Conociendo al enemigo: radiografía del anarcocapitalismo

Por Aldo Duzdevich

Quienes participamos de ese amplio y confuso espacio que podemos nominar como kirchnerismo/ peronismo, todavía no logramos entender las causas y profundidad de nuestra derrota político electoral, y mucho menos logramos hilvanar una propuesta que nos lleve a recuperar las mayorías perdidas. Por ahora la única idea “salvadora” es la explosión del plan económico y la inminente salida de Milei en helicóptero, profetizados desde diciembre del 2023.

Si la explosión es inminente, y cuando esto se caiga las masas van a volver arrepentidas a nuestros brazos, cual niños vuelven al rezago maternal porque se dan cuenta del error de su travesura. Si las cuentas de nuestros economistas y nuestros cientistas sociales, son ciertas, y la caída de Milei es a corto plazo inevitable, no hay mucho para pensar, ni preocuparse. La única preocupación y ocupación de nuestra militancia, debería ser (y es), posicionarse en los espacios de poder partidarios y electorales, para estar en el mejor lugar del futuro reparto del poder.

Quienes estén convencidos que la salida es la del párrafo anterior, pueden abandonar la lectura de esta nota aquí nomas. Quienes entiendan que el problema es un poco más complejo, pueden seguir leyendo, con la advertencia que la pólvora fue descubierta en el siglo IX por los chinos de la dinastía Tang. Y yo, no soy chino ni pariente de los Tang.

La lucha de clases en clave anarco-capitalista

En 2023 cuando todavía Milei era un tercero cómodo en campaña, escuché que mencionaba como su maestro a Murray Rothbard y por curiosidad me puse a leer algunas de sus ideas, que incluso reproduje en una nota en La Paco. Hoy a dos años vista de gobierno libertario, es bueno repasarlas, porque tienen bastante coherencia con el discurso y la práctica de Milei.

Sun Tzu en el “Arte de la Guerra” dice “Conoce el terreno y conoce al enemigo, y en cien batallas no conocerás la derrota.” .  Y Napoleón dice “Nunca desprecies al enemigo; por pequeño que parezca, puede ser el principio de tu ruina.”, una frase que nos cae justo respecto nuestra valoración inicial de Milei.

Bueno, yo desconozco si nuestros generales y generalas han estudiado a Rothbard el ideólogo de Milei. Pero los que no pertenecemos a la distinguida alta oficialidad Nac&Pop, en gran mayoría desconocíamos a estos bichos “anarco-capitalistas”.

Murray Rothbard nació en Nueva York en 1926 y murió en 1995. Se graduó en la Universidad de Columbia. Economista, filósofo y activista político, fue un polemista apasionado,  fundador de instituciones libertarias y padre del anarco capitalismo. 

Rothbard desarrolla una novedosa teoría que en cierta medida compite con la idea de lucha de clases del marxismo. Según el marxismo las clases se definen por la propiedad de los medios de producción, los capitalistas y el proletariado. Rothbard define  también dos clases[H1] , una dominada y otra dominante . La dominada es la clase productiva que incluye, trabajadores, capitalistas y propietarios, y la dominante, que es la clase parasitaria que vive del estado.

Según Rothbard la “lucha de clases” real no está entre capitalistas y obreros, sino entre “el pueblo” (todos los que participan voluntariamente en el mercado) y el Estado y sus beneficiarios (quienes viven a costa del primero). La única forma de superar esa opresión es reducir o eliminar el Estado y todas sus intervenciones, sustituyéndolas por un orden de plena propiedad privada y libre mercado.

En suma, la teoría libertaria de las clases en Rothbard no reconoce antagonismos inevitables entre obreros y capitalistas, sino un antagonismo moral y práctico entre quienes producen mediante el libre acuerdo y quienes parasitan mediante la fuerza estatal.

La clase productivas es la agregación de trabajadores, empresarios, capitalistas y propietarios que intercambian voluntariamente bienes, servicios y factores de producción. En esta definición podemos encontrar una de las claves de los votantes de Milei, porque en este concepto de “clase productiva” van a incluir no solo los grandes capitalistas y las oligarquías locales, junto a ellos se alinean medianos y pequeños empresarios, chacareros, emprendedores de todo tipo, trabajadores formales del sector privado, trabajadores independientes de aplicaciones, profesionales meritocraticos, y jóvenes desocupados con aspiración de crecimiento individual.

Interesa ver la detallada descripción de lo que Rotbhard llama la clase dominante o parasitaria que vive de “robarle” a través de los impuestos a la “clase productiva”.  En rigor es lo que en boca de Milei tiene nombre de “Casta”.

Contrariamente a lo que se entendió en un primer momento la “Casta” no solo eran los altos funcionarios y legisladores.

Quiénes son los que viven del Estado según Rothbard
1) “La clase política: Estos son los principales beneficiarios del poder estatal”
“Políticos profesionales (presidentes, legisladores, gobernadores, intendentes, etc.):
Viven del ingreso fiscal y administran el poder de coacción. Rothbard señala que no solo no crean riqueza, sino que se dedican a redistribuirla hacia sus intereses o aliados.”
“Partidos políticos (especialmente los partidos estatistas o clientelistas): Son mecanismos de acceso al botín estatal. Cuando gobiernan, actúan como intermediarios para beneficiar a otras ramas del aparato parasitario.”

2. La burocracia estatal
Se refiere al aparato administrativo permanente, “muchas veces con estabilidad laboral y sin incentivos de productividad.”

“Empleados públicos no esenciales: Rothbard distingue entre servicios básicos (como tribunales de justicia, que él también considera reemplazables por el mercado) y “estructuras enteras creadas sin necesidad productiva: ministerios redundantes, secretarías inútiles, agencias reguladoras ineficientes.”

“Funcionarios con poder regulatorio: “Quienes imponen barreras legales a los productores del mercado (licencias, habilitaciones, impuestos) mientras aseguran sus propios salarios con dinero ajeno.”

3. Los contratistas y subsidiados del Estado
Esta es sector más difuso y muchas veces “privado”, pero Rothbard la considera parte integral del sistema parasitario.

“Empresas que dependen de contratos estatales: Obras públicas, defensa, infraestructura, servicios tercerizados. Son empresas que no compiten en el mercado abierto, sino que prosperan gracias al favoritismo del Estado.”

“Sindicatos estatales: Aquellos gremios cuyos miembros trabajan en el sector público y negocian salarios con dinero de los contribuyentes, no de una empresa que deba sostenerse por productividad.”

“ONGs o fundaciones dependientes de subsidios públicos: Muchas instituciones civiles sobreviven gracias a transferencias del Estado.”

4. El aparato ideológico del Estado
Rothbard entendía que todo Estado necesita un aparato que legitime su existencia y lo haga parecer “natural” o “necesario”. Esta función la cumplen:

“Intelectuales estatistas: Académicos, economistas, sociólogos y expertos que justifican la intervención del Estado y critican el libre mercado. Se benefician de becas, empleos universitarios estatales y asesorías.”

“Medios de comunicación dependientes: Aquellos que reciben publicidad oficial, licencias de radio/TV, favores fiscales o privilegios regulatorios. Difunden el discurso oficial y desacreditan ideas de mercado.”

“Educadores en el sistema público: No como personas individuales, sino como parte de una estructura educativa diseñada para enseñar obediencia al Estado, glorificar su historia y legitimar la redistribución coactiva.”

5. El complejo militar y de seguridad
Rothbard denuncia a los ejércitos y cuerpos de seguridad como parte estructural del aparato explotador.

“Fuerzas armadas en tiempos de paz: En lugar de defender derechos individuales, muchas veces sostienen regímenes estatistas, participan en aventuras expansionistas o reprimen a ciudadanos.”

“Policías y agencias de espionaje estatal: A menudo usadas no para proteger personas, sino para garantizar el cumplimiento de leyes injustas, impuestos, o control social.”

Pongamos este listado descriptivo de Robthard al lado de recortes de gastos realizados por Milei y vamos a encontrar parte del fundamento teórico de la famosa motosierra.

Algunas frases textuales de Rothbard que escuchamos en boca de Milei

“El Estado es una banda de ladrones a gran escala: los individuos más inmorales, codiciosos y sin escrúpulos de cualquier sociedad.”

“El Estado obtiene sus ingresos por medio de la coacción, amenazando con penas severas […]. La tributación es un robo: una confiscación obligatoria de la propiedad de los habitantes por parte del Estado.”

En síntesis, la propuesta del anarco capitalismo no se limita a reducir el poder estatal, sino a eliminarlo por completo, reemplazando sus funciones por asociaciones voluntarias y competencia en el mercado.

“Lo que el anarquismo propone hacer, entonces, es abolir el Estado; es decir, abolir la institución regularizada de coerción agresiva.” Concluye Rothbard

La batalla cultural por la destrucción del estado

Cabe preguntarnos, como este cuerpo de ideas que tiene por último fin destruir por completo el estado, ha penetrado en la sociedad actual de distintos países de occidente.

Rothbard en sus libros proponía organizar conferencias, cursos, aulas y publicaciones específicas del anarco capitalismo. Crear redes académicas e institucionales —como el Instituto Mises— para dar cobertura intelectual y divulgativa a esas ideas. Formación de redes de libertarismo intelectual, think tanks y prensa independiente. Difusión cultural mediante edición de libros, artículos, conferencias, universidades y medios.

Si bien nosotros hemos visto este tipo de actividades, no parecieran ser suficientes para generar una masa electoral transversal a todos los grupos sociales, con una fuerte inserción en jóvenes de sectores humildes del conurbano y del interior profundo. Recordemos que Milei pudo ganar ampliamente en alejados poblados de la puna jujeña, o incluso, en comunidades mapuches del sur.

Las respuestas básicas y de poco esfuerzo intelectual, dirán: “es culpa del Alberto”, “es culpa de Clarín”, “es culpa de las redes” . Y luego insistirán en que hay que explicarle boca a boca a la gente que los buenos somos nosotros, que todo lo que critican del estado no es real, y que podemos mostrar la década ganada.

Al inicio aclare que no tengo la fórmula para inventar de nuevo la pólvora. Es decir, como salir de esta compleja situación en la que estamos.

Solo, pienso algunas cosas. Lo primero es como dice Sun Tzu conocer a tu enemigo, y la frase de Napoleón: “Nunca desprecies al enemigo; por pequeño que parezca, puede ser el principio de tu ruina.”

Lo siguiente es recuperar valores del peronismo, haciendo eje en la producción y trabajo.  Redescubrir al tercer Perón y su Modelo Argentino. En ningún lado está escrito que la propuesta peronista sea convertirnos en una clase que se sirve del Estado, sino que bregamos por un Estado moderno, eficiente y al servicio de la sociedad. Si está escrito que “la política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la patria que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.” También está escrito que nuestro ideal es construir una “Comunidad Organizada que garantice los derechos del trabajador, del empresario y del Estado, sin que ninguno se imponga sobre los otros.”

En síntesis, recuperar nuestro pensamiento original y aggiornarlo al Siglo XXI, para poder ofrecerlo como propuestas que miren al presente y al futuro. Pensamiento que deberá estar encarnado en dirigentes cuya palabra este acompañada de un testimonio de vida de servicio y de trabajo.

https://www.agenciapacourondo.com.ar/opinion/conociendo-al-enemigo-radiografia-del-anarcocapitalismo

Sur, Menem…y después

Por Omar Auton

El fracaso del Alfonsinismo que mostró la incapacidad del radicalismo para resolver la crisis profunda de la Argentina semicolonial, no sorprendió a nadie, el viejo partido de Yrigoyen, expresión de las clases medias surgidas del esplendor de la Argentina de la Belle Epoque, hacía mucho que había entregado lo mejor de sí, pretendió democratizar la política y la renta oligárquica, la crisis de 1930 se llevó al abismo a esa Argentina y a su partido. 

   Devenido en un instrumento más del régimen conservador con Alvear, en oposición consentida de la Década Infame, fue la columna vertebral de la revolución gorila de 1955, gobierno fraudulento entre 1963-1966 y colaborador de Lanusse, último presidente militar de la autodenominada Revolución Argentina.

   Alfonsín había sido, precisamente, la representación mas antiperonista del partido en 1973, cuando Ricardo Balbín, viejo y mañoso dirigente bonaerense, intentó un acercamiento con Perón, convencido que sin eso era imposible reencauzar al país en la democracia. Bajo su discurso de “izquierda” y aliada a la UCR de Córdoba, la que había parido a los “comandos civiles” del 55, enfrentó al viejo caudillo radical, fue derrotado, pero logró reunir a los sectores de la izquierda amarilla, ferozmente gorila y sumado a sus contactos con los militares, como Albano Harguindeguy, se instaló como alternativa diez años después.

   Raúl Alfonsín no era progresista ni de “izquierda”, su campaña electoral fue lavada, vacía de contenido, basada en el preámbulo de la constitución liberal de 1853, reinstalada por un bando militar y una convención constituyente fraudulenta en 1957, acompañado por comandos civiles, dirigentes de los 32 Gremios Democráticos como Mucci, terroristas como Roque Carranza y socialdemócratas como Dante Caputo rápidamente fue declinando todas sus promesas, fracasó en todas sus variantes económicas y jaqueado por el poder económico y los estallidos populares ante las crisis hiperinflacionarias y las corridas bancarias, entregó el poder antes de tiempo a Carlos Menem el 8 de julio de 1989.

    Menem llega a la presidencia sin un proyecto político ni un plan económico, su ambición era alcanzar la presidencia y siempre trabajó para eso, pragmático, atrevido y con una capacidad innata para vincularse con los sectores populares, era un acróbata del poder, desde un comienzo negoció con todos los que lo tenían, sindicalistas, empresarios, lobbystas, periodistas, apostó a una alianza con la única multinacional con sede en Argentina, Bunge y Born y le entregó el ministerio de Economía y buscó equilibrar poniendo a un sindicalista, de sinuosa trayectoria, Jorge Triaca, en el Ministerio de Trabajo. Llega rodeado de ex cafieristas como Grosso, Guido di Tella, Carlos Corach, y dos bandos dentro de su círculo íntimo los “celestes” (Duhalde, Bauzá, Matzkin, Manzano) y los “rojo punzó” (Granillo Ocampo, Kohan, Aráoz, Barrionuevo).                                                                                                                                   

   Miguel Roig, ministro de Economía fallece a los pocos días y es reemplazado por Néstor Rapanelli, también hombre de Bunge y Born, sin embargo la alianza no funciona. Menem debe afrontar corridas cambiarias y amagos de crisis hasta que asume Erman González, este confisca los plazos fijos en el denominado Plan Bonex y saca a los bancos de provincias del clearing bancario, ya que se los acusa de hacer subir las tasas de interés ante la demanda permanente de dinero para equilibrar sus cuentas.

   Había claridad que era necesario un plan de estabilización y una reforma del Estado, las empresas estaban en la picota, endeudadas, sin renovación tecnológica y sobredimensionadas de personal, se hallaban en virtual estado de quiebra, Segba la prestadora de electricidad había sido una de las mayores generadoras de problemas en las postrimerías del gobierno de Alfonsín, los cortes diarios de luz duraron veranos enteros, lo mismo ocurría con Entel la proveedora de servicios telefónicos, los departamentos en venta tenían un precio si eran con teléfono y otro sin él ya que los trámites para la instalación duraban años y eran en general infructuosos, Alfonsín había lanzado el plan Megatel, se colocaron cientos de postes para cables pero los teléfonos no aparecían. Los trenes exhibían décadas de abandono, sin renovación del material rodante, viajar cada mañana era un albur, con servicios que se levantaban, pasajeros viajando hasta en el techo, asientos rotos, etc.

   ¿Esto significaba que era necesaria su privatización? no afirmaría eso, pero si era necesario un debate acerca de su rol y su organización empresaria, no había tiempo, un periodista organizó una marcha a la Plaza de Mayo reclamando las privatizaciones y la llenó, la gente estaba harta, quería que se parara la inflación, los servicios funcionaran, las crisis recurrentes se terminaran y hubiera un gobierno que garantizara todo eso.

   No voy a analizar detenidamente cada una de esas cuestiones, merecerían un libro, pero en poco tiempo se dieron dos hechos que cambiaron el rumbo de la historia:

1) Se produce un nuevo levantamiento militar, conducido esta vez por Mohamed Alí Seineldín. Menem ordenó la represión, los enfrentamientos duraron varias horas, hubo muertos y heridos pero se sofocó la asonada. Se consolidaba la autoridad presidencial, el temor a los golpes militares desaparecía, la designación de Martín Balza (un veterano de Malvinas) como jefe del ejército, la decisión de indultar a los jefes militares y terroristas detenidos, el recorte del presupuesto militar y pocos años después la eliminación del servicio militar terminó con las FF.AA como factor de inestabilidad.

2) Se sancionan las leyes de Reforma del Estado y de Emergencia Administrativa, lo que abre la puerta a las privatizaciones de empresas, transferencias de servicios, eliminación de áreas estatales. Paralelamente se sanciona la Ley de Convertibilidad, se cambia el signo monetario, se abandona el Austral y se vuelve al peso, al que se le quitan cuatro ceros, quedando una paridad de 1 $ por 1 U$S, y estableciendo que no se podría emitir un peso que no tuviera el respaldo de la misma cantidad de dólares en el Banco Central.

