Rubén I. Bourlot*
«En la vida una de las cosas más fáciles es tener ideas y proyectos, y hasta puedo decir muy buenas ideas y proyectos, basta para ello un cerebro discreto y un poco de imaginación. Pero lo endiabladamente difícil es tomar la más pequeña idea o proyecto, organizarlo y ponerlo en pie y hacerlo marchar» – Enrique Mosconi.
La lucha por el dominio del petróleo se inició apenas surgida la segunda revolución industrial en Europa y Estados Unidos, cuando los combustibles derivados del petróleo cobraron significación. El negocio de la explotación petrolera fue dominado rápidamente por unos pocos trusts petroleros originarios de países industrializados. En Argentina la historia del petróleo empezó en simultáneo pero fue con el general Enrique Mosconi que cobró relevancia de la mano de la empresa estatal YPF.
En nuestro país el Día Nacional del Petróleo recuerda su “descubrimiento” en Comodoro Rivadavia, Chubut, en 1907. Se trata de una fecha arbitraria puesto que desde mucho antes se sabía de la presencia del preciado elemento en el territorio argentino. Ya en 1891 el tema de la explotación de petróleo había originado un duro debate en el Congreso cuando el diputado Osvaldo Magnasco, oriundo de Gualeguaychú, se trenzaba en un duro debate parlamentario cuestionando la actuación de las compañías ferroviarias inglesas que, entre otras irregularidades, maniobraban para impedir la extracción de petróleo en yacimientos descubiertos en Mendoza y Jujuy. A las petroleras les interesaba el negocio de importar combustibles en vez de producirlo en el país.
“Ahí están Jujuy y Mendoza, sobre todo la primera, empeñada desde hace doce años en la tentativa de la explotación de una de sus fuentes más ricas de producción de sus petróleos naturales –decía Magnasco en el Congreso de la Nación-. Pero no bien llega a oídos de la empresa de exportación de una pequeña partida a Buenos Aires o a cualquier otro punto, inmediatamente se levanta la tarifa, se alza como un espectro, y se alza tanto, que el desfallecimiento tienen que invadir el corazón del industrial más emprendedor y más fuerte (…)
“El petróleo, a que me referí al principio, va a ser sin duda el combustible del provenir. Está sustituyendo con grandísimas ventajas, con una economía del sesenta y hasta el setenta por ciento, al carbón de piedra.”
Se cuenta que el diputado Emilio Civit, luego ministro de Obras Públicas de la segunda presidencia de Roca, siendo diputado nacional (1882-1889) solía llevar en su maletín personal una botella con petróleo extraído del paraje Agua del Corral, en las cercanías de Cacheuta, para contarles a todos en Buenos Aires sobre las virtudes y ventajas que podrían encontrar en Mendoza. Y como si fuera uno de esos populares vendedores ambulantes de peines y peinetas Civit explicaba lo que Mendoza produciría en materia combustible si ese líquido oscuro de la botella de vidrio llamado «petróleo» se pudiera extraer en gran escala.
En 1887 la Compañía Mendocina de Petróleo llegó a perforar veinte pozos, de los cuales cuatro resultaron productivos. La empresa construyó un pequeño oleoducto para transportar el petróleo a Mendoza y produjo cerca de 8.600 metros cúbicos. Pero todos estos emprendimientos se vieron frustrados por el desinterés de los inversores y las maniobras que oportunamente denunció Magnasco.
El nacimiento de YPF
En 1916 era consagrado presidente de la Nación Hipólito Yrigoyen. En nuevo mandatario pronto comprendió que el petróleo era la fuente de energía que necesitaba el país y que debía obtenerse de su subsuelo en vez de importarlo. Intentó a lo largo de su gestión hacer sancionar una ley de petróleo. Frustrados los mismos apeló al decreto para crear Dirección General de YPF el 3 de junio de 1922, en base a las reservas petrolíferas reservadas para el estado. Hasta ese momento mejores reservas estatales estaban concesionadas a empresas privadas que las mantenían improductivas dentro de una estrategia internacional tendiente a mantener en el país un alto nivel de importación de hidrocarburos que los mismos trusts vendían a un precio considerablemente alto. Recién en 1922, cuando YPF afirmó su presencia, aquellos decidieron extraer el mineral.
