“Unitarismo y Federalismo” o las “Falsas Antinomias”

Por Omar Auton

Los intelectuales y dirigentes argentinos llevan décadas afirmando que para alcanzar la unidad nacional y llevar el país adelante hay que dejar atrás las discusiones del pasado o “Superar las falsas antinomias”, he aquí, creo, otro de los nudos gordianos a cortar, de las tareas pendientes del peronismo si quiere recuperar su identidad y ser LA alternativa política para construir un futuro mejor. Si una definición clara y tercerista en materia de política exterior debe nacer del análisis detenido, situado y permanente de este mundo vertiginoso y cambiante, la propuesta de un sistema educativo diferente, elaborado y pensado para nuestra realidad y necesidades, que ponga la calidad de la formación e instrucción así como su universalidad en términos de accesibilidad y capacidad de aportar a la integración social, el Federalismo debe ser dotado de sentido en términos de equidad y conjugar las necesidades generales y locales, respetar nuestra historia e identidades parciales, superando el carácter “defensivo” que asumió en nuestros territorios a partir de la balcanización de la América hispánica.

   Ahora bien, si la cuestión sigue generando acalorados debates, que van desde la descarada insistencia de la oligarquía conservadora gobernante en sacrificar la economía y el derecho al futuro de las provincias en el lecho de Procusto del ajuste financiero y la dependencia, hasta las pretensiones separatistas de energúmenos como el gobernador Cornejo, que anclado en la imperdonable cláusula de la Constitución de 1994 cediendo la propiedad de los recursos naturales a las provincias y dejando al alcance de la codicia transnacional el acceso a todos los recursos, exhibió su pretensión de “independizar Mendoza” de la Argentina,  tiene que ser porque lejos de ser una “falsa antinomia” sigue expresando una cuestión nacional irresuelta, que también se origina en la balcanización del siglo XIX y llega a los propios países emergentes, cuyo origen fallido contamina todas las discusiones.

   Escuchaba hace poco a algunos jóvenes, bienintencionados, malvineros, hablar que Argentina nace con las invasiones Inglesas, lo cual es un disparate, bueno sería que leyeran, al menos, el acta de nuestra independencia en 1816, en cuya “Declaración”, dice “ Nos, los representantes de las Provincias en Sud América…” y participan de ella José Mariano Serrano y Mariano Sánchez de Loria por la provincia de Charcas, Pedro Ignacio Rivera por Mizque o José Andrés Pacheco Melo por Chichas, que el mismísimo preámbulo de la de 1853, habla de la “Confederación Argentina”, que su idolatrada Juan Manuel de Rosas jamás reconoció la independencia de Bolivia, que Artigas jamás habló de la independencia del Uruguay, y el término de “Orientales”, deriva de que eran los pueblos que habitaban al este del río, pero como parte de la confederación, continuidad del antiguo Virreinato.

   Esta larga explicación deviene que el concepto de “Unitario” identifica a quiénes impusieron el dominio de la Aduana de Buenos Aires a todos los pueblos del interior, apropiándose durante décadas de la riqueza del trabajo de todas las provincias y por ende decidiendo el modelo de organización política (Constituciones de 1819 y 1826), tanto así que la silla del despacho presidencial aún hoy es denominada “Sillón de Rivadavia”, cuando el tal personaje jamás fue un presidente constitucional de los argentinos ya que fue elegido por los porteños, en base a una constitución porteña y con el rechazo de todo el resto de la Confederación.

   A partir de allí el concepto de “Federal” pasó a identificar a varias corrientes y expresar distintos sentidos en diferentes épocas.

   Un gran argentino, un auténtico patriota, y por ello negado y ocultado por la historia Argentina, Alfredo Terzaga, a quién recién ahora se está reconociendo como intelectual y la vasta obra realizada, incluso como profesor de Historia del Arte, nació en Río Cuarto en 1920, cuando, al decir de otro gran argentino Enrique Lacolla, era “una ciudad donde aún estaba fresca la memoria de la frontera”, en una semblanza escrita por Roberto Ferrero, otro patriota y pensador, en la revista “Política”, al cumplirse el centenario del nacimiento, define este tema de las “falsas antinomias” sosteniendo que Terzaga definía, tres sectores en disputa y no dos “ era una relación triangular, con vértices que jugaban alternativamente según lo permitieras la correlación de fuerzas o las circunstancias del momento: Buenos Aires, Litoral fluvial e Interior…Al puerto único correspondía un fuerte comercio local y extranjero y una gran provincia ganadera que producía para la exportación; en el Interior existía una industria artesanal y un comercio que miraba hacia las tierras de la vieja unidad americana; el Litoral por su parte combinaba ambos modos económicos, tenía industrias que quería proteger y poseía puertos que deseaba habilitar y utilizar sin restricciones pero cuya llave estaba en la boca del estuario, es decir Buenos Aires… el juego de estas tres unidades geo-históricas, sus alianzas y sus enfrentamientos es la clave que alumbra el período que va desde Mayo a la federalización de Buenos Aires en 1880”.

   Dejemos aclarado, siempre siguiendo a Terzaga, que el federalismo tuvo un momento “ofensivo” durante las guerras de la independencia, la pretensión de San Martín y Bolívar de sostener los límites del dominio hispánico como territorios de la Confederación Americana, implicaba reconocer las particularidades que unían y separaban estos pueblos, compartían una historia común desde los incas, anterior a la conquista, luego de ella el mestizaje que hace nacer al “criollo”, una lengua común, una religión común, hasta en los sincretismos con los viejos cultos prehispánicos, el derecho indiano como legislación y también diferencias, el federalismo respetaba la vieja división política de virreinatos y capitanías generales, donde las homogeneidades eran mayores que las diferencias y respetaba las identidades raciales emergentes del encuentro de pueblos originarios-esclavos-conquistadores.

   El fracaso del sueño de construir los “Estados Unidos de Sudamérica” ante la cariocinesis producida por la intromisión política y económica británica y el naciente influjo de Estados Unidos, más las oligarquías locales vinculadas a esos intereses, que obligaron a San Martín a regresar a Mendoza y embarcarse para Europa, protegido por Estanislao López, ante el intento porteño de juzgarlo por traición, al haberse negado a traer su ejército para combatir a Artigas en lugar de cruzar los Andes y libertar a Chile y Perú, traicionaron a Bolívar y lo combatieron hasta su muerte o derrotaron a O´Higgins en Chile. Terzaga dice que estos patriotas tenían una visión “Telescópica “del federalismo americano, pero los pueblos comienzan a retroceder, despojados del poder y se abroquelas en un federalismo “microscópico”, defensivo, encarnado en los Artigas (de todas maneras el más grande de éstos) Ferré, Ibarra, Facundo y explica magistralmente nuestro autor “Mas la relación que existe entre una etapa y la otra, es la misma que se da en la guerra o en la lucha por la personalidad cultural, la que se da cuando un pueblo pasa de las ofensiva a la defensiva” y resalto esa frase por la actualidad de la misma.

   En resumen cuando hablamos del “Federalismo Argentino” estamos hablando de una etapa “microscópica” y defensiva, que se agrava porque además contiene intereses muy diferentes según sus sectores “ Buenos Aires es el concepto que cubre la alianza entre la burguesía mercantil porteña, la oligarquía terrateniente de la provincia y los sectores populares de la ciudad y la campaña, a los que se sumaban el interior unos pocos comerciantes consignatarios de casas mayoristas porteñas y algunos intelectuales deslumbrados por las luces del liberalismo, “El Litoral” designa el vasto frente de gauchos libres, pequeños propietarios rurales, burguesía de las ciudades fluviales y su artesanado, milicias criollas y funcionarios locales dirigido a través de los caudillos, por los estancieros santafesinos y entrerrianos, estrangulados en el fondo de los ríos clausurados por Rivadavia, Rosas o Mitre; “El Interior, finalmente, era la designación de todo ese mundo de artesanos y de industrias domésticas arruinadas por el librecambio, de pastores y de agricultores criollos, de “pardos” y castas de las orillas urbanas y de terratenientes de estancias semiáridas y vacunos guampudos, orientado por clérigos, doctores sin clientela y comerciantes ligados al antiguo y perdido circuito mercantil del Alto Perú y Chile”

   Esta definición no niega ni oculta diferencias internas, Rosas representa un sector capitalista, el del ganado y el saladero, tiene apoyo popular de los peones y los zambos y morenos, y claras diferencias con la burguesía portuaria, los desprecia, pero como ellos y pese a la Ley de Aduanas, valiosa por cierto, y la patriótica defensa ante los bloqueos anglofranceses, retiene el manejo exclusivo de la Aduana en manos de Buenos Aires, de donde provenían el 90% de los fondos del presupuesto de la gobernación, eso explica, esto no lo dice Terzaga sino el firmante, que un conocido traidor y agente inglés como Manuel García haya sido ministro de Rivadavia y de Rosas y que connotados rosistas como Vélez Sarsfield, los Anchorena, Elizalde, el general Pacheco o Lorenzo Torres se pasaran al bando mitrista. Tampoco que los hombres del litoral hayan pendulado entre el enfrentamiento y la claudicación frente a Buenos Aires, eso explica la traición de Urquiza en Pavón y el silencio ante los reclamos del “Interior” para detener el genocidio de los generales uruguayos al servicio de Mitre (Sandes, Paunero) al criollaje que ya en los extremos de lo “defensivo” acompañaban a Peñaloza o Varela frente a la masacre de Paraguay o Paisandú.

   La no comprensión de esta historia, abreviada en exceso por cierto, hace que la intelectualidad de izquierda o progresista no comprenda el contenido del roquismo, como expresión de esa aristocracia provinciana supérstite, de la generación intelectual de Paraná, del primer esbozo de un Ejército Nacional, nacido de la Guerra del Paraguay, que derrota a Arredondo en Santa Rosa, lleva adelante la recuperación de los territorios patagónicos en manos araucanas y federaliza Buenos Aires y su aduana, liquidando un conflicto de 70 años, derrotando a Mitre y Tejedor. Esa federalización iba a exhibir la génesis de un futuro drama nacional, al momento de votar en el congreso por la cesión del territorio de la ciudad de buenos Aires, federalizándolo como Capital Federal, un diputado, hijo de un conocido mazorquero lo que lo llevó a cambiar su apellido paterno de Alén a Alem, Leandro N. Alem vota en contra y acompañará a Bartolomé Mitre en la revolución del 90, otro diputado, sobrino del anterior vota a favor de la federalización y se niega a participar en el 90, su nombre Hipólito Yrigoyen, despuntaban las dos grandes corrientes dentro de la naciente Unión Cívica Radical, la popular y nacional de Don Hipólito y la mitrista y oligárquica que encabezaría Alvear.

   El roquismo agotó su proyecto en pocos años, su líder y creador terminó abrazándose con Mitre, fue el canto del cisne del “Federalismo del Interior”, Julio A. Roca al final de su vida mandó a sus partidarios a acompañar a Yrigoyen, un hombre del autonomismo, Roque Sáenz Peña, promueve la ley que llevará a la presidencia a Yrigoyen, con el voto universal (No incluía a la mujer) por primera vez.

   De ahí en más, el federalismo se fue desdibujando, quedó resumido a partidos provinciales, generalmente conservadores o expresión de minorías oligárquicas locales, los gobiernos populares de Yrigoyen y Perón tuvieron que recurrir continuamente a intervenciones a las provincias, paradojalmente esas medidas tenían un carácter nacional, ya que a diferencia del siglo anterior, eran tomadas por gobiernos que pretendían consolidar un Estado Nacional, una organización del país que respondiera a las necesidades del país y del conjunto del pueblo y el “federalismo” era la expresión de los intereses de sectores económicos que pretendían sostener privilegios y ventajas de minorías, así sirvieron de base a la conformación de fuerzas políticas que acompañaron a las dictaduras luego de 1955 y de 1966, de ahí surgieron las estructuras que permitieron llevar a las elecciones diferentes intentos de continuismo.

   El peronismo osciló entre la cooptación y el enfrentamiento, un Bloquista de San Juan fue dos veces embajador en la URSS designado por Perón y candidato a gobernador en 1962, las elecciones anuladas por Frondizi ante las victorias del peronismo, luego acompañó a Ezequiel Martínez en 1973, candidato de Lanusse y con la dictadura instaurada en 1976, nuevamente embajador en la URSS, la familia Sapag en Neuquén o Silvestre Begnis en Santa Fe son ejemplo de esa relación.

   En los últimos años esas fuerzas provinciales fueron desapareciendo, la crisis y el intenso proceso de implosión del radicalismo fue haciendo aparecer fuerzas que se abroquelaron en sus provincias y/o municipios dedicadas a mantener una política clientelar de cargos legislativos, nacionales, provinciales o municipales, empleos y contratos a partir de esos cargos, han conformado frentes diversos, incluso dentro de las mismas provincias y su política es una estrategia de subsistencia, vendiendo los votos en los tratamientos legislativos a cambio de concesiones mayores o menores, a veces en sus distritos y a veces personales o familiares, han perdido toda ambición de sostener un proyecto nacional, porque abandonaron esa idea desde la muerte de Yrigoyen. El fracaso del gobierno de Alfonsín los llevó a abjurar en muchos casos hasta de las siglas partidarias.

   El peronismo, a partir de 1983, se convirtió en una confederación de caudillos provinciales y dentro de la provincias de jefes comunales, la hegemonía de la provincia de Buenos Aires con Duhalde y el rechazo por desconfianza o desprecio del kirchnerismo, especialmente luego de la muerte de Néstor Kirchner, fue asumiendo una endogamia absoluta del Área Metropolitana de Buenos Aires, su lenguaje, sus ejes discursivos y su visión quedaron impregnados casi en su totalidad de las problemática de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del conurbano que la rodea.

