Asociacion Gremial de Computación
Una empresa de vigilancia que nunca ganó una elección pretende definir quién es una amenaza. Palantir no vende software: vende una cosmovisión. Y el gobierno argentino le está abriendo la puerta con el DNU 941/2025. Soberanía digital o control corporativo.
Palantir emitió un manifiesto haciendo pública su ideología, objetivos y fines políticos. Palantir no es un partido político, ni es un Estado, sino que se trata de una empresa de análisis y procesamiento de datos, vigilancia y ciberespionaje. Se ha especializado en la creación de algoritmos, sistemas de blancos y detección de objetivos para ejércitos y ministerios de defensa, de los cuales es su principal contratista en los países occidentales, sobre todo en los Estados Unidos, donde ostenta contratos con el Pentágono y con ICE, además de sus acuerdos con la OTAN, policías metropolitanas y diversos organismos de inteligencia e involucramiento en gobiernos incluso en materia de salud, como en la NHS británica.
Como corporación privada y, por lo tanto, opaca y sin controles públicos, Palantir ha logrado inmiscuirse de tal modo en distintos gobiernos que se ha convertido virtualmente en un Estado dentro del Estado, incluso en áreas de extrema sensibilidad para la vida de las personas, como su rol en organismos de inteligencia y su manejo de datos en materia de privacidad, integridad humana, seguridad física y de datos de las personas.
Cómplice de crímenes contra la humanidad
Allí donde se ha desempeñado como contratista, Palantir no funge sólo como un mero instrumento tecnológico al cual los Estados consultan, sino que actúa como promotor, ideólogo y autor material de la tecnología necesaria para llevar adelante toda clase de violaciones a los DDHH, al punto de participar, diseñar y defender públicamente crímenes contra la humanidad, atrocidades contra civiles, genocidios, persecución y represión de minorías, como en su participación en ICE, en los EEUU, donde los objetivos eran trabajadores hispanos que viven en EEUU, o su activa participación en el genocidio en Gaza y en la guerra contra Irán. En esos despliegues de su poder, Palantir se ha especializado en:
Vigilancia predictiva: sistemas que analizan patrones para anticipar comportamientos (usados por ICE, policía de Nueva York, fuerzas armadas de EEUU, Israel y Ucrania, entre otras).
Automatización de la decisión: IA que prioriza objetivos, asigna recursos o evalúa riesgos sin intervención humana directa. Un ejemplo concreto de su uso fue durante la guerra de EEUU/Israel contra Irán. La lista de blancos en Irán, entre las cuales estaba la escuela de Minab donde fueron asesinadas 168 niñas, fue confeccionada por Palantir.
Internalización del control: como en el panóptico, la mera existencia de la plataforma modifica conductas, incluso sin activación constante.
Los ideólogos del tecnofascismo
Palantir y, en particular, dos de sus fundadores, Peter Thiel y Alex Karp, no sólo son empresarios, sino que se trata de ideólogos con ideas extravagantes y peligrosas que, en los hechos, actúan como dirigentes y decisores geopolíticos de facto, sin haber sido electos por nadie. No obstante, y a pesar de su inexistente legitimidad social, Alex Karp se ha ufanado de disfrutar de «matar a sus enemigos» y ha declarado que defiende genocidios, mientras que Peter Thiel llama «Anticristo» a todos aquellos que creen que deberían mitigarse los riesgos del uso de IA y llaman a un uso ético y responsable. Frente al planteo de que la gobernanza de la IA es un debate público que debe contar con participación popular, Thiel aboga que sea definida por unos pocos tecnócratas. Según el credo de Thiel, el humanismo como doctrina o la mera moral católica son enemigos declarados.

El llamado a la guerra y el choque de civilizaciones
Thiel cree que la democracia es una ingenuidad, que existe una jerarquía de culturas y que debemos involucrarnos en una nueva carrera armamentística con el fin de librar una guerra mundial en defensa de una difusa idea de «occidente». Esta visión del mundo se basa en la idea de choque de civilizaciones, en la que existe un «ellos» —los supuestos enemigos de la civilización occidental, cuyas culturas el documento considera inferiores— y un «nosotros» que debemos invertir masivamente en armas de IA y software de defensa: convenientemente, el catálogo de productos que ofrece Palantir como solución.
¿Por qué debemos ir a la guerra y no simplemente coexistir? No se explica. Lejos de proponer una arquitectura mundial para la coexistencia y la paz, como ya ocurrió a lo largo de siglos, el documento de Palantir es un llamado a imponer una cultura sobre otra arguyendo una supuesta superioridad. Guerra que, desde ya, no librará Thiel (quien ya se construyó un refugio personal) aunque sí utilizando sus productos.