El desafío de la WICO
En la década del 20, el entonces coronel Enrique Mosconi, a cargo del servicio aeronáutico del ejército, advirtió la acción conspirativa ejercida por las petroleras extranjeras instaladas en el país. “Los grandes trusts, decía, son organizaciones insaciables, difíciles de dominar una vez que han tomado posesión de las tierras y se les ha acordado facultades y derechos. Tanto el grupo europeo (el anglo-holandés Royal Dutch) como el norteamericano (Standard Oil), de funesta tradición ante la justicia de su país, son indeseables para toda nación que quiera fecundar en paz su trabajo creador.”
Mosconi había nacido en Buenos Aires en 1877, hijo de un ingeniero italiano, ingresó al Colegio Militar de la Nación en 1891, egresando con el grado de subteniente de infantería. En 1896, movido por su interés en la formación científica, ingresó a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, graduándose de Ingeniero Civil. En 1903, integró una comisión que estudió el trazado del ferrocarril central norte. Al año siguiente fue enviado a Europa junto a una comisión para realizar gestiones con el fin de instalar una usina hidroeléctrica de gas pobre en Campo de Mayo. También Mosconi pasó una temporada de perfeccionamiento en el ejército alemán realizando estudios en la Escuela de Artillería e Ingenieros en Charlottenburgo. En 1912 fue nombrado integrante de la dirección técnica de la Escuela de Aviación Militar, llegando a ocupar en 1920 la dirección del Servicio Aeronáutico.
Un hecho fortuito producirá el desenlace de su tarea futura en procura de la independencia energética del país. Ya no sería el petróleo un instrumento para perpetuar la dependencia del pueblo argentino a los imperios del mundo.
Cuando Mosconi se desempeñaba en la división del servicio aeronáutico, la empresa norteamericana WICO (West India Oil Company, subsidiaria de la Standard Oil de Nueva Jersey) era la abastecedora de combustible de la repartición. En una oportunidad por una supuesta deuda la WICO se negó a entregar petróleo al ente oficial como normalmente lo hacía. Mosconi pidió entrevistarse con el gerente de la misma.
«Me propuse pues aclarar personalmente la cuestión -escribió Mosconi- y con ese fin regresé a la capital para concurrir a la oficina central de la West India Oil Company. Pedí allí entrevistarme con el gerente, a cuya oficina pasé encontrándome con un pequeño despacho instalado al uso norteamericano. Cambiamos los saludos de estilo, le manifesté el objeto de mi visita y la extrañeza producida por el resultado de las gestiones del oficial de administración. ‘Sí señor, es exacto’, me contestó mi interlocutor, ‘esa es la norma de nuestra compañía’. “’Advierta’, le dije entonces, ‘que el servicio aeronáutico del ejército no debe un centavo a su compañía, que se trata de una repartición militar solvente y dependiente del ministerio de guerra y que por lo tanto no solo sorprende su manifestación y exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto’.
“Allí, en el mismo escritorio, me propuse juramentar conmigo mismo cooperar por todos los medios legales a romper con los trusts». Si este requerimiento se hubiera realizado en tiempo de guerra, pensaba Mosconi, toda la operación estaría dependiente de la voluntad y de los intereses económicos de un empresario extranjero.
El 19 de octubre de 1922 fue designado por el ministro de agricultura Tomás Le Breton director de YPF creada meses antes por Yrigoyen. Ya había asumido la presidencia del país Marcelo T. de Alvear, radical antipersonalista. El mérito de la acertada designación de Mosconi no parece haber sido una consecuencia de la política oficial del presidente y de su gabinete.
«Al iniciar Alvear su gobierno aparece en escena el petróleo del coronel Enrique Mosconi», acota Arturo Frondizi en su obra ‘Petróleo y Política’. Y agrega que esa designación fue más la obra de la casualidad que del acierto de los funcionarios, ya que Le Breton ofreció ese puesto a un amigo de toda su confianza, quien al declinar su responsabilidad por no conocer cabalmente el problema, le recordó que un coronel Mosconi, al que no conocían ni él ni el ministro, había publicado en esos días sus opiniones vinculadas al petróleo.
Al respecto escribió Félix Luna: «Alvear no hizo nada para lograr la nacionalización del petróleo que sufrió durante su presidencia una accidentada peripecia». La ley de represión de los trusts quedó prácticamente anulada por no reglamentarse su aplicación.
Mosconi inició una inmediata reorganización de la empresa. Logró el levantamiento de las reservas concedidas y su traspaso para ser explotadas. De inmediato se produjo el enfrentamiento con los trusts norteamericanos e ingleses. Es de destacar que en ese momento no había empresas petroleras de propiedad estatal en el mundo.
