Una victoria perversa: Del triunfalismo militar al despotismo del algoritmo

Por Antonio Montagna

«Una gran victoria es un gran peligro». Con esta sentencia lapidaria, Friedrich Nietzsche abría en 1873 su primera Consideración Intempestiva[1]. El filósofo no celebraba el triunfo prusiano sobre Francia; por el contrario, denunciaba la perversa ilusión de creer que la victoria de los fusiles significaba una victoria de la cultura. Hoy, esa advertencia recobra una actualidad estremecedora. Lo vemos en el reciente tono fanfarrón y presuntuoso en torno a la invasión de Estados Unidos a Venezuela y la detención de Nicolás Maduro. La autosatisfacción exagerada como la de Donald Trump, quien no dudó en catalogar el hecho como un hito militar supremo alardeando de que «mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme», es la reedición exacta de ese error que Nietzsche señaló hace un siglo y medio: confundir la potencia del acero con la grandeza del espíritu.

La ilusión de la superioridad técnica

Este alarde de fuerza militar no es un florecimiento cultural; es, en palabras de Nietzsche, una «ilusión sumamente nociva”. Es el triunfo de la logística sobre la vida. Cuando un Imperio festeja su capacidad de deponer y capturar mediante la eficiencia técnica de su maquinaria bélica, está oficiando el funeral de la verdadera cultura. Para Nietzsche, la cultura es la «unidad de estilo artístico en todas las manifestaciones de vida de un pueblo». El triunfalismo militar de hoy, al igual que el prusiano de ayer, carece de estilo; es puramente reactivo, mecánico y, sobre todo, arrogante. El festejo de los “bárbaros”.

Esta misma arrogancia es la que hoy visten los magnates tecnológicos de Silicon Valley. Figuras como Elon Musk son los nuevos «Preceptores de Alejandro» que celebran el dominio de la técnica (ya sea en el espacio, en el control de la opinión pública o en el apoyo a intervenciones militares) y el progreso humano. Quizá eso sea el “progreso”, la victoria del Filisteo Digital.

El Filisteo 2.0 y la dictadura del algoritmo

Nietzsche definió al «filisteo de la formación» (Bildungsphilister) como aquel que se cree cultivado por acumular datos, pero carece de profundidad. El filisteo actual es el habitante del scroll infinito, un «animal astuto» que consume fragmentos de quince segundos para anestesiarse contra la incertidumbre. Cree poseer la verdad porque el algoritmo se la entrega digerida, eliminando cualquier resistencia o impulso de búsqueda.

Lo vimos con claridad brutal en los últimos días. Mientras los titulares anunciaban la ‘Resolución Absoluta’, el algoritmo inundaba las redes con videos de supuestos festejos masivos en Caracas. No importaba que muchas de esas imágenes eran antiguas, descontextualizadas o directamente generadas por Inteligencia Artificial. El Filisteo Digital no busca la verdad del hecho histórico, busca la dopamina de la confirmación. Consume la fake news de la liberación con la misma voracidad con la que consume una serie, celebrando una ‘victoria’ que, en el terreno de la realidad, es mucho más sucia, incierta y silenciosa de lo que muestra su pantalla.

Si la metafísica clásica buscaba la verdad como adecuación (adaequatio), el algoritmo es su versión más tiránica. Es una «necrópolis de la intuición» donde no hay misterio, solo optimización. Esta algoritmización de la vida destruye lo auténtico de los pueblos para imponer una «culturalidad» global y vacía. Se puede controlar el flujo de información y dominar naciones enteras con satélites, y sin embargo, seguir siendo un bárbaro.

Del Proletariado al Precariado: El algoritmo como patrón

Esta dictadura técnica ha pasado de las pantallas al corazón del mundo del trabajo. El caso de Mercado Libre, despidiendo trabajadores con la excusa de la “transformación organizacional” bajo la premisa de ser reemplazados por Inteligencia Artificial, es la confirmación de que para el magnate-filisteo el ser humano es solo un «gasto de procesamiento».

“Los modelos de inteligencia artificial aprenden a hacer su trabajo gracias a los trabajadores que están siendo despedidos. Lo alarmante es que esos mismos compañeros son los que le enseñaron al algoritmo a realizar sus tareas”.[2]

Estamos operando un cambio ontológico: el paso del proletariado al precariado. El precariado es el hijo de la velocidad y del «ya y ahora». Es un trabajador fragmentado, sin estabilidad ni identidad, que vive bajo la amenaza constante de un código que decide su destino en un milisegundo. Si el proletario peleaba contra un patrón de carne y hueso, el precariado pelea contra un fantasma digital programado para la eficiencia desalmada. El oficio ha sido reemplazado por la tarea desechable; la dignidad, por la métrica.

Convenios y Soberanía

Frente a esta victoria obscena, la respuesta debe ser política, colectiva e «intempestiva». No se trata de un desprecio ludita por los avances tecnológicos, sino de exigir que estos estén al servicio del sujeto y no al revés. Es urgente que al sentarse en la mesa de una negociación, se acuerde proteger el tiempo humano frente a la dictadura de la inmediatez y recuperar la soberanía sobre el proceso de trabajo.

A nivel individual, nos queda la subversión de la lentitud. Ser «contrarios al tiempo», como pedía el joven Nietzsche. Si el sistema exige rapidez, nuestra libertad es la profundidad; si nos quiere predecibles, nuestra resistencia es la contradicción.

Conclusión: La técnica al servicio del soberano

La «moral» de la que alardean los conquistadores modernos es la moral de la máquina, no la del hombre soberano. Si permitimos que el éxito militar o la eficiencia algorítmica se conviertan en nuestra medida de verdad, habremos consumado la derrota más grave de la historia.

El desafío político es poner el progreso al servicio de subjetividades intuitivas. Que la tecnología sea el soporte de nuestra creatividad y la garantía de nuestro pan, no la herramienta de nuestro reemplazo. Contra la precarización de la vida y el imperio del dato, nos afirmamos con la organización colectiva y la vitalidad del pensamiento. Porque una vida con estilo, autonomía y dignidad es, hoy más que nunca, el único triunfo que merece ser nombrado.

[1] Nietzsche, F. – Obras completas. Volumen I – Consideraciones intempestivas I. España. Editorial Tecnos, 2016

[2] https://www.enfoquesindical.org/articulo/noticias/mercado-libre-despidio-informaticos-y-abre-la-polemica-por-la-ia-reemplazando

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