   Esto provocó la aparición de modelos provinciales (como el “cordobesismo”) que en sus comienzos intentó transitar entre el antikirchnerismo de los sectores rurales, especialmente luego del conflicto surgido a partir de las retenciones a las exportaciones de soja en el año 2008 y el tradicional antiperonismo de las clases medias urbanas, por un lado y la política de zapa que desde la Casa Rosada se aplicó con los gobernadores que no eran incondicionales, que iba desde usar los fondos del Estado y sus organismos (especialmente el PAMI y el Anses) para armar o apoyar grupos disidentes u opositores, hasta abandonarlos a su suerte como ocurrió durante la rebelión policial de Córdoba de 2013 con negocios saqueados y dos muertos.

   Finalmente, este es otro tema que necesitamos aclarar y definir, es insostenible el monopolio ideológico e instrumental porteño-AMBA y al mismo tiempo no se puede tolerar que gobernadores que se dicen peronistas a cambio de los famosos Aportes Tesoro Nacional, apoyen con el voto de sus senadores y diputados la entrega del patrimonio nacional y de los derechos del pueblo argentino. Cierto es que la absoluta ausencias de una conducción del peronismo a nivel nacional que pueda ordenar y conducir una oposición creíble y que contenga las necesidades y demandas de todos es, especialmente, responsable de este “sálvese quien pueda”, no pueden criticar a Milei o a Macri por usar estas metodologías parta obtener las votaciones porque fue lo mismo que hicieron Menem, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y el dúo Fernández-Fernández, esta corruptela no es valiosa o no según quién la usa.

 El peronismo debe recuperar su carácter de Nacional por contener las aspiraciones de todo el país desde La Quiaca hasta la Antártida, Federal, por asumir las diferencias regionales, provinciales y hasta culturales de este territorio, Popular por aquello que el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés, el del pueblo y Latinoamericano en el sentido de asumirse como continuidad de las luchas para construir una Patria Grande y como la expresión más fuerte y superviviente de ellas en América del Sur.

   Si lo hace habrá un futuro y será peronista de lo contrario deberá asumir la responsabilidad de haber abandonado su historia, su doctrina, sus banderas y a nuestro pueblo

VENEZUELA, LA PSIQUIS ASPIRACIONAL DE LA CLASE MEDIA Y MILEI COMO PRODUCTO DEL ROTUNDO FRACASO DE NUESTRA DIRIGENCIA POLÍTICA

Por Gustavo Matías Terzaga

Lo que hoy se invoca sobre Venezuela en nombre de la “restauración democrática” y la “libertad” para justificar el bombardeo a una nación soberana, replica, casi mecánicamente, una misma matriz de injerencia naturalizada. La intervención externa ya no se presenta como una violación del principio de soberanía, sino como una corrección necesaria, un acto pedagógico ejercido desde el centro sobre la periferia, un tutelaje moral que aporta tranquilidad y ubicación en el mundo. Bajo ese relato, bombardear, secuestrar dirigentes o tutelar procesos políticos deja de ser un atropello y pasa a leerse como un servicio civilizatorio.

La opinión pública internacional y medios locales. La operación no es sólo militar o diplomática, es previamente cultural y simbólica. Seguido a una fuerte demonización a cualquier lider o expresión popular, se construye la idea de que la democracia válida es la que cuenta con el aval de Washington, y que cualquier forma de autonomía política es, por definición, atraso, desviación, aislamiento o barbarie. Así, una buena parte de la sociedad argentina puede llegar a aceptar la subordinación como un mal necesario, convencida de que someterse al tutelaje externo es el precio para “volver al mundo”, salir del atraso populista o, en el caso del país bolivariano, de las garras de un narcodictador.

En ese sentido, la mirada de lo que sucede en Venezuela no es una excepción, sino la expresión más cruda de un patrón histórico: la asociación trastocada entre libertad y dependencia, entre sacrificio y renacimiento, entre modernidad y renuncia a la soberanía. Cuando esa lógica contraria al interés nacional y popular se impone, la claudicación deja de percibirse como tal y se convierte en virtud. Y ahí ya no fracasa sólo un gobierno, fracasa la política nacional como proyecto de autodeterminación. Es la antesala de de la entrega, la renuncia y la naturalización de la conciencia del esclavo en nombre de la integración al mundo.

El fracaso de la dirigencia política argentina consiste en haber naturalizado distintas capas de la dependencia; por cipayismo crónico, por prejuicio, genuflexión, falta de formación nacional, ceguera o cobardía, renunció a pensar la soberanía como un valor estratégico y aceptó la injerencia externa como condición de gobernabilidad, creyendo que a la Patria se la defiende con la pluma y la palabra o con un grissín. Y no hablamos de las elites o de gobiernos liberales puestos por el poder económico; nos referimos a gobiernos de reigambre popular.

La sociedad estaba lista para la Libertad. Y hay que decirlo, evidentemente Milei, producto de lo anteriormente mencionado, leyó con precisión dos planos a la vez: en lo social, captó el hartazgo, la despolitización y la disposición a aceptar dependencia a cambio de orden; en lo geopolítico, entendió la restauración del poder estadounidense en el hemisferio y apostó a un alineamiento pleno como estrategia funcional a ese escenario.

RESPETAR LA CONSTITUCIÓN

Por el Colegio Púbico de la Abogacía de la Capital Federal

El mundo del trabajo actual requiere marcos normativos que brinden certidumbre y previsibilidad, así como la adecuación a los profundos cambios tecnológicos de sociedad en que vivimos. El propósito del gobierno expresado en la nota de elevación del proyecto de reforma laboral, es el de modernizar la legislación del trabajo, mejorar la competitividad y fortalecer la seguridad jurídica entre trabajadores/as y empleadores/as.

Empero, resulta necesario advertir que cualquier proceso de actualización normativa en materia laboral debe encuadrarse estrictamente dentro de los límites del bloque de constitucionalidad federal y de los compromisos internacionales asumidos por la República Argentina en materia de derechos de los/as trabajadores/as.

Resulta inconstitucional equiparar la capacidad de negociación de trabajadores/as y empleadores/as, desconociendo la desigualdad estructural de la relación laboral y la función tuitiva del Derecho del Trabajo. Así, la sustitución de la negociación colectiva por acuerdos de voluntad individual o el intento de asimilar el contrato de trabajo a un contrato de derecho privado común, importa un desconocimiento de la protección constitucional vigente.

Es preciso que la reforma propuesta no vacíe de contenido el rol compensador del Derecho del Trabajo, ni debilite sus principios. Una reforma de carácter regresivo que soslaye estas asimetrías, desmerezca el rol de la negociación colectiva y prescinda del diálogo social tripartito, lejos de promover el empleo decente, fomentará la judicialización y aumentará la inseguridad jurídica, desalentando el anclaje de inversiones y perjudicando a la actividad productiva.

Cabe señalar asimismo que es deber institucional de los tribunales inferiores seguir lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, pero ello no puede imponerse por vía legal en materia laboral, pues afecta la independencia judicial. En otro orden de ideas, es deber de este Colegio señalar que no puede menoscabarse la tarea de los/as abogados/as mediante la imposición de riesgos derivados de su actuación profesional o bien reduciendo injustificadamente sus honorarios.  

Existe un reclamo ciudadano por una reforma laboral que elimine trabas para el desarrollo productivo y que actualice una legislación pretérita frente a los requerimientos de la sociedad actual; pero el Colegio Público de la Abogacía entiende que los/as señores/as legisladores/as deben ejercer su responsabilidad con apego estricto a los principios constitucionales, entendiendo que solo el respeto a la dignidad del trabajo humano permitirá construir una reforma moderna y sostenible.

Enlace: https://www.cpacf.org.ar/noticia/6632/respetar-la-constitucion

¿Quién puso la primera bomba? La violencia política en Argentina

El 15 de abril de 1953, militantes universitarios radicales, pusieron dos bombas en una concentración de Plaza de Mayo con un saldo de 6 muertos y 100 heridos.

Por Aldo Duzdevich*

¿Quién puso la primera bomba? La violencia política en Argentina

Hace más de un año cuando inicie esta serie de notas en LMNeuquén, intentaba indagar sobre la violencia política en Argentina que tuvo su pico en la década del 70. Por fijar una fecha arbitraria comencé por la Revolución del Parque en 1890. Allí nacieron los “boinas blancas” un distintivo de la Unión Cívica, que usaron para diferenciar los bandos en el combate.

La naciente Unión Cívica regó con su sangre el camino de llegar al voto secreto y universal de la Ley Sáenz Peña. Luego escribí sobre las tres de las peores represiones a obreros, que registra nuestra historia: la “Semana Trágica”, la “Represión en la Patagonia” y la “Forestal, todas durante el gobierno de Don Hipólito Yrigoyen.

En mi nota de la semana pasada rescaté positivamente la conducta de Alfonsín y el radicalismo ante la rebelión militar de Semana Santa de 1987. Justamente Roque Carranza uno de los autores del atentado de 1953, fue ministro de Alfonsín, hasta su fallecimiento en 1986.

Alguno se preguntará cuál es mi opinión final de los radicales. Pues mi opinión es que: se equivocan quienes piensan que la historia transcurre en blanco y negro. La realidad dice que la historia transcurre en una infinita gama de grises. La lógica binaria aplicada a la historia y la política, además de poco inteligente, paraliza e impide avanzar hacia objetivos superiores.

Blanco o negro, buenos o malos, son simplificaciones válidas en las películas de cowboys o cuentos infantiles; pero no sirven para entender la complejidad de los procesos político-sociales. Por eso, estudiar la historia, amplía nuestro conocimiento y comprensión, y nos ayuda a discernir el presente con mayor amplitud, para poder proyectar el futuro.

Después de haber sido partícipe y pregonero de la violencia política de los 70, estoy convencido que, al nunca más de los golpes militares, hay que agregarle el nunca más del atajo rápido de la violencia política, que lleva por ejemplo, al reciente intento de matar a una vicepresidenta.

Los Comandos Civiles

Dice la historiadora Mónica Inés Bartolucci : “Hacia finales del gobierno de Juan Domingo Perón, miembros de diferentes partidos políticos (…) junto a estudiantes universitarios mostraron un decidido grado de violencia contra lo que sentían como un proceso de “peronización compulsiva”. Esa confrontación implicó que un conjunto de hombres jóvenes, con buen grado de violencia en los discursos (…) se juntaran en organizaciones clandestinas , para enfrentar lo que consideraron un “régimen” y hablar en nombre del “amor a la patria” o, del “odio a Perón”.

La Licenciada María Sofía Vasallo dice: “En agosto de 1951, civiles que conspiran contra Perón, encabezados por Juan Ovidio Zavala (dirigente radical de procedencia universitaria) colocan “caños” de gelinita sobre las vías y provocan destrozos. Zavala conduce un grupo llamado “Quinto Regimiento”. Su “comisión técnica”, integrada por estudiantes de Ingeniería y de Química, fabrica bombas en un laboratorio céntrico. Zavala edita periódicos clandestinos e interfiere las ondas radiales. Ya había cometido varios atentados contra el peronismo: una granada (que no estalló) para descarrilar un tren de campaña que movilizaba a Perón en las elecciones de 1946; una bomba de humo, guardada en una petaca, en una función de gala en el Teatro Colón para importunar la presencia de Perón y Evita; una bomba contra el consulado español y una herida de bala contra un policía.”

El 28 de septiembre de 1951 se produce el intento de golpe encabezado por el general de brigada Benjamín Menéndez, con importante apoyo de sectores civiles.

A comienzos de 1952, el Servicio de Informaciones de la Aeronáutica logra desbaratar un plan para tomar la Casa Rosada y matar a Perón y a su esposa, comandado por el Coronel José Francisco Suárez.

Recordemos que en noviembre de 1951, en las elecciones presidenciales para el período 1952-1958 Perón obtiene 4.745.157 votos contra 2.706.688 de los candidatos de la Unión Cívica Radical, los conservadores, comunistas y socialistas juntos. Perón consigue dos millones más que todas las fuerzas políticas opositoras juntas. Es decir que más allá de las críticas que se le pudiera hacer, un gobierno que gana con el 63,5 % de los votos, no puede ser considerado no-democrático.

El clima social, inflación y especulación

Dice Vasallo : “Entre 1946 y 1948 los salarios reales aumentaron casi el 40%, alcanzando niveles inéditos. La capacidad de compra de los argentinos se incrementó considerablemente. Mejores salarios para la mayoría, trajo como consecuencia que, muchas veces, no se consigan los productos que han comenzado a poder pagar. Hay desabastecimiento y largas colas en los comercios. El costo de vida sube en forma sostenida entre 1945 y 1951, con una creciente inflación anual. El gobierno argentino enfrenta estos problemas aumentando el control de la actividad económica. El Congreso sancionó dos leyes: en agosto de 1946 (12.830) y abril de 1947 (12.983) . La primera le confiere al Poder Ejecutivo la autoridad suficiente para fijar precios máximos, restringir las exportaciones y racionar los permisos de importación. La segunda ley permite a los funcionarios congelar los precios, embargar mercadería y encarcelar a sospechosos de especuladores por un plazo de hasta 90 días.(…) Los castigos incluyen cientos de pesos en multas, clausuras de negocios por períodos de 5 a 10 días y condenas de 15 a 30 días de prisión.”

Como vemos, 70 años después, se repiten los mismos problemas y similares intentos de solución. Solo que en 1953, las medidas eran bastantes más duras que hoy. El diario Crónica del 15 de abril de 1953 titula en tapa: “Son 667 los comerciantes que están detenidos en Villa Devoto”. En el texto dice “hoy fueron clausurados 35 comercios, cuyos propietarios han sido remitidos a la cárcel.” Y agrega que “fueron decomisados cinco mil cajones de manzanas sustraídas de la venta por los mayoristas Vicente Grasso, Angel Viventi y Antonio Anti, quienes fueron detenidos.”

