LA REBELIÓN DE LOS POLITIZADOS

Por Lorena Álvarez

A veces, las cadenas de hechos que cambian el rumbo de una situación son lo único que nos hace mantener la fe frente a lo que parece inevitable. Una selección de fútbol, vilipendiada más de una vez por no involucrarse en asuntos internos, logra el gesto político más importante de este tiempo: vuela por encima de la grieta y pone sobre la mesa lo que verdaderamente nos une. Ese gesto, reflejado en una sábana pintada a mano con la frase “las Malvinas son argentinas”, moviliza a otros ciudadanos supuestamente despolitizados. Se comienza a sentir en el aire que existen cosas más importantes que las discusiones de siempre. Al mismo tiempo, artistas que nunca toman postura suben de golpe fotos en contra de la ley de extranjerización de las tierras. Así elevan una argentinidad que venía siendo fustigada desde el exterior en pleno Mundial, a través de una campaña sistemática y hostil de la cual todavía no hay respuesta ni explicación lógica, logrando rescatar el orgullo herido.

Todo esto ocurre mientras el gobierno intenta aprobar una ley clave para unos pocos y perjudicial para la mayoría de los argentinos. Sin embargo, el proyecto se cae y deja un tendal de heridos políticos. El golpe no es solo para el oficialismo; los opositores quedan desdibujados, reducidos a una ridícula murga que camina a contramano de la realidad.

 El detalle crucial es que, en vez de comprender el fastidio, las respuestas fueron desde la manipulación con chicanas (el viejo y querido psicopateo) hasta los retos y reproches. Esto rebalsa el vaso de la paciencia del sector más politizado de la sociedad 

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Dos días antes de que se trate la ley en el Congreso, una senadora del núcleo más duro del sector nacional y popular publica un video para mostrar la presunta insensibilidad del oficialismo al no dejarla votar a distancia. Con 43 años y un embarazo de riesgo, apela a la empatía de un gobierno al que su propio espacio político había acusado de despiadado hasta el hartazgo durante la campaña electoral de medio término, llevada a cabo tan solo un año atrás.

En ese video, la senadora cree que su lugar de víctima alcanzará para que sus bases empiecen a presionar. Pero pasa todo lo contrario. Lejos de armar un revuelo a su favor, esos votantes, que ya arrastran un profundo hartazgo ante el desamparo de la dirigencia, se enojan como nunca con sus representantes. Si bien se entiende perfectamente la delicada situación de la mujer y la sugerencia médica de no viajar, la indignación surge porque sienten que la legisladora debió haberse quedado en el lugar de los hechos y no viajar previamente, evitando así quedar lejos ante una votación tan fundamental. El dato de los doce millones que cobran los senadores ya se sabía, pero en ese momento exacto funciona como el detonante clave para que la sociedad les exija estar a la altura de su responsabilidad.

En medio de esta tensión, la vicepresidenta Victoria Villarruel pasa a consideración el pedido de la senadora. Mientras tanto, el marido de la legisladora, junto con asesores, otros congresistas y militantes férreos, comienzan una feroz disputa en redes sociales contra los votantes rasos que exigen desde su renuncia hasta una licencia médica. El detalle crucial es que, en vez de comprender el fastidio, las respuestas fueron desde la manipulación con chicanas (el viejo y querido psicopateo) hasta los retos y reproches. Esto rebalsa el vaso de la paciencia del sector más politizado de la sociedad. La tensión subió aún más cuando, al llegar la hora de tratar el tema en el recinto, todos votaron a mano alzada en contra de que la senadora partícipe a distancia. El politizado más simple y silvestre llegó a su límite demostrando que no está dispuesto a tolerar más desaires. El pluriempleo, los ingresos que no alcanzan y las vidas desordenadas por una economía rota son motivos más que suficientes para exigirle a la dirigencia que esté, de una vez por todas, a la altura de los acontecimientos.

 Una selección de fútbol, vilipendiada más de una vez por no involucrarse en asuntos internos, logra el gesto político más importante de este tiempo: vuela por encima de la grieta y pone sobre la mesa lo que verdaderamente nos une 

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Fueron días en los cuales las redes sociales ardieron y un insólito aire de “que se vayan todos” se instaló como nunca entre los ciudadanos más politizados. Este fenómeno quizás haya sido el hilo invisible que terminó uniendo al más intenso opositor con el votante común de Milei, ese sector que ya había demostrado su hartazgo sin tantas vueltas en el año 2023.

Ni bien terminó el asunto, la política salió raudamente a defender el logro de haber bajado parte de la ley gracias a acuerdos y roscas varias, haciendo reflotar el nombre de Sergio Massa como sello de garantía de la negociación. Pero las cartas ya están echadas y la distancia que quedó entre los ciudadanos de a pie más politizados y sus líderes es una herida a encarar con rapidez. El 2027 está a la vuelta de la esquina y, como bien dijo en un tuit el sociólogo Mariano Canal, la grieta esta vez es entre salvados y hundidos. En este contexto, ahora ya no son solo los votantes de Milei son los que perciben a la clase política como una casta, sino también aquellos que la bancaron durante años desde la vereda de enfrente. Hoy estos también sienten cómo los dirigentes nunca se ajustan el cinturón mientras los ciudadanos comunes se hunden entre deudas y una vida cada vez más achicada. Hasta soñar ya es un privilegio.

Pero otros derrotados de este affaire también han sido la victimización y la psicopateada. Parece llegar a su fin un tiempo donde ser víctima continua y no hacerse responsable de los errores era la norma. Esto resulta muy interesante, ya que quizás represente el paso adulto de una parte de la sociedad que se dejó manipular para no reclamar cambios, atrapada en el incómodo lugar de tener que definir de qué lado de la mecha se encontraba. Si no votabas a tal opción, se venía la derecha mala; ante el pánico de ese cuco, se forjó una casta a la que nunca se podía criticar. Eran los buenos que, si les decías algo, automáticamente te convertían en el malo, dentro de una época maniquea donde jamás se pensaba en grises.

 En ese video, la senadora cree que su lugar de víctima alcanzará para que sus bases empiecen a presionar. Pero pasa todo lo contrario. Lejos de armar un revuelo a su favor, esos votantes, que ya arrastran un profundo hartazgo ante el desamparo de la dirigencia, se enojan como nunca con sus representantes 

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El video de la senadora quizás haya sido un símbolo y en el futuro sea solo una anécdota menor. Sin embargo, en este presente donde nos enteramos de que el propio Lionel Messi jugó un mundial al límite de su edad física dejando todo, y sabiendo además que su padre se estaba muriendo, se agiganta más la imagen de ese líder silencioso. Aquel que no hace grandes declaraciones para la tribuna, sino que entrega la vida misma en el barro de la cancha, lejos del espectáculo mediático de la palabra. Al final del día, la realidad vuelve a imponer su verdad más sagrada: porque, como ya lo grabó a fuego un viejo líder en la memoria colectiva, mejor que decir es hacer.

https://panamarevista.com/la-rebelion-de-los-politizados

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