UN FUTURO DISTINTO ES POSIBLE

      Omar Auton

                                                                               “La multitud de los solos, carece de

                                                                        tarea común y es un reino de mezquin-

                                                                        dades y ensueños” Alberto Methol Ferré

    Hace muchos años, el autor de esa frase publicó un libro fundamental para el pensamiento rioplatense, “El Uruguay como problema”, donde plantea el drama de la balcanización de Iberoamérica desde la realidad de la banda oriental, en él expresa crudamente “La apatía uruguaya no es solo inercia de buenas costumbres, sino también inconfesable sospecha acerca del destino del país. El futuro del Uruguay ¿es realmente posible? Hay apatía porque no ve salida histórica, se está “a puertas cerradas”. Delante hay un muro. Es el asomo y recelo de que no hay solución puramente uruguaya para el Uruguay” a casi 60 años de aparición del libro podemos decir que muchos argentinos enfrentan similar desazón.

   Voy a ingresar en un terreno que discurre en el límite más extremo entre peligrosas antinomias, escribir desde los sueños, esperanzas y experiencias del autor, sin caer en la soberbia del que quiere “bajar línea”; ser claro y categórico en los asertos y diagnósticos, sin pretender tener la vara de medida de la certeza en lo que vendrá; evitar los sectarismos y descalificaciones, sin caer en la “corrección política” que navega en aguas del oportunismo de “quedar bien con todos”; recuperar la memoria de la historia, evitando el escamoteo de hitos y momentos fundantes de una identidad, sin cerrar la puerta a otras visiones y valoraciones tan sinceras como la de uno; vamos a ver si esas experiencias pueden ser “Presente” y al darnos cuenta que el pasado no desaparece, que convive en el presente y determina, en muchos aspectos el futuro, encontramos nuestra estrella polar en el cielo que nos ayude a navegar hacia el puerto que deseamos.

   Me he referido, quizás hasta obsesivamente, a que nuestra génesis como país estuvo originada en una derrota, en la de la balcanización de la Gran Nación Latinoamericana por obra de “La Vieja Raposa” británica, al decir de León Felipe, Methol Ferré, en la obra antes mencionada, también hace referencia a ello, pero doblemente, ya que Uruguay también nace de un doble aborto, en primer lugar de la ruptura del Virreinato del Río de la Plata, y luego de su secesión de las Provincias Unidas en 1828, de las que era la “Banda Oriental”, a raíz de la traición de Bernardino Rivadavia y la acción de Lord Ponsomby (una y otra vez Inglaterra).

   Esa injerencia inglesa sigue viva hoy con la ocupación Británica de nuestras Islas Malvinas, su avance sobre la Antártida Argentina, la presencia continua de propiedades inglesas en nuestra Patagonia y la influencia cultural en los grandes centros urbanos, aquí vemos como aquel pasado sigue hoy condicionando nuestro destino (¿y el futuro?).

   Hay una larga tradición de estudios históricos sobre el carácter “nacional” de Hispanoamérica, que va desde San Martin y Bolívar, Manuel Ugarte y tantos otros patriotas para cuyo conocimiento me remito a mi libro “Patria o Colonia, debatir, pensar, actuar” (Edic. Ciccus; Buenos Aires; 2025). Perón y Getulio Vargas lo retoman en la primera mitad del siglo XX y a fines de ese mismo siglo el Mercosur, los avances como la Unasur, la Celac y el intento del Banco del Sur a comienzos de este siglo XXI, no son simplemente gestos de nostalgia, expresan la conciencia que en la era de los estados continentales e industriales como EE.UU, China, Rusia e India, incluso la Unión Europea, con todos sus conflictos y contradicciones, son intentos de avanzar hacia integraciones territoriales que no sólo tienen orígenes históricos, raciales, lingüísticos, culturales, similares, sino que sus economías no tienen posibilidades de futuro sin gigantescos mercados, su seguridad peligra sin sistemas de defensa comunes, su identidad se hace difusa ante la penetración cultural de las potencias dominantes y emergentes.

   Por ello pensar en una Argentina con crecimiento, inclusión social, justicia distributiva y soberanía política y territorial requiere pensar en la integración iberoamericana, fue así desde un principio y sigue siendo así, cada vez más.

   Para integrarnos en esa comunidad sudamericana, necesitamos tener un proyecto de país, un modelo de comunidad, que se conozca y se valore, que conozca su historia, su geografía, sus recursos, su sistema de valores, como la solidaridad, la justicia, la dignidad del ser humano por sobre todo, ha habido experiencias, Los caudillos federales lucharon por eso y no los estudiamos en ningún ciclo lectivo con seriedad, sabemos quiénes fueron Nabucodonosor, Cleopatra o Washington pero no Felipe Varela, Ibarra, Quiroga, Bustos o Estanislao López y el más grande de todos José Gervasio de Artigas, la calle más larga de Buenos Aires sigue llevando el nombre del traidor más grande de nuestra historia, Bernardino Rivadavia y la historia que estudiamos es la de un genocida y criminal como Bartolomé Mitre.

   Guste a quién guste Julio Argentino Roca fue el creador del Estado argentino, nacionalizó la Aduana, estatizó la inscripción de nacimientos y fallecimientos (antes en manos de la iglesia), creó el Ejército Nacional, incorporó la visión geopolítica de la Patagonia y la Antártida, sancionó la Ley 1420 de Educación común, gratuita y obligatoria, lo demás lo podemos discutir pero esto es innegable. Yrigoyen democratizó ese Estado a partir del voto universal, herencia de un roquista como Sáenz Peña y Juan Domingo Perón construyó la Argentina moderna con ascenso social, justicia, redistribución de la riqueza y una Constitución nacional que dejó atrás el individualismo de la de 1853 para avanzar en la comunidad basada en los derechos sociales, esa carta magna, la de 1949 nunca fue recuperada pese a que sigue viva en el art. 14 “bis” de la actual (Sí, el que Milei quiere eliminar por decreto).

   He aquí un segundo elemento, que nos viene del pasado, forma parte de nuestra herencia e identidad, sin conocerlo, estudiarlo y darle visibilidad en el presente tampoco habrá futuro.

    Estoy hablando claramente de la necesidad de una gran Reforma Educativa que no sólo debata las “formas” de organizar los ciclos lectivos sino los “CONTENIDOS” de los planes de estudio en los dos primeros ciclos, una reforma que nos debemos desde hace cincuenta años, asimismo es necesaria una nueva ley universitaria, la de 1973 es un antecedente muy valioso, que ponga la educación superior al servicio de las necesidades de la patria y nuestro pueblo en lugar de ser un centro de formación de un “proletariado universitario” al servicio de un modelo económico cada vez más concentrado y excluyente.

   Es necesario recuperar íntegramente nuestra maravillosa diversidad cultural, la de nuestros pueblos originarios, la criolla y la que luego creció con las oleadas inmigratorias, somos un pueblo mestizo, más allá que esto horrorice a nuestras oligarquías y la tilingueria que repta a su alrededor, la “unidad racial” es un invento reaccionario de la Europa devastada en los años 30 del siglo pasado y sus variantes contemporáneas, EE.UU es un pueblo mestizo, donde lo latino crece incluso en su clase política, España es incomprensible sin lo visigodo, lo árabe y lo judío o China tiene miles de años de fusiones y mestizajes de los pueblos nómadas del Asia. Lo criollo es nuestra fuerza e identidad y no una mácula o algo descalificador. Eso sí, nada de embarcarnos en reconocimientos de “naciones originarias”, eso es otro invento de los Británicos para balcanizarnos aún más, país hay uno solo la República Argentina, “Nación” también y es América del Sur.

Empezando por casa.-

   Perón, a su regreso a la patria, nos explicó claramente que el mundo iba hacia una integración y que debíamos empezar por hacerlo en Latinoamerica, pero además insistió que primero había que consolidar un ser nacional, una identidad nacional, porque había dos formas de integrarse, la primera (que luego se llamó “globalización”), consistía en una etapa superior del imperialismo donde las potencias dominantes consolidaran un modelo planetario desde sus intereses, para ello además del dominio económico o el poder militar tenían el manejo de la comunicación a fin de ir diluyendo los distintos modelos de sociedad, las culturas, las “formas de ser” de los pueblos, para ir concentrando el “consumo” cultural, borrando la memoria y la historia nuestra gente, introduciendo sus propios esquemas de valores y creencias.

   El otro camino es el de integración sin hegemonías, sin dominios coloniales, donde los países se fueran incorporando a estructuras mayores pero sin perder sus características civilizacionales, lo que Francisco llamó “La cultura del poliedro” en oposición a “La cultura de la esfera”, una plana, sin rugosidades ni relieves , la otra incorporando y respetando esas diferencias, en un diálogo intercultural sin imposiciones ni dominios.

   Ello demanda construir nuestro Modelo de País, nuestro Proyecto Nacional, y Perón nos lo dejó escrito con el cargo de ir actualizándolo tiene, a mi criterio, tres aspectos centrales.

1)La Comunidad Organizada, el concepto de comunidad como superior al de sociedad, los individuos no se acercan por temor al Leviathan, al “Homo Lupus” o solamente por intereses egoístas, desde que el ser humano apareció sobre la tierra se reunió en clanes, hordas, pueblos, no sólo para subsistir sino para socializar y socializarse. A nosotros el sentimiento comunitario nos llega de España, de los comuneros, también de nuestros pueblos originarios, el Ayllu, que la ultramoderna IA explica como “ Forma tradicional de organización social, económica y territorial…grupo de familias unidas por vínculos de sangre, antepasados comunes y trabajo colectivo sobre un territorio…UNIDAD BÁSICA de los pueblos indígenas antes y después de la conquista”.

   Esa simbiosis recibe el aporte de la inmigración  que se organiza por vecindad y de ahí llega a los llamados “Hospitales de Comunidad” el Alemán, el Italiano, el Español, etc, en el Gran Buenos Aires se conformaron barrios enteros donde todos los vecinos ayudaban a los recién llegados de sus provincias, la otra migración: la interna, a alambrar el lote y luego construir la casa.

   Perón vió ese fenómeno en su andar por las provincias por su vida militar, lo pensó desde la tradición griega en Aristóteles y  de ahí su libro “La Comunidad Organizada”.

2) La Democracia Social, esto es pasar del individuo en la vida política a la participación colectiva, no sólo en la idea demo liberal de un hombre un voto y que  por ende los derechos e intereses individuales se expresan en ese sufragio, sino a reconocer que hay derechos colectivos, sociales (la libertad, la salud, el trabajo, la seguridad) que no pueden resolverse en forma individual y por eso los hombres se unen para obtenerlos para todos, ahí muere el homo lupus, el aspecto solidario supera al aspecto egoísta, ambos coexisten en la naturaleza humana, esas organizaciones libres de la comunidad (agricultores, industriales, comerciantes, sacerdotes, soldados, obreros y empleados) participan en la vida política de dos maneras, como individuos y como parte de un grupo o sector y tiene derecho a votar como individuo pero también a participar y ser escuchado como grupo, su rol no se limita a emitir un sufragio y volver a su vida privada, delegando el ejercicio de la política, sino que continúa participando en el bien común. La democracia formal cede ante la democracia social.

3) Las Organizaciones Libres del Pueblo, los habitantes de un país se constituyen en comunidad, a partir de cuestiones axiológicas, históricas, tradiciones, su Cultura, en una palabra y asimismo conforman grupos o sectores que expresan necesidades, intereses, reclamos, etc, como vimos en ese doble carácter participan de la vida política, pero la Democracia Social y participativa exige que están debidamente organizados, y tengan institucionalmente un lugar en la vida política de la comunidad, ya que este pensamiento se basa en que el Poder emana del pueblo y solo se debe ejercer en aras de las expectativas del pueblo, el gobernante es elegido para ello y no debe apartarse de ese mandato.

   Esto requiere que estas organizaciones participen dentro del poder legislativo o de un espacio similar, dejan de ser grupos de interés o de presión, para convertirse en grupos de representación, en esa tensión entre ciudadano individual y parte de una organización sectorial, el hombre se convierte en el zoon politikon de Aristóteles.

   La Constitución de 1949 es un salto prodigioso hacia el constitucionalismo social, y lo hicimos los argentinos, la teoría egológica del derecho de Cossio cambia el enfoque del Derecho, la norma no es mas que la expresión de la “Conducta viviente” el resultado de la interferencia intersubjetiva a partir de la convivencia, la norma solo describe esa conducta, y nació en Argentina.

   Tenemos un riquísimo bagaje de conocimiento situado, o sea que es la expresión de nuestra convivencia como pueblo, nuestra historia, nuestra mesticidad, pero que contiene elementos de los demás pueblos americanos, no somos ni fuimos nunca una isla, Saavedra nació en Bolivia, Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán y fué Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, Artigas nunca se reconoció uruguayo, él era “oriental”, podríamos seguir enumerando casos así, nuestros comprovincianos del noroeste tienen muchísimo en común con Bolivianos y Peruanos, la cueca es compartida por chilenos y cuyanos y nuestros compatriotas del noreste tienen grandes costumbres compartidas con brasileños del sur y paraguayos, mal que les pese a los oligarcas y tilingos que sienten que nacieron por error en estas tierras.

   Todo lo expresado al comienzo era para llegar a esto, nosotros desconocemos mucho de lo hasta aquí expresado, no se enseña en nuestras escuelas y universidades, no está en los medios de comunicación, es más durante años se nos enseño que el Brasil era nuestro enemigo y nuestras FF.AA, cuya marina aún usa el luto por la muerte del almirante inglés Nelson (en la “corbata” negra alrededor del cuello) tenían como principal hipótesis de conflicto una guerra con Brasil. En 1978 casi vamos a una guerra con Chile por las islas del Beagle y luego le regalamos toda la frontera cordillerana a las empresas mineras inglesas o del ex Commonwealt (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) y de EE.UU.

   Por eso para construir un destino diferente hay que:

1) Reformar la Constitución liberal de 1994 e ir a una carta magna que recupere y actualice los conceptos fundamentales de la de 1949.

2)  Ir a una reforma educativa integral que cambie los contenidos de los diferentes ciclos educativos y que incorporen nuestra verdadera historia, sin escamoteos ni partidismos, nuestra geografía física y económica, nuestra lengua y nuestras expresiones culturales.

3)Pensar un modelo económico a partir de nuestras fortalezas y posibilidades pero que piense, en principio al Mercosur y luego a América del Sur como mercados y escalas de producción, a la felicidad del pueblo como finalidad y la conservación del medio ambiente como condición.

4) Recuperar la diversidad cultural de todo nuestro territorio, para fortalecer una cultura nacional y de ahí irá naciendo una latinoamericana.

5) Una política exterior soberana y no alineada en términos ideológicos, desde el Mercosur, ingresar a los BRICS, retomar nuestra mejor tradición en política exterior que ha subsistido a los cambios de gobierno.

   Claro, esto es hablar desde donde partir, falta el como y el cuando, pero iremos hacia ahí.

Tres imaginarios en disputa: Mitre, Alberdi y Jauretche

La denominada lucha cultural (o “batalla por las ideas”) ocupa hoy un lugar decisivo en toda estrategia política, cualquiera sea el signo ideológico que ésta tenga o el propósito que persiga. Sin haber teorizado todavía demasiado sobre estos temas, lo sabían muy bien los hombres de la denominada “Organización Nacional” (1853 en adelante) y de la subsiguiente “Generación del Ochenta”. Allí se inició una nueva y decisiva etapa de esa “batalla cultural”, la cual llega hasta nosotros. Mario Casalla se refiere a tres momentos significativos de ella: Mitre y su “Galería de Celebridades”, Alberdi y sus “Grandes y Pequeños hombres” y una tercera perspectiva (nacional y popular), Arturo Jauretche.

