organismos de inteligencia e involucramiento en gobiernos incluso en materia de salud, como en la NHS británica.

Como corporación privada y, por lo tanto, opaca y sin controles públicos, Palantir ha logrado inmiscuirse de tal modo en distintos gobiernos que se ha convertido virtualmente en un Estado dentro del Estado, incluso en áreas de extrema sensibilidad para la vida de las personas, como su rol en organismos de inteligencia y su manejo de datos en materia de privacidad, integridad humana, seguridad física y de datos de las personas.

Cómplice de crímenes contra la humanidad

Allí donde se ha desempeñado como contratista, Palantir no funge sólo como un mero instrumento tecnológico al cual los Estados consultan, sino que actúa como promotor, ideólogo y autor material de la tecnología necesaria para llevar adelante toda clase de violaciones a los DDHH, al punto de participar, diseñar y defender públicamente crímenes contra la humanidad, atrocidades contra civiles, genocidios, persecución y represión de minorías, como en su participación en ICE, en los EEUU, donde los objetivos eran trabajadores hispanos que viven en EEUU, o su activa participación en el genocidio en Gaza y en la guerra contra Irán. En esos despliegues de su poder, Palantir se ha especializado en:

Vigilancia predictiva: sistemas que analizan patrones para anticipar comportamientos (usados por ICE, policía de Nueva York, fuerzas armadas de EEUU, Israel y Ucrania, entre otras).

Automatización de la decisión: IA que prioriza objetivos, asigna recursos o evalúa riesgos sin intervención humana directa. Un ejemplo concreto de su uso fue durante la guerra de EEUU/Israel contra Irán. La lista de blancos en Irán, entre las cuales estaba la escuela de Minab donde fueron asesinadas 168 niñas, fue confeccionada por Palantir.

Internalización del control: como en el panóptico, la mera existencia de la plataforma modifica conductas, incluso sin activación constante.

Los ideólogos del tecnofascismo

Palantir y, en particular, dos de sus fundadores, Peter Thiel y Alex Karp, no sólo son empresarios, sino que se trata de ideólogos con ideas extravagantes y peligrosas que, en los hechos, actúan como dirigentes y decisores geopolíticos de facto, sin haber sido electos por nadie. No obstante, y a pesar de su inexistente legitimidad social, Alex Karp se ha ufanado de disfrutar de «matar a sus enemigos» y ha declarado que defiende genocidios, mientras que Peter Thiel llama «Anticristo» a todos aquellos que creen que deberían mitigarse los riesgos del uso de IA y llaman a un uso ético y responsable. Frente al planteo de que la gobernanza de la IA es un debate público que debe contar con participación popular, Thiel aboga que sea definida por unos pocos tecnócratas. Según el credo de Thiel, el humanismo como doctrina o la mera moral católica son enemigos declarados.

Palantir Technologies fue fundada en 2003 por un grupo de emprendedores liderado por Peter Thiel (cofundador de PayPal) y Alex Karp (actual CEO), junto con Joe Lonsdale, Stephen Cohen y Nathan Gettings

El llamado a la guerra y el choque de civilizaciones

Thiel cree que la democracia es una ingenuidad, que existe una jerarquía de culturas y que debemos involucrarnos en una nueva carrera armamentística con el fin de librar una guerra mundial en defensa de una difusa idea de «occidente». Esta visión del mundo se basa en la idea de choque de civilizaciones, en la que existe un «ellos» —los supuestos enemigos de la civilización occidental, cuyas culturas el documento considera inferiores— y un «nosotros» que debemos invertir masivamente en armas de IA y software de defensa: convenientemente, el catálogo de productos que ofrece Palantir como solución.

¿Por qué debemos ir a la guerra y no simplemente coexistir? No se explica. Lejos de proponer una arquitectura mundial para la coexistencia y la paz, como ya ocurrió a lo largo de siglos, el documento de Palantir es un llamado a imponer una cultura sobre otra arguyendo una supuesta superioridad. Guerra que, desde ya, no librará Thiel (quien ya se construyó un refugio personal) aunque sí utilizando sus productos.

Rearme de Alemania y Japón: derribar los pilares de la posguerra

Debe destacarse un punto particular de su comunicado. El punto 15 pide explícitamente el rearme de Alemania y Japón y llaman al «fin del pacifismo japonés». Llevar adelante ese punto implicaría deshacer uno de los pilares fundamentales del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, una empresa privada, no elegida democráticamente, que solo rinde cuentas a sus accionistas, propone, sin más, subvertir la estructura de seguridad de dos continentes. Un acuerdo que se logró tras una guerra mundial y decenas de millones de muertos para su establecimiento.

