La Organización Vence al Tiempo

Por Julio Fernández Baraibar

Leer La Nación, con el método que nos recomendaba Arturo Jauretche, sigue siendo un ejercicio iluminador.

Hoy se discute en el Senado Nacional una nueva Ley Laboral que, con toda seguridad y dadas las alianzas ya establecidas, quitará derechos, cuya conquista ha llevado décadas de lucha, reducirá sus ingresos reales, aumentando la plusvalía relativa, y prolongará la jornada laboral, por consiguiente aumentará la plusvalía absoluta, tendiendo a que el salario, el precio de la venta de la fuerza de trabajo humano al capitalista, se reduzca hasta el límite de su reproducción simple, es decir a lo necesario para poder seguir vendiendo su trabajo.

Uno tiende a suponer que una ley de estas características solo podría recibir elogios del órgano periodístico de la clase dominante argentina, como ha sido y es el diario La Nación.

Sin embargo, en la edición de hoy una  nota firmada por Nicolás Balinotti -el escriba a sueldo dedicado al sindicalismo- formula un duro cuestionamiento al proyecto de ley:

“Entre los cambios más salientes del proyecto que se discute hoy en el Senado surgen algunas concesiones a los reclamos de la CGT: conservar intactos los recursos de las obras sociales sindicales, sostener las cuotas solidarias y mantener a los empleadores como agentes de retención del pago de afiliación sindical. Es decir, la caja no se toca. Tampoco se alteraría el modelo sindical, la viga maestra sobre la que los gremios peronistas construyeron su poder. Si avanza el proyecto, las limitaciones al derecho a huelga y a las asambleas en los lugares de trabajo empujarán a la CGT tener el monopolio de la negociación con el Gobierno y los empresarios, y perderán los gremios más combativos”.

Este párrafo reconoce y explicita que lo que establishment económico argentino buscaba con esta ley no era tan solo reducción salarial y extensión de la jornada laboral. Al parecer, ocupaba un lugar  central en el proyecto el desmantelamiento organizativo y económico del movimiento sindical argentino, una de las últimas conquistas logradas por el peronismo y que han logrado sobrevivir durante estos 80 años, pese a la intención explícita de los gobiernos liberales desde 1955 de lograr su desaparición. Es ese mismo movimiento sindical argentino que ha caracterizado al país, distinguiéndolo del resto del gremialismo de los países de la región. La CGT y los sindicatos obreros argentinos, su fortaleza organizativa y económica, sus obras sociales, sus escuela sindicales y su presencia permanente en la vida política del país constituyen el orgullo de los trabajadores sindicalizados del país.

Por eso es que ese sueño húmedo de destruir al movimiento obrero organizado ha sido, como digo, el objetivo estratégico del liberalismo antiperonista. Y como muy bien advierte el paniaguado Balinotti, ese perjuicio enorme que sufrirá el conjunto de los asalariados argentinos, a partir de este proyecto de ley, será transitorio y efímero si se mantiene la estructura gremial que permita la derogación de toda esta legislación antiobrera, ni bien se modifiquen las condiciones políticas y económicas que permitieron su sanción.
Y entonces, como decía Jauretche, la lectura de La Nación ilumina las negociaciones llevadas a cabo por la dirigencia sindical. En un momento de debilidad, cuando el enemigo de intereses nacionales y de clase se encuentra en mayoría, en un momento de la política internacional donde todos esos intereses están disputando hegemonía y el futuro es por demás incierto, lo central es mantener la estructura que permita futuras luchas, cuando “la tortilla se vuelva”.
Por otro parte, resulta casi enternecedora la preocupación del cagatintas de La Nación por “los gremios más combativos”.

Leer el diario de Mitre permite entender la maniobra del enemigo. Gracias don Arturo por esa enseñanza.

11 de febrero de 2026.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