Memoria/Historia, Verdad y Justicia

 Por Omar Auton

Voy a embarcarme en una temática difícil pero necesaria, difícil porque cada vez que alguien quiere comprometerse en el imprescindible debate acerca del rol de las organizaciones clandestinas armadas, hasta 1976, comienza la vocinglería de los que han armado su propio relato, algunos ingenuamente o bien intencionados, por mala o parcial información y otros porque han podido vivir, dando charlas, publicando libros, asesorando gobiernos, siempre ejerciendo el rol de “guardianes de la memoria” o sea, han construido una industria que les ha permitido vivir con bastante holgura y por sobre todo manteniendo vivo su antiperonismo, su odio visceral a Juan Domingo Perón, inclusive a partir del endiosamiento a Eva Perón como figura mítica y verdadera revolucionaria para confrontarla con él, traidor, fascista y encima “milico” Juan Perón. 

   El escritor español Javier Cercas en su libro “El Impostor” (calidad aplicable a muchos de estos pensionados de los años 70) se pregunta ¿Que es la industria de la memoria?, un negocio, ¿Que produce este negocio? un sucedáneo, un abaratamiento, una prostitución de la memoria, también de la historia, porque en tiempos de memoria, esta ocupa, en gran parte el lugar de la historia. O dicho de otro modo: la industria de la memoria es a la historia auténtica lo que la industria del entretenimiento al auténtico arte…porque la historia deben hacerla los historiadores no los políticos y la memoria la hace cada uno.”.

   Con menor dureza el Indio Solari decía hace unos años que la memoria no es confiable, uno no recuerda exactamente, fielmente, lo acontecido, a medida que pasan los años nuestra memoria nos juega malas pasadas, modifica hechos para hacerlos más tolerables, justifica egoísmos o transforma fracasos en heroicos intentos semi exitosos. Cuando uno no ha participado de los acontecimientos en análisis, los describe según lo ha recibido de otros (prensa, actores de las cuestiones analizadas) y esas fuentes suelen tener el color de nuestro agrado, si los ha vivido juegan los factores anteriores, además entran a jugar los intereses propios y/o de grupo.

   Según Gieco “Todo está grabado en la memoria”, sin embargo esa “memoria” difícilmente contenga la descripción real, honesta y completa de los sucesos, aún con absoluta honestidad y buenas intenciones, siempre está la pelea entre lo que en realidad pasó y lo que sentí que pasó o deseé que hubiera ocurrido, Ni que hablar cuando esa memoria se transforma en “historia”, es decir se “oficializa” como verdad histórica.

   Para comprender el origen social de estos grupos de los años setenta vamos a tener que hacer un poco de historia, el primer grupo de civiles armados que desde la clandestinidad intentó derrocar a un gobierno fueron los autodenominados “Comandos Civiles” que primero intentaron asesinar a Perón y luego se sumaron al alzamiento militar. Estos hijos de la clase media alta y aristocracia porteña y en particular de Córdoba, estudiantes universitarios laicos y grupos confesionales, provenientes de la Unión Cívica Radical, del conservadurismo o la incipiente Democracia Cristiana, asesinaron policías que estaban asignados en alguna calle o como consignas, pusieron bombas, practicando el más crudo terrorismo para desestabilizar al gobierno justicialista. En uno de sus intentos de magnicidio más ambicioso, asesinar a Perón cuando se dirigiera a la Casa de Gobierno, participó Diego Muñiz Barreto, luego cuadro de conducción de Montoneros y diputado nacional de la Tendencia, el compañero y amigo Aldo Duzdevich ha escrito profusamente sobre esto y a su lectura encomiendo al que quiera profundizar.

   Recordemos que si definimos como “Terrorismo” el asesinar policías, poner bombas, como hizo Roque Carranza en 1953 o intentar asesinar funcionarios de gobierno o al mismísimo presidente esa calificación no puede cambiar cuando dichas acciones las llevan adelante hombres y mujeres afines políticamente contra gobiernos de un signo contrario al nuestro.

A la caída de Perón y en los 18 años de proscripción, el peronismo desarrolló actos de terrorismo en fábricas, metiendo “caños”, pero mostró un respeto casi suicida por las vidas ajenas, tanto así que muchas veces sus militantes murieron o fueron heridos y detenidos por evitar muertes, incluso de las fuerzas policiales, jamás cometió atentados explosivos contra personas o asesinó deliberadamente figuras del “gorilismo” gobernante, tanto de los militares golpistas como de gobiernos civiles fraudulentos, ya que habían llegado gracias a la proscripción de Perón y del Partido Justicialista.

   En los años 60 se producen acontecimientos que van a incidir en la política local, en primer lugar las crecientes luchas de los pueblos coloniales y semicoloniales para desembarazarse de las potencias dominantes, Argelia, Egipto, China fueron revoluciones triunfantes que mostraron que la victoria era posible, la lucha de los “barbudos” en Cuba que acaudillados por Fidel Castro toman el poder en 1959, derrocando a la infame dictadura de Fulgencio Batista, conmocionó a los jóvenes y a los revolucionarios de toda Hispanoamérica.

   En esos mismos años el Concilio Ecuménico II, impulsado por Juan XXIII y llevado a cabo por Paulo VI, provocó otro terremoto, en este caso en la Iglesia católica, convocando a una iglesia junto al pueblo, denunciando la injusticia y desplazando a la filosofía por la cultura como instrumento de evangelización y difusión del mensaje de Dios, lo que obligaba a sumergirse en el conocimiento de las distintas culturas y realidades históricas. Esto llega a América en la reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Medellín donde nace la llamada Teología de la Liberación.

   En la Argentina, se sucedían los gobiernos militares y civiles, los sectores medios comenzaban a expresar su disgusto ante las crecientes dificultades económicas, los trabajadores continuaban en su lucha por defender sus derechos y recuperar la democracia plena con el retorno de Perón, exiliado en España, y las elecciones sin proscripciones.

   En 1966 un nuevo golpe entroniza en el poder a Juan Carlos Onganía, militar de escasas ideas y gran megalomanía, ya imbuido de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la que habían sido instruidas nuestras Fuerzas Armadas, no por EE.UU como se afirma, sino por los militares franceses derrotados en Argelia e Indochina, que de regreso a Francia intentan derrocar a De Gaulle o asesinarlo, fracasan y se emplean como instructores de la “Lucha contra el comunismo” en nuestras tierras.

   Ellos son los que traen las ideas de la “guerra sucia”, el secuestro, asesinato y “desaparición” de “el enemigo marxista”, metiendo en esa bolsa a todos los luchadores por la emancipación de sus patrias, la Escuela de las Américas es su continuación, pero no el origen del terrorismo de Estado.

   Onganía, decide eliminar todo foco de “adoctrinamiento marxista” y pone sus ojos en las universidades, en particular en la UBA que si bien era verdad que había sido conducida por hombres como Romero o Risieri Frondizi, profesantes de un liberalismo de izquierda o un marxismo “académico”, en realidad lo que representaba era un bastión antiperonista, que había sido “depurado” de profesores y auxiliares seguidores del “tirano depuesto”, era llamada la “Isla Democrática”, ya que en sus claustros se podía leer a Marx, Engels o sus epígonos, mientras fuera de ella se perseguía, encarcelaba y torturaba a los peronistas.

   Obtuso como era, Onganía lanzó una brutal represión en la famosa “Noche de los Bastones Largos”, apaleando docentes y estudiantes y lanzando al exilio una generación de los mejores científicos, investigadores, filósofos, producida en el país.

   Rotas las ilusiones que expulsado el peronismo, la Argentina volvería a la arcadia de antaño para los sectores medios, destruidas sus ilusiones “democráticas” de una universidad autónoma y ajena a las desdichas del pueblo que la sostenía con sus impuestos, un sector importante empieza a mirar con interés las luchas revolucionarias de otras tierras, los militantes de grupos católicos comienzan a escuchar a los “Sacerdotes del Tercer Mundo” y se conmueven con la muerte en el monte de Camilo Torres, sacerdote colombiano que había renunciado a los hábitos y se enroló en un grupo guerrillero formado al uso del modelo cubano.

   En estos años aparecen los primeros intentos de constituir un “foco” guerrillero en Argentina, en 1963, en Orán, Salta, aparece el autodenominado Ejército Guerrillero de los Pobres, conducido por Jorge Masetti, que pretendía abrir un frente que sirviera de apoyo al desembarco del Che Guevara en Bolivia, fue destruido rápidamente por la gendarmería y su jefe, supuestamente, se internó en la selva y nunca se supo más de él.

   Masetti, había seguido al grupo guerrillero cubano en Sierra Maestra, a pedido de Guevara fundó Prensa Latina, la agencia oficial de noticias cubana, donde trabajaron, entre otros, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo, enfrentado con el creciente avance del partido Comunista, que no había participado de la lucha pero comenzó a ocupar espacios luego que Castro adscribe al marxismo y sella su alianza con la URSS, renuncia a su cargo en 1962, en esos años también el Che, cuestiona la intromisión de estos sectores y comienza a preparar su salida de Cuba.

   Aquí cabe mencionar un debate que se dio en esos años, Guevara en un reportaje al “Monthly Review” adelanta su visión del camino hacia la revolución latinoamericana, afirma “Faltaron en América condiciones subjetivas, de las cuales una de las más importantes es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente al poder imperialista y sus aliados internos. Estas condiciones se crean mediante la lucha armada…y de la derrota del ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento…apuntando desde ya que las condiciones se completan mediante el ejercicio de la lucha armada, tenemos que explicar que el escenario, una vez más, de esta lucha, es el campo y que, desde el campo, un ejército campesino…tomará las ciudades” (1) un recetario completo, un solo camino La lucha armada, un solo lugar El Campo y un solo actor El campesinado.

   Esta visión fue consagrada por Fidel Castro y transformada en manual por Regis Debray, incluso la Constitución cubana establece la lucha armada como único camino a la revolución y el socialismo.

   La Revolución cubana no triunfó por este recetario, El Granma, yate en el que viajaron los 82 revolucionarios encalló cuando llegó a la playa, fueron emboscados por las fuerzas de Batista y solo sobrevivieron 15, imaginar que con esta fuerza podían derrotar a las fuerzas de Batista, más allá que este ni siquiera tenía más que una guardia nacional armada con fusiles de fines del siglo XIX, suena muy romántico, pero es un dislate.

   El triunfo de la revolución cubana habría sido imposible sin el trabajo de Frank País, un joven dirigente estudiantil reformista y maestro, que organizó las fuerzas del Movimiento 26 de Julio en las principales ciudades de Cuba y cuyo asesinato por la policía en Santiago de Cuba en julio de 1957, disparó una rebelión popular sobre la cual se monta el grupo guerrillero para obtener la victoria, el que duda de lo que afirmo, que vaya a la Habana, al Museo de la Revolución y vea con sus propios ojos la relevancia que tiene esta figura, dicho sea de paso el Partido Comunista Cubano nunca apoyó ni a Pais ni a Fidel, recién desembarca en la Revolución triunfante, cuando el bloqueo y la agresión de los EE.UU deja a Cuba aislada y se ve obligada a caer en el abrazo de la URSS, de ahí el rechazo de Masetti y del propio Guevara, especialmente después de lo que consideraron la “traición” de Moscú en 1962, con la crisis de los misiles.

   Dediqué este largo párrafo para que podamos comprender dos hechos fundamentales:

1) La influencia de Cuba en establecer la lucha armada como único camino hacia el cambio de estructuras, en su necesidad que las revoluciones, que se producirían, en América continental evitarían el aislamiento de la isla del Caribe, el fracaso de esta estrategia provocó no sólo la aparición de la URSS como aliada única, sino la muerte de miles de militantes desde el Río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes.

2) El apresuramiento desesperado de Guevara por generar procesos revolucionarios, primero en África, con el fracaso estrepitoso en el Congo y luego en Bolivia, intentando una revolución campesina en el único país de América del Sur que había hecho, en 1958, una revolución que no sólo había derrotado al ejército y lo había disuelto sino había llevado adelante una reforma agraria.

   Volviendo a nuestro país, la idea de encarar la lucha armada surge de tres hechos centrales:

1) El fracaso del intento de golpe militar, primero con Juan José Valle y luego con Iñíguez, para lograr el retorno de Perón, reprimidos sangrientamente, incluso con el asesinato de civiles.

2) El fracaso del intento de regreso de Perón en 1964, frustrado por la alianza del gobierno fraudulento de Arturo Illia con la dictadura brasileña, que detuvo el avión en Río de Janeiro y obligó al líder argentino a regresar a España.

3) La anulación de las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, en marzo de 1962, en las cuáles el dirigente sindical peronista Andrés Framini logra el 42,22% de los votos, obteniendo el triunfo.

   Los militantes peronistas habían llegado a la conclusión que era imposible terminar con la proscripción si no era por la violencia revolucionaria, Cuba parecía enseñar el camino, y aparecen intentos como el Ejército de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación, más conocido como Uturuncos en 1959, nacidos en Santiago del Estero, donde llegaron a tomar el cuartel policial de Frías, conducidos por Enrique Manuel Mena, quién fue detenido en Tucumán junto al reducido grupo de jóvenes que lo acompañaba,

   En 1968 aparecen las Fuerzas Armadas Peronistas conducidas por Envar el Kadri, e integradas por una mujer, Amanda Peralta y otros doce jóvenes, que se instalan en Taco Ralo, Tucumán, que son apresados rápidamente en un intento de entrenamiento, por haber sido denunciados por los vecinos de la zona creyendo que se trataba de contrabandistas.

