¿Rendición peronista?

Sectores del peronismo creen que no se debe confrontar con el poder económico y buscan maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.

Por Ricardo Aronskind*

(para La Tecl@ Eñe)

Hay una catarata de declaraciones favorables al modelo de Milei en las filas del peronismo.

Provienen de los más diversos espacios a lo largo y ancho del país. Desde gobernadores, exministros y candidatos, dirigentes territoriales y aspirantes a serlo.

En vez de plantarse frente a un gobierno que es el más cipayo en la historia nacional, el más anti obrero y anti clase media, el más anti industrial, anti ciencia nacional, anti Estado protector, y el más destructor de la salud y la educación públicas, el más indiferente al porvenir de las futuras generaciones, el más favorable a la extranjerización y desintegración territorial del país, hay una fracción importante del peronismo a la  que se le ocurre presentarse como la continuidad “mejorada” del desastre mileísta.

No importa la definición que se tenga del peronismo, no hay forma de hacerla coincidir con la actual experiencia ultraderechista.

Se puede adoptar la definición del peronismo que se desee: que fue un nacionalismo popular, un social cristianismo local, un keynesianismo sudamericano, un movimiento de liberación nacional, una variante criolla de la socialdemocracia, un populismo tercerista, un desarrollismo distribucionista, o incluso, un “freno burgués a la lucha de clases” (mejorando las condiciones de vida de los trabajadores) Ninguna de esas definiciones puede amoldarse a la actual experiencia de demolición nacional que encarna el gobierno mileísta con sus grandes apoyos del capital concentrado local y de los Estados Unidos.

Sin embargo, la evidencia de estos días muestra que sí, que hay muchas coincidencias entre sectores que se consideran peronistas, con las prácticas y la prédica liberal autoritaria.

¿Qué quiere decir que desde el peronismo se pueda valorar positivamente partes importantes de este experimento destructor?

Pareciera que desde sectores dirigenciales del peronismo no se ve al actual gobierno como un evento desastroso para el pueblo y la Nación argentina.

Lo que lleva a otra pregunta: ¿qué está pasando dentro de vasto espacio peronista para que se pueda tener una mirada concesiva, y hasta comprensiva con este gobierno, que es la continuidad de la última dictadura militar, del menemismo extranjerizador y del macrismo?

¿Será una concesión a lo que una parte “de la gente” cree, para atraerlos?

¿Será un acomodamiento a lo que dicen las encuestas, porque “hay que sumar” como sea?

¿O tendrá que ver con una lectura – “pragmática” o vencida – de lo que los poderes fácticos quieren que sea el peronismo, para que no exista más una oposición con peso político y convocatoria electoral, a sus planes de negocios en Argentina?

Ejemplos sobran

Juan Manuel Olmos, dirigente peronista de la Ciudad de Buenos Aires, sostuvo en un reportaje que “cuando ganamos (los peronistas) los activos se van a pique y cuando perdemos rebotan hasta la estratósfera. ¿No vamos a tomar nota de eso? Eso quiere decir que tenemos un problema de confianza. En cuestiones económicas. En cuestiones de “brecha”, “cepo”, de tipo de cambio, de riesgo país, de déficit.” En otro párrafo señaló: “Hay que primero ordenar lo que está desordenado y el peronismo tiene que ser también sinónimo de ese orden. Nosotros no trabajamos para los mercados. Ahora ¿ignorarlos? (…) Nosotros no somos los que le damos garantías a los mercados, pero sí tenemos que dar garantías de estabilidad. Porque la gente también sufre cuando no hay estabilidad”.

Hablar de los mercados en abstracto, y no de los poderes económicos reales, es prestarse a enmascarar la realidad. Asumir que sería el peronismo el que desordena la economía, y que los experimentos derechistas son los que la ordenan, es una tontería que no pasa por la prueba de la historia económica nacional. Olvidarse de que la “brecha” y el “cepo” tuvieron que ver con la enorme deuda externa contraída por la dictadura, reforzada por la práctica de la fuga de capitales de los grupos económicos locales, es tapar las responsabilidades históricas y asumir como propios los desastres causados por las experiencias neoliberales, entre ellas, por supuesto, la del peronismo menemista.

Olmos se calza el traje del “peronista responsable que da garantías” dentro de un peronismo que es irresponsable (según la visión de sus enemigos), un peronismo “loco” que no es capaz de darle tranquilidad a los “mercados” a los cuales se les atribuye racionalidad. En realidad, parte del estado de postración argentina es precisamente por el tipo de negocios rentísticos y financieros que se les ocurren a los “mercados”, que fracasan incluso con sus propios gobiernos. Pero acá tenemos un peronismo que acepta e introyecta la versión falsa de la historia proporcionada por sus enemigos.

Mientras tanto, el vicepresidente segundo del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Meneses, durante un acto público le exigió a Milei “que sea responsable. Que tenga autocrítica. Que se fije lo que le pasa a nuestro pueblo, lo que les pasa a nuestros viejos, a nuestros jóvenes, y que empiece a gobernar para los intereses de todos los argentinos”.

Meneses no puede estar hablando en serio.

¿Le está pidiendo responsabilidad, o autocrítica, a Milei? ¿Le pide a Milei, y su gobierno criminal, que atienda lo que le pasa a nuestro pueblo, a nuestros viejos? ¿Cree que este gobierno vendido a Estados Unidos puede gobernar para los intereses de todos los argentinos?

Como dirigente peronista, ¿cree que ese es el nivel político de las bases peronistas? ¿Los sectores populares estarían esperando una rectificación de Milei, porque Milei es bueno, pero está equivocado? ¿Puede un dirigente político popular seguir otorgándole el beneficio de la duda a Milei, y a su gobierno, que es un modelo de manual de neoliberalismo extremista argentino?

Si piensa que Milei es nefasto, ¿por qué no lo dice y se lo dice a las bases? En el fondo, con esas apelaciones sin sentido le sigue dando tiempo al gobierno, genera una confusión sobre lo que significa y significará un régimen de estas características, y continúa eludiendo la definición indispensable: este es un gobierno declaradamente enemigo del pueblo, de la justicia social, de las mayorías, de la gente de trabajo. Pero no: habría que seguir viendo si se rectifica, si se arrepiente, si se sensibiliza…

En el programa de Pedro Rosemblat, le preguntaron a Aníbal Fernández si “algo tiene que quedarse” de la gestión de Milei. El exministro contestó: ¿Querés saber (si yo fuera presidente) si dejo algo de lo que hizo Milei? Todo. No toco nada”. “Lo miro y lo saco, si es lo que corresponde. Lo miro y lo consolido, lo modifico, lo mejoro, lo que sea”.

Aníbal Fernández no es nuevo en la política. Además, lee y piensa. Pero en vez de decir que, en principio, rechazaría y derogaría todo lo que hace este gobierno porque la política mileísta es un conjunto coherente que apunta a la destrucción de la Argentina como sociedad y como estado nacional, parte de lo contrario: dejar todo, e ir viendo.

Dejar, por ejemplo, la Ley Bases, redactada por las grandes corporaciones para quedarse con las riquezas de la sociedad y los bienes del Estado. Dejar el RIGI, para que las multinacionales exploten los recursos naturales sin dejar un centavo en nuestro país. Dejar la disolución de los organismos científicos y tecnológicos, que nos permiten avizorar un futuro menos subdesarrollado y dependiente. Dejar la timba financiera institucionalizada y el endeudamiento masivo de las familias. Dejar la legislación esclavista contra los trabajadores. Dejar la destrucción de los glaciares, de los bosques y de los humedales. Dejar la desprotección peligrosísima en materia de Salud a la gran mayoría de la población. Dejar el afano por parte de lúmpenes, ignorantes y chorros en todas las áreas del Estado. Dejar el poder judicial al servicio de los poderes fácticos…

Esa respuesta de Fernández podría darla cualquier conservador argentino, de esos que fingen estar afligidos por los modales y los improperios del presidente, pero que avalan su acción de gobierno. Fernández prefiere algo tan confuso como decir que sacaría, consolidaría o mejoraría las diversas medidas de Milei, como si hubiera “de todo un poco”.

Y no hay “de todo un poco”: Hay desastre, exclusión y entrega. Se prefiere alimentar la confusión, en vez de asumir lo que corresponde frente a este desastre: la confrontación.

Según el diario La Nación, los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro) y Raúl Jalil (Catamarca) “expusieron hoy en el 43° del Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) y respaldaron el rumbo económico del gobierno de Javier Milei. Aseguraron que no se puede volver a discutir el equilibrio fiscal y celebraron las políticas de atracción de inversiones extranjeras para el desarrollo de economías regionales”.

Jalil, gobernador peronista de Catamarca, dijo que “casi todas las provincias tienen superávit fiscal” y todos los mandatarios provinciales deben trabajar para seguir bajando impuestos y volverse más competitivos. Además, celebró el interés de los Estados Unidos para invertir en la Argentina tras el acercamiento de Javier Milei con el gobierno de Donald Trump.

El periodista Sebastián Lacunza informó que les preguntaron a Weretilnek y Jalil “qué de lo que hace Milei debería quedar para siempre”. Weretilnek dijo: “Lo primero. La política exterior y el alineamiento con Estados Unidos». Y Jalil agregó: «Coincido».

En lo del alineamiento con Estados Unidos, el “doctrinario” Guillermo Moreno también coincide. Parece que la política de amedrentamiento norteamericana en su “hemisferio Occidental” está haciendo estragos entre los partidarios históricos de la tercera posición. Ahora están en la “Primera Posición”.

No les importa si a la Argentina le sirve el alineamiento, o si la desintegra. Se acabó la mirada nacional, y sólo restan los negocitos particulares de fracciones lúmpenes de la burguesía local.

Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil.

El curro del “equilibrio fiscal”

Muchos de los que están opinando se remiten a un tema central, que es el del equilibrio fiscal, y es un punto muy importante de la agenda de política económica, que debe ser aclarado ya que de tanto machacar con eso mucha gente – especialmente “dirigentes” – lo empieza a repetir, aunque no entienda lo que está en juego.

Básicamente el equilibrio fiscal significa que a las arcas del Estado entran $100 y salen $100. O entran $200 y salen $200. No se gasta más de lo que entra. Pero este razonamiento, aparentemente tan claro, tan prolijo, encierra una trampa fundamental tendida por los grandes capitales y los sectores más ricos de la Argentina.

El proyecto de Milei, como el de Macri en su momento, como el de Menem también, como Videla en la dictadura, es que los más ricos paguen poquísimos impuestos para que las empresas puedan tener super ganancias a costa de no aportar nada, vía impuestos, a la sociedad. Pero no sólo eso: Al entrar en una dinámica de achicamiento permanente del gasto público, van erosionando las bases de un país vivible, empobreciendo a las instituciones públicas y a la población en general. Cada vez peor, cada vez más atrasado.

Entonces, todos estos gobiernos neoliberales reducen los impuestos a los ricos y luego empiezan a lavarle el cerebro a la gente – a través de sus “expertos” y de sus medios de comunicación – con el “equilibrio fiscal”.

Es decir que, como recaudan poco – por decisión política basada en una preferencia de clase – … ¡tienen que gastar poco!

Y, ¿en qué se les ocurre ahorrar? En todo lo que tenga que ver con el gasto en los sectores medios y bajos: salud, educación, jubilaciones, obra pública, protección social.

En síntesis: En boca de la derecha argentina el equilibrio fiscal es simplemente una trampa cazabobos para encubrir la transferencia de riqueza, a través del Estado, desde las capas populares y medias a los sectores de altos ingresos y al capital concentrado local y extranjero.

Ese es el sentido que tiene, en la práctica, la defensa del supuesto equilibrio fiscal mileísta: Le están pidiendo a toda la clase política, sin distinciones, que respete la política de redistribución social regresiva, de depredación humana de este experimento, sin osar aumentar un peso el gasto público para revertir la situación.

Está archi demostrado que el Estado Argentino puede recaudar mucho más dinero que en la actualidad combatiendo la evasión y elusión impositiva, las maniobras con el comercio exterior y otras prácticas delictivas habituales que siempre están impunes, además de mejorar el sistema impositivo para que sea más equitativo y justo.

Esa es la forma en que el Estado podrá cumplir sus funciones sociales y económicas irremplazables sin tener que sacrificar a nadie ni incurrir en desbordes fiscales irresponsables.

Final

La catarata de declaraciones de convergencia con la obra de gobierno del mileísmo no puede ser ignorada y merece un debate profundo, porque está reflejando una degradación extrema de gente que pretende ser considerada “dirigencia nacional y popular”.

Encubren bajo consignas de “recuperar los sectores medios” o “darle voz al peronismo del interior”, lo que no es otra cosa que adherir a una línea política que converge con lo que se requiere para armar un modelo bipartidista neoliberal.

De alguna forma se asemeja a lo ocurrido con Alberto Fernández, cuando en pleno desbarajuste de la política timbera de Macri, salió a salvarle la vida con aquella famosa declaración: “El dólar a 60 pesos está bien”, otra forma -reiterada durante todo su gobierno – de darle “confianza a los mercados”. Ya ahí el Frente de Todos, antes de ganar las elecciones, empezó reduciendo sus posibilidades de servir a las mayorías.

No es sólo que en una parte del peronismo – no sabemos de qué dimensión – no hay voluntad de ganarles a quienes dañan al Pueblo.

No es sólo que no hay voluntad de confrontar y por lo tanto de modificar nada.

Ahora creen que no se debe confrontar con los poderosos, y lo que hay que hacer es tratar de maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.

La noticia, por si no se enteraron, es que ya hay una persona elegida para eso: Patricia Bullrich.

Lunes, 8 de junio de 2026.

*Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

NO ME OLVIDES

Por Federico Berardi

Hay una flor pequeña, azul, de nombre simple, que se convirtió en el símbolo más elocuente de la resistencia peronista. Fue un ramito prendido en la solapa, discreto como un susurro, firme como una convicción. Una imagen vale más que mil palabras.

Tras el golpe de 1955, el decreto 4161 prohibió pronunciar el nombre de Perón, el de Eva, el de Justicialismo. Los que infringieran la norma se arriesgaban a seis meses de cárcel o más. El régimen creía que borrando los nombres borraba las ideas o el sentimiento. Subestimó al pueblo. 

A lo grotesco de la fuerza, disfrazada con nombre de libertadora, se le respondió con la creatividad, pícara y sutil, de la sabiduría popular. Al terror de las bombas, los peronistas proscriptos respondieron con flores. Con el “no me olvides” en el pecho caminaron por las calles, se reconocieron entre sí, sostuvieron algo que ningún decreto podía tocar: la identidad. 

Dicen así fragmentos del poema que Arturo Jauretche:

¡No me olvides, no me olvides,
no me olvides!
Canta el pueblo de Perón.

No me olvides sobre el pecho,
no me olvides pegadito al corazón.

Volverán los no me olvides
cada año a florecer.

Con la flor de no me olvides
no olvidando esperaré.

No me olvides, no me olvides
No me olvides.
Es la flor del que se fue.

No me olvides, no me olvides,
No me olvides
¡¡Volveremos otra vez!!

Resistir

La resistencia peronista nació del subsuelo. De las fábricas, de los barrios, de los hogares, de la cuadra. No fue algo propiamente de universitarios, de intelectuales ni de vanguardias. Una unidad ciudadana, pero que brotó desde abajo. Casi improvisadamente, sin jefaturas, sin una organización única. Algo en el orden del instinto de supervivencia, construida por reflejo de vida, por defensa de lo propio. Fue “pre-militante” para pensarlo en categorías actuales, algo bien de pueblo al que le tocaban su dignidad cotidiana.

Luego adquirió volumen, organicidad, comandos, planes de tomas de fábricas o el plan “Luche y Vuelve”. Se hizo época con sus emblemas y sus figuras. Como lo simbolizan los héroes “anónimos”, muchos de ellos asesinados los días 10, 11 y 12 de junio de 1956 en las localidades de Avellaneda, La Plata, Campo de Mayo, San Martín (en los basurales de José León Suarez que Rodolfo Walsh eternizó con su obra “Operación Masacre”) y en la Capital Federal (actual plaza Las Heras, donde fusilaron al General Juan José Valle).

Decía José María Rosa, gran historiador revisionista y participante de la resistencia: “Lo grueso y principal no es la conspiración de unos militares patriotas que se propusieron, con la participación de civiles, echar abajo el gobierno de Aramburu y Rojas: conspiraciones y revoluciones semejantes las hay por docenas en nuestra historia.

Lo grueso y principal es lo que se llamó Ley Marcial, y su aplicación a los vencidos en la jornada del 9 de junio. ¿De dónde sacaron los “libertadores”, que estaban en el gobierno, que existía algo que llamaron Ley Marcial y les permitía disponer de la vida de los vencidos?… De ninguna manera es un derecho de muerte sobre los vencidos. Eso no es Ley Marcial: eso es la Ley de la Jungla, el derecho de las fieras.

¿Por qué la aplicaron? La respuesta es una sola: porque se necesitaba cometer actos de terrorismo a fin de acallar la enorme mayoría del país que repudiaba al gobierno de 1956”.

A 70 años de aquella masacre está pronto a iniciarse el juicio por la verdad en el juzgado federal número 2 de San Martín y que tiene como querellantes a familiares de aquellas víctimas y a Juan Carlos Livagra, “el fusilado que vive”, quien logró escapar ese día junto a un puñado de compañeros.

