Nadie se salva solo (nueva temporada)

Rodrigo Rodríguez Tornquist *

En 1995, una ola de calor devastó la ciudad de Chicago y provocó la muerte de 739 personas. Años más tarde, el sociólogo Eric Klinenberg reconstruyó aquel episodio en su libro “Ola de calor: Autopsia social de un desastre”. Estudió las causas por las que hubo mayores decesos en algunas zonas que otras, con similares condiciones socioeconómicas. Su conclusión fue incómoda ya que demostró que las víctimas no murieron únicamente por las altas temperaturas, sino por una combinación de vulnerabilidad social, aislamiento y fallas institucionales.

El calor fue el detonante. Pero el desastre fue político y social.

Tres décadas después, esa lectura conserva vigencia frente al cambio climático. Klinenberg identificó que las zonas con menores decesos fueron las que tenían mejor calidad de “infraestructura social”. No se trata solo de hospitales, redes eléctricas o sistemas de alerta temprana, sino de algo más intangible y decisivo, como los espacios públicos vivos, las redes comunitarias sólidas, los vínculos de cuidado y los Estados responsables, capaces de identificar y proteger a quienes están más expuestos.

En un mundo donde las olas de calor, las inundaciones y otros eventos extremos serán cada vez más frecuentes e intensos, el principal factor de riesgo no es solo climático. Es también la soledad, la desigualdad, la debilidad estatal y la fragilidad de los lazos sociales. Allí donde esos vínculos se debilitan, el clima se vuelve más letal.

Europa lo está comprobando en tiempo real. Las olas de calor de este año ya dejaron un saldo preliminar de alrededor de 1.800 muertes, incluso antes del inicio pleno del verano. Y los pronósticos advierten la posibilidad de nuevos eventos aún más severos en las próximas semanas. Quedó claro que el continente no está preparado para enfrentar fenómenos de esta magnitud.

La adaptación al cambio climático dejó de ser una agenda de largo plazo para convertirse en un imperativo inmediato. Y empieza a emerger, además, la cada vez más potente idea de que la regeneración de la naturaleza no solo es deseable, sino una de las estrategias más efectivas y de mayor retorno para reducir riesgos. En este escenario, la cooperación entre países, ciudades y sectores se vuelve la herramienta más decisiva para proteger vidas.

En América Latina, y particularmente en la Argentina, el panorama no es más alentador. Distintas agencias meteorológicas internacionales advierten que el fenómeno de El Niño iniciado en 2026 podría alcanzar una intensidad excepcional, comparable únicamente con el episodio de 1877-1878, uno de los más extremos de la historia registrada. Aquel evento dejó impactos devastadores a escala global. Hoy, el riesgo es similar en magnitud, pero amplificado por un planeta más caliente y urbanizado.

Se anticipan olas de calor prolongadas, tormentas intensas y períodos de sequía que pondrán bajo presión a ciudades, sistemas productivos e infraestructuras críticas. Pero, nuevamente, la clave no está solo en la fuerza del fenómeno, sino en el grado de preparación social e institucional para enfrentarlo.

La evidencia es contundente con respecto a que ningún actor (ni el Estado, ni el sector privado, ni la ciencia, ni las comunidades) puede responder en soledad a desafíos de esta escala. La resiliencia no es un atributo individual, sino una construcción colectiva. Donde existe coordinación, confianza y organización, las pérdidas humanas y económicas se reducen de manera significativa.

En última instancia, la diferencia entre un evento extremo y una tragedia depende de cómo estamos organizados como sociedad y las capacidades del Estado de responder.

El Papa Francisco lo expresó con claridad en Laudato Si’: “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo”.

Tal vez esa sea la verdadera lección de este tiempo. En un planeta más inestable, más caliente y más incierto, la única estrategia verdaderamente realista es la organización colectiva.

En otras palabras, una vez más, conviene recordar que nadie se salva solo.

* Exsecretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación. Docente Unsam.

Enlace: https://www.perfil.com/noticias/columnistas/nadie-se-salva-solo-nueva-temporada-por-rodrigo-rodriguez-tornquist.phtml

¿El peronismo va a seguir con el relato histórico de la Izquierda Diario?

Por Aldo Duzdevich*

A priori la respuesta sería claramente no. Pero, hay quienes opinan lo contrario sin explicitarlo, y hasta hoy son mayoría.

 Lo que hoy identificamos genéricamente como peronismo está integrado mayoritariamente por adherentes y militantes que se auto perciben kirchneristas o cristinistas, y un porcentaje menor, que se define como peronistas referenciados en Perón y su doctrina, generalmente gente de más de 60 años . Y si, hay un fenómeno nuevo de jóvenes sub-30 que también buscan referenciarse en el peronismo originario.

El kirchnerismo- cristinismo en los niveles intelectuales y militantes se nutrió de la militancia setentista que se había  alejado en la etapa menemista. Allí confluyeron ex militantes o simpatizantes montoneros, del PRT-ERP, del PC y otras corrientes vinculadas a la izquierda y a la militancia en los organismos de DDHH.

 Naturalmente estas militancias trajeron consigo su bagaje histórico político e ideológico. Y sin hacer una declaración explícita fueron conformando un relato histórico e ideológico con raíces en su pasado militante, e incorporando nuevas corrientes de pensamiento como las de Laclau y Chantal Mouffe.

 Lo que se inició como la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia terminó derivando, en amplios sectores, en una reivindicación cada vez menos crítica de las organizaciones armadas de los setenta.

 Una buena síntesis de estas ideas fuerza es el documento leído en el acto de conmemoración de los 50 años del golpe. Documento que contó con el aval de las actuales autoridades del Partido Justicialista que fue parte de los convocantes al acto.

Documento leído el 24 de marzo del 2026

 Algunos de sus párrafos dicen :  “Reivindicamos todas sus luchas que formaron parte de la militancia como herramienta de transformación de la realidad en organizaciones del Peronismo Revolucionario, como Montoneros, la FAP, o el movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo; la tradición guevarista del PRT-ERP; la trotskista como la del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) o las tradiciones anarquistas, socialistas y comunistas: Partido Comunista, Vanguardia Comunista y Partido Comunista Revolucionario, por nombrar sólo a algunas de las más de cientos de organizaciones y espacios de participación política, sindical, estudiantil y social, luchando por una sociedad sin opresión ni explotación. Venimos de esas tradiciones y nos sirven como experiencias para fortalecer y recrear la lucha popular contra el gobierno fascista de Milei y Villarruel.”

 “La dictadura genocida tuvo como antesala el gobierno de Isabel Perón, con López Rega y la Triple A, la CNU y demás bandas fascistas; el ensayo de genocidio del Operativo Independencia, mientras avanzaba el Plan Cóndor en los países de la región.”

“Incluso en la guerra de Malvinas los militares cometieron delitos de lesa humanidad contra los conscriptos que sí enfrentaron al enemigo inglés apoyado por EEUU.”

“A 50 años del golpe, reclamamos la urgente apertura y entrega de todos los archivos de todas las áreas del Estado desde 1974 a 1983 para avanzar con las investigaciones de los responsables de estos crímenes.”

“¡Libertad a Milagro Sala, Facundo Jones Huala, Milton Tolomeo, Daniel Vera y a todas las presas y los presos políticos, exigimos el cierre de todas las causas.”

“La prisión y proscripción de Cristina Fernández de Kirchner, ex presidenta de la Nación, en un proceso denunciado por absolutas irregularidades, durante el cual se atentó contra su vida, merece nuestra preocupación y repudio. ¡Libertad a Cristina Fernández!”

¿Cual es la opinión del peronismo- kirchnerismo-cristinismo ?

Parto de la base que todas las opiniones son respetables, y no tengo interés en debatir con la Izquierda Diario y demás redactores del texto, porque sé y entiendo, que hace muchos años sostienen lo mismo.

Si me interesa debatir con los dirigentes del espacio peronismo-kirchnerismo-cristinismo en el cual participo, sobre si esta visión de la historia seguirá siendo la misma o no.

Arranquemos por describir que, ERP  y Montoneros coincidieron en la búsqueda de la toma del poder por  la violencia,  para imponer un socialismo a la cubana. Que su periodo de mayor actividad guerrillera fue justamente en el gobierno constitucional peronista del 25 de mayo de 1973 al 24 de marzo de 1976.

Quienes nos definimos peronistas deberíamos responder, algunas preguntas:

¿Compartimos la decisión del PRT-ERP y Montoneros de enfrentar militarmente al gobierno constitucional peronista? . ¿Consideramos legítimo el asesinato de José Ignacio Rucci? ¿Aceptamos la interpretación de que Perón fue creador o protector de la Triple A? ¿Creemos que el gobierno de Isabel Perón fue simplemente la antesala de la dictadura? ¿Coincidimos con la tesis de que el terrorismo de Estado comenzó en 1973 con Perón en vida?

Deberíamos decir si aceptamos que “el peronismo no tiene ideología” y que hay que llenarlo de contenido socialista o post marxista.

Obviamente no estoy de acuerdo con ninguno de esos conceptos, y me gustaría poder hablarlo con quienes se auto-perciben dirigentes de nuestro espacio, sobre los graves errores históricos que ese relato ha establecido.

Las limitaciones del relato vigente

Más allá de las diferencias interpretativas, el problema político de este relato es que dificulta la construcción de una mayoría nacional.

En primer lugar este relato parte de la base de considerar a Perón como un líder populista que no solo puso freno a la “ansiada revolución socialista” sino que además termino sus días abrazado a la “derecha fascista”. Por lo tanto cuando desde la derecha libertaria se nos acuse de lo mismo habrá que aceptarlo y mudar del nombre peronista, hacia otro nombre que nos desvincule del apellido Perón.

El relato es básicamente anti-militar porque sigue considerando a las Fuerzas Armadas actuales como herederas de las del proceso, y además reniega su gesta nacional de la segunda mitad del siglo XX, la guerra de Malvinas.

El relato es anti-empresa, porque su ideología de base es el socialismo cubano, y además la guerrilla a partir del 75 se dedicó a ejecutar directivos de esas mismas empresas, que hoy están produciendo en Argentina.

El relato es anti-sindical porque heredó los mismos conceptos de calificar como “enemigos de la revolución” a las dirigencias sindicales.

El relato es anti-Iglesia Católica porque se califica al proceso como cívico-militar-eclesial agitando un discurso acusatorio, que incluso llego a cuestionar la actuación de Jorge Bergoglio durante la dictadura.  

El relato es anti-unidad nacional porque descarta a todos los sectores políticos y sociales que no se alineen con su discurso. Quedan afuera, peronistas originarios, dirigentes políticos de centro, clases medias del interior, comerciantes, chacareros, empresarios, sindicalistas, religiosos, miembros de las fuerzas de seguridad, militares, etc etc .

El relato es limitado en materia de relaciones internacionales hace eje en vínculos ideológicos, en lugar de priorizar los intereses nacionales como fue la política de tercera posición.

¿Con la Bregman o con un frente más amplio?

Si la idea es ir en un frente con la Bregman del FIT, aclaro que no habría que tocarle ni una coma al relato. Es lo que FIT y demás sectores de izquierda pregonan desde hace años y que muchos nuestros han copiado sin querer o queriendo.

Pero, si aspiramos a mantener vivo al peronismo, recuperando nuestras viejas banderas de independencia económica, soberanía política y justicia social, actualizadas en el Modelo Argentino para un Proyecto Nacional de Perón y el las encíclicas de nuestro Papa Francisco, es necesario revisar ese relato histórico que se ha convertido en hegemónico en sectores del ambiente académico, periodístico y militante de nuestro espacio.

¿Puede el peronismo asumir como propia una interpretación histórica que cuestiona a Perón, a los sindicatos, al empresariado, a la Iglesia, a las Fuerzas Armadas y a buena parte de su propia tradición?»

Esta discusión debería interesar especialmente a quienes aspiran a conducir el peronismo en los próximos años: Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, Sergio Uñac, Juan Grabois y otros dirigentes de relevancia nacional. Si queremos seguir llamándonos peronistas, hay que revisar ese relato que destruye a Perón y su doctrina.

Si creen que podemos ser como el mileismo o el macrismo, un movimiento sin historia, sin un pasado que nos condicione, también pueden intentarlo, pero se están equivocando.

Para los jóvenes que si les interesa mantener vivo el peronismo

La discusión sobre la historia no es una cuestión académica. Toda identidad política se construye sobre una interpretación de su pasado.

Dice el gran historiador inglés Peter Burke : “Los historiadores traducen el pasado y lo traen a su propio tiempo. Su trabajo es hacer inteligible el pasado a sus contemporáneos. Por eso mismo, en cada generación hay que escribir la Historia, no sólo porque surgen nuevos descubrimientos, sino porque los lectores son diferentes, con distintos supuestos, y necesitan que se les expliquen las cosas sobre el pasado de otra manera, bajo otros parámetros. La Historia es emocionante porque implica intentar imaginarse a uno mismo en otra época, en otra cultura, para luego volver y explicar cómo eran las cosas antes y por qué la gente asumía como natural algo que para una generación posterior supone precisamente todo lo contrario.”

Nuestro Papa Francisco dijo:“Me atrevo a sugerir lo siguiente: en un joven, una utopía crece bien si está acompañada de memoria y de discernimiento.  La utopía mira al futuro, la memoria mira al pasado, y el presente se discierne. El joven tiene que recibir la memoria y plantar, arraigar su utopía en esa memoria. Discernir en el presente su utopía, los signos de los tiempos, y ahí sí la utopía va adelante pero muy arraigada en la memoria, en la historia que ha recibido.”

 “Muchas veces han oído decir que ustedes son el futuro, en este caso el futuro de la Patria, el futuro está en las manos de ustedes, es verdad, porque nosotros nos quedamos, y ustedes siguen; pero cuidado, un futuro sólido, un futuro fecundo, un futuro que tenga raíces, algunos sueñan con un futuro utópico…”no, la historia ya pasó, no, lo de antes…no, ahora empieza…”, ahora no empieza nada, ¡te la vendieron! Bernárdez, nuestro poeta, termina un verso diciendo: “lo que el árbol tiene de florido viene de lo que tiene de soterrado”, volvé a las raíces, y armá tu futuro desde las raíces, de donde te viene la savia, no renegués de la historia de tu Patria, no renegués la historia de tu familia, no niegues a tus abuelos, buscá las raíces, busca la historia, y desde allí, construí el futuro.”

*Aldo Duzdevich es autor de “Salvados por Francisco” y “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón”

NO MERECEMOS AÚN TODO EL ODIO QUE NOS PROFESAN (Parte 2)

Por Gustavo Matías Terzaga. Abogado. Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

La capilla doctrinaria; la otra cara del mismo extravío 

Desde luego, a todos se nos escapan cosas. Todos cargamos con puntos ciegos, prejuicios, limitaciones, errores de interpretación. La realidad siempre es más compleja que nuestras categorías para comprenderla. Eso es una verdad. Nadie observa la realidad desde una atalaya privilegiada ni posee una comprensión acabada de procesos históricos siempre complejos, contingentes y contradictorios. De ahí lo de portar verdades apenas relativas. Después de todo, si como enseñaba Perón la única verdad es la realidad, el problema no sólo consiste en aferrarse a nuestras certezas sino también en conservar la capacidad de verla cuando deja de parecerse a lo que quisiéramos que fuera. Pero para no naufragar en un océano de relativismos, conviene recordar algo elemental. Las diferencias son inevitables e incluso saludables; toda comunidad política viva las produce. Sin embargo, hay momentos históricos en los que resulta más importante reconocer aquello que nos une que insistir en aquello que nos diferencia. Y para orientarse en esa tensión permanente entre diversidad y unidad existe un criterio ordenador que debería preceder a casi todas las discusiones; el interés nacional. Es allí donde las diferencias encuentran su justa medida y donde lo accesorio vuelve a ocupar el lugar que le corresponde frente a lo esencial. 

Pero volvamos al punto que nos interesa para el desarrollo. Las dificultades para comprender la realidad nacional y comerse todas las curvas no es patrimonio exclusivo del progresismo. Si unos tienden a correr detrás de cada novedad cultural producida por la época, otros continúan razonando como si la Argentina, el peronismo, el mundo y el pueblo fueran exactamente los mismos de hace setenta años. Y así como unos depositan su fe en que el amor vencerá al odio, otros parecen confiar en que basta con repetir «Nada sin Perón» para que la realidad, conmovida por la profundidad doctrinaria del enunciado, decida acomodarse por sí sola. 

En el otro extremo aparece la capilla doctrinaria. Un universo acotado preocupado más por custodiar la pureza de las fórmulas que por intervenir con algo de eficacia sobre la realidad. Allí abundan quienes distribuyen certificados de ortodoxia desde una cómoda superioridad retrospectiva, como si la política consistiera en identificar desviaciones ajenas y no en construir poder. Y en ese ecosistema sobresale la figura de Guillermo Moreno, cuya trayectoria ofrece una paradoja difícil de ignorar. Después de años denunciando con dureza al progresismo kirchnerista, termina alineado con los mismos sectores que antes cuestionaba, siempre que la coyuntura le permita conservar algo de notoriedad mediática. Una combinación singular de purismo doctrinario y oportunismo político que suele producir mucho ruido y escasos resultados. Y detrás de esa lógica suele aparecer una fauna bastante reconocible. Grandulones de la política que confunden firmeza doctrinaria con sobreactuación. Hablan permanentemente de poder, mientras permanecen cómodamente instalados en la irrelevancia electoral. Una curiosa forma de hacer política; fracasar una y otra vez y considerar cada fracaso una prueba de que tenían razón. 

La línea del tiempo y el círculo de la rosca

Es verdad que algo nuevo tiene que brotar. Y puede comenzar con la modestia de una intuición, la soledad de una idea o la pequeñez aparente de un nombre propio que todavía nadie reconoce como parte de algo más grande. Pero nada de eso se convierte en fuerza histórica por generación espontánea. Detrás de cada experiencia política germinal que logra trascender hay años de trabajo, organización, acumulación, errores, aprendizajes, construcción paciente y validación popular. Se trata de interpretar los tiempos largos del pueblo; esos que rara vez coinciden con la ansiedad de los dirigentes, las urgencias de la coyuntura o el calendario electoral. Pero lo cierto es que Perón jamás concibió la política como el refugio de círculos cerrados que se repliegan sobre sí mismos para custodiar una supuesta centralidad. Entendía al movimiento nacional como una fuerza amplia de organización popular, capaz de integrar sectores sociales, culturales y políticos diversos detrás de un objetivo histórico común, bajo su inigualable conducción. Y quizá allí radique una de las tragedias silenciosas de nuestro tiempo; advertir que, desde la muerte del General, el peronismo fue pareciéndose cada vez menos a aquella concepción abierta, profunda y expansiva del poder, para derivar progresivamente —con distintas formas e intensidades— en círculos cada vez más reducidos, nichos encerrados entre el doctrinarismo estéril, la autorreferencialidad y un pragmatismo obsceno que muchas veces reemplaza el proyecto histórico por la mera administración de espacios, cargos, jurisdicciones, cajas y supervivencias internas. 