¿Por qué proponen esto? Obviamente hay una motivación comercial: una Alemania y un Japón remilitarizados representan enormes mercados nuevos para el software de defensa.

Supremacismo tecnológico y jerarquías cuasi raciales

Por si aún no quedó claro, esas decisiones, afirma Thiel, deben estar enteramente en sus manos. Con ello, Palantir busca construir un poder tecnocrático de hipervigilancia que sólo puede ser calificado como una forma de tecnofascismo donde, además, se establece una jerarquía cuasi racial, donde los blancos anglosajones son superiores a las naciones de otros países, en particular de los «enemigos» de «occidente», cuya caracterización surge, desde ya, de la mente afiebrada de Thiel. Se trata además, paradójicamente, de un supremacismo tecnológico completamente anti-liberal: Si este poder tecnocrático se erige como árbitro último de nuestras sociedades, ¿quién podrá destituirlo una vez que se haya consolidado? ¿Cómo luchar contra una minoría de multimillonarios que controlan armas autónomas, administran y procesan los datos íntimos y privados de todas las personas, gestionan, controlan y dirigen los organismos de inteligencia y el espionaje?

El tecnocesarismo: cuando el poder pasa de los Estados a las plataformas

Al riesgo existente de personajes poderosos con ideas peligrosas se adiciona que son ricos y ya tienen poder dentro de los Estados. Palantir no llama a la puerta de los gobiernos para vender una herramienta. Llega con una cosmovisión completa: así es como funciona el mundo, estos son sus enemigos, esta es la razón por la que no puede permitirse el debate público y este es nuestro contrato.

Este escenario debe leerse en clave de cambio de época. La irrupción de actores como Palantir no responde únicamente a una dinámica de mercado, sino a la consolidación de una nueva arquitectura de poder que se define como tecnocesarismo, ese modelo donde los líderes tecnológicos, los llamados «tecnogarcas», concentran infraestructura crítica, datos y capacidades de inteligencia artificial, y desde allí proyectan influencia política directa sin mediación democrática. En este marco, la soberanía deja de ser exclusivamente territorial para volverse también algorítmica y cognitiva. Cuando un Estado externaliza el procesamiento de sus datos estratégicos o delega capacidades de análisis y decisión en plataformas opacas, no está incorporando tecnología: está resignando poder. Y, como muestran múltiples antecedentes, estas plataformas no son neutrales, sino portadoras de una visión del mundo, de una lógica de intervención y de una agenda que excede ampliamente lo técnico.

Palantir busca construir un poder tecnocrático de hipervigilancia que sólo puede ser calificado como una forma de «tecnofascismo»

La urgencia de la soberanía digital

En este contexto, resulta imprescindible elevar la discusión. No alcanza con evaluar beneficios operativos o promesas de eficiencia. Lo que está en juego es la integridad del proceso democrático y la capacidad de los Estados de gobernarse a sí mismos. La evidencia reciente, desde la manipulación conductual en procesos electorales hasta el uso de inteligencia artificial para vigilancia y predicción social, obliga a abandonar cualquier ingenuidad.

El Consejo Asesor del LITAT viene siguiendo este fenómeno con especial atención, trabajando en una visión que ponga en el centro al ciudadano y advierta sobre los riesgos de avanzar sin marcos claros. Argentina enfrenta una decisión estratégica: o desarrolla capacidades propias en infraestructura digital, gobernanza de datos e inteligencia pública, o se expone a convertirse en un espacio de experimentación de dinámicas globales donde la ciudadanía es tratada como variable de ajuste. La salida no es el rechazo tecnológico, sino la construcción de una soberanía digital activa, con reglas, capacidades y control democrático que aseguren que la tecnología fortalezca, y no debilite, el contrato social.

La nueva opacidad del poder ya no se entreteje en los pasillos del Congreso ni en los despachos del Ejecutivo, sino en los algoritmos.

