Por Omar Auton
Henos de nuevo aquí, tratando de descifrar las causas de la cobardía histórica de la burguesía argentina y las consecuencias pretéritas y actuales de su sumisión cultural que la llevó y lleva a acompañar las políticas de la oligarquía aún cuando son víctimas de ellas, algo muy parecido al sector mayoritario de nuestras FF.AA que han sido instrumentadas una y otra vez contra los intereses del pueblo argentino (1930, 1955,1976) y luego sufrieron las consecuencias de esos crímenes y desatinos sin que la oligarquía, que siempre protegió a sus miembros partícipes, levantara la voz en su defensa u hoy han sido desarmadas, reducidas a su mínima expresión y siguen acompañando las políticas que conducen inevitablemente a su desaparición (¿para que quiere una colonia FF.AA?) o a su reducción como guardia pretoriana para reprimir los intentos populares.
En 1958 comienza luego de los peores años de la “Fusiladora”, otro ensayo de encontrar un camino. Arturo Frondizi es elegido presidente y con él las ideas desarrollistas, convengamos que adolecían de un problema de base, el concepto de “Desarrollo” intenta explicar el sistema capitalista como un camino único en el cual hay países más avanzados o “desarrollados” y otros más atrasados o “subdesarrollados”, por ende se trata de encontrar la forma de apurar el avance y alcanzar a los más desarrollados considerando las inversiones extranjeras especialmente en siderurgia y petroquímica como algo valioso en este logro. En resumen las ideas de “Imperialismo”, “Países dominantes y países dominados”, la relación de necesidad de la existencia de colonias y semicolonias para que haya potencias coloniales “desarrolladas” no existen para ellos o las consideran viejas.
El estudio de esta visión reviste una gran importancia hoy, dado que una invasión de economistas que se autodefinen “desarrollistas” intenta convencer a un peronismo descerebrado, claudicante y falto de ideas que son la salida esperada, que tienen la receta para lograr, como prometió Frondizi en 1958 “Estabilidad y Desarrollo”, con la condición que abandonemos toda idea “dirigista” o “autonomista”.
El propio Frondizi que cuando Perón manda al congreso el tratado con la California, se transforma en su principal enemigo y publica su libro “Política y Petróleo” defendiendo el monopolio de YPF, en cuanto asume la presidencia sin embargo hace todo lo contrario de lo que había dicho (quizás por esto Menem lo consideraba “un gran estadista”) anuncia la “Batalla por el petróleo” y firma los contratos petroleros con Panamerican, Tennesee y la Banca Loeb.
Pero además se pone en marcha un plan de “Estabilización y Desarrollo” cuyas columnas principales eran:
1) Una profunda racionalización del Estado, congelando vacantes y salarios así como implementando retiros voluntarios y reducción de la obra pública.
2) Un acuerdo con el FMI para un Stand By por 75 millones de dólares, con el compromiso de seguir muchas de las políticas económicas del organismo.
3)Un acuerdo con el gobierno de EE.UU y un grupo de Bancos por un préstamo de 254 millones de dólares.
4)Una nueva ley de inversiones extranjeras, otorgando a los capitales extranjeros los mismos derechos que a los argentinos, eliminando cualquier restricción a la repatriación de capitales o dividendos a sus países de origen.
5)Unificación y liberación del tipo de cambio y flotación con intervención del Banco Central, esto significó una devaluación del 300% del dólar oficial y un 64% del paralelo.
Me detengo en este detalle para que podamos ver como el mismo paquete de medidas se repite una y otra vez, fracasa una y otra vez, pero deja las mismas consecuencias.
1) Un gigantesco traslado de riquezas al sector agropecuario a partir de la devaluación como principal exportador.
2) Una brutal caída de los ingresos de los trabajadores, que en dos años perdieron 8 puntos del PBI, cayendo su participación del 46 al 38%., esto conjuntamente con la política de achicamiento del Estado provocó durísimos conflictos y Frondizi no vaciló en aplicar el Plan Conintes o Plan de Conmoción interna, encarcelando trabajadores y delegados, militarizando servicios públicos en los casos de huelgas y recurriendo a violentas represiones de marchas y tomas de fábricas (como el caso del Frigorífico Lisandro de la Torre).