   Estas medidas lograron estabilizar la economía y quebrar el proceso inflacionario, la sumatoria de ambos éxitos llevó a consolidar el poder presidencial, el pueblo pudo visibilizar que había un presidente con autoridad, que tenía el coraje de tomar iniciativas impensables hasta ese momento y tener éxito, paz, estabilidad política y económica, un crecimiento exponencial del consumo, posibilidad de ahorro. El resultado fue la victoria electoral del año 1993 que llevó al peronismo a ganar en la Capital Federal ¡con un candidato riojano!, el radicalismo, consciente que si se llamaba a un plebiscito Menem lo ganaba fácilmente, decidió suscribir el Pacto de Olivos que abrió el paso a la reelección de Menem y a una nueva etapa de dólar barato, turismo por todo el mundo, acceso a productos importados, autos de lujo, como en la época de Martínez de Hoz, (Lo que vemos hoy, lo que estamos viviendo, es la tercera secuela de la misma película).

   No intento analizar en profundidad los actos de gobierno de Carlos Menem, sin embargo muchos comenzaron a advertir algunos puntos oscuros:

1) En las privatizaciones el Estado se quedó con las deudas de las empresas, aceptó los bonos de la deuda pública a su valor nominal, cuando en el mercado valían menos de la mitad, las sospechas de negociados y corrupción crecían cuando, por ejemplo se vendía YPF a Repsol, una empresa española que no tenía una sola explotación en el mundo, no manejaba ni un solo pozo petrolero o Aerolíneas Argentinas a American Airlines que ya tenía serios problemas económico-financieros. Encima los organismos de control y regulación creados para, precisamente, asegurar la adecuada prestación de los servicios, fueron rápidamente cooptados por amigos o militantes del gobierno, cuando no por las propias empresas a las que debía controlar.

2) La convertibilidad era un plan de estabilización pero no un plan económico, no preveía una normalización en la cual la moneda argentina tuviera un valor que expresara la fuerza de la economía, su productividad, nadie podía creer seriamente que, considerando las siderales diferencias entre la economía argentina y la de EE.UU, las monedas podían tener el mismo valor, además eso solo ocurría aquí, si se viajaba a Europa o a EE.UU, el peso argentino no lo tomaba nadie a ese valor. El ancla monetaria que impedía la emisión descontrolada funcionó porque era un momento donde había mucho dinero en el sistema financiero global, se buscaban mercados con altas tasas de interés, aunque eso fuera consecuencia de ofrecer menos garantías de seguridad, Argentina era una oportunidad, pero ¿Que pasaría si había una crisis en los mercados emergentes y eso llevara a los tenedores de bonos o inversores a liquidar sus tenencias, retirar sus divisas y llevarlas a plazas que pagaran tasas mas bajas pero ofrecieran mas seguridad?

3) La apertura indiscriminada de la economía, con una moneda sobrevaluada iba a conducir a un aluvión de productos importados, lo cual iba a actuar como un ancla antiinflacionaria, pero provocaría la quiebra de centenares de empresas locales, especialmente pequeñas y medianas, la venta masiva de las grandes, a empresas extranjeras que iban a ir en busca de mercados cautivos, con empresas en funcionamiento a las que rápidamente convirtieron en importadoras (Alpargatas, Quilmes, Loma Negra), aumentando la desocupación y la demanda de dólares por utilidades. (Otro parecido con la actualidad, no es mera coincidencia).

   Mientras funcionó, Menem ganó elecciones y era visto como “un rubio de ojos celestes” por los sectores medios-altos que abrían cuentas en dólares en el exterior y pasaban el verano en el Caribe y el invierno en Aspen, la caída de los mercados emergentes (“Los tigres asiáticos”, de México “efecto tequila”, de Brasil “efecto caipirinha”), generó la estampida de los capitales atraídos hasta ahí por las altas tasas de interés y el “Carry Trade”, la Convertibilidad comenzó a temblar, se habló de reemplazarla por una canasta de monedas que permitiera un esquema menos rígido.

   Menem ya había logrado su reelección, enseguida echó a Domingo Cavallo, de cuyas aspiraciones políticas desconfiaba, reemplazándolo por Roque Fernández, todo lo que hasta ahí había sido callado por los medios, volvió a las tapas, corrupción, exhibicionismo, tilingueria y comenzaron a aparecer temas, desocupación, piqueteros, negociados de las administradoras de fondos de pensión, crisis fiscal, sin embargo tuvo oxígeno para llegar al fin de su mandato, pese a caer derrotado en las elecciones de medio término en 1997. Duhalde, entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires fue el candidato del peronismo, tuvo el valor de afirmar que la convertibilidad era insostenible, que había que salir de ella, pero fue derrotado por Fernando de la Rúa, que prometió mantenerla, afirmando que eliminando la corrupción todo se solucionaba, ya sabemos como terminó todo, dos años mas tarde.

   A todo esto el peronismo no atinaba a reaccionar, sus dirigentes estaban todos comprometidos con la década menemista, en lo bueno y en lo malo, pero lo mas grave era el “lavado” doctrinario que imperaba, el discurso dominante lo podemos resumir en “Perón está muerto y el peronismo, como lo conocimos también, la industrialización es inviable, tenemos que dedicarnos a los servicios, bancos, financieras, turismo, construcción, y las divisas que entren por las exportaciones agropecuarias y mineras, que comenzaban a aparecer. El pleno empleo, los altos salarios son cosas del pasado, el alto porcentaje de exclusión es un “daño colateral” del mundo que ha cambiado, la tecnología desplaza naturalmente a la mano de obra menos preparada y no se puede hacer nada, hay que dejarse de joder con la soberanía política y la independencia económica, se cayó el Muro de Berlín, ya no hay posibilidades para la Tercera Posición hay que alinearse con EE.UU en todo” como consecuencia de esto rompimos una tradición de décadas en política internacional y acompañamos la Guerra del Golfo.

   Los disidentes tampoco se destacaban por su fidelidad al peronismo histórico, los integrantes del Grupo de los Ocho en diputados denunciaban la corrupción, su líder Carlos Chacho Alvarez confrontó con Menem en las elecciones presidenciales de 1985, acompañando al gobernador de Mendoza, José Octavio Bordón, en lo que fue una interna peronista ya que ambos se identificaban como tales, fueron derrotados, Bordón, al poco tiempo se fue a estudiar  a EE.UU y Chacho Alvarez acompañó a De la Rúa como vicepresidente, a partir de 1999, cuando al gobierno de la Alianza comenzó a estallarle la convertibilidad, ¡trajo a Domingo Cavallo como ministro! denunció un presunto soborno donde estaba comprometido el ministro Flamarique, que era de su partido, renunció y se fue a hacer conferencias de prensa en un bar. En el 2005 Néstor Kirchner lo sacó del ostracismo y lo impuso como presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, en el 2011 como presidente de la ALADI, donde fue reelegido en el 2014. Siempre fue visto como un hombre perteneciente al sector socialdemócrata del peronismo, igual que el ex presidente Alberto Fernández que lo designó embajador en Perú en el 2020, cargo que no asumió por la epidemia del Covid-19.

   Los gobernadores se dedicaron a asegurar su poder en las provincias, entusiasmados con una consecuencia de la reforma constitucional de 1994, el reconocimiento de la propiedad de los recursos del subsuelo en cabeza de las provincias, contrariando una política nacida en el peronismo y consagrada en la constitución de 1949, pero Menem lo cedió como pago del apoyo a su reelección, como le entregó a Alfonsín la autonomía política de la ahora denominada Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que no era otra cosa que un territorio cedido por la Provincia de Buenos Aires para que sirviera de asiento a la Capital Federal y la elección de un tercer senador por provincia, lo que aseguraría cargos electivos a la UCR.

   Le fueron transferidos los servicios educativos (origen en parte de la crisis educativa que hoy tenemos) y los servicios de salud hasta ahí de carácter nacional, sin entregarle los recursos necesarios, las inversiones mineras no llegaron y pasaron a depender de las remesas de dinero de los ATN (Aportes del Tesoro Nacional) lo que domaba cualquier rebeldía y fue mantenido por Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Mauricio Macri y ahora Javier Milei, de aquellos polvos, estos lodos.

   El sindicalismo se fracturó a poco de asumir Menem, su retroceso en la participación política, iniciado con la Renovación Peronista, se agudizó, cada sindicato comenzó a replegarse en su espacio de representación, desentendiéndose del destino del conjunto, nace la frase “hay que cuidar nuestra quinta”, se dedican a tratar de negociar para frenar las aristas mas neoliberales del menemismo, especialmente en la legislación laboral y de obras sociales, algunos de ellos inclusive, son ganados por esta visión de fin del peronismo histórico y la necesidad de aggiornarse a la avalancha globalizadora. La desindustrialización les pegó fuerte, el caso de la Unión Obrera Metalúrgica fue un duro ejemplo, las privatizaciones y reingenieria de empresas (como Somisa) y el cierre de otras llevó al gremio industrial mas fuerte de la Argentina de 250.000 afiliados a apenas 50.000 en el 2003.

   La catástrofe de diciembre de 2001 fue un grito desesperado de hartazgo de un modelo de país que retrocedía en las condiciones de vida, de trabajo, de educación, de salud, incluso de aspiraciones (la casa propia, el auto, las vacaciones), la pregunta que nadie quería responder era ¿La dirigencia política, nacida, crecida y formada en estas dos décadas, era capaz de tomar el timón, dejar de lado la deriva partidocrática que caracterizó a la democracia y construir un modelo mas cercano a las expectativas y deseos del pueblo argentino?.

   Esto no significaba ignorar ni minimizar los gigantescos condicionamientos que significaban el monstruoso endeudamiento interno y externo, un sistema bancario y financiero desprestigiado y extranjerizado, la caída de la actividad industrial, la existencia, por primera vez en la historia de un tercio de la población en la pobreza y la miseria, de tres generaciones de argentinos que no sabían que era tener un trabajo registrado, que no se habían formado en la cultura del trabajo que se transmite de padres a hijos, la debilidad ideológica y falta de coraje de gran parte de la dirigencia política como para pensar un camino diferente y ser confiable como para conducirnos en él y la corrupción, ya no como un fenómeno puntual, personal, como “Pecado” como nos enseñó a verlo Jorge Bergoglio, luego Papa Francisco, sino como sistema en el cual están asociados todos los partidos y que contaminaba a las nuevas generaciones de militantes que veían esta actividad mas como una perspectiva de futuro personal que como un compromiso de lucha y de transformación.

   Quizás se pueda pensar que estos capítulos tienen un recorrido invertido, que cuando nace aquello de “Cuando Ulises no recuerda a Itaca” debería ser el final, la respuesta a los interrogantes formulados en los últimos párrafos de éste, sin embargo considero que no es así, lo que se expresa en aquel trabajo es lo que vivimos en estos últimos años, sin embargo estoy convencido que no podemos pensar la historia a partir de lo ocurrido en este siglo, he tratado de refrescar la memoria de los mas viejos y ayudar a los mas jóvenes a descubrir que venimos con los mismos problemas desde mucho antes, que los remedios que hoy se aplican ya fueron usados y fracasaron, que la crueldad, la violencia, el salvajismo que constituye un aspecto central de este gobierno es la contracara de políticas que las minorías del poder económico concentrado han diseñado durante los últimos 50 años para multiplicar su riqueza, que década tras década y al costo de destruir nuestras vidas y nuestros sueños han saqueado las riquezas de nuestra patria y la que hemos creado con nuestro trabajo, son las dos caras de una misma moneda.

   Como decía Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, “O cambiamos o perecemos”, ese cambio lo tenemos que construir entre todos, o no habrá un mañana para nadie.

Cuando Ulises no recuerda Itaca

 Por Omar Auton

“No hay viento favorable para el marinero que no sabe adonde va” (Séneca)

Sé que es un lugar común recurrir a viejos refranes o dichos, pero no me importa ya que entre el título y la frase de Séneca, hay un diálogo, digamos que podríamos decir que “Ulises no recuerda Itaca, por lo tanto mas allá de lo favorable de los vientos, no tiene adonde ir” o para hacerlo mas contemporáneo “Que cuando alguien ha olvidado sus orígenes, difícilmente pueda obtener réditos de situaciones favorables y hallar un camino”.

 De esto vengo hablando en mis libros, en capítulos anteriores, en mi obstinación en poner sobre la mesa de debate distintos momentos de nuestra historia, incluso la mas reciente, como han sido los años 70, donde los únicos dos demonios reales han sido, por una parte, un relato sobre una juventud idealista, que soñó con un mundo de justicia y fué primero traicionada y luego “diezmada” como le gusta decir a Cristina Fernández de Kirchner y otro relato brutalmente exhibido entre 1976 y 1983, que quedó larvado durante años y que cuando el fracaso político del progreperonismo, que tuvo el primero de los relatos como valor fundante,  se convirtió en lenta agonía de fracasos sucesivos, emergió cruelmente para ser valor fundante del Macrimileísmo.

Explicar porqué resurge la reivindicación del terrorismo de Estado con el Macrimileismo, es muy sencillo, a partir de 1983 se juzgó, condenó, indultó y volvió a juzgar, a los responsables militares de las atrocidades de la última dictadura, sin embargo, esos mismos vaivenes de la democracia nos adelantaban que el “huevo de la serpiente” seguía anidando ¿donde?:

1) En la UCR que reclamó “Terminar con la guerrilla industrial” poco antes del golpe y los viejos partidos conservadores como la UCeDe, de la familia Alsogaray, el socialismo que le había dado embajadores a Videla, o dirigentes devenidos empresarios como Adelina de Viola, Alberto Albamonte, y el mas paradigmático de los 90, José Luis Manzano

2) En los empresarios que acompañaron a la dictadura y con ella lograron que se estatizara su deuda externa, concentraron riqueza y ramas de la actividad (Grupo Clarin, Techint, Ledesma, etc), consolidaron la patria financiera, y permitieron, como en Ford, que los campos de concentración funcionaran dentro mismo de las plantas industriales e hicieron las listas de delegados gremiales y activistas a secuestrar.

3) En el poder judicial, donde se sostuvo la misma “casta” que rechazaba los hábeas corpus, juraba por el Estatuto del Proceso Militar y consolidó a familiares, socios y amigos en los juzgados y secretarías clave, junto a los grandes estudios jurídicos y jurídico-contables que asesoraron a los grupos económicos desde 1976 en adelante.

4) En la oligarquía, antes ganadera devenida en esos años en agrofinanciera, que había multiplicado fortunas con la “Plata Dulce”, la timba financiera y la evasión fiscal. Si antes había existido un poder “del campo”, ya en las postrimerías del gobierno de Isabel Perón era notorio que había un pool de multinacionales como Bunge y Born, gerentes de filiales locales de grandes empresas (Ford, Fiat, Siemmens, Mercedes Benz, Esso. Shell, ) y mixtas (Acindar, Arcor, Astra, Celulosa), sumadas a la Sociedad Rural, Confederaciones Rurales y sus socios menores, que comenzaban a perfilar lo que hoy se llama “El círculo rojo”.

   Ninguno de estos sectores fue puesto en el banquillo de los acusados pese a que toda la dirigencia política, el periodismo y los jueces menos comprometidos sabían perfectamente que el objetivo de la dictadura procesista había sido reconvertir la Argentina, aniquilar el modelo industrial y con ello, los restos de la independencia económica, al poder sindical que reflejaba el poder de los trabajadores organizados, columna vertebral de ese modelo y que había aportado mas del 70% de las víctimas de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones de los “años de plomo”, por ende los autores intelectuales y beneficiarios de la barbarie, quedaron impunes y con su poder aumentado exponencialmente.

   Mientras la dirigencia política fué funcional a sus intereses, por omisión, cobardía y mediocridad (Alfonsín) o por acción, con un entusiasmo proporcional a su falta de estatura política, corrupción, e improvisación (Menem), multiplicaron su poder y concentraron mas y mas la riqueza, cuando todo estalló en el 2001, comenzaron a trabajar desde las sombras para preparar el futuro.

   Cierto es que entre 2003 y 2015, volvió un gobierno de carácter popular, que trató de restañar las profundas heridas dejadas por la exclusión y pobreza creciente y reconstruir la gobernabilidad, tan cierto como que no avanzó sobre estos poderes, que por otra parte si ya hubieran sumado sus votos en aquel año, habrían ganado las elecciones, Menem, López Murphy y Elisa Carrió sumaron en la primera vuelta el 55% de los votos, contra el 36% de las listas de Kirchner y Rodríguez Saá.

Un período poco estudiado o conocido es el interregno de la presidencia de Eduardo Duhalde, este asume luego de varios intentos fallidos (Puerta, Rodríguez Saá, Camaño) y de la mano de Jorge Remes Lenicov manejan la salida de la convertibilidad, costosa y difícil, logra que se alcance cierta estabilidad que se consolida con la llegada de  Roberto Lavagna, y con otra figura notable del momento que fue el ministro de salud, Ginés González García que evitó la quiebra total del sistema de salud ante la devaluación de la moneda. Estos dos funcionarios apuntalaron, luego el gobierno de Néstor Kirchner, cuando se consiguió una reestructuración histórica de la deuda externa y la cancelación de la deuda con el FMI. Lavagna fué reemplazado en el 2005 por Felisa Miceli y González García en el 2007, con Cristina Kirchner como presidente, por Graciela Ocaña.

