Los Cóndores de Malvinas

Por Aldo Duzdevich

A las 6,05 AM del 28 de septiembre de 1966, dos jóvenes ingresan a la cabina del DC-4 de Aerolíneas Argentinas. Sonriendo le dicen al piloto “cambiamos de rumbo, vamos a Malvinas”. El comandante Ernesto Fernández García, sonríe también creyendo que es una broma.  Los jóvenes exhiben sus armas y repiten “no tanta risa, esto es en serio”. El piloto aduce no conocer la ruta. “Rumbo uno cero cinco” replica el de lentes y le entrega las cartas de navegación.  El comandante obedece la orden y enfila rumbo a Malvinas con 42 pasajeros a bordo. Estaba en marcha el “Operativo Cóndor”.

El vuelo 648 de Aerolíneas había despegado a las 0,45 hs de Aeroparque Jorge Newbery hacia Rio Gallegos. Mezclados entre los pasajeros lo abordaron 18 miembros del comando fuertemente armados. Hoy resulta extraño que alguien pueda subir al avión con un arma. Pero,  este era el primer secuestro aéreo en Argentina.  Unos años después se tornará casi una moda secuestrar un avión para dirigirse a Cuba.

Los integrantes del Comando Condor pertenecían a una escisión de Tacuara, llamada MNA Movimiento Nueva Argentina. Los dirigía  Dardo Cabo, de 25 años, periodista hijo de Armando Cabo dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, Lo secundaba Alejandro Giovenco, de 21 años,  apodado el Chicato a causa del grueso aumento de sus lentes. La periodista y dramaturga María Cristina Verrier, de 27 años, era la tercera al mando del grupo. Su padre, César Verrier, había sido juez de la Suprema Corte de Justicia.

Los otros integrantes eran: Ricardo Ahe, de 20 años de edad, empleado; Norberto Karasiewicz, 20 años, metalúrgico; Andres Castillo, 23 años, bancario ; Aldo Omar Ramírez, 18 años, estudiante; Juan Carlos Bovo, 21 años, metalúrgico; Pedro Tursi, 29 años, empleado; Ramón Sánchez, 20 años, obrero; Juan Carlos Rodríguez, 31 años, empleado; Luis Caprara, 20 años, estudiante; Edelmiro Jesús Ramón Navarro, 27 años, empleado; Fernando José Aguirre, 20 años, empleado; Fernando Lisardo, 20 años, empleado; Pedro Bernardini, 28 años, metalúrgico; Edgardo Salcedo, 24 años, estudiante; y Víctor Chazarreta, 32 años, metalúrgico. La edad promedio del grupo era de 22 años. Todos eran peronistas.

Para garantizar la buena difusión del hecho  subió al avión con nombre falso Héctor Ricardo Garcia director del diario Crónica y la revista Así, quien viajando con los comandos se garantizaba la primicia. García alegará ante la justicia que fue convocado a viajar por Dardo Cabo un día antes, quien le anticipó un episodio importante pero sin decir de que se trataba. Según la investigación de Roberto Bardini, “los periodistas Americo Rial , Emilio Abras y el mismo Dardo Cabo todos militantes del Movimiento Nueva Argentina (MNA), trabajaban en Crónica. y convencieron mucho antes del operativo a Héctor Ricardo García,  de viajar en el DC-4 de Aerolíneas Argentinas.”

A las 9 hs el avión realizó tres pasadas rasantes sobre Puerto Stanley, rebautizada por los comandos “Puerto Rivero” (en homenaje a la gesta del gaucho Rivero), buscando donde aterrizar. Las islas no tenían aeródromo y lo mas parecido era una pista de carreras cuadreras de tierra, donde finalmente bajo el avión. Ya en tierra los comandos bajaron del avión e izaron siete banderas argentinas en distintos puntos cercanos. Luego tomaron posiciones de defensa alrededor de la aeronave, mientras se acercaban con mezcla de sorpresa y curiosidad habitantes de la isla. Entre ellos un joven jefe de policía al mando de seis efectivos que fue tomado como rehén.

Cabo y Verrier se dirigieron a la casa del gobernador interino, ante quien se presentaron anunciando : “como argentinos, hemos venido a esta tierra para quedarnos, ya que la consideramos nuestra”. Un isleño de origen chileno traducía las palabras que el gobernador no terminaba de entender. Recuperado de su sorpresa les ordenó “fuera de aquí, Vds no están en su casa”.

En la improvisada pista, ya varios jeeps Land Rover habían sido estacionados bloqueando el movimiento del avión, y casi un centenar de civiles voluntarios bien armados, rodeaban a prudente distancia todo el escenario. Los comandos hicieron bajar a los pasajeros del avión, entre quienes se encontraba el Gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas,almirante Jose Maria Guzman. Los pasajeros fueron alojados por los kelpers, mientras en comando seguía en el avión.

A treinta y seis horas del arribo, la posición del comando era muy débil, carecían de alimentos y abrigo y estaban rodeados por una fuerza numerosa, ahora reforzada por una docena de militares británicos. El sacerdote católico Rodolfo Roel, los convenció de dejar el avión y trasladarse e su iglesia . Los comandos se formaron frente a una de las banderas izada en un mástil de hierro, cantaron el himno nacional, rezaron un padre nuestro, le entregaron las armas al piloto del avión y recuperando las banderas se retiraron hacia la iglesia. No hubo acto de rendición. La misión estaba cumplida. Allí permanecieron hasta la llegada del buque Bahía Buen Suceso enviado por el gobierno argentino para evacuarlos hacia Ushuaia.

En 1982, el Bahía Buen Suceso prestó servicio como barco logístico durante la guerra de Malvinas. Los ingleses lo atacaron en Bahía Zorro donde quedó varado. Al terminar la guerra fue remolcado a aguas más profundas donde fue hundido por un submarino británico.

En septiembre de 1966 gobernaba el dictador Juan Carlos Onganía. Los cóndores eligieron la fecha porque en esos días se encontraba de visita en nuestro país nada menos que el príncipe Felipe de Edimburgo consorte de la Reina Isabel II. 

En Ushuaia fueron juzgados y encarcelados. La mayoría solo por nueve meses. Pero Dardo Cabo, Alejando Giovenco y Juan Carlos Rodriguez por tener antecedentes purgaron tres años de cárcel.

 El derrotero de los cóndores de Malvinas

Dardo Cabo, fue el jefe del operativo. Su padre Armando Cabo era hombre de la resistencia y dirigente metalúrgico cercano a Augusto Vandor. Dardo a mediados del 61, es uno de los fundadores del Movimiento Nueva Argentina (MNA) . También fue “preso Conintes” durante el gobierno de Arturo Frondizi. Tras purgar tres años de cárcel por el Operativo Cóndor , al salir se integra a la organización Descamisados que van a confluir con Montoneros a fines de 1972. En 1973 Montoneros lo nombra director de su revista El Descamisado. El 17 de abril de 1975, es detenido, en Morón, junto a Juan Carlos Dante Gullo, y Emiliano Costa mientras esperaban un pago del rescate de los Born. En la noche del 5 de enero de 1977 fue sacado de la cárcel (U-9 La Plata) junto Roberto “Palometa” Pirles, y fusilado en un supuesto “intento de fuga”.

Alejandro Giovenco, “Trágico fin de un hombre de acción” así titulo el diario Noticias (de Montoneros) la muerte de Giovenco el 19 de febrero de 1974. En la madrugada del día anterior en la esquina de Corrientes y Uruguay le estalló una bomba que llevaba en su portafolios y le arrancó un brazo. Pudo llegar hasta la sede de la UOM donde murió desangrado. El diario dice que el 2 de enero había sido atacado a balazos frente a su domicilio, omite decir que el atentado fue de la organización Montoneros, que en esa época no firmaba sus operaciones. Giovenco se inició en la militancia en el Partido de la Revolución Libertadora, su padre era un ferviente antiperonista. Con el tiempo se acercó al nacionalismo e ingresó al MNA. En una crónica del Descamisado, Dardo Cabo dice de su antiguo camarada: “Alejandro Giovenco se mato sin poder ser peronista”. (…) Giovenco era una mezcla de católico liberal de derecha y nacionalista de élite. (…) Ya en el Movimiento Nueva Argentina, manifiesta un vehemente y exagerado deseo de limpiar su pasado con una acción heroica para el peronismo: así promete matar al almirante Rojas. (…) Cuando sale en libertad, Giovenco se enrola en las filas del vandorismo, junto con varios miembros de la operación Cóndor. Actúan de guardaespaldas de Lorenzo Miguel y luego de Paladino.(…) Su práctica política demuestra una concepción coherente: el acto personal, “heroico”, la actitud individual y el valor personal. Nunca se lo vio recorriendo las bases peronistas, su manejo era totalmente superestructural. Enemigo de Vandor, termina siendo guardaespaldas de Lorenzo Miguel y viviendo de la UOM (…)Así fue la vida de Giovenco. No se dio cuenta, pero nunca dejó de ser lo que el padre le enseñó; cruzado de una causa sin legiones, murió por su propia mano. Su violencia nunca pudo encontrar ese acto heroico de estar junto a las masas que lo convirtieran definitivamente en peronista.”

Edgardo de Jesús Salcedo, en 1969 participó de una pequeña organización guerrillera “Cabecitas Negras” que intentó establecer un foco rural en el Abra de Santa Laura y fueron detenidos. Mas tarde se sumo a Montoneros. Era dirigente de la JTP de Telefonicos. El 12 de Julio de 1976 Edgardo Salcedo y su esposa Esperanza María Cacabelos, encerrados en su departamento resisten durante seis horas de fuerte tiroteo el asedio de un grupo operativo de la ESMA. Mueren en el enfrentamiento, en el que también caen un oficial de la Policía Federal y al Capitán de Corbeta Olegario Salvio Menéndez. Su hijo Gerardo (de dos años) es protegido por sus progenitores en el baño, en la bañadera, tapado con un colchón y resulta ileso.

Aldo Omar Ramirez, con 18 años participo del comando Cóndor. Se integro a la Juventud Peronista. En 1975 era miembro de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) de los Astilleros Astarsa cuando fue secuestrado por la Triple A y liberado por presión del los obreros del establecimiento. Siguió militando en Montoneros y paso a la clandestinidad. Fue secuestrado y desaparecido el 1º de septiembre de 1977.

Juan Carlos “el gallego” Rodriguez, y Pedro Tursi fueron miembros de la custodia de Lorenzo Miguel. Tursi era uno de los acompañantes del Giovenco en el momento que le exploto la bomba. El gallego Rodriguez, que era el jefe de la custodia de Lorenzo Miguel, a mediados del 75 es asesinado por el grupo del CNU de La Plata

Pedro Bernardini , según cuenta en una nota su nieta María Agustina Banchiero : “A partir del Operativo Cóndor las veces -que fueron muchas- que mi abuelo fue secuestrado durante la dictadura militar o llevado preso por su militancia en la FAP los años previos al 76, los militares le mostraban cierto respeto y con un guiño reconocían el Operativo. Incluso cuando estuvo secuestrado durante dos años en la ESMA, mientras lo torturaban, le preguntaban cómo había sido cagarles por unos días las Malvinas a los ingleses.”

Norberto Karasiewicz y Edelmiro Navarro siguieron su militancia en el CdO (Comando de Organización) que dirigía Brito Lima. Los militantes del CdO estaban entre los custodios del palco cuando se produjeron los graves enfrentamientos de Ezeiza el 20 de junio de 1973.

Jorge Alberto Money y Miguel Angel Castrofini eran dos militantes del MNA que no participaron del Operativo Cóndor. Pero fueron quienes, desde un Citroen destartalado, ametrallaron el frente de la embajada británica, cuando estaba en ella el Duque Felipe de Edimburgo en la noche del 29 de septiembre. Money era periodista trabajó en el diario “El Día” de La Plata; en el diario peronista “Mayoría” y finalmente como redactor en “La Opinión”. Se acercó politicamente a Montoneros. Fue asesinado por la Triple A en los bosques de Ezeiza previo rapto, el 18 de mayo de 1975. Castrofini se convirtió en militante del CNU (Concentracion Nacionalista Universitaria) el 8 de marzo de 1974 un comando del ERP22 de Agosto, lo asesinó de 16 balazos cuando salía de su casa en compañía de su esposa.

Esta es la historia de los años setenta, que hay que contar en toda su dimensión; aunque hoy, todavía sea políticamente incorrecto. El camino de la violencia, que en la historia algunas veces fue justificada y necesaria, es un camino oscuro, sinuoso, complejo y casi sin retornos. Ninguna bala lleva inscripta la palabra justicia.

La autoría del crimen de Rucci por Montoneros. Informe final

Por Aldo Duzdevich

El mediodía del 25 de septiembre de 1973, dos días después  de que Peron obtuviera su tercera presidencia con el voto del 62% de los argentinos, al salir de su domicilio de Avellaneda  2953, el Secretario General de la CGT,  Jose Ignacio Rucci fué recibido con una lluvia de balas que terminó con su vida.

En La Lealtad. Los montoneros que se quedaron con Perón, publicado en 2015, dediqué quince páginas a reunir testimonios sobre la llamada «ejecución» de José Ignacio Rucci. Antes y después de ese libro, numerosas obras y declaraciones adjudicaron el crimen a Montoneros. Sin embargo, 53 años más tarde, todavía hay quienes intentan diluir esa responsabilidad. Por eso, aun a riesgo de de ser reiterativo , voy a transcribir algunos testimonios que muestran que el asesinato fue una decisión orgánica de Montoneros, llevada a cabo por un comando de la propia organización.

 En el momento no hubo un comunicado publico de Montoneros reivindicando la operación, como normalmente  hacía cualquier organización revolucionaria. Recién, dos años después, y ya fallecido Peron, Montoneros en su órgano de prensa oficial el Evita Montonera, N.º 5 de fecha junio-julio de 1975, asumió públicamente el “ajusticiamiento” de José Ignacio Rucci.

 El articulo de cuatro páginas lleva por título “A dos años de la matanza de Ezeiza” Ni olvido ni perdón”  en el cual se relatan los hechos de Ezeiza. Y en un recuadro al final de la nota, titulado “Justicia Popular” dice: “La masacre del 20 de junio puso de manifiesto la fractura que desde ese día iría profundizándose en el Movimiento Peronista. Esa misma noche Rucci  justificó la matanza ante las cámaras de televisión, mientras los medios de difusión controlados por López Rega y el vandorismo intentaban ocultar la absoluta hegemonía de nuestras fuerzas en el acto.”

 “La Juventud Peronista denunció esa misma semana desde El Descamisado a los autores de la traición, con un amplio testimonio fotográfico que no dejaba lugar a dudas.”

“La sangre de los compañeros peronistas caídos el 20 de junio, de Antonio Quispe, Beto Simona, Jose Luis Nell y tantos otros que cayeron ese día, no fue ni será olvidada por Montoneros.”

A continuación en mayúscula y  negrita  se enumeran los nombres  de dieciséis “ajusticiados” con la aclaración de que  organización los mató. Y el primero de ellos es el de José Rucci.

“—Jose Rucci, ajusticiado por Montoneros el 25-09-73

—Jorge Patricio Gallardo, del C.de O. ajusticiado por el ERP22

—Bondarchuk, del C. de O. ajusticiado por el ERP22

—“Bocha” Venturino, del C de O. herido gravemente por Montoneros

—FELIX NAVAZZO, instructor militar de CNU, ajusticiado por Montoneros el 1-7-74

—MARTIN SALAS, de la CNU, ajusticiado por Montoneros el 5-8-74.

—ALEJANDRO GIOVENCO, herido gravemente por Montoneros y muerto por una bomba que llevaba en su portafolios.

—VICTOR SANCHEZ,  jefe del C d O del Chaco, ajusticiado por Montoneros el 13-9-74 junto al matón CARLOS ALBERTO SAUCEDO.

—JUAN CARLOS MARIANI, de la JSP, ajusticiado por Montoneros el 23-10-74

—ISSAC  YORKIS, de la JPRA, ajusticiado por Montoneros el 30-10-74

—RUBEN DOMINICO, concejal del C. de O. ajusticiado por Montoneros en diciembre de 1974.

—ARMANDO CANZIANI, vandorista del Ministerio de Trabajo, ajusticiado por el ERP22 el 28-1-75.

—VILLAFAÑE, matón de la UOM ajusticiado por Montoneros en Marzo de 1975.

—CASTROFONI, de la CNU, ajusticiado por el ERP22.”

Este documento que puede ser consultado en “Eltopoblindado.com” y en otros archivos históricos,  cierra la discusión respecto la autoría de la ejecución de Rucci, y los defensores de la historia montonera  deberían releer su “Órgano Oficial”.

Alguno dirá que el Evita Montonera también fue escrito por la CIA para  engañar a los historiadores, pero bueno…Si es así, los equivocados somos unos cuantos y paso a transcribir algunos de los testimonios dados  por reconocidos ex-militantes. Para no extenderme, el origen de las citas van al final del texto.

Comienzo por uno de los textos mas recientes el libro Conocer a Peron (2022) Juan Manuel Abal Medina  narra: “Perón me había insistido en que buscara a Galimberti y ayudara a parar la locura de las amenazas a Rucci (…). El «Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor» era inadmisible para el General. Era una instigación a matar. Él se preguntaba: «¿Traidor a qué? ¿Quiénes son ellos para decirlo?».(…)”

“Fui a Gaspar Campos, (…) Perón. Tenía los ojos nublados. Lo primero que dijo fue: «Me mataron a mí… Peor: mataron a mi hijo». Y agregó: «Son unos criminales, unos criminales…». «Sí, mi general. Eso son», le respondí. Y él me preguntó: «Usted ¿piensa lo mismo que yo?». (…) Se recompuso y me dijo que había información confusa, pero que llegaban señales de que habían sido Montoneros «nuevos». Y agregó: «Supongo que se refieren a los que se les sumaron, los de Quieto…». (…)”

“El asesinato de Rucci fue para mí un punto de no retorno en mi relación con Montoneros. La falsedad histórica de atribuirse un protagonismo excluyente en el «Luche y Vuelve», como la tontería de pretender compartir la conducción con el General, eran hechos corregibles. Lo mismo los balbuceos marxistas del documento que me había pasado Perón, que si bien me alejaba de sus autores entendía que eran consecuencia del proceso de unidad con las FAR, y que esa inclinación podía revertirse. El asesinato de Rucci, en cambio, no tenía para mí regreso posible.(…)”

“Sobre Perón, el asesinato tuvo un efecto demoledor, y no dudo en afirmar que colaboró con el deterioro de su salud. (…) El General quería mucho a Rucci. Pero, además, Rucci había sido inflexible en su verticalidad y clave para garantizar su regreso.”