La flor de no me olvides, como toda planta, tiene raíces. Igualmente hubo raíces en el peronismo, fusilarlo fue darle más vida, querer cortarlo, fue como una poda que le hizo dar frutos nuevos. El corazón tiene razones que la razón no entiende. Y la razón fue que hubo una sencilla pero arraigada y contundente convicción: resistir hasta que vuelva quien había construido dignidad para el pueblo argentino.

Soneto 

En 2018 el Papa Francisco presentó su encíclica “Chirstus Vivit” dedicada a la juventud. Entre las menciones de jóvenes como San Sebastián del siglo III, pasando por nuestro patagónico Ceferino Namuncurá hasta llegar al último santito italiano Carlo Acutis, dejaba una enseñanza sobre esto de las raíces y la memoria. El soneto de Bernardez, poeta católico argentino del grupo Martín Fierro, que concluye así: 

Porque después de todo he comprendido

que lo que el árbol tiene de florido

vive de lo que tiene sepultado.

Raíces y Frutos. Memoria y futuro. Florecer es posible porque hay algo que no se ve que está sepultado. Son las raíces que entregan los nutrientes. 

El ejercicio de la memoria es una condición fundamental en la vida de las personas y los pueblos. La memoria que es fuente de vida, no la que te quieren hacer creer que es como un ropero viejo con olor a humedad y naftalina. La memoria que alimenta es la que funciona como reservorio vivo. La que da herramientas para interpretar el presente, la que genera pensamiento antes que consuelo. La que permite conectar con la llama de la tradición. Pero también la memoria es un ir atrás para encontrar fuerzas y poder caminar hacia adelante. El espejo retrovisor cumple su función solamente si sabemos hacia dónde vamos

Las raíces de la memoria sin proyecto de futuro son una melancolía por lo que pasó, es un laberinto donde nos trenzamos en discusiones contrafácticas y en las que para colmo aún nadie se hace responsable de los platos rotos. A la resistencia, la memoria, la raíz, si no se le pone horizonte es pura reactividad, son consignas que, además, ya se vaciaron. El desafío de fondo es conectar memoria con futuro, donde la esperanza es la que amalgama. Y si en nuestro pueblo no hay esperanza de que algo (distinto) va a florecer, no se convoca por más que lo que gobierna sea horripilante.

¿A qué volver? 

Son 70 años de la resistencia. El peronismo llega a este tiempo con cicatrices propias de la última etapa. Un triple achicamiento: territorial, electoral y conceptual. En el correr de los últimos años se perdieron territorios, se perdieron votos y se perdieron ideas programáticas. 

Detrás de esos tres achicamientos hay uno más profundo, que queda fuera de los mapas y de las encuestas: el achicamiento espiritual. Cuando se achica el espíritu, se achica la convocatoria. Cuando se empequeñece la propuesta, el pueblo busca otra cosa donde anclar sus esperanzas, aunque esa otra cosa le cueste caro.

Y está costando muy caro, no digo nada nuevo para quien habita la Argentina. Y por si acaso la pinta de cuerpo entero la última carta del Indio Solari, a quien Dios le abrió paso a la eternidad y tal vez con la sabiduría premonitoria de quien presiente su destino quiso dejar grabado un mensaje más sobre millones de corazones, con esa simbología tan popular y tan única de su pluma punzante.

Pero mientras se resiste para afuera, tarde o temprano se abre una hendija para el examen de conciencia sobre lo propio, como si hubiera una resistencia para adentro. Por eso conviene asumir que hubo y hay resistencia interna. Si interpretamos, la sociedad que no come vidrio, exige que hay reconocer la herida antes de pretender curarla. 

Y acá viene un posible interrogante para el presente, en tono pragmático (porque el tiempo se acorta) y proactivo (porque lo arreglamos nosotros o no lo arregla nadie) para reconocer y curar la herida. Para engrandecer esos achicamientos. ¿A qué volver?

La canción del gran Eduardo Falú se llama “¿A qué volver?”. A través de una zamba, la letra habla de un hombre que vuelve a su pago y encuentra cambiadas las imágenes de la casa, del árbol, el puente, el perro y el río. Es el reflejo de tristeza y resignación de volver a un lugar que ha perdido su esencia original, sus raíces. Como le puede al peronista que está distraído y no toma nota.

En 2019 decíamos volver mejores. Efectivamente volvimos, pero al final del camino “trajimos” a Milei. Entonces no volvimos mejores, sino peores. Y si repasamos las ya comentadas internas a cielo abierto, la falta de coordinación gubernamental, las operaciones leoninas del doble agente canino, las no renuncias, la conducción política que no se pudo, no se supo, o no se quiso. Se deshilachaban las flores en la solapa de la militancia. Y sobre todo en la sociedad se generó hartazgo y agotamiento.

No nos entra un quilombo más decía nuestro candidato. Otro mientras seguía siendo ungido públicamente como el candidato que se hubiese deseado. Y uno más se arrebataba ese lugar de candidato en una primaria (y una interna) que no le sirvió al peronismo ni al país.  

Cambió la etapa y cambió acertadamente la fórmula: mejorar para volver. El acento está puesto en el mejorar antes que en el volver. En este caso el orden de los factores sí altera el producto. Ese mejorar estará más cerca de lograrse si tiene horizonte y camino, lo estratégico y lo táctico.

El horizonte, lo estratégico, es la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria, como condición sin qua non para empezar a hablar. Y el camino, es la discusión y la representación. Discusión doctrinaria de un programa federal para el siglo XXI. Representación de quienes tengan apoyo real y votos, que se trasladen en una forma de participación política fraterna, que abrace, que no sea sectaria y no busque homogeneizar.  

Hidalguía 

Existía una condición de caballeros en la edad media que no tenían título de nobleza. Eran de un escalafón más bajo, pero se les reconocía grandeza de espíritu y comportamiento recto. Eran los hidalgos. 

Carlos “El Indio” Solari usa la expresión hidalguía como un adjetivo calificativo para describir el valor de resistir: “en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”. Sin serlo yo, dejo mis condolencias a todo el pueblo ricotero y tomo esta frase con la que termina la canción “Encuentro con un ángel amateur” porque hay una enseñanza profunda ahí.

En el cómo se resiste y en el para qué se resiste, está la clave para comprender los resultados. La resistencia, vivida a fondo, es didáctica, enseña. La resistencia hace escuela, como en cualquier otro orden de la vida cuando hay sacrificio. Por eso no hay que reincidir en una resistencia que se suele confundir con intensidad militante y con resistir con aguante. El microclima que se confirma a sí mismo, donde todos piensan igual, donde cuesta el ámbito de la autocrítica para mejorar y donde no hay maestras, comerciantes, dueños de pymes, ni ciudadanos de a pie. En esa resistencia, cuando se enuncia el “volveremos otra vez”, se asocia a volver al Estado, a manejar fierros, espacios institucionales, viajes, gente, a bancar orgas de arriba para abajo, operativos para el territorio, sillón, lapicera y pulsera.

Si miramos la resistencia original con una actitud interpretativa, el foco estaba más asociado a un estado de cosas, a una atmósfera social y cultural, antes que al aparato del Estado al que había que volver. Era un estado de cosas a restaurar, que hacían a la cotidianeidad de la gente que podía vivir, trabajar, producir y proyectar.

La hidalguía de la resistencia peronista de hace 70 años se convirtió en fe popular que como todo lo relativo a la fe se transmite de manera viva. Se contagia por osmosis. Para transmitir y contagiar, el gesto vale más que mil palabras. Esa testimonialidad es clave en el mundo liquido peronista de hoy.

Un compañero sintetizó en la sobremesa de hace algunas noches algo en lo que nadie de los presentes se había detenido: “Acá todos hablaron de lo que hacen, no de lo que piensan. Hay testimonio”. La frase vale por su peso. Porque el testimonio es la única moneda que resulta imposible de falsificar. Resistir en un tiempo de orfandad, de escepticismo generalizado y de falsificación del pasado reciente, hace que el testimonio tenga un valor inconmensurable.

La credibilidad entre la vida y las palabras constituye un hecho real, objetivo, palpable, mensurable. Es una verdad en tiempos de posverdad. En la antigua filosofía griega, la verdad junto a la bondad y la belleza eran valores trascendentales.

El peronismo, cuando es fiel a sí mismo, se mide por su potencia de encarnar lo que le fue dado desde el comienzo: la esperanza de construir felicidad para el Pueblo y grandeza para la Nación. Eso es lo que la verdad y la belleza de la flor de no me olvides llevaba en el pecho. Esa esperanza, antes que nostalgia.

Y ningún peronista de ley sabe lo que es renunciar a la esperanza.

Enlace: https://panamarevista.com/no-me-olvides

TOMA DE UN BUQUE CON UNA CARGA DE CABALLERIA

Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (Especial para Punto Uno) Este mes de junio el día 17 descripto como del “Paso a la inmortalidad del General Güemes”, me trae recuerdos inmemorables. Por ejemplo, aquella primera noche de los fogones Velando a las Estrellas, muy conmovedora, por cierto. Corría el año 1972 y acababa de llegar a Salta en compañía de mi colega y amigo Rodolfo Kusch y ver aquello en vivo y en directo, recorrerlos, fue para mí muy emocionante. Acaso por eso en este miércoles bien güemesiano se me impuso escribir sobre el General Gaucho. Soy consciente también que escribir de historia entre salteños es un atrevimiento y un despropósito, hay allí excelentes historiadores profesionales. Tal por caso del Profesor Luis Oscar Colmenares, discípulo y corresponsal de Arnold Toynbee (a quien tuve el gusto de conocer y tratar en vida en la flamante UNSA). Pero no soy historiador profesional sino filósofo y el tema es –nada más ni nada menos- que el General Martín Miguel de Güemes. Es que no hay un sólo Güemes, sino que se trata de un héroe con múltiples facetas y -si bien todos lo veneran cada 17 de junio- las causas y consecuencias de esa veneración son bien distintas y saltan rápidamente a la vista y a la discusión, porque en temas de historia y de política también son casi todos los salteños muy dados al debate. Mucho más en estos tormentosos y singulares tiempos que corren. Pero Güemes no llegó al grado de General de golpe, sino que comenzó su carrera militar como Subteniente y aquí en Buenos Aires, don-de escribo ahora estas líneas amigo lector

*Antecedentes de un curioso episodio*

El primero que la contó masivamente en Buenos Aires fue el periodista e investigador Pastor Obligado, en su artículo “Güemes en Buenos Aires”, publicado por el vespertino “La Razón” el 12 de agosto de 1920 (precisamente el día en que Buenos Aires celebra su Reconquista de manos inglesas, en 1806). Al parecer el autor le envió una copia a Benita Campos, de Salta, quien lo reprodujo en el número 57 de la revista “Güemes” que ella misma dirigía (el 20 de febrero de 1921). El artículo de Pastor agregaba el nombre propio del protagonista de tan insólita historia: había sido el joven subteniente Martín Miguel de Güemes, a la sazón ayudante de Liniers, héroe de aquella Reconquista de la ciudad. Porque el relato original del hecho fue escrito por un capitán inglés hecho prisionero, Alejandro Gillespie, en sus memorias “Gleanings and remarks” publicadas en Londres en 1818. Lo que el capitán inglés no mencionó fue el nombre del joven Güemes como autor de aquella rara hazaña: ¡un buque de guerra de Su Majestad, tomado por una carga de caballería que se lo llevó por delante y obtuvo como trofeo su bandera de guerra! Un caso único en la historia naval. Ese buque era el mercante “Justina” que -rearmado por los ingleses con 26 cañones y tripulado por expertos oficiales y cien marineros de la escuadra- tuvo la mala suerte de quedar varado en la costa del Río de la Plata, frente mismo a lo que es hoy en Buenos Aires la estación Retiro. El mismo capitán inglés reconoce la importancia del Justina al rememorar: “El día de nuestra rendición peleó bien y con sus cañones impidió todos los movimientos de los españoles no solamente por la playa, sino en las diferentes calles que ocupaban, también expuestas a su fuego”. Y remata diciendo: “Este barco ofrece un fenómeno en los acontecimientos militares, el haber sido abordado y tomado por caballería, al terminar el 12 de agosto (de 1806), a causa de una bajante súbita del río”.

*Güemes, al galope porteño*

Al parecer el que se dio cuenta de lo que pasaba -mirando con su catalejo- fue el propio Liniers. El Justina estaba allí varado -roto su palo mayor por un cañonazo la noche anterior- como una presa a pedir de boca. Le devolvió entonces el catalejo a su joven ayudante, Martín Güemes, diciéndole: “Usted que anda siempre bien montado, galope por la orilla de la Alameda que ha de encontrar a Pueyrredón y comuníquele orden de avanzar soldados de caballería por la playa” Y por supuesto, el “bien montado”, partió como rayo hasta donde estaban los hombres de Pueyrredón; gauchos que tampoco se hicieron esperar y en minutos cargaron contra el barco. Al galope tendido -dice Pastor- “Con el agua al encuentro de sus caballos, rompían el fuego las tercerolas, cuando asomó el jefe (inglés), haciendo señas con un pañuelo blanco desde el alcázar de popa, rindiéndose”. Y no era precisamente bisoña la tripulación inglesa del Justina. Eran hombres estacionados en la isla de Santa Elena, fogueados y victoriosos en la lucha contra la marina de Napoleón que -al pasar por allí el almirante Pophan rumbo a Buenos Aires- se sumaron a la escuadra británica y fueron luego destinados al Justina. Pero los gauchos porteños de Pueyrredón, encabezados por el joven salteño Güemes, se hicieron aquella tarde con el triunfo. Paradoja de la historia, la carga de caballería fue cerca de los terrenos que ocupa hoy la llamada “Torre de los Ingleses” frente a la actual Plaza San Martín (réplica exacta de la de Londres, regalada por esa colectividad en 1910 a nuestra ciudad, que por dos veces invadieron y en ambas acabaron derrotados). Así que, si en su próxima visita a Buenos Aires pasea por la zona, o va a los restaurantes de moda en Puerto Madero, eche una mirada hacia el río y deje volar su imaginación. Cosa que Borges, vecino muy próximo, hacía también con frecuente y poética constancia. O bien puede llegarse hasta el templo de Santo Domingo (en Avenida Belgrano y Defensa, muy cerca de la Plaza de Mayo) donde encontrará las dos banderas del Regimiento 71 de Highlanders (que intervino en la primera invasión inglesa) y dos estandartes de la Marina Real Británica capturadas al invasor y ofrendadas por Liniers a la virgen del Rosario. Una de ellas -conocida como bandera del Retiro- es la que se tomó en el Justina rendido ante la carga de Güemes y sus gauchos porteños. Para más datos y detalles del caso, amigo lector, le revelo mi fuente histórica: la inapreciable colección “Güemes documentado” del Dr. Luis Güemes, completada por su hijo Francisco (tomo I, Depalma, Buenos Aires, 1979, págs. 71 a 81). O si va a Salta, tome contacto con alguno de los muy buenos historiadores que conocen estos hechos al detalle y podrán ampliarlos con toda propiedad. Porque como le dije, los salteños en temas de historia, política y música son tan versados como polémicos.

Magnífica Humanitas y los “nuevos asuntos”

Por Francisco “Patico” Correa1 

“La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro” (100)2 

Luego de una lectura completa —que recomiendo realizar— de la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV, quisiera compartir una reflexión que busca abrir el debate frente a ciertas lecturas apresuradas que, en torno a la problemática de la inteligencia artificial, terminan reproduciendo miradas meramente instrumentales sin dar cuenta del sentido profundo del contenido del texto. 

La encíclica comienza por el principio de todo: la pregunta por Dios. Y allí aparece uno de los temas más complejos de abordar —o, en muchos casos, directamente negado— en los debates contemporáneos sobre la tecnología. ¿Cuál es el lugar de Dios en esta discusión? ¿Por qué casi nadie habla de ello? ¿por qué hablar de dios? 

La introducción de la encíclica de León XIV coloca una cuestión decisiva para nuestro tiempo: no hay reconstrucción humana posible si se pierde el horizonte del sentido. El problema de nuestra época no es solamente económico, político o tecnológico; es, fundamentalmente, espiritual. Cuando el hombre deja de preguntarse por Dios, deja también de preguntarse por el sentido último de su existencia, de su comunidad y de su historia. 

La presencia de Dios aparece entonces como fundamento de una construcción verdaderamente humana. No como una evasión del mundo o un simple “ir al más allá”, sino como aquello que otorga dirección, finalidad y trascendencia a la acción colectiva de construir y reconstruir. Sin trascendencia, la comunidad queda atrapada en la fragmentación de intereses y en la incapacidad de compartir un destino común. Por eso la encíclica afirma: 

“Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último”. 

Aquí aparece una idea central: Dios como totalidad de sentido. La referencia a Dios no elimina la pluralidad humana; por el contrario, le permite encontrar un principio de unidad, un horizonte de comunión. Sin un horizonte trascendente, el pluralismo puede degradarse en dispersión y conflicto. Con Dios como fundamento, la diversidad puede convertirse en comunidad —“común-unidad”— porque existe un bien superior que ordena las diferencias hacia un destino compartido. 

En este marco, la encíclica propone que la reconstrucción social comienza por reconstruir la relación del hombre con Dios. Por eso sostiene: 

“Edificar una ciudad centrada en el bien común exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relación con Dios. Significa reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida «en abundancia» (Jn 10,10) y a la comunión con Él”. 