   Es bueno señalar que en esos años había sido creada la Juventud Peronista, con figuras inolvidables como Gustavo Rearte, Carlos Caride, Jorge Rulli, Envar el Kadri, Susana Valle. Felipe Vallese, Héctor Spina, en 1960 habían producido una acción, el ataque a una guardia de la aeronáutica en Ciudad Evita, firmada como Ejército Peronista de Liberación Nacional, estos grupos no se conforman con jóvenes universitarios de clase media como ocurre a partir de los 70, casi todos ellos son obreros y muchos activistas sindicales, familiarizados con la acción directa que podía ir desde pegar fotos de Perón y Evita en Corrientes y Esmeralda para esperar que alguno las arrancara y tomarse a trompadas, hasta poner un caño en una vía del tren o un sabotaje fabril.

   Es que entre 1955 y 1970, el peronismo recurrió a todas las formas de lucha posible para poner fin a la Fusiladora, primero, y a los gobiernos civiles fraudulentos, muchos de sus dirigentes fueron asesinados, detenidos y torturados salvajemente e incluso “Desaparecidos” como Vallese, obrero metalúrgico, delegado en la fábrica TEA, en Caracas 940 del barrio de Flores y que al momento de su secuestro tenía 22 años, jamás fue encontrado aunque con los años se supo que fue secuestrado por la Policía Federal, conducido a la Comisaría Primera de San Martín, donde fue torturado por varios días y trasladado a Villa Lynch donde continuaron los tormentos. Se supone que buscaban a Gustavo Rearte.

   Remarco el carácter de trabajadores, sindicalistas y militantes de la Juventud Peronista, porque no se trataba de Grupos de Vanguardia ni pretendían hacer ninguna revolución socialista o tomar el poder ellos para conducir un proceso revolucionario, eran militantes peronistas que solo buscaban el regreso de Perón a la Argentina y que hubiera elecciones libres, sin proscripciones, para que el pueblo pudiera elegir a quién deseara, que el peronismo pudiera ser legalizado y organizarse, en definitiva, recuperar una auténtica democracia, seguros que con ella y habiendo elecciones limpias el peronismo era imbatible, solo deseaban retomar el camino de la Revolución Peronista, detenido por el golpe gorila y criminal encabezado por Aramburu y Rojas, impulsado por la oligarquía y las fuerzas políticas que la representaban, la UCR, el Socialismo, el Partido Conservador, el Partido Demócrata Cristiano, la cúpula de la iglesia católica argentina y Gran Bretaña.

   En esos años se había producido lo que se llamó el proceso de nacionalización de las clases medias, esto es, sacudidos por la crisis económica, el reaccionarismo medieval de las fuerzas armadas y cierto profesorado y los sucesos ya citados de las luchas por la liberación en el Tercer Mundo, gran parte de esa generación, nacida en los años del peronismo, comienza a revisar la historia reciente y a cuestionar el rol de sus padres, muchos de ellos antiperonistas, rompiendo con la versión oficial de la “Segunda Tiranía”, los trabajadores industriales, que seguían siendo el sector más dinámico de la política argentina, se encuentran con una juventud universitaria que se desplaza hacia el campo nacional, comienzan a circular entre estos últimos, los libros de Jauretche, Scalabrini Ortiz, Ramos, Hernández Arregui, José M. Rosa, Fermín Chávez, de ahí el concepto de nacionalización, las ideas y categorías de los países dominantes comienzan a ser desplazados por otras, nacidas aquí o en países en lucha por su liberación.

   Esta llamada Alianza Plebeya, por los sectores sociales que la componen, estalla en 1969, sale a la calle, enfrenta al onganiato en Corrientes, Rosario, Tucumán y muy especialmente en el Cordobazo pone en crisis a la Argentina de la contrarrevolución oligárquica.

   En ninguna de esas luchas encontraremos a los partidos de izquierda y ultraizquierda, menos a los futuros integrantes de las organizaciones armadas, en la provincia de Córdoba los trabajadores salieron con sus dirigentes como Elpidio Torres (Smata), Atilio López (UTA) todos ellos alineados con el vandorismo y los estudiantes por el integralismo, sector nacido en la provincia mediterránea.

(1) “La lucha por un partido revolucionario”; Jorge Abelardo Ramos; Ediciones Pampa y Cielo; Buenos Aires; 1964 

Ezeiza, la masacre que no fue, y el relato que quiso justificar la violencia

Un tiroteo en inmediaciones del palco generó pánico y confusión entre la gente que acudió a recibir a Perón

Por Aldo Duzdevich*

Aquel 20 de junio de 1973, Perón regresaba definitivamente a la Argentina. Cerca de dos millones de personas acudieron a recibirlo. El acto preparado en el cruce de la ruta 205 con la autopista Ricchieri se vio frustrado por un accionar faccioso.

Antes del arribo del avión, en la zona detrás del palco, se produjeron incidentes entre grupos militantes que dejaron el lamentable saldo de 12 personas muertas y una cantidad no determinada de heridos. La inmensa multitud ajena a los hechos de violencia vio frustrada su intención de recibir a su líder Juan Domingo Perón que regresaba a la patria después de largos 18 años de exilio.

De los muertos, tres pertenecían a la militancia montonera, cuatro, a la custodia del palco, y el resto eran simples asistentes al acto. En una manifestación de dos millones de personas, donde hubo más de cinco mil militantes armados, la cifra de fallecidos es casi un milagro. Que la militancia montonera hay tenido tres muertos y cuatro los custodios del palco habla a las claras de un enfrentamiento entre dos grupos, no de una “emboscada”, ni mucho menos de una “masacre”.

Al día siguiente, los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras “masacre” o “matanza”. La Opinión tituló: “Debido a las luchas ideológicas de sectores juveniles, Perón debió cancelar su presencia en la masiva concentración de Ezeiza”. La Prensa informaba: “Por enfrentamientos armados, Perón aterrizó en Morón”. Clarín sintetizaba: “Enfrentamiento entre grupos armados”.

Los diarios del día siguiente no hablaron de «masacre»

Seis días después la revista de Montoneros El Descamisado tituló en su tapa: “La matanza de Ezeiza”. Y en el Nº 8 del 10 de Julio, una entrevista a Maria Antonia Berger se titulaba: “Trelew y Ezeiza, una misma masacre”. A partir de allí la prensa de Montoneros y de la izquierda en general construirá el paradigma “la Masacre de Ezeiza” que hoy puede encontrarse hasta en la wikipedia. En el año 2001, cuando cayó el gobierno de Fernando de la Rúa, en el centro de Buenos Aires hubo 30 muertos, sin embargo nadie habla de “la masacre de la Alianza”.

La construcción del relato

Olga Ruiz, Investigadora de la Universidad de la Frontera, Temuco, al analizar lo ocurrido en los años setenta en Chile expresa: “Los grandes relatos sobre nuestra historia reciente se han construido centrados en el heroísmo y la victimización, esquema binario que se afirma y consolida en la figura del traidor. Se trata en realidad de una triada (héroe-víctima-traidor) en las que el quebrado concentra -como un chivo expiatorio- las contradicciones, los fracasos y la derrota de la izquierda chilena. Es más sencillo atribuir la caída sostenida de militantes a unos cuantos traidores que analizar críticamente las políticas adoptadas por las dirigencias de las organizaciones revolucionarias.”

El relato de la historia reciente de nuestro país, esta construido sobre el mismo esquema: héroes-victimas y traidores. En el caso argentino, según el paradigma montado por los periodistas y escritores ex-militantes de las organizaciones ERP y Montoneros, el principal “traidor” culpable de sus fracasos se llama Juan Domingo Perón. A quien se agregan la llamada “burocracia sindical”, y todos los que cuestionaban la política de la conducción de Montoneros. En ese relato, la supuesta “traición a los jóvenes”, comenzó el 20 de junio de 1973 en lo que Horacio Verbitsky bautizó “la masacre de Ezeiza”.

En Ezeiza hubo un enfrentamiento entre grupos armados. El concepto de «masacre» corresponde al posterior relato montonero de victimización y de justificación de la violencia

Veamos qué dice Verbistky en su libro “Ezeiza” publicado en 1986: “La masacre de Ezeiza cierra un círculo de la historia Argentina y prefigura los años por venir (…) Ezeiza contiene el germen del gobierno de Isabel y López Rega, la Triple A, y el genocidio ejercido a partir del nuevo golpe militar de 1976 (…) Los preparativos para el 20 de junio (…) no hubieran sido posible sin la aquiescencia de Perón.”

No casualmente, Jorge Rafael Videla dice a Ceferino Reato en su libro “Disposición Final”: “Qué fue la Triple A, sino la intervención directa personal de Perón, en el conflicto dentro de su movimiento con los grupos de izquierda que le disputaban el liderazgo la conducción. (…) La mano que ejecuta es López Rega. Luego de la muerte de Perón la Triple A y el propio López Rega fueron inmanejables. Al final López Rega termina alejado del país por presión nuestra: nos molestaba porque la gente no sabía si las acciones de la Triple A eran de Lopez Rega, o eran ‘chistes’ de nosotros.”

Videla se sube al mismo relato del “tercer Perón traidor a los jóvenes” para depositar en él las culpas del terrorismo de Estado y de la Triple A, que siempre fueron las tres armas y la prueba de ello es que, eyectado López Rega, siguieron asesinando gente (“chistes”, dice Videla) hasta el 24 de marzo en que “mágicamente” desaparecieron de escena.

En mi libro “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Peron”, Marcela Durrieu, en aquel entonces cuadro orgánico de Montoneros, dice: “No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos (…) Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción de Montoneros tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza”.

Los muertos de ambos bandos

La JP y Montoneros, a través de sus comunicados y su revista El Descamisado, reconocen dos muertos de su sector, Horacio “Beto” Simona, combatiente montonero, y Antonio Quispe, combatiente de las FAR. Verbitsky menciona 13 muertos y 400 heridos, nombrando además a Hugo Oscar Lanvers de la UES.

Recientemente, Hugo Melgarejo, militante de Encuadramiento (los Demetrios) me hizo la aclaración de que Hugo Lanvers no pertenecía a la UES sino a Encuadramiento de Secundarios: “Era compañero mío del Instituto Huergo y yo era su responsable (jefe)”.

Dos millones de personas fueron a Ezeiza a recibir a Perón

En mi investigación, encontré que otra victima fatal, Raúl Obregozo, era militante de la JP La Plata.

Entonces, del sector FAR-Montoneros las victimas comprobadas hasta hoy fueron tres: Simona, Quispe y Obregoso. De la custodia del palco, las víctimas fatales fueron cuatro: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, los militantes del Comando de Organización (C.d.O): Rogelio Cuesta, Carlos Domínguez; y Manuel Segundo Calabrese. Este ultimo era un ex suboficial militar detenido en 1956 vinculado al COR (Centro de Operaciones de la Resistencia) de Iñiguez, según datos que me aportó el historiador Juan Kryskowski.

En el listado emitido por Salud Pública, figuran otros fallecidos, que seguramente fueron asistentes al acto sin militancia activa: Daniel Santana, Antonio Aquino, Pedro Lorenzo López y Hugo Sergio Larramendia. Y un tal Claudio Elido Arévalo (que seria el nombre falso de Jose Luis Nell) que fue gravemente herido pero no murió en Ezeiza.

Si los muertos fueron cuatro de la custodia del palco y tres del sector montoneros, está claro que hubo enfrentamiento y disparos de ambos lados. Puede alegarse que el grupo del palco tenía mayor poder de fuego, pero los cinco mil militantes de FAR-Montoneros provistos de armas cortas y algunas largas no las llevaban armas para un desfile. Cortas o largas, ambas armas disparan y matan.

En Ezeiza hubo armas cortas y largas entre los grupos guerrilleros y en la custodia del palco

Los preparativos del acto

Con el aval de Perón se constituyó una Comisión Organizadora integrada por: Juan Manuel Abal Medina, Norma Kennedy, el coronel (RE) Jorge Osinde, Jose Rucci y Lorenzo Miguel.

En el gobierno de Héctor Cámpora existía una real preocupación sobre la posibilidad de que las fricciones entre los distintos sectores del peronismo emergieran en el encuentro. Por este motivo, el presidente convocó a referentes de las organizaciones armadas para pedirles que no hubiese disturbios ni confrontaciones en el acto.

Luego de la reunión, se comenzaron a planificar estrategias para resolver el movimiento y ubicación de las propias fuerzas en el acto. El ex militante montonero Jorge Gaggero recuerda: “Llegaron a barajarse opciones delirantes. Una que recuerdo bien -y sé que eso se discutió en alto nivel- era montar una grúa de brazo altísimo que depositara en el palco en pleno acto a los sobrevivientes de Trelew.”

El ex militante de las FAP Taco Ralo, Néstor Verdinelli cuenta: “Por parte de Montos/FAR la cuestión era sacarle el monopolio de Perón a la derecha enquistada en el palco. Barajaron diferentes hipótesis, algunas casi psicodélicas, como la de tomar el control de Perón en Ezeiza, cuando bajara el avión. Finalmente fueron descartadas diversas opciones hasta que quedó la final: la columna Sur no entraría por la ruta a Ezeiza sino por el costado, marchando hacia el palco”.

Montoneros y FAR debatieron varias maniobras para «copar» el acto

La puja por el control del palco

Las disputas por llegar con los carteles de una agrupación más cerca del palco son un clásico de los actos peronistas. Lo eran hacen 50 años y lo son ahora. Y lo que empieza con empujones por ganar lugar, muchas veces termina con palazos y piñas. Solo que en Ezeiza además de palos y cadenas había una gran cantidad de gente armada.

La movilización a Ezeiza, para recibir a Perón después de 18 años de exilio fue el acto político mas grande de nuestra historia. Creo que solo equiparado o superado por lo que se vio en la Richieri el 20 de diciembre del 2022 en el recibimiento a la Selección Nacional.

