La visita de Thiel y los algoritmos de la muerte del Silicon Valley

Por Alfredo Moreno

Los gigantes tecnológicos no son innovadores neutrales. Son el arsenal reluciente y ensangrentado del imperio norteamericano. La compañía Palantir Technologies se destaca entre ellos.

En las calles devastadas de Gaza, donde más de 72.000 palestinos han sido masacrados desde octubre de 2023, en las universidades iraníes bombardeadas por drones, los algoritmos de IA (inteligencia artificial) comandan las acciones de la muerte.

Procesan datos robados para generar listas de objetivos, seleccionan hogares civiles para su aniquilación y guían drones hacia reuniones familiares. La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, ha señalado directamente a Palantir como cómplice de lo que ella denomina un “crimen colectivo” de genocidio.

El director ejecutivo Alex Karp, promueve un sistema de guiado de misiles y alardea abiertamente de la “alianza estratégica” de Palantir con el Ministerio de Defensa de Israel y EE. UU. y del orgullo que siente al respaldar la ocupación “en todo lo que podamos”. Este es su modelo de negocio. La automatización del genocidio no se corresponde con el progreso de la humanidad.

Algoritmos de inteligencia artificial (IA) como Lavender, GospelWhere’s Daddy se han convertido en las armas de mayor confianza del ejército israelí en esta guerra potenciada por la ciencia de datos.

El retorno de Trump al gobierno de EE. UU. dio un fuerte respaldo a la participación de corporaciones de base tecnológica y algorítmica en el área militar. En la primera Cumbre DefenseTech realizada en Israel, líderes corporativos del Silicon Valley, fondos de capital de riesgo y funcionarios del ejército israelí promocionaron abiertamente su asociación en la guerra controlada por inteligencia artificial.

El 10 de diciembre de 2025, funcionarios militares israelíes, fabricantes de armas y capitalistas de riesgo estadounidenses se reunieron en la Universidad de Tel Aviv para la primera Cumbre DefenseTech de la historia. El evento se desarrolló en paneles sobre «El futuro del conflicto global», «Desafíos de las espadas de hierro» (el nombre que el ejército israelí da a la guerra en Gaza) y «Explorando la innovación en la tecnología de drones».

Representantes de las corporaciones Palantir, Sequoia Capital y Elbit, que anidan en el Silicon Valley, compartieron el escenario con el director general del Ministerio de Defensa de Israel y el jefe de Lotem, la unidad el ejército dedicado a los macrodatos y la inteligencia artificial. Ingenieros de Google Cloud y soldados uniformados de Mafat, el ala de investigación y desarrollo del ejército israelí completaron el encuentro de emprendedores tecnológicos, representantes militares e inversores estadounidenses deseosos de establecer contactos para impulsar el mercado militar tecnológico.

El encuentro Cumbre DefenseTech tenía como objetivo mostrar las tecnologías y estrategias de vanguardia de Israel para abordar la seguridad global, pero el evento mostro el comienzo de una nueva etapa de tecno militarización inaugurada por la reelección de Donald Trump. Las alianzas entre el ejército israelí, los capitalistas de riesgo y los jefes corporativos estadounidenses se intensifiquen bajo la nueva administración del gobierno de EE. UU.

Palantir nunca fue una empresa íntegra. Nacida con financiación inicial de la CIA a través de In-Q-Tel, fue concebida como un arma para la “guerra contra el terror”. Desde entonces, se ha convertido en la columna vertebral indispensable tanto del imperialismo estadounidense como del apartheid israelí.

Su plataforma de software devora ingentes cantidades de datos como metadatos telefónicos, rastros en redes sociales, grabaciones de cámaras de seguridad, imágenes de drones y genera objetivos.

En Gaza, ha impulsado la transición de la selección de objetivos convencional a la matanza industrial mediante IA, donde la revisión humana es inexistente y la muerte de niños se considera un costo aceptable.

El mismo sistema es utilizado por la estructura militar y de defensa estadounidense en todo el mundo, desde Venezuela hasta Irán; proporcionando vigilancia y análisis de datos a los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Actualmente la plataforma tecnológica de Palantir opera en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, coordinando enjambres de drones, bombardeos de misiles y decisiones en tiempo real en el campo de batalla.

Palantir es el nexo entre los beneficios trimestrales de Silicon Valley y el número de víctimas del imperio.

La red se extiende mucho más allá. El contrato de Google y Amazon para el Proyecto Nimbus, valorado en 1200 millones de dólares, proporciona al ejército israelí infraestructura en la nube y herramientas de IA. Microsoft, NSO Group con su software espía Pegasus y Cellebrite completan el círculo. Estas empresas se han integrado tan profundamente en la economía de ocupación que las vidas palestinas se han convertido en datos brutos para la persecución y la limpieza étnica.

La fiscalía italiana confirmó en marzo de 2026 que se utilizó software espía israelí contra activistas y periodistas italianos en 2024, mientras que la ciberseguridad de la Unión Europea se subcontrata cada vez más a empresas israelíes, convirtiendo a Europa en un estado apéndice de vigilancia.

Este es el complejo tecnológico-militar sionista en acción: una fusión perfecta de la innovación de Silicon Valley, las empresas emergentes tecnológicas sionistas y la violencia colonial israelí, subvencionada por los contribuyentes estadounidenses y protegida por los gobiernos occidentales.

La maquinaria de destrucción de Silicon Valley no es inevitable. Es una elección, una que puede y debe romperse. La sangre de Gaza está en su código. El futuro exige que eliminemos esta pesadilla línea por línea, servidor por servidor, dólar por dólar, hasta que el corazón digital del imperio deje de latir y el pueblo palestino pueda respirar de nuevo.

El CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) anuncio el martes 31 de marzo que «A partir de ahora, las principales organizaciones que participen en operaciones terroristas serán nuestros objetivos legítimos»

El órgano militar iraní acusó a compañías de inteligencia artificial y de la tecnología de la información del país estadounidense de ser parte del «elemento principal en la planificación y el seguimiento de los objetivos de los asesinatos» de iraníes.

Las compañías catalogadas como “objetivos legítimos” muestra claramente que la guerra está basada en dato y algoritmos que necesitan de equipamiento (hardware) tanto fijo como móvil para su operción y desplazamiento. La lista está conformada por:  Cisco Systems, Hewlett-Packard (HP), Intel, Oracle, 5. Microsoft, Apple, Google, Meta, IBM, Dell, Palantir, Nvidia, JP Morgan, Tesla, General Electric, Spire Solutions, G42 y Boeing.

Soberanía: “a sus plantas rendido un León”

Thiel se reunió con Javier Milei en noviembre de 2024, en el primer viaje que realizó al Silicon Valley, y elogió el rumbo de su gobierno alineado en el camino de Trump. Ahora la Casa Rosada le abrirá sus puertas para reunir, sistematizar y aprovechar toda la información disponible sobre la ciudadanía en diversos organismos del Estado.

El fundamento para esta cesión de soberanía a manos del gobierno de Milei, sería la de perseguir el terrorismo, uno de los objetivos contemplados en el decreto que empodera a la SIDE transgrediendo límites elementales de la Constitución nacional y que fue publicado el 2 de enero pasado.

En el artículo 15 de ese texto, se dispone la creación de la Comunidad Informativa Nacional (CIN), que concentra los datos guardados por las dependencias de la propia SIDE, la Cancillería, los ministerios de Justicia y Seguridad, el Renaper, la Dirección Nacional de Migraciones, el Centro Nacional de Ciberseguridad, la CONAE, la Autoridad Regulatoria Nuclear, la CNEA, el Renar, la Aduana y ARCA, entre otros.

Los acuerdos que firmaron Milei y el ministro de Defensa, Carlos Presti, para adherir al Escudo de las Américas promovido por Donald Trump son la iniciativa para habilitar el ingreso de Palantir al país, con la posible afectación de derechos civiles que implica.

Los antecedentes muestran que Patricia Bullrich en so rol de ministra de seguridad había trabajado un contrato millonario con Palantir, la compañía que utilizó el ICE para sus redadas anti inmigrantes de Minneapolis. La idea era utilizarla en la Agencia de Seguridad Migratoria. Esta iniciativa choque con los intereses de Karina Milei por el manejo millonario del negocio, que decidió no crear la Agencia de Seguridad Migratoria.

El uso de inteligencia artificial para el patrullaje de redes sociales y análisis de delitos conlleva el riesgo de reproducir sesgos y discriminación que podrían criminalizar injustamente a sectores específicos de la población, en particular opositores, como lo muestra la amplia evidencia internacional donde actúa Palantir.

La cercanía de Milei con el cofundador de Palantir, Peter Thiel, es un alineamiento ideológico y político; la entrega de infraestructura crítica de seguridad a intereses corporativos y geopolíticos extranjeros vinculados a agencias de EE.UU. como el ICE y la CIA, deja a la Argentina sin soberanía nacional.

El ajuste de Milei a la población argentina es solamente comparable con las atrocidades humanas conocidas. En el sistema científico tecnológico argentino (SCT) produjo un cientificidio sin precedentes.

Para el modelo de país que está configurando, no necesita un SCT que genere conocimiento e innovación para los intereses de la nación.

Hablar de innovación tecnológica en la argentina de Milei es hablar de negocios financieros tecnológicos comandados desde el gabinete de Trump. Es ponerse anteojos de realidad virtual para ver una sociedad donde “baja la pobreza” y “la economía se distribuye y argentina va camino a convertirse en una potencia”.

Las políticas de privatización y vaciamiento en Ciencia y Tecnología, en la Educación, en Universidades Públicas, en Hospitales Públicos, en empresas como Invap, Arsat y Aerolíneas Argentina, entre otras, distancia a la Argentina de integrar la tabla de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) por patentes de innovación en tecnología.

El despliegue de la agenda ultra derechista global a la que asistimos, es una forma de valorar los triunfadores del Silicon Valley y un ataque masivo a los recursos de la inteligencia y la sensibilidad colectivas. Esa agenda comienza cuando se acepta el lenguaje de los avatares, caricaturas digitales a los que nos tiene acostumbrado Milei; con las que este movimiento apunta a liquidar el pensamiento y el lenguaje de la crítica en la búsqueda de alternativas humanas. 

En este camino, transcribo Fragmento de la presentación del presidente Luis Ignacio “Lula” Da Silva en la cumbre sobre el impacto de la Inteligencia Artificial, Nueva Delhi 2026.

“Aquí, en Delhi, el mundo digital regresa a su tierra natal.

Fueron los matemáticos indios quienes, hace más de dos mil años, nos legaron el sistema binario en el que se basa la informática moderna.

Volvemos para debatir uno de los mayores dilemas de la actualidad.

Nuestras sociedades se encuentran en una encrucijada.

La Cuarta Revolución Industrial avanza rápidamente, mientras que el multilateralismo retrocede peligrosamente. En este contexto, la gobernanza global de la inteligencia artificial adquiere un papel estratégico. Toda innovación tecnológica de gran impacto tiene un carácter dual y nos enfrenta a cuestiones éticas y políticas.

La aviación, el uso del átomo, la ingeniería genética y la carrera espacial son ejemplos de este fenómeno. Pueden multiplicar el bienestar colectivo o ensombrecer el destino de la humanidad.

La revolución digital y la inteligencia artificial elevan estos desafíos a niveles sin precedentes. Tienen un impacto positivo en la productividad industrial, los servicios públicos, la medicina, la seguridad alimentaria y energética, y en la forma en que nos relacionamos unos con otros.

Sin embargo, también pueden fomentar prácticas extremadamente perjudiciales, como el uso de armas autónomas, el discurso de odio, la desinformación, la pornografía infantil, el feminicidio, la violencia contra las mujeres y las niñas, y la precariedad laboral.

Los contenidos falsos manipulados por la inteligencia artificial distorsionan los procesos electorales y ponen en peligro la democracia.

Los algoritmos no son solo aplicaciones de códigos matemáticos que sustentan el mundo digital. Forman parte de una compleja estructura de poder. Si no se adoptan medidas colectivas, la inteligencia artificial agravará las desigualdades históricas.

Las capacidades computacionales, la infraestructura y el capital siguen estando excesivamente concentrados en unos pocos países y empresas.

Los datos generados por nuestros ciudadanos, empresas y organismos públicos están siendo apropiados por unos pocos conglomerados, sin que se genere un valor ni unos ingresos equivalentes en nuestros territorios.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, dos mil seiscientos millones de personas están desconectadas del universo digital.

Las estimaciones indican que en 2030 todavía habrá seiscientos sesenta millones de personas sin electricidad.

Cuando son unos pocos los que controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no se trata de innovación, sino de dominación”.

Francisco: Pedagogía para la reconstrucción nacional

Por Gustavo Matías Terzaga*

Saben que el deber del cónclave es darle un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo casi al fin del mundo”, dijo, con la humildad de los grandes, el primer papa jesuita, latinoamericano y argentino de la historia, Francisco, aquella noche romana de 2013.

La muerte del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica en las Pascuas de abril de 2025 ha apagado una de las últimas voces morales con autoridad real en este mundo en ruinas. Su partida nos deja una sensación de orfandad, de desamparo histórico, pero también, desde esta ausencia, en el caso de Francisco, morir es apenas su segunda realidad; la primera es la permanencia viva de su inspiración que trasciende el tiempo y seguirá obrando en la conciencia de los humildes.

En la historia de los pueblos existen figuras que desbordan el lugar institucional que lograron ocupar. Jorge Mario Bergoglio, nacido en el barrio de Flores, fue sin duda uno de esos hombres. Y como líder espiritual supo convocar, conducir y salvar almas, interpretar el dolor de los humildes con entrega y misericordia, abrir las puertas de la iglesia para que ingresen todos, ofrecer orientación moral en tiempos de extravío, y encarnar, con su palabra y su gesto austero, una esperanza que apunta a la dignidad integral de la persona humana y su comunidad. Francisco dedicó su pontificado a renovar con fuerza el sentido profundo de la misión pastoral de la Iglesia, impulsando una salida hacia las periferias existenciales del mundo contemporáneo. Lo hizo abriendo caminos nuevos y abrazando una pedagogía de paz activa que reclamó construirla con «cero violencia y cien por ciento de ternura«. Su mensaje, sin embargo, trascendió largamente los márgenes eclesiásticos: convirtió la misericordia, la caridad, el servicio y el amor al prójimo en fundamentos concretos de una praxis social y política muy inspiradora.

En Argentina, lamentablemente, haber reducido a Francisco a una identidad política, como la de “peronista” -dejando el orgullo a un costado- ha constituido no solo un reduccionismo analítico, sino también una inversión conceptual. Si algo puede decirse con mayor precisión es que el peronismo -en su matriz más originaria- fue una expresión temporal y política de valores profundamente arraigados en la doctrina social de la Iglesia Católica, de la cual Francisco fue su representante universal, por eso dialoga tan nítidamente con los principios del justicialismo. Más allá de que lo fuera, haber caratulado al Papa como peronista lo atrapó en las categorías menores de la inmadurez política argentina, tan cargada de odio y miserabilidad. Esta operación, tal vez, haya sido una de las causas más vinculadas a su ausencia física en la Argentina durante su papado. En una sociedad donde la fractura ha devenido en identidad de los extremos, su visita corría el riesgo de ser absorbida por la lógica de la grieta, profundizando la confrontación en lugar de sanar y unir. Estamos levantando muros, en vez de construir puentes. Respecto a la ausencia de mesura, esa es una reflexión y un aprendizaje que nos debemos los argentinos, a la vez que Francisco prefirió ser señalado a proferir un posible daño viniendo a la Argentina.

Es dable señalar también que la partidocracia inepta y ensimismada -tanto de derechas como de izquierdas- comprendió rápidamente la hondura de la figura de Francisco. Y justamente por eso, por un odio gorila enquistado o por un prejuicio anticlerical superficial, prefirió resistirla o negarla. No se trató de un malentendido, sino de una negativa consciente a interpretar su mensaje, porque hacerlo hubiese implicado revisar privilegios, desandar dogmatismos y asumir responsabilidades históricas que ni unos ni otros estuvieron dispuestos a enfrentar.

Una disgregación antes de continuar. Aquí no hablaremos de Francisco desde la teología ni desde la espiritualidad en su sentido más doctrinal. Nuestra formación y nuestra tradición nos ubican en otra trinchera: la de quienes leen la historia con vocación política. Desde esta concepción, lo reconocemos como un referente ético, cultural y político de dimensión histórica, cuya palabra y cuya acción abren senderos para repensar, con profundidad y coraje, la reconstrucción nacional y continental. Y lo decimos con respeto, pero sin ambigüedad, Francisco legó a los pueblos de la periferia una pedagogía de liberación y una inspiración realista para refundar la política como instrumento al servicio de la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.

Francisco no fue el Papa de los poderosos sino de los pueblos, pisó alfombras rojas, si, pero con la suela gastada de sus zapatos negros de caminante. Su voz no emergió desde los salones del poder global, vino desde los márgenes donde late la vida real de millones de excluidos. Encarnó una multilateralidad auténtica, no la de las cumbres diplomáticas, sino la que viene de regiones pobres, las de los trabajadores explotados, las villas, los sin techo, los migrantes rechazados, los presos, las mujeres invisibilizadas, los “descartables”, las minorías sin derechos, prostitutas, los vulnerados, los últimos y los sometidos. En este sentido, su legado es clave para la unidad de los pueblos de América Latina; un continente herido por la desigualdad producto de la presión balcanizadora ultramarina, pero unido por una historia de lucha independentista, por su religiosidad popular, su lengua y su dignidad. Somos el pueblo mestizo y originario, una síntesis cultural potente, la raza cósmica del sur, de José Vasconcelos.

Desde hace décadas, Francisco formula principios cuya potencia desborda lo religioso y lo personal, y penetra en el corazón mismo de la praxis política, por caso: el tiempo es superior al espaciola unidad prevalece sobre el conflictola realidad es superior a la ideael todo es superior a la parte. En su aparente simpleza, estos principios contienen un universo conceptual que se sintetiza en una pedagogía que interpela a nuestro movimiento en lo sucesivo, pero también, al motivo que explica nuestras derrotas.

