¿Halcones, gorriones o gusanos?

Por Omar Auton

“La verdadera política, es la política

Internacional” Juan Perón

A nuestra clase dirigente le hace falta un largo y profundo, baño de realidad, tanto nos hemos olvidado de Perón, que hasta la frase que encabeza este artículo ha quedado en el olvido, su significado no pasa por copiar mecánicamente los análisis de autores extranjeros sobre la realidad política europea, rusa, china o de EE.UU y aplicarlos o copiarlos a nuestra realidad, hay que estudiar en serio los movimientos y cambios o tendencias, sus orígenes y expresiones políticas e ideológicas y ver como repercuten o influyen en la visión que tienen de Argentina, paralelamente hay que tener muy en claro cuáles son nuestros intereses y obrar en consecuencia.

   Sin embargo, oficialismo y oposición hacen todo lo contrario, Milei arrastrándose hasta la abyección para ser protegido por Donald Trump, abriendo nuestras fronteras al desembarco y establecimiento de bases militares yanquis y alineando al país de una manera demencial y vergonzosa a las políticas de EE. UU e Israel, acompañando la orfandad de éstos en cada votación de la ONU e incorporando al país a conflictos ajenos o respaldar un estado genocida como el israelí.

    La oposición, con escasas excepciones explicando tanto cipayismo vendepatria en supuestas pertenencias a “nuevas derechas” o “fascismos redivivos” en Europa, en cuya bolsa cabe también Donald Trump, mezclando a Le Pen, Orban, Meloni con Putin y Xi Jinping, el gobierno de Irán o Corea del Norte, nuevos ejemplos de gobiernos autoritarios.

Porqué EE. UU o China pueden disputarse Argentina. 

   Voy a seguir a un pensador y escritor argentino de valía como Gabriel Merino que en su libro “China en el (Des)orden Mundial” nos explica “Argentina representa la tercera economía en América Latina y la segunda en América del Sur, después de Brasil, y se destaca como un importante productor mundial de alimentos. Además, posee un gran potencial en la obtención de minerales (que ya está en pleno despliegue y algunos de los cuales son centrales para la transición energética como el litio) y también en la elaboración de hidrocarburos (posee la tercera reserva más grande del planeta). A la vez es el principal productor sudamericano de software, tiene un buen nivel de formación en su fuerza de trabajo (capital humano) y posee importantes capacidades científico-tecnológicas para ser un país semi-periférico de tamaño medio. En materia geopolítica es de destacar su proyección antártica y su carácter bicontinental, su gran litoral marítimo de 4500 km. sobre el atlántico sur y por supuesto, su lugar clave en la Cuenca del Plata, espacio nuclear de América del Sur desde el cual construir una confederación continental y un centro económico emergente…Su ingreso a los BRICS junto a Brasil podría haber fortalecido la sinuosa y disputada construcción de un bloque regional, que colisiona con los intereses hemisféricos de Estados Unidos”.

   Si a esto le agregamos que por su tamaño Argentina es el séptimo país más extenso del mundo y el cuarto de América, sus reservas de agua dulce, su potencial de desarrollo en materia nuclear, escasa población y paso natural del Atlántico al Pacífico, por el Estrecho de Magallanes, es fácil de comprender que EE.UU, cualquiera fuera su gobierno, cobijaría los desatinos de un mediocre y fracasado como persona y profesional, junto a su Corte de los Milagros, dispuesto a entregar todo eso a cambio de la impresión de un tweet y una foto babeándose de emoción.

   Pero además de permitirle el control del Atlántico Sur sin conflictos, hoy se ve obligado a sostener los costos de una base militar y nuclear en nuestras Islas Malvinas y a nuestro reclamo de soberanía, Milei se dispone a destruir el Mercosur, aislar a Brasil, abandonar a su suerte a toda América del Sur y he aquí la última joya, detener el avance comercial, financiero y político de China en el “Patio Trasero” del imperio americano en decadencia.

   EE. UU, aliado a Gran Bretaña, dejaron a Europa abandonada a su suerte, la obligan a nuevos recortes presupuestarios para sostener el 19% del gasto militar al 2024, con un compromiso de incremento al 5% DEL PIB europeo para 2035, además de derivar ese gasto a comprar material bélico de EE. UU, con el fin de mantener en funcionamiento el aparato militar-industrial, denunciado por Eisenhower en los años 60.

   Por si esto fuera poco ha pedido se incrementen las importaciones de alimentos y granos, así como de petróleo y gas licuado desde EE. UU, mucho más caro que el gas ruso, cuyo costo permitió el sostenimiento de la industria alemana y francesa hasta su corte a raíz de la guerra de Ucrania. He aquí las causas del resurgimiento de movimientos nacionalistas, anti Bruselas y Unión Europea, que rechazan además la democracia liberal, laica y global, que les fue impuesta hasta ahora, se trata de un nacionalismo defensivo, muchas veces xenófobo, pero ese rechazo no se basa como con el nazismo en cuestiones de superioridad racial sino por disputa de la escasa oferta de trabajo, conflictos culturales o miedo al terrorismo.

   El bloque anglosajón se encuentra jaqueado también en África, con la incorporación de Egipto y Etiopía como miembros plenos a los BRICS y Nigeria y Uganda como países socios, sumado a la aparición de la Conferencia de Estados del Sahel (Mali, Níger y Burkina Faso) países que han expulsado las bases y tropas de la OTAN de su territorio.

    Lo mismo o peor ocurre en Asia, la incorporación de potencias petroleras como Irán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos como miembros plenos a los BRICS  y de viejas repúblicas de la ex URSS como Kazajistán y Uzbekistán, sumados a los ex Tigres Asiáticos como Malasia e Indonesia más el fortalecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái donde conviven China, Rusia, India y Pakistán, junto a Kirguistán, Tayikistán, Kazajistán y Uzbekistán, refrendado recientemente, revela claramente que la OTAN es el último baluarte del poder global anglosajón, solamente su poderío militar mantiene a EE.UU y el hecho de ser un centro financiero, a Gran Bretaña, como actores de un planeta que ha abandonado los unipolarismos o bipolarismos y marcha a un pluralismo para el cual occidente ya ha dejado de ser la locomotora industrial.

   Trump es la expresión defensiva del imperio en decadencia, pero está decidido a mantener sojuzgado, a cualquier costo a su “Hinterland”, de ahí el regreso del viejo apotegma “América para los (norte)americanos”.

   El instrumento se llama Javier Gerardo Milei, el traidor a la patria más grande desde Bernardino Rivadavia

   Ahora bien, para salir de esta situación lo peor que podríamos hacer es correr a buscar auxilio en China, esta potencia si bien por sus características aparece como más potable a una asociación similar a la que mantuviera Argentina con Gran Bretaña hasta 1930, nos condenaría a una profundización del modelo primario de producción, especialización en commodities y pondría en severas dificultades la posibilidad de un desarrollo industrial propio ante el volumen de las exportaciones manufactureras chinas.

   Ya a fines de la década pasada China consumía el 59% del cemento mundial, 47% de la carne de cerdo, 27% de la soja, 23% del maíz, 14% del petróleo, 50% del cobre y esos números han aumentado. En este siglo el comercio con América latina aumentó 35 veces, pasando de 14.000 millones de dólares en el año 2000 a 500.000 millones en 2022, mientras que la IED entre 2005 y 2019 fue de 130.000 millones de dólares, casi 10.000 millones de dólares anuales.

   Con el lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y de la Ruta, a la que ya se han sumado 22 países latinoamericanos, entre ellos Argentina, por ahora, desde 2009 China se ha convertido en el primer o segundo socio comercial, inversor y acreedor extranjero de la región. En el caso Argentino el tan mentado Swap por 20.000 millones de dólares, viene siendo fuertemente cuestionado por EE.UU, que reclama que se lo deje sin efecto, casualmente la misma asistencia que parecería se encamina a contraer Milei en los recientes acuerdos con el tesoro norteamericano, tendría como requisito dejar sin efecto la ayuda China.

   Ahora bien todo esto se desarrolla en medio de la escalada confrontativa que Trump ha desatado contra Beijing en el marco de la disputa global, que lleva varios años y tuvo picos en el anterior gobierno republicano y se mantuvo con Biden, en medio del (Des) orden global que tan acertadamente define Merino y que, muy sucintamente, describiéramos anteriormente.

   Es llamativo que cierto sector “desarrollista” del peronismo sueñe con una alianza con China a cambio de exportar cobre, petróleo, litio, carne de cerdo, y soja, esto permitiría acceder a las divisas por importaciones que significaría equilibrar las cuentas y superar el cuello de botella de la escasez de reservas y guarden silencio respecto del efecto de la situación de la industria local en ese nuevo “modelo de complementación”, como ya sabemos con Inglaterra duró varias décadas, pero su caída nos dejó a la deriva y hace casi un siglo que algunos sectores siguen buscando un nuevo socio para volver a ese pasado como si el mundo permaneciera inmóvil.

   Un dato llamativo es que en aquella asociación Argentina era aún el “país de las vacas”, hoy el principal vendedor de carne vacuna a China es Brasil, sí el mismo país que hasta hace 25 años sólo tenía carne de mala calidad para consumo interno (miles de argentinos que desde los años 90 invadieron las playas brasileñas, aprendieron a comer pescado por que la carne era dura y carísima) y el segundo EE.UU, algún día habremos de preguntarnos porqué dejamos de ser un país productor de alimentos para dedicarnos a los porotos de soja y los biocombustibles y en qué momento nuestra ganadería se dedicó  al feedlot, lo que redujo la cantidad de carne producida y por ende a que los consumidores locales tengan que pagarla carísima para que queden saldos exportables (hoy es más barato comer un asado en París que en Buenos Aires).

    En realidad esto viene desde hace muchos años, desde que la cantidad de cabezas de ganado no siguió el crecimiento de la población, porque la vieja oligarquía y los actuales grupos financieros prefirieron y prefieren vender menos y muy caro a ganar vendiendo en gran cantidad para el mercado interno y exportar al mismo tiempo ganando un poco menos por kilo e incluso sacrificar terneros y vientres para dejar más tierras para la soja

   En resumen, nuestra agroganadería ya no alcanza para asociaciones “virtuosas” con la nueva potencia, en el cobre y el litio competimos con Chile y Bolivia, por otra parte se trata de exportaciones sin elaboración o sea sin valor agregado, la minería tiene un tiempo de explotación, luego las empresas se van y sólo quedan los agujeros y las napas contaminadas. No estoy en contra de la minería ni mucho menos, sólo que debe ser parte de un proyecto integral de desarrollo que, por ejemplo, privilegie la generación de puestos de trabajo en la transformación del mineral y exportar manufacturas (pilas, baterías, conductores) y no materia prima.

   El modelo de Milei de RIGI, aprobado lacayunamente por el Congreso Nacional dentro de la Ley Bases, es un espanto jurídico además de un canto a la dependencia ya que permite a la empresa que se acoja a él que traiga la maquinaria, aunque sea usada, emplee mano de obra extranjera, ya está ocurriendo ya que las empresas prefieren emplea mineros chilenos y bolivianos, con mucha experiencia en la actividad y menor costo laboral a tomar argentinos, no contrate servicios de empresas locales sino internacionales, no paguen ganancias y puedan remesar utilidades sin control.

   En este marco sólo queda el petróleo y gas de Vaca Muerta como haber, al menos para reducir el gasto en importaciones de energía que han sido uno de los grandes problemas para el déficit fiscal en los últimos años, si la Argentina crece y la industria se reactiva hace falta energía si la que producimos no alcanza hay que importarla, eso genera un gran agujero fiscal, las divisas se evaporan, comienzan las corridas del dólar y una crisis tras otra. 

   Resumiendo, los vendepatria locales solamente atinan a vender más y más recursos, que son del pueblo argentino, simplemente para sostener un sistema de timba financiera, los “grupos inversores” o hacen ganancias con el carry trade o bien invierten en negocios de corto plazo, con ganancias aseguradas, las grandes potencias buscan hacerse de recursos que necesitan como el agua para la gran disputa por la supremacía en los desarrollos de alta tecnología en la industria manufacturera, bélica y de las comunicaciones y el gobierno se enrola en un “occidentalismo de cotillón” ya descripto.

   Algunos sectores del peronismo (los gorriones) imaginan un modelo exportador de similares características pero que asegure el ingreso de divisas para sostener el equilibrio fiscal sin necesidad de los ajustes salvajes como el que estamos viviendo, pero sin un modelo industrial con justicia social.

   Merino describe muy bien las alternativas que se abren ante  nosotros:

   “ 1) Avanzar en una mayor periferialización regional, atados y subordinados en términos políticos y estratégicos al polo de poder angloestadounidense en declive en un mundo en crisis, atrapados en el estancamiento y la financiarización. (Los gusanos).

   “2) Ir hacia una especie de neodependencia económica con China y otros emergentes, establecida de hecho por las obvias asimetrías económicas y el sostenimiento del proyecto neoliberal, primario, exportador y extractivista, combinada con una subordinación estratégica al establishment occidental (con sus distintas fracciones en pugna” (los gorriones).

   “3) Aprovechar el escenario mundial y la multipolaridad relativa, así como el ascenso de China y las oportunidades que esto ofrece (incluso porque no presenta un patrón imperialista de desarrollo y necesita del ascenso del sur global,) para construir un proyecto nacional-regional de desarrollo y resolver las tareas de la segunda dependencia” (los halcones).

   Cualquier peronista honesto y que no haya sido ganado por la resignación noventista sabe perfectamente cuál es el camino a elegir, con todos los inconvenientes y peligros que encierra, las otras alternativas presenta peligros aún mayores, (entre otras cosas porque son inviables), por eso estoy convencido que nos hallamos frente a dos desafíos: 1) Ganar las próximas elecciones, aunque sea por un punto, para ordenar la indignación popular ante el latrocinio político, social y económico del actual gobierno, aunque ello nos obligue a votar algunos candidatos que no merezcan crédito alguno, es lo que hay y hay que ganar y 2) Poner en movilización todas las estructuras del peronismo, sindicales, sociales, profesionales, de la mujer y juventud, ordenar y profundizar un debate que ya se está dando en forma fragmentada y dispersa, para construir una alternativa superadora, de futuro, capaz de recuperar la confianza y la esperanza de los argentinos.

TIEMPO DE CORONELES: LA ENCRUCIJADA DE UN MOVIMIENTO

Por Nicolás Mujico y Ramón Prades García

¿En qué momento nos desviamos del camino? ¿Cuándo, creyendo que tomábamos un atajo hacia el futuro, retrocedimos a lugares que pensábamos superados? Quizás, y con justa razón, algunos sostengan que nunca llegamos a pisar el verdadero sendero: el de la liberación nacional, el del desarrollo, el del “buen vivir”, o como cada quien quiera llamarlo.

La pregunta persiste, resonando en la memoria reciente. ¿Fue en aquel acto del Luna Park el 14 de septiembre de 2010, cuando la juventud le habló a Néstor para exigir más conquistas futuras, pero culminó en la consagración de La Cámpora como fuerza dominante agradeciendo solo el presente? ¿O acaso nos desorientamos días más tarde, el 15 de octubre, cuando Hugo Moyano, en un acto multitudinario, exigió reivindicaciones que el gobierno consideró desmedidas, lesionando la relación entre el movimiento obrero y el kirchnerismo?

En una época donde la línea bajaba desde la TV, y se transmitía junto con los recursos a través de las orgas saltando por encima de lo institucionalmente conocido hasta ese momento. Donde el gobierno estaba por encima de las corporaciones, pero las Orgas, por encima de los municipios y gobernadores o por lo menos perforando esas estructuras, y donde el gobierno alambrando con sus vanguardias a todas las organizaciones existentes preparaba “el modelo árabe” sin intermediarios, ni organizaciones libres del pueblo. ¿Fue ahí que desviamos?

El dolor por la muerte de Néstor Kirchner y la euforia por el Bicentenario quizás nos impidieron reflexionar sobre el rumbo que tomaba el gobierno. La idea de la “sintonía fina”, impulsada tras la victoria electoral que transformó a Cristina Kirchner en Cristina Fernández, intentó acomodar los desajustes económicos sin perder el apoyo popular, dando inicio a lo que la oposición denominó “el relato”. La creación de Unidos y Organizados diluyó las agrupaciones del peronismo silvestre bajo la hegemonía de las organizaciones más influyentes. Sus comisarios filosóficos clausuraron el debate de ideas. La estrategia se resumió en “Vamos por todo”, y el precio de ese “todo” fue, precisamente, todo. Por eso hoy estamos aquí.