A poco de iniciada la gestión, pudo lograr la autonomía y desde ese instante YPF no dependió más del Ministerio de Agricultura. Mosconi demostró su capacidad, su temple, actuando como auténtico hombre de empresa y experto en la materia. Reorganizados los yacimientos de Comodoro Rivadavia, su mirada se dirigió hacia Plaza Huincul. Estos yacimientos habían sido descubiertos en 1918 y fue traspasado a la dirección de YPF en virtud del artículo segundo del decreto del 3 de junio de 1922.
La eficiencia de la producción, mejores condiciones de trabajo y reorganización del sistema de distribución fueron los tres pilares que sostuvieron la evolución de YPF complementándose con la construcción la destilería de La Plata. La extracción en 1924 fue de 474.602 metros cúbicos de crudo y a partir de ese momento las cifras fueron en incremento: 618.151, 743.740 y 802.036, respectivamente en los años subsiguientes. Una de las iniciativas más importantes fueron las instalaciones de Ingeniero White, Bahía Blanca.
También en 1922 se efectuaron ampliaciones en los almacenes del petróleo en la Dársena Sur con la incorporación de tres tanques de 10.000 toneladas cada uno. Se construyeron nuevos muelles y se habilitaron depósitos de aprovisionamiento en Rosario y Concepción del Uruguay.
La batalla de los subproductos
Hasta 1916 el petróleo extraído por YPF en su mayor parte se comercializaba crudo. Mosconi se propuso dar una nueva batalla para lograr atiborrar el mercado argentino con la sigla YPF. De inmediato se encaminó en el proyecto de una nueva y moderna destilería que tuvo diversos vaivenes: indiferencia oficial, retaceo de presupuesto, pero finalmente triunfó. Abierta la licitación para construir la obra en La Plata se presentaron 10 compañías, ganando una norteamericana, la Bethlehem. Eso motivó que intereses extranjeros trataran de impedir la obra, llegando a interesar a Bethlehem para que desistiera. No obstante, el proyecto continuó y fue inaugurada el 23 de diciembre de 1925.
Marcos Kaplan, por su parte, estima que la destilería de La Plata constituye uno de los aportes positivos más importantes de este periodo, contribuyendo, entre otras cosas, a mejorar la posición competitiva de YPF en el mercado interno. Ya en marcha la destilería, desapareció del mercado la venta de crudo, siendo reemplazado por el fuel oil con la consiguiente economía y el incremento de los ingresos por la venta de subproductos con mayor valor agregado.
Los trabajadores del petróleo
El desenvolvimiento de la empresa nacional benefició al pueblo argentino con la apropiación de la riqueza de su suelo para volcarla a la incipiente industrialización y, a su vez, asegurar el desenvolvimiento autónomo del Estado. Por otra parte, posibilitó el incremento de las fuentes de trabajo en el olvidado sur y el mejoramiento de las condiciones laborales gracias a la preocupación de Mosconi. Este decía que para el bien de la nación y la prosperidad de sus habitantes es menester contemplar siempre en primer término la situación del hombre, obrero o empleado, despertando su confianza y dedicación hacia la empresa a la cual se le exige que consagre sus energías. En YPF ese pensamiento, como se ha visto, ha sido norma invariable. «Pienso, pues, que a lo ya hecho como obra de gobierno deben sumarse otras ventajas que llevarán a la consecución de aquellos propósitos y en tal sentido no sólo debemos mantener la ley del salario mínimo, sino que debemos completarla con la vivienda mínima como consecuencia del moderno concepto de solidaridad social».
El papel de Mosconi responderá a las más arraigadas tradiciones del ejército, consciente de la prioridad de dominar los resortes básicos de la economía para hacer frente a los imperios industriales que influyen sobre la soberanía del país. “Por razones de oficio -escribe Raúl Larra- el militar está preparado para captar el desvalimiento del país. Este concepto lo ratifica Potash al considerar el apoyo que Mosconi recibió por parte de un importante número de oficiales convencidos de la necesidad de industrializar al país, contando con el desarrollo del petróleo bajo el control del Estado.
«El hombre que se encontró de pronto con una realidad levemente distinta al panorama pintado desde afuera debió replantearse paulatinamente su pensamiento. De tal estirpe fue Mosconi -escribió dijo Baldrich en 1941- porque su titánica cruzada redentora tiene amplitud continental».