Por Mario Casalla*

(para La Tecl@ Eñe)

Como es sabido, un proceso auténticamente liberador no es tal si – conjuntamente con lo político y lo económico – no es capaz de consolidar una profunda transformación cultural. Al mismo tiempo, también sabemos que lo opuesto (la dominación) requiere, para triunfar y consolidarse, haber ganado en ese terreno. Más aún, hemos ido aprendiendo con dureza – en tanto latinoamericanos y hombres del Tercer Mundo – que en esta “era de la globalización”, lo cultural adquiere una importancia mucho mayor aún, ya que una nación puede, a veces, ser perfectamente dominada sin necesidad de ocupar físicamente su espacio geográfico, ni cambiarle su moneda, su bandera y sus instituciones básicas. No pocas veces basta con ocupar su “cabeza”, fijarle una agenda y dotarla de permanentes (y atractivos) contenidos. El resto, hasta suelen hacerlo lo propios “hijos del país”. Por lo tanto, el denominado imperialismo cultural, neocolonialismo o dependencia cultural, es tan efectivo que las antiguas formas militares o económicas ya no son las usuales. Por esto es que la denominada lucha cultural (o “batalla por las ideas”) ocupe hoy un lugar decisivo en toda estrategia política, cualquiera sea el signo ideológico que ésta tenga o el propósito que persiga. Es que “el pescado – como recuerda el viejo dicho – se pudre por la cabeza”, metáfora que debería, sin embargo, completarse diciendo que también empieza a “salvarse” desde ella. Por cierto que esta lucha cultural no es sólo “virtual y mediática” (como a veces parece insinuarse), sino que también sigue siendo una lucha territorial y encarnada en la cotidianidad (física y psíquica) de nuestro pueblo. Podrán haber mutado los espacios y formas de vida (sin dudas que las nuevas tecnologías han contribuido fundamentalmente a ello), también las formas de trabajo y de diversión de la gente, pero siguen siendo personas de carne y hueso, con una cotidianidad específica en la cual sí se juega lo fundamental de su identidad cultural y de su proyecto de vida. En ese ámbito inmediato, el sistema educativo y el aparato cultural desempeñan un papel fundamental (además de ser éste mucho más abarcadores que lo aludido bajo los nombres de “escuela” o “medios de comunicación”). Sin haber teorizado todavía demasiado sobre estos temas, lo sabían muy bien, sin embargo, en nuestro país los hombres de la denominada “Organización Nacional” (1853 en adelante) y de la subsiguiente “Generación del Ochenta”. Allí se inició una nueva y decisiva etapa de esa “batalla cultural”, la cual – con las ideas y vueltas del caso – llega hasta nosotros. Permítame referirme a tres momentos significativos de ella, para proseguirla, por cierto.  

  1. Un primer imaginario (porteño): Mitre y su “Galería de Celebridades”

Escribimos sus nombres desde muy chiquitos, con la lengua en la punta entre los dientes. La Señorita los dictaba despacito y a cada uno de ellos les seguía una sentencia – breve y reverencial – que se adosaba con pretensión de eternidad: “el Padre de la Patria”; “el más grande hombre civil”; “el orador de la Constitución”, el “padre del Aula”, etc., etc. Con el paso de los años vendría alguna que otra desilusión (o no), pero lo cierto es que la Nación ya había construido su primer Panteón Nacional y lo colocó en el mejor lugar posible: nuestra (casi virgen) memoria infantil. Por supuesto que – al igual que todas las ilusiones de ese tipo – fueron irremediablemente atacadas por las posteriores desilusiones, pero, ¡cuánto duraron y qué “eficaces” fueron en su momento! Eso que alguna vez se llamó “el granero del mundo”, aquello que la composición “tema la Vaca” expresó como ninguna otra, tuvo también un comienzo escritural: me refiero a la «Galería de Celebridades Argentinas: biografías de los personajes más notables del Río de la Plata». Imaginada por Bartolomé Mitre en 1843 (durante su exilio uruguayo) se editó posteriormente en Buenos Aires (en 1857 y a todo lujo) por la imprenta de Ledoux y Vignal. Fue tan importante que la Galería – publicada como se advertirá cuatro años después del derrocamiento de la “primera Tiranía” (Rosas) – se reeditaría solemnemente en 1957, es decir al cumplirse su centenario, y dos años después del derrocamiento de la “segunda tiranía” (Perón). Esta vez su éxito fue mucho menor (acaso porque ya los chicos estaban creciditos) pero lo cierto es que la labor pionera de don Bartolo es innegable. Fue realmente la primera historia oficial de la Argentina moderna, con todas las implicancias del caso. 

Un índice bien razonado

Por cierto que la labor no fue sólo de Mitre, sino de un puñado de hombres también “célebres”. Mitre escribió allí la biografía de Manuel Belgrano (anticipo de su “Historia de Belgrano”, que publicará al año siguiente). Juan María Gutiérrez escribirá la biografía de Rivadavia; Tomás Guido la del almirante Guillermo Brown; D.F. Sarmiento la biografía de San Martín; Luis Domínguez la de Florencio Varela; Manuel Rafael García la de su padre Manuel García y Pedro Lacasa se encargará de la biografía del general Lavalle. Por supuesto que hay muchas otras más, por eso yo me permito sugerirle, amigo lector, que consulte esa singular “Galería” en alguna biblioteca de su localidad y estoy seguro que no saldrá defraudado. El Prólogo fue escrito también por Juan María Gutiérrez, repatriado ese mismo año de 1857 y más tarde será rector de la UBA. Allí Gutiérrez fija con meridiana claridad el objetivo principal de la Galería y dice – refiriéndose a los biografiados – que “es necesario colocarlos en dignos pedestales, a fin de que la juventud les venere”. Para ello deben limpiarse “las manchas de lodo con que los salpicó el carro revolucionario” y construir un panteón moralizante (cívico y militar) que pueda servir de referencia a las nuevas generaciones cultas. Se trataba – nada más ni nada menos – que de gestar un nuevo mito de los orígenes (esta vez post batalla de Caseros) que presentará de otra manera los viejos ideales de Mayo y reescribirá la Historia como proceso de elites lideradas por Celebridades (notorias y excepcionales) que modelaron la Nación, casi desde la nada, expresando al mismo tiempo a un Pueblo rescatado del Vulgo. Por eso Mitre –en el Prólogo de la “Galería de Celebridades”- coloca a Mariano Moreno como la primera de todas y lo bautiza, “el Miguel Ángel de la Revolución de Mayo”, el cual “como magnífico trozo de mármol, le dio forma y vida, y presentó a los ojos atónitos del pueblo una estatua en la que todos vieron concretadas sus aspiraciones de independencia y libertad”. Tras Moreno vino “una minoría ilustrada” que cultivó sus semillas “luchando siempre contra el torrente de la barbarie”. Y a continuación, “cuando todos creían esas semillas extirpadas bajo las patas de los caballos de los Atilas de la Pampa, han aparecido hombres como Rivadavia que las han vivificado bajo el soplo fecundante de la civilización”. Por supuesto, al final de la Galería está Mitre mismo, gobernando a una Buenos Aires separada de la Confederación Argentina (1853/1860) para preservar así al verdadero pueblo (el porteño) de la nueva vulgaridad federal (Urquiza).

Requisitos para ser un hombre celebre

Por supuesto que para ingresar a ese Panteón no basta con haber protagonizado los sucesos de la Revolución de Mayo, sino que es necesario contar con tres requisitos esenciales: Primero (¡y en todo el sentido del término!), servir o haber servido a la “causa porteña”, es decir formar parte de lo que Mitre llamaba el “Partido de la Libertad” que nacía con Moreno y culminaba en él, en tanto primer servidor de los intereses de Buenos Aires contra el nuevo “atropello federal” (la Constitución Nacional de 1853, que sólo firmará en 1860 y después de imponer las modificaciones porteñas). Así que para ser porteño no basta con haber nacido en Buenos Aires, sino que es necesario serlo “de buena ley” (por ejemplo, el sanjuanino Sarmiento sí lo era y ¡sin ninguna duda!). En consecuencia, provincianos abstenerse de pretender entrar a esta Galería (por las dudas, la expresión “Río de la Plata” figuraba en el subtítulo de la obra). Segunda condición básica para ser una Celebridad: no haber sido rosista confeso, o bien haber hecho apostasía pública de tal debilidad, es decir: no ser federal, de ninguna manera. A los pocos que ingresaron (a pesar de haber tenido alguna relación en el largo período que Rosas gobernó el país) esos antecedentes le fueron convenientemente ocultados o disimulados (el mismísimo general San Martín, por caso, que donó su sable a Rosas por defender la soberanía nacional en Obligado, cosa que su biógrafo obviará olímpicamente). Tercera condición básica: ser hombre culto e ilustrado, lo cual ha de interpretarse literalmente como: no haber sido caudillo, “hombre del vulgo”. Por eso el propio Mitre realizará las tres primeras exclusiones expresas de esa Galería: allí no entraron Saavedra, ni Dorrego, ni el general Güemes (y éste a pesar de haber sido reconocido como héroe de la Independencia, pero, un ¡“héroe gaucho” es poco para Celebridad!). Los tres fueron caudillos (y caudillos populares) razón por la cual – advertirá Mitre – “aunque no merezcan las bendiciones de la posteridad, se presentarán a sus ojos con el resplandor siniestro de aquélla soberbia figura de Milton que pretendía arrastrar en su caída todas las estrellas del firmamento (…) son los representantes de las tendencias dominadoras de la barbarie”. Sarmiento con la publicación de su “Civilización y Barbarie, vida de Juan Facundo Quiroga” (1845), había ya escrito el mejor modelo de una No-Celebridad. La “Galería” ya tenía cara y cruz. Largo fue superar esa fijación infantil y, por lo que veo, no hemos logrado superarla del todo. Acaso Sartre tenía parcialmente razón cuando decía – al final de su autobiografía, “Las Palabras” – “…podemos deshacernos de una neurosis, pero no curarnos de nosotros mismos”. Me parece que lo que sí puede hacerse es cambiar, aventura difícil que puede intentarse hasta el minuto final. Con una sola condición, claro: renunciar de antemano a Galerías de ese tipo y con ese precio.

2.Una primera respuesta (nacional). Alberdi y sus “Grandes y Pequeños hombres”

Si la “Galería de Celebridades Argentinas”, ideada por Bartolomé Mitre en 1857, fue el primer imaginario político porteño, la primera respuesta intelectualmente contundente será la obra “Grandes y pequeños hombres del Plata”, escrita en el exilio por el tucumano Juan Bautista Alberdi. Publicada póstumamente en París (1912), hoy nos es accesible en ediciones locales (impresas y en la web) y vale la pena leerla, por cierto. Al igual que la “Galería” de Mitre, estos retratos alberdianos son imperdibles para conocer los problemas más profundos (y todavía irresueltos) de nuestros deseos de organización como república democrática, federal y representativa. Todavía en varias de las discusiones del presente (como ser: coparticipación federal de impuestos, explotación de recursos naturales, choques institucionales varios entre Nación y provincias, por caso) resuenan los ecos de aquellos viejos problemas irresueltos que -como todo lo irresuelto – afloran cada tanto traumáticamente. Si separamos lo anecdótico de lo fundamental y nos acotamos a lo sucedido en el país durante los últimos treinta años (1983-2013), podríamos decir que el cartero alberdiano tocó tres veces en nuestra puerta y en las tres, o bien nos hicimos los distraídos, o bien volvimos a colocar parches que apenas disimulan las grietas profundas. Una fue durante el gobierno Raúl Alfonsín, cuando se insinuó el debate sobre el traslado de la Capital Federal al interior del país (rápidamente ridiculizado y minimizado); otra en 1994 cuando – por acuerdo de coyuntura entre el gobierno de Menem y el radicalismo – se reformó la Constitución Nacional, con fines tan oportunistas como mezquinos (otra reelección presidencial para Menem, a cambio de migajas y pompas de jabón); la tercera en 1995, cuando se discutió un nuevo estatuto jurídico-institucional para la ciudad de Buenos Aires, lo cual culminó con el engendro de un “ente autónomo”, que no satisfizo a nadie y terminó agregando nuevos problemas a los pendientes desde su federalización en 1880. En fin, que los problemas no se resuelven con hombres célebres – nos recordará Alberdi – sino con grandes políticas nacionales, republicanas y populares. Exactamente a la inversa del pensamiento y la acción de Mitre y del siempre vivo Partido Porteño.

De la Geografía a la Política

Cuando Alberdi discute públicamente con Sarmiento (a raíz del sentido de los términos Unitario y Federal) le señala: “No se confunda, no son dos partidos son dos países”. Y esto es clave: no se trataba de geografía, sino de política. El problema no era Buenos Aires como territorio físico, sino la comprensión “porteña” (es decir Unitaria) del país que tenían sus gobernantes y su clase dirigente. En este sentido, Sarmiento era tanto o más porteño que Mitre, a pesar de haber nacido y gobernado la provincia de San Juan; así como no se es Federal por el simple hecho de haber nacido y vivido en una provincia. Se trata de mentalidades y no de personajes. Ahí está el caso de Urquiza: sucesor indiscutido de esa causa federal, se vuelve (por interés) tan unitario como los porteños. Así el Supremo Entrerriano -termina lleno de plata, pero sin gloria alguna – tomando mate en su fabuloso Palacio San José. Es que se había vuelto – siguiendo la figura alberdiana – un “pequeño hombre” al cual retratará implacablemente en pocas líneas: “¿Para qué ha dado Urquiza tres batallas?: Caseros para ganar la presidencia, Cepeda para ganar una fortuna y Pavón para asegurarla”, parábola que por cierto seguiría haciendo escuela en la historia argentina. Es que – detrás de unitarios o federales – hay en realidad dos concepciones diferentes de la unidad nacional: o en torno de Buenos Aires y sus intereses; o con Buenos Aires dentro de un país integrado por todos y en razonable igualdad. De aquí también sus diferencias con Mitre al evaluar la Revolución de Mayo, para Alberdi ésta “fue unitaria en este sentido porteño o local: como revolución para todas las provincias, pero hecha por una, en su beneficio y sin la asistencia de todas… De ahí la actitud de las provincias, de doble resistencia y hostilidad contra España y contra Buenos Aires”. Es que no se trataba de cambiar de yugo, sino de terminar con la explotación. Cosa muy distinta, por cierto.

De la Política a la Economía

De la misma manera se posiciona Alberdi frente a la dicotomía sarmientina Civilización o Barbarie, correlato cultural de la dupla (política) Unitario o Federal. Para el tucumano esa dicotomía no tiene nada que ver con la cuestión geográfica del Campo o la Ciudad (como pretendía el sanjuanino), ni tampoco con la mayor o menor ilustración o academia de los gobernantes, sino con el proyecto de país que anime a estos. Y aquí aparece el costado económico del abogado redactor de las “Bases”: se trata, o bien de construir una Argentina capitalista y moderna, capaz de acoplarse al desarrollo mundial en curso (que entonces Europa lideraba), sacando de ello el mayor provecho para el bienestar de su población; o bien de continuar – como lo había hecho el partido porteño – con una Argentina pastoril y colonial, centrada en el puerto de Buenos Aires y sus intereses, poniendo al resto del país a su servicio. En este caso, lejos de haberse hecho en Mayo una auténtica revolución, simplemente habríamos cambiado un coloniaje externo por uno interno: “Las formas externas se han modificado, los hechos reales han empeorado… Buenos Aires quiere más: un solo pueblo, el suyo, servido por el tesoro y por el gaje del tesoro de todos los pueblos… ha hecho admitir esa unidad a las provincia disfrazándola de federación… La federación argentina es una especie de alcancía en que todas las provincias guardan sus rentas, pero cuya llave está en manos de Buenos Aires y cuyo tesoro sólo sirve al que tiene la llave”. Alberdi era por entonces lo que hoy llamaríamos – económicamente hablando – un “desarrollista” modernizador, y por eso mismo lo que pone del otro lado es el feudalismo atrasado y neocolonial, que para él simbolizan los que llamará “caudillos de frac”, cuyos prototipos no son otros que Rivadavia, Sarmiento y Mitre. Invirtiendo aquellas posiciones, dirá entonces: “Las campañas rurales representan lo que Sudamérica tiene de más serio para Europa… Si sospechara Sarmiento que toda la naturaleza del poder político reside en el poder de las finanzas, no perdería su tiempo y sus frases en las tontas y ridículas teorías de civilización y barbarie”. Pero, claro, para Sarmiento “el mal que aqueja a la república argentina es su extensión” y para Mitre el Partido de las Luces y los Principios no era otro que el de una Buenos Aires (cerrada y chiquita, porteña en suma) acosada por un “desierto interior”. La realidad duraría más o menos cincuenta años, pero el viejo e ilustrado Partido Porteño no pierde las esperanzas: siempre hay un “pequeño hombre” dispuesto a servir su causa, en algún remoto rincón del país. A veces, hasta es mucho mejor (y más presentable) que no haya nacido en Corrientes y Esmeralda, que hable con tonada y hasta – si fuera posible – use poncho. ¡Don Bartolo y sus muchachos los esperan aquí con los brazos abiertos! Y algo más, claro.     