El desabastecimiento se siente principalmente en la carne, pues los ganaderos obtienen mejor precio en la exportación, que en el mercado interno. Por la misma razón falta trigo, lo que lleva a popularizar el pan negro ( el que hoy comemos para hacer dieta), también se establecen cupos de nafta, y se racionaliza la electricidad con cortes selectivos. La inflación llega al 27% anual, un número muy alto en aquellos tiempos.

En ese marco, la CGT convoca a una gran movilización en Plaza de Mayo, para apoyar al gobierno en su lucha contra el agio y la especulación.

Tres bombas contra la multitud inadvertida

Según investigó Daniel Brion: “El local, de la firma Redondo Hnos., ubicado en la avenida Jujuy 47/51, era el centro de actividades del grupo. Allí solían fabricar bombas, redactar panfletos antiperonistas y organizar reuniones políticas clandestinas.

El miércoles 14 de abril, en ese lugar, el ingeniero Roque Carranza armó tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía 30 cartuchos de gelinita y fue destinada al Hotel Mayo, ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen y que se encontraba en refacciones. Otra algo más potente, armada con 50 cartuchos de gelinita, fue colocada en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, en Rivadavia 409 (actual Banco Francés). Ésta finalmente no estalló, por defectos en el mecanismo de relojería. La última y más poderosa, que contaba con 100 cartuchos, fue colocada en la estación Plaza de Mayo de la línea “A” de subterráneos.”

Muchos de quienes a veces concurrimos a este tipo de manifestaciones masivas, donde la gente se amontona codo con codo, alguna vez pensamos, “que pasaría si un loco pone una bomba aquí”. Ese jueves 15 de abril de 1953, unos locos pusieron dos bombas, que explotaron justo cuando Perón hablaba desde los balcones de la Casa Rosada.

El acto era una tradicional fiesta peronista, con sus cánticos y carteles desplegados. Primero habló el Secretario General de la CGT Eduardo Vuletich. Luego tomó la palabra Perón. Llevaba 14 minutos de discurso cuando estalló la primera bomba en el Hotel Mayo. Una de las cortinas metálicas fue arrancada de cuajo y muchas ventanas y vidrieras quedaron destruidas. Desde el balcón se escuchó y vio la explosión, el tumulto de gente asustada y herida. Durante unos minutos se pudo ver al General Perón impartir indicaciones a algunos funcionarios que estaban junto a él, mientras levantaba sus brazos con la intención de infundir calma en el público. La multitud compacta de la plaza no se movió pero los cánticos mutaron hacia la bronca y el enojo.

Perón retomó el discurso: “Compañeros: estos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba…”. En ese instante se escuchó otro estallido, mucho más potente que el anterior: era la bomba colocada en la estación Plaza de Mayo, de cuyas bocas de acceso comenzó a emanar humo.

Por suerte la que pudo ser más letal, la del Banco Italiano, por la altura y la voladura de mampostería que podía desparramar sobre la gente parada en Avenida Rivadavia, no estalló, y recién fue encontrada un mes después, por la información de los autores del hecho.

El saldo fue de seis muertos y cerca de cien heridos, 19 de ellos mutilados. Por suerte (como se hace en los actos actualmente) la estación Plaza de Mayo del Subte A, estaba cerrada al publicó por el acto. Esto evitó que la cantidad de muertos fuese muy superior. Los fallecidos fueron: Santa Festigiata D’Amico (italiana de 84 años), Mario Pérez (empleado de Transportes de Buenos Aires), León David Roumeaux (dirigente del gremio de los madereros), Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Couta.

Las imágenes de los muertos y heridos, generó una ola de bronca e impotencia en la multitud, que por momentos contagió al orador quien se dejó ganar por el enojo y tuvo palabras muy fuertes, que al final rectificó. Luego Perón siguió con su discurso y se extendió largamente sobre la inflación y el desabastecimiento, propuso establecer el control de precios y convocó a los trabajadores a cuidar los precios y controlar las medidas especulativas. También se refirió a la corrupción de los funcionarios, sosteniendo que sería inflexible y que irían a la cárcel.

Cerca del final de su discurso volvió a referirse al atentado diciendo: “Señores: aunque parezca ingenuo que yo haga el último llamado a los opositores, para que en vez de poner bombas se pongan a trabajar en favor de la República, a pesar de las bombas, a pesar de los rumores, si algún día demuestran que sirven para algo, si algún día demuestran que pueden trabajar en algo útil para la República, les vamos a perdonar todas las hechas.”

En el cierre del discurso, el Presidente pidió a los trabajadores que «regresen a sus casas» y sostuvo: “Compañeros: como en la horas más críticas de nuestra lucha en 1945, pediré a todos los compañeros que, como entonces, estén activos y vigilantes; pediré a todos que vayan al trabajo confiados y decididos. Todos los problemas que puedan presentarse, se resuelven produciendo. A esos bandidos los vamos a derrotar produciendo, y a los canallas de afuera los vamos a vencer produciendo. Por eso, hoy como siempre la consigna de los trabajadores argentinos ha de ser: producir, producir, producir.”

Los incendios por la noche

Al finalizar el acto los grupos más indignados y exaltados por la tropelía de sangre cometida por los comandos antiperonistas, fueron a desquitar su bronca contra algunos sitios emblemáticos símbolos del antiperonismo. La sede del Jockey Club fue prendida fuego, igual suerte corrieron la sede del Partido Socialista, en Rivadavia 2150; la Casa Radical, en Tucumán 1660; y la sede del Partido Demócrata Nacional, en Rodríguez Peña 525. Para la prensa y los historiadores antiperonistas, por supuesto lo trágico y grave fueron los incendios y no el demencial acto de terrorismo contra una multitud indefensa.

Los autores del atentado terrorista

El hecho de detonar bombas en medio de una multitud, claramente califica como acto de terrorismo indiscriminado. Dos años después, vino el bombardeo a Plaza de Mayo con 309 muertos y 800 heridos. Fue el odio antiperonista que inspiró y ejecutó estos dos atentados únicos en la historia argentina. Lo indiscriminado implica que está dirigido contra cualquier persona, viejo, joven, niño, que se encuentre cerca.

Un mes después cuando intentaban fugar al Uruguay fueron detenidos: Arturo Mathov, Roque Carranza, Carlos González Dogliotti, juzgados como autores materiales. Otros acusados de participar fueron: Jorge Firmat, Federico Gotlling, Miguel Ángel de la Serna, Rafael Douek ,los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, y el capitán Eduardo Thölke, quien les proveyó los explosivos.. Mathov y Carranza en los años siguientes fueron destacados dirigentes radicales. Paradójicamente el gobierno radical homenajeó al Ingeniero Roque Carranza, autor del peor atentado terrorista en el subte, poniendo su nombre, a una estación de subte.

¿Quién puso la primera bomba?

Es un título tramposo. En realidad, no debería ser tema en disputa, quién disparó primero, cuantos agravios hubo antes del primer disparo o de la primer bomba. Como sostuve al inicio, la historia no es blanco y negro, buenos y malos; sino que se desarrolla en una infinita gama de grises. Pero además, es necesario estudiarla para conocerla e intentar comprenderla para no repetirla. Perón decía hay que estudiar la historia para aprender del error ajeno, porque el error propio llega tarde y cuesta caro.

A mi criterio, lo importante no es quien puso la primer bomba. Lo realmente importante, sería cómo construimos un pacto civilizado dentro del cual poder dirimir nuestras diferencias, sin bombas, ni pistolas disparando a la cabeza de otros argentinos o argentinas.

P/D Esta es la nota número 100 que escribo en los domingos de LMNeuquén. Quiero agradecer a su Director Juan Carlos Schroeder y su Editor General: Ángel Casagrande, por el espacio que me dan y la libertad de escribir sobre lo que quiero; y además por retribuir mi trabajo intelectual, cosa difícil de obtener en estos tiempos.

*Autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.

https://www.lmneuquen.com/neuquen/quien-puso-la-primera-bomba-la-violencia-politica-argentina-n1012464

Genealogía de Mauricio Macri. El mundo PRO, una experiencia fallida

Por Mario Casalla

BUENOS AIRES (especial para Punto Uno). Un dato objetivo y compartido es que, a la fecha, el partido de gobierno (La Libertad Avanza) ha fagocito al PRO subsu-miéndolo en su propia práctica política. Expresamente no utilizamos la palabra “fin” o “muerte” del PRO porque en la singular vida política argentina los fenóme-nos partidarios nunca mueren del todo, sino más bien se acumulan como capas de cebolla. Tanto es así que en la Justicia Electoral de nuestro país hay 47 parti-dos de orden nacional y más de 700 de orden distrital reconocidos, convirtiéndola en el país sudamericano con más partidos políticos, aunque muchos de ellos no pasan de ser un sello que se prestan o alquila cuando llegan las elecciones. De allí que los saltos y cambios de casaca suelen ser también cosa bastante común. Desde su nacimiento, en el turbulento contexto de 2001-2002, Propuesta Republi-cana (PRO), el partido fundado por Mauricio Macri, empresario y ex-presidente del Club Atlético Boca Juniors, resistió la tentación de diluirse en los partidos tradicio-nales y se convirtió en un espacio de renovación de la centroderecha argentina. En él convivían políticos de larga data con nuevos ingresantes a la actividad, rela-cionados con el mundo empresario y de las ONG y los “think tanks” liberales. El emprendedurismo y el voluntariado eran los valores partidarios dominantes, a lo que sumaban un discurso “postideológico”, una estética festiva y un liderazgo pro-pio de un “team leader” empresarial. El alma mater del PRO es Mauricio Macri, se crió entre esos dos y sin él ese Mundo PRO sería, en lo político, muy poco sus-tentable. Quienes lo tratan más en intimidad dicen que suele repetir esta frase pa-ra explicar su destino: “Creo que la mejor definición de mí mismo me la dio Grego-rio Chodos, que es como un padre para mí. El me dijo: Mauricio en la vida están los que eligen tener y los que eligen ser. Vos elegiste ser. Y yo siento eso. Que yo tenía todo ya. Así que elegí ser”. 

UN PADRE Y VARIOS TUTORES

De Franco -su padre biólogo- pueden decirse muchas cosas, menos que haya descuidado la educación de quien imaginaba como su heredero. Quiso que Mauri-cio fuera al exclusivo Colegio Cardenal Newman, así como él revalidó su título del Liceo Italiano, en el Colegio Nacional de Buenos Aires (a su manera también, ex-clusivo), dos años después de haber llegado de Italia como inmigrante. Y también bregó Franco porque Mauricio cursara la carrera de Ingeniería, la misma que él había iniciado sin concluir, porque rápidamente fundó su primera empresa, Urbana S.A. Años después cuando Mauricio le llevó su flamante título de Ingeniero (UCA) hizo lo mismo que Giorgio (el abuelo presidencial) había hecho con él: lo ingresó en el mundo laboral. Claro que su abuelo Giorgio fue mucho más duro con Franco, que éste con Mauricio. Según cuenta en su autobiografía (“Macri por Macri”, 1997), a los tres días de haber desembarcado, lo mando en colectivo a trabajar en la construcción del Barrio Ciudad Evita que recién comenzaba. Franco fue mucho más amable con Mauricio: terminado los estudios universitarios lo llevo a SOCMA como analista junior de una de las empresas del grupo (SIDECO Americana). Allí aprendió las dos cosas que le faltaban: la práctica empresarial concreta y el mun-do de la política. Ambos, claro, inextirpablemente unidos.