3) El comienzo de un largo ciclo de desnacionalización de la industria argentina. Las inversiones extranjeras en países de riesgo como Argentina vienen de tres maneras:
a) Para actividades financieras como el “Carry Trade”, o sea traer divisas, cambiarlas por pesos, comprar bonos o ponerlos en plazos fijos, capitalizar ganancias, recomprar dólares e irse.
b) Invertir en materias primas estratégicas, petróleo, minería, de rápido retorno de la inversión (eso fué el plan petrolero de Frondizi y hoy Vaca Muerta y el RIGI), escasa o nula generación de trabajo, beneficios impositivos y de repatriación de ganancias y dividendos, una vez agotadas las reservas se van (vaciamiento de YPF y del gas de Loma de la Lata por Repsol con el menemismo).
c) Adquirir empresas en funcionamiento bajo la presión de una competencia que por razones de escala es insostenible sin apoyo del Estado.
Prácticamente los esbozos de industria automotriz y petroquímica de capital nacional desaparecieron, los ramales ferroviarios y las industrias asociadas sufrieron los embates del llamado “Plan Larkin” de eliminación de ramales, lo que además encarecía la producción en las provincias, la devaluación además hacía más caros los insumos importados requeridos por la industria.
Asimismo la “lluvia de Inversiones” que se esperaba nunca se produjo, el promedio entre 1958 y 1961no superó los 160 millones de dólares, si la inversión interna bruta fija era en 1957 de 1595 millones de pesos y equivalía al 18,5 del PBI, en 1962 era de 2207 millones de pesos y equivalía al 22,6% del PBI.
Ramos, hace un acertado análisis de esta época, “Si la Revolución Libertadora implicó un retroceso aunque en modo alguno el retorno al punto de partida-o sea el 3 de junio de 1943- tampoco llegó la oligarquía a realizar su programa hasta el fin. De ahí que los “libertadores se encontraran tan frustrados como los peronistas. Ni la vieja Argentina ni la nueva lograron vencerse de modo completo…Frondizi realiza una política pendular entre ambos intereses y no logra satisfacer plenamente a ninguno de ellos, su actitud dual nacía de la situación misma, no de su maquiavelismo privado”
Esto se mantuvo, con leves variantes hasta los años 70, en términos políticos en el terreno del pensamiento económico liberal, en los años 60 aparecen nuevas corrientes. El pensamiento católico tras la muerte de Bunge, se expresa en hombres como Moyano Llerena, sin embargo el cambio mas fundamental es que comienzan a ocupar un lugar cada vez más secundario las “preocupaciones sociales” en aras de un “profesionalismo más secular, así aparece una corriente vinculada a los economistas nucleados en el estudio de Carlos García Martínez y Rafael Olarra Giménez, siguiendo la obra “Argentina será Industrial, o no cumplirá su destino” (Marcelo Rougier y Juan Odisio; Imago Mundi Buenos Aires; 2017), García Martínez asumió como ayudante en el Departamento de Estudios Económicos de la UIA en 1958, dos años después, designado por Frondizi, como economista general adjunto de la “Misión Larkin” del Banco Mundial, ya mencionada, tras el golpe de 1962 vuelve a la UIA y termina como jefe del Departamento de Política Económica e Industrial. En 1963 cuando José Alfredo Martínez de Hoz asumió por primera vez la cartera económica, fué designado presidente del Banco Central.
Su pensamiento siguiendo a los autores citados podemos resumirlo así ”postulaba que la Argentina era una potencia de quinto orden y que su decadencia había comenzado en el Centenario…las causantes del desvarío eran: el catolicismo económico-social, el keynesianismo, el desarrollismo, el autarquismo y el dirigismo. En relación a la política industrial la errónea estrategia adoptada había respondido en lo fundamental a tres principios: La expansión del mercado interno, la protección contra la competencia del exterior y la legislación de promoción sectorial”, en lo referente al aumento de la demanda señalaba “ el crecimiento del crédito bancario, el aumento masivo de salarios y el incremento del gasto público mediante la emisión monetaria” como las políticas a descartar.
García Martínez fundó más tarde el Centro de Estudios de Política y Economía, que publicó la revista “Política y Economía”, en el CEPE participó Javier González Fraga por entonces empleado del estudio García Martínez-Olarra Giménez y Luis García Martínez (Director del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina) Roberto Favelevic y Armando Ribas, en las páginas de la revista escribían Mariano Grondona, José Alfredo Martínez de Hoz, Juan y Roberto Alemann, Alberto Benegas Lynch y también economistas de FIEL (Fundación de Investigaciones Latinoamericanas), cuyo staff actual incluye personalidades como Adelmo Gobbi (presidente de la Bolsa de Comercio), Cristiano Ratazzi en el Consejo Consultivo, Daniel Artana y Juan Luis Bour como economistas jefe y a Miguel Kiguel, Ricardo López Murphy, Manuel Solanet y Enrique Szewach. Una vez más la consigna de cabecera del grupo fue “Una drástica reducción de la intervención del Estado y la fuerte liberalización de los mercados”, como pasos necesarios para ¡la rápida evolución de la industria!