Dentro del peronismo, entendido en un sentido amplio, se distinguen tres posturas: los que creen que el último gobierno peronista nunca estuvo en el camino correcto; los que sostienen que aún estamos en el sendero correcto; y los que creemos que es imprescindible encontrar uno nuevo.

Volver a la Fuente

Hace diez años, en un acto insólito e irrepetible, medio millón de personas despidieron a la expresidenta en la Plaza de Mayo, sellando un liderazgo que, lógicamente, tendría sobrevida. Ante el escenario que se abría, la única alternativa fue la idea del volver, pero no con la “frente marchita”, sino “mejores”. La hipótesis, entonces, era que no había sido Cristina sino Scioli el derrotado y que solo era necesario corregir algunos detalles. Sin embargo, la derrota en 2017 y la victoria de 2019 demostraron que no bastaba con corregir ni con volver. Así caímos en un ciclo de loop eterno con brillantina, una encerrona que nos impidió, como pueblo, asumir la responsabilidad de construir lo colectivo.

Hoy se perdonan las derrotas si se recita el catecismo y se atacan las victorias de quienes no comulgan. Los intentos de renovación fueron cocinados, uno a uno, o en grupo, dando lugar a lo que podríamos llamar el increíble negocio de la derrota. El fracaso y la indecencia de Macri, primero, y de Milei, ahora, mantienen oculta la urgente necesidad de comprender que no se puede volver a remontar el barrilete en esta tempestad.

Una Trinidad como propuesta

Gran parte de la historia del peronismo está escrita entre un periplo que va desde la creación del Consejo Nacional de Posguerra en 1944 hasta el Consejo para el Modelo Nacional de 1974. Treinta años exactos que muestran un camino que empezó y terminó con una visión similar, y del que podemos extraer algunas conclusiones fundamentales para el presente.

Para recuperar la senda, debemos retomar la trinidad fundacional de aquel momento histórico: la idea, la difusión y la planificación. Esto implica un primer paso: la Idea; requiere conformar un grupo de compañeros y compañeras de toda la Argentina dispuestos a pensar en términos nacionales. Con una visión federal, pero siempre con perspectiva nacional. No existe Nación sin ideas que nos unan, que recuperen la audacia y la lucidez de la visión que dio origen al peronismo. La Difusión se convierte en el segundo pilar, donde es crucial recuperar la generosidad del compañerismo. Hoy existen experiencias que promueven estas visiones, pero actúan de forma aislada; es necesario comprender que gobernar es ordenar una idea, darle forma y sostenerla en el tiempo, tal como lo hizo Perón con la cátedra de Defensa Nacional para proyectar un nuevo concepto de país a la sociedad. Finalmente, la Planificación nos obliga a trazar un horizonte claro. En nuestro país, todo el arco político se convenció de que no es posible vivir bien. Es imperativo revertir esa creencia. Para eso, debemos responder una pregunta simple pero fundamental: ¿A qué debería jugar la Argentina del futuro? Actualmente, no solo no jugamos a nada, sino que somos la pelota en el juego de otros. Responder esta pregunta nos permitirá empujar la frontera de lo posible, y quizás convocar a un Consejo de Capacidades Nacionales para planificar la obra que el país necesita, tanto como el justicialismo para recuperar su destino.

La certeza, es que solo un gran país puede soportar una realidad tan tremenda. El intento de destruir el Estado, tuvo efectos devastadores en la nación. La reconstrucción, tiene necesariamente que mostrar un horizonte como destino. Dice el dicho, que el camino es mejor que la posada. En la historia y en la política, no hay que ser el que más sabe para ser el más lucido. Es Tiempo de Coroneles.

*Artículo extraído de la Revista Panamá

No caer en la nueva trampa gatopardista del poder silencioso

Por Mario Gambacorta*

1 El poder real quiere cambiar la forma sin que cambie el problema

 1.1. Escenarios, actores y políticas

Luego de las elecciones del 7 de septiembre de 2025 el Gobierno de Milei se encuentra en una situación distinta a la que tuvo, y con la que se benefició, desde su asunción. Fundamentalmente, por la complacencia, respecto de su accionar de fondo y de forma, por parte de quienes ejercen el poder real (un poder silencioso) en Argentina.

Ahora, ve erosionada y debilitada su lógica de funcionamiento, la cual como expresamos precedentemente, venía siendo sostenida por “los ya no tan propios”; a saber:

a) Grandes grupos económicos de incidencia en Argentina, como principales factores del poder real.

b) Un núcleo duro del 30% de una sociedad profundamente en crisis que, optó por la temeridad evidenciada por Milei, sin mayores valoraciones en cuanto a las consecuencias que esto tendría en la vida económica social y política de nuestro país;

c) Los demás votantes —fundamentalmente del pro y radicales— que acompañaron a los anteriores en la segunda vuelta por reacción a gobiernos anteriores y por suponer que ese proyecto los contemplaría e integraría sin dañarlos.

d) Una alianza parlamentaria que, como supuesta oposición, en la práctica, actuó como colaboracionista facilitando las profundas y dramáticas transformaciones en perjuicio de las mayorías, cuyas consecuencias hoy estamos y seguiremos padeciendo.

e) Medios de comunicación afines y/o que no formulaban observaciones de fondo y menos críticas respecto de las medidas, sus formas, o los fines con que se llevaba a cabo el proceso y que, pese a todo, se siguen llevando adelante por el Gobierno de Milei.

Por su parte, las políticas de desmantelamiento y debilitamiento de los deberes y responsabilidades que el Estado nacional tiene en cabeza (en función de la normativa vigente han ido teniendo cierto impacto en la pérdida de credibilidad y respaldo al actual gobierno nacional.

A lo anterior, se agrega la pérdida de poder adquisitivo, el escenario cada vez más recesivo y la desarticulación estructural del funcionamiento del país. Asimismo, las denuncias de corrupción que afectan al funcionamiento y financiamiento de la agencia nacional de discapacidad han impactado directamente en el núcleo formal de toma de decisiones de este gobierno.

La ausencia de una respuesta gubernamental clara y contundente, respecto de las denuncias de fraude a la administración pública, así como la solicitud del accionar judicial para imponer censura previa y evitar la difusión de audios que podrían involucrar a la hermana del presidente y a otras importantes figuras que accionan en este gobierno, convergieron en una crisis que, también entendemos, se vio reflejada en el resultado electoral del 7 de septiembre próximo pasado.

En las referidas elecciones, el peronismo concurrió unido; atenuando y encausando divisiones internas.

En todo este contexto, la estrategia del gobernador Kiciloff se convalidó, amén del relevante accionar de los intendentes, lo cual no es no es un factor que se pueda pasar por alto.

1.2. ¿Cuáles son las respuestas desde el poder real frente a estos escenarios?

Empezamos a escuchar o leer en distintos medios, explicaciones y esbozos de respuestas, así como difusas y simplificadoras propuestas frente a esta situación. Ante esto, queremos remarcar y dejar en claro que no debemos permitir que nos engañen, pero tampoco debemos engañarnos nosotros mismos adoptando las lecturas básicas, lineales y sesgadas que se nos presentan y, seguramente, se nos seguirán presentando.

Todo podría redundar en un equívoco diagnóstico de lo que está ocurriendo y, consecuentemente, en la adopción de decisiones estratégicas equivocadas. Peor aún, en una inacción a la espera que los acontecimientos se desarrollen por sí solos. Esto, en un sentido que, supuestamente, permitiría avanzar hacia el encauzamiento de estas problemáticas de forma casi espontánea.

Adelantamos que no creemos en ninguna teoría de la espontaneidad, y menos en la actual coyuntura argentina —y global—. Concretamente, nos referimos y queremos visibilizar las estrategias de confusión y dilución de cuestiones de fondo y sus consecuencias, en cuanto a las políticas públicas llevadas adelante por este gobierno.

Las políticas de Milei no son sino parte de la instrumentalización de un modelo de país formulado para un proyecto político de subordinación, dependencia y colonialidad para la Argentina. Son impulsadas, por la acción de grupos económicos concentrados locales y, fundamentalmente, transnacionales. También por la incidencia de países que vienen tratando de imponer en nuestra región una lógica de subordinación en función de sus excluyentes intereses geopolíticos.

Nos proponemos visibilizar las maniobras y premisas, articuladas o no, que se generan desde el poder real para distraer el debate de fondo que, consideramos, debería ocuparnos en este momento. Nos referimos, concretamente, a la imprescindible dilucidación del modelo de desarrollo más adecuado para contribuir a la consolidación de un proyecto de país; más aún, a un proyecto de Nación.

Todo, en vista de sortear la subordinación y dependencia a poderes ajenos que buscan afectar la posibilidad de decisiones soberanas, cada vez que queremos hacer valer los intereses que fortalezcan a nuestra Nación y beneficien la calidad de vida de su pueblo.

1.3. No nos dejemos engañar ni nos engañemos

Desde el Grupo OND, sostenemos la imperiosa necesidad de llevar adelante un modelo de desarrollo industrial que redunde en trabajo de calidad; es decir un modelo de industrialización con justicia social para un proyecto de Nación.

Aclaramos esto puesto que, apreciamos construcciones discursivas que, pretenden demostrar —y engañar— en cuanto a que el problema actual estaría solo en las “formas” con las que el gobierno de Milei lleva adelante sus políticas y no en las políticas en sí mismas, con sus nefastas consecuencias laborales, económicas y sociales.

En efecto, debemos hacer visible y comprensible que los factores de poder que se vienen beneficiando con el accionar del actual gobierno, y con el de anteriores gobiernos, en desmedro de la calidad de vida de quienes habitamos Argentina, ahora se esmeran en generar, apenas, algunos cambios de forma, no de fondo. Pretenden, en términos gatopardistas, que parezca que es factible un cambio profundo —o al menos algo—, para que no cambie nada de las desastrosas estrategias estructurales que los enriquecen cada vez más en desmedro de nuestro pueblo.

Este estilo gatopartidista se evidencia al presente. Lo hace tanto en los rumores como en las manifestaciones tendientes a “cuestionar y modificar” el accionar de este gobierno. Así las cosas, no se deja de:

a) reivindicar la brutalidad de su ajuste fiscal;

b) consentir la dependencia que genera el endeudamiento con el FMI; que ha continuado Milei, a partir de lo iniciado por el Gobierno de Macri;

c) justificar la mayoría de las políticas de ajuste (fundamentalmente verificadas en la sanción de la denominada Ley Bases y el Rigi);

d) orientarse a tolerar, admitir, avalar y promover medidas iguales a las de este mismo gobierno que afectan al pueblo, los intereses y el patrimonio nacional.

Desde una lógica de continuidad edulcorada para con los ajustes llevados a cabo por este régimen conservador-liberal-libertario, pareciera que, algunos integrantes o representantes del poder real han descubierto los malos modos de Milei “hace 15 minutos”; o, más precisamente, cuando comenzaron a conocerse los resultados electorales de la provincia de Buenos Aires.

No alcanzamos a advertir esto en su magnitud… basten de hecho las declaraciones de empresarios sobre el riesgo país…

En línea con lo expuesto, se viene planteando una etérea y diluida necesidad de cambio de rumbo, casi apenas, débilmente expresada; en cuanto a las expresividades del gobierno.

Respecto de todo esto, estamos convencidos que lo único que se pretende es cambiar la máscara de un modelo de país que, cada vez, nos lleva a un mayor deterioro de nuestras condiciones de vida y de trabajo y a una terminal pérdida de decisiones independientes e identidad autónoma como Nación.

Las críticas al modelo de Milei —y de muchos otros ocultos tras la actual y deteriorada máscara— busca diluir el necesario y verdadero debate por un proyecto de Nación; lo expurga con él, en él y junto a sus cómplices. Todo, en función de intereses que difícilmente sean visibles para el común de quienes habitan en Argentina.

2 La corrupción como flagelo y la corrupción como excusa reaccionaria-regresiva

 2.1. Una necesaria lucha contra la corrupción, también contra las falacias que habilita

En línea con lo expresado en el punto precedente, la invocación de la corrupción puede ser —y es también— estrategia de poder (constructiva y destructiva).

Estamos convencidos que, en el caso del actual gobierno, la corrupción vuelve a ser funcional a sectores del poder real para una necesidad de ajustes y transformaciones en función de sus intereses. Contribuye una vez más, a desatender un debate pendiente, relevante y de fondo; a desvincular y desafectar a las reales estructuras de poder de responsabilidad respecto de lo que ocurre, desdibujando su efectiva incidencia subyacente.

Así, paradójicamente, hoy la corrupción golpea a quienes suelen valerse de ella para estigmatizar y debilitar a otros tipos de gobiernos, cuando éstos intentan llevar adelante transformaciones contra el status quo imperante, afectando al denominado establishment o a un ahora denominado círculo rojo.

Frente a esto, no podemos sino evidenciar que, se está haciendo lo mismo que referíamos antes, pero en este caso, contra un gobierno “propio” que está dejando de dar los resultados esperados a las difusamente denominadas “fuerzas del mercado”.

Estas últimas, en realidad representan una convergencia de intereses privados en sintonía con intereses políticos extranjerizantes. Y para peor, en un especialmente complejo escenario de crisis internacional que, por ahora, prioritariamente, es de guerra comercial.

2.2. ¿Qué hacer frente a “las” corrupciones?

Por todo ello, queremos reiterar que, la corrupción —y la lucha contra ella— debe ser analizada también en los diversos niveles de su funcionalidad instrumental.

A menudo, favorece proyectos y estrategias, más allá de buscar o querer poner fin a los abusos por parte de ciertos actores o protagonistas. Concretamente, lo sintetizamos en la pregunta en torno a: ¿quiénes la esgrimen y para qué?

Sostenemos que la corrupción como flagelo debe ser, inexorablemente, limitada a sus mínimas expresiones. Sin embargo, con esto apenas nos referimos a ella en un primer, o genérico nivel.

Sin desmedro de lo anterior, colegimos que el argumento que invoca permanentemente “la corrupción del otro”, paradójicamente es otra forma de corrupción. En especial, del tejido social, a partir de la sospecha y la estigmatización permanente-. Este sería, a nuestro entender, un segundo nivel de corrupción que, entendemos, es tan grave —o quizás más— que el anterior.

Así, la corrupción puede ser sistemáticamente utilizada como excusa y trampa reaccionaria-regresiva ante cualquier intento de transformación. Y por ello, debe ser visualizada, tanto en el origen de su instrumentalización, como en sus instrumentalizadores.

Debe superarse entonces, el temor a no ser políticamente correctos por formular estas argumentaciones. Es menester evidenciar, los verdaderos objetivos del poder real, las tácticas o estrategias de los sectores concentrados y excluyentes en materia social. Puesto que, sin fundamento, pero con adecuados mecanismos de propaganda, logran afectar y limitar potenciales transformaciones en beneficio de las mayorías, solo para maximizar el suyo propio.

Este mecanismo es, en la práctica, similar a esa genérica y corrosiva, invocación del populismo. Con esta última, también se trataría de una mera estigmatización reaccionaria ante cualquier intento de favorecimiento a sectores populares.

3 El caso ANDIS como réplica que deja en evidencia a quienes impulsan la corrupción como táctica estigmatizadora

El escenario generado por el caso ANDIS, no puede quedarse ni en un caso más de corrupción ni, solamente, como evidencia de la supuesta y generalizada decadencia de la clase política argentina.

Más allá de este caso, si hablamos de decadencia de la clase política, primero hay que definir a quiénes alcanzaría el concepto de clase política. Luego, recordar quienes interactúan con ella, como actores y/o factores de poder.

Por su parte, no podemos olvidar a quienes eligen a esa clase política; cómo se comporta la sociedad, en términos generales, respecto de incumplimientos o actos de corrupción.

Es frecuente que, al hablar de corrupción se ponga foco en los agentes estatales, pero se deje de lado a los actores del sector privado, más específicamente, al empresariado.