La “ciudad” no es solamente una organización material; es una comunidad moral y espiritual. Una comunidad no se sostiene únicamente por leyes o instituciones, sino también por una concepción compartida acerca de qué vale la pena vivir, construir y defender. Allí, la presencia de Dios se vuelve decisiva porque introduce la idea de propósito. 

La ausencia de Dios, entonces, no sólo empobrece la fe individual: también limita la capacidad política y cultural de imaginar un proyecto histórico común. El abordaje de los problemas humanos sin trascendencia “castra” la posibilidad de pensar el plano más profundo de toda reconstrucción: el del sentido. Se puede administrar una crisis sin Dios; lo que no se puede es construir una civilización capaz de sostener esperanza, fraternidad y esfuerzo colectivo. 

Lo central de la encíclica muestra que Dios se encarna en la historia concreta de un pueblo que construye desde valores éticos capaces de orientar la vida común: “la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común y la paz”. No se trata de espiritualidades abstractas, sino de una fe y una esperanza que organizan la vida social y le dan dirección histórica a un proyecto de comunidad. 

La trascendencia, entonces, no aparta al hombre de la realidad: le permite habitarla con sentido. Porque cuando un pueblo pierde el vínculo con Dios, corre

también el riesgo de perder la memoria de quién es, para qué lucha y hacia dónde camina. 

¿Será esto lo que quizás no podemos discutir en esta coyuntura? ¿Será por esto que creemos que la encíclica habla de la IA? 

El día en que perdamos el miedo a discutir el sentido (¿Dios?) podremos abordar los problemas de una manera más humana. 

La doctrina social de la Iglesia ante la idolatría contemporánea 

La doctrina social de la Iglesia adquiere una nueva actualidad frente a las transformaciones contemporáneas del poder económico global. En 1931, Quadragesimo Anno, publicada por Pío XI en el contexto de la crisis económica mundial y al cumplirse cuarenta años de Rerum Novarum, planteaba una crítica simultánea a dos proyectos políticos que conciben dos formas de ejercer el poder: por un lado, la concentración económica producida por el liberalismo sin límites (EEUU); por otro, las experiencias colectivistas que anulan la libertad y absorbía la vida social dentro del aparato estatal (URSS). 

La encíclica advertía que: 

“No se limita a retomar la ‘cuestión obrera’, sino que amplía su mirada a la configuración general del orden económico y político. Denuncia la concentración del poder económico en manos de unos pocos; critica tanto la competencia sin límites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas”. De este modo, la doctrina social clásica identificaba dos formas diferenciadas de dominación: la concentración económica y la concentración política-estatal. 

En la realidad contemporánea el problema adquiere una nueva complejidad. Las nuevas formas de dominación por parte de los sectores concentrados de la economía que toma forma de poder económico (político y cultural) transnacional ya no reproducen solamente la lógica del liberalismo clásico, sino que incorporan mecanismos de control y subordinación que absorben dimensiones propias de los totalitarismos modernos. El nuevo poder global no se limita al dominio económico, sino que avanza sobre las subjetividades, las prácticas sociales, el consumo, la información y las formas de vida. Se configura así una forma de dominación totalizante, desde sus instrumentos (las plataformas) que ejerce control sobre las mentes, los cuerpos y la vida cotidiana, limitando las posibilidades reales de desarrollo de las libertades humanas. En este sentido la encíclica Magnífica Humanitas de León XIV denuncia que hoy en nuevo enemigo ha consolidado la capacidad de subsumir las dos lógicas interiores y ejercer una dominación a escala global, y de subordinación de los Estados, pero con un fuerte control y dominación de las subjetividades.

Al mismo tiempo, este poder no elimina definitivamente al Estado, sino que lo subordina y lo incorpora como instrumento de apoyo en los procesos de dominación La concentración financiera global condiciona gobiernos, orienta políticas públicas y debilita la autonomía de las democracias, produciendo una articulación entre poder económico y estructuras estatales (y paraestatales) que supera la vieja oposición entre mercado y Estado. Mientras los totalitarismos clásicos pretendían controlar a la sociedad desde el aparato estatal, el nuevo totalitarismo financiero controla simultáneamente al mercado, al Estado y a la subjetividad social: 

En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsan y orientan la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.(5) 

En este contexto, las intuiciones fundamentales de la doctrina social mantienen plena vigencia. Tal como afirma el Magisterio reciente: 

“Para nuestra época siguen siendo particularmente actuales al menos tres intuiciones de su enseñanza social: la conciencia de que las injusticias no se refieren sólo a los comportamientos individuales, sino también a las estructuras económicas e institucionales; el valor del principio de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder; y el vínculo entre la dignidad del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna” (31)

De esta manera, el punto de anclaje de la encíclica (la doctrina social de la Iglesia) aparece hoy no sólo como una crítica ética frente a las injusticias económicas, sino también como una defensa de la persona humana, de las comunidades y de los organizaciones intermedias, frente a una nueva concentración global del poder que tiende a subordinar simultáneamente la Economía, el Estado y la vida social. La complejidad del proceso de dominación que plantea “el nuevo Dios Dinero”, requiere de un planteo profundamente integral que invierta los puntos de apoyo estructurales desde donde se sostiene el modelo de sociedad que plantea el capitalismo moderno. 

Para comprender entonces, el planteo profundo de la nueva encíclica, no resulta suficiente abordarlo en términos de lo que la inteligencia artificial genera o deja de generar. La cuestión central radica en preguntarse desde qué proyecto ético, moral, ecológico y, en definitiva, cultural se configura la relación entre los seres humanos, sus vínculos sociales, la naturaleza y el desarrollo técnico-tecnológico. El desafío no es la tecnología en sí misma, sino el horizonte de sentido que orienta su utilización. En este marco, la encíclica propone pensar una

ecología integral y un desarrollo humano integral, capaces de poner a la persona, la comunidad y el cuidado de la casa común en el centro de toda innovación: 

Por eso, la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna (9) 

Los “nuevos asuntos” y las concepciones para abordarlos 

El planteo ético integral desarrollado por la nueva encíclica requiere una visión capaz de articular de manera coherente los desafíos de nuestro tiempo, especialmente aquellos vinculados a la relación entre los seres humanos, la naturaleza y la tecnología. El objetivo no es simplemente promover la innovación técnica, sino orientarla al servicio de un desarrollo humano integral, donde la persona, la comunidad y el cuidado de la “casa Común” ocupen un lugar central: 

Pienso que actualmente, para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social (46) 

El abordaje de la problemática de la inteligencia artificial suele presentarse como una discusión limitada a la relación entre medios y fines, reduciendo el debate a una dimensión meramente instrumental y dejando de lado el carácter estructural del problema. Se nos hace cotidiano escuchar la frase, que la tecnología (hablando de las plataformas, redes sociales, la IA etc) es un medio, que según como se la utilice es el impacto que puede tener. Sin embargo, ninguna tecnología puede ser pensada por fuera de la cultura que la produce, orienta y le da sentido. Por esto mismo, constituye una forma de dominación presentar a “las tecnologías” como herramientas neutrales y universales, escindidas de los proyectos culturales, políticos y económicos que las sustentan. La referencia directa a Tecnología con Progreso, a tecnología con las tecnologías que se desarrollaron en éste contexto histórico, esconde una visión absolutamente ideológica, que niega al ser humano como ordenador de la vida en comunidad. 

Toda reflexión sobre las tecnologías debería conducirnos, en primer lugar, a interrogarnos acerca de la cultura que las sostiene: qué concepción de ser humano promueve, qué tipo de vínculos sociales favorece, qué relación establece entre las personas y la naturaleza, y qué modelo de desarrollo impulsa. En definitiva, la cuestión central consiste en preguntarse qué concepción de ecología integral —en el sentido amplio propuesto por Francisco— orienta el despliegue tecnológico y organiza la vida social.

El aspecto más desafiante de la encíclica radica en que nos obliga a interrogarnos, en primer lugar, el fundamento ontológico de la persona humana. La discusión se sitúa así en torno al concepto de dignidad humana, entendida como una dimensión constitutiva e inherente al ser humano en cuanto tal, y no como una cualidad adquirida o dependiente de sus capacidades, funciones o rendimientos. Desde esta perspectiva, abordar la problemática de la inteligencia artificial sin discutir previamente esta cuestión fundamental, implica quedar atrapados en un marco conceptual cerrado, incapaz de ofrecer respuestas adecuadas a los desafíos éticos, sociales y culturales que plantea el desarrollo tecnológico contemporáneo. 

Es importante vigilar para que este crecimiento en la conciencia de la dignidad humana no sea ofuscado bajo la presión de nuevas ideologías o de determinados intereses de gran poder en el mundo de hoy. Entre estas ideologías considero particularmente insidiosa la que sugiere que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos (51).Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios (52); 

La referencia a la dignidad humana constituye el principio articulador del bien común, concepto que la doctrina social de la Iglesia ha desarrollado como fundamento de una vida social orientada por un horizonte de trascendencia y un sentido compartido. Desde esta perspectiva, la relación entre los seres humanos, la comunidad y la naturaleza debe orientar y dar sentido al desarrollo tecnológico, subordinando las tecnologías a la realización efectiva del bien común. 

Por ello, ninguna tecnología puede considerarse verdaderamente humana si contribuye a la división entre las personas, a la fragmentación de las comunidades o al aislamiento de los individuos. Cuando la técnica deja de estar al servicio de la dignidad humana y de la construcción de vínculos sociales, corre el riesgo de transformarse en una instancia autónoma que pretende determinar por sí misma los fines de la existencia. En ese momento, el artefacto tecnológico deja de ser un instrumento y comienza a ocupar el lugar de un nuevo ídolo, capaz de disputar el sentido último de la vida humana y de la organización de la sociedad: 

“ todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que “hay que usar correctamente”; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guía”

El discernimiento ético que nos incorpora en bien común como valor, requiere de la naturaleza como sustento indispensable para la vida humana y como base sobre la cual puede construirse una verdadera ecología integral. La ecología integral propuesta por Francisco y retomada por la nueva encíclica remite precisamente al vínculo armónico, interdependiente y necesario entre los seres humanos, las comunidades y la creación. No se trata únicamente de una preocupación ambiental, sino de una comprensión integral de la realidad que reconoce la estrecha relación entre las dimensiones sociales, económicas, culturales, políticas y ecológicas de la existencia humana. 

Desde esta perspectiva, el ecosistema debe ser entendido como el entramado de relaciones humanas y naturales que se desarrollan en un tiempo y un espacio históricos determinados. Cuando este conjunto de relaciones se orienta hacia un destino común, adquiere la forma de una comunidad en sentido pleno, capaz de integrar los diversos aspectos de la vida colectiva dentro de un horizonte compartido de significado y trascendencia. Es precisamente este equilibrio entre persona, comunidad y naturaleza el que otorga sentido a la existencia humana y hace posible un desarrollo verdaderamente integral -humanidad integral 

Por ello, la reflexión sobre la ecología integral conduce necesariamente a problematizar el principio del destino universal de los bienes a los cual se agrega (de manera contundente en la encíclica) que entre los bienes que están destinados universalmente a todos, también deben incluirse las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas,entre otras. Este nombramiento da cuenta de la necesidad de discutir las nuevas tecnologías en un marco de referencia distinto, que reconfigure el sentido de los avances tecnológicos y eche por tierra el planteo de las visiones transhumanistas 

Si el destino universal de los bienes constituye una herencia común destinada al conjunto de la humanidad, entonces la organización económica, la apropiación de los recursos y el desarrollo tecnológico no pueden desvincularse de su responsabilidad respecto del bien común, de la justicia social y de las generaciones futuras: 

Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes. Según san Juan Pablo II, dicha subordinación es la regla de oro del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social». [88] La tradición de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien común (66) 

Por último, resulta central hacer referencia al concepto que da sustento al planteo de la encíclica respecto de cómo abordar los problemas contemporáneos en las escalas local, nacional y universal. En este sentido, la encíclica recupera el principio de subsidiariedad para repensar las relaciones de poder en un contexto

donde los actores con mayor capacidad de incidencia ya no se limitan al ámbito del Estado-nación. En efecto, frente a problemáticas cuya dimensión excede las fronteras estatales, emergen nuevos proyectos con capacidad de condicionar la vida social, económica y política a escala global y por lo tanto local: 

“Aquí el nivel superior no es el Estado, sino todo gran actor económico y tecnológico que ejerce un poder fáctico sobre las condiciones de la vida común. El nivel que absorbe competencias, datos y capacidad decisional está constituido por empresas y plataformas, que definen condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas”. 

Este diagnóstico requiere otorgar centralidad al principio de subsidiariedad, en tanto constituye una herramienta fundamental para fortalecer las organizaciones intermedias capaces de proyectar iniciativas surgidas en el ámbito local sin perder la proximidad con las necesidades concretas de las comunidades. Al mismo tiempo, este principio demanda una articulación con una estatalidad fuerte, capaz de coordinar esfuerzos y preservar su capacidad de acción frente a actores y dinámicas que excedan las escalas nacionales. De este modo, la subsidiariedad no implica el debilitamiento del Estado, sino la construcción de una ingeniería institucional en la que las organizaciones sociales, las comunidades locales, -las organizaciones libres del pueblo-, puedan actuar de manera complementaria para afrontar desafíos que, por su escala y complejidad, superan las capacidades de cada actor considerado de forma aislada y particular: 

La subsidiariedad requiere que dichos procesos no se impongan desde lo alto de modo opaco y unilateral, sino que estén orientados al bien común mediante la transparencia, la responsabilidad y formas reales de participación (71). 

Desarmar la inteligencia artificial como propuesta política 

Por último, una vez explicitado el recorrido conceptual y metodológico para abordar la problemática de la inteligencia artificial, resulta necesario profundizar en una de las propuestas más disruptivas y radicales planteadas por la encíclica Magnífica Humanitas: la necesidad de “desarmar” la inteligencia artificial. 

Lejos de constituir una postura ludista o un rechazo indiscriminado al desarrollo tecnológico, el planteo de León XIV apunta a poner en evidencia las lógicas de poder que subyacen a estas nuevas tecnologías. En este sentido, la inteligencia artificial no puede ser comprendida únicamente como una herramienta neutral, sino como un dispositivo que, en determinadas condiciones, puede convertirse en un instrumento de dominación política, económica y cultural sobre la propia humanidad.

El desarme propuesto implica, por lo tanto, una tarea crítica orientada a desnaturalizar las formas en que estas tecnologías son diseñadas, implementadas y utilizadas. Sin este ejercicio de cuestionamiento y regulación, la inteligencia artificial corre el riesgo de profundizar las desigualdades existentes, consolidando modelos sociales basados en el individualismo extremo, la concentración del poder y la mercantilización de la vida humana. 

Desde la perspectiva cristiana, la búsqueda de un equilibrio entre la dimensión material y espiritual de la existencia se ve amenazada por la expansión de visiones transhumanistas y posthumanistas. Estas corrientes filosóficas colocan a la técnica en el centro de la experiencia humana y promueven la aspiración de superar los límites propios de la condición humana mediante la intervención tecnológica. Frente a ello, la encíclica propone recuperar una concepción integral de la persona, en la que el desarrollo científico y tecnológico permanezca subordinado al bien común, la dignidad humana y la realización plena de la comunidad. 

Quisiera, por último, usar una palabra muy importante para mí: “desarmar”. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedir el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regular; es necesario desarmarla y hacerla acogedora (110). 

Reflexión final 

Para finalizar, resulta necesario aclarar que la referencia a Dios como fuente de sentido y trascendencia, así como los principios del bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y el destino universal de los bienes, constituyen valores fundamentales de la humanidad que trascienden las distintas tradiciones religiosas. Se trata de principios éticos y culturales que han contribuido históricamente a orientar la convivencia humana y la construcción de sociedades más justas. 

Lo que está en juego en esta coyuntura histórica no es únicamente el desarrollo de una nueva tecnología, sino el destino mismo de nuestra humanidad. Si no nos animamos a dar las discusiones profundas que exige la construcción de una Magnífica Humanitas, corremos el riesgo de quedar atrapados en la ilusión de que el progreso puede medirse exclusivamente por la sofisticación de los medios técnicos que somos capaces de crear.

Sin embargo, la verdadera calidad de una civilización no se mide por el poder de sus herramientas, sino por la capacidad de cuidado que sabe ofrecer; por su disposición a reconocer en el otro un rostro y una dignidad irreductible, y no simplemente una función, un dato o un recurso. La fortaleza de una comunidad humana se expresa en la capacidad de sus miembros para cuidarse mutuamente, compartir responsabilidades y construir vínculos de fraternidad. 

El cuidado, en este sentido, no constituye una actitud espontánea ni un atributo automático de nuestra condición. Es una capacidad profundamente humana que se aprende, se cultiva y se perfecciona a través de la experiencia, la educación y la vida en comunidad. Quizás el mayor desafío de nuestro tiempo consista precisamente en preservar y fortalecer esa capacidad frente a un mundo cada vez más atravesado por la lógica de la eficiencia, la aceleración y la automatización. 

La construcción de una Magnífica Humanitas exige, entonces, que el desarrollo científico y tecnológico permanezca subordinado a una pregunta más profunda: qué tipo de humanidad queremos ser y qué mundo deseamos dejarle a las generaciones futuras. 


1-Francisco Correa. Licenciado en Sociología. Docente en la UNLP, Facultad de Artes y Psicología. Trabajador de la secretaría de Niñez Adolescencia y Familia, (ex Ministerio de Desarrollo Social). Militante Gremial de UPCN.