3. Una tercera perspectiva (nacional y popular): Arturo Jauretche

Publicado en 1968, y reeditado ampliamente hasta nuestros días, este Manual de Jauretche bien puede colocarse como continuidad (y a la vez respuesta crítica) tanto de la Galería de Celebridades de Mitre (1857), como de los Grandes y Pequeños hombres del Plata de J. B. Alberdi (publicado póstumamente en 1912). De Mitre y Sarmiento critica Jauretche casi todo y de manera muy similar a como ya lo había hecho Alberdi en su época, pero también le critica a este último su europeísmo a ultranza y la idea – consecuente con eso – de que Europa era el modelo a imitar, tanto en lo político como en lo económico (sobre todo en su versión inglesa y norteamericana). Está claro que para Alberdi “Europa era el taller” y América su gran proveedora de material primas, de ella luego recibiría (reelaboradas) los productos que necesita para vivir (la célebre “fórmula de Cobden”), por lo tanto, no era necesario ni sensato desconocer ese designio natural (para Adam Smith y para Alberdi no existía todavía el “deterioro de los términos de intercambio”); así como – en lo político – el federalismo norteamericano era el modelo a trasplantar en Argentina. Por cierto, que esto – en su época – era “progresista” respecto del feudalismo conservador que Alberdi advertía en el programa mitrista y sarmientino, pero ya no lo era a mediados del siglo XX cuando Jauretche redactó el Manual. Por eso su Zoncera N° 11 (“Gobernar es Poblar”) es una crítica de Alberdi, al mismo tiempo que lo reconoce como “el único pensador auténtico del siglo XIX”.

Tres novedades del Siglo XX

Jauretche escribe su obra después de dos experiencias políticas argentinas que presenció y protagonizó sucesivamente: el Radicalismo yrigoyenista y el posterior Peronismo; más aún –como radical forjista – hizo de puente entre una y otra. O sea que vio encarnarse tres cosas que el Partido Porteño nunca quiso y que el romanticismo alberdiano apenas atisbó al final de sus días: 1) la democracia de grandes masas, transformando así la política de elites y de un puñado de partidos, en una creciente experiencia popular; 2) la industrialización del país, quebrando en los hechos (y por necesidad) la fórmula de Cobden y la Escuela de Manchester (materias primas por productos elaborados afuera) y 3) la posibilidad de una política exterior no alineada con las grandes potencias e integrada en una Patria Grande. Esto es lo que básicamente traen de nuevo el Radicalismo y el Peronismo a la vida política y económica del país (entre 1916 y 1955) y esos cincuenta años de gobiernos sucesivos – con sus más y con sus menos – son los que fundan la Argentina Moderna, que no casualmente cierra su ciclo a comienzos de este siglo XXI, con la crisis profunda de esas dos grandes experiencias nacionales. Lo que sigue son vientos del presente y nuevas voluntades (y oposiciones) en marcha, donde lo nacional vuelve trabajosamente a intentar un camino. El Manual de Jauretche se inscribe, entonces, en esas tres realidades de la Argentina Moderna y no ya en el horizonte de Mitre o Alberdi, propios del siglo XIX. Un horizonte de democratización de la vida política, de industrialización del país y de voluntades soberanas en el terreno internacional.

Aparece el medio pelo

En tanto ha emergido en Argentina un nuevo sector social, al cual –nmuy gráficamenten- Jauretche denomina “el medio pelo” y le dedicará un libro con ese nombre y subtitulado “Apuntes para una sociología nacional” (auténtico best seller del año 1966 y subsiguientes). Este sector social emergerá como superación del viejo proletariado que se incorpora al voto con Yrigoyen y al consumo digno con Perón. A mitad de camino entre el proletariado y la clase alta, constituye un híbrido que va creciendo (sobre todo en Buenos Aires y los grandes centros urbanos) y que terminará por dar la impronta del país y de diferenciarlo respecto de otras experiencias sociales latinoamericanas. Ya es un lugar común decir que Argentina es un país de clase media, pero no lo era antes de 1950. En realidad, este “medio pelo” ocupa un lugar equívoco en la estructura social, ambigüedad que Jauretche precisa diciendo: “intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior…situación que por obvias razones no se da en la clase alta porteña que es el objeto de la imitación, ni tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media”. O sea, no es propiamente una “clase” (en el sentido social del término) sino un sector social en la transición de la sociedad tradicional a la moderna. Quizás sea la Zoncera N° 13 la que pinte mejor este sector del “medio pelo”, ésta simplemente dice: “Este país de m…”. Sobre lo cual Jauretche advierte: “Al tilingo la m…no se le cae de la boca ante la menor dificultad o desagrado que le causa el país como es, porque es fruto de una educación en cuya base está la autodenigración como zoncera sistematizada”. O sea que el “zonzo no nace, sino que se hace”, y la fábrica más efectiva hay que buscarla en cierto tipo de escuela. Y allí la frase de un Hombre Célebre ha hecho estragos en la conciencia del medio pelo: “Civilización o Barbarie”. Acunado entre la Galería de Mitre y el Billiken o Anteojito, poco a poco el niñito argentino se fue volviendo un zonzo.

La colonización pedagógica

Diez años antes Jauretche había publicado otro de sus best seller, Los Profetas del Odio (1957), el cual se reedita en la década siguiente con el mismo título, pero con un agregado (la “yapa”) denominado La Colonización Pedagógica (1967). Este título, junto con el Manual y El Medio Pelo (todos de los años 60 del siglo pasado), conforman el núcleo duro del pensamiento jauretcheano y su mejor aporte para la consolidación de una conciencia nacional. Los tres conservan la más estricta actualidad y ahora que los releo advierto que en mi ejemplar del Manual, ¡está el sello de la vieja “Librería Salta”! Por lo cual me permito además recordarles que Jauretche estuvo a mediados de esa década de los 60 disertando allí – invitado por el Club Universitario de la calle Mitre, próximo a la Legislatura – a la sazón impulsado por un grupo de jóvenes salteños que ya luchaban contra la dictadura de turno (el onganiato, entonces). Aquella escuela sarmientina (idealizada luego como prototipo), si bien es cierto que alfabetizó al país rápidamente y le dio una impronta singular a su población, lo hizo a un costo cultural que con el tiempo se haría sentir: su colonización pedagógica, o sea la ejecución práctica de aquélla dialéctica civilización/barbarie, que colocaba lo propio como bárbaro y lo extranjero como civilizado. La Galería de Mitre le proveyó los Hombres Célebres, así como – a pesar de él – el europeísmo alberdiano la condenaba al desarraigo. Contra esto reacciona el Manual jauretcheano y lo hace de una manera original: no es una anti-galería (remplazando unos próceres por otros), ni tampoco una reacción anti republicana o antidemocrática, sino que se trata del desnudamiento de un mecanismo específico de dominación cultural, madre nutriente de toda dominación política. Jauretche, en su campechanismo muy bien estudiado, bautizó esta tarea como la de “avivar zonzos” (empezando por las zonceras que lo alimentaban). Por aquellos mismos años, en Francia, Michel Foucault trabajaba en los mecanismos sutiles del poder y – en el más cercano Brasil – Paulo Freire daba forma a su pedagogía de la liberación. Tres nombres y metodologías diferentes para un mismo objetivo: la liberación personal y social, aquí o allá. O sea que la famosa “viveza criolla” era el primer mito a desmontar: ¡la Argentina no era un país de vivos, sino de zonzos! Para ello, amigo lector, el Manual jauretcheano sigue siendo un recurso muy recomendable.

Viernes, 24 de abril de 2026.

*Mario Casalla, es filósofo y periodista. Preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (ASOFIL)    

La visita de Thiel y los algoritmos de la muerte del Silicon Valley

Por Alfredo Moreno

Los gigantes tecnológicos no son innovadores neutrales. Son el arsenal reluciente y ensangrentado del imperio norteamericano. La compañía Palantir Technologies se destaca entre ellos.

En las calles devastadas de Gaza, donde más de 72.000 palestinos han sido masacrados desde octubre de 2023, en las universidades iraníes bombardeadas por drones, los algoritmos de IA (inteligencia artificial) comandan las acciones de la muerte.

Procesan datos robados para generar listas de objetivos, seleccionan hogares civiles para su aniquilación y guían drones hacia reuniones familiares. La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, ha señalado directamente a Palantir como cómplice de lo que ella denomina un “crimen colectivo” de genocidio.

El director ejecutivo Alex Karp, promueve un sistema de guiado de misiles y alardea abiertamente de la “alianza estratégica” de Palantir con el Ministerio de Defensa de Israel y EE. UU. y del orgullo que siente al respaldar la ocupación “en todo lo que podamos”. Este es su modelo de negocio. La automatización del genocidio no se corresponde con el progreso de la humanidad.

Algoritmos de inteligencia artificial (IA) como Lavender, Gospel, Where’s Daddy se han convertido en las armas de mayor confianza del ejército israelí en esta guerra potenciada por la ciencia de datos.

El retorno de Trump al gobierno de EE. UU. dio un fuerte respaldo a la participación de corporaciones de base tecnológica y algorítmica en el área militar. En la primera Cumbre DefenseTech realizada en Israel, líderes corporativos del Silicon Valley, fondos de capital de riesgo y funcionarios del ejército israelí promocionaron abiertamente su asociación en la guerra controlada por inteligencia artificial.

El 10 de diciembre de 2025, funcionarios militares israelíes, fabricantes de armas y capitalistas de riesgo estadounidenses se reunieron en la Universidad de Tel Aviv para la primera Cumbre DefenseTech de la historia. El evento se desarrolló en paneles sobre «El futuro del conflicto global», «Desafíos de las espadas de hierro» (el nombre que el ejército israelí da a la guerra en Gaza) y «Explorando la innovación en la tecnología de drones».

Representantes de las corporaciones Palantir, Sequoia Capital y Elbit, que anidan en el Silicon Valley, compartieron el escenario con el director general del Ministerio de Defensa de Israel y el jefe de Lotem, la unidad el ejército dedicado a los macrodatos y la inteligencia artificial. Ingenieros de Google Cloud y soldados uniformados de Mafat, el ala de investigación y desarrollo del ejército israelí completaron el encuentro de emprendedores tecnológicos, representantes militares e inversores estadounidenses deseosos de establecer contactos para impulsar el mercado militar tecnológico.

El encuentro Cumbre DefenseTech tenía como objetivo mostrar las tecnologías y estrategias de vanguardia de Israel para abordar la seguridad global, pero el evento mostro el comienzo de una nueva etapa de tecno militarización inaugurada por la reelección de Donald Trump. Las alianzas entre el ejército israelí, los capitalistas de riesgo y los jefes corporativos estadounidenses se intensifiquen bajo la nueva administración del gobierno de EE. UU.

Palantir nunca fue una empresa íntegra. Nacida con financiación inicial de la CIA a través de In-Q-Tel, fue concebida como un arma para la “guerra contra el terror”. Desde entonces, se ha convertido en la columna vertebral indispensable tanto del imperialismo estadounidense como del apartheid israelí.

Su plataforma de software devora ingentes cantidades de datos como metadatos telefónicos, rastros en redes sociales, grabaciones de cámaras de seguridad, imágenes de drones y genera objetivos.

En Gaza, ha impulsado la transición de la selección de objetivos convencional a la matanza industrial mediante IA, donde la revisión humana es inexistente y la muerte de niños se considera un costo aceptable.

El mismo sistema es utilizado por la estructura militar y de defensa estadounidense en todo el mundo, desde Venezuela hasta Irán; proporcionando vigilancia y análisis de datos a los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Actualmente la plataforma tecnológica de Palantir opera en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, coordinando enjambres de drones, bombardeos de misiles y decisiones en tiempo real en el campo de batalla.

Palantir es el nexo entre los beneficios trimestrales de Silicon Valley y el número de víctimas del imperio.

La red se extiende mucho más allá. El contrato de Google y Amazon para el Proyecto Nimbus, valorado en 1200 millones de dólares, proporciona al ejército israelí infraestructura en la nube y herramientas de IA. Microsoft, NSO Group con su software espía Pegasus y Cellebrite completan el círculo. Estas empresas se han integrado tan profundamente en la economía de ocupación que las vidas palestinas se han convertido en datos brutos para la persecución y la limpieza étnica.

La fiscalía italiana confirmó en marzo de 2026 que se utilizó software espía israelí contra activistas y periodistas italianos en 2024, mientras que la ciberseguridad de la Unión Europea se subcontrata cada vez más a empresas israelíes, convirtiendo a Europa en un estado apéndice de vigilancia.

Este es el complejo tecnológico-militar sionista en acción: una fusión perfecta de la innovación de Silicon Valley, las empresas emergentes tecnológicas sionistas y la violencia colonial israelí, subvencionada por los contribuyentes estadounidenses y protegida por los gobiernos occidentales.

La maquinaria de destrucción de Silicon Valley no es inevitable. Es una elección, una que puede y debe romperse. La sangre de Gaza está en su código. El futuro exige que eliminemos esta pesadilla línea por línea, servidor por servidor, dólar por dólar, hasta que el corazón digital del imperio deje de latir y el pueblo palestino pueda respirar de nuevo.

El CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) anuncio el martes 31 de marzo que «A partir de ahora, las principales organizaciones que participen en operaciones terroristas serán nuestros objetivos legítimos»

El órgano militar iraní acusó a compañías de inteligencia artificial y de la tecnología de la información del país estadounidense de ser parte del «elemento principal en la planificación y el seguimiento de los objetivos de los asesinatos» de iraníes.

Las compañías catalogadas como “objetivos legítimos” muestra claramente que la guerra está basada en dato y algoritmos que necesitan de equipamiento (hardware) tanto fijo como móvil para su operción y desplazamiento. La lista está conformada por:  Cisco Systems, Hewlett-Packard (HP), Intel, Oracle, 5. Microsoft, Apple, Google, Meta, IBM, Dell, Palantir, Nvidia, JP Morgan, Tesla, General Electric, Spire Solutions, G42 y Boeing.

Soberanía: “a sus plantas rendido un León”

Thiel se reunió con Javier Milei en noviembre de 2024, en el primer viaje que realizó al Silicon Valley, y elogió el rumbo de su gobierno alineado en el camino de Trump. Ahora la Casa Rosada le abrirá sus puertas para reunir, sistematizar y aprovechar toda la información disponible sobre la ciudadanía en diversos organismos del Estado.

El fundamento para esta cesión de soberanía a manos del gobierno de Milei, sería la de perseguir el terrorismo, uno de los objetivos contemplados en el decreto que empodera a la SIDE transgrediendo límites elementales de la Constitución nacional y que fue publicado el 2 de enero pasado.

En el artículo 15 de ese texto, se dispone la creación de la Comunidad Informativa Nacional (CIN), que concentra los datos guardados por las dependencias de la propia SIDE, la Cancillería, los ministerios de Justicia y Seguridad, el Renaper, la Dirección Nacional de Migraciones, el Centro Nacional de Ciberseguridad, la CONAE, la Autoridad Regulatoria Nuclear, la CNEA, el Renar, la Aduana y ARCA, entre otros.

Los acuerdos que firmaron Milei y el ministro de Defensa, Carlos Presti, para adherir al Escudo de las Américas promovido por Donald Trump son la iniciativa para habilitar el ingreso de Palantir al país, con la posible afectación de derechos civiles que implica.

Los antecedentes muestran que Patricia Bullrich en so rol de ministra de seguridad había trabajado un contrato millonario con Palantir, la compañía que utilizó el ICE para sus redadas anti inmigrantes de Minneapolis. La idea era utilizarla en la Agencia de Seguridad Migratoria. Esta iniciativa choque con los intereses de Karina Milei por el manejo millonario del negocio, que decidió no crear la Agencia de Seguridad Migratoria.

El uso de inteligencia artificial para el patrullaje de redes sociales y análisis de delitos conlleva el riesgo de reproducir sesgos y discriminación que podrían criminalizar injustamente a sectores específicos de la población, en particular opositores, como lo muestra la amplia evidencia internacional donde actúa Palantir.

La cercanía de Milei con el cofundador de Palantir, Peter Thiel, es un alineamiento ideológico y político; la entrega de infraestructura crítica de seguridad a intereses corporativos y geopolíticos extranjeros vinculados a agencias de EE.UU. como el ICE y la CIA, deja a la Argentina sin soberanía nacional.

El ajuste de Milei a la población argentina es solamente comparable con las atrocidades humanas conocidas. En el sistema científico tecnológico argentino (SCT) produjo un cientificidio sin precedentes.

Para el modelo de país que está configurando, no necesita un SCT que genere conocimiento e innovación para los intereses de la nación.

Hablar de innovación tecnológica en la argentina de Milei es hablar de negocios financieros tecnológicos comandados desde el gabinete de Trump. Es ponerse anteojos de realidad virtual para ver una sociedad donde “baja la pobreza” y “la economía se distribuye y argentina va camino a convertirse en una potencia”.

Las políticas de privatización y vaciamiento en Ciencia y Tecnología, en la Educación, en Universidades Públicas, en Hospitales Públicos, en empresas como Invap, Arsat y Aerolíneas Argentina, entre otras, distancia a la Argentina de integrar la tabla de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) por patentes de innovación en tecnología.

El despliegue de la agenda ultra derechista global a la que asistimos, es una forma de valorar los triunfadores del Silicon Valley y un ataque masivo a los recursos de la inteligencia y la sensibilidad colectivas. Esa agenda comienza cuando se acepta el lenguaje de los avatares, caricaturas digitales a los que nos tiene acostumbrado Milei; con las que este movimiento apunta a liquidar el pensamiento y el lenguaje de la crítica en la búsqueda de alternativas humanas. 