“El miércoles 26, el General me citó .  Habló de José Rucci. Dijo cosas muy lindas (…) Me confió, por segunda vez, que «ese 17 de noviembre, cuando los vi a ustedes dos y nos abrazamos, fue el día más feliz de mi vida».”

“Le pregunté si no deseaba descansar, (…)  me dijo: «El cuerpo ahora lo tengo bien, lo que tengo mal es el alma». Era evidente que el asesinato de Rucci le había hecho mucho daño, y sentí que  el General estaba muy solo, que su tristeza tenía un componente quizá ya demasiado largo de soledad.”(1)

 María Elpidia Martínez Agüero esposa de Firmenich dijo en 2002 : “Fue una operación que no se debió haber hecho, más allá de que era un burócrata que negociaba. A partir de ese error original, la línea política de Montoneros se desbarrancó. Desde la operación a Rucci yo sentía que había alguna pifiada nuestra, que teníamos que modificar la estrategia, pero la dinámica eran tan rápida que la vorágine no te dejaba pensar”. (2)

El ex montonero y escritor Miguel Bonasso:“El Pepe Firmenich, de manera fría y seca, nos confirma oficialmente que Rucci fue ejecutado por la Organización. Lo explica en términos estratégicos: la lucha contra el vandorismo…y su responsabilidad en la masacre de Ezeiza(..). No estoy de acuerdo y lo digo(…) Firmenich da largas explicaciones e incluso sugiere que el capo de la UOM, Lorenzo Miguel, le dio luz verde al atentado. (…) Al otro día fuimos a cenar con Lino Roque, que me contó con pelos y señales el atentado contra Rucci. (3)

El poeta y ex montonero Juan Gelman : “Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia de la clase obrera; se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Peron sobre la mesa para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Cuando se produce lo de Rucci en septiembre de 1973 y lo de Mor Roig después, hay gente de distinta procedencia que no esta de acuerdo. Como conclusión, lo de Rucci iba a cercenar el apoyo de la clase obrera y lo de Mor Roig los apoyos de la clase media” (4)

Ex Secretario de DDHH Dr. Eduardo Luis Duhalde “No tengo dudas de que a Rucci lo mataron los Montoneros y FAR, que acababan de fusionarse. Lo hicieron con un  propósito múltiple: en su delirio habían acuñado la teoría de que había que negociar con Peron, “apretándolo con un muerto sobre la mesa”. Al mismo tiempo buscaban congraciarse con Lorenzo Miguel (…) y ajustar cuentas con Rucci. (…) Ni el secretario de la UOM vio con simpatia este crimen, ni a Peron lo “apretaron” sino que se  enfureció realmente”  (5)

Carlos Mugica :“¿Quien mato a Rucci? Los Montoneros. No es lo que yo opino. Lo se. Los montoneros me lo hicieron saber directamente. Le quitaron la alegría tremenda de experimentar a Peron dos días después de ser elegido Presidente…Le castraron la alegría y eso es imperdonable. No importa la autocrítica…¡la cagada que hicieron !Un error tremendo de la burocracia montonera la nueva burocracia.” (6)

Horacio Verbitsky en el libro Vida de Perro : “Tomemos el ejemplo de Claudia, hija de Rucci. Montoneros mató a su padre cuando ella tenía 9 años: es una víctima. Si bien detesto sus posiciones políticas, en todo caso podemos discutir quién era José  Ignacio Rucci, pero a las víctimas les tengo mucho respeto”. (7)

Pilar Calveiro “De hecho, ya en septiembre de 1973, incluso antes de la asunción de Perón, había asesinado al secretario general de la CGT, José Rucci, en un operativo armado cuya autoría no reconoció públicamente. Era, sin embargo, un recordatorio anónimo del poder de la violencia, una forma de acelerar la resolución de la «contradicción ideológica» que Firmenich reconocía tener con Perón.” (8)

Ernesto Jauretche : “Los compañeros entraron a la casa de al lado como una empresa de pintura. Cuando Rucci salió rodeado de la custodia, estaba completamente a tiro, porque le estaban apuntando de arriba…y además le tiraron una granada” (9)

El ex jefe del PRT-ERP Enrique Gorriaran Merlo: “La lucha interna entre la izquierda y la derecha peronista se dirimía a tiros. En cambio, nosotros, en todo lo que se refería a dirigentes sindicales o políticos, tendíamos a dirimirlo de otra manera… Igual los Montoneros, poco antes de que asumiera Perón mataron a Rucci, aunque no se hacían cargo y quedaba la duda. En ese caso tuvimos que sacar un comunicado diciendo que no habíamos sido nosotros; por supuesto que no decíamos quien había sido.” (10)

El ex “oficial montonero” y escritor Juan Gasparini: “los siete miembros del equipo operativo dirigido por Horacio Antonio Arrue, “Pablo Cristiano” lo acribillaron a perdigones. A dos días del abrumador triunfo electoral de Peron (…) si bien no hubo firma publica para la militancia fue un secreto a gritos que la “Traviata” era la primer opereta de la flamante “OPM”. (…)  Firmenich confesará ante Jorge Asis en Brasil: “Nosotros no matamos a Rucci. El error nuestro fue político, no haberlo desmentido en su oportunidad” . Gasparini reflexiona: “No, pero si. La equivocación no fue la ejecución, sino el olvido de impugnarla. Si no se la negó fue para capitalizarla entre bambalinas y porque a Perón no debían quedarle duda de quienes “le habían tirado el fiambre”, usando la expresión que volveremos a escuchar en la boca de Firmenich. Más aún: este hecho acercaría nuevamente a la organización Montoneros  con el  ERP, por encima de las diferencias de identidad política”. (11)

Ex “oficial montonero” y escritor Carlos Flaskamp: “La idea del comando fuera de control debe ser descartada, porque todas las estructuras estaban bajo control en esta etapa, y también porque sería ilógica, ya que la acción contra Rucci contó con el respaldo orgánico de la conducción y los ámbitos inferiores(…)En la conducta de Roberto Perdía, quien se autotitula “jefe montonero” y efectivamente lo era en ese momento y también después, hay una evidente intención de embuste cuando un cuarto de siglo más tarde, en su historia lavada de los montoneros, todavía pretende no saber nada del asunto. Lo sabia hasta el último miembro pleno de la organización y tanto más Perdía, que integraba su núcleo nacional de conducción.” (12)

Ex “oficial montonero” y escritor Jose Amorin:  “En realidad, el asesinato de Rucci constituyo la forma de zanjar de una vez por todas las discusiones entre Movimientistas y Militaristas. En ese momento en la Conducción Nacional eran ocho. De ellos cuatro (Firmenich, Hobert, Perdia y Yager)  provenían de Montoneros. Tres (Quieto, Roque, y Osatinsky) de FAR y Horacio Mendizabal de Descamisados.”  (13)

Ricardo Grassi  el entonces director del Descamisado en su libro del mismo nombre : “Fue al atardecer cuando,  Firmenich llegó a la revista. (…) le fue suficiente decir “fuimos nosotros” para sumirnos en el silencio.(…) Montoneros no firmaría la acción .(…) No alcanzaron las dos horas que Firmenich se quedó en el Desca para explicar lo inexplicable ante treinta personas azoradas. Dijo que había que defender el espacio conquistado en la lucha contra la dictadura  (…) . Subrayó la necesidad de oponerse al Pacto Social, del que Rucci era la pata sindical. (…) Poco menos de un año después, Firmenich explicaría: “Creímos que tirándole al viejo un fiambre sobre la mesa íbamos a poder negociar en mejores condiciones, y la historia nos demostró que no era así. Fue una decisión política equivocada”. (14)

El ex militante montonero Enrique Gil Ibarra en su libro  Paredón y después : “Pese a que la organización Montoneros jamás reconoció ser autora del hecho, la mayor parte de los integrantes de la organización lo asumieron como propio -se la llamó «Operación Traviata» por lo de los «23 agujeritos»-. Años más tarde, informalmente, compañeros de la conducción reconocieron que le «habían tirado un muerto a Perón, para condicionarlo y demostrarle poder».”

Ex militante montonero y escritor Horacio Gonzalez : “Yo personalmente imagine que había una autoría de esa índole y por eso mismo junto a muchas otras personas decidimos dar un paso al costado al poco tiempo de la organización. Rucci es una criatura de él, no era una criatura del peronismo, era un hombre de la extrema fidelidad a Perón (…) Entonces, creo que Perón valoraba mucho a Rucci, era el secretario General de la CGT y además era el líder de la UOM. Montoneros sabía que si tocaba a Rucci de esa manera -aunque la Historia nunca es fácil de predecir- iba a estar en el límite, y que Perón iba a aceptar esta fuerza antagónica e iba a aceptarlo en conciencia histórica de un modo dialéctico, con negatividad.”

Ex jefe militar de Taco Ralo FAP Néstor Verdinelli : “Montoneros siguió empecinado en dar la lucha en ese terreno superestructural. Esa estrategia culminó con el asesinato de Rucci. Que fue hecho para presionarlo a Perón, para obligarlo a negociar. Error capital, cometido tanto por incapacidad de análisis como por desconocimiento elemental de Perón y su psicología.  Rucci era un incondicional de Perón y en su historia no hay nada que justifique matarlo.  Allí sellamos la separación de las fuerzas populares y las organizaciones armadas. Después sería sólo un proceso inevitable el ir siendo masacrados a manos de los criminales más crueles de nuestra historia”.

Ex militante montonero Jorge Rachid : “Cuando lo matan a Rucci,  estábamos con Greco en la JTP y nos vamos a verlo al Canca en la calle Chile. Empezamos a redactar un comunicado de repudio acusando a la CIA y  a los servicios cuando llega un compañero “comandante” que nos dice: “¡Paren, boludos, qué están haciendo, si lo hicimos nosotros (…) Para nosotros fue como un mazazo por dos cosas. Primero  porque nosotros -pese a estar en JTP- no le teníamos animadversión. Más enemigo nos parecía Lorenzo Miguel porque, en términos de poder político era más fuerte que Rucci, que era el delegado de Perón. Matarlo a Rucci era matarlo a Perón porque Rucci no tenía otro poder que no fuese Perón. Pero, Lorenzo Miguel -que era el jefe del aparato, de las 62, de la UOM, el gremio más poderoso del sindicalismo- estaba hablando con la conducción de la “Orga”(17)

Hernan Patiño Mayer cuenta que al día siguiente tenían una reunión con el jefe montonero Horacio Mendizabal: “Antes de bajar a buscarlo habíamos estado un rato frente al televisor mirándolo a Perón en el entierro de Rucci en Chacarita y haciendo nuestras especulaciones. En ningún momento se nos ocurrió la posibilidad de que algún peronista pudiera haber cometido tamaña barbaridad. “Bajamos Pedro y yo para ir a buscarlo a Mendizábal. Y en el ascensor le dije: “¡qué hijos de puta los del ERP 22 que lo hicieron boleta a Rucci!”. Mendizábal nos miró, casi diría como si fuéramos –tal vez lo éramos- unos pelotudos y nos dijo “fuimos nosotros”. (17)

 El  militante de la Resistencia Peronista Pancho Gaitan:“Los combativos en el movimiento obrero argentino teníamos una presencia interesante”.“Sin embargo éramos parte del movimiento obrero argentino en su globalidad, éramos parte de sus contradicciones e incluso con el propio Rucci nosotros teníamos contradicciones. Pero de ninguna manera este hecho o las diferencias podían confundirnos en plantear que su asesinato fuera un hecho revolucionario que sirviera a los intereses del peronismo; al contrario, nosotros creemos que fue un hecho contrarrevolucionario, creemos que fue un vil asesinato y creemos que atentó contra Perón, contra la conducción de Perón y contra el conjunto del movimiento obrero” (17)

Ex militante de FAP y Montoneros Marcela Durrieu :“La muerte de Rucci fue una provocación abierta. Hasta entonces, salvo excepciones como la muerte de Aramburu, la violencia era contra el enemigo externo y contra objetivos simbólicos. Las organizaciones peronistas no asesinaban personas, y menos civiles, cualquiera fuera su condición política o moral. Los muertos eran en enfrentamientos y, aún así, se consideraban un error en la planificación militar”. El “relato” de Ezeiza fue la excusa para matar personas “en defensa propia”. Fue una buena ocasión para declararse víctimas del peronismo y en definitiva de Perón.” (17)

Ex militante de las FAP y del MVP  Vidal Gimenez: “Otra muestra de cinismo político fue la táctica de “Operaciones Negras”  dentro de la cual acomodaron el asesinato de Rucci. Cuando nos enteramos por los medios todos pensábamos que había sido la CIA. Dejamos de ser la organización polìtico militar revolucionaria para convertirnos en una mafia manejada por padrinos: la ética y la moral revolucionaria se iban transformando en el más vulgar maquiavelismo, con el único objetivo de competir con Perón por el liderazgo del Movimiento Peronista con métodos de chantajes constantes, mentiras y violencias.” (17)

Arturo Armada: “Fue clave, el acontecimiento  que todo disidente recuerda y menciona como detonante de la disidencia, lo inaceptable, lo insoportable. Que a dos días del triunfo de Perón en las elecciones presidenciales, con el 62% de los votos, se matara a el  hombre  confianza de Perón, su hombre en el sindicalismo, en la C.G.T., nos gustara o no. Rucci no nos gustaba, pero matarlo era imbancable.” (17)

Miguel Saiegh “La presencia de Rucci en la C.G.T era decisiva para sostener el Pacto Social de  Gelbard, porque había que generar una instancia de contención que era la CGT. Más allá de que quizás se exageró con los precios controlados o congelados;  el acuerdo tripartito estaba; con tropiezos pero funcionaba. Por izquierda y por derecha se empieza a torpedear el proyecto de Perón. La muerte de Rucci, a los pocos días de Perón Presidente, es un hecho  gravísimo. No es sólo el daño que le hacen a Perón amputándole uno de sus brazos, es que ese  brazo le ayudaba a sostener todo un andamiaje tanto político como económico-social” (17)

Bueno, podría seguir varias paginas mas de testimonios; rescaté solo una parte de los registrados en “La Lealtad” poniendo aquellos cuyos nombres han tenido mayor protagonismo publico y pueden ser reconocidos fácilmente. Los demás testimonios han ido apareciendo en libros mas recientes.

Como habrán leído nadie, ni siquiera los militantes montoneros muy reconocidos, mencionan a la CIA, el Mossad, la Triple A, o el ERP como posibles autores del hecho.

No me gusta hacer historia contrafáctica, pero si Montoneros no hubiese dado este paso de “tirarle  un  cadáver  sobre la mesa” para romper con Perón, con el Movimiento Obrero y con el resto del peronismo, muy probablemente la historia hubiese sido otra.

Perón le había dado a la Tendencia Revolucionaria un enorme espacio de participación y poder en siete provincias : Buenos Aires, Córdoba, Salta, Mendoza, Santa Cruz, San Luis y Formosa. El Ministerio del Interior, el Ministerio de Educación, y las universidades nacionales eran manejadas por cuadros afines a Montoneros. Ademas el 25% de loa cargos electivos, en concejales, y legisladores provinciales y nacionales.

A toda costa el General intentaba minimizar las diferencias, hacer caso omiso a los cánticos  de “Conduccion  Montoneros y Peron”  (en se orden), a las criticas al Pacto Social y su plan de gobierno.

El 6 de Septiembre Peron, había estado reunido dos horas a solas con Quieto y Firmenich, y dos días después en una reunión que ellos convocaron, con todos los grupos de juventud. Pero para esa fecha, el equipo operativo que seguía a Rucci, ya había detectado su domicilio, y esperaba el momento para su asesinato.

Entre otros efectos, la muerte de Rucci, fue sin dudas un fuerte golpe a la menguada salud del General.

No se puede hacer historia contrafactica. Pero a 53 años vista, el asesinato de Rucci, fue la declaración de guerra de Montoneros a Peron. Y sin  dudas  un parte aguas en la ya convulsionada y violenta etapa 73-76 que va a descarrilar definitivamente con la muerte del General el 1 de julio de 1974.

(1) Juan Manuel Abal Medina, Conocer a Peron, Planeta 2022, Buenos Aires, p 332/333

2)  Felipe Celesia y Pablo Waisberg, Firmenich, Punto de Lectura,Buenos Aires, 2010, p 162 181

 3)Miguel Bonasso, Diario de un clandestino, Buenos Aires, Planeta, 2000, p. 141-42

4)Roberto Mero, Conversaciones con Juan Gelman- Contraderrota, Bueno Aires, Contrapunto, 1987, p. 101

5) Dr. Eduardo Luis Duhalde ex Secretario de DDHH. Nota publicada en la revista Todo es Historia Nº314, de Septiembre de 1993 (Pag.20) declaracion  al historiador Santiago Senen Gonzalez.

6) Audio de charla en Chivilcoy noviembre de 1973.  https://www.youtube.com/watch?v=Ve6v3aemnuY

7) Horacio Verbitsky, Diego Sztulwark, Vida de Perro, Siglo XXI, Buenos Aires 2018, p 124

8) Pilar Calveiro, Política y/o violencia, Norma, Buenos Aires, 2005  p. 46.

9)Relato de Ernesto Jauretche, presentado como “ex Montonero” en la película El Golpe, una producción para TV de Anima Films y The History Chanel Latinoamerica, dirigida por Matias Geilburt, con la locución de Gastón Pauls

10) Enrique Gorriaran Merlo, Memorias de Enrique Gorriaran Merlo, Buenos Aires,  Planeta,2003,  p. 207

11) Juan Gasparini, Montoneros Final de Cuentas, Buenos Aires, Punto Sur, 1988  , p. 70

 12) Carlos Flaskamp, Organizaciones Político Militares, Buenos Aires, Nuevos Tiempos, 2007, p. 122

 13) Jose Amorin, Montoneros la buena historia, Buenos Aires,  Catálogos, 2005,  p. 253

14) Grassi Ricardo, El Descamisado, Buenos Aires, Sudamericana, 2015,   P 211

15) Enrique Gil Ibarra, Paredón y después, Ayesha libros, Buenos Aires, 2001 p. 71.