Concretamente, nos referimos a empresarios que participarían en la corrupción otorgando y facilitando el pago de coimas, en función de la obtención y maximización de sus ganancias. Ganancias que parecerían desconocerse intencionalmente al momento de señalar a todos quienes se encontrarían involucrados en este tipo de actividades.

De esta forma, poniendo un foco —sesgado— en críticas a políticos partidarios, organizaciones sindicales y trabajadores del sector público, se logran diversos objetivos a la vez:

a) En lo instrumental, se los presenta como los únicos responsables de esta problemática y demás falencias.

b) En lo discursivo y conceptual, como partícipes sistémicos y excluyentes de una corrupción que, paradójicamente, “debe” ser superada mediante la intervención de actores privados —¿externos? —.

c) Se parte de, y se consolida entonces, un preconcepto en cuanto a que estos últimos no van a cometer actos de corrupción, abusos, o buscar la maximización de sus ganancias. Por el contrario, es verificable en notorios casos de corrupción empresarial, y en diversos países, que lo han hecho casi a cualquier precio.

En materia de resultados, se proyecta una sociedad que, en la práctica, no tendría posibilidades de cambios. Más aún, estos estarían circunscriptos a lo privado (limitando y deslegitimando a actores sociales transformadores).

Con todo este actuar, se favorecen los procederes reaccionarios-regresivos, el inmovilismo, y el accionar y consolidación de quienes detentan poder real; especialmente, por encima de las configuraciones institucionales vigentes.

4 La estigmatización mediante la corrupción “funciona”, se acredite o no. Entonces la pregunta a formular es ¿a quién sirve?

Es necesario recordar si esta corrupción ha comenzado en el presente, o en realidad es un proceso que, más allá de las diferencias de niveles que se puedan detectar, tiene una continuidad en el tiempo, y más allá de las administraciones.

También sería pertinente la relevancia e incidencia en las distintas gestiones, dilucidando el signo de sus políticas públicas, sus efectos y su vinculación con otras acciones gubernamentales; por ejemplo, el recorte de derechos a los discapacitados.

En línea con lo anterior, deviene dramático —o patético— que, ahora, son quienes pontifican sobre la lucha contra la corrupción de la que denominan “la casta política”, señalando solo a sus oponentes como corruptos, los que quedarían involucrados en situaciones más aberrantes que las que suelen atribuir (siendo verdad o no), a la otredad política.

En tal contexto, queremos destacar que, muchos dirigentes de partidos políticos que han hecho de la corrupción una bandera y que señalan a la corrupción solamente en su adversario político, podrían estar involucrados en casos de corrupción, a lo que se agregaría, en el caso ANDIS, la afectación de colectivos de particular vulnerabilidad.

En este último caso, habría llamativas continuidades históricas de integrantes de distintas gestiones y con distintas responsabilidades; más allá del remanido señalamiento de la corrupción, habitual y casi exclusivamente, en la gestión de gobiernos de origen popular (se corrobore luego o no, la ocurrencia en estos de hechos de corrupción).

Esto nos hace recordar, al decir de Norberto Bobbio, que el fascismo —y otras formas de autoritarismo, agregamos nosotros— se valen de la corrupción cuando no tienen otros argumentos prevalentes para desarticular políticas que no son de su agrado y llevar adelante las que sí quieren implementar; en general, en beneficio de minorías.

Más aún, y paradójicamente, ahora también se lo aplican a un gobierno “propio” (debilitado, en lo que al presente nos ocupa), para sostener políticas regresivas, precarizadoras y deslaboralizadoras, en el marco que impulsan para un modelo de país dependiente y colonizado.

Asimismo, los gobiernos en los que se puede verificar la hegemonía del capital concentrado —tal el caso del de Milei—, no suelen ser objeto de críticas, tanto por una condescendencia antipopular y fantasías meritocráticas, como por un efectivo poder en términos de influencia, sea en medios de comunicación, judiciales (lawfare), u otros mecanismos de coacción.

Sin desmedro de lo anterior, ahora vemos que no ocurriría mientras no fuera necesario para el poder real, y hasta tanto cumplan los designios y objetivos previstos por este.

5 Concluyendo: si esto no es nuevo ¿qué podemos empezar a hacer?

Por todo lo expuesto, consideramos que, el denominado Movimiento Nacional debe lleva adelante políticas y acciones de visibilización para superar la trampa que lo tiene como presa, cada vez que se propone llevar adelante transformaciones y reconfiguraciones institucionales en beneficio de sectores desprotegidos vulnerablizados por las estrategias de poder y mayorías populares.

Y no nos referimos solo a pobres e indigentes, sino a todos aquellos que, llegado el momento, pueden perder todo (también el caso de los sectores medios) por las políticas implementadas por gobiernos como el actual.

Ser, o creerse clase media, no habilita para avalar o acompañar desastres como los que está llevando adelante el gobierno de Milei. Debería internalizarse que la corrupción ha servido para que, fundamentalmente ella, acompañe transformaciones regresivas y reaccionarias como la que nos flagelan al presente.

Los sectores medios no deberían perder el sentido de pertenencia a un movimiento nacional y popular; más aún, no olvidar que son parte de un pueblo y de una comunidad. Tampoco los dirigentes de este movimiento, priorizarla, cuando actúa así, por sobre y contra los sectores trabajadores y vulnerados.

El camino al que aspiramos desde el Grupo OND, es la integración entre los diversos sectores, particularmente bajos y medios afectados por estas políticas, para frenar el expolio, articulando un modelo de industrialización con justicia social para consolidar un proyecto de Nación que nos integre.

De no ser así, probablemente, una condescendencia generalizada nos seguirá devorando, más o menos rápido, como pueblo y como Nación.

*Abogado, docente universitario, miembro del Grupo Ofensiva Nacional Democrática.

SIN EL PERONISMO NO SE PUEDE CON EL PERONISMO SOLO NO ALCANZA (Para la Reconstrucción Nacional)

Por Horacio Paccazochi

No estamos hablando solamente de las próximas elecciones de Octubre, sino
fundamentalmente de la convicción de que el País, de una vez por todas, necesita
encontrar un consenso para definir pautas básicas para poder existir y progresar.
No va mas la politiquería de comité, las luchas ideológicas que en el fondo han
coincidido en estancarnos. No va mas un sistema financiero pergeñado en la ultima
dictadura que legaliza la transferencia de dineros argentinos al exterior, y que nos obliga
a estar eternamente endeudados. No va mas el estado de indefensión nacional que nos
condena a aceptar como la prepotencia británica, que ocupa nuestro territorio, hace y
deshace a su antojo en nuestras Malvinas y en el Mar Austral. No podemos permitir
nunca mas politicas que atenten contra la integridad de nuestro Estado Nacional que
debe ser nuestra mejor defensa y el promotor de nuestro progreso.
No estamos hablando de frentes electorales con el proposito de solo ganar una eleccion,
hablamos de consensos a los cuales necesariamente deben llegar partidos politicos, el
empresariado nacional en todos sus niveles, los trabajadores y sus organizaciones
sindicales, los productores agrarios, intelectuales, nuestros hombres de armas, y la
Iglesia.
Hemos vivido pendientes del ultimo partido nacional sobreviviente: el Peronismo, que
luego de la muerte del Gral. Peron y de la accion de sectores antinacionalesen el poder,
comenzo a perder su rumbo y hoy es una minoria, importante, pero minoria al fin en la
politica argentina. Algo similar le sucedio al otro gran partido nacional : el Radicalismo
Yrigoyenista. La tragedia politica argentina se devoro total o parcialmente todas las
estructura partidarias, hasta llegar a elegir a alguien como Milei que se granjeo el apoyo
de la poblacion despotricando en contra de la politica, (la «casta»), y el Estado.
Ante el evidente fracaso de sus politicas que han desguazado el Estado y atentan contra
derechos basicos de la poblacion es hora de parar la caida, de poner freno al
desconcierto.
Las organizaciones del pueblo, las estructuras intermedias de la sociedad que convocan
diariamente a marchas y concentraciones en defensa de la salud, la educacion, los
jubilados, los discapacitados, y trabajadores organizados deben exigir de la politica
deponer las actitudes sectoriales y llegar a consensos en puntos básicos, en ideas fuerza
que permitan lograr un programa de Reconstrucción Nacional. Ningún sector tendrá
asegurados sus derechos si el País, en su conjunto, no sale del estancamiento y la
parálisis en que se encuentra.


NUESTRA DEMOCRACIA BOBA

Nuestra democracia es puramente formal y cada vez mas tiende a garantizar el relevo y
la permanencia de los profesionales mentados. En esto nos diferenciamos no solo de la
potencias del mundo, que han llegado a donde están por una dirigencia con sentido
nacional, sino de otros países de la región, como Brasil, al no tener como ellos una elite
criolla en dialogo y en defensa de intereses comunes, con sentido nacional.
Nuestros políticos asumen como dueños del gobierno de turno pero no como servidores
de un Estado que debiera ser de todos, el centro permanente de las decisiones y
orientaciones de la comunidad.
Los argentinos debemos dejar de ceer que el secuestro partidocratico de la volutad
popular es una democracia. La democracia es una forma de gobierno para hacer política
no un fin en si misma. Puede haber política grande sin democracia ortodoxa, como lo
demostró la Generación del 80′ con Roca, (que Milei nombra pero hace todo lo
contrario), que uso el Estado para construir la Republica y consolidar el territorio
nacional. Y puede haber democracia con una ominosa política de traición y entrega
nacional como hemos padecido y estamos padeciendo.
Los argentinos debemos repensar nuestra democracia sino queremos perecer en una
lenta agonía. A nada nos conduce el sistema actual, solo a repetir errores del pasado.
Debemos imponer desde el seno de nuestras comunidades formas mas participativas que
permitan reflejar en las leyes y actos de gobierno las necesidades reales de la población
y de la Patria.


EL NECESARIO CONSENSO NACIONAL
Ante la parálisis económica y social, y el estado de indefensión del País, a que nos ha
llevado el gobierno nacional, es imprescindible la convocatoria a un Consejo de
Emergencia Nacional propiciado por las fuerzas politicas, el Congreso, las provincias, y
las fuerzas del trabajo y la produccion que exiga del gobierno un cambio de rumbo que
termine con la destrucion del Estado y el aislamiento del Pais.
Para ello es necesario terminar con las frases de barricada para la tribuna. Cualquier
gobierno que asuma sin consenso estara condenado y condenara a la sociedad a mas
penurias. Si la politica, sus dirigentes, intendentes, gobernadores, y legisladores no
estan a la altura de la crisis terminal en que se encuentra el Pais seran responsables del
caos politico, economico y social que puede sobrevenir.


«La Patria, amigos, es un acto perpetuo.
Como perpetuo es el mundo.
Nadie es la Patria, pero todos la somos»
BORGES.

Inconsciente Colectivo

Por Gustavo Ramírez

«Vamos, che, ¿por qué dejar

Que tus sueños se desperdicien?»

Iorio

El potencial político de Milei fue, en su momento, explotar el capital simbólico del descontento. Aferrado a los raptos emocionales, capitalizó la atención mediática y captó el malestar social contra el aparato político desgastado. La sociología liberal lo expuso como un fenómeno rupturista, sin captar el fondo del entramado sobre el cual emergía una figura tan precaria como la del libertario. Una vez en el ejercicio del mandato, su apego al dogma materialista agotó la narrativa proselitista y lo dejó desnudo ante un mundo social por el cual siente aversión. Ahora solo le queda la realidad y, ante ella, es uno más.

Milei nunca fue más de lo que es. Representó la volatilidad de un descontento que encontró amparo en la novedad de su ira. Resultó producto del desamparo de un sistema cansado que eligió fingir demencia antes que rendirse. El libertario es un carente, la expresión de una sociedad insectificada y desorientada, sin conducción política y proclive a asimilar el universalismo histórico como absoluto categórico, solo como consuelo ante la desazón de la crisis recurrente.

El peso de la teoría lo abruma. Impotente, proyecta su resentimiento sobre las clases populares, al mismo tiempo que vendió sus postulados a los dueños de su campaña. Pero no hay que engañarse: Milei no es un ser sobrenatural. Es un pusilánime subido al lomo de la impostura reaccionaria, que ama el dinero tanto como a sí mismo. Detrás de su piel seca no hay nada. Ni siquiera un hombre.

El gobierno libertario nació débil, condicionado por un puñado de votos prestados. Lejos de la realidad, construyó un nicho de preconceptos pretendidamente intelectuales que solo remiten a significantes vacíos. Su retórica solo fue útil para resaltar el desparpajo que impera en las redes sociales, donde la opinión personal navega en un mar de pensamientos podridos. La descomposición social parió un Milei. Eso es todo y puede resultar demasiado. Su base de sustento replicó el latiguillo insufrible de «no hay otra cosa», en un momento histórico ideal para propagar la abulia de los falsos profetas.

El proyecto civilizatorio que lo sustenta está en crisis, por eso Milei se quedó sin síntesis. La incapacidad propia de comprender el proceso histórico, geopolítico y nacional lo conduce a una sala de primeros auxilios, donde lo inevitable es el colapso de la artificialidad de su pensamiento. Aclaremos algo: Milei no tiene convicciones, solo cuentas bancarias. Sobre narrarlo fue también parte del show.

Lo distintivo del proceso actual radica en la potencia efectiva que se despliega en las bases inorgánicas y en las Organizaciones Libres del Pueblo. Milei nunca entendió al país que tenía que gobernar. Creyó que un protocolo de caos iba a cercenar la movilización de las fuerzas sociales; subestimó (una vez más) la capacidad de reacción del Movimiento Obrero y se autoconvenció de que el peronismo estaba realmente derrotado.

Más allá de los laberintos internos, el sustento de la organización popular ordenó el mapa político en función de la articulación entre la causa y la resistencia. En la razón sindical, la experiencia histórica cobra valor como conciencia de clase y nacional. Esto es lo que los agentes demoliberales, infiltrados en las filas del campo nacional y popular, no lograron entender nunca del peronismo: no vive en la superestructura, ni es un fenómeno transitorio ni coyuntural. La organización tiene carácter permanente y le permite sustentar la disciplina necesaria para enfrentar el presente con reivindicaciones y con contenido, a partir de la distinción de la causa.

Lo notable de la elección en la provincia de Buenos Aires no radica en el mero triunfo electoral, sino en que denota algo sustentable en materia de la relación entre tiempo y espacio: Milei es el pasado presente y el peronismo, el futuro posible. Esa razón, sustentada en la causa de liberación nacional, que no desatiende las necesidades urgentes de la coyuntura, distingue el fondo del entramado y predica más allá de la vigencia de lo digital.

Una vez más: el modelo de la oligarquía es el caos, por eso Milei resultó un idiota útil. En el caos, el contenido es el drama y este persevera en el nihilismo; por ende, es ascético y agnóstico. De ahí que las Fuerzas del Cielo representan el desorden del dogma del mercado: el desequilibrio entre el capital y el trabajo. Pura materialidad sin orden. Donde hay pura materialidad no hay fe, y donde no hay fe no hay vida. El modelo liberal-anarco-libertario es inmaterial e inhumano. No obstante, no prescinde de la conquista cognitiva; la necesita para sobrevivir. ¡Viva la libertad, carajo! no es un grito de guerra: es la expresión inorgánica del libre mercado.

En contraposición, el peronismo es profundamente humanista. Es realidad efectiva y es fe. Su expresión no es un mero postulado de categorías inertes. Su concepción es orgánica con la comunidad y, desde ella, reafirma su actualización doctrinaria. Al mismo tiempo, la materialidad del Estado no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un fin superior: la felicidad del pueblo.

Lo material, por otro lado, cumple una función social en relación con la realización integral de la persona. Así, el gobierno, a través de la producción y el trabajo, creará las condiciones materiales para que el individuo acceda al bienestar social y mejore su condición de vida. Pero nada de esto lo puede hacer en términos aislados, inorgánicos. Integrado a su comunidad, podrá realizarse como persona desarrollando su capacidad espiritual y humana.

El peronismo es orden. Perón afirmó: «No se conduce lo inorgánico ni lo anárquico. Se conduce solo lo orgánico y lo adoctrinado, lo que tiene una obediencia y una disciplina inteligente y una iniciativa que permite actuar a cada hombre en su propia conducción». Leído esto, la conclusión es que Milei nunca va a poder conducir a la Argentina.