   La década kirchnerista no logró detener la extranjerización de empresas, consolidó la dependencia de las divisas del campo, y a partir de 2011 no pudo mantener el crecimiento ni detener el proceso inflacionario. En esos años se instrumentó una profunda “desmenemización” del peronismo, exhibiendo la gravedad del daño infligido por las privatizaciones, los negociados, la desindustrialización, etc, pero se ocultó que el propio Néstor Kirchner había privatizado el Banco de Santa Cruz con el grupo Eskenazi, apoyó la privatización de YPF a cambio de las regalías, que fueron al Banco de Santa Cruz, de ahí que cuando en 2008 se intenta “argentinizar” la empresa petrolera, Kirchner convoca a Eskenazi para que compre el 25% de las acciones, llamativamente lo hace sin poner un peso ya que el importe a abonar se cubrió con un préstamo de Repsol (la empresa vendedora) y del Credit Suisse, cuando en 2012 Cristina Kirchner nacionaliza el 51% de YPF, el grupo Petersen (Eskenazi) le vende su reclamo al fondo Burford que es el titular del juicio que motivó el reciente fallo de la jueza Preska en Nueva York, he ahí la “burguesía nacional” a la luz.

   Asimismo aún se puede hallar en Youtube el discurso de Cristina en la Constituyente de 1994 donde afirmaba “Sería injusto hablar solamente desde la consigna o desde la mera crítica, sobre este modelo. Debemos reconocer también sus logros. No podemos obviar que cuando recibimos el gobierno en 1989 éramos un país fragmentado, al borde de la disolución social, sin moneda y con un Estado sobre dimensionado que como un dios griego se comía a sus propios hijos. Entonces hubo que abordar una tarea muy difícil, reformular el Estado, reformarlo, reconstruir la economía, retornar a la credibilidad de los agentes económicos en cuanto a que era posible una Argentina diferente. Se hizo con mucho sacrificio, pero se logró incorporar definitivamente pautas de comportamiento entre los argentinos, estabilidad, disciplina fiscal, todos ellos, logros muy importantes”.

   No intento descalificar a la ex presidente, fuimos millones los que consideramos que había que producir un cambio profundo en un modelo heredado de la dictadura, de empresas estatales hipotecadas y en virtual quiebra, empleo público en todos los niveles que encubría la falta de crecimiento en la economía, que luego advertimos que eso degeneraba en una subasta corrupta donde se liquidaban las empresas pero el Estado quedaba a cargo de sus deudas, resignaba la jurisdicción a tribunales extranjeros, se transfería a las provincias la responsabilidad de asegurar la salud y la educación, sin partidas presupuestarias, mientras un dólar barato permitía el turismo masivo en Brasil, Miami, Europa o el Caribe, una apertura indiscriminada que mantenía baja la inflación junto con el modelo de convertibilidad que llevaba a la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas y estimulaba un consumismo desenfrenado a los sectores con ingresos fijos y empleo registrado (pensemos que el que ganaba 1000 $ por mes ganaba 1000 U$S, cuando el salario mínimo era de 200 $, en 1995).

   Bueno habría sido que todos asumiéramos nuestra responsabilidad en lo ocurrido en esos años, no es pecado equivocarse, menos aún cuando muchas medidas se tomaron en medio de una crisis terrible, como la misma Cristina lo describe, un colapso del esquema bipolar mundial que había durado 45 años y la herencia terrible de la última dictadura, es mas, el rol del Estado y del sector privado en los servicios públicos es un debate pendiente.

   ¿Porqué se negó, se ocultó un pasado, que aún se conserva en las redes?, porque había que producir un relato que alejara al gobierno de la responsabilidad en un modelo económico y en una dirigencia política que habían sido repudiados en diciembre de 2001, había que ocultar símbolos partidarios, dejar de cantar “La marcha”, cuestionar “el pejotismo”, desplazar a “Los barones del conurbano” mote con el que se estigmatizó a los intendentes,  a Duhalde, pese a que era quién había apadrinado la candidatura de Néstor Kirchner en 2003, nace la “Transversalidad”, intento de construir un espacio con radicales disidentes, socialistas y ex comunistas que habían quedado a la deriva luego de la caída del Muro de Berlín, socialdemócratas y ex frepasistas, que tuvo su momento de gloria en el 2007 con la fórmula Cristina Kirchner- Julio Cobos, con un final por todos conocido.

   Con el auxilio de ideólogos como Bonasso, Verbitsky, José Pablo Feinmann y mas tarde Ernesto Laclau y Chantal Mouffé, se rearma la leyenda del Perón maligno y traidor que engañó a los jóvenes inocentes e idealistas, o bien del Perón viejo, gagá, manejado por su entorno, muy al gusto de ex montoneros y militantes del ERP, reconvertidos, que pasaron a ocupar cargos de gobierno, se levanta la imagen de Evita, como la verdadera revolucionaria, arquetipo junto al Che Guevara del sacrificio extremo por un ideal y si bien la de los derechos humanos era una causa justa, se la retoma para judicializarla respecto de los militares pero encapsulada en el discurso respecto de los responsables civiles, salvo con el grupo Clarín a partir del conflicto con el campo y a posteriori, recordemos que el último acto de gobierno de Kirchner en el 2007, fue aprobar la fusión de Multicanal con Cablevisión, nacimiento del “Monopolio”, “la corpo”, etc, dos años después.

   Es que se compra llave en mano el concepto de populismo de Laclau, un ex militante del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, liderado por Jorge Abelardo Ramos, que se enfrenta con éste porque reclama que la izquierda nacional, sus militantes y dirigentes “entren” al peronismo, que el socialismo es la ideología de la clase trabajadora, en Argentina los trabajadores son peronistas, por ende había que meterse en el peronismo para explicar a los trabajadores cual era su verdadera ideología. Ramos se opuso terminantemente, Laclau viajó a Inglaterra, obtuvo un cargo docente y olvidó sus devaneos revolucionarios, pero eso fue lo que hicieron Firmenich y sus secuaces tiempo después, con las consecuencias conocidas.

   En esta visión, el peronismo y otras expresiones populares son formas de un “populismo” virtuoso, nace cuando se logran hacer coincidir reclamos o demandas de diferentes sectores, no organizados, y se pone enfrente un “enemigo” responsable de esos problemas, con eso alcanza para empezar y luego se va construyendo la argamasa que mantiene unidos a esos sectores, tarea de una “vanguardia” con una ideología firme y estructurada en un partido de cuadros. El peronismo era ese “gigante invertebrado” del que hablaba Cooke, por ello se debía copar su conducción, dotarlo de ideología y…, aquí comienzan las dudas, ya habían desaparecido los ideales del socialismo, la revolución y cambiar el mundo, eso había terminado en un fracaso global con la desaparición de la Unión Soviética y la caricatura cubana de una revolución ¿y ahora que?

   Son los años de una nueva hegemonía, a los fracasos de Collor de Mello, Fujimori, Carlos Andrés Perez, Lacalle, Fox, etc, en los 90 y de Toledo, Zedillo, Battle o Gutiérrez en los comienzos del siglo XX, se abre paso una nueva generación de diversos orígenes e intenciones: Kirchner, Lula, Correa, Chavez, Evo Morales, Fernando Lugo, se muestran como los nuevos vientos de un sueño, la unidad de Sudamérica en un proyecto común y soberano, cada uno respondía a procesos históricos muy diferentes, pero los acercaba la necesidad de construir un poder en medio del unipolarismo de EE.UU, ante la desaparición de la URSS.

  En Argentina se intentaría construir un capitalismo al estilo de la socialdemocracia europea, con ampliación de derechos, adhesión a las agendas de las minorías sexuales, pueblos originarios, mejor redistribución de la riqueza, pero sin quebrar con herencias que resultaban un obstáculo insuperable, leyes de inversiones extranjeras, entidades financieras y código agrario de la dictadura, un poder económico que había aumentado su influencia a niveles antes desconocidos, con un monopolio absoluto de los medios de comunicación. Con serios problemas de balanza de pagos, de inversión y crecimiento, graves dificultades energéticas y el compromiso de un endeudamiento, que si bien había sido reestructurado, mantenía una demanda de recursos para ser atendido.

   En lo político, como lo dije anteriormente, se había tomado distancia de muchos dirigentes del peronismo histórico, especialmente con los gobernadores e intendentes, a los que se buscaba someter con los aportes del tesoro nacional, enfrentamientos con el movimiento obrero, al que se intentaba dividir y acercar a los dirigentes mas progresistas o de izquierda (según la opinión del gobierno) en detrimento de la repudiada “burocracia sindical” que representaba a la inmensa mayoría de los gremios industriales y de servicios, a los que, por ejemplo, se acusaba de haber sido aliados del “menemismo” y no haberse opuesto a las privatizaciones, demonizando así su propio pasado.

   No estoy negando pasos positivos como la recuperación de YPF o Aerolíneas Argentinas, el intento de ampliar el frente de gobierno con otras fuerzas políticas (más allá de las pésimas decisiones en los personajes elegidos), la idea de la necesidad de releer los caminos o iniciativas a la luz de las nuevas realidades del siglo XXI, apoyar fuertemente la investigación científica y disminuir la pobreza, pero al no modificar las estructuras económico-sociales que habían llevado al país a la tragedia del 2001, a la exclusión de 1 de cada 3 argentinos del trabajo, a  la crisis de un sistema educativo que exhibía gravísimas falencias, y un sistema de salud que estaba sometido al aumento permanente de sus costos por la dependencia de insumos y tecnología importada, a los cuellos de botella de balanza de pagos e ingreso de divisas, por la dependencia de un sector agropecuario que había dejado de producir alimentos para orientarse a los biocombustibles o a la soja y que luego del fracaso del gobierno con la Resolución 125/08 chantajeaba año a año a éste no liquidando sus ingresos por exportaciones, hacía crecer las dudas sobre el futuro.

   Si sumamos la soberbia y el sectarismo que fué restándole aliados, como la CGT y los movimientos sociales ante el “conmigo o contra mí” que bloqueaba todo debate, la rebeldía discursiva sin resultados, la reiteración de cadenas nacionales para anunciar “conquistas” o amenazar con medidas que no producían resultados, batallas perdidas contra el grupo Clarín o el Poder judicial, en una oposición que crecía, muchas veces encabezada por ex funcionarios del propio gobierno (como Massa, Randazzo o Lavagna), hacía prever horas difíciles.

   El poder económico y mediático vio que crecían sus posibilidades de derrotar al gobierno, usó el “periodismo de guerra”, la desinformación, las falsas noticias, el monopolio permitía mostrar una sola voz y repetirla a lo largo y a lo ancho del país, los problemas con la luz y el gas se magnificaban, el tema de la corrupción se amplificaba o directamente se inventaba, se fueron haciendo converger ex aliados del gobierno (Ocaña, Cobos), las viejas estructuras partidarias territoriales, ex menemistas políticos (Santilli, Ritondo, Massa) o devenidos empresarios (Manzano, Grosso, Pierri, De Narváez), se lanzó a un viejo representante de la Patria Contratista, vinculado a todos los negociados en obra pública o concesiones, como Mauricio Macri y el fin pasó a ser cuestión de tiempo.

   Si bien Macri no formaba parte de la élite empresarial que los miraba a él, como a su padre, como advenedizos, no dejaba de ser uno de ellos, ya no necesitaban cooptar un dirigente político o corromperlo, habían copiado el “modelo Berlusconi”, aquel en el Milán de Italia y éste en Boca Juniors, dirigir un club de fútbol muy popular, ganar todo y mostrar eso como capacidad para ser un ganador en cualquier cosa que acometa, no era un político trepador, era un empresario trepador e inescrupuloso. Teodoro Roosevelt fué interrogado una vez sobre porqué apoyaba a un dictador como Anastasio “Tachito” Somoza, respondió “Is a son of a bitch, but our son of a bitch” ¿está claro?

   El fracaso de Macri, un mediocre lleno de frustraciones personales, resentimiento y avaricia descontrolada, llevó al “círculo rojo” a advertir que tenía que buscar otro “jetón”. Javier Milei fué el elegido, lo preparó durante años en los programas de chismes e insultos del Grupo América (de Daniel Vila y José Luis Manzano) , proveniente de la Corporación América  donde comenzara su vida profesional, fue instalando una actitud de violencia y desprecio por la “casta política”, que era similar al sentimiento que crecía popularmente por el hartazgo y defraudación de ésta para con ellos, pusieron en marcha todo su poder comunicacional sobre la psiquis debilitada de todos nosotros por el temor y el encierro durante la pandemia y a caballito de la parodia timorata, irresoluta y conventillera de lo que es gobernar, encarnada en Alberto Fernández-Cristina Kirchner, volvieron al gobierno para finiquitar su trabajo.

   Ahora bien, ¿Todo lo ocurrido es culpa de la traición de Menem en los 90 o de la supuesta corrupción y falta de identidad doctrinaria de Néstor Kirchner o muy especialmente de Cristina Kirchner?, ¿de la infiltración y empoderamiento del progresismo?, ¿De la aparición de una banda de trepadores y oportunistas ávidos de poder, de dinero y sin escrúpulos como La Cámpora?, mi respuesta es NO, de ninguna manera, todo ello, si damos por ciertas esas afirmaciones, es consecuencia de haber olvidado a Itaca, de haber bloqueado en la memoria a la tierra de nuestros próceres e identidad, por ende hemos quedado flotando y sometidos a los diferentes vientos que han empujado la política mundial en los últimos 40 años, que han sido especialmente inestables, efímeros, cambiantes y convulsos, por lo cual habrían requerido una conducción con pulso firme, conocimiento de los mares a recorrer, ductilidad y atrevimiento, pero con una muy sólida escuela de navegación (entiéndase: formación doctrinaria) esto es, muy firmes principios, valores claros, identidad sólida y origen popular, no estoy hablando sólo de un hombre o mujer, a no confundirse hablo del capitán, pero también de cada miembro de la tripulación y la marinería, donde el mejor de todos conduce y los demás acompañan, pero donde el acompañamiento no es obsecuencia u oportunismo, sino lealtad, lo que implica debate y diferencias, esto neutraliza la influencia de traidores, oportunistas, besamanos, obsecuentes, mediocres, ambiciosos, etc, que no son una realidad solamente en el Peronismo, lo son en el trabajo, el equipo de fútbol, el grupo de amigos, el club del barrio, en todos los partidos y movimientos políticos de nuestra historia y de la del mundo.

   Un viejo adagio de la militancia expresaba “Perón nos dijo, hay que estar atentos y vigilantes, el problema es que se fueron los atentos” ¿Se entiende, no?

RUTAS ARGENTINAS HACIA EL COLAPSO VIAL EN ARGENTINA

Sobre el Decreto 461/2025, la disolución de la Dirección Nacional de  Vialidad y reestructuración de los  organismos intervinientes en materia  de regulación del Transporte 

CAMINO A NO TENER CAMINOS 

“Las calles podrían ser privadas, donde cada uno se encarga de su calle, y eso les genera ingresos, y el GPS le podría decir ‘usted va a tomar este camino, le va a costar tanto’” Javier Milei 

“En vez de pagar impuestos para la obra pública, se debe juntar la gente del barrio para decidir que se haga una obra” Diana Mondino

A partir del Decreto 461/2025 se dispuso el cierre de la Comisión Nacional del Tránsito y la Seguridad Vial, la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la Dirección Nacional de Vialidad y la reorganización de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte. Surge entonces un interrogante: 

¿Quién y cómo se va a administrar la red vial nacional? ¿Quién va a mejorar la conectividad y transitabilidad de la red? ¿Cómo se garantizará la integración de todas las regiones del país y su conexión con otros países a través de los corredores internacionales? 

 

Los organismos que hasta el mencionado decreto se ocupaban de estas tareas, tenían el importante rol de fortalecer el sistema vial y el transporte argentino con obras de expansión y mantenimiento, promoviendo el desarrollo sostenible. El desarrollo de la red nacional de rutas y caminos implica brindar mayor seguridad y conectividad para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de la Patria, propiciando el desarrollo de las economías regionales y la producción en general. Al mismo efecto se orientan las tareas de los organismos encargados de supervisar el correcto funcionamiento de los distintos sistemas de transporte que utilizan la red vial nacional. 

La Dirección Nacional de Vialidad, en particular, se financia en forma mixta. Por un lado, cuenta con recursos provenientes del Tesoro Nacional así como del Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte (FFSIT) creado por el Decreto N° 976/01 (el cual fue parte de los Fondos que se buscaron disolver con la Ley Bases en 2024, pero tuvieron que ser retirados de la misma). Por otro lado, recibe fondos de los organismos internacionales de crédito, en particular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Mundial (BIRF). 

Con este financiamiento se desarrollaban obras nuevas como duplicaciones de calzada de autovías y autopistas, incrementando así la capacidad de los caminos, favoreciendo la reducción de las probabilidades de siniestros graves, y también la fluidez en la circulación. 

A su vez se desarrollaban obras para vías de mediano tránsito, dotando a las tradicionales rutas “doble mano” de un estándar de seguridad superior. Circunvalaciones, enlaces, puentes y accesos a puertos y ciudades, obras que mejoran la seguridad y ahorran costos y tiempos de viaje al destrabar puntos neurálgicos para el transporte. ¿Cómo va a continuar el financiamiento de estas obras? 

El Estado se hacía cargo también de las obras de mantenimiento y la rehabilitación de la red vial nacional. Se trata de obras donde el contratista tiene la obligación de mantener un adecuado nivel de servicio durante un período de tiempo determinado, mediante una combinación de obras iniciales de rehabilitación y obras de mantenimiento rutinario, a cambio del cobro de una cuota mensual por parte del organismo. Este sistema es especialmente adecuado para los tramos de tránsito mediano, donde el cobro de un peaje no resulta suficiente para financiar el costo de las obras, pero sí requiere de un control permanente del estado de la calzada. 