Es cierto que las columnas de la JP Regionales con carteles de FAR y Montoneros eran las más numerosas de la movilización. Pero, como bien cuenta Carlos Flaskamp, por entonces miembro de la conducción de las FAR de La Plata: “Estaba claro que para Ezeiza el convocante era Perón. La gente se movilizaba para ir a ver a su líder. Lo que nosotros aportábamos eran la organización y el esfuerzo militante para hacer llegar gente hasta el lugar del encuentro. Pero en los carteles que portaban nuestros activistas se hablaba poco de Perón y mucho de FAR y Montoneros”.

Las columnas de FAR-Montoneros lograron colocar sus carteles frente al palco, como se puede observar en las fotos panorámicas de la Richieri.

La organización había previsto (como hoy día se hace en cualquier acto ) una zona de acceso para la comitiva de Perón detrás del palco. El tramo de Richieri que va desde el aeropuerto hasta el rulo de la ruta a Cañuelas. Esa zona detrás del palco debía estar libre de público.

La portada de La Nación. Los «disturbios» en Ezeiza, en segundo plano

La Comisión Organizadora había dispuesto que la custodia del palco estuviese a cargo de militantes, excluyendo a las policías federal y provincial. El jefe operativo era el ex teniente coronel Jorge Osinde y el ex capitán Ciro Ahumada. Tenían presencia en el palco varios militares y gendarmes retirados, muchos de ellos vinculados al COR, dirigidos por el general Miguel Ángel Iñiguez, de destacada actuación en los años de la Resistencia Peronista. Se habían sumado militantes pertenecientes al Comando de Organización (CdO), Concentracion Nacional Universitaria (CNU), Juventud Sindical Peronista (JSP), la JPRA y otros grupos menores. Muchos de ellos estaban armados con escopetas Itaka y ametralladoras.

Por el lado de la JP Montoneros, Mario Firmenich dirá a Felipe Pigna: “Fuimos con armas cortas. No hubo ninguna directiva de ir armado… es que normalmente la gente iba armada. El activismo iba armado, el nuestro, el del Comando de Organización, cualquiera. En este sentido, en Ezeiza debió haber muchísima gente armada, pero en proporción poquísima: para dos millones de personas habrá habido 5 mil armados.”

Néstor Verdinelli (FAP) recuerda: “Llevábamos armas cortas. Por si era necesario organizar una defensa. Se suele decir que también los montos llevaban nada más que armas cortas. Lo que no es cierto: en la columna Sur iban compañeros montoneros armados con metralletas y fusiles FAL.”

Muchos integrantes de Montoneros fueron armados al acto y no sólo con armas cortas

El ex militante montonero Oscar Balestieri dice: “En los hechos, la indicación fue ir a Ezeiza con armamento liviano. En el grupo que voy, seis u ocho compañeros llevábamos pistolas 22. Sin embargo, Quique Padilla iba en un ómnibus con una ametralladora Madsen pesada que nunca llegó a Ezeiza porque no la podía ni sacar; estaba montada en la parte de atrás de un ómnibus y solo paseó”.

Cinco mil militantes de FAR-Montoneros armados con armas cortas tropezando con 300 pesados del palco equipados con armas largas era un cóctel explosivo que cualquier chispa podía hacer volar por los aires. La cifra oficial de 12 muertos es un resultado milagroso en un espacio donde había dos millones de personas.

Los incidentes detrás del palco

Por la ruta 205 ingresó la columna sur de la JP Regionales, la cabeza de la columna logró ubicarse muy cerca del palco en el sector derecho, el resto del grupo realizó un giro por detrás para intentar ubicarse en el sector izquierdo. Ese movimiento de la columna, dio origen a la confusión de suponer que se quería rodear y copar el palco. Primero fueron empujones, cadenazos y palos, hasta que alguien hizo sacó un arma e hizo el primer disparo y se desató el caos.

El enfrentamiento dejó 12 muertos, un número bajo considerando lo multitudinaria de la concentración, pero sembró el caos y frustró el acto

Carlos Flaskamp relata que la cabeza de la columna sur, pudo ubicarse muy cerca del palco, en el sector derecho. Pero la parte de atrás de la columna que no había podido acercarse hizo un giro por detrás del palco para intentar ubicarse en la izquierda. “Este movimiento parece haber sido mal interpretado por la custodia que supuso que la columna Sur se aproximaba al palco con intención de tomarlo por asalto y abrió fuego. Para nosotros que estábamos ubicados adelante y a la derecha del palco (…) los de la custodia aparecían haciendo fuego en dirección contraria. Por lo tanto (…) optamos por permanecer en nuestra posición convencidos que nuestra columna era ajena a los enfrentamientos.”

Es difícil saber quien disparó el primer tiro y casi que no es trascendente. Cuando hay en un sitio tanta gente armada, lo más posible es que ante la sola explosión de un globo, la mayoría saque sus armas y comiencen los disparos. Esto fue lo que sucedió en Ezeiza.

Marcela Durrieu relata: “Yo no vi entrar a la columna ni nada, yo lo que vi es que volaban tiros y que nadie sabía de dónde venían. Vi gente con brazaletes de todos los colores tirándose al piso y heridos, y todo el mundo puteando contra todo el mundo… como si atacaran los marcianos, digamos, porque yo tenía al lado mío gente con el brazalete verde de la Juventud Sindical. Entonces empezaron a venir las ambulancias, y todo el mundo se paraba, levantaban los heridos, volvían los tiros, nadie sabía qué estaba pasando”.

Prueba de la confusión que reinaba, es la famosa foto del joven izado de los pelos al palco, que todos suponíamos era del sector montonero. En 2010 una investigación del profesor Enrique Arrosagaray develó su identidad. Su nombre es José Rincón. Era militante de la JPRA, había ido en la columna de Herminio Iglesias. Con él, subieron también a Leonardo Torrilla, quien logra que lo reconozcan como parte de los mismos custodios del palco, y finalmente liberan a ambos.

La foto más icónica de Ezeiza también fue parte del relato: José Rincón no era un militante de izquierda; había ido al acto en la columna de Herminio Iglesias

El mismo caso es el de los ocho detenidos y golpeados en el hotel de Ezeiza -Dardo José González, Víctor Daniel Mendoza, Luis Ernesto Pellizzón, José Britos, Juan Carlos Duarte, Alberto Formigo, Juan José Pedrazza, y José Almada-, a quienes salvó la oportuna y valiente intervención de Leonardo Favio. Ninguno de los ocho pertenecía a la JP Montoneros, sino a distintos sindicatos y sectores de la ortodoxia peronista.

Durante los incidentes nunca hubo disparos desde el palco hacia la multitud que estaba frente al palco. Eso hubiese producido un desbande y estampida, como las que hemos visto en La Meca, que se cobran miles de vidas. Quienes estaban frente al palco, sentían el silbido de balas, que en realidad eran los disparos de armas cortas, realizados desde atrás el palco, que pasaban por arriba y llegaban casi sin fuerza al otro lado.

Ezeiza como justificación del asesinato de José Ignacio Rucci

Con el título “A dos años de la matanza de Ezeiza. Ni olvido ni perdón”, la revista Evita Montonera de junio de 1975, luego de dar su versión de los hechos del 20 de junio de 1973, agrega un recuadro titulado “Justicia Popular”. Allí nombran a los dieciséis “ajusticiados” en venganza por los hechos de Ezeiza. El primero de ellos es: “José Rucci. ajusticiado por Montoneros el 25-09-73”. Evita Montonera era el órgano oficial de prensa de la organización Montoneros.

En 1975, la revista Evita Montonera, órgano oficial de la organización, dijo que el asesinato de Rucci había sido en represalia por la «masacre» de Ezeiza

Un signo de cómo se fue modificando el relato es que el comunicado de FAR-Montoneros sobre Ezeiza, emitido el 26 de junio de 1973, decía: “Los principales responsables de esta traición histórica son el Tte. Coronel (RE) Jorge Osinde, Alberto Brito Lima y Norma Kennedy.” No está mencionado Rucci, quien además no estuvo en Ezeiza, porque venía con Perón en el avión.

El ex montonero y poeta Juan Gelman fue más crudo: “Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia de la clase obrera; se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Cuando se produce lo de Rucci(y) lo de Mor Roig después, hay gente de distinta procedencia que no está de acuerdo. Como conclusión, lo de Rucci iba a cercenar el apoyo de la clase obrera y lo de Mor Roig los apoyos de la clase media”.

Pero esta definición de acto cuasi mafioso del asesinato de Rucci no cabía en el relato de héroes-victimas y traidores. Entonces apelaron al argumento de que Rucci había sido el ideólogo y principal responsable de la “masacre de Ezeiza”, razón por la cual la “justicia popular”, representada por Quieto y Firmenich, lo condenó a recibir 23 balazos por la espalda.

El recibimiento a Perón luego de 17 años de exilio empañado por la provocación de algunos grupos

En definitiva, el 20 de junio de 1973, el acto de recibimiento a Perón se vio frustrado por el enfrentamiento entre facciones del peronismo. Montoneros construyó el mito de la “masacre” para justificar su confrontación con Perón y su persistencia de sostener el uso de la violencia en pleno gobierno constitucional de 1973 a 1976.

* Escritor autor de La Lealtad- Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco

https://www.infobae.com/opinion/2025/06/20/ezeiza-la-masacre-que-no-fue-y-el-relato-que-quiso-justificar-la-violencia/

El Cuarto Reseteo

Por Julio Fernández Baraibar*

Se votó en el Senado Nacional el cuarto intento de reseteo del país creado entre el 4 de junio de 1943 – con la jornada liminar del 17 de Octubre – y el 16 de septiembre de 1955. Ese país se caracterizó por:

  • una industrialización, vía reemplazo de importaciones, impulsada y sostenida desde el Estado,
  • la utilización de la renta agraria como inversión estatal en ese proceso industrial,
  • una permanente ampliación del mercado interno,
  • un poderoso movimiento sindical, el más importante e influyente de Latinoamérica.

El Primer Reseteo

El primer reseteo fue la contrarrevolución cívico-militar llamada, paradojalmente, Revolución Libertadora. Sus principales efectos fueron el bombardeo a Plaza de Mayo, el fusilamiento criminal de un general de la Nación y de ciudadanos indefensos, el encarcelamiento y la persecución de miles de dirigentes políticos y sindicales y el ostracismo durante 18 años del General Perón, así como el ingreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional. El impulso industrializador y democratizador del peronismo había sido tan fuerte que, aún bajo esas condiciones, no pudo ser detenido y la Argentina no volvió a ser ese “paraíso perdido” del país agroexportador anterior al año 1940. El ciclo que se inicia entonces se caracterizó por las tensiones generadas entre un país industrial, al que el frondizismo también expresaba y la cúpula gorila oligárquica de las FF.AA., como expresión de la Sociedad Rural y los grandes exportadores.

La proscripción del general Perón le puso a todo el ciclo la característica de su ilegitimidad despótica, que derivó en violencia política y en la radicalización y nacionalización de amplias franjas medias de la sociedad. El golpe del torpe general Juan Carlos Onganía, con la intervención de las universidades, las puso en las mismas condiciones que el conjunto del país. Los sectores medios de todo el país se radicalizaron a la vez que, en buena parte, se nacionalizaban, se acercaban al peronismo.

El ciclo terminó con un levantamiento del país que condujo al regreso del general Perón a la Argentina y su tercera reelección en 1973.

El Segundo Reseteo

El segundo fue el criminal Proceso, llamado con sarcasmo, de Reorganización Nacional iniciado con el golpe del 24 de marzo de 1976. Se encargó de hacer desaparecer y asesinar a 30.000 conciudadanos y entregar el poder económico a la vieja oligarquía agroexportadora y el capital financiero. Gran parte de su legislación económica nunca fue derogada, como, por ejemplo, su Ley de Entidades Financieras que continúa rigiendo. Intentó cumplimentar, en suma, los objetivos desnacionalizadores y desindustrializadores que los fusiladores de 1955 no habían podido realizar. Por esos caprichos de Clío, el período terminó con la Guerra de Malvinas, el enfrentamiento bélico más importante y justiciero llevado a cabo por nuestras Fuerzas Armadas desde la guerra de la Independencia. El ciclo que se inicia en 1983 estuvo signado por esa trascendente derrota nacional.

El Tercer Reseteo 

El tercero fue llevado a cabo por un presidente de origen peronista, Carlos Saúl Menem, que realizó buena parte del programa que los dos anteriores momentos no pudieron realizar. Decidió la venta y entrega de las grandes empresas estatales, como YPF, Aerolíneas Argentinas, Correo, Aguas Sanitarias, Entel, Gas del Estado y los ferrocarriles. Disolvió organismos estatales como el INDER, la Junta Nacional de Granos y la de Carnes, entre otros. Dispuso, además, la paridad uno a uno con el dólar y produjo una violenta y vertiginosa desindustrialización del país. Este ciclo estuvo determinado, entre otras cosas, por el fin de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética, con el consecuente establecimiento de lo que se ha conocido como “unipolaridad”, la hegemonía mundial de una sola gran potencia, EE.UU. Puso al país bajo el consenso de Washington y su ministro de Relaciones Exteriores, Guido Di Tella, pudo hablar de las “relaciones carnales” con EE.UU. Como es sabido, ese período terminó con las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre de 2001, la renuncia, primero, del ministro Cavallo y, al día siguiente, del presidente De la Rúa.

El menemismo, enfermedad senil del peronismo

El menemismo fue la expresión, brutal y oportunista, de ese agotamiento del impulso transformador del 17 de Octubre de 1945. No fue una cuestión de orden moral como el calificativo de traidor implica. Ya la reforma constitucional de 1994 dejó en evidencia los límites y la debilidad estratégica del peronismo de entonces a la nueva ofensiva de los sectores antinacionales. 

