CORAZÓN DE PADRE, MANOS DE TRABAJADOR

Por Federico Berardi*

Todos los jueves, en un galpón de la UOCRA, se juntan alrededor de cien obreros de la construcción desempleados. Tienen un talonario. Cada talonario tiene un número. Cada número es un posible trabajo.

Las empresas de construcción que necesitan trabajadores ofrecen entre uno y cinco puestos. El gremio encontró que la solución más justa es el azar. Así que los puestos se sortean. Uno a uno. Si te toca, hay trabajo por unas semanas. Si no te toca, el sindicato te ayuda con la comida.

Después del sorteo se come un guiso bien pulsudo, y se reparten viandas y bolsones para poner algo en la mesa familiar del fin de semana.

Cien personas. Entre uno y cinco empleos. La matemática es brutal. Como también lo es la solidaridad de los compañeros a cargo de la seccional de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina que reciben, organizan, cocinan, hablan y contienen. Son trabajadores que ordenan el caos de los ingenieros.

Lo que más me golpeó cuando vi la escena no fue lo que desnuda ni el reflejo de época que conlleva. Lo  que más me impactó fueron esas personas con papelitos en la mano, mirando el bolillero. Tipos que se levantan cuando todavía es de noche, tipos que trabajan a alturas de vértigo y que pueden calcular los grados exactos de una pendiente con sólo mirarla. Gente laburante, de verdad. Ahí, parada, esperando que la suerte los acompañe para poder trabajar.

Es una dignidad en suspenso.

Hoy 19 de marzo, la Iglesia celebra a San José. Esposo de María, padre de Jesús. Patrono de la Iglesia Universal y de los Trabajadores.

La poderosa Fe que inspira San Cayetano lleva a que muchas veces nos olvidemos de este último aspecto de San José. La confusión surge porque el que tiene su santuario en el porteño barrio de Liniers es el Santo del Pan: o sea de lo que el trabajo habilita. Pero el del trabajo propiamente dicho, es San José.

¿Y por qué? Sencillamente, porque San José fue el primer trabajador. Con sus manos sostuvo a una familia, y no cualquier familia. Trabajó toda su vida, enseñó a su hijo un oficio. Fue un hombre que se hizo cargo. 

En la pandemia, el Papa Francisco escribió una carta apostólica llamada Patris Corde. Con corazón de padre con motivo de los 150 años de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal.

En esa carta describe siete dimensiones del padre que fue José. Y una de ellas es la del padre trabajador. El Papa Francisco dice esto que señalamos: el trabajo de José no fue solo el medio para ganarse el pan. Fue la manera concreta de amar a su familia. El trabajo como acto de amor, como forma de poner el cuerpo en la vida de los que uno quiere.

“El trabajo se convierte en ocasión de realización no solo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia” dice nuestro Papa.

A eso, los cien tipos que vi el jueves pasado lo sabían bien. No necesitaban que nadie se los explicara.

La seccional de la UOCRA que visité encontró en el azar la respuesta a la exclusión. Pero cuando la suerte reemplaza a la justicia, estamos sonados.

Rescato el ingenio popular que con rapidez de reflejo expresaron los compañeros del sindicato, aplicando la valentía creativa, otro de los aspectos con el que describe el Papa Francisco a San José en Patris Corde. Francisco pone el ejemplo de los amigos del paralítico que lo bajan desde el techo entre la multitud para ponerlo delante de Jesús. Creatividad.

Sin embargo, esa solución temporaria no puede volverse la norma. Y eso está sucediendo. En todas partes. ¿Qué es si no el algoritmo de Uber? Levantar la persiana de un negocio todos los días también se transformó en una quiniela: ¿entrará alguien hoy o nada?

La Argentina del sorteo, como en la timba o como en el péndulo de la grieta, es divertida cuando a uno la suerte está de su lado. Pero esa sensación es pasajera. Va y vuelve. Demasiado riesgo cuando lo que se juega son los destinos de la Patria.

La Argentina que queremos no es esa. Es la del taller de José: donde el trabajo es cotidiano, donde el padre llega a la casa con algo concreto, donde el oficio se transmite, donde la familia tiene previsibilidad sobre su vida. Es la Argentina que abraza con orden y proyecto.

Si aceptamos que el trabajo es un favor que se sortea, y no un derecho que se construye con política industrial, con producción nacional, con industria de la construcción activa, entonces hemos perdido algo medular. Algo que en esa tradición de la Iglesia que fundó el hijo de José, el carpintero, se llama la dignidad del trabajo.

Las manos de esos cien tipos que esperaban en esa seccional  son exactamente lo que este país necesita para crecer. Trabajo sobra. ¿Quién lo ordena? “Si nos organizamos trabajamos todos”.

Hay que campear con una cuota de utopía y compromiso, sin ejercitar el manual militante de las nostalgias autocomplacientes. Quebrar la orfandad que se siente en el ambiente, vertebrar un proyecto con al menos un signo de paternidad: hacerse cargo. De la autocrítica responsable y honesta. De construir un programa posible. De enunciar una convocatoria política con raíces y con alas, una política que engendre futuro, que proponga ir por la huella de la esperanza.

Existe una canción de Jairo que se llama “Carpintería de José”. Es un tema sencillo, casi un susurro. Habla de José como padre. Lo mejor es que lo describe con 4 verbos que cualquier hombre común hace: cantar, pelear, rugir y llorar.

Lo corre por un momento de la dimensión del trabajo, del rezo de las manos que obran en silencio. Lo vuelve alguien que hace ruido.

Es una canción, podríamos decirle así, espiritual. Pero resulta inevitablemente política en la Argentina de hoy, donde el trabajo tiene algo de sagrado precisamente porque escasea. Cuando algo falta, se vuelve visible su valor. Y el valor del trabajo, en este país, está siendo puesto en crisis todos los días. Un hombre que sabe construir paredes y no puede construirlas, pierde el ingreso y pierde el lugar donde se reconoce. Pierde la forma de ser padre, de llegar a la casa con algo concreto para su familia.

José no hubiera podido ser el padre que fue si no hubiera tenido oficio, y si no hubiera tenido taller. Trabajaba y moldeaba su familia, la esperanza de un futuro digno que la iba organizando.  Es la forma que tiene cada persona, cada pueblo, de poner su impronta en el mundo, de decir “acá estuve, acá hice algo, acá serví”.

*Secretario General de la organización Encuentro Peronista. Ex Director Nacional de Primera Infancia (Ministerio de Desarrollo Social). Ex director del Programa Defensoría del Pueblo en Villas.

MEJOR HABLAR DE CIERTAS COSAS

 Omar Auton

“Los Sindicatos sólo quieren preservar sus Cajas”

   Cada vez que un gobierno oligárquico alcanza el poder en la Argentina, se lanza a “Modernizar las Relaciones laborales”, “Liberar las fuerzas del mercado” etc, en todos esos intentos el objetivo central es destruir las estructuras sindicales, el primero que sinceró ese sueño húmedo fue el Almirante Rial, en 1955, cuando les explicó a los dirigentes sindicales que “Esta revolución se hizo para que el hijo del barrendero también sea barrendero”, claro, hasta 1976 era impensable que las “ideas” del liberalismo o neoliberalismo pudieran llegar al gobierno por el voto del pueblo, por ende recurrían a las FF.AA para que, golpe destituyente por medio, les entregara la política económica, así fue con José María Guido (1962-1963) que designó a Federico Pinedo, Álvaro Alsogaray y José Alfredo Martínez de Hoz, Onganía con Adalbert Krieger Vasena y Videla con José Alfredo Martínez de Hoz, más allá que algunos gobiernos democráticos hayan incurrido en esos “deslices”, así Frondizi con Alsogaray ( 1959-1961) y Roberto Aleman (1961-1962) y María Estela Martínez de Perón con Celestino Rodrigo y muy especialmente Ricardo Mansueto Zinn.

   Lo cierto es que estos economistas mostraron gran habilidad por ir ocupando espacios en los gobiernos democráticos y llegaron a determinar su rumbo con Menem, De la Rúa, Macri y hoy con nuestro presidente Golem.

   Pero volviendo al tema de “Las Cajas” cada vez que se inicia una ofensiva contra el movimiento sindical y los derechos laborales, los empresarios hablan de “Bajar el costo laboral”, los políticos de adaptarnos a “Los cambios profundos que se dan en todo el mundo respecto de la organización del Trabajo”, los sindicatos se lanzan a enfrentar esas políticas y los medios de comunicación desde la “derecha” (Clarín, La Nación, TN, América TV, La Nación +, etc) atacan al movimiento sindical acusándolo de no representar a nadie, ser dirigentes millonarios, que no entienden los cambios en el mundo y solo defienden sus privilegios y “Sus cajas” y desde la “izquierda”, afirmando que no representan a nadie, son burócratas, traidores y…solo defienden sus privilegios y “Sus Cajas”.

   Esas mentadas “CAJAS” son los aportes sindicales y sus obras sociales, vayamos por parte:

1)El aporte sindical, es la contribución que hacen los trabajadores afiliados a una organización sindical, de un porcentaje de su salario para que cumplan la función para la que han sido creados, impulsar y defender condiciones dignas de trabajo (salario, jornada laboral, descansos vacaciones, ascensos, estabilidad laboral) y en los modelos más modernos como herramienta para participar en el diseño mismo de los sistemas de trabajo, o sea para que respondan a sus intereses y necesidades, lo mismo hace quién se afilia a un club, una biblioteca, una mutual o una asociación ornitológica

   Asumimos que al tratarse de un porcentaje del salario, esa “Caja” es más poderosa cuando más altos son los salarios y su valor decae cuando decae el poder adquisitivo, por ejemplo teniendo en cuenta que el aporte normal es de un 2 o 3% del salario, un trabajador que gane 1.000.000 de pesos aporta entre 20.000 y 30.000$ por mes, un gremio importante de nivel nacional con, digamos 150.000 afiliados, recaudaría entre 3000 y 4000 millones de pesos por mes, con eso abonaría sus sedes sindicales, los salarios de sus trabajadores, los subsidios por nacimiento, matrimonio, fallecimiento, jubilación, planes de vacaciones o directamente hoteles sindicales, kits escolares para los hijos de todos los afiliado/as, fiestas y regalos en el día del niño, colonias infantiles, campings, programas de capacitación y formación laboral, y en muchos casos subsidios para la adquisición de medicamentos, en las 24 provincias de la Argentina, y en las principales ciudades de ellas, no parece que sea una caja muy atractiva o un medio de “enriquecimiento de los dirigentes”. Además, desde hace tiempo se ven obligados a subsidiar a las Obras Sociales para que no vayan a la quiebra.

   No olvidemos que antes del genocidio perpetrado a partir del 24 de marzo de 1976 cuando hablamos de un “Gremio Grande” como eran al Smata o la UOM hablábamos de 250 mil y hasta 500 mil afiliados, que hasta esa fecha infausta, los trabajadores, a partir de sus salarios participaban en un 50% de las ganancias. En los últimos 25 años los sindicatos han visto reducirse la cantidad de afiliados y lo que es peor la cantidad de trabajadores registrados, y digo peor porque no se puede afiliar a lo que no existe.

   Desde 1976 podemos hablar de cuatro momentos de caída de la actividad industrial, de primarización de la economía, de aparición de la informalidad laboral, uno comienza en 1976 y continúa hasta la crisis del 2001, hay un rebote fuerte a partir del 2002 con las reformas de Remes Lenicov y la altísima cotización de los commodities que continúa y fortalece Néstor Kirchner, sin embargo estamos hablando básicamente de actividades que eran preexistentes, que habían cerrado sus puertas, especialmente durante el menemismo y reabrían y/o ampliaban sus plantas ante la caída de las importaciones y la recuperación del mercado interno, esto decae en intensidad a partir del 2008 y se detiene a partir de 2011.

    Entre 2016 y 2025 hay poco que festejar, el macrismo fué un desastre, a Alberto Fernández le tocó el parate de la pandemia y una sequía brutal en 2023 sumado a sus propios horrores políticos y el sabotaje del sector “Cristinista” a partir del 2022, luego con el Golem la noche se hizo más cerrada aún.

   Todo esto debilitó el poder de representación sindical, caída de la creación de empleo, caída del poder adquisitivo del salario (en la mayor parte de estos años la pelea fué por empatar o perder por poco frente a la inflación), crecimiento de la economía informal, que comprende tanto al trabajo dependiente “en negro”, total o parcialmente, como al trabajador “por cuenta propia”, incorporación de tecnologías que reducen la necesidad de trabajadores.