EL OTRO PADRE 

Por aquellos años había en SOCMA cuatro gerentes de mucha confianza, a quie-nes Franco Macri consultaba en materia de política y gobierno: Carlos Grosso, Jorge Haieck, Ricardo Zinn y el ya citado Gregorio Chodos. Todos venían o repre-sentaban distintas líneas y tradiciones políticas y todos estaban en SOCMA (y se irían del grupo) por diferentes motivos y maneras. Franco los respetaba y acercó a Mauricio a ellos para que fueran –en el día a día empresario- educando políti-camente al delfín. Grosso y Haieck eran peronistas y un puente con el “peronismo renovador”, que surgía como alternativa al gobierno de Alfonsín que ya empezaba a tener problemas; Ricardo Zinn fue su introductor en lo más duro del liberalismo económico y un puente de plata con los gobiernos militares, mientras que Grego-rio Chodos representaba allí al desarrollismo y era amigo personal tanto de la fa-milia Macri como del ex presidente Arturo Frondizi. Chodos invitaba frecuentemen-te a Frondizi a cenar con Mauricio y allí las charlas no eran tanto de ideología desarrollista, como de las implicancias de ejercer el poder real desde el máximo cargo del Poder Ejecutivo. Frondizi un conversador agradable y fascinante (doy fe), era además un especialista en saltear obstáculos, recibir golpes y salir a flote, además de una inteligencia evidente y una auténtica vocación de estadista (lo re-conocían propios y adversarios). Cuando el joven Mauricio pronunció el discurso de asunción presidencial, nótese que el único nombre propio que citó fue el de Arturo Frondizi. Además había pedido -para ir luego a la Casa Rosada- el mismo Cadillac negro descapotado que utilizaron Perón y Frondizi (y que él no utilizó “por razones de seguridad”) y no mucho tiempo antes, ya como líder del PRO, decla-raba: “Puedo armar el mejor equipo político de gobierno, desde Frondizi para acá”. Evidentemente su “ideal de presidente” es Arturo Frondizi y su Ministro de Interior es un Frigerio. Pero claro Mauricio no es Arturo, ni Rogelio (nieto) es su abuelo, pero ese “ideal de yo” (contra el que se medirá día a día, en su fuero íntimo) sí lo son. El ideal de Frondizi vino mixturado, tal cual ocurrió en los ‘60: el otro lado de Frondizi fue Alvaro Alsogaray, a quien el desarrollista hizo su ministro de Econo-mía (algo inexplicable desde el punto de vista ideológico). En aquellos años el abuelo de Rogelio, dejó el gobierno de su entrañable amigo Arturo; hoy, al revés, su nieto Rogelio integró el gobierno de Mauricio, así como ahora gobernador de Entre Ríos, dio el salto a LLA sin problema alguno. Es que en su eclecticismo pragmático, Franco también arrimó a Zinn al elenco de tutores de Mauricio y por eso el joven que cenaba cada tanto con Arturo Frondizi, recibía clases pagas de Economía del mismísimo Ingeniero Alvaro Alsogaray. Aquí Zinn fue completado en la gestión por su tío materno, Jorge Blanco Villegas, quien contrató al Ingeniero para tales menesteres a través del Instituto de Economía Social de Mercado. Al-varo no perdió la oportunidad y a las pocas clases le acercó una ficha: por un tiempo Mauricio Macri estuvo afiliado a la UCEDE. Claro que don Alvaro no sabía que fichaba a otro Presidente (de los varios que fichó) y Mauricio ni soñaba con hablar en el mismo recinto que habló Frondizi, ni bailar al son de Gilda en el balcón al que asomó Perón el 17 de octubre del ’45. No duraron mucho esas mieles y el gobierno de Macri terminó en medio de una crisis política y económica de primer nivel. Debió recurrir al FMI y obtuvo un préstamo acordado en 2018 que fue el más grande de la historia argentina, inicialmente de US$ 50.000 millones y luego ampliado, en un intento por estabilizar la crisis económica y la fuga de capitales, pero fracasó en sus objetivos, se renegoció y gran parte del dinero se usó para pagar deuda preexistente y financiar fuga, generando fuertes críticas y denuncias de irregularidades por parte de la oposición y auditorías, según diversos medios y la Auditoría General de la Nación. Esa deuda externa es la que todavía estamos pagando. El ministro de Economía fue el mismo que tiene Milei (Luis “Toto” Capu-to) y el presidente del Banco Central era Federico Sturzenegger, el mismo que Milei tiene como ministro de Desregulación y Transformación del Estado. No sin razón se sostiene que el plan de gobierno de Macri es estructuralmente el mismo que Milei ejecuta ahora a una incomparable velocidad. Tampoco se ve que esto termine bien. Usted verá, amigo lector.

Los Caminos de la vida

Omar Auton

“Salgan al sol, revienten/Salgan al 

Soool/Salgan al sol, idiotas” 

(“Salgan al sol” Billy Bond)

   Para gran parte del pensamiento “políticamente correcto” la realidad insiste en mostrarse esquiva con sus análisis, sus predicciones, sus conclusiones, y me refiero a los más sinceros, o sea a los que cuando sus manuales no aciertan para comprender la realidad prefieren aferrarse a sus manuales.

   Lejos estoy de plantear un ataque a algún intelectual o pensador, más allá de lo acertado o no, a mi criterio, de sus análisis o afirmaciones, lo que creo que tenemos que pensar si no es momento, de una vez por todas, de tratar de conocer, estudiar y pensar como conoce, estudia y piensa nuestro pueblo, no en términos únicos sino precisamente rescatando las diferencias, las experiencias, la riqueza profunda de una identidad que es pluricultural en términos de mestizaje, que se fue edificando con los aportes locales y de las corrientes migratorias y que fue construyendo a nivel individual, comunitario, local pero también a nivel nacional.

   Recientemente científicas del Conicet hallaron un gen, al que llamaron “gen argentino”, (para disgusto de los mediocres que siguen repitiendo que “Los argentinos descendemos de los barcos”), en estudios realizados en la zona centro del país, que luego fue derivando, a partir de otros de origen amazónico, altiplánico, cordillerano, otros biotipos y éstos se encontraron con el europeo, el africano, continuando un desarrollo del que somos consecuencias.

   Si compartimos el concepto de comunidad como más amplio, profundo y preciso que el utilitarismo de “sociedad”, si aceptamos que los grupos humanos tienen como argamasa no sólo los intereses de cada individuo, sino lazos comunes que provienen de una historia compartida que genera pertenencias, valores, formas de organización, sueños y hasta concepciones de trascendencia que definen a una comunidad, se trata de reconocer como esos factores han aparecido caracterizando momentos de nuestra historia, como fueron evolucionando, que cosas lo potenciaron y cuáles lo afectaron. Este ejercicio nos va a dar los marcos teóricos y de campo para insertar la actualidad en los procesos y a partir de allí elaborar la necesaria «Actualización doctrinaria” que la realidad nos reclama.

   El “salir al sol” del tema de Billy Bond y La Pesada del Rock, en los años 70 hacía referencia a eso, a romper las formas de la mediocridad, de la frialdad de los laboratorios y bibliotecas, que, además, presentaban el problema que no contenían los aportes intelectuales de pensadores e incluso teóricos locales y latinoamericano que cuestionaban al “establishment” del pensamiento colonial, se producía en esos años un movimiento de revisión de nuestra historia, pero también de nuestra cultura, que empezaba a ser entendida como “Casa del hombre” y no limitada a las expresiones artísticas o educativas que en general eran aplicaciones mecánicas de categorías que eran válidas en los centros metropolitanos, ya que habían nacido de su historia, sus valores y experiencias pero no a los territorios de ultramar. Ese fenómeno tiñó gran parte de nuestra propia visión durante siglos y nos impidió formar una clase dirigente (que no es lo mismo que una “clase dominante”).

   Tomemos un tema puntual, la Educación, allá por septiembre de 2022, un grupo de docentes reunidos en la ReNaCe, Red Nacional por la Calidad Educativa, presentaban un proyecto de DNU, en cuyos “Vistos” transcribían “Los alumnos plantean con desesperación: En la Educación falla todo, falla el alumno, el docente, la familia, el Estado. Falla aquel alumno que se mentaliza que no puede, falla el docente al hacerle creer que eso es cierto, falla aquella familia que no da el apoyo a sus hijos ni exige una mejor educación, fallan los adultos que no se hacen responsables de sus menores, falla la educación que nos miente, porque nos aprueba, porque nos da títulos en sistemas en los cuales los contenidos son escasos o nulos falla el Estado por permitir que todo esto pase, por premiar con becas a alumnos que no se esfuerzan y no a los que se esmeran o se destacan en la escuela. Somos una generación a la que nos hicieron creer que somos unos inútiles, que no podemos o que solamente podemos si los docentes nos dan un trabajo fácil. Estamos convencidos que no hay retorno, que somos jóvenes capaces, con sueños y metas, pero con pocas oportunidades. Los docentes sienten hastío al ver como se desprestigia su labor profesional y su autoridad pedagógica debido a que, por decretos o directivas ministeriales, se ven forzados a:

Aprobar alumnos que no han logrado los aprendizajes que se avalan con su título

Promocionar estudiantes con un sinnúmero de materias desaprobadas e incluso sin haber asistido a clases

Graduar a alumnos que no saben leer ni escribir

Recortar contenidos hasta niveles irrisorios

Eliminar o desactivar sanciones disciplinarias y reclaman:

Instar a toda la comunidad unirse en la lucha por reencauzar el rumbo de nuestra educación y

Convocar a todos los actores de la política para trazar una estrategia de corto, mediano y largo plazo que nos lleve a estar orgullosos de la calidad educativa argentina”.

   Para la misma época, Romina de Luca, Doctora en Historia, docente de la UBA y directora del grupo de investigación Historia de la Educación Argentina y autora de “Brutos y Baratos” un estudio sobre la educación argentina entre 1955 y 2001, afirmaba “Lejos de privatizarse, (En 2020 la gestión estatal era de un 73% y la privada de un 27%) el sistema educativo se estatiza, pero, esa estatización se acompaña de una mayor degradación” señalando así lo que para ella es la verdadera causa de la crisis: la constante pérdida de la calidad de la enseñanza, afirmando, sin pelos en la lengua que la verdadera causa de la crisis en la educación es “La degradación causada, entre otras cosas por la “circulación rápida” de los alumnos por el sistema, facilitando al extremo el pase de un grado a otro, y por el vaciamiento de contenidos.

   Afirma además que “La inclusión educativa kirchnerista fué fallida en el sentido de que los alumnos pueden transitar por el sistema sin adquirir conocimientos sólidos... el macrismo conservó todos los mecanismos inclusivos del kirchnerismo que fueron convirtiendo la escuela en una “caja vacía”…Se arraiga la idea que los estudiantes deben transitar en forma ascendente por la escuela como si estuvieran en una escalera mecánica, sin importar si los conocimientos acompañan ese proceso…Las medidas post pandemia acentuaron esa tendencia al extremo, pase automático de 2020 a 2021, suspensión de exámenes y notas numéricas, evaluación por áreas y un verdadero Viva la pepa de materias adeudadas de un año al otro”

Me he detenido en estas largas transcripciones porque coincido con ellas que el gravísimo problema de la educación argentina no es responsabilidad de “buenos” o “malos” docentes, profesionales mejores y peores los hay en todas las actividades y eso no provoca una crisis de las dimensiones de la educativa, sino que es el sistema mismo, sus currículas y metodologías, sus programas de estudios descentralizados hasta a nivel escuela para favorecer su “integración al contexto”, la falta de formación de los docentes y de la cantidad de éstos para afrontar una enseñanza casi personalizada ante la fragmentación social y familiar que lleva a que cada chico “sea un mundo diferente”, la inexistencia de gabinetes de apoyo psicológico y psiquiátrico, trabajadores sociales, etc, la desarticulación con sistemas como el de salud, el abandono de la organización por disciplinas para reemplazarlo por el “abordaje por problemas”, hoy solo importa que el chico “esté en la escuela” más allá de la adquisición de contenidos.

   Ni siquiera podemos acusar de esto a los organismos internacionales, la Unesco o el Banco Mundial, ya que la Argentina es tomada como modelo en la aplicación de estos nuevos sistemas ya que viene desde los años 60, mucho antes de su generalización global, mientras tanto en el año 2020 se sabía que uno de cada cuatro estudiantes primarios terminaban su ciclo primario con conocimientos básicos o por debajo del básico en lengua y matemáticas y en el nivel secundario, que se supone es obligatorio, de cada 10 que arrancan, cuatro se pierden en el camino, y de los seis que llegan al final solo egresan efectivamente 4 o 5 de los cuales un 36 % solo alcanza rendimientos básicos en lengua y un 72% en matemáticas.

   Como “mal de muchos, consuelo de tontos” seguramente muchos saldrán a teorizar sobre lo estratégico de “retener el chico en el sistema” aunque no aprenda nada o que “si lo hacés repetir se va de la escuela”, cuando no la más vergonzosa “Acá al menos comen”, desnaturalizando la crisis o lo que es mucho peor aún, naturalizando y siendo funcionales a la construcción de una sociedad de exclusión, donde las familias adineradas o que puedan hacerlo en base a sacrificios busquen para sus hijos las escuelas donde todavía puedan aprender y tener una formación y adquisición de conocimientos, no hablo de educación porque creo que eso es función de la familia, mientras el resto seguirá engrosando los niveles de desocupación, hoy del 30% en menores de 25 años, de informalidad o lisa y llanamente de exclusión.

   Cierto es que este drama no es solo nuestro, España vive algo parecido, por ello el subir reels que exhiben la estupidez e ignorancia de sus adolescentes, es un deporte nacional, Gregorio Luri, Licenciado en Pedagogía, Doctor en Filosofía y sobre todo maestro, ha escrito un libro que es un llamado de atención para todos, “La Escuela no es un Parque de Diversiones, Una defensa del conocimiento poderoso”, donde resume su tesis en una frase “Si la escuela está en crisis no es porque sea una institución anticuada, sino porque ha olvidado su noble función: la de reducir en el mínimo tiempo posible y al mayor número de alumnos, la distancia entre la ignorancia y el conocimiento”.

   Sin embargo, estoy convencido que nada de lo hasta aquí expuesto puede sorprender a nadie, al menos no a cualquier padre o madre preocupado por el futuro de sus hijos y atento a su devenir en la escuela, pregunte usted, lector, a cualquiera cuál cree que es el estado de la educación en la Argentina y el 90% dirá “un desastre, ya no sé qué hacer o a que escuela mandarlo”, en un lenguaje más común o más formado todos sentimos que nuestros hijos y nietos no están teniendo una educación satisfactoria o adecuada, ¿Por qué el tema no está en ningún debate político?, ¿Porqué si en todo el mundo hace una década que se habla del efecto pernicioso de las pantallas en los niños y adolescentes, hasta tal punto que el mismísimo Mark Zuckerberg afirmó que el no permitiría que un hijo suyo usara smartphones antes de los 16 años, que pediatras y psiquiatras vienen hablando sobre la demora en el desarrollo del cerebro frontal, cuando hoy se habla del aumento exponencial de los problemas de violencia, irritabilidad y agresividad en niños y adolescentes y la escasez de psiquiatras especializados en niños, no hay un solo debate serio, en universidades nacionales, con participación de dirigentes políticos, a ver si aprenden algo, sobre este tema?