2 Todas las citas fueron extraídas de la enciclica: 

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

ENSAYO GENERAL PARA LA FARSA ACTUAL

Unas reflexiones de lo que deja la despedida del Indio Solari.

Por Gustavo Matías Terzaga.

Con los años, muchos ricoteros desarrollamos una sensibilidad particular para percibir el nivel de autenticidad de algunas cosas, sólo de algunas. No se trata de una capacidad intelectual ni de una elaboración teórica compleja ni muy sofisticada. Es algo más elemental. Una sensibilidad que se construye lentamente, hecha de kilómetros recorridos, de amistades intensas, de charlas sinceras, de curdas interminables, de peligros sorteados y de todos esos pequeños datos que la vida va dejando en el camino cuando se vive de manera expuesta. Una forma de conocimiento que suele reconocer señales antes de que aparezcan las explicaciones. Un saber que no proviene de los libros sino de la experiencia acumulada por el simple hecho de haber estado ahí tantas veces.

Un gran remedio para un gran mal

Durante décadas, el nombre de Los Redondos y de su gente fue arrastrado por las páginas policiales. Cada recital era narrado desde el señalamiento, cada multitud que se movilizaba era convertida en amenaza para la paz social, cada joven era reducido a una caricatura funcional a los prejuicios de la época. Éramos, para esa mirada, los eternos «vándalos» sin destino ni modales; los que masticaban chicle con la boca abierta, los que no trabajaban, los que vivían al margen y los que, según decían, sólo salían a romper.

Una parte importante del subsuelo más vulnerado y marginal de la sociedad, también de las clases medias, fue convertida en objeto de sospecha permanente, casi como si se tratara de una zona contaminada del cuerpo social que debía ser vigilada, corregida o contenida en un perímetro. No veían trabajadores, familias, jóvenes, estudiantes, profesionales o marginados buscando un lugar en el mundo; veían apenas aquello que sus propios prejuicios les permitían ver. Y así fue tomando forma una operación más profunda que la simple estigmatización de una tribu urbana o de una expresión de cultura popular. Se trató, en buena medida, como en tantos otros sectores, de divorciar al pueblo de sí mismo; de romper los espejos en los que podía reconocerse y reemplazarlos por caricaturas degradantes, diseñadas para que terminara aceptando como propia una imagen que le era completamente ajena.

La misa y la peregrinación

Lo cierto es que quienes peregrinamos a cada misa durante años no recordamos únicamente los recitales. También recordamos una dignidad silenciosa que habitaba aquel universo ricotero. Esa multitud anónima de obreros, estudiantes, empleados, changarines y familias enteras aparecía una y otra vez, aunque cambiara la ciudad, el estadio o la época. Personas comunes sosteniendo vidas comunes, haciendo esfuerzos extraordinarios para regalarse una alegría. Había algo profundamente humano en aquellos encuentros. Quizás por eso aquellas canciones significaron tanto. No porque ofrecieran respuestas, sino porque encontraban palabras para experiencias que muchos llevaban dentro y que casi nunca encontraban un lugar donde ser manifestadas. 

Por eso terminábamos abrazados a personas cuyos nombres probablemente nunca llegaríamos a conocer. No había nada extraño en ello. Desaparecían las distancias que la vida cotidiana suele interponer entre unos y otros y emergía una forma de reconocimiento difícil de nombrar. Aparecía una sensación tan intensa como infrecuente; la de ocupar un lugar dentro de una experiencia que nos excedía a todos. Un lugar que, para muchos de nosotros, tenía la intensidad de un centro de gravedad; ese punto excepcional alrededor del cual parecían ordenarse todas las cosas y desde donde el universo podía contemplarse de otra manera. Luego de eso, volvíamos a casa.

Lo que duele no es la goma, sino su velocidad

Por todo eso y más, lo ocurrido en estos días con la despedida del Indio tuvo algo de reparación histórica, de justicia tardía, de venganza poética.

Millones de argentinos pudieron ver lo que siempre estuvo ahí; un pueblo ricotero lúcido, sencillo, trabajador, familiar, solidario y profundamente respetuoso. Y es que no cambió la gente; cambió, por un instante, la mirada sobre ella. Desde la demonización de la juventud durante los años noventa hasta nuestros días, lo que estuvo en disputa no fue solamente la imagen pública de una banda de rock o de sus seguidores a los que había que hacer correr, sino algo mucho más profundo; la posibilidad de reconocer a cientos de miles de personas en su existencia real, con sus lenguajes, sus consumos culturales, sus formas de encuentro identitario, sus contradicciones y su dignidad concreta. Durante demasiado tiempo, ciertos sectores necesitaron fabricar una representación degradada de esa multitud de apariencia peligrosa, irracional, marginal, violenta y sospechosa. 

Esa caricatura cumplía una función social y política. Si esa parte del pueblo era presentado como amenaza, entonces podía justificarse su disciplinamiento; si la juventud era convertida en problema policial, entonces se ocultaban las causas económicas, sociales y culturales que producían angustia, desarraigo y bronca.

En el fondo, nunca se trató de incomprensión, sino de administración simbólica. Nombrarnos desde afuera para quitarnos voz propia. Lógico, reducir una expresión popular a una escena de desborde permitía que otros conservaran intacta su mirada de superioridad, su miedo de clase, sus fantasmas y su necesidad de orden. Por eso la pelea nunca fue únicamente contra el morbo de una crónica periodística berreta, sino contra una forma de mirar al pueblo que primero lo distorsiona y después le exige que acepte esa distorsión como su cara real. 

Lo que molestaba no era el ruido, ni el viaje, ni la bandera, ni la apariencia, ni la canción. Lo que molestaba era que ahí había una comunidad viva, con relativa potencia, no domesticada; una forma plebeya de estar unidos, y que se organiza para cuidarse en la masividad. Y es precisamente allí donde la experiencia ricotera deja de hablar únicamente de música y de público para decir algo más amplio sobre la sociedad argentina. Porque lo que apareció durante la despedida del Indio excede largamente a una banda de rock. Habla de la persistencia de identidades colectivas que sobreviven a los cambios de época, a las operaciones culturales y a los intentos permanentes de fragmentación social. 

Pueblo y política

Acaso aquí aparezca la cuestión más profunda; las élites dominantes no sólo gobiernan cuando controlan la economía o las instituciones; primero gobiernan cuando logran imponer los rasgos y las palabras con las que una sociedad se mira a sí misma para quitarle toda la autoestima. Lo que estos días dejaron al descubierto es exactamente lo contrario. Esa multitud ricotera que tantas veces fue reducida a estigma era, y sigue siendo, una comunidad hecha de trabajadores y familias, con infinita capacidad de amar, agradecer y ser leal. Lo que empezó a resquebrajarse, aunque sea por un instante, fue la mentira que habían construido sobre toda esta gente.

Como con casi todo lo que sucede con el Indio, hay algo más detrás de esta última experiencia como triste despedida. Cuando una comunidad encuentra dirigentes capaces de escuchar su sensibilidad profunda, de interpretar sus anhelos y de traducirlos en políticas concretas, se produce un encuentro virtuoso entre pueblo y política. Eso es lo que expresa la articulación entre la familia del Indio, su viuda Virginia, el gobernador Axel Kicillof y el intendente Jorge Ferraresi en Avellaneda. Ni un sólo disturbio, y el Indio y su gente tuvieron el encuentro que correspondía.

Más importante aún, apareció una enseñanza que suele pasar inadvertida para la mirada apresurada y para el oportunismo de adentro y de afuera. La política no consiste únicamente en discursos o consignas. Organizar significa prever, cuidar, anticipar problemas antes de que ocurran y hacer que miles de personas puedan encontrarse en condiciones de seguridad y respeto. Es el trabajo silencioso de articular voluntades, instituciones y capacidades distintas alrededor de un objetivo común. Cuando eso funciona, la mayoría ni siquiera lo percibe; simplemente las cosas suceden bien. Y precisamente allí reside el valor de una buena gestión y de un político que entiende; en hacer posible lo extraordinario sin necesidad de convertirlo en un espectáculo ni en manipularlo con demagogia para llevar agua al molino propio. 

Mientras tanto, quienes siguen observando al país exclusivamente a través de sus prejuicios deberán continuar conviviendo con una realidad que nunca terminan de comprender. Un país hecho de memorias, símbolos y tradiciones que no caben en sus esquemas culturales. Un pueblo que sigue reconociéndose en el peronismo como lenguaje de justicia social, en Malvinas como afirmación de soberanía, en Maradona como expresión plebeya de grandeza y en los Redondos como una forma de identidad masiva construida desde abajo. Tal vez la mayor dificultad de cierta Argentina antipopular no sea combatir esas expresiones, sino aceptar que forman parte constitutiva del país que detestan y que pretenden dominar. 

La Argentina fue testigo de una despedida de dimensiones históricas que transcurrió en paz, como debe ser para un pueblo pacífico. Lo que merece ser destacado, aunque hoy no parezca asegurar nada, es que la política recupera su sentido más noble cuando deja de hablarle al pueblo desde arriba y vuelve a caminar a su lado. Cuando comprende que la cultura popular no es un problema ni una energía que disciplinar a los palazos, sino una fuerza vital que merece ser tenida en cuenta. Tal vez allí se encuentre la enseñanza más valiosa de estos días. Que ninguna transformación colectiva es posible sin una profunda comprensión de aquel que trabaja, sueña, canta, recuerda y conserva una extraordinaria capacidad para construir vínculos, afectos y lealtades duraderas. Ese que, aun después de años de incomprensión, sigue esperando una dirigencia capaz de reconocerlo como protagonista de su propia historia. 

Una dirigencia que no pretenda hablar en su nombre antes de comprenderlo. Sólo a partir de ese reconocimiento puede comenzar algo más interesante; la posibilidad de que esa enorme energía social, dispersa en miles de experiencias individuales, encuentre formas más conscientes y duraderas de organización. Que esa comunidad deje de reconocerse únicamente en los momentos excepcionales de alegría o de dolor y descubra también su capacidad de actuar sobre la realidad. En definitiva, la posibilidad de que aquello que hoy aparece como una multitud que se encuentra, se emociona y se junta, pueda asumirse algún día como un pueblo consciente de su propia fuerza y protagonista de su destino.

Fuentes Seguras. Empresas y Estados. El gerente

China ya no demanda, simplemente dispone. Al igual que la Federación de Rusia, atenúa la reprimenda pública contra los Estados Unidos para no dejarlo en evidencia. Donald Trump comprende la situación y trata de buscar una salida de las arenas movedizas. Los CEOs y el gerente. Sarmat, OPEP, ICE, Reino Unido, Bolivia. Lean el cierre.

Por Gabriel Fernández *

Lejos de constituir una demostración de poder occidental, la presencia de empresarios estadounidenses que lideran las áreas de tecnología, producción, finanzas y logística resultó, durante la visita del presidente Donald Trump a Pekín, una admisión del vigor integral de la República Popular China, de su crecimiento persistente y de las derivaciones en las zonas económicas más variadas.

A diferencia de otras reuniones, el mandatario estadounidense apenas atinó a puntuar vaguedades sobre lo conversado con el jefe de Estado Xi Jinping. Indicó que China desea la apertura del Estrecho de Ormuz y que no proveerá armas a los involucrados en las contiendas presentes; se trata de dos posturas obvias que vienen formando parte decorativa del trascendente discurso pacifista, industrialista y cooperativo de la nación asiática.

Lo cierto es que la República Popular definió su rumbo en base a acciones concretas que dimensionan su lugar en el mundo. En sintonía, el reciente cónclave se posicionó con el propósito de orientar el andar del gordo norteño en dirección objetiva. Esto es, cada protagonista debe asumir su imagen y su contenido tomando en cuenta el mayor acercamiento posible a la realidad. Claro que China, como la Federación de Rusia en Alaska, atenúa el enfoque sobre la imagen de los Estados Unidos para no generarle una humillante sensación de derrota.

Es preciso zambullirse en aguas agitadas, aguas que no facilitan la comprensión del proceso. Ese es el contexto del presente diseño legal de Pekín. El 7 de abril del año en curso, el Consejo de Estado del coloso asiático promulgó el Decreto 834, un Reglamento sobre la Seguridad de las Cadenas Industriales y de Suministro. Pocos días después, el 13 de abril, emitió el Decreto 835, un Reglamento acerca de la lucha contra la jurisdicción extraterritorial extranjera ilegal. Ambas decisiones entraron en vigor antes de la llegada del rubicundo.

ASI SON LAS COSAS. Esas medidas dejan de lado las protestas chinas sobre la expansión de los Estados Unidos y posicionan el cuadro de situación en un marco formal de contra sanciones que puede apuntar a la conducta comercial, las decisiones de cumplimiento normativo, los conflictos legales transfronterizos y los intentos extranjeros de imponer reglas unilaterales a las entidades chinas.

Como bien señala Cynthia Chung, autora de “El imperio en el que nunca se puso el sol negro”, este nuevo panorama deshilachó el esquema de sanciones de Washington. Influye sobre el horizonte global pero también sobre los conflictos en desarrollo en Asia occidental y la frontera euroasiática. Y más: pone en cuestión la vigencia del dólar como moneda única en la compra venta de petróleo al tiempo que prueba canales de pago elaborados para eludir el sistema financiero occidental.

En línea, el Congreso iraní aprobó la implementación de peajes de hasta $ 2 millones en buques petroleros que transitan por el estrecho, y resolvió que se abonen en yuanes. El conjunto de las resoluciones adoptadas desde ese flanco de las potencias multipolares puede implicar el fin del control de los Estados Unidos sobre las finanzas y el comercio global. El petrodólar ha sido hasta ahora epicentro del dominio del dólar. La moneda estadounidense ha sido reserva global y brindado a Washington la capacidad sancionar y aislar a los estados que no obedecen sus dictados.

Es posible que en Pekín, Xi le haya puesto las cartas sobre la mesa a Trump, afirmando así son las cosas. Con algún añadido: podrían ser mejor para ustedes, pero también podrían ser peor.

EL PODER SE EJERCE. Al conocer estas resoluciones, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió su réplica: toda institución financiera que respalde a Irán enfrentará sanciones. Pero no modificó los planteos antedichos. Es que el poder no se posee, se ejerce. Con esos contrastes la potencia del Norte pretendió debilitar los esquemas alternos que varios emergentes vienen empleando para esquivar las sanciones lanzadas sobre Rusia e Irán. Desde que Irán fue blanco de sanciones, Pekín ha estado desarrollando acciones comerciales que corroen el sistema financiero occidental, controlado parasitariamente.

La situación se ha complejizado. Las empresas chinas aún pueden padecer impactos del sistema financiero occidental. Pekín no puede impedir que Washington arme el acceso a las redes controladas por los Estados Unidos. Pero el gobierno chino no reconoce esas medidas como legales y se niega a hacerlas cumplir. Dada la interrelación global existente y muy en particular el vínculo entre ambas naciones, muchas decisiones pueden ser redactadas, mas no efectivizadas.

China ha pasado de las demandas discursivas a resoluciones económicas prácticas. Las mismas, según la especialista indicada, “pueden abordar la conducta comercial, las opciones de cumplimiento normativo y los conflictos legales transfronterizos. Las sanciones de los Estados Unidos amenazan con eliminar al comercio mundial de personas, entidades y estados objetivo. Pero en un mundo cada vez más dependiente del comercio chino, Pekín tiene cada vez más tarjetas que Washington no puede igualar”.

A ver: “Debido a que China rechaza la legitimidad de las sanciones unilaterales, impulsadas por los Estados Unidos, ha creado un precedente legal para responder con contra sanciones. De manera crucial, este marco ahora llega a Hong Kong, tratado durante mucho tiempo como demasiado sensible para entrar completamente en el sistema de medidas de Pekín debido a su papel como centro legal y financiero internacional”. Las resoluciones del Estado que lidera Xi Jinping implican “un escudo legal para bancos, aseguradoras, puertos, transportistas y contratistas chinos atrapados entre la presión de los Estados Unidos y la ley de seguridad nacional china. Las multinacionales ahora se enfrentan al dilema que Washington ha impuesto durante mucho tiempo a otros”.

LOS PROBLEMAS Y LAS SOLUCIONES. Esto es, se obedecen las sanciones de los Estados Unidos, o se cumple con la ley china. Como en tantas otras situaciones, lector, el panorama se desvela según la fuerza -entendida en todos los planos, no solo la militar- que posea cada protagonista. La caída productiva norteamericana, el progresivo y gigantesco endeudamiento, su pérdida de aliados, el incierto panorama político económico interno, contrastan con la estabilidad y el crecimiento del Dragón. Así, en base a la realidad, se despliega una vigorosa trama sino iraní destinada a liquidar los pagos de petróleo fuera del sistema bancario internacional. A cambio del petróleo iraní, las empresas estatales chinas apoyan los sectores de transporte, energía e infraestructura persas.

Es preciso consultar a quienes han hincado el diente profundo para abordar la cuestión. Esa financiación china configura un crédito a la exportación. Los analistas describen el acuerdo como una “economía paralela a las sanciones” que combina seguros, impulso de proyectos y trueque. Lo explica el economista Chen En Fu desde Shanghái: “El petróleo iraní llega a China a través de rutas marítimas complicadas que involucran transferencias oscuras de barco a barco y luego mezcla el petróleo sancionado con otras calificaciones de crudo asiáticos, lo que dificulta el rastreo de fuentes. A cambio, China paga financiando proyectos de construcción a largo plazo dentro de Irán, incluidos aeropuertos, refinerías y autopistas, convirtiendo la infraestructura en pago indirecto por envíos de petróleo”.