  1. El tiempo es superior al espacio.

Este principio es una condena al inmediatismo político contemporáneo, a esa enfermedad terminal de las dirigencias que han sustituido los procesos por la coyuntura, la paciencia de la siembra por el cálculo, la conciencia nacional por el pragmatismo obsceno, y la construcción estratégica por el resultado, el cargo y la mera permanencia.

Francisco, con su visión de hombre formado en el barro y en la paciencia de la oración, nos recuerda que los cambios verdaderos se gestan como procesos colectivos, se encarnan en la lucha, maduran en el tiempo largo de los pueblos y se orientan -ineludiblemente- en el sentido de su historia. Nada que pretenda ser fundacional puede construirse sin esa noción de duración, de paciencia activa, de acumulación estratégica. Los pueblos no conquistan su destino a golpe de instantaneidad, lo hacen cuando un liderazgo es capaz de organizar el deseo social, el anhelo popular, y proyectarlo en el horizonte histórico.

Tenemos una política rosquera que se desespera por el espacio -una banca, un cargo, un lugar en la lista- pero que ha olvidado que sin tiempo no hay raíz ni tampoco frutos. Francisco nos advierte con una lucidez impiadosa que el vértigo del presente sin proyecto es la forma más eficaz de la impotencia política. La obsesión por “estar” ha sustituido la vocación de “hacer”; y en ese desplazamiento, la política se ha vuelto, en muchos casos, un simulacro de poder sin contenido social.

  1. La unidad prevalece sobre el conflicto.

La unidad no es la negación del conflicto, sino su conducción hacia un horizonte superior. La política que no reconoce el conflicto es ingenua o hipócrita, pero la que se regodea en él, la que convierte la fisura en identidad y el antagonismo en doctrina, termina sirviendo a los intereses del enemigo histórico de los pueblos favoreciendo la fragmentación interna como preludio del sometimiento externo. La unidad no es uniformidad, ni renuncia a la pluralidad, es la síntesis poliédrica superior que organiza las diferencias y su originalidad particular en función de un proyecto común. Básicamente, es la conducción del antagonismo, no su negación o su exacerbación hasta su estallido. La historia argentina es también la historia de esas derrotas que nacieron en el seno mismo de nuestras filas. Unidos o dominados, decía el General. La unidad, entonces, es la condición estratégica nodal sin la cual no hay acumulación posible.

Francisco propone una unidad arraigada en el pueblo, tejida en la comunidad, forjada en el barro de la lucha social, donde las diferencias existen, pero no destruyen; donde el conflicto vive, pero no fragmenta. Es la unidad como arquitectura política de la esperanza, y es, al mismo tiempo, una advertencia feroz: cada división innecesaria en el campo popular es una victoria anticipada del adversario histórico. A tomar nota.

  1. La realidad es superior a la idea.

He aquí el principio más profundamente antielitista de Francisco, que podemos interpretar como una crítica sin rodeos a los tecnócratas de laboratorio, a los intelectuales de gabinete, a los ideólogos que nunca pisaron una villa ni compartieron el pan con los excluidos. En política, como en la religión, quien no conoce el sufrimiento del pueblo no tiene derecho a hablar en su nombre. El conductor debe venir del pueblo.

Sabemos por Perón que la realidad es la única verdad. Francisco lo reinterpreta desde el pueblo, donde las ideas que no nacen del dolor y la esperanza de los humildes, están condenadas al fracaso o a la impostura. Donde hay una necesidad nace un derecho, decía nuestra jefa espiritual, Evita. Hoy más que nunca, cuando la política se encierra en despachos de institutos o se disuelve en redes sociales, este principio exige volver a pensar desde abajo, en los barrios, casas sindicales, en los comedores, cooperativas, parroquias, clubes, escuelas, centros vecinales; allí donde el pueblo vive, resiste, circula y sueña; donde se gesta lo nacional. Francisco lo dijo con fuerza: pastores con olor a oveja. Nosotros reclamamos políticos con un poco de barro en los pies.

La política nacional exige volver a escuchar, volver a caminar, volver a hablar el idioma del pueblo. No hay proyecto transformador que no nazca de una lectura concreta de la realidad y de las necesidades vitales de las grandes mayorías populares, y toda política que no se encarne en su realidad concreta, se vuelve ruido virulento de clase media ilustrada, sin raíz ni trascendencia. Francisco nos devuelve el oído y la mirada, nos exige ir al terreno, no a condescender sino a aprender, porque sólo desde el subsuelo popular puede alzarse un proyecto nacional verdadero.

  1. El todo es superior a la parte.

Juan Domingo Perón dijo que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza, que la trascendencia nunca es personal, mucho menos a costa de servirse de la rutina de los demás, ni es sectorial, ni minoritaria. Es colectiva, solidaria, o no es.

Hoy, la disgregación social no es espontánea, sino consciente e inducida. Nos quieren divididos, enfrentados, agrietados, reducidos a consumidores de causas aisladas y fanáticas. Un pueblo que no se reconoce y fortalece como totalidad cohesionada es fácil de atomizar y someter. Frente a esto, Francisco reivindica la solidaridad como principio político y la comunidad como estructura del verdadero proyecto de poder. Pero este principio también es una doctrina geopolítica. Ningún país de América Latina alcanzará su grandeza necesaria y suficiente si persiste en el aislamiento. El que no se une, es absorbido, el que no construye unidad interna y se integra al todo, será parte suelta en el engranaje de la dispersión y la dependencia.

Un legado para refundar.

En contraste con la visión simple y trascendente de los lineamientos que encarnó Francisco, que de ningún modo escapa al sentido común, a la vida íntima de una persona o a la construcción de un pueblo, la práctica reciente de buena parte del liderazgo dirigente nacional se ha visto marcada por una lógica inversa a estos principios: la ocupación de espacios sin proyecto, la centralidad personal sin proceso colectivo. La política argentina ha caído en la trampa de lo inmediato, la fragmentación ha reemplazado a la unidad y la ideología vacía no pisa el terreno y ha eclipsado la dura realidad del pueblo. La política se ha vuelto gestión del presente, una administración de lo dado.

Los principios de Francisco no son un recetario de fórmulas homeopáticas para los males del país, son mandatos para una praxis política nacional-popular-latinoamericana, una gramática política y una mística de comunidad, capaz de reanimar la esperanza nacional para ponernos de pie. Son una herramienta para refundar la política desde el sujeto pueblo y no desde el designio dirigente. Francisco nos deja, además de un profundo mensaje espiritual, un legado estratégico, una hoja de ruta para los pueblos de América Latina. En tiempos de oscuridad y desorientación, sus pensamientos son la brújula que habita al interior de los pueblos. En tiempos de fragmentación, su mensaje es una arquitectura para la unidad.

Hoy más que nunca debemos pensar nuestra política en términos de tiempo, unidad, realidad, totalidad y pluralidad armónica. Francisco nos ha dado las claves, su pensamiento no debe ser recordado, debe ser aplicado.

No busquemos entre los muertos al que VIVE.

*Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico

ARTURO JAURETCHE de la Ciudad Río Cuarto, Cba

 EL PESCADO, LA CABEZA Y UN CUERPO QUE PATEA EN CONTRA

 Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (especial para Punto Uno) Hace ocho años la Universidad Nacional de Lanús tuvo la gentileza de invitarme a participar en su Congreso de “Geopolítica y Filosofía”, allí integré un panel con Alcira Argumedo y Alicia Castro. Se nos propuso una pregunta concreta: “¿cómo romper a favor del campo popular, el empate hegemónico en que hoy viven Argentina y América Latina?”. Por supuesto que la pregunta misma suponía ya un diagnóstico, el cual se expresa a través de un concepto geopolítico clave (el de “empate hegemónico”). Asumí ambos, sólo que lo hice desde el punto de vista de la otra disciplina al que este mismo Congreso invitaba: la Filosofía. Es mi vocación y mi práctica efectiva en estos últimos cincuenta años. Sólo que no me refiero a la filosofía en general, sino a una filosofía latinoamericanamente situada, que se practica en nuestro país y en nuestra región y que hemos denominado “Filosofía de la Liberación”. Esta junto a la “Teología de la Liberación”, “La pedagogía de la Liberación” y las “Cátedras Nacionales” en materia de Ciencias Políticas y Sociales (una de cuyas ilustres pioneras teníamos el gusto que nos acompañase en ese panel, precisamente Alcira Argumedo) han ido construyendo (desde sus diferentes perspectivas y enfoques) un corpus conceptual lo suficientemente sólido como para intentar contestar esa pregunta. Y su solidez no le viene sólo de lo epistémico, sino de su arraigo en nuestra propia experiencia y necesidades históricas. Ya que sólo arraigado en la tierra y abierto al mundo, algo se torna realmente sólido. Ese corpus es por cierto muy distinto del europeo y del norteamericano (aun cuando algunos términos puedan sonar iguales), lamentablemente todavía muy arraigados en los grandes centros oficiales de docencia e investigación, como si fueran conceptos y prácticas “universales sin más”. Lo cual, por supuesto no lo son. Desde este corpus conceptual (latinoamericanamente situado) abordé la cuestión.  

*EL PESCADO Y LA CABEZA*

Suele decirse que “el pescado empieza a pudrirse por la cabeza” y este viejo dicho popular es descriptivo de una de las mayores causas de ese empate hegemónico (en materia geopolítica) tanto como una de las mejores chances para romperlo a nuestro favor. Tenemos la cabeza ocupada con tantas (supuestas) verdades, modelos y teorías ajenas a nuestro cuerpo, que éste cada vez nos pertenece menos. Permítasenos graficar con una saeta del padre Castelani esta situación de tener la “cabeza ocupada”: “¡Hay cuántas cosas que saben las gentes de este albardón/ hay cuántas cosas que saben/ pero cosas que no son!”. Desocupar la cabeza y reunir el pensamiento con su ser y su estar (propios), es una tarea político-cultural de primer orden. Es casi imposible triunfar en lo económico y en lo geopolítico, con una cabeza ocupada por otros y con un cuerpo que patea en contra. Pasando a términos conceptuales esta situación de facto, nosotros llamaremos “situación colonial” (una “cabeza ocupada” por otro) y “proceso de liberación nacional y social”, a la ruptura de esa hegemonía anómala y a la recuperación de nuestra propia soberanía cultural y política. Si razona el caballo se acabó la equitación, de aquí que los mayores empeños de ese Imperio (del Otro en nosotros) estén puestos directamente en que pensemos lo menos posible y que cuando lo hagamos, utilicemos sus categorías y no las nuestras. Por eso –desde el punto de vista estrictamente conceptual- pensamos que la categoría de “Liberación” debe estar en la base de cualquier proyecto geopolítico que (en nuestro país y en nuestra región) intente un desempate a favor de sus Pueblos. Nuestro proyecto es entonces un proyecto de Liberación, o será siempre insuficiente para el fin mayor que nos proponemos. Y este término (Liberación) no dice lo mismo que los conceptos usuales (de clara matriz eurocéntrica) como Libertad, Revolución, Emancipación, Luchas, etc. sino que dice mucho más y es mucho más integral aún. Acaso por eso mismo fue y es tan puntillosamente negado, minimizado o reemplazado, tanto en la autodenominada Academia, como en los intelectuales considerados “bien pensantes” (por el Otro, claro). En lo que sigue intentaremos precisar la potencialidad del concepto de Liberación, indisolublemente unidos a los del Pueblo y Nación (en perspectiva latinoamericana, claro está). 

*¿QUE ES ESO DE “LIBERACIÓN”?*

Algunas aclaraciones puntuales: 1°) Es un concepto que surge específicamente en el contexto latinoamericano y del Tercer Mundo (a partir de la segunda mitad del siglo XX), al calor de los procesos de descolonización y de las denominadas revoluciones nacionales antiimperialistas. 2°) ni en la filosofía, ni en las ciencias sociales europeas o norteamericanas tiene mayores antecedentes ni prestigio. Allí los conceptos nodales son, como dijimos: Libertad, Revolución, Desarrollo, Modernización, Emancipación etc. Tenía si antecedentes e historia propia en el terreno de la Teología y relativamente en el Arte.3°) por ese mismo origen político y social, requiere como contraparte inexcusable -para una comprensión más plena- el concepto de Dependencia, contra y a partir del cual opera. 4°) precisamente esa dupla Dependencia/Liberación, nace opuesta a otra que daba la impronta por entonces: Desarrollo/Subdesarrollo (advirtiendo sobre la ilusión modernizadora que ella encerraba, al soslayar el problema básico de la dependencia latinoamericana). Se trata, en consecuencia, de un concepto esencialmente ético y político. Su fuerza revulsiva en el campo epistémico, proviene de ese origen. Lo otro es que (Liberación) es un concepto típico de la filosofía y del pensamiento latinoamericano contemporáneo, e incluso es así reconocido en el actual debate internacional de ideas. 

 *EL SUJETO Y EL MARCO DE LA LIBERACION.* 

No hay auténtico proceso de Liberación sin un sujeto social que lo protagonice (el Pueblo) y un marco histórico donde transcurra esa lucha (la Nación). Respecto de estos dos últimos conceptos (Pueblo y Nación), sólo diremos ahora algunas cosas muy básicas (en función del tiempo disponible). En primer lugar, que estas dos nociones sí tienen largos antecedentes en el pensamiento europeo y cobran su significación más actual a partir de la Modernidad y su consumación. Pero ambas (Pueblo y Nación) -que para un pensamiento de la Liberación resultarán claves- despertarán en cambio, en el pensamiento europeo contemporáneo, fuertes “sospechas” y frecuentes rechazos viscerales. Esto –como no podía ser de otra manera- a partir de su propia experiencia histórica que, por supuesto, no es la nuestra; situaciones ambas que será fundamental no confundir, ni mezclar, ni universalizar (lo cual, lamentablemente, suele ser muy frecuente en los análisis y debates). En segundo lugar, ¿por qué las nociones de Pueblo y Nación son claves para estructurar un pensamiento de la Liberación? Porque esas nociones –pensadas desde nosotros- le otorgan a una Filosofía de la Liberación las coordenadas adecuadas para pensar su “sujeto”, aquél que protagoniza la Liberación (y sufre la Dependencia). La expresión Pueblo hace referencia al sujeto socialmente encarnado de la Liberación y la expresión Nación establece el marco histórico-cultural (geopolítico) en que se da la misma. Un proceso de Liberación es entonces protagonizado por un Pueblo que convive en una Nación (o busca convivir en ella), de manera libre, una “vida buena”, es decir digna de ser vivida. En tercer lugar, en el pensamiento europeo las categorías de Clase e Individuo (con todas las variantes del caso) se han impuesto por sobre este concepto de Pueblo, reduciéndose éste a un puesto residual, al que busca (intencionalmente) relacionarse con experiencias totalitarias o encubridoras. Por el contrario, un análisis en término de Pueblo –tal como ocurre en los pensamientos de la Liberación- no necesariamente son antagónicos con esas dos nociones, sino que incluso las utiliza y las contiene, sólo que de un modo diferente. Otro tanto ocurre con la idea de Nación. Aquí el pensamiento europeo prefiere hablar de Sociedad (y esquiva expresamente el término “Comunidad”, con el cual inició su marcha hacia la democracia: la polis griega). También liga a esta noción nuestra de Nación con experiencias totalitarias suyas (de su pasado próximo), o con expresiones ya superadas (e inválidas) en una era como la presente. Aquí será fundamental –para un pensamiento de la Liberación- dejar bien en claro dos cosas: 1°) que su idea de Nación nada tiene que ver con aquellos “nacionalismos” totalitarios europeos y 2°) que la construcción de la Nación (capaz de protagonizar un proceso de Liberación) es un programa todavía pendiente y vigente entre nosotros. Lo nuevo es que ahora ese proceso de construcción deberá cursar en un marco de creciente “mundialización”, con todos los desafíos e inteligencias que esto supone. Por cierto que todo esto afecta a la noción de Estado. Y en esto nuestra asimetría contemporánea con la situación europea es notoria. El origen, desarrollos y desafíos de los estados latinoamericanos fueron completamente distintos de los europeos y norteamericanos, que aquellos se dieron. Pero esto, amigo lector, bien puede ser motivo de otra conversación.

Un cristianismo para el desierto occidental 

Por: Marcos Domínguez- @zoncerasabiertas

«Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán(…) A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas. Pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, seguramente no se van a equivocar. (…) La opción es generar procesos y no ocupar espacios».

Papa Francisco (2015)

Occidente asiste a la relajación, , cuando no a la erosión, de los sustratos cristianos que le dieron origen, y que explican la deriva nihilista de las clases dirigentes, fundamentalmente las norteamericanas. Hoy EEUU es un imperio sin imperio que repite el patrón romano: una élite plutocrática depredadora frente a un modelo de acumulación de capital insostenible por medios económicamente racionales. 

Esta crisis de sentido en Occidente contrastó con la irrupción de una nueva voz en el corazón de la Iglesia católica. Tras la larga tradición de papas europeos, el pontificado de Francisco, un líder del ‘sur global’, reorientó la atención de Roma hacia los «pueblos» y los «humildes», desafiando implícitamente el individualismo y el materialismo de las sociedades post-cristianas.

Pero lo distintivo del presente es el divorcio mismo entra el capitalismo occidental y su ética fundante: el  protestantismo. Esa tradición religiosa que si alguna vez le dio fuerza económica, ahora deja un vacío espiritual que explica gran parte de la turbulencia global. 

Francisco  llevó al Vaticano algo esencialmente latinoamericano: la «teología del pueblo» de Licio Gera, distinta de la más famosa –y ya sepultada– «teología de la liberación».

Los viejos liberales ven populismo en esa mirada de Francisco sobre los pueblos como sujetos históricos, pero ese liberalismo es tan arcaico como el marxismo que condena. Hoy domina un individualismo poscristiano, tecnoliberal y nihilista, que simplemente declara, como Thatcher, que ‘la sociedad no existe’.

