Omar Auton
“La multitud de los solos, carece de
tarea común y es un reino de mezquin-
dades y ensueños” Alberto Methol Ferré
Hace muchos años, el autor de esa frase publicó un libro fundamental para el pensamiento rioplatense, “El Uruguay como problema”, donde plantea el drama de la balcanización de Iberoamérica desde la realidad de la banda oriental, en él expresa crudamente “La apatía uruguaya no es solo inercia de buenas costumbres, sino también inconfesable sospecha acerca del destino del país. El futuro del Uruguay ¿es realmente posible? Hay apatía porque no ve salida histórica, se está “a puertas cerradas”. Delante hay un muro. Es el asomo y recelo de que no hay solución puramente uruguaya para el Uruguay” a casi 60 años de aparición del libro podemos decir que muchos argentinos enfrentan similar desazón.
Voy a ingresar en un terreno que discurre en el límite más extremo entre peligrosas antinomias, escribir desde los sueños, esperanzas y experiencias del autor, sin caer en la soberbia del que quiere “bajar línea”; ser claro y categórico en los asertos y diagnósticos, sin pretender tener la vara de medida de la certeza en lo que vendrá; evitar los sectarismos y descalificaciones, sin caer en la “corrección política” que navega en aguas del oportunismo de “quedar bien con todos”; recuperar la memoria de la historia, evitando el escamoteo de hitos y momentos fundantes de una identidad, sin cerrar la puerta a otras visiones y valoraciones tan sinceras como la de uno; vamos a ver si esas experiencias pueden ser “Presente” y al darnos cuenta que el pasado no desaparece, que convive en el presente y determina, en muchos aspectos el futuro, encontramos nuestra estrella polar en el cielo que nos ayude a navegar hacia el puerto que deseamos.
Me he referido, quizás hasta obsesivamente, a que nuestra génesis como país estuvo originada en una derrota, en la de la balcanización de la Gran Nación Latinoamericana por obra de “La Vieja Raposa” británica, al decir de León Felipe, Methol Ferré, en la obra antes mencionada, también hace referencia a ello, pero doblemente, ya que Uruguay también nace de un doble aborto, en primer lugar de la ruptura del Virreinato del Río de la Plata, y luego de su secesión de las Provincias Unidas en 1828, de las que era la “Banda Oriental”, a raíz de la traición de Bernardino Rivadavia y la acción de Lord Ponsomby (una y otra vez Inglaterra).
Esa injerencia inglesa sigue viva hoy con la ocupación Británica de nuestras Islas Malvinas, su avance sobre la Antártida Argentina, la presencia continua de propiedades inglesas en nuestra Patagonia y la influencia cultural en los grandes centros urbanos, aquí vemos como aquel pasado sigue hoy condicionando nuestro destino (¿y el futuro?).
Hay una larga tradición de estudios históricos sobre el carácter “nacional” de Hispanoamérica, que va desde San Martin y Bolívar, Manuel Ugarte y tantos otros patriotas para cuyo conocimiento me remito a mi libro “Patria o Colonia, debatir, pensar, actuar” (Edic. Ciccus; Buenos Aires; 2025). Perón y Getulio Vargas lo retoman en la primera mitad del siglo XX y a fines de ese mismo siglo el Mercosur, los avances como la Unasur, la Celac y el intento del Banco del Sur a comienzos de este siglo XXI, no son simplemente gestos de nostalgia, expresan la conciencia que en la era de los estados continentales e industriales como EE.UU, China, Rusia e India, incluso la Unión Europea, con todos sus conflictos y contradicciones, son intentos de avanzar hacia integraciones territoriales que no sólo tienen orígenes históricos, raciales, lingüísticos, culturales, similares, sino que sus economías no tienen posibilidades de futuro sin gigantescos mercados, su seguridad peligra sin sistemas de defensa comunes, su identidad se hace difusa ante la penetración cultural de las potencias dominantes y emergentes.
Por ello pensar en una Argentina con crecimiento, inclusión social, justicia distributiva y soberanía política y territorial requiere pensar en la integración iberoamericana, fue así desde un principio y sigue siendo así, cada vez más.
Para integrarnos en esa comunidad sudamericana, necesitamos tener un proyecto de país, un modelo de comunidad, que se conozca y se valore, que conozca su historia, su geografía, sus recursos, su sistema de valores, como la solidaridad, la justicia, la dignidad del ser humano por sobre todo, ha habido experiencias, Los caudillos federales lucharon por eso y no los estudiamos en ningún ciclo lectivo con seriedad, sabemos quiénes fueron Nabucodonosor, Cleopatra o Washington pero no Felipe Varela, Ibarra, Quiroga, Bustos o Estanislao López y el más grande de todos José Gervasio de Artigas, la calle más larga de Buenos Aires sigue llevando el nombre del traidor más grande de nuestra historia, Bernardino Rivadavia y la historia que estudiamos es la de un genocida y criminal como Bartolomé Mitre.