“Esta cooperación entre China e Irán refleja una tranquila alianza económica destinada a remodelar el sistema financiero global hacia la reducción de la dependencia occidental, generando un orden económico paralelo basado en bienes, proyectos y financiamiento alternativo en lugar de moneda fuerte controlada por Washington”, afirmó el estudioso. Por eso los Estados Unidos no han sancionado a China en su conjunto; dado que China es tan crucial para el comercio mundial, sería equivalente a sancionar a la mayor parte del mundo”.

Este periodista no ignora la dificultad que implica el abordaje del trasfondo económico. Por eso, considera preciso efectuar un cambio de frente destinado a insertar el juego en la Política. Estes es un fragmento del diálogo sostenido en Radio Gráfica con el especialista en China Sebastián Shulz, permite absorber el panorama con más claridad, dentro de una concepción afín a la desplegada hasta aquí.

¿OTRO TRUMP?

Gabriel Fernández. Damos la bienvenida a Sebastián Schulz, que es experto en China, hombre reconocido por sus trabajos y por haber observado de la potencia asiática algunas claves trascendentes. Como se sabe, Donald Trump se encuentra allí en reunión con Xi Jinping. ¿Cómo estás, Sebastián?

Sebastián Shulz. Hola, Gabriel. ¿Cómo estás? Un gustazo hablar con vos.

GF. Lo mismo digo, aquí estoy con Jorge tratando de desentrañar este momento trascendente que vive el planeta, ¿no? Porque están cara a cara en este momento las dos grandes potencias. ¿Cómo estás observando este primer tramo de la visita de Trump? Bueno, yo, a ver, creo que que más allá de eh las discusiones que se han hecho públicas y algunos acuerdos puntuales que podemos analizar, la gran novedad, me parece, de esta reunión, es la delegación que viajó con Donald Trump en el avión de los Estados Unidos, esta delegación de más de 20 CEOs y altos representantes de las principales corporaciones transnacionales de los Estados Unidos. Estamos hablando de las principales tecnológicas, las principales fabricantes de microchips, estamos hablando de corporaciones financieras, de fondos de inversión que Donald Trump directamente sube al avión para ir a pedirle a Xi Jinping que le abra el mercado chino a estas empresas. Y creo que es particularmente llamativo porque si uno lee la estrategia de seguridad nacional que Trump publicó en eh 2000 en noviembre del año pasado, explícitamente dice que la política exterior de Estados Unidos va a frenar la exteriorización de las empresas, la política de deslocalización. Y habla particularmente de China, de impedir que las empresas norteamericanas se radiquen y hagan negocios en China y que vuelvan a Estados Unidos. Entonces creo que esto es una novedad. Creo que estamos viendo quizás un nuevo Trump.

Creo que con Irán esto se hizo claro en la estrategia del Medio Oriente. Esta misma estrategia hablaba de dejar de intervenir Medio Oriente, dejar de promover los cambios de regímenes y bueno, 4 o 5 meses después es exactamente lo que hizo Trump en Irán. Entonces, creo que hay un declive económico y hegemónico de los Estados Unidos. Hay una postura, una iniciativa mucho más fuerte de estas corporaciones transnacionales de exigirle a Donald Trump que se suba al avión en una visita que Trump postergó de marzo del año pasado, que viaje a China para poder negociar algunos acuerdos con lo que es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos. Es decir, que acepte la realidad, ¿no? Que Estados Unidos se avenga a comprender cómo están dadas las cartas en este periodo. Bueno, yo creo que hay una batalla que se manifiesta políticamente en la interna republicana, pero también en el avance en posiciones de poder de los demócratas que hacen que Donald Trump tenga muy difíciles las elecciones de noviembre y eso dispara una crisis política que yo creo es una manifestación de distintas miradas acerca del rumbo económico de los Estados Unidos.

Esta política de Donald Trump, del primer Trump e incluso de la campaña electoral del segundo Trump de hacer foco en el proteccionismo, el mercado internismo con su objetivo de hacer Estados Unidos grande de nuevo, creo que ya con la reactivación de la doctrina Monroe, con la con el ataque de Estados Unidos a Irán y ahora con este viaje a China, los sectores MAGA al interior de Estados Unidos quedan completamente subordinados. El gran problema para Estados Unidos es que, lo demostrado por la derrota en Irán, es que no está en condiciones de imponer condiciones al Sur global, que incluso no pudo conseguir lo que Donald Trump en realidad fue a buscar a Irán, que era bloquear el acceso a petróleo y gas iraní a China. En ese marco encuentra una China fortalecida que lo que le dice a Trump «Nosotros no tenemos problema que tus empresas vengan acá. Nosotros incluso no tenemos problemas en aumentar nuestra compra de productos primarios de Estados Unidos para reducir el déficit comercial. Ahora te exigimos estabilidad, te exigimos que ceses con las posiciones intervencionistas, injerencistas y belicistas. Y sobre todo la gran cuestión que aparece en esta reunión como el principal punto de negociación: la cuestión Taiwán, es decir, que Estados Unidos deje de apoyar financieramente al independentismo. Hay un giro o en todo caso una reafirmación del poder de las grandes corporaciones que de algún modo le tuercen el pulso a ese ideologismo que ha mantenido Trump en muchos tramos, ¿no es cierto? Bueno, yo creo que justamente es un poco lo que vos estabas diciendo, porque creo que la estrategia de Trump está fracasando, no está teniendo los resultados esperados. Ni en el primer mandato de Trump, ni en lo que va de este segundo mandato, ha conseguido la repatriación de las empresas. Básicamente porque hoy las grandes corporaciones financieras globales, capitalistas, se mueven como decías, no en función de ideologías, sino en función de tasas de ganancia. Claro, y la política de Trump, fue muy costosa para estas empresas, no solo para las grandes transnacionales globales. Estamos hablando, por ejemplo, que en el avión estaban los CEOs o funcionarios de Apple, de Black Rock, de Cargill, del City Group, la Goldman Sachs, Meta, y también de grandes aliados de Trump como Elon Musk, que fue uno de sus principales apoyos en términos ideológicos, pero que fue un perjudicado importante con las políticas económicas de Trump, porque recordemos que Elon Musk es muy norteamericano, muy abanderado de la industria norteamericana, pero su principal fábrica de autos eléctricos está en la República Popular China. Entonces, la política de aranceles sobre el sector automotriz de Trump permaneció impactando en las ganancias del propio Elon Musk, que eso derivó en una pelea en donde Musk llegó a acusar a Donald Trump de estar presente en la en la isla de Epstein. Entonces, creo que ahí hay una disputa muy fuerte en donde lo que se está discutiendo es cuál va a ser el futuro político y económico de los Estados Unidos.

GF. Bien. Eh, vos conocés China muy a fondo Sebastián. Hemos visto aquí el nuevo plan quinquenal, el que arrancó ahora y se extenderá durante los próximos 5 años. Pregunto, ¿cómo hace? ¿Cómo logra China llevar adelante un plan en el medio de las vicisitudes? Porque el mundo cambia, hay nuevos actores, hay movidas; hay guerras, de hecho, que no existían antes del diseño del plan quinquenal. ¿Cómo se las arregla China para mantener la estabilidad?

SS. Bueno, Gabriel, justamente es un tema super interesante porque ahí entra un poco la lo que en general los occidentales y los chinos entendemos por planificación. Acá en Occidente está la idea de planificación como una receta, básicamente, un conjunto de pasos, un conjunto de eh etapas que uno tiene que cumplir a rajatabla para llegar de manera más eficiente a un objetivo previamente pautado. Eso es en abstracto, ¿no? Es ahistórico y es atemporal, se aplica una misma receta, se puede llegar al objetivo, China eh cualquier planificación, uno lee tanto el Plan Quinquenal, o cualquiera de los planes específicos y todo plan empieza por un diagnóstico. Y entonces a la hora de elaborar ese plan de 5 años, claramente hay una definición donde lo primero que aparece es lo que vos decías, que estamos en un momento de transición, estamos en un momento bisagra, estamos en un momento de agudización de las confrontaciones, de agudización de las tensiones, en donde China tiene abierta una ventana de oportunidades. China es el momento para profundizar la innovación científica tecnológica, es el momento para avanzar en algunas cuestiones internas que también son importantes para China en relación al aumento del consumo, lo que ellos denominan como el aumento de la demanda, el aumento de las condiciones materiales de vida del pueblo chino y la necesidad de reforzar las alianzas y los diálogos con el resto del Sur global, sabiendo, lo dice el Plan Quinquenal, lo dice también esta reunión que vimos hoy, que para China – Estado la relación con Estados Unidos es una relación de primer orden. Es la más importante del mundo, porque estamos hablando como lo conciben los chinos, la relación entre el país más desarrollado del mundo con el país en desarrollo más grande del mundo. Entonces, ahí es donde este se monta sobre una caracterización y un diagnóstico y después toma pasos concretos. Sabiendo además otra cuestión muy interesante que en 2006 China cambia el nombre del Plan Quinquenal. Ahora nosotros le seguimos diciendo Plan Quinquenal por costumbre y porque el cambio parece sutil, pero hoy en China se habla de directrices quinquenales o de grandes regulaciones quinquenales. No es un plan eh como lo pensaríamos nosotros eh cerrado, con objetivos ya delimitados, sino que son directrices, son guías que van a orientar la política pública de acá los próximos 5 años. Claro, claro. Política de Estado persistente. Claro, claro. Y que no están atados a esquemas rígidos, sino que puede variar con el correr de los años, inevitablemente, porque es un contexto sumamente convulsionado, y sumamente incierto. Sería ilógico más allá de que después existen algunas cuestiones concretas, existen objetivos puntuales en relación, por ejemplo, a demografía, al aumento de capacidad de consumo per cápita, incluso algunas orientaciones en relación a crecimiento de PIB, ¿no? Pero eso es otra cuestión interesante. China sabe que esta estas tensiones internacionales probablemente crezcan y que es ilógico pensar un crecimiento a tasas chinas del del 10 hasta el 15% que ha llegado a ser. Y es el momento de un crecimiento de carácter cualitativo en donde China crece entre el 4,5 y el 5% pero es un crecimiento mucho más equilibrado, centrado en la transición tecnológica y a su vez orientado a la distribución, es decir, crecer menos pero distribuir mejor.

Para quienes vienen entusiasmados con esa dosis conceptual, quien narra sugiere prestar atención a la primera parte del video que se incluye a continuación. El diálogo inicial se desarrolla con Lido Iacomini: El analista conversó con el autor acerca del desplazamiento de la socialdemocracia sueca, en beneficio del neoliberalismo. Vale adentrarse. Enseguida, es válido dejarse atrapar por El Golfo después de Ormuz, con la perspicaz mirada de Alejandro Marcó del Pont. Con ese trampolín, el apreciable intercambio se orientó hacia balance y perspectivas del encuentro Xi Jinping y Trump, y el sentido de la presencia empresarial (BlackRock incluido) en la delegación norteamericana.

Mientras todo esto sucede, lector, vale repasar.

– Esta semana, Rusia concretó con éxito un lanzamiento de prueba del misil balístico pesado intercontinental Sarmat. El presidente Vladímir Putin realzó que se trata del sistema de misiles más potente del mundo, cuya carga de combate total supera cuatro veces la de cualquier análogo occidental existente.

– El jefe de Estado confirmó que el proyectil de nueva generación entrará en servicio operativo en las Fuerzas Armadas de su país en diciembre del año en curso y resaltó que el Sarmat tiene la capacidad de «superar todos los sistemas de defensa antimisiles existentes y en desarrollo».

– El conflicto interno en la Organización de Países Exportadores de Petróleo se va a extender más de lo que podía suponerse. Emiratos Árabes Unidos (expuso la fractura) intentó impulsar una coalición anti iraní con los países golfo Pérsico, pero su iniciativa fue rechazada. Su jefe, Mohamed Bin Zayed, llamó a los líderes de Bahréin, Kuwait, Qatar y Arabia Saudí, pero estos se negaron a integrar una coalición junto a Israel para enfrentar a Teherán.

– Llegan a 50 las muertes de detenidos del ICE. En 2025 murieron más personas bajo custodia que en cualquier año en dos décadas, y 2026 va camino de ser aún más alto. Los desenlaces mortales están vinculados a maltratos y a tratamientos deficientes por parte de los equipos médicos, según informes de autopsia, registros judiciales y entrevistas con detenidos y expertos.

– El Partido Laborista de Keir Starmer obtuvo, en 2024, una aplastante mayoría en el Parlamento. A menos de dos años de asumir el cargo, podría estar a punto de ser destituido. Tras el rotundo rechazo de los votantes a los candidatos laboristas en las elecciones locales de Inglaterra, Escocia y Gales, ha quedado al borde de una salida apresurada del gobierno.

– El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira afronta su peor instancia desde que arribó a la primera magistratura seis meses atrás. A diferencia de las gestiones previas, el actual mandatario atacó a los sindicatos, puso en cuestión la estabilidad laboral y promovió un ajuste que, junto a la inflación, frenó el mercado interno. La única respuesta a las grandes protestas sociales ha sido la represión. Los gremios y la militancia política y social están en franca lucha y se aguardan definiciones en las jornadas venideras.

CIERRE CLAVE. Retomemos el arranque. Tras varias consultas, este narrador estima que los acompañamientos empresariales de Trump en Pekín configuran una Junta Directiva que aprovecha el encuentro de Estados como un espacio de negocios que trasciende con holgura las intenciones y las acciones del presidente que los invita. En la práctica, los invita porque no le queda otra opción. Un board. Así, la política exterior norteamericana sincera su matriz: los directorios de las firmas que dominan las nuevas tecnologías y la renta parasitaria. Pelean entre sí, no tienen el mismo interés de base, pero coinciden en que las autoridades electas por la población del Norte no están al mando y su democracia es ficticia.

Como contracara, mientras su Producto Bruto se acrecienta, mientras acumula sin saquear los recursos naturales que necesita, mientras establece vínculos equilibrados y mientras mantiene inversiones, compras y ventas en manos del Estado conducido por el Partido Comunista, la República Popular China negocia con quien sea necesario para sostener y profundizar su rumbo. Lo acaecido en la capital del Dragón amerita reflexiones de fondo acerca de la democracia, su aplicación, sus protagonistas y su sentido.

La imagen dibujada y publicada no es la de Trump con los CEOs, sino la de los CEOs con el gerente Trump. El Presidente es el vehículo adecuado -¿qué institución puede ser mejor?- para que el gran capital financiero y tecnológico asegure sus vías de suministro y su comercialización frente a China, y frente a todo aquél multipolar que tenga las espaldas esenciales para participar de negociaciones de este volumen. Los medios concentrados se desviven por mostrar a la potencia norteña con exigencias sobre Ucrania, Asia occidental (Irán en particular), Taiwán entre otros. Malas noticias: Pekín (como Moscú) no piensa ceder en ningún punto.

Uno de los analistas que, desde la tierra de Mao envió gentilmente su visión, explicó a quien redacta que “Pekín aplicó la doctrina de la diplomacia imperial: ofreció palabras amables, protocolo impecable y un banquete fastuoso mientras congelaba cada una de las líneas rojas de su agenda nacional. El elogio desmedido de Trump hacia Xi Jinping durante la cena expuso la subordinación psicológica del visitante: más allá de la oferta estética de China, en términos políticos nada prosperó realmente más allá de la exposición de EEUU como un recuerdo de la potencia que fue”.

Un nuevo mundo, asoma.

• Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

El acuerdo con Estados Unidos y la disputa por el sentido del Mercosur

Una estrategia de fragmentación y subordinación de Milei a los dictados de Washington.

Por Gabriel Fuks (*)

El acuerdo bilateral firmado entre la Argentina y los Estados Unidos —el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos (ARTI, por sus siglas en inglés)— no es un hecho aislado ni meramente comercial. Es, en realidad, un capítulo más de una discusión de fondo: el intento de redefinir, y en última instancia erosionar, el proyecto de integración regional que representa el Mercosur.

El debate no puede separarse del contexto político en el que se inscribe. La profundización del vínculo con Estados Unidos se produce en paralelo a un respaldo financiero directo: en octubre de 2025, el Tesoro estadounidense anunció un acuerdo de intercambio de divisas (swap) por 20.000 millones de dólares para apoyar a la Argentina, bajo la administración de Scott Bessent. Ese acompañamiento no es neutro: forma parte de una estrategia de alineamiento que excede lo económico y se proyecta sobre la política exterior y comercial del país.

En ese marco, el ARTI introduce compromisos que, por su alcance y profundidad, obligan a preguntarse si la Argentina puede avanzar unilateralmente sin afectar los acuerdos fundacionales del Mercosur.

No se trata de una objeción ideológica. Es una cuestión institucional y jurídica. El Mercosur se estructuró sobre principios claros: la construcción de una unión aduanera, la existencia de un arancel externo común (AEC) y la definición de una política comercial conjunta frente a terceros Estados. Estos pilares no son accesorios. Son la base operativa del bloque y el mecanismo que le permite actuar como un actor económico relevante.