En los 12 años y algunas semanas de su pontificado, Francisco concentró sus gestos y mensajes en los humildes: pobres, excluidos, perseguidos, migrantes; los descartados por la sociedad moderna, en quienes veía el rostro de Dios. Aunque esto no es una novedad histórica del cristianismo, la intensidad del enfoque de Francisco generó incomodidad en ciertos sectores del Vaticano. 

Sus aperturas hacia divorciados, gays o creyentes de otros caminos hacia Dios incomodaron especialmente a aquellos que temen el abandono del papel tradicional de la Iglesia como autoridad moral sobre lo correcto e incorrecto a los ojos de Dios. Esta tensión doctrinal tiene matices diferentes según las regiones, con mayor resonancia crítica en las iglesias no occidentales. Sin embargo, nadie se atreverá a cuestionar abiertamente el «pobrismo» de Francisco, que en definitiva fue inaugurado por el mismo Fundador. 

El gran tema es el trabajo

Aunque a menudo se proceda -de modo deliberado o no- a vincular al cristianismo con el «pobrismo» y el consecuente tiro por elevación al peronismo, señalemos que el punto de partida del cristianismo es el pobre, no su glorificación. Una cosa es reconocer en el humilde el rostro concreto de la injusticia; otra muy distinta es naturalizar esa condición como destino manifiesto y romantizable. Si el cristianismo pone en el centro la dignidad inviolable de cada persona, el peronismo traduce esa premisa a la vida histórica de una comunidad organizada: no administrar la pobreza, sino superarla; no hacer del necesitado una identidad permanente, sino elevarlo a la condición de trabajador, que no es solo una categoría económica sino una forma de pertenencia, dignidad y realización humana. Porque ser pobre describe una herida social, una condición producto de la materialidad; ser trabajador nombra una identidad, un lugar en el mundo y una posibilidad de «vivir bien».

En ese punto, la insistencia de Francisco adquiere una claridad poco frecuente en este tiempo. Cuando afirma que “el gran tema es el trabajo”. Dice Francisco, en Fratella Tutti:

«El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo». En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo.»

Francisco apela al trabajo no como variable económica sino como condición de existencia: como forma de aportar, de crecer, de vincularse, de ser parte. Por eso advierte que la ayuda material solo puede ser provisoria, y que la verdadera política —si pretende ser popular en serio— debe garantizar que cada persona pueda desplegar sus capacidades y vivir de su propio esfuerzo.

Por la misma senda, Perón enfatiza  la riqueza espiritual del cristianismo, pero señala que le falta una versión política que permita la transformación social efectiva. Dice Perón: 

«La concepción cristiana presenta otra posibilidad, impregnada de una profunda riqueza espiritual, pero sin una versión política suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno» – Modelo Argentino para el proyecto Nacional (1974)

El peronismo resulta, en este modo de ver las cosas, una forma político práctica del cristianismo. Un puente entre lo espiritual y lo político. Es por eso que la clave de esta  base doctrinaria y filosófica se ofrece, todavía (por encima de las circunstanciales diferencias y dirigencias) como un fuerza capaz de remendar las heridas. Aquello que el propio Francisco continuó como legado: la cultura del encuentro.

Lo que estamos afirmando, en última instancia, es que la persistencia de este sustrato cristiano—ese rescoldo profundo y casi invisible—será la llama que mantendrá viva la esperanza colectiva, incluso en un tiempo dominado por la desesperanza individualista y las acechanzas aún desconocidas del futuro inmediato.

Este titilar nos sitúa en un cruce de caminos. Porque si bien esta llama de esperanza colectiva se mantiene viva en las bases de Occidente, una nueva realidad emerge en la esfera pública: la desconfianza generalizada y la irrupción del ciudadano/votante como espectador que busca saldar cuentas con una dirigencia percibida como inauténtica. Esta nueva dinámica ha dado origen a un fenómeno que podemos denominar la venganza del espectador.

La  venganza del espectador

Habitamos un tiempo donde la vara quedó tan baja que cualquiera “se le anima” a la política. Se sabe. Cualquier periodista o influencer puede soñar – con algún apego a la realidad – con ocupar un rol de referencia en el desierto de ideas de la actualidad. Es que el fenómeno Milei abrió una tranquera general.

En todos los casos, apareció -y a nivel mundial- una oportunidad simbólica de»ajustar cuentas» con algo que se miraba desde afuera. Pasarle factura a una dirigencia incapaz de comprender nuestros problemas. Muchas iras acumuladas, contenidas demasiado tiempo. De allí que haya madurado una firme desconfianza hacia instancias intermediarias como los partidos políticos, sindicatos, corporaciones diversas y también hacia los medios de comunicación tradicionales, de cuyas ruinas surgieron los formatos de comunicación digital que hoy proliferan por todo el paisaje de redes. ¿Quién quiere ser influencer cuando sea grande?.

Después de todo, si la política profesional era «eso», entonces todos podemos decirle a “los políticos” lo que deben hacer y como hacerlo. El tiempo de los comentaristas, con o sin experiencia. Un ruido blanco donde el silencio no genera buenas métricas. La saturación de la que este mismo artículo participa.

La venganza del espectador prevalece como marca de época. Una época cimentada en un ciudadano/votante consumidor que elige productos políticos según sus preferencias inmediatas.

El abandono progresivo de la construcción política alrededor de grandes relatos colectivos, terminó reduciéndola a un acto de identificación narcisista. El problema radica en que la dirigencia política debe tomar nota de esto para tranformarlo positivamente, no para consolidarlo o contratar consultores que le ayuden a copiar la fórmula. Una dirigencia consultor-dependiente, enamorada de sí misma pero separada peligrosamente de la sociedad.

Después de todo parte importante de la actual corriente antipolítica es una rebelión contra la teatralizacion de la política, y no contra la política en sí.

Autenticidad

Por eso la política en general y el peronismo en particular deberían salir del rincón con argumentos surgidos de la práctica política real. Poner en valor el cara a cara. El encuentro. Lo genuino que se cierne en sus bases, y que se contrapone diametralmente a su superficie. Solo así se recuperará la imaginación política perdida, sobre todo en el peronismo donde buena parte de su dirigencia padece del mismo mal que esas clases medias ilustradas que lo han copado: la inautenticidad.

Una paradoja dolorosa para un movimiento cuyo origen histórico es exactamente lo opuesto: una fuerza nacida del calor popular y las raíces sociales más profundas, surgida para desafiar al statu quo político decadente de su época; hoy tiene el desafío urgente de encontrar nuevos símbolos y nuevas formas para volver a encarnar su razón de ser. Lo que también es, por cierto, una obligación patriótica.

Recuerdo algo que ocurrió en una de esas tantas reuniones a las que uno asiste. Un  dirigente sindical dio detalles de un encuentro con Francisco en el Vaticano. Comentó que, al narrarle  el “trabajo que hacía el sindicato con los más humildes” al Santo Padre, Francisco lo interrumpió para consultarle algo puntual:

“muy bien , muy interesante pero, ¿ustedes los tocan?, literalmente , ¿están en contacto físico?,¿abrazan a los pobres?…”

El silencio de quienes oímos la anécdota cerró el relato.

Al final, quizás la venganza del espectador no sea otra cosa que la respuesta a la soledad masiva frente a la pantallas. Un narcisismo de masas que celebra  su propia clarividencia, mientras profundiza su descenso al egoísmo más autodestructivo.

Nuestra vida espiritual , y también la política, demandan abandonar el confort y volver a tocar el mundo real con nuestras manos. Abrazar, como pedía Francisco, aquello que pretendemos representar.

Bienvenidos al tren

Por Daniel Fabián Chaves

Algunos de los círculos infernales del conurbano comienzan a manifestarse en toda su abrumadora nitidez, cada vez con mayor frecuencia y hasta con indolente desparpajo.

El cronista se encuentra en el primer tercio de su viaje de retorno al hogar en Ituzaingó, desde su rutina laboral de los fines de semana, en Villa Luzuriaga. Viaja esta vez, sentado en una formación del 242 ramal San Justo – Morón.

Llegando a la intersección de Ignacio Arieta y Avenida Don Bosco, el chofer para y permite que suba sin pagar pasaje una familia compuesta por presuntos papá, mamá y dos hijos varones de unos 10 años de edad. Quizás más, quizás menos. Los adultos evidencian dificultades de índole mentales o algún grado, acaso, de alienación causada por múltiples probables factores, de los cuales resalta la miseria extrema que ostentan.

Suben con dos carritos colmados de bolsas. Uno de los carritos queda en medio del pasillo, junto a la primera hilera de doble asiento, donde van sentados la madre y uno de los chicos. El 242 dobla por avenida Luis María Campos para insertarse lánguidamente en territorio moronense.

El carrito suelto cae, y junto a él, se abre una de las bolsas y se desparrama en el piso. Discute la pareja, agitando ambos sus brazos y emitiendo una especie de gruñidos que no alcanzan a clarificarse como palabras en castellano básico. Finalmente, la mujer se decide y vuelve a meter por el agujero que se hizo en la bolsa, un par de zapatillas, algunas telas, y una bolsa con algo que se asemeja a pizzetas apelmazadas unas a otras. Luego levanta todo y lo lleva sobre sus faldas. Así hasta llegar a plaza La Roche, donde descienden antes que el resto del pasaje.

Simultáneamente, mis ojos dan testimonio como cada fin de semana al arribar a la habitual fealdad de la mencionada plazoleta frente a la estación Morón del FF.CC. Sarmiento, que decenas… qué digo decenas, cientos y hasta para ser más preciso, un largo par de centenares de seres humanos, forman desprolijas filas sobre la vereda de 25 de Mayo y doblan por avenida Rivadavia, esperando que una institución benéfica les brinde una pequeña vianda de comida, seguramente la única que comerán en todo el día, exceptuando sobras de alguna panadería o algún tacho de basura del cual satisfacerse, si cabe la adjetivación.

El cronista atraviesa, como cada fin de semana, dicho espacio público del corazón de nuestro conurbano en horario nocturno, no siempre bien iluminado claro está. Divisa considerable demora para esperar al siguiente convoy del ferrocarril, así que decide cruzar la estación para ir a tomar el colectivo de la línea 395, que lo dejará cerca de su residencia, al fin.

En ese derrotero entre roedores por doquier, mientras cruza las vías pensando en una emblemática canción de Leonard Cohen “Everybody Knows” (Todo el mundo lo sabe, traducido a nuestro paladar rioplatense), observa sin asombro alguno, a un borracho en el peor de sus momentos, como abrazado a un rencor, vomitando junto a la barrera.

Escasos 50 metros más adelante, otro ebrio que se apoya contra un poste de luz, un hombre ya maduro, de edad bastante indefinida pero cercano a los 60 años, por lo menos. Si se suelta, caerá desvanecido en su propio lodazal de orines y vómitos. El callejón sin salida, donde la dignidad ya no importa en lo más mínimo.

Y las urgencias arrecian, mientras las “personas inteligentes” conceden años y años a quienes concienzudamente vinieron para profundizar el deterioro del tejido social hasta volarlo en mil pedazos. Que es lo que ya se evidencia con tan solo caminar y caminar, y caminar. Pero eso sí: Los «educados» conceden «gobernabilidad»… para que todo vuele por los aires, muchísimo más temprano que tarde.

Ahora el cronista dobla por Crisólogo Larralde, una cuadra lúgubre en su oscuridad y veredas destrozadas desde tiempos inmemoriales, entre Independencia y Cabildo, exactamente donde hay numerosas paradas de colectivos. El tercer borracho, yace recostado sobre el asiento de la parada del 441 cartel San Alberto. Mañana no sabrá qué sucedió esta noche. Y seguramente pasado mañana tampoco sabrá lo que sucederá mañana en cualquier parte de la jornada.

Golpe de suerte! El 395 llega tras menos de 10 minutos de espera, acostumbrados como estamos todos sus usuarios a los 30, 40 o 50 minutos de espera regulares tanto sábados como domingos. A mitad de viaje, sobre avenida Sarmiento, en las coquetas calles de Castelar, una señora experimenta alguna clase de brote, y comienza a gritar y a emitir incoherencias.

Algunas palabras son distinguibles con absoluta claridad: Remiten a verduras que no fueron compradas. Comida que ya no hay, pero que su mente mantiene cual tortura cotidiana en medio de sus delirios. Al rato, se calma sin que nadie le diga una sola palabra. Y una aparente normalidad vuelve a marcar prudente presencia al interior de la formación, mientras una interminable senda de luces mortecinas nos saludan sin sonrisas a nuestro paso.

Los que aún no llegaron a esos círculos del infierno, en todo caso estamos apenas un escalón por encima, como dijera la cardióloga a este cronista, a quien sentenció como “detonado de estrés” y le reclamó desentenderse de “la política” por tiempo indefinido, según ella, en caso de que desee sobrevivir, paso previo a re-vivir. Vaya uno a saber. Seguramente ella tiene toda la razón.

Al menos, este vecino precisa dar testimonio de estas realidades de nuestros nadies, sin romantizarlos ni estigmatizarlos.

El país invivible ya está entre nosotros. Y entre pibes que portan armas y multiplican amenazas en masa, violencia social que se acrecienta exponencialmente en todo su salvajismo, condenados de nuestra tierra que se arrastran sin destino por las callejuelas sucias y oscuras de nuestras y todas las ciudades y pueblos habidos y por haber, mucho más simpáticos en sus auto-bombos publicitarios que en la sórdida realidad que los suele atravesar… así como también una legión de indiferentes, un puñado de almas sensibles y caritativas, un amplio pelotón de insanos que gozan con todo este cuadro, y los poderosos de siempre que se hacen cada vez más poderosos sin que nada ni nadie les ponga un verdadero coto final…

… el cronista finalmente arriba a su harto modesto hogar. Desensilla, pone agua a calentar en la pava, y sólo atina a pensar, mientras contempla su patio desde el ventanal de su habitación: “Bienvenidos al tren”.

!Andá a la p…!

Por Carlos Caramello

Nada hay más terrible

que una ignorancia activa.

Goethe

Milei al Gobierno, KM al Poder”, podría sintetizar el eslogan de esta administración que comienza a sentir los primeros temblores justo allí, donde la espalda pierde su nombre decente. La otra definición sería, “necesitamos más de 2,9% de inflación porque KM menos del 3% no acepta”. Están para cualquiera. Porque los dejan estar para cualquiera. Cuanto más absurdo, cuanto más delirante sea el planteo, mejor. Cuando todo caiga, haciendo más ruido que un piano de cola arrojado desde la terraza, los canallas del empresariado sentimental y coqueto que el lunes pasado salieron de la juntada de AmCham (Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina) diciendo que “valoraban la señal de sostener el rumbo” lo van a mandar con pito y cadena indicando que “el proyecto era correcto… pero él está loco”.

¿Loco? “Loco… sí -dice el viejo Polonio sobre Hamlet en la inmortal pieza del Cisne de Avón-. Pero hay método en su locura”. La ecuación les cerró mejor que ninguna hasta ahora, incluido el golpe de Estado de 1976: un megalómano trastornado, con delirios de estrella del rock, manejado por su hermanita con complejo de Antígona. La Tortera -como la apoda Mauricio Macri en la intimidad y no tanto- es una de las mujeres más rústicas y brutales del país (al punto hacerle sombra a Patricia Bullrich) y fue habilitada por los que condimentan el estofado a llevarse todo lo que pueda. Claro, a cambio de… bueno, está a la vista. Carambola, palito y tronera. Mientras la fórmula les rinda (¿qué es el 3% de ANDIS frente a la entrega de los Glaciares a las mineras; cuánto representa la estafa $Libra al lado de los miles de millones de dólares que han fugado con el carry trade?), lloverán los plácemes sobre la peluca y los hombros con caspa de Milei.

Y el tipo, encima, se les hace el difícil. “Si no nos quieren acompañar -los aprieta-, no pasa nada. Nos vamos a casa. Total yo puedo trabajar en el sector privado”. Pero… ite iendo, diría un coya amigo mío. No te frustres, Fiera. Andá nomás. Vete, te pido que te vetas. Al sector privado, al campo con los perros imaginarios o, por ahí, a la cárcel… en el mejor de los casos. Eso, el Papadas, lo sabe. Como sabe muchas otras cosas. Demasiadas, acaso, para quienes lo vienen patrocinando. Y por eso usa doble chaleco antibalas: tiene más kevlar encima que una paleta de paddle de última generación. Siempre es mejor sudar la gota gorda que la fría.

Ánade cruel

El pato no suele ser un ave violenta, vengativa, envidiosa, irascible y carnicera salvo que pertenezca a la familia de los Bullrich. Con sus tecnológicos anteojos con audífono (se ha mandado a hacer varios pares de distintos colores así, cuando le toca hablar, le van dictando lo que tiene que decir), la senadora Patricia B. asoma en el escuálido mundillo libertario como candidata de recambio. Un vocero sin voz, una armadora que no sabe armar y un Papadas desgastado de tanto rayar el modelo contra las paredes de la real economic, hacen que esta ex todo reaparezca en el cenit de la errante ultra derecha como proyecto potable. En todo caso -y por ahora- es la que mejor mide en un gobierno barranca abajo.

Es que la derechosidad, que es muy afecta al uso del espejo retrovisor cuando las cosas no marchan como creen que deberían, ha comenzado a extrañar; casi a sentir remembranzas por las figuras de Horacio Rodríguez Larreta en CABA y Patricia Bullrich Luro Pueyrredón en el país. No porque admitan haberse equivocado sino porque su ideal de dirigente es aquel que puedan despedir cuando hace alguna cosita que les desagrada, como al servicio doméstico, y eso, en nuestra desleída democracia de bajísima intensidad, todavía no se consigue.

Encima, el golden boy (he dicho golden, no taxi) que se había armado KM en su cabecita loca no para de mostrar el culo: propiedades baratísimas que le venden jubiladas prestamistas que no lo conocen; viajes a Nueva York y a Punta del Este pagados por el gobierno; vacaciones familiares en Aruba, destino por el que pagó nada más que 5.000 dólares de pasajes: o este muchacho es el rey de la pichincha o algo muy turbio se esconde detrás de la aparente suerte económica del vocero afónico.

