El lenguaje y las redes

Por Antonio Montagna

En esta bitácora de un viaje sin destino me encontré, en las obras completas de Nietzsche que editó Tecnos, con un escrito breve que se llama “Sobre el origen del lenguaje”.[1] Son apuntes de clase, los que abren sus lecciones de gramática latina en Basilea, en 1869 y 1870. Ahí ya está en germen buena parte de lo que después va a desarrollar en “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, aunque eso lo dejo para otro día.

Nietzsche arranca diciendo que:

“el lenguaje no es la obra consciente de alguien ni la de una colectividad”. Y sigue: “todo pensar consciente es posible solo con la ayuda del lenguaje (…) los más profundos conocimientos filosóficos se hallan dispuestos en el lenguaje (…) basta pensar en sujeto y objeto: el concepto de juicio está abstraído de la proposición gramatical; de los conceptos de sujeto y predicado vienen las categorías de sustancia y accidente (…) el desarrollo del pensamiento consciente es perjudicial para el lenguaje (…) un alto desarrollo cultural no puede preservar de la decadencia ni siquiera lo que se ha heredado de forma acabada (…) el lenguaje es demasiado complicado para ser elaborado por un solo individuo y demasiado unitario para ser elaborado por la comunidad, todo un organismo”.

Lo paso en limpio. Nadie hizo el lenguaje. No hubo un genio que lo inventara, tampoco un grupo de iluminados que se juntara a fijar las reglas. Me parece una tesis muy fuerte.

Pensamos dentro de un lenguaje que ya estaba ahí. La conciencia vino después. Si para pensar necesitamos el lenguaje, no se entiende muy bien cómo lo hubiéramos inventado pensando. Hasta las ideas filosóficas más grandes estaban de algún modo guardadas en la manera de hablar antes de que a alguien se le ocurriera pensarlas.

El ejemplo que da es el de sujeto y predicado, y conviene poner una lupa ahí. Decimos “la rosa es roja”. De ahí sacamos el juicio, eso de “S es P”, y del sujeto y el predicado salen la sustancia, la cosa que permanece, y el accidente, que sería la cualidad que cambia. De la gramática pasamos a la lógica y de la lógica a la metafísica casi sin darnos cuenta.

Así terminamos creyendo que el mundo está hecho de cosas que tienen propiedades. Años después Nietzsche lo va a decir con el rayo: decimos “el rayo brilla” como si hubiera un rayo por un lado y su brillar por otro, cuando lo que vemos es una sola cosa que la frase parte en dos.

Hay otra parte del texto que me gusta subrayar. Si el lenguaje fuera obra de la conciencia, cuanto más se desarrollara la conciencia mejor tendría que ser el lenguaje, y pasa al revés. Nietzsche compara el francés con el latín del que viene (“ya no hay declinación, ni neutro, ni pasivo…”) y dice que ni siquiera una cultura muy desarrollada puede “preservar de la decadencia” lo que recibió terminado. El lenguaje se gasta de tanto usarlo. Por eso lo piensa como un organismo, algo con una unidad interna que ninguna voluntad diseñó y que viene del instinto.

Mientras leía esto, algo me decía que había un punto de contacto con las redes sociales. Hay algo ahí, en lo que dice Nietzsche, que me ayuda a ver que no existe un canal neutro por donde circula lo que pensamos. A las redes las solemos tratar como un medio para comunicarnos, y me parece que además son un lenguaje con su propia gramática. Si la pareja sujeto y predicado nos dejó una metafísica de sustancias y accidentes, la gramática de las redes nos está dejando una ontología política.

El lenguaje de las redes tampoco lo hizo alguien en particular. Emerge de lo que hacen millones de usuarios y de algoritmos que ordenan lo que vemos. Pero ahí aparece una diferencia con Nietzsche, porque este lenguaje tiene diseñadores, que son las plataformas. Lo que él llamaba organismo se vuelve una cosa mezclada, que se presenta como espontánea y está en parte fabricada. Y el “nadie lo hizo” les viene muy bien a las plataformas, que repiten que ellas solo reflejan lo que hacen los usuarios.

Decía que no podemos pensar sin lenguaje. De ahí sale algo que Nietzsche no dijo pero que su texto deja abierto: si alguien pudiera meter mano en el lenguaje, terminaría moldeando lo que se puede pensar. Para él eso era imposible, nadie hace el lenguaje a voluntad. Yo hoy no estoy tan seguro.