Rearme de Alemania y Japón: derribar los pilares de la posguerra
Debe destacarse un punto particular de su comunicado. El punto 15 pide explícitamente el rearme de Alemania y Japón y llaman al «fin del pacifismo japonés». Llevar adelante ese punto implicaría deshacer uno de los pilares fundamentales del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, una empresa privada, no elegida democráticamente, que solo rinde cuentas a sus accionistas, propone, sin más, subvertir la estructura de seguridad de dos continentes. Un acuerdo que se logró tras una guerra mundial y decenas de millones de muertos para su establecimiento.
¿Por qué proponen esto? Obviamente hay una motivación comercial: una Alemania y un Japón remilitarizados representan enormes mercados nuevos para el software de defensa.
Supremacismo tecnológico y jerarquías cuasi raciales
Por si aún no quedó claro, esas decisiones, afirma Thiel, deben estar enteramente en sus manos. Con ello, Palantir busca construir un poder tecnocrático de hipervigilancia que sólo puede ser calificado como una forma de tecnofascismo donde, además, se establece una jerarquía cuasi racial, donde los blancos anglosajones son superiores a las naciones de otros países, en particular de los «enemigos» de «occidente», cuya caracterización surge, desde ya, de la mente afiebrada de Thiel. Se trata además, paradójicamente, de un supremacismo tecnológico completamente anti-liberal: Si este poder tecnocrático se erige como árbitro último de nuestras sociedades, ¿quién podrá destituirlo una vez que se haya consolidado? ¿Cómo luchar contra una minoría de multimillonarios que controlan armas autónomas, administran y procesan los datos íntimos y privados de todas las personas, gestionan, controlan y dirigen los organismos de inteligencia y el espionaje?
El tecnocesarismo: cuando el poder pasa de los Estados a las plataformas
Al riesgo existente de personajes poderosos con ideas peligrosas se adiciona que son ricos y ya tienen poder dentro de los Estados. Palantir no llama a la puerta de los gobiernos para vender una herramienta. Llega con una cosmovisión completa: así es como funciona el mundo, estos son sus enemigos, esta es la razón por la que no puede permitirse el debate público y este es nuestro contrato.
Este escenario debe leerse en clave de cambio de época. La irrupción de actores como Palantir no responde únicamente a una dinámica de mercado, sino a la consolidación de una nueva arquitectura de poder que se define como tecnocesarismo, ese modelo donde los líderes tecnológicos, los llamados «tecnogarcas», concentran infraestructura crítica, datos y capacidades de inteligencia artificial, y desde allí proyectan influencia política directa sin mediación democrática. En este marco, la soberanía deja de ser exclusivamente territorial para volverse también algorítmica y cognitiva. Cuando un Estado externaliza el procesamiento de sus datos estratégicos o delega capacidades de análisis y decisión en plataformas opacas, no está incorporando tecnología: está resignando poder. Y, como muestran múltiples antecedentes, estas plataformas no son neutrales, sino portadoras de una visión del mundo, de una lógica de intervención y de una agenda que excede ampliamente lo técnico.

La urgencia de la soberanía digital
En este contexto, resulta imprescindible elevar la discusión. No alcanza con evaluar beneficios operativos o promesas de eficiencia. Lo que está en juego es la integridad del proceso democrático y la capacidad de los Estados de gobernarse a sí mismos. La evidencia reciente, desde la manipulación conductual en procesos electorales hasta el uso de inteligencia artificial para vigilancia y predicción social, obliga a abandonar cualquier ingenuidad.
El Consejo Asesor del LITAT viene siguiendo este fenómeno con especial atención, trabajando en una visión que ponga en el centro al ciudadano y advierta sobre los riesgos de avanzar sin marcos claros. Argentina enfrenta una decisión estratégica: o desarrolla capacidades propias en infraestructura digital, gobernanza de datos e inteligencia pública, o se expone a convertirse en un espacio de experimentación de dinámicas globales donde la ciudadanía es tratada como variable de ajuste. La salida no es el rechazo tecnológico, sino la construcción de una soberanía digital activa, con reglas, capacidades y control democrático que aseguren que la tecnología fortalezca, y no debilite, el contrato social.
La nueva opacidad del poder ya no se entreteje en los pasillos del Congreso ni en los despachos del Ejecutivo, sino en los algoritmos.