 16 ) Horacio Gonzalez Director de la Biblioteca Nacional 12-12-2006. La politica online.com

17 ) Testimonios dados para el libro “La lealtad-los montoneros que se quedaron con peron”

A 71 años del golpe contra Peron  que abrió dieciocho años de proscripción

Por Aldo Duzdevich*

El 16 de septiembre de 1955 un sector de las Fuerzas Armadas se sublevó contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. La Marina amenazó con bombardear las destilerías de La Plata y Dock Sud y atacar nuevamente a la población civil. En Córdoba, tropas rebeldes, comandos civiles armados y fuerzas leales combatían en las calles. Perón tenía fuerzas suficientes para continuar la lucha, pero decidió detenerla para evitar una guerra civil. Tres meses antes, el país había conocido hasta dónde podían llegar los golpistas: el 16 de junio aviones navales habían arrojado catorce toneladas de bombas sobre Buenos Aires y asesinado a más de trescientas personas.

La autodenominada Revolución Libertadora no fue un hecho inesperado. Fue el resultado de una conspiración política, eclesiástica, civil y militar que se preparó durante meses y tuvo antecedentes de violencia desde 1953. Derrocó a un presidente elegido en 1951 con el 63,5 por ciento de los votos, disolvió el Congreso, intervino las provincias y los sindicatos, prohibió el peronismo y persiguió a sus militantes. Con el golpe comenzó una proscripción que duraría dieciocho años y condicionaría la vida política argentina durante décadas.

Una alianza que terminó en enfrentamiento

La Iglesia católica en 1946  había acompañado el ascenso de Peron al poder . Existía un amplio campo de coincidencias. El peronismo se inspiraba en la Doctrina Social de la Iglesia y proponía una tercera posición frente al individualismo capitalista y el colectivismo comunista. En diciembre de 1945, una carta pastoral del Episcopado desaconsejó votar a los partidos que sostenían la separación entre la Iglesia y el Estado, una definición que favoreció a Perón frente a la Unión Democrática.

El gobierno cumplió además una antigua aspiración eclesiástica. En 1947, la ley 12.978 estableció la enseñanza católica en las escuelas públicas, con instrucción moral para los alumnos cuyos padres profesaran otra religión. Evita apoyó públicamente la medida y mantuvo una relación cercana con el sacerdote jesuita Hernán Benítez, que la acompañó hasta su muerte.

Sin embargo, desde 1952 la relación comenzó a resquebrajarse. Hubo causas políticas, sociales y religiosas. Sectores conservadores de la Iglesia miraban con rechazo la movilidad social que había producido el peronismo. La revista católica Criterio llegó a describir a las masas peronistas como “gentuza” y “hato animal”, y sostuvo que la dignificación popular no dependía de tener lavarropas, cocina a gas o acceso al cine. El recelo también creció frente a la devoción popular por Evita, la expansión de la Unión de Estudiantes Secundarios y la disputa por la organización de trabajadores y jóvenes. En 1954 la Iglesia respaldó la formación del Partido Demócrata Cristiano, que Perón interpretó como un instrumento político opositor.

El gobierno respondió con dureza. En noviembre de 1954 Perón acusó públicamente a sacerdotes y organizaciones católicas de conspirar. Luego se suprimió la enseñanza religiosa, se eliminaron subsidios a instituciones confesionales, se redujeron feriados religiosos y se clausuró el diario católico El Pueblo. A ello se sumaron las leyes de divorcio vincular y de profilaxis social. El conflicto, que podía haberse contenido, se convirtió en una confrontación abierta.

Esa nueva situacion permitió reunir bajo una misma bandera a sectores que tenían poco en común: conservadores, radicales, socialistas, comunistas, nacionalistas y grupos católicos. Félix Lafiandra hijo, protagonista y recopilador de los panfletos opositores, reconocería después que los católicos comprendieron que la campaña religiosa podía generar un descontento amplio y resolvieron emprender “una lucha a muerte contra la tiranía”. Según su propia descripción, consiguieron que la oposición pasara de una actitud estática a una “oposición dinámica” y crearon el clima que condujo al derrocamiento.

Los comandos civiles y la preparación de la violencia

La violencia antiperonista no comenzó en 1955. El 15 de abril de 1953 estallaron dos bombas durante una concentración sindical en Plaza de Mayo. Murieron seis personas y noventa resultaron heridas, algunas mutiladas. Los artefactos habían sido colocados por un grupo de jóvenes opositores vinculados al ambiente universitario. Meses después, otro núcleo preparó la llamada Operación Bebé: un atentado para matar a Perón mediante un vehículo cargado con explosivos.

En ese ambiente nacieron los comandos civiles. Fueron organizaciones clandestinas con estructura celular, responsables de grupo, nombres falsos, sistemas de citas e imprentas ocultas. Sus integrantes recibían instrucción en armas, explosivos, sabotaje y corte de comunicaciones. Provenían principalmente de familias de clase media y alta, colegios católicos y universidades. Los apadrinaban oficiales antiperonistas que les suministraban armas y entrenamiento, mientras sectores del poder económico colaboraban con su financiamiento.

Se veían a sí mismos como los maquis de la resistencia francesa contra el nazismo. La comparación no era casual. Desde 1945 buena parte de los estudiantes, intelectuales y profesionales había interpretado al peronismo como una prolongación local del fascismo europeo. En nombre de una imaginaria liberación de París en Buenos Aires, aceptaron combatir a un gobierno constitucional y eligieron como aliados a los sectores que querían restaurar el país anterior a 1943.

El conflicto con la Iglesia multiplicó su capacidad de movilización. Los grupos católicos organizaron redes para imprimir y distribuir miles de volantes, custodiar templos, intervenir en manifestaciones y enviar propaganda a los militares. Uno de sus organizadores fue el hermano marista Septimio Walsh,  recordado por sus camaradas  como “el rey del mimeógrafo clandestino”.

Los panfletos comenzaron como una prensa opositora frente al control gubernamental de los medios. Es necesario decirlo: la política de acallar voces críticas no fue inteligente. Años después Perón resumiría aquella paradoja: “Con toda la prensa en contra ganamos, y con toda la prensa a favor nos derrocaron”. Pero esos escritos pronto dejaron de ser simples instrumentos de denuncia y se convirtieron en manuales de acción violenta.

En marzo de 1955 ya llamaban a reunir armas, formar grupos por manzana y preparar fuego cruzado. Un texto ordenaba: “Defender casa por casa, calle por calle, templo por templo. Tirar sin asco a matar”. El periódico clandestino Verdad enseñaba incluso a fabricar bombas molotov. Otros volantes estaban dirigidos especialmente a oficiales y soldados para convencerlos de rebelarse.

El 16 de junio y las bombas sobre Buenos Aires

El mediodía del 16 de junio de 1955, Radio Mitre fue ocupada por comandos civiles y difundió una proclama escrita de antemano: “El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado”. Perón no había muerto. Quienes morían eran empleados, estudiantes, pasajeros de colectivos y transeúntes sorprendidos por las bombas en pleno centro de Buenos Aires.

El ataque comenzó a las 12.40. Veintiocho aviones de la Aviación Naval descargaron alrededor de catorce toneladas de explosivos sobre la Casa Rosada, Plaza de Mayo y distintos puntos de la ciudad. Una bomba cayó sobre un trolebús y mató a decenas de pasajeros. También fueron atacados el Departamento de Policía, la CGT y la residencia presidencial, ubicada donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional. Los pilotos ametrallaron desde el aire a civiles que circulaban por las calles o se acercaban al centro.

El objetivo declarado era matar a Perón y a todo su gabinete. Pero para asesinar al Presidente no era necesario bombardear una ciudad abierta. La verdadera intención era producir un hecho espectacular que destruyera la voluntad de resistencia de millones de trabajadores. Los comandos civiles pintaban una V con una cruz y la consigna Cristo Vence. La utilización de ese símbolo mostraba cuánto se había mezclado la disputa religiosa con la conspiración militar.

El Archivo Nacional de la Memoria identificó 308 muertos y advirtió que debía agregarse un número incierto de cuerpos imposibles de reconocer por las mutilaciones y la carbonización. Hubo además centenares de heridos. Entre los participantes del levantamiento aparecen nombres que reaparecerían en otros golpes y en la dictadura iniciada en 1976: Emilio Massera, Guillermo Suárez Mason, Osvaldo Cacciatore y Oscar Montes, entre muchos otros.

Esa noche fueron incendiados la Curia y varios templos del centro porteño. Nada justifica la profanación y quema de iglesias. También es necesario recordar que Perón había pedido por radio que los trabajadores volvieran a sus casas y no respondieran a la provocación. Sin embargo, el relato posterior consiguió invertir el orden de los acontecimientos. Durante décadas se habló mucho más de “la quema de las iglesias” que del bombardeo que había dejado más de trescientas víctimas unas horas antes.

Los panfletos opositores llegaron a responsabilizar a Perón y a la CGT por la matanza. Sostuvieron que el gobierno debía haber evacuado la ciudad, aunque la Marina no había enviado ningún ultimátum ni advertido que bombardearía. La acusación ocultaba el dato esencial: quienes arrojaron bombas de cien kilos y dispararon contra civiles fueron aviadores argentinos. Después del fracaso huyeron a Uruguay, donde fueron recibidos y asistidos como héroes.

Perón habló esa misma tarde y pidió serenidad: “Para no ser nosotros criminales como ellos, les pido que estén tranquilos, que cada uno vaya a su casa. La lucha debe ser entre soldados y no quiero que muera un solo hombre más del pueblo”. Esa frase explica buena parte de su conducta durante los noventa días siguientes.

Entre la conciliación y la amenaza

El bombardeo afectó profundamente a Perón. El general Franklin Lucero recordó que al día siguiente el Presidente planteó por primera vez su intención de alejarse del poder. Durante los meses siguientes osciló entre el llamado al diálogo, la decepción ante las conspiraciones militares y los discursos duros destinados a contener a una base popular que reclamaba una respuesta más firme.

El 30 de junio renovó gran parte del gabinete y desplazó a funcionarios identificados con la confrontación. Luego anunció una tregua política y ofreció acceso a la radio a dirigentes opositores. Arturo Frondizi utilizó ese espacio para pronunciar un discurso severo contra el gobierno. Perón buscaba descomprimir el conflicto; los conspiradores interpretaron cada concesión como una señal de debilidad.

El 31 de agosto, ante una multitud reunida en Plaza de Mayo, abandonó el tono conciliador y pronunció su frase más desafortunada: “A una acción violenta le contestaremos con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos”. La amenaza fue utilizada durante décadas como prueba de una supuesta decisión represiva. Sin embargo, la concentración terminó en calma y en los días posteriores no se registró ningun acto violento por parte de  militantes peronistas.

La CGT ofreció trabajadores como reservistas del Ejército. No proponía crear una fuerza paralela, sino convocar a quienes habían cumplido el servicio militar y legalmente integraban la reserva. Lucero agradeció el ofrecimiento, pero el Poder Ejecutivo nunca lo hizo efectivo. A esa altura, el sostén principal del gobierno seguía siendo la clase trabajadora organizada y una parte del Ejército. La Marina, sectores de la Aeronáutica, oficiales del Ejército, la oposición política, grupos católicos y los comandos civiles ya estaban comprometidos con el golpe.

Córdoba y la guerra civil que no fue

La sublevación comenzó el 16 de septiembre. En Córdoba, el general Eduardo Lonardi encontró apoyo en grupos civiles armados. Entre 1.500 y 3.000 jóvenes participaron en acciones contra las fuerzas leales y la policía. Muchos habían sido formados en colegios y asociaciones católicas. El sacerdote Quinto Cargnelutti fue uno de sus referentes; testimonios de la época lo ubican distribuyendo armas en la iglesia del Pilar.

Los comandos ocuparon posiciones, actuaron como francotiradores y colaboraron con las unidades rebeldes. Llevaban brazaletes blancos y armas de todo tipo. Sus protagonistas se pensaban como una “juventud blanca” que salvaba a la sociedad de la decadencia. Detrás de esa imagen heroica también había un profundo desprecio social, era una guerra contra “los negros peronistas” y algunos se jactaron de “ver su sangre correr por las veredas de Córdoba.”

Las tropas leales comandadas por el general Iñíguez avanzaron sobre la ciudad. El 18 de septiembre habían tomado la estación ferroviaria y Alta Córdoba y se preparaban para atacar el centro de la ciudad . Disponían de fuerzas suficientes para derrotar la sublevación, pero el combate urbano podía convertir Córdoba en un río de sangre y causar la muerte de centenares de civiles mal armados, la mayoria de ellos estudiantes secundarios y universitarios.

Al mismo tiempo, la Marina bombardeó Mar del Plata y amenazó atacar la destilería de La Plata, Dock Sud y sectores de Buenos Aires. Los jefes leales informaron a Perón que la situación militar aún era favorable. El Presidente recordó el horror de la Guerra Civil Española que costo un millon de muertos y sostuvo que no aceptaría la destrucción de ciudades y la muerte de miles de argentinos para defender su cargo. Aplicó su  doctrina: primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres.

Ordenó detener la lucha y regresar a los cuarteles. El 19 de septiembre le dijo a su ayudante, el mayor Máximo Cialceta: “Entre el tiempo y la sangre, prefiero el tiempo. Si hemos sido malos no volveremos, pero si hemos sido buenos vamos a volver”. No fue una rendición personal ante una derrota militar , sino la decisión de evitar una guerra civil cuyo desenlace nadie podía prever.

Sus enemigos lo acusaron de cobardía. Meses después, Perón le respondió a Pedro Eugenio Aramburu desde el exilio: “Para usted, hacer matar a los demás en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones es una acción distinguida de valor. Para mí, el valor no consiste, ni consistirá nunca, en hacer matar a los otros”. (…) Si tiene dudas sobre mi valor personal, que no consiste como usted supone en hacer que se maten los demás, el País tiene muchas fronteras; lo esperaré en cualquiera de ellas para que me demuestre que usted es más valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor a que me refiero, sólo se demuestra frente a otro hombre y no utilizando las armas de la Patria para hacer asesinar asus hermanos. Y sepa para siempre que el valor se demuestra personalmente y que, por ser una virtud, no puede delegarse. Hágalo, sólo así me podría probar que no es la gallina que siempre conocí.

La historia demostraría que los vencedores no tuvieron la misma consideración por la sangre ajena.

La libertad de los vencedores

El golpe se presentó como una cruzada destinada a restaurar la República. Sus primeras medidas mostraron otro propósito. El gobierno constitucional fue reemplazado por una dictadura; el Congreso y las legislaturas fueron disueltos; las provincias, universidades y sindicatos quedaron intervenidos. Miles de funcionarios y docentes fueron cesanteados. Se persiguió, encarceló y torturó a militantes y dirigentes sindicales.

El decreto 4161 de 1956 prohibió mencionar a Perón y Evita, exhibir sus imágenes, cantar la marcha peronista o utilizar los símbolos del movimiento. El cadáver de Eva Perón fue secuestrado y ocultado. En junio de 1956, el levantamiento encabezado por el general Juan José Valle fue reprimido con fusilamientos militares y ejecuciones clandestinas de civiles. La mal llamada Libertadora inauguró así un sistema político que pretendía construir una democracia sin la fuerza electoral mayoritaria.

También modificó el rumbo económico. La Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, se devaluó la moneda, se deterioraron los salarios y se desmontaron instrumentos del Estado creados para orientar el comercio y la producción. La frase atribuida al contralmirante Arturo Rial frente a dirigentes municipales resume el espíritu social de muchos vencedores: “La Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo del barrendero muera barrendero”.

No todos los opositores de 1955 mantuvieron luego las mismas posiciones. Muchos jóvenes católicos, radicales, socialistas y universitarios que participaron en la agitación antiperonista terminaron acercándose al peronismo o enfrentando las dictaduras posteriores. Algunos sufrieron en sus propias familias el terrorismo de Estado. Ese recorrido obliga a evitar explicaciones fáciles: la historia está hecha por hombres y mujeres que cambian, revisan sus ideas y también padecen las consecuencias de los mecanismos que ayudaron a poner en marcha.

El golpe de 1955 no resolvió la grieta argentina. La agravó. Al proscribir al peronismo cerró la vía electoral para millones de ciudadanos y alimentó dieciocho años de resistencia, conspiraciones militares y creciente violencia política. Quienes dijeron venir a restaurar la democracia inauguraron una época en la que las Fuerzas Armadas se atribuyeron el derecho de decidir qué gobiernos y qué ciudadanos podían participar de ella.

Perón eligió el tiempo antes que la sangre. Dieciocho años después regresó al país y volvió a ser elegido presidente. Buscó entonces cerrar la vieja fractura y se reconcilió con adversarios como Arturo Frondizi, Oscar Alende, Vicente Solano Lima y Ricardo Balbín.

 La lección de 1955 sigue siendo incómoda y necesaria: ninguna diferencia política justifica bombardear al propio pueblo, derrocar un gobierno elegido ni excluir de la vida pública a una mayoría. Cuando una parte de la sociedad pretende borrar a la otra, la libertad que proclama termina convertida en proscripción y violencia.

*Autor de La Lealtad Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco

«¡No, ahora!»: la tarde en que la CGT le pidió a Evita ser vicepresidenta

Por Emmanuel Bonforti (*)

– El 22 de agosto de 1951, más de un millón de trabajadores colmó la 9 de Julio para pedirle a Eva Perón que aceptara la fórmula presidencial. Ella pidió tiempo. Nueve días después, renunció. La historia de un diálogo político sindical que no se repitió nunca más.