   En esta situación los derechos colectivos, negociación colectiva por actividad, exclusividad del sindicato con personería para la negociación, obligación para el empleador de retener la cuota sindical y depositarla al gremio, exclusividad en la representación de los derechos colectivos (Huelga), son la estructura que sostiene el modelo sindical.

   No casualmente Bolsonaro para destruir la resistencia de las centrales sindicales eliminó la obligación patronal de retención y depósito de la cuota sindical, eso obliga a que cada trabajador tenga que ir todos los meses a pagar la misma al sindicato con lo que se anarquizaría el saber quién pagó o no ese mes porque se olvidó o no pudo y dejó de hacerlo, o a través del débito automático de una tarjeta o un banco lo que implica un costo mayor, por el servicio que no es gratuito.

   Lo mismo ocurre con la negociación colectiva por empresa, la ultraactividad de los convenios colectivos de trabajo al menos en sus cláusulas normativas o el mantenimiento de la cláusula más favorable al trabajador en el caso de conflictos entre normas heterónomas y normas convencionales.

   Defender esta estructura de ninguna manera es defender “Una Caja”, que lo digan los empresarios y sus pasquines es comprensible pero que lo digan los sectores autodenominados “progresistas”, sus medios y periodistas, que hasta una senadora por Mendoza, autodefinida peronista, en su discurso y en aras de afirmar que el gobierno se había arrodillado ante las corporaciones diga “Se arrodilló ante la CGT”, me recuerda aquella frase que “La estupidez cuando sobrepasa un punto deja de ser estupidez y se transforma en traición”

2)Las Obras Sociales.

   El sistema de obras sociales sindicales constituye uno de los orgullos y mejores conquistas del movimiento obrero argentino, tanto así que es reconocido mundialmente, hasta un pensador argentino proveniente del socialismo como Julio Godio lo dice “La negociación colectiva y la obra social son el certificado de mayoría de edad de un sindicato, expresan el poder de los trabajadores organizados para discutir mano a mano con su empleador todas las condiciones de empleo en un caso y en el otro la fortaleza de su organización para asegurar el cuidado de la salud del trabajador a si mismo y a todo su grupo familiar”, luego de 1955 y ante la contrarrevolución de la fusiladora y sus gobiernos títeres que abandonaros las políticas públicas (otra constante de los gobiernos neoliberales), los sindicatos comenzaron a autogenerar mutuales que comenzaron a dar prestaciones de salud, luego se construyeron policlínicos.

  Todo ello nace de una vieja práctica comunitaria, a la llegada de los contingentes inmigratorios, ante la falta de un sistema de salud, también se organizaron en mutuales y cooperativas, así nacen los Hospitales Italiano, Español, Británico, el Centro Gallego, y tantos otros.

   Tengamos en cuenta que, en los años 60, las alternativas eran los hospitales públicos o los “de comunidad” antes citados, o bien ir a un consultorio privado y pagar la atención, los empleadores se limitaban a pagar la remuneración y el trabajador tenía que “arreglarse”, por eso los sindicatos comienzan a armar un sistema nuevo, propio, diferente, que por una parte asegurara al trabajador y su familia una atención médica que el hospital público ya no garantizaba (los recortes presupuestarios en salud y educación ya eran normales en esos años).

   Finalmente en febrero de 1970 se sanciona la ley 18.610 de Obras Sociales Sindicales, que las reconoce y reglamenta, creando al INOS (Instituto Nacional de Obras Sociales) como órgano estatal regulador y estableciendo su financiación a través del aporte de los trabajadores Y DE LOS EMPLEADORES.

   Durante décadas este sistema aseguró la atención médica a los trabajadores de cada actividad y a su familia y combinada con el sindicato incluyó la recreación considerada como parte de la salud.

    El sistema se mantiene con el aporte de un porcentaje de los salarios, un 3% por cada trabajador mas un 1,5% por cada integrante del grupo familiar, y un 6% por parte del empleador.

   En el caso de una familia tipo, con un ingreso de 1.000.000$ mensuales, aportaría 75.000 pesos el trabajador y 60.000 el empleador, con esos 135.000 $ mensuales se tiene que garantizar la cobertura integral esto es primer nivel, alta complejidad, estudios de diagnóstico, trasplantes, la cobertura por discapacidad etc. En todo el país y en las ciudades más importantes de cada provincia.

   Si tenemos en cuenta que desde 2012 las obras sociales debieron incorporar a los monotributistas, mediante el monotributo social, que reciben un Plan Médico Obligatorio (PMO), con un aporte de 8000$ mensuales no parece que la recaudación constituya una caja muy tentadora.

   Si a esto agregamos que los insumos médicos y la aparatología están dolarizadas, ya que son importados en su inmensa mayoría y que además se cubre gran parte del costo de los medicamentos, cualquier persona sensata se preguntaría ¿cómo subsisten? Y la respuesta es que DESDEHACE AÑOS LOS SINDICATOS SUBSIDIAN A LAS OBRAS SOCIALES.

   En resumen ¿Alguien con dos dedos de frente puede creer que en la Argentina de los últimos años, con 165.000$ por mes una organización puede sostener un sistema como el sindical de obras sociales, que cubre a unos 18 millones de argentinos, trabajador y su grupo familiar y a unos 4.500.000 afiliados a los gremios, con las prestaciones citadas para ambos grupos y además transformar a sus dirigentes en “burócratas millonarios”?

   La Revolución Libertadora (1955) intervino a la CGT y a los sindicatos, proscribió, encarceló y asesinó a sus dirigentes.

   El golpe genocida de 1976, eliminó por ley la CGT, intervino todos los gremios y obras sociales, encarceló, proscribió y asesinó a sus dirigentes.

   Alfonsín, su primer acto de gobierno, fué una ley de “Reordenamiento sindical” que pretendía terminar con el modelo sindical argentino.

   Menem desreguló el sistema de Obras Sociales obligándolas a competir entre ellas, cuando su naturaleza es solidaria y no competitiva, pretendió incluir a las prepagas en el sistema, flexibilizó las normas laborales y convencionales, inventó los planes de “Regularización laboral” y terminó con el 21% de desocupación.

   De la Rúa sancionó una reforma laboral mediante el soborno, se la llamó “La Ley Banelco” por los cajeros.

    En el año 1974 el gobierno de Isabel Perón sancionó la Ley 20.744 de Contratos de Trabajo, objeto del odio del poder económico, las clases dominantes y todo el sistema de poder, el autor del anteproyecto Dr. Norberto Centeno, jurista y abogado laboralista pagó con su vida tal atrevimiento en la tristemente célebre “Noche de las Corbatas” y su cuerpo torturado apareció el 11 de julio de 1977.

   Previamente la dictadura genocida, en abril de 1976 había sancionado la ley 21.297 que mutilaba severamente la Ley de Contratos de Trabajo, llamativamente ese texto ordenado por Decreto 390/76 es el que siguió vigente hasta estos días tras casi 42 años de democracia.

   Hoy Milei continúa matando a Centeno y sus compañeros, pero expresa el revanchismo de los sectores dominantes y sus estudios jurídicos, quieren “que el hijo del barrendero también siga siendo barrendero”, es la revancha de Robustiano Patrón Costas que odiaba al peronismo “Porque en esa época los obreros lo miraban a los ojos, ya no le pedían, ahora le exigían”.

   La oligarquía siempre tuvo un plan de dominio de la Argentina de recuperar su carácter de colonia o lotearla, lo intenta desde 1810, saboteó todos los intentos de construir una patria diferente, para ello contó con sus abogados, economistas, periodistas y hoy con el monopolio absoluto del sistema comunicacional.

   Pero también tiene muy claro que la última barrera a su proyecto es el movimiento obrero argentino, por eso lleva 70 años tratando de destruirlo, se sirve de todo,

1)Descalificar a los sindicatos y sus dirigentes, hablar de “Las Cajas Sindicales”, de los privilegios de dirigentes y delegados, de la rigidez de las leyes laborales.

2)Elaborar proyectos de ley para debilitar o destruir a los sindicatos a través de sus estudios y sostenidos por los gobiernos de Alfonsín, Menem, De la Rúa, Macri y Milei.

3) Remitir sus ganancias al exterior, desinvertir, trasladar los domicilios de sus empresas a paraísos fiscales, evadir impuestos, generar un ejército de reserva con los desempleados, los trabajadores “en negro” que debilite la afiliación sindical y los reclamos salariales.

4) Desentenderse del desarrollo industrial de la Argentina, abandonar a las pequeñas y medianas empresas nacionales a su ruina, en los últimos tiempos inclusive a empresas importantes como ahora FATE.

5) Prolongando los conflictos y alentando y exhibiendo en los medios a los “sectores combativos”.

   Pensaba terminar diciendo que todo esto es lógico, es una etapa mas del clásico conflicto entre empresarios y trabajadores por la apropiación de la ganancia, agravado en Argentina por otro actor el imperialismo inglés hasta 1930 y el norteamericano desde entonces, que ahora quieren reperfilar al país como nuevo productor de materias primas, ayer agropecuarias, hoy mineras, energéticas y también intelectuales. Pero no he dicho una palabra del ala izquierda del poder económico y ese imperialismo, me refiero al llamado “sindicalismo combativo” o “de izquierda”, sus partidos políticos, sus medios de comunicación y sus intelectuales, incluso los que permanecen en el peronismo (Al fin hay que buscar un sol que caliente).

    Es que en realidad el comprender que son cipayos, que han sido funcionales a la oligarquía contra Yrigoyen, contra Perón y contra todo intento, aunque sea tibio, de retomar ese rumbo, que todo sindicato que hayan logrado conducir lo han terminado destruyendo, fracturándolo, que al negar la contradicción “Patria o Colonia” son funcionales a la colonia, que sus organizaciones políticas “obreras” nunca vieron un trabajador ya que su fuerza es de sectores medios, estudiantes universitarios crónicos y que cuando tuvieron una organización fuerte, dentro de las organizaciones sociales, bastó que les quitaron el manejo de los planes sociales y los investigaran para que desaparecieran de las calles luego de perturbar a transeúntes y automovilistas durante años en la cuadra de Av 9 de Julio e/ Belgrano y Moreno, creo que es suficiente para tener en claro porqué su motor principal es el odio al peronismo y en particular al sindicalismo, responsable con sus “prebendas” que los trabajadores no les presten un segundo de atención y no comprendan su discurso de “Vanguardia Revolucionaria”.

P.d: Golem: “Ser antropomórfico animado, creado artificialmente a partir de materia inanimada para cumplir órdenes, a menudo peligroso, cobra vida mediante fórmulas mágicas. Proviene del hebreo “golem” o “gelem” que significa “embrionario”o “Incompleto”.

El movimiento obrero: el último dique frente al proyecto liberal

Por Gustavo Matías Terzaga

Uno de los rasgos distintivos de la ofensiva liberal de nuestro tiempo es su capacidad para manipular el lenguaje hasta convertirlo en un instrumento de inversión moral. Bajo consignas como la llamada “industria del juicio”, se intenta instalar la idea de que el empleador es la víctima de un orden jurídico adverso y que el trabajador es el responsable parasitario, ocultando que el vínculo laboral es esencialmente desigual y que el Derecho del Trabajo surgió para limitar ese poder y proteger al trabajador.

El examen del proyecto denominado “Modernización Laboral” no puede agotarse en la fría enumeración de sus institutos ni en la apariencia técnica con la que pretende presentarse ante la opinión pública. Estamos, en rigor, frente a un desplazamiento estructural del estatuto constitucional del trabajo consagrado en el art. 14 bis, es decir, ante un intento de reordenar la relación entre capital y trabajo en favor del primero, alterando uno de los pilares sobre los que se edificó el constitucionalismo social argentino. La acumulación de modificaciones proyectadas —en materia de jornada, horas extraordinarias, régimen indemnizatorio, fondos de cese laboral, vacaciones, salario, período de prueba y negociación colectiva— revela un patrón normativo coherente que no apunta a mejorar la organización productiva, sino a reducir la intensidad protectora del sistema y a trasladar de manera sistemática el riesgo económico desde el empleador hacia el trabajador.

Por eso, cuando una reforma laboral debilita de manera sistemática la protección del trabajo, no está modernizando el derecho ni la estructura jurídica laboral, está alterando las bases constitucionales del orden social. Y esa alteración no puede comprenderse sólo como un episodio legislativo, sino como parte de un proceso histórico más amplio de reconfiguración del poder económico y político en la Argentina. Desde esa perspectiva —y no desde la ingenuidad tecnocrática— debe leerse el debate actual, porque lo que está en discusión no es simplemente un régimen laboral, sino el lugar mismo del trabajo en la comunidad nacional.