Pero la Rubia Perdición de Javier Milei se niega a soltarle la mano. Acaso con buen criterio ya que, supone, tras Adorni se puede esconder una inflación que no cesa de crecer y centenares de muertos por faltas de medicamentos, de atención, de comida y… por suicidio. ¡Qué equivocada! Las malas nuevas potencian las malas viejas y los errores sucesivos son imposibles de ocultar tras otros errores. Así, el 2027 (¿usted cree que falta mucho? No sea pueril) se presenta más difícil que alcanzar la esquiva inflación cero.

¿La casta dónde está?

En el gobierno del Casalito Milei. La verdadera, digo. La que difícilmente el ojo poco avezado del hombre y la mujer de a pie pueda distinguir. “Tener poder es tener impunidad”, definió alguna vez Alfredo Yabrán antes de tener que salir obligadamente de su cómodo anonimato. ¿Quién te otorga inmunidad en este paisito nuestro? El Poder Judicial. Y lo primero que le aconsejaron los Menem a KM cuando la entornaron fue que se comprara una Justicia Propia. Claro, no le avisaron que los armadores nunca lo harían para ella. Porque estos procesos de latrocinio desmadrado requieren, imprescindiblemente, de chivos expiatorios.

La buena de KM, subyugada por las peripecias del poder (e ignorante de las traiciones que suelen signarlas) se entregó de cuerpo entero a lo que uno de los Menem le susurraba al oído y eligió al abogado Santiago Viola como consultor primero, como defensor familiar luego y, finalmente, ahora, como Viceministro de Justicia. Y quiero decir que este es vice de verdad porque juega de taquito con el ministro Juan Bautista Mahiques, un exponente explícito de la casta judicial, casi el prototipo.

No voy a perderme en el intricado laberinto de la familia judicial, con sus incestuosidades políticas y sus protecciones mafiosas. Hay gentes que saben mucho más del tema y algunos, como Carlos Pagni, hasta cuentan una parte, aunque lo hagan con un lenguaje casi inextricable, para iniciados (Jauretche aconsejaba leer La Nación y pararse del lado opuesto. Pero leerla). Sí voy a decir que Viola, hijo de la jueza Claudia Balbín, que en una época ofrecía sobreseimientos a cambio de inculpar a Cristina Kirchner, fue defensor de los hijos de Lázaro Báez y le tendió una trampa al juez Casanello intentando, mediante testigos falsos, demostrar que el magistrado visitaba la Quinta de Olivos durante el kirchnerismo. El viceministro de Justicia libertario también defendió a la hermana del represor Jorge Radice, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex ESMA. Una joyita el pibe.

La dupla de la injusticia teje hoy una red de impunidad de características casi absurdas ya que con ella intenta envolver tanto a personajes del gobierno acusados de corrupción como a algunos enemigos del Papadas, como Claudio “El Chiqui” Tapia y su brazo ejecutor, Pablo Toviggino. Todo mientras desde el libertarismo caricaturesco, la senadora jujeña Vilma Vedia trata de convencer al pueblo argentino de comer carne de burro. Y uno se pregunta: ¿son conscientes de los riesgos que corre el Gabinete de Milei si esta propuesta se extendiera? Pobre Platero, y su amigo don Juan Ramón Jiménez.

Trump-oso

Es más o menos sabido que el Papa es la representación de Dios en la Tierra, sucesor de Pedro y vicario de Cristo. Ahora bien, el conflicto empieza cuando Dios baja a la Tierra para gobernar los Estados Unidos y el jefe del Pentágono le explica al mundo que León XIV “no sabe nada de teología”. En ese nivel de desatino está la administración de los Estados Unidos: un presidente absolutamente extraviado, en el sentido más amplio del adjetivo; un Jefe del Pentágono, Peter Hegseth, más objetado (y bestial) que el propio Trump; un partido Republicano atravesado por una profunda grieta que tiene a los que siguen apoyando aun al Papadas Blondo y los que quieren sacarlo del Gobierno antes de que hunda aún más al país y al mundo.

Donaldo, como si nada. Hoy se pelea con Irán. Mañana amenaza a China. Pasado bloquea el ya bloqueado estrecho de Ormuz. Al día siguiente dice que volverá a negociar pero si los iraníes le entregan la totalidad del uranio enriquecido y se comprometen a frenar por 20 años la carrera nuclear mientras en paralelo bombardea lugares neurálgicos para Rusia y se pelea con el Senado de su país que, cada semana, está más cerca de imponerle restricciones para guerrear.

La escasez de información (Israel ha cerrado toda comunicación que no salga de su gobierno y los periodistas independientes siguen siendo asesinados en Gaza, Líbano e Irán) impide un verdadero análisis pero cada día está más clara la soledad del norteamericano a quien ya no respetan ni los mandatarios europeos ni el mismísimo Netanyahu que, no sólo ha bombardeado refinerías estratégicas de las que se surte yankylandia sino que rompió el alto el fuego por 10 días alcanzado entre El Líbano y los Estados Unidos.

Algunas fuentes serias sostienen que la suerte de Trump está echada, en lo político y, sobre todo en lo militar, ámbito en el que ha quedado más expuesto que en los archivos de Epstein. Sólo la voracidad de Israel, en cabeza de un par de ministros del gabinete como Itamar Ben Gvir, de Seguridad Nacional, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mantiene la tensión en un punto de no retorno ya que no quieren salir de esta guerra sin anexar parte de Irak y del sur del Líbano.

Voces más poderosas se alzan en este sentido. Una de ellas, la de Xi Jinping: “Un cierto país, obsesionado con mantener su hegemonía, ha hecho todo lo posible por paralizar los mercados emergentes y las naciones en desarrollo. Quien progresa rápidamente se convierte en un objetivo de contención; quien se pone al día se convierte en una amenaza. Pero todo esto es en vano. El mundo en el que vivimos hoy es una comunidad con un futuro compartido. La gente no quiere una nueva Guerra Fría; quiere un mundo de paz duradera y seguridad universal”, ha dicho el premier chino. Y ese no habla porque el aire es gratis.

Olor a final

Tengo que pedir perdón, a esta altura, por tomarme algunas cosas en solfa. Pero en un país en el que el Presidente -que se dice Doctor en Economía-, explica que “la inflación sube porque los precios aumentan”; el Ministro de Salud -que se llama Lugones y desciende del creador de la picana eléctrica… hablame de casta- descubre que el PAMI tiene afiliados mayores de 80 años y les echa la culpa por el déficit de la institución; el Secretario de Agricultura les anuncia a las entidades del campo que las retenciones serán cero… hacia el final del segundo gobierno de Milei y el Director General de Gendarmería, a la sazón novio de la Ministra de Seguridad, compra boinas por valor de dos millones de dólares (a 150.000 pesos la unidad cuando su precio de mercado es de 50.000) que no se pueden usar porque no van con el uniforme.

Un país en el que usted, que me lee, sabe perfectamente de quién hablo cuando digo KM pero la justicia lleva meses tratando de discernir a quién le pertenecen las iniciales que recibían el 3%; donde un operador periodístico ensobradísimo le avisa a un imputado por las coimas de ANDIS que van a allanar sus oficinas; el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri se posiciona como la persona que va a conducir la interna del Peronismo hacia 2027; Eduardo Menem consigue un fallo favorable de la Corte para cobrar 40 millones de pesos de jubilación y un retroactivo de 1.500 millones  y Julio de Vido, un gran tipo: 76 años, diabetes tipo 1, insulino dependiente, continua detenido en Ezeiza por peronista… Bueno, ese país es un mal chiste, una broma macabra, la farsa en la que se repite la tragedia, una burla a la inteligencia y a la esperanza de las mujeres y los hombres que lo sufren día a día.

Mujeres y hombres, niños y ancianos, personas, seres humanos que, no se entiende cómo, no se han rebelado más allá del grupito de jubilados que son apaleados y reprimidos cada miércoles en las puertas del Congreso y alguna marcha esporádica y, a veces, ilusionante -como la del 24 de marzo- que deja ese regusto a que la cosa puede cambiar. Con hambre, sin trabajo, sin consumo, 300.000 puestos de trabajo perdidos en poco más de 2 años, 70 empresas que cierran por día y los macabros recortes a la ciencia, la universidad, a la salud… Con todo eso, la inflación sigue aumentando y las promesas de Milei caen una tras otra como las fichas de un dominó que nos lleva a la muerte.

Es imprescindible reaccionar. Romper el inmovilismo. Salir de la pesadilla vivida como destino. Y eso no es chiste.

Por Carlos Caramello.-

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Etiquetas: Javier Milei

Palantir: una amenaza para la democracia

Asociacion Gremial de Computación

Una empresa de vigilancia que nunca ganó una elección pretende definir quién es una amenaza. Palantir no vende software: vende una cosmovisión. Y el gobierno argentino le está abriendo la puerta con el DNU 941/2025. Soberanía digital o control corporativo.

Palantir emitió un manifiesto haciendo pública su ideología, objetivos y fines políticos. Palantir no es un partido político, ni es un Estado, sino que se trata de una empresa de análisis y procesamiento de datos, vigilancia y ciberespionaje. Se ha especializado en la creación de algoritmos, sistemas de blancos y detección de objetivos para ejércitos y ministerios de defensa, de los cuales es su principal contratista en los países occidentales, sobre todo en los Estados Unidos, donde ostenta contratos con el Pentágono y con ICE, además de sus acuerdos con la OTAN, policías metropolitanas y diversos organismos de inteligencia e involucramiento en gobiernos incluso en materia de salud, como en la NHS británica.

Como corporación privada y, por lo tanto, opaca y sin controles públicos, Palantir ha logrado inmiscuirse de tal modo en distintos gobiernos que se ha convertido virtualmente en un Estado dentro del Estado, incluso en áreas de extrema sensibilidad para la vida de las personas, como su rol en organismos de inteligencia y su manejo de datos en materia de privacidad, integridad humana, seguridad física y de datos de las personas.

Cómplice de crímenes contra la humanidad

Allí donde se ha desempeñado como contratista, Palantir no funge sólo como un mero instrumento tecnológico al cual los Estados consultan, sino que actúa como promotor, ideólogo y autor material de la tecnología necesaria para llevar adelante toda clase de violaciones a los DDHH, al punto de participar, diseñar y defender públicamente crímenes contra la humanidad, atrocidades contra civiles, genocidios, persecución y represión de minorías, como en su participación en ICE, en los EEUU, donde los objetivos eran trabajadores hispanos que viven en EEUU, o su activa participación en el genocidio en Gaza y en la guerra contra Irán. En esos despliegues de su poder, Palantir se ha especializado en:

Vigilancia predictiva: sistemas que analizan patrones para anticipar comportamientos (usados por ICE, policía de Nueva York, fuerzas armadas de EEUU, Israel y Ucrania, entre otras).

Automatización de la decisión: IA que prioriza objetivos, asigna recursos o evalúa riesgos sin intervención humana directa. Un ejemplo concreto de su uso fue durante la guerra de EEUU/Israel contra Irán. La lista de blancos en Irán, entre las cuales estaba la escuela de Minab donde fueron asesinadas 168 niñas, fue confeccionada por Palantir.

Internalización del control: como en el panóptico, la mera existencia de la plataforma modifica conductas, incluso sin activación constante.

Los ideólogos del tecnofascismo

Palantir y, en particular, dos de sus fundadores, Peter Thiel y Alex Karp, no sólo son empresarios, sino que se trata de ideólogos con ideas extravagantes y peligrosas que, en los hechos, actúan como dirigentes y decisores geopolíticos de facto, sin haber sido electos por nadie. No obstante, y a pesar de su inexistente legitimidad social, Alex Karp se ha ufanado de disfrutar de «matar a sus enemigos» y ha declarado que defiende genocidios, mientras que Peter Thiel llama «Anticristo» a todos aquellos que creen que deberían mitigarse los riesgos del uso de IA y llaman a un uso ético y responsable. Frente al planteo de que la gobernanza de la IA es un debate público que debe contar con participación popular, Thiel aboga que sea definida por unos pocos tecnócratas. Según el credo de Thiel, el humanismo como doctrina o la mera moral católica son enemigos declarados.

Palantir Technologies fue fundada en 2003 por un grupo de emprendedores liderado por Peter Thiel (cofundador de PayPal) y Alex Karp (actual CEO), junto con Joe Lonsdale, Stephen Cohen y Nathan Gettings

El llamado a la guerra y el choque de civilizaciones

Thiel cree que la democracia es una ingenuidad, que existe una jerarquía de culturas y que debemos involucrarnos en una nueva carrera armamentística con el fin de librar una guerra mundial en defensa de una difusa idea de «occidente». Esta visión del mundo se basa en la idea de choque de civilizaciones, en la que existe un «ellos» —los supuestos enemigos de la civilización occidental, cuyas culturas el documento considera inferiores— y un «nosotros» que debemos invertir masivamente en armas de IA y software de defensa: convenientemente, el catálogo de productos que ofrece Palantir como solución.

¿Por qué debemos ir a la guerra y no simplemente coexistir? No se explica. Lejos de proponer una arquitectura mundial para la coexistencia y la paz, como ya ocurrió a lo largo de siglos, el documento de Palantir es un llamado a imponer una cultura sobre otra arguyendo una supuesta superioridad. Guerra que, desde ya, no librará Thiel (quien ya se construyó un refugio personal) aunque sí utilizando sus productos.

Rearme de Alemania y Japón: derribar los pilares de la posguerra

Debe destacarse un punto particular de su comunicado. El punto 15 pide explícitamente el rearme de Alemania y Japón y llaman al «fin del pacifismo japonés». Llevar adelante ese punto implicaría deshacer uno de los pilares fundamentales del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, una empresa privada, no elegida democráticamente, que solo rinde cuentas a sus accionistas, propone, sin más, subvertir la estructura de seguridad de dos continentes. Un acuerdo que se logró tras una guerra mundial y decenas de millones de muertos para su establecimiento.

¿Por qué proponen esto? Obviamente hay una motivación comercial: una Alemania y un Japón remilitarizados representan enormes mercados nuevos para el software de defensa.

Supremacismo tecnológico y jerarquías cuasi raciales

Por si aún no quedó claro, esas decisiones, afirma Thiel, deben estar enteramente en sus manos. Con ello, Palantir busca construir un poder tecnocrático de hipervigilancia que sólo puede ser calificado como una forma de tecnofascismo donde, además, se establece una jerarquía cuasi racial, donde los blancos anglosajones son superiores a las naciones de otros países, en particular de los «enemigos» de «occidente», cuya caracterización surge, desde ya, de la mente afiebrada de Thiel. Se trata además, paradójicamente, de un supremacismo tecnológico completamente anti-liberal: Si este poder tecnocrático se erige como árbitro último de nuestras sociedades, ¿quién podrá destituirlo una vez que se haya consolidado? ¿Cómo luchar contra una minoría de multimillonarios que controlan armas autónomas, administran y procesan los datos íntimos y privados de todas las personas, gestionan, controlan y dirigen los organismos de inteligencia y el espionaje?

El tecnocesarismo: cuando el poder pasa de los Estados a las plataformas

Al riesgo existente de personajes poderosos con ideas peligrosas se adiciona que son ricos y ya tienen poder dentro de los Estados. Palantir no llama a la puerta de los gobiernos para vender una herramienta. Llega con una cosmovisión completa: así es como funciona el mundo, estos son sus enemigos, esta es la razón por la que no puede permitirse el debate público y este es nuestro contrato.

Este escenario debe leerse en clave de cambio de época. La irrupción de actores como Palantir no responde únicamente a una dinámica de mercado, sino a la consolidación de una nueva arquitectura de poder que se define como tecnocesarismo, ese modelo donde los líderes tecnológicos, los llamados «tecnogarcas», concentran infraestructura crítica, datos y capacidades de inteligencia artificial, y desde allí proyectan influencia política directa sin mediación democrática. En este marco, la soberanía deja de ser exclusivamente territorial para volverse también algorítmica y cognitiva. Cuando un Estado externaliza el procesamiento de sus datos estratégicos o delega capacidades de análisis y decisión en plataformas opacas, no está incorporando tecnología: está resignando poder. Y, como muestran múltiples antecedentes, estas plataformas no son neutrales, sino portadoras de una visión del mundo, de una lógica de intervención y de una agenda que excede ampliamente lo técnico.

Palantir busca construir un poder tecnocrático de hipervigilancia que sólo puede ser calificado como una forma de «tecnofascismo»

La urgencia de la soberanía digital

En este contexto, resulta imprescindible elevar la discusión. No alcanza con evaluar beneficios operativos o promesas de eficiencia. Lo que está en juego es la integridad del proceso democrático y la capacidad de los Estados de gobernarse a sí mismos. La evidencia reciente, desde la manipulación conductual en procesos electorales hasta el uso de inteligencia artificial para vigilancia y predicción social, obliga a abandonar cualquier ingenuidad.

El Consejo Asesor del LITAT viene siguiendo este fenómeno con especial atención, trabajando en una visión que ponga en el centro al ciudadano y advierta sobre los riesgos de avanzar sin marcos claros. Argentina enfrenta una decisión estratégica: o desarrolla capacidades propias en infraestructura digital, gobernanza de datos e inteligencia pública, o se expone a convertirse en un espacio de experimentación de dinámicas globales donde la ciudadanía es tratada como variable de ajuste. La salida no es el rechazo tecnológico, sino la construcción de una soberanía digital activa, con reglas, capacidades y control democrático que aseguren que la tecnología fortalezca, y no debilite, el contrato social.

La nueva opacidad del poder ya no se entreteje en los pasillos del Congreso ni en los despachos del Ejecutivo, sino en los algoritmos.

Seguridad nacional comprometida

Existe, además, un riesgo adicional de soberanía y de seguridad nacional. ¿Qué asegura que Palantir, una empresa norteamericana, avise al Estado argentino sobre acciones de EEUU contra nuestro país? ¿Por qué Palantir informaría sobre acciones de la CIA o la NSA contra nuestro país, por ejemplo, si el fin declarado de Palantir es servir al interés nacional de los EEUU y a su encuadre geopolítico? Un Estado que subcontrata su evaluación de amenazas a una empresa con una agenda ideológica explícita no está recopilando información de inteligencia, sino que, en esencia, se está suscribiendo a su propaganda y es instrumento de sus fines.