Cuando Yrigoyen retornó al poder en 1928 ratificó a Mosconi su confianza. Mosconi era a la sazón hombre de Alvear para los políticos comiteriles, pero el «Peludo» volaba más alto. Durante su presidencia, la producción de YPF continuó en incremento y se produjeron varios acontecimientos históricos en la materia. Con el objeto de formar el plantel de técnicos y especialistas que necesitaba la industria del petróleo, fueron implementados los cursos superiores del Instituto del Petróleo, mediante convenio entre la Dirección de YPF y la Universidad de Buenos Aires.
La batalla de los precios
La presencia de una empresa nacional decidida a competir en el mercado petrolero produjo la lógica inquietud dentro de los trusts que no escatimaron esfuerzos para tratar de sacarla del medio. Frente a esta situación Mosconi debió acudir a todos los medios a su alcance para lograr su objetivo. En 1923 se obtuvo de Ferrocarriles del Estado el consumo exclusivo de combustible producido por YPF, medida que en 1926 se extendió a todas las reparticiones oficiales.
Estas fueron las primeras medidas, pero faltaba la decisión que colocaría en manos del Estado Nacional el control de la comercialización de los combustibles. El precio era manejado por las empresas privadas y su fijación se realizaba de acuerdo a la distancia del lugar de origen y en función de la competitividad comercial. En general los precios eran elevados por sobre el margen normal de ganancia. Hacia 1929 el precio del litro de nafta variaba entre 34 y 40 centavos en las distintas regiones del país. YPF estaba imposibilitada de ejercer influencia sobre los mismos, pues carecía de una red nacional de distribución y venta, pero en 1929 estaba a punto de dar la gran noticia.
A partir del 1 de mayo, la Dirección General de YPF tomó a su cargo la organización para la venta de todos sus productos. El 1º de agosto de ese año se ordenó una sustancial rebaja del precio de los combustibles: dos centavos menos para el litro de nafta y querosene y 80 centavos el cajón, en tanto el fuel oil fue rebajado en 50 centavos por tonelada. De esta forma, la decisión estaba del lado del Estado Nacional.
«Suenen entonces las dianas augurales del 1º de agosto –escribió Mosconi-, fecha en que YPF tomó el contralor y dirección del mercado interno de combustibles, independizando al país de los productos de origen extranjero. Es, pues, aquella una fecha memorable en los anales de nuestra organización económica. El país se ha realizado en la economía nacional. Los trusts petrolíferos inglés y norteamericano quedan definitivamente rotos en nuestro país. Los habitantes de la República no sufren más imposiciones que las emanadas de su propio gobierno que decide, libre de injerencias extrañas, todo lo relativo al combustible líquido; y empiezan a volcarse tierra adentro los millones que hasta entonces tomaban el mar».
“El golpe de gracia, esta batalla ganada a los ejecutores de la política imperialista, contribuyó a que el precio de la nafta sufriera constantes rebajas -comentó años después Solano Peña Guzmán- bajando desde 26 centavos en 1922 a 18 centavos en la actualidad (1942), puesto que el precio de 24 centavos incluye 6 centavos de impuestos nacionales. Estas medidas no solo tenían influencia directa sobre el consumidor, sino que reducían a un mínimo las ganancias de las compañías extranjeras y, por lo tanto, se beneficiaba en conjunto a la economía del país al reducir sensiblemente estos envíos anuales de divisas al extranjero.
Bibliografía
Mosconi, Enrique (1983). El petróleo argentino 1922-1930. Círculo Militar.
Larra; Raúl (1981). Mosconi, general del petróleo. Ánfora.
Larra; Raúl (1981). El general Baldrich y la defensa del petróleo argentino. Ad. M. Moreno.
Frondizi, Arturo (1955). Política y petróleo. Raigal.
Luna, Félix (1982). Alvear. Ed. de Belgrano.
Palacio, Ernesto (1957). Historia de la Argentina. Peña Lillo.
Gallardo, Guillermo (1968), en Historia Argentina dirigida por Roberto Levillier. Plaza y Janés.
Kaplan, Marcos (1957). Economía y política del petróleo argentino. Praxis.
Potash, Robert (1982-1983). Ejército y la política en la Argentina. Tomos I y II. Sudamericana.
Peña Guzmán, Solano (1942). La autarquía en la economía argentina. La Raza.
*Profesor de Historia y Educación Cívica. Autor de Mariano Fragueiro y la constitución económica de 1853, El radioteatro en Entre Ríos e Historia elemental de Entre Ríos, entre otros.

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