La herencia pos Malvinas

Hay derrotas que no se miden únicamente en términos territoriales o militares, sino en el desplazamiento silencioso de un país entero de su propio eje histórico. La derrota en Malvinas fue una de ellas. No sólo significó el cierre de un capítulo militar, sino la apertura de un ciclo político y económico que reorganizó la Argentina sobre nuevas bases; debilitando su autonomía estratégica y habilitando la consolidación de un programa de apertura irrestricta, desindustrialización y subordinación financiera que se convertiría, con los años, en el verdadero consenso del nuevo orden democrático.

No se trató de un simple cambio de rumbo, sino de una mutación profunda del Estado y de la estructura social. La transición democrática no desmontó ese programa de genocidio económico a cuenta gotas; lo administró, lo legitimó y en muchos aspectos lo profundizó mediante reformas estructurales, privatizaciones y reconfiguraciones institucionales que erosionaron sistemáticamente las bases materiales del trabajo organizado y del Estado social. La democracia recuperada convivió así con una economía cada vez menos nacional, una soberanía cada vez más langidecida y con una sociedad progresivamente más fragmentada.

La retracción industrial que atraviesa la Argentina no puede interpretarse como un accidente histórico ni como el simple efecto de ciclos económicos adversos en el marco de la naturalización de la alternancia política, sino como la consecuencia lógica de un patrón de acumulación consolidado a lo largo de décadas que ha subordinado la producción y el trabajo a la primacía de la renta exportadora y la valorización financiera. Lejos de tratarse de una fatalidad o de una supuesta incapacidad estructural, este proceso responde a una decisión política persistente del bloque de poder que administra el excedente generado por las commodities en función de sus propios intereses, configurando un modelo económico cuya única coherencia estratégica —lamentablemente— ha sido la consolidación de un proyecto claramente antinacional.

La estrategia de desarticular al sujeto histórico

El neoliberalismo no es únicamente un modelo económico; es, sobre todo, una estrategia de poder. Su objetivo central ha sido debilitar al sujeto colectivo del trabajo no sólo en la fábrica, sino en la cultura, en la educación, en el sentido común y en la identidad social. La actual ofensiva contra los derechos laborales es también un ataque final al sindicalismo argentino —disfrazada bajo el lenguaje amable de la “modernización”— no es un fenómeno novedoso, sino la culminación normativa y jurídica de una transformación iniciada hace décadas en el plano cultural, económico y organizacional.

Dicho sin rodeos, la reforma laboral en debate no busca mejorar la productividad ni corregir desajustes frente al avance de los tiempos; apunta a quebrar definitivamente al sujeto histórico que, con todas sus contradicciones, fue el principal límite al poder económico en la Argentina. Por eso, la defensa del movimiento obrero organizado no es una consigna nostálgica ni una reivindicación corporativa, es una condición indispensable para cualquier proyecto nacional sustentable con vocación de soberanía y justicia social.

La continuidad histórica de la CGT

En ese escenario, la CGT —aún fragmentada, aun desgastada— sigue encarnando una continuidad histórica que no pudieron destruir ni el globalismo, ni la dictadura genocida, ni Alfonsín, ni el neoliberalismo de los noventa, ni las restauraciones conservadoras posteriores. Ha sido blanco sistemático no sólo del poder económico y de las expresiones partidarias del establishment, sino también de sectores que se autodefinen como populares y que nunca comprendieron que sin organización obrera no existe democracia efectiva para el pueblo.

Un progresismo de matriz cultural, todavía influyente en ciertos espacios, adopta acríticamente el relato de la “burocracia sindical” como explicación totalizante. Esa narrativa funciona como un dispositivo de deslegitimación del único actor colectivo con capacidad real de disputar poder y establecer límites al capital. El problema no consiste en exigirle a la CGT que vuelva a ser lo que fue, sino en reconstruir el sujeto histórico que le dio origen y potencia.

Porque lo que atravesamos no es una crisis más, es la fase final de un modelo de dominación y de demolición nacional que desde el golpe de 1976 avanza sobre los restos de un país que supo tener un movimiento nacional, industrial y soberano; el de Perón y Evita. Aquella irrupción violenta buscó amputar la memoria popular, desarticular la conciencia nacional, eliminar la representación sindical y disolver los vínculos de solidaridad en nuestra sociedad.

La clase trabajadora fue convertida en variable de ajuste mediante represión directa, desaparición de dirigentes y disciplinamiento social, mientras una ofensiva cultural persistente reducía al sindicalismo a una caricatura tóxica. El menemismo, como fase política de profundización del programa de Martínez de Hoz, consolidó la extranjerización y la desindustrialización, pero también licuó desde el propio peronismo al sujeto social que le había dado origen.

Las limitaciones del ciclo K

En los años posteriores a 2003 se intentó recomponer una política nacional, aunque sin alcanzar una verdadera estructura popular organizada. Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en figura central de un modelo que, pese a conquistas significativas y disputas con poderes concentrados, operó crecientemente con lógica palaciega. La rosca desplazó a la representación y el verticalismo reemplazó la construcción colectiva.

El movimiento obrero fue utilizado como base electoral, pero relegado como actor político autónomo, y el vínculo comenzó a resquebrajarse definitivamente en 2011, tras la muerte de Néstor Kirchner. Desde entonces, el sindicalismo pasó a ser visto con sospecha —cuando no directamente como un estorbo— en el esquema de poder, en contraste con la tradición histórica en la que Perón sostenía un vínculo cotidiano y orgánico con la central obrera. Esa desconfianza hacia todo poder popular autónomo, que bajo una conducción estratégica puede fortalecer a un gobierno y a un proyecto nacional, terminó erosionando la posibilidad de reconstruir una verdadera columna vertebral durante el kirchnerismo. Lejos de consolidarse, esa base fue progresivamente vaciada, debilitando la capacidad estructural de un proyecto que necesitaba, más que nunca, apoyarse en su sujeto histórico.

El cambio en la estructura del trabajo

Sin embargo, no todo el retroceso sindical se explica por decisiones políticas. El mundo del trabajo se transformó profundamente. La precarización, la tercerización, la automatización y la expansión de nuevas formas laborales desancladas del empleo formal erosionaron la densidad organizativa clásica. Trabajadores de plataformas, monotributistas crónicos y sectores informales crecieron por fuera de los canales tradicionales de representación, reduciendo la base material del sindicalismo.

A esta situación se suma un dato decisivo. Las acciones del sindicalismo carecen de capitalización política real, en gran medida como resultado de una dirigencia política cupular absorbida por la lógica de la rosca y la disputa de centralidades relativas, más preocupada por la administración del poder que por la construcción de una base social organizada. En ese marco, con menos trabajadores formales, menor poder de fuego y un Estado debilitado, se le exige a la CGT una capacidad de acción que sólo podría existir con un movimiento obrero plenamente articulado y respaldado por una conducción estratégica que hoy no aparece o no logra consolidarse. Y sin embargo, aun en su estado de fragmentación y desgaste, la central obrera ha hecho más que buena parte de la oposición política. Ha puesto el cuerpo en los momentos decisivos mientras otros optaban por la especulación, evidenciando que, incluso debilitado, el movimiento obrero sigue siendo el único actor colectivo con capacidad real de expresar resistencia social organizada. En este contexto, si el peronismo aspira a constituirse en una alternativa política hacia 2027, debería comenzar a ofrecer señales concretas de la tantas veces invocada unidad, convocando a los principales actores políticos y sociales en torno a un programa común que no sólo reconozca, sino que acompañe, sostenga y fortalezca la lucha de los trabajadores como eje ordenador de cualquier proyecto nacional con vocación de futuro.

La batalla por venir

Macri, Milei y toda futura restauración conservadora no hacen más que inscribirse en una misma línea histórica; la continuidad del programa inaugurado por Martínez de Hoz y profundizado por el menemismo, cuyo objetivo estratégico ha sido desmontar el principal dique de contención frente al avance antinacional, encarnado en el modelo sindical argentino.

La reconstrucción no vendrá desde los despachos ni desde los laboratorios de opinión, sino desde las organizaciones reales, desde los delegados de base, desde las cooperativas, los barrios y las instituciones comunitarias. Desde ese subsuelo donde todavía late lo nacional. La disputa que se abre no es sólo por salarios, derechos o convenios; es una batalla por la historia, por la dignidad y por el sentido mismo de la nación y su comunidad. Si existe un futuro posible, será con el movimiento obrero como sujeto político central, porque no hay nación sin clase trabajadora organizada, ni peronismo ni movimiento nacional sin su columna vertebral en pie.

* Abogado. Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE, de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

La Organización Vence al Tiempo

Por Julio Fernández Baraibar

Leer La Nación, con el método que nos recomendaba Arturo Jauretche, sigue siendo un ejercicio iluminador.

Hoy se discute en el Senado Nacional una nueva Ley Laboral que, con toda seguridad y dadas las alianzas ya establecidas, quitará derechos, cuya conquista ha llevado décadas de lucha, reducirá sus ingresos reales, aumentando la plusvalía relativa, y prolongará la jornada laboral, por consiguiente aumentará la plusvalía absoluta, tendiendo a que el salario, el precio de la venta de la fuerza de trabajo humano al capitalista, se reduzca hasta el límite de su reproducción simple, es decir a lo necesario para poder seguir vendiendo su trabajo.

Uno tiende a suponer que una ley de estas características solo podría recibir elogios del órgano periodístico de la clase dominante argentina, como ha sido y es el diario La Nación.

Sin embargo, en la edición de hoy una  nota firmada por Nicolás Balinotti -el escriba a sueldo dedicado al sindicalismo- formula un duro cuestionamiento al proyecto de ley:

“Entre los cambios más salientes del proyecto que se discute hoy en el Senado surgen algunas concesiones a los reclamos de la CGT: conservar intactos los recursos de las obras sociales sindicales, sostener las cuotas solidarias y mantener a los empleadores como agentes de retención del pago de afiliación sindical. Es decir, la caja no se toca. Tampoco se alteraría el modelo sindical, la viga maestra sobre la que los gremios peronistas construyeron su poder. Si avanza el proyecto, las limitaciones al derecho a huelga y a las asambleas en los lugares de trabajo empujarán a la CGT tener el monopolio de la negociación con el Gobierno y los empresarios, y perderán los gremios más combativos”.

Este párrafo reconoce y explicita que lo que establishment económico argentino buscaba con esta ley no era tan solo reducción salarial y extensión de la jornada laboral. Al parecer, ocupaba un lugar  central en el proyecto el desmantelamiento organizativo y económico del movimiento sindical argentino, una de las últimas conquistas logradas por el peronismo y que han logrado sobrevivir durante estos 80 años, pese a la intención explícita de los gobiernos liberales desde 1955 de lograr su desaparición. Es ese mismo movimiento sindical argentino que ha caracterizado al país, distinguiéndolo del resto del gremialismo de los países de la región. La CGT y los sindicatos obreros argentinos, su fortaleza organizativa y económica, sus obras sociales, sus escuela sindicales y su presencia permanente en la vida política del país constituyen el orgullo de los trabajadores sindicalizados del país.

Por eso es que ese sueño húmedo de destruir al movimiento obrero organizado ha sido, como digo, el objetivo estratégico del liberalismo antiperonista. Y como muy bien advierte el paniaguado Balinotti, ese perjuicio enorme que sufrirá el conjunto de los asalariados argentinos, a partir de este proyecto de ley, será transitorio y efímero si se mantiene la estructura gremial que permita la derogación de toda esta legislación antiobrera, ni bien se modifiquen las condiciones políticas y económicas que permitieron su sanción.
Y entonces, como decía Jauretche, la lectura de La Nación ilumina las negociaciones llevadas a cabo por la dirigencia sindical. En un momento de debilidad, cuando el enemigo de intereses nacionales y de clase se encuentra en mayoría, en un momento de la política internacional donde todos esos intereses están disputando hegemonía y el futuro es por demás incierto, lo central es mantener la estructura que permita futuras luchas, cuando “la tortilla se vuelva”.
Por otro parte, resulta casi enternecedora la preocupación del cagatintas de La Nación por “los gremios más combativos”.

Leer el diario de Mitre permite entender la maniobra del enemigo. Gracias don Arturo por esa enseñanza.

11 de febrero de 2026.