Seguramente muchos se preguntarán:
1) ¿Los industriales argentinos saben que desde la aparición misma del capitalismo en los países originarios (Francia, Inglaterra, Países Bajos) más tarde en Alemania, Italia , Japón y EE.UU, luego en los “emergentes” como Corea, Singapur, Indonesia, India o China, el proceso se llevó a cabo con fuerte intervención estatal y protecciones aduaneras?
2) ¿Los industriales argentinos no se dieron cuenta que cada vez que hubo “liberalización de los mercados”, o “aperturas económicas” el resultado fue la quiebra y el cierre de empresas nacionales o la extranjerización del sector por la compra directa de empresas (como en los 90)
3) ¿La Unión Industrial Argentina representa los intereses reales de la “burguesía argentina” especialmente en las medianas y pequeñas empresas, hoy podemos decir también en algunas grandes como FATE?
4) ¿Forman parte de la “burguesía nacional” los propietarios de conglomerados económicos cuyas empresas no sólo no tienen domicilio en Argentina si no que se han globalizado y sus propietarios ni siquiera viven aquí, incluyamos al inefable José Luis Manzano, ex “peronista renovador”, ex ministro de Carlos Menem y hoy millonario empresario de las comunicaciones y el petróleo?
No voy a intentar responder esas preguntas, al que le interese puede ahondar en el tema, estudiar, aportar más información y sobre todo juntarse con otros compañeros a debatir y sacar conclusiones es uno de los grandes temas pendientes para el pensamiento nacional.
Sin embargo hemos conocido un intento serio y profundo de construir una alternativa a esto y fue la Confederación General Económica (CGE), nacida el 15 de agosto de 1952, fundada por José Ber Gelbard, precisamente a la luz de las políticas del gobierno de Juan Domingo Perón y decidida a representar los intereses de pequeños y medianos empresarios nacionales, y que tenía por objetivo “La defensa de las pymes argentinas, la integración de la economía interna, promover la transferencia del conocimiento y la capacitación constante y la construcción de consensos políticos con la Confederación General del Trabajo (CGT) y el gobierno”, así como “ El desarrollo de la industria, el comercio y los servicios conformado por capitales nacionales, la regionalización de la economía, articular diferentes cadenas de valor en cada región agregando eslabones de conocimiento a través de universidades e institutos de tecnología, la promoción de nuevas tecnologías entre los empresarios nacionales pymes y su capacitación en conjunto con los trabajadores, la promoción de la industria pesada como factor de impulso a pymes proveedoras, promover la logística, fomentar el consumo de productos de fabricación nacional, impulsar las industrias estratégicas y fortalecer el crecimiento económico del país mediante un mercado interno pujante y las exportaciones competitivas con valor agregado” es en su homenaje que por Ley 27.108/14, se celebre el día 16 de agosto como Día del Empresario Nacional.
Como vemos hubo una “burguesía nacional” capaz de elaborar un programa de desarrollo capitalista, por ello no resulta extraño que en 1955 haya sido ilegalizada e intervenida militarmente, cuando reaparece en 1958 había perdido representación, especialmente en el comercio cuya representación comenzó a ser hegemonizada por las grandes cadenas de supermercados.
La CGE recuperó protagonismo en los años 70 y en 1972 presentó junto con la CGT un documento que diagnosticaba los problemas económicos del país y presentaba propuestas para solucionarlos, en marzo de 1973 presenta las “Sugerencias del Empresariado Nacional para un Programa de Gobierno” y finalmente el 30 de mayo la CGT, la CGE y El Gobierno firman el “Acta de Compromiso Nacional para la Reconstrucción, Liberación Nacional y la Justicia Social” que comprendía un paquete de 19 proyectos de ley, la primera de ellas el “Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional”.
El documento sostenía que “las empresas extranjeras se habían beneficiado de los regímenes liberales utilizando el crédito interno y remitiendo descontroladamente utilidades al exterior…gozaban de elevada protección aduanera y usufructuaban de la importación indiscriminada de equipos, lo que se traducía en una absorción de las empresas nacionales y una mayor concentración”.