La conclusión es obvia. Todos los gobiernos que aún utilizan software de Palantir en sus infraestructuras de inteligencia, seguridad o servicios públicos deben empezar a desinstalarlo de inmediato. Si no quieren verse envueltos en la delirante y profundamente destructiva cruzada de choque de civilizaciones a la que Palantir se ha comprometido abiertamente.

Argentina: el DNU 941/2025 y el ecosistema perfecto para Palantir

Este alarmante escenario global no es una hipótesis lejana para Argentina. En enero de 2026, el gobierno nacional promulgó el Decreto de Necesidad y Urgencia 941/2025, que reforma la Ley de Inteligencia Nacional. Ese decreto crea nuevos organismos como la Agencia Federal de Ciberinteligencia, centraliza el cruce de bases de datos personales entre entes estatales y adopta explícitamente un enfoque de «contrainteligencia preventiva» para anticipar amenazas. En los hechos, el DNU 941/2025 diseña un ecosistema normativo que requiere exactamente lo que Palantir vende: integración masiva de datos, análisis predictivo mediante inteligencia artificial y automatización de la decisión de blancos. Las plataformas Gotham (para defensa e inteligencia) y AIP (capa de IA operativa) encajan en esa arquitectura como una llave en su cerradura.

En resumen, aunque no existe un contrato público formal, el DNU 941/2025 crea un marco normativo y operativo que se alinea de manera casi perfecta con las capacidades y el modelo de negocio de Palantir. Esto, sumado a los vínculos personales entre funcionarios del gobierno argentino (incluyendo reuniones del presidente Milei y su asesor Santiago Caputo con el cofundador Peter Thiel, y la gestión de la entonces ministra Patricia Bullrich para preparar un contrato con la empresa) ha encendido todas las alarmas sobre un posible futuro desembarco de estas tecnologías de vigilancia masiva en el país.

Permitir que Palantir opere sobre los datos de argentinas y argentinos no sería solo una cesión de soberanía tecnológica: sería entregarle a una corporación privada, confesa admiradora del supremacismo y enemiga de la democracia deliberativa, las palancas centrales del control social, la inteligencia estatal y la definición de quién es considerado una amenaza.

Palantir y las elecciones: la amenaza a la integridad electoral

La capacidad de Palantir para procesar datos masivos y predecir comportamientos plantea una amenaza directa a la integridad de los procesos electorales democráticos. La experiencia internacional revela múltiples vectores de riesgo que Argentina debe considerar urgentemente.

El acceso a bases de datos federales y padrones electorales

En Estados Unidos, el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) obtuvo acceso a datos de la Administración del Seguro Social, el Servicio de Impuestos Internos (IRS), Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) y del Departamento de Salud (HHS), cubriendo información sensible de cientos de millones de ciudadanos. Reportes periodísticos documentan que personal de DOGE firmó acuerdos para compartir estos datos con grupos que trabajaban para revertir resultados electorales. Palantir se consolidó como la plataforma que fusiona estos registros federales con bases comerciales y, en al menos un caso documentado, con padrones electorales.

Esta capacidad de resolución de identidades y análisis de redes permite identificar individuos, mapear sus conexiones y clasificarlos según objetivos investigativos definidos, incluidos objetivos electorales. La construcción de una base de datos maestra que integra información gubernamental, comercial y electoral confiere un poder sin precedentes para el perfilado político de la población.

Un país que no controla sus datos no controla sus elecciones.

Microtargeting: la muerte del debate público

El microtargeting electoral basado en perfiles detallados de votantes representa una amenaza fundamental para la democracia deliberativa. Durante la campaña presidencial estadounidense de 2016, se produjeron entre 50.000 y 60.000 versiones diferentes de anuncios políticos cada día. Esta fragmentación extrema de los mensajes políticos imposibilita el debate público: cuando cada votante recibe mensajes personalizados diseñados para manipular sus preferencias específicas, desaparece la posibilidad de un intercambio público de ideas y argumentos que permita a los ciudadanos tomar decisiones informadas.

Como señaló Ann Ravel, ex miembro de la Comisión Federal Electoral de EEUU: «La forma de tener una democracia robusta es que la gente escuche todas estas ideas, tome decisiones y discuta. Con el microtargeting, eso no está sucediendo». Los mensajes personalizados operan fuera del escrutinio público, permitiendo a las campañas manipular hechos, incrementar la polarización y eludir la rendición de cuentas.

El precedente de Cambridge Analytica y la conexión con Palantir

El escándalo de Cambridge Analytica reveló que un empleado de Palantir trabajó en la extracción de datos personales de más de 50 millones de usuarios de Facebook con fines de manipulación electoral. Aunque Palantir inicialmente alegó que se trataba de una actuación «enteramente personal» de un empleado, el denunciante Christopher Wylie contradijo esta narrativa ante el Parlamento británico, afirmando que «había empleados senior de Palantir que también estaban trabajando en los datos de Facebook».

Este antecedente demuestra la permeabilidad de las barreras entre las capacidades de vigilancia gubernamental que Palantir ofrece al Estado y su uso para fines de manipulación electoral. La alineación política de la dirigencia de Palantir con determinados sectores políticos exacerba este riesgo.

Financiamiento político y captura regulatoria

Peter Thiel y Alex Karp, fundador y CEO de Palantir respectivamente, han realizado donaciones millonarias a comités políticos republicanos. El PAC «Leading The Future», cofundado por Joe Lonsdale (cofundador de Palantir), ha comprometido más de 100 millones de dólares para apoyar candidatos favorables a la industria de IA en las elecciones intermedias de 2026. Thiel donó cientos de miles de dólares a comités alineados con el liderazgo republicano del Congreso, mientras que Karp tiene un historial de donaciones más errático: contribuyó 360.000 dólares al comité de recaudación conjunta de Biden-Harris en 2023, pero un año después aportó 1 millón de dólares a MAGA Inc., el principal super PAC pro-Trump.

Esta influencia financiera directa sobre los legisladores que deben regular la industria de IA y las tecnologías de vigilancia genera un conflicto de interés estructural que amenaza la capacidad del Estado de establecer controles democráticos sobre estas plataformas.

Supresión de votantes mediante intimidación con datos federales

La integración de datos de agencias federales con capacidades de vigilancia crea nuevas formas de supresión electoral. En Estados Unidos, operativos de ICE (Inmigración y Control de Aduanas) cerca de lugares de votación han sido documentados como estrategia de intimidación de votantes. Familias de estatus migratorio mixto enfrentan el temor de que sus datos federales sean utilizados en su contra, lo que suprime efectivamente su participación electoral.

Este patrón puede reproducirse en cualquier país donde Palantir opere: la mera existencia de capacidades de vigilancia masiva vinculadas a enforcement federal genera un efecto paralizante sobre sectores de la población, particularmente aquellos en situación de vulnerabilidad legal o administrativa. No se requiere la ejecución masiva de arrestos; basta la amenaza implícita de que los datos personales pueden ser utilizados de manera punitiva para desincentivar la participación política.

El riesgo para Argentina

En el contexto argentino, el DNU 941/2025 crea el marco legal para que una eventual contratación de Palantir replique estos patrones. La centralización del cruce de bases de datos personales entre entes estatales, combinada con capacidades de análisis predictivo mediante IA, configura precisamente la infraestructura necesaria para:

  • Construir perfiles políticos detallados de la ciudadanía mediante la integración de datos de ANSES, AFIP, RENAPER, sistemas de salud y otras agencias.
  • Implementar microtargeting electoral que fragmente el espacio público y erosione el debate democrático.
  • Ejercer presiones selectivas sobre segmentos de la población mediante el uso estratégico de información sensible.
  • Conferir ventajas electorales estructurales a los sectores políticos alineados con los intereses geopolíticos de Palantir y de Estados Unidos.

La opacidad inherente a una corporación privada que maneja infraestructura crítica del Estado impide el control democrático efectivo de estas prácticas. Una vez que Palantir se inserta en el aparato de inteligencia y seguridad nacional, su remoción se vuelve progresivamente más difícil debido a las dependencias técnicas y operacionales que genera.

La defensa de la integridad electoral requiere rechazar de manera categórica la tercerización de capacidades de inteligencia, análisis de datos y vigilancia ciudadana a corporaciones privadas con agendas políticas explícitas. La soberanía electoral es inseparable de la soberanía digital: un país que no controla sus datos no controla sus elecciones.

Fuentes Seguras. De qué se trata todo esto

Los objetivos. Pueblos. Aliados. Diálogo. La intoxicación. Abra su cerebro: Cono del Silencio. Hungría, Orbán, Putin, Trump y la Unión Europea. Futuro abierto.

Por Gabriel Fernández *

El poder que aquilata una nación para imponer sus objetivos está asentado, desde ya, en su volumen económico y militar. Sin embargo, al observar un cuadro de situación más completo, puede percibirse que los factores enlazados superan holgadamente a esa dupla esencial. La cuestión es cómo aprovecha el conjunto de su potencial con el vigor necesario en el tiempo justo.

Efectuemos una recorrida por los variados protagonistas para desentrañar el sentido de su accionar en la contienda.

LOS OBJETIVOS DE LOS PROTAGONISTAS. Los Estados Unidos necesitan sostener el entramado de la primacía petrolera -reservas, extracción, venta, flujo- con sus originales rasgos monetarios. Esto implica garantizar la compra de energía en dólares, asegurar el traslado de petróleo y gas, y así mantener, de común acuerdo con las monarquías del Golfo Pérsico, el valor del dólar como moneda de intercambio y de reserva. También, resguardar su formidable influencia geopolítica sobre la que considera su región, y sobre Europa y Asia.

Israel pretende construir el Gran Israel en Oriente Medio. Para eso necesita expandirse y absorber territorios y riquezas de la región -Líbano, Gaza, Cisjordania-, desestructurar a su adversario local, Irán, y disciplinar a las monarquías petroleras. Con firme sentido del equilibrio, precisa el respaldo norteamericano, pero no su hegemonía. Quiere guardar para sí, y para las corporaciones que representa, la orientación del proceso.

Irán, por su parte, necesita afirmarse y crecer. Su continuidad como estado nación y como país asociado a los multipolares, es el objetivo básico. En sintonía, diseñar su sociedad según los parámetros que corresponden a su tradición, idiosincrasia e intereses. También, ser el referente de mayor influencia entre los países islámicos, difundiendo el chiísmo sin constituirse en potencia aplastante para sus vecinos sunnitas. Para ello, anhela agudizar su desarrollo industrial y científico técnico, así como su relevancia comercial.

Las Banderas De Estados Unidos De Irán E Israel Se Entrelazan : Un Símbolo De Las Relaciones Geopolíticas Stock de ilustración - Ilustración de indicador, naturalice: 388521181

LOS PUEBLOS Y LOS ALIADOS. Los tres casos incluyen en su potencial una parte decisiva de la opinión pública. La diferencia radica en que el respaldo al gobierno israelita viene decreciendo -muchas personas dudan sobre las características del accionar oficial y tantas otras directamente fugan del explosivo lugar- mientras el apoyo a la administración iraní persiste y se consolida -los pronunciamientos populares resultan masivos y la censura no alcanza a ocultarlos-. Ese factor, en los Estados Unidos, es una complicación para su cúspide política: las calles repudian la represión interna del ICE y, desde el hostigamiento reciente a Gaza, la participación en conflictos externos.

Esta realidad norteña repercute en la nación toda. En la conducción del Estado, en el Partido Republicano, en Make America Great Again (MAGA). Si desde hace mucho que las distancias entre globalistas e industrialistas caracterizan el conflictivo y zigzagueante andar de la gran potencia, en los tiempos cercanos se ha puesto de manifiesto una dualidad que se había mantenido latente: sionistas y anti sionistas. Los quiebres internos están acompasados -y en varias instancias determinados- por el estancamiento económico norteamericano, su irreversible endeudamiento, la ralentización de su avance en las nuevas tecnologías, el extraordinario gasto en Defensa, y la deriva de esos y otros factores en una profunda crisis humanitaria que se amplía de  continuo.

Irán es un Estado cuya cúspide se viene construyendo en relación con la base social y su anclaje en la región que habita. Los Estados Unidos e Israel son estados desterritorializados, con persistente control de las corporaciones financieras y sus empalmes armamentísticos.

Quien logre imponerse en la lucha solo podrá hacerlo combinando fuerzas aéreas con terrestres. Sin este último elemento, resultará muy difícil establecer una victoria en toda la línea. Esto nos lleva hacia el complejo asunto del costo de la guerra. Si por un lado están los difundidos valores de las armas utilizadas y la ostensible ventaja para la nación persa, es imprescindible apuntar que no es lo mismo defender un territorio montañoso conocido mediante fuerzas preparadas que mudar un numerosísimo ejército destinado a concretar una invasión. Quien se anime, deberá contar con cuatro atacantes por cada defensor, según una clásica evaluación técnica.

Ahora bien. El otro punto a considerar en ligazón con todos los explicados hasta aquí, es el del comportamiento de los aliados de cada bando. Con franqueza, lector: mientras los asociados europeos y asiáticos de los Estados Unidos se hacen a un lado y rechazan la convocatoria a forjar una articulación marítima para despejar el Estrecho de Ormuz, los relacionados con Irán, empezando por China y Rusia, respaldan los posicionamientos de su socio en la Organización de Cooperación de Shanghái y el ensamble de países BRICS.

Como si con esto no fuera suficiente, cabe evaluar el silencio activo de las naciones de Asia central, en apariencia desligadas del litigio. Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, vienen labrando su esforzado desarrollo económico en base a inversiones surgidas de la Federación de Rusia y comercio muy activo con la República Popular China. Para ello necesitan que el alboroto en la vecindad limítrofe se detenga y que tanto Irán como Afganistán e Israel atenúen su conflictividad. De los citados, evalúan que el estado iraní es el más confiable y equilibrado, al tiempo que despliega buenos vínculos con las dos potencias indicadas.

UN DIÁLOGO TRUNCO. Se ha dicho que la mejor manera de prevenir el futuro es creándolo. Bien, como podía preverse, los desacuerdos básicos en las conversaciones entre Irán y los Estados Unidos giraron en derredor a los planteos para que la República Islámica renuncie al control del Estrecho de Ormuz y a sus reservas de uranio enriquecido. Washington exigió que Irán reabra el paso marítimo, por donde circula alrededor del 20 % de todo el petróleo y gas que se comercia en el mundo; Teherán se negó a hacerlo y sostuvo que solo lo concretaría tras un acuerdo de paz definitivo.

Otro factor de discordia fue la exigencia de Trump para que Irán entregue o venda todo su ‘stock’ de uranio enriquecido. Los delegados iraníes ratificaron su derecho a desarrollar un programa nuclear pacífico. Por su parte, estos demandaron la liberación de 27.000 millones de dólares en ingresos persas congelados en Occidente. Fundando el pedido en la necesidad de obtener reparaciones por los daños causados en seis semanas de bombardeos, demandó el desbloqueo de sus ingresos petroleros retenidos en Irak, Luxemburgo, Baréin, Japón, Qatar, Turquía y Alemania para destinarlos a la reconstrucción. Washington rechazó el requerimiento.

Como conclusión del encuentro en IslamabadIrán apuntó que los norteamericanos lanzaron declaraciones falsas y exigencias excesivas.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei, dijo que durante las negociaciones se discutieron diversos aspectos cruciales, incluidos el Estrecho de Ormuz, la cuestión nuclear, las reparaciones de guerra, el levantamiento de las sanciones y “el fin definitivo de la guerra contra Irán y la región”. Sin embargo, subrayó, por diferencia de posturas, no se pudo alcanzar un acercamiento. “En una serie de cuestiones llegamos a un entendimiento, pero en dos o tres temas importantes, las posturas seguían alejadas y, finalmente, las conversaciones no condujeron a un acuerdo”, reveló.

Es que, a decir verdad, cada tema contiene su propia complejidad. El vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, por su lado, aseguró el domingo que la parte iraní “no aceptó” las condiciones de Washington. Según Vance, negociadores estadounidenses transparentaron sus condiciones: “Hemos dejado muy claro cuáles son nuestras líneas rojas, qué cosas estamos dispuestos a acomodar y qué cosas no”. “Lo hemos dejado tan claro como nos ha sido posible, pero ellos han decidido no aceptar nuestras condiciones”, aseveró.

Estrecho de Ormuz: por qué es clave para el comercio mundial de petróleo - Billiken

LA INTOXICACIÓN VERBAL. Horas después, el presidente Donald Trump indicó que su país bloqueará el bloqueo iraní sobre el vapuleado Estrecho. El anuncio, que preocupó a los expertos por las dificultades ostensibles que implica, fue considerado otra acción vociferante destinada a mostrar que puede golpear más fuerte que la potencia persa. El rubicundo, ya canoso, aseguró que cualquier embarcación que se acerque a su bloqueo naval será “eliminada de inmediato” mediante un método “rápido y brutal”, igual al empleado contra el “narcotráfico en barcos” en el Caribe.

“El bloqueo se aplicará de manera imparcial a los buques de todas las naciones que entren o salgan de los puertos y zonas costeras iraníes, incluidos todos los puertos iraníes en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. Las fuerzas del Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) no impedirán la libertad de navegación de los buques que transiten por el Estrecho de Ormuz hacia y desde puertos no iraníes, difundió el área comandada por el Ministerio de Guerra estadounidense.

Trump afirmó que gran parte de la flota iraní ya ha sido destruida, aunque puntualizó que aún quedan pequeñas lanchas de ataque rápido. Según el presidente, estas no fueron consideradas inicialmente una amenaza, pero advirtió que cualquier intento de aproximación recibirá una respuesta sin contemplaciones. Así, el enredo escaló a un nivel de mayor complejidad: varios diplomáticos europeos señalaron a sus colegas norteamericanos que, por un lado, el Estrecho estaba abierto antes de la irrupción invasiva junto a Israel, y por otro, que jamás se encontraron pruebas acerca del vínculo con el narcotráfico de aquellas breves naves caribeñas.