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? (Parte 8)

Por Omar Auton

Organizaciones libres del pueblo y CGT (Parte III)

   Llegamos así a este nuevo siglo en medio de una crisis profunda, el 2001, la caída del gobierno de De La Rúa y el “Que se vayan todos”, no fue simplemente el fracaso de un gobierno o de un plan económico, como dijimos en el capítulo anterior fue el hartazgo contra una clase política, de todos los partidos, que fracasó en diseñar políticas de Estado sostenibles para superar el desastre que dejó la dictadura. La UCR se mostró como un partido agotado, viejo, que no comprendió los cambios que se habían dado en el mundo y llegó con un recetario que estaba agotado antes de empezar, encima lleno de odio y de resentimiento, profundamente impregnado del gorilismo que lo caracterizó desde 1945, no estaba en condiciones de convocar a un diálogo nacional (como el de Perón y Balbin en 1973).

   El peronismo superaba su desconcierto convirtiéndose en un partido neoliberal, que abandonaba o traicionaba su historia y sólo buscaba demostrar a los organismos internacionales de crédito y a EE.UU que era capaz de ejercer el poder para insertar a la Argentina en la nueva división internacional del trabajo.

   Menem tuvo éxito en su plan de estabilización y ajuste, el Plan de Convertibilidad, pero se enamoró de su criatura, ignoró que tenía un fin cercano ya que dependía del ingreso permanente de dólares para sostener el 1 a 1 del peso, había que transformar el aparato productivo para exportar productos con valor agregado, desarrollar nichos de alta tecnología y profundizar el Mercosur, para asegurar el ingreso de divisas, el equilibrio fiscal y un crecimiento sustentable, nada se hizo, la crisis de los países emergentes (Tigres asiáticos, Tequila; Brasil) cortaron el chorro de dólares en mercados de alto riesgo, la convertibilidad se hizo insostenible y todo estalló, más allá de la impericia e improvisación de De la Rúa, era la crónica de una muerte anunciada.

   Duhalde y Remes Lenicov hicieron el trabajo sucio, la devaluación y la pesificación asimétrica de los depósitos, créditos y deudas, más las cuasimonedas mantuvieron la actividad económica y comenzó una recuperación, Néstor Kirchner aprovechó las divisas de los altísimos precios de los commodities, logró un acuerdo de refinanciación y quita de capital en la deuda en default, luego canceló la deuda con el FMI, y sumado a la reactivación industrial por la interrupción de importaciones, produjo un crecimiento económico y su redistribución a partir de las paritarias.

   La CGT se reunificó con un triunvirato integrado por Hugo Moyano (Camioneros), Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), que representaba a los tres grandes sectores, sin embargo Kirchner cometió un error, basado en su idea que “Él era uno y hablaba con uno”, desconociendo que en la CGT el Secretario General es un “Primus inter pares”, es decir, asume la responsabilidad de representar un conjunto, pero no es el “jefe” de ese conjunto, menos en ese momento donde había un triunvirato, precisamente porque no había una unidad consolidada, comenzó a reunirse solamente con Moyano y este cometió el error no sólo de aceptar esa relación sino de no calibrar adecuadamente que eso lesionaba los acuerdos que habían permitido unificar la CGT.

   Hugo Moyano presidió la CGT entre 2004-2008 y fue reelecto para el período 2008-2012, su mandato sometió a la CGT a los vaivenes de su relación personal con Néstor Kirchner primero y con Cristina después, con esta última nunca logró construir el vínculo que tuvo con Néstor y sus diferencias tuvieron una primera expresión pública en un acto de la CGT en el estadio de River Plate en el 2010, recordatorio del Día de la Lealtad, cuando Moyano expresó en su discurso que su sueño era “Tener, alguna vez a un trabajador en la Casa de Gobierno” lo que provocó que Cristina le respondiera en su discurso, ya que se sintió cuestionada, que “ella había trabajado desde muy joven”. Pocos meses después la muerte de Néstor Kirchner se llevó al interlocutor que buscaba los acercamientos entre ambos dirigentes.

   Si bien el kirchnerismo siempre desconfió tanto de la estructura del PJ como de los gobernadores e intendentes, descalificándolos como “pejotismo” y mostró más simpatía por los gremios de la CTA, fue más realista en reconocer la representatividad de una parte de la dirigencia justicialista y de la CGT, más allá del error que mencioné respecto de cómo manejarse “institucionalmente” con ella. Distinto fue el caso de su esposa, quién siempre fue reacia a dialogar con los dirigentes del movimiento sindical e incluso de los movimientos sociales.

   Si bien en el 2008 cuando se produjo el enfrentamiento del gobierno de Cristina Kirchner con los productores agropecuarios organizados en la Mesa de Enlace los principales sostenes fueron la CGT los movimientos sociales, incluso el gremio de camioneros  se posicionó en las rutas para detener las caravanas de tractores y que no pudieran avanzar hacia la capital y los sindicatos hicieron vigilias en la Plaza de Mayo para frenar posibles acciones destituyentes, la inmensa oleada de simpatía que se produjo a raíz de la muerte de su esposo en el 2010, la convenció de la posibilidad de impulsar un espacio propio, apoyado en los sectores medios y que no dependiera de la base histórica sindical del peronismo, su abrumadora victoria en las elecciones del 2011 y la aparición de algunos grupos juveniles, sumado a acciones como la Ley de matrimonio igualitario y la Ley de medios contribuyeron a ese objetivo junto a su particular rechazo hacia los dirigentes sindicales menos “progresistas”.

   El conflicto con Hugo Moyano, a la sazón secretario general de la CGT fue escalando, pocos días antes de las elecciones de 2011, Moyano le reclamó al gobierno “mayor fidelidad con la doctrina de Juan Perón” y a las pocas horas la presidenta le reclamó “lealtad con los intereses de los argentinos, no sólo con Perón”, la CGT no fue invitada a los festejos por el triunfo electoral y la reelección de Cristina Kirchner.

   Un año más tarde, el 20 de noviembre de 2012 comenzó un enfrentamiento a raíz del reclamo de un sector del sindicalismo de eliminar la cuarta categoría del impuesto a las ganancias. Un mes antes, el 3 de octubre de 2012, se produjo una ruptura en la CGT y un importante número de gremios, los más grandes, se retiraron y conformaron una CGT paralela, eligiendo a Antonio Caló como secretario general, buscando generar un diálogo con el gobierno que evitara la espiralización del conflicto.

Pasaba que varios sectores (Camioneros, petroleros, bancarios) que tenían altos salarios veían neutralizar sus aumentos por los descuentos que sufrían a raíz de este impuesto, tanto que preferían no recibir aumentos pues con cada incremento no sólo les retenían más dinero, sino que ingresaban al tributo más cantidad de trabajadores.

   Este conflicto derivó en cinco paros generales, el 10 de abril del 2014 se llevó a cabo otro, que se agravó ante la devaluación del peso en un 19% lo que incrementó la inflación y el deterioro del salario, el tercero en agosto del mismo año se dio en medio de una inflación que ya se calculaba por encima del 30% para el período y fue agravando el enfrentamiento, tanto que las dos últimas medidas de la CGT conducida por Moyano a los que se sumó la CTA se llevaron a cabo en el 2015 año en que se celebraron elecciones presidenciales.

   La CGT recién se reunificó en 2016, el 25 de agosto, cuando el avance neoliberal del gobierno de Mauricio Macri obligó a superar las viejas diferencias y cuestionamientos a fin de enfrentar las políticas antiobreras y antisindicales que se pretendían implementar, Macri había llegado al gobierno derrotando a Daniel Scioli, candidato del peronismo elegido por Cristina Kirchner para sucederle al no poder modificar la Constitución nacional y poder ir por un tercer mandato.

   La unidad se logró en base a la elección, nuevamente, de un triunvirato que expresara los sectores mayoritarios del movimiento obrero, Héctor Daer (ATSA) propuesto por el sector de gremios más importantes cuantitativamente denominado “Los Gordos” ( en referencia al volumen de los sindicatos, no de sus dirigentes) y los Independientes, Carlos Acuña (SEOESG y PE) del sector vinculado a Luis Barrionuevo y Juan Carlos Schmid (CATT) sector liderado por Hugo Moyano y el 7 de abril de 2017 fue el primer paro general contra las políticas de ese gobierno, fueron 5 en esos cuatro años, que en su segunda mitad, se caracterizó por el crecimiento exponencial del endeudamiento del país, la fuga de capitales y la inflación creciente, sumado a varios intentos de reforma laboral buscando un nuevo ajuste de la economía basado en la reducción “de los costos laborales” a través de contratos precarios, debilitamiento de la fuerza del sindicalismo y pérdida creciente del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

   El fin del gobierno de Macri y la asunción del Frente de Todos, cuyo candidato a presidente fue Alberto Fernández, acompañado por Cristina Kirchner como vicepresidenta coincidieron con la aparición del flagelo planetario que fue la epidemia del Covid 19, que provocó una crisis gigantesca de la economía mundial al detenerse toda actividad durante el año 2020 y reiniciarse lentamente y en forma parcial durante el 2021.

   Esto trajo dos cuestiones que definirían los años siguientes, en lo local el gasto público se disparó en forma exponencial, el país estaba endeudado y carecía de acceso al crédito internacional, por ende la compra de insumos y vacunas, así como el auxilio a las empresas paralizadas, abonando gran parte de los salarios, así como el auxilio a los trabajadores precarios que por su condición, al quedar sometido al aislamiento domiciliario, perdieron toda posibilidad de tener ingresos, debió hacerse incrementando seriamente la emisión monetaria, lo cual ante la caída de la recaudación como resultado de la inactividad económica, se transformó en una bomba de tiempo.

   Pero, casi imperceptiblemente, se produjo un cambio en la economía mundial, la globalización y la deslocalización de empresa así como la fragmentación de los procesos manufactureros por el mundo buscando minimizar costos, al quedar parado el funcionamiento del transporte aéreo, marítimo y fluvial, dejó a la vista la fragilidad que generaba en las empresas ante imprevistos como éste por lo que comenzó, a partir de mediados del 2021, un proceso de relocalización, más cercana geográficamente de las centrales a fin de asegurar la provisión de partes e insumos en los procesos productivos

   Si bien el gobierno argentino logró una negociación con el FMI, principal acreedor de la Argentina, que le permitió prorrogar vencimientos y superar el ahogo que habría producido tener que disponer de las pocas divisas existentes para el pago de los mismos, era evidente que debía implementar una política que asegurara una recuperación de la actividad económica, una reactivación productiva que recuperara el empleo, al mismo tiempo debía ir sacando de la plaza el excedente monetario para acotar el déficit fiscal y las posibilidades de una inflación que impidiera lo primero.

    Lo que se desató fue una feroz interna entre el presidente y su vice, cuyos partidarios no sólo pretendieron rechazar el acuerdo logrado con el FMI sino bloquear toda política de ajuste, la falta de iniciativa y decisión de Alberto Fernández paralizó al gobierno, ocasionó la salida de los ministros de Economía, Martín Guzmán y de Producción Matías Kulfas, comenzaron las corridas cambiarias e inflacionarias. Buscando recuperar la iniciativa asumió en Economía, la tercera pata del acuerdo que dio lugar al Frente de Todos, Sergio Massa.

   La CGT convocó a una marcha,  el 17 de octubre de 2021, reclamando el fin del enfrentamiento entre los sectores de la vicepresidenta y el gobierno, que un día antes en un acto en la Plaza de Mayo habían atacado ferozmente al presidente. El 17 de agosto de 2022, marchó nuevamente, esta vez hacia el Congreso de la Nación, contra las subas de precios y reclamando además que se corrija el rumbo económico, reclamando el fin de los enfrentamientos internos y advirtiendo de la gravedad de la situación, pero fue inútil.

   En estas condiciones se llegó a las elecciones de 2023, el oficialismo llevó como candidato a Sergio Massa, ministro de economía, ante el disgusto notorio de Cristina Kirchner que había lanzado otra fórmula presidencial que tuvo que ser retirada, una inflación creciente, una devaluación al día siguiente de haber obtenido una victoria sorpresiva en la primera vuelta de las elecciones generales en el mes de octubre y un hartazgo generalizado que conllevó que un 23% de la población no fuera a votar, Javier Milei Obtuvo la victoria y lo demás es historia reciente.

Movimiento Obrero, situación y perspectivas.-

   En los capítulos precedentes he intentado aportar una opinión sobre el devenir del movimiento obrero en los últimos años, no hacer una historia sino reflexionar sobre ciertos momentos, ciertos actores y hechos que han sido muy comentados en los últimos años, quedan para el debate, no es mas que un aporte a ello, pero no quiero terminar sin hacer mi propia reflexión sobre cuestiones que no pueden faltar en una agenda de futuro de la CGT.