La provincialización de los recursos naturales y la creación de la Ciudad Autónoma, con amplia aceptación por parte del peronismo, dejó ver que la fortaleza del ideario nacional de ese movimiento ya no era lo que había sido. De ahí la amplia aceptación y el rápido reclutamiento de dirigentes y militantes que recibió el viraje neoliberal de Carlos Menem. En todo el país y en todas las instancias, incluidas las gremiales, las propuestas presidenciales y de su ministro de Economía recibieron un amplio apoyo. También es necesario decir que fue en las filas del movimiento sindical donde recibió la más tenaz resistencia y donde creció una fuerte oposición que se constituyó en el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA).

Pero el virus del neoliberalismo, ya no en su versión Martínez de Hoz, sino en su versión Domingo Cavallo, prendió en el seno de buena parte de la dirigencia justicialista de modo permanente. El monetarismo, la retracción del estado – sin disminuir su elefantiasis e inoperancia –, la privatización de empresas públicas – “Nada que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado” acuñó el fallido del ministro Dromi –, el seguidismo a los EE.UU., la libre importación de productos que el país fabrica y todos los lugares comunes del liberalismo económico, más una infinita avidez por los negocios particulares, se hicieron carne en dirigentes peronistas e, incluso, en votantes peronistas.

Es importante recordar que, en las elecciones del año 2003, el candidato que sacó más votos, aunque no alcanzaron para evitar el balotaje, fue Carlos Saúl Menem.

Pero eso no es todo. Los avatares políticos, económicos e institucionales del país terminaron dando por resultado una gigantesca y agigantada área metropolitana, con, obviamente, un gran peso electoral. Desde la breve presidencia de Eduardo Duhalde y a través de todas las presidencias que le sucedieron, buena parte de los recursos generados por las agroexportaciones volvieron al AMBA, y casi solo al AMBA, bajo la forma de subsidios al transporte, la electricidad y el gas y planes sociales.

Según pasan los años

Este Cuarto Reseteo del país industrial, con una amplia clase media y una clase obrera bien paga y de relativamente alta ocupación, con una política internacional soberana y un proyecto de integración latinoamericana, tiene algunas características propias y nuevas. En primer lugar, se da en un momento en que el escenario internacional está viviendo profundas modificaciones. Hay una guerra en el corazón de Europa, en su frontera con Rusia. Hay un genocidio en Palestina y una creciente oposición a Israel, tanto en Europa como en Asia, así como en buena parte de los sectores politizados norteamericanos. China es hoy una potencia política y económica a la par de EE.UU. y ha establecido una alianza estratégica con Rusia, a la vez que es uno de los motores de los BRICS, el acuerdo de las potencias emergentes, donde Brasil juega un papel principal.

No hay en América Latina, como sí lo había en 1976 o en 1989, una mayoría de gobiernos dóciles a los EE.UU. Sin que ello signifique un enfrentamiento con el país imperialista, los gobiernos de México, Guatemala, Cuba, Nicaragua, Honduras, Venezuela, Colombia, Brasil, Bolivia, Chile y, me atrevo a decir, El Salvador y, posiblemente, Uruguay en breve, tienen o tendrán gobiernos de amplia representación popular, con propuestas autonómicas e industrialistas, y que mantienen frente a los EE.UU. una política de independencia. El camino elegido por la Argentina ha sido, como resultado de una crisis básicamente política, totalmente opuesto al de la mayoría del continente y en una versión radicalizada y perversa.

En segundo lugar, y esto sí constituye una dificultad, estimo que todo esto ocurre ante ese agotamiento del peronismo que se ha mencionado más arriba. Cuando digo agotamiento del peronismo no me refiero a la identidad política del pueblo argentino o a la caducidad de sus grandes banderas. Me refiero a que los instrumentos políticos y económicos que caracterizaron a nuestro gran movimiento histórico, concebidas y generadas en las condiciones del país y del mundo de 1950, la contundencia de las grandes transformaciones realizadas en aquellos doce años, están llegando a su fin de ciclo. La Argentina no es la misma. Los 15.893.827 habitantes que éramos en 1947 se han convertido en 46.044.703 habitantes, casi triplicándose. El comercio internacional de nuestra agroproducción y el manejo de los excedentes por parte del Estado permitía – y lo siguió permitiendo durante varias décadas – los recursos para nuestra industrialización, el crecimiento de nuestro mercado interno, con altos salarios y baja desocupación e inversiones estatales y privadas en la Rama 1.

La crisis económica que vive Argentina desde, digamos, 2011 y la consecuente inflación constituyen la expresión más clara de que aquellos instrumentos habían perdido su eficacia inicial, lo que de alguna manera había comenzado a insinuarse a partir de 1953, con el déficit en la balanza de pagos, el Congreso de la Productividad, los contratos con la Standard Oil y otros proyectos de la época.

Recordemos para las nuevas generaciones, que muy posiblemente lo ignoran, que el “Congreso Nacional de la Productividad y el Bienestar Social” fue una convocatoria del Presidente Perón, para elaborar un plan de acción que respondiera a la nueva situación planteada por el aumento de la inflación. Se llevó a cabo entre el 21 y 31 de marzo de 1955, solo siente meses antes del golpe liberal y tuvo como protagonistas a la CGT, cuyo Secretario General era Eduardo Vuletich, y a la CGE, presidida por José Ber Gelbard. La política de sustitución de importaciones sobre la base de los excedentes del comercio internacional y la renta agraria comenzaba a agotarse y su manifestación inmediata fue la aparición de la inflación. La crisis, agravada por la sequía de 1951-1952, demostró la necesidad de cambios estructurales ante el agotamiento de los mecanismos implementados hasta ese momento.Si bien el Congreso no llegó a ninguna decisión importante debido a la resistencia de los representantes del movimiento obrero, entre los objetivos del mismo estaba remover los principales obstáculos al aumento de la productividad: principalmente el ausentismo y la labor de las comisiones internas; también se planteaba la autorización para rotar al personal entre diversas funciones al margen del sistema de categorías, establecido en los convenios colectivos.

Los contratos con la Standard Oil –en cuyo directorio se sentaba nada menos que Spruille Braden–, firmados también en 1955, manifestaban también ciertos límites alcanzados por los instrumentos peronistas para la industrialización del país. YPF, pese al gigantesco crecimiento de su producción petrolera, no terminaba de satisfacer la demanda energética del país, en pleno despliegue industrial y de consumo. Aunque hubo alguna resistencia de parte de algunos diputados peronistas, la oposición antiperonista utilizó el hecho para atacar al gobierno por entreguista. Arturo Frondizi escribe en 1954 “Política y Petróleo”, una crítica implícita a esos contratos. Solo cinco años después, ya como presidente, firmaría contratos mucho más costosos con varias empresas norteamericanas.

En suma, lo que aquí queríamos exponer es que los mecanismos instrumentales del peronismo en sus objetivos industriales y de altos salarios ya había comenzado a experimentar un agotamiento en el momento de su derrocamiento.

El neofederalismo

Con la excepción de Néstor Kirchner, desde Fernando de la Rúa – Chacho Álvarez hasta Milei – Villarruel, se han sucedido presidentes de claro origen en el AMBA, incluyendo a la propia Cristina Fernández de Kirchner. En Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Corrientes el peronismo ha estado dividido entre dirigentes que pertenecen al establishment agroexportador y un kirchnerismo casi contestario y muy ligado a las preocupaciones políticas e ideológicas que se discuten en el AMBA. El “neofederalismo” que ha generado esta situación tiene características meramente defensivas y locales. Lejos de tener una definición general sobre el tipo de país que se pretende – industrial, soberano, integrado a la región o agro- y minero-exportador, sometido a la política exterior norteamericana y enfrentado con sus vecinos soberanistas –, se conforma con intentar capitalizar localmente los beneficios de la Constitución del 94 respecto a los recursos naturales y encontrar una rápida modernización de sus provincias, sin considerar el carácter mismo de esa modernización – soberana o dependiente –. Fue muy sintomático para este entendimiento la defensa hecha en un reportaje televisivo por la senadora jujeña peronista, Carolina Moisés, al Régimen de Inversiones para Grandes Inversores (RIGI): “En Jujuy hay recursos pero falta financiamiento, y el RIGI podría abrir una oportunidad para el NOA para atraer grandes inversiones que generarían empleo genuino y serían un multiplicador económico”. Y agregó: “Como peronista necesito reconstruir el vínculo con los jujeños y jujeñas, desde el punto que hoy la sociedad nos demanda”. No le estoy dando la razón a la senadora, pero entiendo claramente que su punto de vista pone en evidencia un grave problema al que su fuerza política a nivel nacional no ha logrado ni siquiera enfrentar. Estoy convencido que las provincias se expresaron contra una política que las dejó afuera. Lo hicieron de la peor manera, pero nadie les ofreció una mejor.

Jorge Enea Spilimbergo me dijo, en una de esas largas e inolvidables conversaciones, que el último verdadero federal había sido José Gervasio Artigas y que, después de su derrota, el federalismo se había vuelto un movimiento meramente defensivo, sin un verdadero proyecto nacional. Hoy da la impresión de haberse convertido en un localismo bastante estrecho y egoísta. Los gobernadores (con sus honrosas excepciones) parecen y actúan como intendentes del conurbano, para quienes, y esto es lógico, lo más importante es la situación del alumbrado, barrido y limpieza de su comuna. El litio, el oro, el cobre, el petróleo y el gas no son cuestiones meramente comunales. En ellas está en juego el destino de la Argentina.

Ha escrito Claudio Scaletta, con acierto y en este mismo sentido:  “Si en algo fueron exitosas las tres experiencias neoliberales que antecedieron a la presente, fue precisamente en el establecimiento de transformaciones estructurales difícilmente reversibles. La dictadura realizó la reforma financiera y comenzó la sujeción por deudas, el menemismo desarmó los restos del Estado de Bienestar, profundizó el endeudamiento y, en conjunto con el radicalismo, concretó una reforma constitucional que profundizó la fragmentación del poder del Estado Nación en una suerte de nueva federación de Estados provinciales, una trampa de la que será extremadamente difícil salir, sino imposible. Finalmente, el rol histórico del macrismo, su gran legado, fue reendeudarse con el exterior y traer de vuelta al FMI, todo con el apoyo a la gobernabilidad de la ‘oposición responsable”.

El reseteo del movimiento nacional

Si se insiste en un cuestionamiento meramente moral, apelando al calificativo de “traidor”, muy poco se podrá avanzar en la superación de esta difícil coyuntura. Esto no se soluciona echando dirigentes del Partido Justicialista, institución que, por otra parte, nunca ha tenido un carácter muy estructurado e indiscutible. No es el Partido Comunista Chino. Ni siquiera es el PSOE, para dar un ejemplo más relajado. Nuestro último candidato presidencial fue y es el principal dirigente de otro partido desde hace once años.

Tampoco pasa por las vociferantes propuestas del ex secretario de Comercio y homónimo de célebre actor mexicano, Mario Guillermo Moreno, dividiendo abstracta e ideológicamente, entre “peronistas” y “progresistas”, mientras se aferra a una caricatura del peronismo digna del ya fallecido dibujante Landrú, bastante gorila por cierto. Ni el peronismo histórico fue como lo presenta, ni se puede entrar al futuro retrocediendo.

La ampliación y diversificación de nuestras exportaciones; la discusión, con la más amplia participación del movimiento obrero, sobre una nueva legislación laboral; el papel de las inversiones extranjeras directas en un plan de desarrollo productivo orientado por el Estado nacional y del equilibrio fiscal; una política realista ante el fenómeno endémico de la inflación en nuestra economía y una superación no coyuntural de las restricciones externas son algunas de los tópicos a plantear para volver a ofrecer una alternativa electoral con posibilidades de éxito.

Entiendo, como decía al principio de esta reflexión que se ha hecho demasiado larga, que lo que el movimiento nacional requiere es una introspección y una discusión que actualice su instrumental económico, que replantee un sano federalismo que desconcentre la importancia del AMBA y que ratifique y profundice su política exterior, muy bien desarrollada por el gobierno de Alberto Fernández. En todo esto debería jugar un papel central la CGT y el movimiento obrero en su conjunto. En este dramático momento que vivimos ha asumido un papel aglutinador y programático como no ocurría desde los viejos tiempos de Saúl Ubaldini.

Un vigoroso reseteo del gran movimiento nacional argentino dará, seguramente, como resultado un apagón definitivo al cuarto reseteo de la Patria, propuesto por el capital financiero, el capital extranjero y la gran concentración agroexportadora.

Buenos Aires, 14 de junio de 2024

*escritor, guionista, documentalista y político

Algunas reflexiones a los 40 años de Malvinas

Hundimiento del HMS Sheffield el 4 de mayo de 1982. Murieron 20 personas. Fue el primer barco de la Royal Navy hundido en una guerra en cuarenta años.

Por Julio Fernández Baraibar*

Los sucesos del 2 de abril de 1982, es decir la recuperación militar para la soberanía nacional de nuestras islas irredentas, dieron origen a una verdadera gesta nacional y popular, como se pudo observar de inmediato con la alborozada, entusiasta y espontánea adhesión del pueblo argentino a dicha recuperación. Este entusiasmo pudo verse en todas las plazas del país y principalmente en la de Mayo, ocupada, entre otros, por muchos de los hombres y mujeres que dos días atrás habían sido salvajemente apaleados por la policía del régimen. Incluso entre los exilados y perseguidos por la dictadura cívico militar, la noticia generó una respuesta de solidaridad y las embajadas argentinas -hasta entonces vistas con justificado recelo- comenzaron a llenarse de compatriotas que se ofrecían como voluntarios.