El ARTI, en cambio, avanza en sentido inverso. Establece compromisos arancelarios preferenciales, esquemas de acceso a mercado y obligaciones regulatorias que podrían alterar la uniformidad del AEC. En términos concretos, habilita la posibilidad de que bienes provenientes de Estados Unidos ingresen en condiciones diferenciadas, lo que abre la puerta a fenómenos de desviación de comercio y triangulación a través del territorio argentino hacia el resto del bloque.

Para mitigar estos efectos, el sistema requeriría reglas de origen mucho más estrictas y controles aduaneros reforzados, lo que en la práctica tensiona la lógica de libre circulación interna que define a una unión aduanera. Es decir, el propio funcionamiento del Mercosur se vería obligado a reconfigurarse para absorber los efectos de una decisión unilateral.

El problema no se limita a lo arancelario. El acuerdo incorpora compromisos en materia regulatoria, estándares técnicos, propiedad intelectual y comercio digital que pueden generar inconsistencias con la normativa regional vigente. En particular, los mecanismos de reconocimiento de estándares externos y ciertas obligaciones de convergencia normativa pueden afectar la coherencia regulatoria construida entre los Estados miembros.

En algunos casos, incluso, se establecen esquemas de alineamiento con políticas adoptadas por los Estados Unidos en materia de controles comerciales y seguridad económica. Este tipo de cláusulas introduce un condicionamiento indirecto sobre la política externa y comercial argentina, con posibles efectos sobre el conjunto del bloque.

En ese contexto, el interrogante es inevitable: ¿puede un Estado miembro asumir este tipo de compromisos sin afectar la lógica de actuación conjunta que define al Mercosur?

La respuesta requiere una instancia institucional que ordene el análisis. Y ahí aparece el Tribunal Permanente de Revisión (TPR), el órgano encargado de interpretar el derecho del bloque y garantizar su coherencia.

El TPR cuenta con la facultad de emitir opiniones consultivas a pedido de órganos legitimados, entre ellos el Parlamento del Mercosur. Estas opiniones, aun sin carácter vinculante, cumplen una función central: establecer criterios interpretativos comunes, prevenir conflictos y evitar que cada Estado avance con lecturas propias que fragmenten el sistema jurídico regional.

Sin embargo, a pesar de su relevancia, el TPR ha sido utilizado en muy pocas oportunidades para abordar controversias de esta complejidad. Esa subutilización no responde a una falta de herramientas, sino a la dificultad política del bloque para procesar sus tensiones. Justamente por eso, este es el tipo de casos para los cuales fue concebido.

En la última sesión del Parlamento del Mercosur, realizada en Montevideo, se aprobó una resolución que, entre otros puntos, solicita la elevación de una consulta al TPR para analizar la compatibilidad del ARTI con el orden jurídico regional. La decisión no fue menor: fue el resultado de una discusión política concreta sobre cómo encauzar institucionalmente un tema que, de otro modo, quedaría librado a interpretaciones fragmentadas.

El Parlamento aparece, en este contexto, como un actor clave. Los Estados difícilmente impulsen un litigio formal en un escenario de tensiones crecientes, y los particulares no tienen acceso directo al sistema. El Parlasur queda así como el único canal institucional disponible para activar el mecanismo consultivo y vincular la discusión política con la interpretación jurídica.

Pero el punto de fondo es político. El avance de acuerdos bilaterales de esta naturaleza no puede analizarse de manera aislada. Forma parte de una estrategia más amplia del gobierno argentino.

El presidente Javier Milei ha sido explícito en su posición. Ha definido al Mercosur como un obstáculo para el desarrollo argentino y ha planteado la posibilidad de avanzar por fuera del bloque: “Emprenderemos el camino de la libertad y lo haremos acompañados o solos”, sostuvo. En la misma línea, afirmó que el Mercosur es “un escollo” y que buscará “ponerle fin a lo que consideramos una inercia destructiva”, advirtiendo que “está en nuestros socios decidir si van a acompañar el camino que hemos elegido”.

Estas definiciones se traducen en hechos. En 2024, el mandatario argentino se ausentó de la cumbre de presidentes del Mercosur para participar de un encuentro internacional de sectores de derecha en Brasil, en abierta tensión con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. A eso se suman el recorte de financiamiento y el intento de vaciar la participación argentina en el Parlamento del Mercosur.

El ARTI debe leerse en ese contexto. No es solo un acuerdo comercial: es parte de una política de desarticulación progresiva del Mercosur, que combina decisiones unilaterales, desinversión institucional y redefinición del alineamiento internacional.

Además, implica una decisión estratégica de subordinación a los lineamientos de la política exterior y comercial de los Estados Unidos, en un escenario global marcado por el endurecimiento de su estrategia geoeconómica. Durante la administración de Donald Trump, esa orientación se expresó en la aceleración de la guerra comercial con China, así como en tensiones crecientes con Europa, India y otras potencias. Ese patrón no ha desaparecido: persiste como lógica de acción en la disputa por el orden económico internacional.

Este alineamiento no es únicamente comercial. También se inscribe en el plano político y geopolítico. La estrecha relación de Estados Unidos con Israel, bajo el liderazgo de Benjamín Netanyahu, ha encontrado en el gobierno argentino una adhesión que en muchos casos se ha traducido en gestos sobreactuados por parte del presidente. En ese contexto, Javier Milei ha inscripto a la Argentina en un peligrosísimo derrotero: el de ubicar al país en escenarios de conflicto ajenos, abandonando una tradición histórica de política exterior basada en la neutralidad y la búsqueda de equilibrio.

Existen antecedentes que muestran otro camino posible. En la Unión Europea, acuerdos de gran envergadura —como el propio entendimiento con el Mercosur, tras más de veintiséis años de negociación— fueron sometidos a instancias de revisión jurídica antes de su implementación. No para bloquearlos, sino para garantizar su coherencia con el derecho comunitario.

Si ese estándar es válido en Europa, resulta razonable que también lo sea en el Mercosur. No se trata de impedir acuerdos, sino de blindar que las decisiones nacionales no vulneren los compromisos regionales.

El Mercosur no es únicamente un esquema comercial. Es un proyecto político, económico y social que busca construir capacidades colectivas en un contexto internacional cada vez más competitivo. Es, en definitiva, una herramienta para ampliar márgenes de autonomía.

Lo que está en juego con el ARTI no es solo su contenido específico. Es el sentido mismo del bloque.

Sostener el Mercosur como proyecto implica defender algo más amplio: el regionalismo y la soberanía como opciones posibles en un mundo atravesado por relaciones de poder profundamente asimétricas.

Frente a una estrategia que apuesta a la fragmentación, al alineamiento unilateral y a la subordinación a intereses externos, la respuesta no puede ser el repliegue. La única alternativa real sigue siendo profundizar la integración.

La unión latinoamericana —en términos económicos, políticos y culturales— no es una consigna abstracta. Es el único instrumento capaz de garantizar la independencia y la soberanía de nuestros pueblos en el siglo XXI. Y es precisamente ese horizonte el que hoy está en disputa.

* Gabriel Fuks fue embajador argentino en Ecuador durante el Gobierno de Alberto Fernández, presidente de Cascos Blancos en 2003-2013, secretario de Seguridad Federal en 2019-2021 y diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Actualmente es Parlamentario del Mercosur.

¿Cuál es el futuro posible?

 Por Omar Auton

   En los dos capítulos anteriores he intentado responder a la pregunta, pensando en un trabajo del amigo Ricardo Auer, titulado “Un país que no va a ningún lado”, donde afirma “Nuestro país transita senderos de total ambigüedad y contradicciones. Su dirigencia parece ignorar que nos acechan demasiados peligros estratégicos y no simples problemas económicos financieros. El desguace de la cultura conlleva la fragilidad de las instituciones, fácilmente observable en la privatización de cada parcela del Estado en manos de grupos oligárquicos que lo usufructúan para beneficio propio. Pareciera que Argentina no tiene un proyecto de vida en común; somos una suma de facciones en pugna permanente, conducidas con criterios y agendas que nos llegan del exterior” esto escrito en 2023, es una descripción cierta, no imaginábamos que podía agravarse hasta extremos patológicos a partir del gobierno que asumiera en diciembre de ese año encabezado por un psicótico y megalómano, fanatizado por una corriente de pensamiento económico, marginal en el mundo de la ciencia económica, que descubre recién en el 2013 de la mano de Rothbard y que mezclada con las profecías de Parravicini y “En Macabeos, como un mantra: La victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo” (“Porqué Peter Thiel elige Argentina”; Tomás Borovinsky; Revista Panamá; abril de 2026), ha puesto a la sociedad argentina en una crisis de angustia y ansiedad.

   Este personaje además de su “Corte de los Milagros”, de “buscas” que se encuentran de pronto ante la posibilidad de hacerse millonarios y acceder a los lujos y excesos de todo recién llegado, incluso grosero y burdo, vino a ser lo que encontró disponible el establishment local, luego del fracaso de Macri, para poner en marcha la etapa final de la consolidación de la República Argentina como una semicolonia miserable, que aniquile el sueño peronista de un país importante y se “latinoamericanice”, con una clase trabajadora pequeña y de servicios, un 70% de la población en la precariedad, cuando no la marginalidad y la miseria y una minoría, que describimos en el capítulo anterior, de “clase alta” y oligarcas, que hoy representan el 6% de la población total pero concentra más del 34% de la riqueza, aunque es una clase alta “de cabotaje” ya que tiene un ingreso de 8.000 U$S mensuales cuando sus pares mexicanos disponen de 11.000 U$S, en Alemania es de 18.000 y en EE.UU de 28.000 dólares mensuales.

   Ya hemos hablado de “Cuando se jodió la Argentina”, de las consecuencias del golpe de 1976, pero también de la defección de la dirigencia política a partir de 1983, especialmente la que se proclama peronista que no sólo fue abandonando una a una cada una de las señales de identidad, sino que se sumaron alegre y obscenamente al desfile de millonarios, en una especie de revista Caras de la casta política. Todos o casi todos los dirigentes peronistas que gobernaron, en distintos poderes y escalones de gobierno exhiben un nivel de vida y poder económico que nunca habrían obtenido a partir de su trabajo o profesión, si esto puede ser tolerable hasta cierto nivel, ese nivel ha sido superado con creces.

   Puedo afirmar que las restauraciones oligárquicas nunca fueron la reacción a excesos revolucionarios de nuestros gobiernos sino precisamente de haber abandonado cualquier debilidad jacobina en aras de hacerse creíble ante el poder económico-financiero local e internacional, ese no ser ni chicha ni limonada, más allá que se lo disfrace con discursos altisonantes o supuestas cruzadas que no pasan de lo declarativo, nos llevó a perder la confianza de nuestro pueblo primero y a ganarnos su irritación y rencor luego. De ahí la aparición de Macri, como un aviso, y luego de Milei como un modelo recargado y más feroz de latrocinio. 

   He ahí uno de los primeros caminos a recorrer: RECUPERAR NUESTRA MEMORIA Y NUESTRA IDENTIDAD.

   A no confundirse, cuando hablo de memoria e identidad, hablo de nuestras tres banderas, de las 20 verdades, de la “Comunidad Organizada”, del Modelo Argentino y de los inéditos 11 años de gobierno de Juan Domingo Perón entre sus tres presidencias, hablo del compromiso de vida de los compañeros de la Resistencia Peronista y del Movimiento Obrero, especialmente durante la lucha llevada a cabo contra la última dictadura, primero como “Comisión de los 25” y luego como CGT Brasil, de sus documentos de La Falda y de Huerta Grande, de los 26 puntos, en los comienzos de la democracia hasta los más recientes, hay que incluir las encíclicas sociales de la Iglesia, muy especialmente Fratelli Tutti, y la exhortación Evangeli Gaudium, y las publicaciones de los mensajes de Jorge Bergoglio como Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires.

   Si la discusión la circunscribimos a las cartas orgánicas, las autoridades formales en todos los niveles, el manejo de los aparatos partidarios o el poder de los Rasputines que viven del poder de sus agendas o de su fama de “operadores de…” y no hago nombres porque todos ellos han servido a cuanto dirigente apareciera, a la rosca y pelea por la lapicera a la hora de las listas, solo estaríamos poniendo  “Otro ladrillo en la pared” (perdón Pink Floyd por el copyright) de la destrucción definitiva del peronismo como eje del Movimiento Nacional de Liberación, para convertirlo en un partido más del sistema colonial, y ojo, hay antecedentes: la UCR en Argentina luego de la muerte de Yrigoyen, el MNR en Bolivia, el APRA en Perú, el Partido Blanco en Uruguay, el PRI en México.

    Hay que recuperar el diálogo fraternal entre nosotros, la pelea por los cargos nos ha llevado a no dirigirnos ni el saludo, si Perón nos dijo que “Nadie se realiza en una sociedad que no lo hace” me atrevo a afirmar que “Ningún dirigente podrá realizar sus objetivos en un partido que no lo hace”, más allá de cuales sean los objetivos del dirigente.

   Es necesario decir claramente que: NUESTRO MODELO ECONÓMICO BUSCA UNA ECONOMÍA SANA Y CON EQUILIBRIO FISCAL A PARTIR DE LA INDUSTRIALIZACIÓN, UNA REFORMA IMPOSITIVA Y FINANCIERA, UN AUMENTO SOSTENIDO DE LA PRODUCCIÓN Y DE LAS EXPORTACIONES, TODO ELLO CON JUSTICIA SOCIAL Y PROTECCIÓN AL TRABAJO REGISTRADO.

   El peronismo nunca usó la emisión monetaria descontrolada o el gasto sin recursos genuinos, más allá de lo que digan los conservadores o neoconservadores, jamás desdeñó el equilibrio fiscal, pero sí es cierto que no tuvo en estos 40  años el coraje para proponer una reforma integral de la Ley de Entidades Financieras, una Ley de Inversiones Extranjeras acorde con un proyecto de liberación nacional, y una Reforma Impositiva que grave la especulación y la riqueza y no a la inversión y al trabajo. Hay que derogar el DNU 70/23, la Ley Bases y la Ley de Reforma Laboral y si es necesario ir por la nulidad insanable por inconstitucionales de muchas de sus cláusulas

   Hace falta un gran esfuerzo para incrementar el PBI industrial y las exportaciones de ese origen, el Estado tiene que fomentar o dirigir el crédito a ese fin, especialmente en industrias con sesgo exportador, no estoy en contra del consumo popular pero sí del consumismo y del endeudamiento familiar como instrumento, supuestamente, de fomento a la producción, el crecimiento de esta debe trasladarse en parte a los salarios y estos sostendrán el consumo, no “planes” de 12, 24 o 40 cuotas, para comprar electrodomésticos, ropa o celulares, apalancado por el Estado, la demagogia de “poner platita en el bolsillo de la gente” no es Justicia Social.

   Hablando de producción, hay que debatir con fuerza, conocimiento y honestidad la política agropecuaria, basta de “Retenciones si o Retenciones no”, creo que los debates, entre otros, deben pasar por:

1) ¿Vamos a producir alimentos para las personas, especialmente los argentinos o vamos a dedicarnos solamente a los biocombustibles, los alimentos para animales de otros países, destruyendo las economías regionales y expulsando argentinos a los conurbanos y las villas miseria?

2) ¿Vamos a seguir dejando estancada la producción bovina, 58 millones de cabezas en 1973 con 26 millones de habitantes y 50.920.790 cabezas en 2025, un 1,36% menos que en 2024 con 47 millones de habitantes y para poder exportar y que ingresen divisas reimplantar la veda como en 1970 o permitir precios exorbitantes para los argentinos o invitarnos a comer carne de burro?

3) ¿Vamos a mantener un régimen como el actual que nos hace dependientes absolutos de las exportaciones agropecuarias mientras permitimos un descontrol total del manejo de las mismas de manera que la evasión de divisas sea récord?

   HAY QUE TOMAR COMO UN MANDAMIENTO DOS DE LAS 20 VERDADES PERONISTAS: 4) NO EXISTE PARA EL PERONISMO MAS QUE UNA SOLA CLASE DE HOMBRES, LOS QUE TRABAJAN Y 5) EN LA NUEVA ARGENTINA EL TRABAJO ES UN DERECHO QUE CREA LA DIGNIDAD DEL HOMBRE Y ES UN DEBER, PORQUE ES JUSTO QUE CADA UNO PRODUZCA, AL MENOS, LO QUE CONSUME.

   Creo que no hace falta aclarar que el trabajo registrado y protegido es para todo peronista un valor central y un principio fundante de nuestra identidad, no hay lugar para “flexibilizaciones” o “modernizaciones” desprotectorias, porque es un pilar esencial de la Comunidad Organizada, como diría Don Corleone “El que te diga lo contrario, es el traidor”

   Ya me extendido sobre el tema de los llamados Planes Sociales, una medida correcta y adecuada en el primer quinquenio de este siglo, que luego deberían haber ido reduciéndose en la medida del crecimiento económico y sin embargo ocurrió todo lo contrario, los liberal-conservadores porque nunca tuvieron intención alguna de recrear el empleo y los planes eran un chantaje y al mismo tiempo una forma de clientelismo al igual que los ampulosos planes de “urbanizar las villas” y nuestros gobiernos porque asumieron que era un “daño colateral” del capitalismo moderno, una consecuencia natural de la desindustrialización y hasta algunos llegaron a decir que en aras de detener el deterioro ambiental “había que sacarse de la cabeza volver a abrir o instalar industrial, había que ir al trabajo verde”, (sic).