1) Trabajo Informal, blanqueo y planes sociales.-

    Los últimos informes del Indec en esta materia, mas allá de la credibilidad que nos merezca el Indec o algunos de sus informes son terribles en esta materia, mas allá que puedan variar un poco según quién haga el trabajo lo cierto es que no se puede no poner el tema en el tapete, estamos hablando de 42% de trabajo informal, dentro de esto si hablamos de 43,4 en mujeres debemos correr el velo del doble empleo, la mujer que trabaja en su casa y afuera hace de remisera, tareas de cuidado, limpieza de casas etc., en los hombres alcanza el 40,9%, pero si tomamos a los jóvenes alcanza el 58,7 %, es decir 6 de cada 10 pibes trabajan en negro. En el grupo de los llamados trabajadores “independientes” alcanza el 62,4%, pero dentro de los asalariados la informalidad alcanza el 36,1% un drama para la seguridad social y el sistema de previsión social, que obliga a que el 50% de los mayores de 65 años trabajen “en negro” a fin de complementar las jubilaciones de hambre. No es un error ni una casualidad, es el modelo de país que sostuvo la dictadura y continuó con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Macri y Milei y no se atrevieron a encarar Néstor y Cristina Kirchner y menos Alberto Fernández.

   Sentarse a trabajar con los representantes de cientos de empresas textiles, calzado, etc, que hoy fabrican bienes que luego son vendidos por las marcas mas famosas previo ponerle sus nombres y marcas,  o los imitan (La Salada, los manteros, etc) para ver no como empezar a cobrarles impuestos sino a como ayudarlos para que se sostengan, crezcan y se afiancen.

   Hacer lo propio con los miles de trabajadores “independientes” para hacer lo mismo, es falso que los choferes de Uber, Cabify, Rappi, Glovo, no tengan “empleador” sí, que lo tienen no macaneen mas con el algoritmo, Uber, todos los fines de año hace una fiesta en un hotel céntrico para premiar a sus mejores choferes, quien paga el alquiler del hotel, el catering y los regalos, el algoritmo?, pero cuando se habla de ellos se habla que aporten a la jubilación, que aporten al sindicato, a la obra social, como ellos dicen “¡Sólo se acuerdan de nosotros para sacarnos plata!”.

   En el marco de un Consejo Económico Social, que es estratégico e imprescindible crear, hay que discutir como ir incorporando a los trabajadores que hoy subsisten gracias a los planes sociales al mundo del trabajo, reducir los impuestos a los empresarios que los tomen, mantenerles el plan como parte del salario, trabajar conjuntamente con el sindicato del sector en la formación y capacitación permanente a fin de superar las carencias de conocimientos frente a las nuevas tecnologías.

2) Creación del Consejo Económico Social, por ley, donde el Estado, sindicato y cámaras empresarias discutan y promuevan normas y acciones en materia de Crecimiento, Producción y Empleo, entre ellas muchas a generar para avanzar en el punto anterior, con sanciones impositivas o de personería a las entidades que se nieguen a participar u obstaculicen los debates o conclusiones. Cada sector (metalúrgico, mecánico, textil, transporte, empleados públicos, bancario, construcción, etc) deben debatirse las políticas estatales de promoción y defensa de nuestras industrias , la incorporación de tecnología, y el empleo.

3)Recuperación de la representación del movimiento obrero en los espacios de decisión política, Diputados, Senadores, legislaturas provinciales y municipales. Su notoria ausencia en estos últimos años han provocado que en el debate de las leyes sobre economía, sindicalismo, derechos sociales y/o sindicales se hagan sin escuchar su opinión, su voz.

4)Fortalecer la sindicalización y la participación de los trabajadores, especialmente los jóvenes y las mujeres, a fin de ampliar las visiones y formas de resolver los problemas y asegurar el necesario transvasamiento.

   Obviamente que esto no agota la agenda de discusión y de trabajo, pero pondría al movimiento obrero a la vanguardia del reclamo de rumbos para un futuro gobierno de carácter popular que prioricen las cuestiones que hoy preocupan a las grandes mayorías del pueblo argentino y comencemos a resolverlos de verdad, en forma colectiva, con la participación real y activa de todos los actores, seguramente de hacerse, se abrirán las agendas a las demandas que aún no visualizamos y a las que surgirán en esa marcha.

UN ESTADO NACIONAL AUSENTE EN EL MUNDO DEL TRABAJO ¿VIVA LA LIBERTAD LABORAL?

La hoy Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social – actualmente dependiente del Ministerio de Capital Humano- cumple una tarea clave en la mediación entre el Capital y el Trabajo. Es una función que históricamente ha ejercido el Poder Ejecutivo Nacional y que hace unos 80 años viene profundizando y profesionalizando su funcionamiento. Veamos brevemente su historia.

En 1907 se crea el Departamento Nacional del Trabajo, bajo el Ministerio del Interior, como un órgano consultivo y estadístico para estudiar los problemas del mundo del trabajo. Con la función de recolectar datos y mediar en conflictos laborales, ante el avance del movimiento obrero, el Estado comienza a intervenir más activamente en estas cuestiones.

En 1943, se transforma en Secretaría de Trabajo y Previsión, para en 1949, pasar a ser elevado a Ministerio de Trabajo y Previsión. Se producen una serie de transformaciones laborales, incorporando a la agenda cuestiones tales como las Jubilaciones y Pensiones, Derechos Sindicales, el Aguinaldo, el Estatuto del Peón Rural, entre otras.

Desde ese entonces hasta la actualidad, se establece el Ministerio de Trabajo como el actor principal para mediar y armonizar la interacción entre el Capital y el Trabajo. Se fortalecen las relaciones con las organizaciones obreras y cámaras empresarias y se van incorporando cuestiones más recientes, tales como la intervención del Estado en materia de empleabilidad de las personas.

Es importante destacar que este proceso de avance en las competencias de nuestro organismo, continuo y cada vez más profundo y profesional, sólo se vio interrumpido durante la última dictadura cívico –militar. 

Características de sus trabajadores y trabajadoras

La Secretaría hoy atiende múltiples cuestiones, complejas y diversificadas, que son parte de la vida laboral de todos los argentinos y que abordaremos más adelante. Para ello, cuenta con una eficiente y dedicada dotación que posee con sobrada capacitación para llevar a cabo sus funciones. Es importante hacer algunas consideraciones al respecto, especialmente en un contexto donde se hace una constante crítica a los trabajadores públicos.

A fines del 2024, el Estado Nacional puso en duda las capacidades de los agentes contratados. Para ello, estableció un sistema de evaluación de competencias transversales. El porcentaje aprobación en nuestro organismo rondó el 98%. Esto demostró, una vez más, que la competencia no es un problema que tengan nuestros compañeros, ni la APN en general (tuvo un porcentaje similar).

En este mismo sentido, es imprescindible agregar otra cuestión. Trabajo es un organismo con un saber técnico específico y sus trabajadores están a la altura: el 50% de ellos tiene formación terciaria y/o universitaria atinente a sus funciones. Esto, sin lugar a dudas habla de la profesionalización de los agentes que día a día se desempeñan en esta Secretaría.

Desde diciembre de 2023, a causa de la no renovación de contratos, despidos y renuncias, se ha visto reducida la planta de nuestro organismo. Esto significa la pérdida de saberes, de muchos años de servicio, que impactan directa y negativamente en la capacidad de respuesta del Estado a sus conciudadanos.

A esta situación, se agrega la constante amenaza de la llegada de la motosierra con la pérdida, no sólo de áreas, sino también de funciones. ¿Qué tareas realiza esta Secretaría? ¿Qué sucedería si deja de existir? Veamos a grandes rasgos:

Desregulación del mercado laboral

¿Qué hace hoy? 

La Secretaría dicta normas laborales, supervisa su cumplimiento y actúa como autoridad de aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo.

¿Qué pasaría?

 Se perdería la capacidad institucional de fiscalizar abusos laborales (trabajo no registrado, sueldos por debajo del mínimo, malas condiciones laborales).

 Aumentarían los conflictos laborales sin resolver por falta de mediación y conciliación.

 Los empleadores podrían actuar con mayor discrecionalidad, incrementándose la precarización y los riesgos laborales.

Desaparición de políticas de empleo y formación

¿Qué hace hoy?

Implementa programas de Empleo con el fin de capacitar a los trabajadores desocupados, teniendo en cuenta la demanda del mercado laboral, como así también mediar y asistir a las personas que buscan construir o reformular su perfil laboral para así insertarse.

¿Qué pasaría?

 Se perderían herramientas para incluir a poblaciones vulnerables.

 La reconversión laboral se tornaría imposible o perdería sustento frente a cambios tecnológicos o situaciones de crisis.

 Se frenaría el monitoreo del mercado laboral (observatorios, estadísticas, diagnósticos).

 No habría una política de formación que acerque los saberes demandados y los ofertados en el mercado de trabajo.

 Habría un retroceso en materia de intermediación laboral, dejando el espacio sólo a actores privados, quienes orientan sus acciones sólo a perfiles de pronta reinserción, quedando al margen las poblaciones vulnerables o con peores condiciones de empleabilidad. 

Aumento del trabajo informal

¿Qué hace hoy?

Coordina con ARCA (AFIP) y otros organismos la inspección laboral y combate al trabajo no registrado (en negro).

¿Qué pasaría?

 Sin fiscalización efectiva, se dispararía el empleo informal.

 Las PyMEs y empleadores informales operarían sin incentivos para regularizar.

 Caería la recaudación, ante la no ejecución de las multas.

 Además, con el aumento de trabajadores no registrados caería proporcionalmente los aportantes a la seguridad social, lo que significaría que se resentiría –aún más- el sistema de jubilaciones y pensiones. Todo esto, profundizado por un contexto de falta de políticas económicas que estimulen la producción y el crecimiento.

Colapso en la resolución de conflictos laborales

¿Qué hace hoy?

Es sede de la Conciliación Obligatoria, audiencias sindicales, registro de gremios, paritarias y convenios colectivos.

¿Qué pasaría?

 No habría mediación institucional entre empresas y sindicatos.

 Se judicializarían conflictos, demorando soluciones.

 El sistema de paritarias perdería formalidad y transparencia. 

Crisis sindical y de representación

¿Qué hace hoy?

 Regula, fiscaliza y registra a gremios y asociaciones profesionales.

 Garantiza el ejercicio del derecho a huelga y la libertad sindical.

¿Qué pasaría?
 Se abriría la puerta a conflictos entre sindicatos por representatividad.

 Posible avance de sindicatos no reconocidos o sin estructura.

 Menor capacidad de representación de los trabajadores ante empleadores o el Estado, debilitando el equilibrio de intereses entre el capital y el trabajo.

Ausencia de información oficial del empleo

¿Qué hace hoy?

Produce estadísticas como:

 Encuestas de Indicadores Laborales (EIL)

 Datos sobre empleo registrado

 Boletines del mercado de trabajo.

¿Qué pasaría?

 El Estado perdería su capacidad de medir el empleo formal, informal y precarizado.

 Las políticas públicas perdería tanto eficacia como eficiencia. La información es un insumo clave a la hora de poder diseñar políticas públicas que den una respuesta adecuada a la problemática que la originó. 

En definitiva, si el Estado se retira de sus funciones actuales en materia de trabajo y empleo sólo habría un impacto negativo en múltiples facetas de la vida de todos los argentinos. Aunque algunos de sus programas o funciones puedan trasladarse a otras áreas, sin una autoridad central y especializada, los derechos laborales, el empleo formal y la negociación colectiva entrarían en una fase de debilitamiento estructural. En ese sentido, sin una presencia estatal que las regule, las relaciones laborales quedarían reducidas en un mero acuerdo entre privados, con una enorme disparidad de poder de negociación entre las partes actuantes. Esto, en materia de derechos nos retrotraería a principios de siglo pasado, además de alejarnos de los consensos y organismos internacionales que rigen la materia.

Que no te engañen: la tan mentada libertad, sólo será buena para unos pocos vivos. La retirada del Estado sobre el mercado de trabajo, y sobre cualquier otra área de la vida social, es perjudicial para la inmensa mayoría del pueblo trabajador argentino.

Sin Estado no hay Nación. Sin Trabajadores no hay Estado. 

El sindicalismo sigue de pie

Por Gustavo Terzaga*

El sindicalismo sigue de pie. A 56 años del Cordobazo, ese alzamiento obrero/estudiantil que desbordó los márgenes y cambió el rumbo de la historia política nacional, el clima de época actual se ensombrece y nos devuelve un espejo incómodo.

En medio del vendaval económico, social y político que sacude a la Argentina, algo resiste, se planta y se expresa con claridad: el movimiento sindical. Mientras el gobierno nacional aplica un modelo de ajuste brutal, traslada el costo de la crisis a los sectores más vulnerables y degrada lo público con la lógica del desguace, en Córdoba -provincia con ADN de lucha obrera- los gremios sostienen con su cuerpo la defensa de los intereses vitales del colectivo trabajador.