Creo que la famosa “batalla cultural” que la ultraderecha libra en todo el mundo pasa por acá. Entendieron que para incidir en cómo piensa la gente hay que “adueñarse” del lenguaje y “acomodarlo” a su favor. En la Argentina, un estudio sobre lo que publicaron en X cuatro figuras de la comunicación del gobierno de Milei encontró eso mismo: el conflicto puesto como valor central y un uso predominante de funciones confrontativas y emotivas.[2]

Vuelvo a lo de la ontología política. La forma que más circula hoy en las redes es “ellos son tal cosa”, zurdos, casta, y su contracara, “nosotros somos tal otra”, argentinos de bien. No lo digo yo solo. Un estudio mostró que cada término que alude al grupo político rival aumenta un 67 % la probabilidad de que una publicación se comparta, y que es lo que mejor predice cuánto se va a difundir.[3] La gente comparte más lo que le pega al otro, el algoritmo premia lo que se comparte y lo empuja todavía más, y la rueda sigue girando.

Esa gramática arma un mundo de “sustancias” políticas con atributos fijos. Al que piensa distinto se lo reduce a una esencia y pasa a ser un “zurdo” o alguien de “la casta”. Un trabajo sobre los 426 tweets de campaña de Milei en 2023 describe una antinomia moral entre pueblo y élite, con una polarización llevada al máximo y sostenida en consignas.[4]

Acá piso un poco el freno, porque es fácil endilgarle todo a uno solo. La hostilidad funciona para todos, y la ventaja que le da a una publicación hablar contra el rival no depende de la orientación política.[5] Un informe de la consultora Ad Hoc sobre la conversación digital en la Argentina dice que en todos los espacios políticos hay figuras que promueven el discurso agresivo.[6]

El algoritmo tampoco es neutral. En un experimento con casi dos millones de cuentas, el de Twitter amplificó más a la derecha tradicional que a la izquierda en seis de siete países, aunque a los extremos no los amplificó más que a los moderados.[7] La cancha está inclinada, sí, pero con eso solo no alcanza para explicar a la ultraderecha.

Lo que la distingue, me parece, es que hizo de la agresión un método. El mismo informe de Ad Hoc ubicó a Milei como el usuario no troll que más insultos publicó en X, 1589 agravios entre enero de 2023 y junio de 2025, y Silvio Waisbord lo describe como un “troll influencer”, una figura propia de la cultura digital.[8] Detrás hay una organización, una estructura que redistribuye mensajes en coordinación con la cuenta presidencial, persigue enemigos y los escracha “a modo de jauría”.

Si lo pienso desde Nietzsche, me animo a decir que la ultraderecha encontró una gramática que ya andaba dando vueltas por las plataformas y la usa de manera más consciente y sistemática que nadie, hasta convertir el “organismo” en un instrumento.

Pero ojo, que las plataformas no explican todo. El avance de la ultraderecha tiene causas políticas, económicas y sociales que no son tema de estas líneas. Y prefiero hablar de un uso instrumental del lenguaje antes que de una decadencia del idioma, que sería otra discusión.

Lo que rescato de esta lectura de Nietzsche es una herramienta para sospechar de la gramática que piensa por nosotros. Decimos “el rayo brilla” y creemos que hay un rayo detrás del brillo, decimos “los zurdos” o “la casta” y creemos que detrás de la etiqueta hay una esencia. Supongo que esa sospecha también vale para lo que escribo yo.


[1]Nietzsche, F. Obras completas, vol. II. “Sobre el origen del lenguaje” (1869-1870). Madrid, Tecnos, 2018, pp. 819-821.

[2]Revista Internacional de Ciencias Sociales y Humanidades (RICSH), análisis de 508 publicaciones durante el primer año de gobierno: https://www.ricsh.org.mx/index.php/RICSH/article/view/393

[3]Rathje, S., Van Bavel, J. J. y van der Linden, S. (2021). “Out-group animosity drives engagement on social media”. PNAS, 118(26). https://neuroscience.cam.ac.uk/publications/outgroup-animosity-drives-engagement-on-social-media/

[4]Pérez-Díaz y Arroyas, Universidad de Murcia: https://portalinvestigacion.um.es/documentos/682383fe2879483fcf440bae

[5]Rathje, Van Bavel y van der Linden, op. cit.

[6]https://www.lanacion.com.ar/politica/la-provocacion-permanente-un-estudio-identifico-a-javier-milei-como-el-usuario-no-troll-que-mas-nid29072025/

[7]https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34934011/

[8]https://keyt.com/latino/cnn-spanish/2024/03/02/la-metodologia-del-presidente-troll-asi-actua-javier-milei-en-las-redes-sociales/

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