La Ley de Entidades Financieras y la persistencia del dispositivo de dependencia estructural en la democracia Argentina

“La Ley de Entidades Financieras (Ley 21.526), ​​sancionada durante la dictadura cívico-militar el 14 de febrero de 1977, no fue una reforma aislada ni meramente técnica, sino una de las piezas estratégicas más importantes del dispositivo económico del terrorismo de Estado”.

Por Gustavo Matías Terzaga*

“Su supervivencia intacta desde el retorno democrático, a pesar de algunas modificaciones menores, es el síntoma más elocuente del déficit soberano de la democracia argentina post Malvinas, y de la persistencia de un modelo económico que sigue operando en beneficio de los sectores financieros y en detrimento del aparato productivo, el empleo y la soberanía nacional.

Esta Ley regula el sistema bancario argentino y su objetivo fue liberalizar y desregular el sector financiero, operando sobre Bancos Comerciales; Banco de Inversión; Bancos Hipotecarios; compañías financieras; sociedades de ahorro y préstamo para la vivienda u otros inmuebles; Cajas de crédito; pudiendo aplicarse también a personas y entidades públicas y privadas a criterio del Banco Central de la República Argentina en función del volumen de sus operaciones y razones de política monetaria y crediticia, habilitando, entre otras cosas, la fijación libre de tasas de interés, la entrada irrestricta de bancos privados y extranjeros y la eliminación de la banca especializada (comercial, hipotecaria, industrial).

Básicamente, funciona como el marco legal que prioriza la rentabilidad especulativa por sobre el crédito productivo, reduciendo el rol del Estado en la determinación de la política económica y permitiendo la concentración del sistema financiero en pocas manos, fomentando la fuga de capitales y el endeudamiento externo. Aún vigente y con todo vigor, es una de las bases estructurales del modelo de dependencia económica argentino.

Nuestra democracia condicionada por estructuras dictatoriales

La vigencia inalterada de esta Ley desde 1983 hasta hoy, es en términos políticos, un escándalo institucional no salvado, ya que fue diseñada para desarticular el rol estratégico del Estado en el sistema bancario y financiero, restringiendo su capacidad de planificación y supervisión sobre la economía nacional. Su subsistencia pone en evidencia una limitación estructural de la democracia argentina, ya que el poder financiero no sólo sobrevivió al colapso del régimen genocida que lo instituyó, sino que se consolidó como uno de los actores más influyentes del orden democrático sobreviniente.

Y aquí subyace una verdad incómoda: la dictadura militar fue derrotada políticamente, pero no económica ni culturalmente, por ello, el regreso de las instituciones republicanas no significó el desmantelamiento del modelo neoliberal impuesto por la fuerza y el terror, más bien, la democracia se instaló sobre el andamiaje económico de la dictadura y, en muchos aspectos, lo terminó legitimando.

 De la banca nacional a la valorización financiera permanente

Con la Ley 21.526, la Argentina dejó de tener un sistema bancario al servicio del desarrollo nacional y se pasó de un sistema de banca especializada con objetivos productivos claros y regulaciones públicas activas, a un sistema desregulado, concentrado, especulativo y extranjerizado. La ley institucionalizó la libertad de captación y colocación de fondos, lo que permitió que el capital financiero se ubicara por encima de cualquier prioridad económica al servicio de los intereses nacionales. En lugar de financiar la industria, la infraestructura o la innovación tecnológica, los bancos comenzaron a enriquecerse en base a la especulación con tasas usurarias, la bicicleta financiera y la fuga de capitales, sin asumir ningún riesgo productivo.

Esto dio paso a lo que se conoce como modelo de valorización financiera, que aún hoy estructura la economía argentina. Hablamos de un esquema en el que los beneficios no provienen de la producción sino del movimiento del capital, con un impacto regresivo en el entramado económico y social argentino, moviendo volúmenes inmensos de capital, sin generar ningún puesto de trabajo.

Concentración, exclusión y deterioro del tejido productivo

La desregulación financiera expulsó del sistema a miles PyMEs, dificultó el acceso al crédito, elevó el costo del dinero y profundizó la concentración de la riqueza y, en lugar de cumplir su función de intermediación entre el ahorro popular y la inversión productiva, los bancos se transformaron en meros operadores de renta financiera, trastocándose su rol histórico. Lógicamente, esta dinámica favoreció la extranjerización del sistema financiero y acentuó la desigualdad social, al favorecer a los grandes conglomerados financieros y las actividades especulativas por sobre las industrias nacionales, la producción y el trabajo. La ley fue, en definitiva, un instrumento eficaz para destruir el tejido social y productivo del país y, por lo tanto, una herramienta profundamente antinacional y antipopular, que sigue allí, vigente, intacta.

 Una democracia sin soberanía

La permanencia de esta Ley en democracia refleja una derrota cultural profunda, ya que la aceptación tácita del modelo financiero dictatorial por los gobiernos posteriores, incluso por aquellos de raigambre popular, nos muestra la incapacidad política de construir una hegemonía alternativa al servicio del bienestar popular. El modelo de democracia liberal formal, sin contenido económico soberano, fue naturalizado al punto de que ya ni siquiera se percibe que la ley fundamental del sistema financiero argentino proviene de una dictadura que anuló todos los derechos a puro secuestro, tortura, robo, muerte y desaparición.

Peor aún, hoy, la tecnocracia económica, los economistas argentinos que piensan en inglés, los medios canallas de comunicación y parte del sistema político han logrado instalar que discutir esta ley sería una forma de ‘atentar contra la seguridad jurídica’, ‘aislarnos del mundo’, ocultando que su verdadera función ha sido garantizar la impunidad estructural de los grandes bancos y de los intereses financieros extranjeros. En definitiva, para los fondos carroñeros de la usura financiera internacional, la Argentina es un cadáver donde rapiñar.

Democracia o dependencia, el dilema no resuelto

Como dijimos, la Ley de Entidades Financieras es mucho más que una normativa técnica, es, más bien, el esqueleto legal de una dictadura económica que sobrevive al régimen dictatorial que la parió, y cuya permanencia bloquea cualquier proyecto serio de desarrollo nacional autónomo. Su continuidad es la demostración más palpable de la democracia argentina, en muchos aspectos, ha sido una restauración formal, pero no una refundación soberana. Mientras esta ley permanezca vigente, la Argentina seguirá atrapada en una estructura financiera funcional a la especulación, la fuga y el endeudamiento externo, y no al crédito, la producción y el trabajo. Derogar o reemplazar esta ley no es solo una cuestión técnica, sino un imperativo político, económico y cultural si se quiere avanzar hacia un verdadero país soberano.

Mientras, la democracia sin soberanía económica es una ficción legal decorativa. La continuidad de esta ley expresa, con crudeza, ese vacío. Derogarla sería un acto patriótico para comenzar a llenar la democracia de contenido nacional real. En otras palabras, sería empezar a desarmar, en serio, la herencia estructural del 24 de marzo de 1976.

Miopía y falta de determinación

El error conceptual del campo nacional y popular, y del peronismo en su versión más conservadora o progresista, fue reducir deliberadamente la dictadura a su faz militar y represiva, omitiendo que el poder real del proceso de reorganización nacional estuvo en los grupos económicos, financieros y mediáticos que lo impulsaron, lo sostuvieron y se beneficiaron de su política. Al no denunciar ni desmontar ese entramado civil-empresarial, al no esclarecer al conjunto al respecto, se consolidó la impunidad estructural del poder económico que continúa dominando la escena democrática. Este déficit analítico debilitó la posibilidad de construcción de una alternativa soberana real, al no identificar con claridad al enemigo de fondo: la clase dominante en combinación con el imperialismo Occidental que utilizó el terrorismo de Estado como herramienta para imponer un modelo de dependencia para su beneficio.

Es cierto, cuestionar la Ley de Entidades Financieras implica confrontar directamente con el poder económico real: bancos, medios, organismos internacionales, pulpos financieros y sectores aliados con dominio de mucho poder económico. Evidentemente, los costos políticos serían altos: ruptura con el establishment, fuga de apoyos empresariales, presión mediática y financiera, y un constante riesgo de desestabilización. Por eso, nuestra dirigencia prefiere no tocar una de las columnas del modelo de nuestra dependencia, aunque eso implica seguir administrando una economía ajena al interés nacional”.

 *Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba.

Fuentes Seguras. Hablando se entiende la gente

Se avecina un intercambio vital entre los presidentes de la Federación de Rusia y de los Estados Unidos. Los ejes pueden anotarse en base a la realidad visible. ¿Kiev admitirá los resultados de la reunión?

Por Gabriel Fernández *

Alaska fue vendida por Rusia a los Estados Unidos 158 años atrás por 7,2 millones de dólares. Según la información circulante más concreta ese será el lugar donde el presidente Vladimir Putin se reunirá con su par Donald Trump.

Ambos líderes arriban al encuentro con una coincidencia y varios asuntos complejos que intentarán resolver. El eje común es evitar una guerra nuclear; por estas horas es posible indicar que mientras el titular de la Federación de Rusia encabeza una nación galvanizada en torno a ese propósito, el presidente estadounidense debe lidiar, para imponerlo, con un esquema interno que promueve la conflagración sin cesar.

Cabe destacar, con precaución, que el panorama presente favorece a Moscú. De hecho, Kiev y la Unión Europea están escandalizados ante los anticipos de Steve Witkoff, sobre la posibilidad de que Ucrania ceda lo que queda de las regiones de Donetsk y Luhansk a cambio de un alto el fuego. Witkoff, delegado del rubicundo originalmente enviado para operar en Asia Occidental y ahora con habilitación para incluir la frontera euroasiática, no está desvariando.

En el Kremlin se impone la idea de hacer valer los avances alcanzados en tantos planos, pero también de evitar un ahogo impiadoso que dinamice a los globalistas de Occidente y les permita hacer saltar a Trump por los aires. Putin sabe, y lo ha deslizado con elegancia en las instancias posteriores a cada comunicación telefónica, que no encontrará en ese ex imperio una figura más proclive al diálogo que la del jefe de Estado republicano.

Es preciso analizar el sentido de la acción que encarna Witkoff. Rusia está a punto de dominar otras ciudades clave de Donetsk —Pokrovsk y Kostiantynivka— y de sitiar a las tropas ucronazis en las próximas semanas. Es probable que el debilitado gobierno del presidente Volodimir Zelensky entregue estos poblados para conservar efectivos.

El resto de Donetsk, las ciudades de Kramatorsk y Sloviansk, presenta una perspectiva mucho más clara aún. La Federación de Rusia considera probable el ingreso de tropas rusas sin necesidad de realizar combates. El rechazo planteado por Zelensky a ceder territorio complica los anhelos acuerdistas de Trump, quien comprende que su anverso no posee razones para retroceder.

Si el objetivo trascendente, luego de sortear la alocada idea de una conflagración en toda la línea, es un alto el fuego en la frontera, el mismo solo podrá concretarse accediendo a la realidad descripta por Putin, quien se sabe vencedor en toda la región. El líder multipolar ya señaló que un cese de la guerra solo será posible si se cumple el sentido profundo de la Operación Militar Especial: desnazificación, erradicación del funcionariado de Kiev, transformación de Ucrania en una zona desmilitarizada.

Todo el panorama evidencia que a los Estados Unidos orientados -como puede- por Trump les conviene efectuar acuerdos en base a la propuesta de Moscú, no a la espoleada por Kiev. Pero si lo hace será acusado por el atlantismo, los medios de comunicación, las agencias de Inteligencia y hasta por su base social todavía inorgánica, como antipatriota y cómplice de Putin. Paradojalmente, esas son las fuerzas que vienen desestructurando el gran Estado de la nación desde el control alcanzado por el Consenso de Washington. Dime de qué alardeas y te diré de qué rengueas.

El ejemplo más importante en ese sentido lo ofreció el asesor Yuri Ushakov. Como quien se expresa con naturalidad sobre un asunto tangencial, apuntó que Alaska es un excelente lugar para hablar de cooperación económica entre Washington y Moscú, e insinuó que se organizarán nuevas cumbres con esa finalidad. Por eso, en las horas más recientes, los agentes que filtran lineamientos en los espacios periodísticos hicieron publicar una idea fuerza destinada al trazo grueso: “Existe el riesgo de que veamos una cordialidad entre Trump y Putin que permita al presidente estadounidense tolerar reuniones técnicas entre sus funcionarios sobre el contenido y el momento de cualquier acuerdo de alto el fuego. Un plan sobre intercambios o apropiaciones de tierras que favorezca totalmente a Moscú”. 

Es indudable que el problema lo tiene Trump. Aunque nadie sabe qué sucederá -de otro modo no sería pertinente una reunión directa- es lógico razonar que a Putin le basta con sostener la postura esgrimida en febrero de 2022. Si el presidente norteamericano accede a un acuerdo beneficioso para reducir gastos militares y mejorar las condiciones destinadas a hacer grande su país otra vez, tendrá que lanzar un ultimátum sobre Kiev para que obedezca las disposiciones que se concreten en Alaska.

El horizonte está compuesto por el poder de fuego -en más de un sentido- que presenta cada uno. Desde la administración de Joseph Biden hasta el presente, los Estados Unidos han desplegado en compañía de los países centrales europeos, una batería de sanciones que no conmovieron el calce de los gorros de astracán, sino que impulsaron a la Federación a incrementar los vínculos con los BRICS + y consolidaron la relación con “el amigo más grande del mundo”. 

Vale preguntarse si la persistente y cruenta ofensiva de Israel sobre el pueblo palestino ocupará algún instante en la conversación. Los analistas internacionales, como acto reflejo, dirán que no. Pero este narrador desea introducir algunos datos, pues en las últimas semanas, China y Rusia han objetado el proceder de la potencia ocupante. ¿Porqué han hecho tal cosa si rara vez se adentraron en la candente cuestión? La extensión de las agresiones sobre Irán, nación BRIC y aliado fundamental de ambos en Asia occidental, cayó pesada y su razón de ser mostró diferencias netas en los proyectos estratégicos de cada protagonista.

Tanto Xi Jingpin como Putin vienen enviando integrantes de sus cancillerías a Washington para explicar que la insistencia del premier Benjamín Netanyahu en controlar la zona constituye una perspectiva desfavorable para ellos, pero también para los Estados Unidos que dirige -como puede, es preciso reiterar- Trump. Hay yacimientos valiosos en esas playas, iniciativas turísticas que están siendo probadas en Arabia Saudita; hay una zona de lanzamiento de la Franja y la Ruta sobre la cual el Dragón invirtió gran energía, y mal que le pese a los propagandistas, hay un Estado confiable controlado por estrategas con turbante que suelen cumplir su palabra. 

Vamos a lo que se dijo en público. Este viernes, Trump indicó que un acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, mediado por los Estados Unidos, podría incluir un intercambio de territorios que «beneficie a ambos». «Hablamos de un territorio disputado durante tres años y medio, con la muerte de muchos rusos y ucranianos. Es complicado. Habrá intercambios de territorios para beneficio de ambos», afirmó.

El rubicundo adelantó que «se están acercando a un pacto de cese al fuego” porque todas las partes quieren poner fin al conflicto. «Europa quiere paz. Millones de personas han muerto», indicó ante preguntas de la prensa en la Casa Blanca durante la firma de un acuerdo de paz entre líderes de Armenia y Azerbaiyán. También mencionó el reciente envío de ayuda militar a Kiev a través de un acuerdo de compra de armas con la OTAN y añadió que «Zelensky necesita conseguir mucho, porque tendrá que prepararse para ceder algo».

El ucraniano no perdió el tiempo. Sobre el arranque de este fin de semana, instó a sus aliados a tomar medidas claras para poner fin a lo que denomina invasión de Moscú. “Se necesitan medidas claras, así como la máxima coordinación entre nosotros y nuestros socios. Valoramos la determinación del Reino Unido, Estados Unidos y todos nuestros socios para poner fin a la guerra”, declaró en una publicación en redes sociales. Además, precisó que discutió la situación diplomática en Ucrania con su homólogo francés, Emmanuel Macron.

Añadió que “Hablé con el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Agradezco el apoyo. Intercambiamos opiniones sobre la situación diplomática”, y alzó el tono advirtiendo que “es fundamental que los rusos no vuelvan a engañar a nadie”.