Guste a quién guste Julio Argentino Roca fue el creador del Estado argentino, nacionalizó la Aduana, estatizó la inscripción de nacimientos y fallecimientos (antes en manos de la iglesia), creó el Ejército Nacional, incorporó la visión geopolítica de la Patagonia y la Antártida, sancionó la Ley 1420 de Educación común, gratuita y obligatoria, lo demás lo podemos discutir pero esto es innegable. Yrigoyen democratizó ese Estado a partir del voto universal, herencia de un roquista como Sáenz Peña y Juan Domingo Perón construyó la Argentina moderna con ascenso social, justicia, redistribución de la riqueza y una Constitución nacional que dejó atrás el individualismo de la de 1853 para avanzar en la comunidad basada en los derechos sociales, esa carta magna, la de 1949 nunca fue recuperada pese a que sigue viva en el art. 14 “bis” de la actual (Sí, el que Milei quiere eliminar por decreto).
He aquí un segundo elemento, que nos viene del pasado, forma parte de nuestra herencia e identidad, sin conocerlo, estudiarlo y darle visibilidad en el presente tampoco habrá futuro.
Estoy hablando claramente de la necesidad de una gran Reforma Educativa que no sólo debata las “formas” de organizar los ciclos lectivos sino los “CONTENIDOS” de los planes de estudio en los dos primeros ciclos, una reforma que nos debemos desde hace cincuenta años, asimismo es necesaria una nueva ley universitaria, la de 1973 es un antecedente muy valioso, que ponga la educación superior al servicio de las necesidades de la patria y nuestro pueblo en lugar de ser un centro de formación de un “proletariado universitario” al servicio de un modelo económico cada vez más concentrado y excluyente.
Es necesario recuperar íntegramente nuestra maravillosa diversidad cultural, la de nuestros pueblos originarios, la criolla y la que luego creció con las oleadas inmigratorias, somos un pueblo mestizo, más allá que esto horrorice a nuestras oligarquías y la tilingueria que repta a su alrededor, la “unidad racial” es un invento reaccionario de la Europa devastada en los años 30 del siglo pasado y sus variantes contemporáneas, EE.UU es un pueblo mestizo, donde lo latino crece incluso en su clase política, España es incomprensible sin lo visigodo, lo árabe y lo judío o China tiene miles de años de fusiones y mestizajes de los pueblos nómadas del Asia. Lo criollo es nuestra fuerza e identidad y no una mácula o algo descalificador. Eso sí, nada de embarcarnos en reconocimientos de “naciones originarias”, eso es otro invento de los Británicos para balcanizarnos aún más, país hay uno solo la República Argentina, “Nación” también y es América del Sur.
Empezando por casa.-
Perón, a su regreso a la patria, nos explicó claramente que el mundo iba hacia una integración y que debíamos empezar por hacerlo en Latinoamerica, pero además insistió que primero había que consolidar un ser nacional, una identidad nacional, porque había dos formas de integrarse, la primera (que luego se llamó “globalización”), consistía en una etapa superior del imperialismo donde las potencias dominantes consolidaran un modelo planetario desde sus intereses, para ello además del dominio económico o el poder militar tenían el manejo de la comunicación a fin de ir diluyendo los distintos modelos de sociedad, las culturas, las “formas de ser” de los pueblos, para ir concentrando el “consumo” cultural, borrando la memoria y la historia nuestra gente, introduciendo sus propios esquemas de valores y creencias.
El otro camino es el de integración sin hegemonías, sin dominios coloniales, donde los países se fueran incorporando a estructuras mayores pero sin perder sus características civilizacionales, lo que Francisco llamó “La cultura del poliedro” en oposición a “La cultura de la esfera”, una plana, sin rugosidades ni relieves , la otra incorporando y respetando esas diferencias, en un diálogo intercultural sin imposiciones ni dominios.
Ello demanda construir nuestro Modelo de País, nuestro Proyecto Nacional, y Perón nos lo dejó escrito con el cargo de ir actualizándolo tiene, a mi criterio, tres aspectos centrales.
1)La Comunidad Organizada, el concepto de comunidad como superior al de sociedad, los individuos no se acercan por temor al Leviathan, al “Homo Lupus” o solamente por intereses egoístas, desde que el ser humano apareció sobre la tierra se reunió en clanes, hordas, pueblos, no sólo para subsistir sino para socializar y socializarse. A nosotros el sentimiento comunitario nos llega de España, de los comuneros, también de nuestros pueblos originarios, el Ayllu, que la ultramoderna IA explica como “ Forma tradicional de organización social, económica y territorial…grupo de familias unidas por vínculos de sangre, antepasados comunes y trabajo colectivo sobre un territorio…UNIDAD BÁSICA de los pueblos indígenas antes y después de la conquista”.
Esa simbiosis recibe el aporte de la inmigración que se organiza por vecindad y de ahí llega a los llamados “Hospitales de Comunidad” el Alemán, el Italiano, el Español, etc, en el Gran Buenos Aires se conformaron barrios enteros donde todos los vecinos ayudaban a los recién llegados de sus provincias, la otra migración: la interna, a alambrar el lote y luego construir la casa.