Son las siete de la tarde del 22 de agosto de 1951 y la avenida 9 de Julio es un solo bloque. Más de un millón de personas, la cifra más alta jamás reunida hasta entonces en la Argentina, espera bajo un cielo de invierno a que Eva Perón suba al palco. La CGT convocó el acto con un objetivo preciso: que Evita acepte integrar la fórmula presidencial como candidata a vicepresidenta. No es un homenaje. Es un pedido de la base a su conducción.Lo que sucede en las horas siguientes suele leerse como el prólogo de una derrota. Conviene mirarlo de nuevo. El 22 de agosto la CGT le exige a Evita ser vicepresidenta. El 31 renuncia. Entre una fecha y otra no hay una caída: hay una decisión, tomada con el movimiento obrero entero mirando y luego sufriendo.Una arquitecta, no una invitadaEvita no llega a ese palco como una figura decorativa. Nueve meses antes, el 11 de noviembre de 1951, las mujeres argentinas habían votado por primera vez a nivel nacional, un logro que ella misma impulsó desde el Partido Peronista Femenino, fundado en 1949. Quien está parada frente al Cabildo Abierto es la arquitecta de la incorporación política más grande de la década, no una espectadora de su propio destino.Del otro lado del palco, la convocatoria tampoco es espontánea. José Espejo conduce una CGT que colma las calles para exigir una fórmula que represente plenamente al movimiento obrero, no solo a Perón. El Cabildo Abierto es una movida sindical organizada, con la central obrera como sujeto político activo. Este momento es considerado el período de oro de los trabajadores, una distribución del ingreso en partes iguales entre capital y trabajo, y un movimiento obrero con rol protagónico en política nacional.Evita: «¡No, ahora!»Lo que ocurre esa tarde tiene una singularidad que rara vez se repite en la historia política argentina: un diálogo en vivo, sin protocolo, entre la mujer más importante de la historia argentina del siglo XX y una multitud que quiere una respuesta positiva. Es casi un formato asambleario a escala de nación y todo eso en pleno centro porteño.Evita habla, como solamente ella lo puede hacer. Agradece la convocatoria, evoca el 17 de octubre, dice: «Mis queridos descamisados: es para mí una gran emoción encontrarme otra vez con el pueblo, como el 17 de octubre… Yo no quiero otra cosa que no sea el amor de los trabajadores.» Algo apesadumbrada se la escucha. El clima se espesa, los trabajadores no esperan buenas noticias.Pero cuando llega el momento de responder al pedido concreto, pide tiempo. Un par de días para pensarlo, dice. La multitud no lo acepta. El «¡No, ahora!» recorre la avenida como una sola voz, algunos temerarios amenazas con un paro general si la respuesta no llega en el acto.Detrás de ese pedido de tiempo hay una tensión que la escena no deja ver del todo: y el rumor corre, es la presión de las Fuerzas Armadas, la reticencia de sectores conservadores del propio peronismo y el avance de una enfermedad que ya se conocía puertas adentro del poder. Evita no puede simplemente decir que sí. Tampoco puede decir que no frente a un millón de personas. Elige el silencio, y ese silencio dura nueve días. En las fábricas, en las industrias y en las cocinas de los trabajadores solo se recorre una pregunta: ¿Aceptará Eva?Lo que pasó en el medioEl 22 de agosto es el Cabildo Abierto y la exigencia de una respuesta inmediata. El 31 de agosto, por cadena nacional, Evita comunica su renuncia, que define como «irrevocable y definitiva». Entre una fecha y otra no hubo improvisación, sino una decisión meditada bajo presión cruzada.Leído en esa clave, el renunciamiento deja de ser una derrota personal para convertirse en una lección de construcción política: Evita prioriza la cohesión del movimiento y la protección de Perón por encima de la pretensión propia. Lo dice ella misma en el mensaje radial:«Renuncio a los honores, pero no a la lucha. Mi puesto de lucha sigue siendo al lado del pueblo y junto a Perón.»Y lo remata con una frase que funciona como el resumen más nítido de su proyecto personal, ajeno a cualquier cargo institucional:«Tengo una sola y gran ambición personal: que de mí se diga que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle las esperanzas del pueblo… y que a esta mujer el pueblo la llamaba cariñosamente Evita.»Evita se relega en pos de lo que ella consideraba lo mejor para la Patria, lo que harían los patriotas…. El tiempo más tarde dirá si la decisión fue la correcta o alcanzó para aplacar a la reacción en alza de una Argentina que comenzaba a estar partida al medio producto del incipiente odio gorila que años después se fortalecerá.Una conducción que escuchaba desde abajoEl Cabildo Abierto del 22 de agosto es, también, un caso testigo de una CGT capaz de presionar desde abajo hacia arriba, de exigirle a su propia conducción política sin romper la lealtad. El Cabildo da cuenta también de la centralidad que ocupa la CGT en ese momento. Setenta y tantos años después, esa tensión, entre la base que empuja y la dirigencia que administra tiempos, sigue siendo el corazón de cualquier organización sindical que se precie de viva.Las banderas que sostenían aquella multitud, Justicia Social, Independencia Económica, Soberanía Política, no envejecieron con la coyuntura de 1952 y hoy están más vigentes que nunca desde la necesidad de restablecer la igualdad en Argentina colonial. El otro punto a reflexionar es el protagonismo de la mujer en la organización sindical de hoy, en cada comisión interna, en cada cuerpo de delegadas, tiene una línea directa con aquel Partido Peronista Femenino que Evita fundó tres años antes de subir a ese palco.La historia no siempre le pide a sus protagonistas que acepten. A veces, la lección más grande está en saber cuándo decir que no, siempre y cuando la patria lo necesite.* Columnista de Mundo Gremial: «Memoria de Lucha: Archivo Vivo del Sindicalismo Argentino». Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

¿Quién puso la primera bomba? La violencia política en Argentina

El 15 de abril de 1953, militantes universitarios radicales, pusieron dos bombas en una concentración de Plaza de Mayo con un saldo de 6 muertos y 100 heridos.

Por Aldo Duzdevich*

¿Quién puso la primera bomba? La violencia política en Argentina

Hace más de un año cuando inicie esta serie de notas en LMNeuquén, intentaba indagar sobre la violencia política en Argentina que tuvo su pico en la década del 70. Por fijar una fecha arbitraria comencé por la Revolución del Parque en 1890. Allí nacieron los “boinas blancas” un distintivo de la Unión Cívica, que usaron para diferenciar los bandos en el combate.

La naciente Unión Cívica regó con su sangre el camino de llegar al voto secreto y universal de la Ley Sáenz Peña. Luego escribí sobre las tres de las peores represiones a obreros, que registra nuestra historia: la “Semana Trágica”, la “Represión en la Patagonia” y la “Forestal, todas durante el gobierno de Don Hipólito Yrigoyen.

En mi nota de la semana pasada rescaté positivamente la conducta de Alfonsín y el radicalismo ante la rebelión militar de Semana Santa de 1987. Justamente Roque Carranza uno de los autores del atentado de 1953, fue ministro de Alfonsín, hasta su fallecimiento en 1986.

Alguno se preguntará cuál es mi opinión final de los radicales. Pues mi opinión es que: se equivocan quienes piensan que la historia transcurre en blanco y negro. La realidad dice que la historia transcurre en una infinita gama de grises. La lógica binaria aplicada a la historia y la política, además de poco inteligente, paraliza e impide avanzar hacia objetivos superiores.

Blanco o negro, buenos o malos, son simplificaciones válidas en las películas de cowboys o cuentos infantiles; pero no sirven para entender la complejidad de los procesos político-sociales. Por eso, estudiar la historia, amplía nuestro conocimiento y comprensión, y nos ayuda a discernir el presente con mayor amplitud, para poder proyectar el futuro.

Después de haber sido partícipe y pregonero de la violencia política de los 70, estoy convencido que, al nunca más de los golpes militares, hay que agregarle el nunca más del atajo rápido de la violencia política, que lleva por ejemplo, al reciente intento de matar a una vicepresidenta.

Los Comandos Civiles

Dice la historiadora Mónica Inés Bartolucci : “Hacia finales del gobierno de Juan Domingo Perón, miembros de diferentes partidos políticos (…) junto a estudiantes universitarios mostraron un decidido grado de violencia contra lo que sentían como un proceso de “peronización compulsiva”. Esa confrontación implicó que un conjunto de hombres jóvenes, con buen grado de violencia en los discursos (…) se juntaran en organizaciones clandestinas , para enfrentar lo que consideraron un “régimen” y hablar en nombre del “amor a la patria” o, del “odio a Perón”.

La Licenciada María Sofía Vasallo dice: “En agosto de 1951, civiles que conspiran contra Perón, encabezados por Juan Ovidio Zavala (dirigente radical de procedencia universitaria) colocan “caños” de gelinita sobre las vías y provocan destrozos. Zavala conduce un grupo llamado “Quinto Regimiento”. Su “comisión técnica”, integrada por estudiantes de Ingeniería y de Química, fabrica bombas en un laboratorio céntrico. Zavala edita periódicos clandestinos e interfiere las ondas radiales. Ya había cometido varios atentados contra el peronismo: una granada (que no estalló) para descarrilar un tren de campaña que movilizaba a Perón en las elecciones de 1946; una bomba de humo, guardada en una petaca, en una función de gala en el Teatro Colón para importunar la presencia de Perón y Evita; una bomba contra el consulado español y una herida de bala contra un policía.”

El 28 de septiembre de 1951 se produce el intento de golpe encabezado por el general de brigada Benjamín Menéndez, con importante apoyo de sectores civiles.

A comienzos de 1952, el Servicio de Informaciones de la Aeronáutica logra desbaratar un plan para tomar la Casa Rosada y matar a Perón y a su esposa, comandado por el Coronel José Francisco Suárez.

Recordemos que en noviembre de 1951, en las elecciones presidenciales para el período 1952-1958 Perón obtiene 4.745.157 votos contra 2.706.688 de los candidatos de la Unión Cívica Radical, los conservadores, comunistas y socialistas juntos. Perón consigue dos millones más que todas las fuerzas políticas opositoras juntas. Es decir que más allá de las críticas que se le pudiera hacer, un gobierno que gana con el 63,5 % de los votos, no puede ser considerado no-democrático.

El clima social, inflación y especulación

Dice Vasallo : “Entre 1946 y 1948 los salarios reales aumentaron casi el 40%, alcanzando niveles inéditos. La capacidad de compra de los argentinos se incrementó considerablemente. Mejores salarios para la mayoría, trajo como consecuencia que, muchas veces, no se consigan los productos que han comenzado a poder pagar. Hay desabastecimiento y largas colas en los comercios. El costo de vida sube en forma sostenida entre 1945 y 1951, con una creciente inflación anual. El gobierno argentino enfrenta estos problemas aumentando el control de la actividad económica. El Congreso sancionó dos leyes: en agosto de 1946 (12.830) y abril de 1947 (12.983) . La primera le confiere al Poder Ejecutivo la autoridad suficiente para fijar precios máximos, restringir las exportaciones y racionar los permisos de importación. La segunda ley permite a los funcionarios congelar los precios, embargar mercadería y encarcelar a sospechosos de especuladores por un plazo de hasta 90 días.(…) Los castigos incluyen cientos de pesos en multas, clausuras de negocios por períodos de 5 a 10 días y condenas de 15 a 30 días de prisión.”

Como vemos, 70 años después, se repiten los mismos problemas y similares intentos de solución. Solo que en 1953, las medidas eran bastantes más duras que hoy. El diario Crónica del 15 de abril de 1953 titula en tapa: “Son 667 los comerciantes que están detenidos en Villa Devoto”. En el texto dice “hoy fueron clausurados 35 comercios, cuyos propietarios han sido remitidos a la cárcel.” Y agrega que “fueron decomisados cinco mil cajones de manzanas sustraídas de la venta por los mayoristas Vicente Grasso, Angel Viventi y Antonio Anti, quienes fueron detenidos.”

El desabastecimiento se siente principalmente en la carne, pues los ganaderos obtienen mejor precio en la exportación, que en el mercado interno. Por la misma razón falta trigo, lo que lleva a popularizar el pan negro ( el que hoy comemos para hacer dieta), también se establecen cupos de nafta, y se racionaliza la electricidad con cortes selectivos. La inflación llega al 27% anual, un número muy alto en aquellos tiempos.

En ese marco, la CGT convoca a una gran movilización en Plaza de Mayo, para apoyar al gobierno en su lucha contra el agio y la especulación.

Tres bombas contra la multitud inadvertida

Según investigó Daniel Brion: “El local, de la firma Redondo Hnos., ubicado en la avenida Jujuy 47/51, era el centro de actividades del grupo. Allí solían fabricar bombas, redactar panfletos antiperonistas y organizar reuniones políticas clandestinas.

El miércoles 14 de abril, en ese lugar, el ingeniero Roque Carranza armó tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía 30 cartuchos de gelinita y fue destinada al Hotel Mayo, ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen y que se encontraba en refacciones. Otra algo más potente, armada con 50 cartuchos de gelinita, fue colocada en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, en Rivadavia 409 (actual Banco Francés). Ésta finalmente no estalló, por defectos en el mecanismo de relojería. La última y más poderosa, que contaba con 100 cartuchos, fue colocada en la estación Plaza de Mayo de la línea “A” de subterráneos.”

Muchos de quienes a veces concurrimos a este tipo de manifestaciones masivas, donde la gente se amontona codo con codo, alguna vez pensamos, “que pasaría si un loco pone una bomba aquí”. Ese jueves 15 de abril de 1953, unos locos pusieron dos bombas, que explotaron justo cuando Perón hablaba desde los balcones de la Casa Rosada.

El acto era una tradicional fiesta peronista, con sus cánticos y carteles desplegados. Primero habló el Secretario General de la CGT Eduardo Vuletich. Luego tomó la palabra Perón. Llevaba 14 minutos de discurso cuando estalló la primera bomba en el Hotel Mayo. Una de las cortinas metálicas fue arrancada de cuajo y muchas ventanas y vidrieras quedaron destruidas. Desde el balcón se escuchó y vio la explosión, el tumulto de gente asustada y herida. Durante unos minutos se pudo ver al General Perón impartir indicaciones a algunos funcionarios que estaban junto a él, mientras levantaba sus brazos con la intención de infundir calma en el público. La multitud compacta de la plaza no se movió pero los cánticos mutaron hacia la bronca y el enojo.

Perón retomó el discurso: “Compañeros: estos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba…”. En ese instante se escuchó otro estallido, mucho más potente que el anterior: era la bomba colocada en la estación Plaza de Mayo, de cuyas bocas de acceso comenzó a emanar humo.

Por suerte la que pudo ser más letal, la del Banco Italiano, por la altura y la voladura de mampostería que podía desparramar sobre la gente parada en Avenida Rivadavia, no estalló, y recién fue encontrada un mes después, por la información de los autores del hecho.

El saldo fue de seis muertos y cerca de cien heridos, 19 de ellos mutilados. Por suerte (como se hace en los actos actualmente) la estación Plaza de Mayo del Subte A, estaba cerrada al publicó por el acto. Esto evitó que la cantidad de muertos fuese muy superior. Los fallecidos fueron: Santa Festigiata D’Amico (italiana de 84 años), Mario Pérez (empleado de Transportes de Buenos Aires), León David Roumeaux (dirigente del gremio de los madereros), Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Couta.

Las imágenes de los muertos y heridos, generó una ola de bronca e impotencia en la multitud, que por momentos contagió al orador quien se dejó ganar por el enojo y tuvo palabras muy fuertes, que al final rectificó. Luego Perón siguió con su discurso y se extendió largamente sobre la inflación y el desabastecimiento, propuso establecer el control de precios y convocó a los trabajadores a cuidar los precios y controlar las medidas especulativas. También se refirió a la corrupción de los funcionarios, sosteniendo que sería inflexible y que irían a la cárcel.

Cerca del final de su discurso volvió a referirse al atentado diciendo: “Señores: aunque parezca ingenuo que yo haga el último llamado a los opositores, para que en vez de poner bombas se pongan a trabajar en favor de la República, a pesar de las bombas, a pesar de los rumores, si algún día demuestran que sirven para algo, si algún día demuestran que pueden trabajar en algo útil para la República, les vamos a perdonar todas las hechas.”

En el cierre del discurso, el Presidente pidió a los trabajadores que «regresen a sus casas» y sostuvo: “Compañeros: como en la horas más críticas de nuestra lucha en 1945, pediré a todos los compañeros que, como entonces, estén activos y vigilantes; pediré a todos que vayan al trabajo confiados y decididos. Todos los problemas que puedan presentarse, se resuelven produciendo. A esos bandidos los vamos a derrotar produciendo, y a los canallas de afuera los vamos a vencer produciendo. Por eso, hoy como siempre la consigna de los trabajadores argentinos ha de ser: producir, producir, producir.”

Los incendios por la noche

Al finalizar el acto los grupos más indignados y exaltados por la tropelía de sangre cometida por los comandos antiperonistas, fueron a desquitar su bronca contra algunos sitios emblemáticos símbolos del antiperonismo. La sede del Jockey Club fue prendida fuego, igual suerte corrieron la sede del Partido Socialista, en Rivadavia 2150; la Casa Radical, en Tucumán 1660; y la sede del Partido Demócrata Nacional, en Rodríguez Peña 525. Para la prensa y los historiadores antiperonistas, por supuesto lo trágico y grave fueron los incendios y no el demencial acto de terrorismo contra una multitud indefensa.

Los autores del atentado terrorista

El hecho de detonar bombas en medio de una multitud, claramente califica como acto de terrorismo indiscriminado. Dos años después, vino el bombardeo a Plaza de Mayo con 309 muertos y 800 heridos. Fue el odio antiperonista que inspiró y ejecutó estos dos atentados únicos en la historia argentina. Lo indiscriminado implica que está dirigido contra cualquier persona, viejo, joven, niño, que se encuentre cerca.

Un mes después cuando intentaban fugar al Uruguay fueron detenidos: Arturo Mathov, Roque Carranza, Carlos González Dogliotti, juzgados como autores materiales. Otros acusados de participar fueron: Jorge Firmat, Federico Gotlling, Miguel Ángel de la Serna, Rafael Douek ,los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, y el capitán Eduardo Thölke, quien les proveyó los explosivos.. Mathov y Carranza en los años siguientes fueron destacados dirigentes radicales. Paradójicamente el gobierno radical homenajeó al Ingeniero Roque Carranza, autor del peor atentado terrorista en el subte, poniendo su nombre, a una estación de subte.