En este camino, transcribo Fragmento de la presentación del presidente Luis Ignacio “Lula” Da Silva en la cumbre sobre el impacto de la Inteligencia Artificial, Nueva Delhi 2026.

“Aquí, en Delhi, el mundo digital regresa a su tierra natal.

Fueron los matemáticos indios quienes, hace más de dos mil años, nos legaron el sistema binario en el que se basa la informática moderna.

Volvemos para debatir uno de los mayores dilemas de la actualidad.

Nuestras sociedades se encuentran en una encrucijada.

La Cuarta Revolución Industrial avanza rápidamente, mientras que el multilateralismo retrocede peligrosamente. En este contexto, la gobernanza global de la inteligencia artificial adquiere un papel estratégico. Toda innovación tecnológica de gran impacto tiene un carácter dual y nos enfrenta a cuestiones éticas y políticas.

La aviación, el uso del átomo, la ingeniería genética y la carrera espacial son ejemplos de este fenómeno. Pueden multiplicar el bienestar colectivo o ensombrecer el destino de la humanidad.

La revolución digital y la inteligencia artificial elevan estos desafíos a niveles sin precedentes. Tienen un impacto positivo en la productividad industrial, los servicios públicos, la medicina, la seguridad alimentaria y energética, y en la forma en que nos relacionamos unos con otros.

Sin embargo, también pueden fomentar prácticas extremadamente perjudiciales, como el uso de armas autónomas, el discurso de odio, la desinformación, la pornografía infantil, el feminicidio, la violencia contra las mujeres y las niñas, y la precariedad laboral.

Los contenidos falsos manipulados por la inteligencia artificial distorsionan los procesos electorales y ponen en peligro la democracia.

Los algoritmos no son solo aplicaciones de códigos matemáticos que sustentan el mundo digital. Forman parte de una compleja estructura de poder. Si no se adoptan medidas colectivas, la inteligencia artificial agravará las desigualdades históricas.

Las capacidades computacionales, la infraestructura y el capital siguen estando excesivamente concentrados en unos pocos países y empresas.

Los datos generados por nuestros ciudadanos, empresas y organismos públicos están siendo apropiados por unos pocos conglomerados, sin que se genere un valor ni unos ingresos equivalentes en nuestros territorios.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, dos mil seiscientos millones de personas están desconectadas del universo digital.

Las estimaciones indican que en 2030 todavía habrá seiscientos sesenta millones de personas sin electricidad.

Cuando son unos pocos los que controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no se trata de innovación, sino de dominación”.

Francisco: Pedagogía para la reconstrucción nacional

Por Gustavo Matías Terzaga*

“Saben que el deber del cónclave es darle un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo casi al fin del mundo”, dijo, con la humildad de los grandes, el primer papa jesuita, latinoamericano y argentino de la historia, Francisco, aquella noche romana de 2013.

La muerte del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica en las Pascuas de abril de 2025 ha apagado una de las últimas voces morales con autoridad real en este mundo en ruinas. Su partida nos deja una sensación de orfandad, de desamparo histórico, pero también, desde esta ausencia, en el caso de Francisco, morir es apenas su segunda realidad; la primera es la permanencia viva de su inspiración que trasciende el tiempo y seguirá obrando en la conciencia de los humildes.

En la historia de los pueblos existen figuras que desbordan el lugar institucional que lograron ocupar. Jorge Mario Bergoglio, nacido en el barrio de Flores, fue sin duda uno de esos hombres. Y como líder espiritual supo convocar, conducir y salvar almas, interpretar el dolor de los humildes con entrega y misericordia, abrir las puertas de la iglesia para que ingresen todos, ofrecer orientación moral en tiempos de extravío, y encarnar, con su palabra y su gesto austero, una esperanza que apunta a la dignidad integral de la persona humana y su comunidad. Francisco dedicó su pontificado a renovar con fuerza el sentido profundo de la misión pastoral de la Iglesia, impulsando una salida hacia las periferias existenciales del mundo contemporáneo. Lo hizo abriendo caminos nuevos y abrazando una pedagogía de paz activa que reclamó construirla con «cero violencia y cien por ciento de ternura«. Su mensaje, sin embargo, trascendió largamente los márgenes eclesiásticos: convirtió la misericordia, la caridad, el servicio y el amor al prójimo en fundamentos concretos de una praxis social y política muy inspiradora.

En Argentina, lamentablemente, haber reducido a Francisco a una identidad política, como la de “peronista” -dejando el orgullo a un costado- ha constituido no solo un reduccionismo analítico, sino también una inversión conceptual. Si algo puede decirse con mayor precisión es que el peronismo -en su matriz más originaria- fue una expresión temporal y política de valores profundamente arraigados en la doctrina social de la Iglesia Católica, de la cual Francisco fue su representante universal, por eso dialoga tan nítidamente con los principios del justicialismo. Más allá de que lo fuera, haber caratulado al Papa como peronista lo atrapó en las categorías menores de la inmadurez política argentina, tan cargada de odio y miserabilidad. Esta operación, tal vez, haya sido una de las causas más vinculadas a su ausencia física en la Argentina durante su papado. En una sociedad donde la fractura ha devenido en identidad de los extremos, su visita corría el riesgo de ser absorbida por la lógica de la grieta, profundizando la confrontación en lugar de sanar y unir. Estamos levantando muros, en vez de construir puentes. Respecto a la ausencia de mesura, esa es una reflexión y un aprendizaje que nos debemos los argentinos, a la vez que Francisco prefirió ser señalado a proferir un posible daño viniendo a la Argentina.

Es dable señalar también que la partidocracia inepta y ensimismada -tanto de derechas como de izquierdas- comprendió rápidamente la hondura de la figura de Francisco. Y justamente por eso, por un odio gorila enquistado o por un prejuicio anticlerical superficial, prefirió resistirla o negarla. No se trató de un malentendido, sino de una negativa consciente a interpretar su mensaje, porque hacerlo hubiese implicado revisar privilegios, desandar dogmatismos y asumir responsabilidades históricas que ni unos ni otros estuvieron dispuestos a enfrentar.

Una disgregación antes de continuar. Aquí no hablaremos de Francisco desde la teología ni desde la espiritualidad en su sentido más doctrinal. Nuestra formación y nuestra tradición nos ubican en otra trinchera: la de quienes leen la historia con vocación política. Desde esta concepción, lo reconocemos como un referente ético, cultural y político de dimensión histórica, cuya palabra y cuya acción abren senderos para repensar, con profundidad y coraje, la reconstrucción nacional y continental. Y lo decimos con respeto, pero sin ambigüedad, Francisco legó a los pueblos de la periferia una pedagogía de liberación y una inspiración realista para refundar la política como instrumento al servicio de la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria.

Francisco no fue el Papa de los poderosos sino de los pueblos, pisó alfombras rojas, si, pero con la suela gastada de sus zapatos negros de caminante. Su voz no emergió desde los salones del poder global, vino desde los márgenes donde late la vida real de millones de excluidos. Encarnó una multilateralidad auténtica, no la de las cumbres diplomáticas, sino la que viene de regiones pobres, las de los trabajadores explotados, las villas, los sin techo, los migrantes rechazados, los presos, las mujeres invisibilizadas, los “descartables”, las minorías sin derechos, prostitutas, los vulnerados, los últimos y los sometidos. En este sentido, su legado es clave para la unidad de los pueblos de América Latina; un continente herido por la desigualdad producto de la presión balcanizadora ultramarina, pero unido por una historia de lucha independentista, por su religiosidad popular, su lengua y su dignidad. Somos el pueblo mestizo y originario, una síntesis cultural potente, la raza cósmica del sur, de José Vasconcelos.

Desde hace décadas, Francisco formula principios cuya potencia desborda lo religioso y lo personal, y penetra en el corazón mismo de la praxis política, por caso: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es superior a la idea, el todo es superior a la parte. En su aparente simpleza, estos principios contienen un universo conceptual que se sintetiza en una pedagogía que interpela a nuestro movimiento en lo sucesivo, pero también, al motivo que explica nuestras derrotas.

  1. El tiempo es superior al espacio.

Este principio es una condena al inmediatismo político contemporáneo, a esa enfermedad terminal de las dirigencias que han sustituido los procesos por la coyuntura, la paciencia de la siembra por el cálculo, la conciencia nacional por el pragmatismo obsceno, y la construcción estratégica por el resultado, el cargo y la mera permanencia.

Francisco, con su visión de hombre formado en el barro y en la paciencia de la oración, nos recuerda que los cambios verdaderos se gestan como procesos colectivos, se encarnan en la lucha, maduran en el tiempo largo de los pueblos y se orientan -ineludiblemente- en el sentido de su historia. Nada que pretenda ser fundacional puede construirse sin esa noción de duración, de paciencia activa, de acumulación estratégica. Los pueblos no conquistan su destino a golpe de instantaneidad, lo hacen cuando un liderazgo es capaz de organizar el deseo social, el anhelo popular, y proyectarlo en el horizonte histórico.

Tenemos una política rosquera que se desespera por el espacio -una banca, un cargo, un lugar en la lista- pero que ha olvidado que sin tiempo no hay raíz ni tampoco frutos. Francisco nos advierte con una lucidez impiadosa que el vértigo del presente sin proyecto es la forma más eficaz de la impotencia política. La obsesión por “estar” ha sustituido la vocación de “hacer”; y en ese desplazamiento, la política se ha vuelto, en muchos casos, un simulacro de poder sin contenido social.

  1. La unidad prevalece sobre el conflicto.

La unidad no es la negación del conflicto, sino su conducción hacia un horizonte superior. La política que no reconoce el conflicto es ingenua o hipócrita, pero la que se regodea en él, la que convierte la fisura en identidad y el antagonismo en doctrina, termina sirviendo a los intereses del enemigo histórico de los pueblos favoreciendo la fragmentación interna como preludio del sometimiento externo. La unidad no es uniformidad, ni renuncia a la pluralidad, es la síntesis poliédrica superior que organiza las diferencias y su originalidad particular en función de un proyecto común. Básicamente, es la conducción del antagonismo, no su negación o su exacerbación hasta su estallido. La historia argentina es también la historia de esas derrotas que nacieron en el seno mismo de nuestras filas. Unidos o dominados, decía el General. La unidad, entonces, es la condición estratégica nodal sin la cual no hay acumulación posible.

Francisco propone una unidad arraigada en el pueblo, tejida en la comunidad, forjada en el barro de la lucha social, donde las diferencias existen, pero no destruyen; donde el conflicto vive, pero no fragmenta. Es la unidad como arquitectura política de la esperanza, y es, al mismo tiempo, una advertencia feroz: cada división innecesaria en el campo popular es una victoria anticipada del adversario histórico. A tomar nota.

  1. La realidad es superior a la idea.

He aquí el principio más profundamente antielitista de Francisco, que podemos interpretar como una crítica sin rodeos a los tecnócratas de laboratorio, a los intelectuales de gabinete, a los ideólogos que nunca pisaron una villa ni compartieron el pan con los excluidos. En política, como en la religión, quien no conoce el sufrimiento del pueblo no tiene derecho a hablar en su nombre. El conductor debe venir del pueblo.

Sabemos por Perón que la realidad es la única verdad. Francisco lo reinterpreta desde el pueblo, donde las ideas que no nacen del dolor y la esperanza de los humildes, están condenadas al fracaso o a la impostura. Donde hay una necesidad nace un derecho, decía nuestra jefa espiritual, Evita. Hoy más que nunca, cuando la política se encierra en despachos de institutos o se disuelve en redes sociales, este principio exige volver a pensar desde abajo, en los barrios, casas sindicales, en los comedores, cooperativas, parroquias, clubes, escuelas, centros vecinales; allí donde el pueblo vive, resiste, circula y sueña; donde se gesta lo nacional. Francisco lo dijo con fuerza: pastores con olor a oveja. Nosotros reclamamos políticos con un poco de barro en los pies.

La política nacional exige volver a escuchar, volver a caminar, volver a hablar el idioma del pueblo. No hay proyecto transformador que no nazca de una lectura concreta de la realidad y de las necesidades vitales de las grandes mayorías populares, y toda política que no se encarne en su realidad concreta, se vuelve ruido virulento de clase media ilustrada, sin raíz ni trascendencia. Francisco nos devuelve el oído y la mirada, nos exige ir al terreno, no a condescender sino a aprender, porque sólo desde el subsuelo popular puede alzarse un proyecto nacional verdadero.

  1. El todo es superior a la parte.

Juan Domingo Perón dijo que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza, que la trascendencia nunca es personal, mucho menos a costa de servirse de la rutina de los demás, ni es sectorial, ni minoritaria. Es colectiva, solidaria, o no es.

Hoy, la disgregación social no es espontánea, sino consciente e inducida. Nos quieren divididos, enfrentados, agrietados, reducidos a consumidores de causas aisladas y fanáticas. Un pueblo que no se reconoce y fortalece como totalidad cohesionada es fácil de atomizar y someter. Frente a esto, Francisco reivindica la solidaridad como principio político y la comunidad como estructura del verdadero proyecto de poder. Pero este principio también es una doctrina geopolítica. Ningún país de América Latina alcanzará su grandeza necesaria y suficiente si persiste en el aislamiento. El que no se une, es absorbido, el que no construye unidad interna y se integra al todo, será parte suelta en el engranaje de la dispersión y la dependencia.

Un legado para refundar.

En contraste con la visión simple y trascendente de los lineamientos que encarnó Francisco, que de ningún modo escapa al sentido común, a la vida íntima de una persona o a la construcción de un pueblo, la práctica reciente de buena parte del liderazgo dirigente nacional se ha visto marcada por una lógica inversa a estos principios: la ocupación de espacios sin proyecto, la centralidad personal sin proceso colectivo. La política argentina ha caído en la trampa de lo inmediato, la fragmentación ha reemplazado a la unidad y la ideología vacía no pisa el terreno y ha eclipsado la dura realidad del pueblo. La política se ha vuelto gestión del presente, una administración de lo dado.

Los principios de Francisco no son un recetario de fórmulas homeopáticas para los males del país, son mandatos para una praxis política nacional-popular-latinoamericana, una gramática política y una mística de comunidad, capaz de reanimar la esperanza nacional para ponernos de pie. Son una herramienta para refundar la política desde el sujeto pueblo y no desde el designio dirigente. Francisco nos deja, además de un profundo mensaje espiritual, un legado estratégico, una hoja de ruta para los pueblos de América Latina. En tiempos de oscuridad y desorientación, sus pensamientos son la brújula que habita al interior de los pueblos. En tiempos de fragmentación, su mensaje es una arquitectura para la unidad.

Hoy más que nunca debemos pensar nuestra política en términos de tiempo, unidad, realidad, totalidad y pluralidad armónica. Francisco nos ha dado las claves, su pensamiento no debe ser recordado, debe ser aplicado.

No busquemos entre los muertos al que VIVE.

*Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico

ARTURO JAURETCHE de la Ciudad Río Cuarto, Cba

 EL PESCADO, LA CABEZA Y UN CUERPO QUE PATEA EN CONTRA

 Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (especial para Punto Uno) Hace ocho años la Universidad Nacional de Lanús tuvo la gentileza de invitarme a participar en su Congreso de “Geopolítica y Filosofía”, allí integré un panel con Alcira Argumedo y Alicia Castro. Se nos propuso una pregunta concreta: “¿cómo romper a favor del campo popular, el empate hegemónico en que hoy viven Argentina y América Latina?”. Por supuesto que la pregunta misma suponía ya un diagnóstico, el cual se expresa a través de un concepto geopolítico clave (el de “empate hegemónico”). Asumí ambos, sólo que lo hice desde el punto de vista de la otra disciplina al que este mismo Congreso invitaba: la Filosofía. Es mi vocación y mi práctica efectiva en estos últimos cincuenta años. Sólo que no me refiero a la filosofía en general, sino a una filosofía latinoamericanamente situada, que se practica en nuestro país y en nuestra región y que hemos denominado “Filosofía de la Liberación”. Esta junto a la “Teología de la Liberación”, “La pedagogía de la Liberación” y las “Cátedras Nacionales” en materia de Ciencias Políticas y Sociales (una de cuyas ilustres pioneras teníamos el gusto que nos acompañase en ese panel, precisamente Alcira Argumedo) han ido construyendo (desde sus diferentes perspectivas y enfoques) un corpus conceptual lo suficientemente sólido como para intentar contestar esa pregunta. Y su solidez no le viene sólo de lo epistémico, sino de su arraigo en nuestra propia experiencia y necesidades históricas. Ya que sólo arraigado en la tierra y abierto al mundo, algo se torna realmente sólido. Ese corpus es por cierto muy distinto del europeo y del norteamericano (aun cuando algunos términos puedan sonar iguales), lamentablemente todavía muy arraigados en los grandes centros oficiales de docencia e investigación, como si fueran conceptos y prácticas “universales sin más”. Lo cual, por supuesto no lo son. Desde este corpus conceptual (latinoamericanamente situado) abordé la cuestión.  