En toda esta materia, se detuvo por completo el gasto/inversión de capital por parte del Estado Nacional, ya desde el 2024. De esta forma, se retira de su rol como ejecutor y conductor de un proyecto nacional, rol que entidades como la Cámara Argentina de la Construcción reconocen que debe ocupar, en tanto las obras de infraestructura necesarias para el desarrollo económico y productivo sólo son posibles con la intervención a nivel federal de inversiones que no realiza el sector privado. 

¿Qué pasa con los trabajadores de Vialidad Nacional? 

Desde diciembre de 2023 se viene realizando un ajuste por goteo en el organismo, no solo en materia de inversión, sino también en cuanto al personal. Desde la asunción de esta gestión, la DNV vio reducida en 500 puestos de trabajo su planta. Esto lo hace el Gobierno Nacional amparado en la defensa del superávit fiscal, pero también bajo la presunción de corrupción y vagancia de las personas que allí desempeñan funciones, desconociendo por ende los mecanismos con los que cuenta el Estado para hacer frente a estas cuestiones. 

Variación mensual del personal de DNV 

Noviembre 2023 – Mayo 2025 

Informes de Empleo y Salario en el Sector Público UNSAM – CIDISP 

Disponible en: http://www.cidisp.com.ar 

Si hay trabajadores que no cumplen con su función, hay mecanismos convencionales para identificarlos y tomar las medidas que correspondan. Para eso hay derechos y obligaciones de las partes en toda norma convencional. Mal que le pese al Gobierno, en esto su rol no es solamente el de ejecutor de políticas públicas, sino que le cabe su rol de empleador, ámbito en el cual debe respetar y hacer respetar los Convenios Colectivos de Trabajo y las leyes laborales que corresponden, haciendo parte a los sindicatos. Y si de corrupción se trata, que la Justicia investigue y se castigue a las partes: tanto funcionarios que no cumplen con el rol que les compete como a los privados que son parte de todo acto de corrupción. 

Sea como fuera, y se tome la medida que se tome, la información sobre el personal de la DNV no da cuenta de una planta excedida. No obstante esto, es importante remarcar que el Gobierno Nacional no ha presentado informes suficientes que aclaren parámetros por los cuales una reducción de la planta tendría sentido, habida cuenta de las funciones que por normativa preexistente debe ejecutar el Estado Nacional en materia de vialidad. 

Gasto en personal DNV sobre el total de la Adm. Central 2025 (en millones de pesos) 

Cantidad de puestos de trabajo de la DNV sobre el resto de APN 

(mayo 2025) 

A su vez, esto es lo que arroja un análisis del presupuesto cuando se comparan los distintos conceptos del “gasto” realizado por la Dirección Nacional de Vialidad 

Distribución del gasto de la DNV 2025 

(en millones de pesos)

 

La necesidad estratégica de un sistema vial y de transporte federal con alta inversión por parte del Sector Público es clara en todo el mundo, pero más lo es un país como Argentina, 8vo en superficie a nivel internacional. Con su vasto territorio, debe conectar con eficacia y eficiencia los distintos puntos neurálgicos para garantizar la comercialización de los bienes y servicios que produce. Tal es la importancia productiva de la red nacional de transporte y vialidad, que destruir el andamiaje de inversión en el sector implicaría una importante profundización de desigualdades regionales. Además, esto solo puede contabilizarse como un “ahorro” en el corto plazo, ya que desde el punto de vista estrictamente económico, una reducción en la inversión en el presente significa mayores niveles de inversión necesarios en el futuro. 

Además, si a esta falta de inversión en infraestructura se suma la falta de inversión en controles, capacitaciones e información sobre seguridad vial, tenemos un combo que garantiza el aumento de accidentes fatales y no fatales en las rutas nacionales. Por un lado esto significa un problema de salud pública, ya que veremos un aumento en muertes evitables (con el consecuente impacto también en las familias), así como personas que verán disminuidas sus capacidades producto de los accidentes no fatales. 

Por otro lado, esto significa un problema netamente económico en las familias, ya que la pérdida de capacidades en jefes o jefas de familia puede significar la vulneración de sus ingresos, la necesidad de que otros miembros refuercen sus tareas de cuidado o salidas laborales tempranas. A su vez, es un problema económico en términos de los servicios públicos de salud, ya que se verán sobrecargados los servicios médicos asociados no solo a la atención primaria para intentar prevenir los fallecimientos producto de los accidentes viales, sino también para los cuidados paliativos y quizá de por vida de las personas que queden con secuelas. ¿Serán los hospitales públicos, las obras sociales sindicales (desfinanciadas por parte de esta gestión) y sus trabajadores quienes deban hacerse cargo de los costos que implicarán el aumento en la siniestralidad vial? 

En resumen: 

¿Quién se hará cargo de el mantenimiento de más de 40.000 kilómetros de rutas nacionales asfaltadas y de ripio? 

¿Quién de la la planificación de autopistas y rutas seguras en zonas de alto tránsito? 

¿Quién de la señalización y colocación de defensas, rotondas y puentes? ¿Quién de la atención y prevención de emergencias viales, especialmente en épocas invernales o de inundaciones? 

La proyectada Agencia de Control y Concesiones, ¿estará preparada para esto? ¿Cómo se efectuará el traspaso del personal en términos conveniales? ¿O irán a engrosar las cifras de desocupación creciente en el país? 

La decisión de cerrar o “reorganizar” los organismos que regulan el tendido vial argentino es una más que hipoteca el futuro del país y clausura nuestra posibilidad de desarrollo económico y productivo. 

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EL VOTO DEL CONGRESO Y EL VETO DEL PRESIDENTE  

SISTEMA PREVISIONAL Y DERECHOS: ENTRE LA JUSTICIA SOCIAL Y LA SOSTENIBILIDAD 

“Gozar de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones, en los años últimos de existencia, es patrimonio del anciano” Constitución de la Nación Argentina de 1949

El jueves 10 de julio de 2025, el Senado de la Nación convirtió en Ley un aumento del 7,2% a los haberes y de $40.000.- al bono jubilatorio (congelado desde 2023), así como una ampliación a la moratoria previsional (caída el 23 de marzo). Esta ampliación significa que más de 200.000 personas, mayormente mujeres, puedan acceder a una jubilación. 

Esta medida significa un verdadero alivio económico para las personas en edad jubilatoria, uno de los sectores más golpeados por el Gobierno. Hoy en día, alrededor de 5.000.000 de jubilados cobran menos de 400.000 pesos por mes. Frente a esta decisión del Poder Legislativo de nuestra Nación, el Gobierno anunció que vetará o judicializará esta Ley, alegando “déficit fiscal”. 

Esto sucede bajo la presión y vigilancia del FMI y “el mercado” respecto al desempeño económico y político del Gobierno. Esto, como siempre fue históricamente, significa monitoreo del desempeño en términos de la capacidad de sostener un ajuste fiscal a costa de la calidad de vida, en primer lugar, de los jubilados, el sector público y sus trabajadores, pero también de la sociedad en su conjunto, que ve desarmarse su entramado productivo y su capacidad de desarrollo futuro. 

En términos éticos y políticos, el avance del Gobierno de La Libertad Avanza sobre los jubilados plantea dar por tierra con los principios por los cuales debe regirse una comunidad acorde a la noción de Justicia Social: que aquellos que trabajaron durante buena parte de su vida tengan la posibilidad, el derecho y la garantía de poder cubrir sus necesidades sin la obligatoriedad de continuar trabajando, si así no lo quisiese o no pudiese. 

Esto quedó plasmado en el “Decálogo de la Ancianidad” presentado por la compañera Eva Perón y luego incluido en la Constitución de 1949. Allí, los principios políticos de la Comunidad Organizada tenían una operacionalización muy concreta, donde se estipulaba que los “ancianos” tenían derecho: a la asistencia, a la vivienda, a la alimentación, al vestido, al cuidado de la salud física y moral, al esparcimiento, al trabajo, a la tranquilidad y al respeto. 

Legalmente y en la actualidad, el artículo 14 Bis de la Constitución Nacional da cuenta de que el Sistema Previsional es (y debe continuar siendo) política de Estado. El gobierno desconoce esto dejando desamparada a buena parte de la población en edad jubilatoria y catalogando esta norma de nuestra Carta Magna como “el cáncer del país”. La obligatoriedad para el Estado de hacerse cargo de la política previsional se encuentra además incorporada a nuestra Constitución a través del reconocimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto de San José de Costa Rica y el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales

Hay un tercer elemento, más allá del ético-político y el legal, que entra en juego a la hora de pensar cómo debe organizarse una comunidad, y cómo dicha comunidad debe garantizar los derechos de los trabajadores inactivos (en este caso los jubilados y pensionados), que tiene que ver con la factibilidad económica de las medidas que debe arbitrar el Estado para garantizar una vejez digna. 

¿Cómo se hace realidad efectiva un sistema previsional justo? 

Si bien desde este humilde espacio no consideramos tener todas las respuestas, sí nos parece importante por un lado reconocer la voluntad de hacerse dicha pregunta, para no caer en la simple retórica de nombrar cómo deberían ser las cosas. Es también necesario hacernos cargo de esto para que quienes quieren destruir el Sistema Previsional Argentino no sean los únicos planteando la cuestión de la factibilidad o sustentabilidad del mismo. 

Por otro lado, también es importante decir que el Gobierno no recibe simplemente un problema de déficit fiscal, sino que lo agrava, tanto en el presente como el futuro, minando las posibilidades de generar la producción y por ende la riqueza necesaria para hacer frente a los desafíos de una sociedad mundial en constante y acelerado cambio. En lugar de construir soluciones de fondo, el Gobierno opta por salidas fáciles que agravan problemas estructurales

La base del Sistema Previsional Argentino es la solidaridad. Solidaridad intergeneracional entre trabajadores activos e inactivos, a través de los aportes y contribuciones de los trabajadores formalizados, y solidaridad garantizada por el Estado a través de la fiscalización de los aportes patronales de esos mismos trabajadores. De esta forma la parte de la comunidad que se encuentran actualmente trabajando aporta una parte de la riqueza que produce para cubrir a las personas que ya no pueden hacerlo en forma plena, bajo la expectativa de que cuando se encuentren en esa condición, otros que trabajarán activamente aportarán para su subsistencia. 

Ahora bien, esta base de sustentabilidad se encuentra minada por varias causas de largo y mediano plazo, principalmente la informalidad, el desempleo, el congelamiento de salarios, y los cambios demográficos. Esto hace que cada vez haya menos personas y empresas aportando para las jubilaciones, lo cual tendencialmente debe subsanarse con fondos públicos, generando la necesidad de aumentar la base impositiva, que además en Argentina se encuentra en uno de sus momentos más regresivos. 

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La informalidad en el empleo en Argentina es de 42%, pero este número esconde una profunda heterogeneidad. Mientras en ramas del empleo como el servicio doméstico y la construcción supera el 75%, en la industria manufacturera la informalidad es de un 36,1%. Los regímenes de liberalización comercial y de inversión como el RIGI justamente hacen peligrar el empleo en este sector de mayor (aunque decreciente) formalidad, que hoy es el más vulnerable frente a la apertura comercial indiscriminada. 

Además, el cese de la ejecución de políticas públicas como la obra pública, el control de los caminos y rutas de transporte, del desarrollo tecnológico que tanto han promovido organismos como el INTI, el CONICET, entre otras áreas de innovación y desarrollo científico de nuestro Estado Nacional, no ha hecho más que profundizar este largo proceso de desindustrialización de la Argentina, vulnerando derechos laborales en su camino y, como subproducto, destruyendo las condiciones de posibilidad de un Sistema Previsional sustentable y sostenible. 

Por todo esto, discutir el sistema previsional es debatir qué modelo de sociedad queremos: una que garantice derechos o una que los subordine a la lógica del mercado y el ajuste.

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Imperialismo judicial, dirigencia fallida

Por Claudio Scaletta*

Con la indignación no alcanza. Existe una desconexión entre la clase dirigente y las consecuencias de sus actos. La culpa no es siempre de los otros. La decadencia ya lleva demasiado tiempo. Medio siglo es demasiado tiempo. La economía no crece, el producto per cápita cae tendencialmente. Las condiciones de vida se deterioran. La clase media se achica sin parar y se consolida un núcleo duro de pobreza estructural. Los científicos emigran por asfixia económica. La infraestructura energética y de transporte se deteriora sin parar. Los resultados de las pruebas educativas son decepcionantes. La salud pública, la única a la que accede la población de menores ingresos, permanece bajo ataque. Las jubilaciones se pauperizan, envejecer no es tiempo de alivio, sino de desgracia. La estructura productiva se descomplejiza. La deuda pública aumenta persistentemente. Los grados de libertad de la política económica desaparecen en el altar del poder de los acreedores. Y todos y cada uno de estos problemas fundamentales, esenciales para cualquier país, se mantienen mayormente ausentes de un debate público abiertamente conducido por unas pocas corporaciones. Los medios de comunicación ya no pertenecen a periodistas, sino a grupos empresarios. Su objetivo central es distraer, los momentos de seriedad se reservan para asociar la precaria estabilidad económica con la necesidad de destruir los restos del Estado, el gran objetivo, el enemigo que cobra impuestos.

En el camino parece darse la vida por ahorrar unos pocos pesos en el Presupuesto, mientras que sumar miles de millones de dólares de deuda nueva no le importa a nadie. Una escala de prioridades en el mejor de los casos “extraña”. El mismo Presidente que se jacta de llevar adelante el ajuste más grande de la historia declara suelto de cuerpo su “voluntad de pagar” los 16.000 millones de dólares inventados por un tribunal extranjero, otro dato “extraño”. Mientras tanto la población contempla siempre mansa. Solo desespera a la hora de votar cuando, impotente, patea el tablero sin advertir sobre quienes caerán los pedazos.

El nuevo fallo buitre, el último capítulo del neoimperialismo judicial, puso nuevamente en primer plano el patetismo de la clase dirigente local. En vez de unirse frente al enemigo común que intenta apropiarse de la principal empresa estratégica del país, el fallo se utiliza para la politiquería cortoplacista, para echar culpas, para enfatizar preferencias ideológicas sobre el rol del Estado. Puede que la población no elija a sus representantes en función de nuestros gustos, pero no se equivoca cuando su voto expresa un sentimiento anticasta. La identificación del rechazo a la casta, incluso antes que el problema de la inflación, fue el principal acierto electoral de Javier Milei. No importa que La Libertad Avanza se comporte hoy como una ultra casta. La población eligió a un outsider de la política porque, con razón, se hartó de su clase política.

Lamentablemente no alcanza con votar. El país sigue sin poder construir consensos básicos. El día que Mauricio Macri decidió pagarle a los fondos Buitre más dinero del que reclamaban, 18.000 millones de dólares cuando Kicillof como ministro de Economía ya había negociado 13.000 millones y se aspiraba a seguir reduciendo el número, sentó un peligroso precedente para el futuro. En adelante a ningún fondo buitre le importaría la resistencia de un gobierno que defendiera los intereses nacionales, siempre llegaría una nueva administración más permeable, más venal. Siempre llegaría un Milei con voluntad de pago.

Pero cuidado, no es una historia de buenos y malos. El grupo Petersen vendió el reclamo a YPF al fondo Burford en “sólo” 17 millones de euros, pero tomó la precaución de quedarse con el 30 por ciento de lo que se obtuviera al final del camino. Suponiendo 16.000 millones de dólares, podría quedarse con 4.800 millones. El “grupo Petersen” es el nombre empresario de fantasía de la familia Eskenazi, grupo financiero fundado por papá Enrique que nació al gran capital de la mano de la privatización del Banco de Santa Cruz. Tal el origen del “capital nacional” que Néstor Kirchner, en su página más oscura, hizo entrar por la ventana a YPF, “los expertos en mercados regulados” que en dos etapas se hicieron con un cuarto de las acciones de la compañía sin poner un solo peso, una ingeniería financiera inaccesible para la comprensión de los comunes mortales, pero convencional y habitual según algunos economistas, no solamente ortodoxos. Este fue el fracasado, desde la perspectiva del país y de YPF, paso previo a la reestatización.

Lo que se intenta destacar aquí no son los pormenores del fallo de la jueza Loretta Preska, la heredera del tristemente célebre juzgado buitre del extinto juez Thomas Griesa, pormenores que a esta altura el lector seguramente conocerá, sino poner en primer plano las potencialidades del desarrollo que quedaron en el camino o se demoraron y que no son atribuibles a la impericia o virtud de tal o cual gobierno, sino a la falta de políticas de Estado, esas que para cualquier proyecto de desarrollo deberían ser indiscutibles cualquiera sea la fuerza que gobierne.