   Hay que discutir en el ámbito de un Consejo de Estado, empresarios, sindicatos, movimientos sociales y Estado, un plan cuatrienal para reinsertar a esos compañeros en el trabajo formal y registrado, con beneficios impositivos para las empresas y hasta mantenimiento del plan por un tiempo como parte del salario para atenuar ese impacto en la empresa dadora de trabajo.

   Mientras tanto deben ser organizados en cooperativas, pero reales, registradas, encuadradas en la ley y controladas por el INAES (que no debe ser manejado por los cooperativistas) y dedicarse al bacheo, zanjeo, reciclado, etc, con el plan como un salario. Los barrios del conurbano bonaerense adolecen de cloacas, alumbrado, gas natural, agua corriente y muchos hasta de asfalto. Simultáneamente los gremios, debidamente auxiliados por el Estado pueden desarrollar junto a la UTN planes de capacitación y formación en oficios. Hay profesionales y técnicos capacitados y con experiencia para implementar estas políticas, que deben llevarse adelante por un Ministerio de Trabajo fortalecido.

   No podemos ignorar otros temas que deben ser centrales en nuestro programa de gobierno en cualquier situación que sea, resolver los gravísimos problemas de:

 a) La Educación: su organización, programas de estudio y recuperar el criterio de exigencia y esfuerzo, así como la autoridad del docente, natural de todo proceso de aprendizaje.

b) La Seguridad Ciudadana: de todos los argentinos, muy especialmente en los barrios populares hoy sometidos, ante el abandono del Estado, a la dictadura de las organizaciones narcos.

c) La Salud: hoy quebrada por las políticas económicas, desfinanciadas por el Estado, desorganizadas (los tres niveles desde la sala o centro de salud, el hospital general y la alta complejidad, no existen) y que no colapsa solo por el esfuerzo y capacidad de sus trabajadores.

d) La Política Exterior: debe ser soberana, esto es abandonar todo alineamiento ideológico automático e insertarnos en los viejos (Mercosur) y nuevos polos (BRICS) del sistema mundial según nuestros intereses, teniendo el norte en la unidad de Sudamérica.

e) La Seguridad Social: asegurando la debida protección y acompañamiento a todos los argentinos que por razones etarias (vejez) o invalidantes (discapacidad), ven dificultada su integración a una vida digna y segura.

  Lejos estoy de imaginar agotar los desafíos y exigencias de la hora, en mi libro anterior (“Patria o Colonia, debatir, pensar, actuar”: Edit. Ciccus: 2025) me referí en extenso a la necesidad de recuperar un Estado fuerte, profesional y moderno que sea un promotor  permanente del crecimiento y la integración social, a las formas de reconstruir la política y la organización de la comunidad, y a ello me remito a fin de no ser repetitivo.

   Tampoco podemos ignorar los tremendos desafíos y peligros que resultan de lo que Gabriel Merino llama, muy acertadamente el “(Des) Orden Mundial”, la crisis del globalismo anglosajón potenciada luego de la desaparición de la Unión Soviética, unipolar y unilateral, ha estallado con la aparición de nuevas potencias como China, India, emergentes como Irán, Turquía, Pakistán, Sudáfrica, Brasil, la reaparición de Rusia y el intento de Japón por recuperar un espacio como nodo del sistema. Ello no significa que EE.UU haya dejado de ser una potencia predominante, al menos en el plano militar, pero está en claro retroceso, víctima en parte del mismo modelo que prohijó de apertura económica, liberalismo extremo, deslocalización y desaparición de empresas y fractura social ante la pérdida de empleos, agravada luego de la crisis financiera del 2008, que la han relegado en la producción de manufacturas, el comercio internacional y el desarrollo tecnológico (De los 11 países cuyas empresas han desarrollado nuevos patentamientos en 2025 EE.UU se halla octavo).

   Dentro de esta tercera guerra mundial fragmentada como le llamaba el Papa Francisco, donde a los enfrentamientos militares se agregan las batallas comunicacionales y la guerra cognitiva, Argentina “Por ignorancia, por inconsciencia, por imprudencia o por mala leche” (Serrat dixit), del canalla que gobierna y la oligarquía conservadora y antinacional que lo apadrina, ha quedado entrampada en un aislamiento y alineamiento peligroso, como furgón de cola del delirio imperial de Trump y el belicismo genocida de Israel, lo que podría tener consecuencias de extrema gravedad en la actualidad y también en el futuro si un gobierno peronista no lo revierte como prioridad.

   Una oligarquía global empujada financieramente desde Wall Street y Londres, intelectualmente desde Silicon Valley y coordinada desde Bilderberg, cuya última reunión en Washington en 2026, reunió a 130 líderes de la política, finanzas, medios de comunicación y la industria. Ellos denominan al foro como “Bilderberg, World´s Elites Behind Closed Doors”, avanza al gobierno global prescindiendo de los Estados, los gobiernos y los pueblos.

   En la Argentina los viejos “dueños” como Roca, Magnetto, Roemmers etc. confronta y se alía con poderes emergentes, los hermanos Neuss, Galperín, Bulgheroni (ahora diversificado y aliado a grupos financieros globales) para repartirse el “derrame” del remate de los bienes tangibles e intangibles que millones de argentinos, con su esfuerzo y capacidad, han generado a lo largo de décadas, aprovechando la debilidad del pueblo de resultas de la fragmentación y desorganización popular motivados en la falta de trabajo, los magros salarios y el crecimiento de la informalidad, sumados (insisto con eso) a la pérdida de representatividad y cobardía o complicidad de la autodenominada “clase política”.

   Por ello es estratégico recuperar la organización popular, fortalecer y mejorar las que ya existen, reencontrar nuestra identidad cultural, abrir paso a nuevas generaciones y diseñar un programa claro, sencillo, de Reconstrucción y Liberación Nacional, nada altisonante ni con lenguaje académico, que reconozca los reclamos y necesidades comunes y proponga un camino de resolución que no deje a nadie afuera, los candidatos serán el resultado de este trabajo militante que, miles de compatriotas ya han iniciado, pero necesita y exige, el esfuerzo de todos.

   En 1939 el filósofo español José Ortega y Gasset nos exhortó “Argentinos, a las cosas”, he tratado de hacer un aporte a la determinación de por cuales cosas empezar, si así no lo hiciéramos “QUE DIOS Y LA PATRIA NOS LO DEMANDEN”.

¿Sobre qué hay que hablar?

Por Omar Auton 

 “Hay momentos en que los países son urgidos

                                                           a “recontar” su vida, para hacerse cargo de ella

                                                        plenamente, o librarse a la deriva” Methol Ferré 

   Retomo la obra del maestro Methol Ferré en el epígrafe, para responder a los muchos que me cuestionan “Para que hablar de historia”, “Lo que hace falta es decir claramente cómo vamos a recuperar la industria, parar la inflación y recuperar los salarios”, o “Tiene que ser alguien nuevo, hay que terminar con la vieja política”, en realidad los temas referentes a medidas concretas, más que importantes por cierto, van a ser encarados y resueltos por funcionarios de acuerdo con su ideología o su pensamiento político, por ende lo que debemos discutir es “Desde Dónde” se la va a encarar y seguramente vamos a debatir una serie de ideas con un sentido común parecido o vamos a tener claro que estamos parados en veredas diferentes.

   Es por lo expuesto que considero que lo fundamental en esta etapa es tener claro quiénes somos, cual es nuestra identidad y para ello, como escribe Methol, hay que “recontar”, volver a poner en presente nuestra historia e identidad, una cosa es hacer, luego, alianzas electorales o frentes, pero teniendo en claro quiénes somos nosotros, los peronistas, y quiénes nuestros aliados, amigos, compañeros de ruta, de lo contrario vamos a andar comprando soluciones económicas, educativas, laborales, etc. en un mercado de baratijas o a alguna ONG, ya que la destrucción de los partidos políticos los ha dejado sin cuadros técnicos orgánicos.

   Dicho esto, quiero volver al tema de La Comunidad Organizada, como anécdota quiero señalar que nada menos que Carlos Marx, en “la Ideología Alemana” escribió “solamente dentro de la comunidad con otros, todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos, solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad individual “ y es en base a ese aserto que Byung Chul Han expresa “Curiosamente, también Marx define la libertad como una relación lograda con el otro. En consecuencia, ser libre, no significa otra cosa que “realizarse mutuamente”.

   Esto es porque cuando hablamos de la Comunidad Organizada estamos sintetizando una realidad de nuestra historia, tanto de los pueblos originarios como de la conquista y las oleadas inmigratorias, que Perón recoge en su libro, visión expuesta en el Congreso de Filosofía de Mendoza en 1949 y al mismo tiempo “situando” un pensamiento universal desde nuestra propia mirada, como reclamaba Arturo Jauretche.

   Cuando conocí el libro, hace muchos años, vino a mí una experiencia de infancia, a los cuatro años mis padres se mudaron a Quilmes Oeste, una zona denominada La Cañada, a una cuadra de la, por entonces, Av. Calchaquí, paso obligado para acceder a la ruta 2 y viajar a la costa atlántica, si bien Perón había sido depuesto, era 1956, seguían los planes de vivienda del Banco Hipotecario, hoy en manos de Elsztain e IRSA gracias a Menem, en los alrededores había varias empresas metalúrgicas, textiles, de celulosa, etc., por ende en poco tiempo se conformó un barrio de entrerrianos, correntinos, chaqueños, la migración interna que venía en busca del empleo industrial, se compraba un lote, se instalaba una casa prefabricada, adelante y atrás se comenzaba a construir la casa de material, eso era los sábados, domingos y feriados, en que el hombre de la casa no trabajaba en la fábrica, pero los vecinos, pese a ser sus jornadas de descanso, concurrían a “darle una mano”, no había arquitectos o maestros mayores de obra, se construía de acuerdo a las necesidades de la familia y todo el barrio se arremangaba para entras ladrillos, cal y arena, hacer “pastones”, las zanjas para los cimientos, hasta terminarla, esto se repetía con cada nuevo “recién llegado”, era la comunidad que se organizaba para resolver las necesidades comunes, el libro lo leí después y lo entendí por este recuerdo.

   Esta experiencia derivaba en las Sociedades de Fomento, que encaraban la representación de los vecinos para que el municipio impulsara el asfaltado de calles, la instalación de agua corriente, gas natural y cloacas, de ahí los candidatos a concejales, que seguían viviendo en el barrio, he ahí un camino para la reconstrucción de la organización social y la política, de abajo hacia arriba y de la periferia hacia el centro como nos enseñó el papa Francisco.

   A medida que crecían los municipios y aparecieron los “Delegados municipales” una forma de descentralización de la gestión, para ponerla más cerca del vecino, luego se advirtió que esto era “peligroso” y se lo fue vaciando, la dictadura genocida iniciada en 1976, convirtió el ser un delegado municipal o un “fomentista”, en algo peligroso para la salud, de todas maneras en algunos lugares sobrevivió el sistema, en La Plata esos delegados fueron votados por los vecinos hasta el 2001, luego pasaron a ser designados “a dedo” por el intendente.

   En CABA la constitución previó la descentralización en comunas, en mi libro citado en el capítulo anterior he analizado su suerte así como otras provincias que tienen legisladas instituciones similares. Los sindicatos son organizaciones de la comunidad, en ese caso se trata de resolver colectivamente los problemas laborales comunes, las cooperadoras escolares tenían el mismo sentido, solo que nacieron para colaborar con las necesidades de la escuela y en muchos casos, luego, se convirtieron en la forma de resolver los problemas de los hijos de los integrantes, que iban a esa escuela, todo puede deformarse, pero no significa que debe abandonarse.

   Pero nada mejor que leer al creador de este concepto “ Para organizar una comunidad se requiere la concurrencia de muchos factores. En primer lugar, nada se edifica sin claridad de objetivos, sobre la base de una ideología común que reúna a hombres , que sienten de la misma manera lo que se considera fundamental para el país. Sabemos que esto se concreta en una doctrina que abre un amplio espacio de coincidencia aceptado por la mayoría de la comunidad…es necesario restaurar, además, un inalienable principio de objetividad. Y no puedo pensar e otro criterio de objetividad que no sea la presencia de la voluntad del pueblo como guardián de su propio destino…Para que esto sea posible deberemos alcanzar un alto grado de conciencia social, que entiendo como la identificación por parte del individuo de sus derechos inviolables, sin enajenar la comprensión de sus deberes…Por último, si tuviera que decidirme por un factor aglutinante, optaría por la solidaridad social, como fuerza poderosa de cohesión que solo un pueblo maduro puede hacer germinar” (“El Modelo Argentino, para el proyecto nacional”; Juan Domingo Perón).

   Por ende si uno se dice Peronista, no puede salir a despotricar contra “La vieja Política”, porque la política anterior a 1976 tenía muchos elementos a rescatar, por ejemplo:

1) Un gobierno organizado, o sea a) Unidad de Conducción, b) Estado de Derecho y c) Eficacia y eficiencia, esto es una administración que funciona de manera ordenada, transparente y con planificación.

2)Una gestión descentralizada, o sea a) Con autonomías locales, acercando lo público a los ciudadanos, b) calidad administrativa trasladando competencias y toma de decisiones a provincias, municipios y comunas y c) Federalismo, recuperando el adecuado equilibrio entre Nación y Provincias.

3) Un Pueblo libre, o sea, a) Participación del ciudadano, no sólo con el sufragio sino en la acción misma de gobierno, b) libre organización, el pueblo se organiza en forma conveniente para sus fines y c) Ciudadanos como actores, como miembros activos y participativos de la comunidad

   Lo que debemos superar y dejar atrás es “La nueva política”, la que conocimos a partir de 1983, la que a partir de la destrucción del tejido comunitario, la desindustrialización y desestructuración del trabajo en relación de dependencia y registrado como ordenador social y generador de identidad  individual, la desaparición de la familia como unidad básica de socialización, mediante la transmisión de valores y tradiciones, a la comunidad  e integración del individuo a la misma, a la idéntica suerte corrida por la educación pública y la fragmentación de la comunidad en individuos aislados, llenos de temor (a la falta de éxito económico, al no reconocimiento de sus conciudadanos, a la inseguridad laboral, a la soledad individual, ocultada hoy por la hipercomunicación digital, sin vínculos afectivos reales y el consumismo desbocado), redujo la participación política al sufragio en tiempos normales o a la pueblada anárquica en las crisis.

   Lo que hay que enterrar para siempre es la política de dirigentes advenedizos, ambiciosos, oportunistas y corruptos, que hacen de ella un instrumento para el enriquecimiento personal y de sus descendientes de varias generaciones (como el clan Menem), que llegan a lo público desde la publicidad, el deporte, la empresa o que son “fabricados” por los dueños del país a partir del monopolio de los medios de comunicación másiva y esa hipercomunicación que aturde, con los “operadores políticos” que han hecho de ella un empleo, que su talento nace de una agenda poblada de “contactos en el poder” (siempre económico o de ciertas embajadas) para ser negociada al mejor postor, sea éste de derecha, de izquierda o ambidextro.

   Hay que reconstruir los partidos políticos como herramientas adecuadas de participación popular, la Comunidad Organizada no es aquella en la que todos pensamos igual, es aquella en la que todos o la mayoría pretendemos vivir bien, con trabajo, tranquilidad y la certeza que el futuro va a ser siempre mejor, pero pueden subsistir diferencias en como se logra eso, para ello están los partidos políticos, pero hay que reintegrarlos al barrio, tienen que generar dirigentes que sepan lo que es caminar cuadras bajo la lluvia en calles de tierra o con simples mejorados, con mala iluminación y servicios deficientes y pretendan cambiar eso, no cambiar ellos de barrio, que sus vecinos los conozcan por su nombre no por su apellido, que estén dispuestos a sacrificar su descanso y su tranquilidad ante el dolor o la necesidad del otro, que pongan su destino en la realización de toda la comunidad, sabiendo que su propio destino va a ser mejor en ese camino.

   No pretendo mártires ni ascetas, la función pública debe ser muy bien remunerada, nadie puede pensar y trabajar para el colectivo social si no tiene la tranquilidad de su familia, admiro a los curas villeros, muchos de los cuales provienen de familias acomodadas y han renunciado a ello, pero estoy hablando de mujeres y hombres comunes que viven y aspiran a lo que todos aspiramos, no de los que han abrazado un sacerdocio.

   Los candidatos deben ser elegidos en comicios internos, donde voten los afiliados al partido, al igual que las autoridades partidarios, basta de “dueños de la lapicera” que entre cuatro paredes arman listas en un “tome y daca” de ambiciones personales y no de auténticas representatividades. Debe existir la caducidad de los mandatos para terminar con el “transfuguismo” como vivimos hoy, donde ni siquiera se oculta la corrupción de voluntades compradas, los cargos legislativos son de los partidos y estos deben tener la posibilidad de reemplazar a los que traicionan el mandato popular.

   Todos los funcionarios del gobierno en sus tres poderes deben hacer una declaración de sus bienes y de los de sus familiares al momento de ser electos, repetirlo anualmente y al final del mismo someterse a lo que en épocas del Virreinato se llamaba Juicio de Residencia, sobre su gestión y su patrimonio, todos conocemos de enriquecimientos inexplicables, que nunca son juzgados, además, por tener un poder judicial que es de los más impresentables de nuestra historia y que merece una profunda reforma en su acceso al cargo, su estabilidad y su transparencia.

