¿Cómo pudimos llegar a esto? Parte 6

 Por Omar Auton

Las OLP y la CGT

   La sigla que precede este párrafo significa simplemente Organizaciones Libres del Pueblo y constituyen el pilar central de la Comunidad Organizada pero también del modelo de democracia social que Perón nos legó construir en su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, como ya ha corrido suficiente tinta explicando que, quizás, aquí reside una de las grandes diferencias del peronismo con otros sistemas surgidos en el siglo XX en Europa, en la medida que el peronismo las piensa no como instrumentos regimentados desde el poder político sino precisamente a la inversa, como absolutamente separadas de él, generadas por el pueblo como forma de organizarse para alcanzar sus objetivos y como apoyo pero también control de las acciones del poder popular, recuperan en este tiempo una centralidad que jamás deberían haber perdido.

   Ese carácter lo reunían las mutuales y cooperativas que en el protoperonismo ya habían surgido, por ejemplo entre los diferentes grupos migrantes, el peronismo no inventa o crea estas formas organizativas, las promueve y protege porque confía que si la masa trasciende a pueblo a través de su organización y adquisición de la conciencia colectiva común, son estas organizaciones una expresión clara, nítida de ello, pero es menester que conserven su independencia del poder porque no son una correa de transmisión, de arriba a abajo, de la voluntad del conductor, sino una fuerza ascendente de las demandas y necesidades populares, de abajo hacia arriba.

   Si hay una que es paradigmática, esa es la organización sindical, durante años habían sido el instrumento de los partidos de izquierda para llevar adelante su lucha política, la tradicional fuerza centrífuga de la izquierda tradicional se trasladó a las organizaciones sindicales anarquistas, socialistas y comunistas, la historia de los primeros cuarenta años del siglo XX son un muestrario de la creación de sindicatos y centrales y su permanente división y subdivisión, la mayor parte de las veces por el traslado a nuestras tierras de las polémicas y enfrentamientos internos de las Internacionales Socialistas y Comunistas europeas.

   La constante de sus documentos y proclamas fue el lenguaje de los militantes europeos, las interpretaciones de la realidad argentina a la luz de las categorías europeas y su anclaje en la clase trabajadora inmigrante de los centros urbanos, el desprecio por lo que llamaban “La Política Criolla”, la subestimación del proletariado rural y de los obrajes madereros o azucareros, el desconocimiento absoluto por nuestra historia, identidad y cultura y el permanente intento de involucrar a los trabajadores argentinos en los conflictos internacionales.

   Si bien ya en la década del 30 había comenzado a tomar fuerza una corriente autodenominada “Sindicalista” que demandaba priorizar las demandas y problemas locales, la realidad que vivían nuestros hombres y mujeres trabajadores, más allá de la filiación política de sus dirigentes, es con la llegada multitudinaria de una inmigración distinta, la interna, la de nuestros compatriotas de las distintas provincias que se volcaban a las ciudades en busca de trabajo, ante la aparición de la industria que crecía aceleradamente debido al corte de la llegada de manufacturas a raíz a las guerras mundiales y la falta de trabajo en el campo especialmente a partir de la crisis de 1930 y más tarde la segunda guerra mundial.

   Perón descubre que hay un nuevo protagonista en la sociedad argentina, que, a la oligarquía tradicional, la clase media surgida a partir de las actividades de servicios de la Argentina incorporada a la economía británica, le aparecía un nuevo sector, tan desconocido que era despreciado y vilipendiado por las clases dominantes, ganadas por la admiración a Gran Bretaña y Francia y la subestimación al criollaje.

   Allí nace una alianza indestructible entre Perón y los trabajadores argentinos, que junto a los sectores nacionalistas e industrialistas de las FF. AA, sectores de la iglesia y una parte, menor, por cierto, del empresariado industrial emergente, dieron nacimiento a un Movimiento de Liberación Nacional llamado Peronismo.

   Una década prodigiosa lo tuvo como protagonista, defendiendo el proceso revolucionario y afirmando su organización definitiva, el sindicato único por actividad, la central única en la Confederación General del Trabajo, la representación política a través del tercio sindical en las cámaras legislativas, el diálogo permanente con Perón no sólo en los actos multitudinarios sino en la asidua concurrencia de Perón a la CGT a dialogar con sus dirigentes, sí a no sorprenderse el General Juan Domingo Perón en persona iba él a la central obrera semanalmente a dialogar con los sindicalistas, luego de su muerte ningún líder peronista mantuvo esta práctica, muchos inclusive, trataron de evitar todo lo posible esos encuentros, a medida que pasaron los años fue cada vez peor.

   El movimiento obrero fue la columna vertebral del peronismo, puso la mayor parte de las víctimas en el salvaje bombardeo de junio de 1955 a la Plaza de Mayo, fue proscripto, perseguido y encarcelado durante la Fusiladora, asesinado en los basurales en Junio de 1956, encarcelado y torturado durante el Plan Conintes de Frondizi, encabezó la Resistencia Peronista, puso los primeros “desaparecidos” como Felipe Vallese, organizó el frustrado retorno de Perón en 1964, detenido por los militares golpistas de Brasil a pedido del “demócrata” Illia, bajo cuyo gobierno ya habían sido asesinados los obreros Mussi, Retamar y Méndez al reprimirse un acto en conmemoración del 17 de octubre, enfrentó a Onganía y unido a los estudiantes universitarios de Corrientes, Rosario, Córdoba y Gral. Roca, lo obligaron a renunciar poniendo fin a sus sueños de gobernar indefinidamente y lograron el histórico regreso de Perón a la patria aquel inolvidable 17 de noviembre de 1972.

El tercer gobierno de Perón, interregno de Isabel y la Dictadura. –

   Hasta aquí, si bien someramente, me he tratado de detener en la demostración que el regreso de Perón a la patria y su tercer gobierno fueron el resultado de 18 años de lucha de la Resistencia Peronista y de ninguna manera de la aparición de los grupos armados que no existían cuando los trabajadores y estudiantes protagonizaron las puebladas que echaron a Onganía, sería demasiado ingenuo suponer que en apenas dos años hayan logrado derrotar a las fuerzas armadas e imponer el regreso del líder, es mas en 1972 la mayor parte de sus militantes y dirigentes estaban presos o habían sido muertos por las fuerzas de seguridad, en especial Montoneros, que se han atribuido este hecho histórico cuando sus principales líderes, Fernando Abal Medina, Carlos Gustavo Ramus, Carlos Capuano Martínez, Emilio Maza, José Sabino Navarro habían sido muertos por la represión, otros estaban presos o fuera del país.

    Si podemos decir que muchos dirigentes sindicales como Augusto T. Vandor (1969) José Alonso (1970) habían sido asesinados por estos grupos que entendían que bastaba la condena de un grupo de iluminados al accionar de un dirigente para asesinarlo en nombre del socialismo (ERP) o del ¡Peronismo! (Montoneros), incluso luego de la victoria electoral del 11 de marzo de 1973, como fue el caso de Dirk Kloosterman en mayo de 1973.

   A fin de seguir desarmando una historia falaz digamos que el llamado “sindicalismo combativo” tampoco estuvo en las luchas del 69, Tosco participó en el Cordobazo, pero su organización y conducción estuvo a cargo de dirigentes peronistas enrolados en la Confederación General del Trabajo como Elpidio Torres (SMATA) y Atilio López (UTA).

Los famosos gremios clasistas de Córdoba Sitrac y Sitram no participaron ya que la Fiat decidió licenciar a su personal de Materfer y Concord el día 29 de mayo, y René Salamanca aún no era dirigente de esas organizaciones.

   Pero volvamos al 73, Cámpora y Solano Lima asumen el gobierno el 25 de mayo de 1973, designados por Perón que estaba proscripto por una cláusula de Lanusse, en Economía asume José Ber Gelbard y de inmediato se implementa el Pacto Social, destinado a bajar la inflación, recuperar el salario y ordenar la economía, todo bajo la conducción de Juan Domingo Perón, los grupos armados seguían actuando más allá de haber asumido un gobierno democrático y elegido por el pueblo, así el ERP atacó el Comando de Sanidad en plena Capital Federal y Montoneros se enfrentó con la seguridad del palco en Ezeiza el 20 de junio frustrando el reencuentro de Perón con su pueblo.

   El 23 de setiembre la fórmula Perón-Perón triunfa en las elecciones convocadas a fin de sanear la acefalía producida por la renuncia de Cámpora, y 24 horas después Montoneros asesina al Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci, asestando un golpe demoledor al regreso al poder de Perón en la patria. Digo demoledor porque Rucci no sólo era el jefe indiscutido del movimiento obrero sino una de las columnas que sostenían el Pacto Social, política central de Perón para sacar al país del marasmo luego de 18 años de gobiernos ilegítimos, era considerado como un hijo por el general.

   Apenas un año después, el 1 de julio de 1974 muere Juan Domingo Perón, en apenas un año había llevado a los trabajadores a percibir el 50% del PBI, logro que solo se había alcanzado en la década 1945-1955, la inflación estaba controlada, el movimiento obrero tenía una numerosa representación parlamentaria y estaba férreamente unido en la CGT.