Zelensky cuestionó que se deje de lado a Kiev en el proceso de negociaciones para poner fin al conflicto. “Los ucranianos no regalarán sus tierras al ocupante”, enfatizó durante un discurso en el que afirmó que “la respuesta a la cuestión territorial ya está en la Constitución de Ucrania” y Kiev “no recompensará a Rusia” por haber iniciado la agresión contra su país. El cómico afirmó que está dispuesto a colaborar con Trump, así como con el resto de socios europeos, para lograr “una paz real y duradera que no se derrumbe por los deseos de Moscú”.

“El presidente Trump anunció los preparativos para su reunión con Putin en Alaska: muy lejos de esta guerra que se desata en nuestra tierra, contra nuestro pueblo, y que, de todos modos, no puede terminar sin nosotros, sin Ucrania”, argumentó. En este sentido, el mandatario insistió en que cualquier decisión sobre la guerra que se tome al margen de Kiev será “una decisión contra la paz” que “nace muerta”, puesto que es “inviable”.

Cuanto influirán en los contenidos de la conversación los intereses de las corporaciones financieras y armamentísticas. Que trascendencia se le brindará al apetecible espacio latinoamericano. Hasta qué punto el Reino Unido podrá seguir ordenando el andar de una franja interior estadounidense. Qué pretende en el Ártico cada jefe de Estado involucrado en la conversación. ¿Algún capítulo sobre nuevas tecnologías tendrá su lugar? Es de valor repasar el vínculo ruso norteamericano de los años recientes, y reflexionar.

Causa asombro la diferencia de percepción que evidencian los protagonistas. Al decir del poeta y pintor William Blake, Un tonto no ve el mismo árbol que un sabio. En el plano internacional, resultaría de valor nutrir a ciertos informantes con datos más contundentes. La imaginación es mucho, lector, pero no lo es todo.

El futuro está en juego.

Esta es una grata jornada para matear y pensar. ¿No?

*Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

¿Y si el final es de dónde partimos?

Por Omar Auton

“Dame la mano, contame tu suerte

De esta manera, quizás, no sea la muerte

 La que nos logre apagar el dolor”

 Una vez más recurro a letras de canciones, en este caso un tema de La Renga, que, de alguna manera, son una apretada síntesis de lo que, a nosotros, nos lleva hojas decir. Hasta ahora puse mi esfuerzo en tratar de plantear las cuestiones de nuestra historia reciente que, a mi criterio, son las que permitieron, facilitaron y amenazan con mantener en el tiempo, esta restauración oligárquica y colonial, que pretende poner fin, definitivamente, a más de dos siglos de luchas por constituir una nación soberana e independiente.

   Sin embargo, creo que no alcanza con tratar de “entender” los errores, pequeñas y grandes traiciones, defecciones y fracasos en los que hemos incurrido, sino tratar de salir del estado de nihilismo y resignación en que se encuentran gran parte de los intelectuales que se supone revistan en el campo nacional, cuando no muchos de los y las dirigentes que hoy deberían estar aportando a hallar un camino de reconstrucción del movimiento nacional.

   Los intelectuales, no todos, gastan horas en “papers”, jornadas y congresos, tratando de encontrarle el “agujero al mate” como decía Jauretche, advierten desde las tradicionales tendencias claudicantes de los sectores medios argentinos, que, al final, explican sus propias contradicciones y confusión, a buscar en la literatura extranjera la explicación a todos nuestros males, en general con la frase “No es un problema argentino, es un fenómeno global” o “La aparición y el auge de las nuevas derechas, incluso las más extremas, es una consecuencia del derrumbe de un modelo de capitalismo” y ahí vienen las frases de Gramsci u otros filósofos, que les permiten cerrar sus discursos sin decir nada sobre nuestra historia reciente.

   Dentro de poco habrá elecciones en Bolivia, de llegar a ganar los sectores conservadores vamos a empezar a oír “Y es consecuencia del retroceso ideológico del pueblo boliviano” y silencio absoluto sobre la feroz interna entre Evo Morales y el presidente Arce, incluso con tiroteos y emboscadas, que llevaron a la división del MAS y a la parálisis del gobierno y por ende la falta de avances y profundización en el proceso revolucionario, cuando no a graves retrocesos en el mismo. Evitando así hacer críticas a dirigentes de los cuales comieron durante años con libros, seminarios, etc. y exhibieron como los continuadores históricos de las grandes gestas americanas.

   Este no es un fenómeno nuevo en nuestro continente, durante décadas la antes llamada “izquierda”, hoy ante el desprestigio de la palabra y la prudente atenuación de sus propuestas, se proclama “progresismo”, ha venido no encontrándole la vuelta a los procesos políticos vernáculos, no estuvieron con Rosas, menos con los caudillos, (ambos una expresión de la “Barbarie”), estuvieron con Yrigoyen y luego lo abandonaron haciéndose “antipersonalistas” o, cuando no, pasándose a las filas de la reacción, fueron antiperonistas y hasta golpistas, desde la recuperación de la democracia denostadores del Perón “viejo y senil o traidor” en su tercer gobierno, según ellos.

   Pero es un fenómeno americano, estuvieron contra el MNR en su mejor momento, contra Ovando y Torres luego, justificaron el atraso de su patria en las “debilidades raciales” (Arguedas) igual que aquí Justo y Repetto, abandonaron a Chávez en Venezuela y a Getulio Vargas en Brasil, etc.

   Y me detengo en esto porque desde 1983 hemos asistido a un cambio de piel en el peronismo, tanto con Menem como, muy especialmente, desde 2003 fue justificado en que ya no podían ser los trabajadores la columna vertebral del peronismo dado que los cambios en los modos de producción habían, primero desplazado la demanda laboral a los servicios, reduciendo a caballito de la “Tercera Ola” o tercera revolución industrial. la cantidad de trabajadores empleados en la industria manufacturera. En una alianza ¿virtuosa?, Las fuerzas conservadoras trataban de aniquilar cualquier intento de desarrollo de un modelo industrial local, explicándolo como un fenómeno global indetenible al que, por supuesto, había que incorporarse, y los intelectuales progresistas escribían libros diciendo lo mismo y llamando la atención a que había que repensar todo, ya que no era posible pensar algo diferente y mucho menos que tuviera como fuerza motriz a los trabajadores organizados.

   Desde la recuperación de la democracia, el desdén de la dirigencia peronista por los sindicatos se justificó en que “No eran verdaderamente representativos, eran burócratas atornillados a sus sillones, millonarios y traidores” y buscaron dirigentes “nuevos”, más al gusto de los sectores políticos en los sindicatos estatales, docentes, universitarios, bancarios, que no sólo eran de los servicios sino blancos, mejor vestidos o con un discurso más “progre”, pero cuando se rascaba un poco en la fachada decían, “si el peronismo no logra hacer pie en los sectores medios, los profesionales etc, no tiene destino, la industria va a desaparecer, es un hecho y con ella los sindicatos y trabajadores de ese sector”.

    O sea, resumiendo, el modelo oligárquico, de economía primarizada sin industria, más allá de alguna actividad complementaria, y servicios agregados a la actividad extractiva, (bancos, compañías de importación y exportación, las finanzas, educación en sus tres niveles, inmobiliaria, turismo, transportes, etc), había triunfado, no se puede hacer nada, hay que olvidarse de las viejas banderas, adecuarse a los tiempos, ser una oferta electoral que acompañe el proceso pero con más sensibilidad social, tratar de capturar algo de la renta (minera, agropecuaria, petrolera y gas) para sostener a los miles que iban siendo descartados, que pasaban a engrosar las listas de los planes sociales ya que era un fenómeno “que había llegado para quedarse” un “daño colateral” del nuevo sistema global.

   La aceptación de la derrota, la claudicación, dejaba afuera del programa político a los trabajadores industriales, por ende para qué poner dirigentes sindicales en las candidaturas o cargos si son parte del pasado y además alejan los votos de las clases medias, o sea lo más grave, la confesión de la traición, era que se abandonaba definitivamente el Modelo Argentino, el Proyecto Nacional, la idea de una Argentina industrial y agropecuaria, integrada a América y al mundo a partir de su propio modelo de desarrollo y de sus intereses nacionales para convertirse en la cara sensible, socialdemócrata del modelo oligárquico y colonial.

   Esto era una traición, pero además una falacia, la producción industrial nacional dejaba de existir, no por un fenómeno mundial, sino para que su producción fuera reemplazada por manufacturas importadas, o sea que dejábamos de ser industriales para fortalecer la actividad industrial de otros, zapatos de Brasil, herramientas de China, ropa de Corea o Indonesia, hasta los platos de cocina o los cubiertos y cuchillos o vasos que usamos son fabricados fuera. O sea, no es que se dejaron de fabricar, nosotros dejamos de hacerlo para comprarlos fuera, pasó con Martínez de Hoz, con Cavallo, con Caputo (antes y ahora) y si bien, a partir de un tipo de cambio más caro mejoró con los gobiernos “peronistas”, no hubo un plan serio, sistemático y sólido para, aunque mas no sea mantener y mejorar la capacidad instalada sobreviviente.

   Cierta es la tradicional cobardía y tendencias claudicantes de nuestra “Burguesía nacional”, pero tampoco podemos negar que no hubo un proyecto sostenido en el tiempo desde la política como para exigirles a nuestros empresarios otro comportamientos, cuando uno habla con ellos van a responder “Y que quieren, si acá te cambian las reglas del juego cada seis meses y a veces menos, aún con el mismo gobierno, basta que cambie un secretario o subsecretario para que cambie todo” eso también es cierto.

    Perón tuvo la inteligencia de advertir, en 1943 la realidad de un nuevo emergente social, un nuevo protagonista, era la clase trabajadoras organizada, a partir de la industrialización iniciada a mediados de los años 30 y acelerada con la segunda guerra, así como también, la aparición de una gran cantidad de establecimientos manufactureros donde trabajaban esos nuevos operarios, existía, asimismo,  una coyuntura internacional que iba a permitir por varios años la atenuación de las presiones de las potencias dominantes a raíz, primero de la II Guerra Mundial y luego de la devastación que iba a prolongar sus efectos en la posguerra, pero no se quedó cruzado de brazos confiando en que las “fuerzas del mercado” potenciaran esas oportunidades, ni tampoco fue “estatista”, ni enemigo del campo o las inversiones extranjeras, basta leer los dos Planes Quinquenales, las políticas de fomento agropecuario o los intentos de explotación petrolera con participación de capital extranjero, o el Plan Trienal de 1973, buscó armonizar esos intereses y necesidades con un proyecto de país y lo llevó adelante, tanto que con todo lo que ha ocurrido aún sobrevive en muchos aspectos.

   Se trata de estudiar nuestras potencialidades, las que ya están y las que se puedan desarrollar, nuestras fortalezas, los mercados posibles para comerciar y para desarrollar, por ejemplo el Mercosur y los BRICS, planificar, llegar a acuerdos con las cámaras empresarias y los sindicatos del sector, poner a los organismos de ciencia y tecnología a trabajar dando prioridad absoluta a las necesidades de ese plan, sin ampulosidades ni pretender solamente “sustituir importaciones”, nada que no hayan hecho los países que desarrollaron un sector industrial y a los que hoy les compramos sus manufacturas.

   El mundo afronta hoy una feroz lucha de intereses, por un lado el modelo del “tecnofeudalismo” está fuertemente cuestionado, los nuevos nacionalismos europeos no son la expresión imperialista del desarrollo de sus fuerzas productivas como en 1914 o 1939, son la expresión de la pauperización de sus clases trabajadoras y los modelos de seguridad social ante la desindustrialización de los años precedentes, de la “aculturación” de sus connacionales ante el auge de modelos que han sido el correlato del modelo financiero global de la defensa de sus costumbres, modelos de familia y credos, ante el avance de la “aldea global” que no es otra cosa que defender su propia cultura, su identidad, no son anti globales, totalmente, pero pretenden una globalización del poliedro, como tan bien la definiera el Papa Francisco, que es, en realidad, la “universalización” que respeta esas identidades y las incorpora sin pretender eliminarlas, frente al modelo de la esfera, lisa, sin matices, ni rugosidades, que reemplaza todo eso por una tecnocracia transhumanista, que insectifica al ser humano. 

   Por ello hay que tener mucho cuidado y tomar distancia tanto del progresismo que sostiene que Milei es lo mismo que Trump, que Meloni u Orban, que denuncia a Irán, China o Rusia por ser conservadores y no adecuarse a los “modelos occidentales” de liberación sexual, familiar o cultural, como de los “nacionalistas” que afirman que “Trump es peronista”, todo ello no es más que la haraganería y el oportunismo intelectual o político de quienes a partir de esas frases altisonantes o que parecen “profundas”, aquí me permito recordar aquella maravillosa definición de María Elena Walsh “No es lo mismo ser profundo, que haberse venido abajo”, simplifican todo análisis serio, el estudio real y profundo de la realidad nacional y mundial que es compleja, cambiante, con numerosos nodos y polos y por ende no apta para la superficialidad, banalidad y oportunismo de los medios de comunicación digitales o analógicos.

   Perón nos enseñó hace décadas que el mundo avanzaba hacia el continentalismo y de ahí al universalismo, de la necesidad de fortalecer un modelo argentino, porque iba a ser inevitable ingresar a esos procesos, pero teníamos que hacerlo según nuestra cultura, nuestra forma de vivir y nuestros intereses, ni mejores ni peores que los de los demás países, solamente distintos, no excluyentes ni forzosamente incompatibles, pero teníamos que ser capaces de trabajar muy seriamente en ello. Enfrente teníamos a los intereses de las minorías locales dominantes, que eran el verdadero rostro del atraso y ahistóricos, prueba de ello que solo imaginan un regreso a la arcadia de una Argentina pastoril que nunca existió, pero que son por naturaleza cipayos y prestos a convertirse en instrumento de los intereses de las grandes potencias coloniales para mantener y profundizar la dependencia, incluso al costo de la balcanización de la patria y condenar al hambre y a la exclusión al 70% de los argentinos.

   Sin embargo, no podemos caer en la depresión inmovilizante, hay una historia que hay que traer el presente, vamos a hablar un poco de eso.

Argentina y China, comparaciones arbitrarias.-

En el año 1949, Argentina llevaba tres años de Juan Domingo Perón en el gobierno, hacía dos años que se había lanzado el primer Plan Quinquenal, se habían nacionalizado los ferrocarriles, se avanzaba a la reforma constitucional que establecería los derechos del trabajador, en el Congreso de Filosofía de Mendoza, Perón adelantaba la línea de pensamiento en que abrevaba su gobierno, existían las vacaciones pagas y el aguinaldo, crecía la industria y en 1947 se había declarado la Independencia Económica Argentina.

   En ese mismo año, Mao Zedong a la Cabeza del Ejército Popular, derrotaba a Chang kai Shek y se anunciaba la creación de la República Popular China, luego de una larguísima lucha comenzada por Sun Yat Sen a comienzos del siglo y de derrotar a los japoneses al costo de millones de vidas y luego al Kuomintang o Partido Nacionalista, apoyado por Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. China era un país devastado, con grandes hambrunas, sin industria y con un latifundio agrícola que alcanzaba al 80% de la propiedad rural.

   No hace falta que me explaye sobre la situación actual de ambos países, pero es válido señalar algunas cuestiones:

 1) China exhibe 76 años de continuidad política, donde primero terminó con el latifundio, pero no con una reforma agraria que creara una clase media o alta propietaria sino con la colectivización, a diferencia de Rusia no expropió a pequeños y medianos productores que trabajaban para el autoconsumo sino a una oligarquía latifundista, con el apoyo de los campesinos, propiedad estatal que se conserva a la fecha.

2) Desde un primer momento se propuso el desarrollo industrial propio y fue superando etapas, corrigiendo errores, haciendo cambios que consideró necesario hasta llegar a su realidad actual.

3) Su modelo político es el Socialismo con Características Chinas, que representa “El sueño de una Nación entera, además de el del individuo, ya que sólo la prosperidad del país posibilita que la sociedad en su conjunto prospere, lo cual genera las condiciones para la prosperidad particular de cada individuo”. Es decir sin copiar a nadie ni permitir que las potencias colonialistas la desvíen de su camino, o haya restauraciones de las fuerzas del atraso. Perón nos decía “Nadie puede prosperar en una comunidad que no lo hace”, todo parecido no es casualidad.