Empleados judiciales realizaron paros de 72 horas reclamando una equiparación salarial con la Justicia Federal que hace años les corresponde. El SUOEM tomó las calles de la ciudad y realizó un abrazo simbólico al Palacio Municipal 9 de julio, exigiendo condiciones salariales dignas. En paralelo, trabajadores y trabajadoras de la salud preparan marchas masivas para denunciar despidos y precarización. Los jubilados, cada miércoles, marchan al centro de la ciudad capital pidiendo aumentos acordes a una inflación devastadora. Los obreros de FAdeA se declararon en paro, reclamando condiciones laborales dignas en una empresa estratégica. Y en Río Cuarto, se multiplican las manifestaciones en defensa de las personas con discapacidad, cuyos prestadores cobran con cuatro meses de atraso. Todos los gremios de todos los rubros están en alerta, movilizando, luchando, porque el castigo es transversal y no esquiva a nadie.

Esta enumeración de conflictos no es una mera cronología de protestas, sino el mapa vivo de una resistencia fragmentada pero persistente. El sindicalismo, aún con contradicciones y muchas limitaciones, es hoy el principal sostén del drama económico, social y laboral que atraviesa al país. Es el único actor capaz de contener y pelear para ponerle freno al atropello neoliberal-libertario desde una lógica colectiva.

Lo más grave de esta crisis no es solo la destrucción de derechos y que no alcance el mango para morfar, sino el intento de vaciamiento cultural que la acompaña. Existe una percepción equivocada, falsa, deliberadamente instalada en la psiquis colectiva, que moldea el «clima de época» y condiciona la acción política del campo popular. Hoy, el sentido común dominante en amplios sectores sociales traduce el desastre económico en términos de “castigo merecido”. Se lo adjudica a “los planeros”, a los sindicatos “mafiosos y clientelares”, a los jubilados que “no aportaron”, a los estatales “ñoquis”, al «Estado elefantiásico» o al kirchnerismo, ya fuera del poder, pero presentado como el culpable eterno de todos los males.

Ese relato no sólo es simplista, es eficaz. Exonera a los verdaderos responsables del saqueo, corre el eje del señalamiento y, en el interín, naturaliza la transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados y transforma los derechos populares en privilegios inadmisibles. No surge de la nada. Es el producto de una pedagogía social neoliberal inversa, sostenida durante años por grandes medios, editorialistas, comunicadores y escribas del poder económico. Esa pedagogía logró que los privilegios de las elites se perciban como derechos adquiridos, y los derechos de los de abajo como un gasto a eliminar.

Por eso, una de las principales tareas políticas del presente es disputar el sentido. Desmontar esa falsa moral de época con una contra-pedagogía clara, aguda, sin complacencias, nacional.

Todos los sectores están siendo víctimas del ajuste, aunque aún no lo reconozcan políticamente, si se quiere. La pedagogía política debe partir de lo concreto: del sueldo que no alcanza, del drama del hospital que no atiende, del trabajo que se pierde, del alquiler impagable, del tarifazo cotidiano. Solo desde ahí es posible desmontar la idea de que el problema son los de abajo y evitar la lógica de la grieta que enfrenta argentinos contra argentinos para quebrar el valor estratégico de la solidaridad. Y construir una verdad distinta, que la única salida será colectiva, de base, organizada, solidaria.

El Cordobazo no fue sólo una gesta obrera, fue el resultado de un momento histórico en el que el pueblo no encontró cauce institucional para expresar su descontento. Hoy no hay un estallido, pero sí hay malestar, indignidad, precariedad, rabia contenida, incertidumbre y mucha desorientación. La pregunta no es si habrá una nueva irrupción popular, sino quién conducirá esa energía. Porque si la política no lo hace, lo hará el caos. Y, a río revuelto, ya sabemos quién gana.

Y aquí emerge, como una sombra pesada sobre todo el drama nacional, la ausencia de una conducción nacional clara, lúcida, estable con la realidad, y decidida. La vieja rosca palaciega y de pasillos de institutos, que alguna vez articuló intereses para gobernar, hoy se volvió una rueda de hámster: gira y gira sobre sí misma, pero no va a ninguna parte.

El peronismo, Cristina como presidenta del PJ nacional, haría bien en advertir que su conducta actual no es neutral, sino que termina facilitando el avance del despojo nacional. No estamos ante una situación que reclame discursos ilustrados o debates académicos, sino ante la necesidad urgente de que el peronismo vuelva a encarnar con firmeza la representación concreta de la clase trabajadora, que históricamente constituyó su columna vertebral. Aunque de la mano de CFK, eso jamás va a ocurrir.

Mientras los de abajo se organizan para no caer, los dirigentes de arriba se entretienen en internas perjudiciales, en debates de cartel, condicionamientos y reparto de ruinas. El internismo se volvió un sustituto melancólico y dañino de la estrategia. La disputa de cargos reemplazó la batalla de ideas, la calle política y el puente con las grandes mayorías populares. Es la tragedia de una dirigencia que, en vez de estar a la altura del pueblo que sufre y aguanta, sigue buscando en el espejo el rostro perdido del poder.

Por eso, frente al silencio cómplice de muchos dirigentes, el sindicalismo aparece como una brújula. Aún golpeado, sigue en pie. Aún disperso y debilitado, sostiene lo que queda. Si alguna esperanza política queda en este momento oscuro, vendrá de su mano, porque allí donde se organiza el trabajo, se organiza también la dignidad. Y donde hay dignidad organizada, hay materia prima para construir futuro.

* Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba

LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE TRANSPORTE DECIMOS

ANSV – CNRT – JST – ORSNA

¿A QUIÉN LE INTERESA QUE DESAPAREZCAN LOS CONTROLES O QUE NO SE INVESTIGUEN LOS SINIESTROS?

El control de las empresas de servicios públicos es siempre una función esencial del Estado.

En un proyecto de País en el que se decidió desregular los servicios públicos, esa función resulta radicalmente imprescindible, si como ciudadanos queremos que dichos servicios estén al alcance de toda la sociedad y que además su prestación sea segura y confiable.

No nos estamos refiriendo a la desregulación, experiencia por la que los Argentinos de Bien ya tuvimos la oportunidad de transitar no hace tanto tiempo, sino a sus resultados y a los errores cometidos, los que no tuvieron vinculación con la falta de control.

No queremos ni imaginarnos en esta ocasión, que pasará, si además de la feroz desregulación que el gobierno habilitó para algunos servicios, los mismos sean realizados sin el adecuado control técnico especializado que se ha venido ejecutando a través de los distintos Organismos de Control.

Si faltara ese control, como se va asegurar que las empresas cumplan con la normativa que hace a la calidad y a la regularidad del servicio; de que forma el Estado va a resguardar la protección de los derechos de los usuarios; cómo se va a controlar que todos los ciudadanos del país tengan acceso a los servicios y que sus derechos sean difundidos y respetados; quién va controlar la difusión que se brinde a los usuarios sobre estos servicios y los derechos que les asiste y fundamentalmente; quién va a velar por la seguridad en su prestación.

El Estado puede servirse del sector privado para la ejecución de los servicios públicos, pero no puede nunca deslindar su responsabilidad de supervisar y controlar la prestación de los mismos, debiendo siempre garantizar la calidad y el cumplimiento de sus estándares; el poder de policía del Estado en esta materia es Indelegable.

REALMENTE, ¿A QUIÉN LE INTERESA QUE DESAPAREZCAN LOS CONTROLES O QUE NO SE INVESTIGUEN LOS SINIESTROS?

Por otra parte, no es cierto que en materia de control del transporte existan Organismos Descentralizados que tengan duplicidad de funciones, pensar en ello, es no conocer las competencias atribuidas a los mismos. Cada uno de los Organismos Descentralizados vinculados al transporte tiene una competencia técnica y específica.

En efecto la Agencia Nacional de Seguridad Vial -ANSV- controla y fiscaliza el tránsito de particulares, certificación de centros de emisión de licencia de conducir y capacitación de su personal, administración y cómputo de infracciones en rutas nacionales, administración del sistema nacional de antecedentes viales, observatorio vial que investiga y analiza el entramado vial para contribuir a la toma de decisiones en pos de mejorar la seguridad vial, campañas y formación vial para una movilidad segura, entre otras.

Por su parte la Comisión Nacional de Regulación del Transporte -CNRT-, fiscaliza los servicios de transporte efectuado por los operadores de pasajeros y cargas por automotor y ferroviario de jurisdicción nacional, ejerciendo el poder de policía en materia de transporte automotor sujeto a su control; auditando al servicio ferroviario, emitiendo informes de su gestión y aplicando las sanciones contractuales a las concesionarias, de manera de resguardar la seguridad y la calidad de esos servicios.

La Junta de Seguridad en el Transporte -JST- interviene e investiga en ocasión de producirse un siniestro en el transporte, ya sea vial, ferroviaria, naval o aérea, para determinar las causales del mismo y emitir opiniones técnicas pertinentes, detectando las fallas de los sistemas a efectos de mejorar y evitar los mismos, con la finalidad de garantizar la seguridad de todo el transporte.

Finalmente el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos -ORSNA- se encarga de controlar y fiscalizar la infraestructura y los servicios de los aeropuertos que integran el Sistema Nacional de Aeropuertos. Sus funciones incluyen la supervisión de la infraestructura, la regulación de servicios y actividades comerciales e industriales, la supervisión de concesionarios y administradores aeroportuarios, y la garantía de una operación segura y eficiente.

Este sistema integral e integrado de control e investigación, es la herramienta adecuada para dar efectivo cumplimiento a los preceptos constitucionales enfocados en la protección de los derechos de los usuarios y consumidores, garantizando la seguridad, la salud y sus intereses económicos.

El sistema actual de control reduce claramente los riesgos, mejora la toma de decisiones, aumenta la eficiencia operativa y optimiza el uso de los recursos, contribuyendo ello a la seguridad, a la confiabilidad de la información, el cumplimiento normativo y la confianza por parte de los usuarios.

Frente a la actual política de desregulación de la gestión de los servicios públicos, es cuando más se necesitan a los Organismos de control.

ENTONCES, ¿A QUIÉN LE INTERESA QUE DESAPAREZCAN LOS CONTROLES O QUE NO SE INVESTIGUEN LOS SINIESTROS?

Estos organismos además de controlar producen en forma periódica informes sobre la gestión de los servicios por parte de los operadores, que en muchos casos, nutren a los Organismos de Control Interno y Externo de la Administración Pública Nacional sobre la gestión del transporte por parte del sector privado, sirviendo inclusive de auxiliares en informes periciales requeridos por la Justicia.

Pero sin duda uno de sus cometidos más relevantes radica en “advertir” a las AUTORIDADES DE LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL y a la sociedad toda sobre las fallas o riesgos para los usuarios, que pueden ocasionar la inadecuada gestión de los prestadores de los servicios de transporte gestionados por los privados.

Entonces, nos sorprende, que no existan funcionarios en el ámbito de la toma de decisiones que advierta sobre las peligrosas consecuencias de transformar o cercenar las competencias de estos Organismos, lo cual podría generar la obstaculización de la última valla de la defensa de los ciudadanos usuarios, beneficiando únicamente a las Operadoras de esos servicios, los que pueden hacer uso de importantes estudios Jurídicos y Consultoras a los que las personas de a pie nunca podrán acceder, con los consecuentes resultados, que no escaparan de las responsabilidades que como funcionarios les podría caber.

Sin dudas nunca es correcto, ni bien visto, la adopción de medidas que cercenen el control o la investigación.

PENSEMOS: ¿A QUIÉN LE INTERESA QUE DESAPAREZCAN LOS CONTROLES O QUE NO SE INVESTIGUEN LOS SINIESTROS?

En un País con la extensión del nuestro, el cual por su superficie ocupa el 8vo. lugar en el mundo, no podemos desconocer el esfuerzo que significa controlar la totalidad del parque móvil afectado a los servicios de transporte automotor, tanto de cargas como de pasajeros, el material rodante ferroviario, usuarios particulares que transitan en la vía pública, el tránsito en general, todos ellos desarrollados en miles de kilómetros de rutas y vías en todo el país, fiscalizando centenares de estaciones ferroviarias y la mayor parte de los aeropuertos localizados en diferentes ciudades de la Argentina.