   Luego de su muerto el gobierno perdió gran parte de su impulso, no obstante se promulgó la Ley 20.744 de Contratos de Trabajo, que aún está vigente más allá de las mutilaciones de la dictadura, que ningún gobierno democrático se atrevió a remediar, Isabel Perón carecía del liderazgo que era necesario, no es un cargo contra ella, ningún dirigente peronista de la época lo hubiera hecho mejor, en 1975 se produjo un duro enfrentamiento a raíz de las medidas económicas dispuestas por el nuevo ministro de economía Celestino Rodrigo, un shock económico de carácter liberal que incluía un tope a las negociaciones colectivas. Por primera vez en la historia la CGT dispuso un paro general contra un gobierno peronista, el 27 de junio se produjo una concentración multitudinaria en Plaza de Mayo, reclamando la renuncia de los ministros de Economía, Rodrigo y de Bienestar Social, José López Rega, así como la homologación de los acuerdos paritarios alcanzados, Isabel rechazó el reclamo y la CGT declaró un paro general por 48 has los días 7 y 8 de Julio, logrando no solamente la homologación reclamada sino la salida de ambos ministros del gobierno.

   En realidad la oligarquía y el poder económico concentrado reunidos en la APEGE estaban lanzados a derribar al gobierno, el movimiento obrero logró la designación de Antonio Cafiero en Economía y de Carlos Ruckauf en Trabajo y comenzó un intento de recuperar la iniciativa, advertidos que el peronismo era capaz de retomar su programa histórico y contaba con el apoyo total de los trabajadores, los militares golpistas que ya habían colocado a Eduardo Massera y Jorge Rafael Videla como jefes de la Armada y del Ejército se dispusieron a acelerar el golpe.

   La CGT y las 62 organizaciones se constituyeron en el único sostén del gobierno de Isabel Perón, los grupos terroristas también aceleraron su accionar atacando cuarteles militares, iniciando un foco de guerrilla rural en Tucumán y asesinando dirigentes como Rogelio Coria, todo ello bajo la consigna “Hay que profundizar las contradicciones”, considerando que la caída del gobierno democrático iba a conducir a un enfrentamiento del pueblo, conducido por su “vanguardia armada” o sea ellos, con las fuerzas armadas y que la segura victoria llevaría a superar al peronismo, que era una expresión burguesa, e implantar el socialismo, de los resultados de este mesianismo terrorista, no voy a hacer comentarios, hay decenas de libros sobre ello, pero sí de las consecuencias que tuvo para el movimiento obrero.

El Movimiento Obrero frente a la última dictadura. –

   Si el golpe del 24 de marzo de 1976 fue la continuidad superadora en crueldad, profundidad y decisión de producir una transformación conservadora definitiva en la Argentina, el movimiento obrero estuvo en la mira prioritaria de estos vendepatrias.

 Ley 21.400 prohibiendo cualquier acción concertada de protesta.

Ley 21.261 suspendiendo el derecho de huelga

Ley 21.356 prohibiendo todo tipo de actividad gremial, asambleas, reuniones, elecciones, hasta se facultaba a los interventores militares en los sindicatos a nombrar a los delegados gremiales.

Ley 21.263 que eliminó el fuero sindical.

Ley 21.259 por la que se reimplantaba la Ley de Residencia.

Ley 22.105 que derogó la Ley 20.615 de Asociaciones Sindicales y eliminaba las entidades de tercer grado, o sea la CGT.

Ley 21.297 que derogó 27 artículos de la Ley de Contratos de Trabajo y modificó otros 99, el principal autor de la ley 20.744, Norberto Centeno fue secuestrado junto a varios abogados laboralistas en la “Noche de las corbatas” entre el 6 y el 8 de julio de 1977.

Decreto 385/77 que dio de baja a todas las afiliaciones a los sindicatos de la República Argentina, obligando a que cada trabajador tuviéramos que ratificar nuestra afiliación ante la oficina de personal en medio de la represión. Fue emitido el 11 de febrero de 1977 y daba plazo hasta el 10 de abril de ese mismo año para ratificar la afiliación. El 11 de abril, 24 hs después de expirado el plazo era secuestrado Oscar Smith, Secretario General de Luz y Fuerza que encabezaba un conflicto en defensa del convenio colectivo. Fue la primera gran derrota de la dictadura ya que culminado el plazo la cantidad de trabajadores sindicalizados no sólo no bajó sino que se incrementó, ya que muchos que no estaban afiliados lo hicieron.

   Es claro que querían borrar del mapa al movimiento obrero peronista, para ello además de liquidar sus conquistas, sus organizaciones y hasta a sus dirigentes (el 70% de los desaparecidos eran trabajadores y muchos de ellos delegados gremiales o dirigentes).

    Sin embargo, la resistencia de los trabajadores organizados comenzó casi de inmediato, el mismo día del golpe los trabajadores de IKA-Renault en Córdoba iniciaron un trabajo a reglamento, en abril fue la planta de General Motors en Barracas y al mes siguiente la Mercedes Benz y la Chrysler de Monte Chingolo, todas ellas por reivindicaciones salariales, la represión de los militares obligó a variar las formas de lucha y reaparecieron los sabotajes, Renault denunciaba caídas en la producción de un 85%, En la planta de Dálmine se denunciaba que el 30% de las chapas salían fisurados, similar situación se daba en General Motors con un 25% de los autos dañados, Peugeot anunciaba sabotajes en los bloques de motor, también vivieron duros conflictos los metalúrgicos, los portuarios y comenzó el conflicto de Luz y Fuerza, a raíz del cual fue secuestrado Oscar Smith

   Muchos gremios habían sido intervenidos y la mayoría de sus dirigentes encarcelados, se produjo una división en las organizaciones no intervenidas y mientras ocho dirigentes (Baldassini de Correos, Valle de seguros, Elorza de Gastronómicos, Horvath de ATE, Hugo Barrionuevo de Fideeros, Perez de Camioneros, entre otros) acompañaba al Ministro de Trabajo, Gral. Liendo, a la OIT, paralelamente se conformaba la Comisión de los 10 con gremios de peso como Luz y Fuerza, (Smith) taxistas (Roberto García), metalúrgicos (Guerrero) y papeleros (Donaires).

   1977 fue el año de conflictos en subterráneos y ferroviarios, en 1978 la revista Mercado habla de 4000 conflictos a lo largo de ese año, 1300 en la primera mitad, destacándose los de portuarios, la empresa Fiat y el frigorífico Swift de Rosario. El año 1979 comenzó con un conflicto en la metalúrgica Ohler, en abril los 3800 obreros de Alpargatas iniciaron un paro por tiempo indeterminado, fueron tomadas las plantas de Cura Hnos., IME y La Cantábrica y un nuevo conflicto en Swift, esta vez de Berisso derivó en una pueblada de los vecinos en apoyo a los huelguistas.

   Pero 1979 fue, además el año del primer paro general contra la dictadura, convocado por la Comisión de los 25 el sector combativo de los dos en que se dividió el sindicalismo, lo convocó para el 27 de abril, integraban la comisión: Saúl Ubaldini (Cerveceros), José Rodríguez (SMATA); Roberto García (Taxistas), Raúl Ravitti (Ferroviarios) Cabrera (Mineros) Moret (Luz y Fuerza) y una gran cantidad de seccionales de la UOM, encabezadas por Alberto Campos, rebeldes a la conducción de Marcos, aliado en la CNT, junto a Triacca y Baldassini y gremios intervenidos.

   De acuerdo a la Policía Federal y pese a haber sido convocado con sus dirigentes encarcelados, 1.500.000 trabajadores adhirieron a la medida.

   Poco tiempo después la Comisión de los 25 se organizó como CGT-Brasil oficializando la ruptura con los gremios colaboracionistas y comenzaron las marchas a la iglesia de San Cayetano bajo la consigna “Pan, Paz y Trabajo”, reuniendo en la primera a más de 30.000 personas pese a la vigencia del Estado de Sitio.

   Mientras tanto seguían los conflictos en metalúrgicos, en 1981 hubo dos paros nacionales de Smata y el 22 de Julio se llevó a cabo el segundo paro nacional contra la dictadura convocado por la CGT Brasil que tuvo un acatamiento superior al de 1979, incluso muchos pequeños comerciantes y empresarios cerraron sus puertas agobiados por la crisis económicas.

   En marzo de 1982 se produjo la histórica marcha convocada, una vez más por la CGT Brasil, esta vez hacia Plaza de Mayo, encabezada por Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, tuvo carácter multitudinario, desatada la represión hubo enfrentamientos en el centro de Buenos Aires durante horas y cientos de detenidos, entre ellos la conducción sindical.

   Es muy importante que se conozca la realidad de la lucha sindical de esos años, mientras  Raúl Alfonsín cenaba habitualmente con Albano Harguindeguy y en ocasión de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en 1979 rehusó concurrir a dialogar, alegando un viaje programado con anterioridad, al igual que su partido la UCR, el único partido político que se presentó formalmente denunciando los atropellos de la dictadura, los asesinatos, desapariciones, presos sin juicio, censura, etc. en un documento firmado por Deolindo Felipe Bittel y Herminio Iglesias como autoridades, fue el Partido Justicialista.

   La dictadura se desbarrancaba, la guerra de Malvinas aceleró los tiempos y ya a fines de 1982 reaparecían algunos viejos políticos y los más viejos aún partidos que habían sido cómplices del golpe del 24 de marzo de 1976 y habían dado asesores, intendentes y funcionarios a la dictadura, pronto los luchadores se transformarían en cómplices y los cómplices se mostrarían como adalides de la democracia, pero esa es otra historia.

Fuentes seguras. LLévalos a un punto del que no puedan salir

Hace meses que los emergentes multipolares no forman parte del análisis internacional. Esto desequilibra el diagnóstico y presenta a China y a Rusia, lejos de sus aliados. Pero la realidad existe.