Perón vió ese fenómeno en su andar por las provincias por su vida militar, lo pensó desde la tradición griega en Aristóteles y de ahí su libro “La Comunidad Organizada”.
2) La Democracia Social, esto es pasar del individuo en la vida política a la participación colectiva, no sólo en la idea demo liberal de un hombre un voto y que por ende los derechos e intereses individuales se expresan en ese sufragio, sino a reconocer que hay derechos colectivos, sociales (la libertad, la salud, el trabajo, la seguridad) que no pueden resolverse en forma individual y por eso los hombres se unen para obtenerlos para todos, ahí muere el homo lupus, el aspecto solidario supera al aspecto egoísta, ambos coexisten en la naturaleza humana, esas organizaciones libres de la comunidad (agricultores, industriales, comerciantes, sacerdotes, soldados, obreros y empleados) participan en la vida política de dos maneras, como individuos y como parte de un grupo o sector y tiene derecho a votar como individuo pero también a participar y ser escuchado como grupo, su rol no se limita a emitir un sufragio y volver a su vida privada, delegando el ejercicio de la política, sino que continúa participando en el bien común. La democracia formal cede ante la democracia social.
3) Las Organizaciones Libres del Pueblo, los habitantes de un país se constituyen en comunidad, a partir de cuestiones axiológicas, históricas, tradiciones, su Cultura, en una palabra y asimismo conforman grupos o sectores que expresan necesidades, intereses, reclamos, etc, como vimos en ese doble carácter participan de la vida política, pero la Democracia Social y participativa exige que están debidamente organizados, y tengan institucionalmente un lugar en la vida política de la comunidad, ya que este pensamiento se basa en que el Poder emana del pueblo y solo se debe ejercer en aras de las expectativas del pueblo, el gobernante es elegido para ello y no debe apartarse de ese mandato.
Esto requiere que estas organizaciones participen dentro del poder legislativo o de un espacio similar, dejan de ser grupos de interés o de presión, para convertirse en grupos de representación, en esa tensión entre ciudadano individual y parte de una organización sectorial, el hombre se convierte en el zoon politikon de Aristóteles.
La Constitución de 1949 es un salto prodigioso hacia el constitucionalismo social, y lo hicimos los argentinos, la teoría egológica del derecho de Cossio cambia el enfoque del Derecho, la norma no es mas que la expresión de la “Conducta viviente” el resultado de la interferencia intersubjetiva a partir de la convivencia, la norma solo describe esa conducta, y nació en Argentina.
Tenemos un riquísimo bagaje de conocimiento situado, o sea que es la expresión de nuestra convivencia como pueblo, nuestra historia, nuestra mesticidad, pero que contiene elementos de los demás pueblos americanos, no somos ni fuimos nunca una isla, Saavedra nació en Bolivia, Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán y fué Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, Artigas nunca se reconoció uruguayo, él era “oriental”, podríamos seguir enumerando casos así, nuestros comprovincianos del noroeste tienen muchísimo en común con Bolivianos y Peruanos, la cueca es compartida por chilenos y cuyanos y nuestros compatriotas del noreste tienen grandes costumbres compartidas con brasileños del sur y paraguayos, mal que les pese a los oligarcas y tilingos que sienten que nacieron por error en estas tierras.
Todo lo expresado al comienzo era para llegar a esto, nosotros desconocemos mucho de lo hasta aquí expresado, no se enseña en nuestras escuelas y universidades, no está en los medios de comunicación, es más durante años se nos enseño que el Brasil era nuestro enemigo y nuestras FF.AA, cuya marina aún usa el luto por la muerte del almirante inglés Nelson (en la “corbata” negra alrededor del cuello) tenían como principal hipótesis de conflicto una guerra con Brasil. En 1978 casi vamos a una guerra con Chile por las islas del Beagle y luego le regalamos toda la frontera cordillerana a las empresas mineras inglesas o del ex Commonwealt (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) y de EE.UU.
Por eso para construir un destino diferente hay que:
1) Reformar la Constitución liberal de 1994 e ir a una carta magna que recupere y actualice los conceptos fundamentales de la de 1949.
2) Ir a una reforma educativa integral que cambie los contenidos de los diferentes ciclos educativos y que incorporen nuestra verdadera historia, sin escamoteos ni partidismos, nuestra geografía física y económica, nuestra lengua y nuestras expresiones culturales.
3)Pensar un modelo económico a partir de nuestras fortalezas y posibilidades pero que piense, en principio al Mercosur y luego a América del Sur como mercados y escalas de producción, a la felicidad del pueblo como finalidad y la conservación del medio ambiente como condición.
4) Recuperar la diversidad cultural de todo nuestro territorio, para fortalecer una cultura nacional y de ahí irá naciendo una latinoamericana.
5) Una política exterior soberana y no alineada en términos ideológicos, desde el Mercosur, ingresar a los BRICS, retomar nuestra mejor tradición en política exterior que ha subsistido a los cambios de gobierno.
Claro, esto es hablar desde donde partir, falta el como y el cuando, pero iremos hacia ahí.

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