   Hace pocos días una docente, en nuestro streaming “El Bar del Encuentro” nos decía que ellos tienen que trabajar con los chicos, hacer tareas administrativas, si llaman a los padres por posibles problemas dn los chicos y éstos, salvo que se enojen y agredan al docente, piden un turno en el hospital tienen de tres a cuatro meses de demora y hasta seis ante un brote de agresividad. Si se hacen reformas en el sistema jamás son consultados y los sindicatos del sector no salen del debate salarial o por el estatuto y las licencias, nunca han planteado un un debate profundo sobre el sistema educativo, mientras tanto los funcionarios “expertos” llevan décadas discutiendo entre “Escuela inclusiva vs Calidad escolar”, me hacen acordar en la década del 90 (no sé si aún continúa), los psiquiatras y psicólogos debatían en congresos y simposios sobre reclusión o tratamiento ambulatorio de las enfermedades mentales, otro concepto “cancelado” ya que hoy no hay “enfermedades” sino “trastornos” o “Conductas diferentes”, mientras la comunidad reclamaba que la cortaran con ponencias y “papers” y definieran si había que había que poner los recursos en incrementar la cantidad de camas en internación o abrir casas de medio camino para externar pacientes.

   La misma docente me decía que hoy cuando un chico habla diferente antes de pensar si presenta problemas fonoaudiológicos tienen que ver como hablan los padres, no es que el chico tenga un trastorno sino que se crió oyendo hablar a sus padres en un idioma que no es el castellano común, ni que hablar con los doblajes de películas, series y dibujos animados en “español neutro” o “español centroamericano”, (las apps dan estas opciones) con lo cual los chicos tampoco hablan igual que sus padres o sus docentes.

   En escuelas de CABA comienza a notarse la caída de la natalidad en las inscripciones para el primer grado, ante ese fenómeno ¿cuál es la respuesta del gobierno?, acaso aprovechar para redistribuir espacios y avanzar con la doble escolaridad, como establece la legislación, NO!!, es cerrar aulas o en el actual proyecto de los canallas de este gobierno dejar de lado la obligatoriedad de la educación para que “Cada padre instruya a sus hijos en lo que quiera y como quiera”, una cosa es “Educar” que tiene que ver con aprender a vivir en sociedad, internalizar hábitos de convivencia, valores como el respeto o la solidaridad, eso es responsabilidad de la familia, otra, muy diferente es impartir conocimientos o como dice Luri, en la frase citada “Reducir la distancia entre la ignorancia y el conocimiento”.

   Claro está que todo eso viene abonado por teorías y literatura que aportan a toda teoría en boga, pero a la angustia de los padres al ver que sus hijos pasan de grado y no aprenden nada o egresan sin saber leer o interpretar un texto, que se enteran ahora que el haber permitido que sus hijos usaran pantallas desde recién nacidos las provoca trastornos de maduración mental o de conducta ¿quién le da respuestas?, ¿Quién sale a hablar con los docentes para enterarse de lo que pasa en las aulas, con el pluriempleo, con modelos curriculares que han fracasado?

   Por todo eso lo de “salgan al sol”, una deriva poética de “salgan a la calle”, va dirigido a una dirigencia política a la que se le puede aplicar toda la letra de esa canción y muchos epítetos mas, hablen con los padres, con los docentes, con los inspectores y auxiliares docentes, dejen de ocultar hipócritamente los resultados de las pruebas escolares y exhibir logros de alumnos en certámenes internacionales como si eso fuera el resultado del modelo educativo argentino, claro que hay escuelas donde los alumnos reciben buena instrucción, que hay docentes que se desloman para que aprendan contenidos, que hay chicos cuyos padres pueden acompañar y trabajar con sus hijos en esos contenidos, pero no es la mayoría, al contrario, muchos padres tienen doble empleo para poder parar la olla, los docentes están superados, porque también necesitan el doble o triple empleo y además porque tienen que lidiar con las consecuencias de hogares en crisis o destruidos, la fragmentación y violencia creciente de una sociedad injusta, las adicciones (incluidas las ludopatías dentro del aula) y todos los demás problemas ya consignados.

   Hace 40, en 1985 años se instauró en la UBA el Ciclo Básico Común, el CBC, supuestamente para “equilibrar las asimetrías que existían en los conocimientos que tenían los egresados de las escuelas secundarias del AMBA, se suponía que debería ser una solución temporal, que se iba a trabajar en nivelar las asimetrías, hoy no sólo se mantiene el sistema sino que en otras universidades se elimina el examen de ingreso porque ya era imposible bajar mas aún el nivel de exigencia, pasaron 40 años desde que se detectó el problema y no sólo no se hizo nada para mejorarlo sino que empeoró.

   En un capítulo anterior hablé de la política internacional, de lo que ocurre en el mundo, un mundo que cambia vertiginosamente sin que nadie nos cuente o explique lo que está pasando, ni los medios de comunicación ni la dirigencia, aunque muchas consecuencias del reordenamiento del poder mundial ya están manifestándose a nuestro alrededor, mas aún con un gobierno de traidores, ignorantes y psicóticos que nos involucra en conflictos ajenos o claudica nuestra soberanía de formas que San Martín, Belgrano, Yrigoyen y hasta Roca deben estar retorciéndose en sus tumbas.

   Hoy vemos como nos hundimos en una crisis educativa que tiene responsables, una dirigencia que sabe que estamos condenando generaciones enteras a la ignorancia y la exclusión y no les importa o lucra con ello e intelectuales muy satisfechos con sus publicaciones y teorizaciones pero sin el coraje necesario para llamar a las cosas por su nombre y denunciar con un lenguaje claro e inteligible esta tragedia.

   Lejos estoy de agotar el rosario de calamidades que una dirigencia fracasada y obsoleta han dejado ingresar en nuestra patria y agobian a nuestro pueblo, hay mucho mas por decir y será dicho, ojalá pronto el pueblo argentino agote su paciencia  y “Haga tronar el escarmiento”.

La herencia de un gobierno fallido (2019 – 2023), el rol de Cristina y el peronismo fracturado

Por Gustavo Matías Terzaga*

Reconocer el aporte histórico de Cristina no implica suspender la crítica política; al contrario, exige ejercerla con la madurez de entender que ningún legado, por importante que sea, puede convertirse en excusa para inmovilizar a un movimiento que tiene la responsabilidad histórica de volver a conducir el destino nacional.

Sostener y fortalecer la gestión de Alberto Fernández no era un acto de disciplina menor, era la condición estratégica indispensable para llegar competitivos a una reelección y evitar el retroceso histórico que hoy padecemos. Es raro estar aclarando esto, pero en cualquier proyecto nacional, la estabilidad del gobierno en ejercicio es la plataforma desde la cual se construye continuidad política para plantear el cúmulo de batallas que restan por dar. Minar desde dentro a ese gobierno —debilitar su autoridad, exponer públicamente sus contradicciones, erosionar su legitimidad— sólo podía conducir a lo que finalmente ocurrió; entregar el rumbo del país a una fuerza cuyo proyecto de demolición no registra antecedentes en nuestra historia democrática. Algo similar ya había ocurrido en 2015, cuando Cristina habilitó —y en algunos casos promovió explícitamente— una campaña de erosión hacia Daniel Scioli, el propio candidato presidencial del espacio peronista. El ninguneo bajo el lema “El candidato es el proyecto”. En lugar de fortalecerlo para enfrentar una elección extremadamente competitiva, se lo sometió a una desconfianza sistemática, a señales ambiguas desde la conducción y a un trato político que lo debilitó ante la sociedad, en plena campaña electoral.

En Cristina, a esta altura y a la luz de los hechos, se vuelve evidente una lógica peligrosa: la preferencia por perder antes que aceptar una conducción que no controle plenamente.

En ese sentido, la famosa predicción de Cristina sobre una “elección de tres tercios” para el 2023 no fue una intuición brillante ni una lectura visionaria, fue simplemente la constatación del daño ya provocado. Era, más que un pronóstico político, un inventario de las fracturas internas que ella misma había contribuido a abrir. Aunque Cristina no es la única responsable; en alguna medida, todos lo somos. Gobernadores, intendentes, diputados, senadores, dirigentes nacionales y provinciales que miraron para otro lado, que no intervinieron a tiempo o que eligieron preservar sus pequeñas parcelas antes que ordenar el conjunto. Pero en la figura de CFK, por su gravitación, se identifica el drama político que importa la ausencia de conducción nacional.

Un diseño político condenado a la fragilidad

Poner un presidente con acuerdo tácito del establishment tiene consecuencias previsibles. El gobierno 2019–2023 nació débil porque fue diseñado desde esa lógica. Cristina eligió a Alberto Fernández con un criterio exclusivamente personal, sin integrar a los actores centrales del peronismo en la decisión ni construir una base política sólida para sostenerlo. Ese origen, sostenido más en un cálculo defensivo que en una estrategia de poder político y popular, determinó un gobierno que dependía más del equilibrio interno que de un proyecto claro, y esa fragilidad terminó marcando todo su recorrido. El mérito de esa jugada fue la eficacia para impedir la reelección de Macri, pero desde el primer día operó una lógica invertida; el poder formal del gobierno estaba en la Casa Rosada, pero la voz del poder real residía en el Instituto Patria. A esa anomalía se le sumó la intervención permanente de Cristina —silencio durante la Pandemia cuando Alberto contaba con acompañamiento, apoyos selectivos, críticas públicas, presiones internas, renuncias inducidas, cambios repentinos de gabinete—, un doble comando que vació de autoridad al Presidente que ella misma había ungido y que terminó generando la sensación de que el gobierno no resolvía nada, no administraba sus tensiones ni su propio elenco. Y no se trata de salvar la figura de Alberto Fernández, que tal vez nunca estuvo plenamente preparado para la investidura presidencial, sino de entender que su fragilidad individual no explica por sí sola el colapso. Sólo alguien dispuesto a renunciar al análisis político puede sostener que la crisis del peronismo y la llegada de Milei se explican por la tesis simplista de que “Alberto no le hacía caso a Cristina”.

Sin embargo, sumado a ese marco defectuoso, el gobierno debió navegar condiciones extraordinarias: una pandemia que obligó a paralizar la economía mundial, una sequía histórica que devoró miles de millones de dólares de las arcas del Estado y una guerra en Ucrania que disparó los precios internacionales de energía y alimentos.

Estas son variables indispensables a la hora de evaluar con honestidad el gobierno de Alberto Fernández; sin integrarlas al análisis —la fragilidad de origen, el doble comando, la interna permanente, las operaciones internas, los factores externos, la falta de autocrítica y la distorsión deliberada del relato— cualquier juicio queda incompleto y, peor aún, funcional a las simplificaciones que hoy impiden comprender el verdadero proceso político que atraviesa el peronismo.

Virtudes que merecían ser defendidas

Las dificultades y la fragilidad de origen no impidió que el gobierno desarrollara políticas públicas de enorme valor para los sectores populares, políticas que jamás fueron defendidas ni por el propio oficialismo ni por la militancia K que eligió repetir el libreto que se bajó de debilidad y desobediencia. Pero aun en medio de una pandemia histórica, el gobierno sostuvo los pilares sociales y productivos del país con una coherencia pocas veces reconocida. Y a los hechos nos remitimos: Sostuvo la AUH y el Progresar, ampliando derechos para jóvenes y sectores vulnerables; defendió la política exterior bajo la mejor tradición tercerista peronista, alineada con la integración regional y la autonomía estratégica; fortaleció la política de Defensa, aumentó el financiamiento de las Fuerzas Armadas, reactivó proyectos estratégicos y recuperó capacidades materiales (el FONDEF es uno de los hitos más valorados por los especialistas); implementó el ATP, los REPRO y el IFE, que evitaron el cierre masivo de empresas y protegieron cientos de miles de empleos; no vació la universidad pública ni los hospitales, sostuvo programas de discapacidad y mantuvo el sistema científico-tecnológico vivo; gestionó la pandemia con resultados reconocidos internacionalmente y llevó adelante una campaña de vacunación monumental, que evocó la escuela sanitarista de Ramón Carrillo; impulsó obra pública en todo el país, con kilómetros de autovías, rutas, viviendas e infraestructura social; mantuvo las paritarias a los laburantes y devolvió capacidad de compra a millones de argentinos, además de políticas de consumo como compras sin IVA para los sectores populares. Por eso, fue intelectualmente deshonesto y políticamente suicida instalar el falso relato de que el gobierno de Alberto Fernández había generado “la peor crisis económica de la historia” sólo para desmarcarse y preservar capital político propio. Esa maniobra no sólo distorsionó la realidad, también señaló al electorado la supuesta “necesidad de un cambio” y le entregó en bandeja a Milei el argumento de la “pesada herencia”.

El anuncio de Alberto Fernández sobre el ingreso de la Argentina a los BRICS representó uno de los hechos políticos más relevantes de la etapa, porque implicó acceder a un bloque que reúne a economías emergentes clave, abrir la puerta a nuevas fuentes de financiamiento e inversión, diversificar alianzas estratégicas y reducir la dependencia del dólar en el comercio exterior. Para un país asfixiado por la restricción externa y el creciente proceso inflacionario, significaba ampliar márgenes de autonomía y proyectarse en un mundo multipolar que ya es una realidad. Fue, en síntesis, una decisión de Estado de enorme valor estratégico, que colocaba a la Argentina en un tablero global donde podía negociar con mayor dignidad y con más herramientas que las ofrecidas por el esquema tradicional dominado por Estados Unidos y el FMI. Cristina no sumó palabra alguna al respecto.

