«¡No, ahora!»: la tarde en que la CGT le pidió a Evita ser vicepresidenta

Por Emmanuel Bonforti (*)

– El 22 de agosto de 1951, más de un millón de trabajadores colmó la 9 de Julio para pedirle a Eva Perón que aceptara la fórmula presidencial. Ella pidió tiempo. Nueve días después, renunció. La historia de un diálogo político sindical que no se repitió nunca más.

Son las siete de la tarde del 22 de agosto de 1951 y la avenida 9 de Julio es un solo bloque. Más de un millón de personas, la cifra más alta jamás reunida hasta entonces en la Argentina, espera bajo un cielo de invierno a que Eva Perón suba al palco. La CGT convocó el acto con un objetivo preciso: que Evita acepte integrar la fórmula presidencial como candidata a vicepresidenta. No es un homenaje. Es un pedido de la base a su conducción.Lo que sucede en las horas siguientes suele leerse como el prólogo de una derrota. Conviene mirarlo de nuevo. El 22 de agosto la CGT le exige a Evita ser vicepresidenta. El 31 renuncia. Entre una fecha y otra no hay una caída: hay una decisión, tomada con el movimiento obrero entero mirando y luego sufriendo.Una arquitecta, no una invitadaEvita no llega a ese palco como una figura decorativa. Nueve meses antes, el 11 de noviembre de 1951, las mujeres argentinas habían votado por primera vez a nivel nacional, un logro que ella misma impulsó desde el Partido Peronista Femenino, fundado en 1949. Quien está parada frente al Cabildo Abierto es la arquitecta de la incorporación política más grande de la década, no una espectadora de su propio destino.Del otro lado del palco, la convocatoria tampoco es espontánea. José Espejo conduce una CGT que colma las calles para exigir una fórmula que represente plenamente al movimiento obrero, no solo a Perón. El Cabildo Abierto es una movida sindical organizada, con la central obrera como sujeto político activo. Este momento es considerado el período de oro de los trabajadores, una distribución del ingreso en partes iguales entre capital y trabajo, y un movimiento obrero con rol protagónico en política nacional.Evita: «¡No, ahora!»Lo que ocurre esa tarde tiene una singularidad que rara vez se repite en la historia política argentina: un diálogo en vivo, sin protocolo, entre la mujer más importante de la historia argentina del siglo XX y una multitud que quiere una respuesta positiva. Es casi un formato asambleario a escala de nación y todo eso en pleno centro porteño.Evita habla, como solamente ella lo puede hacer. Agradece la convocatoria, evoca el 17 de octubre, dice: «Mis queridos descamisados: es para mí una gran emoción encontrarme otra vez con el pueblo, como el 17 de octubre… Yo no quiero otra cosa que no sea el amor de los trabajadores.» Algo apesadumbrada se la escucha. El clima se espesa, los trabajadores no esperan buenas noticias.Pero cuando llega el momento de responder al pedido concreto, pide tiempo. Un par de días para pensarlo, dice. La multitud no lo acepta. El «¡No, ahora!» recorre la avenida como una sola voz, algunos temerarios amenazas con un paro general si la respuesta no llega en el acto.Detrás de ese pedido de tiempo hay una tensión que la escena no deja ver del todo: y el rumor corre, es la presión de las Fuerzas Armadas, la reticencia de sectores conservadores del propio peronismo y el avance de una enfermedad que ya se conocía puertas adentro del poder. Evita no puede simplemente decir que sí. Tampoco puede decir que no frente a un millón de personas. Elige el silencio, y ese silencio dura nueve días. En las fábricas, en las industrias y en las cocinas de los trabajadores solo se recorre una pregunta: ¿Aceptará Eva?Lo que pasó en el medioEl 22 de agosto es el Cabildo Abierto y la exigencia de una respuesta inmediata. El 31 de agosto, por cadena nacional, Evita comunica su renuncia, que define como «irrevocable y definitiva». Entre una fecha y otra no hubo improvisación, sino una decisión meditada bajo presión cruzada.Leído en esa clave, el renunciamiento deja de ser una derrota personal para convertirse en una lección de construcción política: Evita prioriza la cohesión del movimiento y la protección de Perón por encima de la pretensión propia. Lo dice ella misma en el mensaje radial:«Renuncio a los honores, pero no a la lucha. Mi puesto de lucha sigue siendo al lado del pueblo y junto a Perón.»Y lo remata con una frase que funciona como el resumen más nítido de su proyecto personal, ajeno a cualquier cargo institucional:«Tengo una sola y gran ambición personal: que de mí se diga que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle las esperanzas del pueblo… y que a esta mujer el pueblo la llamaba cariñosamente Evita.»Evita se relega en pos de lo que ella consideraba lo mejor para la Patria, lo que harían los patriotas…. El tiempo más tarde dirá si la decisión fue la correcta o alcanzó para aplacar a la reacción en alza de una Argentina que comenzaba a estar partida al medio producto del incipiente odio gorila que años después se fortalecerá.Una conducción que escuchaba desde abajoEl Cabildo Abierto del 22 de agosto es, también, un caso testigo de una CGT capaz de presionar desde abajo hacia arriba, de exigirle a su propia conducción política sin romper la lealtad. El Cabildo da cuenta también de la centralidad que ocupa la CGT en ese momento. Setenta y tantos años después, esa tensión, entre la base que empuja y la dirigencia que administra tiempos, sigue siendo el corazón de cualquier organización sindical que se precie de viva.Las banderas que sostenían aquella multitud, Justicia Social, Independencia Económica, Soberanía Política, no envejecieron con la coyuntura de 1952 y hoy están más vigentes que nunca desde la necesidad de restablecer la igualdad en Argentina colonial. El otro punto a reflexionar es el protagonismo de la mujer en la organización sindical de hoy, en cada comisión interna, en cada cuerpo de delegadas, tiene una línea directa con aquel Partido Peronista Femenino que Evita fundó tres años antes de subir a ese palco.La historia no siempre le pide a sus protagonistas que acepten. A veces, la lección más grande está en saber cuándo decir que no, siempre y cuando la patria lo necesite.* Columnista de Mundo Gremial: «Memoria de Lucha: Archivo Vivo del Sindicalismo Argentino». Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

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