Como no podía ser de otra manera, la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán hizo saber nuevamente que la República Islámica “tiene plena autoridad sobre la gestión inteligente del estrecho de Ormuz” y que cualquier intento de buques militares por atravesar esa vía marítima será tratado con severidad. Vale apuntar que Irán cuenta con el respaldo de los yemeníes en la zona.

Trump's Staff Picks Show Sway Held by Don Jr., Tucker Carlson - Bloomberg

SHHHH. (CONO DEL SILENCIO) Sin embargo, al convertir la mirada sencilla en una más penetrante, es posible hallar datos de interés en medio de la confusión. La sagaz Fuente en el interior de los Estados Unidos, el antropólogo y politólogo Alexander Coley, deslizó a este periodista que “Trump muchas veces juega el papel del americano malo y tonto a propósito, sabiendo del efecto que eso va a generar. Si Trump es un nacionalista, la verdad es que a él le interesa desacreditar las alianzas convencionales de la pos guerra y generar un ambiente donde los demás países actúen según sus intereses propios y no de acuerdo a su posición de dependencia dentro de un orden mundial caduco que ya no tiene sentido”.

“Su táctica en los negocios como en la política es generar tensión al máximo para que todas las partes abandonen sus pretensiones e identifiquen sus verdaderos intereses. Y muchas veces dice o hace algo que es aparentemente contrario de lo que realmente busca lograr, sabiendo que por el efecto psicológico las otras partes reaccionarán en defensa propia, enfocados ya en lo más esencial”. Añadió que “Para Trump, los verdaderos intereses de los Estados Unidos se encuentran en el hemisferio occidental y más que nada en América del Norte y el espacio geopolítico en su alrededor. De alguna manera buscará deshacerse de las obligaciones estadounidenses en los otros teatros del mundo, o por lo menos minimizar sus compromisos. Me parece que pase lo que pase con los acontecimientos en curso, la lógica sigue siendo la misma y es cuestión de ver cómo va surfeando y reaccionando a los distintos escenarios”.

Como se verá, la observación colisiona con las más habituales y, en cierto punto, fundamenta el comentario de un mes atrás en esta secuencia acerca de Ya no hay locos. Insistió Coley: “No puedo saber si su método tendrá éxito, o hasta donde llegará en alcanzar los objetivos (verdaderos) que tiene planteado. El acuerdo con Rusia todavía es prioritario, pero la resolución del conflicto en Ucrania sigue siendo obstaculizado por los europeos (o los intereses del capital financiero que los maneja).  Posiblemente Trump ve el conflicto en Oriente Medio como otra tuerca que puede apretar y complicar la vida a los europeos”.

Montado sobre los hombros del ex embajador indio y gran analista MK Bhadrakumar, nuestro estudioso precisó que “Por otro lado, Bhadrakumar acaba de publicar su último análisis sobre la reunión en Islamabad y señala que ´Inicialmente se preveía que las negociaciones serían indirectas, pero ahora los dos líderes políticos están dialogando directamente por primera vez desde la Revolución Islámica de 1979. Vance se reunió por separado durante dos horas con el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, y con el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi´”.

“Si es así -sostuvo Coley– me parece que han fracasado los intentos del lobby Israeli de impedir las negociaciones. Aunque Trump dice que no llegaron a un acuerdo, y que va a imponer un bloqueo (veremos), me parece que la noticia más importante es la que escribió Bhadrakumar – se reunieron ellos mismos por primera vez sin intermediarios. Por eso, pienso que es importante no dejarse llevar por el relato de los medios y algunos que pretenden representar a la opinión de MAGA y sus votantes. Trump tiene voluntad propia, no es un simple títere de Netanyahu o, como dice Carlson, incapaz de tomar sus propias decisiones. Todos estos personajes están operando, y Trump lo sabe. Por eso los mandó todos a la mierda en su posteo el otro día, y ya va a volver a hacer campaña ante el público y retomar el protagonismo”. Atenti con este punto de vista, lector.

MEGA-Preocupación por Europa | Human Rights Watch

HUNGRÍA, LA UNIÓN EUROPEA y SOROS. Como se sabe, el líder opositor Péter Magyar y su partido Tisza vencieron en las elecciones legislativas, superando el borde imprescindible para alcanzar mayoría en el Parlamento. Según los resultados parciales, la oposición obtuvo 137 de los 199 escaños, mientras que el oficialismo quedó por detrás con 55 bancas. De persistir esta tendencia, el nuevo bloque gobernante alcanzaría una hegemonía que le permitiría impulsar reformas estructurales sin necesidad de pactar con otras fuerzas.

El comicio de este domingo marcó el cierre de una etapa política dominada por Viktor Orbán, quien gobernó la nación desde 2010 con mayorías parlamentarias amplias. El resultado es considerado un cambio de signo político, así como la posibilidad de efectuar transformaciones. Con más de dos tercios de los escaños, la corriente liderada por Magyar queda en condiciones de modificar leyes clave y -se supone- promover una nueva Constitución.

Durante la campaña, el dirigente opositor había planteado la necesidad de reconstruir el Estado de Derecho, en contraste con las reformas impulsadas durante los años de gobierno del Fidesz -Unión Cívica- liderado por Orbán. Entre los puntos cuestionados se encuentran normas vinculadas a la libertad de prensa y otros derechos fundamentales, que según la oposición fueron limitados por el oficialismo. Pero, como sabemos, esas son banderas que pueden servir para un barrido y para un fregado. La Unión Europea y sus integrantes las han usado en reiteradas ocasiones para promover un rumbo económico y militar despojados de beneficios para los espacios populares.

Pero ¿qué sucedió? La gestión de Viktor Orbán, además de padecer el desgaste lógico debido a su extensión, fue ahogada económicamente por la UE mediante la retención de 18 mil millones de euros (unos 21 mil millones de dólares) con el argumento de penalizar la presunta ausencia de democracia en su interior. La congelación de esos fondos —equivalente a alrededor del 10 % de la producción nacional del país— agitó el malestar económico húngaro. Orbán, famoso por oponerse a las decisiones de la Comisión que orientan las corporaciones a través de Ursula von der Leyden, ofrecía dos amistades inadecuadas: la del presidente ruso Vladimir Putin y la de su colega estadounidense Donald Trump.

En medio de una rusofobia intensa en el Viejo Continente, la voz del hasta ahora primer ministro ha sonado disonante. Y cuando el gritón transatlántico vituperó a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) al punto de calificarla cual un “Tigre de Papel”, se evaluó en Bruselas que resultaba pertinente aprovechar las dificultades sociales internas para modificar la orientación. El nuevo triunfador, llamado Magyar, como el país, fue colaborador de Orbán hasta un par de años atrás; giró en redondo, modificó su críticas sobre las acciones de Kyev y se convirtió en adalid de la UE en la tierra de Puskas y KubalaUcrania, en coordinación con la fría alemana, extremó su respaldo para el derrumbe de Orbán.

Hubo desencuentros más graves. El financista George Soros, titular de la Open Society Foundations y del Soros Fund Management, impulsó a Orbán pagando sus estudios. Lo orientó conceptualmente en su primer tranco político, para forjarlo como un difusor en el territorio magyar de fundaciones “progresistas” de enorme rentabilidad. Cuando el ahora derrotado primer ministro empezó a cruzar la filosofía de la UE y a llevar adelante políticas evaluadas como “populistas” en su país, movió el avispero en la Eurozona. El financista condenó su ingratitud y se lanzó a una fuerte campaña opositora que se extendió hasta este presente. Desde ya que el espacio mediático liberal, mientras cantaba loas a la “filantropía” de Soros, describía como fascista el proceder del referente político.

Orbán, en 2015, calificó a Soros como un especulador que “arruinó la vida de millones de personas”. ¿Es así? Soros nació como György Schwartz en el seno de una familia judía húngara en 1930; su padre cambió el apellido para que sonara más húngaro. De niño, en la década del 30, vivió en un apartamento en la plaza Kossuth tér de Budapest, frente al edificio del Parlamento, hasta que su familia se vio obligada a separarse y vivir con identidades falsas para escapar del Holocausto. Abandonó Hungría en 1947 para estudiar en Londres y, posteriormente, emigró a los Estados Unidos, donde amasó una fortuna como inversor y gestor de fondos de cobertura. A sus 95 años, es una cúspide indiscutible del gran capital financiero que impuso su modelo desde el Consenso de Washington en adelante.

EL MERCADO MUNDIAL DE VENTA DE ARMAS | saeeg.org

BREAKING NEWS. Es preciso volver al comienzo de este artículo.

Cada protagonista tiene sus intereses, y sus objetivos. Debido a la intoxicación argumental, en gran medida impuesta por el estilo trumpiano, cuesta desentrañar el panorama para adentrarse en los mismos y comprender el porqué de varios movimientos.

Este narrador estima que los roles de la Federación de Rusia y de la República Popular China en este conflictivo planeta, están siendo desvirtuados analíticamente por una simpleza que no alcanza a contener las múltiples variables cruzadas que se desplazan en tantas direcciones.

Para abordar el párrafo inicial, quizás resulte válido reponer una consideración esbozada en estas Fuentes Seguras en la edición de diciembre del año 2023. A ver:

“Poder, territorio, prestigio. Son la tríada considerada clave en la política internacional.

Ahora bien, ¿cómo conseguir esos factores? Quién sabe. Por lo pronto, parece esencial impulsar la autoafirmación. También, delinear objetivos afincados en el interés profundo de la región propia, eliminar anhelos imposibles, conocer la fuerza real con que se cuenta, buscar afines (circunstanciales y hondos); elaborar un concepto que hilvane pasado y futuro, establecer buen vínculo con la sociedad a la que se pertenece y no ofender al resto. Claro: para encarar la relación con el mundo, un país precisa, sobre todo, una economía vigorosa. Todo eso y tanto más es posible si se cuenta con un Estado sólido y a la vez flexible para entablar vínculos con los equivalentes. Ese Estado debe pensar; sobre todo, tiene que saber identificar los rasgos salientes de la era que le toca atravesar. Confundir un período con otro puede ser letal”.

La guerra sigue siendo una extraordinaria vía de ganancias para las mega empresas financieras y armamentísticas. Aunque las mismas se hayan cargado al Occidente productivo en el proceso de desterritorialización aquí explicado, no admiten expirar un último aliento ante el cambio de modelo. Mientras apuestan a la continuidad del agónico esquema presente, colocan con firmeza el pie para tener entreabierta la puerta del futuro. Ese fue el último mensaje en proyección que dejó Henry Kissinger. Digámoslo así: ¿Volkswagen, debido a la retracción alemana, se aviene a fabricar armas? Bueno, en el largo plazo, Lockheed Martin puede asomarse a las nuevas tecnologías. ¿Por qué no?

Y una más: la economía iraní ha ganado volumen durante el año en curso, debido a la continuidad de su despliegue industrial y científico técnico y al acrecentamiento de las compras de combustible por parte de China e India, y naciones del Sudeste asiático. Los multipolares no necesitan la aprobación de Washington para concretar las decisiones económicas adecuadas. Y hasta pro occidentales como Omán, Qatar y Kuwait, están virando hacia Teherán.

Pese a la violencia anti comercial, la Iniciativa de la Franja y la Ruta sigue adelante; hay trabas, pero no una clausura, ni mucho menos. Vincula Asia y Europa con rapidez y eficacia. El Corredor de Transporte Norte Sur conecta a Rusia, a través de Irán, con los puertos del Océano Indico. Las transacciones evidencian una creciente presencia de yuanes, rupias y rublos. Inclusive Arabia Saudi, gran lavadora de dólares, empezó a aceptar otras monedas por su petróleo.

Hay más. Mientras lee este artículo, lector, se lleva adelante la primera reunión en cuatro décadas entre el Líbano e Israel. Cese de los ataques y Hezbollah, los ejes. Las delegaciones están en Washington. Aunque inicialmente no haya acuerdo, el encuentro es importante por sí mismo. Y como elemento de alto rango en la perspectiva de mediano plazo, se suceden los choques entre Trump y el Papa León XIV. Si se repasan las observaciones firmes y bien delineadas del jefe del Vaticano, podrá comprobarse que la lucidez de Jorge Bergoglio dejó un sendero bien delineado, que conduce al futuro.

Unos mates; a releer y a pensar.

Gracias por prestar atención.

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

El paraíso de la clase trabajadora

Por Antonio Montagna

Man-Su

Aunque ese tipo desapareciera, no podría ocupar su lugar, la competencia por ese puesto va a ser feroz… ¿cuántos otros candidatos habrá?”.

Estas palabras pertenecen a Man-Su, un hombre que después de 25 años es despedido de su lugar de trabajo y reflejan una síntesis del mundo laboral contemporáneo. La escena donde se pronuncian estas palabras es de la película “La única opción” y la imagen muestra a Man-Su en una terraza, en el momento que levanta una maceta enorme por sobre su cabeza a punto de ser lanzada al vacío para descargar sobre la integridad de alguien que es un supuesto competidor en el puesto de trabajo al cual él aspira. El director de la película (Park Chan-wook), que juega un poco con lo ridículo y lo trágico de la situación, lo muestra al protagonista como levantando una gran pesa que no puede sostener. Parece un atleta absurdo. Un Buster Keaton coreano y moderno.

La única testigo de la situación, una señora que se supone es la dueña de la casa donde el protagonista entró sin pedir permiso, lo mira desde atrás y le pregunta “¿levantamiento de pesas?” La película está llena de símbolos, este puede ser uno de ellos, un peso que no se soporta y lo oprime, pero con el cual no sabe qué hacer. ¿la culpa? No. Mientras unas gotas de agua de la maceta, al parecer recién regada, le caen sobre la cabeza, reflexiona: “¿Cuántos otros candidatos habrá?” y es la pregunta lo que lo detiene, no la culpa. La pregunta que le hace ver que con eliminar a uno no tiene sentido. Man-Su no tiene culpa, pero tiene deudas (¿acaso no son lo mismo?), el dinero se le acaba y tiene que elaborar un plan para que nadie le robe el nuevo puesto de trabajo que tanto ambiciona. Entonces hace un simple cálculo, una estimación. “…cuatro, cinco…diez”, ¿cuántos serán los competidores? Números (no seres humanos) que lo amenazan en este nuevo orden del capital.

Hay que eliminarlos a todos. Man-Su tiene que encontrar otro trabajo para mantener a su familia y seguir sosteniendo su estilo de vida. Y como el cuerpo habla, la ansiedad, el estrés y la presión le pasan factura. Un dolor de muelas (otro símbolo) se dispara cuando es despedido y lo altera cada vez más. Dolor que logra arrancarse (se saca la muela) cuando elimina al último contrincante, sintiendo un alivio físico que es un alivio mental.

¿Qué pasaría si siguen apareciendo competidores? ¿Cuántos dolores debería arrancarse? ¿Se ha convertido su vida en una rueda sin fin que lo consume a sí mismo?

“Se lo están comiendo vivo”, dice Man-Su después de ver que el árbol de uno de sus competidores está siendo devorado por insectos. En realidad es algo más profundo, ya que habla de él mismo y de cómo el mundo está avanzando y cambiando, y se lo está “comiendo” porque él no está encontrando la manera de avanzar también.

Mas allá de todo spoileo, el desenlace de “La única opción” transcurre entre la ironía y una profunda devastación. Se lo ve a Man-Su entrando a la fábrica con una tablet en su mano, emocionado y haciendo un gesto de suprema alegría, agitando a la par sus brazos hacia atrás y a hacia delante con los puños cerrados y con la mirada al cielo, gritando como si hubiese conseguido meter un gol que le vale un campeonato. Tras asesinar a sus principales rivales Man-Su finalmente obtiene el puesto de trabajo que tanto anhelaba. Un final feliz, pero la película lo presenta de forma inquietante: su nuevo cargo consiste en supervisar instalaciones altamente automatizadas, donde prácticamente no hay trabajadores humanos.

“Se lo están comiendo vivo”, había dicho, y así, irónicamente, ha sacrificado su humanidad para regresar al mundo laboral y descubrir que el sistema productivo con el que tanto pretendía reencontrarse ya no necesita personas. De algún modo, su sacrificio fue en vano. Además, con resentimientos y secretos que inundaron las relaciones familiares que dejaron marcas que no desaparecerán.

No era ni es mi intención hacer un comentario de una película, no me considero un crítico de cine ni mucho menos, tampoco soy muy cinéfilo más allá de disfrutar de buenas películas cuando rara vez se encuentran. Simplemente quiero expresar una serie de interrogantes que me asaltaron cuando la disfruté.

Interrogantes que me hicieron, de alguna manera, viajar en el tiempo. Cuando estaba terminando de verla, no pude evitar recordar otra película. Seguro la he visto en el viejo y querido cine Arte. Ese cine del subsuelo en el que nos juntábamos con amigos para hacer de ese encuentro una especie de rito cultural. Me refiero al rito del encuentro, vernos. A la celebración de estar ahí y poder discutir, hablar, criticar, disfrutar y luego compartir una pizza, un vino o un buen café hasta agotar todas las conclusiones posibles sin llegar a ningún puerto, porque no se trataba de llegar a ningún lado, sino de estar, nada más que eso, estar juntos.

Lulú Massa

Esa otra película a la que refiero es “La clase obrera va al paraíso”. Tengo que agudizar bastante la memoria e incluso recurrir a la ayuda para recordar los nombres del personaje central. Sí me acuerdo perfectamente del actor, el gran Gian María Volonté. El personaje se llamaba Lulú Massa. ¿No la vieron? La dejo acá abajo.

Me pregunto dónde quedó el paraíso. Si bien es cierto que tampoco Lulú lo alcanza, ¿acaso si lo hace Man-Su?. Esa euforia, ese desahogo final de Man-Su ¿es el paraíso de Lulú?.