¿Alcanza el triunfo electoral en la provincia de Buenos Aires? No, claro. Es solo una fase más del proceso que se inició con la primera movilización de la Confederación General del Trabajo, apenas Milei asumió el gobierno. Sí, aunque muchos consideren que la Central está devaluada, la génesis de este triunfo de medio término se encuentra en la lucha impulsada por el Movimiento Obrero Organizado y las organizaciones populares «combatiendo al capital».

Tampoco se puede dejar de lado a los cuadros de bases que no retroceden un ápice y sustentan la razón de ser del peronismo en los territorios. Tampoco un triunfo electoral en octubre representa el final del camino: queda mucho por recorrer y la guerra que el liberalismo le declaró al pueblo argentino está lejos de concluir.

Está claro que algo cambió después del 7 de septiembre. Ni siquiera Milei es el mismo. Sus gritos no atraen ni asustan. Dejó de ser una novedad. Ahora es un cuerpo en descomposición.

Axel, Cristina y la disputa por la conducción del movimiento nacional

Por Gustavo Terzaga*

En el andamiaje de la democracia liberal, nada desnuda con tanta crudeza como el veredicto del resultado electoral. Relatos, encuestas, operaciones y demagogia se evaporan en la noche del domingo de votación. Por fortuna, el voto popular tiene esa cualidad implacable; obliga a confrontar a cada fuerza con su verdadera medida, pone en evidencia las fortalezas menos visibles y revela las debilidades que se pretendían disimular. Allí, en ese choque entre lo real y lo imaginado, se definen los rumbos de la política nacional.

La disputa bonaerense y la proyección nacional

La interna bonaerense viene condensando, como en un laboratorio, las tensiones nacionales del peronismo. Allí se juega un dilema central: la resistencia del núcleo duro del cristinismo -con La Cámpora como guardia pretoriana y Máximo como albacea político- a reconocer que Axel Kicillof, o cualquier otro dirigente fuera del linaje, pueda ejercer la legitimidad histórica de enfrentar al proyecto liberal-libertario de Milei. Esa es la médula del conflicto.

Y lo que en apariencia es una querella facciosa encierra, en verdad, una disputa mayor; dos concepciones disímiles sobre la conducción y la verticalidad del movimiento. De un lado, quienes entienden la conducción como síntesis política, articulación territorial y validación popular; del otro, quienes hoy la reducen a la perpetuidad de un apellido y la sujeción de los espacios.

Lo cierto es que el contundente triunfo del peronismo en PBA alteró los equilibrios internos del frente nacional. Para Cristina, significó quedar en evidencia frente a la maniobra del famoso desdoblamiento- al cual se opuso y señaló como un verdadero error – y la profundización de la fractura estratégica que supone la aparición de una conducción nueva, dotada de legitimidad propia y con proyección nacional hacia el 2027, por fuera del dedo y del apellido. Para La Cámpora, en tanto, implicó el riesgo de perder espacios de poder y control sobre el aparato. Esa combinación explica, en gran medida, la reacción de algunos de sus dirigentes y voceros, ante el resultado puesto. Algunos lo hicieron con la finura de un bisturí, otros con la torpeza de un hachazo, pero todos muy evidentes. Y la paradoja fue contundente; mientras el gobierno libertario reconocía, aturdido, el golpe político recibido, en el interior del peronismo bonaerense se desataba una catarata discursiva contra el propio vencedor para bajarle el precio a la victoria. Insólito, pero recurrente.

No nos cansamos de decirlo desde hace años; el kirchnerismo fue, en términos populares, el intento más logrado de reconstruir un proyecto de país con inclusión, soberanía y justicia social después de Perón, y Cristina Fernández de Kirchner, la figura más relevante de la política argentina en el siglo XXI, capaz de articular durante casi dos décadas, no sin errores, el frente interno nacional. Su talla histórica es indiscutible, inamovible, porque supo encarnar el retorno de la política como herramienta de transformación hasta poner a la Argentina con buenos niveles de soberanía nacional. Por esto mismo, Cristina ha sido objeto de la ofensiva judicial más agresiva de la democracia: causas armadas, condenas sin sustento probatorio y una proscripción de hecho que buscó exhibirla como trofeo de los poderes fácticos, para el regocijo de los espacios políticos antiperonistas.

Ese hostigamiento, que la puso nuevamente en la centralidad política, y que pudo haber servido como plataforma para reorganizar al movimiento con potencia popular, derivó en cambio en una estrategia defensiva autorreferencial y sin horizonte de masas: “Cristina libre” y “Nada sin Cristina”.

Tras el relativo “fracaso” del gobierno kirchnerista de Alberto Fernández y el frustrado intento de Massa, Cristina no logró definir un rumbo y leyó la emergencia de Axel Kicillof no como una continuidad natural de su ciclo, sino como una amenaza directa a su centralidad. Desde entonces se replegó sobre un núcleo reducido de incondicionales, más cohesionados por la lealtad personal que por un proyecto colectivo, y colocó como prioridad política el desgaste del gobernador bonaerense. Esa decisión, guiada más por la desconfianza que por una lectura estratégica de la coyuntura, terminó subordinando el interés del peronismo a una pulseada personal. En los hechos, lejos de frenar a Axel Kicillof, esa actitud no hizo más que reforzar su posición: lo colocó como el dirigente capaz de encarnar, frente a la mezquindad interna, la legitimidad de un liderazgo con proyección nacional. Si bien todo esto sucede en un momento en que la política nacional exige, más que nunca, fortalecer la unidad como condición indispensable para disputar poder real y evitar que las fracturas internas se transformen en la ventaja de nuestros adversarios; este proceso que se desarrolla es, en rigor, natural e inevitable, ya que todo ciclo político arrastra tensiones en su cierre y abre paso, con sus propias contradicciones, a nuevas formas de conducción.

Por eso, los efectos políticos del triunfo del peronismo bonaerense en el frente interno no es un resultado más, es un parteaguas, es la demostración de que la etapa histórica abierta en 2003 está dando paso a otra.

Aunque algunos intentan minimizar lo ocurrido, conviene recordar que en la provincia de Buenos Aires vota el cuarenta por ciento del padrón nacional. Ese triunfo, por tanto, no fue sólo un hecho provincial; fue una irrupción política de escala nacional. Tan grande fue el sacudón, que las placas tectónicas de la política empezaron a moverse al día siguiente. En Comodoro Py se desempolvó la causa Libra, los gobernadores que hasta el viernes aplaudían al gobierno se borraron de la foto con Milei, y la Casa Rosada abrió de apuro una especie de mueblería improvisada para sentar a la mesa a los mismos comensales de siempre. Eso es nacionalizar una elección. No solamente por los argumentos de campaña que Axel supo situar en los méritos concretos de su gestión, sino por la magnitud política de un resultado que trastoca a la Nación entera, tanto en su frente interno como en el externo. Aplausos.

La fragilidad expuesta del experimento libertario

La contundencia de los 14 puntos de diferencia en el resultado de la elección bonaerense dejó al descubierto la fragilidad del gobierno nacional y derrumbó un falso mito que durante casi dos años sostuvo su relato: el del ajuste brutal aceptado dócilmente por las propias víctimas y celebrado por los mercados. Esa ficción se desplomó junto con el programa económico libertario, que en lugar de orden, sacrificio y crecimiento produjo un fracaso total pulverizando salarios y jubilaciones, contrayendo el consumo, desmantelando la obra pública y multiplicando la pobreza, mientras el gobierno va quedando reducido a una administración errática que sobrevive improvisando a puro golpe efectista. A esta demolición del tejido social se suma una política deshumanizada que vació al Garrahan de insumos, castigó a los jubilados, a familias con discapacidad, y empujó al cierre a miles de pymes, generando no sólo dolor extendido en nuestra sociedad sino también el desconcierto de un capital que, tras aplaudir el dogma del ajuste, hoy observa con alarma a un gobierno incapaz de garantizar estabilidad. Y por si fuera poco, el factor corrosivo de la corrupción, que desmorona su discurso moral contra la ‘casta’ y exhibe al oficialismo como una versión más del régimen que decía combatir.

En ese marco, Milei, apenas asumida la derrota, eligió repetir en cadena nacional- que es la transmisión obligatoria y simultánea de un mensaje oficial por todos los canales de radio y televisión del país hacia el mundo -la misma frase que Macri pronunciara en 2018: “Lo peor ya pasó”, que entonces anticipó el estallido financiero de su gestión e imposibilitó su reelección.

El supuesto superávit fiscal que Javier Milei hasta aquí exhibía (sin mostrar la deuda, claro) como trofeo ya se deshizo en el aire. Hoy la Argentina de Milei y Karina se enfrenta a dos salidas que son, en verdad, dos formas de la misma ruina: una devaluación “ordenada” que volvería a licuar salarios, jubilaciones y ahorros, o una devaluación descontrolada con default que multiplicaría la pobreza y el desamparo. En el mes de octubre se sabrá. En ambos casos, el ajuste se mide en sufrimiento popular. Millones de argentinos condenados a pagar con hambre y angustia los caprichos de un experimento económico sin alma. Por eso, este gobierno debe terminar. Se lo derrota en las urnas en octubre; con movilización popular y presión institucional dentro del marco legal, hasta reconstruir la legitimidad democrática y recuperar el rumbo del país. La prioridad es la vida y el bienestar del pueblo; todo régimen político/institucional que ignore eso debe ser desplazado.

El establishment se reinventa en clave agroexportadora

Aunque en las intermedias nacionales de octubre sólo se renueven bancas, lo que se juega desborda largamente lo parlamentario para proyectarse hacia el 2027. La operación en marcha pretende convertir esas elecciones en un plebiscito sobre la continuidad del gobierno, con perfume anticipado de sucesión política. Y allí radica la clave; el aparato del dominio y la dependencia nunca se conforma con erosionar a un Ejecutivo cuando ya no le resulta; su poder real consiste en demoler con una mano y ofrecer el relevo con la otra. La política detesta el vacío, y el establishment se encarga de ocupar ese espacio cóncavo en la escena. Y allí aparece, con traje de seriedad institucional y discurso de “oposición responsable”, la recién nacida criatura llamada “Frente Provincias Unidas».

Provincias Unidas aparece como el emergente prolijo de un proyecto viejo con ropaje de moderación y civilidad. Su base de sustentación se asienta en los sectores agroexportadores de Córdoba y el Litoral, su horizonte económico es el extractivismo primario y su concepción política responde a un federalismo oligárquico que nunca trasciende la frontera de los intereses del poder económico real. En esa lógica, toda iniciativa industrializadora se percibe como amenaza y toda política distributiva como un despojo de la renta del capital. No es una hipótesis, la trayectoria de los personajes que componen el armado y sus votos en el Congreso los delatan. Todos los integrantes de este frente respaldaron la Ley Bases y sus facultades delegadas, bloquearon la derogación del DNU que arrasó derechos, aprobaron el paquete fiscal que alivió a los más ricos reinstalando el impuesto a las ganancias sobre los trabajadores, y guardaron silencio ante el acuerdo con el FMI que dilapidó miles de millones de dólares. Le dieron la navaja al mono. Ese respaldo, que se presentó como “responsabilidad institucional”, en los hechos significó garantizar el ajuste, la entrega y el disciplinamiento social que hoy sufre el pueblo argentino. Su discurso se reviste de moderación y gobernabilidad, pero su matriz es inequívocamente antinacional; la de administrar el país de la dependencia y resignar cualquier proyecto de desarrollo autónomo.

El programa de Provincias Unidas no es más que la continuidad de una matriz histórica, la misma que aplicaron Martínez de Hoz, Menem, Macri y ahora Milei, orientada a transferir recursos desde el trabajo hacia los sectores concentrados. La diferencia radica en el estilo y en un lenguaje de “gestión moderna” y buenos modales. Bajo esa apariencia se esconde el mismo proyecto regresivo, envuelto ahora en la promesa de “superar la grieta” para legitimar un consenso conservador. Maximiliano Pullaro en Santa Fe, que hace apenas semanas calificó a Néstor Kirchner como el peor presidente, y Juan Schiaretti en Córdoba, empleado de Franco Macri, vocero político de la Fundación Mediterránea y heredero de un menemismo en estado de latencia, representan con claridad ese frente que se ofrece como moderado pero cuyo horizonte real es un país primarizado, dependiente y sin ambición de desarrollo soberano o integrado a la región. Por esto mismo Córdoba ha sido decisiva para los intereses de los recientes gobiernos neoliberales. No hay novedad en este armado, son los mismos que respaldaron a Macri en 2015, los mismos que facilitaron las leyes de Milei en el Congreso, los mismos que ahora ensayan disfrazarse de alternativa. Provincias Unidas no es el porvenir es, más bien, el plan de emergencia del establishment para que nada cambie.

El escenario político cordobés

La figura de Natalia De la Sota emerge hoy como una novedad significativa. Electa como Diputada en las listas de Schiaretti, tomó distancia inmediata de quienes acompañaron en ese bloque la Ley Bases y otras iniciativas centrales del mileísmo, marcando una ruptura con la lógica de complicidad que caracterizó al cordobesismo en el Congreso, con Alejandra Vigo, esposa del ex gobernador a la cabeza. Su posición, clara y sin eufemismos, denunció el carácter antisocial y anti productivo del programa económico del gobierno nacional y expuso las contradicciones de Schiaretti y Llaryora, socios del ajuste en Buenos Aires y opositores de ocasión en Córdoba. La candidatura de Natalia no sólo interpela a ese doble discurso, sino que expresa una ruptura necesaria frente a la tradición de acuerdos con proyectos neoliberales desde “el peronismo” cordobés. El voto a Natalia De la Sota en octubre encierra, en simultáneo, tres mensajes claros. Primero, frenar a Milei y a su programa de ajuste brutal y entrega del país, imponiendo un límite en el Congreso que abra paso a su reversión. Segundo, desnudar la doble cara de Schiaretti, socio de Milei y Macri en Buenos Aires y opositor de utilería en Córdoba. Y tercero, abrir la posibilidad de encauzar al peronismo provincial hacia lo que nunca debió abandonar, ser la fuerza mayoritaria del campo nacional en esta jurisdicción, capaz de convocar a las mayorías y poner la potencia de Córdoba en un proyecto nacional. Habrá que ver, en todo caso, cómo se mueve Natalia en el escenario poslibertario y si puede sostener esa coherencia en la etapa que se abre.

La hora de la conducción

Las elecciones en Buenos Aires no sólo mostraron la fragilidad del mileísmo; también marcaron la interna peronista y revelaron el movimiento del establishment, que ya ensaya un recambio bajo la etiqueta de Provincias Unidas. En este contexto, Axel Kicillof se proyecta como el emergente más visible y dotado de una etapa de renovación, aunque el desafío es mucho más amplio que un liderazgo individual o la incidencia de una provincia. Con un electorado mayoritariamente defraudado, el peronismo y las corrientes nacionales tienen la obligación de pasar de la mera resistencia a la construcción de un proyecto político serio, capaz de articular fuerzas, ordenar expectativas y disputar con claridad la conducción del país para salir de esta pendiente hacia la disolución nacional. Lo que se juega en el horizonte cercano no es simplemente un calendario electoral, sino la capacidad de organizar el descontento social en todo el territorio nacional y transformarlo en mayoría política frente a un gobierno debilitado y a un establishment que, con modales de moderación, busca garantizar la continuidad de un modelo de dependencia.

Cuando la noche es más oscura, también empieza a insinuarse el amanecer. No es todo, pero es lo que hay. Los momentos de mayor crisis, cuando todo parece clausurado, suelen ser el punto de partida de una etapa distinta. La tarea no es esperar pasivamente la claridad, sino preparar desde ahora las condiciones para que ese día encuentre al pueblo organizado, con conducción clara y un proyecto capaz de transformar la incertidumbre en el futuro. La buena noticia es que de nosotros depende.

*Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico “Arturo Jauretche” de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba.

