Por Omar Auton
Si bien la mayor parte del empresariado de la UIA fue parte del golpe, cámaras empresarias como la de Comercio y la Construcción integraron junto a la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) nave insignia del golpe que se inició con su Lockout o paro empresario del 16 de febrero de 1976, el más célebre acto de desestabilización de un gobierno democrático producido por las clases dominantes argentinas, la “entidad industrial” también fue intervenida y comenzó un proceso de reestructuración del poder interno concentrado en las grandes firmas transnacionales y desplazando a los sectores internos que habían integrado la Confederación de la Industria Nacional Argentina junto a los dirigentes de la CGE.
El sector más nacional del empresariado tuvo allí su “Canto del Cisne”, nunca más se recuperó, pero Ramos expresa bien las causas de su fracaso (Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, T.5; Edic. Continente; Bs.As.; 2013) “El atraso semicolonial del país había dado nacimiento tardío a una burguesía frágil, que a diferencia de sus gemelas del occidente europeo, no había descripto la evolución histórica capaz de conducirla desde la manufactura a la gran industria y, desde allí, a definir el destino del poder, sino que era por el contrario, el poder mismo conquistado por las masas y una parte del ejército el que brindaba su apoyo a la burguesía otorgándole créditos, ventajas arancelarias y protección legal. De este modo la CGE quedaba fatalmente ligada al destino del gobierno nacional. La UIA y la Sociedad Rural, por el contrario, tenían su apoyo político en el exterior, en los gobiernos imperialistas, la prensa mundial y la banca imperialista”. Esto que era real en 1945-1955, se repite en 1973, solamente que el valor de unos pocos más decididos, lo pagaron con su destierro, la confiscación o directamente el robo de sus propiedades en las mazmorras de la dictadura.
Para entender la diferencia con la UIA, podemos decir que ésta desde su fundación, expresó los intereses del capital imperial, desde su inveterado presidente Luis Colombo que no solo representaba los intereses de Leng Roberts y Cia. sino que hasta tenía sus oficinas en el mismo edificio donde estaba la embajada británica. En 1945, figuraba entre sus socios Joaquín de Anchorena, en representación del gremio de “Abogados Adheridos”, las firmas eran tan “argentinas” como “Compañía de Petróleo Shell, Sherwin Williams Argentina, Dreyfus y Cía, Squibb and Sons, Dunlop, Philips, Philco, Olivetti, Duperial, Bunge y Born, Compañía Italo Argentina de Electricidad y Coca Cola”.
Desde aquella época siempre coincidió con los intereses de los ruralistas y de la banca extranjera. En el mundo financiero en principio, estaba separada la banca nacional a quién representaba la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) fundada en 1972, que casualmente en los 90 se fusionó con la Asociación de Bancos de la República Argentina (ABRA) que representaba los bancos extranjeros, para resurgir luego de la crisis del 2001, que puso en cuestión la credibilidad del sistema bancario argentino.
La UIA poco a poco fue integrada por los hijos o nietos de los representantes originales de aquellas firmas que eran argentinos o por argentinos formados en las escuelas de negocios de las universidades privadas, pero también de las nacionales, de ahí los Think Tank que hemos descripto en capítulos anteriores.
Después de la crisis del 2001, surge AEA la Asociación Empresaria Argentina, que reúne hoy al grupo más poderoso de los sectores económicos dominantes: Paolo Rocca, Luis Pagani, Héctor Magnetto, Sebastián Bagó, Alfredo Coto, Carlos Miguens, Federico Braun, Luis Perez Companc, Alberto Grimoldi, Eduardo Elsztain, Miguel Arguelles, Martín Migoya y Marcos Galperín. Es que en realidad al estallar la burbuja del 1 a 1, quedó a la luz que se venía una pulseada fuerte para saber quién imponía las condiciones en la salida de la convertibilidad y este grupo, el más poderoso de la UIA, se preparaba para lo que se venía, ¿Como se iba a reestructurar el capitalismo argentino en el nuevo siglo?