YPF se reestatizó vía expropiación respetando todos los caminos constitucionales, es decir de la legislación local e internacional, porque en su etapa privada el país perdió el autoabastecimiento energético. No fue una razón ideológica, sino de racionalidad económica básicaEl año de la recuperación del 51 por ciento de las acciones fue 2012. Es importante recordarlo hoy para advertir el efecto mariposa de las decisiones económicas. La privatización se tradujo en el virtual vaciamiento de la empresa por parte del capital español, que en la década del ’90 del siglo pasado disfrutó de la segunda conquista de América. La pérdida resultante del autoabastecimiento, es decir la reaparición del déficit energético, aceleró la reaparición del déficit de la cuenta corriente del balance de pagos. Para no devaluar el gobierno de entonces recurrió al cepo cambiario, lo que siguió es historia conocida. Pero la restricción externa fue un hecho y fue la razón del estancamiento económico iniciado en 2011 y que se proyecta hasta el presente. Tal el efecto de largo plazo de las malas decisiones económicas. De la misma manera, La Libertad Avanza disfruta en el presente de la buena decisión de la recuperación de la compañía, la que permitió el desarrollo de Vaca Muerta, que la española Repsol pretendía vender, y de los hidrocarburos no convencionales en general. Sin contar el bochornoso capítulo Eskenazi, el kirchnerismo se tomó 9 años para recuperar la empresa. Siempre más vale tarde.

Pero el balance más triste es que de las malas experiencias no se aprendió nada. La clase dirigente local, la más entrenada del planeta en desperdiciar oportunidades de desarrollo, cree que no será ella quien deba enfrentar el costo del nuevo fallo de la pata judicial del imperialismo. En paralelo, las clases medias no advierten que sus viajes baratos al exterior son posibles, por ahora, gracias a la recuperación de 2012, la que en el presente aporta los dólares del superávit energético que ayudan a sostener la sobrevaluación cambiaria. Y finalmente, tampoco se aprendió que no cerrar filas frente a los buitres del exterior y preferir la mezquindad política tiene efectos devastadores en el largo plazo, en este caso la potencial pérdida de la última empresa estratégica que le queda al Estado nacional para promover un sector dinámico por fuera de los intereses de corto plazo del capitalismo más rapaz.

*Lic. en Economía (UBA). Autor de “La recaída neoliberal” (Capital Intelectual, 2017).

https://www.eldestapeweb.com/opinion/javier-milei-presidente/imperialismo-judicial-dirigencia-fallida-2025730550

La proscripción como síntoma de una crisis más profunda

Por Gustavo Matías Terzaga

La ofensiva judicial final contra Cristina Fernández de Kirchner ha alcanzado un punto de inflexión que trasciende lo jurídico y se inscribe de lleno en la disputa por el poder real en la Argentina. Lo que está en juego no es la resolución de una causa penal ordinaria, que no resiste el menor de los análisis jurídicos, sino la consolidación de un modelo de intervención del partido judicial directa en la arena política, en beneficio del proyecto de desguace nacional que encarna el actual gobierno de Javier Milei como fase final del programa antinacional iniciado el 24 de marzo de 1976, y que se enlaza con el 16 de junio de 1955.

El fallo que dejó firme la condena a Cristina —y habilita su encarcelamiento a 6 años de prisión— es la culminación de una operación de disciplinamiento político diseñada por el núcleo duro del poder económico, mediático y judicial del país. Se trata de una acción coordinada entre actores que han usurpado funciones políticas por fuera de toda legitimidad democrática. En este sentido, puede afirmarse sin eufemismos que estamos frente a una forma de golpe de Estado en clave contemporánea: silencioso, técnico, revestido de moralismo y de legalidad aparente, pero con una gravedad institucional comparable a los momentos más oscuros de nuestra historia. En democracia.

La historia política argentina está atravesada por una práctica sistemática de exclusión de los liderazgos populares mediante mecanismos de fuerza, proscripción, fraude y violencia. Hipólito Yrigoyen fue depuesto por un golpe cívico-militar en 1930 que inauguró la «década infame», donde el voto fue sistemáticamente vulnerado a través del fraude electoral. En 1955, Juan Domingo Perón sufrió un bombardeo criminal sobre Plaza de Mayo que dejó más de 300 muertos. Pero no bastó con el exilio: durante 18 años el peronismo fue formalmente proscripto. No se permitía usar su nombre, sus símbolos, su doctrina. La proscripción no fue sólo jurídica, sino cultural y social. Fue el intento de amputar de raíz cualquier posibilidad de que los sectores populares volvieran a construir mayoría política.

En ambos casos, la clase dominante argentina, con apoyo de sectores civiles, eclesiásticos, partidarios, judiciales y militares, buscó sustraer del juego democrático a líderes cuya legitimidad nacía del sufragio popular y del vínculo con las mayorías postergadas. En ese marco, la actual persecución contra Cristina Fernández de Kirchner debe leerse en esta misma línea: no se trata sólo de una causa judicial, sino de un intento de proscripción política —no menos grave por ser encubierta en ropaje jurídico— que busca disciplinar, dividir, paralizar y desarticular al campo nacional y popular.

El lawfare ya no es simplemente una estrategia judicial para corroer liderazgos populares, sino el modo de gobierno mismo del liberalismo antinacional. No hay dictadura clásica, no hay tanques, pero hay proscripción, persecución, hubo bala en su frente que milagrosamente no salió, y una estructura de poder que decide quién puede participar políticamente en la vida democrática y quién no. Consumada esta condena, no sólo queda herida de muerte la posibilidad de una candidatura de Cristina, sino que se rompe el pacto democrático desde 1983. Lisa y llanamente.

Esto no es un episodio aislado, es la maniobra que faltaba para completar el dispositivo autoritario que sostiene al gobierno de Milei: primero fue el vaciamiento del Congreso mediante decretos y superpoderes, luego el ataque a las organizaciones sociales y sindicales, después el empobrecimiento deliberado del pueblo mediante tarifazos, devaluación de nuestra moneda y destrucción del poder adquisitivo del salario. Ahora, la avanzada final y a menos de dos años de gestión: eliminar judicialmente a la dirigente popular que aún conserva legitimidad electoral y capacidad de articulación política. Frente a este cuadro, el silencio o la equidistancia ya no son opciones ni éticas ni políticas. Defender a Cristina no significa negar sus errores de conducción que han favorecido el presente escenario, ni caer en el culto cerrado a su personalidad. Significa defender la posibilidad misma de una alternativa nacional, democrática y popular. Significa, también, resistir la instalación natural y definitiva de una dictadura económica sostenida por jueces serviles y blindada por medios de comunicación que operan como tribunales paralelos.

La ceguera en el análisis político y su factura

Si la historia vuelve a repetirse —como farsa, pero con consecuencias reales—, no es por fatalismo o designio de la providencia, es porque no supimos, no quisimos o no pudimos advertir a tiempo el proceso que se avecinaba. Los actores políticos de la democracia argentina, nacida en 1983, cometieron un error fundacional: colocaron en el centro del horror a los ejecutores —los militares—, pero dejaron fuera del banquillo a los verdaderos arquitectos del terror: los grupos económicos y financieros que diseñaron y capitalizaron la dictadura genocida. En nombre de la unidad nacional, se narró el pasado reciente como una tragedia puramente militar y se concentró allí toda la energía, como si el terrorismo de Estado hubiese sido una anomalía del orden institucional que se solucionaba manteniendo a raya a los militares vaciando a las FFAA, y no la fase más violenta del proyecto económico oligárquico que aún hoy nos gobierna y nos somete a diario.

Esa lectura simplista, aunque políticamente útil en el corto plazo, tuvo consecuencias devastadoras que hoy vienen asomando con toda su evidencia. Esa miopía permitió consolidar la impunidad de los civiles beneficiarios de la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976–1983) que no fueron simplemente cómplices pasivos: fueron actores activos, impulsores e incluso arquitectos del modelo económico y político que impuso el régimen. Identificarlos con precisión histórica no sólo hubiese sido clave para hacer justicia, sino también para entender políticamente el andamiaje y la continuidad del proyecto neoliberal que sigue operando en la Argentina actual: La Sociedad Rural Argentina (SRA); el Grupo Techint; el Grupo Macri – Socma / IECSA; el Grupo Clarín; ACINDAR; La Asociación Empresaria Argentina (AEA) y sectores de la Unión Industrial Argentina (UIA); Ford, Mercedes-Benz, Fiat, La Veloz del Norte, Ingenio Ledesma; los Pérez Companc; Astarsa; Bunge & Born; Mercedes-Benz; la Asociación de Bancos Argentinos (ABA); estudios jurídicos corporativos; y todo el núcleo del poder empresarial que fue ideólogo, impulsor y beneficiario directo del golpe, y que entregaron listas de delegados sindicales, muchos de los cuales fueron secuestrados en operativos represivos dentro de las propias plantas. A todos ellos se les otorgó el privilegio del anonimato. Mientras los militares ocupaban el lugar de villanos unívocos en los discursos escolares y en las movilizaciones del 24 de marzo, los verdaderos ganadores de la dictadura amasaban poder económico, financiero y político en plena democracia. Tanto es así, que hasta alguno se dió el lujo de llegar a presidente, y algún otro, desde las sombras, lo consideró “un puesto menor”.

Una democracia mal parida

La omisión de señalar y juzgar con claridad a los verdaderos beneficiarios civiles del terrorismo de Estado no fue un descuido involuntario del nuevo régimen democrático nacido en 1983. Fue una omisión deliberada, estructural y profundamente funcional a los límites del proceso de democratización liberal que se impulsó bajo la presidencia de Raúl Alfonsín. La transición democrática, celebrada por amplios sectores como una refundación republicana, se construyó sobre un pacto implícito: reconciliarse con un sistema político abierto, si, pero sin revisar el corazón económico de la dictadura. Se juzgaron —con justicia y valentía— los crímenes más atroces de las Fuerzas Armadas, pero se dejó intacto el andamiaje económico del modelo neoliberal instaurado entre 1976 y 1983, por caso, la aún vigente Ley de Entidades Financieras.

Ese modelo fue una imposición estratégica de clase, cuyo objetivo fue disciplinar al movimiento obrero, destruir la matriz industrial sustitutiva de importaciones, voltear las chimeneas de Perón, abrir la economía al capital financiero transnacional y reorganizar socialmente a la Argentina según las reglas de “civilidad” de las potencias occidentales. En esa lógica, acordar con Alfonsín era tolerable para los poderes fácticos. Lo que debía quedar incuestionado no era sólo la titularidad del poder económico, sino también el relato histórico que desvinculó a esos actores civiles del horror dictatorial. La democracia liberal restaurada necesitaba construir un relato purificador, donde el problema fuera la “irracionalidad” de los militares, y no el proyecto de recolonización económica que se vino a ejecutar. Esta narrativa permitió aislar la represión de su finalidad económica, despolitizar el terror, y así garantizar que las élites civiles responsables del saqueo estructural conservaran su lugar sin ser interpeladas. En otras palabras, se juzgaron las formas, el método, pero no los fines. La democracia nacida en 1983 nació con una fractura constitutiva: la imposibilidad de avanzar sobre los verdaderos ganadores del genocidio. Esa fractura sigue vigente. Y explica por qué, casi cincuenta años después, seguimos discutiendo cómo desarmar un modelo de país basado en la exclusión, la valorización financiera y el saqueo externo que ha arrojado 50% de pobreza institucionalizada en una nación rica, grande y despoblada, pero sin dar con los autores del gran crímen nacional.

Desde entonces, la democracia argentina ha estado bajo tutela. No militar, sino financiera. Una dictadura económica sin uniforme ni cuartel, pero con oficinas en la City y terminales en Washington, capaz de vetar programas, disciplinar gobiernos, torcer la voluntad popular a través de corridas financieras, endeudamientos inducidos y ciclos de inflación planificada. Esto explica por qué Cristina Fernández de Kirchner —por haber osado tocar intereses, recuperar parte del patrimonio nacional, enfrentar ocasionalmente a los buitres, reindustrializar parcialmente el país y reconfigurar el clima político nacional con protagonismo popular, aún sin reformar estructuralmente la matriz del país oligárquico— se convirtió en blanco del mismo aparato judicial, mediático y financiero que nunca fue juzgado por su rol en los años más oscuros.

Pero pensemos, qué otra cosa le podría haber ocurrido al peronismo si no la de ir perdiendo su propia identidad con el paso del tiempo en el marco de este “Estado democrático”, formalista, alejado de toda posibilidad de volver a construir un “Estado soberano” como el de Juan Domingo Perón?. Las tres banderas del justicialismo, en la práctica, murieron con Perón, por eso llegamos a este escenario de potencial disolución nacional. La última versión progresista del peronismo, el de la “década ganada”, fueron los mejores gobiernos que el pueblo supo darse luego de Perón.

El desafío, el pleito por el sentido y el esclarecimiento del drama. Por eso, el presente exige una revisión radical del pasado. Ya no alcanza con conmemorar el Nunca Más. Ya no se trata de desapariciones masivas y vuelos de la muerte, sino de exclusión planificada, desnutrición infantil, hambre estructural, desindustrialización, desocupación, pérdida de soberanía, destrucción de derechos, suicidios por desesperación, jubilaciones reducidas a la nada, medicamentos inalcanzables, salud privatizada, educación desfinanciada. La muerte ya no llega con un golpe en la puerta a la madrugada, sino con una factura de luz impagable, con un recorte brutal del salario real, con un hospital sin insumos. No hay comunicados militares en cadena nacional, pero sí un relato mediático sistemático que justifica este sacrificio social como necesario, inevitable o incluso deseable ante una potencial “reconstrucción” desde las cenizas. Lo que está en marcha desde hace décadas es una política sistemática de destrucción nacional y exclusión social. Y, como toda política de exterminio lento, su peligrosidad reside en la naturalización, en la pasividad que genera, en el silencio con que avanza. Como vemos, un dispositivo menos brutal en las formas, pero mucho más sofisticado y eficaz, el cual nunca pudimos desactivar por ausencia de una lectura original y de fondo que nos proveyera de otra claridad y otra voluntad política.

El gran desafío del campo nacional y popular es invertir esa matriz. Nombrar a los verdaderos responsables, contar quién gana y quién pierde. Poner esos apellidos en las pancartas cada 24M y aprovechar esa fecha nacional para debatir y esclarecer al conjunto. Construir una memoria completa sin temor al barro de la historia, sin prejuicios fundantes de la inacción. Asumir que sin justicia económica no hay democracia posible. Que sin romper el pacto de impunidad con los poderes económicos de la dictadura, no habrá futuro para nuestros hijos, ni para los millones de trabajadores, jóvenes y jubilados que hoy son víctimas de una nueva forma de exterminio: el social, el económico, el cultural y, sobre todo, el de destino.

El efecto paralizante de la proscripción. La proscripción de Cristina Fernández de Kirchner no sólo representa un ataque judicial y político dirigido desde los sectores oligárquicos, sino que, en términos más complejos, y en el marco de las categorías menores de la dinámica política coyuntural, interrumpe y congela el desarrollo de la experiencia política del movimiento nacional, del peronismo y de amplias franjas del pueblo argentino. Se trata de una regresión forzada al momento del cierre del ciclo kirchnerista en 2015, con todas sus contradicciones irresueltas y su sistema de representaciones sin actualizar.

Ese congelamiento opera como una detención del tiempo político: en vez de avanzar en una discusión profunda sobre estrategias, liderazgos, reconstrucción del tejido organizativo y nuevos horizontes de sentido para las mayorías, el movimiento se ve empujado de nuevo a un escenario de resistencia identitaria, a una lógica de repliegue. Se interrumpe así la posibilidad de síntesis superadora y maduración, de ensayar nuevas formas de representación popular que surjan no de la negación del pasado reciente, sino de su asimilación crítica para que tribute a un diagnóstico lo más racional posible. Cada vez que el poder judicial ataca a Cristina, la fortalece momentáneamente y la provee de centralidad, pero nuestra política queda en suspenso, a la defensiva y sin iniciativa.

Este fenómeno tiene consecuencias gravísimas: en vez de pensar un proyecto de país en clave de futuro, volvemos a defender posiciones ya conocidas que no han venido arrojando buenos resultados, sin revisar ni superar sus límites. Y esa parálisis también es parte del objetivo del bando antinacional. La judicialización de Cristina funciona como instrumento de disciplinamiento colectivo. Obliga al movimiento nacional a cerrar filas, pero sobre heridas abiertas. Impide elaborar el duelo de las derrotas electorales y de conducción de los últimos años, y desactiva toda posibilidad de disputar el sentido común al interior de nuestras filas, por fuera del eje «con Cristina o sin Cristina», como viene siendo.

Lo más perverso del proceso es que, al pretender eliminarla políticamente, el poder real logra reinstalarla en el centro del escenario sin permitir ninguna evolución. La política deja de ser disputa por el porvenir y se convierte en un ciclo de defensa nostálgica permanente. Es el perfecto empate reactivo: mientras Cristina es atacada y el movimiento nacional la defiende, el país se hunde en una ofensiva neoliberal sin precedentes, sin una conducción estratégica a la altura del momento. En este contexto, la proscripción de Cristina no busca neutralizar una amenaza electoral concreta, sino cumplir una función política más profunda: hacia adentro, disciplinar al campo popular, inhibir cualquier intento de renovación autónoma bajo amenaza de castigo; hacia afuera, consolidarla como emblema del “populismo corrupto” y del pasado a sepultar, anclando al peronismo en una crisis crónica de legitimidad e identidad que impide toda recomposición estratégica. Pero, además, se busca tensar al máximo el escenario político y social, llevar la polarización a un punto de no retorno, donde toda disidencia con el orden neoliberal sea reducida al extremo más sintético posible: corrupción o libertad, barbarie o futuro, combustible para alienar el antiperonismo . Una sociedad partida, sin centro ni amalgama, es terreno fértil para el ajuste sin resistencia dentro de la lógica de la grieta.