Por tales razones, podemos afirmar que los trabajadores de cada uno de los Organismos de transporte mencionados, no solamente no sobramos, sino que gracias al esfuerzo y profesionalismo con el que llevamos a cabo nuestras tareas, es que estamos orgullosos de los resultados que arrojan los controles, fiscalizaciones, auditorías e investigaciones que resultan, siendo nosotros los trabajadores, los principales gestores para que con la escasez de recursos presupuestarios existente, cada una de las Entidades mencionadas pueda cumplir con los objetivos trazados por esa gestión de gobierno.

Nosotros UPCN, y sus afiliados, sabemos quiénes son a los que les interesa que no se controle y se investigue el transporte.

SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, SIN TRABAJADORES NO HAY ESTADO.

UPCN

LA RESPONSABILIDAD DE SER MAYORÍA

¿Cómo pudimos llegar a esto? Parte 6

 Por Omar Auton

Las OLP y la CGT

   La sigla que precede este párrafo significa simplemente Organizaciones Libres del Pueblo y constituyen el pilar central de la Comunidad Organizada pero también del modelo de democracia social que Perón nos legó construir en su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, como ya ha corrido suficiente tinta explicando que, quizás, aquí reside una de las grandes diferencias del peronismo con otros sistemas surgidos en el siglo XX en Europa, en la medida que el peronismo las piensa no como instrumentos regimentados desde el poder político sino precisamente a la inversa, como absolutamente separadas de él, generadas por el pueblo como forma de organizarse para alcanzar sus objetivos y como apoyo pero también control de las acciones del poder popular, recuperan en este tiempo una centralidad que jamás deberían haber perdido.

   Ese carácter lo reunían las mutuales y cooperativas que en el protoperonismo ya habían surgido, por ejemplo entre los diferentes grupos migrantes, el peronismo no inventa o crea estas formas organizativas, las promueve y protege porque confía que si la masa trasciende a pueblo a través de su organización y adquisición de la conciencia colectiva común, son estas organizaciones una expresión clara, nítida de ello, pero es menester que conserven su independencia del poder porque no son una correa de transmisión, de arriba a abajo, de la voluntad del conductor, sino una fuerza ascendente de las demandas y necesidades populares, de abajo hacia arriba.

   Si hay una que es paradigmática, esa es la organización sindical, durante años habían sido el instrumento de los partidos de izquierda para llevar adelante su lucha política, la tradicional fuerza centrífuga de la izquierda tradicional se trasladó a las organizaciones sindicales anarquistas, socialistas y comunistas, la historia de los primeros cuarenta años del siglo XX son un muestrario de la creación de sindicatos y centrales y su permanente división y subdivisión, la mayor parte de las veces por el traslado a nuestras tierras de las polémicas y enfrentamientos internos de las Internacionales Socialistas y Comunistas europeas.

   La constante de sus documentos y proclamas fue el lenguaje de los militantes europeos, las interpretaciones de la realidad argentina a la luz de las categorías europeas y su anclaje en la clase trabajadora inmigrante de los centros urbanos, el desprecio por lo que llamaban “La Política Criolla”, la subestimación del proletariado rural y de los obrajes madereros o azucareros, el desconocimiento absoluto por nuestra historia, identidad y cultura y el permanente intento de involucrar a los trabajadores argentinos en los conflictos internacionales.

   Si bien ya en la década del 30 había comenzado a tomar fuerza una corriente autodenominada “Sindicalista” que demandaba priorizar las demandas y problemas locales, la realidad que vivían nuestros hombres y mujeres trabajadores, más allá de la filiación política de sus dirigentes, es con la llegada multitudinaria de una inmigración distinta, la interna, la de nuestros compatriotas de las distintas provincias que se volcaban a las ciudades en busca de trabajo, ante la aparición de la industria que crecía aceleradamente debido al corte de la llegada de manufacturas a raíz a las guerras mundiales y la falta de trabajo en el campo especialmente a partir de la crisis de 1930 y más tarde la segunda guerra mundial.

   Perón descubre que hay un nuevo protagonista en la sociedad argentina, que, a la oligarquía tradicional, la clase media surgida a partir de las actividades de servicios de la Argentina incorporada a la economía británica, le aparecía un nuevo sector, tan desconocido que era despreciado y vilipendiado por las clases dominantes, ganadas por la admiración a Gran Bretaña y Francia y la subestimación al criollaje.

   Allí nace una alianza indestructible entre Perón y los trabajadores argentinos, que junto a los sectores nacionalistas e industrialistas de las FF. AA, sectores de la iglesia y una parte, menor, por cierto, del empresariado industrial emergente, dieron nacimiento a un Movimiento de Liberación Nacional llamado Peronismo.

   Una década prodigiosa lo tuvo como protagonista, defendiendo el proceso revolucionario y afirmando su organización definitiva, el sindicato único por actividad, la central única en la Confederación General del Trabajo, la representación política a través del tercio sindical en las cámaras legislativas, el diálogo permanente con Perón no sólo en los actos multitudinarios sino en la asidua concurrencia de Perón a la CGT a dialogar con sus dirigentes, sí a no sorprenderse el General Juan Domingo Perón en persona iba él a la central obrera semanalmente a dialogar con los sindicalistas, luego de su muerte ningún líder peronista mantuvo esta práctica, muchos inclusive, trataron de evitar todo lo posible esos encuentros, a medida que pasaron los años fue cada vez peor.

   El movimiento obrero fue la columna vertebral del peronismo, puso la mayor parte de las víctimas en el salvaje bombardeo de junio de 1955 a la Plaza de Mayo, fue proscripto, perseguido y encarcelado durante la Fusiladora, asesinado en los basurales en Junio de 1956, encarcelado y torturado durante el Plan Conintes de Frondizi, encabezó la Resistencia Peronista, puso los primeros “desaparecidos” como Felipe Vallese, organizó el frustrado retorno de Perón en 1964, detenido por los militares golpistas de Brasil a pedido del “demócrata” Illia, bajo cuyo gobierno ya habían sido asesinados los obreros Mussi, Retamar y Méndez al reprimirse un acto en conmemoración del 17 de octubre, enfrentó a Onganía y unido a los estudiantes universitarios de Corrientes, Rosario, Córdoba y Gral. Roca, lo obligaron a renunciar poniendo fin a sus sueños de gobernar indefinidamente y lograron el histórico regreso de Perón a la patria aquel inolvidable 17 de noviembre de 1972.

El tercer gobierno de Perón, interregno de Isabel y la Dictadura. –

   Hasta aquí, si bien someramente, me he tratado de detener en la demostración que el regreso de Perón a la patria y su tercer gobierno fueron el resultado de 18 años de lucha de la Resistencia Peronista y de ninguna manera de la aparición de los grupos armados que no existían cuando los trabajadores y estudiantes protagonizaron las puebladas que echaron a Onganía, sería demasiado ingenuo suponer que en apenas dos años hayan logrado derrotar a las fuerzas armadas e imponer el regreso del líder, es mas en 1972 la mayor parte de sus militantes y dirigentes estaban presos o habían sido muertos por las fuerzas de seguridad, en especial Montoneros, que se han atribuido este hecho histórico cuando sus principales líderes, Fernando Abal Medina, Carlos Gustavo Ramus, Carlos Capuano Martínez, Emilio Maza, José Sabino Navarro habían sido muertos por la represión, otros estaban presos o fuera del país.

    Si podemos decir que muchos dirigentes sindicales como Augusto T. Vandor (1969) José Alonso (1970) habían sido asesinados por estos grupos que entendían que bastaba la condena de un grupo de iluminados al accionar de un dirigente para asesinarlo en nombre del socialismo (ERP) o del ¡Peronismo! (Montoneros), incluso luego de la victoria electoral del 11 de marzo de 1973, como fue el caso de Dirk Kloosterman en mayo de 1973.

   A fin de seguir desarmando una historia falaz digamos que el llamado “sindicalismo combativo” tampoco estuvo en las luchas del 69, Tosco participó en el Cordobazo, pero su organización y conducción estuvo a cargo de dirigentes peronistas enrolados en la Confederación General del Trabajo como Elpidio Torres (SMATA) y Atilio López (UTA).

Los famosos gremios clasistas de Córdoba Sitrac y Sitram no participaron ya que la Fiat decidió licenciar a su personal de Materfer y Concord el día 29 de mayo, y René Salamanca aún no era dirigente de esas organizaciones.

   Pero volvamos al 73, Cámpora y Solano Lima asumen el gobierno el 25 de mayo de 1973, designados por Perón que estaba proscripto por una cláusula de Lanusse, en Economía asume José Ber Gelbard y de inmediato se implementa el Pacto Social, destinado a bajar la inflación, recuperar el salario y ordenar la economía, todo bajo la conducción de Juan Domingo Perón, los grupos armados seguían actuando más allá de haber asumido un gobierno democrático y elegido por el pueblo, así el ERP atacó el Comando de Sanidad en plena Capital Federal y Montoneros se enfrentó con la seguridad del palco en Ezeiza el 20 de junio frustrando el reencuentro de Perón con su pueblo.

   El 23 de setiembre la fórmula Perón-Perón triunfa en las elecciones convocadas a fin de sanear la acefalía producida por la renuncia de Cámpora, y 24 horas después Montoneros asesina al Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci, asestando un golpe demoledor al regreso al poder de Perón en la patria. Digo demoledor porque Rucci no sólo era el jefe indiscutido del movimiento obrero sino una de las columnas que sostenían el Pacto Social, política central de Perón para sacar al país del marasmo luego de 18 años de gobiernos ilegítimos, era considerado como un hijo por el general.

   Apenas un año después, el 1 de julio de 1974 muere Juan Domingo Perón, en apenas un año había llevado a los trabajadores a percibir el 50% del PBI, logro que solo se había alcanzado en la década 1945-1955, la inflación estaba controlada, el movimiento obrero tenía una numerosa representación parlamentaria y estaba férreamente unido en la CGT.

   Luego de su muerto el gobierno perdió gran parte de su impulso, no obstante se promulgó la Ley 20.744 de Contratos de Trabajo, que aún está vigente más allá de las mutilaciones de la dictadura, que ningún gobierno democrático se atrevió a remediar, Isabel Perón carecía del liderazgo que era necesario, no es un cargo contra ella, ningún dirigente peronista de la época lo hubiera hecho mejor, en 1975 se produjo un duro enfrentamiento a raíz de las medidas económicas dispuestas por el nuevo ministro de economía Celestino Rodrigo, un shock económico de carácter liberal que incluía un tope a las negociaciones colectivas. Por primera vez en la historia la CGT dispuso un paro general contra un gobierno peronista, el 27 de junio se produjo una concentración multitudinaria en Plaza de Mayo, reclamando la renuncia de los ministros de Economía, Rodrigo y de Bienestar Social, José López Rega, así como la homologación de los acuerdos paritarios alcanzados, Isabel rechazó el reclamo y la CGT declaró un paro general por 48 has los días 7 y 8 de Julio, logrando no solamente la homologación reclamada sino la salida de ambos ministros del gobierno.

   En realidad la oligarquía y el poder económico concentrado reunidos en la APEGE estaban lanzados a derribar al gobierno, el movimiento obrero logró la designación de Antonio Cafiero en Economía y de Carlos Ruckauf en Trabajo y comenzó un intento de recuperar la iniciativa, advertidos que el peronismo era capaz de retomar su programa histórico y contaba con el apoyo total de los trabajadores, los militares golpistas que ya habían colocado a Eduardo Massera y Jorge Rafael Videla como jefes de la Armada y del Ejército se dispusieron a acelerar el golpe.

   La CGT y las 62 organizaciones se constituyeron en el único sostén del gobierno de Isabel Perón, los grupos terroristas también aceleraron su accionar atacando cuarteles militares, iniciando un foco de guerrilla rural en Tucumán y asesinando dirigentes como Rogelio Coria, todo ello bajo la consigna “Hay que profundizar las contradicciones”, considerando que la caída del gobierno democrático iba a conducir a un enfrentamiento del pueblo, conducido por su “vanguardia armada” o sea ellos, con las fuerzas armadas y que la segura victoria llevaría a superar al peronismo, que era una expresión burguesa, e implantar el socialismo, de los resultados de este mesianismo terrorista, no voy a hacer comentarios, hay decenas de libros sobre ello, pero sí de las consecuencias que tuvo para el movimiento obrero.

El Movimiento Obrero frente a la última dictadura. –

   Si el golpe del 24 de marzo de 1976 fue la continuidad superadora en crueldad, profundidad y decisión de producir una transformación conservadora definitiva en la Argentina, el movimiento obrero estuvo en la mira prioritaria de estos vendepatrias.

 Ley 21.400 prohibiendo cualquier acción concertada de protesta.