En un muy interesante libro (“El País que Quieren sus dueños”; Edit. Planeta; Buenos Aires; 2025) Alejandro Bercovich, traza una semblanza que quiero compartir “Entender el comportamiento de los dueños del país e identificar su cuota de responsabilidad en el estancamiento productivo, la desigualdad social y el deterioro de las condiciones de vida que hasta ahora arrojó como resultado nuestra joven democracia es una tarea tan indispensable como pendiente desde aquel intento pionero de José Luis de Imaz en “Los que Mandan” sesenta años atrás…fue el primero en identificar las taras y falencias de ese grupo de individuos de origen casi calcado, nacidos y criados en prácticamente los mismos ámbitos (familias, barrios, colegios, clubes) pero a pesar de ello incapaces, según él, para “conducir concertadamente a la comunidad, dirigirla en vistas a la obtención de determinados fines, al alcance de ciertos logros” o para “regirse por marcos normativos más o menos similares”
“Los que mandan ahora son herederos de los que mandaban en aquel momento o simples capataces de las multinacionales a los que los dueños originales les cedieron sus sillas…y así la simétrica incapacidad de los hijos y nietos para pegar el salto de clase dominante a clase dirigente desembocó en la crisis existencial de la democracia que terminó incubando la convulsión ultraderechista que sacudió las urnas en 2023” todo esto es cierto, tan cierto como la camada del Colegio Cardenal Newman que se hizo cargo del Estado con Macri u hoy en día los “Belgranitos” egresados del Manuel Belgrano como Santiago Caputo, Ramiro Marra, Martín Menem, Javier Iguacel o Eugenio Casielles.
También acierta Bercovich, cuando señala “La élite económica vio en el Estado una oportunidad para agrandar su tajada del excedente o inaugurar nuevos negocios. Incluso, sobre todo diría, a expensas de sus competidores o potenciales rivales. Así a los empujones, se definieron las concesiones, los peajes, las obras públicas, las exenciones impositivas, los subsidios sectoriales, la regulación o desregulación de mercados, según conviniera, las barreras comerciales para proteger a determinados sectores y hasta la definición de por dónde pasaría un tren o que ruta se arreglaría o cual no”. Macri fue el primer intento de desembarco directo de uno de ellos, “nacido y criado en esa élite” al frente de un grupo de gerentes, asesores y dueños de empresas (a los cuales Paolo Rocca les sumó a la UCR a través de Sanz) en la conducción del Estado y fue un fiasco mayúsculo, el tipo que “les pidió a los dueños de las mayores fortunas del país un 1% de sus patrimonios para la campaña, con la promesa que lo recuperarían con creces cuando todas las empresas se valorizaran apenas asumiera” terminó confrontando por negocios con sus rivales particulares o por las políticas implementadas.
Es que más allá de los desaguisados que el gobierno de los Fernández dejara, acumulado al fracaso del macrismo, dejó el camino expedito para que apareciera el Golem, de cuya creación luego diremos algo, “el nosotros contra ellos fue necesario potenciarlo, aprovechando el desconcierto postpandémico y las redes sociales. El desafío era gigantesco, como hacer que un tipo como Galperín siguiera pareciendo un “benefactor” aunque exprimiera a los pequeños comerciantes con comisiones abusivas del 11,99% más IVA, que uno como Claudio Belocopitt siguiera posando de “héroe” aún después de subir las cuotas de su prepaga el doble que la inflación y de aclarar que “son un servicio de lujo” o que otro como José Luis Manzano pudiera volver a departir tranquilamente en público sobre el rumbo del país después de haber ejecutado los pases de magia que lo catapultaron del gabinete menemista privatizador al control de esas mismas empresas privatizadas “ y sin embargo lo lograron.