Por Gabriel Fernández * 

Mientras la información internacional involuciona de las tierras raras a las cosas raras, mientras conceptos como protección pasan a formar parte de la lista de delitos económicos, y mientras toda nación impulsora de su desarrollo industrial vuelve a ser catalogada como autocrática y violenta, una parte mayoritaria del planeta ratifica su andar circunspecto y reservado. Lo hace mediante fórmulas elásticas y, al mismo tiempo, controladas por poderes públicos dispuestos a mejorar sus indicadores internos y establecer vínculos que potencien su capacidad productiva sin afectar preceptos soberanos.

En este tramo de la historia, caracterizada en las Fuentes como El sendero de la multipolaridad, las naciones emergentes vienen logrando avances sin precedentes que pueden mensurarse y cuyos resultados están más allá de la voluntad de los observadores. Por empezar, este conjunto obtiene, desde hace un lustro aproximadamente, tasas de crecimiento, ahorro e inversión bastante más elevadas que las de los países de habitual llamados centrales; se ha constituido así en el principal motor de crecimiento global y en vanguardia científico técnica.

EL EMERGER. 

La construcción registrada en ese espacio planetario denota una intensa priorización de las inversiones productivas y, en sintonía, un acotamiento del poderío de las grandes corporaciones financieras y de los estados que las acunan. También, aunque con muchas variantes, ha condicionado la adopción de decisiones a la consulta, la interdependencia, la fluidez comercial y financiera. Estas economías sostienen altas tasas de inversión y de ahorro interno, lo cual deriva en holgados superávits comerciales.

La principal evidencia de la realidad ha sido el fuerte desbalance entre las economías del Occidente central y las sureñas, así como la vigorosa acumulación de reservas internacionales. También, y más allá de la prédica mediática, se ha instituido un cambio en las relaciones de poder entre los países avanzados y los emergentes. Por caso, en el G20, el gran foro para la cooperación internacional al que concurren numerosas naciones otrora subdesarrolladas, se percibe un cambio en la relación de poder a nivel mundial. Un dato, lector: mientras los Estados Unidos parecen comprenderlo -no necesariamente admitirlo- Europa se narra a sí misma un diagnóstico diferente.

A tal punto se ha desplegado este proceso -los estrategas euroasiáticos ya lo evalúan indetenible-, que hacia el año 2050 seis de las siete mayores economías del mundo serán países emergentes. Su rápido crecimiento implica un desafío: para el año indicado, el 85 % de la población mundial vivirá en esos territorios. Desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha emitido una predicción nada aleatoria: “Atender estos mercados hoy –aseguran sus analistas económicos– permite posicionarse en los mercados del mañana al tiempo que permite a las empresas contribuir a dar respuesta a los retos en materia de desarrollo sostenible”.

Se trata de una advertencia para los empecinados en imponer la renta sobre la realización. Según la Unión Europea (UE) el estudio de la viabilidad de una economía emergente debe incluir la sostenibilidad de un país en términos de “transparencia y valores democráticos, así como de economía, medioambiente y demografía, la atención de la salud, la distribución de la riqueza y la educación. Los criterios basados en factores ambientales, sociales y de gobernanza, deben formar parte de la hoja de ruta de los inversores en las regiones en desarrollo”.

BRICS + y OCS. 

Desde ya que quienes crecen no escuchan esas imposiciones y ratifican las concepciones culturales propias. Las mismas poseen sus propios contenidos acerca de qué merece llamarse democracia y qué entienden por distribución. Por lo pronto, en un camino inverso al de los países del centro occidental, han mejorado el nivel de vida de sus poblaciones e incluido en el área de consumo regiones sociales antes descartadas. Es preciso observar este aspecto con atención, pues las exposiciones públicas de Davos y su sucedáneo castrense, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) suenan bien, pero vienen con premio.

Los multipolares se caracterizan por una fuerte y progresiva actividad industrial que modifica la estructura de sus PBIs, alejándolos de la primarización. Esto conlleva a la aceleración de su crecimiento económico y sus mercados interiores. Los configura como los mercados con mayor potencial de consumo debido a que concentran una gran parte de la población mundial. A su vez, muchos vienen intensificando la investigación y el respaldo a las empresas locales, sin por ello rechazar inversiones externas, a las cuales colocan bajo monitoreo estatal.

Esas banderas se encuentran dentro de la ONU, lo cual puede corroborarse en las votaciones sobre aspectos específicos como el colonialismo, pero también han ido construyendo sus propias arquitecturas y adecuando algunas pre existentes. Ya no son sellos de goma ni asociaciones de paja, sino potentes coaliciones entre las que destacan los BRICS+. Cual amparo se sigue desplegando la entidad que surgió para cuidar la seguridad asiática y transitó hacia la conformación de una asociación de rasgos político económico financiero y comercial, sin abandonar -atenti- sus premisas iniciales, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

REALIDADES O FICCIONES. 

Al recorrer despojados de prisa estas líneas, se va comprendiendo que los emergentes multipolares no están modificando sus acciones. No lo hicieron cuando arreció la fiebre de las sanciones al inicio del tramo más reciente de la guerra en Ucrania, no lo hacen ahora, cuando todo el mundo debate sobre aranceles y protección. Las portadas concentradas se apresuran a señalar que el planeta cambió radicalmente desde la asunción del rubicundo a la presidencia norteamericana, pero no pueden trasladar ese comentario etéreo a números concretos.

Como no logran relevar la verdad por la fábula, insisten en la difusión de presuntos valores. Hace un par de semanas, la experta en banca, economía aplicada, finanzas sostenibles, desarrollo sostenible y transformación digital, Elisa Aracil, mereció altavoz para expresar “El principal problema de las economías emergentes es que las instituciones son en estos lugares mucho más débiles que en países desarrollados. Una de las primeras cosas que los países emergentes tienen que hacer es reforzar sus instituciones y revisar el poder que tienen los gobiernos desde el punto de vista de la regulación legal. Por otro lado, es muy importante facilitar la entrada de multinacionales extranjeras que proceden de países desarrollados porque estas actúan como difusores de prácticas sostenibles sobre las cuales no hay regulación en los países en desarrollo”.

Claro, claro. Aracil insistió también en que “hay que hacer mucha concienciación individual a los ciudadanos sobre la importancia de la sostenibilidad. Son las propias empresas las que pueden llevar a cabo una labor de ‘evangelización’ en este sentido, además de los grupos de interés secundarios, como son ONG, movimientos sociales o ‘influencers’ locales”. Se entiende porqué los BRICS+, empezando por la República Popular China y la Federación de Rusia, dan cuenta de gran precaución a la hora de habilitar el ingreso a sus regiones de la comunicación occidental y de sus tramas sociales. Allí pueden adentrarse firmas productivas que admitan el regenteo oficial, pero no predicadores de la runfla financiera.

ARGENTINA EN EL WARNES. 

Los países que hoy siguen siendo caracterizados como avanzados alcanzaron, hasta la primera década del siglo en curso, un desempeño económico sobresaliente. Han estado a la cabeza del crecimiento del PBI, de la inversión y de la participación en el comercio mundial. Por su parte, las economías que hoy se mencionan emergentes concentraban la mayor parte de la población mundial, pero registraban tasas de crecimiento mucho menores. Con un ritmo que se acicateaba a sí mismo, se incrementó la brecha económica a lo largo del Siglo XX y sus esquirlas.

Sin embargo, varios sucesos modificaron la tendencia. El desplazamiento de las economías productivas en los años 90 inició el esquema que llamamos desterritorializador hacia dentro de las grandes potencias. Tal como lo habían hecho con las naciones más humildes, los estados centrales fueron sometidos a un progresivo traslado de recursos desde las zonas social productivas hacia las financieras con el argumento de ahorrar y salvar a los megabancos de sus propios desequilibrios. Esto fue deteriorando la estructura de las naciones más relevantes.

Por estas horas, cabe indicar que la Argentina, víctima de los saqueos propios del tramo final de la centuria previa (impulsados en especial durante la gestión comandada por José Alfredo Martínez de Hoz 1976 – 1983), se acaba de insertar en el sistema de absorción que damnifica a las naciones europeas. Justo cuando, como lo certifican los BRICS+ y tantos emergentes, la senda planetaria le ofrecía el lugar exacto para crecer en consonancia con otros países del Sur continental y con aquellos que se reestructuraron mediante los parámetros indicados párrafos atrás.

Entonces, ya que hablamos de Argentina, hablemos de Japón.

PUNTO DE QUIEBRE. 

Otros gobiernos, más perspicaces a la hora de visualizar el horizonte y definir nuevos caminos, adoptaron resoluciones inimaginables tiempo atrás. China, Japón y Corea del Sur afirmaron en un comunicado publicado el domingo 30 de marzo que están “listos para acelerar las negociaciones para lograr un acuerdo de libre comercio trilateral”. Fue luego de una reunión ministerial celebrada en Seúl. Los representantes de industria y comercio de los tres países también acordaron la creación de “un entorno predecible de negocios e inversiones”.

El 22 de marzo los ministros de Relaciones Exteriores de esas naciones habían celebrado una cumbre trilateral en Tokio para impulsar la cooperación regional, generando lo que el ministro de Asuntos Exteriores japonés, Takeshi Iwaya, llamó “un punto de quiebre en la historia”. Estuvo lúcido y acertó. El encuentro se concretó mientras los Estados Unidos iniciaban la contracción de su perfil global, llevando a muchos países hacia la redefinición de sus alineamientos.