¿Quién puso la primera bomba?

Es un título tramposo. En realidad, no debería ser tema en disputa, quién disparó primero, cuantos agravios hubo antes del primer disparo o de la primer bomba. Como sostuve al inicio, la historia no es blanco y negro, buenos y malos; sino que se desarrolla en una infinita gama de grises. Pero además, es necesario estudiarla para conocerla e intentar comprenderla para no repetirla. Perón decía hay que estudiar la historia para aprender del error ajeno, porque el error propio llega tarde y cuesta caro.

A mi criterio, lo importante no es quien puso la primer bomba. Lo realmente importante, sería cómo construimos un pacto civilizado dentro del cual poder dirimir nuestras diferencias, sin bombas, ni pistolas disparando a la cabeza de otros argentinos o argentinas.

P/D Esta es la nota número 100 que escribo en los domingos de LMNeuquén. Quiero agradecer a su Director Juan Carlos Schroeder y su Editor General: Ángel Casagrande, por el espacio que me dan y la libertad de escribir sobre lo que quiero; y además por retribuir mi trabajo intelectual, cosa difícil de obtener en estos tiempos.

*Autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.

https://www.lmneuquen.com/neuquen/quien-puso-la-primera-bomba-la-violencia-politica-argentina-n1012464

Carta de Perón a Kennedy (1962)

¿Qué problema es más grave de cuantos tiene en la actualidad el pueblo argentino? -el de poder vivir con dignidad. ¿Cuál es el estado actual de los hombres de ese pueblo? -el noventa por ciento de ellos se encuentran sumergidos, porque mientras se congelaron sus sueldos y salarios, se han liberado los precios de los artículos esenciales y, en consecuencia, su poder adquisitivo no está en proporción a la necesidad. ¿Qué es lo que debe hacerse? -se comprenderá fácilmente que mientras subsista el actual estado de cosas, nada se conseguirá con enriquecer más a los ricos, como no sea hacer aún más odiosa la miseria en medio de la abundancia. Seria largo enumerar exhaustivamente cuanto se debe hacer para restablecer la justicia social que la mala fe de los actuales políticos ha destruido con las consecuencias que presenciamos, pero existe en el país una extensa legislación social que dejó el justicialismo y bastaría con que se cumpliera la mitad de esas leyes, que hoy son letra muerta, para que en muy poco tiempo cambiara la suerte del pueblo argentino y retornaran los días que todos añoran.

Ha de comprobarse minuciosamente el empleo que se haga del dinero que constituya la ayuda anunciada, estableciendo un control efectivo para que se cumplan las leyes sociales a que nos venimos refiriendo. Debe ser condición imprescindible el restablecimiento de los Convenios Colectivos de Trabajo y del Salario Vital Móvil, como asimismo la elevación inmediata de los salarios hasta ponerlos a nivel con el costo de la vida y el incremento de las fuentes de trabajo. En el pueblo, escéptico ya por la acción de sucesivos engaños, nada se conseguirá silos efectos no se hacen sentir en forma inmediata y sostenida.

No contribuyan ustedes con nuevos errores a que la infamia se siga consumando. Si realmente se intenta ayudar al pueblo argentino, no lo hagan a través de un gobierno que ha demostrado ser su peor enemigo, como tampoco por intermedio de las empresas que han sido las causantes de la actual explotación y miseria, háganlo por las organizaciones sindicales que son las únicas que lo representan y los órganos naturales en la defensa de los intereses populares y profesionales, que no sólo pulsan mejor las necesidades de la masa, sino que también son las instituciones más serias y responsables del país…»

(…) Sin embargo, la situación argentina se arregla en seis meses si se procede atinadamente y en vez de hacer política de comité se dedican los esfuerzos a gobernar con orden, terminando con la anarquía política actual que provoca el mismo gobierno con sus pasiones y desatinos. Porque, al contrario de lo que muchos creen, la crisis argentina actual es más política que económica y social. La pasión política que la violencia del gobierno ha provocado es el origen de todos los males porque el pueblo desalentado ha «bajado los brazos» y las organizaciones políticas y gremiales en permanente lucha, consumen sus energías en, neutralizar las violentas provocaciones del gobierno en vez de colaborar en la tarea común.

En último análisis se trata de una crisis de trabajo: destruido el poder adquisitivo de las masas por el envilecimiento de los salarios, el ciclo económico ha entrado en una grave atonía que ha repercutido catastróficamente en el comercio, la industria y la producción, produciendo no sólo graves quebrantos financieros a la economía privada, sino también provocando un elevado índice de desempleo y disminución progresiva de salarios que ha desanimado a la mano de obra y al trabajo. Semejante circulo vicioso ha provocado asimismo una marcada espiral inflatoria, provocada por un aumento desconsiderado de los precios, que ha roto toda relación entre los salarios y el costo de la vida, en lo que ha colaborado negativamente el gobierno mediante un empapelamiento sin precedentes por emisiones desenfrenadas de dinero.

Los males que aquejan a la Nación Argentina no se ocasionan en falta de riqueza, sino en una terrible desorganización de la misma y del trabajo nacional. No se necesita dinero para remediarlos sino trabajo, trabajo y más trabajo. Para lograr esto no es suficiente con comprenderlo, sino que es necesario poderlo realizar. Los actuales hombres de gobierno no tienen la autoridad moral suficiente ni el predicamento necesario ante la masa popular para lograrlo. Ese es el verdadero problema cuya solución no ha de alcanzarse hasta tanto los hombres y las condiciones no cambien.

Sintéticamente expuesta, ésta es la situación argentina, en relación con el problema que tanto preocupa a su gobierno. He acotado también muy sintéticamente nuestro pensamiento que, puedo asegurar, es también el del pueblo argentino. Me resta pedirle disculpas por la rudeza de mis expresiones pero siempre he creído que la verdad habla sin artificios. Le ruego que, con mi más alta consideración, acepte mi saludo.»

FRAGMENTOS DE LA CARTA QUE LE ENVIARA JUAN PERÓN AL PRESIDENTE J.F.KENNEDY (Julio de 1962)

EVA PERÓN: ENTRE LA SACRALIZACIÓN Y EL MITO

Por Francisco José Pestanha 

 “El futuro que, sin lugar a duda, recordará y juzgará el destino admirable de esta mujer, advertirá que no usufructuó ella de las circunstancias, sino que las circunstancias usufructuaron de ella, como lo hace invariablemente la Historia con las vocaciones (o llamados) individuales que la misma historia usa, y con los cuales realiza o pone “en acto” sus acontecimientos posibles. Eva Perón escuchó ese llamado y respondió a él con heroica fidelidad. ¿Y qué provecho sacó de las circunstancias? La vigilia, el cansancio, la enfermedad y la muerte».

Leopoldo Marechal

La vida, la obra y la muerte de Eva María Duarte (la fe de bautismo data el 21 de noviembre de 1919 bajo el folio 495 emitida por la Capellanía Vicaria de Nuestra Señora del Pilar, Partido de General Viamonte [1]), estuvieron y aún se encuentran sujetas a una serie de manifestaciones socioculturales, sobre las cuales bien vale hacer breve referencia al conmemorarse un nuevo aniversario de su precoz agonía.

– Evita sacralizada –

Mientras una acepción corriente del vocablo “sacralizar” nos remite a un procedimiento mediante el cual suele asignarse o atribuirse carácter sagrado a un elemento o individuo, para nuestro devenir indo-afro-ibero-americano, la sacralización constituye a la vez un fenómeno frecuente, una forma de expresión profundamente arraigada en el sentir y en el obrar popular que, reconocemos, adquiere ribetes complejos. Numerosos autores vinculados a esa matriz epistemológica que en el país constituye el “Pensamiento Nacional” nos han enseñado que en nuestra región, la sacralización constituye un instrumento a través del cual los sectores populares no solamente suelen volcar sus devociones, sino también ciertas expectativas y en cierto sentido además, sus peculiares derroteros. 

Rodolfo Kusch, uno de los pensadores argentinos más originales, sentenciaba al respecto en su valiosísima obra “América profunda” que “…cuando un pueblo crea sus adoratorios, traza en cierto modo en el ídolo, en la piedra, en el llano o en el cerro su itinerario interior…” [2].

De esta forma las circunstancias a las que refiere Marechal en el encabezado y que según él “se aprovecharon de Eva”, no hacen más que ratificar que la sacralización en nuestra América no solo contribuye a reforzar el sentido histórico del sujeto sacralizado, sino que además, lo instituye en presente y en futuro viviente. Arturo Jauretche, en plena sintonía, sostendrá en alguna oportunidad respecto a Evita que “… hay seres en los que se mete la historia y se expresa a través de ellos como si quisiera símbolos vivos que inútilmente la inteligencia trata de explicar”.

– Evita mitificada –

Sobre la abanderada de los humildes ha recaído, además, otro tipo de dispositivo de características no tan originales e imperecederas como el descrito precedentemente, y que supone en alguno de sus sentidos, el despliegue de una operación intelectual tendiente a transformar hechos acontecidos efectivamente o inventados, en relato creíble o plausible aunque la veracidad de tales circunstancias no pueda ser comprobada. 

Me refiero especialmente a la mitificación. Entre otros aspectos mitificados del transcurrir de Evita, hay cuando menos dos a los que suele apelarse con cierta frecuencia y que, a nuestro criterio, han contribuido a desnaturalizar la realidad acontecida. El primero nos vincula a la afirmación de que Evita encarnó per se la efervescencia justicialista, y que su pasión revolucionaria la llevó a ejercer una especie de jacobinismo contrastante con el conservadurismo de quien fuera en vida el conductor del justicialismo. 

El segundo, que su prédica y acción pueden ser perfectamente separadas o disociadas de las del mismísimo Perón, con quien habría mantenido diferencias inconciliables. 

El primero, llevado a extremos, ha llevado a compañeros de fuste como Roberto Surra a sostener que, ante la imposibilidad de negar a Evita, ciertos sectores que en su tiempo la repudiaron y la combatieron, empezaron a exaltarla, “…llegando al colmo de presentarla como a una dama que, látigo en mano, dominaba a su macho (Perón), quien es presentado por esta particular y pintoresca visión de la historia como un timorato dominado por su miedo de perder el poder y temeroso del carácter de su mujer”[4].

He aquí una de las formas que ha asumido el evitismo: un verdadero “artilugio intelectual de manual”, cuyo fin último estuvo orientado a minusvalorar y opacar la obra y la figura de Perón, recurriendo al enaltecimiento acrítico de Eva. Sobre la vida de la jefa espiritual del peronismo, mucho se ha escrito. Alguno de los textos ha aportado valiosísima información y rectificado otra que durante un tiempo fue aceptada sin constatación alguna. Otros constituyen simplemente un verdadero sancocho. Pero de la simple lectura de las obras más serias escritas sobre ella, como del testimonio de los hombres y mujeres que la acompañaron de cerca hasta su muerte, como de sus propios textos que constituyen su herencia, como la comprobada “La razón de mi vida” o el otrora cuestionado “Mi mensaje”, surge incontrastablemente que Evita encarnó la revolución “…no como un acto propio o un gesto individual, sino en el contexto de Juan Perón, su doctrina y su pueblo en marcha hacia la liberación”[5]. 

Ella misma afirmará tajantemente al respecto, tal vez recurriendo a una voz excesiva, pero plenamente sentida, que: “Todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que pienso y todo lo que siento es de Perón”. No existe así testimonio o prueba alguna de que Eva Perón hubiese concebido la revolución peronista sin Perón. 

El segundo de los ardides está orientado a obliterar ese verdadero lazo amoroso que unió a la pareja y la admiración mutua que se prodigaron. 

Desde facciones provenientes especialmente desde un materialismo mistongo, se intentó presentar a la pareja como el producto de una relación de medios a fines, donde ella, en oportunidades, aparecerá como uno de los instrumentos a los que apeló Perón para concretar alguna de sus inconfesables intenciones, y en otras, en menor medida, donde él será presa de las ambiciones extremas de “esa mujer. Nada más alejado de la realidad. 

Más allá de las naturales y lógicas desavenencias que toda pareja sufre en su devenir, en especial cuando se trata en el marco del poder y de las cuales casi ningún vestigio comprobable ha quedado, todos los relatos coinciden en que su relación fue próspera e indestructible, aun a pesar de complejísimas circunstancias históricas y personales que les tocó compartir.

En “Mi Mensaje”, [6] obra póstuma afortunadamente autenticada judicialmente gracias a los ingentes oficios de Fermín Chávez, entre las previsiones conspirativas respecto a sectores de la jerarquía eclesiástica y sospechas similares respecto a militares, Evita ilustrará al lector sobre su lealtad a Perón y reafirmará el proyecto de vida que eligió vivir junto al conductor del justicialismo. Sostendrá allí taxativamente: “Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también, por lo tanto, cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados, allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma. Si Dios lo llevase del mundo a Perón antes que a mí, yo me iría con él, porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños…”

Algunos sobacos ilustrados han recurrido a otras artimañas para transfigurar el sentido histórico de Eva Perón. El ocultamiento de cierta información vital para comprender integralmente a Evita se convirtió en otra de las argucias preferidas. 

Entre otros tantos datos obliterados, se encuentra la profunda fe que nutrió su pensar y accionar. Afortunadamente, registros documentales y testimonios escritos y audiovisuales de, entre otros, su confesor y director espiritual Hernán Benítez y del poeta y amigo José María Castiñeira de Dios, permiten resguardar esa y otra información para las nuevas generaciones. Nadie seriamente puede dudar hoy de que sus creencias religiosas y la espiritualidad profesada por Eva fueron decisivas, y que su vida estuvo plagada de jirones vinculados a tales circunstancias. Eva, según coinciden sus principales biógrafos, mantuvo siempre una profunda fe y promediando su vida, llegó a profesar oración diaria. Valentín Thiebaut, uno de los referentes del legendario periódico oficialista “Democracia”, declarará oportunamente que, entrevistada respecto a las circunstancias de su viaje a Europa, Eva expresó que su encuentro con el Papa fue la etapa más impactante del viaje [7]. 

La influencia de tal encuentro y en especial la de Hernán Benítez, fueron decisivas en la concepción de esa fundación modelo que adquirió virtualidad categórica con posterioridad a aquel derrotero. Roberto Surra en el texto precitado sostendrá enfática e irónicamente que el “evitismo” es uno de los inventos más inteligentes y perversos que concibió la oligarquía para alimentar al anti peronismo. No hay nada más antiperonista que el evitismo, ya que supone una actitud independiente y hasta contrapuesta de los ideales de Perón. Y culmina: Quienes digan amar a Evita, pero no a Perón, deberían leer más, estudiar más, hacer memoria o ¡hacer terapia!

Sin llegar al extremo, las recomendaciones de Surra resultan oportunas para advertir a los lectores respecto a algunos libelos que circundarán en estos tiempos, emergidos inclusive de algunos cenáculos donde suele recalar cierta vulgata revisionista.

* Francisco José Pestanha: Es profesor titular del seminario Introducción al Pensamiento Nacional en la Universidad Nacional de Lanús. 

[1] En “Eva Perón sin mitos”, obra de Fermín Chávez publicada por la editorial Theoría en el mes de febrero de 1996, se halla incorporada, luego de la página 49, copia de la partida original.

[2] Kusch Rodolfo: “América profunda”. Editorial BIBLOS, Buenos Aires, 1999.

[3] Jauretche, Arturo Martín: “Juicios y testimonios”. Suplemento especial de la revista Dinamis. Año 1969.

[4] Surra, Roberto: “Algunas consideraciones en torno al evitismo y una anécdota: Evita ante Franco”. En http://www.nomeolvidesorg.com.ar.

[5] Castiñeira de Dios, José María: “El esfuerzo de Evita era, antes que una misión, una forma de realización personal”. Diario La Opinión, 26 de julio de 1972. Página 16

[6] Perón Eva, Mi mensaje, Ediciones del Mundo, Buenos Aires, 1987.

[7] Chávez Fermín: “Eva Perón sin mitos”. Editorial Teoría. Febrero de 1996. Página 188

De intentos fallidos y restauraciones exitosas

Por Omar Auton

Es indudable que nuestro gobierno exhibía, en 1955, síntomas de agotamiento, mas allá que la crisis económica generada por las sequías, el déficit energético, la ralentización del crecimiento y la inflación, habían sido controlados por el plan de estabilización de Gómez Morales y el tema petrolero parecía encaminarse con los contratos con empresas extranjeras, faltaba un partido político organizado y fuerte que diera la batalla frente a la oposición, hasta un sector de los diputados del Justicialismo, encabezados por John William Cooke se oponía a ratificar en el Congreso los contratos petroleros.

   Perón estaba en su plenitud política, pero comenzaba a mostrar cansancio ante la soledad que lo rodeaba a partir de la muerte de Evita, afirmaba estar rodeado de una corte de adulones y arribistas, fuera de él y algunos pocos más, faltaba el volumen doctrinario y el coraje para enfrentar a la reacción, en términos políticos ésta era un fantoche, el peronismo los aplastaba en cualquier elección, pero los sectores mas reaccionarios de la iglesia y las embajadas, británica y de EE.UU, operaban para fracturar el apoyo mas homogéneo, hasta ese momento, las FF.AA.

   El golpe de 1955 fue la expresión de esos factores, Perón quiso evitar una guerra civil, impresionado por lo que había visto en España y además, quizás, sintió que carecía de la fuerza política organizada capaz de dar el “salto adelante” y reencauzar la revolución.

   Al regresar en 1972  sabía perfectamente que muchas cosas habían cambiado, las FF.AA habían sido expurgadas de militares nacionales, los habían fusilado o dado de baja, un sector importante había sido cooptado por las ideas de la escuela francesa mas reaccionaria y su doctrina de la “guerra sucia” contra el comunismo (para ellos todo lo que no fuera expresión de la sumisión al poder económico de los países dominantes, era “comunismo”), y habían comenzado a integrarse al poder económico, a través del casamiento con las “hijas de la oligarquía” o lisa y llanamente los empleos en empresas, al pasar a retiro.