Contrafáctico, pero mejor que Macri y Milei

Así como el “problema” de Daniel Scioli, si hubiese llegado a la Presidencia en 2015, habría sido encarar una etapa de redistribución del ingreso, propio de un desarrollista clásico en aquel esquema; si el próximo presidente era Sergio Massa en 2023, la Argentina tenía una posibilidad concreta de iniciar un ciclo de crecimiento sostenido. La política energética que se venía consolidando —con Vaca Muerta en expansión, el Gasoducto Néstor Kirchner aumentando la capacidad de transporte, mayor producción de gas nacional, sustitución de importaciones y la perspectiva de exportaciones crecientes— constituía una base excepcional para mejorar la balanza comercial, fortalecer las reservas y estabilizar la macroeconomía. Con ese piso, un gobierno del mismo signo político hubiera contado con una plataforma real para ordenar la economía y encarar un sendero de desarrollo. En ese contexto, la Argentina estaba efectivamente lista para crecer.

Estas virtudes y esa potencialidad fueron ocultadas detrás de un discurso interno que insistió hasta el cansancio en que el gobierno era “el peor de la historia”, narrativa que terminó siendo funcional a la oposición, devastadora y desmoralizante para la identidad del propio peronismo. El gobierno de Alberto Fernández debería ser recordado —objetivamente— como una etapa que, aun con sus limitaciones, ofreció condiciones materiales muy superiores a las que hoy padecemos. Sin embargo, lo que quedó instalado en la psiquis colectiva es la idea delirante de que fue “el peor gobierno de la historia democrática”. Esa distorsión terminó neutralizando cualquier lectura equilibrada de aquel período.

FMI, Guzmán, Ginés y Verbitsky

La dirigencia kirchnerista reclamaba, sin una estrategia consistente detrás, que el Presidente desconociera la deuda con el FMI, que la declarara ilegítima o que adoptara decisiones incompatibles con la estabilidad macroeconómica. Al mismo tiempo, exigía cambios de gabinete a su conveniencia, como si el Ejecutivo fuera una pieza más dentro de una interna política en disputa. Uno de los episodios más ilustrativos fue el continuo desgaste y la salida forzada de Martín Guzmán, un ministro de Economía razonable para la etapa, que estaba llevando adelante negociaciones complejas, pero que fue empujado a renunciar por el fuego amigo antes de poder consolidar una política económica coherente.

Lo más llamativo es que nunca se ofreció una explicación seria sobre las implicancias reales de desconocer la deuda; qué significaba entrar en un default automático, cómo se sostendría el crédito internacional, qué costos tendría para la economía argentina y sobre todo para los sectores populares. Mientras tanto, quienes reclamaban demagógicamente una especie de “justicia poética” frente a la deuda con el FMI omitían un dato elemental: Ese endeudamiento lo contrajo un gobierno democrático, el de Macri, y sin resistencia parlamentaria efectiva del peronismo. Y conviene recordar un detalle que suele barrerse bajo la alfombra; cuando se discutían estos temas, la presidencia de la bancada del peronismo en Diputados en 2018 era de Agustin Rossi y en 2019 estaba en manos de Máximo Kirchner por el Frente de Todos.

A ese cuadro se sumó la reacción moralista y políticamente torpe frente al episodio del llamado “vacunatorio VIP”, una infame y canalla operación que llevó la firma de Horacio Verbitsky, histórico vocero del kirchnerismo. Ese movimiento, lejos de resolverse con prudencia política, derivó en un gesto tan apresurado como injusto, como fue la expulsión de Ginés González García, uno de los ministros de Salud más experimentados y decisivos del país, al cual todos deberíamos recordar con agradecimiento, ya que la gran mayoría de las víctimas del Covid 18 fallecieron en una cama de hospital. Ginés fue el arquitecto central de la estrategia sanitaria demonizada que evitó el colapso hospitalario durante la pandemia, convalidando un episodio desmedido que la oposición explotó sin esfuerzo. Otra vez, fuego amigo.

Así las cosas, el kirchnerismo sostiene aún hoy, con un extraño pudor retroactivo, que el gobierno de 2019–2023 “no era kirchnerista”. Pero claro que lo era. Fue kirchnerista en su origen —porque la fórmula fue decidida por Cristina y no por una mesa política—, kirchnerista en su arquitectura de poder —porque los principales resortes de presión, decisión y veto operaron desde ese espacio—, kirchnerista por sus funcionarios y Ministros, y kirchnerista por su destino —porque todo fracaso recae, inevitablemente, sobre la jefatura que había diseñado el experimento, aunque esto esté hábilmente disimulado bajo la perversa lógica de la “infalibilidad de la líder”.

La Patria es el otro, la culpa también

Sin exageraciones, la falta de una explicación seria y honesta sobre ese período es una vacío político encapsulado de proporciones históricas que aún cuesta dimensionar. No hubo una sola exposición clara ante el pueblo, una sola línea que dijera: “esto lo hicimos mal”; ni una admisión del costo de dinamitar desde dentro a un gobierno que necesitaba cohesión para atravesar una crisis global y doméstica simultánea. La sociedad no puede reponer la confianza en un espacio que no le rinde cuentas, que no le habla de lo que pasó, que rehúye a cualquier responsabilidad, que no explica porqué su salario se deterioró y prefiere construir un culpable único para seguir indemne. Esa operación, la de convertir a Alberto en el depositario exclusivo de todos los errores, dificulta cualquier posibilidad de reconstruir una alternativa nacional en nombre del peronismo.

La sociedad, como cualquier colectivo político o cualquier individuo, necesita comprender para volver a confiar. Y esa confianza no se reconstruye con negaciones, silencios y señalamientos. Se reconstruye únicamente cuando una dirigencia madura se planta ante el pueblo y dice: “esto falló, esto fue responsabilidad nuestra, aprendimos y por eso proponemos algo mejor”. El kirchnerismo eligió el camino contrario, el de no explicar, no asumir, no esclarecer. Y esa elección política —no el error táctico de un día, sino una conducta persistente— es lo que hoy se paga con una pérdida profunda de credibilidad, de representatividad y de capacidad para liderar una alternativa nacional.

Parálisis y fracturas

Cristina, con sus aciertos y errores fue, junto al Flaco Kirchner, la figura política más gravitante del siglo XXI argentino, y sus gobiernos, los mejores que el pueblo supo darse después de los de Perón. Su infame proscripción, no sólo encarna una ofensiva judicial y política del bloque de poder económico real que ha quebrado el pacto democrático en Argentina; también actúa, en los hechos, y como efecto secundario, como un mecanismo de congelamiento del proceso histórico del campo nacional-popular. No se trata solo de excluir a una dirigente de peso; se busca anclar al peronismo en un tiempo clausurado sin saldar sus contradicciones, sin actualizar sus representaciones, sin reconfigurar su estrategia. En lugar de propiciar una discusión fecunda sobre liderazgos, organización y rumbo, el movimiento es arrastrado hacia un estado defensivo, identitario, que inhibe la síntesis y la renovación. El resultado es una política paralizada, atrapada entre la nostalgia y el cerco moral externo, incapaz de asumir críticamente su propio ciclo para proyectar una nueva mayoría histórica.

En ese sentido, la discusión principal no es “Cristina libre o nada sin Cristina”, aunque en el campo popular todos deseemos que cese su persecución y recupere plenamente sus derechos civiles y su libertad. El verdadero debate es otro: cómo reconstruir una política de mayorías capaz de devolver al bando nacional al gobierno y conducir los destinos del país antes de que nuestra comunidad sea destruida por completo. La libertad de Cristina es un reclamo justo, pero no puede eclipsar la tarea estratégica; reorganizar al campo nacional y popular, superar las fracturas, ampliar sus bases, recuperar representación social y ofrecer un horizonte de estabilidad y desarrollo que convoque a las mayorías. Porque si el campo nacional no reconstruye su inteligencia estratégica, si no rehace su vínculo con los sectores populares, si no recupera la calle política, si no ordena un programa y una nueva síntesis que aprenda de sus límites, la proscripción será apenas la excusa perfecta para ocultar las propias debilidades.

La interna

En la interna bonaerense a cielo abierto se juega un dilema central: la resistencia de Cristina, con La Cámpora como guardia pretoriana y Máximo como albacea político, a reconocer que Axel Kicillof, o cualquier otro dirigente fuera del linaje, pueda ejercer la legitimidad histórica de enfrentar al proyecto liberal-libertario de Milei. Esa es la médula del conflicto. Como si fuera poco, a todo esto debe sumarse el vaciamiento deliberado de recursos del gobierno nacional hacia la provincia de Buenos Aires, una maniobra que intenta empujar al territorio más populoso del país a un desborde social con el objetivo de desgastar la gestión para quedarse con ese bastión, históricamente peronista. En ese sentido, el cálculo mezquino de Cristina no sólo agrava la fragilidad del propio gobierno de Kicillof, también compromete la estabilidad de millones de bonaerenses y profundiza la fractura dentro del peronismo, mostrando hasta qué punto la manía por no perder centralidad prevalece por sobre la responsabilidad institucional.

Y hay algo que no cierra. Cristina acompañó con su bendición a Scioli, a Alberto y a Massa. A todos les confió la representación nacional. Pero con Axel, que ganó dos veces en la provincia más difícil del país, y que resiste sin recursos el ajuste salvaje de Milei, que afecta a 17 millones de personas, le hace la vida imposible y lo pretende destruir.

En síntesis, es evidente que el emerger de Axel Kicillov representa un inconveniente político y simbólico para Cristina, porque significa quedar expuesta por el quiebre estratégico que implica el surgimiento de una conducción nueva, legítima y con proyección nacional hacia 2027, por fuera del apellido y el dedo. Para La Cámpora igual, porque supone la inminente pérdida de las cajas, del relato que los contiene y el control del aparato en el AMBA. Cristina nunca toleró la autonomía crítica y real de ningún espacio que no fuera al pie, que no pudiera controlar enteramente, que no fuera estrictamente obsecuente. Prefiere cuadros que acaten, que esperen la señal, que no alteren su movida. Y en ese sentido Kicillof no rompió, no traicionó, no se fue; simplemente, dejó de pedir permiso porque ya cuenta con legitimación popular. Y eso, en la lógica del verticalismo hereditario, es imperdonable.

Finalizando, el Papa Francisco lo expresó con precisión: “el tiempo es superior al espacio”. Pero para La Cámpora y Cristina, la política parece haberse reducido a la ocupación del espacio antes que a la construcción de procesos. Desde hace más de una década, su práctica se volvió una maquinaria de armado de listas, rosca interminable, obstrucción sistemática, desgaste y deslealtades a los mejores compañeros. Por sus graves errores en la conducción y porque el enemigo juega, Cristina no tiene hoy un proyecto nacional para el país; es evidente que su práctica política se ha concentrado en custodiar la simbología de “la década ganada” y preservar lo que le queda de poder en el AMBA, convertido en su último bastión de influencia. Aferrados al aparato y al relato como si fuera un botín, incapaces de soltarlo, quedan confinados a administrar pequeños territorios de poder sin horizonte estratégico. Con esa lógica, el daño es inevitable, porque quien sólo pelea por espacios chicos renuncia, por definición, a construir procesos en los tiempos largos del pueblo.

* El autor es Abogado. Pte. de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

Declaración del Comité Nacional BRICS contra la amenaza de una invasión yanqui en Venezuela y la complicidad del gobierno de Javier Milei   

Ante la amenaza de una intervención militar de los EE.UU. en Venezuela y de la posición asumida  por el gobierno argentino, el Comité Nacional BRICS comprometido en que América del Sur siga  siendo una tierra de paz, expresa: 

El CoNaB mantiene, entre sus principios liminares, los mismos que defienden los países BRICS: 

• Soberanía irrestricta de los estados nacionales. 

• No injerencia en los asuntos internos de los estados nacionales. 

• Resolución pacífica delos conflictos entre los Estados. 

• Coexistencia pacífica entre naciones con diferentes sistemas de gobierno. • Solidaridad con los estados nacionales agredidos por intervenciones extranjeras. 

• Integración voluntaria y decidida de los programas de desarrollo económico y social que  propongan los estados nacionales. 

Esta posición del CoNaB es la que nos mueve a expresar nuestro repudio a cualquier intento de  agresión contra la República Bolivariana de Venezuela. 

Entendemos por intento de agresión, además de los ataques militares directos a la soberanía  venezolana, todas las expresiones de violencia y las amenazas mafiosas expresadas en ominosas  presencias bélicas cerca de las fronteras marítimas, aéreas y terrestres de Venezuela, y las que se  registran cotidianamente en el Caribe. 

El CoNaB anhela que hayan pasado para siempre las tenebrosas épocas en las que los procesos de  desarrollo soberano y popular que se producían en nuestros países latinoamericanos eran  descabezados violentamente por la intromisión imperialista. Hoy, nuestros pueblos han edificado  una conciencia solidaria y real que permite la acción conjunta contra esas agresiones. 

El CoNaB, que sostiene la integración de la Argentina al nuevo mundo multipolar, manifiesta su  total solidaridad con el pueblo venezolano en su lucha por mantener su dignidad soberana y  convoca a todas las fuerzas nacionales y populares de nuestra Patria a demostrar su respaldo a la  Patria de Simón Bolívar. 

El actual gobierno de la República Argentina exigió hoy una “acción inmediata” de la Corte Penal 

Internacional en Venezuela y además pidió el arresto de Nicolás Maduro. El presidente venezolano  lidera la lucha de un país sometido a la permanente agresión estadounidense por el solo crimen de  defender su soberanía sobre su patrimonio nacional: las mayores reservas de hidrocarburos del  planeta. 

Con esta inconsulta y hostil actitud, la Argentina de la Doctrina Drago rompe con toda su línea  histórica de respeto a la autodeterminación de los pueblos y la resolución pacífica de las cuestiones  internacionales. De escalarse la aventura a la que el gobierno del presidente Javier Milei, con esta  Doctrina Quiroz, está invitando, Venezuela puede ser víctima de una invasión cuyas consecuencias  afectarán a toda América Latina. 