El drama de la convivencia humana

Por Mario Casalla*

Pocos libros mantienen tan estricta actualidad como El malestar en la cultura de Sigmund Freud. Escrito en 1930, ese año de publicación resultó muy grato para su autor: en agosto fue galardonado en   Frankfurt con el Premio Goethe por su actividad creativa y también en su honor se dio el nombre “Freud” a un pequeño cráter de impacto lunar que se encuentra en una meseta del lado visible de la Luna. Rápidamente el libro tuvo dos ediciones, sin embargo, en Berlín se había puesto ya el huevo de la serpiente. Tres años más tarde, el presidente Hindenburg nombra a Adolf Hitler canciller de Alemania, en un gesto desesperado por obturar el vacío de poder que se produjo al caer la República de Weimar (1918-1933). Se necesitaba un cambio radical, un hombre nuevo y desconocido en la arena política y eligió mal, pésimo para mejor decir. Nosotros y otras sociedades contemporáneas, sabemos muy bien lo que suele ocurrir en estos casos porque lo estamos sufriendo en carne propia y El malestar en la cultura es un elevado mirador conceptual que el psicoanálisis ofrece desde el cual poder apreciar esto que pasa (das Ding) más allá de los ciento cuarenta caracteres del Twitter o el monótono ronronear de los opinólogos de turno. Allí Freud cita aquel conocido aserto de Plauto “el hombre es el lobo del hombre” mostrando su carácter ilusorio y es para nosotros una buena introducción al pensamiento de Thomas Hobbes. Tanto para éste como para Freud, solucionar el problema de la violencia social generalizada fue una preocupación central en la vida humana. La sintieron largamente en sus propios cuerpos. Centrémonos ahora en Thomas Hobbes (1588-1679).

Del terror a la ciencia social

Hobbes es el primer gran arquitecto que intentará resolver este desafío: bien podría ser considerado el padre de la ciencia social moderna. Ni su vida ni su pensamiento fueron fáciles. Bernard Landry retrató acertadamente su drama en una sola frase: “Un individualista que tenía miedo “. Y ya se sabe lo mucho que puede hacer un burgués asustado. Marcel Prelot también apela a las circunstancias personales y completa ese cuadro de influencias recíprocas entre vida y obra diciendo: “El desgraciado Hobbes había nacido antes de término, a causa del terror sufrido por su madre ante el avance de la española Armada Invencible. Ésta habría de ser dispersada, pero el espanto experimentado desde el seno materno persiguió a Hobbes durante toda su vida”. Por consiguiente, es el sentimiento del miedo el dominante en Hobbes. Envidia para los hombres la paz que existe en las cosas. Sin duda a Hobbes no le faltaban razones personales para tener miedo, pero esto no lo explica todo. Es necesario reinstalar su filosofía en el movimiento intelectual de su época, comprender las causas profundas que conmovían aquella Europa del siglo XVII y, finalmente, entendernos con la obra escrita del propio Hobbes que, cuatrocientos años después, sigue dando que hablar.  Estamos en la era del Absolutismo y con razón se ha denominado así a ese largo periodo de la historia europea que se extiende, aproximadamente entre 1485 (año de la asunción de la dinastía Tudor al trono de Inglaterra) y 1789 (triunfo de la Revolución en Francia). El viejo comunitarismo medieval será ahora suplantado por un egoísmo cada vez más acentuado rompiéndose, simultáneamente, el ideal político de una “comunidad universal” bajo la autoridad soberana del Sacro Emperador y del Papa: su lugar será ocupado por las monarquías nacionales, primero, y su transformación en Estados, más tarde. Nace así el Absolutismo como filosofía de las flamantes monarquías y Estados nacionales. Estas justificaciones del poder absoluto tomarán formas jurídicas en Cardin Le Bret (1558-1655): “Sólo al rey corresponde hacer las leyes, cambiarlas e interpretarlas”. Asimismo, se expresará en el empirismo extremo del cardenal Richelieu (1585-1642): “Un solo piloto en el timón del Estado” y de Luis XIV “El Estado soy yo”; o tomarán una forma decididamente teocrática en el pensamiento de Jacobo Bossuet (1627-1704), para quien “los secretos de la política, las máximas del gobierno y los orígenes del derecho, están en las Sagradas Escrituras”. Sin embargo, se trata aquí de un absolutismo de cuño anti individualista, en el cual los intereses del rey coinciden puntualmente con los del Estado. Dentro de esta misma línea -que buscará afanosamente tender un puente entre la libertad del individuo y la sumisión al poder de un estado absoluto- se inscribirá precisamente el pensamiento de Thomas Hobbes. Partidario de la restauración monárquica en Inglaterra, después del cruento interregno del gobierno de Cromwell, no fue sin embargo grato a los Estuardo, por su materialismo y por su doctrina acerca del carácter secular de la dignidad real.

El privilegio de las matemáticas

Es que Hobbes, más que un político o un burócrata, es un científico social. Lo que él esencialmente hace es aplicar a la sociedad la concepción y el método con que Galileo había estudiado los fenómenos naturales, esto es, el método matemático, buscando la regularidad que permita formular leyes. Se trata aquí también de “leer” la Naturaleza (en este caso la humana y la social) como un “gran libro escrito en lenguaje matemático”. La Naturaleza no es lo que se muestra, sino aquello que la razón es capaz de descubrir por detrás de los fenómenos (las leyes). Hobbes aprendió bien pronto esta manera nueva de considerar la Naturaleza y munido de esa cientificidad encaró al hombre y a lo social. Lo primero fue reducir la Naturaleza a “cuerpo” y “movimiento”, algo que Galileo ya había hecho con los entes naturales. Así, aplicando este principio a su campo, Hobbes entiende que toda realidad psíquica y social es corpórea y, por tanto, sometida a movimientos cuyas leyes la razón puede desentrañar. ¿Qué se advierte al estudiar así la naturaleza humana? Pues, que su fondo es el egoísmo y que cuando el hombre busca la vida en común, no lo hace guiado por ningún tipo de altruismo o solidaridad, sino con miras a acrecentar o mantener su propio interés. Este interés personal mueve a los hombres y a las naciones, encontrando así la primera ley que buscaba: “El hombre es un lobo para el hombre” y la guerra de todos contra todos es su estado de naturaleza. Como todos tienen derecho a todo, cada hombre codicia lo que tiene su vecino y esto se constituye en una fuente permanente de peligro y de temores.

El nacimiento del Estado

Desde esta natural y perversa soledad, el burgués percibe a su congénere siempre como un competidor, con el que tendría que luchar a muerte. Para que esto no ocurra, para que cierta seguridad sea posible, surgen la sociedad civil y el Estado. El lobo se transforma en “ciudadano”. El precio a pagar es grande pero necesario: renunciar al deseo ilimitado del status naturalis (estado de naturaleza) y someterse a las leyes convenidas en el status civilis (estado de civilidad). Nace así la sociedad civil y, junto con ella, el Derecho, en sentido moderno. Se es menos libre pero más seguro; previamente es necesario firmar un pacto que hará nacer al Leviatán (Estado). Mas no es un pacto religioso, sino el pacto con un “dios mortal”. Tal es este Leviatán, personaje bíblico inspirado en el Libro de Job (41:1); el dibujo a pluma en la portada de la edición original de la obra (1651), es realmente terrorífico: un monstruo coronado, cuyo cuerpo de gigante está compuesto de una multitud de seres humanos, vigila la ciudad blandiendo Ia espada y Ia cruz; adecuada representación gráfica del origen del Estado y de Ia sociedad civil según Hobbes. Se trata en realidad de un doble contrato -aunque se presente como uno solo- ya que para que exista el Estado no basta el simple acuerdo entre las partes (consentio), sino que previamente es necesaria Ia voluntad de asociación entre ellas (unio).  Esto último implica la renuncia a sus inclinaciones y derechos personalísimos, para llegar a formar una sola voluntad. Dicha renuncia es tan fuerte, que Hobbes refuta como “sediciosa” a toda opinión que intente dejar en poder de los individuos siquiera el discernimiento entre el Bien y el Mal, o aquella que pretenda sugerir que, por seguir Ia orden del soberano, pueda cometerse daño alguno. La sumisión al Leviatán debe ser absoluta, de aquí que aquel pacto original de unión entre los individuos se perfecciona con un segundo contrato, mediante el cual éstos delegan -sin arrepentimiento posible- su libertad en el rey. Éste es realmente el único “soberano”, ya que el mantenimiento de Ia paz social exige una autoridad completa y no estar sometido a ninguna Iey que no provenga de él mismo, ya sea natural o eclesiástica. Este terrible “Dios mortal” no se equivoca nunca, los que sí se equivocan son los hombres cuando se apartan de la “debida obediencia”. Sin ella no hay seguridad posible ya que retomaríamos al salvaje estado de naturaleza y a la “guerra de todos contra todos”. La ecuación es, para Hobbes, inexorable: a mayor libertad del individuo, mayor inseguridad general; lo único “moral” es lo que el rey establece como ley, por lo que todo cuestionamiento lleva a la disociación y debe ser reprimido. Brutalmente, la Modernidad política ha entrado en escena. Y frente a un totalitarismo político tan explícito, los problemas y las preguntas surgieron en tropel. Afrontarlos y responderlos explica en gran parte el desarrollo del pensamiento político moderno de los últimos cuatrocientos años. Y está bien que así sea, ¿o acaso es posible hablar hoy -como en muchos casos se hace- de Ia necesidad de “formular un nuevo pacto”, desentendiéndonos de la pesada herencia que este concepto lleva en sí mismo? Lo que ocurre es que, cuatro siglos después, la herencia hobbesiana sigue viva (aunque modificada y matizada), en amplios sectores de nuestra posterior filosofía política y ciencias sociales. ¿Sólo es posible pensar lo social en términos de “pacto “, lo económico como “mercado”, lo estatal como “regulación por leyes “y lo político como “negocio del poder’? ¿Es inevitable la locura a que nos arrastra el actual gobierno de Javier Milei, su Jefe y hermana (Karina) y los “hijitos de cuatro patas” que habitan en un canil de la Residencia Presidencial de Olivos que al parecer nadie vio? Creemos que no. La filosofía y el psicoanálisis tienen mucho para decirnos al respecto.

*Mario Casalla es Dr en Filosofía por la UBA y preside la Asociación de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (ASOFIL).

El liberalismo naturaliza la dependencia y la colonización de la Marina Mercante y de la Industria Naval

Por Gustavo Ramírez

Hace tiempo que la dirigencia política argentina abandonó toda posibilidad de pensar lo nacional en términos estratégicos, imbricados en relación con la situación geopolítica. El proceso de endeudamiento, a través de la restitución democrática del régimen oligárquico, dinamitó toda posibilidad de independencia económica y soberanía política.

Los temas centrales, que hacen verdaderamente al hecho de una configuración marco en constante dinámica con lo micro, se esfumaron en la superficialidad de una coyuntura sistémica que no contempla la posibilidad de sostener un pensamiento estratégico profundo y soberano. La matriz productiva responde a las características de la semi-colonia, donde la razón nacional no es contemplada.

La expresión de los agentes de presión y de poder se manifiesta en la desagregación socio-cultural que promueve la desterritorialización de lo argentino en la referencia sistemática que hace al interés colectivo. Esto permite que entidades como la Cámara de Puertos Privados Comerciales se pronuncien a favor de la desregulación de la Marina Mercante sin tener en cuenta más que los intereses sectoriales, de un grupo determinado de acaudalados que vive de la extracción de la riqueza que producen los trabajadores argentinos.

El tema no es nuevo. En Argentina se adeuda una discusión real, no ya sólo sobre el sistema productivo, sino sobre quién dispone del Comercio Exterior y cuál es su política en torno al transporte. La ausencia de proyecto nacional y el sustento liberal confabulan contra la consolidación de la autonomía nacional y posibilitan que, en el esquema de dependencia actual, los sectores parasitarios arrenden el tutelaje colonial para usufructuar las ganancias que produce la entrega del patrimonio argentino.

La liberación de ríos y mares no constituye un factor de crecimiento. Por el contrario, favorece la integración vertical que procura el desequilibrio permanente entre trabajo y capital. Así, en un mapa geopolítico dinámico, la sobrenarrativa liberal promete una prosperidad inalcanzable, mientras que intensifica la pérdida de soberanía en un sector clave para la conformación política, material y cultural del país.

Una de las vertientes que se deja de lado de manera inmediata es la que asegura que la globalización se produce a través del transporte. Pasó en distintos procesos históricos y vuelve a pasar ahora. El avance multipolar propuesto por el bloque BRICS impulsa nuevas conexiones ultramarinas y también pretende dinamizar nuevas rutas de comercialización hacia el interior de los países a través de la multimodalidad del transporte.

Para tener una idea de lo que ello implica: en junio, según anunció el representante ruso para la cooperación económica, Kirill Dmitriev, el comercio entre los países que componen el BRICS llegó al billón de dólares. En este contexto, y fuera del bloque, China y Perú, por ejemplo, han afianzado su relación comercial a través de la construcción del Puerto de Chancay. Para ambos países, la construcción de este puerto abre el «Gran Camino Inca de la Nueva Era». Este enclave multipropósito, en los primeros cinco meses del año, realizó operaciones por 777 millones de dólares.

¿Cómo es posible que Argentina, teniendo un territorio más extenso, con puertos estratégicos, no cuente con la capacidad de integrarse a un proceso de transporte que favorezca a su producción? La política de plata fácil ha obstaculizado el desarrollo de un programa independiente y adecuado a las necesidades nacionales. Al dejar en manos del capital transnacional las decisiones sobre el Comercio Exterior, el país perdió toda capacidad de pensarse más allá de la ecuación unidimensional costo-beneficio.

Frente a este panorama, y sin el sostén de una planificación estratégica que tenga en cuenta las necesidades del país y no las del capital, los puertos argentinos comenzarán a perder competitividad. El avance chino también tiene impacto en la industria naval, desfigurada en los ’90 y que solo subsiste, en la actualidad, con respirador artificial. Si todo lo produce el gigante asiático que nos queda. ¿Es demasiado tarde para nosotros? Estamos rezagados y somos parte de los grandes perdedores de las batallas comerciales. Milei nos arrastró al abismo y encima nos quiere hacer creer que eso es bueno.

En la guerra económica, China no solo piensa en las condiciones estructurales del transporte sino en materia de producción de sus propios barcos y la construcción de buques para el resto del mundo. La flota mercante mundial cuenta con la hegemonía china.

Thomas Doepel, Director General de la compañía naviera finlandesa Finnlines, declaró hace unas semanas que «China ha desarrollado fuertes capacidades en la industria naval, y la cooperación con ellos trae claramente beneficios». La apertura del mercado trae consecuencias desastrosas para las industrias locales, pero a los empresarios no parece preocuparles demasiado las asimetrías que esto pueda generar. China las aprovecha, su pensamiento no es meramente comercial, es geopolítico. Dominar los mares implica, de cierta manera, dominar al mundo.

El mismo empresario expuso: «Los astilleros europeos simplemente carecen de la capacidad para entregar tal orden tan grande a tiempo, mientras que los astilleros chinos ofrecen condiciones excelentes». Doepel agregó: «Europa debe entender que el comercio y la interdependencia pueden ser herramientas para gestionar riesgos e impulsar el crecimiento compartido».

Es más que obvio que, en este escenario, Argentina padece la falta de bodegas nacionales. La pérdida de la producción y el servicio de buques impacta en la conformación de un escenario laboral paupérrimo que solo es sostenido por la perseverancia de los sindicatos del sector. No obstante, la pregunta es: ¿por qué Argentina se niega a discutir estas cuestiones?

En la configuración del desequilibrio entre capital y trabajo, la riqueza ya no sólo le pertenece a los trabajadores sino al pueblo argentino. El capital se lo queda todo. Sin flota mercante, Argentina es dependiente para trasladar su producción al exterior y se somete a naturalizar la colonización de su extensión marítima. Con la OTAN ocupando Malvinas y con Estados Unidos e Israel colonizando la Patagonia, el mar es vulnerable y también lo es la Antártida.

La lectura lineal del proceso económico y de la subordinación política al capital naturaliza el hecho de la desterritorialización nacional, al mismo tiempo que obtura toda apreciación geopolítica. En la actual guerra económica, esto no es un tema menor. Tener el control sobre puertos, ríos y mares es asumir el dominio de la economía y de las decisiones políticas sobre el Comercio Exterior.