   El empresariado nacional nacido a partir de 1930 y que tuviera su momento de gloria entre 1945 y 1955, subsistía en la CGE (Confederación General Económica), enfrentada a la UIA (Unión Industrial Argentina) que reunía a lo mas granado del capital foráneo, José Ber Gelbard expresaba a aquel sector, que no se caracterizaba, precisamente, por su coraje para ser una verdadera “Burguesía Nacional”, que buscara la hegemonía en la propiedad de los medios de producción, al estilo de la que llevara a cabo la revolución industrial en Inglaterra, Francia o Alemania.

   El sindicalismo era diferente al que acompañó al peronismo en su primera época, forjado en la Resistencia Peronista, conocía la clandestinidad, la cárcel y la tortura, era una nueva generación que había reemplazado a la conducción cegetista anterior, se había jugado para lograr su retorno y le era absolutamente leal.

   Había un nuevo fenómeno, grandes sectores de la clase media, profesionales, docentes universitarios, jóvenes (muchos de ellos, hijos de familias gorilas), rompían con el pasado antiperonista de este sector y se volcaban al peronismo, era la llamada “Nacionalización de las clases medias”.

   La estructura política del peronismo era, en general, tan oportunista y mediocre como la que había denunciado Perón, los Paladino, Matera, etc habían defeccionado una y otra vez y lo seguirían haciendo, si bien había algunos hombres como Licastro, Fernández Valoni, Taiana o militares como el coronel Vicente Damasco, pensadores militantes como Jauretche, Pepe Rosa o Fermín Chávez, no alcanzaban para ofrecerle a Perón una estructura de apoyo.

   Asimismo, EE.UU había ido cerrando un cerco sobre la Argentina, a los golpes militares de Brasil de 1964, se sumaron los de Bolivia en 1971 y de Uruguay y Chile en 1973, creando un círculo de hierro en nuestras fronteras.

   Perón estaba en su mejor momento, intelectual y político, en los 18 años de exilio había adquirido una visión del mundo, del presente y del futuro, que lo convertían en el estadista mas grande de la historia argentina, nos sorprendió a todos cuando adelantó la cuestión ambiental, alimentaria y de los recursos naturales como el eje de los conflictos futuros, rompió el bloqueo a Cuba, reinició relaciones con la URSS y abrió el camino con la China de Mao Zedong, reseteó el espacio de los países del Tercer Mundo al proponer una tercera vía, la histórica Tercera Posición, frente a los modelos dominantes, ordenó la economía, controló la inflación, etc, todo eso en apenas ¡15 meses!.

   Sin embargo una gran tragedia se desató, los grupos terroristas que habían disimulado su antiperonismo visceral, desconociendo la voluntad popular y los deseos del conjunto del pueblo argentino comenzaron un baño de sangre, rápidamente los servicios de inteligencia de las FF.AA y las embajadas alimentaron la violencia, sometiendo al conjunto de la sociedad al fuego cruzado de los mesiánicos y los paramilitares. Perón hizo todo lo que pudo para controlarlos, se obstinó en impedir el uso de las FF.AA para combatir a Montoneros, ERP y demás, consciente que significaba abrir la puerta a un holocausto, pero tenía 78 años, algunas dolencias físicas preexistentes y su salud comenzó a flaquear.

   Aún así, consciente de la cercanía del final de su vida, lanzó el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, lo presentó al Congreso el 1 de mayo de 1974, como eje para una reforma constitucional, pero murió dos meses después.

   No me voy a detener en la acción de las organizaciones terroristas ni en la conspiración creciente de las FF.AA gorilas y la vieja oligarquía, todo eso ha sido tratado y analizado por decenas de pensadores y militantes, entre los que me incluyo, sí lo voy a hacer en la actitud de la dirigencia política del Partido Justicialista, que no sólo archivó la Ley Agraria aprobada por Perón para transformar al sector agropecuario, congeló el Sistema Nacional Integrado de Salud aprobado por Perón para reordenar el sistema sanitario sino que guardó en un cajón bajo siete llaves el mismísimo legado de Perón, su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, tanto así que todas las carpetas que se habían entregado con su texto “desaparecieron”, debieron pasar mas de 40 años para que el gran compañero Oscar Castellucci, lograra recuperar una de ellas, en manos de la familia del coronel Vicente Damasco, un gran argentino, que fue el alma mater del trabajo elaborado por el grupo de pensadores a quién Perón eligió para esa tarea y publicar, mediante la imprenta del Congreso de la Nación la única versión real y completa del documento.

   La dirigencia no sólo abandonó el legado de Perón sino a Isabel Perón, vicepresidenta por el voto popular y que asume la presidencia a la muerte del general, aparece un grupo “antiverticalista” de legisladores, autodenominados Grupo de Trabajo, integrado por Nilda Garré, Luis Sobrino Aranda, Carlos Auyero, y al que se suma el gobernador de la Pcia de Buenos Aires, Victorio Calabró, que comienza a conspirar para reemplazarla por Italo Luder, el sindicalismo comienza a tener dificultades internas, con algunos sectores que “dialogan” con los antiverticalistas, caído Gelbard es archivado el Pacto Social, el ministro ya carecía de poder después de las muertes de José Ignacio Rucci y el General Perón, Isabel carecía de la estatura de una conductora, o del liderazgo necesario en ese momento, pero estaba cada vez mas sola, como Perón en 1955 y ella no era Perón.

   Lo cierto es que, nuevamente, el Partido Justicialista exhibió su impotencia para asumir una actitud organizada, valiente, doctrinaria, se peleaban por ver quién se acercaba mas a la UCR o a las FF.AA para salvar la ropa, los leales, me refiero a los que no conspiraban para reemplazar a Isabel Perón, dudaban o se llamaban a silencio, había permanentes cambios de gabinete sin lograr definir un rumbo de gobierno, el mismísimo secretario general de la CGT, Casildo Herreras, aparecía en el aeropuerto de Montevideo, pocos días antes del golpe anunciando “Yo me borré”.

   Luego vino el golpe y una larga noche se extendió sobre la patria, el grueso de la dirigencia fué detenida y enviada a la cárcel o al buque Granaderos, pocos de ellos, por lo general dirigentes gremiales como Lorenzo Miguel o Herminio Iglesias, afrontaron con coraje y dignidad esos años. Me refiero a aquellos que detentaban cargos políticos o sociales el 24 de marzo de 1976, no a una nueva generación que comenzaría a aparecer en esos años y que llamada a actuar rápidamente mostró que sufría de varios traumas: 1) Perón ya no existía, 2) El último gobierno peronista había concluido en una tragedia, 3) La Argentina que emergía no tenía nada que ver con la que existió hasta 1976, 4) Las nuevas generaciones desconfiaban del peronismo y su dirigencia, 5) El mundo había cambiado mas que la propia Argentina en esos 8 años y 6) Se había librado una guerra por las Islas Malvinas, habíamos sido derrotados militarmente y todos se afanaban por sepultar esa gesta.

   Por si todo ello no fuera suficiente, en 1983 el peronismo es, por primera vez en la historia,  derrotado en elecciones limpias, la fórmula liderada por Italo Luder y Deolindo Bittel es superada por la UCR de Alfonsín -Martínez, desatando una profunda crisis interna, nace el mote de “Los mariscales de la derrota” para quiénes eran las caras visibles, especialmente las provenientes del sindicalismo. Llamativamente una dirigencia política que no se había caracterizado por su coraje o decisión para enfrentar a la dictadura cuestionaba a quienes, aún con sus errores y falencias habían dado la cara, un ejemplo claro fue Herminio Iglesias que firmó, casi en soledad, la presentación del Partido Justicialista en 1979, ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, mientras el radicalismo se negaba a reunirse, Alfonsín viajaba a Europa y otros dirigentes peronistas, temerosos, se negaban a poner su firma.

   El peronismo estaba en estado confusional, no terminaba de aceptar una derrota “inesperada” por quiénes no advertían que la sociedad argentina, que rechazaba la memoria reciente de la violencia, la crisis económica y el caos de los últimos meses del gobierno de Isabel Perón, del cual casi todos ellos habían sido funcionarios, había comprado la falacia instalada por Alfonsín del pacto “militar-sindical”, se conmovía ante la aparición de enterramientos clandestinos, como decía una canción, solo buscaba “algo de paz”.

   En diciembre de 1984 se convoca a un congreso del Partido Justicialista en el Teatro Odeón de Capital Federal que termina en un escándalo, unos 347 delegados de los 670 convocados, luego de agredir por ejemplo a Carlos Menem, elige una conducción encabezada por Isabel Perón como presidente, José María Vernet y Lorenzo Miguel como vicepresidentes y Herminio Iglesias como secretario general, los disidentes hicieron su propio congreso en la localidad puntana de Río Hondo, el 2 de febrero del año siguiente, si bien mantuvo la presidencia de Isabel, elige como vicepresidentes a Oraldo Britos, Carlos Corach y al dirigente de los taxistas Roberto García.

   Finalmente en julio de 1985 se realiza un congreso de unidad en La Pampa, donde se ratifica la presidencia de Isabel y son designados vicepresidentes Vicente Saadi, Jorge Triaca y Alberto Rodríguez Saá, conservando Herminio Iglesias la secretaría general.

   Aparecía en el horizonte la autodenominada “Renovación peronista” que cuestionaba duramente a la vieja guardia sindical encarnada en Miguel, Iglesias y otros y muy especialmente su conducción en el PJ, la integraban Antonio Cafiero, Carlos Menem, Carlos Grosso, José Manuel De la Sota, Jorge Busti y otros.

   Lo que había era una clara lucha por el poder partidario, las diferencias eran mas formales que sustantivas, todavía se sostenía la presidencia de Isabel Perón, mas que nada como homenaje a sus largos años de cautiverio y la dignidad con que los asumió, pero se pretendía desplazar al sindicalismo de su peso en el partido, se apoyaron en la campaña de desprestigio que el alfonsinismo y el aparato cultural porteño instalaron en la campaña electoral (películas como “La República Perdida” I y II, “No habrá mas penas ni olvidos”) y pese a estar acompañados por dirigentes sindicales notorios por su colaboracionismo con la dictadura (Jorge Triaca y Ramón Baldassini), buscaron desplazarlos de todo poder partidario.

   Al que esto escribe le tocó escuchar de boca de un notorio dirigente renovador porteño la frase “La gente no quiere saber nada con los sindicalistas, no quiere ver a negros con campera de cuero en las listas, es la hora de otro perfil, traje y corbata, discursos moderados y serenos y nada de enfrentamientos o kilombo”, creo que constituye una síntesis del pensamiento dominante, a eso se limitaba el cuestionamiento, nada de revisar las defecciones del pasado, nada de recuperar el legado de Perón que había sido ocultado en las postrimerías del último gobierno, nada de recuperar la vocación mas transformadora del peronismo, se hablaba claramente de “Una democracia de alternancia entre una fuerza mas socialdemócrata (la UCR) y otra mas socialcristiana (el PJ)”, se habían terminado los días de hablar de “revoluciones”, nada de hablar de la deuda externa y menos de la Guerra de Malvinas.

   Sería largo enumerar las características del sesgo que fue tomando la Renovación, el debate sobre la aceptación o no del laudo papal sobre el conflicto con Chile por el Canal de Beagle quizás lo explique, el peronismo se dividió entre el rechazo al mismo, sin una propuesta alternativa, o el apoyo (explícito o silencioso) del resto, es que reinaba un democratismo hueco, meramente institucionalista, que hubiera partidos políticos, elecciones, libertades públicas, sin asumir que las crisis institucionales, los golpes militares, eran la expresión de una crisis mas profunda, del conflicto entre dos modelos de país, de un modelo dependiente, semicolonial y oligárquico y otro que pretende la soberanía nacional, la autodeterminación, la independencia y defiende un esquema productivo autónomo y con inclusión social. Se lo simplificó en un esquema de gobiernos democráticos o dictaduras militares, por ende había que defender la “Democracia”, aunque cuarenta años mas tarde estemos viviendo su crisis por no haber avanzado sobre los temas de fondo.

   En 1985 se realizaron elecciones de medio término, en la Provincia de Buenos Aires triunfó la UCR con el 40% de los votos, pero la noticia fue que en la interna entre “Renovadores” y “Ortodoxos” del peronismo, se impusieron los primeros, que encabezados por Antonio Cafiero derrotaron a los segundos, encabezados por Herminio Iglesias, los primeros obtuvieron el 27% de los votos contra el 12% de los segundos.

   Desde allí hasta 1988, la renovación se adueñó de la conducción del peronismo, logró derrotar en numerosos distritos a la UCR en 1987, se mostró como garante de la democracia ante las sublevaciones de los militares “Carapintadas” encabezados por Aldo Rico y si bien hubo un discurso cuestionador, por ejemplo, de la política en materia de deuda externa, cuando el alfonsinismo envió al Congreso Nacional dos proyectos de ley para privatizar Aerolíneas Argentinas y Entel, fueron rechazados pero no por cuestionar las privatizaciones, sino porque se harían por venta directa y no por licitación.

   Finalmente en 1988, en la única y última elección interna democrática realizada para definir la fórmula presidencial para las elecciones de 1989, Carlos Menem, que había construido su espacio con los “sobrevivientes” de la ortodoxia, como el sindicalismo y las 62 Organizaciones, con un discurso mas disruptivo y parecido a la tradición peronista (Revolución Productiva y Salariazo), pero básicamente con un vínculo directo con las grandes mayorías populares de las provincias, derrotó ampliamente a Antonio Cafiero que supuestamente manejaba el “aparato” partidario y gobernaba la provincia mas grande del país, Buenos Aires, pero cuya imagen atildada y “porteña” sumada a un discurso demasiado parecido al alfonsinismo y crudamente denostador, en el caso de su candidato a vicepresidente José Manuel De la Sota, de las “tradiciones” del peronismo, como era el caso de las 62 organizaciones, le alejaron el voto peronista.

   Perón dijo alguna vez que la política real era la política internacional, que las políticas locales expresaban, de alguna manera, y con los matices de cada país, esas grandes corrientes mundiales, en esos años se produjeron verdaderos terremotos en un mundo que durante los últimos 40 años había tenido un crecimiento económico sostenido, había visto la aparición del “Estado de Bienestar” en los países centrales, y si bien había sufrido la Guerra Fría, el equilibrio atómico y el temor a la destrucción global alejaron las hipótesis de conflicto, permitieron florecer los procesos de descolonización y vieron desaparecer el viejo imperio británico  y las antiguas colonias francesas y holandesas en Asia y Africa.

   Surgen dos figuras claves, la de Ronald Reagan en EE.UU y la de Margaret Thatcher en Inglaterra y con ellas la llamada Revolución Conservadora en el capitalismo, el auge de los negocios financieros, que se disparan con los llamados “Petrodólares”, fruto de la crisis del petróleo de 1974 y las gigantescas ganancias de los países petroleros ante la suba del precio del barril que fueron a parar masivamente a los bancos de las potencias dominantes, generando un negocio especulativo que comenzaba a tener una racionalidad propia, alejada de la actividad productiva, junto con la multiplicación de los paraísos fiscales que permitían la evasión de las ganancias hacia lugares que no preguntaban el origen o la titularidad de esos fondos, no se pagaban impuestos, se multiplicaban las ganancias y todo ello sin necesidad de montar fábricas, pagar salarios o sostener sistemas de seguridad social, todavía no habían aparecido los recursos tecnológicos que años mas tarde darían lugar a las “fintech” o al llamado Tecnofeudalismo , parido por la crisis del 2008, pero esa es otra parte de la historia.

Memoria/Historia, verdad y justicia III

Por Omar Auton

 No dejaremos de lado en este largo análisis el rol de los grupos terroristas de izquierda, en especial el autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo, hubo otros, desprendimientos de éste como el ERP 22 de agosto y el ERP Fracción Roja, o distintos como las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) con sus propios desprendimientos. El ERP fue junto con Montoneros las dos organizaciones más fuertes y activas de esos años, en 1970 el Partido Revolucionario de los Trabajadores surge de la fusión en mayo de 1965 del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) conducido por Roberto Mario Santucho y el grupo Palabra Obrera conducido por Hugo Bressano, más conocido como Nahuel Moreno, y que era un desprendimiento del trotskysmo vernáculo.

   Luego de grandes desavenencias tácticas, en 1968, con motivo del IV Congreso del partido se separan la fracción de Santucho, que pasa a denominarse “PRT El Combatiente”, que construirá su brazo armado el ERP, y el “PRT La Verdad” encabezado por Nahuel Moreno, que años más tarde junto a sectores del viejo Partido Socialista, conformará el Partido Socialista de los Trabajadores.

   En el caso del ERP, decididamente guevarista, muchos de sus miembros provenían de connotadas familias radicales como Santucho, Urteaga, y otros, como Gorriarán Merlo, Pujals o Menna, estudiantes universitarios, hasta 1973 se dedicaron a pequeños robos, armas, desarmar policías y registran un hecho notorio que fue al asalto al Banco Nacional de Desarrollo, a metros de la casa de gobierno, asimismo encararon acciones terroristas, como asaltar una comisaría en Rosario y asesinar al sargento Félix Ocampo y el cabo Eugenio Leiva, irrumpir en la casa del Comandante de Gendarmería Pedro Agarotti, asesinándolo delante de su familia (1972), el asesinato del empresario Oberdan Sallustro, a quién primero secuestraron para pedir rescate y luego asesinaron (1972), asimismo, el 18 de febrero de 1973 un mes antes de las elecciones nacionales del 11 de marzo, realizaron el operativo más importante, hasta ese momento, de una organización armada, el asalto y toma del Batallón de Comunicaciones 141 del Ejército Argentino en la ciudad de Córdoba.