4) Sus gobiernos nunca han intentado arrojar el pasado a la basura, Xi Jinping a poco de asumir en una exhibición denominada “El camino a la renovación” aprovechó la ocasión para resaltar “la continuidad inquebrantable de la historia China, desde Mao a los antiguos poetas chinos y tender un puente entre la China socialista y la imperial. Hasta se ha recuperado a Confucio que había sido fuertemente cuestionado durante décadas.

5) Ante los cambios producidos por la revolución tecnológica se ha fijado como objetivos: a) La sofisticación de la matriz productiva con una orientación hacia el desarrollo de las tecnologías de punta, b) Recuperación de su status mundial como un miembro protagónico y central de la comunidad internacional y 3) Un salto cualitativo en el desarrollo humano, los consensos ciudadanos y la eliminación de la pobreza.

   El peronismo ha sido y aún es, más allá de los intentos de cambiar su identidad, la creación de un modelo político, económico y social que expresa nuestra historia y nuestra identidad, si hubo errores o saltos cualitativos en las estrategias de producción, crecimiento y empleo deberían haber sido corregidas dentro de nuestra doctrina, como lo hizo Perón en 1952 e intentaba hacerlo en 1973, a partir de su enseñanza que la doctrina no era algo cerrado y congelado sino algo que debía adaptarse permanentemente al cambio de los tiempos.

   Cierto es que nunca se logró terminar con las fuerzas de la reacción, por ello ante cada crisis o dificultad han estado agazapados para derrocarnos e intentar volver atrás en la historia, no es un fatalismo, un sino particular que nos lleva hacia adelante y hacia atrás, a poner en marcha transformaciones y luego volver a caer en reacciones oligárquicas y antinacionales. 

   Por favor, que la conclusión no sea “Hay que hacer lo mismo que China”, ellos hicieron lo que había que hacer de acuerdo con la historia, la cultura y las características de China, lo que sí creo, es que los Argentinos hemos sabido construir un modelo de las mismas características, por las razones que he abundado en mis libros y artículos hemos perdido el rumbo, se trata de recuperar la memoria y reiniciarnos desde nuestros orígenes, de repensar si no es cierto “que el final es donde partimos”.

   La realidad nos muestra de las maneras más brutales posibles que desde las grandes potencias (Gran Bretaña, Alemania, Francia, EE.UU) hasta los países hoy con peso a nivel mundial (Brasil, China, India, Rusia) lo han hecho a partir de su identidad nacional, el nacionalismo es la gran herramienta para la independencia, y en los países coloniales y semicoloniales como el nuestro es fundante de cualquier proyecto, el nacionalismo popular, no el falso nacionalismo de las élites económicas cipayas que han usado esa palabra en contra de los intereses populares, democrático, en una democracia social, no el mero democratismo formal sin proyecto ni doctrina que nos condujo al precipicio.

   Todos estos elementos son constitutivos del peronismo, a veces volver atrás, al comienzo, es retomar fuerzas para ir hacia adelante con todas las fuerzas y esperanzas, de nosotros depende.

Conociendo al enemigo: radiografía del anarcocapitalismo

Por Aldo Duzdevich

Quienes participamos de ese amplio y confuso espacio que podemos nominar como kirchnerismo/ peronismo, todavía no logramos entender las causas y profundidad de nuestra derrota político electoral, y mucho menos logramos hilvanar una propuesta que nos lleve a recuperar las mayorías perdidas. Por ahora la única idea “salvadora” es la explosión del plan económico y la inminente salida de Milei en helicóptero, profetizados desde diciembre del 2023.

Si la explosión es inminente, y cuando esto se caiga las masas van a volver arrepentidas a nuestros brazos, cual niños vuelven al rezago maternal porque se dan cuenta del error de su travesura. Si las cuentas de nuestros economistas y nuestros cientistas sociales, son ciertas, y la caída de Milei es a corto plazo inevitable, no hay mucho para pensar, ni preocuparse. La única preocupación y ocupación de nuestra militancia, debería ser (y es), posicionarse en los espacios de poder partidarios y electorales, para estar en el mejor lugar del futuro reparto del poder.

Quienes estén convencidos que la salida es la del párrafo anterior, pueden abandonar la lectura de esta nota aquí nomas. Quienes entiendan que el problema es un poco más complejo, pueden seguir leyendo, con la advertencia que la pólvora fue descubierta en el siglo IX por los chinos de la dinastía Tang. Y yo, no soy chino ni pariente de los Tang.

La lucha de clases en clave anarco-capitalista

En 2023 cuando todavía Milei era un tercero cómodo en campaña, escuché que mencionaba como su maestro a Murray Rothbard y por curiosidad me puse a leer algunas de sus ideas, que incluso reproduje en una nota en La Paco. Hoy a dos años vista de gobierno libertario, es bueno repasarlas, porque tienen bastante coherencia con el discurso y la práctica de Milei.

Sun Tzu en el “Arte de la Guerra” dice “Conoce el terreno y conoce al enemigo, y en cien batallas no conocerás la derrota.” .  Y Napoleón dice “Nunca desprecies al enemigo; por pequeño que parezca, puede ser el principio de tu ruina.”, una frase que nos cae justo respecto nuestra valoración inicial de Milei.

Bueno, yo desconozco si nuestros generales y generalas han estudiado a Rothbard el ideólogo de Milei. Pero los que no pertenecemos a la distinguida alta oficialidad Nac&Pop, en gran mayoría desconocíamos a estos bichos “anarco-capitalistas”.

Murray Rothbard nació en Nueva York en 1926 y murió en 1995. Se graduó en la Universidad de Columbia. Economista, filósofo y activista político, fue un polemista apasionado,  fundador de instituciones libertarias y padre del anarco capitalismo. 

Rothbard desarrolla una novedosa teoría que en cierta medida compite con la idea de lucha de clases del marxismo. Según el marxismo las clases se definen por la propiedad de los medios de producción, los capitalistas y el proletariado. Rothbard define  también dos clases[H1] , una dominada y otra dominante . La dominada es la clase productiva que incluye, trabajadores, capitalistas y propietarios, y la dominante, que es la clase parasitaria que vive del estado.

Según Rothbard la “lucha de clases” real no está entre capitalistas y obreros, sino entre “el pueblo” (todos los que participan voluntariamente en el mercado) y el Estado y sus beneficiarios (quienes viven a costa del primero). La única forma de superar esa opresión es reducir o eliminar el Estado y todas sus intervenciones, sustituyéndolas por un orden de plena propiedad privada y libre mercado.

En suma, la teoría libertaria de las clases en Rothbard no reconoce antagonismos inevitables entre obreros y capitalistas, sino un antagonismo moral y práctico entre quienes producen mediante el libre acuerdo y quienes parasitan mediante la fuerza estatal.

La clase productivas es la agregación de trabajadores, empresarios, capitalistas y propietarios que intercambian voluntariamente bienes, servicios y factores de producción. En esta definición podemos encontrar una de las claves de los votantes de Milei, porque en este concepto de “clase productiva” van a incluir no solo los grandes capitalistas y las oligarquías locales, junto a ellos se alinean medianos y pequeños empresarios, chacareros, emprendedores de todo tipo, trabajadores formales del sector privado, trabajadores independientes de aplicaciones, profesionales meritocraticos, y jóvenes desocupados con aspiración de crecimiento individual.

Interesa ver la detallada descripción de lo que Rotbhard llama la clase dominante o parasitaria que vive de “robarle” a través de los impuestos a la “clase productiva”.  En rigor es lo que en boca de Milei tiene nombre de “Casta”.

Contrariamente a lo que se entendió en un primer momento la “Casta” no solo eran los altos funcionarios y legisladores.

Quiénes son los que viven del Estado según Rothbard
1) “La clase política: Estos son los principales beneficiarios del poder estatal”
“Políticos profesionales (presidentes, legisladores, gobernadores, intendentes, etc.):
Viven del ingreso fiscal y administran el poder de coacción. Rothbard señala que no solo no crean riqueza, sino que se dedican a redistribuirla hacia sus intereses o aliados.”
“Partidos políticos (especialmente los partidos estatistas o clientelistas): Son mecanismos de acceso al botín estatal. Cuando gobiernan, actúan como intermediarios para beneficiar a otras ramas del aparato parasitario.”

2. La burocracia estatal
Se refiere al aparato administrativo permanente, “muchas veces con estabilidad laboral y sin incentivos de productividad.”

“Empleados públicos no esenciales: Rothbard distingue entre servicios básicos (como tribunales de justicia, que él también considera reemplazables por el mercado) y “estructuras enteras creadas sin necesidad productiva: ministerios redundantes, secretarías inútiles, agencias reguladoras ineficientes.”

“Funcionarios con poder regulatorio: “Quienes imponen barreras legales a los productores del mercado (licencias, habilitaciones, impuestos) mientras aseguran sus propios salarios con dinero ajeno.”

3. Los contratistas y subsidiados del Estado
Esta es sector más difuso y muchas veces “privado”, pero Rothbard la considera parte integral del sistema parasitario.

“Empresas que dependen de contratos estatales: Obras públicas, defensa, infraestructura, servicios tercerizados. Son empresas que no compiten en el mercado abierto, sino que prosperan gracias al favoritismo del Estado.”

“Sindicatos estatales: Aquellos gremios cuyos miembros trabajan en el sector público y negocian salarios con dinero de los contribuyentes, no de una empresa que deba sostenerse por productividad.”

“ONGs o fundaciones dependientes de subsidios públicos: Muchas instituciones civiles sobreviven gracias a transferencias del Estado.”

4. El aparato ideológico del Estado
Rothbard entendía que todo Estado necesita un aparato que legitime su existencia y lo haga parecer “natural” o “necesario”. Esta función la cumplen:

“Intelectuales estatistas: Académicos, economistas, sociólogos y expertos que justifican la intervención del Estado y critican el libre mercado. Se benefician de becas, empleos universitarios estatales y asesorías.”

“Medios de comunicación dependientes: Aquellos que reciben publicidad oficial, licencias de radio/TV, favores fiscales o privilegios regulatorios. Difunden el discurso oficial y desacreditan ideas de mercado.”

“Educadores en el sistema público: No como personas individuales, sino como parte de una estructura educativa diseñada para enseñar obediencia al Estado, glorificar su historia y legitimar la redistribución coactiva.”

5. El complejo militar y de seguridad
Rothbard denuncia a los ejércitos y cuerpos de seguridad como parte estructural del aparato explotador.

“Fuerzas armadas en tiempos de paz: En lugar de defender derechos individuales, muchas veces sostienen regímenes estatistas, participan en aventuras expansionistas o reprimen a ciudadanos.”

“Policías y agencias de espionaje estatal: A menudo usadas no para proteger personas, sino para garantizar el cumplimiento de leyes injustas, impuestos, o control social.”

Pongamos este listado descriptivo de Robthard al lado de recortes de gastos realizados por Milei y vamos a encontrar parte del fundamento teórico de la famosa motosierra.

Algunas frases textuales de Rothbard que escuchamos en boca de Milei

“El Estado es una banda de ladrones a gran escala: los individuos más inmorales, codiciosos y sin escrúpulos de cualquier sociedad.”

“El Estado obtiene sus ingresos por medio de la coacción, amenazando con penas severas […]. La tributación es un robo: una confiscación obligatoria de la propiedad de los habitantes por parte del Estado.”

En síntesis, la propuesta del anarco capitalismo no se limita a reducir el poder estatal, sino a eliminarlo por completo, reemplazando sus funciones por asociaciones voluntarias y competencia en el mercado.

“Lo que el anarquismo propone hacer, entonces, es abolir el Estado; es decir, abolir la institución regularizada de coerción agresiva.” Concluye Rothbard

La batalla cultural por la destrucción del estado

Cabe preguntarnos, como este cuerpo de ideas que tiene por último fin destruir por completo el estado, ha penetrado en la sociedad actual de distintos países de occidente.

Rothbard en sus libros proponía organizar conferencias, cursos, aulas y publicaciones específicas del anarco capitalismo. Crear redes académicas e institucionales —como el Instituto Mises— para dar cobertura intelectual y divulgativa a esas ideas. Formación de redes de libertarismo intelectual, think tanks y prensa independiente. Difusión cultural mediante edición de libros, artículos, conferencias, universidades y medios.

Si bien nosotros hemos visto este tipo de actividades, no parecieran ser suficientes para generar una masa electoral transversal a todos los grupos sociales, con una fuerte inserción en jóvenes de sectores humildes del conurbano y del interior profundo. Recordemos que Milei pudo ganar ampliamente en alejados poblados de la puna jujeña, o incluso, en comunidades mapuches del sur.

Las respuestas básicas y de poco esfuerzo intelectual, dirán: “es culpa del Alberto”, “es culpa de Clarín”, “es culpa de las redes” . Y luego insistirán en que hay que explicarle boca a boca a la gente que los buenos somos nosotros, que todo lo que critican del estado no es real, y que podemos mostrar la década ganada.

Al inicio aclare que no tengo la fórmula para inventar de nuevo la pólvora. Es decir, como salir de esta compleja situación en la que estamos.

Solo, pienso algunas cosas. Lo primero es como dice Sun Tzu conocer a tu enemigo, y la frase de Napoleón: “Nunca desprecies al enemigo; por pequeño que parezca, puede ser el principio de tu ruina.”

Lo siguiente es recuperar valores del peronismo, haciendo eje en la producción y trabajo.  Redescubrir al tercer Perón y su Modelo Argentino. En ningún lado está escrito que la propuesta peronista sea convertirnos en una clase que se sirve del Estado, sino que bregamos por un Estado moderno, eficiente y al servicio de la sociedad. Si está escrito que “la política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la patria que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.” También está escrito que nuestro ideal es construir una “Comunidad Organizada que garantice los derechos del trabajador, del empresario y del Estado, sin que ninguno se imponga sobre los otros.”

En síntesis, recuperar nuestro pensamiento original y aggiornarlo al Siglo XXI, para poder ofrecerlo como propuestas que miren al presente y al futuro. Pensamiento que deberá estar encarnado en dirigentes cuya palabra este acompañada de un testimonio de vida de servicio y de trabajo.

https://www.agenciapacourondo.com.ar/opinion/conociendo-al-enemigo-radiografia-del-anarcocapitalismo

Negociaciones compartidas y sumisiones aceptadas

Por Ricardo Auer

La era Trump continúa marcando una tendencia hacia el bilateralismo y el uso instrumental de la fuerza arancelaria.

Es interesante observar el comportamiento de diversos países frente al poder de las potencias y en particular frente a Donald Trump y su particular estilo de negociación de los aranceles de importación a EEUU. Siempre empieza pidiendo lo imposible o de máxima, para llegar a lo realmente deseado o posible. Hasta el momento EEUU firmó nueve acuerdos con: Gran Bretaña, China, Vietnam, Japón, Filipinas, Indonesia, la Unión Europea, Corea del Sur y Pakistán; con Taiwán dice haber llegado a “ciertos consensos”.

Gran Bretaña. Fue el primero; reduce los aranceles a los autos británicos del 25% a 10% (hasta 100.000 al año) y los elimina para acero y aluminio; otorga permisos recíprocos para la exportación de carne vacuna y productos agrícolas; reduce barreras no arancelarias y simplifica trámites aduaneros. Aliado ganador.

China. De las amenazas recíprocas del 115%, llegaron al acuerdo del 30%, aún en desarrollo, aunque mantiene elevados aranceles (55%) para determinados productos chinos. También China aprueba y facilita la exportación de tierras raras;elimina medidas de represalia mutua, y relaja controles para el acceso de productos chinos al mercado estadounidense.

Vietnam. Acordaron elevar los aranceles al 20 % (con una tasa de 40% a productos de los que se sospeche procedencia china); partiendo de la amenaza previa de situarlos en un 46%.

Japón. De la amenaza del 25% acordaron finalmente un 15%. Japón se comprometió a invertir 550.000 millones de dólares en EEUU y a abrir su mercado en sectores como automóviles, camiones, arroz y productos agrícolas. Aliado perdedor.