Manuel Belgrano supo advertirnos sobre la traducción material de la disolución nacional: “He visto con dolor, una infinidad de hombres ociosos en quienes no se ve otra cosa que la miseria, y la desnudez, una infinidad de familias que solo deben su subsistencia a la ferocidad del país, que está por todas partes denotando la riqueza que encierra”.

Argentina no es un país pobre. Es por eso que todas las potencias la desean. Los traidores internos han jugado a favor de la dependencia desde el principio de los tiempos. Así, la ciudad puerto, la Reina del Plata, se prostituyó al mando británico en nombre de un desarrollo y progreso que quedó en manos de una oligarquía local que nunca miró más allá de sus bolsillos.

Sin embargo, así como la economía no sigue trazados lineales, la historia tampoco lo hace. En tiempos de rupturas, el peronismo estatizó en 1949 la Compañía Argentina de Navegación Dodero. A partir de esa estructura creó en primera instancia la Dirección Nacional de la Flota Dodero, y para 1951 la Flota Argentina de Navegación Fluvial.

Durante la apertura del Congreso de 1948, Peón explicó:

“Mientras se mejoraban las condiciones de los puertos, se ordenó la adquisición de camiones de toda clase, de cualquier procedencia y al precio que fuera. Por intermedio del IAPI se compró todo lo que se pudo y se dio un camión a quien supiera manejarlo y lo pagara luego con fletes. De esta manera pudimos llevar las cosechas a puerto en caravana de camiones que recorren hasta 400 kilómetros del lugar de origen, embarcarlas, acudir en socorro de los pueblos necesitados e incorporar al patrimonio nacional los frutos del trabajo de nuestros hombres de campo. Si no hubiéramos gastado esos millones en adquirir medios de transporte y maquinarias para poner los puertos en condiciones, no hubiese sido posible incorporar a nuestra economía más de 4.000.000 obtenidos de la comercialización de nuestra cosecha”.

Perón recuperó la bodega nacional y reglamentó su existencia a partir de la condición estructurante del trabajo. Su explicación, ante el Congreso, evidenció la determinación política de crear las condiciones económicas para que el capital no absorba la totalidad de la riqueza ni se convierta en un agente parasitario y mucho menos colonial.

El sistema portuario argentino está integrado por 118 puertos. La mayoría de estos puertos son fluviales. El 90 % del Comercio Exterior se realiza a través del transporte marítimo y, sin embargo, la mirada se queda empantanada en una perspectiva materialista, empequeñecida hoy por las falacias libertarias.

El atraso al que nos somete la política de la dependencia naturaliza el desequilibrio sistemático entre capital y trabajo y promociona la transferencia de riqueza desde la clase trabajadora a la oligarquía. Esto es lo que, en definitiva, con su postura anti-nacional, apoya la Cámara de Puertos Privados Comerciales cuando avala la desregulación de la Marina Mercante. Liberar las relaciones materiales implica encadenar al país y a su población a la precarización laboral, a la desocupación, a la pobreza, a la miseria y al sometimiento de las grandes potencias.

Lejos del amparo electoral que determina urgencias coyunturales, el programa nacional deberá integrar a su base una mirada geoeconómica y geopolítica sobre el transporte en general, pero específica en materia de la Marina Mercante y la Industria Naval. Como afirmó Scalabrini Ortiz: “Los hombres realmente libres y patriotas deberemos luchar a esta altura de la historia por una patria redimida”.

LA CONDUCCIÓN VERTICAL Y LA SALUD Y RECONSTRUCCIÓN DEL MOVIMIENTO NACIONAL

Por Aurelio Argañaraz*

En una nota[1], hace catorce años, abordando el tema de la conducción vertical del movimiento nacional, distinguí lo que ocurría con Perón vivo de lo que ocurría tras su muerte. Los lectores verán que dije entonces que Perón “era” el programa nacional. Esa afirmación suena caprichosa, casi como expresión de “culto a la personalidad”, pero en realidad se funda en hechos históricos. En primer lugar, el General fue fiel, hasta el fin de su vida, al nacionalismo económico con justicia social, con el Estado Nacional en un rol central, como único empresario comprometido a fondo con el interés general. Debía alentarse al capital nacional, pero no ignorar su mezquindad, su ambivalencia insalvable y estupidez estratégica[2]. Corroborando esa firmeza, fundada en la experiencia, exiliado y sin el poder estatal, mientras maniobraba para contener unidas sus fuerzas, rechazó la inclinación “alvearista” de algunos fieles, propensos a “integrar” el peronismo al orden. No obstante, sin condenar expresamente las ilusiones de un ala “izquierda”, el General desdeñó la sugerencia de exiliarse en Cuba, mucho antes de conformarse Montoneros; enalteció a Mao, pero eligió quedarse en España, sin definir afinidades con la “patria socialista”. Era un patriota; un gran estadista nacional burgués, no un lector electoralista de encuestas, como la mayoría de los epígonos que hoy lo invocan. Quiso construir un capitalismo nacional, con eje en el Estado, con el apoyo y en beneficio del pueblo argentino. En segundo lugar, se reconocía como el artífice de una construcción de poder creada con el despliegue de ideas y medidas nacional-populares, en feroz lucha con la oligarquía y el imperialismo. Estas fuerzas retrógradas quisieron impedir el triunfo de sus planes y fueron vencidos el 17 de Octubre por la clase trabajadora, amparada por el sector nacional del Ejército; alianza rota en 1955, fue el pilar de sus primeros gobiernos. Sólo omitiendo esa conjunción de datos, un lector atento juzgará extraña la afirmación que hicimos en el momento aquel.

Ahora bien, precisemos más este punto fundamental: Perón era el programa nacional, pero no como pretendían Hernández Arregui y otras figuras de “la izquierda peronista”, el programa de los trabajadores. La clase obrera puede (debe, si quiere liderar el frente nacional) presentar al país su programa nacional, entendido como una síntesis de las demandas compartidas por el conjunto de las clases del frente nacional, incluidos los sectores nacionales del empresariado. Pero no cabe, en ese programa, una sacralización del derecho de propiedad, sino solamente el respeto a quienes acepten contribuir al desarrollo autocentrado de las fuerzas productivas, demostrándolo al aportar a la capitalización del país, con la obvia diferencia que esto significa respecto al parasitismo oligárquico hoy prevaleciente, de una oligarquía que no reinvierte en la economía real y destina sus beneficios al consumo suntuario y las actividades especulativas. Esa actitud contiene la divisoria de aguas básica, entre nación y colonia, en el plano estructural: si se elude la tarea de ampliar la producción y diversificar la economía, incrementando su productividad y agregado de valor, la patria es sólo una exhibición inocua de “los valores tradicionales”. Aunque formulara la noción de que el capital debe cumplir una función social, el peronismo clásico no condicionó el respeto al derecho de propiedad a que eso tuviera una expresión práctica (y la única verdad es la realidad). Eso define la naturaleza social del programa que levantó. Dicho de otro modo, si hubiese triunfado el capitalismo nacional que Perón impulsaba –lo que habría sido un enorme salto en la historia de la Argentina– la oligarquía tradicional habría cedido su vieja condición de clase dominante al empresariado industrial, como ocurre en los grandes países centrales, que coronaron con éxito su revolución burguesa. De ningún modo el plan del peronismo buscaba hacer de la clase obrera la clase rectora de la vida nacional, sino otorgarle un nivel de ingresos acorde con el estándar del “estado de bienestar”, sostenido en los pilares del desarrollo autónomo y una mayor productividad del trabajo. Para la crítica racional, que rechaza mitificar en ningún sentido la experiencia real, explicitar estas cosas implica caracterizar el programa de Perón como expresión cabal de lo nacional-popular, de ningún modo como una tentativa de plasmar el programa histórico-universal de la clase obrera. La única fuerza que hace suyo dicho programa, en la Argentina, aunque no haya logrado una penetración efectiva en el mundo obrero, es la Izquierda Nacional y se nutre en las nociones de un marxismo bolivariano.

Como veremos, estas no son cuestiones ajenas a nuestro tema puntual. La conducción vertical, lejos de responder a un mero “autoritarismo”, es en verdad una necesidad del liderazgo burgués del campo nacional, que no tolera –aunque algunos peronistas hablen de “empoderar a las bases”, mientras les impiden participar en la toma de decisiones– el eventual protagonismo de la clase obrera y necesita impedir un debate orgánico sobre los problemas relativos a la lucha por liberarnos del yugo extranjero y sus nexos con la emancipación de las clases oprimidas. Este empobrecimiento de la vida interna que se manifiesta en la fuerza fundada por Perón, que llevaron a Cooke a definir el peronismo como “gigante invertebrado” –sin articulación de cuadros y conducciones– adquiere en la actualidad una gravedad extrema, que amenaza con destruir su misma existencia.

Pero, además, si, como creemos, esos límites burgueses fueron determinantes para que las clases antinacionales preservaran íntegramente su poder económico y derribaran al peronismo en 1955, las diferencias con lo que definimos como una potencial hegemonía obrera en el movimiento nacional se tornan claras ante el cotejo histórico. La revolución nacional encarnada por el peronismo es contemporánea de la victoria de Mao, con una diferencia de muy pocos años. Pero la revolución china, ante el derecho de propiedad actuó del modo que estamos planteando y las clases parasitarias fueron despojadas del poder económico, lo cual implica su derrota definitiva ¿Necesita el lector que señalemos las derivaciones que una y otra conducta tuvieron sobre el destino de ambos países, que coinciden en provenir del mundo semicolonial[3]?

Un poco de historia

Siendo ya presidente, pasadas las elecciones de 1946, Perón disuelve los partidos que lo hicieron candidato, para destruir ante todo al Partido Laborista, cuya dirigencia sindical aspiraba a ser un protagonista del ciclo abierto y preservar un rol independiente y activo para el movimiento obrero y la clase trabajadora, en lugar de ser, como ocurriría más tarde, una representación del líder ante las bases. El General crea, tras aquella medida, el fantasmal Partido Único de la Revolución, que luego sustituye por el Partido Peronista. Señalado como el mero “instrumento electoral”, este último carecía de vida interna: estará intervenido en todas las provincias durante los diez años del gobierno peronista y sigue las órdenes del “Comando Superior”, un eufemismo que disfraza el liderazgo absoluto, incondicional y presuntamente infalible del mismo Perón. Al frente del Partido hay interventores, en cada provincia; así lo mantiene durante diez años, bajo una norma  que prohíbe el debate y la diferenciación de opiniones –se sostiene que su doctrina hace del peronismo una fuerza “monolítica”– hasta su caída, en 1955[4]. Simultáneamente, liquida en la CGT la anterior autonomía y el sindicalismo designa en su conducción a dirigentes electos por el mismo Perón[5]; para ser, se ha dicho, representantes suyos ante la clase obrera, no a la inversa. Con toda razón, ya que en ambos casos se suprime el debate y hasta las directivas  menores bajan desde el mentado “Consejo Superior”, Jorge Abelardo Ramos dice que “la política de Perón, en relación con su movimiento, consistió en impedir su organización[6]”.

Como fruto del proceso, el General se erige en líder bonapartista del frente nacional; se relaciona sin intermediarios con las masas populares, a las que aparta del poder, para darles un rol de apoyo pasivo. Delegan en el César el manejo de su destino. No se trata, como ha pretendido cierto formalismo democrático, de una malignidad. Es un modo de concentrar, en una persona, las fuerzas atomizadas del movimiento de masas, con un doble propósito: 1) imponerse al imperialismo y sus socios nativos, que buscan derrotar al poder nacional; 2) arbitrar en las disputas internas del peronismo –un frente de clases nacionales– e impedir que las masas tengan autonomía y puedan cuestionar los límites de clase del nacionalismo burgués, cuyo objetivo es ganar espacio en el mercado interno al capital extranjero, pero sin lesionar el derecho de propiedad, pilar intocable del orden capitalista[7].

Las raíces sociales, no psicológicas, de la actitud de Perón, mal que le pese al que intenta transferir las categorías del psicoanálisis al área de lo político, se confirman al advertir la extensión del fenómeno de los “liderazgos personalistas” a muchos países del mundo periférico, aunque esta última condición no excluya la existencia de jefes semejantes en el mundo central, como sería el caso de Churchill o De Gaulle, sin olvidar al Bonaparte examinado por Marx. En el caso de los países del capitalismo central, sin embargo, dicho cesarismo carece de progresividad y se apoya en clases sociales reaccionarias, con fines imperialistas, lo que demuestra –no está de más recordarlo– la inversión que sufren los postulados y la práctica al emerger de realidades de signo opuesto. El bonapartismo, en el mundo semicolonial, que busca liberar sus fuerzas productivas, es la forma que asume el nacionalismo burgués, limitado, pero antiimperialista. En el mundo “avanzado”, en los centros imperialistas, busca agrupar a las masas con el fin perpetuar la explotación colonial, pujando por el reparto de las semicolonias con los imperialismos rivales.

Ahora bien, si Perón “era” el programa nacional y esto aseguraba el rumbo de su política, como muestran los hechos, eso no implica que la conducción vertical fuese inocua, desde el punto de vista de la salud y solidez del frente nacional. Perón mismo lo expresa, aunque intente darle una justificación, cuando señala que está “rodeado de alcahuetes y adulones”[8]. En primer lugar, cabe señalar que Perón optó deliberadamente por sumar a tipos como Apold y Mendé, entre muchos chupamedias de dudosa fidelidad, mientras apartaba del gobierno a grandes patriotas, brillantes y honestos, como Scalabrini Ortiz y Jauretche. Rodeado de figuras de esa talla, de materializarse, hubiese fortalecido la construcción de poder, al potenciar la lucha ideológica y política contra la oposición y la influencia oligárquica, cuyo poder cultural permaneció incólume, en contraste con las transformaciones de la Argentina real. La notable anomalía –su significado, aún hoy, es tema tabú dentro del peronismo– es una consecuencia del verticalismo impuesto, pero no la única y probablemente tampoco la peor de ellas. El mayor daño, a nuestro juicio, es haber empobrecido la cultura interna de su fuerza política y, consecuentemente, la lucha de ideas contra el campo enemigo, que supone decir la capacidad del movimiento de captar a sectores indecisos, en lugar de entregarlos a la influencia imperialista. Nadie, entre los patriotas, desertó cuando había que poner el pecho, antes y después de 1955. Tampoco pretendían disputarle el liderazgo del movimiento a Perón, síntesis consagrada de Octubre del 45, que era inapelable.

La situación resultante fue descripta sumariamente como sigue, con las miras puestas en el clima que precedió al golpe de 1955: “Cuando realmente fue preciso luchar y lanzar a la batalla a miles de oradores políticos, armados de una ideología consistente, para derrotar a la oposición que alzaba la cabeza en todas partes, Perón se encontró indefenso y más solo que nunca”[9]. Importa subrayar que no se trataba de un “error” de Perón, sino de un fenómeno que excede su persona y remite a la cuestión de los límites sociales del nacionalismo burgués, según hemos intentado demostrar. No alteraría esta conclusión encontrar “pruebas” en la personalidad de Perón, o sugiriendo que utilizaba una visión militar de “la cadena de mandos” u más singularidades del plano personal, si atendemos al hecho de que la historia integra lo personal y lo social, subsumiendo lo secundario a lo que es sustancial.