    Luego de la contundente victoria del FREJULI en las elecciones nacionales, en las que por primera vez el peronismo puede participar, más allá que no pudo hacerlo el General Perón, debido a una cláusula proscriptiva del gobierno militar, comienza un debate en las organizaciones armadas, mientras algunos plantean que al no haber ya una dictadura, al haberse realizado, por primera vez en 18 años, elecciones sin partidos proscriptos y por ende, restaurarse la democracia y las libertades públicas debían cesar las acciones armadas y acompañar la voluntad popular, otros, enrolados en el guevarismo y partidarios de la lucha armada, la llamada guerra popular prolongada, consideraban al peronismo una variante burguesa  y por lo tanto se debían continuar sus acciones hasta imponer el socialismo. 

   El resultado fue que algunas fingieron aceptar la voluntad popular pero siguieron con sus acciones. En esos años el blanco preferido eran los dirigentes sindicales, en su soberbia militarista, sostenían que las conducciones sindicales eran “claudicantes”, conformaban la “burocracia sindical”, que debía ser eliminada para “liberar a los trabajadores” de su influencia y éstos entonces recuperarían su conciencia de clase y acompañarían, a los asesinos de sus líderes, en la guerra revolucionaria hasta la toma del poder y la construcción del socialismo.

   Así el 30 de junio de 1969, un mes después del Cordobazo, asesinan al líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, en un hecho que nadie reivindicó en ese momento pero que años después se atribuyeron los líderes de Montoneros, en agosto de 1970 es asesinado José Alonso, dirigente del Sindicato del Vestido y que había sido Secretario General de la CGT, por Montoneros, Dirk Henry Kloosterman, dirigente sindical del Smata es muerto el 22 de mayo de 1973, tres días antes de la asunción de Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima al gobierno, que habían sido votados por el 50% de los argentinos, en este caso los criminales fueron un comando de las Fuerzas Armadas Peronistas Comando Nacional, un desprendimiento de las originales, en ese atentado participó Jesús Ramés Ranier, años más tarde conocido por “El Oso”, este grupo posteriormente se incorporó al ERP, y “El Oso”, que poco tiempo antes había sido detenido y se transformó en colaborador de la policía, fue parte de la logística de esta última organización, hasta que por su intervención se produjeron una serie de caídas en 1975, entre ellas de la mujer y las cuatro hijas de Santucho, que culminó con la masacre del intento de copamiento del Batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno” , donde murieron más de 100 hombres y mujeres del ERP, “batidos” por uno de los asesinos de Kloosterman, devenido en infiltrado del grupo terrorista.

   No puedo omitir transcribir las declaraciones del ERP respecto de las elecciones de 1973, antes de ellas ya adelantaron su visión “Si hay elecciones y gana el peronismo, será el peronismo de Paladino y Rucci y por su trayectoria sabemos que son dirigentes vendidos”, por ello luego de las elecciones lanza su proclama “Porqué el ERP no dejará de combatir, respuesta al presidente Cámpora”, donde reconoce la legitimidad del gobierno electo y anuncia que no lo iba a atacar con las armas, pero advirtió , textualmente que “Respetuosos de la voluntad popular no atacará al nuevo gobierno mientras este no ataque al pueblo ni a la guerrilla…nuestra organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas  y fuerzas armadas contrarrevolucionarias. Pero no dirigirá sus ataques contra instituciones gubernamentales ni contra ningún miembro del gobierno del presidente Cámpora. En cuanto a la Policía, que supuestamente depende del Poder Ejecutivo…el ERP suspenderá sus ataques contra ella a partir del 25 de mayo y no la atacará mientras ella permanezca neutral, mientras no colabore con el ejército en la persecución de la guerrilla”.

   Si no bastara esa demencial declaración para calificar la soberbia militarista y gorila de estos terroristas, he aquí sus acciones

1) El 25/3/73 el ERP toma la Central Nuclear de Atucha

2) El 30/3/73 el conscripto Julio Provenzano, perteneciente el ERP, muere al estallarle un explosivo que estaba colocando en la sede del Comando en Jefe de la Armada.

3) El 3/4/73 el ERP secuestra al contraalmirante Alberto Alemán

4) El 30/4/73 un grupo del ERP 22 de Agosto asesina al vicealmirante Hermes Quijada.

   Todo esto entre las elecciones del 11 de marzo y el 25 de mayo, que asume el nuevo gobierno, que el mismo día dispone un indulto a todos los presos políticos, entre ellos los integrantes de todas las organizaciones armadas, y llama a la pacificación. Ese día militantes de esas organizaciones rodean la cárcel de Devoto exigiendo la inmediata libertad de los detenidos, con el objeto de evitar un enfrentamiento, el gobierno accede. Paradojalmente uno de los que sale de prisión y se fuga es Francois Chiappe, un francés que había llegado al país como miembro de los paramilitares franceses que entrenaron al Ejército Argentino en la lucha contrarrevolucionaria, como ya mencionamos anteriormente, que estaba detenido por “contrabando”.

   Dispuestos a llevar su acción terrorista a pleno, la mayoría de los presos de estas organizaciones liberados por el gobierno, retornaron a las acciones clandestinas y a atacar al gobierno democrático, así el 6 de setiembre de 1973 un comando del ERP ataca el Comando de Sanidad del Ejército Argentino, fracasan y 13 integrantes son detenidos y remitidos a la Superintendencia de Seguridad Federal, permaneciendo detenidos hasta 1983, los atacantes asesinaron, antes de rendirse, al teniente coronel Raúl Duarte Hardoy.

   Retomando a Ramos, en la obra citada, hago mía su definición “El ERP no ocultaba su repulsa al peronismo y lo expresaba abiertamente. Lo más claro de su sigla es que no era un ejército, no era revolucionario ni había pueblo entre ellos”.

   Si bien Perón había regresado al país el 17 de noviembre de 1972, permaneció sólo un mes, inhabilitado para ser candidato por no haber regresado antes del 25 de agosto, Cámpora tampoco podría haber sido candidato ya que la cláusula además de estar en el país antes de esa fecha exigía que no se saliera a partir de ella y Cámpora había viajado al exterior, lo cual revelaba que la proscripción tenía nombre y apellido. Finalmente se estableció el 20 de junio como fecha de su regreso definitivo, ese día se decidió hacer un acto gigantesco en Ezeiza, con un palco a la altura de Av. Richieri y Puente 12, mirando hacia Capital, de manera que los asistentes se desplegaran en esa inmensa superficie, dejando libre el trayecto desde el aeropuerto hasta el palco.

   Ese día quedó a la vista de todos el enfrentamiento entre Montoneros y Perón, jóvenes que integraban la Juventud Peronista de las regionales, la denominada Tendencia Revolucionaria, comentan hoy la preocupación que les causó cuando escucharon de boca del líder máximo de Montoneros que las consignas eran “Perón, Evita, la Patria Socialista” y “conducción, conducción, Montoneros y Perón”, o sea que se instalaba claramente la decisión de disputarle a Perón la conducción de su movimiento, o al menos compartirla.

   Para ello la táctica era ocupar toda la superficie más cercana al palco, copar el frente de la multitud, para “mostrarle a Perón” quién había movilizado al pueblo, que en un número, según los medios de la época, ascendía entre uno y dos millones de personas, en un país de 24 millones, o sea que casi un 10% de la población del país acudió a recibir a su líder.

   Más allá del panfleto de ficción de Verbitsky, que se transformó en versión oficial de las organizaciones armadas hasta 1976 y del progresismo a partir de 1983, libelo sobre el que no me voy a detener, invito a leer en este mismo blog (elespacio.blog) el excelente trabajo de Aldo Duzdevich “Ezeiza, la masacre que no fue, y el relato que quiso justificar la violencia”, lo cierto es que el tiroteo se produjo cuando al llegar las columnas de la JP se encontraron que todo el espacio adyacente al palco estaba ocupado por columnas sindicales y de otros agrupamientos juveniles y pretendieron entrar igual desplazando a los que ya estaban y/o flanquear el palco para rodearlo por detrás, los que los enfrentó con quiénes estaban a cargo de la seguridad, que debía mantener abierto el camino para el ingreso de los autos que vendrían del aeropuerto.

   El resto fue un pandemónium, corridas, tiros, el avión que traía a Perón fue desviado a la base militar de Morón y el acto suspendido. Como asistente al acto debo decir que lo que viví fue la desconcentración más amarga que haya visto en mi larga vida, miles de mujeres, hombres y niños que habían viajado desde todo el país con la sola motivación de recibir a su líder, al hombre que encarnaba todas sus esperanzas, caminando cabizbajos, con lágrimas en los ojos, algunos envueltos en banderas partidarias o argentinas, con una mezcla de desilusión y rabia.

   A partir de ahí se aceleraron los acontecimientos, Campora y Solano Lima renunciaron y se convocó a nuevas elecciones para el 23 de setiembre, Perón hizo su discurso en cadena nacional, denunciando a “los infiltrados” y haciendo un llamado a deponer los enfrentamientos. A todo esto viene bien aclarar que en el enfrentamiento de Montoneros con la dirigencia sindical, hasta ese momento, las balas habían venido de un solo lado, varios dirigentes sindicales habían sido asesinados, no existían las mentadas “patotas armadas” baleando dirigentes juveniles o de la izquierda, de ahí que en el no menos célebre discurso de Parón, el 1 de mayo de 1974, este mencionara a “Una dirigencia sindical prudente, que ha visto caer a sus líderes sin hacer tronar el escarmiento”.

   El 23 de setiembre de 1973, la Fórmula Perón-Perón, obtiene el 61,86% de los votos, la victoria electoral más rotunda de la historia argentina, menos de 48 hs después Montoneros asesina a José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT y pilar del retorno de Perón al país y al gobierno, en su jerga había que “Tirarle un muerto arriba de la mesa” para obligarlo a negociar. Ni siquiera tuvieron el valor de asumirlo, en principio solo lo anunciaron a los más allegados a la cúpula terrorista, más tarde, indirectamente, lo reconocieron en un editorial de su órgano oficial “El Descamisado” cuando Dardo Cabo inicia su editorial “La cosa, ahora, es como parar la mano”, a la fecha algunos sobrevivientes de la conducción siguen negando la autoría aunque investigaciones periodísticas han revelado el nombre de quién dirigió el operativo.

   El ERP que nunca había abandonado la violencia, ataca el 19 de enero de 1974, la guarnición militar de Azul, en la Provincia de Buenos Aires, conducidos por Gorriarán Merlo e Irurzún, dos de sus principales cabecillas, fracasan en su intento, en su retirada asesinan al Coronel Camilo Gay y su esposa y secuestran al Coronel Ibarzábal, al que retienen en cautiverio durante diez meses antes de ejecutarlo, el gobierno nacional interviene la Provincia de Buenos Aires, a los pocos días Santucho anuncia “De los hechos expuestos, surge con claridad meridiana que el verdadero jefe de la contrarrevolución, el verdadero jefe de la política represiva…es precisamente el General Juan Domingo Perón”.

   No voy a rotular esta conducta, como el ERP se autodefinía “Trotskysta” lo mejor es recurrir a León Trotsky, en 1911 y para “Der Kampf”, revista socialdemócrata alemana dirigida por Kautsky, escribe “El atentado, aún el que tiene éxito, ¿Acarrea la desorientación en los círculos dirigentes? Eso depende de las circunstancias políticas concretas, en todo caso se trataría de una perturbación de corto tiempo. El Estado capitalista no reposa sobre ministros y no puede ser destruido, destruyendo sus ministros, encontrará enseguida otros servidores, el mecanismo continúa intacto y sigue funcionando. Pero la turbación que los atentados terroristas acarrean a la clase obrera son de una gravedad mucho más profunda. ¿Si basta con armarse de un revólver para alcanzar los objetivos, para qué entonces los esfuerzos de la lucha de clases?, ¿si basta con un poco de pólvora y plomo para atravesar la cabeza del enemigo, para que sirve entonces la organización?, ¿Si los grandes dignatarios pueden ser intimados por el ruido de una explosión, para qué sirve el partido, para qué sirve la agitación, para qué las reuniones, para qué las elecciones, si se puede tan fácilmente tomar por blanco, desde las tribunas del parlamento, el sillón de los ministros? El terrorismo individual es, precisamente, inadmisible a nuestros ojos, porque rebaja a las masas frente a sí mismas, las reconcilia con su impotencia y orienta sus perspectivas y sus esperanzas hacia el gran vengador, el liberador, que vendrá un día y cumplirá su obra”.

   Estas palabras del dirigente bolchevique y artífice de la Revolución Rusa, me eximen de comentarios para definir a un grupo de iluminados, que se subrogan el derecho al terrorismo, supuestamente para hacer una revolución que otorgará el poder del Estado a los trabajadores, pero sin que ellos participen en el proceso revolucionario. Más grave aún resulta que hagan todo eso asumiendo una filiación ideológica que, o bien es falsa o bien revela que nunca han leído a su ideólogo, ya que como hemos visto descalificaba al terrorismo individual.

   Largo sería enumerar los desatinos criminales que las conducciones de estas  organizaciones llevaron adelante hasta llegar al golpe del 24 de marzo de 1976, el pase a la clandestinidad de Montoneros el 6 de setiembre de 1974, dejando expuestos a ciento de militantes de superficie, estudiantiles, sindicales y sociales, que no podían abandonar su vida laboral y pasar a vivir en “casas operativas” en medio, ahora sí, del fuego cruzado de las organizaciones como el C de O y la CNU, las bandas criminales de la Triple A y la fuerzas policiales, el ataque al Regimiento  de Infantería de Monte 29 en Formosa, en octubre de 1975, donde fueron asesinados 10 soldados conscriptos, y el intento de conformar una guerrilla en el monte tucumano, asociados al ERP.

   Estos últimos, a su vez, luego de los fracasos en tomar el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 141 de San Luis, el Batallón de Comunicaciones 121 de Rosario y el Regimiento de Infantería Aerotransportada 17 de Catamarca, logran copar la Fábrica Militar de Explosivos de Villa María, llevándose secuestrado al Coronel Argentino del Valle Larrabure, quien permaneció 372 días en una “cárcel del Pueblo” hasta ser asesinado. Como represalia por  las muertes de 16 combatientes, mientras huían luego del frustrado ataque al regimiento de Catamarca, anuncian que van a “ejecutar” a nueve oficiales del ejército, estuvieran o no vinculados a los sucesos mencionados, en palabras de Gorriarán Merlo “Atentaríamos indiscriminadamente sobre oficiales del ejército hasta igualar a los compañeros asesinados en Catamarca”, (indudablemente nunca habían leído el artículo de Trotsky de 1911), tuvieron éxito en los nueve asesinatos, pero en el último, al atacar al capitán Humberto Antonio Viola, logran darle muerte pero matan también a su hija de 5 años y dejan herida, con disparos en la cabeza a su otra hija de 3 años.

   Podría seguir enunciando hechos que demuestran hasta el hartazgo la actitud criminal, soberbia, gorila y antipopular de los jefes de los grupos terroristas, sobre como apostaron al golpe de Estado a fin de “agudizar las contradicciones”, el mesianismo de imaginar un escenario donde ante el golpe el pueblo se iba a volcar hacia las “organizaciones armadas” y de ahí, mediante “la guerra popular” iban a tomar el poder y construir el socialismo.

   Podría escribir sobre como desde el exilio, la conducción de Montoneros (que hacía conferencias de prensa vestida con uniforme militar) en París y Madrid, calculaba que si perdían 1.500 militantes, era una “cifra razonable” y más tarde ordenaba una contraofensiva, en 1979, que se transformó en una masacre, porque el pueblo argentino “se iba a poner bajo su conducción en cuanto llegaran y la dictadura, que según ellos ya estaba retrocediendo, seria derrotada”.

   Podría escribir sobre la responsabilidad de esas conducciones en la muerte o desaparición de miles de jóvenes, militantes, convencidos de la necesidad de hacer una revolución que terminara con las injusticias y fueron llevados al “matadero” en acciones y enfrentamientos condenados al fracaso de antemano, donde sumaban derrota militar tras derrota, pero eran “victorias políticas”.

   Podría escribir sobre como sus actos fueron funcionales a la conspiración golpista de las Fuerzas Armadas, que los dejaron actuar, pese a tenerlos totalmente infiltrados, para debilitar al gobierno constitucional, prueba de ello es que las organizaciones que “Estaban listas para derrotar al ejército y tomar el poder” fueron aniquiladas en menos de un año.

   Sin embargo es necesario dejar aclarado que nada de esto disculpa el terrorismo de Estado, desatado a partir del 24 de marzo de 1976, salvaje, brutal, inmisericorde en lo humano y cipayo, antinacional y entreguista en lo político, Perón, mientras vivió, se opuso terminantemente a la intervención militar para combatir a la guerrilla, sabía que eran las fuerzas armadas que bombardearon Plaza de Mayo en 1955, fusilaron ilegalmente y en basurales en 1956, acompañaron o ejecutaron políticas de entrega entre 1955 y 1973, eran ferozmente antiperonistas y sumisas al imperialismo, no había tenido tiempo de reformarlas.

   Finalmente, el golpe no se llevó a cabo para pacificar el país o terminar con la “subversión”, eso ya lo habían hecho, se hizo para liquidar al peronismo, al país industrial y con una clase trabajadora organizada y poderosa, liquidar una generación que era la que Perón soñaba protagonizara el “Transvasamiento Generacional” para el proyecto nacional, para ello contaron con dirigentes terroristas tan gorilas como ellos, tan soberbios como ellos, que despreciaban al pueblo como ellos y mesiánicos como ellos, fueron las dos caras de la misma moneda y los argentinos las víctimas de tanta demencia criminal. 

Memoria/Historia, Verdad y Justicia II

Por Omar Auton

 En el capítulo anterior vimos cómo se llega a los estallidos populares de 1969, especialmente al Cordobazo, venía a cuento recordar cómo nace ese suceso, quienes los convocan, más allá de haber omitido, por error, incluir a Agustín Tosco, líder del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, dado que a 56 años de aquellas jornadas, el aparato cultural de la izquierda insiste con pretender que fue ese sector quién lo impulsó, callando incluso que en la asamblea que se hace en la Universidad, el día anterior, toda la izquierda con el PC a la cabeza votó en contra de adherir a la marcha, porque había sido convocada por la “burocracia sindical”.

   Asimismo las plantas de Materfer y Concord de la Fiat, donde luego aparecen los sindicatos clasistas de Sitrac y Sitram, informadas del paro y movilización convocados, dieron asueto a sus trabajadores, que por ende no participaron, el propio René Salamanca, luego líder de estos gremios, siempre reconoció no haber participado.