*EL PESCADO Y LA CABEZA*

Suele decirse que “el pescado empieza a pudrirse por la cabeza” y este viejo dicho popular es descriptivo de una de las mayores causas de ese empate hegemónico (en materia geopolítica) tanto como una de las mejores chances para romperlo a nuestro favor. Tenemos la cabeza ocupada con tantas (supuestas) verdades, modelos y teorías ajenas a nuestro cuerpo, que éste cada vez nos pertenece menos. Permítasenos graficar con una saeta del padre Castelani esta situación de tener la “cabeza ocupada”: “¡Hay cuántas cosas que saben las gentes de este albardón/ hay cuántas cosas que saben/ pero cosas que no son!”. Desocupar la cabeza y reunir el pensamiento con su ser y su estar (propios), es una tarea político-cultural de primer orden. Es casi imposible triunfar en lo económico y en lo geopolítico, con una cabeza ocupada por otros y con un cuerpo que patea en contra. Pasando a términos conceptuales esta situación de facto, nosotros llamaremos “situación colonial” (una “cabeza ocupada” por otro) y “proceso de liberación nacional y social”, a la ruptura de esa hegemonía anómala y a la recuperación de nuestra propia soberanía cultural y política. Si razona el caballo se acabó la equitación, de aquí que los mayores empeños de ese Imperio (del Otro en nosotros) estén puestos directamente en que pensemos lo menos posible y que cuando lo hagamos, utilicemos sus categorías y no las nuestras. Por eso –desde el punto de vista estrictamente conceptual- pensamos que la categoría de “Liberación” debe estar en la base de cualquier proyecto geopolítico que (en nuestro país y en nuestra región) intente un desempate a favor de sus Pueblos. Nuestro proyecto es entonces un proyecto de Liberación, o será siempre insuficiente para el fin mayor que nos proponemos. Y este término (Liberación) no dice lo mismo que los conceptos usuales (de clara matriz eurocéntrica) como Libertad, Revolución, Emancipación, Luchas, etc. sino que dice mucho más y es mucho más integral aún. Acaso por eso mismo fue y es tan puntillosamente negado, minimizado o reemplazado, tanto en la autodenominada Academia, como en los intelectuales considerados “bien pensantes” (por el Otro, claro). En lo que sigue intentaremos precisar la potencialidad del concepto de Liberación, indisolublemente unidos a los del Pueblo y Nación (en perspectiva latinoamericana, claro está). 

*¿QUE ES ESO DE “LIBERACIÓN”?*

Algunas aclaraciones puntuales: 1°) Es un concepto que surge específicamente en el contexto latinoamericano y del Tercer Mundo (a partir de la segunda mitad del siglo XX), al calor de los procesos de descolonización y de las denominadas revoluciones nacionales antiimperialistas. 2°) ni en la filosofía, ni en las ciencias sociales europeas o norteamericanas tiene mayores antecedentes ni prestigio. Allí los conceptos nodales son, como dijimos: Libertad, Revolución, Desarrollo, Modernización, Emancipación etc. Tenía si antecedentes e historia propia en el terreno de la Teología y relativamente en el Arte.3°) por ese mismo origen político y social, requiere como contraparte inexcusable -para una comprensión más plena- el concepto de Dependencia, contra y a partir del cual opera. 4°) precisamente esa dupla Dependencia/Liberación, nace opuesta a otra que daba la impronta por entonces: Desarrollo/Subdesarrollo (advirtiendo sobre la ilusión modernizadora que ella encerraba, al soslayar el problema básico de la dependencia latinoamericana). Se trata, en consecuencia, de un concepto esencialmente ético y político. Su fuerza revulsiva en el campo epistémico, proviene de ese origen. Lo otro es que (Liberación) es un concepto típico de la filosofía y del pensamiento latinoamericano contemporáneo, e incluso es así reconocido en el actual debate internacional de ideas. 

 *EL SUJETO Y EL MARCO DE LA LIBERACION.* 

No hay auténtico proceso de Liberación sin un sujeto social que lo protagonice (el Pueblo) y un marco histórico donde transcurra esa lucha (la Nación). Respecto de estos dos últimos conceptos (Pueblo y Nación), sólo diremos ahora algunas cosas muy básicas (en función del tiempo disponible). En primer lugar, que estas dos nociones sí tienen largos antecedentes en el pensamiento europeo y cobran su significación más actual a partir de la Modernidad y su consumación. Pero ambas (Pueblo y Nación) -que para un pensamiento de la Liberación resultarán claves- despertarán en cambio, en el pensamiento europeo contemporáneo, fuertes “sospechas” y frecuentes rechazos viscerales. Esto –como no podía ser de otra manera- a partir de su propia experiencia histórica que, por supuesto, no es la nuestra; situaciones ambas que será fundamental no confundir, ni mezclar, ni universalizar (lo cual, lamentablemente, suele ser muy frecuente en los análisis y debates). En segundo lugar, ¿por qué las nociones de Pueblo y Nación son claves para estructurar un pensamiento de la Liberación? Porque esas nociones –pensadas desde nosotros- le otorgan a una Filosofía de la Liberación las coordenadas adecuadas para pensar su “sujeto”, aquél que protagoniza la Liberación (y sufre la Dependencia). La expresión Pueblo hace referencia al sujeto socialmente encarnado de la Liberación y la expresión Nación establece el marco histórico-cultural (geopolítico) en que se da la misma. Un proceso de Liberación es entonces protagonizado por un Pueblo que convive en una Nación (o busca convivir en ella), de manera libre, una “vida buena”, es decir digna de ser vivida. En tercer lugar, en el pensamiento europeo las categorías de Clase e Individuo (con todas las variantes del caso) se han impuesto por sobre este concepto de Pueblo, reduciéndose éste a un puesto residual, al que busca (intencionalmente) relacionarse con experiencias totalitarias o encubridoras. Por el contrario, un análisis en término de Pueblo –tal como ocurre en los pensamientos de la Liberación- no necesariamente son antagónicos con esas dos nociones, sino que incluso las utiliza y las contiene, sólo que de un modo diferente. Otro tanto ocurre con la idea de Nación. Aquí el pensamiento europeo prefiere hablar de Sociedad (y esquiva expresamente el término “Comunidad”, con el cual inició su marcha hacia la democracia: la polis griega). También liga a esta noción nuestra de Nación con experiencias totalitarias suyas (de su pasado próximo), o con expresiones ya superadas (e inválidas) en una era como la presente. Aquí será fundamental –para un pensamiento de la Liberación- dejar bien en claro dos cosas: 1°) que su idea de Nación nada tiene que ver con aquellos “nacionalismos” totalitarios europeos y 2°) que la construcción de la Nación (capaz de protagonizar un proceso de Liberación) es un programa todavía pendiente y vigente entre nosotros. Lo nuevo es que ahora ese proceso de construcción deberá cursar en un marco de creciente “mundialización”, con todos los desafíos e inteligencias que esto supone. Por cierto que todo esto afecta a la noción de Estado. Y en esto nuestra asimetría contemporánea con la situación europea es notoria. El origen, desarrollos y desafíos de los estados latinoamericanos fueron completamente distintos de los europeos y norteamericanos, que aquellos se dieron. Pero esto, amigo lector, bien puede ser motivo de otra conversación.

Un cristianismo para el desierto occidental 

Por: Marcos Domínguez- @zoncerasabiertas

«Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán(…) A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas. Pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, seguramente no se van a equivocar. (…) La opción es generar procesos y no ocupar espacios».

Papa Francisco (2015)

Occidente asiste a la relajación, , cuando no a la erosión, de los sustratos cristianos que le dieron origen, y que explican la deriva nihilista de las clases dirigentes, fundamentalmente las norteamericanas. Hoy EEUU es un imperio sin imperio que repite el patrón romano: una élite plutocrática depredadora frente a un modelo de acumulación de capital insostenible por medios económicamente racionales. 

Esta crisis de sentido en Occidente contrastó con la irrupción de una nueva voz en el corazón de la Iglesia católica. Tras la larga tradición de papas europeos, el pontificado de Francisco, un líder del ‘sur global’, reorientó la atención de Roma hacia los «pueblos» y los «humildes», desafiando implícitamente el individualismo y el materialismo de las sociedades post-cristianas.

Pero lo distintivo del presente es el divorcio mismo entra el capitalismo occidental y su ética fundante: el  protestantismo. Esa tradición religiosa que si alguna vez le dio fuerza económica, ahora deja un vacío espiritual que explica gran parte de la turbulencia global. 

Francisco  llevó al Vaticano algo esencialmente latinoamericano: la «teología del pueblo» de Licio Gera, distinta de la más famosa –y ya sepultada– «teología de la liberación».

Los viejos liberales ven populismo en esa mirada de Francisco sobre los pueblos como sujetos históricos, pero ese liberalismo es tan arcaico como el marxismo que condena. Hoy domina un individualismo poscristiano, tecnoliberal y nihilista, que simplemente declara, como Thatcher, que ‘la sociedad no existe’.

En los 12 años y algunas semanas de su pontificado, Francisco concentró sus gestos y mensajes en los humildes: pobres, excluidos, perseguidos, migrantes; los descartados por la sociedad moderna, en quienes veía el rostro de Dios. Aunque esto no es una novedad histórica del cristianismo, la intensidad del enfoque de Francisco generó incomodidad en ciertos sectores del Vaticano. 

Sus aperturas hacia divorciados, gays o creyentes de otros caminos hacia Dios incomodaron especialmente a aquellos que temen el abandono del papel tradicional de la Iglesia como autoridad moral sobre lo correcto e incorrecto a los ojos de Dios. Esta tensión doctrinal tiene matices diferentes según las regiones, con mayor resonancia crítica en las iglesias no occidentales. Sin embargo, nadie se atreverá a cuestionar abiertamente el «pobrismo» de Francisco, que en definitiva fue inaugurado por el mismo Fundador. 

El gran tema es el trabajo

Aunque a menudo se proceda -de modo deliberado o no- a vincular al cristianismo con el «pobrismo» y el consecuente tiro por elevación al peronismo, señalemos que el punto de partida del cristianismo es el pobre, no su glorificación. Una cosa es reconocer en el humilde el rostro concreto de la injusticia; otra muy distinta es naturalizar esa condición como destino manifiesto y romantizable. Si el cristianismo pone en el centro la dignidad inviolable de cada persona, el peronismo traduce esa premisa a la vida histórica de una comunidad organizada: no administrar la pobreza, sino superarla; no hacer del necesitado una identidad permanente, sino elevarlo a la condición de trabajador, que no es solo una categoría económica sino una forma de pertenencia, dignidad y realización humana. Porque ser pobre describe una herida social, una condición producto de la materialidad; ser trabajador nombra una identidad, un lugar en el mundo y una posibilidad de «vivir bien».

En ese punto, la insistencia de Francisco adquiere una claridad poco frecuente en este tiempo. Cuando afirma que “el gran tema es el trabajo”. Dice Francisco, en Fratella Tutti:

«El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo». En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo.»

Francisco apela al trabajo no como variable económica sino como condición de existencia: como forma de aportar, de crecer, de vincularse, de ser parte. Por eso advierte que la ayuda material solo puede ser provisoria, y que la verdadera política —si pretende ser popular en serio— debe garantizar que cada persona pueda desplegar sus capacidades y vivir de su propio esfuerzo.

Por la misma senda, Perón enfatiza  la riqueza espiritual del cristianismo, pero señala que le falta una versión política que permita la transformación social efectiva. Dice Perón: 

«La concepción cristiana presenta otra posibilidad, impregnada de una profunda riqueza espiritual, pero sin una versión política suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno» – Modelo Argentino para el proyecto Nacional (1974)

El peronismo resulta, en este modo de ver las cosas, una forma político práctica del cristianismo. Un puente entre lo espiritual y lo político. Es por eso que la clave de esta  base doctrinaria y filosófica se ofrece, todavía (por encima de las circunstanciales diferencias y dirigencias) como un fuerza capaz de remendar las heridas. Aquello que el propio Francisco continuó como legado: la cultura del encuentro.

Lo que estamos afirmando, en última instancia, es que la persistencia de este sustrato cristiano—ese rescoldo profundo y casi invisible—será la llama que mantendrá viva la esperanza colectiva, incluso en un tiempo dominado por la desesperanza individualista y las acechanzas aún desconocidas del futuro inmediato.

Este titilar nos sitúa en un cruce de caminos. Porque si bien esta llama de esperanza colectiva se mantiene viva en las bases de Occidente, una nueva realidad emerge en la esfera pública: la desconfianza generalizada y la irrupción del ciudadano/votante como espectador que busca saldar cuentas con una dirigencia percibida como inauténtica. Esta nueva dinámica ha dado origen a un fenómeno que podemos denominar la venganza del espectador.

La  venganza del espectador

Habitamos un tiempo donde la vara quedó tan baja que cualquiera “se le anima” a la política. Se sabe. Cualquier periodista o influencer puede soñar – con algún apego a la realidad – con ocupar un rol de referencia en el desierto de ideas de la actualidad. Es que el fenómeno Milei abrió una tranquera general.

En todos los casos, apareció -y a nivel mundial- una oportunidad simbólica de»ajustar cuentas» con algo que se miraba desde afuera. Pasarle factura a una dirigencia incapaz de comprender nuestros problemas. Muchas iras acumuladas, contenidas demasiado tiempo. De allí que haya madurado una firme desconfianza hacia instancias intermediarias como los partidos políticos, sindicatos, corporaciones diversas y también hacia los medios de comunicación tradicionales, de cuyas ruinas surgieron los formatos de comunicación digital que hoy proliferan por todo el paisaje de redes. ¿Quién quiere ser influencer cuando sea grande?.

Después de todo, si la política profesional era «eso», entonces todos podemos decirle a “los políticos” lo que deben hacer y como hacerlo. El tiempo de los comentaristas, con o sin experiencia. Un ruido blanco donde el silencio no genera buenas métricas. La saturación de la que este mismo artículo participa.

La venganza del espectador prevalece como marca de época. Una época cimentada en un ciudadano/votante consumidor que elige productos políticos según sus preferencias inmediatas.

El abandono progresivo de la construcción política alrededor de grandes relatos colectivos, terminó reduciéndola a un acto de identificación narcisista. El problema radica en que la dirigencia política debe tomar nota de esto para tranformarlo positivamente, no para consolidarlo o contratar consultores que le ayuden a copiar la fórmula. Una dirigencia consultor-dependiente, enamorada de sí misma pero separada peligrosamente de la sociedad.

Después de todo parte importante de la actual corriente antipolítica es una rebelión contra la teatralizacion de la política, y no contra la política en sí.

Autenticidad

Por eso la política en general y el peronismo en particular deberían salir del rincón con argumentos surgidos de la práctica política real. Poner en valor el cara a cara. El encuentro. Lo genuino que se cierne en sus bases, y que se contrapone diametralmente a su superficie. Solo así se recuperará la imaginación política perdida, sobre todo en el peronismo donde buena parte de su dirigencia padece del mismo mal que esas clases medias ilustradas que lo han copado: la inautenticidad.

Una paradoja dolorosa para un movimiento cuyo origen histórico es exactamente lo opuesto: una fuerza nacida del calor popular y las raíces sociales más profundas, surgida para desafiar al statu quo político decadente de su época; hoy tiene el desafío urgente de encontrar nuevos símbolos y nuevas formas para volver a encarnar su razón de ser. Lo que también es, por cierto, una obligación patriótica.

Recuerdo algo que ocurrió en una de esas tantas reuniones a las que uno asiste. Un  dirigente sindical dio detalles de un encuentro con Francisco en el Vaticano. Comentó que, al narrarle  el “trabajo que hacía el sindicato con los más humildes” al Santo Padre, Francisco lo interrumpió para consultarle algo puntual:

“muy bien , muy interesante pero, ¿ustedes los tocan?, literalmente , ¿están en contacto físico?,¿abrazan a los pobres?…”

El silencio de quienes oímos la anécdota cerró el relato.

Al final, quizás la venganza del espectador no sea otra cosa que la respuesta a la soledad masiva frente a la pantallas. Un narcisismo de masas que celebra  su propia clarividencia, mientras profundiza su descenso al egoísmo más autodestructivo.

Nuestra vida espiritual , y también la política, demandan abandonar el confort y volver a tocar el mundo real con nuestras manos. Abrazar, como pedía Francisco, aquello que pretendemos representar.

Bienvenidos al tren

Por Daniel Fabián Chaves

Algunos de los círculos infernales del conurbano comienzan a manifestarse en toda su abrumadora nitidez, cada vez con mayor frecuencia y hasta con indolente desparpajo.