Filipinas. Se impone un arancel de 19% a los productos filipinos, casi el 20% con el que había amenazado, a cambio de que los productos estadounidenses queden exentos de aranceles al entrar en Filipinas.

Indonesia. Algo similar a Filipinas. Acuerdo en un 19% pero incluye compromisos de compra de aeronaves, productos agrícolas y energéticos estadounidenses por parte de Indonesia.

Unión Europea. Amenazando con un 30%, la mayoría de las exportaciones europeas quedarán finalmente gravadas con 15%. Francia quedó muy disconforme. La UE se compromete a comprar energía de EEUU por un valor de 750.000 millones de dólares, a invertir 600.000 millones de dólares en ese país y a incrementar la compra de material militar de EEUU. Aliado muy perdedor.

Corea del Sur. Han acordado aranceles del 15% a los productos coreanos, mientras los de EEUU quedan exentos para su entrada en Corea, quien además se compromete a invertir 350.000 millones de dólares en EEUU y a adquirir 100.000 millones en productos energéticos. Aliado perdedor.

Pakistán. El acuerdo comercial incluye la rebaja de aranceles “recíprocos” (sin indicar valores), e incluye que EEUU colaborará con PK en la gestión de “sus enormes reservas de petróleo”.

En cuanto a otros países, Trump parece manejar una impronta con más peso en lo geopolítico que en lo comercial.

India. EEUU amenaza sumar un 25% adicional a los actuales aranceles, por las relaciones de India con Rusia, en especial, las referidas a compras de sistemas de armas y de petróleo ruso. Intenta socavar la autonomía estratégica de India con respecto a su participación en el BRICS.

Brasil. EEUU lo amenazan con un 50%, pero introduciendo cuestiones políticas internas (juicio a Bolsonaro), con lo que de paso EEUU intenta romper el Mercosur.

En relación a Argentina poco se sabe, aunque se mantendrían altos los aranceles para los productos siderúrgicos y de aluminio, lo que agravaría aún más la ya deficitaria balanza comercial de Argentina con EEUU. Al parecer la alineación automática nacional no traerá beneficios reales. Por eso, no sorprenden las declaraciones del futuro embajador de EEUU en Argentina; simplemente son coherentes con quienes gobiernan hoy a Argentina. Las potencias se manejan con flexibilidad táctica. Leen la realidad de cada país y actúan acorde a esa lectura. No cambió EEUU; simplemente tanto se degradó Argentina, que un futuro embajador adopta posiciones abiertamente anti-diplomáticas, porque tiene conocimiento cierto que el gobierno de Milei ha puesto en venta los restos de la soberanía nacional, solo para obtener ventajas personales; reemplazar a la “vieja casta” por una nueva, de menor nivel intelectual e institucional, encabezada por él mismo.

En principio, el futuro embajador viola el artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (1961) que establece claramente: «Los agentes diplomáticos no deberán inmiscuirse en los asuntos internos del Estado receptor”. Sus palabras, ejercidas como un algoritmo, que el nuevo paradigma argentino debería obedecer, chocan contra la voluntad popular y violan elementales principios diplomáticos. Pretende intervenir políticamente, ejerciendo presión directa sobre el poder judicial argentino (ref. a CFK); vulnerar la mínima neutralidad, apoyando explícitamente el proyecto político partidario de LLA, que es sólo una fracción ideológica de un país democrático; supervisar a los gobiernos provinciales para “vigilarlos” para que no hagan convenios con China u otros países no aprobados por EEUU; esto viola además la organización federal del país.

A esto se suma el pedido del gobierno para la exención de visas para entrar a EEUU (VWP, por sus siglas en inglés), algo que no es de vital importancia para los intereses nacionales. Sería bueno y agradable tenerlo, pero hay muchas otras, y absolutamente más importantes, prioridades. De acuerdo a los protocolos de la VWP deberíamos cumplir una serie de muy exigentes requisitos de adecuación de los sistemas de control fronterizos, de emisión de pasaportes y de intercambio de información con EEUU. Esto implicará necesariamente la instalación de agentes estadounidenses de migraciones para realizar controles, en todo nuestro territorio. Otro vasallaje de nuestra soberanía. Esta exigencia se la hicieron a México, quien rechazó la instalación de los puestos de control por considerarlo una afectación de la soberanía, ya que implica que agentes extranjeros actúen en el país.

No seamos ingenuos; siempre las potencias (todas, todas) ejercen su poder, su influencia, para defender y acrecentar sus propios intereses nacionales. Lo hace presionando, ofreciendo, sobornando, atacando, casi siempre en forma sutil o al menos, no demasiado visiblemente. Pero es poco frecuente, al menos en este siglo XXI, donde el mundo ya no es hegemónico, sino multinodal, que un diplomático, exprese abiertamente que pretenda ejercer el mando directo de lo que debe hacer Argentina, interna y externamente.

La pregunta pertinente es por qué en estos tiempos la diplomacia abandona su máscara de neutralidad. No se trata de un error personal o meras transgresiones protocolares, sino el ejercicio de un nuevo paradigma global, donde el derecho internacional se subordina, sin explicaciones racionales, a los intereses nacionales, geopolíticos, militares, tecnológicos o comerciales. Para ello se avanza sobre la soberanía que cada nación no defiende, por debilidad estructural, por hiper-fraccionamiento interno, o por acción deliberada de gobiernos o intermediarios locales vasallos.

Las potencias tienen una estrategia activa (guerra irrestricta o híbrida) de injerencia política, judicial, territorial e institucional sobre el resto de los países, pero toman recaudos para actuar cuidadosamente cuando éstos y sus gobiernos hacen respetar sus respectivas autonomías estratégicas. Pero no cuidan las formas diplomáticas más elementales cuando se encuentra con gobiernos que se sienten cómodos con estar alineados automáticamente, sin defender los intereses nacionales propios.

Asistimos a una estrategia de gobernanza poswestfaliana, coherente con las doctrinas de guerra actuales; la “no injerencia” se subordina a los intereses estratégicos, comerciales y de seguridad de las potencias. La presente es una versión moderna de la recordada Doctrina Monroe, tan rechazada por las diversas escuelas diplomáticas argentinas, o de otras versiones, como las del Proceso Militar o de las épocas de Menem (aliado extra-OTAN). Deberían recordar que “Roma no paga Traidores” y que cuando ya no sean de utilidad, se los descartará y si es necesario se los juzgará, utilizando los mismos archivos de sus “colaboradores”, que las potencias guardan celosamente. (Junta Militar argentina, Pinochet, Noriega, otros).

La política nacional debe ejercerse con firmeza y transparencia, recuperándola para ser un instrumente inteligente de un proyecto colectivo de unidad nacional, y de paz con el resto de las naciones.

https://www.infobae.com/opinion/2025/08/03/negociaciones-compartidas-y-sumisiones-aceptadas/

EVA PERÓN: ENTRE LA SACRALIZACIÓN Y EL MITO

Por Francisco José Pestanha 

 “El futuro que, sin lugar a duda, recordará y juzgará el destino admirable de esta mujer, advertirá que no usufructuó ella de las circunstancias, sino que las circunstancias usufructuaron de ella, como lo hace invariablemente la Historia con las vocaciones (o llamados) individuales que la misma historia usa, y con los cuales realiza o pone “en acto” sus acontecimientos posibles. Eva Perón escuchó ese llamado y respondió a él con heroica fidelidad. ¿Y qué provecho sacó de las circunstancias? La vigilia, el cansancio, la enfermedad y la muerte».

Leopoldo Marechal

La vida, la obra y la muerte de Eva María Duarte (la fe de bautismo data el 21 de noviembre de 1919 bajo el folio 495 emitida por la Capellanía Vicaria de Nuestra Señora del Pilar, Partido de General Viamonte [1]), estuvieron y aún se encuentran sujetas a una serie de manifestaciones socioculturales, sobre las cuales bien vale hacer breve referencia al conmemorarse un nuevo aniversario de su precoz agonía.

– Evita sacralizada –

Mientras una acepción corriente del vocablo “sacralizar” nos remite a un procedimiento mediante el cual suele asignarse o atribuirse carácter sagrado a un elemento o individuo, para nuestro devenir indo-afro-ibero-americano, la sacralización constituye a la vez un fenómeno frecuente, una forma de expresión profundamente arraigada en el sentir y en el obrar popular que, reconocemos, adquiere ribetes complejos. Numerosos autores vinculados a esa matriz epistemológica que en el país constituye el “Pensamiento Nacional” nos han enseñado que en nuestra región, la sacralización constituye un instrumento a través del cual los sectores populares no solamente suelen volcar sus devociones, sino también ciertas expectativas y en cierto sentido además, sus peculiares derroteros. 

Rodolfo Kusch, uno de los pensadores argentinos más originales, sentenciaba al respecto en su valiosísima obra “América profunda” que “…cuando un pueblo crea sus adoratorios, traza en cierto modo en el ídolo, en la piedra, en el llano o en el cerro su itinerario interior…” [2].

De esta forma las circunstancias a las que refiere Marechal en el encabezado y que según él “se aprovecharon de Eva”, no hacen más que ratificar que la sacralización en nuestra América no solo contribuye a reforzar el sentido histórico del sujeto sacralizado, sino que además, lo instituye en presente y en futuro viviente. Arturo Jauretche, en plena sintonía, sostendrá en alguna oportunidad respecto a Evita que “… hay seres en los que se mete la historia y se expresa a través de ellos como si quisiera símbolos vivos que inútilmente la inteligencia trata de explicar”.

– Evita mitificada –

Sobre la abanderada de los humildes ha recaído, además, otro tipo de dispositivo de características no tan originales e imperecederas como el descrito precedentemente, y que supone en alguno de sus sentidos, el despliegue de una operación intelectual tendiente a transformar hechos acontecidos efectivamente o inventados, en relato creíble o plausible aunque la veracidad de tales circunstancias no pueda ser comprobada. 

Me refiero especialmente a la mitificación. Entre otros aspectos mitificados del transcurrir de Evita, hay cuando menos dos a los que suele apelarse con cierta frecuencia y que, a nuestro criterio, han contribuido a desnaturalizar la realidad acontecida. El primero nos vincula a la afirmación de que Evita encarnó per se la efervescencia justicialista, y que su pasión revolucionaria la llevó a ejercer una especie de jacobinismo contrastante con el conservadurismo de quien fuera en vida el conductor del justicialismo. 

El segundo, que su prédica y acción pueden ser perfectamente separadas o disociadas de las del mismísimo Perón, con quien habría mantenido diferencias inconciliables. 

El primero, llevado a extremos, ha llevado a compañeros de fuste como Roberto Surra a sostener que, ante la imposibilidad de negar a Evita, ciertos sectores que en su tiempo la repudiaron y la combatieron, empezaron a exaltarla, “…llegando al colmo de presentarla como a una dama que, látigo en mano, dominaba a su macho (Perón), quien es presentado por esta particular y pintoresca visión de la historia como un timorato dominado por su miedo de perder el poder y temeroso del carácter de su mujer”[4].

He aquí una de las formas que ha asumido el evitismo: un verdadero “artilugio intelectual de manual”, cuyo fin último estuvo orientado a minusvalorar y opacar la obra y la figura de Perón, recurriendo al enaltecimiento acrítico de Eva. Sobre la vida de la jefa espiritual del peronismo, mucho se ha escrito. Alguno de los textos ha aportado valiosísima información y rectificado otra que durante un tiempo fue aceptada sin constatación alguna. Otros constituyen simplemente un verdadero sancocho. Pero de la simple lectura de las obras más serias escritas sobre ella, como del testimonio de los hombres y mujeres que la acompañaron de cerca hasta su muerte, como de sus propios textos que constituyen su herencia, como la comprobada “La razón de mi vida” o el otrora cuestionado “Mi mensaje”, surge incontrastablemente que Evita encarnó la revolución “…no como un acto propio o un gesto individual, sino en el contexto de Juan Perón, su doctrina y su pueblo en marcha hacia la liberación”[5]. 

Ella misma afirmará tajantemente al respecto, tal vez recurriendo a una voz excesiva, pero plenamente sentida, que: “Todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que pienso y todo lo que siento es de Perón”. No existe así testimonio o prueba alguna de que Eva Perón hubiese concebido la revolución peronista sin Perón. 

El segundo de los ardides está orientado a obliterar ese verdadero lazo amoroso que unió a la pareja y la admiración mutua que se prodigaron. 

Desde facciones provenientes especialmente desde un materialismo mistongo, se intentó presentar a la pareja como el producto de una relación de medios a fines, donde ella, en oportunidades, aparecerá como uno de los instrumentos a los que apeló Perón para concretar alguna de sus inconfesables intenciones, y en otras, en menor medida, donde él será presa de las ambiciones extremas de “esa mujer. Nada más alejado de la realidad. 

Más allá de las naturales y lógicas desavenencias que toda pareja sufre en su devenir, en especial cuando se trata en el marco del poder y de las cuales casi ningún vestigio comprobable ha quedado, todos los relatos coinciden en que su relación fue próspera e indestructible, aun a pesar de complejísimas circunstancias históricas y personales que les tocó compartir.

En “Mi Mensaje”, [6] obra póstuma afortunadamente autenticada judicialmente gracias a los ingentes oficios de Fermín Chávez, entre las previsiones conspirativas respecto a sectores de la jerarquía eclesiástica y sospechas similares respecto a militares, Evita ilustrará al lector sobre su lealtad a Perón y reafirmará el proyecto de vida que eligió vivir junto al conductor del justicialismo. Sostendrá allí taxativamente: “Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también, por lo tanto, cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados, allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma. Si Dios lo llevase del mundo a Perón antes que a mí, yo me iría con él, porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños…”

Algunos sobacos ilustrados han recurrido a otras artimañas para transfigurar el sentido histórico de Eva Perón. El ocultamiento de cierta información vital para comprender integralmente a Evita se convirtió en otra de las argucias preferidas. 

Entre otros tantos datos obliterados, se encuentra la profunda fe que nutrió su pensar y accionar. Afortunadamente, registros documentales y testimonios escritos y audiovisuales de, entre otros, su confesor y director espiritual Hernán Benítez y del poeta y amigo José María Castiñeira de Dios, permiten resguardar esa y otra información para las nuevas generaciones. Nadie seriamente puede dudar hoy de que sus creencias religiosas y la espiritualidad profesada por Eva fueron decisivas, y que su vida estuvo plagada de jirones vinculados a tales circunstancias. Eva, según coinciden sus principales biógrafos, mantuvo siempre una profunda fe y promediando su vida, llegó a profesar oración diaria. Valentín Thiebaut, uno de los referentes del legendario periódico oficialista “Democracia”, declarará oportunamente que, entrevistada respecto a las circunstancias de su viaje a Europa, Eva expresó que su encuentro con el Papa fue la etapa más impactante del viaje [7]. 

La influencia de tal encuentro y en especial la de Hernán Benítez, fueron decisivas en la concepción de esa fundación modelo que adquirió virtualidad categórica con posterioridad a aquel derrotero. Roberto Surra en el texto precitado sostendrá enfática e irónicamente que el “evitismo” es uno de los inventos más inteligentes y perversos que concibió la oligarquía para alimentar al anti peronismo. No hay nada más antiperonista que el evitismo, ya que supone una actitud independiente y hasta contrapuesta de los ideales de Perón. Y culmina: Quienes digan amar a Evita, pero no a Perón, deberían leer más, estudiar más, hacer memoria o ¡hacer terapia!

Sin llegar al extremo, las recomendaciones de Surra resultan oportunas para advertir a los lectores respecto a algunos libelos que circundarán en estos tiempos, emergidos inclusive de algunos cenáculos donde suele recalar cierta vulgata revisionista.

* Francisco José Pestanha: Es profesor titular del seminario Introducción al Pensamiento Nacional en la Universidad Nacional de Lanús. 

[1] En “Eva Perón sin mitos”, obra de Fermín Chávez publicada por la editorial Theoría en el mes de febrero de 1996, se halla incorporada, luego de la página 49, copia de la partida original.

[2] Kusch Rodolfo: “América profunda”. Editorial BIBLOS, Buenos Aires, 1999.

[3] Jauretche, Arturo Martín: “Juicios y testimonios”. Suplemento especial de la revista Dinamis. Año 1969.