El peronismo no nació como una secta ideológica homogénea, sino como un gran movimiento nacional de masas que poco a poco fue capaz de articular sindicalistas, radicales yrigoyenistas, militares nacionalistas, empresarios nacionales, socialistas populares, conservadores federales y amplios sectores del pueblo argentino bajo una misma idea de nación.

Pretender construir poder únicamente con minorías “puras”, iluminadas o perfectamente alineadas no sólo es políticamente estéril; suele terminar facilitando, en los hechos, el triunfo de las fuerzas históricas que sí entienden cómo disputar y acumular poder real. Y mucho menos en momentos históricos como el actual, donde lo que está en discusión no son matices secundarios, sino cuestiones estructurales como la existencia misma del Estado nacional, la universidad pública, la industria argentina, la ciencia y la tecnología, las paritarias, la soberanía energética, los derechos sociales, nuestro lugar en el mundo y la posibilidad de seguir siendo una comunidad nacional relativamente integrada.

Un lujo de descerebrados

La historia argentina demuestra algo bastante elemental. No hay peor derrota para el campo nacional que perder el país mientras se felicita a sí mismo por haber permanecido “impoluto”. Algo de eso ocurrió durante el gobierno de Alberto Fernández. Porque más allá de sus limitaciones para liderar, una parte del propio campo nacional —incluidos sectores doctrinarios que se asumen custodios de la pureza peronista— terminó dedicando más energía a denunciar sus desviaciones que a sostener políticamente a un gobierno que, aún débil, representaba la única herramienta institucional disponible para impedir el regreso pleno del proyecto antinacional. Y allí se reveló una incomprensión política profunda; creer que debilitar permanentemente al gobierno propio no tendría consecuencias históricas. Una ceguera política que, paradójicamente, termina aproximándose más a la lógica de quienes desean la derrota de los gobiernos nacionales y populares que a la de quienes aspiran a sostenerlos, corregirlos y fortalecerlos para preservar una acumulación histórica común. 

Sobre todo tratándose de un gobierno que había llegado al poder con el voto mayoritario del peronismo, luego con el respaldo del movimiento obrero organizado, de los sindicatos, de varios gobernadores, intendentes y amplios sectores del campo nacional que, más allá de sus diferencias internas, habían aceptado y acompañado una decisión que ni siquiera surgió de un acuerdo colectivo previo, sino de una determinación unilateral de Cristina Fernández de Kirchner, quien luego lo destruiría por dentro. Y si aquella decisión terminó siendo respaldada por gran parte del peronismo, no fue por haber participado de su elaboración, sino por comprensión política de la necesidad de construir un suelo común que permitiera impedir la continuidad del macrismo y recuperar el gobierno nacional. Como si erosionar cotidianamente su legitimidad, exponer sus contradicciones o retirarle respaldo en medio de un ataque interno y externo inédito, no fuera a terminar fortaleciendo exactamente a las fuerzas que venían por una revancha mucho más brutal.

El kirchnerismo como tercer movimiento 

Recuperar el sentido histórico de nuestras tradiciones políticas implica volver a entender para qué nacieron. El peronismo, el yrigoyenismo, incluso el Roquismo y la generación del ´80; los caudillos y las montoneras, el pensamiento nacional y las distintas expresiones del campo popular no aparecieron como ejercicios intelectuales ni como identidades culturales que se puedan relativizar. Fueron respuestas concretas a problemas concretos de la Argentina. Y mientras esos problemas siguen presentes bajo nuevas formas, romper con esa experiencia acumulada no representa ningún progreso. Representa, más bien, la pérdida de una memoria estratégica construida durante generaciones de lucha política. La historia no se hereda para ser venerada o cercenada, se hereda para ser comprendida. Un pueblo y una dirigencia política que pierde contacto con las razones profundas de sus luchas termina confundiendo la novedad con el progreso y el olvido con la modernización. Y allí comienza, generalmente, el largo camino de regreso hacia los mismos problemas que creyó haber dejado atrás. Porque, más allá de los cambios de época, nuestro país sigue enfrentando desafíos que permanecen notablemente abiertos; la dependencia económica, la concentración de la riqueza, la extranjerización de recursos estratégicos, las desigualdades territoriales, la fragilidad de su estructura productiva, la injerencia externa y la dificultad para consolidar un proyecto de desarrollo soberano y duradero. La cuestión nacional, en definitiva, continúa sin resolverse en términos históricos. 

Toda tradición política comienza a extraviarse cuando confunde un capítulo de la historia con la historia misma. Cuando deja de verse como un eslabón de una lucha nacional larga y compleja y empieza a percibirse como su forma definitiva. Allí aparece la tentación de cortar amarras con la propia tradición, como si la historia argentina hubiera comenzado nuevamente en 2003 y todo lo que la precedió no fuera más que una preparación imperfecta para la llegada de una experiencia supuestamente superior. 

Lo cierto es que luego de la muerte del flaco Kirchner, comenzó a consolidarse una dinámica de autopercepción cada vez más excepcional del propio liderazgo de Cristina, acompañada por un entorno político y militante que terminó ubicando al ciclo kirchnerista por encima de la tradición histórica del propio peronismo; cuando, en realidad, objetivamente y desde cualquier indicador serio de profundidad histórica, transformación estructural y acumulación de poder nacional, jamás le llegó siquiera al juanete de la experiencia fundacional del peronismo clásico. Sin embargo, no fueron pocos los dirigentes y voceros del último tramo de la “década ganada”, previo a la derrota nacional de 2015 que insinuaron, explícita o implícitamente, que Cristina representaba una etapa “superadora” respecto del propio Perón. Un tercer movimiento y un ciclo político de naturaleza “irreversible”. Basta recordar por esos tiempos aquella comparación pública de Gabriela Cerruti, cuando sostuvo que “Perón era hombre y militar; Cristina, mujer y abogada”, intentando presentar esa diferencia como una suerte de evolución moral e histórica del liderazgo peronista.

El margen para corregir

Volvemos a decirlo. Todo este proceso de distinción no hizo más que debilitar y fragmentar al interior de nuestras propias filas, funcionando muchas veces como una verdadera fábrica productora de aliados directos e indirectos del bloque antinacional, que encontró en divisiones, purismos, trastoques, expulsiones y desencuentros el terreno ideal para su avance. Y resulta difícil no vincular ese resultado con una concepción de la conducción que, durante demasiado tiempo, confundió construcción de mayoría con disciplinamiento y centralidad política con subordinación personal. Porque cuando las derrotas se acumulan como subproducto de esta lógica verticalista rígida y descendiente, suele resultar más cómodo afirmar que la sociedad se derechiza que preguntarse por qué un espacio político dejó progresivamente de abrazarla. Muchas veces, detrás de esa explicación aparentemente sociológica, se esconde una renuncia a revisar los propios errores de conducción. Al fin y al cabo, si el problema es la sociedad, la conducción queda absuelta; pero si el problema es que la conducción perdió capacidad para persuadir, integrar, interpretar y construir mayoría, entonces la discusión cambia de lugar y se vuelve bastante más incómoda. Y esto es lo que no se quiere revisar ni reconocer, bajo la lógica de la infalibilidad de Cristina.

Pero precisamente allí reside también una conclusión esperanzadora. Porque si una parte significativa de nuestros retrocesos no se explica únicamente por la fortaleza del adversario, sino también por errores políticos propios, por desaciertos estratégicos y por conflictos muchas veces autoinfligidos, entonces existe un margen real para corregir el rumbo. Dicho de otro modo; si contribuimos a construir algunas de las condiciones de nuestra derrota, también podemos construir las de una futura recuperación. La historia nacional enseña que ningún proyecto popular se fortalece ocultando sus errores; se fortalece cuando es capaz de reconocerlos, comprenderlos y superarlos para volver a organizar una mayoría alrededor de un horizonte común. Pero lamentablemente atravesamos una etapa marcada por la ceguera política, el internismo permanente y una desmesurada preocupación por el lugar que cada dirigente cree ocupar en la historia.

Solo mis Mariscales

Por eso hacemos un llamado a merecer verdaderamente todo el odio que nos profesan. Porque si vamos a despertar hostilidad, que sea por volver a representar un peligro real para los privilegios que organizan la dependencia argentina, y no por administrar melancólicamente el recuerdo de un tiempo mejor. Tal vez de allí provenga también la necesidad —tan incómoda para algunos— de buscar nuevas melodías. Y resulta llamativo, porque fue la propia Cristina quien alguna vez invocó aquella vieja enseñanza peronista del “bastón de mariscal”, llamando a que surgieran nuevos dirigentes capaces de asumir responsabilidades y conducir nuevas etapas. El problema aparece cuando el bastón de mariscal es convocado en el discurso, pero resistido en la práctica cada vez que alguien intenta efectivamente empuñarlo por fuera de la sucesión familiar. Toda renovación real implica aceptar algo bastante más difícil que pronunciar una consigna; implica resignar centralidad cuando el tiempo histórico comienza a reclamar otros protagonismos. No porque haya que renegar de la historia reciente, sino porque ninguna tradición política permanece viva repitiendo indefinidamente el hit de “la década ganada”. Las grandes causas nacionales siguen siendo las mismas; lo que cambia son las generaciones, los desafíos, los esquemas  y los instrumentos para enfrentarlos.

La mal denominada interna peronista —porque, en rigor, se trata de un ataque esencialmente unidireccional aunque se lo intente disimular bajo distintos ropajes discursivos— refiere explícitamente a una disputa por la conducción futura del movimiento. Y en ese sentido existe un dato político difícil de ignorar. Todo el empeño que Cristina pone en desgastar, condicionar o neutralizar a Axel Kicillof parece directamente proporcional a la valoración que tiene de su potencial para convertirse, en el futuro, en presidente de la Nación y conductor de una parte sustancial del peronismo. 

Allí aparece, precisamente, una de las tensiones más visibles del presente al interior del campo nacional. Porque toda etapa histórica encuentra resistencias cuando debe ceder lugar a otra, y resulta evidente que una parte importante de las dificultades actuales también se vincula con la resistencia a resignar centralidad política, aun cuando las condiciones que hicieron posible esa centralidad hayan cambiado profundamente. El problema no es Cristina como figura histórica —cuya gravitación resulta innegable—, sino la dificultad para admitir que ningún liderazgo puede sustituir indefinidamente las tareas de renovación, ampliación y construcción estratégica que exige cada nueva etapa. Después de todo, una década que se proclamó ganadora dejó una matriz política, económica y cultural que pudo ser desmantelada en pocos meses por el gobierno que la sucedió. Y si algo de aquella experiencia merece ser revisado con honestidad, más allá de sus importantes avances; es precisamente la fragilidad de una construcción que se pensó irreversible y terminó revelando cuán intactos permanecían los resortes fundamentales del poder que decía haber derrotado. 

Nuevas consignas para el mismo drama

El problema nunca fue incorporar nuevas demandas, algo natural e incluso necesario en toda experiencia política que pretenda mantenerse viva y conectada con su tiempo. El problema apareció cuando muchas de esas agendas comenzaron a desplazar o subordinar las prioridades históricas del movimiento nacional, como si la Argentina ya hubiera resuelto su cuestión nacional y pudiera dedicarse, serenamente, a debatir exclusivamente conquistas cada vez más sofisticadas de tercera o cuarta generación. Una curiosa presunción para un país que todavía no terminó de resolver buena parte de los desafíos fundamentales de la primera, como el salario y las proteínas. Y fue precisamente esa alteración en la jerarquía de los problemas, esa progresiva pérdida de sensibilidad frente a las urgencias materiales de las mayorías y esa dificultad para distinguir entre lo principal y lo accesorio, lo que comenzó a incubar silenciosamente la deriva posterior. Las derrotas rara vez aparecen de golpe; suelen gestarse mucho antes, cuando una fuerza política deja de escuchar las preocupaciones centrales de su pueblo, integradas en el marco estructural de sus problemas de raíz. La tragedia que aguardaba a la vuelta de la esquina ya estaba anunciada en esa inversión de prioridades. Así, fueron perdiendo centralidad referencias que habían estructurado identidad y organización popular durante décadas; el sindicalismo como columna vertebral del movimiento nacional, el rol de las Fuerzas Armadas en la defensa soberana, su alianza con el pueblo, la religiosidad popular —incluido el lugar del Papa Francisco—, la cultura criolla, el complejo legado hispánico y el mestizaje, los símbolos patrios y la causa Malvinas.  Todo aquello fue configurando una determinada cultura política que fue moldeando una pedagogía política en sectores de la militancia —particularmente del kirchnerismo y la izquierda— que, al mismo tiempo, tendió a mirar con distancia o desconfianza componentes centrales de la tradición histórica argentina. 

Ese desplazamiento convivió con la incorporación creciente de nuevas consignas llevadas al extremo diversionista —indigenismo, ambientalismo, lenguaje inclusivo, debates sobre género, aborto, masculinidades, deconstrucciones y diversas agendas modernas— que, más allá de su legitimidad en el plano de derechos de minorías, fueron ocupando un lugar central en el discurso político de los últimos años del kirchnerismo. El contraste no es menor; mientras se relativizaron elementos que históricamente permitieron construir pertenencia nacional y articulación de mayorías, se fortalecieron marcos identitarios más segmentados, eficaces para la cohesión interna de determinados grupos, pero con mayores dificultades para proyectarse como base de sustentación de un proyecto político de carácter nacional. Lo que se vivió, y aún se paga con consecuencias, fue un agudo proceso de irritabilidad y desnacionalización política de amplios sectores de la sociedad.

Y el dato político más inquietante hoy es que millones de argentinos parecen dispuestos a soportar sacrificios, privaciones y deterioro de sus propias condiciones de vida con tal de impedir el retorno del kirchnerismo. Ya sea por convicción, por hastío o por una lectura equivocada de las causas de sus problemas, lo cierto es que esa disposición existe y condiciona toda estrategia política seria. Ignorarla o atribuirla únicamente a la manipulación mediática no resuelve nada; apenas profundiza la incomprensión de una realidad que ya ha demostrado, más de una vez, su capacidad para castigar a quienes se niegan a verla. 

Mientras millones de argentinos enfrentan salarios pulverizados, pérdida de trabajo, deterioro de las condiciones de vida y una ofensiva sin precedentes contra derechos y conquistas históricas, una parte importante de la energía política del peronismo kirchnerista continúa consumiéndose en disputas internas, ejercicios de disciplinamiento y operaciones de diferenciación destinadas a preservar centralidades cada vez más difíciles de justificar. La conducción de Cristina dejó de estar al servicio de la construcción de una mayoría nacional para convertirse, demasiadas veces, en un fin en sí mismo. Esa preservación del liderazgo pasó a ser más importante que la suerte del pueblo al que se dice representar y, la lógica de ese tipo de política, dejó hace rato de resolver problemas para empezar a producirlos. A esta altura, resulta difícil no concluir que buena parte de las derrotas acumuladas en los últimos años no fueron obra exclusiva de los adversarios. También fueron el resultado de una conducción que confundió centralidad con programa político, lealtad con subordinación y estrategia con conservación del poder propio. No hay mucho más que agregar.

El problema de estos años no fue solamente económico, discursivo ni electoral. Fue, sobre todo, una progresiva pérdida de espíritu y de sentido histórico. La Argentina que emerge exige otra cosa para evitar traspasar el límite de no retorno por el cual nos deslizamos. Exige, por lo pronto, abandonar definitivamente la lógica del internismo infinito y la extorsión como herramienta de preservación, exige recuperar la dimensión nacional de la política, volver a pensar en términos de producción, trabajo, solidaridad, soberanía y comunidad organizada, y aceptar que ninguna experiencia política —por importante que haya sido— puede reemplazar a la historia larga de un pueblo y su continuidad. Estamos en una profunda encerrona, y el tiempo, como advertía Francisco, siempre termina siendo superior al espacio que transitoriamente se ocupa. Necesitamos volver a pensar la política en términos de tiempo histórico, de unidad nacional, amplitud y realidad concreta. Comprender que ninguna construcción colectiva perdura si pierde de vista su origen, a la totalidad del pueblo y la articulación armónica de sus diferencias.

Cartas desde el barro: Ramos, Terzaga y la fragua de la Izquierda Nacional

Por Emanuel Bonforti

La necesidad de diálogo el hombre es un animal social me impulsa a escribirte estas líneas ahora y en este momento (son algo así como las 2 de la madrugada), bajo el acicate de la sublevación de ánimo que me ha producido la lectura de un libraco recién terminado: DE MITRE A ROCA, de Milcíades Peña…»

Alfredo Terzaga 1969

Hay libros que se leen y libros que se escuchan. Cartas Políticas (1948-1974), de Jorge Abelardo Ramos y Alfredo Terzaga, editado por Ediciones del Corredor Austral, pertenece a la segunda categoría. No es un tratado, no es una reseña ordenada por capítulos temáticos, no tiene la pulcritud de la teoría ya hecha. Es, directamente, el ruido de fondo de una época: el tecleo de las máquinas de escribir, las imprentas que se demoran, los exilios que se organizan en una semana, las cartas que cruzan el país de Córdoba a Buenos Aires y de ahí a Roma, a Lima, a Montevideo. Treinta años de la Argentina y de América Latina contados desde el lugar menos solemne posible: el de dos militantes que se escriben porque necesitan pensar en voz alta, porque no tienen otro lugar donde hacerlo.

Leer estas cartas hoy, en pleno 2026, con la motosierra liberal pasando por arriba de cualquier intento de pensamiento nacional, no es un ejercicio de arqueología. Es entrar a un taller que todavía tiene las herramientas calientes.