Quien esto escribe encabezó, en Estocolmo, una manifestación hasta las verjas de la Embajada Británica, donde se quemó una Unión Jack, símbolo ominoso de la ocupación colonial. Al día siguiente, un grupo de argentinos y suecos concurrimos a nuestra embajada para exigir se pusiera a nuestra disposición, como ciudadanos argentinos, los elementos necesarios para redactar y enviar comunicados de prensa en apoyo, justamente, a la gesta que se había iniciado ese día. Comenzamos a recorrer las redacciones de los medios de prensa para exponer nuestro punto de vista que era de repudio a la dictadura cívico-militar y de ratificación de la reconquista de nuestro territorio usurpado. Vale la pena mencionar que la atención con que hasta ese momento habían sido recibidas nuestras declaraciones en la prensa sueca desapareció como por encanto. Unos argentinos exiliados denunciando las tropelías de la dictadura proimperialista eran motivo de conmiseración y pena. Pero esos mismos hombres y mujeres reivindicando un acto de voluntad nacional contra una potencia imperialista ya no despertaban solidaridad ni simpatía.

Como pueden recordar todos los que vivían en el país en aquellos días, las canchas de fútbol fueron testigos de la adhesión popular a la recuperación de las islas y de la solidaridad con los oficiales y soldados que estaban en el frente de guerra. Y bajo ningún concepto, ninguna de esas expresiones confundía el apoyo a la recuperación de Malvinas con un apoyo a la dictadura militar. Por el contrario, todavía se recuerdan los cantos de las tribunas adhiriendo a la acción militar austral y repudiando a Galtieri y la dictadura.

El 2 de abril de 1982 se inició, guste o no, una gesta nacional y popular.

Entiendo de sobra -y es algo que muchos de nosotros venimos repitiendo desde hace 40 años- la dificultad que representa asumir la contradicción en la que incurrió el propio régimen militar al reconquistar Malvinas. Los caprichos de Clío han desconcertado muchas veces a espectadores y protagonistas.

No fue otro que el virrey del Imperio Otomano Mehmed Ali Pasha quien, en 1805, encabezó la independencia de Egipto convirtiéndose en el sultán Muhammed Alí e iniciando la creación de un estado nacional moderno. O, más cercano a nuestros días, no fue sino el extravagante play boy Norodom Sihanouk, coronado monarca de Camboya a los 19 años y heredero de una corona cómplice con la dominación francesa, quien encabezó, en 1953, la independencia de ese país del democrático protectorado colonialista.

Lo que me resulta casi imposible de entender es el silencio, olvido o sordina, acerca de que nuestros heroicos muertos durante la guerra de Malvinas fueron matados por balas inglesas, por cañones ingleses, por torpedos ingleses y no por las balas de una dictadura que, es cierto, había asolado al país -y continuó haciéndolo después de la derrota en la batalla austral- a sangre y a fuego. No es posible pensar, sin caer en el más profundo desprecio a esos héroes, que los 323 muertos por el ataque aleve y criminal al Crucero General Belgrano haya que atribuírselos a la dictadura.

Todos estos extravíos que cada 2 de abril abruman en la televisión y la prensa, sobre todo en esa franja de borrosos límites llamada progresismo, derivan de la dificultad para entender que esa guerra, más allá del sentido y las razones que quisiera haberle dado la cúpula militar, fue, y sigue siendo, de naturaleza intrínsecamente liberadora. Y fue eso, la naturaleza justa, legítima y anticolonial de la guerra, lo que generó el inmediato apoyo de los países latinoamericanos.

Panamá votó a favor de la Argentina en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, hizo dudar sobre su imparcialidad, moviéndose a favor de la Argentina, mientras el gobierno de su país envió aviones y aviadores dispuestos a participar en la contienda aero-naval. Venezuela defendió a viva voz a la Argentina, mientras que su embajador en Buenos Aires se convertía en un vocero de la justicia de la causa y de la guerra.

Sólo la dictadura de Pinochet mantuvo su torva hostilidad hacia la Argentina, mientras sus FF.AA. daban información estratégica a la Task Force inglesa. Obviamente no era la admiración al sistema democrático y la soberanía popular o el horror ante las violaciones de los Derechos Humanos lo que guiaba la política del déspota trasandino. Era su lealtad a la OTAN y su sumisión a los EE.UU. y Gran Bretaña lo que dictaba su conducta.

Es muy probable que en el ánimo de la Junta Militar de entonces haya estado la ensoñación que se le atribuye. Pero es mucho más comprobable y demostrable que esa decisión abrió la caja de Pandora del espíritu patriótico de los argentinos y de Patria Grande de los suramericanos. Entre el 2 de abril de 1982 y el final de la Guerra de Malvinas, América Latina volvió a vivir el espíritu bolivariano y sanmartiniano de las luchas por la Independencia y comenzó la latinoamericanización de nuestro reclamo que hoy es ya política oficial de la UNASUR.

𝗨𝗻𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗹𝗲𝗴𝗶́𝘁𝗶𝗺𝗮 𝘆 𝘂𝗻 𝗴𝗼𝗯𝗶𝗲𝗿𝗻𝗼 𝗶𝗹𝗲𝗴𝗶́𝘁𝗶𝗺𝗼

Se ha afirmado, para negar la justicia de la Guerra de Malvinas que ella no fue no fue el resultado de las deliberaciones y necesidades de distintos sectores de una sociedad que deciden alzarse en armas contra el colonialismo del que son víctimas.

En primer lugar ninguna guerra de liberación es el resultado de ese manual de procedimientos. El hecho de que una guerra sea adoptada por un parlamento democráticamente elegido no incide sobre su naturaleza. La aprobación por parte del Congreso norteamericano del envío de tropas a Irak no modifica el carácter imperialista, injusto e ilegítimo de esa decisión. El hecho de que hayan sido los jefes del Frente Nacional de Liberación de Argelia, y no el pueblo argelino reunido en congreso, quien haya iniciado su guerra por la independencia no modifica en un ápice la naturaleza justa, legítima y popular de la misma. Lo contrario es formalismo democratista liberal, algo que contradice abiertamente el realismo de nuestro pensamiento nacional y popular.

Tampoco es cierto que la decisión del ’82 haya sido una “aberración geopolítica absoluta”, como se ha llegado a decir. Los numerosos testimonios ingleses sobre lo cerca que Argentina estuvo de obtener un resultado favorable nos eximen de mayor explicación. Coincido también en esto con Jorge Abelardo Ramos cuando afirma: “Iniciar y consumar la recuperación de las Malvinas fue una victoria política y estratégica en sí misma (ya que rompió la inmovilidad de un siglo y medio) y la rendición de Puerto Argentino constituyó una derrota táctica, pero que no alteró el significado global de la guerra y su positivo valor histórico. Justamente la idea de que la guerra fue perdida es la que manipula el Servicio Secreto Británico y los ‘partidos políticos de la rendición incondicional’, que parasitan en la Argentina” (Prólogo al Informe de lord Franks, 1° de marzo de 1985).

𝗟𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼𝘀

El otro punto que ha desvelado a los críticos de la breve recuperación de las islas y los combates que sobrevinieron es el relativo a la supuesta violación de los Derechos Humanos de la tropa por parte de nuestra oficialidad.

Argentina ha tenido el singular privilegio -común a muy pocos países del orbe- de no haber participado directamente en un conflicto bélico desde la infame Guerra de la Triple Alianza -de naturaleza simétricamente opuesta a la de Malvinas, por otra parte-. Esto le ha dado a nuestro pueblo una ingenua ignorancia sobre las condiciones en que se desarrolla una guerra. Pese a haberlo visto miles de veces en películas norteamericanas o europeas, la brutalidad, el desprecio por la vida propia o ajena, la crueldad disciplinaria, el inapelable verticalismo castrense, le resultan reconocibles y propios de esas películas, pero extraños y ajenos a nuestras tradiciones de convivencia. Pero la verdad es que así es la guerra. Un estado en el que, de alguna manera, se suspenden los derechos humanos y la obediencia y la disciplina son fundamentales para el cumplimiento del objetivo: matar más soldados enemigos que los que el enemigo mate en nuestras filas. No intento con esto negar el hecho de que, como en toda guerra y, más aún, en toda actividad humana, no se hayan cometido injusticias y arbitrariedades, pero plantear la Guerra de Malvinas -como lo hace la película “Iluminados por el Fuego” como una guerra entre oficiales y soldados … argentinos, es un notable y pernicioso dislate.

De los miles de veteranos de la guerra de Malvinas, son muy pocas la denuncias sobre este tipo de hechos a los que cierta retórica pretende llamarlos de lesa humanidad. ¿Hubo casos de injustos castigos? Seguramente sí, los hubo, como los ha habido y seguirá habiendo en cada oportunidad en que el furor de Marte gobierne la conducta de los humanos. El puñado de hombres que en 1964 se juntó en Orán, Salta, para iniciar una actividad guerrillera terminó fusilando a dos de sus miembros por supuestos actos de indisciplina y, por otra parte, fueron los únicos muertos que el grupo ocasionó. Bolívar no dudó en fusilar a quien posiblemente fuese su mejor hombre, el general Manuel Piar, y a todos sus compañeros. Las fuerzas militares destacadas en Malvinas no se dedicaron a estaquear soldaditos, como se ha llegado a afirmar, aunque lo hayan hecho. Prueba de ello son la cantidad de víctimas inglesas caídas en lucha cuerpo a cuerpo, el heroísmo de los oficiales de la aviación que salían a atacar a las naves inglesas sabiendo que las posibilidades de regreso eran mínimas y en donde caían tres pilotos de cada cinco que partían.

Esto fue lo que entendió Fidel Castro, y no los pocos casos de arbitrariedades, cuando sus ásperas barbas rozaron, en un abrazo, la delicada piel del canciller argentino Nicanor Costa Méndez. Me cuesta pensar que el viejo líder revolucionario estuviera confundido al respecto.

Estas reflexiones pretenden ser una contribución a evitar que, dentro de cien años, una nueva oleada de revisionismo histórico tenga que rescatar del olvido -como lo hemos hecho con la batalla de la Vuelta de Obligado- la valentía y astucia de los argentinos enfrentando con las armas, y en disparidad de condiciones, a los usurpadores de nuestro territorio patrio.

Buenos Aires, 1º de abril de 2022

*Escritor, guionista, documentalista y político

Las voces de aquel 24 de marzo de 1976

Por Aldo Duzdevich*

Los últimos días de Isabel Perón

Todavía hay poco escrito y analizado sobre el período de Isabel Perón. Para la academia el periodo de Isabel es equiparable a la dictadura que la sacó del poder. Para los peronistas en general es una figura incómoda por la mala prensa que se hizo de ella.  

Es preciso recordar que, en la Argentina previa al golpe, había una desocupación real del 3,3%, la participación de los trabajadores en el PBI era del 49,5%; la población bajo el nivel de pobreza era el 3,2% y la deuda externa estatal era de 4 mil millones de dólares y 3800 millones la privada. 

Pero, el de Isabel era un gobierno jaqueado por la violencia guerrillera, y por la violencia de las bandas de derecha digitadas por la inteligencia militar. Ese cuadro de violencia añadido a lo que hoy llamamos “la presión de los mercados” daba un contexto de extrema fragilidad democrática.

 Antonio Cafiero un dirigente respetado por todos expresó : “Isabel tuvo que soportar cinco años de prisión, de humillaciones y maltrato de sus carceleros. (…) Creo que se ha maltratado por demás la figura de Isabel Perón (…) Esta a la vista que cometió desaciertos, pero fue digna y siempre exigió que se respetara la investidura presidencial…no dió un paso atrás aun en los momentos de mayor zozobra, lo que habla de su temple. Ella debió soportar durante su mandato un ambiente torturante: asesinatos, muertes, huelgas, conatos y ultimátum militares, pujas entre los distintos grupos partidarios, defección de compañeros, prensa adicta al golpismo, sin olvidar la grave situación económica y social. Sin embargo, Isabel no se sustrajo de la pelea diaria, del seguimiento de los temas de gobierno (…) En muchas ocasiones no supo discernir el error en las opiniones de algunos mediocres que estaban a su lado que la llevaron a cierto grado de aislamiento.(…) Como dirigente del Partido Justicialista guardo por Isabel especial afecto y reconocimiento por los difíciles momentos que tuvo que afrontar…”

En sus últimos dos meses de gobierno, el único sostén eran las 62 Organizaciones de Lorenzo Miguel, el pequeño entorno de Isabel, algunos grupos sueltos de juventud. Balbín expresaba  “ si me piden soluciones, no las tengo”. La estrategia de la “fruta madura” había sido exitosa.

En el Movimiento Obrero coexistían dos posicionamientos uno de la CGT (Casildo Herreras) un poco mas alejado del gobierno y el segundo de las 62 Organizaciones (Lorenzo Miguel) que sostuvo a Isabel hasta el ultimo minuto. Casildo Herreras el día 23 de marzo desde Montevideo dijo su famosa frase “Yo me borre” .En cambio, Lorenzo Miguel fue detenido y pasó cuatro años preso.

Excluyendo a Montoneros y su periferia, los demás grupos juveniles peronistas como Guardia de Hierro, el FEN, la JP Lealtad y el Encuadramiento estaban apoyando con mayor o menor énfasis la continuidad de Isabel Perón.

La opinión publica y los diarios

En esos años no se hacían encuestas de opinión, pero tampoco era difícil percibir, que el ánimo de la población estaba muy lejos de resistir en las calles el golpe militar.