Seguridad nacional comprometida

Existe, además, un riesgo adicional de soberanía y de seguridad nacional. ¿Qué asegura que Palantir, una empresa norteamericana, avise al Estado argentino sobre acciones de EEUU contra nuestro país? ¿Por qué Palantir informaría sobre acciones de la CIA o la NSA contra nuestro país, por ejemplo, si el fin declarado de Palantir es servir al interés nacional de los EEUU y a su encuadre geopolítico? Un Estado que subcontrata su evaluación de amenazas a una empresa con una agenda ideológica explícita no está recopilando información de inteligencia, sino que, en esencia, se está suscribiendo a su propaganda y es instrumento de sus fines.

La conclusión es obvia. Todos los gobiernos que aún utilizan software de Palantir en sus infraestructuras de inteligencia, seguridad o servicios públicos deben empezar a desinstalarlo de inmediato. Si no quieren verse envueltos en la delirante y profundamente destructiva cruzada de choque de civilizaciones a la que Palantir se ha comprometido abiertamente.

Argentina: el DNU 941/2025 y el ecosistema perfecto para Palantir

Este alarmante escenario global no es una hipótesis lejana para Argentina. En enero de 2026, el gobierno nacional promulgó el Decreto de Necesidad y Urgencia 941/2025, que reforma la Ley de Inteligencia Nacional. Ese decreto crea nuevos organismos como la Agencia Federal de Ciberinteligencia, centraliza el cruce de bases de datos personales entre entes estatales y adopta explícitamente un enfoque de «contrainteligencia preventiva» para anticipar amenazas. En los hechos, el DNU 941/2025 diseña un ecosistema normativo que requiere exactamente lo que Palantir vende: integración masiva de datos, análisis predictivo mediante inteligencia artificial y automatización de la decisión de blancos. Las plataformas Gotham (para defensa e inteligencia) y AIP (capa de IA operativa) encajan en esa arquitectura como una llave en su cerradura.

En resumen, aunque no existe un contrato público formal, el DNU 941/2025 crea un marco normativo y operativo que se alinea de manera casi perfecta con las capacidades y el modelo de negocio de Palantir. Esto, sumado a los vínculos personales entre funcionarios del gobierno argentino (incluyendo reuniones del presidente Milei y su asesor Santiago Caputo con el cofundador Peter Thiel, y la gestión de la entonces ministra Patricia Bullrich para preparar un contrato con la empresa) ha encendido todas las alarmas sobre un posible futuro desembarco de estas tecnologías de vigilancia masiva en el país.

Permitir que Palantir opere sobre los datos de argentinas y argentinos no sería solo una cesión de soberanía tecnológica: sería entregarle a una corporación privada, confesa admiradora del supremacismo y enemiga de la democracia deliberativa, las palancas centrales del control social, la inteligencia estatal y la definición de quién es considerado una amenaza.

Palantir y las elecciones: la amenaza a la integridad electoral

La capacidad de Palantir para procesar datos masivos y predecir comportamientos plantea una amenaza directa a la integridad de los procesos electorales democráticos. La experiencia internacional revela múltiples vectores de riesgo que Argentina debe considerar urgentemente.

El acceso a bases de datos federales y padrones electorales

En Estados Unidos, el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) obtuvo acceso a datos de la Administración del Seguro Social, el Servicio de Impuestos Internos (IRS), Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) y del Departamento de Salud (HHS), cubriendo información sensible de cientos de millones de ciudadanos. Reportes periodísticos documentan que personal de DOGE firmó acuerdos para compartir estos datos con grupos que trabajaban para revertir resultados electorales. Palantir se consolidó como la plataforma que fusiona estos registros federales con bases comerciales y, en al menos un caso documentado, con padrones electorales.

Esta capacidad de resolución de identidades y análisis de redes permite identificar individuos, mapear sus conexiones y clasificarlos según objetivos investigativos definidos, incluidos objetivos electorales. La construcción de una base de datos maestra que integra información gubernamental, comercial y electoral confiere un poder sin precedentes para el perfilado político de la población.

Un país que no controla sus datos no controla sus elecciones.

Microtargeting: la muerte del debate público

El microtargeting electoral basado en perfiles detallados de votantes representa una amenaza fundamental para la democracia deliberativa. Durante la campaña presidencial estadounidense de 2016, se produjeron entre 50.000 y 60.000 versiones diferentes de anuncios políticos cada día. Esta fragmentación extrema de los mensajes políticos imposibilita el debate público: cuando cada votante recibe mensajes personalizados diseñados para manipular sus preferencias específicas, desaparece la posibilidad de un intercambio público de ideas y argumentos que permita a los ciudadanos tomar decisiones informadas.