Un mapa coral, no una capilla

Lo primero que tira por la borda este epistolario es la fantasía de la Izquierda Nacional como secta iluminada, como dos tipos solos contra el mundo elaborando dogma en una buhardilla. Nada de eso. Lo que aparece es una red, un mapa coral de tensiones, alianzas, polémicas y resquemores donde cada figura se define en fricción con las otras.

Con Milcíades Peña la relación es de polémica dura, casi ortopédica. Peña representaba esa lectura más ortodoxa, más apegada a una grilla marxista clásica que, para Ramos y Terzaga, terminaba chocando contra la espesura real de la historia argentina. No es la pelea boba del purismo contra el revisionismo: es una discusión sobre qué clase de marxismo le sirve a un país semicolonial y cuál termina siendo, paradójicamente, otra forma de colonialismo intelectual.

Con Juan José Hernández Arregui el cruce es de otro signo: ahí lo que se discute es la cultura nacional, el lugar de los intelectuales, qué significa pensar “lo nacional” sin caer en el costumbrismo de cabotaje ni en el cosmopolitismo que mira para Europa esperando el veredicto. Hernández Arregui aporta una dimensión que en Ramos y Terzaga está siempre presente pero que con él se vuelve explícita: la disputa cultural como batalla política, sin medias tintas.

Y después está Jauretche. Ahí la cosa se pone interesante porque no hay coincidencia total ni hay ruptura: hay alianza táctica con fricciones de carne y hueso. Ramos lo reconoce como aliado en el campo nacional, lo defiende cuando lo atacan desde afuera y nota, con ironía, que esos ataques “feroces y groseros” terminan favoreciendo a Jauretche, diferenciándolo del nacionalismo de derecha. Pero al mismo tiempo no se guarda la lengua: habla de cierta “fruición” en el roce, de que a Jauretche “le gusta el dinero”, de que tal vez no era lo suficientemente revolucionario. Es la dinámica típica de cualquier espacio político real: se compañerea y se discute, a veces en el mismo párrafo. Nada de cofradía sin grietas. La Izquierda Nacional no nace en una asamblea armoniosa, nace en este barro de afectos, recelos y proyectos compartidos. Y las cartas dan cuenta un poco de esto.

El peronismo: el hueso más difícil de roer

Si hay un nudo que atraviesa toda la correspondencia, es el peronismo. Y ahí Ramos y Terzaga muestran una lucidez que en su momento los dejaba bastante solos.

Mientras gran parte de la izquierda argentina seguía mirando para Europa, repitiendo el librito y clasificando al peronismo como una variante criolla del fascismo, el mismo error de óptica que después repetirían con cada movimiento nacional-popular del continente, en estas cartas aparece otra lectura, más temprana y más arriesgada: el peronismo como movimiento nacional. No como un capricho de líder carismático ni como una desviación bonapartista que había que “superar” desde afuera, sino como la forma concreta que tomó en la Argentina la irrupción de la clase trabajadora en la escena política.

Pero el libro no permite el atajo de la épica sin contradicción. Ahí está la Carta 3, de 1951, escrita por Ramos desde Roma: cuenta cómo su libro América Latina: Un país, publicado en 1949, fue confiscado por una comisión parlamentaria “macartista” presidida nada menos que por un senador peronista, José Luis Visca. El “maldito libro”, como quedó apodado después en la propia correspondencia. Ramos termina exiliado, primero rumbo a Montevideo o Lima según las versiones —Galasso dice una cosa, Ribadero otra—, y vuelve a la Argentina protegido por Ignacio Cornejo en Córdoba.
Ahí está la paradoja en estado puro: el mismo movimiento que ellos caracterizaban como la expresión política de la Revolución Nacional desde 1945 tenía un aparato burocrático capaz de perseguir a sus propios aliados de izquierda. No es una nota al pie incómoda que se tapa. Es parte constitutiva del análisis. La Izquierda Nacional defiende estratégicamente al peronismo, y después del golpe del 55 y durante toda la Resistencia esa defensa se vuelve todavía más nítida, casi visceral, al mismo tiempo que denuncia sin asco la “indigencia ideológica” del movimiento y la “podredumbre burocrática” de sus mandos intermedios, esa incapacidad de las bases para moverse sin la conducción directa del líder. Apoyo estratégico y distancia crítica, en la misma persona, en la misma carta muchas veces. Eso es pensar en caliente, no hacer catecismo.

Cuba, el foco guerrillero y la pregunta por quién hace la revolución

Avanza la década del sesenta y el continente entero arde con la Revolución Cubana. Acá el epistolario da un salto de tono: ya no se trata solo de descifrar la Argentina, sino de tomar posición en el debate estratégico más caliente de la izquierda latinoamericana.

La Carta 66, de octubre de 1967, es una bisagra. Ramos está terminando de pulir un capítulo que se titula, sin vueltas, “Debray, la guerrilla y la mitología del castrismo”, que va a integrar su Historia de la Nación Latinoamericana. Y ahí mete el bisturí donde más duele: no contra la Revolución Cubana, cuya importancia histórica nadie discute, sino contra la traducción teórica que hace Régis Debray de esa experiencia.

Para Ramos y Terzaga, convertir la Sierra Maestra en receta universal es el peor de los mecanicismos: tomar una experiencia históricamente situadísima y querer estamparla, calco y copia, sobre realidades nacionales completamente distintas. El foco guerrillero como vanguardia aislada, autosuficiente, que “enciende” a las masas desde afuera, significa para los autores una fantasía de laboratorio que termina siendo, otra vez, un izquierdismo abstracto. La revolución no la hace un puñado de iluminados en la selva. La hacen la clase trabajadora y las grandes mayorías nacionales organizadas, o no la hace nadie. Es la misma matriz que aplican al peronismo: sin movimiento de masas no hay proceso transformador que se sostenga.

Roca, Rosas y la historia como campo de batalla

Hacia el final del libro, las cartas 69 a 71 escritas entre 1968 y 1969 abren otro frente, no menos filoso: la disputa por la figura de Julio Argentino Roca, motivada por la lectura de los trabajos de Milcíades Peña.

Acá Ramos y Terzaga hacen un ejercicio que todavía hoy cuesta encontrar: ni demonizar a Roca desde el progresismo de salón ni mitificarlo desde el nacionalismo de café. La Carta 69, “La vida privada de Roca”, entra incluso en lo íntimo —sus hijas, sus amoríos— no por chusmerío, sino para reconstruir el clima de época de la oligarquía gobernante, ponerle cuerpo a una clase social.

Y la operación de fondo es de manual: leer el roquismo desde el materialismo histórico, como la etapa en la que el Estado nacional se consolida y, a diferencia del centralismo mitrista, parte de la renta agraria empieza a circular hacia las provincias y no se queda toda en el puerto de Buenos Aires. Eso no significa absolver a la Generación del 80: el libro no esquiva sus límites estructurales, la subordinación al mercado mundial dominado por Gran Bretaña, el modelo agroexportador como techo de un proyecto que nunca completó la tarea nacional. Pero entender esos límites exige primero entender qué construyó esa generación, y eso es exactamente lo que el “izquierdismo vacío” que es la etiqueta que le ponen a Peña y a Luis Franco en la Carta 71, “De Mitre a Roca”no logra hacer. Mitre y Roca no son lo mismo, y confundirlos en el mismo paquete de “oligarcas malos” es, para Ramos y Terzaga, no entender nada de cómo se construyó este país.

La trinchera cotidiana: plata que no llega, imprentas que se atrasan y un tal Laclau

Todo esto, la polémica con Peña, la discusión sobre Cuba, la lectura de Roca, no se escribe en un escritorio con calefacción y sueldo fijo. Se escribe en el apuro. Las cartas están llenas de lo que cualquier militante reconoce al toque: la imprenta que no entrega, la revista que no sale en fecha, la plata que no alcanza para el próximo número, el favor que hay que pedirle a tal o tal para bancar la tirada.

Y está la cuestión de los seudónimos, que no es folclore: es supervivencia. Ramos firma como Lucía Tristán y bajo ese nombre sale Irigoyen y la Intransigencia, aunque una nota aclaratoria revela que el contenido en realidad lo había escrito Jorge Enea Spilimbergo, lo cual da una idea de cómo funcionaba ese taller colectivo— y también como Bordaberry, para el prólogo de Roca y su época en 1962. Terzaga, por su lado, es Manuel Cruz Tamayo su alter ego más recurrente, el que firma “Rosismo y mitrismo: la vuelta al redil” en 1971 y propone para Lucha Obrera el seudónimo Cordubensis, bien cordobés, bien de trinchera provinciana. Esquivar la censura, proteger al grupo, multiplicar las firmas para que un proyecto chiquito parezca una redacción entera. Esa es la cocina real del pensamiento nacional: no se financia con becas, se sostiene a pulmón, no son periodistas anfibióticos.

Y en esa cocina aparece, a mediados de los sesenta, un Ernesto Laclau todavía lejos de los seminarios europeos que lo harían famoso después. Acá es un joven dirigente del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, director del semanario Lucha Obrera, que se sube a un micro y se va de gira por Tucumán y Salta a fundar centros del PSIN, a sumar a viejos cuadros del laborismo. Ramos lo llama, sin vueltas, “nuestro director Laclau”: el tipo que coordina agendas, que redacta el editorial clave antes de las elecciones de marzo del 65, que le manda a Ramos los reportes sobre cómo viene la mano del peronismo en Córdoba. Y Córdoba, en estas cartas, no es un dato geográfico cualquiera: es la trinchera de Terzaga, la provincia que Ramos mira desde Buenos Aires como un sismógrafo, la misma que pocos años después va a estallar en el Cordobazo. El lector tiene la rara sensación de estar leyendo, sin que los protagonistas lo sepan todavía, el prólogo de algo que va a cambiar el país. La geografía es un elemento epistolar más y Córdoba es la trinchera de Terzaga.

Por qué esto importa ahora

Volver a este epistolario en 2026 no es nostalgia de archivo. Es otra cosa: es ir a buscar una caja de herramientas que en su momento se construyó a los ponchazos, con poca plata y mucha lectura, para entender un país semicolonial atravesado por la dependencia, el peronismo, la cuestión nacional y el lugar de las masas. Esas preguntas no se resolvieron. Están, de nuevo, sobre la mesa, con la diferencia de que hoy buena parte del repertorio intelectual dominante ni siquiera se hace esas preguntas: directamente las da por superadas, archivadas, viejas.

Ramos y Terzaga no tenían certezas blindadas. Tenían polémicas, dudas, plata que no llegaba y una intuición que no abandonaron nunca: que sin pensamiento nacional no hay proyecto nacional posible. Y que, sin proyecto nacional, a los pueblos de América Latina no les queda margen para nada que no sea administrar su propia subordinación. Esa intuición, hoy, sigue siendo la pregunta central. Y este libro, con todo su barro, su urgencia y sus seudónimos, sigue siendo una de las mejores cajas de herramientas para responderla.

En épocas de debates ausentes donde todos juegan al error del contrario, Ramos y Terzaga recargaron el fúsil de la escritora, inventaron y erraron, pero lo intentaron como nacionales.

¿Rendición peronista?

Sectores del peronismo creen que no se debe confrontar con el poder económico y buscan maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.

Por Ricardo Aronskind*

(para La Tecl@ Eñe)

Hay una catarata de declaraciones favorables al modelo de Milei en las filas del peronismo.

Provienen de los más diversos espacios a lo largo y ancho del país. Desde gobernadores, exministros y candidatos, dirigentes territoriales y aspirantes a serlo.

En vez de plantarse frente a un gobierno que es el más cipayo en la historia nacional, el más anti obrero y anti clase media, el más anti industrial, anti ciencia nacional, anti Estado protector, y el más destructor de la salud y la educación públicas, el más indiferente al porvenir de las futuras generaciones, el más favorable a la extranjerización y desintegración territorial del país, hay una fracción importante del peronismo a la  que se le ocurre presentarse como la continuidad “mejorada” del desastre mileísta.

No importa la definición que se tenga del peronismo, no hay forma de hacerla coincidir con la actual experiencia ultraderechista.

Se puede adoptar la definición del peronismo que se desee: que fue un nacionalismo popular, un social cristianismo local, un keynesianismo sudamericano, un movimiento de liberación nacional, una variante criolla de la socialdemocracia, un populismo tercerista, un desarrollismo distribucionista, o incluso, un “freno burgués a la lucha de clases” (mejorando las condiciones de vida de los trabajadores) Ninguna de esas definiciones puede amoldarse a la actual experiencia de demolición nacional que encarna el gobierno mileísta con sus grandes apoyos del capital concentrado local y de los Estados Unidos.

Sin embargo, la evidencia de estos días muestra que sí, que hay muchas coincidencias entre sectores que se consideran peronistas, con las prácticas y la prédica liberal autoritaria.

¿Qué quiere decir que desde el peronismo se pueda valorar positivamente partes importantes de este experimento destructor?

Pareciera que desde sectores dirigenciales del peronismo no se ve al actual gobierno como un evento desastroso para el pueblo y la Nación argentina.

Lo que lleva a otra pregunta: ¿qué está pasando dentro de vasto espacio peronista para que se pueda tener una mirada concesiva, y hasta comprensiva con este gobierno, que es la continuidad de la última dictadura militar, del menemismo extranjerizador y del macrismo?

¿Será una concesión a lo que una parte “de la gente” cree, para atraerlos?

¿Será un acomodamiento a lo que dicen las encuestas, porque “hay que sumar” como sea?

¿O tendrá que ver con una lectura – “pragmática” o vencida – de lo que los poderes fácticos quieren que sea el peronismo, para que no exista más una oposición con peso político y convocatoria electoral, a sus planes de negocios en Argentina?

Ejemplos sobran

Juan Manuel Olmos, dirigente peronista de la Ciudad de Buenos Aires, sostuvo en un reportaje que “cuando ganamos (los peronistas) los activos se van a pique y cuando perdemos rebotan hasta la estratósfera. ¿No vamos a tomar nota de eso? Eso quiere decir que tenemos un problema de confianza. En cuestiones económicas. En cuestiones de “brecha”, “cepo”, de tipo de cambio, de riesgo país, de déficit.” En otro párrafo señaló: “Hay que primero ordenar lo que está desordenado y el peronismo tiene que ser también sinónimo de ese orden. Nosotros no trabajamos para los mercados. Ahora ¿ignorarlos? (…) Nosotros no somos los que le damos garantías a los mercados, pero sí tenemos que dar garantías de estabilidad. Porque la gente también sufre cuando no hay estabilidad”.

Hablar de los mercados en abstracto, y no de los poderes económicos reales, es prestarse a enmascarar la realidad. Asumir que sería el peronismo el que desordena la economía, y que los experimentos derechistas son los que la ordenan, es una tontería que no pasa por la prueba de la historia económica nacional. Olvidarse de que la “brecha” y el “cepo” tuvieron que ver con la enorme deuda externa contraída por la dictadura, reforzada por la práctica de la fuga de capitales de los grupos económicos locales, es tapar las responsabilidades históricas y asumir como propios los desastres causados por las experiencias neoliberales, entre ellas, por supuesto, la del peronismo menemista.

Olmos se calza el traje del “peronista responsable que da garantías” dentro de un peronismo que es irresponsable (según la visión de sus enemigos), un peronismo “loco” que no es capaz de darle tranquilidad a los “mercados” a los cuales se les atribuye racionalidad. En realidad, parte del estado de postración argentina es precisamente por el tipo de negocios rentísticos y financieros que se les ocurren a los “mercados”, que fracasan incluso con sus propios gobiernos. Pero acá tenemos un peronismo que acepta e introyecta la versión falsa de la historia proporcionada por sus enemigos.

Mientras tanto, el vicepresidente segundo del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Meneses, durante un acto público le exigió a Milei “que sea responsable. Que tenga autocrítica. Que se fije lo que le pasa a nuestro pueblo, lo que les pasa a nuestros viejos, a nuestros jóvenes, y que empiece a gobernar para los intereses de todos los argentinos”.

Meneses no puede estar hablando en serio.

¿Le está pidiendo responsabilidad, o autocrítica, a Milei? ¿Le pide a Milei, y su gobierno criminal, que atienda lo que le pasa a nuestro pueblo, a nuestros viejos? ¿Cree que este gobierno vendido a Estados Unidos puede gobernar para los intereses de todos los argentinos?

Como dirigente peronista, ¿cree que ese es el nivel político de las bases peronistas? ¿Los sectores populares estarían esperando una rectificación de Milei, porque Milei es bueno, pero está equivocado? ¿Puede un dirigente político popular seguir otorgándole el beneficio de la duda a Milei, y a su gobierno, que es un modelo de manual de neoliberalismo extremista argentino?

Si piensa que Milei es nefasto, ¿por qué no lo dice y se lo dice a las bases? En el fondo, con esas apelaciones sin sentido le sigue dando tiempo al gobierno, genera una confusión sobre lo que significa y significará un régimen de estas características, y continúa eludiendo la definición indispensable: este es un gobierno declaradamente enemigo del pueblo, de la justicia social, de las mayorías, de la gente de trabajo. Pero no: habría que seguir viendo si se rectifica, si se arrepiente, si se sensibiliza…

En el programa de Pedro Rosemblat, le preguntaron a Aníbal Fernández si “algo tiene que quedarse” de la gestión de Milei. El exministro contestó: ¿Querés saber (si yo fuera presidente) si dejo algo de lo que hizo Milei? Todo. No toco nada”. “Lo miro y lo saco, si es lo que corresponde. Lo miro y lo consolido, lo modifico, lo mejoro, lo que sea”.

Aníbal Fernández no es nuevo en la política. Además, lee y piensa. Pero en vez de decir que, en principio, rechazaría y derogaría todo lo que hace este gobierno porque la política mileísta es un conjunto coherente que apunta a la destrucción de la Argentina como sociedad y como estado nacional, parte de lo contrario: dejar todo, e ir viendo.