Existe un anatema aún vigente sobre esta burguesía, desde hace décadas y es que la oligarquía sigue siendo la dueña del modelo cultural dominante y los sostiene, pero en el fondo los desprecia, el “Chatarrin” con que el Golem anatematiza a Rocca es el equivalente actual al “Cucharita” conque la “aristocracia de cuna” motejaba a Franco Macri cuando este intentaba acercarse a sus territorios. A diferencia de la burguesía norteamericana que despreciaba a los latifundistas sureños riéndose de su supuesto olor a bosta de caballo antes de arrasarlos en la Guerra de Secesión, estos “burgueses” admiran los valores de la oligarquía, quieren asistir a sus colegios y clubes y para ello lo primero que hacen cuando alcanzan fortuna es…comprar un campo para ser “productores agropecuarios”.
Hace muchos años, Don Arturo Jauretche, recurriendo al mismo libro que Bercovich, nos decía” …la clase alta porteña era normalmente permeable a los nuevos. Pero con esta burguesía demasiado nueva y sin pulir fue reticente, como lo había sido con los vencedores del 80, hemos visto como había incorporado en la primera mitad del siglo XIX a los europeos pobres, pero de estilo distinguido, política que siguió practicando habitualmente. Pero ahora los nuevos aparecían masivamente y la clase alta ya tenía seguridad, dictaba cátedra en los salones, en las veladas del Colón, en las tardes de Palermo y en las ruedas de sus clubes, en la escala que empezaba en el Club del Progreso, subía por el Jockey Club y terminaba en el Círculo de Armas”.
“Nada tenían en común esas gentes de la vara de medir por más pesos que hubieran acumulado…Además estos nuevos ostentaban apellidos imposibles-italianos y hasta españoles-…Los Barolo o Roveranos, entre tanto, con monumentales edificio; los Llorente, Ybarra, del comercio, los Lagomarsino, Merlini, Campomar, Llauró Colombo, Pini, Vasena, de la industria no encontraron fácil la entrada a la clase alta” y aquí viene la referencia al libro de José Luis de Imaz “Salvo algunas excepciones notables (Dodero, Fortabat, Masllorens, Pasman, Bracht, Braun, Menéndez y otros) y contados, el prestigio económico obtenido por los empresarios, no parece haber ido acompañado por su equivalente “reconocimiento” al más alto nivel social”.
Sin embargo, esa primera burguesía no se afectó por esa falta de reconocimiento y a diferencia de sus herederos no intentó hacerse ganaderos o cabañeros, no intentó acceder a La Recoleta, poblando con sus mármoles a la genovesa, el cementerio de la Chacarita.
Resulta capital para comprender el rol de la llamada “burguesía nacional”, esa no está en la UIA, en realidad nunca estuvo más que como furgón de cola, el recientemente creado Movimiento Industrial Nacional, simplemente disputa espacios dentro de la entidad para discutir “estrategias de marketing, va a ser un espacio de comunicación” explicaba a Perfil, el 17 de abril de 2025, Tomás Karagozian, el CEO de TN&Platex, la textil que acaba de cerrar sus plantas en Tucumán, y los pequeños y medianos empresarios víctimas de la implacable política de Milei para terminar con la manufactura local no tienen representación.
Pero es necesario comprender la mentalidad, la visión de este sector, retomando a Ramos “En los países semicoloniales, según puede observarse, las fuerzas entre la burguesía nativa y el capital extranjero, están desproporcionadamente a favor de este último, que cuenta con el apoyo de la prensa, los partidos políticos, la oligarquía y hasta sectores de la pequeña burguesía privilegiada y enceguecida por la falsificación de la historia y la tradición cultural…Su dependencia de la provisión de maquinarias, materias primas y accesorios de las metrópolis imperialistas impone a la burguesía industrial argentina una extremada cautela política” y es así, mientras la oligarquía (ayer ganadera, hoy agrario-financiera, siempre rentista) cuenta con sus medios de comunicación, ayer la Prensa y la Nación, hoy el grupo Clarín, La Nación, Infobae, Ámbito Financiero, TN, La Nación +, etc., la universidad y sus cátedras de economía, sus políticos “dóciles”, algunas embajadas, etc. para afirmar, sin contradictores, el destino de primarización del país; los industriales argentinos nunca pudieron sostener un diario, una revista u hoy un programa de Youtube. Recientemente el paradigmático José Luis Manzano afirmaba que “el país iba a crecer y algunos sectores a volar”, nombrando la energía, la minería, la tecnología y los commodities, los mismos que explican el supuesto crecimiento del 4% del PBI (petróleo, servicios financieros, minería y agro) todos ellos caracterizados por no crear fuentes de trabajo, no generar actividades industriales vinculadas y no mejorar el nivel de vida de los argentinos de a pie.