Las tapas de los diarios anunciaban la inminencia del golpe. El 23/3 La Opinión titulaba en tapa “Una Argentina inerme ante la matanza”, “Mañana se cumplen 90 días de la apelación de Videla”. La 6ª de La Razón en tapa “Es inminente el final”. “Todo esta dicho”. Crónica en tapa “Movimientos de tropas”. “Casildo Herreras en Uruguay: Me borre””

Mientras en el Congreso los legisladores vaciaban sus despachos y pedían anticipos de dieta. En Casa Rosada Lorenzo Miguel, Deolindo Bittel y Osvaldo Papaleo anunciaban “descorchen champán  hoy no hay golpe”.

Poco antes de la una de la madrugada del  24 de marzo, Isabel subía al helicóptero que iba a ser desviado al Aeroparque para detenerla en soledad. Medio centenar de personas la  vivaban en Plaza de Mayo.  Esa misma Plaza de Mayo en la cual, apenas tres años antes, muchos miles de gargantas gritaban a los militares “se van, se van y nunca volverán” .

El verdadero objetivo de la dictadura: el Plan Económico “libertario”

Si bien los militares “compraron” el golpe con la excusa de combatir la subversión, el verdadero objetivo de sus mandantes era instaurar el modelo económico liberal. En un exceso de sinceridad Walter Klein , el colaborador más próximo de Martínez de Hoz, declaró que el programa económico en vigor desde marzo de 1976 era “incompatible con cualquier sistema democrático y sólo aplicable si lo respalda un gobierno de facto”.

“Se abre, señores, un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas.” Así iniciaba su discurso José Alfredo Martínez de Hoz el 2 de abril de 1976.

Luego enunciaría los doce puntos base de su política económica:Libertad de precios, liberación del  mercado cambiario, libertad del comercio exterior, derogación de retenciones al agro, libre importación de bienes, reforma financiera, aumento de tarifas y eliminación de subsidios…

Según el economista e historiadorMario Rapoport . “En una primera etapa, de 1976 a 1978, se implementó un plan de ajuste ortodoxo, con devaluación, liberación de precios, congelamiento de salarios, facilidades para las importaciones, cese de la promoción de exportaciones industriales.”

“Una segunda etapa comenzó en diciembre de 1978, con la aplicación de la “tablita cambiaria”, que consistía en devaluaciones programadas inferiores a la inflación. Estas apreciaron el peso, agravaron el cierre de las industrias nacionales, imposibilitadas de competir con los productos importados, e impulsaron una gran salida de divisas.  Esos déficit se cubrieron con ingresos de capitales y crearon la enorme deuda externa.”

Se autorizó la apertura de 1179 sucursales financieras y se cerraron 19.000 establecimientos industriales.

La deuda externa pasó de 7.800 millones de dólares en 1976 a 43.600 millones a fin de la dictadura en 1983. 

Cualquier semejanza con las propuestas de actuales, no son mera coincidencia, son las mismas recetas que los economistas liberales tienen desde siempre, y que, ni siquiera en dictadura han demostrado ser exitosas.

Que dijeron las “fuerzas vivas”

Los sectores dominantes hicieron público su firme apoyo al golpe militar a través de la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) , conformada por el Consejo Empresario Argentino (CEA), la Sociedad Rural Argentina, la Cámara Argentina de Comercio, la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) y la mayoría de las cámaras patronales sectoriales.

El gobierno militar contó también con el apoyo de los gobiernos de EEUU y la URSS y del capital financiero internacional.

La Sociedad Rural declaraba: “un régimen demagógico y populista, llevaron al país casi al borde de su disolución, desgracia que pudo ser evitada debido a la intervención militar del 24 de marzo.” 

La  CARBAP  a través de Jorge Aguado  decía enun artículo (de abril del ’76) en la revista Extra : “Las fuerzas armadas argentinas han asumido su responsabilidad de tomar el poder para impedir la continuación de un gobierno que, por obra de su incapacidad e inmoralidad, venía sumiendo el país en una profunda crisis social, económica y política”.

La Federación Agraria Argentina FAA,  el 1º de abril de 1976 en su periódico La Tierra, señala: El largo y penoso proceso de debilitamiento de nuestras instituciones republicanas (…) tuvo su epílogo en la madrugada del 24 de marzo pasado, cuando un pronunciamiento militar determinó la caducidad de todas las autoridades constitucionales y su reemplazo por un triunvirato integrado por los comandantes generales de las Fuerzas Armadas.”

La UCR (Unión Cívica Radical) no acompañó públicamente al golpe, porque apostaban a ganar la presidencia en octubre del 76. Pero el 35% de las intendencias del país fueron ocupadas por dirigentes radicales. Igualmente no estuvieron solos, los partidos provinciales, el MID e incluso el PJ aportaron intendentes municipales.

Las tapas de los diarios

Clarín como si se tratase de un traspaso democrático tituló: “Nuevo Gobierno” “Calabró entregó la Gobernación”. No hay fotos de tanques, ni militares, solo un pequeño grupo de gente en plaza de mayo.

La Nación mas cercano a la verdad tituló : “Las Fuerzas Armadas asumen el poder; detúvose a la Presidente” e ilustran con una foto del helicóptero que lleva a Isabel detenida.

El  diario La Opinión tituló:  “Gobierna la Junta Militar” y en un recuadro “Hallaron armas en la UOM”.

Crónica, en tanto, decía: «Asumió la Junta: Isabel custodiada». Últimas Noticias,  «¡Cayó Isabel!».

El martes 30 Clarín tituló : “Juraron Videla y sus ocho ministros” “Hubo público en Plaza de Mayo” una foto muestra gente tras los vallados y dice que “unas dos mil personas se dieron cita para saludar a Videla”

El Partido Comunista y  el “carácter democrático y progresista del Presidente Videla”

En este aquelarre histórico que fué el Proceso donde todos los ojos estuvieron y están puestos en los espantos del terrorismo de estado y sus secuelas, a quedado borroneada la conducta del principal partido de la izquierda argentina, el Partido Comunista. Aunque algunos de sus miembros sufrieron las consecuencias de la represión, el PC durante toda la dictadura consideró que Videla era el dictador blando que se oponía la línea pinochetista del Ejercito, por lo tanto dar apoyo  a Videla, nos salvaba de la llegada de un Pinochet.

Recordemos que por el Comunicado 45 de la Junta Militar del 24 de marzo, se prohibieron las actividades de: el Partido Comunista Revolucionario (PCR), Partido Socialista de los Trabajadores (PST), Partido Política Obrera (PO); Partido Obrero Trotskista, Partido Comunista Marxista Leninista. El único partido de izquierda no prohibido por la dictadura fue justamente el mas grande e importante, el Partido Comunista Argentino (PC).

El 25 de Marzo de 1976, el Comité Central  del PC  emitió una declaración a propósito del golpe del día anterior. En sus principales  párrafos se lee: “El Partido Comunista está convencido de que no ha sido el golpe del 24 el método más idóneo para resolver la profunda crisis política y económica, cultural y moral. Pero estamos ante una nueva realidad. (…) “Los actores de los sucesos del 24 expusieron en sus primeros documentos sus objetivos, que podríamos resumir de la siguiente manera: “Fidelidad a la democracia representativa con justicia social, revitalización de las instituciones constitucionales, reafirmación del papel de control del Estado sobre aquellas ramas de la economía que hacen al desarrollo y a la defensa nacional. El Partido Comunista, aunque no comparte todos los puntos de vista expresados en los documentos oficiales, no podría estar en desacuerdo con tales enunciados, pues coinciden con puntos de su Programa, que se propone el desarrollo con independencia económica, la seguridad con capacidad nacional de decisión, soberanía y justicia social.” Para tomar cierta distancia aclaran que no comparten “todos” los objetivos de la Junta Militar. Muy llamativo es el primero, “fidelidad a la democracia representativa” de los que están dando un golpe…

Finalizan con una felicitacion: “El PC considera auspicioso que la Junta Militar haya desechado una solución «Pinochetista»

Un ribete más oscuro de la misma política fue el rechazo airado, en vena antiimperialista, a la intervención de agencias del gobierno de Carter u otras instancias internacionales en condena de los crímenes cometidos, y el impulsar el voto contrario de los países socialistas en foros internacionales en que se planteaba la cuestión de los derechos humanos en Argentina. “Reconociendo el innegable papel de la solidaridad internacional, negamos sinceridad y autoridad moral al imperialismo yanqui para defender los derechos humanos más allá de sus fronteras, violándolos fronteras adentro y en diversas partes del mundo. Es justo rechazar dicha injerencia, así sea so pretexto de defender derechos legítimos.” Dirían en una declaración sobre el tema. O sea, adherían a calificar de “campaña anti-argentina” las denuncias sobre violación a los DDHH en el exterior.

El 25 de Septiembre de 1976 el Comité Central del Partido Comunista Argentino emitió un elogioso comunicado sobre el discurso pronunciado por Videla en Tucumán a seis meses del golpe: “La opinión democrática de la inmensa mayoría del país, que rechaza el pinochetismo, apoyará decididamente aquellos enunciados programáticos formulados por el Presidente Videla en Tucumán, y que por su carácter democrático y progresista pueden contribuir a la construcción, entre todos, de la Argentina que queremos” 

Para el PST el gobierno de Isabel, no debía durar ni un minuto más

Los documentos del Partido Socialista de los Trabajadores emitidos previo al 24 de marzo de 1976, muestran – no un apoyo al golpe – pero si : “la inconveniencia de que (el gobierno peronista) continúe un solo minuto más”.  Y después del 24/03: “la destitución del peronismo fue un hecho que los militares cumplieron a su manera” .

Esta frase “la destitución del peronismo fue un hecho que los militares cumplieron a su manera,” se acerca bastante a la frase que utilizó en Partido Comunista (PC): “El Partido Comunista está convencido de que no ha sido el golpe del 24 el método más idóneo para resolver la profunda crisis política y económica, cultural y moral. ”

 En la revista semi-legal del PST: Cambio, Nº 1, del 15 de mayo de 1976, una nota analiza el golpe militar bajo el titulo : “Historias breves. La caída del gobierno peronista”. Aquí algunos párrafos de dicha nota:

“Más allá de las razones principistas que llevan a toda opinión sanamente democrática a oponerse a los golpes de estado o del juicio concreto que puedan merecer las medidas del actual gobierno, la destitución del peronismo fue un hecho que los militares cumplieron a su manera, después que la marea popular no alcanzó a hacerlo por la defección de sus dirigentes.”

“¿Cayó el gobierno peronista sólo por el empecinamiento de Isabel Perón, por su negativa a renunciar a tiempo? Porque la alternativa era esa: para no ser destituido debía renunciar.”

“Pero la impaciencia y la indignación popular,(…) siguió manifestándose en forma creciente en una tensión social insufrible y en conflictos que se interiorizaban, a falta de otro canal, dentro de las empresas. En este marco, aguardar otros nueve meses de pesadilla y crisis hasta unas elecciones azarosas resultó imposible.” “Todo un pueblo clamaba contra el gobierno, que terminó sólo sostenido por una fracción de la cúpula sindical, cuyos llamados no escuchó nadie, y por un sector de la ultraizquierda.”

Vean el detalle que hacen mención al “actual gobierno” o sea no lo califican como dictadura, sino que copian a Clarín llamando a la junta militar : “nuevo gobierno”.

“Descartamos la caracterización de fascista” decía el Partido Obrero

Un año después del golpe, el 1º de marzo de 1977,  se publica “Documento de la Conferencia Nacional de PO, como Cuadernos de Estudios Sociales Nº 1”.

El Partido Obrero, en ese documento  (un año después del golpe) afirmaba : “Descartamos la caracterización de fascista del gobierno militar (…) el gobierno militar  es un gobierno burgués contrarrevolucionario de tipo semi-bonapartista”  .

“Hemos señalado en otros documentos que el gobierno militar es un gobierno burgués contrarrevolucionario de tipo semi-bonapartista (…) Descartamos la caracterización de fascista debido a que el gobierno no cuenta con el apoyo de un movimiento contrarrevolu­cionario pequeño burgués y a que tampoco constituye la dictadura militar de un solo partido..”

Aclaremos que según la concepción marxista, los gobiernos de Perón fueron “bonapartistas”, entonces, una dictadura “semi-bonapartista” no parecería ser tan negativa.

El PO  también se ocupaba de criticar la posición del PC y PST : “Es así que el PST y el PC sostienen que estaríamos ante un gobierno, si no redondamente democrático, al menos ambiguo, indefinido, y de ninguna manera contrarrevolucionario.”

Lo llamativo es que a un año del proceso militar, en el documento del PO no hay ninguna mención a desaparecidos, centros clandestinos, o terrorismo de estado. El único breve párrafo sobre la represión es el siguiente : “La desorganización del movimiento obrero es muy grande y la represión sigue golpeando duramente a los activistas y a los elementos descontentos de la pequeña burguesía.”

La guerrilla esperaba y deseaba el golpe militar

Tanto el ERP como Montoneros, de 1974 a 1975 habían progresado en sus aparatos militares, pero habían perdido el apoyo político, porque, una cosa era el uso de la violencia contra la dictadura de Lanusse, y otra muy distinta usarla contra los gobiernos populares de Cámpora, Perón e Isabel, lo que ellos denominaban “farsa democrática”.

Entonces, aunque no lo proclamaban, estaban esperando el desenlace de un golpe, en la creencia que el pueblo se iba a sumar masivamente al enfrentamiento contra los militares. Era su visión binaria de la política, de un lado los militares, del otro el pueblo, conducido a la guerra civil por las vanguardias revolucionarias. Como ya sabemos nada de eso sucedió. La guerrilla quedó mas aislada políticamente y fue destruida por el terrorismo de estado.