Dejar, por ejemplo, la Ley Bases, redactada por las grandes corporaciones para quedarse con las riquezas de la sociedad y los bienes del Estado. Dejar el RIGI, para que las multinacionales exploten los recursos naturales sin dejar un centavo en nuestro país. Dejar la disolución de los organismos científicos y tecnológicos, que nos permiten avizorar un futuro menos subdesarrollado y dependiente. Dejar la timba financiera institucionalizada y el endeudamiento masivo de las familias. Dejar la legislación esclavista contra los trabajadores. Dejar la destrucción de los glaciares, de los bosques y de los humedales. Dejar la desprotección peligrosísima en materia de Salud a la gran mayoría de la población. Dejar el afano por parte de lúmpenes, ignorantes y chorros en todas las áreas del Estado. Dejar el poder judicial al servicio de los poderes fácticos…

Esa respuesta de Fernández podría darla cualquier conservador argentino, de esos que fingen estar afligidos por los modales y los improperios del presidente, pero que avalan su acción de gobierno. Fernández prefiere algo tan confuso como decir que sacaría, consolidaría o mejoraría las diversas medidas de Milei, como si hubiera “de todo un poco”.

Y no hay “de todo un poco”: Hay desastre, exclusión y entrega. Se prefiere alimentar la confusión, en vez de asumir lo que corresponde frente a este desastre: la confrontación.

Según el diario La Nación, los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro) y Raúl Jalil (Catamarca) “expusieron hoy en el 43° del Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) y respaldaron el rumbo económico del gobierno de Javier Milei. Aseguraron que no se puede volver a discutir el equilibrio fiscal y celebraron las políticas de atracción de inversiones extranjeras para el desarrollo de economías regionales”.

Jalil, gobernador peronista de Catamarca, dijo que “casi todas las provincias tienen superávit fiscal” y todos los mandatarios provinciales deben trabajar para seguir bajando impuestos y volverse más competitivos. Además, celebró el interés de los Estados Unidos para invertir en la Argentina tras el acercamiento de Javier Milei con el gobierno de Donald Trump.

El periodista Sebastián Lacunza informó que les preguntaron a Weretilnek y Jalil “qué de lo que hace Milei debería quedar para siempre”. Weretilnek dijo: “Lo primero. La política exterior y el alineamiento con Estados Unidos». Y Jalil agregó: «Coincido».

En lo del alineamiento con Estados Unidos, el “doctrinario” Guillermo Moreno también coincide. Parece que la política de amedrentamiento norteamericana en su “hemisferio Occidental” está haciendo estragos entre los partidarios históricos de la tercera posición. Ahora están en la “Primera Posición”.

No les importa si a la Argentina le sirve el alineamiento, o si la desintegra. Se acabó la mirada nacional, y sólo restan los negocitos particulares de fracciones lúmpenes de la burguesía local.

Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil.

El curro del “equilibrio fiscal”

Muchos de los que están opinando se remiten a un tema central, que es el del equilibrio fiscal, y es un punto muy importante de la agenda de política económica, que debe ser aclarado ya que de tanto machacar con eso mucha gente – especialmente “dirigentes” – lo empieza a repetir, aunque no entienda lo que está en juego.

Básicamente el equilibrio fiscal significa que a las arcas del Estado entran $100 y salen $100. O entran $200 y salen $200. No se gasta más de lo que entra. Pero este razonamiento, aparentemente tan claro, tan prolijo, encierra una trampa fundamental tendida por los grandes capitales y los sectores más ricos de la Argentina.

El proyecto de Milei, como el de Macri en su momento, como el de Menem también, como Videla en la dictadura, es que los más ricos paguen poquísimos impuestos para que las empresas puedan tener super ganancias a costa de no aportar nada, vía impuestos, a la sociedad. Pero no sólo eso: Al entrar en una dinámica de achicamiento permanente del gasto público, van erosionando las bases de un país vivible, empobreciendo a las instituciones públicas y a la población en general. Cada vez peor, cada vez más atrasado.

Entonces, todos estos gobiernos neoliberales reducen los impuestos a los ricos y luego empiezan a lavarle el cerebro a la gente – a través de sus “expertos” y de sus medios de comunicación – con el “equilibrio fiscal”.

Es decir que, como recaudan poco – por decisión política basada en una preferencia de clase – … ¡tienen que gastar poco!

Y, ¿en qué se les ocurre ahorrar? En todo lo que tenga que ver con el gasto en los sectores medios y bajos: salud, educación, jubilaciones, obra pública, protección social.

En síntesis: En boca de la derecha argentina el equilibrio fiscal es simplemente una trampa cazabobos para encubrir la transferencia de riqueza, a través del Estado, desde las capas populares y medias a los sectores de altos ingresos y al capital concentrado local y extranjero.

Ese es el sentido que tiene, en la práctica, la defensa del supuesto equilibrio fiscal mileísta: Le están pidiendo a toda la clase política, sin distinciones, que respete la política de redistribución social regresiva, de depredación humana de este experimento, sin osar aumentar un peso el gasto público para revertir la situación.

Está archi demostrado que el Estado Argentino puede recaudar mucho más dinero que en la actualidad combatiendo la evasión y elusión impositiva, las maniobras con el comercio exterior y otras prácticas delictivas habituales que siempre están impunes, además de mejorar el sistema impositivo para que sea más equitativo y justo.

Esa es la forma en que el Estado podrá cumplir sus funciones sociales y económicas irremplazables sin tener que sacrificar a nadie ni incurrir en desbordes fiscales irresponsables.

Final

La catarata de declaraciones de convergencia con la obra de gobierno del mileísmo no puede ser ignorada y merece un debate profundo, porque está reflejando una degradación extrema de gente que pretende ser considerada “dirigencia nacional y popular”.

Encubren bajo consignas de “recuperar los sectores medios” o “darle voz al peronismo del interior”, lo que no es otra cosa que adherir a una línea política que converge con lo que se requiere para armar un modelo bipartidista neoliberal.

De alguna forma se asemeja a lo ocurrido con Alberto Fernández, cuando en pleno desbarajuste de la política timbera de Macri, salió a salvarle la vida con aquella famosa declaración: “El dólar a 60 pesos está bien”, otra forma -reiterada durante todo su gobierno – de darle “confianza a los mercados”. Ya ahí el Frente de Todos, antes de ganar las elecciones, empezó reduciendo sus posibilidades de servir a las mayorías.

No es sólo que en una parte del peronismo – no sabemos de qué dimensión – no hay voluntad de ganarles a quienes dañan al Pueblo.

No es sólo que no hay voluntad de confrontar y por lo tanto de modificar nada.

Ahora creen que no se debe confrontar con los poderosos, y lo que hay que hacer es tratar de maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.

La noticia, por si no se enteraron, es que ya hay una persona elegida para eso: Patricia Bullrich.

Lunes, 8 de junio de 2026.

*Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

NO ME OLVIDES

Por Federico Berardi

Hay una flor pequeña, azul, de nombre simple, que se convirtió en el símbolo más elocuente de la resistencia peronista. Fue un ramito prendido en la solapa, discreto como un susurro, firme como una convicción. Una imagen vale más que mil palabras.

Tras el golpe de 1955, el decreto 4161 prohibió pronunciar el nombre de Perón, el de Eva, el de Justicialismo. Los que infringieran la norma se arriesgaban a seis meses de cárcel o más. El régimen creía que borrando los nombres borraba las ideas o el sentimiento. Subestimó al pueblo. 

A lo grotesco de la fuerza, disfrazada con nombre de libertadora, se le respondió con la creatividad, pícara y sutil, de la sabiduría popular. Al terror de las bombas, los peronistas proscriptos respondieron con flores. Con el “no me olvides” en el pecho caminaron por las calles, se reconocieron entre sí, sostuvieron algo que ningún decreto podía tocar: la identidad. 

Dicen así fragmentos del poema que Arturo Jauretche:

¡No me olvides, no me olvides,
no me olvides!
Canta el pueblo de Perón.

No me olvides sobre el pecho,
no me olvides pegadito al corazón.

Volverán los no me olvides
cada año a florecer.

Con la flor de no me olvides
no olvidando esperaré.

No me olvides, no me olvides
No me olvides.
Es la flor del que se fue.

No me olvides, no me olvides,
No me olvides
¡¡Volveremos otra vez!!

Resistir

La resistencia peronista nació del subsuelo. De las fábricas, de los barrios, de los hogares, de la cuadra. No fue algo propiamente de universitarios, de intelectuales ni de vanguardias. Una unidad ciudadana, pero que brotó desde abajo. Casi improvisadamente, sin jefaturas, sin una organización única. Algo en el orden del instinto de supervivencia, construida por reflejo de vida, por defensa de lo propio. Fue “pre-militante” para pensarlo en categorías actuales, algo bien de pueblo al que le tocaban su dignidad cotidiana.

Luego adquirió volumen, organicidad, comandos, planes de tomas de fábricas o el plan “Luche y Vuelve”. Se hizo época con sus emblemas y sus figuras. Como lo simbolizan los héroes “anónimos”, muchos de ellos asesinados los días 10, 11 y 12 de junio de 1956 en las localidades de Avellaneda, La Plata, Campo de Mayo, San Martín (en los basurales de José León Suarez que Rodolfo Walsh eternizó con su obra “Operación Masacre”) y en la Capital Federal (actual plaza Las Heras, donde fusilaron al General Juan José Valle).

Decía José María Rosa, gran historiador revisionista y participante de la resistencia: “Lo grueso y principal no es la conspiración de unos militares patriotas que se propusieron, con la participación de civiles, echar abajo el gobierno de Aramburu y Rojas: conspiraciones y revoluciones semejantes las hay por docenas en nuestra historia.

Lo grueso y principal es lo que se llamó Ley Marcial, y su aplicación a los vencidos en la jornada del 9 de junio. ¿De dónde sacaron los “libertadores”, que estaban en el gobierno, que existía algo que llamaron Ley Marcial y les permitía disponer de la vida de los vencidos?… De ninguna manera es un derecho de muerte sobre los vencidos. Eso no es Ley Marcial: eso es la Ley de la Jungla, el derecho de las fieras.

¿Por qué la aplicaron? La respuesta es una sola: porque se necesitaba cometer actos de terrorismo a fin de acallar la enorme mayoría del país que repudiaba al gobierno de 1956”.

A 70 años de aquella masacre está pronto a iniciarse el juicio por la verdad en el juzgado federal número 2 de San Martín y que tiene como querellantes a familiares de aquellas víctimas y a Juan Carlos Livagra, “el fusilado que vive”, quien logró escapar ese día junto a un puñado de compañeros.

La flor de no me olvides, como toda planta, tiene raíces. Igualmente hubo raíces en el peronismo, fusilarlo fue darle más vida, querer cortarlo, fue como una poda que le hizo dar frutos nuevos. El corazón tiene razones que la razón no entiende. Y la razón fue que hubo una sencilla pero arraigada y contundente convicción: resistir hasta que vuelva quien había construido dignidad para el pueblo argentino.

Soneto 

En 2018 el Papa Francisco presentó su encíclica “Chirstus Vivit” dedicada a la juventud. Entre las menciones de jóvenes como San Sebastián del siglo III, pasando por nuestro patagónico Ceferino Namuncurá hasta llegar al último santito italiano Carlo Acutis, dejaba una enseñanza sobre esto de las raíces y la memoria. El soneto de Bernardez, poeta católico argentino del grupo Martín Fierro, que concluye así: 

Porque después de todo he comprendido

que lo que el árbol tiene de florido

vive de lo que tiene sepultado.

Raíces y Frutos. Memoria y futuro. Florecer es posible porque hay algo que no se ve que está sepultado. Son las raíces que entregan los nutrientes. 

El ejercicio de la memoria es una condición fundamental en la vida de las personas y los pueblos. La memoria que es fuente de vida, no la que te quieren hacer creer que es como un ropero viejo con olor a humedad y naftalina. La memoria que alimenta es la que funciona como reservorio vivo. La que da herramientas para interpretar el presente, la que genera pensamiento antes que consuelo. La que permite conectar con la llama de la tradición. Pero también la memoria es un ir atrás para encontrar fuerzas y poder caminar hacia adelante. El espejo retrovisor cumple su función solamente si sabemos hacia dónde vamos

Las raíces de la memoria sin proyecto de futuro son una melancolía por lo que pasó, es un laberinto donde nos trenzamos en discusiones contrafácticas y en las que para colmo aún nadie se hace responsable de los platos rotos. A la resistencia, la memoria, la raíz, si no se le pone horizonte es pura reactividad, son consignas que, además, ya se vaciaron. El desafío de fondo es conectar memoria con futuro, donde la esperanza es la que amalgama. Y si en nuestro pueblo no hay esperanza de que algo (distinto) va a florecer, no se convoca por más que lo que gobierna sea horripilante.

¿A qué volver? 

Son 70 años de la resistencia. El peronismo llega a este tiempo con cicatrices propias de la última etapa. Un triple achicamiento: territorial, electoral y conceptual. En el correr de los últimos años se perdieron territorios, se perdieron votos y se perdieron ideas programáticas. 

Detrás de esos tres achicamientos hay uno más profundo, que queda fuera de los mapas y de las encuestas: el achicamiento espiritual. Cuando se achica el espíritu, se achica la convocatoria. Cuando se empequeñece la propuesta, el pueblo busca otra cosa donde anclar sus esperanzas, aunque esa otra cosa le cueste caro.

Y está costando muy caro, no digo nada nuevo para quien habita la Argentina. Y por si acaso la pinta de cuerpo entero la última carta del Indio Solari, a quien Dios le abrió paso a la eternidad y tal vez con la sabiduría premonitoria de quien presiente su destino quiso dejar grabado un mensaje más sobre millones de corazones, con esa simbología tan popular y tan única de su pluma punzante.

Pero mientras se resiste para afuera, tarde o temprano se abre una hendija para el examen de conciencia sobre lo propio, como si hubiera una resistencia para adentro. Por eso conviene asumir que hubo y hay resistencia interna. Si interpretamos, la sociedad que no come vidrio, exige que hay reconocer la herida antes de pretender curarla. 

Y acá viene un posible interrogante para el presente, en tono pragmático (porque el tiempo se acorta) y proactivo (porque lo arreglamos nosotros o no lo arregla nadie) para reconocer y curar la herida. Para engrandecer esos achicamientos. ¿A qué volver?

La canción del gran Eduardo Falú se llama “¿A qué volver?”. A través de una zamba, la letra habla de un hombre que vuelve a su pago y encuentra cambiadas las imágenes de la casa, del árbol, el puente, el perro y el río. Es el reflejo de tristeza y resignación de volver a un lugar que ha perdido su esencia original, sus raíces. Como le puede al peronista que está distraído y no toma nota.

En 2019 decíamos volver mejores. Efectivamente volvimos, pero al final del camino “trajimos” a Milei. Entonces no volvimos mejores, sino peores. Y si repasamos las ya comentadas internas a cielo abierto, la falta de coordinación gubernamental, las operaciones leoninas del doble agente canino, las no renuncias, la conducción política que no se pudo, no se supo, o no se quiso. Se deshilachaban las flores en la solapa de la militancia. Y sobre todo en la sociedad se generó hartazgo y agotamiento.

No nos entra un quilombo más decía nuestro candidato. Otro mientras seguía siendo ungido públicamente como el candidato que se hubiese deseado. Y uno más se arrebataba ese lugar de candidato en una primaria (y una interna) que no le sirvió al peronismo ni al país.  

Cambió la etapa y cambió acertadamente la fórmula: mejorar para volver. El acento está puesto en el mejorar antes que en el volver. En este caso el orden de los factores sí altera el producto. Ese mejorar estará más cerca de lograrse si tiene horizonte y camino, lo estratégico y lo táctico.

El horizonte, lo estratégico, es la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria, como condición sin qua non para empezar a hablar. Y el camino, es la discusión y la representación. Discusión doctrinaria de un programa federal para el siglo XXI. Representación de quienes tengan apoyo real y votos, que se trasladen en una forma de participación política fraterna, que abrace, que no sea sectaria y no busque homogeneizar.  

Hidalguía 

Existía una condición de caballeros en la edad media que no tenían título de nobleza. Eran de un escalafón más bajo, pero se les reconocía grandeza de espíritu y comportamiento recto. Eran los hidalgos. 

Carlos “El Indio” Solari usa la expresión hidalguía como un adjetivo calificativo para describir el valor de resistir: “en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”. Sin serlo yo, dejo mis condolencias a todo el pueblo ricotero y tomo esta frase con la que termina la canción “Encuentro con un ángel amateur” porque hay una enseñanza profunda ahí.

En el cómo se resiste y en el para qué se resiste, está la clave para comprender los resultados. La resistencia, vivida a fondo, es didáctica, enseña. La resistencia hace escuela, como en cualquier otro orden de la vida cuando hay sacrificio. Por eso no hay que reincidir en una resistencia que se suele confundir con intensidad militante y con resistir con aguante. El microclima que se confirma a sí mismo, donde todos piensan igual, donde cuesta el ámbito de la autocrítica para mejorar y donde no hay maestras, comerciantes, dueños de pymes, ni ciudadanos de a pie. En esa resistencia, cuando se enuncia el “volveremos otra vez”, se asocia a volver al Estado, a manejar fierros, espacios institucionales, viajes, gente, a bancar orgas de arriba para abajo, operativos para el territorio, sillón, lapicera y pulsera.

Si miramos la resistencia original con una actitud interpretativa, el foco estaba más asociado a un estado de cosas, a una atmósfera social y cultural, antes que al aparato del Estado al que había que volver. Era un estado de cosas a restaurar, que hacían a la cotidianeidad de la gente que podía vivir, trabajar, producir y proyectar.

La hidalguía de la resistencia peronista de hace 70 años se convirtió en fe popular que como todo lo relativo a la fe se transmite de manera viva. Se contagia por osmosis. Para transmitir y contagiar, el gesto vale más que mil palabras. Esa testimonialidad es clave en el mundo liquido peronista de hoy.

Un compañero sintetizó en la sobremesa de hace algunas noches algo en lo que nadie de los presentes se había detenido: “Acá todos hablaron de lo que hacen, no de lo que piensan. Hay testimonio”. La frase vale por su peso. Porque el testimonio es la única moneda que resulta imposible de falsificar. Resistir en un tiempo de orfandad, de escepticismo generalizado y de falsificación del pasado reciente, hace que el testimonio tenga un valor inconmensurable.

La credibilidad entre la vida y las palabras constituye un hecho real, objetivo, palpable, mensurable. Es una verdad en tiempos de posverdad. En la antigua filosofía griega, la verdad junto a la bondad y la belleza eran valores trascendentales.

El peronismo, cuando es fiel a sí mismo, se mide por su potencia de encarnar lo que le fue dado desde el comienzo: la esperanza de construir felicidad para el Pueblo y grandeza para la Nación. Eso es lo que la verdad y la belleza de la flor de no me olvides llevaba en el pecho. Esa esperanza, antes que nostalgia.