Algunas observaciones sobre la conducción vertical en la gestión del kirchnerismo

Hace quince años, con el kirchnerismo en plenitud, creo que mi crítica de la conducción vertical fue vista como “teoría”, por esos que presumen de ser “realistas”. En realidad, anticipábamos un problema que hoy padece la militancia nacional-popular responsable, afligida por el presente y futuro del peronismo. Pero, seamos justos con nuestra propia obra, la prueba de que no errábamos al advertir una crisis próxima del campo nacional, derivada de los problemas relacionados con el modo vertical de conducción (en el caso, de CFK), apareció menos de un año después[10], al estallar el conflicto entre el gobierno nacional y la CGT de Hugo Moyano[11], punto de partida de una fatal reducción de las bases del kirchnerismo, que se rebeló trágica en las elecciones presidenciales del 2015[12]. Como si fuese poco, la lucha por sostener el poder absoluto de CFK en el seno del peronismo fue, más tarde, la causa central de la interna a cielo abierto librada contra el gobierno de Alberto Fernández, desacreditándolo hasta el extremo de allanar el camino al triunfo de Milei[13], cuya crítica del peronismo encontró en los fans de CFK una base de apoyo imposible de subestimar. Estamos en el presente, ya: el verticalismo en que se empeña la ex presidente es el obstáculo mayor, en la lucha por reconstruir las fuerzas populares y poner término al ciclo de derrotas posteriores al triunfo en los comicios presidenciales del 2011. Con la excepción del círculo de los fans de Cristina, que medran bajo su mando, nadie hoy ignora “el rol del dedo” y la necesidad de enfrentarlo con la toda urgencia. Apuntemos, no obstante, que esa cuestión emerge como central, pero en modo alguno es la única valla que debe salvarse, en estas circunstancias. Es también imprescindible rearmar doctrinariamente al campo nacional, un objetivo que requiere un debate serio, en el marco de una democratización interna real. Pero ambas cuestiones están unidas, ya que la pugna por perpetuar una conducción muy cuestionada está acompañada por una cancelación del debate de ideas y de cualquier observación crítica de “la jefa”.

El valor estratégico de una democratización interna

Hasta aquí nuestra crítica se apoya en lo fáctico, con énfasis en los datos de la pérdida de las mayorías, una experiencia fatal en los últimos años. Pero, debe advertirse que la conducción vertical genera debilidades estructurales permanentes que son inevitables, sin abolirla. Para facilitar la exposición, empecemos por decir que la conducción vertical establece el derecho del jefe a la elección de quienes detentan cargos, electivos o no, en el aparato del Estado.  Con lo cual se estimula la fidelidad al líder, que adquiere más peso que obtener fama y apoyo propio en las bases reales y potenciales del movimiento. La “selección del personal”, en esta lógica, no está vinculada a la fidelidad a principios, con el espíritu crítico asociado a esa virtud, sino a la docilidad, sin excluir la disposición al “culto de la personalidad” del dueño del destino de cada aspirante. Perón hizo pública más de una anécdota ilustrativa al respecto, además de quejarse de los “alcahuetes y obsecuentes” de que estaba rodeado. Pero omitía decir que él era quién elegía a todos sus colaboradores, con nula tolerancia con aquél que pudiera cuestionar algo, aunque pudiera hacerlo con sana intención.

Debe evitarse la “moralización” del tema, para atender al hecho, que puede verificarse, por el examen de la experiencia y por la reflexión teórica, de que la conducción vertical, como modo de gestionar los conflictos propios del frente policlasista –todo movimiento de liberación nacional articula a clases y fuerzas que comparten un programa, pero no pueden suprimir sus antagonismos internos– es inferior a otras formas organizativas, al infantilizar a la militancia, sustituir a los cuadros por correveidiles anómicos y obstruir los canales que vinculan  el debate con la toma de decisiones, transformando al primero en un ejercicio huero, de escaso valor para la instancia que define qué se hace[14]. En ese contexto, los intelectuales del peronismo son apenas un decorado, contemplativos de una práctica que otros sostienen. La “lógica” no escrita del liderazgo vertical –el “gigante invertebrado” de Cooke tapa su desnudez con clases alusivas al valor de “organizarse”– cuya debilidad se hace trágica en los momentos de crisis, particularmente en las batallas contra el enemigo oligárquico y, tras la muerte del General Perón, cuando se desata la pugna por el liderazgo del movimiento, es, contradictoriamente, algo impersonal, ya que se impone incluso al conductor, incapaz de rechazar la verticalidad como sistema y de impulsar la formación de una conducción colectiva, sometida a las reglas del mandato pactado, con la ratificación o revocabilidad periódica que lo acota, en el marco de un abierto debate de ideas.

La militancia, el arribismo y la ampliación de las bases del movimiento popular

Si el lugar logrado en el seno del movimiento y en el aparato del Estado no depende del ascendiente que se ha ganado en las bases del mismo y en el público en general, sino de la decisión de un líder arbitral, que reserva para sí la tarea de pensar y resolverlo todo: ¿para qué esforzarse en desarrollar la capacidad de análisis, ser reconocido por la propia valía y construir una base de sostén propia, sumarla a las bases del movimiento, lograr que el mismo sea más extenso y gane en solidez, cuantitativa y cualitativamente? En las cúspides de la estructura vertical, en realidad, este tipo de perfil es más bien rechazado,  sospechoso de insubordinación, salvo que sea alguien profesionalmente capacitado que al mismo tiempo se abstiene en la política general, como era el caso de Ramón Carrillo, el gran ministro de Perón, consagrado exclusivamente al desarrollo del sistema de Salud Pública, interlocutor valorado por el General Perón, sin ninguna injerencia en los dilemas políticos que ocupaban al líder[15].

Esta es la razón por la cual el líder termina rodeado de “chupamedias y alcahuetes”, que, como toda esa especie, son potenciales traidores al campo nacional. Pero, si se pretende en cambio construir o reconstruir una fuerza política, lo que implica sumar a patriotas y militantes a una causa que reconozca los méritos ganados, la conducción vertical atenta contra el propósito, por obvias razones. Las señalamos en la nota ya mencionada: “Si el General Perón les hubiese planteado a los líderes sindicales en 1944 que de allí en más habría de imponerles una <conducción vertical> el peronismo no hubiera llegado a ser”. Eso no implica ignorar el papel jugado por la política de la famosa Secretaria de Trabajo y Previsión. Pero, sin la expectativa de ser protagonistas del movimiento que contribuían a gestar, los líderes obreros no se hubieran empeñado en la tarea de hacer del Partido Laborista una fuerza poderosa, clave en el triunfo electoral del 46. Ellos, como Perón, pese a la ruptura del vínculo inicial con Cipriano Reyes y Luis Gay, alimentaron más tarde el respaldo al avance de aquellos años felices y, caído el gobierno en 1955, la militancia sindical, base central de la Resistencia Peronista, supo vincular la acción reivindicativa y la lucha política del peronismo proscripto, que los trabajadores vivían como una unidad, prácticamente inescindible.

De alguna manera, la acción obrera asociaba naturalmente sus demandas reivindicativas con levantar las banderas del 17 de Octubre, punto de partida de la consolidación de un nuevo estatuto social para la clase trabajadora, que incluía la elevación del nivel de vida, pero también la jerarquización de su status social. En este marco, ya exiliado Perón, el movimiento obrero preservaba el reconocimiento de “la columna vertebral”, con un rol protagónico en las estructuras del peronismo, sólo subordinado al liderazgo del General.

El peronismo posterior a la derrota ante Alfonsín

La “rama política”, después del Proceso y la derrota del peronismo a manos de Alfonsín, se empeñó en alterar esa situación, para transformar a los trabajadores y el movimiento obrero en un sostén carente de toda injerencia en los mandos del movimiento, sin las   prerrogativas que les otorgaba Perón en su seno, con un tercio de las candidaturas y un importante rol en la estructura estatal, con un poder absoluto en la esfera del Trabajo.

Entre otras calamidades, el menemismo afianzó esa degradación del rol de los sindicatos en el poder estatal y los mandos del peronismo, mientras imponía por decreto el nivel salarial, ignorando el derecho a negociar salarios y condiciones de trabajo. Anulaba así la función reivindicativa sindical, en un marco de destrucción de la industria nacional y el empleo. Por esa razón, estimulado además por señales políticas, con el gobierno de Néstor Kirchner se produce un renacimiento del activismo obrero y, como respuesta al cambio general de situación, una joven generación obrera se entusiasma con retomar la lucha y reinstalar a los trabajadores en el papel de protagonistas que le había reconocido el peronismo clásico. A los efectos del examen en el que estamos empeñados, ese fugaz momento apuntaba a restaurar los vínculos vivos del aparato justicialista con las grandes masas, algo que, antes de que adquirieran su peso actual los “movimientos sociales”, dependía ante todo del activo sindical, principal operador entre la jefatura y las masas.

La maduración de ese proceso, como es sabido (o debería serlo), se frustró al estallar el conflicto entre Cristina Kirchner y la CGT, liderada entonces por Hugo Moyano. El origen de esa ruptura, punto de partida de la posterior pérdida de las mayorías electorales por parte del kirchnerismo, haciendo abstracción de los desatinos recíprocos que se vieron posteriormente, no puede juzgarse sino como tentativa de desplazar el eje de apoyo del gobierno desde la clase obrera hacia las franjas progresistas de la pequeña burguesía, lo que implicaba ignorar el significado mismo de la expresión de Perón, respecto al papel de “columna vertebral” del movimiento sindical y los trabajadores peronistas. Aquél que rechace esta afirmación debería recordar que, además de apartar del poder a Moyano, la gestión de Cristina impuso a los asalariados el Impuesto a las Ganancias y abundaron las declaraciones que lesionaban el vínculo, preparando el terreno para que fracciones obreras abandonaran al kirchnerismo en las fatales elecciones del 2015.

Algunas conclusiones, ante la tragedia actual

La primera y fundamental es la siguiente: la tarea de “enamorar nuevamente” al pueblo argentino y particularmente a los trabajadores, tan cacareada como objetivo, excluye la pretensión de disciplinarlos tras una dirigencia que ha perdido el rumbo. La crisis de la representación, explicitada por las manifestaciones del 2001, nunca se superó y es hoy más grave que nunca. De allí la victoria de Milei en las urnas y la persistencia de sus bases de apoyo político, que subsisten pese a la hambruna y el caos generados por su gestión apátrida, quizás la peor de la historia argentina.

El peronismo sufre una crisis extrema con pronóstico reservado. No sobrevivirá al drama nacional salvo que logre definir un programa, actual pero fiel a su origen antioligárquico. Pero ese propósito no se alcanzará sin superar la ausencia de un clima interno propenso al debate y dispuesto a enfrentar la decadencia nacional con el sólido patriotismo que siempre exigen las grandes empresas. Si su dirigencia actual –los que no han claudicado lisa y llanamente– no se decide a generar un amplio debate sobre los problemas del país, democratizar el movimiento y liberar a la Argentina, la militancia popular debe asumir la tarea, desechar a los “alvearistas” y a todos los sectarios y transformar al país de una buena vez.

[1]  La conducción vertical, después de Perón, fue publicada en el diario Comercio y Justicia, el 25 de febrero de 2011. Se encuentra, hoy, en https://aurelioarganaraz.com/politica-argentina/la-conduccion-vertical-despues-de-peron/

[2] El General Perón nunca sufrió la tentación de “superar” las derrotas asumiendo propuestas del enemigo oligárquico. Después de su muerte, la “renovación peronista”, con Menem y Cafiero como exponentes de su dirigencia, no sabían cómo “parecerse” a Alfonsín, que los había derrotado. Hoy, Cristina Kirchner, tal vez mareada ante la popularidad de Milei, hace confusos planteos sobre una vaga “reforma laboral”, para no dejar en manos de Milei y Macri esta “bandera” del pútrido stablisment vendepatria de la Argentina y hace algo similar con el asunto también popularizado del “equilibrio fiscal”, limitándose a denunciar que Milei lo ha logrado en base a “la crueldad”; lo que suena bien, electoralmente, pero no esclarece el tema en cuestión.

[3] En la conferencia dictada en la Universidad de Chaco, Cristina Kirchner le contó al público que hablando con Xi Jinping, en un encuentro, ella le señaló que en los primeros años de la década del 50, mientras China sufría hambrunas la Argentina fabricaba aviones a reacción ¿No se le ocurrió que cabía una reflexión sobre la diversidad del destino que tuvieron más tarde ambos países? Es una pena que omitiera decirnos por qué motivos el país de Mao se elevó a la altura de las sociedades avanzadas y nosotros sobrellevamos una lamentable seguidilla de frustraciones.

[4] Desde el exilio, el nombramiento de “delegados” sustituye a los interventores, sin modificar el sistema, aunque las circunstancias imponen el nacimiento de tendencias, bajo el arbitraje de Perón.

[5] Juan Carlos Torre, La caída de Luis Gay, revista Todo es Historia, N° 89, octubre de 1974.

[6] Jorge Abelardo Ramos, Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, Tomo V, pág. 201, Plus Ultra, 1972. El lector inscripto en el pensamiento nacional debe esforzarse para entender las contradicciones entre esa práctica y la doctrina de Perón, según la cual “sólo la organización vence al tiempo”. Esa cuestión es vista por la intelectualidad gorila como una perversión, con lo cual se omite explicar sus orígenes, como eludir el examen de liderazgos oligárquicos. Se trata, para ellos, de denigrar lo nacional, sin explicar nada. ¿Qué interés podrían tener en reflexionar sobre las contradicciones propias del nacionalismo burgués en las semicolonias y su necesidad de licuar el poder potencial de una clase obrera dispuesta a protagonizar la política nacional?

[7] En el mundo semicolonial, con un desarrollo muy desigual y desintegrado del sistema productivo, no es viable la supresión lisa y llana de la propiedad privada de los medios de producción y los mecanismos del mercado que asocian el incremento de la productividad del trabajo con el interés de los productores y un consumidor dotado de márgenes de elección. El propósito de desarrollar las fuerzas productivas, como lo prueba el modelo adoptado por China, es generar modos de colaboración y competencia entre la empresa pública y el capital privado, bajo un firme control estatal. Pero ese dato, que podría calmar al empresario nacional, que obtiene ventajas con la independencia económica, no logra vencer sus prejuicios de clase, que lo llevan a solidarizarse con el capital extranjero y le imponen conductas inestables y contradictorias con sus intereses generales. Consecuentemente, ese modelo debe serle impuesto, como hizo China, luego de vencer al “nacionalismo” burgués.

[8] Decir que “los buenos son poquitos” merece un aplazo, si se recuerda que se alejaba a patriotas insignes, de honradez probada, mientras se acudía a chupamedias y arribistas, que, como es obvio, serán traidores, cuando les convenga serlo. Galasso, Norberto, Perón, formación, ascenso y caída (1893-1955), Tomo I, La burocratización, pág. 609 en adelante, Editorial Colihue, 2011.

[9] Ramos, Jorge A., Revolución y contrarrevolución en la Argentina, Tomo V, La era del bonapartismo, pág. 208. Plus Ultra, 1972.

[10] La fecha de publicación de La conducción vertical. consta en nota 1

[11] El conflicto gobierno-CGT y el rol político de la clase obrera, del 25 de diciembre depun-2012. Se encuentra, hoy en https://aurelioarganaraz.com/politica-argentina/el-conflicto-gobierno-cgt-y-el-rol-politico-de-la-clase-obrera-2/

[12] Cabe recordar que el conflicto se origina en la reivindicación por la CGT del derecho de los trabajadores a participar de las ganancias de las grandes empresas y del discurso de Hugo Moyano que legitimaba la aspiración de que un obrero pudiera ser presidente de la república. Es difícil encontrar una prueba fáctica más elocuente de lo que son los límites del nacionalismo burgués, que arriesga el respaldo obrero con tal de no “ofender” al poder económico; en otros términos, de su disposición a desertar de la defensa de lo nacional cuando se ponen en cuestión sus intereses de clase. Por otra parte, transformando la pelea con la CGT en una agresión a la clase obrera, el gobierno sostuvo, con obcecación, el Impuesto a las Ganancias al salario de los trabajadores. Ese verdadero disparate político le permitió a Macri buscar el voto de franjas obreras, en su campaña presidencial, prometiendo derogar el odiado impuesto. Correlativamente, Scioli se vio obligado a callar sobre el punto, para no cuestionar la política de “la jefa”, cediendo esa bandera al candidato oligárquico.

[13] La tarea de Milei y el conjunto de la oposición se redujo a la tarea de presentar al gobierno de Alberto Fernández, desacreditado in toto por “los propios”, como sinónimo de “peronismo” y/o “kirchnerismo”.

[14] El arbitraje bonapartista, para no ceder la facultad de arbitrar y el poder que deriva de esa facultad, en lugar exigir que los sectores antagónicos que coinciden en sostener una política nacional (el empresariado nacional y la CGT, es el ejemplo más importante) reconozcan los límites que la realidad impone, para dar base a una política de concesiones mutuas, opta por pendular entre ambas fuerzas, sin satisfacer a nadie.