El cronista se encuentra en el primer tercio de su viaje de retorno al hogar en Ituzaingó, desde su rutina laboral de los fines de semana, en Villa Luzuriaga. Viaja esta vez, sentado en una formación del 242 ramal San Justo – Morón.

Llegando a la intersección de Ignacio Arieta y Avenida Don Bosco, el chofer para y permite que suba sin pagar pasaje una familia compuesta por presuntos papá, mamá y dos hijos varones de unos 10 años de edad. Quizás más, quizás menos. Los adultos evidencian dificultades de índole mentales o algún grado, acaso, de alienación causada por múltiples probables factores, de los cuales resalta la miseria extrema que ostentan.

Suben con dos carritos colmados de bolsas. Uno de los carritos queda en medio del pasillo, junto a la primera hilera de doble asiento, donde van sentados la madre y uno de los chicos. El 242 dobla por avenida Luis María Campos para insertarse lánguidamente en territorio moronense.

El carrito suelto cae, y junto a él, se abre una de las bolsas y se desparrama en el piso. Discute la pareja, agitando ambos sus brazos y emitiendo una especie de gruñidos que no alcanzan a clarificarse como palabras en castellano básico. Finalmente, la mujer se decide y vuelve a meter por el agujero que se hizo en la bolsa, un par de zapatillas, algunas telas, y una bolsa con algo que se asemeja a pizzetas apelmazadas unas a otras. Luego levanta todo y lo lleva sobre sus faldas. Así hasta llegar a plaza La Roche, donde descienden antes que el resto del pasaje.

Simultáneamente, mis ojos dan testimonio como cada fin de semana al arribar a la habitual fealdad de la mencionada plazoleta frente a la estación Morón del FF.CC. Sarmiento, que decenas… qué digo decenas, cientos y hasta para ser más preciso, un largo par de centenares de seres humanos, forman desprolijas filas sobre la vereda de 25 de Mayo y doblan por avenida Rivadavia, esperando que una institución benéfica les brinde una pequeña vianda de comida, seguramente la única que comerán en todo el día, exceptuando sobras de alguna panadería o algún tacho de basura del cual satisfacerse, si cabe la adjetivación.

El cronista atraviesa, como cada fin de semana, dicho espacio público del corazón de nuestro conurbano en horario nocturno, no siempre bien iluminado claro está. Divisa considerable demora para esperar al siguiente convoy del ferrocarril, así que decide cruzar la estación para ir a tomar el colectivo de la línea 395, que lo dejará cerca de su residencia, al fin.

En ese derrotero entre roedores por doquier, mientras cruza las vías pensando en una emblemática canción de Leonard Cohen “Everybody Knows” (Todo el mundo lo sabe, traducido a nuestro paladar rioplatense), observa sin asombro alguno, a un borracho en el peor de sus momentos, como abrazado a un rencor, vomitando junto a la barrera.

Escasos 50 metros más adelante, otro ebrio que se apoya contra un poste de luz, un hombre ya maduro, de edad bastante indefinida pero cercano a los 60 años, por lo menos. Si se suelta, caerá desvanecido en su propio lodazal de orines y vómitos. El callejón sin salida, donde la dignidad ya no importa en lo más mínimo.

Y las urgencias arrecian, mientras las “personas inteligentes” conceden años y años a quienes concienzudamente vinieron para profundizar el deterioro del tejido social hasta volarlo en mil pedazos. Que es lo que ya se evidencia con tan solo caminar y caminar, y caminar. Pero eso sí: Los «educados» conceden «gobernabilidad»… para que todo vuele por los aires, muchísimo más temprano que tarde.

Ahora el cronista dobla por Crisólogo Larralde, una cuadra lúgubre en su oscuridad y veredas destrozadas desde tiempos inmemoriales, entre Independencia y Cabildo, exactamente donde hay numerosas paradas de colectivos. El tercer borracho, yace recostado sobre el asiento de la parada del 441 cartel San Alberto. Mañana no sabrá qué sucedió esta noche. Y seguramente pasado mañana tampoco sabrá lo que sucederá mañana en cualquier parte de la jornada.

Golpe de suerte! El 395 llega tras menos de 10 minutos de espera, acostumbrados como estamos todos sus usuarios a los 30, 40 o 50 minutos de espera regulares tanto sábados como domingos. A mitad de viaje, sobre avenida Sarmiento, en las coquetas calles de Castelar, una señora experimenta alguna clase de brote, y comienza a gritar y a emitir incoherencias.

Algunas palabras son distinguibles con absoluta claridad: Remiten a verduras que no fueron compradas. Comida que ya no hay, pero que su mente mantiene cual tortura cotidiana en medio de sus delirios. Al rato, se calma sin que nadie le diga una sola palabra. Y una aparente normalidad vuelve a marcar prudente presencia al interior de la formación, mientras una interminable senda de luces mortecinas nos saludan sin sonrisas a nuestro paso.

Los que aún no llegaron a esos círculos del infierno, en todo caso estamos apenas un escalón por encima, como dijera la cardióloga a este cronista, a quien sentenció como “detonado de estrés” y le reclamó desentenderse de “la política” por tiempo indefinido, según ella, en caso de que desee sobrevivir, paso previo a re-vivir. Vaya uno a saber. Seguramente ella tiene toda la razón.

Al menos, este vecino precisa dar testimonio de estas realidades de nuestros nadies, sin romantizarlos ni estigmatizarlos.

El país invivible ya está entre nosotros. Y entre pibes que portan armas y multiplican amenazas en masa, violencia social que se acrecienta exponencialmente en todo su salvajismo, condenados de nuestra tierra que se arrastran sin destino por las callejuelas sucias y oscuras de nuestras y todas las ciudades y pueblos habidos y por haber, mucho más simpáticos en sus auto-bombos publicitarios que en la sórdida realidad que los suele atravesar… así como también una legión de indiferentes, un puñado de almas sensibles y caritativas, un amplio pelotón de insanos que gozan con todo este cuadro, y los poderosos de siempre que se hacen cada vez más poderosos sin que nada ni nadie les ponga un verdadero coto final…

… el cronista finalmente arriba a su harto modesto hogar. Desensilla, pone agua a calentar en la pava, y sólo atina a pensar, mientras contempla su patio desde el ventanal de su habitación: “Bienvenidos al tren”.

!Andá a la p…!

Por Carlos Caramello

“Nada hay más terrible

que una ignorancia activa.”

Goethe

“Milei al Gobierno, KM al Poder”, podría sintetizar el eslogan de esta administración que comienza a sentir los primeros temblores justo allí, donde la espalda pierde su nombre decente. La otra definición sería, “necesitamos más de 2,9% de inflación porque KM menos del 3% no acepta”. Están para cualquiera. Porque los dejan estar para cualquiera. Cuanto más absurdo, cuanto más delirante sea el planteo, mejor. Cuando todo caiga, haciendo más ruido que un piano de cola arrojado desde la terraza, los canallas del empresariado sentimental y coqueto que el lunes pasado salieron de la juntada de AmCham (Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina) diciendo que “valoraban la señal de sostener el rumbo” lo van a mandar con pito y cadena indicando que “el proyecto era correcto… pero él está loco”.

¿Loco? “Loco… sí -dice el viejo Polonio sobre Hamlet en la inmortal pieza del Cisne de Avón-. Pero hay método en su locura”. La ecuación les cerró mejor que ninguna hasta ahora, incluido el golpe de Estado de 1976: un megalómano trastornado, con delirios de estrella del rock, manejado por su hermanita con complejo de Antígona. La Tortera -como la apoda Mauricio Macri en la intimidad y no tanto- es una de las mujeres más rústicas y brutales del país (al punto hacerle sombra a Patricia Bullrich) y fue habilitada por los que condimentan el estofado a llevarse todo lo que pueda. Claro, a cambio de… bueno, está a la vista. Carambola, palito y tronera. Mientras la fórmula les rinda (¿qué es el 3% de ANDIS frente a la entrega de los Glaciares a las mineras; cuánto representa la estafa $Libra al lado de los miles de millones de dólares que han fugado con el carry trade?), lloverán los plácemes sobre la peluca y los hombros con caspa de Milei.

Y el tipo, encima, se les hace el difícil. “Si no nos quieren acompañar -los aprieta-, no pasa nada. Nos vamos a casa. Total yo puedo trabajar en el sector privado”. Pero… ite iendo, diría un coya amigo mío. No te frustres, Fiera. Andá nomás. Vete, te pido que te vetas. Al sector privado, al campo con los perros imaginarios o, por ahí, a la cárcel… en el mejor de los casos. Eso, el Papadas, lo sabe. Como sabe muchas otras cosas. Demasiadas, acaso, para quienes lo vienen patrocinando. Y por eso usa doble chaleco antibalas: tiene más kevlar encima que una paleta de paddle de última generación. Siempre es mejor sudar la gota gorda que la fría.

Ánade cruel

El pato no suele ser un ave violenta, vengativa, envidiosa, irascible y carnicera salvo que pertenezca a la familia de los Bullrich. Con sus tecnológicos anteojos con audífono (se ha mandado a hacer varios pares de distintos colores así, cuando le toca hablar, le van dictando lo que tiene que decir), la senadora Patricia B. asoma en el escuálido mundillo libertario como candidata de recambio. Un vocero sin voz, una armadora que no sabe armar y un Papadas desgastado de tanto rayar el modelo contra las paredes de la real economic, hacen que esta ex todo reaparezca en el cenit de la errante ultra derecha como proyecto potable. En todo caso -y por ahora- es la que mejor mide en un gobierno barranca abajo.

Es que la derechosidad, que es muy afecta al uso del espejo retrovisor cuando las cosas no marchan como creen que deberían, ha comenzado a extrañar; casi a sentir remembranzas por las figuras de Horacio Rodríguez Larreta en CABA y Patricia Bullrich Luro Pueyrredón en el país. No porque admitan haberse equivocado sino porque su ideal de dirigente es aquel que puedan despedir cuando hace alguna cosita que les desagrada, como al servicio doméstico, y eso, en nuestra desleída democracia de bajísima intensidad, todavía no se consigue.

Encima, el golden boy (he dicho golden, no taxi) que se había armado KM en su cabecita loca no para de mostrar el culo: propiedades baratísimas que le venden jubiladas prestamistas que no lo conocen; viajes a Nueva York y a Punta del Este pagados por el gobierno; vacaciones familiares en Aruba, destino por el que pagó nada más que 5.000 dólares de pasajes: o este muchacho es el rey de la pichincha o algo muy turbio se esconde detrás de la aparente suerte económica del vocero afónico.

Pero la Rubia Perdición de Javier Milei se niega a soltarle la mano. Acaso con buen criterio ya que, supone, tras Adorni se puede esconder una inflación que no cesa de crecer y centenares de muertos por faltas de medicamentos, de atención, de comida y… por suicidio. ¡Qué equivocada! Las malas nuevas potencian las malas viejas y los errores sucesivos son imposibles de ocultar tras otros errores. Así, el 2027 (¿usted cree que falta mucho? No sea pueril) se presenta más difícil que alcanzar la esquiva inflación cero.

¿La casta dónde está?

En el gobierno del Casalito Milei. La verdadera, digo. La que difícilmente el ojo poco avezado del hombre y la mujer de a pie pueda distinguir. “Tener poder es tener impunidad”, definió alguna vez Alfredo Yabrán antes de tener que salir obligadamente de su cómodo anonimato. ¿Quién te otorga inmunidad en este paisito nuestro? El Poder Judicial. Y lo primero que le aconsejaron los Menem a KM cuando la entornaron fue que se comprara una Justicia Propia. Claro, no le avisaron que los armadores nunca lo harían para ella. Porque estos procesos de latrocinio desmadrado requieren, imprescindiblemente, de chivos expiatorios.

La buena de KM, subyugada por las peripecias del poder (e ignorante de las traiciones que suelen signarlas) se entregó de cuerpo entero a lo que uno de los Menem le susurraba al oído y eligió al abogado Santiago Viola como consultor primero, como defensor familiar luego y, finalmente, ahora, como Viceministro de Justicia. Y quiero decir que este es vice de verdad porque juega de taquito con el ministro Juan Bautista Mahiques, un exponente explícito de la casta judicial, casi el prototipo.

No voy a perderme en el intricado laberinto de la familia judicial, con sus incestuosidades políticas y sus protecciones mafiosas. Hay gentes que saben mucho más del tema y algunos, como Carlos Pagni, hasta cuentan una parte, aunque lo hagan con un lenguaje casi inextricable, para iniciados (Jauretche aconsejaba leer La Nación y pararse del lado opuesto. Pero leerla). Sí voy a decir que Viola, hijo de la jueza Claudia Balbín, que en una época ofrecía sobreseimientos a cambio de inculpar a Cristina Kirchner, fue defensor de los hijos de Lázaro Báez y le tendió una trampa al juez Casanello intentando, mediante testigos falsos, demostrar que el magistrado visitaba la Quinta de Olivos durante el kirchnerismo. El viceministro de Justicia libertario también defendió a la hermana del represor Jorge Radice, en una causa vinculada a maniobras de apropiación de bienes de desaparecidos de la ex ESMA. Una joyita el pibe.

La dupla de la injusticia teje hoy una red de impunidad de características casi absurdas ya que con ella intenta envolver tanto a personajes del gobierno acusados de corrupción como a algunos enemigos del Papadas, como Claudio “El Chiqui” Tapia y su brazo ejecutor, Pablo Toviggino. Todo mientras desde el libertarismo caricaturesco, la senadora jujeña Vilma Vedia trata de convencer al pueblo argentino de comer carne de burro. Y uno se pregunta: ¿son conscientes de los riesgos que corre el Gabinete de Milei si esta propuesta se extendiera? Pobre Platero, y su amigo don Juan Ramón Jiménez.

Trump-oso

Es más o menos sabido que el Papa es la representación de Dios en la Tierra, sucesor de Pedro y vicario de Cristo. Ahora bien, el conflicto empieza cuando Dios baja a la Tierra para gobernar los Estados Unidos y el jefe del Pentágono le explica al mundo que León XIV “no sabe nada de teología”. En ese nivel de desatino está la administración de los Estados Unidos: un presidente absolutamente extraviado, en el sentido más amplio del adjetivo; un Jefe del Pentágono, Peter Hegseth, más objetado (y bestial) que el propio Trump; un partido Republicano atravesado por una profunda grieta que tiene a los que siguen apoyando aun al Papadas Blondo y los que quieren sacarlo del Gobierno antes de que hunda aún más al país y al mundo.

Donaldo, como si nada. Hoy se pelea con Irán. Mañana amenaza a China. Pasado bloquea el ya bloqueado estrecho de Ormuz. Al día siguiente dice que volverá a negociar pero si los iraníes le entregan la totalidad del uranio enriquecido y se comprometen a frenar por 20 años la carrera nuclear mientras en paralelo bombardea lugares neurálgicos para Rusia y se pelea con el Senado de su país que, cada semana, está más cerca de imponerle restricciones para guerrear.

La escasez de información (Israel ha cerrado toda comunicación que no salga de su gobierno y los periodistas independientes siguen siendo asesinados en Gaza, Líbano e Irán) impide un verdadero análisis pero cada día está más clara la soledad del norteamericano a quien ya no respetan ni los mandatarios europeos ni el mismísimo Netanyahu que, no sólo ha bombardeado refinerías estratégicas de las que se surte yankylandia sino que rompió el alto el fuego por 10 días alcanzado entre El Líbano y los Estados Unidos.

Algunas fuentes serias sostienen que la suerte de Trump está echada, en lo político y, sobre todo en lo militar, ámbito en el que ha quedado más expuesto que en los archivos de Epstein. Sólo la voracidad de Israel, en cabeza de un par de ministros del gabinete como Itamar Ben Gvir, de Seguridad Nacional, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mantiene la tensión en un punto de no retorno ya que no quieren salir de esta guerra sin anexar parte de Irak y del sur del Líbano.

Voces más poderosas se alzan en este sentido. Una de ellas, la de Xi Jinping: “Un cierto país, obsesionado con mantener su hegemonía, ha hecho todo lo posible por paralizar los mercados emergentes y las naciones en desarrollo. Quien progresa rápidamente se convierte en un objetivo de contención; quien se pone al día se convierte en una amenaza. Pero todo esto es en vano. El mundo en el que vivimos hoy es una comunidad con un futuro compartido. La gente no quiere una nueva Guerra Fría; quiere un mundo de paz duradera y seguridad universal”, ha dicho el premier chino. Y ese no habla porque el aire es gratis.