[4] Surra, Roberto: “Algunas consideraciones en torno al evitismo y una anécdota: Evita ante Franco”. En http://www.nomeolvidesorg.com.ar.

[5] Castiñeira de Dios, José María: “El esfuerzo de Evita era, antes que una misión, una forma de realización personal”. Diario La Opinión, 26 de julio de 1972. Página 16

[6] Perón Eva, Mi mensaje, Ediciones del Mundo, Buenos Aires, 1987.

[7] Chávez Fermín: “Eva Perón sin mitos”. Editorial Teoría. Febrero de 1996. Página 188

Sur, Menem…y después

Por Omar Auton

El fracaso del Alfonsinismo que mostró la incapacidad del radicalismo para resolver la crisis profunda de la Argentina semicolonial, no sorprendió a nadie, el viejo partido de Yrigoyen, expresión de las clases medias surgidas del esplendor de la Argentina de la Belle Epoque, hacía mucho que había entregado lo mejor de sí, pretendió democratizar la política y la renta oligárquica, la crisis de 1930 se llevó al abismo a esa Argentina y a su partido. 

   Devenido en un instrumento más del régimen conservador con Alvear, en oposición consentida de la Década Infame, fue la columna vertebral de la revolución gorila de 1955, gobierno fraudulento entre 1963-1966 y colaborador de Lanusse, último presidente militar de la autodenominada Revolución Argentina.

   Alfonsín había sido, precisamente, la representación mas antiperonista del partido en 1973, cuando Ricardo Balbín, viejo y mañoso dirigente bonaerense, intentó un acercamiento con Perón, convencido que sin eso era imposible reencauzar al país en la democracia. Bajo su discurso de “izquierda” y aliada a la UCR de Córdoba, la que había parido a los “comandos civiles” del 55, enfrentó al viejo caudillo radical, fue derrotado, pero logró reunir a los sectores de la izquierda amarilla, ferozmente gorila y sumado a sus contactos con los militares, como Albano Harguindeguy, se instaló como alternativa diez años después.

   Raúl Alfonsín no era progresista ni de “izquierda”, su campaña electoral fue lavada, vacía de contenido, basada en el preámbulo de la constitución liberal de 1853, reinstalada por un bando militar y una convención constituyente fraudulenta en 1957, acompañado por comandos civiles, dirigentes de los 32 Gremios Democráticos como Mucci, terroristas como Roque Carranza y socialdemócratas como Dante Caputo rápidamente fue declinando todas sus promesas, fracasó en todas sus variantes económicas y jaqueado por el poder económico y los estallidos populares ante las crisis hiperinflacionarias y las corridas bancarias, entregó el poder antes de tiempo a Carlos Menem el 8 de julio de 1989.

    Menem llega a la presidencia sin un proyecto político ni un plan económico, su ambición era alcanzar la presidencia y siempre trabajó para eso, pragmático, atrevido y con una capacidad innata para vincularse con los sectores populares, era un acróbata del poder, desde un comienzo negoció con todos los que lo tenían, sindicalistas, empresarios, lobbystas, periodistas, apostó a una alianza con la única multinacional con sede en Argentina, Bunge y Born y le entregó el ministerio de Economía y buscó equilibrar poniendo a un sindicalista, de sinuosa trayectoria, Jorge Triaca, en el Ministerio de Trabajo. Llega rodeado de ex cafieristas como Grosso, Guido di Tella, Carlos Corach, y dos bandos dentro de su círculo íntimo los “celestes” (Duhalde, Bauzá, Matzkin, Manzano) y los “rojo punzó” (Granillo Ocampo, Kohan, Aráoz, Barrionuevo).                                                                                                                                   

   Miguel Roig, ministro de Economía fallece a los pocos días y es reemplazado por Néstor Rapanelli, también hombre de Bunge y Born, sin embargo la alianza no funciona. Menem debe afrontar corridas cambiarias y amagos de crisis hasta que asume Erman González, este confisca los plazos fijos en el denominado Plan Bonex y saca a los bancos de provincias del clearing bancario, ya que se los acusa de hacer subir las tasas de interés ante la demanda permanente de dinero para equilibrar sus cuentas.

   Había claridad que era necesario un plan de estabilización y una reforma del Estado, las empresas estaban en la picota, endeudadas, sin renovación tecnológica y sobredimensionadas de personal, se hallaban en virtual estado de quiebra, Segba la prestadora de electricidad había sido una de las mayores generadoras de problemas en las postrimerías del gobierno de Alfonsín, los cortes diarios de luz duraron veranos enteros, lo mismo ocurría con Entel la proveedora de servicios telefónicos, los departamentos en venta tenían un precio si eran con teléfono y otro sin él ya que los trámites para la instalación duraban años y eran en general infructuosos, Alfonsín había lanzado el plan Megatel, se colocaron cientos de postes para cables pero los teléfonos no aparecían. Los trenes exhibían décadas de abandono, sin renovación del material rodante, viajar cada mañana era un albur, con servicios que se levantaban, pasajeros viajando hasta en el techo, asientos rotos, etc.

   ¿Esto significaba que era necesaria su privatización? no afirmaría eso, pero si era necesario un debate acerca de su rol y su organización empresaria, no había tiempo, un periodista organizó una marcha a la Plaza de Mayo reclamando las privatizaciones y la llenó, la gente estaba harta, quería que se parara la inflación, los servicios funcionaran, las crisis recurrentes se terminaran y hubiera un gobierno que garantizara todo eso.

   No voy a analizar detenidamente cada una de esas cuestiones, merecerían un libro, pero en poco tiempo se dieron dos hechos que cambiaron el rumbo de la historia:

1) Se produce un nuevo levantamiento militar, conducido esta vez por Mohamed Alí Seineldín. Menem ordenó la represión, los enfrentamientos duraron varias horas, hubo muertos y heridos pero se sofocó la asonada. Se consolidaba la autoridad presidencial, el temor a los golpes militares desaparecía, la designación de Martín Balza (un veterano de Malvinas) como jefe del ejército, la decisión de indultar a los jefes militares y terroristas detenidos, el recorte del presupuesto militar y pocos años después la eliminación del servicio militar terminó con las FF.AA como factor de inestabilidad.

2) Se sancionan las leyes de Reforma del Estado y de Emergencia Administrativa, lo que abre la puerta a las privatizaciones de empresas, transferencias de servicios, eliminación de áreas estatales. Paralelamente se sanciona la Ley de Convertibilidad, se cambia el signo monetario, se abandona el Austral y se vuelve al peso, al que se le quitan cuatro ceros, quedando una paridad de 1 $ por 1 U$S, y estableciendo que no se podría emitir un peso que no tuviera el respaldo de la misma cantidad de dólares en el Banco Central.

   Estas medidas lograron estabilizar la economía y quebrar el proceso inflacionario, la sumatoria de ambos éxitos llevó a consolidar el poder presidencial, el pueblo pudo visibilizar que había un presidente con autoridad, que tenía el coraje de tomar iniciativas impensables hasta ese momento y tener éxito, paz, estabilidad política y económica, un crecimiento exponencial del consumo, posibilidad de ahorro. El resultado fue la victoria electoral del año 1993 que llevó al peronismo a ganar en la Capital Federal ¡con un candidato riojano!, el radicalismo, consciente que si se llamaba a un plebiscito Menem lo ganaba fácilmente, decidió suscribir el Pacto de Olivos que abrió el paso a la reelección de Menem y a una nueva etapa de dólar barato, turismo por todo el mundo, acceso a productos importados, autos de lujo, como en la época de Martínez de Hoz, (Lo que vemos hoy, lo que estamos viviendo, es la tercera secuela de la misma película).

   No intento analizar en profundidad los actos de gobierno de Carlos Menem, sin embargo muchos comenzaron a advertir algunos puntos oscuros:

1) En las privatizaciones el Estado se quedó con las deudas de las empresas, aceptó los bonos de la deuda pública a su valor nominal, cuando en el mercado valían menos de la mitad, las sospechas de negociados y corrupción crecían cuando, por ejemplo se vendía YPF a Repsol, una empresa española que no tenía una sola explotación en el mundo, no manejaba ni un solo pozo petrolero o Aerolíneas Argentinas a American Airlines que ya tenía serios problemas económico-financieros. Encima los organismos de control y regulación creados para, precisamente, asegurar la adecuada prestación de los servicios, fueron rápidamente cooptados por amigos o militantes del gobierno, cuando no por las propias empresas a las que debía controlar.

2) La convertibilidad era un plan de estabilización pero no un plan económico, no preveía una normalización en la cual la moneda argentina tuviera un valor que expresara la fuerza de la economía, su productividad, nadie podía creer seriamente que, considerando las siderales diferencias entre la economía argentina y la de EE.UU, las monedas podían tener el mismo valor, además eso solo ocurría aquí, si se viajaba a Europa o a EE.UU, el peso argentino no lo tomaba nadie a ese valor. El ancla monetaria que impedía la emisión descontrolada funcionó porque era un momento donde había mucho dinero en el sistema financiero global, se buscaban mercados con altas tasas de interés, aunque eso fuera consecuencia de ofrecer menos garantías de seguridad, Argentina era una oportunidad, pero ¿Que pasaría si había una crisis en los mercados emergentes y eso llevara a los tenedores de bonos o inversores a liquidar sus tenencias, retirar sus divisas y llevarlas a plazas que pagaran tasas mas bajas pero ofrecieran mas seguridad?

3) La apertura indiscriminada de la economía, con una moneda sobrevaluada iba a conducir a un aluvión de productos importados, lo cual iba a actuar como un ancla antiinflacionaria, pero provocaría la quiebra de centenares de empresas locales, especialmente pequeñas y medianas, la venta masiva de las grandes, a empresas extranjeras que iban a ir en busca de mercados cautivos, con empresas en funcionamiento a las que rápidamente convirtieron en importadoras (Alpargatas, Quilmes, Loma Negra), aumentando la desocupación y la demanda de dólares por utilidades. (Otro parecido con la actualidad, no es mera coincidencia).

   Mientras funcionó, Menem ganó elecciones y era visto como “un rubio de ojos celestes” por los sectores medios-altos que abrían cuentas en dólares en el exterior y pasaban el verano en el Caribe y el invierno en Aspen, la caída de los mercados emergentes (“Los tigres asiáticos”, de México “efecto tequila”, de Brasil “efecto caipirinha”), generó la estampida de los capitales atraídos hasta ahí por las altas tasas de interés y el “Carry Trade”, la Convertibilidad comenzó a temblar, se habló de reemplazarla por una canasta de monedas que permitiera un esquema menos rígido.

   Menem ya había logrado su reelección, enseguida echó a Domingo Cavallo, de cuyas aspiraciones políticas desconfiaba, reemplazándolo por Roque Fernández, todo lo que hasta ahí había sido callado por los medios, volvió a las tapas, corrupción, exhibicionismo, tilingueria y comenzaron a aparecer temas, desocupación, piqueteros, negociados de las administradoras de fondos de pensión, crisis fiscal, sin embargo tuvo oxígeno para llegar al fin de su mandato, pese a caer derrotado en las elecciones de medio término en 1997. Duhalde, entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires fue el candidato del peronismo, tuvo el valor de afirmar que la convertibilidad era insostenible, que había que salir de ella, pero fue derrotado por Fernando de la Rúa, que prometió mantenerla, afirmando que eliminando la corrupción todo se solucionaba, ya sabemos como terminó todo, dos años mas tarde.

   A todo esto el peronismo no atinaba a reaccionar, sus dirigentes estaban todos comprometidos con la década menemista, en lo bueno y en lo malo, pero lo mas grave era el “lavado” doctrinario que imperaba, el discurso dominante lo podemos resumir en “Perón está muerto y el peronismo, como lo conocimos también, la industrialización es inviable, tenemos que dedicarnos a los servicios, bancos, financieras, turismo, construcción, y las divisas que entren por las exportaciones agropecuarias y mineras, que comenzaban a aparecer. El pleno empleo, los altos salarios son cosas del pasado, el alto porcentaje de exclusión es un “daño colateral” del mundo que ha cambiado, la tecnología desplaza naturalmente a la mano de obra menos preparada y no se puede hacer nada, hay que dejarse de joder con la soberanía política y la independencia económica, se cayó el Muro de Berlín, ya no hay posibilidades para la Tercera Posición hay que alinearse con EE.UU en todo” como consecuencia de esto rompimos una tradición de décadas en política internacional y acompañamos la Guerra del Golfo.

   Los disidentes tampoco se destacaban por su fidelidad al peronismo histórico, los integrantes del Grupo de los Ocho en diputados denunciaban la corrupción, su líder Carlos Chacho Alvarez confrontó con Menem en las elecciones presidenciales de 1985, acompañando al gobernador de Mendoza, José Octavio Bordón, en lo que fue una interna peronista ya que ambos se identificaban como tales, fueron derrotados, Bordón, al poco tiempo se fue a estudiar  a EE.UU y Chacho Alvarez acompañó a De la Rúa como vicepresidente, a partir de 1999, cuando al gobierno de la Alianza comenzó a estallarle la convertibilidad, ¡trajo a Domingo Cavallo como ministro! denunció un presunto soborno donde estaba comprometido el ministro Flamarique, que era de su partido, renunció y se fue a hacer conferencias de prensa en un bar. En el 2005 Néstor Kirchner lo sacó del ostracismo y lo impuso como presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, en el 2011 como presidente de la ALADI, donde fue reelegido en el 2014. Siempre fue visto como un hombre perteneciente al sector socialdemócrata del peronismo, igual que el ex presidente Alberto Fernández que lo designó embajador en Perú en el 2020, cargo que no asumió por la epidemia del Covid-19.

   Los gobernadores se dedicaron a asegurar su poder en las provincias, entusiasmados con una consecuencia de la reforma constitucional de 1994, el reconocimiento de la propiedad de los recursos del subsuelo en cabeza de las provincias, contrariando una política nacida en el peronismo y consagrada en la constitución de 1949, pero Menem lo cedió como pago del apoyo a su reelección, como le entregó a Alfonsín la autonomía política de la ahora denominada Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que no era otra cosa que un territorio cedido por la Provincia de Buenos Aires para que sirviera de asiento a la Capital Federal y la elección de un tercer senador por provincia, lo que aseguraría cargos electivos a la UCR.

   Le fueron transferidos los servicios educativos (origen en parte de la crisis educativa que hoy tenemos) y los servicios de salud hasta ahí de carácter nacional, sin entregarle los recursos necesarios, las inversiones mineras no llegaron y pasaron a depender de las remesas de dinero de los ATN (Aportes del Tesoro Nacional) lo que domaba cualquier rebeldía y fue mantenido por Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Mauricio Macri y ahora Javier Milei, de aquellos polvos, estos lodos.

   El sindicalismo se fracturó a poco de asumir Menem, su retroceso en la participación política, iniciado con la Renovación Peronista, se agudizó, cada sindicato comenzó a replegarse en su espacio de representación, desentendiéndose del destino del conjunto, nace la frase “hay que cuidar nuestra quinta”, se dedican a tratar de negociar para frenar las aristas mas neoliberales del menemismo, especialmente en la legislación laboral y de obras sociales, algunos de ellos inclusive, son ganados por esta visión de fin del peronismo histórico y la necesidad de aggiornarse a la avalancha globalizadora. La desindustrialización les pegó fuerte, el caso de la Unión Obrera Metalúrgica fue un duro ejemplo, las privatizaciones y reingenieria de empresas (como Somisa) y el cierre de otras llevó al gremio industrial mas fuerte de la Argentina de 250.000 afiliados a apenas 50.000 en el 2003.

   La catástrofe de diciembre de 2001 fue un grito desesperado de hartazgo de un modelo de país que retrocedía en las condiciones de vida, de trabajo, de educación, de salud, incluso de aspiraciones (la casa propia, el auto, las vacaciones), la pregunta que nadie quería responder era ¿La dirigencia política, nacida, crecida y formada en estas dos décadas, era capaz de tomar el timón, dejar de lado la deriva partidocrática que caracterizó a la democracia y construir un modelo mas cercano a las expectativas y deseos del pueblo argentino?.