En definitiva, la ofensiva contra Cristina no busca simplemente castigar un pasado, sino clausurar un futuro posible con protagonismo popular. No se trata sólo de excluir a una dirigente de peso, sino de inmovilizar al movimiento popular, impedirle reconstruirse, pensarse con libertad, rehacer su identidad. La proscripción pretende disciplinar hacia adentro y estigmatizar hacia afuera; impedir la síntesis, quebrar la continuidad histórica, fijar al bando popular en una escena de derrota sin salida.

Por eso, defender a Cristina —con sus límites, aciertos y responsabilidades— no es un acto de nostalgia, sino una afirmación política: es rechazar la condena de impotencia que nos quieren imponer, es sostener la vigencia de un proyecto nacional ante el intento de disolverlo en el país del neoliberalismo eterno. Si nos quitan incluso la posibilidad de reinventarnos, lo que están proscribiendo no es sólo a una persona, sino al pueblo como sujeto y protagonista de la historia.

* El autor es presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico “Arturo Jauretche”, de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

https://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/la-proscripcion-como-sintoma-de-una-crisis-mas-profunda

“…el fallo que si va a salir”

Por Omar Auton

“Cristina, entre la bala que no salió y el fallo que sí va a salir”, tituló, el 11 de setiembre de 2022, apenas diez días después del fallido intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, Pablo Vaca en una nota en el diario Clarín. En estos días, posteriores a la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, cuando la ex presidente se lo recordó, dijo que se lo había tergiversado, como si pudiera tener interpretaciones contradictorias una afirmación de tal contundencia.

   Escribo esto apenas 72 horas después de conocerse el dictamen de la Corte y ante la ira popular frente a una decisión que difícilmente podría superar el análisis de un tribunal integrado por juristas íntegros y serios, trataré de dar una visión amplia de la gravísima situación institucional que atraviesa nuestro país, mucho mas dramática y preocupante que el fallo en sí mismo, que agravia el sentido común de cualquier ciudadano medianamente informado, mas allá de lo que piense del matrimonio Kirchner o de la existencia de corrupción en su gobierno.

   Voy a comenzar diciendo que, indudablemente, mas allá de sus debilidades, contradicciones,  escaso compromiso transformador, pese a la riqueza literaria de sus discursos, vocación incomprensible por elegir muy mal sus aliados y fracturar permanentemente el frente que los llevó al gobierno, especialmente Cristina Fernández de Kirchner, a raíz de lo cual llegó debilitada al fin de su segundo mandato, esos doce años fueron los que brindaron al pueblo argentino mayor bienestar, avances en derechos, mejor política internacional y esperanzas, de los 42 años de democracia.

   En segundo lugar, hay que reconocer que un porcentaje mayoritario del pueblo está convencido que hubo serios casos de corrupción en sus gobiernos, nos guste o no, esa es la realidad, la comparación entre el patrimonio de la familia gobernante cuando Néstor Kirchner asumió el gobierno en 2003 y el que se conoce en 2015, los niveles de vida de toda la familia, propiedades, etc. seguramente serían polémicos entre nosotros si se tratara de dirigentes de otra fuerza política. Hechos como el accidente de trenes de Once, de febrero de 2012, que dejó 51 muertos luego de casi una década donde la administración de los hermanos Cirigliano ya no resistía mas críticas y advertencias sobre un posible hecho luctuoso y la inmediata reacción estatizando su manejo, adquiriendo material en China y renovando en dos años lo que no se había hecho antes, dejó flotando la pregunta ¿Porqué no lo hicieron antes?.

   Las dudas con las famosas valijas de Antonini Wilson, algunas licitaciones del Ministerio de Obras Públicas, el manejo de las tarifas y subsidios a la energía, las mediciones del Indec, fueron cuestiones que provocaron suspicacias, magnificadas por cierto por el poder mediático concentrado y la oposición política. Ante esto no alcanza con responder “Los que hablan son los que robaron y vaciaron el país durante todos estos años” o “En los 90 no decían nada”, porque aunque fuera verdad, y en gran parte lo era, no es suficiente, el hecho de ser menos corrupto que mis denunciantes no me exime de responsabilidad.

   Lo escandaloso es que Cristina Kirchner sea juzgada por cuestiones políticas como el Memorándum con Irán (que además fué aprobado por el Congreso de la Nación) o el dólar a futuro y en este caso, el primero que llega a su fin, con la figura, muy creativa pero insostenible, de la “omisión impropia” es decir que ante un hecho de corrupción cometido por un funcionario de nivel medio, que son centenares, se pueda condenar a quién ejerce la primera magistratura, alegando que debería haberlo sabido o averiguado y sobreseer a todos los funcionarios intermedios que deberían haber informado a el o la presidente, preparémonos para condenar a todos los presidentes vivos, los CEO,s de las empresas, titulares de ONG, etc, donde se haya descubierto un acto de corrupción, por ejemplo la sustracción de hojas para las impresoras, aunque suene a un disparate, es que suena a lo que es.

   Recordemos que el caso fué dormido y reactivado durante 17 años, que Cristina no figuraba imputada, que quién la denunció fué Javier Iguacel, administrador de Vialidad Nacional entre 2015 y 2018 por chats de José López, el célebre lanzador de bolsos con dinero por sobre el muro de un convento, sin que jamás se citara a declarar a los involucrados en los mismos, que llamativamente la auditoria que dió fundamentación a la denuncia se hizo solamente en la Pcia. de Santa Cruz y lo que es peor, los peritos designados concluyeron que la diferencia entre lo construido era de apenas el 0,6% ¡¡por una rotonda faltante!!, entre los empresarios llamados a testimoniar, entre ellos el primo del ex presidente Macri, hubo coincidencias en que no hubo cartelización de la obra pública, fué público el manoseo en la integración de las cámaras judiciales intervinientes, una Corte Suprema de Justicia que goza del descrédito general por, entre otras barbaridades, haber tomado juramento a un integrante de la misma (García Mansilla) designado por Decreto, en clara violación de la Constitución Nacional.

   Sería larguísimo enumerar la cantidad de disparates, direccionamiento, faltas al debido proceso que caracterizan a esta sentencia, ni que hablar el hecho que uno de los tres cortesanos (nunca tan bien aplicada esta palabra) haya anunciado semanas antes que “El fallo iba a salir antes de las elecciones”, pero eso está en cualquier medio, la pregunta sería, ¿Porqué si hubo tantos casos de corrupción en los gobiernos de los Kirchner, se enfatiza en cuestiones no judiciables como los actos de gobierno o en este mamotreto impresentable?

  La mayoría de nuestro pueblo da por sentado que se trata de evitar causas en que los involucrados serían conspicuos dirigentes políticos como Macri, sempiterno beneficiario de la obra pública o los mismísimos integrantes del llamado “círculo rojo” empresario, esto es resultarían imputados empresarios y dirigentes políticos de la oposición mas feroz.

   Hace años que en toda América y también en Europa, se habla de la existencia de la “corrupción sistémica” tanto en la obra pública como en el manejo de las finanzas del Estado, para aclarar este concepto volveré a algo que ya mencioné en algún capítulo anterior. El arzobispo de Buenos en 1991, Jorge Bergoglio, nos hablaba de la diferencia entre Pecado y Corrupción, entre la falta aislada, el error puntual (el Pecado) y la conducta habitual (la corrupción) hasta los años 90 nosotros conocíamos los “Pecados” de algún dirigente o grupo de ellos, puntual, pero en ese fin de siglo aparece la corrupción ya no como “Pecado” sino como un sistema para financiar al conjunto de la actividad y dirigencia política, esto pasó aquí y en muchos otros países (el “Lava Jato” brasileño fué un ejemplo).

   En ese sistema, muchos empresarios se volcaron a la política convencidos que ahorraban al no tener que “aportar” para un político que beneficiara sus intereses si asumían ellos mismos la actividad política, de ahí que la “puerta giratoria” entre empresa-cargo público, partido A-partido B o cargo público-empresa se haya vuelto conducta común y normal y ni siquiera se lo ocultó.

   El Poder Judicial no escapó a este festival de “enriquecimientos”, jugar partidos de fútbol, hacer viajes turísticos entre jueces, políticos y empresarios o financiados por el poder económico, designar jueces subrogantes para completar cuerpos colegiados, pasar por encima de la jurisdicción correspondiente por el territorio donde se cometieron los hechos y “traer causas” a Comodoro Py (pinchaduras telefónicas a los familiares del Ara San Juan contra Macri, viaje de un grupo de fiscales y jueces  a la estancia de un magnate extranjero, pagado por un grupo económico), expedientes “cajoneados” o activados según convenga (Mauricio Macri tiene el récord), juzgados vacantes por un Consejo de la Magistratura inexistente, mas aún desde que la Corte, contradiciendo la norma de creación del Consejo, asumió la presidencia y el manejo presupuestario, han sido moneda corriente durante los años de democracia.

La democracia que supimos conseguir.-

   La recuperación de la democracia, aunque sea en términos formales, en 1983, fué la consecuencia del fracaso de la restauración conservadora-oligárquica, iniciada en 1976, de su política económica y de su proyecto de país, como en 1955 y en los 90, el intento de retrotraer el país a los comienzos del siglo XX es imposible. Sin embargo su verdadero éxito ha sido destruir el modelo de país soberano, industrial, inclusivo y con justicia social iniciado en 1946 con Juan Domingo Perón, fragmentar la sociedad en grupos pequeños, borrando la memoria de solidaridad y vivir “en común” que caracterizó décadas de nuestra historia, borrar el aparato industrial, terminar con un sindicalismo fuerte y organizado, abrir las puertas al saqueo de los recursos naturales e intelectuales, borrar el sueño de la movilidad ascendente, concentrar la poca riqueza que quede acá en pocas manos y “latinoamericanizar” el país en términos sociales, es decir una minoría, valga la redundancia, cada vez mas minoritaria, multimillonaria, inclusive con domicilios fuera del país, como mínimo en Uruguay, una clase trabajadora pauperizada y reducida y un enorme ejército de reserva, los excluídos o descartados como control de los reclamos laborales.

   Ese modelo fué mantenido intacto o profundizado durante la democracia, una clase política arcaica, cobarde y sumisa políticamente pero con una avidez desmedida por enriquecerse a cualquier costo, se hizo cargo de la tarea sucia de las políticas de ajuste permanente, las aperturas económicas suicidas y, he aquí una de las claves, de consolidar e incrementar un endeudamiento externo monstruoso, semidelincuencial e impagable que permitiera la entrega permanente de los recursos nacionales. Los acreedores, bancos, fondos y grupos financieros, con su nave insignia, el FMI, nos transformaron en el país mas endeudado del mundo y nos siguen prestando no porque son idiotas o ignorantes, saben que no vamos a pagar y entonces nos vemos obligados a hipotecar todo, recursos naturales, territorio, el mar argentino, hasta asumir un alineamiento simiesco, vergonzoso y humillante en temas internacionales (desde los ositos Winnie Pooh de Guido di Tella, canciller de Menem, hasta el lacayismo repugnante de Milei),

   En ese esquema el Poder Judicial, que hace dos siglos que, con contadas excepciones, es, de los tres poderes constitucionales, el mas oligárquico, cerrado y coherente defensor del status quo contra cualquier avance de los sectores populares ( legitimó el golpe militar de 1930, pretendió asumir el ejecutivo en 1945, juró por el Estatuto de la Revolución Argentina en 1966 y del Proceso de Reorganización Nacional en 1976, permitió derogar una Constitución mediante un bando militar en 1955, etc,) ha sido y es el cancerbero del país oligárquico y el instrumento para perseguir y encarcelar a los dirigentes populares.

   Nada de esto fue modificado en nuestros gobiernos, no hablo de la década de Menem donde se hablaba de la “mayoría automática” de la Corte, que no vaciló en renunciar para evitar ser investigada después del 2003, incluso uno de sus miembros nunca aclaró la muerte de una secretaria que “se cayó” de un balcón en París, hablo de la “Década ganada”, no olvidemos que Lorenzetti fué impulsado por Néstor Kirchner y Rosatti, el actual presidente de la Corte que acaba de condenar a Cristina Kirchner, fué ministro de Justicia de la Nación entre julio de 2004 y julio de 2005, o sea de los tres cortesanos que condenaron a la ex presidente, dos fueron promovidos o funcionarios de Néstor Kirchner.

   Tampoco se fué a fondo para enfrentar al “círculo rojo” del poder económico, salvo la estatización de las AFJP que puso fin a un negocio vergonzoso de los bancos y la recuperación del 51% de YPF, no se avanzó contra el núcleo del poder económico en la Argentina, la desnacionalización de empresas fué mayor entre 2003 y 2015 que entre 1989 y 1999, la primarización igual, al calor de la “sojización”del sector agropecuario, que aportó los recursos para la recuperación económica y salarial de los primeros años del Kirchnerismo, dejamos de producir alimentos para los argentinos para dar de comer a los cerdos chinos, el conflicto por la Resolución 125/08, fué por la apropiación de una parte de la renta extraordinaria mediante retenciones a las exportaciones, no por un avance para modificar o cambiar ese modelo, es mas, la aparición de los pool de siembra en el sur de Bolivia y en Venezuela fué acompañada entusiastamente por el gobierno.

   La sanción de la Ley de Medios 26.522, el 10 de octubre de 2009, no pasó de ser una esperanza, si se hubiera aprovechado para apoyar la consolidación de una red de radios comunales, por municipio, se habría conformado una alternativa que contrarrestara el monopolio del Grupo Clarín, pero no se hizo. Recordemos que la Corte Suprema rechazó el planteo de inconstitucionalidad presentado por el grupo multimedios, en el 2013, pero mas allá de discursos inflamados y la payasada de un funcionario mandando hacer zoquetes y remeras con la leyenda “Clarín Miente” o yendo a una reunión del directorio del grupo, a lo que se accedía debido a que al estatizarse las AFJP junto con los fondos llegaron acciones de diferentes empresas, lo que permitía designar directores, con guantes de boxeo para aparecer amenazante, no se hizo nada.

   A esta altura no es menor recordar que uno de los últimos actos del gobierno de Néstor Kirchner fué la autorización de la fusión de Cablevisión, del grupo Clarín, con Multicanal, hasta ese entonces su competidora, en junio del 2007, hecho que fué duramente criticado, diez años después por su propio hijo Máximo. Ya con Macri, en 2018, se produjo la fusión con Telecom (Personal).

   Se anunciaron varios intentos de reforma judicial, sin embargo ninguno se efectivizó, por entonces, la presidente Kirchner ya tenía varias denuncias por corrupción, quedando en el imaginario popular que esos intentos estaban motivados mas por el deseo de obtener impunidad que vocación real de transformar el espacio mas nauseabundo del esquema oligárquico-conservador.

   Justamente ese esquema del poder económico-mediático-judicial, es el que logra ahora llegar hasta el final en su ofensiva para destruir a la dirigente que conserva un alto apoyo popular, porque mas allá de las críticas que se han hecho, reitero, los doce años de gobierno del kirchnerismo fueron los que permitieron recuperar y crear mas derechos, mejor redistribución de la riqueza, generación de trabajo y crecimiento salarial y disminución de la pobreza, en los mas de 40 años de democracia.

   Muchos se preguntarán si, a mi criterio, merece tantas críticas este gobierno ¿porqué sus líderes merecen semejante persecución? Precisamente porque avanzó en redistribuir la riqueza, les cobró impuestos, quiso discutir parte de sus ganancias extraordinarias, eso es suficiente para que esta plutocracia, corrupta y delincuencial la persigan y quieran destruir su obra e incluso su memoria, no tienen límites, están llenos de odio y revanchismo como en 1955 y 1976, desprecian al pueblo y quieren eliminar a sus líderes, si pueden hasta físicamente, lo hicieron antes y lo intentaron con Cristina Fernández de Kirchner.

   Le advierten a Milei, lo que le puede pasar sino cumple acabadamente con los compromisos asumidos, por ejemplo autorizando la fusión de Personal (del grupo Clarín), con Movistar (de Telefónica), continuando el proceso de concentración descripto mas arriba, lo que constituiría el monopolio absoluto de las comunicaciones telefónicas móviles y fijas en un grupo, una especie de Entel, pero privada.

   Asimismo nos advierten a todos, lo que nos puede pasar si afectamos sus intereses, pretendemos cobrarles impuestos, controlarlos o regular su actividad, nos están diciendo “o esta democracia, formal, famélica, limitada y vigilada o nada”, nunca perdieron el poder, manejaron la política siempre, entre bambalinas o a la descubierta, quieren terminar de cerrar su proyecto de país para pocos, ellos, y el que se oponga se atendrá a las consecuencias.

   Quizás a alguno le parezca que estoy exagerando, que esto es terrorismo verbal, o mejor dicho escrito, no es así, estamos viviendo un momento de extrema gravedad institucional, el peligro de enfrentamientos violentos, represión salvaje, anomia y anarquía golpea a nuestras puertas, un gobierno débil, con un pretendido autócrata psicótico, megalómano e ignorante, dispuesto a destruir todo los que varias generaciones de argentinos, mal o bien, han construido con su trabajo y esfuerzo, inclusive entregando partes del territorio nacional a las potencias dominantes, la República Argentina donde nacimos y vivimos puede ser “balcanizada” como se hizo con Yugoslavia en los 90 o con Palestina hoy, nuestra representación política es paupérrima, cobarde o corrupta, o nos ponemos en marcha para construir otra democracia, elaborar otra Constitución, reconstruir un Movimiento Nacional con banderas y propuestas modernas, acordes a los tiempos, atentos a que el hecho de corrupción pueda aparecer como pecado pero eliminarla como sistema y lograr una dirigencia capaz de conducir al conjunto de los argentinos en ese camino o ya no habrá mas tiempos para lamentarse.