Seguridad nacional comprometida
Existe, además, un riesgo adicional de soberanía y de seguridad nacional. ¿Qué asegura que Palantir, una empresa norteamericana, avise al Estado argentino sobre acciones de EEUU contra nuestro país? ¿Por qué Palantir informaría sobre acciones de la CIA o la NSA contra nuestro país, por ejemplo, si el fin declarado de Palantir es servir al interés nacional de los EEUU y a su encuadre geopolítico? Un Estado que subcontrata su evaluación de amenazas a una empresa con una agenda ideológica explícita no está recopilando información de inteligencia, sino que, en esencia, se está suscribiendo a su propaganda y es instrumento de sus fines.
La conclusión es obvia. Todos los gobiernos que aún utilizan software de Palantir en sus infraestructuras de inteligencia, seguridad o servicios públicos deben empezar a desinstalarlo de inmediato. Si no quieren verse envueltos en la delirante y profundamente destructiva cruzada de choque de civilizaciones a la que Palantir se ha comprometido abiertamente.
Argentina: el DNU 941/2025 y el ecosistema perfecto para Palantir
Este alarmante escenario global no es una hipótesis lejana para Argentina. En enero de 2026, el gobierno nacional promulgó el Decreto de Necesidad y Urgencia 941/2025, que reforma la Ley de Inteligencia Nacional. Ese decreto crea nuevos organismos como la Agencia Federal de Ciberinteligencia, centraliza el cruce de bases de datos personales entre entes estatales y adopta explícitamente un enfoque de «contrainteligencia preventiva» para anticipar amenazas. En los hechos, el DNU 941/2025 diseña un ecosistema normativo que requiere exactamente lo que Palantir vende: integración masiva de datos, análisis predictivo mediante inteligencia artificial y automatización de la decisión de blancos. Las plataformas Gotham (para defensa e inteligencia) y AIP (capa de IA operativa) encajan en esa arquitectura como una llave en su cerradura.
En resumen, aunque no existe un contrato público formal, el DNU 941/2025 crea un marco normativo y operativo que se alinea de manera casi perfecta con las capacidades y el modelo de negocio de Palantir. Esto, sumado a los vínculos personales entre funcionarios del gobierno argentino (incluyendo reuniones del presidente Milei y su asesor Santiago Caputo con el cofundador Peter Thiel, y la gestión de la entonces ministra Patricia Bullrich para preparar un contrato con la empresa) ha encendido todas las alarmas sobre un posible futuro desembarco de estas tecnologías de vigilancia masiva en el país.
Permitir que Palantir opere sobre los datos de argentinas y argentinos no sería solo una cesión de soberanía tecnológica: sería entregarle a una corporación privada, confesa admiradora del supremacismo y enemiga de la democracia deliberativa, las palancas centrales del control social, la inteligencia estatal y la definición de quién es considerado una amenaza.
Palantir y las elecciones: la amenaza a la integridad electoral
La capacidad de Palantir para procesar datos masivos y predecir comportamientos plantea una amenaza directa a la integridad de los procesos electorales democráticos. La experiencia internacional revela múltiples vectores de riesgo que Argentina debe considerar urgentemente.
El acceso a bases de datos federales y padrones electorales
En Estados Unidos, el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) obtuvo acceso a datos de la Administración del Seguro Social, el Servicio de Impuestos Internos (IRS), Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) y del Departamento de Salud (HHS), cubriendo información sensible de cientos de millones de ciudadanos. Reportes periodísticos documentan que personal de DOGE firmó acuerdos para compartir estos datos con grupos que trabajaban para revertir resultados electorales. Palantir se consolidó como la plataforma que fusiona estos registros federales con bases comerciales y, en al menos un caso documentado, con padrones electorales.
Esta capacidad de resolución de identidades y análisis de redes permite identificar individuos, mapear sus conexiones y clasificarlos según objetivos investigativos definidos, incluidos objetivos electorales. La construcción de una base de datos maestra que integra información gubernamental, comercial y electoral confiere un poder sin precedentes para el perfilado político de la población.

Microtargeting: la muerte del debate público
El microtargeting electoral basado en perfiles detallados de votantes representa una amenaza fundamental para la democracia deliberativa. Durante la campaña presidencial estadounidense de 2016, se produjeron entre 50.000 y 60.000 versiones diferentes de anuncios políticos cada día. Esta fragmentación extrema de los mensajes políticos imposibilita el debate público: cuando cada votante recibe mensajes personalizados diseñados para manipular sus preferencias específicas, desaparece la posibilidad de un intercambio público de ideas y argumentos que permita a los ciudadanos tomar decisiones informadas.