Por supuesto, Wang Yi protagonizó desde el centro de la escena. “Las tres partes acordaron apoyarse mutuamente, ser buenos anfitriones del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y promover un regionalismo abierto. Nos adheriremos al multilateralismo y al libre comercio, y promoveremos la globalización económica en una dirección más inclusiva y universalmente beneficiosa”, dijo el canciller del coloso.

Con el 25% de la población mundial y una producción económica combinada que supera los 24 billones de dólares anuales, estos países asiáticos quieren consolidar su influencia a nivel global. “Nuestros mercados tienen potencial inmenso y capacidad para moldear el futuro económico”, aseguró el ministro de relaciones exteriores de China. Todos, son conscientes de las dificultades existentes, marcadas por la historia y los intereses presentes; pero el espíritu de época parece más fuerte.

Aunque Tokio y Seúl han fortalecido su cooperación en tecnología y defensa, Pekín todavía mantiene posturas antagónicas en temas sensibles como la seguridad regional. Vale recordar que, hasta hace meses nomás, Japón y Corea del Sur figuraban entre la nómina de aliados más cercanos de los Estados Unidos. Empero, si se afina la mirada se aprehende el sentido. El comercio los une: China es el segundo destino de las exportaciones japonesas y surcoreanas; Japón y Corea del Sur recibieron 26 mil millones de dólares en exportaciones chinas en 2024.

Claro está que el persistente asunto de la elaboración de semiconductores no fue ajeno al innovador enlace tripartito. Tras horas de diálogo, los ministros de Relaciones Exteriores de la amalgama amarilla, decidieron explorar mecanismos regionales que impulsen el desarrollo tecnológico conjunto. Otra pista a considerar se encuentra en la actitud hacia la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Corea del Sur se adentró rápidamente en la propuesta del Dragón, mientras que Japón admitió sumarse a proyectos específicos dentro del trazado.

EL DRAGÓN VUELA LEJOS. 

China arrancó el 2025 con más solidez de la esperada: su PBI aumentó un 5,4% anualizado en el primer trimestre, según reveló este miércoles la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). El dato se encuentra por encima de numerosas previsiones, que anticipaban turbulencias y dificultades en el seno del coloso. “Con la continua implementación y efectividad de varias políticas macroeconómicas, la economía nacional ha tenido un inicio estable y un buen comienzo de año”, declaró la entidad.

Eso si: nada de quedarse dormidos. La agencia advirtió sobre los retos que se avecinan: “El actual entorno exterior se ha vuelto cada vez más complejo y desafiante, mientras que la demanda interna efectiva necesita más impulso. Aún deben reforzarse los cimientos de la recuperación y la mejora económica”. Otros indicadores económicos importantes también superaron las estimaciones previas. La producción industrial creció un 7,7% interanual y marcó el ritmo más rápido desde junio de 2021. Por su parte, las ventas minoristas aumentaron un 5,9%, muy por encima del 4,3% previsto por los economistas, y representaron el mayor incremento desde diciembre de 2023.

Las ventas minoristas se consideran un indicador clave de la trayectoria económica de China. El país sigue lidiando con la atonía de la demanda interna, derivada de los problemas del mercado inmobiliario y los efectos persistentes de la pandemia. En respuesta, China redujo su objetivo de inflación del 3% al 2% para 2024 e introdujo subsidios gubernamentales y créditos para aumentar los ingresos de los hogares en un esfuerzo por incentivar el gasto de los consumidores.

Como el lector puede comprobar, el perfil productivista del 2025 chino fue anticipado en esta secuencia. Asimismo, se anunciaron los escollos en la economía europea ante su atadura a las innobles corporaciones belicistas. Y la intensa esgrima entre Trump y Xi a la hora de sostener los respectivos esquemas inversores. Para el lector interesado, además de sugerir un repaso de las Fuentes destinadas a ahondar en la nación milenaria, este periodista propone recorrer estos textos, originados en distintos análisis de Telma Luzzani y de Julio Fernández Baraibar.

Al tiempo que lo narrado sucedía, atrayentes episodios brindaban melodías dignas de considerar.

FICO o KALLAS. 

El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, cuestionó fuerte a la representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, Kaja Kallas. Enfatizó que no puede ordenar a los dirigentes de estados soberanos dónde ir. La afirmación surgió ante las exigencias de la asociación declinante para que los funcionarios del Viejo Continente se abstengan de concurrir a los actos conmemorativos de la victoria sobre el nazismo en Rusia. Fico destacó que su visita está basada en “la verdad histórica” y agregó que “Eslovaquia es un país soberano, tenemos nuestra memoria histórica, tenemos nuestra experiencia histórica”. “No puedo permitir que el comisario de la Unión Europea, un miembro de la Comisión, me diga lo que debo o no debo hacer”, indicó.

Si se empalma este roce con aseveraciones precedentes, resulta necesario indagar cuán democrático es el centro occidental, embebido por su funcionariado y sus medios en una declamación humanitaria sostenida y fatigante. Para justificar sus pulsiones criminales necesita identificar a la nación que doblegó la amenaza más recia del siglo XX con su anverso, y a las bandas ucronazis que vindican las aspiraciones hitlerianas con la defensa de derechos que contribuyeron a damnificar. Fico es caracterizado como ultraderechista por el periodismo adocenado, al tiempo que Kallas y su entorno, adalides del pluralismo y la tolerancia.

PUTIN y PEZESHKIAN. 

¿Algo más? Bastante. Pocos días atrás el Parlamento de la Federación ratificó el acuerdo suscripto en enero del año vigente por los presidentes Vladimir Putin y Masoud Pezeshkian. La confluencia tiene como objetivo profundizar y ampliar la cooperación entre Rusia e Irán en una amplia gama de áreas. Entre otros asuntos, estipula que ambos países desarrollarán una cooperación igualitaria y mutuamente beneficiosa en todas las áreas de interés mutuo, coordinarán estrechamente las actividades a nivel regional y global y fortalecerán la colaboración en el campo de la seguridad y la defensa.

El tratado prevé que, si una de las partes es objeto de una agresión, la otra no proporcionará al atacante asistencia militar o de cualquier tipo que facilite la continuación de la agresión y promoverá la resolución de los desacuerdos sobre la base de la Carta de la ONU y otras normas aplicables del derecho internacional. También abordarán de conjunto “el comercio, la cooperación económica, industrial y en el sector bancario, el desarrollo de corredores de transporte internacionales que pasen por el territorio de ambos países, en particular el corredor de transporte internacional Norte-Sur, la colaboración en el sector energético: petróleo, gas y energía nuclear pacífica”

ARAQCHÍ, WITKOFF Y AL BUSAIDI.  

Por otro lado, aunque portando equilibrada ligazón, la República Islámica y los Estados Unidos acordaron ayer avanzar a una nueva fase de negociaciones sobre el programa nuclear iraní en la reunión indirecta mantenida en Roma, informó el Sultanato de Omán, que ejerce de intermediario entre los dos países. El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abás Araqchí, y el enviado especial estadounidense para Oriente Medio, Steve Witkoff, concretaron gestiones indirectas de cuatro horas mediadas por el jefe de la diplomacia omaní, Badr bin Hamad al Busaidi.

Araqchí explicó que la nueva fase incluye reuniones técnicas de expertos sobre el programa nuclear persa en Omán. “Estas conversaciones están cobrando impulso y ahora incluso lo improbable es posible”, dijo en X Al Busaidi tras el encuentro mantenido en la residencia del embajador omaní en Roma. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Omán afirmó en un comunicado que Araqchí y Witkoff “acordaron iniciar la siguiente fase de sus conversaciones, cuyo objetivo es sellar un acuerdo justo, duradero y vinculante” que garantice un Irán sin armas nucleares ni sanciones, pero que mantenga su “capacidad para desarrollar energía nuclear con fines pacíficos”.

Finalmente. El Papa Francisco presentó un nuevo texto. Se titula La esperanza dona a la vida del hombre una ventana hacia lo eterno. Es prólogo a una obra del padre Tommaso Gianuzzi. Como Jorge Bergoglio suele realizar aportes con significantes variados, quienes se interesen en su pensar pueden evaluarlo aquí. Y ahora, claro, en plena Semana Santa.

También cabe reflexionar, con buenos mates destinados a equilibrar el fresco, sobre esta frase de Antonio Porchia:

Creías que destruir lo que separa era unir.

Y has destruido lo que separa.

Y has destruido todo.

Porque no hay nada sin lo que separa.

*Director La Señal Medios / Radio Gráfica

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? Parte 5

   Por Omar Auton

“Estás llamando a un gato, con silbidos”

“Todo un palo”, (Solari-Beilinson)

La hora de los predicadores

   Una de las preguntas más frecuentes cuando uno participa de un debate, una charla o una simple reunión de amigos es ¿Pero y quién va a liderar? Y en ese momento uno comienza una larga perorata, robando frases del Papa Francisco (“El camino es de la periferia hacia el centro y de abajo para arriba”) tratando de no ofender a nadie pero manifestando la convicción que si los liderazgos, son por naturaleza parciales, de un sector, por oposición a la conducción que apunta al conjunto, en este momento además, están todos fuertemente cuestionados y no solo representan una fracción solamente sino que reciben un rechazo manifiesto del resto, por lo tanto, no es por ahí.

   Uno no desconoce las trayectorias y trascendencia que cada uno de ellos, con sus más y sus menos puede tener, pero creo que todos aquellos que han tenido o aspirado a las máximas responsabilidades del país y en consecuencia son objeto de un gran rechazo de las grandes mayorías de los argentinos, más allá de los mayores o menores porcentajes de adhesión que aún reciban, son minoritarios.