Pero, el 24 de marzo de 1976 Mario Roberto Santucho estaba exultante y escribió una proclama de alto contenido emocional, pero carente análisis serio de la realidad.  Y como dicen Tarcus y Cernadas dos historiadores de izquierda  “un análisis realista y crítico (…) hubiese permitido resguardar físicamente y armar políticamente a las propias fuerzas” . Pero las organizaciones guerrilleras actuaron en dirección opuesta, y en lugar de resguardar física y políticamente a sus militantes, los convocaron a una guerra civil que nunca existió.

El Ejercito Revolucionario del Pueblo PRT-ERP : “Argentinos a las armas !!”

Con ese titulo el jefe del ERP Roby Santucho escribe el editorial de El Combatiente, con fecha 31 de marzo de 1976:

“La usurpación del gobierno por los militares y el recrudecimiento de la represión antipopular que caracteriza a la nueva Dictadura coloca a todo nuestro pueblo frente a un desafío histórico, en una nueva etapa de la lucha revolucionaria ya iniciada, a las puertas de una época histórica y gloriosa por la que ya marcha erguida y determinada su vanguardia guerrillera.”

“El fracaso final del peronismo y el golpe militar reaccionario, imponen al pueblo argentino la histórica responsabilidad de rebelarse masivamente, tomar en sus manos los destinos de la

patria, afrontar con heroísmo los sacrificios necesarios y librar con nuestra poderosa clase obrera como columna vertebral, la victoriosa guerra revolucionaria de nuestra Segunda y definitiva Independencia.”

“Y esa histórica responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros será dignamente cumplida por nuestro pueblo, por nuestro Partido, por nuestro Ejército Guerrillero y todas las fuerzas revolucionarias progresistas y patrióticas…”

Tres meses después de esta proclama, cuando se disponía a salir del país, Santucho muere resistiendo su detención. Y, en los meses siguientes, centenares de jóvenes militantes del ERP van a caer en manos de la represión ilegal y hoy integran las listas de detenidos-desaparecidos.

 Según Montoneros “las Fuerzas Armadas derrocaron a Isabel y sus payasos.”

Dice el Evita Montonera N.º 12 :  “En la madrugada del 24 de marzo las Fuerzas Armadas derrocaron a Isabel y sus payasos. El desenlace del Isabel de todas maneras, ya lo habíamos previsto hace tiempo…”

 “Los comandantes dan el golpe porque el gobierno era superado por la movilización popular y el enfrentamiento armado, especialmente al iniciarse la Tercera Campaña Militar de Montoneros.”

“Con este golpe termina una etapa y otra nueva se inicia. El justicialismo de la integración al sistema de la conciliación de clases, de la traición a los intereses del pueblo ha terminado.”

“Cuando el Frente de Liberación Nacional deje sin apoyo alguno al ejército cipayo, y hayamos avanzado en la edificación del Ejército Montonero y sus Milicias, el enfrentamiento generalizado va a destruir esta carta de dependencia.”

Evidentemente, Firmenich y la conducción de Montoneros, estaba midiendo muy mal la correlación de fuerzas, y su grave error político los precipitaba a una tragedia que nadie imaginaba.

En Abril de 1977, Firmenich declaraba ante Gabriel García Márquez:   “A fin de octubre de 1975, cuando todavía estaba en el gobierno Isabel Perón, ya sabíamos que se daría el golpe dentro del año. No hicimos nada para impedirlo porque, en definitiva, también el golpe formaba parte de la lucha interna en el movimiento peronista. Hicimos en cambio nuestros cálculos  de guerra, y nos preparamos a soportar, en el primer año, un número de bajas humanas no inferiores a 1.500 unidades. Nuestra previsión era ésta: si logramos no superar este nivel de pérdidas, podíamos tener la seguridad de que tarde o temprano venceríamos.”- GM: “¿Qué sucedió?”-MF:  “Sucedió que nuestras pérdidas han sido inferiores a lo previsto. En cambio, en el mismo período, la dictadura se ha desinflado, no tiene más vía de salida, mientras que nosotros gozamos de gran prestigio entre las masas y somos en la Argentina la opción política más segura para el futuro inmediato.”

El diagnostico de la situación de Firmenich era absolutamente errado. La guerrilla no tenía ningún consenso social y  al 1º de abril de 1977, ya había 5200 desaparecidos . La gran mayoría de ellos  militantes vinculados a la organización Montoneros. Y, para fin de ese año 77 ,  los simpatizantes montoneros  que habían quedado en el país, habían sido prácticamente aniquilados.

El Partido Comunista Revolucionario (PCR)  en defensa de Isabel

En esta manía simplificadora de la historia, el PCR ha sido feroz blanco de muchas criticas por su apoyo al gobierno de Isabel Perón. Pero no hay que dejar de mencionar que sus cuadros estuvieron entre las primeras victimas de la Triple A. Rene Salamanca fue secuestrado y desaparecido el mismo 24 de marzo.

El encono tan fuerte con sus antiguos camaradas del PC los llevó a caracterizar al golpe de 1976 como golpe pro-ruso y pro-yanky. Y aunque lo de pro-ruso suene disparatado, cuando analizamos el fuerte apoyo a Videla que dio el Partido Comunista, y el apoyo internacional que recibió la dictadura, por parte de la Unión Soviética, la caracterización deja de sonar tan irracional.

Ya en noviembre de 1974 el PCR advierte que luego de la muerte de Perón se desataron las fuerzas golpistas.

“Es evidente para todos que utilizando la oleada terrorista se ha ido creando un caldeado clima golpista. Hace apenas año y medio se acabó con una dictadura militar que durante siete años escribió algunas de las páginas más negras de la historia argentina. Y ya se habla, de nuevo, de otro posible gobierno militar.”

En el órgano oficial del PCR la revista Nueva Hora,  del día 9 de marzo de 1976 puede leerse un titular grande “Armas para el pueblo”. “No a otro 55”.

En la revista que salió el 23 de marzo, un día antes del golpe dicen: “Frente a la crisis. Todos contra el golpe imperialista” “Coordinar desde las fábricas la acción popular. Toda medida de lucha debe contribuir a la acción ofensiva y combativa de los trabajadores, al levantamiento popular antigolpista y liberador. Cárcel para los conspiradores y libertad a los patriotas antigolpistas presos. En defensa de las conquistas amenazadas y en el camino de la lucha por la liberación definitiva, junto al pueblo peronista y patriotas argentinos defender al gobierno de Isabel Perón.”

“Contra el golpe prorruso y proyanqui. Otro 55 no Pasará.”

Lamentablemente salvo los militantes del PCR pocos argentinos se enteraron de esta convocatoria a defender el gobierno de Isabel Perón.

El Frente de Izquierda Popular contra el golpe

El 26 de agosto de 1975 en una columna – en el quincenario  Izquierda Popular-  Jorge Abelardo Ramos plantea claramente que hay que sostener al gobierno hasta la elección de 1977 . Dice Ramos: “Con la bomba homicida, con la intriga de palacio o con la campaña de prensa amarilla, se pretende derribar con Isabel al movimiento nacional, para regresar a un nuevo 55.”

“Aprovechando las debilidades, las secuelas de la banda de López Rega, y el abandono del programa económico de Perón, otras bandas aliadas a los intereses anti-nacionales, a la vieja Unión Democrática, y al radicalismo moribundo,  aspiran a impedir la conclusión del mandato surgido por voluntad popular en 1973.”

En los días previos al golpe,  Izquierda Popular del 22 de marzo de 1976, bajo el titulo “Hay que preparar la contraofensiva” dice: “Ante la escalada de rumores golpistas la Junta Nacional del FIP emite la siguiente declaración: En las últimas horas se ha reavivado la ofensiva golpista que impulsan las fuerzas de la vieja Argentina. El Frente de Izquierda Popular declara que, cualquier aventura militar estará dirigida no solo contra el actual gobierno, sino contra la posibilidad de que el pueblo pueda decidir libremente su destino en las elecciones convocadas para dentro de ocho meses. Están en peligro la soberanía popular, las conquistas sociales, la vida misma de la clase trabajadora y las grandes mayorías.”

“La historia juzgará a los partidos, las instituciones y los hombres que han contribuido a fomentar la conspiración y aquellos que se sumen a esta quiebra del proceso democrático. (…) El FIP llama al movimiento obrero a oponerse al golpe de estado con la huelga general y las acción unida de la clase trabajadora.”

La posición del FIP frente al golpe es muy clara. Lamentablemente al igual de el PCR que llamaba a la movilización para enfrentar el golpe, el FIP carecía de fuerzas suficientes siquiera para intentarlo.

Pero además la sociedad, incluida la clase trabajadora, ya había bajado los brazos ante tanta agitación conspirativa y no existía voluntad para movilizarse en defensa del gobierno.

Los militares dieron el golpe con el beneplácito de las clase alta y media y con la resignación silenciosa de la clase trabajadora.

*Autor de La Lealtad- Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco

1ro de mayo de 1974. Perón entre la unidad nacional y el sectarismo negativo

Por Aldo Duzdevich*

El 1º de Mayo de 1974 por la mañana, centenares de colectivos procedentes de todo el interior del país fletados con dinero de la organización Montoneros llegaban a su punto de encuentro, la Facultad de Derecho.  En esos momentos, el Presidente Juan Domingo Perón inauguraba las sesiones del Congreso Nacional. En su discurso trazaba  las bases del Modelo Argentino que presentó “a consideración de todos los argentinos de buena voluntad”.  La militancia de JP-Montoneros no le interesaba escuchar a Perón, venían con una sola consigna: cuestionar al gobierno del cual eran parte.

 

El Perón de 1973 no era el del 55. Dejaba atrás dieciocho años de exilio, de humillaciones y persecuciones sufridas y  volvía en la inteligencia de cerrar la grieta del peronismo-anti peronismo .  Convocó a sus viejos adversarios: Balbin, Frondizi, Solano Lima. Reconstruyó lazos, y propuso debatir un conjunto de ideas sobre las que una mayoría de argentinos pudiese coincidir. A eso le llamó:  Modelo Argentino .

 

 “Nuestra Argentina necesita un PROYECTO NACIONAL, perteneciente al país en su totalidad. Estoy persuadido de que, si nos pusiéramos todos a realizar este trabajo y si entonces comparáramos nuestro pensamiento, obtendríamos un gran espacio de coincidencia nacional. (…)  Como Presidente de los argentinos propondré un MODELO a la consideración del país, humilde trabajo, fruto de tres décadas de experiencia en el pensamiento y en la acción. Si de allí surgen propuestas que motiven coincidencia, su misión estará más que cumplida.” Expresó.

 

“El mundo nos ha ofrecido dos posibilidades extremas: el capitalismo y el comunismo. Interpreto que ambas carecen de los valores sustanciales que permiten concebirlas como únicas alternativas histórico-políticas. Paralelamente, la concepción cristiana presenta otra posibilidad, pero sin una versión política, suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno. (…) Alguna vez prediqué la armonía como categoría fundamental de la existencia humana; sigo creyendo en ella como condición inalienable para la configuración de la Argentina que todos anhelamos. Esa básica consonancia excluye la violencia e implica comprender que el único camino para la construcción fértil es partir de ideas, valores y principios, cuya práctica concreta no cercene el cauce de la paz.”

 

“Esto no distorsiona en absoluto la vocación de cambio del Justicialismo, concretado en este Modelo Argentino; ya he afirmado que la doctrina es revolucionaria en su concepción, pero pacífica en su realización.”(…) Surge, también, una experiencia importante para nuestros países: hay sectores internos cuyos objetivos coinciden con los de los imperialismos. Obviamente, la capacidad de decisión de estos sectores debe ser debilitada o anulada.”

 

Perón retomaba los viejos conceptos de justicia social, desarrollo industrial independiente, e incorporaba los nuevos desafíos de los cuales  nadie hablaba hace 47 años: la ecología y las nuevas tecnologías.

 

“Creo que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, (…) y de la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional.”(…)

 

“La sociedad que anhelamos para el futuro debe comprender que el problema científico tecnológico está en el corazón de la conquista de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace imposible.” (…) En los centros de más alta tecnología se anuncia, entre otras maravillas, que pronto la ropa se cortará con rayos láser y que las amas de casas harán sus compras desde sus hogares por televisión y las pagarán mediante sistemas electrónicos.”

 

Esta frase parece hoy una obviedad. Pero recién 20 años después  (en 1995), tuvimos internet en Argentina. Y, en 2003, las amas de casa hicieron sus compras por medios digitales. En estas cosas pensaba Peron 50 años atrás; mientras muchos jóvenes creíamos que era un anciano, detenido en el tiempo de sus glorias pasadas.

 

Mientras Peron hablaba en el Congreso,  en los colectivos fletados por la organización Montoneros. aparte de sus militantes ya decididos a gritarle su bronca, venían cientos de simples simpatizantes peronistas motivados por ver y escuchar a su líder. Solo los gremios y la JP-Montoneros tenían organización y recursos para movilizar gente desde todo el país.

 

Sobre ese 1º de Mayo,  quedo plantado el paradigma : “Perón nos echo de la Plaza”. Pero, los sucesos de  la plaza, no fueron una sorpresa, fue el desenlace de una historia previa. En la historia, un error común, es quedarse en la imagen de un hecho, y  desconocer el antes y el después de un acontecimiento.

 

Comencemos por recordar que Perón había propiciado que los jóvenes de la “Tendencia Revolucionaria” mayoritariamente referenciados con FAR y Montoneros tengan su cuota de poder en el nuevo gobierno.  Los gobernadores de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta, San Luis, Santa Cruz y Formosa eran hombres con distintos niveles de acuerdos con la Tendencia; el Ministerio  del Interior,  el Ministerio  de Educación , y las universidades nacionales estaban en manos del mismo sector.