Por esta razón, el CoNaB repudia la posición asumida por el gobierno nacional y convoca a una  expresa declaración de solidaridad por parte de los partidos políticos y de las organizaciones  sociales argentinas que tienen la unidad latinoamericana entre sus banderas fundantes, así como de  la CELAC, y la definición de una posición conjunta latinoamericana y caribeña ante el Consejo de  Seguridad de la ONU. 

10 de Diciembre de 2025.- 

Por el Comité Nacional BRICS: 

Alberto Blasco, Aldo Amura, Alejandro Tarruella, Alfredo Eric Calcagno, Amílcar Salas Oroño,  Carlos Blasco, Cecilia Conti, Diana Tussie, Eduardo Auzmendi, Eduardo Crespo, Eduardo Vior,  Eduardo Zuaín, Fabián Brown, Florencia Barba, Francisco Cafiero, Gabo Barceló, Gabriel  Fernández, Gabriel Merino, Gabriel Norberto Barceló, Genaro Grasso, Guillermo Caviasca, gustavo Girado, Gustavo Ng, Hernando Kleimans, Hernán Rossi, Horacio Lenz, Hugo Asch, Hugo Barcia,  Jorge Elbaum, Jorge Solmi, Jorge Zacagninni, Juan Francisco Soto, Juan José Martínez, Julio  Fernández Baraibar, Julio Gastaldi, Liliana López Foresi, Lisandro Sabanés, Lía Rodríguez de la  Vega, Lourdes Suazo, Marcelo Brignone, Mariano Mirotti, Mariano Quiroga, Mario Burkun,  Miriam Lewin, Néstor Gorojovsky, Nestor Restivo, Nicolás Juárez Campos, Oscar Rotundo,  Roberto de Luisse, Rubén Zárate, Sabino Vaca Narvaja, Salvador Scarpino, Sebastián Schulz,  Sergio Rossi, Silvia de Kleimans, Telma Luzzani, Víctor Mastrángelo, Víctor Portnoy, Walter  Goobar.

Multipolarismo, narcotráfico y el control en la región sur: ¿y el peronismo qué?

Por Gustavo Matías Terzaga*

Lo sucedido en Brasil el 28 de octubre trasciende el límite de un brutal hecho policial. La masacre en Río De Janeiro de más de un centenar de integrantes del Comando Vermelho, ejecutada por la Policía Militar bajo las órdenes del gobernador bolsonarista Castro y al margen del gobierno federal, constituye un movimiento político efectista de alcance regional que, probablemente, tendrá algún próximo capítulo. Aquello no fue un exceso ni un error operativo, sino un golpe quirúrgico al corazón del poder civil. En un solo acto violento, excesivo aún para la escala de conflictividad social de Brasil, se buscó provocar el debilitamiento del control del Estado federal sobre los gobiernos subnacionales, la erosión de la autoridad y legitimidad del presidente Lula frente al orden público, y la instalación de un escenario de crisis de gobernabilidad funcional a intereses geopolíticos externos.

La doctrina del combate al narcotráfico

La intervención de Estados Unidos en América Latina no es un fenómeno coyuntural, sino una constante estructural de su política hemisférica. Desde la posguerra, cada intento de autonomía regional fue respondido con la misma lógica de desestabilización. Por caso en Brasil, Getulio Vargas fue empujado al suicidio en 1954 tras el cerco de las élites asociadas a Washington, que no toleraban su política nacional e industrialista. En Argentina, un año después, la conjunción de intereses angloamericanos, sectores liberales de la Armada, la oligarquía agroexportadora y la jerarquía eclesiástica derrocó a Perón, inaugurando un ciclo de dependencia y parcelación nacional que aún persiste. Hoy, con fuerzas armadas reconfiguradas en torno a las “nuevas amenazas” —terrorismo y narcotráfico—, esa estrategia se ha actualizado bajo la doctrina del “combate al narcotráfico”, convertida en el nuevo paraguas moral para la opinión pública internacional que justifica la intervención extranjera en la política de Defensa, la militarización de la seguridad interior y la subordinación de las fuerzas armadas locales a la agenda norteamericana.

Lo que importa es la política internacional. Estados Unidos no es una potencia en decadencia, su economía, su aparato militar y su capacidad de imponer reglas globales siguen siendo formidables, pero sí está en retroceso relativo frente a un mundo que ya no le responde en forma exclusiva. Entrado el primer cuarto del siglo XXI, el mundo asiste a una disputa estructural por la hegemonía global. El declive relativo de Estados Unidos y el ascenso sostenido de China, el protagonismo renovado de Rusia y el ascenso de polos regionales como India, Turquía o incluso Brasil en el plano latinoamericano, generan un escenario donde Washington debe competir donde antes mandaba. América Latina es uno de esos espacios; ya no alcanza con el viejo reflejo del “patio trasero”, porque la región diversificó mercados y fuentes de financiamiento durante el período del globalismo. Este esquema expresa una reconfiguración del orden internacional heredado de la posguerra fría. Esta transición, que atraviesa los planos económico, tecnológico y militar, redefine las alianzas y obliga a los países del sur a tomar posición, a desarrollar una estrategia en su política exterior, generalmente orientadas a favor de sus intereses nacionales.

Lo que acontece. El despliegue de buena parte de la flota naval de EEUU en el Caribe Sur, con portaaviones y un submarino frente a las costas de Venezuela, no responde a una amenaza criminal real del país bolivariano sino a una estrategia de presión geopolítica. Bajo el pretexto de “restaurar la democracia” y “garantizar la seguridad”, Washington construye el relato moral que justifica su avanzada militar con el sólo objetivo de derrocar al régimen del “narcodictador” Nicolás Maduro para quedarse con las reservas de su petróleo, la más grande del mundo.

En México, Donald Trump ofreció “cooperación militar” a la presidenta Claudia Sheinbaum para combatir al narcotráfico en su país, y su respuesta —“ningún soldado norteamericano pisará suelo mexicano”— fue una afirmación de soberanía ejemplar que recordó a Washington que no todas las naciones están dispuestas a subordinarse. En Colombia, Gustavo Petro enfrenta la ofensiva de un poder mediático y militar que busca reinstalar la restauración conservadora. En todos los casos, la bandera del narcotráfico es el instrumento discursivo de una estrategia mayor: la contención del avance chino, la apropiación de recursos y la disolución de cualquier eje regional autónomo que una a México, Brasil, Argentina y Venezuela. Como vemos, detrás del ropaje moral de la “guerra contra el narcotráfico”, Estados Unidos libra una guerra geopolítica por el control del hemisferio.

Nuestro país. La dependencia económica argentina es la piedra angular que convierte cualquier financiamiento externo en un arma de control político, diplomático, financiero e institucional. En el tablero hemisférico actual, Javier Milei representa la restauración plena del tutelaje norteamericano sobre la Argentina. Washington y el Fondo Monetario Internacional operan de manera coordinada. El primero define la estrategia geopolítica; el segundo ejecuta el disciplinamiento económico y político interno para la Argentina. La ruptura con los BRICS, la alineación automática con la Casa Blanca e Israel y la adopción del discurso antichino fueron las primeras e inequívocas señales del presidente argentino Javier Milei para garantizar el retorno del país al rol histórico que le asigna el poder del imperialismo finaciero de Occidente: exportador primario, deudor perpetuo y territorio de ensayo de las recetas neoliberales.

Narcos en las listas

Con el debilitamiento de controles institucionales (judiciales, financieros, parlamentarios) y la subordinación política obscena al poder norteamericano, el gobierno Libertario crea un clima donde las acciones delictivas quedan bajo sombras de impunidad y a merced de los carpetazos tácticos. En conjunto, estos elementos permiten ver al régimen de Milei no solo como un gobierno autoritario, tutelado y antipopular, sino como un paso más hacia la consolidación de un Estado capturado por lógicas criminales y redes de poder que se entrelazan con la política formal. José Luis Espert representó, desde su actividad parlamentaria y proselitista, el rostro político de un modelo que combina mano dura sin política social con desregulación económica y vaciamiento del Estado. La agenda libertaria no combate el crimen organizado, lo habilita y lo consume a sabiendas, ya que, al desmantelar las capacidades estatales y criminalizar la pobreza, deja el territorio librado a las redes ilícitas del narco que se expanden allí donde el Estado se retira. Entonces, la combinación de presión externa y dominio interno del crimen organizado terminará por licuar la soberanía, destruir por completo nuestro tejido social y la comunidad nacional.

La fase terminal de la subordinación

La derrota de Malvinas no fue solo un episodio militar, sino el punto de inflexión que marcó el ingreso formal de la Argentina en una democracia tutelada. A partir de 1983 con Alfonsín, el país aceptó un pacto implícito: pluralismo político y libertades formales, pero sin soberanía económica, sin FFAA, sin política de defensa nacional ni control sobre sus recursos y empresas estratégicas. Se mantuvo intacta la arquitectura económica impuesta por Martínez de Hoz —desindustrialización, endeudamiento y primarización productiva—, convertida en dogma por las élites liberales que gobernaron desde entonces, en nombre de la “integración al mundo”. La década del noventa, con el menemismo, consolidó la entrega del patrimonio público a través de las privatizaciones que transformaron al Estado en un mero garante del negocio transnacional. El macrismo retomó esa lógica con mayor voracidad por los negocios, reinstalando el endeudamiento con el FMI y la dependencia del capital especulativo. Hoy, el gobierno de Javier Milei no inaugura una nueva etapa, sino que consuma la secuencia, llevando al extremo la desindustrialización, el cientificidio, la desculturización con el quiebre del valor estratégico de la educación, la extranjerización de la economía, la destrucción por dentro del Estado social y la renuncia abierta a toda idea de soberanía nacional.

Civilización o Barbarie. En la dinámica de una democracia formal dentro de un país periférico y dependiente como la Argentina, la injerencia externa ha dejado de percibirse como una anomalía. Ya no se presenta como un hecho excepcional, sino como un componente estructural del propio sistema político. En ese marco, la intromisión de los Estados Unidos no se limita al plano económico; penetra también en los ámbitos cultural y simbólico, moldeando imaginarios, jerarquías y aspiraciones colectivas. Una parte significativa de la sociedad acepta esa subordinación con naturalidad —y ello revela, en el fondo, el rotundo fracaso con que se ha ejercido la política nacional—, como si someterse al tutelaje extranjero fuese el requisito indispensable para “volver al mundo”. Es el eco persistente de una larga tradición de colonialismo cultural que asocia lo moderno y lo eficiente con la imitación de Occidente. Desde esa mirada, renunciar a la soberanía no se percibe como claudicación, sino como signo “para ponerse al día” con la civilización.

El peronismo

El drama estructural de la Argentina contemporánea es la imposibilidad de reconstruir soberanía sin la arquitectura política, económica y moral que Perón había diseñado. El Estado soberano peronista fue una forma de organización del poder que subordinaba la economía al interés nacional, articulando producción, crédito, industria pesada, defensa, justicia social y soberanía política. El proyecto de Estado soberano que concibió Juan Domingo Perón, entre otras cosas, fue posible porque articuló una alianza sólida entre el pueblo y las Fuerzas Armadas. Una unidad política y estratégica que le dio sustento material y espiritual a la independencia económica y política que impulsó el General. Aquella simbiosis —el obrero y el soldado como expresión de la Nación en armas y en trabajo— fue el núcleo del poder nacional que puso a raya al colonialismo económico. Pero esa alianza fue rota a sangre y fuego en 1955, violentamente combatida y trastocada desde el 24 de marzo de 1976 como venganza al 17 de octubre de 1945, y definitivamente clausurada con la derrota de Malvinas en 1982, donde se selló la subordinación de las Fuerzas Armadas al comando externo y el país perdió su instrumento de soberanía y disolvió la posibilidad de un Estado soberano con poder real para el pueblo. Desde entonces, la Argentina vive bajo una democracia formalista y dependiente, flotando entre la injerencia externa y la fragmentación interna, administrada por élites civiles que aceptaron el mandato externo de gobernar sin tocar la estructura del poder económico.

Para el caso de los gobiernos de raigambre popular, como el Kirchnerismo, gobernar sin derogar la Ley de Entidades Financieras o la Ley de Inversiones Extranjeras es como pretender conducir una locomotora sobre vías puestas por el enemigo. Esas normas, impuestas por la dictadura en 1977, siguen siendo el armazón jurídico del saqueo que garantiza la supremacía del capital financiero sobre la economía real y que subordina al Estado a la lógica del endeudamiento, la fuga y la evasión. Mientras no se desmonte ese corazón normativo y jurídico del orden financiero heredado del terrorismo de Estado, toda política nacional será apenas una administración parcial de la dependencia. A la dictadura militar la sacó el pueblo, en cambio, la administración civil de la dictadura económica permanece intacta.

El dato es elocuente: hasta 1955 la Argentina sostenía con dignidad a la totalidad de su población; hoy, casi la mitad del país vive en condiciones de pobreza y exclusión. Pero ese peronismo, el de las grandes políticas de Estado, ya no existe en su forma original. Es más, ya casi ningún peronista habla del Estado Empresario de Perón.

El kirchnerismo

El período 2003-2013 constituyó, en perspectiva histórica, el esfuerzo más coherente de reconstrucción nacional desde la destrucción del Estado industrial peronista, un intento de rearticular soberanía política, recuperación productiva y distribución, aunque carente de un verdadero programa de liberación nacional que consolidara estructuralmente esa experiencia. Por eso, la matriz de “la década ganada”, fue destruida en apenas seis meses durante el gobierno de Mauricio Macri.