   Y lo son porque salvo sus más fervorosos adherentes, sus círculos íntimos y los aspirantes a ocupar cargos en la cosa pública, el resto de los argentinos puede conservarles cierto cariño o reconocimiento parcial, pero los responsabiliza por no haber sido capaces de llevar al país a un destino mejor, quizás reconoce aciertos pero el balance es negativo para el 60 o 70% del pueblo argentino y lo que es peor aun los que les reconocen cosas positivas se molestan cuando solamente se les recuerda ese pasado, nadie propone un camino de futuro y cuando hablan no son creíbles porque la gente piensa o dice ¿Y si sabían lo que había que hacer porque no lo hicieron antes?.

   Aseguro que trato de ser lo más objetivo posible y no apunto a nadie en particular, pero aquellos que detentaron las más altas magistraturas deben asumir, de una vez por todas, su responsabilidad en el fracaso de la democracia que supimos recuperar en 1983, fracaso que nos condujo a ser presididos por un megalómano y fanático, sospechado de serias perversiones y alteraciones graves de su psiquis, que además es un cipayo convencido y con excesos vergonzosos de lacayismo, rodeado de una corte de ladrones, estafadores y sinvergüenzas que ya han sido protagonistas del saqueo de la patria con De La Rúa y Macri, que han endeudado a la Argentina a niveles récord y volvieron para hacerlo de nuevo, total se van a escapar antes de la catástrofe a sus domicilios en el extranjero y a sus empleos en bancos o grupos financieros.

   No pretendo jubilar a nadie y no voy a entrar en aquello de “No son Peronistas” o descalificaciones, al fin de cuentas si alguna vez confiamos en ellos es porque merecieron o se supieron ganar la misma, creo que deben estar en la conducción del movimiento, participar en la “mesa grande” junto a gobernadores, la Confederación General del Trabajo, los movimientos sociales, intendentes, jefes de bloques parlamentarios, debatiendo las estrategias: en primer lugar de reconstrucción de la unidad del peronismo luego de años de una diáspora lamentable, luego de propulsar esa unidad en cada distrito, paralelamente elaborar un programa claro y concreto, que sea visualizado como un camino creíble de futuro y finalmente de definir las alianzas y los nombres, o llamar a elecciones internas si es necesario, que vayan a encarnar la oferta electoral de ese programa.

   Eso sí, nadie está dispuesto a seguir tolerando la dedocracia, la soberbia y el autoritarismo que caracterizó a cierta dirigencia en los últimos años, es intolerable que vuelvan a aparecer ciertos personajes con el discurso “estos son los candidatos que quiere… son estos o rompemos y si perdemos las elecciones no pasa nada, total los que ganen van a ser un desastre y nos van a venir a buscar”, palabras más, palabras menos, todos hemos escuchado cosas así a nivel nacional, provincial y hasta de las listas de concejales o partidarias.

   Durante mucho tiempo aquellos que quisieron competir no pudieron, no se los dejó (Randazzo en 2015, más allá de mi opinión sobre el personaje), cientos de listas fueron rechazadas en la provincia de Buenos Aires en otras elecciones, las autoridades partidarias las eligen los congresos partidarios ya que al no permitir otras listas hemos terminado en las “listas únicas” que están bien cuando son por el acuerdo de todos los sectores y no lo están cuando son el resultado del “manejo de la lapicera” por unos pocos o cuando no, por uno solo.

   Todo esto fue la consecuencia de liderazgos personalistas (Menem, Néstor y Cristina Kirchner) en un caso porque después de haber llegado a la candidatura mediante la interna más concurrida y participativa del Partido Justicialista en estos 40 años, abandonar la doctrina peronista y todas las promesas de campaña requería que la vida interna partidaria no existiera y en este siglo porque la desconfianza manifiesta que ambos líderes mostraban sobre las estructuras partidarias y cierto debate ideológico que se escamoteó, nos llevó a rotular la militancia partidaria como “pejotismo”, a abandonar los símbolos partidarios y hasta la marcha, alguna vez un connotado dirigente bonaerense y multiministro en varios gobiernos,  ante el cuestionamiento respondió “La marchita que se la metan en el c…”.

   Son miles los compañeros, militantes comprometidos y de muchos años en sus distritos, que fueron abandonando la militancia, cerraron las unidades básicas, no faltaron los que “vendieron” sus espacios al macrismo o más recientemente a Milei a cambio de prebendas. Cuando no se airean las estructuras, no se mueven las aguas del debate, aparecen los frutos podridos, pero el General Perón nos enseñó que las organizaciones como el pescado “Siempre comienzan a pudrirse por la cabeza”, así que los que estuvieron en ella que se hagan cargo de sus responsabilidades.

    Recientemente el pueblo peronista se enteró estupefacto y furioso, que quién había sido vicepresidente de la Nación, dos veces gobernador de la provincia, candidato a presidente en el 2015 (gracias a la prohibición de presentar listas opositoras en las PASO), e intentado ser candidato en el 2023 asumía como ministro del gobierno más cruel, antiperonista y entreguista de la historia, con un desenfado y exhibicionismo de su traición que repugna, ¿Cómo pudo semejante personaje ser candidato y ejercer cargos ejecutivos por el peronismo en los últimos 20 años con la aquiescencia de su dirigencia y que nadie ensaye una autocrítica? En menor medida lo mismo puede decirse de quién presidió el bloque peronista en el Senado durante muchos años y fue hombre de confianza de los gobiernos kirchneristas y en 2023 apareció como candidato a vicepresidente de Mauricio Macri y ahora encabece una bancada en diputados de “opositores amigables” a este gobierno miserable.

   Puedo comprender a todos los compañeros que asqueados de tener que poner la cara y explicar lo inexplicable ante cosas como las mencionadas, los hechos de corrupción, la falta de presencia territorial y el manoseo, se retiraron a sus casas y abandonaron la militancia, pero es la hora de ir a buscarlos, de convocarlos, de pedirles perdón y sumarlos a la tarea realmente ciclópea que nos espera.

   “Los cuadros peronistas no sólo deben ser hombres que trabajen para nuestro movimiento sino que también deben ser predicadores de nuestra doctrina. Todos los movimientos de acción colectiva, si necesitan de realizadores, necesitan también de predicadores. El realizador es un hombre que hace sin mirar al lado y sin mirar atrás. El predicador es el hombre que persuade para que hagamos todos, simultáneamente, lo que tenemos que hacer”

   Perón nos enseñó en “Conducción política” que tipo de hombres y mujeres necesita el movimiento y también nos dijo aquello del “bastón de mariscal que cada peronista lleva en su mochila”, sin embargo después de su muerte fuimos permitiendo que el movimiento se fuera eclipsando y fue emergiendo como único espacio de construcción política el partidario, contradiciendo nuestra tradición donde lo central era la construcción y fortalecimiento del Movimiento, porque esa era y es nuestra esencia, el Peronismo es un Movimiento Nacional de Liberación en un país semicolonial, no es un simple partido más del régimen, del sistema partidocrático que constituye la organización del modelo dependiente.

   Después de 1976, el peronismo perdió el rumbo, la Renovación de los 80, nos ofreció como camino el despojarnos de nuestras características más irritativas en lo ideológico, nuestras tres banderas, la tercera posición, la idea de conformar un polo latinoamericano que no se sometiera a los imperialismos de turno, la JUSTICIA SOCIAL como idea innegociable. Apareció el debate si debíamos acercarnos a la socialdemocracia o al socialcristianismo, variantes europeas más de derecha o de izquierda de un capitalismo triunfante y afirmado, Cafiero expresaba a un sector y Menem expresó al otro, llevando el alineamiento con EE.UU al extremo, al igual que los partidos socialcristianos en Europa y a través de sus fundaciones y usinas de pensamiento a toda Latinoamérica.

   Cuando la ola neoliberal se mostraba incontenible luego de la caída del muro de Berlín brillaban allá los Aznar, Blair, Sarkozy o Berlusconi y aquí los Menem, Collor de Mello, Sanguinetti, Siles Suazo, etc., cuando las crisis recurrentes arrasaban con esos procesos, aparecen los Hollande, Zapatero, Tsipras allá y Kirchner, Lula, Correa, Morales o Tabaré Vazquez. Es que como países dependientes nuestros destinos se modifican al ritmo de los cambios de la política mundial, de ahí la recurrencia de avances y retrocesos que tanto lamentan los intelectuales.

   Sin procesos de creciente autonomía, que exigen alianzas fuertes en nuestro subcontinente, y profundas transformaciones en lo interno no hay salida. Nadie habla de autarquías o de romper relaciones con las potencias, se trata de ir logrando mayores niveles de decisión propios, basados en nuestros intereses, como Brasil ha venido haciendo desde hace décadas, por ejemplo.

   Las experiencias de restauración colonial y dependencia feroz terminaron todas con crisis terribles, aumento de la miseria y exclusión y destrucción del aparato productivo, así pasó con Martínez de Hoz, Menem/Cavallo, De la Rúa /Cavallo, Macri y va a pasar con Milei, y a su vez las experiencias “progresistas” en la medida que no remueven las causas profundas de la crisis terminan con grandes fracasos y desilusiones populares, así 2015 nos dejó pensando cómo se pudo hacer retroceder tanto el país en poco tiempo luego de 12 años de gobiernos kirchneristas y el período 2019-2023 nos sumió en el paroxismo del internismo, la mediocridad y la falta de coraje y conducción, inéditos en un gobierno supuestamente “peronista” aunque Alberto Fernández se declaraba “socialdemócrata”.