Ramos, en la obra mencionada afirma “Las inversiones imperialistas en la industria argentina eran muy importantes…nuestra burguesía industrial, que teóricamente debería ser el eje para un desarrollo impetuoso, vivió para siempre trabada por antagonismos debilitantes. Aquellas industrias que eran de capital nacional eran asimismo propiedad de extranjeros o de hijos de extranjeros (se refiere a la burguesía original, a la que me he referido, siguiendo a Jauretche, en un párrafo anterior), la influencia de la ideología imperialista era predominante en el último medio siglo, gravitaba en estos industriales y los impulsaba a adorar de rodillas la técnica imperialista, sus instituciones y sus mitos. Rechazaba así una verdadera comprensión de su papel en la Argentina, país al que por lo general juzgaban desdeñosamente”.
Ahora bien, señalado que fué el momento de oro del intento de generar un país industrial, las dificultades de esa “burguesía nacional” o su cobardía para transformarse en “clase dirigente”, su sumisión cultural frente a la Oligarquía, su modo de vida y su forma de entender el destino del país, el fracaso de los dos intentos de generar espacios de representación propia, con las consecuencias que esta derrota produjo hasta hoy, su dificultad para desprenderse de una representación corporativa y crear otra propia, sin el apoyo del estado y el movimiento nacional ¿Porqué son el apoyo y sustento de Javier Milei hoy en día pese a los agravios y descalificaciones?
Dejando aclarado que me refiero al sector que conduce la UIA, cuyas características hemos descripto largamente, recordemos que una semana después de la victoria del Golem en la segunda vuelta, Paolo Rocca dijo ante sus gerentes “En la Argentina tenemos grandes oportunidades en energía, acero y litio…ahora se dio un proceso que refleja el hartazgo de la sociedad con una degradación institucional…una hipertrofia del Estado…yo personalmente comparto la esperanza que este cambio está generando”, pocos días después en una conferencia pública para clientes de Techint, se abrazó a Guillermo Francos y pidió un aplauso para el flamante ministro del Interior, éste, a su vez, conoció al hoy presidente en la Corporación América de Eduardo Eurnekian quién tuvo a Javier Milei a sus órdenes durante 15 años y a quién en un brindis en el hotel Alvear ante 500 socios del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción le auguró “Deseo honestamente Javier que tengas la oportunidad de demostrar a la sociedad argentina que el orden, la disciplina y la coherencia son el único camino que llevan al éxito de las naciones”.
Rocca, hoy denostado y agraviado, colocó a un gerente de su petrolera (Tecpetrol) Horacio Marín, junto a media docena de sus hombres en YPF (puede darse el lujo de tolerar algún insulto o perder una licitación de sus caños). AEA el grupo que reúne a lo más granado del poder económico, publicó tres comunicados en los meses siguientes al ballotage, el primero fue una felicitación “con gran satisfacción” por el triunfo, el segundo, titulado “Una oportunidad histórica” y redactado, según Alejandro Bercovich en su libro ya citado, en su almuerzo asamblea-anual y firmado por Paolo Rocca, Luis Pagani, Héctor Magnetto, Sebastián Bagó, Alfredo Coto, Carlos Miguens, Federico Braun, Luis Perez Companc, Alberto Grimoldi, Eduardo Elsztain, Miguel Arguelles, Martin Migoya y Marcos Galperín y se valora “muy especialmente que el gobierno se disponga a tomar medidas que permitan el más pleno desarrollo del sector privado, sometido durante años a injerencias estatales indebidas, a controles de precios, a una elevadísima presión tributaria, a restricciones arbitrarias en materia de comercio exterior y a amenazas como la Ley de Abastecimiento”
El tercer comunicado fue, obviamente, tras la aprobación de la Ley Ómnibus por el Congreso, que le daba al presidente prácticamente la suma del poder público.