El enigma de los “ELLOS”

Por Omar Auton

   Para los que no leyeron la excelente historieta de Oesterheld, en “El Eternauta” los “Ellos” son el verdadero enemigo, el que no se ve pero conduce a los “Manos”, a los Cascarudos, a los Gurbos y también a los humanos “convertidos”, los llamados “hombres robot”, los responsables de destruir la Tierra en su afán de conquistarla, en la antigua Grecia serían los bárbaros, es decir los que “vienen de afuera” a destruir la civilización, que es la “nuestra”, es decir la que hemos construido a lo largo de generaciones.

   Tanto en uno como otro caso, se representa así a los que no son parte de “nosotros”, sin embargo en los últimos años asistimos a que este trato se dispense a los de “adentro”, al menos a la fracción de nosotros que no actúa o piensa como nosotros y esto sí es un hecho inédito. El antiperonismo descalificaba a los “cabecitas negras” y estos hacían lo propio con los “gorilas”, los “oligarcas”, pero los integrantes de cada sector identificaban y defendían a los “suyos”, podían criticarle alguna defección o flojera pero cuando sus intelectuales orgánicos hablaban o escribían, siempre lo hacían en primera persona del plural, jamás se habrían referido al pueblo, desde afuera, jamás se referirían a sus compañeros como “ellos”.

   Sin embargo cuando Macri gana las elecciones y, en particular, ante la victoria de Vidal en la Provincia de Buenos Aires, aparecen las primeras manifestaciones insultantes o descalificatorias para los que hasta ayer eran compañeros, sectores de la sociedad cercanos o a los que se trataba de sumar a la fuerza política propia, así la clase media, a la que pertenecían los detractores, empieza a ser la “clase mierda”, los trabajadores que votaron al PRO, “desclasados”, traidores de clase, y todos en conjunto “estúpidos”, “ignorantes”, o que “tienen la cabeza quemada” y los sectores más pobres como “lúmpenes” o “marginales”, mas todos los agravios antes citados, los mayores de 60 años, a su vez, comenzaron a ser “viejos de mierda”, hasta se comenzó a cuestionar la democracia y el voto universal.

   Pero si esto fuera poco cuando las políticas conservadoras y antinacionales comenzaron a liquidar el valor de salarios y jubilaciones, a despedir trabajadores, etc. aparecieron los “que se jodan por votarlos”, “tienen que cagarse bien de hambre para aprender”, hasta comentarios tipo “Lo que me jode es que los que votamos bien, los que avisamos que esto iba a pasar tenemos que sufrir lo mismo que los burros, imbéciles, que votaron esto”.

   Aparece una nueva “vanguardia iluminada” que siempre tuvo todo claro, que no se considera como “parte”  del pueblo sino que desde su torre de marfil, desde su formación y capacidad política, expresan su resentimiento y enojo contra la masa que sin conciencia e ignorante no los escuchó, que no pudo, por mediocridad y su carácter de desclasados, comprender el mensaje que ellos trataron de “bajarle” para que defendieran las “conquistas” y derechos concedidos por sus líderes y que no fueron valorados.

   En este tiempo, donde la restauración conservadora es más cruel y colonial que nunca antes, ese mensaje se multiplica, se agudiza, es imposible hallar un solo dirigente o cuadro intermedio que arranque sus análisis diciendo “nosotros”, lo que inmediatamente lo depositaría en tierra, a la par, como uno más del conjunto del pueblo, y siguiera diciendo “nos equivocamos o erramos”, lo que inmediatamente significaría hacerse cargo de la dosis de responsabilidad en el supuesto error colectivo.

   Una conocida e importante dirigente cada vez que habla de los aciertos y avances logrados en su gestión habla de “nosotros” pero cuando tiene que señalar los errores (y horrores) cometidos lo encabeza como “El peronismo”, diluyendo la responsabilidad en el “vosotros” o el “ellos”. 

   Pido disculpas a los lectores por el uso y abuso de las comillas, pero lo hago cuando cito frases que he escuchado de muchos compañeros, se trata de conceptos o de citas textuales oídas de boca de dirigentes o cuadros intelectuales que se reconocen como peronistas.

   No puedo dejar de mencionar que después de 1955 Perón jamás cuestionó al pueblo peronista por no defender su gobierno, incluso con las armas, por no defender los “derechos adquiridos”, jamás se regodeó de los dolores y sufrimientos vividos por nuestro pueblo en los 18 años de proscripción, todo lo contrario, reflexionó sobre los errores de su gobierno (“Estuve rodeado de una sarta de arribistas y adulones”, dijo), asumiendo la propia responsabilidad por no haberlo advertido antes. A su regreso, preguntado por qué volvía, sabiendo que eso acortaría su vida, respondió “Porque me sentía en deuda con mi pueblo, tengo que retribuirle tanta lucha, sacrificios y fidelidad a lo largo de estos años”, jamás se le ocurrió denostar a los que fueron a la Plaza de Mayo a celebrar su derrocamiento, a los que votaron a otras fuerzas cuando el peronismo estaba proscripto, dijo “si no aprendimos, mejor que no volvamos al gobierno”.

    ¿Por qué nos cuesta tanto pensar en la responsabilidad que nos cabe en la desilusión, el hartazgo, la bronca, el rechazo que se extiende en amplios sectores populares cuando se habla de la dirigencia política, empresarial, sindical del peronismo de los últimos 35 años?, podríamos extenderlo a los representantes del periodismo, el poder judicial y la política de los demás partidos pero ninguno de ellos ha defraudado, ya que nunca el pueblo argentino depositó su confianza reiteradamente en ellos y se sintió defraudado con similar reiteración.

   Hoy los de más de 60 años se amparan en sus recuerdos de los años 70 y junto a los de más de 50, disfrutan de asistir a encuentros o charlas, los de esa edad que fueron funcionarios de Menem, se fueron al PRO, venden influencias en LLA o bien siguen en el peronismo pero ante la pregunta ¿hubo tanta corrupción en los 90?, responden “Y, sí” pero prefieren no seguir con el tema, ni hablar si la pregunta se hace sobre “La década ganada”.

   En el año 2006 se reeditó una homilía de Jorge Bergoglio, dada a conocer en 1991, bajo el título “Corrupción y Pecado”, es decir había sido escrita quince años antes, cuando Carlos Menem no llevaba aún dos años de gobierno, sin embargo cayó como un rayo en el gobierno y funcionarios cercanos muy cercanos a la más alta magistratura afirmaban “Es un misil contra nosotros”, el Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a ser visto como un enemigo político, ¿que decía ese texto para generar tanta conmoción?.

   “Una de las características del corrupto es un cierto complejo de incontestabilidad. Ante cualquier crítica se pone mal, descalifica a la persona o institución que la hace, procura descabezar toda autoridad moral que pueda cuestionarlo…no hay que confundir pecado con corrupción…Hoy día se habla bastante de corrupción, sobre todo en lo que concierne a la actividad política. En diversos ambientes sociales se denuncia el hecho, varios obispos han señalado la “crisis moral” por la que pasan muchas instituciones…y en algunos casos ante la impotencia de generar una solución a los problemas, el actuar del pueblo ha producido manifestaciones que orillean una nueva Fuenteovejuna…un corrupto de ambición de poder aparecerá a lo sumo con ribetes de cierta veleidad o superficialidad que lo lleva a cambiar de opinión o reacomodarse según las situaciones, entonces se dirá que es débil o acomodaticio o interesado, pero la llaga de la corrupción quedará escondida…para un veleidoso, una persona que procura tener claros los límites morales y no los negocia, es un fundamentalista, un cerrado, un anticuado, una persona que no está a la altura de los tiempos. Y aquí aparece otro rasgo típico del corrupto, la manera como se justifica”.

   Finalmente el detestado arzobispo y amado Papa, nos dice “Toda corrupción crece y, a la vez, se expresa en atmósferas de triunfalismo. El triunfalismo es el caldo de cultivo ideal de actitudes corruptas, pues la experiencia les dice que esas actitudes dan buenos resultados y así se siente en ganador”, claramente he elegido un viejo documento, de alguien que ha sido llorado a su muerte por muchos que en su momento, ofendidos por sentirse señalados por su prédica, no vacilaron en publicar o difundir las ignominias de un canalla como Verbitsky.

   Tanto en el capítulo anterior, como en éste, me he basado en documentos de quién fuera, más allá de su autoridad eclesiástica, el más profundo pensador de nuestra patria de los últimos 50 años porque claramente todo lo expuesto anteriormente, como el texto aquí resumido, no sólo retratan fielmente la realidad nacional de los momentos en que fueron escritos y de las primeras décadas de este siglo sino que mantienen una vigencia increíble, el comportamiento del actual presidente así como su furia y agresiones cuando se denuncia su corrupción, crueldad y entrega colonial, así lo demuestran.

   Sin embargo nacen dos dudas muy grandes en todo militante honesto, ¿1) Porqué los funcionarios peronistas de varios gobiernos del período analizado se sintieron señalados por estas homilías? y ¿2) Porqué la mayor parte de nuestro pueblo cree que ellos estuvieron involucrados en hechos de este tipo?

   Hace algunos años viajé a Brasil, eran tiempos de una feroz reacción conservadora contra el gobierno de Dilma Rousseff, la acusación de hechos de corrupción estaba en todos los medios, en una reunión con compañeros, preocupados y atemorizados, incluso, por lo salvaje y violento de las manifestaciones, les pregunté: los hechos de corrupción ¿son reales o inventados?. Luego de algunas cavilaciones me respondieron “Y sí, no todos, muchos son falsos, pero ha habido compañeros que seguros de la victoria e imbuidos de un excesivo triunfalismo se involucraron en negocios que no correspondían, algunos con altas responsabilidades y otros, muy jóvenes, que nunca habían imaginado posibilidades de enriquecimiento como las que se les ofrecían y se tentaron”, la prensa los había exagerado, incluso muchos los había inventado, pero la exhibición de riqueza y los notorios cambios de vida de muchos dirigentes eran inocultables.

   ¿No es hora de asumir que lo mismo ha pasado con el peronismo y con una cantidad importante de nuestra dirigencia desde la recuperación de la democracia?, que mientras crecía la pobreza, la exclusión, el descarte, se deterioraba la calidad del trabajo, de la educación, la salud y la seguridad a nuestro alrededor, han aparecido fortunas difíciles de explicar, mansiones en barrios cerrados,  ropa de moda, viajes de placer, “novias” o cuentas en paraísos fiscales que ocultan dineros no ganados con el sudor de la frente precisamente? ¿No estará esperando nuestro pueblo, no Ellos, un acto de contrición de todos nosotros, un pedido de perdón?

   En los últimos años muchos compatriotas han justificado su voto a los sectores o partidos, tradicionalmente vinculados al poder económico, con la frase “Ya tienen mucha plata, no necesitan robar”, claro que esto revela un error fatal, ignoran que la oligarquía y las burguesías de todo el mundo han amasado sus fortunas a partir del robo, en el capitalismo a partir de la apropiación de la plusvalía, o sea la diferencia entre la riqueza que genera el trabajador y lo que percibe a cambio como salario, en el caso de la oligarquía local a raíz de la apropiación de la renta diferencial nacida del valor que produce el monopolio de las tierras más feraces y el trabajo del conjunto de los argentinos, o sea, han hecho la plata robando y lo van a seguir haciendo porque eso forma parte de su naturaleza expropiatoria.

   Sin embargo ese error se sostiene debido a la explotación inteligente que el poder económico-mediático ha hecho de los casos de corrupción en que han estado involucrados decenas de funcionarios de los gobiernos peronistas, desde la recuperación de la democracia, y tengamos en cuenta que de 42 años hemos gobernado 28, o sea que, existe el lawfare y las fakenews, esto es cierto, tan cierto como muchas de las situaciones denunciadas.

   Bergoglio, como hemos dicho, diferencia el pecado de la corrupción, el pecado es el hecho aislado, puntual, la corrupción es la conducta habitual, el pecado cuando se hace sistema se transforma en corrupción. Cierto es que cuando accede a la función pública un compañero que siempre vivió de su trabajo y que, por lo general, pasó necesidades existen las tentaciones y muchas veces caen en la trampa que le tienden los que corrompen, pero esto se minimiza si la organización política no es corrupta, si sus dirigentes siguen viviendo en los mismos barrios, sus hijos yendo a las mismas escuelas, el problema nace cuando se admira el modo de vida de los poderosos, aunque en los discursos se los critique, en cuanto se mejora la situación económica se quiere ir a vivir a sus zonas de residencia, usar la misma ropa y autos, frecuentar los mismos lugares, eso no se alcanza o se perpetúa con el mejor salario de ser presidente, diputado, senador, intendente o concejal, entonces hay que sumarse o generar un sistema que asegure no volver a pasar necesidades, hoy en día ya se quiere lograrlo no sólo para el dirigente sino para varias generaciones de descendientes.

   Insisto con referirme a los años de esta democracia porque es un fenómeno que antes era ocasional, raro, dirigentes como Perón, Cámpora, la propia Isabel Perón, Balbín, Illia, Alende, etc., no eran gente de fortuna ni la hicieron en su paso por la función pública, existían los sobornos, claro, recordemos el affaire de la carne que le costó la vida a Bordabehere, o el de la Chade, pero no se trataba que la corrupción fuera un sistema que financiara a toda la política y a gran parte de los políticos, eso comenzó en 1983 y se consolidó en los 90, es un fenómeno que caracteriza a gran parte de América Latina y tiene que ver con la aparición del neoliberalismo y el poder del nudo mismo del saqueo y la corrupción, los bancos y el sistema financiero.

   ¿Por qué asombraba a tantos periodistas, dirigentes, analistas y gente común que el Pepe Mujica viviera en su granja, modestamente y encima fuera feliz?, ¿porque tenemos tan incorporado que hay que subir en la escala social a cualquier costo? “hacer guita”, ¿porque reemplazamos el prestigio por la fama, el buen nombre por lo mediático, la conciencia por el hedonismo, el bienestar por el consumismo, la integridad por la viveza? Cuando los verdaderos “ELLOS” toman el poder se dedican a ajustar los resortes para consolidar su poder y fortuna, me pregunto ¿Cuándo abandonamos la idea de conquistar el poder para construir una comunidad más justa, más solidaria, donde existe la justicia social y el trabajo sea la única forma de alcanzar el bienestar para TODOS, y la reemplazamos por ser parte del sistema, integrarnos como “clase política”, al modelo colonial, cuando el “Vamos a estar poco y queremos robar mucho” reemplazó a las 20 verdades peronistas?

   Lejos estoy de pretender establecer un decálogo moralista, pero si asumimos que estas décadas de malas prácticas y exhibicionismo obsceno, sumadas al abandono de principios doctrinarios y valores que provienen de nuestra identidad como pueblo y con el agregado de pésima calidad de gestión en nuestro último gobierno, tienen que ver con que muchos de los nuestros, de nosotros, hayan votado a un psicótico y corrupto, rodeado de ladrones para que “rompiera todo, que hayan sentido que ese “Todo” del sistema democrático no sólo no le había ofrecido una esperanza, una realidad mejor, superadora, sino que, como mínimo, para un tercio de los argentinos todo siguió igual de mal o haya empeorado, para otro tercio hubo un retroceso, un empeoramiento de su situación, y que en el único tercio beneficiado está gran parte de la dirigencia argentina de todo pelaje y color, vamos a comprobar que el voto que hemos perdido no es por “lúmpenes”, “traidores”, “ignorantes” “embrutecidos”, “necios”, a los que encima descalificamos como “ELLOS”, sino por el fracaso, la defección, la venalidad o incapacidad de los que se supone nos representan a “TODOS NOSOTROS”.

   Por eso, a partir del diálogo fraterno pero autocrítico, junto a toda la militancia, solo quedarán afuera las “orgas” y los que quieran venir de nuevo a exhibir dotes de gurúes o pretendan nuevos escenarios para los discursos de siempre, hay que salir a la calle, a todas las calles, barrios, escuelas, universidades, a abrazar a los más humildes, a las víctimas de una dirigencia que asumió la exclusión, el descarte, como un daño colateral del nuevo paradigma del capitalismo mundial y por ende insoluble, a los que se salieron del “ágora” y no quieren ni hablar de política e incluso no van ni a votar, a los que no les interesa estudiar porque ya no creen que haya mecanismos de ascenso social salvo la delincuencia, el juego, el deporte o la prostitución, pero a ESCUCHAR, sepultar para siempre lo de “Bajar Línea” o “Bajar a los barrios”, restaurar la fe de los que nos siguen votando, pese a todo y recuperar la confianza de los demás.

   Esto requiere una nueva generación de predicadores, dirigentes intermedios que han denunciado el camino tomado, que han seguido hablando y trabajando, que los hay y muchos, organización, organización y más organización, fortaleciendo las que ya existen, creándolas donde no las hay, construyendo propuestas para superar los viejos problemas y pidiendo ayuda para elaborar respuestas a los nuevos desafíos, sobriedad en los dirigentes, organizaciones fuertes, respuestas claras a los cuestionamientos de nuestros hermanos en la patria y propuestas serias a las demandas de la hora, no hace falta demasiada “ciencia política” hace falta más honestidad, seriedad, vocación y rebeldía, pero sobre todo abandonar para siempre los fraccionalismos y la soberbia, el egoísmo y la autoindulgencia, el asumirnos como parte de un “Nosotros”, que es el conjunto del pueblo, del que venimos y formamos parte definitivamente.