Y ningún peronista de ley sabe lo que es renunciar a la esperanza.

Enlace: https://panamarevista.com/no-me-olvides

Magnífica Humanitas y los “nuevos asuntos”

Por Francisco “Patico” Correa1 

“La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro” (100)2 

Luego de una lectura completa —que recomiendo realizar— de la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV, quisiera compartir una reflexión que busca abrir el debate frente a ciertas lecturas apresuradas que, en torno a la problemática de la inteligencia artificial, terminan reproduciendo miradas meramente instrumentales sin dar cuenta del sentido profundo del contenido del texto. 

La encíclica comienza por el principio de todo: la pregunta por Dios. Y allí aparece uno de los temas más complejos de abordar —o, en muchos casos, directamente negado— en los debates contemporáneos sobre la tecnología. ¿Cuál es el lugar de Dios en esta discusión? ¿Por qué casi nadie habla de ello? ¿por qué hablar de dios? 

La introducción de la encíclica de León XIV coloca una cuestión decisiva para nuestro tiempo: no hay reconstrucción humana posible si se pierde el horizonte del sentido. El problema de nuestra época no es solamente económico, político o tecnológico; es, fundamentalmente, espiritual. Cuando el hombre deja de preguntarse por Dios, deja también de preguntarse por el sentido último de su existencia, de su comunidad y de su historia. 

La presencia de Dios aparece entonces como fundamento de una construcción verdaderamente humana. No como una evasión del mundo o un simple “ir al más allá”, sino como aquello que otorga dirección, finalidad y trascendencia a la acción colectiva de construir y reconstruir. Sin trascendencia, la comunidad queda atrapada en la fragmentación de intereses y en la incapacidad de compartir un destino común. Por eso la encíclica afirma: 

“Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último”. 

Aquí aparece una idea central: Dios como totalidad de sentido. La referencia a Dios no elimina la pluralidad humana; por el contrario, le permite encontrar un principio de unidad, un horizonte de comunión. Sin un horizonte trascendente, el pluralismo puede degradarse en dispersión y conflicto. Con Dios como fundamento, la diversidad puede convertirse en comunidad —“común-unidad”— porque existe un bien superior que ordena las diferencias hacia un destino compartido. 

En este marco, la encíclica propone que la reconstrucción social comienza por reconstruir la relación del hombre con Dios. Por eso sostiene: 

“Edificar una ciudad centrada en el bien común exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relación con Dios. Significa reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida «en abundancia» (Jn 10,10) y a la comunión con Él”. 

La “ciudad” no es solamente una organización material; es una comunidad moral y espiritual. Una comunidad no se sostiene únicamente por leyes o instituciones, sino también por una concepción compartida acerca de qué vale la pena vivir, construir y defender. Allí, la presencia de Dios se vuelve decisiva porque introduce la idea de propósito. 

La ausencia de Dios, entonces, no sólo empobrece la fe individual: también limita la capacidad política y cultural de imaginar un proyecto histórico común. El abordaje de los problemas humanos sin trascendencia “castra” la posibilidad de pensar el plano más profundo de toda reconstrucción: el del sentido. Se puede administrar una crisis sin Dios; lo que no se puede es construir una civilización capaz de sostener esperanza, fraternidad y esfuerzo colectivo. 

Lo central de la encíclica muestra que Dios se encarna en la historia concreta de un pueblo que construye desde valores éticos capaces de orientar la vida común: “la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común y la paz”. No se trata de espiritualidades abstractas, sino de una fe y una esperanza que organizan la vida social y le dan dirección histórica a un proyecto de comunidad. 

La trascendencia, entonces, no aparta al hombre de la realidad: le permite habitarla con sentido. Porque cuando un pueblo pierde el vínculo con Dios, corre

también el riesgo de perder la memoria de quién es, para qué lucha y hacia dónde camina. 

¿Será esto lo que quizás no podemos discutir en esta coyuntura? ¿Será por esto que creemos que la encíclica habla de la IA? 

El día en que perdamos el miedo a discutir el sentido (¿Dios?) podremos abordar los problemas de una manera más humana. 

La doctrina social de la Iglesia ante la idolatría contemporánea 

La doctrina social de la Iglesia adquiere una nueva actualidad frente a las transformaciones contemporáneas del poder económico global. En 1931, Quadragesimo Anno, publicada por Pío XI en el contexto de la crisis económica mundial y al cumplirse cuarenta años de Rerum Novarum, planteaba una crítica simultánea a dos proyectos políticos que conciben dos formas de ejercer el poder: por un lado, la concentración económica producida por el liberalismo sin límites (EEUU); por otro, las experiencias colectivistas que anulan la libertad y absorbía la vida social dentro del aparato estatal (URSS). 

La encíclica advertía que: 

“No se limita a retomar la ‘cuestión obrera’, sino que amplía su mirada a la configuración general del orden económico y político. Denuncia la concentración del poder económico en manos de unos pocos; critica tanto la competencia sin límites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas”. De este modo, la doctrina social clásica identificaba dos formas diferenciadas de dominación: la concentración económica y la concentración política-estatal. 

En la realidad contemporánea el problema adquiere una nueva complejidad. Las nuevas formas de dominación por parte de los sectores concentrados de la economía que toma forma de poder económico (político y cultural) transnacional ya no reproducen solamente la lógica del liberalismo clásico, sino que incorporan mecanismos de control y subordinación que absorben dimensiones propias de los totalitarismos modernos. El nuevo poder global no se limita al dominio económico, sino que avanza sobre las subjetividades, las prácticas sociales, el consumo, la información y las formas de vida. Se configura así una forma de dominación totalizante, desde sus instrumentos (las plataformas) que ejerce control sobre las mentes, los cuerpos y la vida cotidiana, limitando las posibilidades reales de desarrollo de las libertades humanas. En este sentido la encíclica Magnífica Humanitas de León XIV denuncia que hoy en nuevo enemigo ha consolidado la capacidad de subsumir las dos lógicas interiores y ejercer una dominación a escala global, y de subordinación de los Estados, pero con un fuerte control y dominación de las subjetividades.

Al mismo tiempo, este poder no elimina definitivamente al Estado, sino que lo subordina y lo incorpora como instrumento de apoyo en los procesos de dominación La concentración financiera global condiciona gobiernos, orienta políticas públicas y debilita la autonomía de las democracias, produciendo una articulación entre poder económico y estructuras estatales (y paraestatales) que supera la vieja oposición entre mercado y Estado. Mientras los totalitarismos clásicos pretendían controlar a la sociedad desde el aparato estatal, el nuevo totalitarismo financiero controla simultáneamente al mercado, al Estado y a la subjetividad social: 

En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsan y orientan la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.(5) 

En este contexto, las intuiciones fundamentales de la doctrina social mantienen plena vigencia. Tal como afirma el Magisterio reciente: 

“Para nuestra época siguen siendo particularmente actuales al menos tres intuiciones de su enseñanza social: la conciencia de que las injusticias no se refieren sólo a los comportamientos individuales, sino también a las estructuras económicas e institucionales; el valor del principio de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder; y el vínculo entre la dignidad del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna” (31). 

De esta manera, el punto de anclaje de la encíclica (la doctrina social de la Iglesia) aparece hoy no sólo como una crítica ética frente a las injusticias económicas, sino también como una defensa de la persona humana, de las comunidades y de los organizaciones intermedias, frente a una nueva concentración global del poder que tiende a subordinar simultáneamente la Economía, el Estado y la vida social. La complejidad del proceso de dominación que plantea “el nuevo Dios Dinero”, requiere de un planteo profundamente integral que invierta los puntos de apoyo estructurales desde donde se sostiene el modelo de sociedad que plantea el capitalismo moderno. 

Para comprender entonces, el planteo profundo de la nueva encíclica, no resulta suficiente abordarlo en términos de lo que la inteligencia artificial genera o deja de generar. La cuestión central radica en preguntarse desde qué proyecto ético, moral, ecológico y, en definitiva, cultural se configura la relación entre los seres humanos, sus vínculos sociales, la naturaleza y el desarrollo técnico-tecnológico. El desafío no es la tecnología en sí misma, sino el horizonte de sentido que orienta su utilización. En este marco, la encíclica propone pensar una

ecología integral y un desarrollo humano integral, capaces de poner a la persona, la comunidad y el cuidado de la casa común en el centro de toda innovación: 

Por eso, la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna (9) 

Los “nuevos asuntos” y las concepciones para abordarlos 

El planteo ético integral desarrollado por la nueva encíclica requiere una visión capaz de articular de manera coherente los desafíos de nuestro tiempo, especialmente aquellos vinculados a la relación entre los seres humanos, la naturaleza y la tecnología. El objetivo no es simplemente promover la innovación técnica, sino orientarla al servicio de un desarrollo humano integral, donde la persona, la comunidad y el cuidado de la “casa Común” ocupen un lugar central: 

Pienso que actualmente, para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social (46) 

El abordaje de la problemática de la inteligencia artificial suele presentarse como una discusión limitada a la relación entre medios y fines, reduciendo el debate a una dimensión meramente instrumental y dejando de lado el carácter estructural del problema. Se nos hace cotidiano escuchar la frase, que la tecnología (hablando de las plataformas, redes sociales, la IA etc) es un medio, que según como se la utilice es el impacto que puede tener. Sin embargo, ninguna tecnología puede ser pensada por fuera de la cultura que la produce, orienta y le da sentido. Por esto mismo, constituye una forma de dominación presentar a “las tecnologías” como herramientas neutrales y universales, escindidas de los proyectos culturales, políticos y económicos que las sustentan. La referencia directa a Tecnología con Progreso, a tecnología con las tecnologías que se desarrollaron en éste contexto histórico, esconde una visión absolutamente ideológica, que niega al ser humano como ordenador de la vida en comunidad. 

Toda reflexión sobre las tecnologías debería conducirnos, en primer lugar, a interrogarnos acerca de la cultura que las sostiene: qué concepción de ser humano promueve, qué tipo de vínculos sociales favorece, qué relación establece entre las personas y la naturaleza, y qué modelo de desarrollo impulsa. En definitiva, la cuestión central consiste en preguntarse qué concepción de ecología integral —en el sentido amplio propuesto por Francisco— orienta el despliegue tecnológico y organiza la vida social.

El aspecto más desafiante de la encíclica radica en que nos obliga a interrogarnos, en primer lugar, el fundamento ontológico de la persona humana. La discusión se sitúa así en torno al concepto de dignidad humana, entendida como una dimensión constitutiva e inherente al ser humano en cuanto tal, y no como una cualidad adquirida o dependiente de sus capacidades, funciones o rendimientos. Desde esta perspectiva, abordar la problemática de la inteligencia artificial sin discutir previamente esta cuestión fundamental, implica quedar atrapados en un marco conceptual cerrado, incapaz de ofrecer respuestas adecuadas a los desafíos éticos, sociales y culturales que plantea el desarrollo tecnológico contemporáneo. 

Es importante vigilar para que este crecimiento en la conciencia de la dignidad humana no sea ofuscado bajo la presión de nuevas ideologías o de determinados intereses de gran poder en el mundo de hoy. Entre estas ideologías considero particularmente insidiosa la que sugiere que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos (51).Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios (52); 

La referencia a la dignidad humana constituye el principio articulador del bien común, concepto que la doctrina social de la Iglesia ha desarrollado como fundamento de una vida social orientada por un horizonte de trascendencia y un sentido compartido. Desde esta perspectiva, la relación entre los seres humanos, la comunidad y la naturaleza debe orientar y dar sentido al desarrollo tecnológico, subordinando las tecnologías a la realización efectiva del bien común. 

Por ello, ninguna tecnología puede considerarse verdaderamente humana si contribuye a la división entre las personas, a la fragmentación de las comunidades o al aislamiento de los individuos. Cuando la técnica deja de estar al servicio de la dignidad humana y de la construcción de vínculos sociales, corre el riesgo de transformarse en una instancia autónoma que pretende determinar por sí misma los fines de la existencia. En ese momento, el artefacto tecnológico deja de ser un instrumento y comienza a ocupar el lugar de un nuevo ídolo, capaz de disputar el sentido último de la vida humana y de la organización de la sociedad: 

“ todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que “hay que usar correctamente”; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guía”

El discernimiento ético que nos incorpora en bien común como valor, requiere de la naturaleza como sustento indispensable para la vida humana y como base sobre la cual puede construirse una verdadera ecología integral. La ecología integral propuesta por Francisco y retomada por la nueva encíclica remite precisamente al vínculo armónico, interdependiente y necesario entre los seres humanos, las comunidades y la creación. No se trata únicamente de una preocupación ambiental, sino de una comprensión integral de la realidad que reconoce la estrecha relación entre las dimensiones sociales, económicas, culturales, políticas y ecológicas de la existencia humana. 

Desde esta perspectiva, el ecosistema debe ser entendido como el entramado de relaciones humanas y naturales que se desarrollan en un tiempo y un espacio históricos determinados. Cuando este conjunto de relaciones se orienta hacia un destino común, adquiere la forma de una comunidad en sentido pleno, capaz de integrar los diversos aspectos de la vida colectiva dentro de un horizonte compartido de significado y trascendencia. Es precisamente este equilibrio entre persona, comunidad y naturaleza el que otorga sentido a la existencia humana y hace posible un desarrollo verdaderamente integral -humanidad integral 

Por ello, la reflexión sobre la ecología integral conduce necesariamente a problematizar el principio del destino universal de los bienes a los cual se agrega (de manera contundente en la encíclica) que entre los bienes que están destinados universalmente a todos, también deben incluirse las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas,entre otras. Este nombramiento da cuenta de la necesidad de discutir las nuevas tecnologías en un marco de referencia distinto, que reconfigure el sentido de los avances tecnológicos y eche por tierra el planteo de las visiones transhumanistas 

Si el destino universal de los bienes constituye una herencia común destinada al conjunto de la humanidad, entonces la organización económica, la apropiación de los recursos y el desarrollo tecnológico no pueden desvincularse de su responsabilidad respecto del bien común, de la justicia social y de las generaciones futuras: 

Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes. Según san Juan Pablo II, dicha subordinación es la regla de oro del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social». [88] La tradición de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien común (66) 

Por último, resulta central hacer referencia al concepto que da sustento al planteo de la encíclica respecto de cómo abordar los problemas contemporáneos en las escalas local, nacional y universal. En este sentido, la encíclica recupera el principio de subsidiariedad para repensar las relaciones de poder en un contexto

donde los actores con mayor capacidad de incidencia ya no se limitan al ámbito del Estado-nación. En efecto, frente a problemáticas cuya dimensión excede las fronteras estatales, emergen nuevos proyectos con capacidad de condicionar la vida social, económica y política a escala global y por lo tanto local: 

“Aquí el nivel superior no es el Estado, sino todo gran actor económico y tecnológico que ejerce un poder fáctico sobre las condiciones de la vida común. El nivel que absorbe competencias, datos y capacidad decisional está constituido por empresas y plataformas, que definen condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas”. 

Este diagnóstico requiere otorgar centralidad al principio de subsidiariedad, en tanto constituye una herramienta fundamental para fortalecer las organizaciones intermedias capaces de proyectar iniciativas surgidas en el ámbito local sin perder la proximidad con las necesidades concretas de las comunidades. Al mismo tiempo, este principio demanda una articulación con una estatalidad fuerte, capaz de coordinar esfuerzos y preservar su capacidad de acción frente a actores y dinámicas que excedan las escalas nacionales. De este modo, la subsidiariedad no implica el debilitamiento del Estado, sino la construcción de una ingeniería institucional en la que las organizaciones sociales, las comunidades locales, -las organizaciones libres del pueblo-, puedan actuar de manera complementaria para afrontar desafíos que, por su escala y complejidad, superan las capacidades de cada actor considerado de forma aislada y particular: 

La subsidiariedad requiere que dichos procesos no se impongan desde lo alto de modo opaco y unilateral, sino que estén orientados al bien común mediante la transparencia, la responsabilidad y formas reales de participación (71). 

Desarmar la inteligencia artificial como propuesta política 

Por último, una vez explicitado el recorrido conceptual y metodológico para abordar la problemática de la inteligencia artificial, resulta necesario profundizar en una de las propuestas más disruptivas y radicales planteadas por la encíclica Magnífica Humanitas: la necesidad de “desarmar” la inteligencia artificial. 

Lejos de constituir una postura ludista o un rechazo indiscriminado al desarrollo tecnológico, el planteo de León XIV apunta a poner en evidencia las lógicas de poder que subyacen a estas nuevas tecnologías. En este sentido, la inteligencia artificial no puede ser comprendida únicamente como una herramienta neutral, sino como un dispositivo que, en determinadas condiciones, puede convertirse en un instrumento de dominación política, económica y cultural sobre la propia humanidad.

El desarme propuesto implica, por lo tanto, una tarea crítica orientada a desnaturalizar las formas en que estas tecnologías son diseñadas, implementadas y utilizadas. Sin este ejercicio de cuestionamiento y regulación, la inteligencia artificial corre el riesgo de profundizar las desigualdades existentes, consolidando modelos sociales basados en el individualismo extremo, la concentración del poder y la mercantilización de la vida humana. 

Desde la perspectiva cristiana, la búsqueda de un equilibrio entre la dimensión material y espiritual de la existencia se ve amenazada por la expansión de visiones transhumanistas y posthumanistas. Estas corrientes filosóficas colocan a la técnica en el centro de la experiencia humana y promueven la aspiración de superar los límites propios de la condición humana mediante la intervención tecnológica. Frente a ello, la encíclica propone recuperar una concepción integral de la persona, en la que el desarrollo científico y tecnológico permanezca subordinado al bien común, la dignidad humana y la realización plena de la comunidad. 

Quisiera, por último, usar una palabra muy importante para mí: “desarmar”. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedir el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regular; es necesario desarmarla y hacerla acogedora (110). 

Reflexión final 

Para finalizar, resulta necesario aclarar que la referencia a Dios como fuente de sentido y trascendencia, así como los principios del bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y el destino universal de los bienes, constituyen valores fundamentales de la humanidad que trascienden las distintas tradiciones religiosas. Se trata de principios éticos y culturales que han contribuido históricamente a orientar la convivencia humana y la construcción de sociedades más justas. 