¿Desconocían acaso las características “especiales” del Golem y por eso hoy los sorprende sus desplantes? de ninguna manera. El 16 de noviembre de 2023, en el mismo salón del hotel Alvear, Eurnekian “no cabía en sí”. Todas las miradas se repartían entre su viejo pupilo y él. Alguien le preguntó por sus propuestas de campaña más disparatadas y se permitió una broma fuerte “Tengo 3700 ñatos en mi empresa y uno salió fallado, ¿que querés que le haga?”.
De todas maneras, vale la pena soportar algún desdén, algún epíteto desmedido mientras los 50 tipos más ricos del país, a fines de 2024 atesoraban entre todos, casi 78.000 millones de dólares, un 70% más que los 46.000 millones que reconocían a fines de 2019, y eso tan solo por la revalorización de acciones y bonos que produjo el acceso al gobierno de la Libertad Avanza, hoy mismo Rocca debería pasar 236 años gastando 100.000 dólares al día para agotar su fortuna y un trabajador no gastar un peso de su salario durante 35 años para tener esos 100.000 dólares “París bien vale una misa”.
Ahora bien, ¿estoy diciendo que todos estos industriales, más allá de haberse globalizado se han incorporado de pleno a la vieja oligarquía, cuyos apellidos ilustran las estaciones del subterráneo línea D? de ninguna manera. Según cuenta Augusto Tartufoli en “El planeta de los dueños” hay un espacio geográfico llamado “El Bajo”, tal como se la denomina-entre nos y solo entre nos- esa franja sexy que va desde la Avenida Libertador, hacia las curvas plateadas del río. Allí donde los GPS de los autos importados pronuncian indicaciones en inglés, donde no existe el “gire a la derecha” sino el “turn right”, hay un clúster de restaurantes con epicentro en Acassusso, de nombres John Bull, The Embers, Kansas o Friday donde la fauna local no almuerza sino que acude para su “lunch”, bien, en ese lugar, se cuenta que ante la invitación a compartir mesa con Gloria García de Coto, esposa de Alfredo Coto, una familiar de Federico Braun pronunció dos palabras “Mejor no”, que una integrante de una familia artífice de la Conquista del Desierto se vea obligada a hacer “small talk” con la mujer de un matarife es un hecho inadmisible.
Asimismo cuando en el desarrollo del recientemente lanzado a las inversiones inmobiliarias Marcelo Mindlin, nada menos que en el Barrio Parque, a metros del Malba, intentó adquirir una unidad Federico Pieruzzini, importador de vehículos de alta gama y representante en Argentina de Land Rover y Jaguar, recibió la “bolilla negra” porque “Barrio Parque no es lugar para un vendedor de autos”, y después cuando uno menciona a la oligarquía, los “ólogos” nos responden “Eso ya no existe”.
Mas allá de las notas de color, lo cierto es que si el peronismo se debe un debate acerca de cómo acompañar una repotenciación del movimiento sindical, también se lo debe acerca de cómo acompañar y promover la agremiación de los pequeños y medianos empresarios, ellos son trabajadores en el sentido que el peronismo da a esta palabra, como lo son los comerciantes y profesionales independientes, y su organización y defensa de sus intereses debe ser parte de un movimiento nacional “reloaded” (Entre tanta terminología en inglés en nuestro hablar cotidiano, permitanme este desliz).

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