   Esto no significaba ignorar ni minimizar los gigantescos condicionamientos que significaban el monstruoso endeudamiento interno y externo, un sistema bancario y financiero desprestigiado y extranjerizado, la caída de la actividad industrial, la existencia, por primera vez en la historia de un tercio de la población en la pobreza y la miseria, de tres generaciones de argentinos que no sabían que era tener un trabajo registrado, que no se habían formado en la cultura del trabajo que se transmite de padres a hijos, la debilidad ideológica y falta de coraje de gran parte de la dirigencia política como para pensar un camino diferente y ser confiable como para conducirnos en él y la corrupción, ya no como un fenómeno puntual, personal, como “Pecado” como nos enseñó a verlo Jorge Bergoglio, luego Papa Francisco, sino como sistema en el cual están asociados todos los partidos y que contaminaba a las nuevas generaciones de militantes que veían esta actividad mas como una perspectiva de futuro personal que como un compromiso de lucha y de transformación.

   Quizás se pueda pensar que estos capítulos tienen un recorrido invertido, que cuando nace aquello de “Cuando Ulises no recuerda a Itaca” debería ser el final, la respuesta a los interrogantes formulados en los últimos párrafos de éste, sin embargo considero que no es así, lo que se expresa en aquel trabajo es lo que vivimos en estos últimos años, sin embargo estoy convencido que no podemos pensar la historia a partir de lo ocurrido en este siglo, he tratado de refrescar la memoria de los mas viejos y ayudar a los mas jóvenes a descubrir que venimos con los mismos problemas desde mucho antes, que los remedios que hoy se aplican ya fueron usados y fracasaron, que la crueldad, la violencia, el salvajismo que constituye un aspecto central de este gobierno es la contracara de políticas que las minorías del poder económico concentrado han diseñado durante los últimos 50 años para multiplicar su riqueza, que década tras década y al costo de destruir nuestras vidas y nuestros sueños han saqueado las riquezas de nuestra patria y la que hemos creado con nuestro trabajo, son las dos caras de una misma moneda.

   Como decía Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, “O cambiamos o perecemos”, ese cambio lo tenemos que construir entre todos, o no habrá un mañana para nadie.

De intentos fallidos y restauraciones exitosas

Por Omar Auton

Es indudable que nuestro gobierno exhibía, en 1955, síntomas de agotamiento, mas allá que la crisis económica generada por las sequías, el déficit energético, la ralentización del crecimiento y la inflación, habían sido controlados por el plan de estabilización de Gómez Morales y el tema petrolero parecía encaminarse con los contratos con empresas extranjeras, faltaba un partido político organizado y fuerte que diera la batalla frente a la oposición, hasta un sector de los diputados del Justicialismo, encabezados por John William Cooke se oponía a ratificar en el Congreso los contratos petroleros.

   Perón estaba en su plenitud política, pero comenzaba a mostrar cansancio ante la soledad que lo rodeaba a partir de la muerte de Evita, afirmaba estar rodeado de una corte de adulones y arribistas, fuera de él y algunos pocos más, faltaba el volumen doctrinario y el coraje para enfrentar a la reacción, en términos políticos ésta era un fantoche, el peronismo los aplastaba en cualquier elección, pero los sectores mas reaccionarios de la iglesia y las embajadas, británica y de EE.UU, operaban para fracturar el apoyo mas homogéneo, hasta ese momento, las FF.AA.

   El golpe de 1955 fue la expresión de esos factores, Perón quiso evitar una guerra civil, impresionado por lo que había visto en España y además, quizás, sintió que carecía de la fuerza política organizada capaz de dar el “salto adelante” y reencauzar la revolución.

   Al regresar en 1972  sabía perfectamente que muchas cosas habían cambiado, las FF.AA habían sido expurgadas de militares nacionales, los habían fusilado o dado de baja, un sector importante había sido cooptado por las ideas de la escuela francesa mas reaccionaria y su doctrina de la “guerra sucia” contra el comunismo (para ellos todo lo que no fuera expresión de la sumisión al poder económico de los países dominantes, era “comunismo”), y habían comenzado a integrarse al poder económico, a través del casamiento con las “hijas de la oligarquía” o lisa y llanamente los empleos en empresas, al pasar a retiro.

   El empresariado nacional nacido a partir de 1930 y que tuviera su momento de gloria entre 1945 y 1955, subsistía en la CGE (Confederación General Económica), enfrentada a la UIA (Unión Industrial Argentina) que reunía a lo mas granado del capital foráneo, José Ber Gelbard expresaba a aquel sector, que no se caracterizaba, precisamente, por su coraje para ser una verdadera “Burguesía Nacional”, que buscara la hegemonía en la propiedad de los medios de producción, al estilo de la que llevara a cabo la revolución industrial en Inglaterra, Francia o Alemania.

   El sindicalismo era diferente al que acompañó al peronismo en su primera época, forjado en la Resistencia Peronista, conocía la clandestinidad, la cárcel y la tortura, era una nueva generación que había reemplazado a la conducción cegetista anterior, se había jugado para lograr su retorno y le era absolutamente leal.

   Había un nuevo fenómeno, grandes sectores de la clase media, profesionales, docentes universitarios, jóvenes (muchos de ellos, hijos de familias gorilas), rompían con el pasado antiperonista de este sector y se volcaban al peronismo, era la llamada “Nacionalización de las clases medias”.

   La estructura política del peronismo era, en general, tan oportunista y mediocre como la que había denunciado Perón, los Paladino, Matera, etc habían defeccionado una y otra vez y lo seguirían haciendo, si bien había algunos hombres como Licastro, Fernández Valoni, Taiana o militares como el coronel Vicente Damasco, pensadores militantes como Jauretche, Pepe Rosa o Fermín Chávez, no alcanzaban para ofrecerle a Perón una estructura de apoyo.

   Asimismo, EE.UU había ido cerrando un cerco sobre la Argentina, a los golpes militares de Brasil de 1964, se sumaron los de Bolivia en 1971 y de Uruguay y Chile en 1973, creando un círculo de hierro en nuestras fronteras.

   Perón estaba en su mejor momento, intelectual y político, en los 18 años de exilio había adquirido una visión del mundo, del presente y del futuro, que lo convertían en el estadista mas grande de la historia argentina, nos sorprendió a todos cuando adelantó la cuestión ambiental, alimentaria y de los recursos naturales como el eje de los conflictos futuros, rompió el bloqueo a Cuba, reinició relaciones con la URSS y abrió el camino con la China de Mao Zedong, reseteó el espacio de los países del Tercer Mundo al proponer una tercera vía, la histórica Tercera Posición, frente a los modelos dominantes, ordenó la economía, controló la inflación, etc, todo eso en apenas ¡15 meses!.

   Sin embargo una gran tragedia se desató, los grupos terroristas que habían disimulado su antiperonismo visceral, desconociendo la voluntad popular y los deseos del conjunto del pueblo argentino comenzaron un baño de sangre, rápidamente los servicios de inteligencia de las FF.AA y las embajadas alimentaron la violencia, sometiendo al conjunto de la sociedad al fuego cruzado de los mesiánicos y los paramilitares. Perón hizo todo lo que pudo para controlarlos, se obstinó en impedir el uso de las FF.AA para combatir a Montoneros, ERP y demás, consciente que significaba abrir la puerta a un holocausto, pero tenía 78 años, algunas dolencias físicas preexistentes y su salud comenzó a flaquear.

   Aún así, consciente de la cercanía del final de su vida, lanzó el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, lo presentó al Congreso el 1 de mayo de 1974, como eje para una reforma constitucional, pero murió dos meses después.

   No me voy a detener en la acción de las organizaciones terroristas ni en la conspiración creciente de las FF.AA gorilas y la vieja oligarquía, todo eso ha sido tratado y analizado por decenas de pensadores y militantes, entre los que me incluyo, sí lo voy a hacer en la actitud de la dirigencia política del Partido Justicialista, que no sólo archivó la Ley Agraria aprobada por Perón para transformar al sector agropecuario, congeló el Sistema Nacional Integrado de Salud aprobado por Perón para reordenar el sistema sanitario sino que guardó en un cajón bajo siete llaves el mismísimo legado de Perón, su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, tanto así que todas las carpetas que se habían entregado con su texto “desaparecieron”, debieron pasar mas de 40 años para que el gran compañero Oscar Castellucci, lograra recuperar una de ellas, en manos de la familia del coronel Vicente Damasco, un gran argentino, que fue el alma mater del trabajo elaborado por el grupo de pensadores a quién Perón eligió para esa tarea y publicar, mediante la imprenta del Congreso de la Nación la única versión real y completa del documento.

   La dirigencia no sólo abandonó el legado de Perón sino a Isabel Perón, vicepresidenta por el voto popular y que asume la presidencia a la muerte del general, aparece un grupo “antiverticalista” de legisladores, autodenominados Grupo de Trabajo, integrado por Nilda Garré, Luis Sobrino Aranda, Carlos Auyero, y al que se suma el gobernador de la Pcia de Buenos Aires, Victorio Calabró, que comienza a conspirar para reemplazarla por Italo Luder, el sindicalismo comienza a tener dificultades internas, con algunos sectores que “dialogan” con los antiverticalistas, caído Gelbard es archivado el Pacto Social, el ministro ya carecía de poder después de las muertes de José Ignacio Rucci y el General Perón, Isabel carecía de la estatura de una conductora, o del liderazgo necesario en ese momento, pero estaba cada vez mas sola, como Perón en 1955 y ella no era Perón.

   Lo cierto es que, nuevamente, el Partido Justicialista exhibió su impotencia para asumir una actitud organizada, valiente, doctrinaria, se peleaban por ver quién se acercaba mas a la UCR o a las FF.AA para salvar la ropa, los leales, me refiero a los que no conspiraban para reemplazar a Isabel Perón, dudaban o se llamaban a silencio, había permanentes cambios de gabinete sin lograr definir un rumbo de gobierno, el mismísimo secretario general de la CGT, Casildo Herreras, aparecía en el aeropuerto de Montevideo, pocos días antes del golpe anunciando “Yo me borré”.

   Luego vino el golpe y una larga noche se extendió sobre la patria, el grueso de la dirigencia fué detenida y enviada a la cárcel o al buque Granaderos, pocos de ellos, por lo general dirigentes gremiales como Lorenzo Miguel o Herminio Iglesias, afrontaron con coraje y dignidad esos años. Me refiero a aquellos que detentaban cargos políticos o sociales el 24 de marzo de 1976, no a una nueva generación que comenzaría a aparecer en esos años y que llamada a actuar rápidamente mostró que sufría de varios traumas: 1) Perón ya no existía, 2) El último gobierno peronista había concluido en una tragedia, 3) La Argentina que emergía no tenía nada que ver con la que existió hasta 1976, 4) Las nuevas generaciones desconfiaban del peronismo y su dirigencia, 5) El mundo había cambiado mas que la propia Argentina en esos 8 años y 6) Se había librado una guerra por las Islas Malvinas, habíamos sido derrotados militarmente y todos se afanaban por sepultar esa gesta.

   Por si todo ello no fuera suficiente, en 1983 el peronismo es, por primera vez en la historia,  derrotado en elecciones limpias, la fórmula liderada por Italo Luder y Deolindo Bittel es superada por la UCR de Alfonsín -Martínez, desatando una profunda crisis interna, nace el mote de “Los mariscales de la derrota” para quiénes eran las caras visibles, especialmente las provenientes del sindicalismo. Llamativamente una dirigencia política que no se había caracterizado por su coraje o decisión para enfrentar a la dictadura cuestionaba a quienes, aún con sus errores y falencias habían dado la cara, un ejemplo claro fue Herminio Iglesias que firmó, casi en soledad, la presentación del Partido Justicialista en 1979, ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, mientras el radicalismo se negaba a reunirse, Alfonsín viajaba a Europa y otros dirigentes peronistas, temerosos, se negaban a poner su firma.

   El peronismo estaba en estado confusional, no terminaba de aceptar una derrota “inesperada” por quiénes no advertían que la sociedad argentina, que rechazaba la memoria reciente de la violencia, la crisis económica y el caos de los últimos meses del gobierno de Isabel Perón, del cual casi todos ellos habían sido funcionarios, había comprado la falacia instalada por Alfonsín del pacto “militar-sindical”, se conmovía ante la aparición de enterramientos clandestinos, como decía una canción, solo buscaba “algo de paz”.

   En diciembre de 1984 se convoca a un congreso del Partido Justicialista en el Teatro Odeón de Capital Federal que termina en un escándalo, unos 347 delegados de los 670 convocados, luego de agredir por ejemplo a Carlos Menem, elige una conducción encabezada por Isabel Perón como presidente, José María Vernet y Lorenzo Miguel como vicepresidentes y Herminio Iglesias como secretario general, los disidentes hicieron su propio congreso en la localidad puntana de Río Hondo, el 2 de febrero del año siguiente, si bien mantuvo la presidencia de Isabel, elige como vicepresidentes a Oraldo Britos, Carlos Corach y al dirigente de los taxistas Roberto García.

   Finalmente en julio de 1985 se realiza un congreso de unidad en La Pampa, donde se ratifica la presidencia de Isabel y son designados vicepresidentes Vicente Saadi, Jorge Triaca y Alberto Rodríguez Saá, conservando Herminio Iglesias la secretaría general.

   Aparecía en el horizonte la autodenominada “Renovación peronista” que cuestionaba duramente a la vieja guardia sindical encarnada en Miguel, Iglesias y otros y muy especialmente su conducción en el PJ, la integraban Antonio Cafiero, Carlos Menem, Carlos Grosso, José Manuel De la Sota, Jorge Busti y otros.

   Lo que había era una clara lucha por el poder partidario, las diferencias eran mas formales que sustantivas, todavía se sostenía la presidencia de Isabel Perón, mas que nada como homenaje a sus largos años de cautiverio y la dignidad con que los asumió, pero se pretendía desplazar al sindicalismo de su peso en el partido, se apoyaron en la campaña de desprestigio que el alfonsinismo y el aparato cultural porteño instalaron en la campaña electoral (películas como “La República Perdida” I y II, “No habrá mas penas ni olvidos”) y pese a estar acompañados por dirigentes sindicales notorios por su colaboracionismo con la dictadura (Jorge Triaca y Ramón Baldassini), buscaron desplazarlos de todo poder partidario.

   Al que esto escribe le tocó escuchar de boca de un notorio dirigente renovador porteño la frase “La gente no quiere saber nada con los sindicalistas, no quiere ver a negros con campera de cuero en las listas, es la hora de otro perfil, traje y corbata, discursos moderados y serenos y nada de enfrentamientos o kilombo”, creo que constituye una síntesis del pensamiento dominante, a eso se limitaba el cuestionamiento, nada de revisar las defecciones del pasado, nada de recuperar el legado de Perón que había sido ocultado en las postrimerías del último gobierno, nada de recuperar la vocación mas transformadora del peronismo, se hablaba claramente de “Una democracia de alternancia entre una fuerza mas socialdemócrata (la UCR) y otra mas socialcristiana (el PJ)”, se habían terminado los días de hablar de “revoluciones”, nada de hablar de la deuda externa y menos de la Guerra de Malvinas.

   Sería largo enumerar las características del sesgo que fue tomando la Renovación, el debate sobre la aceptación o no del laudo papal sobre el conflicto con Chile por el Canal de Beagle quizás lo explique, el peronismo se dividió entre el rechazo al mismo, sin una propuesta alternativa, o el apoyo (explícito o silencioso) del resto, es que reinaba un democratismo hueco, meramente institucionalista, que hubiera partidos políticos, elecciones, libertades públicas, sin asumir que las crisis institucionales, los golpes militares, eran la expresión de una crisis mas profunda, del conflicto entre dos modelos de país, de un modelo dependiente, semicolonial y oligárquico y otro que pretende la soberanía nacional, la autodeterminación, la independencia y defiende un esquema productivo autónomo y con inclusión social. Se lo simplificó en un esquema de gobiernos democráticos o dictaduras militares, por ende había que defender la “Democracia”, aunque cuarenta años mas tarde estemos viviendo su crisis por no haber avanzado sobre los temas de fondo.