Lo que está en juego en esta coyuntura histórica no es únicamente el desarrollo de una nueva tecnología, sino el destino mismo de nuestra humanidad. Si no nos animamos a dar las discusiones profundas que exige la construcción de una Magnífica Humanitas, corremos el riesgo de quedar atrapados en la ilusión de que el progreso puede medirse exclusivamente por la sofisticación de los medios técnicos que somos capaces de crear.

Sin embargo, la verdadera calidad de una civilización no se mide por el poder de sus herramientas, sino por la capacidad de cuidado que sabe ofrecer; por su disposición a reconocer en el otro un rostro y una dignidad irreductible, y no simplemente una función, un dato o un recurso. La fortaleza de una comunidad humana se expresa en la capacidad de sus miembros para cuidarse mutuamente, compartir responsabilidades y construir vínculos de fraternidad. 

El cuidado, en este sentido, no constituye una actitud espontánea ni un atributo automático de nuestra condición. Es una capacidad profundamente humana que se aprende, se cultiva y se perfecciona a través de la experiencia, la educación y la vida en comunidad. Quizás el mayor desafío de nuestro tiempo consista precisamente en preservar y fortalecer esa capacidad frente a un mundo cada vez más atravesado por la lógica de la eficiencia, la aceleración y la automatización. 

La construcción de una Magnífica Humanitas exige, entonces, que el desarrollo científico y tecnológico permanezca subordinado a una pregunta más profunda: qué tipo de humanidad queremos ser y qué mundo deseamos dejarle a las generaciones futuras. 


1-Francisco Correa. Licenciado en Sociología. Docente en la UNLP, Facultad de Artes y Psicología. Trabajador de la secretaría de Niñez Adolescencia y Familia, (ex Ministerio de Desarrollo Social). Militante Gremial de UPCN.

2 Todas las citas fueron extraídas de la enciclica: 

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

Fuentes Seguras. Empresas y Estados. El gerente

China ya no demanda, simplemente dispone. Al igual que la Federación de Rusia, atenúa la reprimenda pública contra los Estados Unidos para no dejarlo en evidencia. Donald Trump comprende la situación y trata de buscar una salida de las arenas movedizas. Los CEOs y el gerente. Sarmat, OPEP, ICE, Reino Unido, Bolivia. Lean el cierre.

Por Gabriel Fernández *

Lejos de constituir una demostración de poder occidental, la presencia de empresarios estadounidenses que lideran las áreas de tecnología, producción, finanzas y logística resultó, durante la visita del presidente Donald Trump a Pekín, una admisión del vigor integral de la República Popular China, de su crecimiento persistente y de las derivaciones en las zonas económicas más variadas.

A diferencia de otras reuniones, el mandatario estadounidense apenas atinó a puntuar vaguedades sobre lo conversado con el jefe de Estado Xi Jinping. Indicó que China desea la apertura del Estrecho de Ormuz y que no proveerá armas a los involucrados en las contiendas presentes; se trata de dos posturas obvias que vienen formando parte decorativa del trascendente discurso pacifista, industrialista y cooperativo de la nación asiática.

Lo cierto es que la República Popular definió su rumbo en base a acciones concretas que dimensionan su lugar en el mundo. En sintonía, el reciente cónclave se posicionó con el propósito de orientar el andar del gordo norteño en dirección objetiva. Esto es, cada protagonista debe asumir su imagen y su contenido tomando en cuenta el mayor acercamiento posible a la realidad. Claro que China, como la Federación de Rusia en Alaska, atenúa el enfoque sobre la imagen de los Estados Unidos para no generarle una humillante sensación de derrota.

Es preciso zambullirse en aguas agitadas, aguas que no facilitan la comprensión del proceso. Ese es el contexto del presente diseño legal de Pekín. El 7 de abril del año en curso, el Consejo de Estado del coloso asiático promulgó el Decreto 834, un Reglamento sobre la Seguridad de las Cadenas Industriales y de Suministro. Pocos días después, el 13 de abril, emitió el Decreto 835, un Reglamento acerca de la lucha contra la jurisdicción extraterritorial extranjera ilegal. Ambas decisiones entraron en vigor antes de la llegada del rubicundo.

ASI SON LAS COSAS. Esas medidas dejan de lado las protestas chinas sobre la expansión de los Estados Unidos y posicionan el cuadro de situación en un marco formal de contra sanciones que puede apuntar a la conducta comercial, las decisiones de cumplimiento normativo, los conflictos legales transfronterizos y los intentos extranjeros de imponer reglas unilaterales a las entidades chinas.

Como bien señala Cynthia Chung, autora de “El imperio en el que nunca se puso el sol negro”, este nuevo panorama deshilachó el esquema de sanciones de Washington. Influye sobre el horizonte global pero también sobre los conflictos en desarrollo en Asia occidental y la frontera euroasiática. Y más: pone en cuestión la vigencia del dólar como moneda única en la compra venta de petróleo al tiempo que prueba canales de pago elaborados para eludir el sistema financiero occidental.

En línea, el Congreso iraní aprobó la implementación de peajes de hasta $ 2 millones en buques petroleros que transitan por el estrecho, y resolvió que se abonen en yuanes. El conjunto de las resoluciones adoptadas desde ese flanco de las potencias multipolares puede implicar el fin del control de los Estados Unidos sobre las finanzas y el comercio global. El petrodólar ha sido hasta ahora epicentro del dominio del dólar. La moneda estadounidense ha sido reserva global y brindado a Washington la capacidad sancionar y aislar a los estados que no obedecen sus dictados.

Es posible que en Pekín, Xi le haya puesto las cartas sobre la mesa a Trump, afirmando así son las cosas. Con algún añadido: podrían ser mejor para ustedes, pero también podrían ser peor.

EL PODER SE EJERCE. Al conocer estas resoluciones, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió su réplica: toda institución financiera que respalde a Irán enfrentará sanciones. Pero no modificó los planteos antedichos. Es que el poder no se posee, se ejerce. Con esos contrastes la potencia del Norte pretendió debilitar los esquemas alternos que varios emergentes vienen empleando para esquivar las sanciones lanzadas sobre Rusia e Irán. Desde que Irán fue blanco de sanciones, Pekín ha estado desarrollando acciones comerciales que corroen el sistema financiero occidental, controlado parasitariamente.

La situación se ha complejizado. Las empresas chinas aún pueden padecer impactos del sistema financiero occidental. Pekín no puede impedir que Washington arme el acceso a las redes controladas por los Estados Unidos. Pero el gobierno chino no reconoce esas medidas como legales y se niega a hacerlas cumplir. Dada la interrelación global existente y muy en particular el vínculo entre ambas naciones, muchas decisiones pueden ser redactadas, mas no efectivizadas.

China ha pasado de las demandas discursivas a resoluciones económicas prácticas. Las mismas, según la especialista indicada, “pueden abordar la conducta comercial, las opciones de cumplimiento normativo y los conflictos legales transfronterizos. Las sanciones de los Estados Unidos amenazan con eliminar al comercio mundial de personas, entidades y estados objetivo. Pero en un mundo cada vez más dependiente del comercio chino, Pekín tiene cada vez más tarjetas que Washington no puede igualar”.

A ver: “Debido a que China rechaza la legitimidad de las sanciones unilaterales, impulsadas por los Estados Unidos, ha creado un precedente legal para responder con contra sanciones. De manera crucial, este marco ahora llega a Hong Kong, tratado durante mucho tiempo como demasiado sensible para entrar completamente en el sistema de medidas de Pekín debido a su papel como centro legal y financiero internacional”. Las resoluciones del Estado que lidera Xi Jinping implican “un escudo legal para bancos, aseguradoras, puertos, transportistas y contratistas chinos atrapados entre la presión de los Estados Unidos y la ley de seguridad nacional china. Las multinacionales ahora se enfrentan al dilema que Washington ha impuesto durante mucho tiempo a otros”.

LOS PROBLEMAS Y LAS SOLUCIONES. Esto es, se obedecen las sanciones de los Estados Unidos, o se cumple con la ley china. Como en tantas otras situaciones, lector, el panorama se desvela según la fuerza -entendida en todos los planos, no solo la militar- que posea cada protagonista. La caída productiva norteamericana, el progresivo y gigantesco endeudamiento, su pérdida de aliados, el incierto panorama político económico interno, contrastan con la estabilidad y el crecimiento del Dragón. Así, en base a la realidad, se despliega una vigorosa trama sino iraní destinada a liquidar los pagos de petróleo fuera del sistema bancario internacional. A cambio del petróleo iraní, las empresas estatales chinas apoyan los sectores de transporte, energía e infraestructura persas.

Es preciso consultar a quienes han hincado el diente profundo para abordar la cuestión. Esa financiación china configura un crédito a la exportación. Los analistas describen el acuerdo como una “economía paralela a las sanciones” que combina seguros, impulso de proyectos y trueque. Lo explica el economista Chen En Fu desde Shanghái: “El petróleo iraní llega a China a través de rutas marítimas complicadas que involucran transferencias oscuras de barco a barco y luego mezcla el petróleo sancionado con otras calificaciones de crudo asiáticos, lo que dificulta el rastreo de fuentes. A cambio, China paga financiando proyectos de construcción a largo plazo dentro de Irán, incluidos aeropuertos, refinerías y autopistas, convirtiendo la infraestructura en pago indirecto por envíos de petróleo”.

“Esta cooperación entre China e Irán refleja una tranquila alianza económica destinada a remodelar el sistema financiero global hacia la reducción de la dependencia occidental, generando un orden económico paralelo basado en bienes, proyectos y financiamiento alternativo en lugar de moneda fuerte controlada por Washington”, afirmó el estudioso. Por eso los Estados Unidos no han sancionado a China en su conjunto; dado que China es tan crucial para el comercio mundial, sería equivalente a sancionar a la mayor parte del mundo”.

Este periodista no ignora la dificultad que implica el abordaje del trasfondo económico. Por eso, considera preciso efectuar un cambio de frente destinado a insertar el juego en la Política. Estes es un fragmento del diálogo sostenido en Radio Gráfica con el especialista en China Sebastián Shulz, permite absorber el panorama con más claridad, dentro de una concepción afín a la desplegada hasta aquí.

¿OTRO TRUMP?

Gabriel Fernández. Damos la bienvenida a Sebastián Schulz, que es experto en China, hombre reconocido por sus trabajos y por haber observado de la potencia asiática algunas claves trascendentes. Como se sabe, Donald Trump se encuentra allí en reunión con Xi Jinping. ¿Cómo estás, Sebastián?

Sebastián Shulz. Hola, Gabriel. ¿Cómo estás? Un gustazo hablar con vos.

GF. Lo mismo digo, aquí estoy con Jorge tratando de desentrañar este momento trascendente que vive el planeta, ¿no? Porque están cara a cara en este momento las dos grandes potencias. ¿Cómo estás observando este primer tramo de la visita de Trump? Bueno, yo, a ver, creo que que más allá de eh las discusiones que se han hecho públicas y algunos acuerdos puntuales que podemos analizar, la gran novedad, me parece, de esta reunión, es la delegación que viajó con Donald Trump en el avión de los Estados Unidos, esta delegación de más de 20 CEOs y altos representantes de las principales corporaciones transnacionales de los Estados Unidos. Estamos hablando de las principales tecnológicas, las principales fabricantes de microchips, estamos hablando de corporaciones financieras, de fondos de inversión que Donald Trump directamente sube al avión para ir a pedirle a Xi Jinping que le abra el mercado chino a estas empresas. Y creo que es particularmente llamativo porque si uno lee la estrategia de seguridad nacional que Trump publicó en eh 2000 en noviembre del año pasado, explícitamente dice que la política exterior de Estados Unidos va a frenar la exteriorización de las empresas, la política de deslocalización. Y habla particularmente de China, de impedir que las empresas norteamericanas se radiquen y hagan negocios en China y que vuelvan a Estados Unidos. Entonces creo que esto es una novedad. Creo que estamos viendo quizás un nuevo Trump.

Creo que con Irán esto se hizo claro en la estrategia del Medio Oriente. Esta misma estrategia hablaba de dejar de intervenir Medio Oriente, dejar de promover los cambios de regímenes y bueno, 4 o 5 meses después es exactamente lo que hizo Trump en Irán. Entonces, creo que hay un declive económico y hegemónico de los Estados Unidos. Hay una postura, una iniciativa mucho más fuerte de estas corporaciones transnacionales de exigirle a Donald Trump que se suba al avión en una visita que Trump postergó de marzo del año pasado, que viaje a China para poder negociar algunos acuerdos con lo que es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos. Es decir, que acepte la realidad, ¿no? Que Estados Unidos se avenga a comprender cómo están dadas las cartas en este periodo. Bueno, yo creo que hay una batalla que se manifiesta políticamente en la interna republicana, pero también en el avance en posiciones de poder de los demócratas que hacen que Donald Trump tenga muy difíciles las elecciones de noviembre y eso dispara una crisis política que yo creo es una manifestación de distintas miradas acerca del rumbo económico de los Estados Unidos.

Esta política de Donald Trump, del primer Trump e incluso de la campaña electoral del segundo Trump de hacer foco en el proteccionismo, el mercado internismo con su objetivo de hacer Estados Unidos grande de nuevo, creo que ya con la reactivación de la doctrina Monroe, con la con el ataque de Estados Unidos a Irán y ahora con este viaje a China, los sectores MAGA al interior de Estados Unidos quedan completamente subordinados. El gran problema para Estados Unidos es que, lo demostrado por la derrota en Irán, es que no está en condiciones de imponer condiciones al Sur global, que incluso no pudo conseguir lo que Donald Trump en realidad fue a buscar a Irán, que era bloquear el acceso a petróleo y gas iraní a China. En ese marco encuentra una China fortalecida que lo que le dice a Trump «Nosotros no tenemos problema que tus empresas vengan acá. Nosotros incluso no tenemos problemas en aumentar nuestra compra de productos primarios de Estados Unidos para reducir el déficit comercial. Ahora te exigimos estabilidad, te exigimos que ceses con las posiciones intervencionistas, injerencistas y belicistas. Y sobre todo la gran cuestión que aparece en esta reunión como el principal punto de negociación: la cuestión Taiwán, es decir, que Estados Unidos deje de apoyar financieramente al independentismo. Hay un giro o en todo caso una reafirmación del poder de las grandes corporaciones que de algún modo le tuercen el pulso a ese ideologismo que ha mantenido Trump en muchos tramos, ¿no es cierto? Bueno, yo creo que justamente es un poco lo que vos estabas diciendo, porque creo que la estrategia de Trump está fracasando, no está teniendo los resultados esperados. Ni en el primer mandato de Trump, ni en lo que va de este segundo mandato, ha conseguido la repatriación de las empresas. Básicamente porque hoy las grandes corporaciones financieras globales, capitalistas, se mueven como decías, no en función de ideologías, sino en función de tasas de ganancia. Claro, y la política de Trump, fue muy costosa para estas empresas, no solo para las grandes transnacionales globales. Estamos hablando, por ejemplo, que en el avión estaban los CEOs o funcionarios de Apple, de Black Rock, de Cargill, del City Group, la Goldman Sachs, Meta, y también de grandes aliados de Trump como Elon Musk, que fue uno de sus principales apoyos en términos ideológicos, pero que fue un perjudicado importante con las políticas económicas de Trump, porque recordemos que Elon Musk es muy norteamericano, muy abanderado de la industria norteamericana, pero su principal fábrica de autos eléctricos está en la República Popular China. Entonces, la política de aranceles sobre el sector automotriz de Trump permaneció impactando en las ganancias del propio Elon Musk, que eso derivó en una pelea en donde Musk llegó a acusar a Donald Trump de estar presente en la en la isla de Epstein. Entonces, creo que ahí hay una disputa muy fuerte en donde lo que se está discutiendo es cuál va a ser el futuro político y económico de los Estados Unidos.

GF. Bien. Eh, vos conocés China muy a fondo Sebastián. Hemos visto aquí el nuevo plan quinquenal, el que arrancó ahora y se extenderá durante los próximos 5 años. Pregunto, ¿cómo hace? ¿Cómo logra China llevar adelante un plan en el medio de las vicisitudes? Porque el mundo cambia, hay nuevos actores, hay movidas; hay guerras, de hecho, que no existían antes del diseño del plan quinquenal. ¿Cómo se las arregla China para mantener la estabilidad?

SS. Bueno, Gabriel, justamente es un tema super interesante porque ahí entra un poco la lo que en general los occidentales y los chinos entendemos por planificación. Acá en Occidente está la idea de planificación como una receta, básicamente, un conjunto de pasos, un conjunto de eh etapas que uno tiene que cumplir a rajatabla para llegar de manera más eficiente a un objetivo previamente pautado. Eso es en abstracto, ¿no? Es ahistórico y es atemporal, se aplica una misma receta, se puede llegar al objetivo, China eh cualquier planificación, uno lee tanto el Plan Quinquenal, o cualquiera de los planes específicos y todo plan empieza por un diagnóstico. Y entonces a la hora de elaborar ese plan de 5 años, claramente hay una definición donde lo primero que aparece es lo que vos decías, que estamos en un momento de transición, estamos en un momento bisagra, estamos en un momento de agudización de las confrontaciones, de agudización de las tensiones, en donde China tiene abierta una ventana de oportunidades. China es el momento para profundizar la innovación científica tecnológica, es el momento para avanzar en algunas cuestiones internas que también son importantes para China en relación al aumento del consumo, lo que ellos denominan como el aumento de la demanda, el aumento de las condiciones materiales de vida del pueblo chino y la necesidad de reforzar las alianzas y los diálogos con el resto del Sur global, sabiendo, lo dice el Plan Quinquenal, lo dice también esta reunión que vimos hoy, que para China – Estado la relación con Estados Unidos es una relación de primer orden. Es la más importante del mundo, porque estamos hablando como lo conciben los chinos, la relación entre el país más desarrollado del mundo con el país en desarrollo más grande del mundo. Entonces, ahí es donde este se monta sobre una caracterización y un diagnóstico y después toma pasos concretos. Sabiendo además otra cuestión muy interesante que en 2006 China cambia el nombre del Plan Quinquenal. Ahora nosotros le seguimos diciendo Plan Quinquenal por costumbre y porque el cambio parece sutil, pero hoy en China se habla de directrices quinquenales o de grandes regulaciones quinquenales. No es un plan eh como lo pensaríamos nosotros eh cerrado, con objetivos ya delimitados, sino que son directrices, son guías que van a orientar la política pública de acá los próximos 5 años. Claro, claro. Política de Estado persistente. Claro, claro. Y que no están atados a esquemas rígidos, sino que puede variar con el correr de los años, inevitablemente, porque es un contexto sumamente convulsionado, y sumamente incierto. Sería ilógico más allá de que después existen algunas cuestiones concretas, existen objetivos puntuales en relación, por ejemplo, a demografía, al aumento de capacidad de consumo per cápita, incluso algunas orientaciones en relación a crecimiento de PIB, ¿no? Pero eso es otra cuestión interesante. China sabe que esta estas tensiones internacionales probablemente crezcan y que es ilógico pensar un crecimiento a tasas chinas del del 10 hasta el 15% que ha llegado a ser. Y es el momento de un crecimiento de carácter cualitativo en donde China crece entre el 4,5 y el 5% pero es un crecimiento mucho más equilibrado, centrado en la transición tecnológica y a su vez orientado a la distribución, es decir, crecer menos pero distribuir mejor.