   Como hombre que ya ha entrado en la última etapa de su vida puedo hablar de estas cosas porque las he vivido, he visto una manera de hacer política y de vivirla, dos líderes que se combatieron en vida como Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón, vivieron una vida austera, uno en su casa de barrio en La Plata y el otro en una casa comprada por sus amigos en Madrid durante los años de su exilio, los argentinos de mi edad hemos conocido muchos políticos que eran conocidos por haber sido “Senadores” o “Diputados”, nacionales o provinciales y que tenían una vida normal en un profesional o persona de clase media, deben revolverse en sus tumbas cuando ven no sólo la corrupción actual sino el exhibicionismo de sus protagonistas.

   Pero insisto, lo que expongo no es un sueño ni una utopía, la Argentina vivió esa “Vieja Política”, los que la quieren eliminar son los que quieren seguir con el sistema actual sólo que esperan su turno para el latrocinio, sean empresarios, candidatos prefabricados o pastores evangélicos que ni siquiera viven en el país y todos tratando de eludir cualquier definición seria sobre su pensamiento (Milei fue la excepción), todo son lugares comunes “La gente está cansada” o “La gente quiere algo distinto”, sin embargo como no dicen que piensan ellos o que van a hacer concretamente si fueran electos, nunca sabemos “¿distintos a qué?” van a ser.

   Por eso es necesario no esperar “A ver quién es el candidato”, eso es secundario, lo que es acuciante es que pongamos nuestro esfuerzo en reconstruir la política, aquella que Francisco calificaba como “La más noble de todas las actividades, porque buscaba el bienestar de todos”, reconstruirla desde abajo, yendo a las sociedades de fomento si las hay o creándolas donde no existen, hablando con nuestros vecinos de los problemas del barrio y como resolverlos, si sos comerciante yendo a la asociación de tu ciudad, sumarte, reclamar que representen las necesidades de sus pares ante las autoridades, si sos profesional en tu Colegio profesional, si sos empresario en la asociación de tu ramo.

   A los que tienen vocación política, armá tu Unidad Básica, llamá a tus conocidos, recorré las organizaciones que mencioné antes, los sindicatos, otras UB, buscá objetivos comunes, debate, horizontalidad participativa, sacate el dolor y la angustia de la impotencia, salí de la bronca individual y juntala con otras broncas y demandas, transformala en un reclamo, una demanda una propuesta de solución, de a poquito, de lo más simple a lo complejo, de abajo hacia arriba.

   Pero lo más importante, lo irrenunciable, si no queremos ser más de lo mismo, recordemos que “La mortaja no tiene bolsillos”, si vas a meterte simplemente para ser un chorro, un sinvergüenza, un estafador más, de las necesidades populares espero que no hayas leído nada de esto, no es para vos, vos sos parte de lo que debe terminar.

UN FUTURO DISTINTO ES POSIBLE

      Omar Auton

                                                                               “La multitud de los solos, carece de

                                                                        tarea común y es un reino de mezquin-

                                                                        dades y ensueños” Alberto Methol Ferré

    Hace muchos años, el autor de esa frase publicó un libro fundamental para el pensamiento rioplatense, “El Uruguay como problema”, donde plantea el drama de la balcanización de Iberoamérica desde la realidad de la banda oriental, en él expresa crudamente “La apatía uruguaya no es solo inercia de buenas costumbres, sino también inconfesable sospecha acerca del destino del país. El futuro del Uruguay ¿es realmente posible? Hay apatía porque no ve salida histórica, se está “a puertas cerradas”. Delante hay un muro. Es el asomo y recelo de que no hay solución puramente uruguaya para el Uruguay” a casi 60 años de aparición del libro podemos decir que muchos argentinos enfrentan similar desazón.

   Voy a ingresar en un terreno que discurre en el límite más extremo entre peligrosas antinomias, escribir desde los sueños, esperanzas y experiencias del autor, sin caer en la soberbia del que quiere “bajar línea”; ser claro y categórico en los asertos y diagnósticos, sin pretender tener la vara de medida de la certeza en lo que vendrá; evitar los sectarismos y descalificaciones, sin caer en la “corrección política” que navega en aguas del oportunismo de “quedar bien con todos”; recuperar la memoria de la historia, evitando el escamoteo de hitos y momentos fundantes de una identidad, sin cerrar la puerta a otras visiones y valoraciones tan sinceras como la de uno; vamos a ver si esas experiencias pueden ser “Presente” y al darnos cuenta que el pasado no desaparece, que convive en el presente y determina, en muchos aspectos el futuro, encontramos nuestra estrella polar en el cielo que nos ayude a navegar hacia el puerto que deseamos.

   Me he referido, quizás hasta obsesivamente, a que nuestra génesis como país estuvo originada en una derrota, en la de la balcanización de la Gran Nación Latinoamericana por obra de “La Vieja Raposa” británica, al decir de León Felipe, Methol Ferré, en la obra antes mencionada, también hace referencia a ello, pero doblemente, ya que Uruguay también nace de un doble aborto, en primer lugar de la ruptura del Virreinato del Río de la Plata, y luego de su secesión de las Provincias Unidas en 1828, de las que era la “Banda Oriental”, a raíz de la traición de Bernardino Rivadavia y la acción de Lord Ponsomby (una y otra vez Inglaterra).

   Esa injerencia inglesa sigue viva hoy con la ocupación Británica de nuestras Islas Malvinas, su avance sobre la Antártida Argentina, la presencia continua de propiedades inglesas en nuestra Patagonia y la influencia cultural en los grandes centros urbanos, aquí vemos como aquel pasado sigue hoy condicionando nuestro destino (¿y el futuro?).

   Hay una larga tradición de estudios históricos sobre el carácter “nacional” de Hispanoamérica, que va desde San Martin y Bolívar, Manuel Ugarte y tantos otros patriotas para cuyo conocimiento me remito a mi libro “Patria o Colonia, debatir, pensar, actuar” (Edic. Ciccus; Buenos Aires; 2025). Perón y Getulio Vargas lo retoman en la primera mitad del siglo XX y a fines de ese mismo siglo el Mercosur, los avances como la Unasur, la Celac y el intento del Banco del Sur a comienzos de este siglo XXI, no son simplemente gestos de nostalgia, expresan la conciencia que en la era de los estados continentales e industriales como EE.UU, China, Rusia e India, incluso la Unión Europea, con todos sus conflictos y contradicciones, son intentos de avanzar hacia integraciones territoriales que no sólo tienen orígenes históricos, raciales, lingüísticos, culturales, similares, sino que sus economías no tienen posibilidades de futuro sin gigantescos mercados, su seguridad peligra sin sistemas de defensa comunes, su identidad se hace difusa ante la penetración cultural de las potencias dominantes y emergentes.

   Por ello pensar en una Argentina con crecimiento, inclusión social, justicia distributiva y soberanía política y territorial requiere pensar en la integración iberoamericana, fue así desde un principio y sigue siendo así, cada vez más.

   Para integrarnos en esa comunidad sudamericana, necesitamos tener un proyecto de país, un modelo de comunidad, que se conozca y se valore, que conozca su historia, su geografía, sus recursos, su sistema de valores, como la solidaridad, la justicia, la dignidad del ser humano por sobre todo, ha habido experiencias, Los caudillos federales lucharon por eso y no los estudiamos en ningún ciclo lectivo con seriedad, sabemos quiénes fueron Nabucodonosor, Cleopatra o Washington pero no Felipe Varela, Ibarra, Quiroga, Bustos o Estanislao López y el más grande de todos José Gervasio de Artigas, la calle más larga de Buenos Aires sigue llevando el nombre del traidor más grande de nuestra historia, Bernardino Rivadavia y la historia que estudiamos es la de un genocida y criminal como Bartolomé Mitre.

   Guste a quién guste Julio Argentino Roca fue el creador del Estado argentino, nacionalizó la Aduana, estatizó la inscripción de nacimientos y fallecimientos (antes en manos de la iglesia), creó el Ejército Nacional, incorporó la visión geopolítica de la Patagonia y la Antártida, sancionó la Ley 1420 de Educación común, gratuita y obligatoria, lo demás lo podemos discutir pero esto es innegable. Yrigoyen democratizó ese Estado a partir del voto universal, herencia de un roquista como Sáenz Peña y Juan Domingo Perón construyó la Argentina moderna con ascenso social, justicia, redistribución de la riqueza y una Constitución nacional que dejó atrás el individualismo de la de 1853 para avanzar en la comunidad basada en los derechos sociales, esa carta magna, la de 1949 nunca fue recuperada pese a que sigue viva en el art. 14 “bis” de la actual (Sí, el que Milei quiere eliminar por decreto).

   He aquí un segundo elemento, que nos viene del pasado, forma parte de nuestra herencia e identidad, sin conocerlo, estudiarlo y darle visibilidad en el presente tampoco habrá futuro.

    Estoy hablando claramente de la necesidad de una gran Reforma Educativa que no sólo debata las “formas” de organizar los ciclos lectivos sino los “CONTENIDOS” de los planes de estudio en los dos primeros ciclos, una reforma que nos debemos desde hace cincuenta años, asimismo es necesaria una nueva ley universitaria, la de 1973 es un antecedente muy valioso, que ponga la educación superior al servicio de las necesidades de la patria y nuestro pueblo en lugar de ser un centro de formación de un “proletariado universitario” al servicio de un modelo económico cada vez más concentrado y excluyente.

   Es necesario recuperar íntegramente nuestra maravillosa diversidad cultural, la de nuestros pueblos originarios, la criolla y la que luego creció con las oleadas inmigratorias, somos un pueblo mestizo, más allá que esto horrorice a nuestras oligarquías y la tilingueria que repta a su alrededor, la “unidad racial” es un invento reaccionario de la Europa devastada en los años 30 del siglo pasado y sus variantes contemporáneas, EE.UU es un pueblo mestizo, donde lo latino crece incluso en su clase política, España es incomprensible sin lo visigodo, lo árabe y lo judío o China tiene miles de años de fusiones y mestizajes de los pueblos nómadas del Asia. Lo criollo es nuestra fuerza e identidad y no una mácula o algo descalificador. Eso sí, nada de embarcarnos en reconocimientos de “naciones originarias”, eso es otro invento de los Británicos para balcanizarnos aún más, país hay uno solo la República Argentina, “Nación” también y es América del Sur.

Empezando por casa.-

   Perón, a su regreso a la patria, nos explicó claramente que el mundo iba hacia una integración y que debíamos empezar por hacerlo en Latinoamerica, pero además insistió que primero había que consolidar un ser nacional, una identidad nacional, porque había dos formas de integrarse, la primera (que luego se llamó “globalización”), consistía en una etapa superior del imperialismo donde las potencias dominantes consolidaran un modelo planetario desde sus intereses, para ello además del dominio económico o el poder militar tenían el manejo de la comunicación a fin de ir diluyendo los distintos modelos de sociedad, las culturas, las “formas de ser” de los pueblos, para ir concentrando el “consumo” cultural, borrando la memoria y la historia nuestra gente, introduciendo sus propios esquemas de valores y creencias.

   El otro camino es el de integración sin hegemonías, sin dominios coloniales, donde los países se fueran incorporando a estructuras mayores pero sin perder sus características civilizacionales, lo que Francisco llamó “La cultura del poliedro” en oposición a “La cultura de la esfera”, una plana, sin rugosidades ni relieves , la otra incorporando y respetando esas diferencias, en un diálogo intercultural sin imposiciones ni dominios.

   Ello demanda construir nuestro Modelo de País, nuestro Proyecto Nacional, y Perón nos lo dejó escrito con el cargo de ir actualizándolo tiene, a mi criterio, tres aspectos centrales.

1)La Comunidad Organizada, el concepto de comunidad como superior al de sociedad, los individuos no se acercan por temor al Leviathan, al “Homo Lupus” o solamente por intereses egoístas, desde que el ser humano apareció sobre la tierra se reunió en clanes, hordas, pueblos, no sólo para subsistir sino para socializar y socializarse. A nosotros el sentimiento comunitario nos llega de España, de los comuneros, también de nuestros pueblos originarios, el Ayllu, que la ultramoderna IA explica como “ Forma tradicional de organización social, económica y territorial…grupo de familias unidas por vínculos de sangre, antepasados comunes y trabajo colectivo sobre un territorio…UNIDAD BÁSICA de los pueblos indígenas antes y después de la conquista”.

   Esa simbiosis recibe el aporte de la inmigración  que se organiza por vecindad y de ahí llega a los llamados “Hospitales de Comunidad” el Alemán, el Italiano, el Español, etc, en el Gran Buenos Aires se conformaron barrios enteros donde todos los vecinos ayudaban a los recién llegados de sus provincias, la otra migración: la interna, a alambrar el lote y luego construir la casa.

   Perón vió ese fenómeno en su andar por las provincias por su vida militar, lo pensó desde la tradición griega en Aristóteles y  de ahí su libro “La Comunidad Organizada”.

2) La Democracia Social, esto es pasar del individuo en la vida política a la participación colectiva, no sólo en la idea demo liberal de un hombre un voto y que  por ende los derechos e intereses individuales se expresan en ese sufragio, sino a reconocer que hay derechos colectivos, sociales (la libertad, la salud, el trabajo, la seguridad) que no pueden resolverse en forma individual y por eso los hombres se unen para obtenerlos para todos, ahí muere el homo lupus, el aspecto solidario supera al aspecto egoísta, ambos coexisten en la naturaleza humana, esas organizaciones libres de la comunidad (agricultores, industriales, comerciantes, sacerdotes, soldados, obreros y empleados) participan en la vida política de dos maneras, como individuos y como parte de un grupo o sector y tiene derecho a votar como individuo pero también a participar y ser escuchado como grupo, su rol no se limita a emitir un sufragio y volver a su vida privada, delegando el ejercicio de la política, sino que continúa participando en el bien común. La democracia formal cede ante la democracia social.

3) Las Organizaciones Libres del Pueblo, los habitantes de un país se constituyen en comunidad, a partir de cuestiones axiológicas, históricas, tradiciones, su Cultura, en una palabra y asimismo conforman grupos o sectores que expresan necesidades, intereses, reclamos, etc, como vimos en ese doble carácter participan de la vida política, pero la Democracia Social y participativa exige que están debidamente organizados, y tengan institucionalmente un lugar en la vida política de la comunidad, ya que este pensamiento se basa en que el Poder emana del pueblo y solo se debe ejercer en aras de las expectativas del pueblo, el gobernante es elegido para ello y no debe apartarse de ese mandato.

   Esto requiere que estas organizaciones participen dentro del poder legislativo o de un espacio similar, dejan de ser grupos de interés o de presión, para convertirse en grupos de representación, en esa tensión entre ciudadano individual y parte de una organización sectorial, el hombre se convierte en el zoon politikon de Aristóteles.

   La Constitución de 1949 es un salto prodigioso hacia el constitucionalismo social, y lo hicimos los argentinos, la teoría egológica del derecho de Cossio cambia el enfoque del Derecho, la norma no es mas que la expresión de la “Conducta viviente” el resultado de la interferencia intersubjetiva a partir de la convivencia, la norma solo describe esa conducta, y nació en Argentina.

   Tenemos un riquísimo bagaje de conocimiento situado, o sea que es la expresión de nuestra convivencia como pueblo, nuestra historia, nuestra mesticidad, pero que contiene elementos de los demás pueblos americanos, no somos ni fuimos nunca una isla, Saavedra nació en Bolivia, Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán y fué Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, Artigas nunca se reconoció uruguayo, él era “oriental”, podríamos seguir enumerando casos así, nuestros comprovincianos del noroeste tienen muchísimo en común con Bolivianos y Peruanos, la cueca es compartida por chilenos y cuyanos y nuestros compatriotas del noreste tienen grandes costumbres compartidas con brasileños del sur y paraguayos, mal que les pese a los oligarcas y tilingos que sienten que nacieron por error en estas tierras.

   Todo lo expresado al comienzo era para llegar a esto, nosotros desconocemos mucho de lo hasta aquí expresado, no se enseña en nuestras escuelas y universidades, no está en los medios de comunicación, es más durante años se nos enseño que el Brasil era nuestro enemigo y nuestras FF.AA, cuya marina aún usa el luto por la muerte del almirante inglés Nelson (en la “corbata” negra alrededor del cuello) tenían como principal hipótesis de conflicto una guerra con Brasil. En 1978 casi vamos a una guerra con Chile por las islas del Beagle y luego le regalamos toda la frontera cordillerana a las empresas mineras inglesas o del ex Commonwealt (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) y de EE.UU.

   Por eso para construir un destino diferente hay que:

1) Reformar la Constitución liberal de 1994 e ir a una carta magna que recupere y actualice los conceptos fundamentales de la de 1949.

2)  Ir a una reforma educativa integral que cambie los contenidos de los diferentes ciclos educativos y que incorporen nuestra verdadera historia, sin escamoteos ni partidismos, nuestra geografía física y económica, nuestra lengua y nuestras expresiones culturales.

3)Pensar un modelo económico a partir de nuestras fortalezas y posibilidades pero que piense, en principio al Mercosur y luego a América del Sur como mercados y escalas de producción, a la felicidad del pueblo como finalidad y la conservación del medio ambiente como condición.

4) Recuperar la diversidad cultural de todo nuestro territorio, para fortalecer una cultura nacional y de ahí irá naciendo una latinoamericana.

5) Una política exterior soberana y no alineada en términos ideológicos, desde el Mercosur, ingresar a los BRICS, retomar nuestra mejor tradición en política exterior que ha subsistido a los cambios de gobierno.

   Claro, esto es hablar desde donde partir, falta el como y el cuando, pero iremos hacia ahí.

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