   Como en “El Eternauta” dejemos el “Ellos” para los enemigos de la grandeza de la Nación y de la felicidad del pueblo, pero, como decía Perón, sobre todo, de la felicidad del pueblo, porque si hay que elegir entre ambos conceptos, elegimos un pueblo feliz en un país pequeño a un país grande con un pueblo desdichado.

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? Parte 7

Por Omar Auton

Organizaciones libres del pueblo y CGT (parte II)

   En el capítulo anterior llegamos hasta la retirada de la dictadura y el regreso de la democracia, y hablo de “retirada” porque en esta oportunidad la dictadura criminal, en sus siete años de duración había logrado producir cambios tan profundos en la sociedad argentina que hasta Martínez de Hoz, ante la victoria, inesperada, de Raúl Alfonsín en las elecciones de Octubre de 1983, se permitió afirmar que esto había ocurrido “Gracias al éxito del Proceso de Reorganización Nacional”.

   Hasta 1976 la República Argentina era un país con un poderoso sector industrial, que aportaba el 33% del PBI, era moderno, es falso cuando aún se sostiene que lo que había hecho una crisis era la economía de sustitución de importaciones, el país no solo había reemplazado manufacturas externas sino que había desarrollado sectores de alto contenido tecnológico y exportaba no sólo productos primarios o agroindustria sino productos industriales.

   Ello tenía como contrapartida un mercado interno, pequeño pero importante, y una gran clase media, en términos de poder adquisitivo, fruto de un sindicalismo muy fuerte, altas tasas de afiliación y muy dinámico. No había trabajo precario o era mínimo, la pobreza no superaba el 5% de la población, la desocupación era del 4%, más allá de la crisis política del gobierno de Isabel, la economía nacional no afrontaba problemas estructurales.

   La dictadura fue, con Martínez de Hoz a la cabeza, quién vino a cambiar de cuajo el modelo de matriz industrial y con ella surge el modelo de capitalismo financiero que había comenzado a crecer a partir de la crisis del petróleo de 1974, en todo el mundo.

   La apertura indiscriminada de importaciones industriales que ingresaba libre de impuestos y muchas veces a precio de “dumping” ya que tenían subsidios directos o indirectos en sus países, llevó a la quiebra a las pequeñas y medianas empresas locales, que no tenían beneficios impositivos ni subsidios. Asimismo muchas empresas grandes o transnacionales se fueron del país ya que les convenía dejar su franquicia a algunos empresarios locales que echaron a sus empleados, vendieron las máquinas y convirtieron los galpones en acopiadores de importaciones, así nace, por ejemplo Sevel con la franquicia de Fiat y Peugeot.

   Miles de trabajadores son despedidos o pierden su empleo ante el cierre de sus empleadores, nacen los remises, las agencias de PRODE, los tallercitos de barrio, el empleo informal o “en negro” comienza a crecer aceleradamente, cae el empleo formal y la afiliación sindical y crece la pobreza que en 1983 ya era del 30% y el endeudamiento externo que pasa de 8.000 millones en 1976 a 45.000 millones en 1983.

   El sindicalismo no sólo se encontró con ese fenómeno sino con sus organizaciones saqueadas y quebradas por las intervenciones militares, que continuaron varios meses en democracia hasta que aparecieron las Comisiones Normalizadoras,  muchos de sus dirigentes seguían presos y se había perdido una generación entera de militantes y activistas entre muertos, desaparecidos, despedidos y muchos que habían abandonado la actividad en los años de plomo.

   Muchos hablaban de la necesidad una “renovación dirigencial”, como si un auténtico dirigente saliera de un huevo o de una cátedra universitaria, un trabajador necesita dos o tres años desde su ingreso para conocer la actividad y ganarse el respaldo de sus compañeros para ser electo delegado, luego cuatro o cinco para llegar a la comisión directiva y comenzar un nuevo proceso de aprendizaje, hasta ahí conocía cómo era la vida laboral en una fábrica, comercio u oficina, ahora tiene que conocer cómo es esa actividad en todo el país, antes hablaba con un empresario, ahora con la cámara de la actividad del país, es un verdadero “cursus honorem”, un aprendizaje empírico que no puede ser reemplazado.

   Hacía casi ocho años que no solo no había nuevas generaciones incorporadas al trabajo sino que las viejas perdían sus empleos, el terror aún anidaba en el alma de las familias argentinas, si un joven hablaba de meterse en el sindicato o en política recibía el cuestionamiento de todos sus familiares y amigos “Dejate de joder, no viste los que les pasó a los que se metieron” y ni hablar si lo hacía quién ya había vivido la experiencia de la represión o el despido.

   A mediados de los 90, me tocó escucharlo de una compañera, había convocado a una jornada de formación, desde mi secretaria en el sindicato, y una joven, Licenciada en Ciencias políticas, ingresando al predio, me dijo “Omar te cuento que yo no dije en mi casa que venía a una actividad sindical, para que no se asusten” y esto provenía de una profesional universitaria y a más de diez años de finalizada la dictadura.

   Es necesario reconocer esta realidad para comprender el cambio que se produjo en el sindicalismo, si bien en 1983 el Justicialismo elige sus autoridades luego de la proscripción y en ellas estaban compañeros como Lorenzo Miguel, Carmelo Amerise o Herminio Iglesias que provenían del sindicalismo y habían sido presos o enfrentado a la dictadura, y en las listas para el parlamento había un tercio de candidatos provenientes del movimiento obrero (35 se incorporaron al Congreso Nacional) la derrota a manos de Alfonsín los transformó en culpables de la derrota.

    Pese a sus notorios vínculos con los militares durante los siete años del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional y que su partido fue socio, con intendentes, asesores y funcionarios, lanzó como eje de su campaña que había un “Pacto militar-sindical” y transformó al sindicalismo en el enemigo a vencer si se quería alcanzar la democracia.

   Los sectores políticos del Justicialismo que, salvo honrosas excepciones, habían permanecido “bajo la cama”, rápidamente culparon a la “burocracia sindical” de la derrota electoral y crearon el anatema de “Mariscales de la Derrota” hacia el sindicalismo, pivoteando en Herminio Iglesias, por la derrota en la provincia de Buenos Aires y en Lorenzo Miguel como jefe de las 62 Organizaciones.

   Si bien en la autodenominada “Renovación Peronista” militaban compañeros como Antonio Cafiero o Carlos Menem (hasta ese momento era impensable su giro posterior) que habían sufrido cárcel durante la dictadura, también aparecían paradójicamente representando al sindicalismo dirigentes como Triacca y Baldassini que habían sido figuras principales del “participacionismo” con los militares.

   A poco de asumir el gobierno Alfonsín junto a notorios gorilas y que exhibían un odio visceral hacia el sindicalismo como Germán López, Roque Carranza (uno de los responsables del ataque terrorista con bombas a un acto del peronismo en Plaza de mayo el 15 de abril de 1953 que dejó seis muertos y varios heridos) y  Antonio Mucci un ex dirigente socialista de los 32 Gremios Democráticos (expresión antiperonista opositora a las 62 Organizaciones) eligió como enemigo al movimiento obrero, una semana después de asumir envía al Congreso, un proyecto de Ley de Reordenamiento Sindical que iba contra el corazón del modelo sindical al imponer el acceso de las minorías a la conducción del gremio (Hasta ese momento la conformación de los órganos de conducción se establecía en los estatutos de cada organización), eliminar la antigüedad mínima de tres años para ser candidato, reducía el mandato a tres años y permitía solamente una reelección, desde allí hasta hoy día siguen insistiendo con la misma obsesión, revelando su profundo odio antipopular.

   En enero de 1984 se unificó la CGT con cuatro secretarios generales, dos por el sector de la CGT Brasil (Ubaldini y Borda) y dos por el lado del sector “participacionista” (Triacca y Baldassini), la respuesta del gobierno fue la intervención, en el mes de marzo, de Foetra (telefónicos), Federación del papel y SUPE (petroleros).

   El proyecto oficial fue aprobado en Diputados pese a las movilizaciones sindicales frente al Congreso pero en el Senado fue derrotado por 2 votos (uno del Movimiento Popular Neuquino y otro del MID formoseño), la ceguera y el sesgo fuertemente antisindical y antiperonista del gobierno lo llevaron a su primera derrota parlamentaria a menos de tres meses de haber asumido.

   Mucho podríamos hablar de esos años, de los 13 paros generales “injustificados”, pese al fracaso del Plan Austral, del cambio de moneda, del Plan Primavera, de la hiperinflación, del aumento de la pobreza, de los saqueos, de la estrepitosa caída de la autoridad presidencial, pero quiero detenerme en un aspecto que va a marcar las próximas décadas.

   El peronismo tardó mucho en recuperar cierta organicidad, en ser un verdadero partido de oposición, golpeado por la derrota del 1983, fracturado entre ortodoxos y renovadores, y, fundamentalmente en un giro interno en su definición ideológica que es el que se consolida en los 90 con Menem, dejó a la CGT como única expresión de oposición al gobierno, en principio porque el gobierno lo eligió como enemigo a destruir, como ya vimos, querían vengar una supuesta complicidad con los militares en el golpe contra Illia, ocultando la ilegitimidad intrínseca de ese gobierno, electo por la proscripción de Perón y el peronismo, luego porque desde 1985 comenzó una crisis económica (en ese año Alfonsín anuncia una “Economía de Guerra”) que agudizó la caída salarial, la pobreza, la pérdida de empleos y el mantenimiento de la suspensión de las discusiones paritarias que había establecido la dictadura, lo que provocó un auge de la conflictividad sindical.

   El sindicalismo argentino desde 1945 no se concibió como un grupo de presión o de interés sectorial, convencido de aquello que “nadie se realiza en un país que no se realiza” comprendió rápidamente que el destino de los trabajadores estaba atado al modelo de país, año tras año fue viendo como el crecimiento económico, el aumento de la producción, en un modelo peronista significaba  mayor inclusión social, acceso a la educación, la salud, la calidad de vida en general, sin dejar de ser trabajadores, desde un punto de vista de la forma de vida y expectativas de futuro se percibe como clase media, ya no por ser los hijos privilegiados de “M´hijo el Dotor” de Florencio Sánchez, sino porque el trabajo le permitía alcanzar un nivel de vida que antes de 1945 estaba limitado a un sector pequeño de las grandes ciudades de la Argentina oligárquica.

Convencidos también que sólo se concebía una clase de argentinos “los que trabajan”, el almacenero, el verdulero, el dueño de un bazar, la modista, el pequeño y mediano empresario que concurría todos los días a su empresa y conocía al dedillo las máquinas que se usaban, eran trabajadores y el movimiento obrero organizado debía asumir su defensa igual que la del asalariado.

   Por ende, hacía suyos los reclamos por acceso al crédito, protección arancelaria, defensa ante la competencia externa, impulso a exportar y ganar mercados, diversificación de la producción y aumento de la industrialización local de los productos primarios, para incrementar su valor agregado. Cuando los gobiernos se desentendían de esto o, por improvisación o mala fe, avanzaban contra esto, la CGT asumía su defensa, desde los programas de La Falda y Huerta Grande hasta los 26 puntos de la CGT en 1985 o la “Agenda para un nuevo Contrato Social” del 2024, tienen este contenido.

    Sin embargo a partir de 1986 comenzó a abrirse una grieta entre el movimiento sindical y las estructuras políticas del peronismo, el giro “modernizador” de la renovación afirmaba que los sindicalistas eran “mal vistos” por la sociedad, que los sectores medios rechazaban a “los morochos con campera de cuero” y que había que olvidarse del 30% de candidatos en las listas, si en 1983 ingresaron 35 dirigentes al Congreso hoy en día pueden contarse con los dedos de una mano y todos ellos llegaron por cercanía a alguna fracción partidaria no por representación orgánica del movimiento obrero.

   Esto coincidió con cierto rechazo a la alta exposición que producía ser la contracara de un gobierno, los sectores más tradicionales del sindicalismo le cuestionaron a Saúl Ubaldini el rol que había asumido la CGT, y si bien no se llegó a la fractura la distancia era visible. Surgió el concepto de “tenemos que replegarnos a los sectores y defender nuestros espacios naturales” dicho en criollo, “dejemos la política a los políticos y cuidemos nuestras quintas”, esto se enmarcaba, además, en un fuerte avance neoliberal que desde los sectores del capital concentrado presionaba por reformas laborales, limitar el derecho de huelga, apertura económica, privatización de empresas del Estado, reducción de “costos laborales”, etc. Lo que no se advirtió fue que la representación política del peronismo era cada vez más permeable a estos reclamos, bajo la consigna “El mundo ha cambiado, nosotros tenemos que cambiar”, las camperas de cuero en el parlamento comenzaron a ser reemplazadas por trajes de Armani o Hugo Boss, corbatas de seda y Perón por Toffler o Peter Drucker.

   El sindicalismo advirtió que se quedaba solo, la mayor parte del empresariado industrial local había cerrado, luchaba a duras penas por sobrevivir o vendía sus empresas, los comercios se llenaban de productos importados e incluso muchos sectores medios, hijos de trabajadores que habían llegado a ser profesionales gracias al país próspero del peronismo marchaban deslumbrados por el vellocino de oro del “Fin de la historia”.

   Al mirar a su alrededor veían caer el número de afiliados por todo lo expuesto con anterioridad, las obras sociales comenzaban a ser deficitarias ante la caída de aportantes y del valor del salario, comenzó una lucha por apropiarse de sectores de otras actividades (Smata vs UOM, Camioneros vs Comercio) o donde había más de un gremio en la misma actividad por “sacarle” afiliados al otro (UPCN vs ATE), el país se achicaba en el lecho de Procusto del neoliberalismo que se extendía por el planeta luego de la caída de la URSS, se achicaba la actividad económica, crecía el trabajo precario, el salario era la variable de ajuste de todos los planes de estabilización, la dirigencia peronista parecía haber olvidado la doctrina o la había tirado al desván de los recuerdos y la dirigencia política, en general comenzaba a constituirse en una “casta” endogámica, la política misma dejaba de ser un instrumento para el bien común y se transformaba en una “caja” desde donde comprar voluntades y lealtades, generar negocios, muchas veces millonarios, el clientelismo y el comercio de adhesiones se extendía a los referentes y agrupaciones.

    El menemismo fue todo esto llevado al paroxismo, si bien hay que reconocer que Menem logró recuperar la autoridad presidencial e intentó transitar, al comienzo de su primer gobierno, un camino menos salvaje, ante el fracaso del plan de Bunge y Born, la corrida bancaria de 1990, y el rebrote inflacionario, convocó a Domingo Cavallo, aceptó las recetas del Banco Mundial y con la Convertibilidad logró una estabilidad que aún al costo de mayor desindustrialización, aumento de la desocupación (en 1999 llegó casi al 20%) y la pobreza y un plan de privatizaciones que desguazó las empresas estatales, las vendió o cerró directamente, además de alta corrupción que enriqueció a funcionarios y a los “liquidadores” de esas empresas, permitió una estabilidad monetaria que duró una década.

    En este período el movimiento obrero se dividió, apareciendo tres sectores de los clásicos y un nuevo fenómeno:

1)Los gremios industriales (Smata, UOM, Textiles, Azucareros) que se opusieron al gobierno desde un principio.

2)Los gremios de servicios (Sanidad, Comercio, Gastronómicos, Seguros, Bancarios) que crecieron ante el auge de esta actividad y apoyaron al gobierno o permanecieron al margen de los conflictos.

3)Los gremios estatales, que no fueron afectados por el desguace (UPCN, Pecifa; Apinta, Aefip) que apoyaron al gobierno o fueron neutrales, los de empresas (Luz y Fuerza, Unión Ferroviaria, Foetra, Aeronáuticos, Petroleros) que acompañaron las privatizaciones y se incorporaron a los Programas de Propiedad Participada (PPP) o trataron infructuosamente de evitarlas

   El nuevo sector que emerge en los 90 es el de las organizaciones de trabajadores despedidos o precarizados que empiezan a manifestarse, en muchos casos con apoyos de las poblaciones más afectadas por las privatizaciones, especialmente del petróleo y los ferrocarriles, se autodenominaron “Piqueteros” y fueron el germen de los movimientos sociales que crecieron a partir del 2001.

    Paralelamente algunos gremios (ATE, Docentes, y agrupaciones disidentes de gremios de la CGT) conformaron la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos) de escaso peso cuantitativo dentro del movimiento obrero o que nunca habían querido ser parte de la CGT como los docentes.

   No obstante estas diferencias a los que siguen diciendo “A Menem no le hicieron paros generales” les recuerdo que se hicieron 8, cuatro en el primer gobierno y cuatro en el segundo.

   El siglo XXI nos halló a todos en medio de un estallido social que expresaba la crisis profunda del sistema democrático tal como fue recuperado, el cántico “Que se vayan todos” fue un aviso, en términos de lucha callejera, del hartazgo, la desilusión, la bronca del pueblo en su conjunto frente a una democracia que no había cumplido la promesa que con ella “se curaba, se comía y se educaba” el sindicalismo, se debía un debate profundo acerca de esos años. 

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