   Digo que es la hora de los predicadores porque hay que retomar nuestra doctrina en su identidad más profunda y en sus valores originarios, e ir a buscar al pueblo peronista, al que hemos dejado sin verdadera representación en los últimos 42 años, a los comerciantes que han sido o son arruinados por el proyecto de entrega del patrimonio nacional, a los empresarios que quieren producir, competir y exportar, reclamando el apoyo de su Estado, como ocurre en todos los países desarrollados, a los trabajadores, registrados o no, que ven morir sus esperanzas y proyectos de vida ante el retroceso del salario y el empleo, a los jóvenes que ni piensan en un futuro, en tener su casa, su familia, poder tener esperanzas en un mañana mejor, en los productores agropecuarios a los que hemos escarnecido, confundiendo a todos con los grupos concentrados, restaurar la unidad de nuestra Comunidad. 

   Solo el peronismo puede encontrar y proponer un camino diferente, serio, fundamentado, coherente y creíble, pero para eso necesita dejar de ser un partido más del sistema dependiente, construir una dirigencia nueva y profundamente fiel a su doctrina desterrando a los mercaderes que hoy usufructúan los sellos partidarios, socios menores del cipayaje gobernante.

Despedida a Francisco

Por Gustavo Matías Terzaga*

Hoy no solo despedimos al Papa, despedimos a un conductor histórico de los pueblos de la periferia. Francisco no fue un Papa neutral, fue un hijo de América Latina, argentino, peronista en el sentido profundo: creyente en la justicia social, el protagonismo de los humildes y la unidad continental.

Su legado no es solo espiritual, es político, estratégico y profundamente latinoamericano. Francisco fue un gran pensador nacional que la Argentina proyectó al mundo, pero que la partidocracia inepta e hipócrita, de derechas e izquierdas -que comprendió perfectamente su acción y su legado- íntimamente siempre estuvo en su contra y no lo quiso interpretar. Por eso, hoy más que nunca, necesitamos interpretarlo como él interpretó secularmente nuestro tiempo.

Entre muchos, nos dejó 4 principios que no son frases bonitas para las homilías, son ejes de una doctrina para reconstruir nuestras naciones, poniendo a nuestros pueblos en la centralidad:

El tiempo es superior al espacio:

Los cambios verdaderos no se imponen desde arriba ni en campaña. Se gestan como procesos y van el el sentido de nuestra historia. ¿Qué proyecto político de raigambre popular hoy piensa en los próximos 30 años? Este es un principio contra el inmediatismo de una dirigencia que ha hecho del corto plazo y el pragmatismo obsceno una religión de la impotencia. Una política que se obsesiona por ocupar el espacio, aunque no construya procesos. Francisco nos recuerda que el tiempo -como acumulación, como maduración histórica- es más decisivo que la ocupación apresurada del poder institucional.

La unidad prevalece sobre el conflicto: 

Este principio no propone eliminar el conflicto -eso sería negar la historia- sino subordinarlo a un horizonte superior: la unidad de los pueblos.

No hay Patria posible con bandos enfrentados entre hermanos, porque nos comen los de afuera. Para Francisco, la unidad no niega la diferencia, pero impide que ésta se vuelva autodestructiva. La política nacional debe ser capaz de conducir los antagonismos sin hacerlos estallar. Los proyectos populares no pueden permitirse el lujo de dividirse en nombre de identidades puras o verdades iluminadas.

La realidad es superior a la idea:

Nuestra política debe hundir los pies en el barro del pueblo donde se gesta lo nacional. Es el principio antielitista por excelencia. Contra los tecnócratas de la abstracción y los ideólogos de academias, Francisco exige mirar la vida concreta del pueblo. La política debe encarnarse en el terreno, no flotar en el aire de los institutos. Nadie puede hablar ya de política nacional sin hundir los pies en las villas, en los barrios, en el interior, en el trabajo informal, en los comedores. Basta de despachos y redes sociales.

El pueblo no es un sujeto abstracto, es el territorio de la verdad y requiere toda la centralidad. Y toda política que lo ignore, cae en el vacío. Francisco nos señala que las ideas políticas deben nacer de la realidad concreta de los pueblos, de sus dolores, de sus modos de vida, de sus esperanzas y pretensiones, como lo decía y lo hacía Perón. En tiempos de identidades importadas y debates académicos desconectados de la lucha popular, este principio exige volver a escuchar al pueblo y a pensar desde él.

El todo es superior a la parte: 

La Nación debe imponerse como sujeto histórico sobre los intereses parciales. El pueblo como totalidad debe primar sobre el individuo. Nadie se realiza en una comunidad que no lo hace. Hoy, cuando la política se reduce a agendas particulares y sectoriales, y cuando se promueve la “guerra de todos contra todos” como forma de dominación, este principio nos invita a reconstruir el sentido de comunidad, de destino compartido, de solidaridad.

Y también es una advertencia geopolítica: ningún país de América Latina logrará ser soberano aislado de sus hermanos.

Sólo unidos tenemos destino, lo demás es colonia y opresión.

Y a todo esto, Francisco le sumó una imagen que lo define todo: el poliedro.

¿Qué es el poliedro? Es la unidad enriquecida desde las diferencias. Es la potencia de la diversidad organizada. No es la esfera homogénea del supremacismo hegemónico, ni el caos de las tribus llevada al al extremo del diversionismo. Es un todo donde cada parte conserva su forma y su originalidad, pero se articula con las demás, cohesiona y tributa a la finalidad.

Que triste este mes de abril! Pero que gran orgullo de argentino es el que nos invade también. Francisco fue el Papa de los pueblos, no de los poderosos, el Papa de la multilateralidad real, la que nace desde la periferia y va hacia el centro, desde los trabajadores, los migrantes, las mujeres, los pueblos originarios, del mestizaje, de África, Asia y América Latina.

Nuestro mejor argentino fue el único líder mundial que denunció sin miedo al FMI, a la OTAN, a los paraísos fiscales, a las guerras económicas y al «dios dinero».

Su muerte no es el fin, al contrario, es el llamado a retomar su legado, con coraje y con organización.

Si queremos reconstruir nuestra Patria, libre, justa y soberana, el pensamiento de Francisco no puede quedar encerrado allá en el Vaticano, tiene que bajar a la política, a las aulas, a las calles, a los barrios, al sindicato, a los jóvenes que no se resignan. La historia no está cincelada aún, y Francisco nos dejó las herramientas. Ahora depende de nosotros.

Lo que Francisco deja no es sólo un mensaje espiritual- aunque realmente lo es- es una doctrina de unidad popular y liberación nacional, un legado estratégico, una hoja de ruta para los pueblos de América Latina.

En tiempos de desesperanza, su pensamiento es brújula. En tiempos de fragmentación, su mensaje es una arquitectura de unidad. En tiempos de colonización, Francisco se vuelve consigna de resistencia, unidad y organización.

Hoy más que nunca, debemos volver a pensar la política en términos de tiempo, unidad, realidad, totalidad y pluralidad armónica. Francisco nos ha dado las claves. Depende de nosotros que no se pierdan entre homenajes estériles, discursos vacíos o lágrimas de cocodrilo.

No se trata de canonizarlo, se trata de comprenderlo como el último gran dirigente político argentino con visión nacional y continental. Y como tal, su pensamiento no debe ser recordado, debe ser aplicado.

Hasta siempre, amigo. Y gracias!

* Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba

El legado de una Iglesia nueva

A lo largo de sus doce años de papado, Francisco reorientó a la Iglesia hacia un futuro incierto pero esperanzador, dejando un legado de cambios profundos y una constante búsqueda de unidad y transformación global

Por Aldo Duzdevich*

Hace varios años, Aldo Carreras, con la confianza de quien habla de un amigo a quien conoce desde siempre, me dijo: “Este loco se propuso dos objetivos: cambiar la Iglesia y cambiar el mundo”.

Para quienes no lo conocen, el profesor Aldo Carreras es un hombre vinculado a la Iglesia, la educación y el peronismo, y fue una de las personas más cercanas a Francisco, pero siempre mantuvo un perfil muy bajo. Y cuando dice “este loco”, me estaba diciendo “Francisco no se anda con chiquitas, apuesta muy fuerte, tal vez demasiado fuerte para sus posibilidades reales”.

Yo suelo comparar la edad de Francisco cuando inicia su papado, con la edad de Perón cuando asume su presidencia en 1973. Muchos críticos dicen “Perón sabía que le quedaba poco tiempo de vida, no debió ser presidente”. Cuando Francisco inició su papado se escuchaba lo mismo: “Le falta un pulmón”, “tiene muchos problemas de salud”, “no va a durar demasiado”.

Soy un convencido de que aquellos hombres que son convocados por la historia no miden riesgos y se sienten más cerca de la eternidad que de la finitud humana. Aunque la biología no entiende mucho de demandas históricas y juega malas pasadas.

Claro que con Francisco además de la biología tuvo otras ayudas. Cuando le preguntaban: “¿Tenemos Francisco por muchos años más?”, respondía: “Que lo diga El de arriba”. Traducido: tengo una misión que cumplir y la seguiré cumpliendo hasta que Dios decida.

Hoy “El de arriba” decidió. Y quienes aprendimos a quererlo estamos sufriendo el dolor y la tristeza por su partida.

Pero Dios fue generoso y le dio a Francisco doce años de una lucidez y vitalidad envidiables en una persona de su edad. Arrancaba su día a las 4 o 5 de la mañana para rezar. Leía, escribía, llamaba por teléfono a mucha gente sencilla, tenía un maratón de audiencias todos los días, viajaba. Solía aclarar: “Eso sí, siempre duermo una hora de siesta…”. Como si fuese una vacación reparadora.