Olor a final

Tengo que pedir perdón, a esta altura, por tomarme algunas cosas en solfa. Pero en un país en el que el Presidente -que se dice Doctor en Economía-, explica que “la inflación sube porque los precios aumentan”; el Ministro de Salud -que se llama Lugones y desciende del creador de la picana eléctrica… hablame de casta- descubre que el PAMI tiene afiliados mayores de 80 años y les echa la culpa por el déficit de la institución; el Secretario de Agricultura les anuncia a las entidades del campo que las retenciones serán cero… hacia el final del segundo gobierno de Milei y el Director General de Gendarmería, a la sazón novio de la Ministra de Seguridad, compra boinas por valor de dos millones de dólares (a 150.000 pesos la unidad cuando su precio de mercado es de 50.000) que no se pueden usar porque no van con el uniforme.

Un país en el que usted, que me lee, sabe perfectamente de quién hablo cuando digo KM pero la justicia lleva meses tratando de discernir a quién le pertenecen las iniciales que recibían el 3%; donde un operador periodístico ensobradísimo le avisa a un imputado por las coimas de ANDIS que van a allanar sus oficinas; el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri se posiciona como la persona que va a conducir la interna del Peronismo hacia 2027; Eduardo Menem consigue un fallo favorable de la Corte para cobrar 40 millones de pesos de jubilación y un retroactivo de 1.500 millones  y Julio de Vido, un gran tipo: 76 años, diabetes tipo 1, insulino dependiente, continua detenido en Ezeiza por peronista… Bueno, ese país es un mal chiste, una broma macabra, la farsa en la que se repite la tragedia, una burla a la inteligencia y a la esperanza de las mujeres y los hombres que lo sufren día a día.

Mujeres y hombres, niños y ancianos, personas, seres humanos que, no se entiende cómo, no se han rebelado más allá del grupito de jubilados que son apaleados y reprimidos cada miércoles en las puertas del Congreso y alguna marcha esporádica y, a veces, ilusionante -como la del 24 de marzo- que deja ese regusto a que la cosa puede cambiar. Con hambre, sin trabajo, sin consumo, 300.000 puestos de trabajo perdidos en poco más de 2 años, 70 empresas que cierran por día y los macabros recortes a la ciencia, la universidad, a la salud… Con todo eso, la inflación sigue aumentando y las promesas de Milei caen una tras otra como las fichas de un dominó que nos lleva a la muerte.

Es imprescindible reaccionar. Romper el inmovilismo. Salir de la pesadilla vivida como destino. Y eso no es chiste.

Por Carlos Caramello.-

https://deudaprometida.com/anda-a-la-p/

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El paraíso de la clase trabajadora

Por Antonio Montagna

Man-Su

“Aunque ese tipo desapareciera, no podría ocupar su lugar, la competencia por ese puesto va a ser feroz… ¿cuántos otros candidatos habrá?”.

Estas palabras pertenecen a Man-Su, un hombre que después de 25 años es despedido de su lugar de trabajo y reflejan una síntesis del mundo laboral contemporáneo. La escena donde se pronuncian estas palabras es de la película “La única opción” y la imagen muestra a Man-Su en una terraza, en el momento que levanta una maceta enorme por sobre su cabeza a punto de ser lanzada al vacío para descargar sobre la integridad de alguien que es un supuesto competidor en el puesto de trabajo al cual él aspira. El director de la película (Park Chan-wook), que juega un poco con lo ridículo y lo trágico de la situación, lo muestra al protagonista como levantando una gran pesa que no puede sostener. Parece un atleta absurdo. Un Buster Keaton coreano y moderno.

La única testigo de la situación, una señora que se supone es la dueña de la casa donde el protagonista entró sin pedir permiso, lo mira desde atrás y le pregunta “¿levantamiento de pesas?” La película está llena de símbolos, este puede ser uno de ellos, un peso que no se soporta y lo oprime, pero con el cual no sabe qué hacer. ¿la culpa? No. Mientras unas gotas de agua de la maceta, al parecer recién regada, le caen sobre la cabeza, reflexiona: “¿Cuántos otros candidatos habrá?” y es la pregunta lo que lo detiene, no la culpa. La pregunta que le hace ver que con eliminar a uno no tiene sentido. Man-Su no tiene culpa, pero tiene deudas (¿acaso no son lo mismo?), el dinero se le acaba y tiene que elaborar un plan para que nadie le robe el nuevo puesto de trabajo que tanto ambiciona. Entonces hace un simple cálculo, una estimación. “…cuatro, cinco…diez”, ¿cuántos serán los competidores? Números (no seres humanos) que lo amenazan en este nuevo orden del capital.

Hay que eliminarlos a todos. Man-Su tiene que encontrar otro trabajo para mantener a su familia y seguir sosteniendo su estilo de vida. Y como el cuerpo habla, la ansiedad, el estrés y la presión le pasan factura. Un dolor de muelas (otro símbolo) se dispara cuando es despedido y lo altera cada vez más. Dolor que logra arrancarse (se saca la muela) cuando elimina al último contrincante, sintiendo un alivio físico que es un alivio mental.

¿Qué pasaría si siguen apareciendo competidores? ¿Cuántos dolores debería arrancarse? ¿Se ha convertido su vida en una rueda sin fin que lo consume a sí mismo?

“Se lo están comiendo vivo”, dice Man-Su después de ver que el árbol de uno de sus competidores está siendo devorado por insectos. En realidad es algo más profundo, ya que habla de él mismo y de cómo el mundo está avanzando y cambiando, y se lo está “comiendo” porque él no está encontrando la manera de avanzar también.

Mas allá de todo spoileo, el desenlace de “La única opción” transcurre entre la ironía y una profunda devastación. Se lo ve a Man-Su entrando a la fábrica con una tablet en su mano, emocionado y haciendo un gesto de suprema alegría, agitando a la par sus brazos hacia atrás y a hacia delante con los puños cerrados y con la mirada al cielo, gritando como si hubiese conseguido meter un gol que le vale un campeonato. Tras asesinar a sus principales rivales Man-Su finalmente obtiene el puesto de trabajo que tanto anhelaba. Un final feliz, pero la película lo presenta de forma inquietante: su nuevo cargo consiste en supervisar instalaciones altamente automatizadas, donde prácticamente no hay trabajadores humanos.

“Se lo están comiendo vivo”, había dicho, y así, irónicamente, ha sacrificado su humanidad para regresar al mundo laboral y descubrir que el sistema productivo con el que tanto pretendía reencontrarse ya no necesita personas. De algún modo, su sacrificio fue en vano. Además, con resentimientos y secretos que inundaron las relaciones familiares que dejaron marcas que no desaparecerán.

No era ni es mi intención hacer un comentario de una película, no me considero un crítico de cine ni mucho menos, tampoco soy muy cinéfilo más allá de disfrutar de buenas películas cuando rara vez se encuentran. Simplemente quiero expresar una serie de interrogantes que me asaltaron cuando la disfruté.

Interrogantes que me hicieron, de alguna manera, viajar en el tiempo. Cuando estaba terminando de verla, no pude evitar recordar otra película. Seguro la he visto en el viejo y querido cine Arte. Ese cine del subsuelo en el que nos juntábamos con amigos para hacer de ese encuentro una especie de rito cultural. Me refiero al rito del encuentro, vernos. A la celebración de estar ahí y poder discutir, hablar, criticar, disfrutar y luego compartir una pizza, un vino o un buen café hasta agotar todas las conclusiones posibles sin llegar a ningún puerto, porque no se trataba de llegar a ningún lado, sino de estar, nada más que eso, estar juntos.

Lulú Massa

Esa otra película a la que refiero es “La clase obrera va al paraíso”. Tengo que agudizar bastante la memoria e incluso recurrir a la ayuda para recordar los nombres del personaje central. Sí me acuerdo perfectamente del actor, el gran Gian María Volonté. El personaje se llamaba Lulú Massa. ¿No la vieron? La dejo acá abajo.

Me pregunto dónde quedó el paraíso. Si bien es cierto que tampoco Lulú lo alcanza, ¿acaso si lo hace Man-Su?. Esa euforia, ese desahogo final de Man-Su ¿es el paraíso de Lulú?.

Lulú da la vida por el destajo, y para eso se mimetiza con la máquina, es una máquina. Tiene la fábrica interiorizada. Un poco lo dice al comienzo:

“Todo está aquí (se toca la cabeza), en el cerebro. En el cerebro, está la dirección central. Decide, hace proyectos, hace programas y da marcha a la producción. (…) Los brazos, la lengua, la boca todo se pone en movimiento. Logra alimentos que son la materia prima, (…) el individuo trabaja para comer (…) la comida baja hasta aquí (se toca la panza) donde hay una máquina que la tritura y la deja lista para salir, igual que una fábrica (…) El individuo es igual que una fábrica de mierda (…)”.

Es una máquina que desprecia esa “voz de conciencias esclarecidas” que son los estudiantes que quieren insuflarle la idea de que su trabajo es trabajo alienado. Pero para él, la eficiencia máxima es la liberación y el paraíso, hasta que un accidente le arranca un dedo y se rompe el engranaje revelándole su condición de mercancía descartable.

Lulú y Man-Su expresan la reconfiguración de una subjetividad. En las dos historias hay un muro. Un muro que divide el adentro y el afuera de la fábrica. En una historia, la de Man-Su, se mata para entrar; en la otra, la de Lulú, se muere por salir. Pero el muro es el mismo. El muro de la fábrica no cambia. Lo que ha cambiado “brutalmente” es el sujeto que produce, que trabaja.

Marx, Deleuze, Byung-Chul Han, Laval, Dardot

Hay un texto de Karl Marx que creo interesante para poner en perspectiva estas películas y tratar de entender que pasa en estas subjetividades. El texto es Fragmento sobre las máquinas, está en los conocidos Grundrisse.[1]

Marx anticipa aquí, y estructura en términos teóricos, la mutación hacia lo que hoy conocemos como sociedades de control y del rendimiento, al explicar cómo el capital objetiva el conocimiento humano en la tecnología para dominar la vida productiva.

Pensemos en las figuras de Lulú y Man-Su. El trabajo subsumido por la máquina y un autómata. El instrumento de trabajo deja de ser una herramienta manejada por la destreza del obrero (Lulú). Veamos sino esa escena inicial donde Lulú hace como un precalentamiento antes de poner en funcionamiento su herramienta. Quiere ser el mejor, el más eficiente, producir más. El instrumento deja de ser una herramienta para pasar a ser un sistema automático de maquinaria (Man-Su). La máquina le roba el alma al obrero y funciona con leyes mecánicas dejando al obrero como un mero accesorio vivo subsumido al movimiento del mecanismo. La máquina se apropia de la actividad del obrero.

De alguna manera lo que hace Marx es anticipar el infierno, no el paraíso. Y lo anticipa cuando comienza a mostrar a la objetivación del trabajo (las máquinas y la ciencia) como un poder ajeno que gobierna al trabajo vivo. Esta metamorfosis material que no tira abajo ningún muro, es la base de lo que Gilles Deleuze llama el paso a las “sociedades de control”.

“Reformar la escuela, reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben que, a un plazo más o menos largo, esas instituciones están acabadas. Solamente se pretende gestionar su agonía y mantener a la gente ocupada mientras se instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas. Se trata de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias. “Control” es el nuevo nombre propuesto por Burroughs para designar el nuevo monstruo que Foucault reconoció como nuestro futuro inmediato.”[2]

Todo el desarrollo de “La única opción” no hace más que mostrarnos que esas nuevas fuerzas llamaron a la puerta hace ya un tiempo; y que en un giro perverso han empujado al sujeto a convertirse, al ritmo del “tú puedes”, en una máquina del rendimiento.

Pero me quedo un poco en Marx y en lo que él denomina General Intellect (Intelecto general). La maquinaria absorbe la acumulación de saber y de la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social. El conocimiento social general, es decir, la ciencia y la tecnología se transforman en una fuerza productiva que moldea la vida social derivando esto en que el trabajador deja de ser un agente principal y se convierte en un supervisor.

Pensemos en la figura de Man-Su, en el final de la película, pero elevado a la enésima potencia. Hasta qué punto la tecnología se ha transformado en una fuerza tan potente que lo configuró hasta llevarlo a eliminar a sus posibles competidores. Quiero decir, este Intelecto general que ya preanunciaba Marx, ha convertido a la vida social en una sumatoria de individualidades que luchan encarnizadamente por la conservación.

Esta cristalización de la ciencia, la información y la tecnología en capital fijo, pasan a ser en el neoliberalismo exigencias, que el individuo debe desarrollar en forma permanente mediante el aprendizaje continuo, evaluación o coaching. Esto está muy bien desarrollado en un libro que describe toda esta transformación, el libro se titula La nueva razón del mundo: ensayo sobre la sociedad neoliberal[3]. El General Intellect ha sido interiorizado y el sujeto es concebido como un “capital humano” que debe autovalorizarse.

Observemos sino todo el proceso de “aprendizaje” forzado a que es sometido Man-Su después de su despido. Esas sesiones de coaching casi absurdas de autoconocimiento y de exigencias psíquicas para sobrevivir y triunfar. Y como decía más arriba, es llevado a una lógica del rendimiento, según describe Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio[4], que opera como violencia sobre la psique con un costo trágico.

El cambio de paradigma de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento es empujado por el afán de maximizar la producción. Así como la fábrica de Lulú es un claro ejemplo de la sociedad disciplinaria habitada por sujetos de la obediencia basada en la negatividad de la prohibición, el mandato y la ley, y donde la narrativa imperante era dominada por el “deber” y el “no-poder” (veamos cómo se configuran todas la relaciones de Lulú; con los estudiantes, con el capataz, con el sindicato, con la familia), a partir de cierto nivel de productividad la lógica de la negación alcanza un límite y tiene consecuencias paralizantes que impide el crecimiento productivo ulterior.

Para superar esto y aumentar la eficacia, ya no sirve el destajo; y un dedo más o menos no deja de ser más que una anécdota. Ahora la eficacia no se logra con la coordinación ni con el ritmo acompasado de un ejército de obreros obedientes. Si se quiere eficacia hay que desregular la negatividad y reemplazarla por una lógica positiva de “poder hacer”, donde los proyectos, la iniciativa personal y la motivación ocupan el lugar de la viejas prohibiciones. Ya no hay fábricas como prisiones, ya no hay panópticos. El panóptico es uno mismo, y sostiene al muro. Quizá el muro sea uno mismo. La explotación se convierte en autoexplotación y es voluntaria.

Pero esta transición no representa una ruptura total, sino una continuidad orientada al incremento de productividad: el nuevo “poder” no anula el “deber” interiorizado, ya que el sujeto de rendimiento pasó previamente por la fase disciplinaria. Lo que cambia drásticamente es la estructura de coerción. Al liberarse de un dominio externo, la libertad y la obligación terminan coincidiendo. El sujeto se entrega a la “libre obligación de maximizar el rendimiento”.

¿Cómo caracterizar la subjetividad de Man-Su? Todos sus actos, empezando por la planificación para eliminar a sus oponentes, están orientados por la maximización de su rendimiento. Esta forma de explotación es mucho más sutil, destructiva y eficiente que la explotación por parte de otros porque viene disfrazada con un sentimiento de libertad. El individuo se convierte al mismo tiempo en amo y esclavo, víctima y verdugo, explotador y explotado.

Las consecuencias patológicas de este paso son demoledoras: mientras que la negatividad de la sociedad disciplinaria generaba locos y criminales, la hiperactividad y el exceso de positividad de la sociedad de rendimiento producen “depresivos y fracasados”. Exceso de positividad que se manifiesta como una sobreabundancia de estímulos, informaciones, superproducción y supercomunicación que ha reemplazado los antiguos límites de la negatividad y la prohibición. Al desaparecer las fronteras inmunológicas que defendían al individuo frente a lo extraño o lo “otro”, el sujeto se enfrenta a una masificación asfixiante de “lo idéntico”, impulsada por el mandato absoluto del “poder hacer” sin restricciones.

El mejor ejemplo de estos límites de la negatividad y la prohibición lo encontramos en Lulú y su trabajo a destajo. Lo vemos en su agotamiento del cuerpo biológico frente a las normas externas, ya que la lógica de prohibición y mandato es la que rige la productividad. El capataz, el cronómetro y el reglamento como control externo (deber) intentan acelerar aún más los ritmos de trabajo para ganar más, pero chocan con el “no puedo más” de un cansancio físico (no-poder) que la disciplina intenta quebrar hasta que Lulú pierde un dedo. En definitiva esto no es más que el desencadenante de un serie de negatividades: “no dejes de pedalear” (el No del patrón) engendra el “no trabajamos más” (el No del obrero)

Lulú termina desvariando contando un sueño que justamente habla de un muro, un muro que hay que empujar y derribar, pero que del otro lado solo encuentra una densa niebla en vez del paraíso. Y detrás de ese muro se encuentra con Militina, un viejo compañero que se volvió loco. Una clara referencia a que la única salida del encierro es la locura o la muerte.