   Si estuvieron algunos integrantes del grupo Córdoba de Montoneros que en ese entonces militaban en el Integralismo universitario y que más tarde se sumaron a la organización, pero ni ésta ni el PRT del que luego una fracción creará el ERP, tuvieron participación o incidencia en el Cordobazo. Estas jornadas pusieron a la luz la inviabilidad y mesianismo del plan de Onganía, el verdadero jefe militar era el General Alejandro Agustín Lanusse, furioso antiperonista que había sido dado de baja del ejército por adherir al intento golpista de 1951 y arrestado. Posteriormente, la Revolución Libertadora lo reincorpora y devuelve su grado.

   Depuesto Onganía, Lanusse era renuente a asumir la presidencia y se designa al general Roberto Marcelo Levingston, que ni siquiera estaba en Argentina. Este golpe de timón de la Junta de Comandantes en Jefe se hizo inevitable luego de, en primer lugar, un segundo estallido popular en Córdoba, conocido como El Viborazo, y por el secuestro, ese mismo día del general Pedro Eugenio Aramburu, líder junto al almirante Isaac Francisco Rojas del golpe de 1955 y responsable, también, de los fusilamientos de junio de 1956, donde 11 militares fueron asesinados en base a decretos de pena de muerte, 12 civiles fueron fusilados en los basurales de José León Suarez, de los cuales 5 murieron y 7 sobrevivieron y seis, entre ellos un  coronel, un capitán y cuatro civiles fueron muertos en Lanús.

   El secuestro de Aramburu fue realizado por un grupo autodenominado Montoneros, el comando de Capital encabezado por Fernando Abal Medina y donde formaban parte Gustavo Ramus, Norma Arrostito, Mario Firmenich, y existía otro grupo en Córdoba integrado por Emilio Maza, Ignacio Vélez, Héctor Araujo, Carlos Capuano, Luis Losada, José Fierro, Susana Lesgard y otros.

   Al comienzo se desconocía la identidad de los integrantes de Montoneros, especialmente de los que habían planeado y ejecutado el secuestro de Aramburu, pero el 1 de julio de 1970, cuatro grupos de la organización protagonizan la toma de la ciudad de La Calera, en Córdoba, cuando quisieron escapar tuvieron problemas en un auto y varios fueron detenidos, Emilio Maza, Ignacio Vélez y su esposa Cristina, se refugian en una casa pero son encontrados y Maza y Vélez, heridos, son hechos prisioneros junto con la esposa del segundo, en el allanamiento, se encuentra un permiso para manejar un auto, emitido por Norma Arrostito a nombre de Emilio Maza, comenzando la persecución sobre el grupo de Capital Federal. 

   Maza muere a raíz de sus heridas y Vélez logra sobrevivir, la esposa de Aramburu reconoce una foto del primero como uno de los “oficiales” que ingresó a su departamento para “detener” al jefe de la Libertadora.

  En poco tiempo ambos grupos son prácticamente desmantelados, Abal Medina, Ramus y Capuano Martínez son asesinados por las fuerzas de seguridad, Vélez, Losada y Lesgard detenidos (esta última fue asesinada en la cárcel de Trelew el 22 de agosto de 1972), y la misma suerte corren gran parte de sus militantes.

   Muchos de ellos provenían de grupos católicos, habían estudiado en liceos militares o en el Colegio Nacional de Buenos Aires, militantes de la juventud católica participaban en retiros espirituales en zonas pobres de Chaco, Santa Fe y otras provincias, sus confesores eran jóvenes sacerdotes que militaban en lo que luego fue el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, para ellos el peronismo era “El hecho maldito del país burgués, era la identidad política a través de la cual se expresaban la clase obrera y el pueblo, los explotados, en esa etapa histórica…Veíamos en el peronismo al proyecto político que dio fuerza y organización al proletariado…peronismo y antiperonismo no eran sino la forma en que en nuestro país dependiente, se expresaba la lucha de clases.”(1)

   Ramos dirá “Sus miembros han perdido la fe en la sociedad oligárquica, el ejército ha pisoteado ante el silencio de la oligarquía, los ideales de cultura y las ocasionales libertades democráticas. Por este proceso disolutivo, la clase media desata su cólera a través de la furia destructiva de algunos de sus hijos más resueltos. Al matar a algún gran empresario, la pequeña burguesía venga, de algún modo, la bancarrota de la empresa modesta (16.000 capitalistas pequeños y medianos quiebran durante los 6 años de dictadura militar), y al asesinar a Aramburu, en cierta manera juzgan sangrientamente las viejas creencias de sus padres…la lucha armada brota de una sociedad encendida por una guerra civil o una guerra nacional…Pero nunca, en ninguna parte del mundo, un grupo insignificante, ni siquiera un partido considerable, han podido decretar la lucha armada a espaldas de la situación económica y política de una sociedad real…Esta lucha armada sui generis solo tiene un nombre (muy viejo) terrorismo”(2).

  Es que tal como lo revela el mismo documento producido por Ignacio Vélez, ninguno de estos jóvenes de clase media tenía o había tenido participación alguna en las luchas de la Resistencia Peronista, o de la clase trabajadora argentina, incluso cuando se refiere al Cordobazo expresa “Era tan fuerte la conciencia del destino manifiesto del grupo, tan clara la decisión, que el Cordobazo nos pasó de lado”, este vanguardismo de iluminados, atosigados de las lecturas revolucionarias de la OLAS, de un marxismo precario “cubano” es decir limitado a la decisión de “construir el socialismo con la lucha armada”, su vinculación con el peronismo era meramente instrumental y oportunista, reconocen “En esa época no teníamos ninguna relación con el Partido Justicialista, al que nunca estuvimos afiliados…en realidad sentíamos por el PJ un profundo desprecio” convengamos que no habla del PJ actual, en cuyo caso sería comprensible, sino de un partido Justicialista que llevaba 15 años proscripto, perseguidos sus dirigentes y su líder en el exilio.

   Es imprescindible aclarar que Vélez no celebra estas actitudes, las menciona en un trabajo fuertemente autocrítico y muy valiente, donde asume que “La concepción militarista (foquista) triunfaba en toda la línea sobre la estrategia de construir el poder político y social recreando el movimiento desde la base”, que aclara que “a partir de nuestra detención en julio de 1970 (el grupo al que pertenecía) comenzó a plantear posiciones críticas en relación al accionar de la organización, lo que provocó nuestra separación en 1973…Este proceso de discusión crítica se produjo en la cárcel mientras en “el exterior” se profundizaba en un accionar de la organización que considerábamos desviaciones, producto de concepciones erróneas”.

   Lamenta Vélez, que pese a estar integrado el grupo por miembros fundadores de Montoneros, la conducción jamás respondió a sus reclamos de un debate, por ello al salir libres con la Amnistía del 25 de mayo de 1973, se unieron al grupo de Córdoba denominado Columna Sabino Navarro que habían asumido su documento como propio.

   Me he detenido en estas dos visiones, porque creo que las definiciones de Ramos pueden parecer en principio muy duras y descalificadoras, políticamente, sin embargo la lectura detenida de este documento, que recomiendo, confirma sus opiniones, de aquel momento.

   Como puede verse el “huevo de la serpiente” estaba instalado desde un principio, la falsedad de anunciarse como peronistas no siéndolo, el vanguardismo típico de la clase media que subestima a las masas y en particular al “proletariado” del que tanto habla, enfermos de foquismo, militarismo y violencia, partidarios de un marxismo superficial y teórico, desaparecidos sus jefes iniciales y el grueso de sus miembros fundadores antes del regreso del peronismo al gobierno el 25 de mayo de 1973, habían iniciado su deriva que lo llevaría al enfrentamiento no sólo con Perón, el Partido Justicialista y la CGT, sino con el pueblo peronista en su conjunto.

  Ahora bien ¿Fue Perón un viejo maquiavélico, manipulador y traidor que engañó a estos jóvenes, idealistas e ingenuos?

   Esto es absolutamente falso, una leyenda infame creada, entre otros por los Bonasso, Verbitsky, José Pablo Feinmann, y otros falsificadores que desesperados por crear la leyenda de los jóvenes bien intencionados, que quisieron construir un mundo más justo y ofrendaron su vida en ello, engañados por ese milico que ya había usado a Evita y ahora lo hizo con ellos, no se detuvieron hasta tener éxito, lo lograron porque el periodismo se aferró a esa imagen de Perón, ello permitía volver a proscribirlo, en este caso a su pensamiento, obra y legado, nos escamotearon, quizás, el mejor Perón.

   Del delirio de la lucha armada se encargó la historia, miles de muertos, desaparecidos, torturados mostró el rostro letal, trágico, en toda América Latina, de ese desvarío al que el fanatismo, la soberbia, los delirios vanguardistas e iluminados del guevarismo condujeron, en 60 años solo acumularon derrota tras derrota, fracaso tras fracaso, el derrotero para entender que las revoluciones son obras de los pueblos, organizados y conscientes de su destino colectivo y no de minorías armadas, actuando al margen de ellos, está teñido de sangre.

   Perón fue muy claro, siempre, trató de acercarlos a su movimiento, especialmente a través de viejos militantes como El Kadri, Rulli, etc., los escuchó y les explicó en qué consistía su visión del socialismo nacional, que nada tenía que ver con el marxismo, dentro de lo que dio en llamar la guerra integral contra la dictadura, a la lucha sindical, política, sumó las acciones armadas como un método para acorralar a los militares y obligarlos a llamar a elecciones, por eso los llamó formaciones especiales, eran una variante táctica más, que además le acercaba a los grupos de clase media y universitaria históricamente renuentes a su prédica, jamás los ungió como sus herederos y muchísimo menos como reemplazantes de las demás formas de lucha, era militar, algo sabía de guerras.

   Cuando la dictadura, de acuerdo a la estrategia descripta, fue quedándose sin salidas, era inminente el llamado a elecciones y sobre todo, el regreso de Perón a la patria, les ofreció espacios en el futuro gobierno y les dijo que ellos iban a ser los sucesores naturales a través del  transvasamiento generacional, pero que en la etapa que venía había que reconstruir todo lo que la oligarquía había destruido en los 18 años de proscripción pero, de todas maneras no eran simplemente promesas a futuro, reiteró su oferta de ir ocupando espacios en el gobierno, Firmenich le respondió con un listado de quiénes debían ocupar todos los ministerios y secretarías, superada la sorpresa inicial, les ofreció el Ministerio de Bienestar Social, el de Educación, la conducción de la UBA, y varias gobernaciones, la conducción montonera, que llevaba apenas dos años como peronista rechazó la propuesta.

   El poderío militar de las organizaciones armadas era a fines de 1972 escaso, la mayoría de sus cuadros estaban presos o habían sido muertos, Montoneros no era la excepción, sin embargo habían logrado el cariño y respeto de miles de peronistas, veían en ellos a jóvenes que habían roto con su pasado gorila y se habían volcado al peronismo, reconocían su coraje, arrojo y espíritu de sacrificio, sentían además que al sumarse en esta última etapa por el regreso de Perón a la patria habían hecho un importante aporte, era más fuerte el respaldo de masas, especialmente en los jóvenes, que el poder de fuego, pero Ignacio Vélez es muy claro, habían elegido otro camino.

   Pero es necesario insistir con el análisis de cual era en realidad su pensamiento, me refiero por supuesto al de sus jefes, ya vimos que no eran peronistas en sus inicios, tampoco lo eran después, en 1973, en la célebre ”Charla de la conducción nacional ante las agrupaciones de los Frentes” (3), Firmenich dice : “Perón en lugar de reservarse el liderazgo continental y conformar el frente continental, vuelve a ocupar la Presidencia de la Nación, pero este es un índice de retroceso del proyecto estratégico, es decir Perón tiende a acumular el poder en la Argentina porque ha fracasado el proyecto latinoamericano…Perón tiende a producir una acumulación de poder dentro del régimen constitucional, cosa que es imposible y busca la negociación con los países del cerco para romper el cerco y la negociación con el imperialismo yankee… Nosotros, en general, no conocimos el gobierno de Perón…Hoy, que está Perón aquí, Perón es Perón y no lo que nosotros queremos, Para hacer una caracterización de Perón hay que comenzar por ver y conocer en profundidad su pensamiento, cosa que en rigor, generalmente no conocemos. Ese pensamiento está escrito en una cantidad de libros, en discursos, en cartas, etc., está expresado hoy en hechos concretos, Perón se define a sí mismo y define a su movimiento, para lo cual inventa una palabra: justicialismo, y lo define como una tercera posición, ¿Que es la tercera posición?, la tercera posición es una tercera posición ideológica equidistante entre el demo liberalismo capitalista e imperialista y el socialismo internacionalista marxista”

   “Es decir, en rigor el socialismo nacional no es el socialismo, lo que Perón define como socialismo nacional es el justicialismo. Incluso, un libro que nosotros, o la mayoría de nosotros, no ha leído, La Comunidad Organizada es el que fija el pensamiento filosófico de Perón, es la ideología de Perón, la ideología de Perón es contradictoria con nuestra ideología, nosotros somos socialistas…Entonces, en la caracterización del Socialismo Nacional, en rigor, no pensamos exactamente igual Perón y nosotros y en el análisis que hace Perón de la historia de la humanidad tampoco pensamos igual…Perón sabe que nuestra posición ideológica no es la misma que la de él y de ahí que tiene una contradicción que vaya a saber cómo la resolverá.

   “La conducción estratégica para Perón, como es públicamente conocido es unipersonal, es el  conductor y los cuadros auxiliares. Eso es contradictorio con un proyecto de vanguardia, en donde la conducción estratégica la ejerce una organización…la única acumulación de poder válida es el poder militar…Perón nos denominó de entrada formaciones especiales, porque en su proyecto político e ideológico no cabe la noción de vanguardia organizada.

   Vayamos ahora, para terminar, a uno de los párrafos que mejor expresa la ideología y definición política de Montoneros en boca de su jefe, Mario Eduardo Firmenich “Si no somos formaciones especiales y lo que hay es un proyecto político ideológico, que tiene su implementación estratégica, entonces no hay que disolverse sino que hay que lograr la conducción del Movimiento Peronista para transformarlo en Movimiento de Liberación Nacional total, es decir que se constituya en una herramienta político militar que desaloje a los elementos que distorsionan la esencia…nuestra ideología es el socialismo, porque el socialismo es el estado que mejor representa los intereses de la clase obrera…es decir, creemos que existe la lucha de clases, creemos que existen las clases sociales, que la lucha de clases presenta contradicciones, que hay contradicciones que se resuelven de una manera y contradicciones que se resuelven de otra, eso es lo que tomamos del marxismo”.

   Quizás resulte aburrida la lectura de tan extensos párrafos, sin embargo considero que constituyen la demostración más contundente que la conducción de Montoneros no era ingenua ni fue engañada, que tenían una ideología y doctrina diferente al peronismo, que practicaron el entrismo de una manera descarada, imaginando cercana la muerte de Perón y la posibilidad de quedarse con la conducción del peronismo por las armas, que sabían que Perón lo había descubierto y por eso los definió como infiltrados, estaban enfermos de vanguardismo y militarismo, todo ello en un cóctel siniestro que sólo podía concluir en una tragedia.

   Perón hizo todo lo humanamente posible por rescatarlos, cuando asumió el FREJULI el gobierno el 25 de mayo de 1973, puso en los ministerios de Interior, Educación y Relaciones Exteriores, en las gobernaciones de las Provincias de Buenos Aires, Salta, Mendoza, Santa Cruz, Córdoba y Formosa, dirigentes peronistas cercanos a las organizaciones de superficie de Montoneros, y muchos cuadros de éstos asumieron como funcionarios. Designó en la UBA a Rodolfo Puiggrós, de conocida pertenencia montonera, esto fue asumido como concesiones e incluso pese a los espacios que tuvieron en el interregno de Héctor J. Cámpora como presidente no evitó que siguieran desarrollando acciones armadas, no reconocidas por la organización.

   Finalmente cuando Perón los enfrenta públicamente en la Plaza de Mayo, el 1 de mayo de 1974, mientras salía del balcón le pidió a Oscar Alende que buscara un diálogo con los “muchachos”, sabedor de las discusiones y división que había en la organización, que como vimos ya habían  alejado a miembros fundadores como Ignacio Vélez y provocarían un gran cisma luego de los incidentes mencionados en la Plaza de Mayo, surgiendo la JP Lealtad que rompe con Montoneros.

   Sin embargo la ruptura más grande ya se había venido dando desde mucho antes, la simpatía y cariño que grandes sectores del pueblo peronista le dispensaron mientras fingieron ser Soldados de Perón, se diluyeron en cuanto mostraros su verdadero rostro y ambiciones, el pueblo peronista luchó 18 años para el regreso de Perón, para que volviera a gobernar y con él los años más felices, los años de la justicia social, de la soberanía popular, de la democracia verdadera donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés, el del pueblo, no para entronizar en el gobierno una vanguardia iluminada, marxista, militarista y violenta que construya un socialismo que solo existía en sus delirios febriles.

   Queda para nosotros luchar para recuperar la verdad real de esos años y esos hechos, aún hay muchos jóvenes peronistas que sólo conocen las mentiras y fabulaciones de los vanguardistas de cátedra y escritorio, que contando con la complicidad de los aparatos culturales de la oligarquía y de la izquierda y sus medios,  crearon la “leyenda negra” del tercer gobierno peronista, ellos fracasaron en su intento demencial de cooptar al peronismo para sus fines, en su resentimiento han hecho y hacen todo lo que está a su alcance para que su derrota sea la derrota de todo el pueblo argentino.

(1)”Montoneros, los grupos originarios”; Ignacio Vélez Carreras;CeDeMa.org; 16/7/2009

(2)”Revolución y contrarrevolución en la Argentina”; T 5 “La era del peronismo”; Jorge Abelardo Ramos; Edic, Continente; Bs. As. 2013.

(3)”Documentos, 1973-1976, Volumen I, De Cámpora  a la ruptura”; Roberto Baschetti (comp.) Edic de la Campana; Buenos Aires;1996

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