Para quienes vienen entusiasmados con esa dosis conceptual, quien narra sugiere prestar atención a la primera parte del video que se incluye a continuación. El diálogo inicial se desarrolla con Lido Iacomini: El analista conversó con el autor acerca del desplazamiento de la socialdemocracia sueca, en beneficio del neoliberalismo. Vale adentrarse. Enseguida, es válido dejarse atrapar por El Golfo después de Ormuz, con la perspicaz mirada de Alejandro Marcó del Pont. Con ese trampolín, el apreciable intercambio se orientó hacia balance y perspectivas del encuentro Xi Jinping y Trump, y el sentido de la presencia empresarial (BlackRock incluido) en la delegación norteamericana.

Mientras todo esto sucede, lector, vale repasar.

– Esta semana, Rusia concretó con éxito un lanzamiento de prueba del misil balístico pesado intercontinental Sarmat. El presidente Vladímir Putin realzó que se trata del sistema de misiles más potente del mundo, cuya carga de combate total supera cuatro veces la de cualquier análogo occidental existente.

– El jefe de Estado confirmó que el proyectil de nueva generación entrará en servicio operativo en las Fuerzas Armadas de su país en diciembre del año en curso y resaltó que el Sarmat tiene la capacidad de «superar todos los sistemas de defensa antimisiles existentes y en desarrollo».

– El conflicto interno en la Organización de Países Exportadores de Petróleo se va a extender más de lo que podía suponerse. Emiratos Árabes Unidos (expuso la fractura) intentó impulsar una coalición anti iraní con los países golfo Pérsico, pero su iniciativa fue rechazada. Su jefe, Mohamed Bin Zayed, llamó a los líderes de Bahréin, Kuwait, Qatar y Arabia Saudí, pero estos se negaron a integrar una coalición junto a Israel para enfrentar a Teherán.

– Llegan a 50 las muertes de detenidos del ICE. En 2025 murieron más personas bajo custodia que en cualquier año en dos décadas, y 2026 va camino de ser aún más alto. Los desenlaces mortales están vinculados a maltratos y a tratamientos deficientes por parte de los equipos médicos, según informes de autopsia, registros judiciales y entrevistas con detenidos y expertos.

– El Partido Laborista de Keir Starmer obtuvo, en 2024, una aplastante mayoría en el Parlamento. A menos de dos años de asumir el cargo, podría estar a punto de ser destituido. Tras el rotundo rechazo de los votantes a los candidatos laboristas en las elecciones locales de Inglaterra, Escocia y Gales, ha quedado al borde de una salida apresurada del gobierno.

– El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira afronta su peor instancia desde que arribó a la primera magistratura seis meses atrás. A diferencia de las gestiones previas, el actual mandatario atacó a los sindicatos, puso en cuestión la estabilidad laboral y promovió un ajuste que, junto a la inflación, frenó el mercado interno. La única respuesta a las grandes protestas sociales ha sido la represión. Los gremios y la militancia política y social están en franca lucha y se aguardan definiciones en las jornadas venideras.

CIERRE CLAVE. Retomemos el arranque. Tras varias consultas, este narrador estima que los acompañamientos empresariales de Trump en Pekín configuran una Junta Directiva que aprovecha el encuentro de Estados como un espacio de negocios que trasciende con holgura las intenciones y las acciones del presidente que los invita. En la práctica, los invita porque no le queda otra opción. Un board. Así, la política exterior norteamericana sincera su matriz: los directorios de las firmas que dominan las nuevas tecnologías y la renta parasitaria. Pelean entre sí, no tienen el mismo interés de base, pero coinciden en que las autoridades electas por la población del Norte no están al mando y su democracia es ficticia.

Como contracara, mientras su Producto Bruto se acrecienta, mientras acumula sin saquear los recursos naturales que necesita, mientras establece vínculos equilibrados y mientras mantiene inversiones, compras y ventas en manos del Estado conducido por el Partido Comunista, la República Popular China negocia con quien sea necesario para sostener y profundizar su rumbo. Lo acaecido en la capital del Dragón amerita reflexiones de fondo acerca de la democracia, su aplicación, sus protagonistas y su sentido.

La imagen dibujada y publicada no es la de Trump con los CEOs, sino la de los CEOs con el gerente Trump. El Presidente es el vehículo adecuado -¿qué institución puede ser mejor?- para que el gran capital financiero y tecnológico asegure sus vías de suministro y su comercialización frente a China, y frente a todo aquél multipolar que tenga las espaldas esenciales para participar de negociaciones de este volumen. Los medios concentrados se desviven por mostrar a la potencia norteña con exigencias sobre Ucrania, Asia occidental (Irán en particular), Taiwán entre otros. Malas noticias: Pekín (como Moscú) no piensa ceder en ningún punto.

Uno de los analistas que, desde la tierra de Mao envió gentilmente su visión, explicó a quien redacta que “Pekín aplicó la doctrina de la diplomacia imperial: ofreció palabras amables, protocolo impecable y un banquete fastuoso mientras congelaba cada una de las líneas rojas de su agenda nacional. El elogio desmedido de Trump hacia Xi Jinping durante la cena expuso la subordinación psicológica del visitante: más allá de la oferta estética de China, en términos políticos nada prosperó realmente más allá de la exposición de EEUU como un recuerdo de la potencia que fue”.

Un nuevo mundo, asoma.

• Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

¿Cuál es el futuro posible?

 Por Omar Auton

   En los dos capítulos anteriores he intentado responder a la pregunta, pensando en un trabajo del amigo Ricardo Auer, titulado “Un país que no va a ningún lado”, donde afirma “Nuestro país transita senderos de total ambigüedad y contradicciones. Su dirigencia parece ignorar que nos acechan demasiados peligros estratégicos y no simples problemas económicos financieros. El desguace de la cultura conlleva la fragilidad de las instituciones, fácilmente observable en la privatización de cada parcela del Estado en manos de grupos oligárquicos que lo usufructúan para beneficio propio. Pareciera que Argentina no tiene un proyecto de vida en común; somos una suma de facciones en pugna permanente, conducidas con criterios y agendas que nos llegan del exterior” esto escrito en 2023, es una descripción cierta, no imaginábamos que podía agravarse hasta extremos patológicos a partir del gobierno que asumiera en diciembre de ese año encabezado por un psicótico y megalómano, fanatizado por una corriente de pensamiento económico, marginal en el mundo de la ciencia económica, que descubre recién en el 2013 de la mano de Rothbard y que mezclada con las profecías de Parravicini y “En Macabeos, como un mantra: La victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados sino de las fuerzas que vienen del cielo” (“Porqué Peter Thiel elige Argentina”; Tomás Borovinsky; Revista Panamá; abril de 2026), ha puesto a la sociedad argentina en una crisis de angustia y ansiedad.

   Este personaje además de su “Corte de los Milagros”, de “buscas” que se encuentran de pronto ante la posibilidad de hacerse millonarios y acceder a los lujos y excesos de todo recién llegado, incluso grosero y burdo, vino a ser lo que encontró disponible el establishment local, luego del fracaso de Macri, para poner en marcha la etapa final de la consolidación de la República Argentina como una semicolonia miserable, que aniquile el sueño peronista de un país importante y se “latinoamericanice”, con una clase trabajadora pequeña y de servicios, un 70% de la población en la precariedad, cuando no la marginalidad y la miseria y una minoría, que describimos en el capítulo anterior, de “clase alta” y oligarcas, que hoy representan el 6% de la población total pero concentra más del 34% de la riqueza, aunque es una clase alta “de cabotaje” ya que tiene un ingreso de 8.000 U$S mensuales cuando sus pares mexicanos disponen de 11.000 U$S, en Alemania es de 18.000 y en EE.UU de 28.000 dólares mensuales.

   Ya hemos hablado de “Cuando se jodió la Argentina”, de las consecuencias del golpe de 1976, pero también de la defección de la dirigencia política a partir de 1983, especialmente la que se proclama peronista que no sólo fue abandonando una a una cada una de las señales de identidad, sino que se sumaron alegre y obscenamente al desfile de millonarios, en una especie de revista Caras de la casta política. Todos o casi todos los dirigentes peronistas que gobernaron, en distintos poderes y escalones de gobierno exhiben un nivel de vida y poder económico que nunca habrían obtenido a partir de su trabajo o profesión, si esto puede ser tolerable hasta cierto nivel, ese nivel ha sido superado con creces.

   Puedo afirmar que las restauraciones oligárquicas nunca fueron la reacción a excesos revolucionarios de nuestros gobiernos sino precisamente de haber abandonado cualquier debilidad jacobina en aras de hacerse creíble ante el poder económico-financiero local e internacional, ese no ser ni chicha ni limonada, más allá que se lo disfrace con discursos altisonantes o supuestas cruzadas que no pasan de lo declarativo, nos llevó a perder la confianza de nuestro pueblo primero y a ganarnos su irritación y rencor luego. De ahí la aparición de Macri, como un aviso, y luego de Milei como un modelo recargado y más feroz de latrocinio. 

   He ahí uno de los primeros caminos a recorrer: RECUPERAR NUESTRA MEMORIA Y NUESTRA IDENTIDAD.

   A no confundirse, cuando hablo de memoria e identidad, hablo de nuestras tres banderas, de las 20 verdades, de la “Comunidad Organizada”, del Modelo Argentino y de los inéditos 11 años de gobierno de Juan Domingo Perón entre sus tres presidencias, hablo del compromiso de vida de los compañeros de la Resistencia Peronista y del Movimiento Obrero, especialmente durante la lucha llevada a cabo contra la última dictadura, primero como “Comisión de los 25” y luego como CGT Brasil, de sus documentos de La Falda y de Huerta Grande, de los 26 puntos, en los comienzos de la democracia hasta los más recientes, hay que incluir las encíclicas sociales de la Iglesia, muy especialmente Fratelli Tutti, y la exhortación Evangeli Gaudium, y las publicaciones de los mensajes de Jorge Bergoglio como Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires.

   Si la discusión la circunscribimos a las cartas orgánicas, las autoridades formales en todos los niveles, el manejo de los aparatos partidarios o el poder de los Rasputines que viven del poder de sus agendas o de su fama de “operadores de…” y no hago nombres porque todos ellos han servido a cuanto dirigente apareciera, a la rosca y pelea por la lapicera a la hora de las listas, solo estaríamos poniendo  “Otro ladrillo en la pared” (perdón Pink Floyd por el copyright) de la destrucción definitiva del peronismo como eje del Movimiento Nacional de Liberación, para convertirlo en un partido más del sistema colonial, y ojo, hay antecedentes: la UCR en Argentina luego de la muerte de Yrigoyen, el MNR en Bolivia, el APRA en Perú, el Partido Blanco en Uruguay, el PRI en México.

    Hay que recuperar el diálogo fraternal entre nosotros, la pelea por los cargos nos ha llevado a no dirigirnos ni el saludo, si Perón nos dijo que “Nadie se realiza en una sociedad que no lo hace” me atrevo a afirmar que “Ningún dirigente podrá realizar sus objetivos en un partido que no lo hace”, más allá de cuales sean los objetivos del dirigente.

   Es necesario decir claramente que: NUESTRO MODELO ECONÓMICO BUSCA UNA ECONOMÍA SANA Y CON EQUILIBRIO FISCAL A PARTIR DE LA INDUSTRIALIZACIÓN, UNA REFORMA IMPOSITIVA Y FINANCIERA, UN AUMENTO SOSTENIDO DE LA PRODUCCIÓN Y DE LAS EXPORTACIONES, TODO ELLO CON JUSTICIA SOCIAL Y PROTECCIÓN AL TRABAJO REGISTRADO.

   El peronismo nunca usó la emisión monetaria descontrolada o el gasto sin recursos genuinos, más allá de lo que digan los conservadores o neoconservadores, jamás desdeñó el equilibrio fiscal, pero sí es cierto que no tuvo en estos 40  años el coraje para proponer una reforma integral de la Ley de Entidades Financieras, una Ley de Inversiones Extranjeras acorde con un proyecto de liberación nacional, y una Reforma Impositiva que grave la especulación y la riqueza y no a la inversión y al trabajo. Hay que derogar el DNU 70/23, la Ley Bases y la Ley de Reforma Laboral y si es necesario ir por la nulidad insanable por inconstitucionales de muchas de sus cláusulas

   Hace falta un gran esfuerzo para incrementar el PBI industrial y las exportaciones de ese origen, el Estado tiene que fomentar o dirigir el crédito a ese fin, especialmente en industrias con sesgo exportador, no estoy en contra del consumo popular pero sí del consumismo y del endeudamiento familiar como instrumento, supuestamente, de fomento a la producción, el crecimiento de esta debe trasladarse en parte a los salarios y estos sostendrán el consumo, no “planes” de 12, 24 o 40 cuotas, para comprar electrodomésticos, ropa o celulares, apalancado por el Estado, la demagogia de “poner platita en el bolsillo de la gente” no es Justicia Social.

   Hablando de producción, hay que debatir con fuerza, conocimiento y honestidad la política agropecuaria, basta de “Retenciones si o Retenciones no”, creo que los debates, entre otros, deben pasar por:

1) ¿Vamos a producir alimentos para las personas, especialmente los argentinos o vamos a dedicarnos solamente a los biocombustibles, los alimentos para animales de otros países, destruyendo las economías regionales y expulsando argentinos a los conurbanos y las villas miseria?

2) ¿Vamos a seguir dejando estancada la producción bovina, 58 millones de cabezas en 1973 con 26 millones de habitantes y 50.920.790 cabezas en 2025, un 1,36% menos que en 2024 con 47 millones de habitantes y para poder exportar y que ingresen divisas reimplantar la veda como en 1970 o permitir precios exorbitantes para los argentinos o invitarnos a comer carne de burro?

3) ¿Vamos a mantener un régimen como el actual que nos hace dependientes absolutos de las exportaciones agropecuarias mientras permitimos un descontrol total del manejo de las mismas de manera que la evasión de divisas sea récord?

   HAY QUE TOMAR COMO UN MANDAMIENTO DOS DE LAS 20 VERDADES PERONISTAS: 4) NO EXISTE PARA EL PERONISMO MAS QUE UNA SOLA CLASE DE HOMBRES, LOS QUE TRABAJAN Y 5) EN LA NUEVA ARGENTINA EL TRABAJO ES UN DERECHO QUE CREA LA DIGNIDAD DEL HOMBRE Y ES UN DEBER, PORQUE ES JUSTO QUE CADA UNO PRODUZCA, AL MENOS, LO QUE CONSUME.

   Creo que no hace falta aclarar que el trabajo registrado y protegido es para todo peronista un valor central y un principio fundante de nuestra identidad, no hay lugar para “flexibilizaciones” o “modernizaciones” desprotectorias, porque es un pilar esencial de la Comunidad Organizada, como diría Don Corleone “El que te diga lo contrario, es el traidor”

   Ya me extendido sobre el tema de los llamados Planes Sociales, una medida correcta y adecuada en el primer quinquenio de este siglo, que luego deberían haber ido reduciéndose en la medida del crecimiento económico y sin embargo ocurrió todo lo contrario, los liberal-conservadores porque nunca tuvieron intención alguna de recrear el empleo y los planes eran un chantaje y al mismo tiempo una forma de clientelismo al igual que los ampulosos planes de “urbanizar las villas” y nuestros gobiernos porque asumieron que era un “daño colateral” del capitalismo moderno, una consecuencia natural de la desindustrialización y hasta algunos llegaron a decir que en aras de detener el deterioro ambiental “había que sacarse de la cabeza volver a abrir o instalar industrial, había que ir al trabajo verde”, (sic).

   Hay que discutir en el ámbito de un Consejo de Estado, empresarios, sindicatos, movimientos sociales y Estado, un plan cuatrienal para reinsertar a esos compañeros en el trabajo formal y registrado, con beneficios impositivos para las empresas y hasta mantenimiento del plan por un tiempo como parte del salario para atenuar ese impacto en la empresa dadora de trabajo.

   Mientras tanto deben ser organizados en cooperativas, pero reales, registradas, encuadradas en la ley y controladas por el INAES (que no debe ser manejado por los cooperativistas) y dedicarse al bacheo, zanjeo, reciclado, etc, con el plan como un salario. Los barrios del conurbano bonaerense adolecen de cloacas, alumbrado, gas natural, agua corriente y muchos hasta de asfalto. Simultáneamente los gremios, debidamente auxiliados por el Estado pueden desarrollar junto a la UTN planes de capacitación y formación en oficios. Hay profesionales y técnicos capacitados y con experiencia para implementar estas políticas, que deben llevarse adelante por un Ministerio de Trabajo fortalecido.

   No podemos ignorar otros temas que deben ser centrales en nuestro programa de gobierno en cualquier situación que sea, resolver los gravísimos problemas de:

 a) La Educación: su organización, programas de estudio y recuperar el criterio de exigencia y esfuerzo, así como la autoridad del docente, natural de todo proceso de aprendizaje.

b) La Seguridad Ciudadana: de todos los argentinos, muy especialmente en los barrios populares hoy sometidos, ante el abandono del Estado, a la dictadura de las organizaciones narcos.

c) La Salud: hoy quebrada por las políticas económicas, desfinanciadas por el Estado, desorganizadas (los tres niveles desde la sala o centro de salud, el hospital general y la alta complejidad, no existen) y que no colapsa solo por el esfuerzo y capacidad de sus trabajadores.

d) La Política Exterior: debe ser soberana, esto es abandonar todo alineamiento ideológico automático e insertarnos en los viejos (Mercosur) y nuevos polos (BRICS) del sistema mundial según nuestros intereses, teniendo el norte en la unidad de Sudamérica.

e) La Seguridad Social: asegurando la debida protección y acompañamiento a todos los argentinos que por razones etarias (vejez) o invalidantes (discapacidad), ven dificultada su integración a una vida digna y segura.