Lulú da la vida por el destajo, y para eso se mimetiza con la máquina, es una máquina. Tiene la fábrica interiorizada. Un poco lo dice al comienzo:

Todo está aquí (se toca la cabeza), en el cerebro. En el cerebro, está la dirección central. Decide, hace proyectos, hace programas y da marcha a la producción. (…) Los brazos, la lengua, la boca todo se pone en movimiento. Logra alimentos que son la materia prima, (…) el individuo trabaja para comer (…) la comida baja hasta aquí (se toca la panza) donde hay una máquina que la tritura y la deja lista para salir, igual que una fábrica (…) El individuo es igual que una fábrica de mierda (…)”.

Es una máquina que desprecia esa “voz de conciencias esclarecidas” que son los estudiantes que quieren insuflarle la idea de que su trabajo es trabajo alienado. Pero para él, la eficiencia máxima es la liberación y el paraíso, hasta que un accidente le arranca un dedo y se rompe el engranaje revelándole su condición de mercancía descartable.

Lulú y Man-Su expresan la reconfiguración de una subjetividad. En las dos historias hay un muro. Un muro que divide el adentro y el afuera de la fábrica. En una historia, la de Man-Su, se mata para entrar; en la otra, la de Lulú, se muere por salir. Pero el muro es el mismo. El muro de la fábrica no cambia. Lo que ha cambiado “brutalmente” es el sujeto que produce, que trabaja.

Marx, Deleuze, Byung-Chul Han, Laval, Dardot

Hay un texto de Karl Marx que creo interesante para poner en perspectiva estas películas y tratar de entender que pasa en estas subjetividades. El texto es Fragmento sobre las máquinas, está en los conocidos Grundrisse.[1]

Marx anticipa aquí, y estructura en términos teóricos, la mutación hacia lo que hoy conocemos como sociedades de control y del rendimiento, al explicar cómo el capital objetiva el conocimiento humano en la tecnología para dominar la vida productiva.

Pensemos en las figuras de Lulú y Man-Su. El trabajo subsumido por la máquina y un autómata. El instrumento de trabajo deja de ser una herramienta manejada por la destreza del obrero (Lulú). Veamos sino esa escena inicial donde Lulú hace como un precalentamiento antes de poner en funcionamiento su herramienta. Quiere ser el mejor, el más eficiente, producir más. El instrumento deja de ser una herramienta para pasar a ser un sistema automático de maquinaria (Man-Su). La máquina le roba el alma al obrero y funciona con leyes mecánicas dejando al obrero como un mero accesorio vivo subsumido al movimiento del mecanismo. La máquina se apropia de la actividad del obrero.

De alguna manera lo que hace Marx es anticipar el infierno, no el paraíso. Y lo anticipa cuando comienza a mostrar a la objetivación del trabajo (las máquinas y la ciencia) como un poder ajeno que gobierna al trabajo vivo. Esta metamorfosis material que no tira abajo ningún muro, es la base de lo que Gilles Deleuze llama el paso a las “sociedades de control”.

“Reformar la escuela, reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben que, a un plazo más o menos largo, esas instituciones están acabadas. Solamente se pretende gestionar su agonía y mantener a la gente ocupada mientras se instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas. Se trata de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias. “Control” es el nuevo nombre propuesto por Burroughs para designar el nuevo monstruo que Foucault reconoció como nuestro futuro inmediato.”[2]

Todo el desarrollo de “La única opción” no hace más que mostrarnos que esas nuevas fuerzas llamaron a la puerta hace ya un tiempo; y que en un giro perverso han empujado al sujeto a convertirse, al ritmo del “tú puedes”, en una máquina del rendimiento.

Pero me quedo un poco en Marx y en lo que él denomina General Intellect (Intelecto general). La maquinaria absorbe la acumulación de saber y de la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social. El conocimiento social general, es decir, la ciencia y la tecnología se transforman en una fuerza productiva que moldea la vida social derivando esto en que el trabajador deja de ser un agente principal y se convierte en un supervisor.

Pensemos en la figura de Man-Su, en el final de la película, pero elevado a la enésima potencia. Hasta qué punto la tecnología se ha transformado en una fuerza tan potente que lo configuró hasta llevarlo a eliminar a sus posibles competidores. Quiero decir, este Intelecto general que ya preanunciaba Marx, ha convertido a la vida social en una sumatoria de individualidades que luchan encarnizadamente por la conservación.

Esta cristalización de la ciencia, la información y la tecnología en capital fijo, pasan a ser en el neoliberalismo exigencias, que el individuo debe desarrollar en forma permanente mediante el aprendizaje continuo, evaluación o coaching. Esto está muy bien desarrollado en un libro que describe toda esta transformación, el libro se titula La nueva razón del mundo: ensayo sobre la sociedad neoliberal[3]El General Intellect ha sido interiorizado y el sujeto es concebido como un “capital humano” que debe autovalorizarse.

Observemos sino todo el proceso de “aprendizaje” forzado a que es sometido Man-Su después de su despido. Esas sesiones de coaching casi absurdas de autoconocimiento y de exigencias psíquicas para sobrevivir y triunfar. Y como decía más arriba, es llevado a una lógica del rendimiento, según describe Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio[4]que opera como violencia sobre la psique con un costo trágico.

El cambio de paradigma de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento es empujado por el afán de maximizar la producción. Así como la fábrica de Lulú es un claro ejemplo de la sociedad disciplinaria habitada por sujetos de la obediencia basada en la negatividad de la prohibición, el mandato y la ley, y donde la narrativa imperante era dominada por el “deber” y el “no-poder” (veamos cómo se configuran todas la relaciones de Lulú; con los estudiantes, con el capataz, con el sindicato, con la familia), a partir de cierto nivel de productividad la lógica de la negación alcanza un límite y tiene consecuencias paralizantes que impide el crecimiento productivo ulterior.

Para superar esto y aumentar la eficacia, ya no sirve el destajo; y un dedo más o menos no deja de ser más que una anécdota. Ahora la eficacia no se logra con la coordinación ni con el ritmo acompasado de un ejército de obreros obedientes. Si se quiere eficacia hay que desregular la negatividad y reemplazarla por una lógica positiva de “poder hacer”, donde los proyectos, la iniciativa personal y la motivación ocupan el lugar de la viejas prohibiciones. Ya no hay fábricas como prisiones, ya no hay panópticos. El panóptico es uno mismo, y sostiene al muro. Quizá el muro sea uno mismo. La explotación se convierte en autoexplotación y es voluntaria.

Pero esta transición no representa una ruptura total, sino una continuidad orientada al incremento de productividad: el nuevo “poder” no anula el “deber” interiorizado, ya que el sujeto de rendimiento pasó previamente por la fase disciplinaria. Lo que cambia drásticamente es la estructura de coerción. Al liberarse de un dominio externo, la libertad y la obligación terminan coincidiendo. El sujeto se entrega a la “libre obligación de maximizar el rendimiento”.

¿Cómo caracterizar la subjetividad de Man-Su? Todos sus actos, empezando por la planificación para eliminar a sus oponentes, están orientados por la maximización de su rendimiento. Esta forma de explotación es mucho más sutil, destructiva y eficiente que la explotación por parte de otros porque viene disfrazada con un sentimiento de libertad. El individuo se convierte al mismo tiempo en amo y esclavo, víctima y verdugo, explotador y explotado.

Las consecuencias patológicas de este paso son demoledoras: mientras que la negatividad de la sociedad disciplinaria generaba locos y criminales, la hiperactividad y el exceso de positividad de la sociedad de rendimiento producen “depresivos y fracasados”. Exceso de positividad que se manifiesta como una sobreabundancia de estímulos, informaciones, superproducción y supercomunicación que ha reemplazado los antiguos límites de la negatividad y la prohibición. Al desaparecer las fronteras inmunológicas que defendían al individuo frente a lo extraño o lo “otro”, el sujeto se enfrenta a una masificación asfixiante de “lo idéntico”, impulsada por el mandato absoluto del “poder hacer” sin restricciones.

El mejor ejemplo de estos límites de la negatividad y la prohibición lo encontramos en Lulú y su trabajo a destajo. Lo vemos en su agotamiento del cuerpo biológico frente a las normas externas, ya que la lógica de prohibición y mandato es la que rige la productividad. El capataz, el cronómetro y el reglamento como control externo (deber) intentan acelerar aún más los ritmos de trabajo para ganar más, pero chocan con el “no puedo más” de un cansancio físico (no-poder) que la disciplina intenta quebrar hasta que Lulú pierde un dedo. En definitiva esto no es más que el desencadenante de un serie de negatividades: “no dejes de pedalear” (el No del patrón) engendra el “no trabajamos más” (el No del obrero)

Lulú termina desvariando contando un sueño que justamente habla de un muro, un muro que hay que empujar y derribar, pero que del otro lado solo encuentra una densa niebla en vez del paraíso. Y detrás de ese muro se encuentra con Militina, un viejo compañero que se volvió loco. Una clara referencia a que la única salida del encierro es la locura o la muerte.

¿Y Man-Su?. Un personaje que representa la ansiedad y el fracaso personal ante la sociedad. El no sueña con ningún muro porque el muro es él mismo. Se tiene que traspasar a él mismo. Su único sueño es “entrar” y tiene que lidiar con el miedo constante de que otros ocupen su lugar y por eso los va eliminado uno por uno.

Man-Su no tiene esa serie de negatividades, no tiene un “No” que lo detenga. Él sustituye el “debes” por el “puedes”, él mismo se empuja más allá de sus límites, incluso urdiendo la eliminación de la competencia para “poder” trabajar. Acá no hay un capataz que dice “no dejes de pedalear”, él es su capataz. Acá no hay un “no trabajamos más”. Él afirma, no niega.

Ese “No” que operaba como límite en Lulú (la prohibición, el capataz, la huelga), estalla en mil pedazos en Man-Su. Se convierte en un cúmulo de estímulos que lo conducen a una actividad frenética que saturan su organismo llenándolo de angustia y a su vez de afán de éxito. La Tablet que sostiene al final de la película es todo un símbolo, esa pantalla es el vehículo de la supercomunicación que contiene toda la información de las instalaciones automatizadas que ahora debe supervisar solo. Man-Su ingresa a su nuevo puesto de trabajo como único operario a una fábrica sin obreros, pero con su mente más ocupada y estimulada que nunca supervisando el vacío que él ayudó a crear.

Antes de ir cerrando las ideas que dispararon estas dos películas, expuestas quizá en forma un poco desordenadas, quiero volver un poco a Marx. Si uno ve las imágenes del inicio de “la clase obrera…”,observa a cientos de obreros ingresando a una fábrica. Mientras que al final de “La única opción”, lo que se ve es a Man-Su solo supervisando máquinas. Un concepto central en Fragmento sobre las máquinas para entender la transformación del trabajo, y yo agrego, para entender también el cambio operado en la subjetividad en este capitalismo neoliberal y financiero, es el de disposable time (tiempo disponible). Este término hace referencia al tiempo que queda libre una vez que se ha cubierto el tiempo de trabajo necesario para la producción de bienes. Como puede verse muy claramente en “La única opción”, las máquinas son las que permiten ahora la producción casi sin esfuerzo y tiempo humano. La producción depende más del desarrollo de la ciencia y la tecnología (lo que antes decíamos, General Intellect), y esto hace que se reduzca casi al mínimo el tiempo necesario para la producción. Ya no hay cientos de obreros entregando su tiempo para producir. El adelanto tecnológico crea tiempo disponible. Opera acá una paradoja que Marx observa: por un lado el capital busca crear tiempo disponible mediante la eficiencia de las máquinas y por otro lado el sistema convierte ese tiempo libre en plusvalía.

Siguiendo con la lectura de Byung-Chul Han, ese tiempo disponible creado y capturado, no es otra cosa que el producto de la maximización del funcionamiento que deriva en mero rendimiento produciendo la reducción de la vitalidad humana. Una especie de “agotamiento moderno” que separa, un cansancio a solas que termina destruyendo la comunidad. Man-Su se queda solo, y sus competidores también estaban solos y abrumados.

Es en esta encrucijada donde más urge encontrar el paraíso. Ese anhelo que ni Lulú ni Man-Su se animaron o no pudieron ni siquiera imaginar. Quizá esas mutaciones en la subjetividad que operaron al compás del capital, ameriten escapar por arriba y abandonar los juegos dialecticos para arriesgarse a un juego de la afirmación. Una afirmación que no es la positividad que funcionó como excusa de la negación de una negación para justificar el rendimiento. No, quizá haya que pensar sujetos que estén a la altura de una hospitalidad incondicional a la espera de la llegada del otro.

Sujetos que hagan del cansancio algo vital, aunque suene paradójico; una especie de facultad inspiradora que a diferencia del agotamiento moderno sea un cansancio elocuente capaz de reconciliar, abriendo espacios nuevos que permitan a los sujetos volver a conectar y confiar en el mundo. Sujetos del “no-hacer” que permitan el acceso a una atención especial, lenta y duradera contrapuesta a la hiperactividad del rendimiento y la eficiencia. Una subjetividad que devuelva el asombro por el mundo y cree comunidad, unida por una colectividad singular de paz compartida.

Esta paradoja que se produce al enfrentar a dos personajes como Lulú y Man-Su pone de manifiesto que el avance de la técnica, es decir, ese General Intellect del que hablaba Marx, terminó produciendo un sistema de esclavitud por la captura del tiempo disponible. Man-Su y su Tablet en soledad esquivando máquinas que van y vienen por la fábrica, demuestran que hasta su propia humanidad solitaria es un estorbo.

Frente a este paisaje devastador, uno se pregunta si todavía es posible el paraíso. Creo que un indicio lo dije más arriba. Espacios de espera, de asombro, de afirmación de una alteridad radical. Pensemos en una sociedad del tiempo libre producto del adelanto científico, tiempo libre no capturado, sino un tiempo que se convierta en territorio organizado para la creación y la elevación. Un territorio que es comunidad estructurada en torno a un espíritu solidario que convierta al ocio estéril en proyecto de superación dejando a un lado la violencia individualista de la competencia absoluta. Un territorio que será espacio de una Comunidad Organizada cuyo objetivo no es la mera productividad sino la dignificación del sujeto para que se adueñe de su destino y de su tiempo.

Lulú veía una densa niebla detrás del muro y ese muro terminó internalizado en Man-Su. El trabajador ha entregado su tiempo libre en beneficio del aumento de la productividad a costa de disolver lazos comunitarios.

Perón

Algo de esto advertía Juan Domingo Perón en un texto imprescindible, si queremos apostar a recuperar lo que el neoliberalismo trata de disolver. El Modelo argentino para el proyecto nacional[5], escrito en 1974, hace referencia al “ocio mal empleado” y al espejismo de la tecnología. Allí Perón contrasta la realidad de los países de baja tecnología que “sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades”, con las clases y países que basan su exceso de consumo sobre ellos, afirmando que estos últimos tampoco gozan de una auténtica cultura ni de una vida sana, sino que “se debaten en medio de la ansiedad, el tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado”. En esa misma página advierte que el ser humano, “cegado por el espejismo de la tecnología”, ha olvidado las verdades esenciales de su existencia.

Un poco antes, en una sección que titula “Las enseñanzas del proceso histórico mundial”, señala que el pragmatismo ha sido el motor del progreso económico, pero que una de sus consecuencias ha sido la de “reducir la vida interior del hombre, persuadiéndolo de pasar de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario”, y que para no ubicar a la sociedad en un simple modelo adaptativo de tecnología externa, “se requiere la máxima incentivación del esfuerzo creativo”.

Y agrega que, para que la tecnología cumpla su rol liberador y no genere una sociedad vacía, debe estar subordinada a un modelo de país. El Estado debe establecer marcos flexibles donde el empresariado pueda desarrollar su capacidad creativa. Esto requiere abandonar las políticas liberales de dependencia tecnológica y asumir el avance científico-tecnológico como una tarea planificada e interdisciplinaria. De esta manera, el progreso material y el desarrollo tecnológico se convierten en el soporte de una Comunidad Organizada que eleva espiritualmente a sus ciudadanos en lugar de pulverizarlos en el utilitarismo.

Al final, el paraíso estaba al alcance de la mano. Había que organizarse, no solo para recuperar el tiempo, sino también para vencerlo.


[1] Marx, K.– Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, vol, 2, México. Siglo XXI, 1972, pp. 216-230.

[2] Deleuze, G.- Conversaciones – Post-Scriptum sobre las sociedades de control. Valencia, España. Pre-textos- 2014pp 278-279

[3] Laval, C y Dardot, P.- La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Barcelona, España. Gedisa. 2013

[4] Byung-Chul Han.- La sociedad del cansancio. Barcelona, España. Herder. 2026

[5] Perón, J D.- Modelo argentino para el proyecto nacional. Biblioteca del Congreso de la Nación – Argentina.

LA TRAMPA DE ORMUZ: POR QUÉ LA DEMOLICIÓN DE IRÁN ES EL ANZUELO PARA QUEBRAR A CHINA

Por Ramón Prades

La guerra en Medio Oriente cruzó el punto de no retorno. Esa es una de las pocas certezas. No importará si en los próximos días, semanas o meses hay un alto al fuego. Incluso si los actores en conflicto cumplen parcialmente sus objetivos y se agotan, esta guerra habrá alterado las expectativas y los incentivos futuros de forma permanente, siendo solo una pausa hasta el próximo combate. Es por esto que hoy hay un escenario de guerra definitiva y los actores simplemente ya no tienen estímulos para frenar. Así, la ilusión de que la región pueda volver al statu quo previo al conflicto se desvaneció para las próximas décadas, y con ella la doctrina estratégica diseñada por EE. UU. e Israel que le daba sustento.

