Por Grupo Ofensiva Nacional Democrática
Todo sistema puede brindar respuestas imprevistas
Ante la realización de la marcha universitaria del jueves 15 de octubre,
consideramos que es dable formular algunas reflexiones en el contexto de la actual
crisis, no solo educacional sino socio-económica que golpea a la Nación Argentina.
Universidades, modelos neoliberales y geopolítica
Las problemáticas universitarias no están presentándose como un fenómeno
aislado y solo argentino. Están golpeando en distintos lugares del mundo. Conflictos
como los de Francia, España, Bélgica y Albania demuestran una crisis no solo del
ámbito universitario, sino de los sistemas educativos, económicos y políticos en su
conjunto, particularmente en desmedro de las mayorías populares.
Todo esto no puede desvincularse del agotamiento que están evidenciando los
modelos que reflejan la globalización económica neoliberal impuestos a partir de
Thatcher y Reagan. Modelos hegemónicos regresivos que recurren cada vez más
a elementos funcionales a la destrucción de lazos sociales. Llevan adelante
estrategias de disgregación de cualquier tipo de comunitarismo, entendido aquí
como alternativa necesaria de respuesta, resistencia y transformación, ante dicha
globalización económica neoliberal.
Partiendo de paradigmas liberales-libertarios individualistas, excluyentes, egoístas
y deshumanizadores; esos modelos avanzan con un dispositivo estructurado para
la desconfiguración de los seres humanos como tales, orientándose a la
aniquilación de cualquier capacidad de respuesta y al avasallamiento de derechos
que hacen a la dignidad humana. Su propósito no es sino la salvaguarda de una
excluyente articulación de intereses económicos concentrados, de la mano con una
lógica geopolítica desbocada.
Así las cosas, era casi imposible que la universidad pública y gratuita argentina
escapara a los ataques de este proyecto que podría sintetizarse como anti y
posthumanista.
Desindustrialización, crisis universitaria y respuestas imprevistas
El proceso de desindustrialización que enmarca el modelo neoliberal-libertario
vigente en Argentina (vgr: libertario); con sus respectivas particularidades, también
se viene dando en otras latitudes. La globalización económica neoliberal, buscando
maximizar ganancias (en especial a través de mano de obra barata), hizo que
numerosas empresas, no solo de Europa sino también de los Estados Unidos,
trasladaran su producción al sudeste asiático.
Paradójicamente, contribuyendo a que China consolidara la industrialización que no
había podido afianzar en los primeros 30 años desde la fundación de la República
Popular. Y más allá de observaciones o debates; a partir de un sistema de
colaboración pública-privada y/o de un control de lo público sobre el accionar de lo
privado, alcanzó un crecimiento económico que le permitió sacar de la pobreza
alrededor de 800 millones de personas; el mayor caso en la historia de la
humanidad. Así las cosas, es apreciable que los sistemas neoliberales, al igual que
otros sistemas, pueden generar respuestas imprevistas.
Entonces nos preguntamos si lo que pareciera querer emerger en el movimiento
universitario, tal vez por causales, amén del desfinanciamiento, no siempre
destacadas (como los -si bien diferentes en sus alcances-, verificables modelos de
desindustrialización en Occidente), puede llegar a ser parte de esas respuestas.
Algunas transformaciones comienzan a surgir donde menos se las percibe o espera.
Inclusive, con una remarcada situación de pasividad y aletargamiento entre los
universitarios en Argentina. Sin perjuicio de lo anterior, podrían encontrarse
condiciones movilizadoras, ante fenómenos como la destrucción de horizontes, la
pérdida de futuro y comunidad de destino. En síntesis, la dilución de un proyecto de
vida integrado comunitariamente.
Así las cosas, y más allá de las caracterizaciones que se formulan respecto de la
configuración de nuevas subjetividades; muchos de las y los estudiantes parecerían
comenzar a hacerse preguntas como: ¿qué voy a hacer con mi vida personal? ¿voy
a poder terminar mi carrera universitaria? ¿si logro terminarla voy a tener trabajo?
¿voy a poder trabajar en aquello para lo que estudié? ¿mi destino será un trabajo
de poco valor y baja remuneración? ¿los saberes y calificación adquirida van a
contar?
Faltan respuestas. Surgen respuestas. Inclusive con dramáticas implosiones. Hay
pérdida de expectativas, manipulación y condicionamientos (entre otras cosas,
desocupación, apuestas, consumos y endeudamientos). Hay angustia por una
incertidumbre, construida y provocada por este mismo sistema; por una actualidad
con más parches que alternativas superadoras para una transformación efectiva de
la situación que padecemos. Las respuestas más dramáticas se reflejan en el
incremento de los suicidios, en los jóvenes, en particular.
Más allá de lo anterior, muchos de ellos comienzan a explicitar que no querrían
meramente resignarse. Porque aspiran a tener un futuro para ellos, porque quieren
un futuro, junto a sus compañeros de estudio, de trabajo y de Patria: una comunidad
de destino.
Se da entonces una potencialidad para explicitar carencias y necesidades de
certidumbre. Quieren realizarse, y saben que no van a poder hacerlo solos, y menos
en una comunidad que tampoco se realiza. Quizás comienzan a percibir que el único
héroe válido es el héroe colectivo, y que el individualismo aniquila no solo a los
otros.
Enfrentar la injusticia, defender sus derechos y contribuir a un proyecto que los
integre, tal vez esté menos distante. Los jóvenes estudiantes, los jóvenes
trabajadores, empiezan a pensar en otro destino; por constatar que en esta lógica
de exclusión un futuro digno se hace cada vez más imposible. Internalizan que son
los que más tienen para perder. Se están dando cuenta. Quizás están pensando
formas de transformación; probablemente, de lucha.
Sujetos históricos e industrialización con justicia social
Desde los sectores postergados es desde donde mayoritariamente se avivan las
llamas de las transformaciones, las esperanzas que encaminan un proyecto
colectivo.
Sin desmedro de nada ni de nadie, hay que articular una transformación. Para ello,
hace falta un modelo de desarrollo integral. Desde el Grupo OND, lo concebimos
como de industrialización con justicia social. Imperiosamente necesaria frente a la
primarización, el extrativisno y la financierización especulativa, que nos agreden
como pueblo-Nación. Un modelo para un desarrollo humano integral que reemplace
una cada vez más limitada y desdibujada idea de inclusión.
Un modelo donde, la justicia social, en un marco de industrialización, recupere el
protagonismo y la centralidad. Por encima del egoísmo, la maldad y la servidumbre
a intereses concentrados y tecnofeudales; sostenidos, tanto en nuestra patria como
en otras patrias, por sus cipayos-vasallos.
Lo ocurrido en el mundial de fútbol en torno a la reivindicación de que “Las Malvinas
son argentinas” nos ayudó a recordar que no es imposible sentirse parte de un
pueblo-Nación, una Patria. Muestra que el desafío es no rendirse, es resistir, es
continuar. Es concretar un proyecto de Nación, donde, entre otras cosas, desde el
movimiento universitario se converja recíprocamente con movimientos como el
sindical, el cooperativo, entre otros.
Es también con y desde el movimiento universitario, para una comunidad de destino.
Es con y desde el pueblo para un proyecto de Nación.

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