Cristina Fernández de Kirchner, con sus aciertos y errores, fue la figura política más gravitante del siglo XXI junto al flaco Kirchner. Su persecución judicial —condenas sin pruebas, causas fabricadas y proscripción política— expresa la reacción de los poderes fácticos ante ese proyecto de país autónomo. La presión judicial sobre Cristina no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de control político promovida por el bloque oligárquico interno en sintonía con el dispositivo de injerencia externa que busca condicionar los liderazgos autónomos en la región. Pero la proscripción no solo es una operación judicial y política del poder económico real, sino un mecanismo de detención histórica del campo nacional-popular. Al excluirla, no se busca únicamente apartar a una dirigente de peso, sino congelar al peronismo en un tiempo clausurado, el de 2015, impidiendo procesar sus contradicciones y renovar su estrategia. La consecuencia es un campo nacional y popular replegado sobre sí mismo, sin síntesis ni proyección, atrapado entre la nostalgia, la defensa, el internismo y el cerco moral externo. En lugar de avanzar hacia una nueva etapa de conducción y debate, buena parte del peronismo quedó atrapado en la mera reivindicación de su figura.

De hecho, para continuar con la estrategia de inmovilidad, era previsible que la ofensiva judicial continúe con nuevas causas —como la de los cuadernos— destinadas a mantener a Cristina y a todo el campo nacional en una situación de parálisis política. Ese mecanismo de hostigamiento no busca justicia, evidentemente, sino disciplinamiento; mantener al peronismo atrapado en su defensa judicial, impedirle proyectar una estrategia de poder y neutralizar cualquier intento de reconstrucción nacional que desafíe la tutela externa.

El peronismo partido

La interna bonaerense condensa las tensiones más profundas del peronismo nacional. En ese territorio se define el sentido de la conducción política del movimiento para lo sucesivo. El cristinismo, con La Cámpora como guardia pretoriana y Máximo Kirchner como su heredero simbólico, se resiste a aceptar que un liderazgo fuera de su linaje —como el de Axel Kicillof— pueda asumir la representación histórica frente al proyecto liberal-libertario de Milei. Lo que parece una pugna facciosa es, en realidad, una disputa estructural entre dos concepciones de conducción: una, basada en la síntesis política, la articulación territorial, la validación electoral y la legitimidad popular; otra, en la perpetuación del apellido y la conservación del aparato y el relato.

En medio de la presión judicial que vuelve a cercarla públicamente, Cristina percibe en el ascenso político de Axel Kicillof un punto de inflexión que la deja expuesta ante una fractura estratégica inevitable. Su crecimiento no solo amenaza con quitarle centralidad y liderazgo dentro del peronismo, sino que encarna el surgimiento de una conducción nueva, dotada de legitimidad propia y proyección nacional hacia 2027, por fuera del dedo y del apellido. Para La Cámpora, el fenómeno representa un riesgo aún mayor; la posible pérdida de control sobre el aparato político en el AMBA, los espacios de poder y las cajas que garantizan su supervivencia interna. Esa conjunción de factores explica, en buena medida, la ofensiva discursiva y política de algunos de sus dirigentes, incluso de Cristina, contra el gobernador bonaerense. Pero, inevitablemente, el tiempo terminará imponiéndose sobre el espacio. Ningún aparato, relato ni liderazgo puede resistir indefinidamente la fuerza de los procesos históricos. El tiempo —ese que construye conciencia y establece la secuencia política— acabará desplazando a quienes se aferran al control inmediato. Y cuando lo haga, no habrá más lugar para custodios y frenadores, sino para quienes sean capaces de interpretar el porvenir.

Liderar no es conducir

La centralización de las decisiones electorales en torno al “dedo” de Cristina desarticuló la estrategia territorial del peronismo en términos federales, anuló la competencia interna dentro del PJ, complicó la unidad del campo nacional y redujo la selección de candidatos a un ejercicio vertical que debilitó la construcción política y condujo a derrotas previsibles. Por caso, Cristina nunca ofreció una explicación política ante el pueblo sobre el relativo fracaso del gobierno de Alberto Fernández, del cual fue su principal arquitecta y demoledora. Ese silencio irresponsable erosiona su autoridad moral y bloquea la posibilidad de elaborar una autocrítica colectiva que permita al peronismo proyectar una alternativa superadora frente a la mirada del pueblo.

El panorama. La estrategia actual de confrontación interna que impulsa Cristina Fernández de Kirchner dentro del peronismo adquiere una gravedad política mayor. Cristina, por su reconocida lucidez, debería comprender que su disputa con Axel Kicillof ya no pertenece al orden partidario, sino al terreno de la soberanía nacional y la incidencia regional. Reconocer su aporte histórico no significa renunciar a la crítica, sino ejercerla con la responsabilidad de quien entiende que ningún legado justifica el estancamiento de un movimiento llamado a conducir nuevamente el destino nacional.

En un contexto en que el gobierno de Milei consolida la dependencia económica bajo el tutelaje del FMI y en que los Estados Unidos busca disciplinar a la región frente al avance de China y los BRICS para no ceder ningún espacio de privilegio, debilitar al único dirigente con capacidad de gestión, legitimidad electoral y proyección real hacia 2027 equivale a desarmar la única herramienta política capaz de reconstruir un proyecto nacional. Vale decir, la fractura del peronismo es hoy funcional a la continuidad de la dependencia y al avance de las corporaciones financieras y mafiosas sobre el país.

Cristina, aún con prisión domiciliaria, debiera ser hoy una interlocutora regional de primer nivel, capaz de recomponer los lazos políticos entre los gobiernos y movimientos populares de América Latina. Su experiencia, su legitimidad internacional y su comprensión de la arquitectura del poder global la colocan —objetivamente— en una posición única para articular un espacio de diálogo con Lula en Brasil, Petro en Colombia, Sheinbaum en México y otros referentes del campo nacional latinoamericano. Lamentablemente, su intervención se limita hoy al terreno de las redes sociales, a su lógica defensa judicial, a la preservación de la centralidad perdida mediante declaraciones esporádicas, diagnósticos tardíos y advertencias que ya no ordenan, sino que fragmentan.

Si Cristina actuara con la grandeza y la conciencia histórica que su trayectoria y el drama nacional demandan, reconocería en Axel Kicillof la posibilidad de continuidad del proyecto nacional. Pero su falta de humildad y su condicionada situación, la lleva a ver en él una amenaza personal, y en esa ceguera política termina debilitando al peronismo que alguna vez condujo. Lamentablemente, la historia política latinoamericana es pródiga en ejemplos de líderes que confundieron su biografía con la causa del pueblo y terminaron devorando su propio legado.

Es triste, y no es exagerado decirlo, pero la actitud política de Cristina Fernández de Kirchner parece estar cumpliendo —consciente o inconscientemente— un rol funcional a la estrategia geopolítica de Estados Unidos. Al debilitar la unidad del peronismo y erosionar la proyección nacional de Axel Kicillof, la ex presidenta no solo obstaculiza la posibilidad de un proyecto autónomo argentino, sino que también concesiona terreno estratégico al potencial eje Buenos Aires-Brasilia-Ciudad de México en un virtual retorno del peronismo al gobierno en 2027, indispensable para reequilibrar el poder regional frente a la influencia norteamericana. En un contexto de disputa multipolar, la fractura del campo nacional argentino opera como una victoria indirecta de la hegemonía estadounidense, que necesita un peronismo dividido y sin conducción para sostener el experimento liberal y evitar que la Argentina vuelva a integrarse al bloque BRICS.

Si Cristina persiste en la lógica de la tutela interna y al daño extendido por pérdida de centralidad, quedará confinada al panteón de las figuras que fueron grandes, pero que no estuvieron a la altura de su tiempo. Ojalá Kicillof, o cualquier otro cuadro a la altura, asuma la responsabilidad histórica que Cristina elude; la de conducir la reconstrucción del campo nacional sobre nuevas bases. Pero el tiempo apremia; el peronismo no dispone de otra década para resolver sus contradicciones internas. Si no emerge pronto una conducción con visión estratégica, el futuro seguirá siendo escrito por los enemigos de la Argentina.

* Gustavo Matías Terzaga es abogado y presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

El Corazón de la Política: Por qué el Estado necesita el Agón

Por Antonio Montagna

En nuestro presente político, oscilante entre la parálisis del consenso y la violencia de la polarización, la política misma parece haber muerto. Huimos de la lucha por verla solo como una fuerza destructiva. Tememos la grandeza por considerarla una amenaza a la igualdad. Al hacerlo, hemos olvidado la lección fundamental que Friedrich Nietzsche extrajo del genio helénico: que un Estado saludable no solo tolera la lucha, sino que la necesita para sobrevivir.

La pregunta que el heleno se hacía no era cómo eliminar la lucha, sino: ”¿Qué pretende una vida de lucha y victoria?”.(1)


La Doble Cara de la Lucha

Nietzsche, siguiendo a Hesíodo, nos enseña que los griegos no veían una, sino dos diosas de la discordia, dos Eris. Una era la «mala», la hija de la Noche, la fuerza de la aniquilación y la «disputa maliciosa» que ningún mortal puede soportar. La otra era la «buena» Eris, la fuerza constructiva puesta por Zeus «en las raíces de la tierra».

Esta «buena» Eris es el espíritu de la rivalidad y la competencia. Es la fuerza que genera excelencia, el «impulso terrible y justificado» que «impulsa incluso al hombre torpe al trabajo». Los griegos entendieron que la envidia y la discordia eran inevitables. Su genio consistió en no reprimirlas —como hace la moral moderna—, sino en crear un mecanismo para canalizarlas.

“Una favorece la guerra perversa y la disputa ¡la diosa cruel!. Ningún  mortal puede soportarla, sino que bajo el yugo de la necesidad se le rinde culto, sin embargo, a la gravosa Eris según el decreto de los inmortales. Ésta , como es la más vieja, engendró a la n egra noche; la otra, sin embargo, ha sido puesta por Zeus, que gobierna en las alturas, en las raíces de la tierra y entre los hombres, como una diosa mucho mejor.” (2)

Ese mecanismo fue el certamen (Agón).


El Agón como Tecnología Política

El Agón no era solo una competencia deportiva. Era el principio que impregnaba toda la vida griega, y fundamentalmente, su política.

  • En la Política, los debates en la asamblea (Ekklesía) eran un agón de oratoria.
  • En el Teatro, los grandes dramaturgos competían por un premio.
  • En la Filosofía, los diálogos mismos eran una contienda intelectual.

El Agón era la tecnología cultural que permitía canalizar las energías destructivas de la Eris «mala» hacia la creatividad y la superación. Si no hay certamen, la lucha no desaparece; simplemente degenera en su forma más perniciosa: la búsqueda de la aniquilación del rival.

“…y por otro lado alababa como buena a una segunda Eris, que bajo la forma de celo, rencor y envidia incitaba a los hombres a la acción, pero no ya a una lucha de aniquilamiento, sino al acto del certamen.”(3)


La Paradoja del Ostracismo: El Límite de la Grandeza

Aquí yace la lección política más profunda para nuestro presente. El Agón griego ponía un límite a la ambición desmesurada. ¿Por qué? Porque para que haya certamen, debe haber rivales.

El sistema griego temía al «mejor» en el sentido del «único», del «sin rival», porque sin rivales, el agón muere, y así se pone en riesgo la salud del Estado griego.

La práctica del ostracismo es la prueba de esto. Como lo expresaron los Efesios al desterrar a Hermodoro: «Entre nosotros nadie debe ser el mejor; pero si lo es alguno, que lo sea en otro sitio y entre otros» .(4)

Esto no era la envidia mezquina del «topo ciego». Era un estimulante para el juego agonístico. Era la sabiduría política de un pueblo que entendía que el dominio exclusivo de uno solo conduce a la hybris (soberbia) , un acto que atrae la envidia destructiva de los dioses y que lleva al tirano a sucumbir, arrastrando a la ciudad entera consigo.


Conclusión: La Política como Lucha al Servicio de la Ciudad

La pedagogía griega era agonal: «Todo talento debe desarrollarse luchando». Pero esta lucha no era la del  individualismo liberal; no era el egoísmo de los «ermitaños del dinero» que Nietzsche tanto despreciaba.

El fin de la educación agonal era el «bienestar de la colectividad». El desarrollo del individuo estaba puesto al servicio de Atenas. En una inversión total de nuestros valores modernos, «el egoísmo era un instrumento para la salud de la ciudad» , y «la fama solo se concebía como fama de la ciudad, no de la persona».

“Sin embargo, para los antiguos la meta de la educación agonal era el bienestar de la colectividad, de la sociedad estatal. Cada ateniense, por ejemplo, debía desarrollar agonísticamente su personalidad en la medida en que pudiese ser para Atenas de la máxima utilidad y la perjudicase lo menos posible.”(5)

Hoy, el hombre moderno, perdido en la «infinitud», ha olvidado cómo luchar noblemente. Al no haber con quién debatir o competir, «el egoísmo no tiene un límite» y la política degenera en una «lucha muy desigual que aniquila toda libertad y el bien común».

La lección de «El certamen de Homero» es una advertencia final: un Estado que reprime la «buena Eris» en nombre de una falsa paz, solo obtiene la «mala Eris» de la aniquilación. Una Política saludable se fomenta con la asamblea (Ekklesía) que invita al debate (Isegoría). Sin un Agón vigoroso, no hay excelencia. Y sin excelencia la política muere.

Referencias:

  1. Nietzsche, F. – Obras completas. Volumen I – Cinco prólogos para cinco libros no escritos. El certamen de Homero. España. Editorial Tecnos, 2016, p 565
  2. Nietzsche,  El certamen de Homero, p 566
  3. Nietzsche, El certamen de Homero, p 566
  4. Nietzsche, El certamen de Homero, p 567
  5. Nietzsche, El certamen de Homero, p 568

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