Netanyahu sintetizó en un mensaje a la nación el verdadero alcance de esta transformación doctrinaria y el objetivo de esta operación cuando dijo que “tras el desastre del 7 de octubre, decidí liderar un cambio polar, acciones que cambien de forma dramática el equilibrio de fuerzas entre nosotros y nuestros enemigos”. De esta forma, redefinir el tablero de Medio Oriente “requerirá audacia y tomar riesgos calculados”. Sin embargo, este giro monumental no se sustentó puramente en una evaluación objetiva sobre la seguridad existencial del Estado de Israel, sino en la más cruda necesidad de supervivencia política del propio primer ministro. Tras el colapso de inteligencia del 7 de octubre del 2023, arrastrar a la región a una reconfiguración total era su única vía de escape para evitar su propio final político. El que se atreve gana”, resumió en ese mismo mensaje del 7 de marzo de 2026, definiendo quizás no solo la táctica militar de su país, sino su propia historia de vida. Aprovechar el momentum del 7 de octubre para ir por la cabeza del pulpo, disminuidos ya sus tentáculos en Gaza, Líbano, Siria o Yemen, pero también buscando resolver un viejo debate estratégico sobre cómo tratar con Irán.

Históricamente, la “Escuela de la Contención” —cuyos máximos exponentes han sido verdaderos tótems del aparato de seguridad israelí como los exjefes del Mossad Meir Dagan, Tamir Pardo y Efraim Halevy, el exjefe del Shin Bet Yuval Diskin, y exjefes del Estado Mayor de las FDI como Gabi Ashkenazi— abogaba por lidiar con el “diablo conocido”. Esta postura no era un ejercicio de moderación, sino una férrea convicción estratégica que quedó demostrada en la feroz interna entre 2010 y 2012, cuando esta misma cúpula se plantó institucionalmente para frenar la orden directa de Netanyahu de lanzar un ataque masivo y preventivo contra Irán como el actual. La gran pregunta rectora que guiaba a este grupo de inteligencia era simple pero paralizante: “¿Y el día después qué?”. En sintonía con los arquitectos tradicionales de la política exterior en Washington, para este sector era preferible enfrentar la amenaza centralizada de los ayatolás (un Estado disuadible, con infraestructura y fronteras claras) que destruir al Estado y desatar una “sirianización” de Irán, abriendo un agujero negro de caos terrorista con el agravante de tener material nuclear disperso en el terreno. Sin embargo, el ataque de Hamás del 7 de octubre resolvió de manera brutal esta histórica disputa interna. La propia doctrina de la contención fue la gran víctima estratégica de aquella jornada, decantando la balanza de poder hacia el enfoque opuesto y sentando las bases inexorables del resultado que vemos hoy.

 La presencia de Trump en Washington le entregó a Netanyahu la cobertura política absoluta y el cheque en blanco que necesitaba para dejar de gestionar la amenaza y pasar, finalmente, a la demolición. 

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Pero el desastre del 7 de octubre no fue el único catalizador para desatar esta ofensiva final. La decisión de Israel de avanzar ahora responde a la convergencia de una pesadilla táctica insostenible y una ventana de oportunidad geopolítica irrepetible; el salto tecnológico del arsenal misilístico iraní y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Durante la última década, los planificadores militares observaron cómo Irán mutaba su doctrina, sustituyendo su obsoleta fuerza aérea por un potente programa de misiles de combustible sólido y guiado de precisión, pasando de disparar armas al azar a poseer vectores capaces de salir de sus ciudades subterráneas con sembradíos de misiles como espárragos bajo tierra y desvanecerse bajo la montaña en menos de diez minutos. Al exportar masivamente este conocimiento a sus aliados (Hezbolá, los Hutíes y milicias iraquíes, etc.), Teherán logró asfixiar a sus adversarios con un anillo de fuego táctico, como bien explicaba la evolución de los reportes sobre las capacidades militares de Irán. Contener este nivel de precisión y masividad ya era operativamente imposible, y la presencia de Trump en Washington le entregó a Netanyahu la cobertura política absoluta y el cheque en blanco que necesitaba para dejar de gestionar la amenaza y pasar, finalmente, a la demolición.

Al cruzar el actual punto de no retorno, esa prudencia fue definitivamente sepultada por la “Escuela de la Fragmentación“. Impulsada por halcones de Washington y fundamentada teóricamente por académicos de inteligencia israelí como Mordechai Kedar, esta visión sostiene que la única solución permanente es la implosión controlada. El marco teórico de Kedar plantea que gran parte de la arquitectura estatal de Medio Oriente es artificial. Países como Siria, Irak o Libia han demostrado no ser naciones cohesionadas, sino apenas un aglomerado de tribus en conflicto constante condenadas a convertirse en Estados fallidos. Aplicar esta matriz analítica sobre Teherán expone su máxima vulnerabilidad. Su argumento se basa en la demografía pura. Irán no es un bloque persa monolítico, sino un imperio multiétnico donde los persas apenas superan el 50% de la población. El resto del territorio es un polvorín de minorías históricamente oprimidas: azeríes en el noroeste, árabes ahwazíes sentados sobre los mayores yacimientos de petróleo en Juzestán al suroeste, baluches en la frontera con Pakistán y kurdos en el oeste.

Hoy, la meta suprema de Tel Aviv ya no se limita a un cambio de gobierno, o a que el gobierno cambie su relación con Israel, sino a desarticular al Estado mismo. La apuesta es exacerbar las fisuras étnicas para forzar una balcanización definitiva del territorio persa. Bajo esta lógica, la focalización de los bombardeos sobre cuarteles de la Guardia Revolucionaria, comisarías y nudos de seguridad interna obedece a un cálculo: quebrar el espinazo del aparato represivo para que, tal como arengó Netanyahu infinidad de veces, “los iraníes aprovechen esta oportunidad única e irrepetible” de sublevarse. Los engranajes de este plan ya estaban girando antes de las primeras bombas. El pacto sellado el pasado 22 de febrero, donde los principales grupos y milicias kurdo-iraníes definieron una estrategia armada conjunta contra Teherán, es el hito fundacional de esta nueva fase y representa la hoja de ruta para empujar a Irán hacia el abismo de un Estado fallido, devorado por guerras sectarias e incapaz de inyectar un solo dólar más al Eje de la Resistencia. Astillar al imperio hasta convertirlo en un rompecabezas de vecinos frágiles y consumidos por luchas civiles intestinas no es un daño colateral, es la garantía definitiva. Un escenario que neutraliza de raíz, y para siempre, la amenaza de su programa nuclear, sus misiles y sus enjambres de drones, pero abre las puertas a territorio desconocido, haciendo que el mayor peligro del plan sea, precisamente, que tenga éxito.

Si el objetivo de Israel —una respuesta definitiva dictada por un reloj estratégico implacable que el propio ministro de Defensa, Yoav Gallant, resumió recientemente en su manifiesto “Ahora o nunca: cómo terminar el trabajo en Irán”— ya está claro, la pregunta obligada es: ¿qué busca realmente Estados Unidos más allá de escoltar a su aliado histórico? ¿Por qué Washington decidió ir a la guerra? ¿Cuál es su verdadero, esquivo, y poco declarado objetivo?

 El pacto sellado el pasado 22 de febrero, donde los principales grupos y milicias kurdo-iraníes definieron una estrategia armada conjunta contra Teherán, es el hito fundacional de esta nueva fase y representa la hoja de ruta para empujar a Irán hacia el abismo de un Estado fallido. 

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La respuesta exige revisar la herida abierta del pacto nuclear (JCPOA). Antony Blinken explicó recientemente el error fatal que supuso la ruptura de ese acuerdo, definiendo la decisión de Donald Trump como una jugada “terrible” que reemplazó un tratado de contención por la nada absoluta. El contrafáctico de Blinken es letal: de haberse mantenido el JCPOA hasta su expiración, Washington podría haber exigido su extensión. Si Teherán se negaba, la opción militar siempre habría estado sobre la mesa, pero con una ventaja táctica abrumadora: años de inteligencia recolectada gracias a las inspecciones in situ. Al dinamitar el acuerdo, el Pentágono se quedó a oscuras. Es en esta ceguera donde la coreografía geopolítica calca la invasión a Irak en 2003: el aparato militar occidental marchó hacia la demolición de un país sin pruebas irrefutables de que Teherán poseyera un arsenal nuclear operativo pero usando esa misma falta de información autoinfligida como excusa. A su vez, a diferencia de Tel Aviv, para Washington el programa de misiles balísticos y la red de milicias proxy iraníes jamás representaron una amenaza existencial. ¿Entonces? Estados Unidos no cruzó el océano para cazar misiles de alcance medio ni para perseguir el fantasma de una bomba atómica nuevamente, y menos para destruir una armada y una aviación irrelevantes. Esas armas fueron —y serán presentadas como victorias y salida del conflicto si este se empantana— solo el obstáculo táctico a remover para alcanzar su verdadero y único objetivo: el control geográfico absoluto. Estados Unidos fue a la guerra pura y exclusivamente por el Estrecho de Ormuz. Por eso, a Washington le resulta anecdótico el rostro del próximo gobierno en Teherán. No importa si se reemplaza a un ayatolá Jamenei de 86 años por otro Jamenei de 56, si encuentran a una figura pragmática al estilo de Delcy Rodríguez dispuesta a firmar, o si, como ironizó el propio Donald Trump, lo nombran a él mismo Líder Supremo. Para la Casa Blanca, la ideología de quien se siente sobre las ruinas del Estado persa es irrelevante. Como ya advertimos en enero de este año en Panamá Revista al analizar “la geopolítica de los estrechos y el regreso al mundo de McKinley”, Estados Unidos abandonó definitivamente la fantasía de que un mundo que se le parezca es un mundo más seguro.

Sin embargo, al observar los movimientos del Pentágono, surge una contradicción ineludible: si este era el objetivo ¿por qué el despliegue estadounidense de las últimas semanas huele a improvisación reactiva? La respuesta radica en el error de cálculo sobre los tiempos de la balcanización. Washington y Tel Aviv pecaron de un peligroso optimismo táctico: apostaron a que las primeras semanas de bombardeos de saturación sobre la infraestructura de mando quebrarían la moral del gobierno y desatarían una fractura interna casi automática, pero la CIA no funciona tan bien como en las películas. Creyeron que el colapso sería rápido, barato y autoejecutable por las minorías locales. Esta es parte de la lectura de la nueva doctrina imperante en la toma de decisiones ya explicada. Pero el Estado profundo iraní demostró una resiliencia estructural mayor a la presupuestada por esta escuela, aunque advertida por otros. Al fallar esta implosión a control remoto, Estados Unidos se ve ahora arrastrado a una guerra de la que quizás hoy preferiría correrse, pero de la que ya no tiene escapatoria. Retirarse ahora significaría dejar a Irán mucho mejor posicionado de lo que estaba antes de la escalada: controlando y cobrando peaje en el Estrecho de Ormuz, y consolidando a un Estado que, bajo esta presión existencial, inevitablemente mutará de un sistema teocrático a uno de corte netamente pretoriano, entregándole el control total y definitivo del país al Pasdaran (la Guardia Revolucionaria), con enormes incentivos para avanzar en su desarrollo nuclear y militar. La actual readecuación de sus medios militares no es entonces una falta de estrategia, sino su adaptación, que consiste pasar a una fase terrestre obligada, teniendo que enviar sus propias tropas porque el botín ya no se va a asegurar solo. Después de Crimea Putin se pensó que el resto de Ucrania sería solo un bocado, quizás después de Caracas, su amigo Trump haya sentido lo mismo en Teherán. Recalculando.

Para Estados Unidos, alterar drásticamente la distribución de sus medios militares no responde a una simple solidaridad de alianza. Al traslado de urgencia de sus grupos de asalto anfibio —incluyendo al USS Tripoli y al Grupo Boxer— y a los miles de paracaidistas de la Fuerza de Respuesta Inmediata de la 82.ª División Aerotransportada, se acaba de sumar en las últimas horas la confirmación de que el Pentágono evalúa desplegar hasta 10.000 tropas terrestres adicionales con blindados hacia el Golfo Pérsico. Semejante escalada de infantería expone la cruda realidad táctica: a EE. UU. no le sirve únicamente capturar un enclave petrolero vital como la isla de Jarg; necesita imperiosamente tomar y resguardar la franja costera continental. Es aquí donde el plan choca con la geografía. Si someter a Irak —un país tres veces más pequeño, de llanuras abiertas y con unas fuerzas armadas infinitamente menos preparadas— demandó el despliegue de casi 200.000 hombres, dominar la inexpugnable costa montañosa iraní es una pesadilla de otra magnitud. Sin embargo, en el diseño de ese nuevo rompecabezas en el que quedaría convertido un Irán balcanizado, esa costa es exactamente la pieza que Estados Unidos busca guardarse en el bolsillo. Al destruir la infraestructura de denegación de área de Teherán en el litoral, Washington asume el control indiscutido del corredor por donde fluye el 20% del crudo mundial, allanando el camino para crear, en el futuro, una coalición de países aliados del Golfo que administre el estrecho bajo su tutela. Un nuevo Panamá. Este es un mensaje directo a Beijing. Al monopolizar Ormuz, Estados Unidos le demuestra a una China altamente dependiente de la importación energética que posee una correa directamente atada a su cuello económico, capaz de cerrarle el grifo a voluntad.

Sin embargo, al trasladar estas unidades expedicionarias para sostener la guerra en Medio Oriente, Washington evidencia una peligrosa sobreextensión estratégica. Asume un riesgo colosal: aceptar el debilitamiento de la postura disuasoria del INDOPACOM, lo que genera en Asia una ventana táctica que abre de par en par la puerta para que China lance su asalto definitivo sobre Taiwán. Es esta convergencia de fines (la balcanización israelí y el control de Ormuz estadounidense) la que nos devuelve a la gran consecuencia global en el Pacífico: ¿Es esta aparente vulnerabilidad por sobreextensión en Asia un costo ineludible de la ambición en Medio Oriente, o estamos frente a una magistral operación de control reflexivo diseñada para inducir a Beijing al suicidio, empujando a China a iniciar una guerra en Taiwán que la empantane en un desgaste brutal, calcando el fatídico error de cálculo de la “victoria en tres días” que Vladimir Putin imaginó para Ucrania? Ni idea.

 Al monopolizar Ormuz, Estados Unidos le demuestra a una China altamente dependiente de la importación energética que posee una correa directamente atada a su cuello económico, capaz de cerrarle el grifo a voluntad. 

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A través de los ojos del mando chino, la ventana es innegable. La teoría del Peaking Power sugiere que China es hoy más peligrosa que nunca porque percibe que el tiempo corre en su contra ante un colapso demográfico irreversible. Si a esto se le suma el actual “valle de la muerte” logístico del Pentágono —escasez de munición y astilleros colapsados—, la matemática en Beijing parece cerrar. Un informe publicado recientemente por un reconocido portal británico expuso la crudeza de esta sangría: el ritmo vertiginoso al que la Armada de Estados Unidos está quemando sus costosos misiles interceptores en Medio Oriente ha pulverizado por completo su capacidad industrial de reposición. Con la infantería expedicionaria y el escudo antimisiles estadounidense absorbidos por el Golfo Pérsico, el costo de cruzar el Estrecho de Taiwán ha bajado drásticamente. Y acá aparece la gran pregunta sin respuesta, la incertidumbre absoluta que rodea a una guerra por Taiwán que ya se asume tan estructuralmente inevitable como el propio choque entre Israel e Irán: ¿está viendo Xi Jinping la vulnerabilidad real de un imperio sobreextendido, o el espejismo calculado de una trampa letal?

Lo que Estados Unidos dejó atrás en las costas de Japón es la vanguardia de su mayor mutación doctrinal en un siglo: el Force Design 2030. La defensa de la primera cadena de islas quedó a cargo del 12º Regimiento Litoral de Marines (MLR). Operando como un bisturí asimétrico e infiltrados en islotes minúsculos, actúan como sensores adelantados conectados a una matriz de conciencia situacional gestionada por algoritmos de IA militar (Palantir, Anduril). Unidades muy pequeñas que encienden radares por fracciones de segundo, lanzan misiles antibuque NMESIS y se desvanecen. Esta fuerza demuestra la regla de oro de la tiranía de los cuellos de botella: en mares estrechos, el poder naval tradicional, basado en plataformas multimillonarias, es inherentemente vulnerable frente a redes distribuidas de sensores y armas baratas de negación de área, mucho para aprender en Argentina.

Aquí emerge la hipótesis del control reflexivo. Si Washington aplica esta doctrina —inducir al adversario a tomar voluntariamente la decisión deseada—, la narrativa pública sobre su “sobreextensión”, el agotamiento de sus interceptores, y el traslado de flotas a Medio Oriente es una carnada perfecta. La trampa busca empujar a Beijing a aprovechar la aparente distracción precipitándose a la guerra. Al morder el anzuelo, China enviaría a la costosísima Armada del EPL directo hacia el embudo geográfico del Estrecho de Taiwán. Allí, la misma lógica asimétrica que permite ahogar el comercio en el Golfo Pérsico los estaría esperando: enjambres de drones, minas inteligentes y misiles del MLR listos para convertir el canal en un corredor de la muerte y a los buques en ataúdes flotantes.

El objetivo final de esta inducción estratégica, al dejar la ventana abierta en Taiwán, no sería únicamente la destrucción física de la flota china, sino el colapso de su modelo nacional. Si China muerde el anzuelo, le otorga a Occidente la justificación moral y legal inmediata para ejecutar un bloqueo financiero total. De nuevo aparece Ucrania en el horizonte. La desconexión del sistema SWIFT, el embargo de reservas y el colapso de sus exportaciones lograrían en semanas lo que una guerra convencional tardaría años: la neutralización de China como competidor hegemónico.

En conclusión, el asedio en Ormuz es mucho más que una operación para gestionar una guerra irreversible o desarmar a la teocracia iraní. Es la demolición controlada de un país para rediseñar un continente entero y, al mismo tiempo, la pieza central de una partida psicológica a escala planetaria. Si Xi Jinping interpreta este reposicionamiento de fuerzas como el disparo de largada para su reunificación por la fuerza, la historia podría recordar este momento no como el gran triunfo del revisionismo asiático, sino como el instante preciso en el que una superpotencia saltó voluntariamente por la ventana equivocada, desatando la trampa perfecta; o exactamente lo contrario, y ser el paso al frente del cambio de guardia en el mundo. Paradójicamente, Ormuz puede ser la mejor defensa sobre Taiwán o su caída.

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