¿Y Man-Su?. Un personaje que representa la ansiedad y el fracaso personal ante la sociedad. El no sueña con ningún muro porque el muro es él mismo. Se tiene que traspasar a él mismo. Su único sueño es “entrar” y tiene que lidiar con el miedo constante de que otros ocupen su lugar y por eso los va eliminado uno por uno.

Man-Su no tiene esa serie de negatividades, no tiene un “No” que lo detenga. Él sustituye el “debes” por el “puedes”, él mismo se empuja más allá de sus límites, incluso urdiendo la eliminación de la competencia para “poder” trabajar. Acá no hay un capataz que dice “no dejes de pedalear”, él es su capataz. Acá no hay un “no trabajamos más”. Él afirma, no niega.

Ese “No” que operaba como límite en Lulú (la prohibición, el capataz, la huelga), estalla en mil pedazos en Man-Su. Se convierte en un cúmulo de estímulos que lo conducen a una actividad frenética que saturan su organismo llenándolo de angustia y a su vez de afán de éxito. La Tablet que sostiene al final de la película es todo un símbolo, esa pantalla es el vehículo de la supercomunicación que contiene toda la información de las instalaciones automatizadas que ahora debe supervisar solo. Man-Su ingresa a su nuevo puesto de trabajo como único operario a una fábrica sin obreros, pero con su mente más ocupada y estimulada que nunca supervisando el vacío que él ayudó a crear.

Antes de ir cerrando las ideas que dispararon estas dos películas, expuestas quizá en forma un poco desordenadas, quiero volver un poco a Marx. Si uno ve las imágenes del inicio de “la clase obrera…”,observa a cientos de obreros ingresando a una fábrica. Mientras que al final de “La única opción”, lo que se ve es a Man-Su solo supervisando máquinas. Un concepto central en Fragmento sobre las máquinas para entender la transformación del trabajo, y yo agrego, para entender también el cambio operado en la subjetividad en este capitalismo neoliberal y financiero, es el de disposable time (tiempo disponible). Este término hace referencia al tiempo que queda libre una vez que se ha cubierto el tiempo de trabajo necesario para la producción de bienes. Como puede verse muy claramente en “La única opción”, las máquinas son las que permiten ahora la producción casi sin esfuerzo y tiempo humano. La producción depende más del desarrollo de la ciencia y la tecnología (lo que antes decíamos, General Intellect), y esto hace que se reduzca casi al mínimo el tiempo necesario para la producción. Ya no hay cientos de obreros entregando su tiempo para producir. El adelanto tecnológico crea tiempo disponible. Opera acá una paradoja que Marx observa: por un lado el capital busca crear tiempo disponible mediante la eficiencia de las máquinas y por otro lado el sistema convierte ese tiempo libre en plusvalía.

Siguiendo con la lectura de Byung-Chul Han, ese tiempo disponible creado y capturado, no es otra cosa que el producto de la maximización del funcionamiento que deriva en mero rendimiento produciendo la reducción de la vitalidad humana. Una especie de “agotamiento moderno” que separa, un cansancio a solas que termina destruyendo la comunidad. Man-Su se queda solo, y sus competidores también estaban solos y abrumados.

Es en esta encrucijada donde más urge encontrar el paraíso. Ese anhelo que ni Lulú ni Man-Su se animaron o no pudieron ni siquiera imaginar. Quizá esas mutaciones en la subjetividad que operaron al compás del capital, ameriten escapar por arriba y abandonar los juegos dialecticos para arriesgarse a un juego de la afirmación. Una afirmación que no es la positividad que funcionó como excusa de la negación de una negación para justificar el rendimiento. No, quizá haya que pensar sujetos que estén a la altura de una hospitalidad incondicional a la espera de la llegada del otro.

Sujetos que hagan del cansancio algo vital, aunque suene paradójico; una especie de facultad inspiradora que a diferencia del agotamiento moderno sea un cansancio elocuente capaz de reconciliar, abriendo espacios nuevos que permitan a los sujetos volver a conectar y confiar en el mundo. Sujetos del “no-hacer” que permitan el acceso a una atención especial, lenta y duradera contrapuesta a la hiperactividad del rendimiento y la eficiencia. Una subjetividad que devuelva el asombro por el mundo y cree comunidad, unida por una colectividad singular de paz compartida.

Esta paradoja que se produce al enfrentar a dos personajes como Lulú y Man-Su pone de manifiesto que el avance de la técnica, es decir, ese General Intellect del que hablaba Marx, terminó produciendo un sistema de esclavitud por la captura del tiempo disponible. Man-Su y su Tablet en soledad esquivando máquinas que van y vienen por la fábrica, demuestran que hasta su propia humanidad solitaria es un estorbo.

Frente a este paisaje devastador, uno se pregunta si todavía es posible el paraíso. Creo que un indicio lo dije más arriba. Espacios de espera, de asombro, de afirmación de una alteridad radical. Pensemos en una sociedad del tiempo libre producto del adelanto científico, tiempo libre no capturado, sino un tiempo que se convierta en territorio organizado para la creación y la elevación. Un territorio que es comunidad estructurada en torno a un espíritu solidario que convierta al ocio estéril en proyecto de superación dejando a un lado la violencia individualista de la competencia absoluta. Un territorio que será espacio de una Comunidad Organizada cuyo objetivo no es la mera productividad sino la dignificación del sujeto para que se adueñe de su destino y de su tiempo.

Lulú veía una densa niebla detrás del muro y ese muro terminó internalizado en Man-Su. El trabajador ha entregado su tiempo libre en beneficio del aumento de la productividad a costa de disolver lazos comunitarios.

Perón

Algo de esto advertía Juan Domingo Perón en un texto imprescindible, si queremos apostar a recuperar lo que el neoliberalismo trata de disolver. El Modelo argentino para el proyecto nacional[5], escrito en 1974, hace referencia al “ocio mal empleado” y al espejismo de la tecnología. Allí Perón contrasta la realidad de los países de baja tecnología que “sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades”, con las clases y países que basan su exceso de consumo sobre ellos, afirmando que estos últimos tampoco gozan de una auténtica cultura ni de una vida sana, sino que “se debaten en medio de la ansiedad, el tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado”. En esa misma página advierte que el ser humano, “cegado por el espejismo de la tecnología”, ha olvidado las verdades esenciales de su existencia.

Un poco antes, en una sección que titula “Las enseñanzas del proceso histórico mundial”, señala que el pragmatismo ha sido el motor del progreso económico, pero que una de sus consecuencias ha sido la de “reducir la vida interior del hombre, persuadiéndolo de pasar de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario”, y que para no ubicar a la sociedad en un simple modelo adaptativo de tecnología externa, “se requiere la máxima incentivación del esfuerzo creativo”.

Y agrega que, para que la tecnología cumpla su rol liberador y no genere una sociedad vacía, debe estar subordinada a un modelo de país. El Estado debe establecer marcos flexibles donde el empresariado pueda desarrollar su capacidad creativa. Esto requiere abandonar las políticas liberales de dependencia tecnológica y asumir el avance científico-tecnológico como una tarea planificada e interdisciplinaria. De esta manera, el progreso material y el desarrollo tecnológico se convierten en el soporte de una Comunidad Organizada que eleva espiritualmente a sus ciudadanos en lugar de pulverizarlos en el utilitarismo.

Al final, el paraíso estaba al alcance de la mano. Había que organizarse, no solo para recuperar el tiempo, sino también para vencerlo.


[1] Marx, K.– Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, vol, 2, México. Siglo XXI, 1972, pp. 216-230.

[2] Deleuze, G.- Conversaciones – Post-Scriptum sobre las sociedades de control. Valencia, España. Pre-textos- 2014pp 278-279

[3] Laval, C y Dardot, P.- La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Barcelona, España. Gedisa. 2013

[4] Byung-Chul Han.- La sociedad del cansancio. Barcelona, España. Herder. 2026

[5] Perón, J D.- Modelo argentino para el proyecto nacional. Biblioteca del Congreso de la Nación – Argentina.

Milei le pega a Perón por debajo de la mesa

Por Martín Granovsky

Los cruzados digitales de Milei están en plena campaña sucia no sólo contra el kirchnerismo sino en particular contra el peronismo y el mismo Perón. Mientras tanto, buscan que se note lo menos posible el mar de indicios contra Adorni y la desesperación laboral de los argentinos. Por eso, hasta intentan presentar como un triunfo propio el fallo de la Justicia de Nueva York que le da la razón a Kicillof.

La tropa digital de Javier Milei. –la verdadera, la que trabaja en las sombras y sin firma– no se dedica sólo a demoler kirchneristas. Su gran objetivo se llama Juan Perón.

Su Excelencia evita criticar en público al peronismo. Por eso dice que la desgracia argentina empezó hace 100 años y no hace 80. Es una forma de preservar el voto peronista a Milei del 2023 y no perderlo de cara al 2027.

El golpe, un hecho único

Pero la campaña anónima en redes aprovechó el 24 de marzo para meter en la misma bolsa que a la dictadura no sólo a Isabel Perón. También al mismísimo General. Ni siquiera se trata de una crítica explícita y racional. Las piezas desparramadas en las redes parecen querer instalar un cambalache. Sé igual, diría el ensayista Minguito Tinguitella: Perón, Isabel, los Montoneros… Todas, organizaciones o figuras de un tiempo oprobioso que debería servir para dos objetivos. El primero, la justificación de la dictadura. O, como mínimo, la relativización del Terrorismo de Estado de la dictadura. Esa condición relativa debería servir, según buscan los estrategas oficiales, para restarle el carácter de hecho único, de matanza a escala industrial y planificada. De proyecto refundacional operado sobre una sociedad hasta ese momento más igualitaria que el resto de las sociedades de América latina.

A no confundirse. No es cuestión de negar el debate histórico, y tampoco la discusión historiográfica. El punto es que no existe, legítimamente, una Historia de Estado. O en todo caso no tendría que existir, la haga quien la haga. Parcializa la mirada del pasado y obtura el debate, y cuando eso sucede en general ganan los que reivindican lo más oscuro de ese pasado. Tampoco se trata de negar los crímenes de la Triple A ni de impedir la discusión sobre cómo actuó cada fuerza de izquierda, armada o no armada. Pero, de nuevo, el golpe fue un hecho único, y la explicación es casi tautológica: si la Junta Militar tomó la Casa Rosada el 24 de marzo cuando las guerrillas ya no tenían poder de daño, ¿para qué lo hizo si no era para dar un golpe de mano y cambiar a la Argentina de una vez y para siempre?

También con el 24 de marzo el Gobierno utilizó la táctica Cambalache. Inventar una mescolanza donde todo está sucio, sin jerarquía ni racionalidad, y convertir esa mescolanza en Historia de Estado. Una táctica totalitaria.

Las metas del antiperonismo

A la vez, el antiperonismo abierto o encubierto procura simultáneamente varios objetivos:

*Terminar con la única alternativa electoral opositora y de estructuración de poder realmente existente, lo cual va más allá de sus debilidades y su fragmentación actual.

*Cristalizar un esquema de empleo que describe en detalle en esta edición Cristian Módolo cuando habla de desesperación laboral: los que tienen trabajo pero buscan un cambio porque es malo o no llegan a fin de mes.

*Reducir lo más posible el poder de negociación sindical.

*Liquidar lo que pueda quedar de identidad política o referencia histórica.

*Cortar la transmisión generacional.

Sin deuda

En medio de esas tareas se interpuso un tribunal neoyorkino. Dijo que la Argentina no tendrá que pagar los 16 mil millones de dólares por la estatización de YPF que reclaman los buitres de Burford, especialistas en comprar juicios y acompañarlos con maniobras de lobbying e inteligencia. Axel Kicillof, ministro de Economía cuando Cristina Fernández de Kirchner estatizó YPF, resumió así la estatización: “Ese proceso de hizo en base a normas y leyes de la Constitución Nacional que les da derecho a los países a declarar determinado bien como patrimonio de interés estratégico”. El último fallo revisó una condena previa y estableció la misma jerarquía legal que venía pregonando Kicillof: la ley argentina y la Constitución están por encima del estatuto de una sociedad anónima como YPF.

El relato de Su Excelencia ya fue desplegado: por supuesta incompetencia de Kicillof se llegó a este juicio en los Estados Unidos, que afortunadamente logró arreglar la competente actuación del Gobierno actual. Aplauso, medalla y beso. Lo paradójico es que en su discurso del viernes 27 a la noche, poco antes del triunfo de la selección por 2 a 1 frente a Mauritania, Milei dijo que expropiar YPF fue «una aventura suicida» de CFK y de Kicillof. Incluso anunció que enviará al Congreso una norma para ponerles límites a las expropiaciones. Un razonamiento, por llamarlo de alguna manera, enloquecedor.

La contracara de ese relato enloquecedor es que hoy no existirían los yacimientos de Vaca Muerta, con el desarrollo alcanzado y el potencial, sin la estatización previa de YPF. Con ese paso el país recuperó un instrumento como el que contaba desde los gobiernos de Yrigoyen y Alvear y como el que cuentan Brasil o México con Petrobrás y Pemex. O Malasia con Petronas.

De acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética de los Estados Unidos, Vaca Muerta alberga 16 mil millones de barriles de petróleo recuperable y 308 billones de pies cúbicos de gas natural. Es la segunda reserva de shale gas y la cuarta de shale oil en el mundo.

En cuanto al contenido del fallo, el constitucionalista Andrés Gil Domínguez posteó que desde la Constitución de 1853 existe, con la expropiación por razones de utilidad pública, «un límite razonable a la inviolabilidad de la propiedad privada». Recordó que el juicio contra el Estado argentino se inició en abri de 2015 bajo la presidencia de Cristina, siguió durante los mandatos de Mauricio Macri y Alberto Fernández y continuó, hasta terminar, con Milei. Dijo Gil Domínguez: «Los argumentos defensivos siempre fueron los mismos: los tribunales de los Estados Unidos no tenían jurisdicción para tramitar un proceso donde se discutía derecho público argentino». Agregó que la expropiación respetó la Constitución y las leyes y concluyó: «En otras palabas, la defensa estratégica fue una política de Estado durante la totalidad de la tramitación del proceso». Es decir que resulta falso el argumento de Su Excelencia sobre su cualidad de salvador del patrimonio nacional luego de la acción de esos deleznables peronistas y horribles populistas.

El exdiputado Eduardo Di Cola escribió en X que el fallo en favor de YPF «es coherente con el propio interés de los Estados Unidos». Recuerda Di Cola que el fiscal para el Distrito Sur de Nueva York Damian William ya había afirmado que los jueces no tienen competencia para ejecutar bienes de Estados extranjeros. Añade Di Cola: «La explicación es muy sencilla. La Justicia norteamericana no puede abrir la puerta y sentar el antecedente para que, por ejemplo, la Justicia de China condene en China a una empresa norteamericana y al propio estado de EE.UU., violando leyes de inmunidad soberana». Moraleja: «El fallo es en defensa del propio interés norteamericano».

Qué modelo para YPF

Con Vaca Muerta e YPF como realidades palpables, la discusión sin cambalache de por medio es otra: el modelo energético deseable, o en todo caso el modelo industrial buscado.

La gestión de Horacio Marín, el presidente actual de YPF y exgerente de Techint, desinvirtió en áreas que consideraba menos rentables, como cuando se desprendió Profértil sin tener en cuenta que los fertilizantes eran un insumo estratégico, cosa probada desde que comenzó la guerra de Ucrania en 2022. Ucrania era un gran productor de fertilizantes. La estrategia de Marín y Su Excelencia apunta a exportar energía, sobre todo apostando al desarrollo del Gas Natural Licuado. YPF, además, no funciona como herramienta de regulación de precios internos, fenómeno que cualquiera puede comprobar estos días yendo a una estación de servicio y viendo, si es que accede a los precios de manera transparente, cómo el conflicto en el estrecho de Ormuz afecta a un país con petróleo como la Argentina y a su propio bolsillo.

La última gestión peronista en YPF, a cargo del exsenador santacruceño Pablo González, tuvo en cambio una postura orientada a expandir la actividad productiva con base en Vaca Muerta y a usar YPF como herramienta de política económica. Por un lado, regulando precios en casos de emergencia como sucedió con la creación del barril criollo, una forma de desenganche respecto de situaciones mundiales críticas. Por otro lado, diversificando la oferta con litio, electricidad y tecnología.

Entretanto, en Ciudad Gótica, Su Excelencia paró a su lado a Adorni. Él y el Jefe Karina, evidentemente, quieren aguantarlo. Ya lo hicieron con José Luis Espert (¿lo recuerdan?) y les salió mal. Pero la de Adorni en pose de cadena nacional no fue su primera foto en estos días. Para demostrar que no es un hombre solo venía tomándose selfies con los miembros del gabinete como si fuera un cumpleañero.

Mire a la cámara. Sonría. Diga fin.

Enlace: https://yahoraque.com.ar/la-semana-de-su-excelencia/milei-le-pega-a-peron-por-debajo-de-la-mesa/

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