  Lejos estoy de imaginar agotar los desafíos y exigencias de la hora, en mi libro anterior (“Patria o Colonia, debatir, pensar, actuar”: Edit. Ciccus: 2025) me referí en extenso a la necesidad de recuperar un Estado fuerte, profesional y moderno que sea un promotor  permanente del crecimiento y la integración social, a las formas de reconstruir la política y la organización de la comunidad, y a ello me remito a fin de no ser repetitivo.

   Tampoco podemos ignorar los tremendos desafíos y peligros que resultan de lo que Gabriel Merino llama, muy acertadamente el “(Des) Orden Mundial”, la crisis del globalismo anglosajón potenciada luego de la desaparición de la Unión Soviética, unipolar y unilateral, ha estallado con la aparición de nuevas potencias como China, India, emergentes como Irán, Turquía, Pakistán, Sudáfrica, Brasil, la reaparición de Rusia y el intento de Japón por recuperar un espacio como nodo del sistema. Ello no significa que EE.UU haya dejado de ser una potencia predominante, al menos en el plano militar, pero está en claro retroceso, víctima en parte del mismo modelo que prohijó de apertura económica, liberalismo extremo, deslocalización y desaparición de empresas y fractura social ante la pérdida de empleos, agravada luego de la crisis financiera del 2008, que la han relegado en la producción de manufacturas, el comercio internacional y el desarrollo tecnológico (De los 11 países cuyas empresas han desarrollado nuevos patentamientos en 2025 EE.UU se halla octavo).

   Dentro de esta tercera guerra mundial fragmentada como le llamaba el Papa Francisco, donde a los enfrentamientos militares se agregan las batallas comunicacionales y la guerra cognitiva, Argentina “Por ignorancia, por inconsciencia, por imprudencia o por mala leche” (Serrat dixit), del canalla que gobierna y la oligarquía conservadora y antinacional que lo apadrina, ha quedado entrampada en un aislamiento y alineamiento peligroso, como furgón de cola del delirio imperial de Trump y el belicismo genocida de Israel, lo que podría tener consecuencias de extrema gravedad en la actualidad y también en el futuro si un gobierno peronista no lo revierte como prioridad.

   Una oligarquía global empujada financieramente desde Wall Street y Londres, intelectualmente desde Silicon Valley y coordinada desde Bilderberg, cuya última reunión en Washington en 2026, reunió a 130 líderes de la política, finanzas, medios de comunicación y la industria. Ellos denominan al foro como “Bilderberg, World´s Elites Behind Closed Doors”, avanza al gobierno global prescindiendo de los Estados, los gobiernos y los pueblos.

   En la Argentina los viejos “dueños” como Roca, Magnetto, Roemmers etc. confronta y se alía con poderes emergentes, los hermanos Neuss, Galperín, Bulgheroni (ahora diversificado y aliado a grupos financieros globales) para repartirse el “derrame” del remate de los bienes tangibles e intangibles que millones de argentinos, con su esfuerzo y capacidad, han generado a lo largo de décadas, aprovechando la debilidad del pueblo de resultas de la fragmentación y desorganización popular motivados en la falta de trabajo, los magros salarios y el crecimiento de la informalidad, sumados (insisto con eso) a la pérdida de representatividad y cobardía o complicidad de la autodenominada “clase política”.

   Por ello es estratégico recuperar la organización popular, fortalecer y mejorar las que ya existen, reencontrar nuestra identidad cultural, abrir paso a nuevas generaciones y diseñar un programa claro, sencillo, de Reconstrucción y Liberación Nacional, nada altisonante ni con lenguaje académico, que reconozca los reclamos y necesidades comunes y proponga un camino de resolución que no deje a nadie afuera, los candidatos serán el resultado de este trabajo militante que, miles de compatriotas ya han iniciado, pero necesita y exige, el esfuerzo de todos.

   En 1939 el filósofo español José Ortega y Gasset nos exhortó “Argentinos, a las cosas”, he tratado de hacer un aporte a la determinación de por cuales cosas empezar, si así no lo hiciéramos “QUE DIOS Y LA PATRIA NOS LO DEMANDEN”.

¿Sobre qué hay que hablar?

Por Omar Auton 

 “Hay momentos en que los países son urgidos

                                                           a “recontar” su vida, para hacerse cargo de ella

                                                        plenamente, o librarse a la deriva” Methol Ferré 

   Retomo la obra del maestro Methol Ferré en el epígrafe, para responder a los muchos que me cuestionan “Para que hablar de historia”, “Lo que hace falta es decir claramente cómo vamos a recuperar la industria, parar la inflación y recuperar los salarios”, o “Tiene que ser alguien nuevo, hay que terminar con la vieja política”, en realidad los temas referentes a medidas concretas, más que importantes por cierto, van a ser encarados y resueltos por funcionarios de acuerdo con su ideología o su pensamiento político, por ende lo que debemos discutir es “Desde Dónde” se la va a encarar y seguramente vamos a debatir una serie de ideas con un sentido común parecido o vamos a tener claro que estamos parados en veredas diferentes.

   Es por lo expuesto que considero que lo fundamental en esta etapa es tener claro quiénes somos, cual es nuestra identidad y para ello, como escribe Methol, hay que “recontar”, volver a poner en presente nuestra historia e identidad, una cosa es hacer, luego, alianzas electorales o frentes, pero teniendo en claro quiénes somos nosotros, los peronistas, y quiénes nuestros aliados, amigos, compañeros de ruta, de lo contrario vamos a andar comprando soluciones económicas, educativas, laborales, etc. en un mercado de baratijas o a alguna ONG, ya que la destrucción de los partidos políticos los ha dejado sin cuadros técnicos orgánicos.

   Dicho esto, quiero volver al tema de La Comunidad Organizada, como anécdota quiero señalar que nada menos que Carlos Marx, en “la Ideología Alemana” escribió “solamente dentro de la comunidad con otros, todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos, solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad individual “ y es en base a ese aserto que Byung Chul Han expresa “Curiosamente, también Marx define la libertad como una relación lograda con el otro. En consecuencia, ser libre, no significa otra cosa que “realizarse mutuamente”.

   Esto es porque cuando hablamos de la Comunidad Organizada estamos sintetizando una realidad de nuestra historia, tanto de los pueblos originarios como de la conquista y las oleadas inmigratorias, que Perón recoge en su libro, visión expuesta en el Congreso de Filosofía de Mendoza en 1949 y al mismo tiempo “situando” un pensamiento universal desde nuestra propia mirada, como reclamaba Arturo Jauretche.

   Cuando conocí el libro, hace muchos años, vino a mí una experiencia de infancia, a los cuatro años mis padres se mudaron a Quilmes Oeste, una zona denominada La Cañada, a una cuadra de la, por entonces, Av. Calchaquí, paso obligado para acceder a la ruta 2 y viajar a la costa atlántica, si bien Perón había sido depuesto, era 1956, seguían los planes de vivienda del Banco Hipotecario, hoy en manos de Elsztain e IRSA gracias a Menem, en los alrededores había varias empresas metalúrgicas, textiles, de celulosa, etc., por ende en poco tiempo se conformó un barrio de entrerrianos, correntinos, chaqueños, la migración interna que venía en busca del empleo industrial, se compraba un lote, se instalaba una casa prefabricada, adelante y atrás se comenzaba a construir la casa de material, eso era los sábados, domingos y feriados, en que el hombre de la casa no trabajaba en la fábrica, pero los vecinos, pese a ser sus jornadas de descanso, concurrían a “darle una mano”, no había arquitectos o maestros mayores de obra, se construía de acuerdo a las necesidades de la familia y todo el barrio se arremangaba para entras ladrillos, cal y arena, hacer “pastones”, las zanjas para los cimientos, hasta terminarla, esto se repetía con cada nuevo “recién llegado”, era la comunidad que se organizaba para resolver las necesidades comunes, el libro lo leí después y lo entendí por este recuerdo.

   Esta experiencia derivaba en las Sociedades de Fomento, que encaraban la representación de los vecinos para que el municipio impulsara el asfaltado de calles, la instalación de agua corriente, gas natural y cloacas, de ahí los candidatos a concejales, que seguían viviendo en el barrio, he ahí un camino para la reconstrucción de la organización social y la política, de abajo hacia arriba y de la periferia hacia el centro como nos enseñó el papa Francisco.

   A medida que crecían los municipios y aparecieron los “Delegados municipales” una forma de descentralización de la gestión, para ponerla más cerca del vecino, luego se advirtió que esto era “peligroso” y se lo fue vaciando, la dictadura genocida iniciada en 1976, convirtió el ser un delegado municipal o un “fomentista”, en algo peligroso para la salud, de todas maneras en algunos lugares sobrevivió el sistema, en La Plata esos delegados fueron votados por los vecinos hasta el 2001, luego pasaron a ser designados “a dedo” por el intendente.

   En CABA la constitución previó la descentralización en comunas, en mi libro citado en el capítulo anterior he analizado su suerte así como otras provincias que tienen legisladas instituciones similares. Los sindicatos son organizaciones de la comunidad, en ese caso se trata de resolver colectivamente los problemas laborales comunes, las cooperadoras escolares tenían el mismo sentido, solo que nacieron para colaborar con las necesidades de la escuela y en muchos casos, luego, se convirtieron en la forma de resolver los problemas de los hijos de los integrantes, que iban a esa escuela, todo puede deformarse, pero no significa que debe abandonarse.

   Pero nada mejor que leer al creador de este concepto “ Para organizar una comunidad se requiere la concurrencia de muchos factores. En primer lugar, nada se edifica sin claridad de objetivos, sobre la base de una ideología común que reúna a hombres , que sienten de la misma manera lo que se considera fundamental para el país. Sabemos que esto se concreta en una doctrina que abre un amplio espacio de coincidencia aceptado por la mayoría de la comunidad…es necesario restaurar, además, un inalienable principio de objetividad. Y no puedo pensar e otro criterio de objetividad que no sea la presencia de la voluntad del pueblo como guardián de su propio destino…Para que esto sea posible deberemos alcanzar un alto grado de conciencia social, que entiendo como la identificación por parte del individuo de sus derechos inviolables, sin enajenar la comprensión de sus deberes…Por último, si tuviera que decidirme por un factor aglutinante, optaría por la solidaridad social, como fuerza poderosa de cohesión que solo un pueblo maduro puede hacer germinar” (“El Modelo Argentino, para el proyecto nacional”; Juan Domingo Perón).

   Por ende si uno se dice Peronista, no puede salir a despotricar contra “La vieja Política”, porque la política anterior a 1976 tenía muchos elementos a rescatar, por ejemplo:

1) Un gobierno organizado, o sea a) Unidad de Conducción, b) Estado de Derecho y c) Eficacia y eficiencia, esto es una administración que funciona de manera ordenada, transparente y con planificación.

2)Una gestión descentralizada, o sea a) Con autonomías locales, acercando lo público a los ciudadanos, b) calidad administrativa trasladando competencias y toma de decisiones a provincias, municipios y comunas y c) Federalismo, recuperando el adecuado equilibrio entre Nación y Provincias.

3) Un Pueblo libre, o sea, a) Participación del ciudadano, no sólo con el sufragio sino en la acción misma de gobierno, b) libre organización, el pueblo se organiza en forma conveniente para sus fines y c) Ciudadanos como actores, como miembros activos y participativos de la comunidad

   Lo que debemos superar y dejar atrás es “La nueva política”, la que conocimos a partir de 1983, la que a partir de la destrucción del tejido comunitario, la desindustrialización y desestructuración del trabajo en relación de dependencia y registrado como ordenador social y generador de identidad  individual, la desaparición de la familia como unidad básica de socialización, mediante la transmisión de valores y tradiciones, a la comunidad  e integración del individuo a la misma, a la idéntica suerte corrida por la educación pública y la fragmentación de la comunidad en individuos aislados, llenos de temor (a la falta de éxito económico, al no reconocimiento de sus conciudadanos, a la inseguridad laboral, a la soledad individual, ocultada hoy por la hipercomunicación digital, sin vínculos afectivos reales y el consumismo desbocado), redujo la participación política al sufragio en tiempos normales o a la pueblada anárquica en las crisis.

   Lo que hay que enterrar para siempre es la política de dirigentes advenedizos, ambiciosos, oportunistas y corruptos, que hacen de ella un instrumento para el enriquecimiento personal y de sus descendientes de varias generaciones (como el clan Menem), que llegan a lo público desde la publicidad, el deporte, la empresa o que son “fabricados” por los dueños del país a partir del monopolio de los medios de comunicación másiva y esa hipercomunicación que aturde, con los “operadores políticos” que han hecho de ella un empleo, que su talento nace de una agenda poblada de “contactos en el poder” (siempre económico o de ciertas embajadas) para ser negociada al mejor postor, sea éste de derecha, de izquierda o ambidextro.

   Hay que reconstruir los partidos políticos como herramientas adecuadas de participación popular, la Comunidad Organizada no es aquella en la que todos pensamos igual, es aquella en la que todos o la mayoría pretendemos vivir bien, con trabajo, tranquilidad y la certeza que el futuro va a ser siempre mejor, pero pueden subsistir diferencias en como se logra eso, para ello están los partidos políticos, pero hay que reintegrarlos al barrio, tienen que generar dirigentes que sepan lo que es caminar cuadras bajo la lluvia en calles de tierra o con simples mejorados, con mala iluminación y servicios deficientes y pretendan cambiar eso, no cambiar ellos de barrio, que sus vecinos los conozcan por su nombre no por su apellido, que estén dispuestos a sacrificar su descanso y su tranquilidad ante el dolor o la necesidad del otro, que pongan su destino en la realización de toda la comunidad, sabiendo que su propio destino va a ser mejor en ese camino.

   No pretendo mártires ni ascetas, la función pública debe ser muy bien remunerada, nadie puede pensar y trabajar para el colectivo social si no tiene la tranquilidad de su familia, admiro a los curas villeros, muchos de los cuales provienen de familias acomodadas y han renunciado a ello, pero estoy hablando de mujeres y hombres comunes que viven y aspiran a lo que todos aspiramos, no de los que han abrazado un sacerdocio.

   Los candidatos deben ser elegidos en comicios internos, donde voten los afiliados al partido, al igual que las autoridades partidarios, basta de “dueños de la lapicera” que entre cuatro paredes arman listas en un “tome y daca” de ambiciones personales y no de auténticas representatividades. Debe existir la caducidad de los mandatos para terminar con el “transfuguismo” como vivimos hoy, donde ni siquiera se oculta la corrupción de voluntades compradas, los cargos legislativos son de los partidos y estos deben tener la posibilidad de reemplazar a los que traicionan el mandato popular.

   Todos los funcionarios del gobierno en sus tres poderes deben hacer una declaración de sus bienes y de los de sus familiares al momento de ser electos, repetirlo anualmente y al final del mismo someterse a lo que en épocas del Virreinato se llamaba Juicio de Residencia, sobre su gestión y su patrimonio, todos conocemos de enriquecimientos inexplicables, que nunca son juzgados, además, por tener un poder judicial que es de los más impresentables de nuestra historia y que merece una profunda reforma en su acceso al cargo, su estabilidad y su transparencia.

   Como hombre que ya ha entrado en la última etapa de su vida puedo hablar de estas cosas porque las he vivido, he visto una manera de hacer política y de vivirla, dos líderes que se combatieron en vida como Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón, vivieron una vida austera, uno en su casa de barrio en La Plata y el otro en una casa comprada por sus amigos en Madrid durante los años de su exilio, los argentinos de mi edad hemos conocido muchos políticos que eran conocidos por haber sido “Senadores” o “Diputados”, nacionales o provinciales y que tenían una vida normal en un profesional o persona de clase media, deben revolverse en sus tumbas cuando ven no sólo la corrupción actual sino el exhibicionismo de sus protagonistas.

   Pero insisto, lo que expongo no es un sueño ni una utopía, la Argentina vivió esa “Vieja Política”, los que la quieren eliminar son los que quieren seguir con el sistema actual sólo que esperan su turno para el latrocinio, sean empresarios, candidatos prefabricados o pastores evangélicos que ni siquiera viven en el país y todos tratando de eludir cualquier definición seria sobre su pensamiento (Milei fue la excepción), todo son lugares comunes “La gente está cansada” o “La gente quiere algo distinto”, sin embargo como no dicen que piensan ellos o que van a hacer concretamente si fueran electos, nunca sabemos “¿distintos a qué?” van a ser.

   Por eso es necesario no esperar “A ver quién es el candidato”, eso es secundario, lo que es acuciante es que pongamos nuestro esfuerzo en reconstruir la política, aquella que Francisco calificaba como “La más noble de todas las actividades, porque buscaba el bienestar de todos”, reconstruirla desde abajo, yendo a las sociedades de fomento si las hay o creándolas donde no existen, hablando con nuestros vecinos de los problemas del barrio y como resolverlos, si sos comerciante yendo a la asociación de tu ciudad, sumarte, reclamar que representen las necesidades de sus pares ante las autoridades, si sos profesional en tu Colegio profesional, si sos empresario en la asociación de tu ramo.

   A los que tienen vocación política, armá tu Unidad Básica, llamá a tus conocidos, recorré las organizaciones que mencioné antes, los sindicatos, otras UB, buscá objetivos comunes, debate, horizontalidad participativa, sacate el dolor y la angustia de la impotencia, salí de la bronca individual y juntala con otras broncas y demandas, transformala en un reclamo, una demanda una propuesta de solución, de a poquito, de lo más simple a lo complejo, de abajo hacia arriba.

   Pero lo más importante, lo irrenunciable, si no queremos ser más de lo mismo, recordemos que “La mortaja no tiene bolsillos”, si vas a meterte simplemente para ser un chorro, un sinvergüenza, un estafador más, de las necesidades populares espero que no hayas leído nada de esto, no es para vos, vos sos parte de lo que debe terminar.

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