   En 1985 se realizaron elecciones de medio término, en la Provincia de Buenos Aires triunfó la UCR con el 40% de los votos, pero la noticia fue que en la interna entre “Renovadores” y “Ortodoxos” del peronismo, se impusieron los primeros, que encabezados por Antonio Cafiero derrotaron a los segundos, encabezados por Herminio Iglesias, los primeros obtuvieron el 27% de los votos contra el 12% de los segundos.

   Desde allí hasta 1988, la renovación se adueñó de la conducción del peronismo, logró derrotar en numerosos distritos a la UCR en 1987, se mostró como garante de la democracia ante las sublevaciones de los militares “Carapintadas” encabezados por Aldo Rico y si bien hubo un discurso cuestionador, por ejemplo, de la política en materia de deuda externa, cuando el alfonsinismo envió al Congreso Nacional dos proyectos de ley para privatizar Aerolíneas Argentinas y Entel, fueron rechazados pero no por cuestionar las privatizaciones, sino porque se harían por venta directa y no por licitación.

   Finalmente en 1988, en la única y última elección interna democrática realizada para definir la fórmula presidencial para las elecciones de 1989, Carlos Menem, que había construido su espacio con los “sobrevivientes” de la ortodoxia, como el sindicalismo y las 62 Organizaciones, con un discurso mas disruptivo y parecido a la tradición peronista (Revolución Productiva y Salariazo), pero básicamente con un vínculo directo con las grandes mayorías populares de las provincias, derrotó ampliamente a Antonio Cafiero que supuestamente manejaba el “aparato” partidario y gobernaba la provincia mas grande del país, Buenos Aires, pero cuya imagen atildada y “porteña” sumada a un discurso demasiado parecido al alfonsinismo y crudamente denostador, en el caso de su candidato a vicepresidente José Manuel De la Sota, de las “tradiciones” del peronismo, como era el caso de las 62 organizaciones, le alejaron el voto peronista.

   Perón dijo alguna vez que la política real era la política internacional, que las políticas locales expresaban, de alguna manera, y con los matices de cada país, esas grandes corrientes mundiales, en esos años se produjeron verdaderos terremotos en un mundo que durante los últimos 40 años había tenido un crecimiento económico sostenido, había visto la aparición del “Estado de Bienestar” en los países centrales, y si bien había sufrido la Guerra Fría, el equilibrio atómico y el temor a la destrucción global alejaron las hipótesis de conflicto, permitieron florecer los procesos de descolonización y vieron desaparecer el viejo imperio británico  y las antiguas colonias francesas y holandesas en Asia y Africa.

   Surgen dos figuras claves, la de Ronald Reagan en EE.UU y la de Margaret Thatcher en Inglaterra y con ellas la llamada Revolución Conservadora en el capitalismo, el auge de los negocios financieros, que se disparan con los llamados “Petrodólares”, fruto de la crisis del petróleo de 1974 y las gigantescas ganancias de los países petroleros ante la suba del precio del barril que fueron a parar masivamente a los bancos de las potencias dominantes, generando un negocio especulativo que comenzaba a tener una racionalidad propia, alejada de la actividad productiva, junto con la multiplicación de los paraísos fiscales que permitían la evasión de las ganancias hacia lugares que no preguntaban el origen o la titularidad de esos fondos, no se pagaban impuestos, se multiplicaban las ganancias y todo ello sin necesidad de montar fábricas, pagar salarios o sostener sistemas de seguridad social, todavía no habían aparecido los recursos tecnológicos que años mas tarde darían lugar a las “fintech” o al llamado Tecnofeudalismo , parido por la crisis del 2008, pero esa es otra parte de la historia.

Cuando Ulises no recuerda Itaca

 Por Omar Auton

“No hay viento favorable para el marinero que no sabe adonde va” (Séneca)

Sé que es un lugar común recurrir a viejos refranes o dichos, pero no me importa ya que entre el título y la frase de Séneca, hay un diálogo, digamos que podríamos decir que “Ulises no recuerda Itaca, por lo tanto mas allá de lo favorable de los vientos, no tiene adonde ir” o para hacerlo mas contemporáneo “Que cuando alguien ha olvidado sus orígenes, difícilmente pueda obtener réditos de situaciones favorables y hallar un camino”.

 De esto vengo hablando en mis libros, en capítulos anteriores, en mi obstinación en poner sobre la mesa de debate distintos momentos de nuestra historia, incluso la mas reciente, como han sido los años 70, donde los únicos dos demonios reales han sido, por una parte, un relato sobre una juventud idealista, que soñó con un mundo de justicia y fué primero traicionada y luego “diezmada” como le gusta decir a Cristina Fernández de Kirchner y otro relato brutalmente exhibido entre 1976 y 1983, que quedó larvado durante años y que cuando el fracaso político del progreperonismo, que tuvo el primero de los relatos como valor fundante,  se convirtió en lenta agonía de fracasos sucesivos, emergió cruelmente para ser valor fundante del Macrimileísmo.

Explicar porqué resurge la reivindicación del terrorismo de Estado con el Macrimileismo, es muy sencillo, a partir de 1983 se juzgó, condenó, indultó y volvió a juzgar, a los responsables militares de las atrocidades de la última dictadura, sin embargo, esos mismos vaivenes de la democracia nos adelantaban que el “huevo de la serpiente” seguía anidando ¿donde?:

1) En la UCR que reclamó “Terminar con la guerrilla industrial” poco antes del golpe y los viejos partidos conservadores como la UCeDe, de la familia Alsogaray, el socialismo que le había dado embajadores a Videla, o dirigentes devenidos empresarios como Adelina de Viola, Alberto Albamonte, y el mas paradigmático de los 90, José Luis Manzano

2) En los empresarios que acompañaron a la dictadura y con ella lograron que se estatizara su deuda externa, concentraron riqueza y ramas de la actividad (Grupo Clarin, Techint, Ledesma, etc), consolidaron la patria financiera, y permitieron, como en Ford, que los campos de concentración funcionaran dentro mismo de las plantas industriales e hicieron las listas de delegados gremiales y activistas a secuestrar.

3) En el poder judicial, donde se sostuvo la misma “casta” que rechazaba los hábeas corpus, juraba por el Estatuto del Proceso Militar y consolidó a familiares, socios y amigos en los juzgados y secretarías clave, junto a los grandes estudios jurídicos y jurídico-contables que asesoraron a los grupos económicos desde 1976 en adelante.

4) En la oligarquía, antes ganadera devenida en esos años en agrofinanciera, que había multiplicado fortunas con la “Plata Dulce”, la timba financiera y la evasión fiscal. Si antes había existido un poder “del campo”, ya en las postrimerías del gobierno de Isabel Perón era notorio que había un pool de multinacionales como Bunge y Born, gerentes de filiales locales de grandes empresas (Ford, Fiat, Siemmens, Mercedes Benz, Esso. Shell, ) y mixtas (Acindar, Arcor, Astra, Celulosa), sumadas a la Sociedad Rural, Confederaciones Rurales y sus socios menores, que comenzaban a perfilar lo que hoy se llama “El círculo rojo”.

   Ninguno de estos sectores fue puesto en el banquillo de los acusados pese a que toda la dirigencia política, el periodismo y los jueces menos comprometidos sabían perfectamente que el objetivo de la dictadura procesista había sido reconvertir la Argentina, aniquilar el modelo industrial y con ello, los restos de la independencia económica, al poder sindical que reflejaba el poder de los trabajadores organizados, columna vertebral de ese modelo y que había aportado mas del 70% de las víctimas de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones de los “años de plomo”, por ende los autores intelectuales y beneficiarios de la barbarie, quedaron impunes y con su poder aumentado exponencialmente.

   Mientras la dirigencia política fué funcional a sus intereses, por omisión, cobardía y mediocridad (Alfonsín) o por acción, con un entusiasmo proporcional a su falta de estatura política, corrupción, e improvisación (Menem), multiplicaron su poder y concentraron mas y mas la riqueza, cuando todo estalló en el 2001, comenzaron a trabajar desde las sombras para preparar el futuro.

   Cierto es que entre 2003 y 2015, volvió un gobierno de carácter popular, que trató de restañar las profundas heridas dejadas por la exclusión y pobreza creciente y reconstruir la gobernabilidad, tan cierto como que no avanzó sobre estos poderes, que por otra parte si ya hubieran sumado sus votos en aquel año, habrían ganado las elecciones, Menem, López Murphy y Elisa Carrió sumaron en la primera vuelta el 55% de los votos, contra el 36% de las listas de Kirchner y Rodríguez Saá.

Un período poco estudiado o conocido es el interregno de la presidencia de Eduardo Duhalde, este asume luego de varios intentos fallidos (Puerta, Rodríguez Saá, Camaño) y de la mano de Jorge Remes Lenicov manejan la salida de la convertibilidad, costosa y difícil, logra que se alcance cierta estabilidad que se consolida con la llegada de  Roberto Lavagna, y con otra figura notable del momento que fue el ministro de salud, Ginés González García que evitó la quiebra total del sistema de salud ante la devaluación de la moneda. Estos dos funcionarios apuntalaron, luego el gobierno de Néstor Kirchner, cuando se consiguió una reestructuración histórica de la deuda externa y la cancelación de la deuda con el FMI. Lavagna fué reemplazado en el 2005 por Felisa Miceli y González García en el 2007, con Cristina Kirchner como presidente, por Graciela Ocaña.

   La década kirchnerista no logró detener la extranjerización de empresas, consolidó la dependencia de las divisas del campo, y a partir de 2011 no pudo mantener el crecimiento ni detener el proceso inflacionario. En esos años se instrumentó una profunda “desmenemización” del peronismo, exhibiendo la gravedad del daño infligido por las privatizaciones, los negociados, la desindustrialización, etc, pero se ocultó que el propio Néstor Kirchner había privatizado el Banco de Santa Cruz con el grupo Eskenazi, apoyó la privatización de YPF a cambio de las regalías, que fueron al Banco de Santa Cruz, de ahí que cuando en 2008 se intenta “argentinizar” la empresa petrolera, Kirchner convoca a Eskenazi para que compre el 25% de las acciones, llamativamente lo hace sin poner un peso ya que el importe a abonar se cubrió con un préstamo de Repsol (la empresa vendedora) y del Credit Suisse, cuando en 2012 Cristina Kirchner nacionaliza el 51% de YPF, el grupo Petersen (Eskenazi) le vende su reclamo al fondo Burford que es el titular del juicio que motivó el reciente fallo de la jueza Preska en Nueva York, he ahí la “burguesía nacional” a la luz.

   Asimismo aún se puede hallar en Youtube el discurso de Cristina en la Constituyente de 1994 donde afirmaba “Sería injusto hablar solamente desde la consigna o desde la mera crítica, sobre este modelo. Debemos reconocer también sus logros. No podemos obviar que cuando recibimos el gobierno en 1989 éramos un país fragmentado, al borde de la disolución social, sin moneda y con un Estado sobre dimensionado que como un dios griego se comía a sus propios hijos. Entonces hubo que abordar una tarea muy difícil, reformular el Estado, reformarlo, reconstruir la economía, retornar a la credibilidad de los agentes económicos en cuanto a que era posible una Argentina diferente. Se hizo con mucho sacrificio, pero se logró incorporar definitivamente pautas de comportamiento entre los argentinos, estabilidad, disciplina fiscal, todos ellos, logros muy importantes”.

   No intento descalificar a la ex presidente, fuimos millones los que consideramos que había que producir un cambio profundo en un modelo heredado de la dictadura, de empresas estatales hipotecadas y en virtual quiebra, empleo público en todos los niveles que encubría la falta de crecimiento en la economía, que luego advertimos que eso degeneraba en una subasta corrupta donde se liquidaban las empresas pero el Estado quedaba a cargo de sus deudas, resignaba la jurisdicción a tribunales extranjeros, se transfería a las provincias la responsabilidad de asegurar la salud y la educación, sin partidas presupuestarias, mientras un dólar barato permitía el turismo masivo en Brasil, Miami, Europa o el Caribe, una apertura indiscriminada que mantenía baja la inflación junto con el modelo de convertibilidad que llevaba a la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas y estimulaba un consumismo desenfrenado a los sectores con ingresos fijos y empleo registrado (pensemos que el que ganaba 1000 $ por mes ganaba 1000 U$S, cuando el salario mínimo era de 200 $, en 1995).

   Bueno habría sido que todos asumiéramos nuestra responsabilidad en lo ocurrido en esos años, no es pecado equivocarse, menos aún cuando muchas medidas se tomaron en medio de una crisis terrible, como la misma Cristina lo describe, un colapso del esquema bipolar mundial que había durado 45 años y la herencia terrible de la última dictadura, es mas, el rol del Estado y del sector privado en los servicios públicos es un debate pendiente.

   ¿Porqué se negó, se ocultó un pasado, que aún se conserva en las redes?, porque había que producir un relato que alejara al gobierno de la responsabilidad en un modelo económico y en una dirigencia política que habían sido repudiados en diciembre de 2001, había que ocultar símbolos partidarios, dejar de cantar “La marcha”, cuestionar “el pejotismo”, desplazar a “Los barones del conurbano” mote con el que se estigmatizó a los intendentes,  a Duhalde, pese a que era quién había apadrinado la candidatura de Néstor Kirchner en 2003, nace la “Transversalidad”, intento de construir un espacio con radicales disidentes, socialistas y ex comunistas que habían quedado a la deriva luego de la caída del Muro de Berlín, socialdemócratas y ex frepasistas, que tuvo su momento de gloria en el 2007 con la fórmula Cristina Kirchner- Julio Cobos, con un final por todos conocido.

   Con el auxilio de ideólogos como Bonasso, Verbitsky, José Pablo Feinmann y mas tarde Ernesto Laclau y Chantal Mouffé, se rearma la leyenda del Perón maligno y traidor que engañó a los jóvenes inocentes e idealistas, o bien del Perón viejo, gagá, manejado por su entorno, muy al gusto de ex montoneros y militantes del ERP, reconvertidos, que pasaron a ocupar cargos de gobierno, se levanta la imagen de Evita, como la verdadera revolucionaria, arquetipo junto al Che Guevara del sacrificio extremo por un ideal y si bien la de los derechos humanos era una causa justa, se la retoma para judicializarla respecto de los militares pero encapsulada en el discurso respecto de los responsables civiles, salvo con el grupo Clarín a partir del conflicto con el campo y a posteriori, recordemos que el último acto de gobierno de Kirchner en el 2007, fue aprobar la fusión de Multicanal con Cablevisión, nacimiento del “Monopolio”, “la corpo”, etc, dos años después.

   Es que se compra llave en mano el concepto de populismo de Laclau, un ex militante del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, liderado por Jorge Abelardo Ramos, que se enfrenta con éste porque reclama que la izquierda nacional, sus militantes y dirigentes “entren” al peronismo, que el socialismo es la ideología de la clase trabajadora, en Argentina los trabajadores son peronistas, por ende había que meterse en el peronismo para explicar a los trabajadores cual era su verdadera ideología. Ramos se opuso terminantemente, Laclau viajó a Inglaterra, obtuvo un cargo docente y olvidó sus devaneos revolucionarios, pero eso fue lo que hicieron Firmenich y sus secuaces tiempo después, con las consecuencias conocidas.

   En esta visión, el peronismo y otras expresiones populares son formas de un “populismo” virtuoso, nace cuando se logran hacer coincidir reclamos o demandas de diferentes sectores, no organizados, y se pone enfrente un “enemigo” responsable de esos problemas, con eso alcanza para empezar y luego se va construyendo la argamasa que mantiene unidos a esos sectores, tarea de una “vanguardia” con una ideología firme y estructurada en un partido de cuadros. El peronismo era ese “gigante invertebrado” del que hablaba Cooke, por ello se debía copar su conducción, dotarlo de ideología y…, aquí comienzan las dudas, ya habían desaparecido los ideales del socialismo, la revolución y cambiar el mundo, eso había terminado en un fracaso global con la desaparición de la Unión Soviética y la caricatura cubana de una revolución ¿y ahora que?

   Son los años de una nueva hegemonía, a los fracasos de Collor de Mello, Fujimori, Carlos Andrés Perez, Lacalle, Fox, etc, en los 90 y de Toledo, Zedillo, Battle o Gutiérrez en los comienzos del siglo XX, se abre paso una nueva generación de diversos orígenes e intenciones: Kirchner, Lula, Correa, Chavez, Evo Morales, Fernando Lugo, se muestran como los nuevos vientos de un sueño, la unidad de Sudamérica en un proyecto común y soberano, cada uno respondía a procesos históricos muy diferentes, pero los acercaba la necesidad de construir un poder en medio del unipolarismo de EE.UU, ante la desaparición de la URSS.