El tiempo es superior al espacio

El pensamiento y la acción del Papa Francisco se basan en cuatro principios que lo guían desde su juventud: “El tiempo es superior al espacio; la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea; el todo es superior a la parte”.

En su Encíclica Evangelii Gaudium desarrolla estos cuatro principios.

“El tiempo es superior al espacio”. “Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad (…). Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos.”

“Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo, es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios”.

“Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.”

Cuando Francisco se puso al hombro la tarea de impulsar profundos cambios en la Iglesia Católica, lo que hizo fue justamente aplicar este principio.

Otro amigo, Julio Baraibar, ayer escribía que Francisco ha logrado “deseuropeizar” a la Iglesia Católica, al convertirla en la iglesia de las periferias, una Iglesia que se proyecta hacia Oriente, África y América Latina.

Justamente de eso se trata lo de “iniciar procesos”, Francisco ha dado un giro y nueva orientación a la Iglesia que no descansa solo sobre su persona, sino que ha generado “nuevos dinamismos que van a fructificar en importantes acontecimientos históricos”.

La última vez que lo vi en 2019, le comenté: “Usted está nombrando cardenales de distintos países”. Su respuesta fue: “Sí, antes se ocupaba el Cardenal Bertone y nombraba mayoría de cardenales europeos, ahora yo estoy cambiando un poco eso…”.

Al día de hoy, el Colegio cardenalicio está formado por 252 cardenales; 138 son electores y participarían en el próximo cónclave que elegirá al sucesor del Papa Francisco. Cuatro de cada cinco cardenales que votarán en el futuro cónclave han sido elegidos por el pontífice argentino. En la última década, el Colegio cardenalicio se ha hecho más universal y más joven: hay 94 países representados y la edad media de los electores es de 69 años.

El tiempo es superior al espacio y el proceso de cambio en la Iglesia Católica está en marcha indetenible.

Nos queda el dolor de no haberlo recibido en su tierra

Entre tantas macanas que se mandó el progresismo que cooptó al peronismo en los últimos años, está el haber despreciado y estigmatizado a Jorge Bergoglio, el primer Papa de las periferias.

Un periodista con enorme poder sobre el aparato cultural del kirchnerismo inventó una historia falsa sobre el papel de Jorge Bergoglio durante la dictadura. Historia falsa repetida miles de veces por toda la prensa seguidora del catecismo progresista.

A la vez, los sectores conservadores de la Iglesia Católica y de la derecha liberal le colgaron el sayo de Papa “peronista”.

En lo que sí coincidían todos -hasta el presidente actual que lo había insultado públicamente– es que era bueno y necesario ir a Roma a sacarse una foto con un líder de enorme prestigio mundial.

Cada lado de la grieta lo tironeaba para su lado. Y cuando se le preguntaba por qué no venía, respondía que no estaban dadas las condiciones. Su fundado temor era que su visita a la Argentina no sirviera para tender puentes como él deseaba sino para ser un motivo más de desencuentros.

Hoy ya no lo tenemos con nosotros.

Tengo profunda fe en que las nuevas generaciones, descontaminadas de tanto fuego de artificio, descubrirán al Papa Francisco que sus contemporáneos no supimos ver.

Querido Francisco, hoy somos muchos los que estamos rezando por Usted.

*Periodista y Escritor 

El ciclo del kirchnerismo y la necesidad de una nueva síntesis popular

Por Gustavo Matías Terzaga*

Cuando el río suena, agua trae. Y lo que hoy suena con fuerza en la política nacional no es solo el retumbar de una interna entre facciones peronistas; es la lenta pero definitiva sedimentación de un proceso histórico que comenzó con bríos transformadores en 2003, se consolidó en la confrontación, y hoy languidece bajo el peso de sus propias limitaciones.

El kirchnerismo fue una expresión vital y popular que, tras la catástrofe del 2001, devolvió al Estado su capacidad de arbitrar, de proteger y de intervenir. Significó para millones de argentinos el retorno de la política como herramienta de justicia social, la incorporación de los jóvenes a la militancia política, la ampliación de derechos, la vinculación con los pueblos hermanos y la recuperación de la autoestima nacional. Fue, en términos populares, el intento más logrado de reconstruir un proyecto de país con inclusión, soberanía y justicia social después de Perón. Pero toda épica que no se renueva, se agota. Lo que estamos presenciando, en este abril convulso de 2025 y en medio de un oscuro panorama que atraviesa nuestra vida nacional, no es una mera transición interna en el peronismo, sino una inflexión de época que hay que saber transitar, conservando lo que inspire y descartando lo que ya no aplica.

Entonces, el desdoblamiento electoral decidido por Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires no puede leerse sólo como un movimiento táctico en la coyuntura. Es, en verdad, la señal de una ruptura estratégica que sobreviene por su propia maduración. Hijo dilecto del kirchnerismo, el actual gobernador de PBA comienza a separarse del útero político que lo gestó. Pero no por rebeldía adolescente, sino por madurez política, y esto mismo lo vuelve un proceso de renovación interesante por su posibilidad de proyección nacional hacia el 2027.

Lo que está sucediendo

La interna política en la provincia de Buenos Aires, como síntesis concentrada de las tensiones nacionales dentro del peronismo, gira en torno a un punto nodal, que es la resistencia de ciertos sectores del kirchnerismo -específicamente los ligados a La Cámpora y al núcleo duro Cristinista y de su hijo Máximo como operador- a aceptar que Axel Kicillof- o cualquier otra figura por fuera de la familia Kirchner- tiene la legitimidad política y el derecho histórico de ser interlocutor principal frente al proyecto liberal libertario de Milei. Esta es la cuestión. Y este conflicto expresa, o de él se desprende, en el fondo, dos concepciones antagónicas sobre la conducción y la verticalidad en el peronismo:

Por un lado, la visión que puede atribuirse a Kicillof y sus aliados que, probablemente, entiende la verticalidad como un instrumento táctico, flexible, al servicio de una estrategia política concreta y sujeta a validación popular y al pragmatismo territorial para congeniar con los “gordos” del conurbano. Esta visión recupera cierta lógica del peronismo clásico, donde el conductor debe tener legitimidad de masas y capacidad de conducción política, no necesariamente una unción dinástica para avanzar. Verticalidad flexible, ascendiente y descendiente. Es la lógica en la que el liderazgo se construye desde abajo hacia arriba (ascendente) y se consolida con conducción desde arriba hacia abajo (descendiente), pero basada en la representación real, el anclaje territorial y la validación popular. Es táctica, dinámica y estratégica.

Del otro lado, la visión “esencialista”, ligada a la lógica del linaje, que reduce el derecho a conducir el movimiento a la herencia simbólica de los Kirchner. Esta mirada absolutiza la verticalidad hasta transformarla en un dogma rígido, casi sin variables, por fuera del resultado electoral o del respaldo social efectivo. Así, se confunde la lealtad al proyecto nacional con la subordinación a una persona o núcleo restringido de poder, Cristina, Máximo y el apellido. Por eso, sus seguidores fieles, ven traidores en todos lados e infantilizan al pueblo cuando se pierde una elección, trasladando la responsabilidad política desde el interior hacia afuera. Y en esa obstinación por preservar la jefatura “natural” con la lógica de la infalibilidad del líder, aún cuando las urnas ya no convalida esa centralidad, se abre paso el estancamiento, el error estratégico, el daño y, en última instancia, la derrota. Y es lo que está sucediendo. Verticalidad rígida, sólo descendente. Es la lógica del dedazo, de las listas impuestas, de la conducción cerrada que no escucha ni habilita debate, que “baja línea” sin anclaje ni oído en las bases. Se trata de un esquema estático, que reemplaza la conducción por el control y la mística por la obediencia. En este modelo, el poder no se construye todos los días, se administra lo que quedó desde una cúpula y se agita la autorreferencia para preservar el relato. Es objetivamente derrotista, como lo demuestra su seguidilla de fracasos electorales. La condición sine qua non para integrar este esquema, es seguir a Cristina hasta pasarla, y escucharla para desoirla. Y lo que verdaderamente importa es su figura, no la Patria ni el pueblo, como si la propia Cristina fuera el programa, pero no lo tiene. En esta lógica, nada se cede.

Desde esta perspectiva, que seguramente acepte más variables, lo que se juega en la interna bonaerense no es sólo un reparto de cargos ni un conflicto de estilos, sino la posibilidad de redefinir la arquitectura de poder del peronismo en el siglo XXI. Básicamente, si seguirá una política atada a una lógica de obediencia cerrada, con un liderazgo que no se somete al escrutinio democrático interno, o si, con ese piso alto, romper ese techo bajo para transformarse en un movimiento mucho más amplio, con capacidad de síntesis y vocación de mayoría real. Para esto último, algo hay que ceder.

Hay que ser claros, negar ese debate es condenar al peronismo a la repetición cíclica de sus peores errores. La idea, entonces, por eso ofrecemos nuestro parecer, es salvarnos de la imposibilidad de arribar a algún diagnóstico mínimamente racional. Estimamos que cualquier otro argumento que discurre alrededor de este asunto que pretenda esconder este conflicto de concepciones, no es más que chamuyo para la tribuna. Llega un punto donde, a los rosqueros y obturadores, les conviene ocultar la verdad y exponer a cielo abierto las miserias palaciegas.