Cabe señalar que, en ese momento, hasta la UIA a través de su presidente Elbio Coelho, manifestó su apoyo afirmando que había que impulsar “fuertes empresas privadas y eminentemente argentinas” (SIC).
Respecto de las inversiones extranjeras “Las nuevas inversiones se evaluarían en función de criterios que considerasen el aumento de la ocupación, la mejora en la balanza de pagos, el desarrollo regional. El monto y destino de la radicación, las tasas máximas de utilidades que podrán girarse al extranjero y la regulación del endeudamiento externo de las empresas quedarán claramente explicitados en la nueva legislación…se considera prioritario el desarrollo de industrias productoras de maquinarias e insumos básicos, la realización acelerada de los grandes proyectos industriales ya iniciados en siderurgia, petroquímica, química pesada, aluminio, celulosa y papel…el plan declaraba la decisión de controlar el crecimiento “exagerado” en ramas no prioritarias y reconvertir industrias de bienes de consumo (alimentos, aparatos para el hogar, textiles, cuero, muebles e imprenta) y…proponía el aliento a las exportaciones industriales lo cual se llevaría a cabo mediante incentivos fiscales, facilidades crediticias y el desarrollo de una política de inserción internacional y apertura de mercados”
Pero todo esto no quedó en meras declaraciones, la ley de inversiones extranjeras estipuló que “Debían radicarse en actividades y zonas geográficas determinadas por el ejecutivo y no generar el desplazamiento del mercado de empresas de capital nacional. Quedaron prohibidas a los extranjeros la adquisición de más de un 50% del capital de una empresa que operara en la Argentina y toda inversión en las áreas consideradas vitales para la seguridad nacional, que incluían energía, química, petróleo, servicios públicos bancos y seguros, agricultura y pesca, medios de comunicación social, publicidad y comercialización. La ley restringía al 12,5% las remesas de utilidades al exterior y sólo podrían efectivizarse a partir del quinto año de la radicación y penalizaba con impuestos extraordinarias el incumplimiento”.
Estamos ante el último intento de las fuerzas nacionales de cambiar el rumbo de la historia y avanzar hacia un modelo de capitalismo autónomo (no autárquico), integrado al mundo pero desde su soberanía y sus propios intereses, que recuperaba parte de los viejos sectores que construyeron el movimiento nacional que catapultó la década extraordinaria de 1945-1955 (la única “década ganada” en realidad), los trabajadores organizados encuadrados en la CGT, los empresarios nacionales organizados en la CGE acompañaban y sostenían el liderazgo indiscutido de Perón, también algunos sectores medios que volvían de su “gorilismo” anterior, pero ya no contaban con el apoyo de las FF.AA, despojadas a partir de 1955 de todo atisbo nacional y menos peronista.
Tampoco la Argentina era la de 1955, había crecido la clase trabajadora no solo en número sino en su perfil técnico y profesional, sin embargo sí seguía siendo la misma la oligarquía, que agazapada trató de preservar fuerzas y alianzas, especialmente con los sectores transnacionales del empresariado, su poder de fuego a partir de los estancieros representados por la Sociedad Rural Argentina, que comenzaba a arrastrar tras de sí a sectores medianos, especialmente ante los proyectos como la Ley Agraria y el Impuesto a la Renta Potencial de la Tierra, el predominio cultural en la formación de profesionales y los programas de educación, incluso los partidos políticos se agazaparon almanaque en mano especulando con el tiempo de vida del Gran Argentino.
Asimismo les apareció un aliado inesperado, los grupos terroristas que despreciando la voluntad popular siguieron cometiendo crímenes y atentados, a los dos días que Perón se consagrara presidente de los argentinos por tercera vez, con el 61,86% de los votos, un grupo que se proclamaba peronista (aunque su jefe reconocía que no conocían a Perón y nunca habían leído ni “la Comunidad Organizada”), asesinaba al Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci, una figura fundamental para el proyecto de Perón y una de las columnas que sostenían el Pacto Social y el Plan Trienal.
Rucci pagó con su vida su lealtad a Perón y su compromiso con este intento de reconstrucción nacional, Gelbard fue perseguido por la dictadura militar que le quitó hasta la ciudadanía argentina, muriendo en 1977, la CGE fue disuelta y sus bienes confiscados y Martínez de Hoz se dedicó a arrasar hasta el recuerdo de este intento. Su labor fue continuada por Menem-Cavallo, Macri y ahora el Golem, pero esta es otra historia.
(Continuará)

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