Como señaló Ann Ravel, ex miembro de la Comisión Federal Electoral de EEUU: «La forma de tener una democracia robusta es que la gente escuche todas estas ideas, tome decisiones y discuta. Con el microtargeting, eso no está sucediendo». Los mensajes personalizados operan fuera del escrutinio público, permitiendo a las campañas manipular hechos, incrementar la polarización y eludir la rendición de cuentas.
El precedente de Cambridge Analytica y la conexión con Palantir
El escándalo de Cambridge Analytica reveló que un empleado de Palantir trabajó en la extracción de datos personales de más de 50 millones de usuarios de Facebook con fines de manipulación electoral. Aunque Palantir inicialmente alegó que se trataba de una actuación «enteramente personal» de un empleado, el denunciante Christopher Wylie contradijo esta narrativa ante el Parlamento británico, afirmando que «había empleados senior de Palantir que también estaban trabajando en los datos de Facebook».
Este antecedente demuestra la permeabilidad de las barreras entre las capacidades de vigilancia gubernamental que Palantir ofrece al Estado y su uso para fines de manipulación electoral. La alineación política de la dirigencia de Palantir con determinados sectores políticos exacerba este riesgo.
Financiamiento político y captura regulatoria
Peter Thiel y Alex Karp, fundador y CEO de Palantir respectivamente, han realizado donaciones millonarias a comités políticos republicanos. El PAC «Leading The Future», cofundado por Joe Lonsdale (cofundador de Palantir), ha comprometido más de 100 millones de dólares para apoyar candidatos favorables a la industria de IA en las elecciones intermedias de 2026. Thiel donó cientos de miles de dólares a comités alineados con el liderazgo republicano del Congreso, mientras que Karp tiene un historial de donaciones más errático: contribuyó 360.000 dólares al comité de recaudación conjunta de Biden-Harris en 2023, pero un año después aportó 1 millón de dólares a MAGA Inc., el principal super PAC pro-Trump.
Esta influencia financiera directa sobre los legisladores que deben regular la industria de IA y las tecnologías de vigilancia genera un conflicto de interés estructural que amenaza la capacidad del Estado de establecer controles democráticos sobre estas plataformas.
Supresión de votantes mediante intimidación con datos federales
La integración de datos de agencias federales con capacidades de vigilancia crea nuevas formas de supresión electoral. En Estados Unidos, operativos de ICE (Inmigración y Control de Aduanas) cerca de lugares de votación han sido documentados como estrategia de intimidación de votantes. Familias de estatus migratorio mixto enfrentan el temor de que sus datos federales sean utilizados en su contra, lo que suprime efectivamente su participación electoral.
Este patrón puede reproducirse en cualquier país donde Palantir opere: la mera existencia de capacidades de vigilancia masiva vinculadas a enforcement federal genera un efecto paralizante sobre sectores de la población, particularmente aquellos en situación de vulnerabilidad legal o administrativa. No se requiere la ejecución masiva de arrestos; basta la amenaza implícita de que los datos personales pueden ser utilizados de manera punitiva para desincentivar la participación política.
El riesgo para Argentina
En el contexto argentino, el DNU 941/2025 crea el marco legal para que una eventual contratación de Palantir replique estos patrones. La centralización del cruce de bases de datos personales entre entes estatales, combinada con capacidades de análisis predictivo mediante IA, configura precisamente la infraestructura necesaria para:
- Construir perfiles políticos detallados de la ciudadanía mediante la integración de datos de ANSES, AFIP, RENAPER, sistemas de salud y otras agencias.
- Implementar microtargeting electoral que fragmente el espacio público y erosione el debate democrático.
- Ejercer presiones selectivas sobre segmentos de la población mediante el uso estratégico de información sensible.
- Conferir ventajas electorales estructurales a los sectores políticos alineados con los intereses geopolíticos de Palantir y de Estados Unidos.
La opacidad inherente a una corporación privada que maneja infraestructura crítica del Estado impide el control democrático efectivo de estas prácticas. Una vez que Palantir se inserta en el aparato de inteligencia y seguridad nacional, su remoción se vuelve progresivamente más difícil debido a las dependencias técnicas y operacionales que genera.
La defensa de la integridad electoral requiere rechazar de manera categórica la tercerización de capacidades de inteligencia, análisis de datos y vigilancia ciudadana a corporaciones privadas con agendas políticas explícitas. La soberanía electoral es inseparable de la soberanía digital: un país que no controla sus datos no controla sus elecciones.

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