Como señaló Ann Ravel, ex miembro de la Comisión Federal Electoral de EEUU: «La forma de tener una democracia robusta es que la gente escuche todas estas ideas, tome decisiones y discuta. Con el microtargeting, eso no está sucediendo». Los mensajes personalizados operan fuera del escrutinio público, permitiendo a las campañas manipular hechos, incrementar la polarización y eludir la rendición de cuentas.

El precedente de Cambridge Analytica y la conexión con Palantir

El escándalo de Cambridge Analytica reveló que un empleado de Palantir trabajó en la extracción de datos personales de más de 50 millones de usuarios de Facebook con fines de manipulación electoral. Aunque Palantir inicialmente alegó que se trataba de una actuación «enteramente personal» de un empleado, el denunciante Christopher Wylie contradijo esta narrativa ante el Parlamento británico, afirmando que «había empleados senior de Palantir que también estaban trabajando en los datos de Facebook».

Este antecedente demuestra la permeabilidad de las barreras entre las capacidades de vigilancia gubernamental que Palantir ofrece al Estado y su uso para fines de manipulación electoral. La alineación política de la dirigencia de Palantir con determinados sectores políticos exacerba este riesgo.

Financiamiento político y captura regulatoria

Peter Thiel y Alex Karp, fundador y CEO de Palantir respectivamente, han realizado donaciones millonarias a comités políticos republicanos. El PAC «Leading The Future», cofundado por Joe Lonsdale (cofundador de Palantir), ha comprometido más de 100 millones de dólares para apoyar candidatos favorables a la industria de IA en las elecciones intermedias de 2026. Thiel donó cientos de miles de dólares a comités alineados con el liderazgo republicano del Congreso, mientras que Karp tiene un historial de donaciones más errático: contribuyó 360.000 dólares al comité de recaudación conjunta de Biden-Harris en 2023, pero un año después aportó 1 millón de dólares a MAGA Inc., el principal super PAC pro-Trump.

Esta influencia financiera directa sobre los legisladores que deben regular la industria de IA y las tecnologías de vigilancia genera un conflicto de interés estructural que amenaza la capacidad del Estado de establecer controles democráticos sobre estas plataformas.

Supresión de votantes mediante intimidación con datos federales

La integración de datos de agencias federales con capacidades de vigilancia crea nuevas formas de supresión electoral. En Estados Unidos, operativos de ICE (Inmigración y Control de Aduanas) cerca de lugares de votación han sido documentados como estrategia de intimidación de votantes. Familias de estatus migratorio mixto enfrentan el temor de que sus datos federales sean utilizados en su contra, lo que suprime efectivamente su participación electoral.

Este patrón puede reproducirse en cualquier país donde Palantir opere: la mera existencia de capacidades de vigilancia masiva vinculadas a enforcement federal genera un efecto paralizante sobre sectores de la población, particularmente aquellos en situación de vulnerabilidad legal o administrativa. No se requiere la ejecución masiva de arrestos; basta la amenaza implícita de que los datos personales pueden ser utilizados de manera punitiva para desincentivar la participación política.

El riesgo para Argentina

En el contexto argentino, el DNU 941/2025 crea el marco legal para que una eventual contratación de Palantir replique estos patrones. La centralización del cruce de bases de datos personales entre entes estatales, combinada con capacidades de análisis predictivo mediante IA, configura precisamente la infraestructura necesaria para:

  • Construir perfiles políticos detallados de la ciudadanía mediante la integración de datos de ANSES, AFIP, RENAPER, sistemas de salud y otras agencias.
  • Implementar microtargeting electoral que fragmente el espacio público y erosione el debate democrático.
  • Ejercer presiones selectivas sobre segmentos de la población mediante el uso estratégico de información sensible.
  • Conferir ventajas electorales estructurales a los sectores políticos alineados con los intereses geopolíticos de Palantir y de Estados Unidos.

La opacidad inherente a una corporación privada que maneja infraestructura crítica del Estado impide el control democrático efectivo de estas prácticas. Una vez que Palantir se inserta en el aparato de inteligencia y seguridad nacional, su remoción se vuelve progresivamente más difícil debido a las dependencias técnicas y operacionales que genera.

La defensa de la integridad electoral requiere rechazar de manera categórica la tercerización de capacidades de inteligencia, análisis de datos y vigilancia ciudadana a corporaciones privadas con agendas políticas explícitas. La soberanía electoral es inseparable de la soberanía digital: un país que no controla sus datos no controla sus elecciones.

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