Ley 21.261 suspendiendo el derecho de huelga

Ley 21.356 prohibiendo todo tipo de actividad gremial, asambleas, reuniones, elecciones, hasta se facultaba a los interventores militares en los sindicatos a nombrar a los delegados gremiales.

Ley 21.263 que eliminó el fuero sindical.

Ley 21.259 por la que se reimplantaba la Ley de Residencia.

Ley 22.105 que derogó la Ley 20.615 de Asociaciones Sindicales y eliminaba las entidades de tercer grado, o sea la CGT.

Ley 21.297 que derogó 27 artículos de la Ley de Contratos de Trabajo y modificó otros 99, el principal autor de la ley 20.744, Norberto Centeno fue secuestrado junto a varios abogados laboralistas en la “Noche de las corbatas” entre el 6 y el 8 de julio de 1977.

Decreto 385/77 que dio de baja a todas las afiliaciones a los sindicatos de la República Argentina, obligando a que cada trabajador tuviéramos que ratificar nuestra afiliación ante la oficina de personal en medio de la represión. Fue emitido el 11 de febrero de 1977 y daba plazo hasta el 10 de abril de ese mismo año para ratificar la afiliación. El 11 de abril, 24 hs después de expirado el plazo era secuestrado Oscar Smith, Secretario General de Luz y Fuerza que encabezaba un conflicto en defensa del convenio colectivo. Fue la primera gran derrota de la dictadura ya que culminado el plazo la cantidad de trabajadores sindicalizados no sólo no bajó sino que se incrementó, ya que muchos que no estaban afiliados lo hicieron.

   Es claro que querían borrar del mapa al movimiento obrero peronista, para ello además de liquidar sus conquistas, sus organizaciones y hasta a sus dirigentes (el 70% de los desaparecidos eran trabajadores y muchos de ellos delegados gremiales o dirigentes).

    Sin embargo, la resistencia de los trabajadores organizados comenzó casi de inmediato, el mismo día del golpe los trabajadores de IKA-Renault en Córdoba iniciaron un trabajo a reglamento, en abril fue la planta de General Motors en Barracas y al mes siguiente la Mercedes Benz y la Chrysler de Monte Chingolo, todas ellas por reivindicaciones salariales, la represión de los militares obligó a variar las formas de lucha y reaparecieron los sabotajes, Renault denunciaba caídas en la producción de un 85%, En la planta de Dálmine se denunciaba que el 30% de las chapas salían fisurados, similar situación se daba en General Motors con un 25% de los autos dañados, Peugeot anunciaba sabotajes en los bloques de motor, también vivieron duros conflictos los metalúrgicos, los portuarios y comenzó el conflicto de Luz y Fuerza, a raíz del cual fue secuestrado Oscar Smith

   Muchos gremios habían sido intervenidos y la mayoría de sus dirigentes encarcelados, se produjo una división en las organizaciones no intervenidas y mientras ocho dirigentes (Baldassini de Correos, Valle de seguros, Elorza de Gastronómicos, Horvath de ATE, Hugo Barrionuevo de Fideeros, Perez de Camioneros, entre otros) acompañaba al Ministro de Trabajo, Gral. Liendo, a la OIT, paralelamente se conformaba la Comisión de los 10 con gremios de peso como Luz y Fuerza, (Smith) taxistas (Roberto García), metalúrgicos (Guerrero) y papeleros (Donaires).

   1977 fue el año de conflictos en subterráneos y ferroviarios, en 1978 la revista Mercado habla de 4000 conflictos a lo largo de ese año, 1300 en la primera mitad, destacándose los de portuarios, la empresa Fiat y el frigorífico Swift de Rosario. El año 1979 comenzó con un conflicto en la metalúrgica Ohler, en abril los 3800 obreros de Alpargatas iniciaron un paro por tiempo indeterminado, fueron tomadas las plantas de Cura Hnos., IME y La Cantábrica y un nuevo conflicto en Swift, esta vez de Berisso derivó en una pueblada de los vecinos en apoyo a los huelguistas.

   Pero 1979 fue, además el año del primer paro general contra la dictadura, convocado por la Comisión de los 25 el sector combativo de los dos en que se dividió el sindicalismo, lo convocó para el 27 de abril, integraban la comisión: Saúl Ubaldini (Cerveceros), José Rodríguez (SMATA); Roberto García (Taxistas), Raúl Ravitti (Ferroviarios) Cabrera (Mineros) Moret (Luz y Fuerza) y una gran cantidad de seccionales de la UOM, encabezadas por Alberto Campos, rebeldes a la conducción de Marcos, aliado en la CNT, junto a Triacca y Baldassini y gremios intervenidos.

   De acuerdo a la Policía Federal y pese a haber sido convocado con sus dirigentes encarcelados, 1.500.000 trabajadores adhirieron a la medida.

   Poco tiempo después la Comisión de los 25 se organizó como CGT-Brasil oficializando la ruptura con los gremios colaboracionistas y comenzaron las marchas a la iglesia de San Cayetano bajo la consigna “Pan, Paz y Trabajo”, reuniendo en la primera a más de 30.000 personas pese a la vigencia del Estado de Sitio.

   Mientras tanto seguían los conflictos en metalúrgicos, en 1981 hubo dos paros nacionales de Smata y el 22 de Julio se llevó a cabo el segundo paro nacional contra la dictadura convocado por la CGT Brasil que tuvo un acatamiento superior al de 1979, incluso muchos pequeños comerciantes y empresarios cerraron sus puertas agobiados por la crisis económicas.

   En marzo de 1982 se produjo la histórica marcha convocada, una vez más por la CGT Brasil, esta vez hacia Plaza de Mayo, encabezada por Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, tuvo carácter multitudinario, desatada la represión hubo enfrentamientos en el centro de Buenos Aires durante horas y cientos de detenidos, entre ellos la conducción sindical.

   Es muy importante que se conozca la realidad de la lucha sindical de esos años, mientras  Raúl Alfonsín cenaba habitualmente con Albano Harguindeguy y en ocasión de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en 1979 rehusó concurrir a dialogar, alegando un viaje programado con anterioridad, al igual que su partido la UCR, el único partido político que se presentó formalmente denunciando los atropellos de la dictadura, los asesinatos, desapariciones, presos sin juicio, censura, etc. en un documento firmado por Deolindo Felipe Bittel y Herminio Iglesias como autoridades, fue el Partido Justicialista.

   La dictadura se desbarrancaba, la guerra de Malvinas aceleró los tiempos y ya a fines de 1982 reaparecían algunos viejos políticos y los más viejos aún partidos que habían sido cómplices del golpe del 24 de marzo de 1976 y habían dado asesores, intendentes y funcionarios a la dictadura, pronto los luchadores se transformarían en cómplices y los cómplices se mostrarían como adalides de la democracia, pero esa es otra historia.

El Salón Felipe Vallese de la CGT

Por Julio Fernández Baraibar*

 

Puede haber sido en el año 1967, antes de la creación de la CGT de los Argentinos, que fue en marzo de 1968. Yo tenía veinte años y era un estudiante de derecho de la Universidad Católica Argentina. Ya no recuerdo por qué razón, asistí a una reunión en la CGT, en el salón Felipe Vallese. En ese momento, el movimiento obrero, bajo la dictadura del general de Remonta, Juan Carlos Onganía, sufría profundas escisiones. Los “participacionistas”, los “vandoristas”, las “62 Organizaciones de Pie junto a Perón”, el “Grupo de los 8” eran los principales agrupamientos en que estaban divididas las direcciones sindicales.

Como digo, concurrí no recuerdo a qué reunión en el salón Felipe Vallese. Y es día tuvo para ese pibe de Tandil, que era yo entonces, un efecto que aún golpea mi memoria. Fue la primera vez en mi vida en que presencié que hombres grandes, hechos y derechos, se dirigían a otros hombres diciéndoles, sin tutearse, “compañero”. Realmente, ese descubrimiento tuvo en mí un impacto espiritual, digo por no encontrar otro adjetivo, inolvidable.

Eso pensaba ayer cuando, una vez más, entré al salón Felipe Vallese al cierre del Primer Congreso Nacional “Papa Francisco” de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular. Estaba repleto de hombres y mujeres de lo que se han dado en llamar “movimientos sociales”, las organizaciones sindicales de quienes tienen un impreciso patrón o buscan, día a día, un nuevo patrón que le compre su fuerza de trabajo y le permita llevar algo a la casa, los millones de desocupados, desindicalizados, trabajadores y trabajadoras en negro, cocineras de comederos populares, socios y socias de cooperativas de servicios o de producción que la paulatina desindustrialización del país ha generado, desde 1976 hasta hoy.

Mi amigo, el diputado santafesino Eduardo Toniolli me había invitado y le acepté de inmediato.

Me senté y empecé a mirar a mi alrededor. Tuve la sensación de que conocía esos rostros, que esas pibas ya las había encontrado en otra asamblea, que aquel gordito con una camiseta de Boca había estado alguna vez conmigo en una reunión similar. Sentí, emocionado, que en los últimos 55 años había estado en miles de reuniones como esta, con cánticos similares, con abrazos de compañeros que viven distantes, con reclamos iguales y con la misma pasión militante por hacer del mundo un lugar un poco mejor. Como en una teofanía laica, de pronto tomé conciencia que buena parte de mi vida había transcurrido en asambleas, en congresos, en reuniones a veces pequeñas, a veces multitudinarias, cuyo único tema había sido preguntarse: ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo seguimos? ¿Qué programa nos damos?

Fue en ese estado que tomé esta foto del frente del Salón Felipe Vallese y escribí en las redes: “Siempre es un honor estar en el Salón Felipe Vallese de la CGT”.

Había un canto que primaba sobre todos los otros:

“Unidad de los trabajadores

y al que no le gusta

se jode, se jode”.

Que era inmediatamente seguido por otro, que todos voceaban:

“Unidad de las trabajadoras

y al que no le gusta

que se joda, que se joda”.

La tan llevada y traída cuestión de género en clave obrera se desplegaba en el Salón Felipe Vallese y era aplaudida y refrendada por el conjunto de la asamblea.

Tres o cuatro cosas me quedaron grabadas de la reunión.

Una, el respeto y el amor que el pueblo trabajador profesa por nuestro compatriota, el padre Jorge Bergoglio, el Papa Francisco de la Iglesia Católica. El congreso se realizó bajó su nombre y el acto se inició con un homenaje y el descubrimiento de un retrato de nuestro hombre en Roma. Hoy hay tres rostros en el salón Felipe Vallese: el de Perón, el de Evita y el de Francisco. Todos los oradores lo recordaron, lo citaron y le ofrecieron sus respetos.

Dos, la importantísima presencia de mujeres en las filas de la UTEP, a punto de que de los cinco oradores de la organización, tres eran mujeres. Y sus discursos, llenos de fervor militante, eran la voz de las miles de mujeres que diariamente dan de comer a los niños en las barriadas humildes, cosen en sus talleres cooperativos, cartonean junto a su pareja o a sus hijos, limpian empresas u oficinas con sus cooperativas de servicio. Y que, además, mantienen y organizan su hogar, muchas veces sin presencia masculina, cuidan a sus viejos y se encargan de los problemas del barrio, de los desagües, de las zanjas y, hasta de la seguridad.

Tres, la firmeza de Alejando Gramajo, a quien se lo conoce como El Peluca, y que ayer, el presentador de los oradores aclaró: “El Peluca bueno”. Dio un informe sobre el camino recorrido por la organización y expresó, varias veces, la voluntad de la UTEP de unir sus esfuerzos a los de la CGT, poniendo como eje político, justamente, la unidad de los trabajadores.

Cuatro, el sólido discurso de Octavio Argüello, quien representa a los camioneros en el secretariado de la CGT. Generando un clima de expectación, cerró sus palabras con una cita de Francisco: “El tiempo es superior al espacio”, dijo y agregó: “El tiempo ha llegado”.

Finalmente Héctor Daer cerró la asamblea, comprometiendo a la CGT a acompañar a los jubilados el próximo miércoles, dando todo el apoyo institucional a la jueza de la justicia penal de la Ciudad de Buenos Aires, Karina Andrade y, como broche de oro, con el llamado a un paro general de 24 horas, cuya fecha será puesta por el Consejo Directivo de la CGT el próximo jueves, como ya es de conocimiento público.

Un cerrado aplauso recibió la propuesta. El Himno Nacional y la Marcha Peronista cerraron la reunión.

Me iba del Salón Felipe Vallese sintiendo realmente que era un honor estar en ese lugar y haber estado tantas veces en estas asambleas, reunido con esta gente, mis compatriotas de patria y de ideales.

 

* Escritor, guionista, documentalista y político.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