 

Pero, el proyecto de la cúpula de FAR y Montoneros nunca terminó de coincidir con el que Peron había concebido para esa etapa.  En noviembre del 73 Firmenich expresó ante sus cuadros medios  que:  “La ideología de Peron es contradictoria con nuestra ideología porque nosotros somos socialistas (…)para nosotros la Comunidad Organizada, la alianza de clases es un proceso de transición al socialismo”.(…)La contradicción con Perón es insalvable. La solución ideal sería que Perón optara por admitir que la historia va más allá de su proyecto ideológico y que nosotros somos los hijos objetivos del Movimiento Justicialista; y que  resignara su proyecto ideológico, adecuándose a esa realidad. Perón sabe que nuestra posición ideológica no es la misma que la de él, y de ahí que tiene una contradicción que vaya a saber como la resolverá.”

 

Aunque eran parte del gobierno constitucional, Montoneros nunca abandonó su accionar armado; solo que sus enemigos dejaron de ser los militares, y pasaron a ser los otros sectores del peronismo, en especial la dirigencia sindical.

 

El 25 de septiembre,  dos días después que Perón ganara su tercera presidencia por el 62% de los votos, Montoneros asesinó al secretario general de la CGT José Ignacio Rucci.  Según  Juan Gelman:  “Lo de Rucci se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda.” A partir de ese momento, la relación de Montoneros con Perón, tomo un tinte cuasi mafioso. Porque, tirar un cadáver para sentarse a negociar, es una practica común de la mafia. Sin embargo, Perón los siguió recibiendo en publico y en privado.

 

En enero del 74, el gobierno mando al Congreso un proyecto de modificación del Código Penal. Se intentaba frenar a la guerrilla del ERP, que,  aprovechando la derogación  de las leyes represivas , de julio a diciembre de 1973, habían realizado 185 atentados, en promedio uno por día. Los diputados que respondían a Montoneros se opusieron a los cambios. Perón los recibió,  los escucho pacientemente y les explico la necesidad de las reformas. Por orden de Firmenich  ocho diputados renunciaron a sus bancas.

 

Durante el mes de febrero se sucedieron una serie de reuniones de Perón con los distintos grupos de JP en las cuales participaron los Montoneros. El 26 de abril, Perón, los recibió  nuevamente. Alberto Molinas, de Montoneros, habló sobre el acto del 1º, advirtiéndole que: “a la Plaza de Mayo van a concurrir todas nuestras organizaciones, que  se van a expresar en sus canciones y estribillos”. Luego, criticó largamente a la “burocracia sindical”, y otros sectores, y pasó un listado de reclamos al gobierno. Finalizó diciendo, que iban a ir a la Plaza en función de la promesa que Perón había hecho el 12 de Octubre: “cada 1ª de Mayo voy a presentarme en la Plaza de Mayo,  para preguntarle al pueblo si esta conforme con el gobierno que realizamos”. El  30 de abril, Montoneros publicó una solicitada convocando a la Plaza de Mayo, con el listado de exigencias al gobierno peronista. 

 

Mucho antes que Perón pronunciara la palabra “imberbes”, Montoneros ya tenia decidido ir a la Plaza  a cuestionar su gobierno. Esa concepción incluía la idea de confrontarlo y vaciar el acto. No existió esa situación inesperada y sorpresiva, que describen algunos, en la que un Perón ofuscado echó  a los jóvenes de la Plaza.

Montoneros invirtió importantes recursos para movilizar asistentes desde todo el país. Grandes columnas de colectivos confluyeron en Acceso Norte desde la mañana y fueron a concentrar en la facultad de Derecho en la Avenida Figueroa Alcorta, desde donde marcharon  las columnas.

El acto tenía características de fiesta, con artistas populares. La JP-Montoneros gritaba tapando a los cantantes “No queremos carnaval/Asamblea popular”. Cuando llegó el momento de la coronación de la reina del trabajo, fue Isabel la encargada de coronarla. Las columnas la abuchearon y corearon: “No rompan más las bolas/Evita hay una sola”. 

Ante cada mención de algo que tuviera que ver con los gremios, estallaba la consigna: “Se va acabar/se va acabar la burocracia sindical” y “Rucci, traidor, saludos a Vandor”.  Se estaba cumpliendo la advertencia que Alberto Molina en nombre de Montoneros le había hecho a Perón: “la gente se va a expresar con sus canciones y estribillos”.

La consigna predominante de Montoneros era: “Qué pasa/qué pasa General/esté lleno de gorilas/el gobierno popular”. Cuando Perón salió al balcón, pidió silencio con las manos, y arrancó con su discurso. Dijo: “Compañeros”, una, dos, tres veces… Pero lo seguían interrumpiendo con  el “qué pasa general”. En medio de ese cántico que no lo dejaba hablar, soltó su primera frase: “Hoy hace diecinueve años que en este mismo balcón y en un día luminoso como este, hable por ultima vez a los trabajadores argentinos…”, los bombos y el “qué pasa general” impedían escucharlo. Dijo una frase más, que no llegó a ser escuchada por nadie en la Plaza y, ya enojado, soltó: “pese a esos estúpidos que gritan….”.

A partir de allí, la plaza se convirtió en una batahola de empujones, palos y trompadas entre las columnas sindicales y las de Montoneros, que producida la provocación iniciaban la retirada de la plaza. Fuera del “corralito” de sogas de la columna de JP-Montoneros la mayoría de los asistentes se quedo hasta terminar el acto. Entre ellos el padre Carlos Mugica y don Arturo Jauretche. Bajo las columnas del Cabildo con el grupo de la JP La Plata encabezado por Carlos Negri, también se quedo apoyando a Perón en la plaza, el entonces joven militante Néstor Kirchner.

Esa noche en la Facultad de Derecho donde se concentraban los militantes llegados del interior, se pudo escuchar de boca de  algunos lideres montoneros, una frase medio en serio, medio en broma: “esta noche la conducción de Montoneros, saca un comunicado expulsando a Perón del Movimiento”.

Era lo que en realidad pensaba la cúpula de la organización. Que el pueblo había abandonado a Perón y al peronismo, para “adoptar la identidad política superadora del Peronismo que es la identidad Montonera”.  Así lo manifestaron en un documento publicado en el Evita Montonera de octubre del 76 (ya en medio de la debacle producida por la represión) : “El primero de mayo de 1974, en la Plaza de Mayo, coreando el nombre de Montoneros, la mayoría del pueblo allí presente se retiró enfrentando la política errada del Gral. Perón. Allí en ese hecho, se manifestó la frustración y el agotamiento del peronismo y el nacimiento de su identidad transformadora.”

La verdad era otra. A partir de ese 1º de Mayo de 1974, fue el pueblo peronista el que se alejo cada vez mas de los Montoneros, que luego de pasar a la clandestinidad en septiembre del 74, se convirtieron en un aparato armado, con mucho dinero, muchas armas, pero huérfanos de acompañamiento popular.

Lamentablemente muchos no escuchamos a Perón esa mañana. Su mensaje,  su legado del Modelo Argentino conserva hoy absoluta actualidad. En medio de la crispación actual, 48 años después, sigue marcando un camino: la necesidad de tender puentes  de diálogo y convivencia.

Aquel anciano líder hablando frente a sus viejos adversarios aquella mañana del 1º de Mayo  decía:  “Es un verdadero milagro el que podamos ahora dialogar y discrepar entre nosotros, pensar de diferente manera y estimar como válidas distintas soluciones, habiendo llegado a la conclusión de que por encima de los desencuentros, nos pertenece por igual la suerte de la Patria, en la que está contenida la suerte de cada uno de nosotros, en su presente y porvenir.”

*Autor de La Lealtad – Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco

Ha muerto el skald de los peronistas

Por Julio Fernández Baraibar*

Ha muerto Alfredo Carlino. La noticia me llega como una trompada, una trompada esperada y para la que uno tensó los abdominales. Pero la trompada me dobla igual, me quita el resuello.

Ha muerto Alfredo Carlino. Busco a Alfredo Gobbi, el Violín Sentimental del Tango, un nombre, una orquesta y una época a la que Carlino estaba irremediablemente atado. Y escuchando Racing Club me pongo a pensar en Carlino, en el petizo Carlino, en el duende de la noche peronista, en ese gnomo encantado de pueblo argentino, de Perón, de Evita, de 17 de Octubre, de Gatica, de los mitos de la Resistencia, de los caños, del Retorno.

-¡Pero, querido!, me vuelve a sonar en el oído mudo de la memoria la voz carraspienta de Alfredo, con su disnea y su inolvidable, excepcional, única, imbatible e insuperable energía de vivir, de pelear, de discutir, de imponerse sobre el olvido gorila, sobre los fusilamientos, sobre los crímenes de la oligarquía. ¡Querido!, me vuelve a gritar en el oído mudo, son todos gorilas, eso es lo que pasa, ¡querido!

Alfredo fue lo más parecido a un antiguo skald vikingo que pudo haber dado nuestra epopeya argentina. Cantaba con voz gruesa y metáforas transparentes a las sagas populares, a los héroes anónimos de la mersa, a las victorias de su tribu y lloraba por las derrotas, por los muertos en combate, por la desmemoria y el silencio.

El viejo boxeador, el vendedor de libros de psicología, el enamorado de todas las psicólogas -lacanianas o no- de Buenos Aires, fue uno de los últimos argentinos vivos que podía dar testimonio personal de esa tarde única, con el solcito de octubre, en la Plaza de Mayo.

-¡Yo estuve en la Plaza, querido!, decía Alfredo y setenta años de historia pasaban por su relato alborotado, a pura fuerza de un corazon que empujó torrentes de sangre, cataratas de alegría, agitadas tropillas de palabras exaltadas, apasionadas, calientes y turbias, como las multitudes que habitaban su memoria.

-¡Yo lo conocí, querido!, decía Alfredo cuando surgía el nombre de algún viejo peronista, de algún antiguo dirigente gremial, para elogiarlo o para putearlo. Y de nuevo aparecían los años de la lucha resistente, de la proscripción, de fugaces reuniones en olvidados cafés, de encuentros murmurados, sin nombres propios, en sindicatos o en casas de familia convertidas en unidad básica.

Alfredo Carlino fue nuestro poeta, lo quisimos y lo admiramos como nuestro poeta, el hombre destinado por los dioses a contar la saga de nuestra realización como pueblo y como nación. Ocupaba con honor y dignidad ese lugar y sabía que su tarea era para que nada de esto, nada de nuestra epopeya cayese en el olvido.

La ceguera social de Jorge Luis Borges le impidió conocer al gran skald del siglo XX que gestó nuestra ciudad de Buenos Aires, tan ajena, a veces. Este enorme hijo de Buenos Aires, este porteño empedernido, heredero directo de José Hernández, llenó con su palabra, con su irresistible empuje, con su humanidad desbordante, los momentos de gloria y de dolor de la militancia peronista. Su poesía será para siempre el testimonio de varias generaciones argentinas que dedicaron su vida, su inteligencia y su voluntad a la construcción de un país independiente, justo y soberano. Y se las aguantó hasta el día siguiente de que todos saliéramos a la calle a gritarle a estos cajetillas que este pueblo no se olvida de quienes son y lo que hicieron.

Nuestro bardo se ha ido. Todos los atorrantes, todos los trasnochados y todos los madrugadores, todos los insomnes, las putas y las fabriqueras, las muchachas del servicio doméstico, los obreros de la UOM y de la curtiembre, los cartoneros y recicladores, los monotributistas a la fuerza y los pibes que la pucherean como pueden, todos nosotros, en suma, vamos a brindar por vos Alfredo, esta noche.

Que la tristeza no empañe el honor y la alegría de haberte tenido con nosotros, de haber oído tu voz inolvidable, y repetir como si estuvieras delante y haciéndote un poco de burla:

-¡Querido!

Buenos Aires, 25 de marzo de 2018

A 7 años del fallecimiento del Compañero Alfredo Carlino, poeta, exboxeador, periodista, docente y militante peronista.

*Escritor, guionista, documentalista y político.

Homenaje a Roberto Repetto

En la noche del 22 de Marzo de 1978 fue sustraído por la fuerza de su casa en el barrio de Caballito de la Ciudad de Buenos Aires por un grupo de tareas, transformándose desde ese día en uno más de los 30.000 desaparecidos por el terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico militar que gobernó en nuestro país desde 1976 a 1983.

Roberto era dirigente de nuestra querida Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), representante de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores Estatales y miembro de la Juventud Peronista.

Este 22 de Marzo se cumplieron 44 años de la desaparición física de nuestro compañero y la Agrupación Peronista Blanca (UPCN) junto a la Comisión de Trabajo para la recuperación de nuestra identidad y las autoridades comunales del Partido Justicialista de la Ciudad homenajearon su memoria y reafirmaron el compromiso de los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones sindicales en la construcción de la comunidad nacional, justa, libre y soberana que nos enseñará nuestro conductor, el General Juan Domingo Perón.

La dictadura militar, continuadora del golpe de 1955, tuvo como objetivo desarticular la memoria popular de nuestro pueblo y destruir las organizaciones sindicales representativas de los intereses de los trabajadores y los sectores populares.

Miles de dirigentes y trabajadores fueron encarcelados, torturados, asesinados, desaparecidos y eliminados por el terrorismo de Estado, hoy volvemos a demostrar que no pudieron con la voluntad y la memoria de nuestro pueblo que sigue reclamando justicia social, verdad, soberania e independencia.

Gracias a todos los organizadores y a los familiares y amigos de víctimas del terrorismo de Estado que nos acompañaron en la actividad.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