  En Argentina se intentaría construir un capitalismo al estilo de la socialdemocracia europea, con ampliación de derechos, adhesión a las agendas de las minorías sexuales, pueblos originarios, mejor redistribución de la riqueza, pero sin quebrar con herencias que resultaban un obstáculo insuperable, leyes de inversiones extranjeras, entidades financieras y código agrario de la dictadura, un poder económico que había aumentado su influencia a niveles antes desconocidos, con un monopolio absoluto de los medios de comunicación. Con serios problemas de balanza de pagos, de inversión y crecimiento, graves dificultades energéticas y el compromiso de un endeudamiento, que si bien había sido reestructurado, mantenía una demanda de recursos para ser atendido.

   En lo político, como lo dije anteriormente, se había tomado distancia de muchos dirigentes del peronismo histórico, especialmente con los gobernadores e intendentes, a los que se buscaba someter con los aportes del tesoro nacional, enfrentamientos con el movimiento obrero, al que se intentaba dividir y acercar a los dirigentes mas progresistas o de izquierda (según la opinión del gobierno) en detrimento de la repudiada “burocracia sindical” que representaba a la inmensa mayoría de los gremios industriales y de servicios, a los que, por ejemplo, se acusaba de haber sido aliados del “menemismo” y no haberse opuesto a las privatizaciones, demonizando así su propio pasado.

   No estoy negando pasos positivos como la recuperación de YPF o Aerolíneas Argentinas, el intento de ampliar el frente de gobierno con otras fuerzas políticas (más allá de las pésimas decisiones en los personajes elegidos), la idea de la necesidad de releer los caminos o iniciativas a la luz de las nuevas realidades del siglo XXI, apoyar fuertemente la investigación científica y disminuir la pobreza, pero al no modificar las estructuras económico-sociales que habían llevado al país a la tragedia del 2001, a la exclusión de 1 de cada 3 argentinos del trabajo, a  la crisis de un sistema educativo que exhibía gravísimas falencias, y un sistema de salud que estaba sometido al aumento permanente de sus costos por la dependencia de insumos y tecnología importada, a los cuellos de botella de balanza de pagos e ingreso de divisas, por la dependencia de un sector agropecuario que había dejado de producir alimentos para orientarse a los biocombustibles o a la soja y que luego del fracaso del gobierno con la Resolución 125/08 chantajeaba año a año a éste no liquidando sus ingresos por exportaciones, hacía crecer las dudas sobre el futuro.

   Si sumamos la soberbia y el sectarismo que fué restándole aliados, como la CGT y los movimientos sociales ante el “conmigo o contra mí” que bloqueaba todo debate, la rebeldía discursiva sin resultados, la reiteración de cadenas nacionales para anunciar “conquistas” o amenazar con medidas que no producían resultados, batallas perdidas contra el grupo Clarín o el Poder judicial, en una oposición que crecía, muchas veces encabezada por ex funcionarios del propio gobierno (como Massa, Randazzo o Lavagna), hacía prever horas difíciles.

   El poder económico y mediático vio que crecían sus posibilidades de derrotar al gobierno, usó el “periodismo de guerra”, la desinformación, las falsas noticias, el monopolio permitía mostrar una sola voz y repetirla a lo largo y a lo ancho del país, los problemas con la luz y el gas se magnificaban, el tema de la corrupción se amplificaba o directamente se inventaba, se fueron haciendo converger ex aliados del gobierno (Ocaña, Cobos), las viejas estructuras partidarias territoriales, ex menemistas políticos (Santilli, Ritondo, Massa) o devenidos empresarios (Manzano, Grosso, Pierri, De Narváez), se lanzó a un viejo representante de la Patria Contratista, vinculado a todos los negociados en obra pública o concesiones, como Mauricio Macri y el fin pasó a ser cuestión de tiempo.

   Si bien Macri no formaba parte de la élite empresarial que los miraba a él, como a su padre, como advenedizos, no dejaba de ser uno de ellos, ya no necesitaban cooptar un dirigente político o corromperlo, habían copiado el “modelo Berlusconi”, aquel en el Milán de Italia y éste en Boca Juniors, dirigir un club de fútbol muy popular, ganar todo y mostrar eso como capacidad para ser un ganador en cualquier cosa que acometa, no era un político trepador, era un empresario trepador e inescrupuloso. Teodoro Roosevelt fué interrogado una vez sobre porqué apoyaba a un dictador como Anastasio “Tachito” Somoza, respondió “Is a son of a bitch, but our son of a bitch” ¿está claro?

   El fracaso de Macri, un mediocre lleno de frustraciones personales, resentimiento y avaricia descontrolada, llevó al “círculo rojo” a advertir que tenía que buscar otro “jetón”. Javier Milei fué el elegido, lo preparó durante años en los programas de chismes e insultos del Grupo América (de Daniel Vila y José Luis Manzano) , proveniente de la Corporación América  donde comenzara su vida profesional, fue instalando una actitud de violencia y desprecio por la “casta política”, que era similar al sentimiento que crecía popularmente por el hartazgo y defraudación de ésta para con ellos, pusieron en marcha todo su poder comunicacional sobre la psiquis debilitada de todos nosotros por el temor y el encierro durante la pandemia y a caballito de la parodia timorata, irresoluta y conventillera de lo que es gobernar, encarnada en Alberto Fernández-Cristina Kirchner, volvieron al gobierno para finiquitar su trabajo.

   Ahora bien, ¿Todo lo ocurrido es culpa de la traición de Menem en los 90 o de la supuesta corrupción y falta de identidad doctrinaria de Néstor Kirchner o muy especialmente de Cristina Kirchner?, ¿de la infiltración y empoderamiento del progresismo?, ¿De la aparición de una banda de trepadores y oportunistas ávidos de poder, de dinero y sin escrúpulos como La Cámpora?, mi respuesta es NO, de ninguna manera, todo ello, si damos por ciertas esas afirmaciones, es consecuencia de haber olvidado a Itaca, de haber bloqueado en la memoria a la tierra de nuestros próceres e identidad, por ende hemos quedado flotando y sometidos a los diferentes vientos que han empujado la política mundial en los últimos 40 años, que han sido especialmente inestables, efímeros, cambiantes y convulsos, por lo cual habrían requerido una conducción con pulso firme, conocimiento de los mares a recorrer, ductilidad y atrevimiento, pero con una muy sólida escuela de navegación (entiéndase: formación doctrinaria) esto es, muy firmes principios, valores claros, identidad sólida y origen popular, no estoy hablando sólo de un hombre o mujer, a no confundirse hablo del capitán, pero también de cada miembro de la tripulación y la marinería, donde el mejor de todos conduce y los demás acompañan, pero donde el acompañamiento no es obsecuencia u oportunismo, sino lealtad, lo que implica debate y diferencias, esto neutraliza la influencia de traidores, oportunistas, besamanos, obsecuentes, mediocres, ambiciosos, etc, que no son una realidad solamente en el Peronismo, lo son en el trabajo, el equipo de fútbol, el grupo de amigos, el club del barrio, en todos los partidos y movimientos políticos de nuestra historia y de la del mundo.

   Un viejo adagio de la militancia expresaba “Perón nos dijo, hay que estar atentos y vigilantes, el problema es que se fueron los atentos” ¿Se entiende, no?

RUTAS ARGENTINAS HACIA EL COLAPSO VIAL EN ARGENTINA

Sobre el Decreto 461/2025, la disolución de la Dirección Nacional de  Vialidad y reestructuración de los  organismos intervinientes en materia  de regulación del Transporte 

CAMINO A NO TENER CAMINOS 

“Las calles podrían ser privadas, donde cada uno se encarga de su calle, y eso les genera ingresos, y el GPS le podría decir ‘usted va a tomar este camino, le va a costar tanto’” Javier Milei 

“En vez de pagar impuestos para la obra pública, se debe juntar la gente del barrio para decidir que se haga una obra” Diana Mondino

A partir del Decreto 461/2025 se dispuso el cierre de la Comisión Nacional del Tránsito y la Seguridad Vial, la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la Dirección Nacional de Vialidad y la reorganización de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte. Surge entonces un interrogante: 

¿Quién y cómo se va a administrar la red vial nacional? ¿Quién va a mejorar la conectividad y transitabilidad de la red? ¿Cómo se garantizará la integración de todas las regiones del país y su conexión con otros países a través de los corredores internacionales? 

 

Los organismos que hasta el mencionado decreto se ocupaban de estas tareas, tenían el importante rol de fortalecer el sistema vial y el transporte argentino con obras de expansión y mantenimiento, promoviendo el desarrollo sostenible. El desarrollo de la red nacional de rutas y caminos implica brindar mayor seguridad y conectividad para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de la Patria, propiciando el desarrollo de las economías regionales y la producción en general. Al mismo efecto se orientan las tareas de los organismos encargados de supervisar el correcto funcionamiento de los distintos sistemas de transporte que utilizan la red vial nacional. 

La Dirección Nacional de Vialidad, en particular, se financia en forma mixta. Por un lado, cuenta con recursos provenientes del Tesoro Nacional así como del Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte (FFSIT) creado por el Decreto N° 976/01 (el cual fue parte de los Fondos que se buscaron disolver con la Ley Bases en 2024, pero tuvieron que ser retirados de la misma). Por otro lado, recibe fondos de los organismos internacionales de crédito, en particular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Mundial (BIRF). 

Con este financiamiento se desarrollaban obras nuevas como duplicaciones de calzada de autovías y autopistas, incrementando así la capacidad de los caminos, favoreciendo la reducción de las probabilidades de siniestros graves, y también la fluidez en la circulación. 

A su vez se desarrollaban obras para vías de mediano tránsito, dotando a las tradicionales rutas “doble mano” de un estándar de seguridad superior. Circunvalaciones, enlaces, puentes y accesos a puertos y ciudades, obras que mejoran la seguridad y ahorran costos y tiempos de viaje al destrabar puntos neurálgicos para el transporte. ¿Cómo va a continuar el financiamiento de estas obras? 

El Estado se hacía cargo también de las obras de mantenimiento y la rehabilitación de la red vial nacional. Se trata de obras donde el contratista tiene la obligación de mantener un adecuado nivel de servicio durante un período de tiempo determinado, mediante una combinación de obras iniciales de rehabilitación y obras de mantenimiento rutinario, a cambio del cobro de una cuota mensual por parte del organismo. Este sistema es especialmente adecuado para los tramos de tránsito mediano, donde el cobro de un peaje no resulta suficiente para financiar el costo de las obras, pero sí requiere de un control permanente del estado de la calzada. 

En toda esta materia, se detuvo por completo el gasto/inversión de capital por parte del Estado Nacional, ya desde el 2024. De esta forma, se retira de su rol como ejecutor y conductor de un proyecto nacional, rol que entidades como la Cámara Argentina de la Construcción reconocen que debe ocupar, en tanto las obras de infraestructura necesarias para el desarrollo económico y productivo sólo son posibles con la intervención a nivel federal de inversiones que no realiza el sector privado. 

¿Qué pasa con los trabajadores de Vialidad Nacional? 

Desde diciembre de 2023 se viene realizando un ajuste por goteo en el organismo, no solo en materia de inversión, sino también en cuanto al personal. Desde la asunción de esta gestión, la DNV vio reducida en 500 puestos de trabajo su planta. Esto lo hace el Gobierno Nacional amparado en la defensa del superávit fiscal, pero también bajo la presunción de corrupción y vagancia de las personas que allí desempeñan funciones, desconociendo por ende los mecanismos con los que cuenta el Estado para hacer frente a estas cuestiones. 

Variación mensual del personal de DNV 

Noviembre 2023 – Mayo 2025 

Informes de Empleo y Salario en el Sector Público UNSAM – CIDISP 

Disponible en: http://www.cidisp.com.ar 

Si hay trabajadores que no cumplen con su función, hay mecanismos convencionales para identificarlos y tomar las medidas que correspondan. Para eso hay derechos y obligaciones de las partes en toda norma convencional. Mal que le pese al Gobierno, en esto su rol no es solamente el de ejecutor de políticas públicas, sino que le cabe su rol de empleador, ámbito en el cual debe respetar y hacer respetar los Convenios Colectivos de Trabajo y las leyes laborales que corresponden, haciendo parte a los sindicatos. Y si de corrupción se trata, que la Justicia investigue y se castigue a las partes: tanto funcionarios que no cumplen con el rol que les compete como a los privados que son parte de todo acto de corrupción. 

Sea como fuera, y se tome la medida que se tome, la información sobre el personal de la DNV no da cuenta de una planta excedida. No obstante esto, es importante remarcar que el Gobierno Nacional no ha presentado informes suficientes que aclaren parámetros por los cuales una reducción de la planta tendría sentido, habida cuenta de las funciones que por normativa preexistente debe ejecutar el Estado Nacional en materia de vialidad. 

Gasto en personal DNV sobre el total de la Adm. Central 2025 (en millones de pesos) 

Cantidad de puestos de trabajo de la DNV sobre el resto de APN 

(mayo 2025) 

A su vez, esto es lo que arroja un análisis del presupuesto cuando se comparan los distintos conceptos del “gasto” realizado por la Dirección Nacional de Vialidad 

Distribución del gasto de la DNV 2025 

(en millones de pesos)

 

La necesidad estratégica de un sistema vial y de transporte federal con alta inversión por parte del Sector Público es clara en todo el mundo, pero más lo es un país como Argentina, 8vo en superficie a nivel internacional. Con su vasto territorio, debe conectar con eficacia y eficiencia los distintos puntos neurálgicos para garantizar la comercialización de los bienes y servicios que produce. Tal es la importancia productiva de la red nacional de transporte y vialidad, que destruir el andamiaje de inversión en el sector implicaría una importante profundización de desigualdades regionales. Además, esto solo puede contabilizarse como un “ahorro” en el corto plazo, ya que desde el punto de vista estrictamente económico, una reducción en la inversión en el presente significa mayores niveles de inversión necesarios en el futuro. 

Además, si a esta falta de inversión en infraestructura se suma la falta de inversión en controles, capacitaciones e información sobre seguridad vial, tenemos un combo que garantiza el aumento de accidentes fatales y no fatales en las rutas nacionales. Por un lado esto significa un problema de salud pública, ya que veremos un aumento en muertes evitables (con el consecuente impacto también en las familias), así como personas que verán disminuidas sus capacidades producto de los accidentes no fatales. 

Por otro lado, esto significa un problema netamente económico en las familias, ya que la pérdida de capacidades en jefes o jefas de familia puede significar la vulneración de sus ingresos, la necesidad de que otros miembros refuercen sus tareas de cuidado o salidas laborales tempranas. A su vez, es un problema económico en términos de los servicios públicos de salud, ya que se verán sobrecargados los servicios médicos asociados no solo a la atención primaria para intentar prevenir los fallecimientos producto de los accidentes viales, sino también para los cuidados paliativos y quizá de por vida de las personas que queden con secuelas. ¿Serán los hospitales públicos, las obras sociales sindicales (desfinanciadas por parte de esta gestión) y sus trabajadores quienes deban hacerse cargo de los costos que implicarán el aumento en la siniestralidad vial? 

En resumen: 

¿Quién se hará cargo de el mantenimiento de más de 40.000 kilómetros de rutas nacionales asfaltadas y de ripio? 

¿Quién de la la planificación de autopistas y rutas seguras en zonas de alto tránsito? 

¿Quién de la señalización y colocación de defensas, rotondas y puentes? ¿Quién de la atención y prevención de emergencias viales, especialmente en épocas invernales o de inundaciones? 

La proyectada Agencia de Control y Concesiones, ¿estará preparada para esto? ¿Cómo se efectuará el traspaso del personal en términos conveniales? ¿O irán a engrosar las cifras de desocupación creciente en el país? 

La decisión de cerrar o “reorganizar” los organismos que regulan el tendido vial argentino es una más que hipoteca el futuro del país y clausura nuestra posibilidad de desarrollo económico y productivo. 

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