[15] El distanciamiento entre Carrillo y Perón surgió justamente de las prevenciones que el ministro planteo observaciones relativas al conflicto con la Iglesia, en 1954, cuyo contenido preciso se desconoce, aunque sabemos de las torpezas tácticas cometidas durante el mismo, que facilitaron la tarea del bando enemigo.  De todos modos, cuando la solidez del colaborador puede opacar al líder, la selección del mismo corre el riesgo de priorizar al peor. Esto podría explicar el enigma de por qué teniendo entre sus partidarios a Aldo Ferrer, uno de los grandes economistas argentinos, Kirchner lo envió de embajador a Francia, mientras le cedía el ministerio de economía a una figura tan desteñida como Lousteau, una elección fatal al momento de enfrentar el problema agrario.

* Referente político del partido Patria y Pueblo de Córdoba

Señales que reaparecen

Por Omar Auton

 “Volver a la realidad es un acto de heroísmo”

R. Scalabrini Ortiz

Hace pocos días y presentando nuestra revista Escenarios dedicada al 80 aniversario del 17 de octubre de 1945, comenzamos a dialogar sobre algunas similitudes de estos tiempos con aquellos y, reconociendo que a veces inconscientemente forzamos algunos acontecimientos para alimentar de certeza nuestra afirmaciones, voy a tratar de describir o mostrar elementos en los que abrevan estas disquisiciones.

   El golpe militar de junio de 1943 puso fin a un largo proceso de decadencia política, la Unión Cívica Radical que aparece en 1916 como el fruto del surgimiento de un nuevo sector social en ascenso, las clases medias, y expresión de la demanda de respetar la voluntad popular en los comicios, expresada en el acuerdo entre Yrigoyen y otros radicales con el roquismo en decadencia, que dio lugar a la ley Saénz Peña, había caído, por un lado como consecuencia de la crisis irreversible del sistema mundial que había parido a la Argentina del Centenario y por otro lado como resultado de las internas salvajes entre los sectores del partido gobernante.

   La oposición más feroz a Yrigoyen nace de su propio partido, Alvear encabeza al sector autodenominado “antipersonalista”, que eran las mismas fuerzas que habían estado a punto de impedir el acceso de Don Hipólito a la presidencia en 1916, tanto es así que en 1928 enfrentó electoralmente a la Unión Cívica Radical Antipersonalista, cuya fórmula era encabezada por Leopoldo Melo. Luego del golpe de Uriburu y la muerte de Yrigoyen, la UCR pasó a ser, junto con socialistas, demócratas progresistas, etc, la oposición “tolerada” por el régimen conservador y fraudulento de la “Década Infame”.

   El país vivió una lenta degradación del sistema político, los arreglos y componendas entre partidos llevó a un socialista, Joaquín Coca, a definirlo como “El Contubernio”, los votos de los sectores mas pobres y excluidos se conquistaban con “beneficios” o prebendas, cuando no con el fraude liso y llano, todos los partidos y sus dirigencias quedaron comprometidos con escándalos de corrupción como la prórroga de la concesión de los servicios eléctricos a la Compañía Ibero Americana de Electricidad (CHADE) y la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad (CIAE), que habría sido el origen de los fondos para la compra de la actual sede central de la UCR en la calle Alsina.

   Corrupción y decadencia del sistema de partidos y de los dirigentes de la época

   También se daba que había nuevos protagonistas en la sociedad argentina, una nueva clase industrial que ya no era simplemente el gerenciamiento de los grandes trust extranjeros que manejaban las exportaciones agropecuarias, los servicios públicos y el mundo financiero, la segunda guerra mundial vio aparecer una industria de sustitución de importaciones, al cortarse el arribo de productos manufacturados británicos o alemanes.

   Esta industria necesitaba mano de obra y se resolvió con la llegada de grandes contingentes de hombres y mujeres de nuestras provincias, un verdadero proceso de migración interna, que buscaban su porvenir ante la falta de trabajo en un sector agropecuario de carácter terrateniente, extensivo y concentrado en la propiedad por pocas familias que, por lo general, residían en Buenos Aires. 

   Esto es, aparición de dos nuevos protagonistas, una clase obrera industrial y argentina que desplazaba o absorbía a la que era el resultado de las oleadas inmigratorias de principios de siglo y una burguesía industrial que pretendía rivalizar con el modelo colonial-pastoril implantado por la oligarquía.

   Esto ocurría en medio de la crisis final del modelo oligárquico dependiente, el retroceso de Gran Bretaña luego de la Primera Guerra Mundial, el creciente protagonismo de EE.UU, cuya economía es competitiva de la nuestra y no complementaria, se agudizó a partir de la crisis de 1930, Inglaterra se blindó en Ottawa con sus ex colonias y Argentina se derrumbaba, ello llevó a la firma del oprobioso tratado Roca-Runciman, que entregó al país atado de pies y manos a cambio de una cuota para las carnes argentinas.

   La oligarquía a cambio de una mínima participación en la renta colonial entregaba a la potencia dominante los recursos naturales, los servicios públicos, el monopolio del comercio exterior y los servicios financieros, inclusive del mismísimo Banco Central de la Nación.

   Eran los tiempos de un cambio dramático en el orden mundial, a la caída de los imperios centrales con la derrota de Austria-Hungria en la primera guerra mundial, se sumaba la caída del Zar de Rusia derrocado y fusilado por los bolcheviques luego de la Revolución Rusa de 1917 que ponía en marcha el intento mas acabado de construir el socialismo, nada mas y nada menos que en el país mas atrasado de Europa, contradiciendo la predicción de Carlos Marx. Alemania arruinada, Francia semidestruída por el enfrentamiento bélico, Inglaterra que quedó endeudada con EE.UU por los gastos de guerra, convertían el vasto imperio colonial en una rémora del pasado, Italia que se había alineado con los aliados no pudo lograr que le reconocieran ninguna de las recompensas prometidas y España se sumía en la guerra civil que ocasionó millones de muertos, la dictadura de Franco y 40 años de atraso cultural, social, político y económico. Mientras tanto una burguesía capitalista atrevida y vulgar en sus costumbres gobernaba en EE.UU, con funcionarios como el Secretario de Estado Cordell Hull y embajadores como Spruille Braden

   El mundo conocido y que había permanecido intocado durante un siglo se derrumbaba, no había una potencia dominante, surgían nuevos polos de poder y todo ello culminaría en la guerra interimperialista de 1936-1945, y pongo como fecha de inicio 1936 porque hoy muchos historiadores coinciden que comienza con la invasión de china por japón y la masacre de España por Alemania e Italia.

   A todo esto el pueblo argentino estaba sumido en la pobreza, con expectativas de vida de 45 años en algunas provincias, cientos de jóvenes rechazados para el servicio militar por “deficientes condiciones físicas” debidas a la desnutrición o malnutrición, los que pasaban el examen, en muchos casos, aprendían a leer y escribir en los cuarteles ya que “educación universal, pública y gratuita” se limitaba a algunas zonas centrales del país, solo votaba porque era obligado por el régimen, cuando no lo despojaban de la libreta de enrolamiento (la mujer no votaba) con la frase “Vos ya votaste”, los sindicatos preexistentes en manos de socialistas y comunistas traicionaban las huelgas y reclamos ya que “Era hora de enviar alimentos a los países que defendían la democracia en Europa”, el anarquismo declinaba o sus mejores hombres y mujeres iban a luchar en España contra Franco, los nuevos sindicatos aún no eran mayoritarios o comenzaban a desarrollarse.

   La prensa, apoyaba la democracia fraudulenta, La Nación, La Prensa y Crítica ocultaban los latrocinios del régimen, los intelectuales callaban y se deslumbraban con las nuevas modas culturales, solo pequeños grupos de patriotas como la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) denunciaban al coloniaje, y aparecía la imagen del “hombre que está solo y espera” que retratara Scalabrini Ortiz y Discépolo nos hablaba del “Cambalache” y el “Desencuentro”, hacía una década que había muerto Yrigoyen y la gente decía, “¿Volveremos a tener alguien como Don Hipólito?”.

   Ochenta años después nos encontramos nuevamente ante un sistema político corrupto e irrepresentativo, tanto que muchos argentinos optan por no ir a votar y llamativamente no es porque desechen o rechacen la política, sino que explican “Si total con mi voto no puedo cambiar nada”, o “Si total son todos iguales y después arreglan todo entre ellos”, la UCR hace rato que no es un partido político y se ha transformado en una agencia de empleos y acomodos a partir de los cargos, hace años que no hay una fuerza conservadora seria, comparemos a Alsogaray, Pinedo o Siracusano con Lilia Lemoine, o pensemos que el actual presidente de la UCD es Ramiro Marra, antes tenían periodistas como Bernardo Neustadt o Mariano Grondona y ahora a Fantino o Jonatan Viale.

   El peronismo sufre una decadencia similar a la que vivió el yrigoyenismo, al abandono de sus banderas históricas le siguió la conformación de una casta partidocrática que se ha apoderado de sus estructuras partidarias, muchos de ellos con fortunas cuyo origen tienen dificultades para explicar y una “orga” de ex jóvenes, devenidos en punteros a partir de una organización forjada a la luz de un liderazgo declinante y cada vez mas rechazado y creada y sostenida con los fondos del Estado en razón de haberse apoderado de los organismos que manejan presupuestos millonarios y presencia territorial en todo el país.

   Asimismo se ha perdido toda vocación transformadora y vínculo con los sectores populares, resignándose a perder elección tras elección pero utilizando su poder económico y territorial para armar las listas y asegurarse permanentemente los recursos del Estado.

   También aparecen nuevos actores en la sociedad, en el mundo del trabajo, solamente un 40% de la población económicamente activa tiene empleo formal y registrado, otro tanto se sostiene con trabajos informales, changas, trabajos por plataformas, “en negro”, en talleres o pequeños emprendimientos no inscriptos, o los mas favorecidos en forma “Free lance” en actividades vinculadas a la informática o comercio virtual. Un sector importante de los que tienen empleo formal se desempeñan también en trabajos informales (Uber, Cabify, Didi), para completar un ingreso que les permita subsistir, un 20% está desocupado, algunos figuran en los registros y otros no porque han dejado de buscar trabajo.  Todo este sector carece de representación sindical y muchos han dejado de identificarse con ninguna fuerza política porque no se sienten identificados.

   La caída de la “burguesía nacional” ha sido estrepitosa, no hay prácticamente plantas o fábricas de capital nacional, las que hay son en un 90% pequeñas empresas o emprendimientos, miles se han fundido y desaparecido, el 1% de las empresas emplea al 44% de los trabajadores privados. En el sector agropecuario hace años que no somos productores de alimentos “para 400 millones de personas” como repiten los políticos y muchos intelectuales, la siembra directa y los “pooles” de siembra explotan grandes extensiones, los propietarios se trasladaron a los barrios privados que constituyen además un mecanismo de lavado de dinero o a zonas como Puerto Madero o la zona ribereña de Rosario.

   Un sector de empresarios, gerentes de fondos o grupos económicos globales (Manzano, Ratazzi) o con inversiones diversificadas y domicilios en el extranjero (Roca, Bulgheroni, Roemmers), presiona por apoderarse de empresas del Estado, inversiones por concesiones gubernamentales, y apropiarse de recursos petroleros, gasíferos, minerales e incluso el agua. Pusieron en la presidencia a Mauricio Macri y ante su fracaso a un engendro como Milei, dispuestos a rematar todo el patrimonio nacional a cambio de mantener sus espacios en el saqueo repitiendo el comportamiento de la oligarquía en la “Década Infame”.

   Un elemento nuevo es el endeudamiento, Argentina estaba hipotecada en el año 2001, salió de ello con gran esfuerzo hasta 2015 y a partir de ahí y especialmente en 2018 fué endeudada nuevamente de manera brutal, se intentó reestructurar los pagos entre 2021 y 2022, y el actual gobierno incrementó en un 25% la deuda en un solo año. Los acreedores, el FMI y los grupos y fondos de inversión, saben que no van a cobrar, que es imposible, pero eso les permite condicionar la política argentina, someter a todos los gobiernos y apoderarse de los recursos del país, eso es lo que buscan.

   Ni Trump ni EE.UU. están interesados en defender a Milei por afinidad ideológica, lo usan para asegurarse, 1) el dominio del Atlántico Sur, 2) frenar el ingreso de China en América del Sur su “patio trasero” y 3) dinamitar el Mercosur, debilitar a Brasil y con ello a los BRICS.

   Nuevamente el mundo esta convulsionado por una crisis del sistema global, al poder unipolar y unilateral de EE.UU luego de la caída de la URSS, que según Fukuyama significaba el “Fin de la Historia”, en apenas 25 años le ha seguido una serie de terremotos políticos con la emergencia de Rusia, China e India como potencias industriales, tecnológicas y militares que incluso han desplazado a EE.UU en numerosos rubros. Asimismo el siglo XXI marca la declinación definitiva de Europa como centro de la política internacional. La decadencia que comenzó a fines de la primera guerra, se acentuó a partir de 1945 con la “Guerra Fría”, no pudo revertir la deslocalización de empresas y la crisis del “Estado de Bienestar” con la conformación de la Unión Europea y el gobierno de Bruselas, se muestra hoy con toda nitidez en su obediencia ciega a la OTAN, el fracaso con Ucrania donde todo su poderío militar no puede detener una fuerza militar en la que Putin ni se molestó en usar su poderío militar moderno o sus propias Fuerzas Armadas.

   El pueblo argentino vuelve a estar sumido en la pobreza, mas de un 40% en ella y un 15% en la miseria, consideremos que hablamos de 19 millones de compatriotas y 7 millones respectivamente, el 60% de los menores de 30 años son pobres y la desocupación en esa franja supera el 30%. en muchos casos hablamos de una tercera generación de argentinos que nunca tuvo un trabajo registrado en forma regular.

   La educación y la salud afrontan crisis terminales, miles de chicos salen de los ciclos primario y secundario sin saber leer y escribir correctamente, comprender lo que leen y en muchos casos hacerse comprender cuando hablan, se elimina la repetición “porque hoy en día la lucha es por mantenerlos en la escuela para que no vayan a la calle” repiten los maestros, la obligatoriedad de la escolaridad primaria y secundaria es una ficción y hay dirigentes políticos que plantean su eliminación, con el fin que sean impartidos los conocimientos por sus padres o por internet en algunos casos o bien “vayan a trabajar en las cosechas” como reclama el diputado “republicano” De Angeli o el “libertario” salteño Olmedo.

   La prensa ha sido reemplazadas por poderosos monopolios mediáticos que manejan la radio, la TV y las redes, Google hace años que solo sube noticias del grupo Clarín-La Nación o medios globales, según los gobiernos se sometan mas o menos ocultan todo lo que pueda perjudicarlos o nos bombardean con noticias, nada dura mas de horas en “primera plana”, los periodistas o locutores profesionales han sido reemplazados por “noteros”, modelos publicitarias, o “influencers” y se fabrican notoriedades o se destruyen prestigios sin miramientos.

   Como vemos, si pensamos en la sociedad que vio el golpe de junio de 1943, la aparición del General Perón y el 17 de octubre de 1945 tienen muchas características compartidas, mas allá de diferencias de “forma” hasta el Departamento de Estado yanqui se permite enviar un, supuesto, futuro embajador que declara que “va a hablar con los gobernadores y legisladores para que apoyen y no obstruyan nada que afecte los intereses de EE.UU” y ha reinstalado su Cuarta Flota en el Atlántico Sur. Hoy la reflexión de muchos compatriotas es “Estamos solos, ¿Podrá aparecer otro Perón?.

   El ejército nacional ha sido desarmado ideológicamente e instrumentalmente, primero la dictadura genocida entre 1976-1983 y luego el alfonsinismo, Menem y el progresismo “peronista” lo han vaciado de poder y de patriotismo bajo un supuesto “profesionalismo” , ahí no vamos a encontrar una nueva síntesis nacional, no existe una burguesía que, al menos, defienda sus intereses frente a la voracidad externa, será el pueblo llano, los trabajadores y el pobrerío, de donde salga la respuesta al dilema del Martín Fierro:

 “Tiene el gaucho que aguantar

hasta que lo trague el hoyo

o hasta que venga algún criollo

en esta tierra a mandar”

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