En este sentido, la distancia con La Cámpora no es anecdótica, significa un intento de librarse del cepo de una organización que, al convertirse en custodio del legado original, terminó muchas veces siendo su carcelero. En el camino, Axel busca recuperar el contacto con el sindicalismo, los intendentes del Conurbano bonaerense y -más difícil aún- con una sociedad desencantada, descreída de todas las formas de representación. Pero lo mejor que podemos decir de Kicillof es que, además de un cuadro técnico y académico, es un laburante de la política y no un principiante con suerte; su gente se lo reconoce electoralmente, en una provincia que es un país dentro de otro; y no es poco, sino suficiente para no pedir permiso, medir su acrobacia y saltar. Ojo, Kicillof no es Daniel Scioli ni Alberto Fernández, tampoco es Bossio ni Randazzo.

Esto que analizamos no invalida los logros históricos del ciclo kirchnerista, pero sí obliga -con responsabilidad militante y honestidad intelectual- a revisar críticamente sus límites. Porque sin esa revisión profunda, sin un diagnóstico, no habrá nueva síntesis, ni política saludable posible. Y convengamos, no hay nada bueno con lo que está pasando.

Unos ejemplos valen más que miles de palabras

El desmanejo y la ruptura con la Confederación General del Trabajo (CGT) en 2011, el mantenimiento del impuesto a las ganancias que afectó a la clase trabajadora, y el boicot a la candidatura de Daniel Scioli en 2015, son hitos que evidencian una desconexión con el arte de conducir. La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de designar a dedo a Alberto Fernández como candidato a presidente en 2019, anunciada por redes sociales, sin debate interno ni construcción colectiva, fue una jugada audaz y riesgosa. El objetivo era ampliar la base electoral para vencer a Mauricio Macri, y en ese sentido fue efectiva en el corto plazo, y la supimos valorar, como al gobierno sostener. Pero el verdadero problema no fue solo la dedocracia, sino el posterior sabotaje interno a su propio elegido. Una experiencia que merece un análisis crítico y profundo que escapa a estas líneas, pero que, en términos políticos, fue de una irresponsabilidad de magnitud histórica. El tiempo hablará, si hoy lo podemos escribir.

Las consecuencias de no retomar desde las fuentes

En nombre de una pureza progresista más estética que real, el kirchnerismo fue alejándose de la cultura criolla, de las raíces obreras y populares, más parisina que del interior, y entregando poco a poco al aparato liberal la posibilidad del monopolio del sentido común. Pero el verdadero crimen político del kirchnerismo fue cortar los lazos con Perón, en vez de abrevar en su legado para fortalecerse. Una joven Cristina que votó al FIP del “colorado” Ramos en 1973, con su “vote a Perón por izquierda”, y no al FREJULI siendo peronista, nos da algún indicio para explicar el fenómeno. No se trató solo de una distancia simbólica o generacional con el General, sino de una ruptura estratégica, con las bases del movimiento: la centralidad del trabajo, la alianza con la clase obrera organizada, las FFAA y la construcción de poder desde la comunidad organizada. Pero también con el legado español, el idioma y la religiosidad popular.

Lo real -por doloroso que resulte reconocerlo- es que la pretendida matriz de país construida durante la década “ganada” del kirchnerismo fue desmantelada en apenas seis meses. Bastó medio año de un gobierno de signo contrario para mostrar que lo edificado no tenía cimientos sólidos ni anclaje profundo en la estructura del Estado ni en la conciencia social, aunque siempre algo queda, por supuesto. Y esto debe ser un aprendizaje para lo que viene. Lo que parecía un proyecto que se jactaba de “irreversible” terminó siendo, en gran parte, un relato sostenido en un liderazgo carismático, pero sin verdadera institucionalización ni transformación cultural duradera. Esa fragilidad estructural es una de las grandes deudas del ciclo político que se va cerrando, y la sensación que nos invade es la de pérdida de la oportunidad. En síntesis, los kirchneristas fueron gobiernos nacionales, pero no de liberación nacional. Nunca hubo programa.

Lo viejo que no muere, lo nuevo no nace

El 2027 será, entonces, un parteaguas para el destino del país, donde la taba de este pleito, ya habrá caído de un lado o del otro. Con un Donald Trump reposicionado en el tablero mundial, con un escenario de guerra comercial y proteccionismo brutal que acelera el proceso de descomposición norteamericano y los peligros que eso atrae en una zona periférica del globo, la Argentina necesita comprender su ubicación geopolítica con urgencia. Los BRICS, Brasil, la Patria Grande no son fantasías, son la condición de posibilidad para una inserción soberana en el nuevo orden geopolítico multipolar. Un gobierno peronista con inteligencia, músculo y vocación histórica deberá reubicar al país en esa matriz para fabricar la chance política de, además de ganar, reelegir.

Hoy, es el turno de quienes, como Axel, comprenden que el legado no es un altar, sino una herramienta política para el trabajo diario. Axel es, en efecto, el mariscal que Cristina decía que hacía falta, cuando se despedía pero no soltaba. Esperamos -con prudencia, pero también con firmeza- que Cristina y La Cámpora no elijan el camino del daño extendido. Que no conviertan la pérdida de centralidad en sabotaje. Porque si algo necesita el campo popular en este momento es madurez política, generosidad histórica y sentido de responsabilidad con un país que no resiste más fracturas inútiles ni batallas intestinas dentro del bando nacional. El tiempo de los liderazgos mesiánicos terminó. Ahora se trata de reconstruir con lo que hay, no de dinamitar lo que viene. Ah, y no se olviden: volver a Perón.

* Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba

El peronismo y la cultura (artículo publicado el 17 de octubre de 2020)

Por Julio Fernández Baraibar*

Ayer, a pedido de un amigo, escribí estas líneas que pongo a continuación. La jornada de hoy, 17 de Octubre de 2020, posiblemente las ilumine con una renovada luz.

Los enemigos del peronismo han querido, a lo largo de los últimos 75 años, adjudicar al peronismo el mote de incultura, de bárbaro, de algo perteneciente a etapas incivilizadas de la humanidad.

Sin embargo, nada es más falso, nada es más injusto y agraviante que esa calificación.

Cuando hablamos de cultura, cuando nos referimos a ella, no estamos mencionando tan solo las obras literarias, como la novela, la poesía o el ensayo filosófico, ni las obras pictóricas, la música o la danza, aunque también nos referimos a ellas.

Cuando decimos cultura queremos significar la acumulación de saber, de experiencia, de belleza, de reflexión colectiva y anónima de un pueblo a lo largo de su desarrollo en la historia. Cultura son también los saberes populares transmitidos de padres a hijos, la técnica exquisita de la tejedora de ponchos o del lutier de bombos, el conocimiento casi secreto de la mujer que sabe donde crece ese yuyito capaz de salvar al niño de alguna enfermedad estival.

Y el peronismo, nuestro gran movimiento nacional, es el que mejor ha expresado a lo largo de estos 75 años esta cultura, esta sedimentación de conocimientos, experiencias, reflexiones, artes y artesanías de nuestro pueblo.

Es curioso lo que ha ocurrido con la palabra “bárbaro” en nuestro debate político. Para los griegos, de donde viene la palabra, significaba “el que balbucea”, “el que no sabe hablar” y se la adjudicaban a todos los pueblos que no hablasen el griego o el latín de aquella época. Bárbaro era entonces un concepto despectivo para referirse al que no era griego, al extranjero, al desconocido.

El liberalismo argentino, ya desde Sarmiento, transformó la palabra en un insulto para referirse a los propios, a los hombres y mujeres del pueblo argentino que desconocían la cultura importada de Francia e Inglaterra que exhibían los círculos encumbrados del puerto de Buenos Aires, pero que llevaban sobre los hombros, en las manos y en las cabezas, siglos de su cultura propia, nacida aún antes de la llegada de los españoles.

Y el peronismo, desde aquel 17 de octubre de 1945, se encargó de desplegar y poner en valor esa cultura secular, exhibiendo a la vez el carácter extranjero y, entonces sí, bárbaro de esos grupos que balbuceaban verdaderamente el lenguaje del pueblo argentino, que no los entendía, que hablaba otro idioma.

Esa cultura argentina y americana que el peronismo encarnó entonces y continúa encarnando 75 años después, tan fresca como aquella tarde soleada de 1945, recogió toda la tradición de la patria desde aquella mañana de mayo. Por eso nuestro gran poeta peronista, Leopoldo Marechal, escribió sobre esa tarde fundadora:

De pronto alzó la frente y se hizo rayo

(¡era en Octubre y parecía Mayo!),

Y también asumió la epopeya sanmartiniana, y las luchas federales y el heroísmo en la Vuelta de Obligado, el exilio de los criollos que se adentraban en la actual Formosa, huyendo de nuestras guerras civiles, el grito de nuestros pueblos originarios para ser incluidos definitivamente en esa “Argentina grande con la que San Martín soñó”.

Y el peronismo hizo suyas las quejas amargas de Martín Fierro condenado a la exclusión y el olvido. Y toda su política económica, social y cultural fue una respuesta al gaucho Fierro cuando exclama:

Tiene el gaucho que aguantar

hasta que lo trague el hoyo,

o hasta que venga algún criollo

en esta tierra a mandar.

El peronismo es, en este sentido, un movimiento cuyo motor espiritual es, justamente, la cultura profunda del pueblo argentino. Y sólo porque es así se puede explicar que una movilización masiva de cientos de miles de trabajadores ocurrida hace 75 años tenga la capacidad de convocar a hombres y mujeres nacidos muchos años después de esa jornada, que no vivieron esos días maravillosos, para actualizar el mandato cultural y político que brota del 17 de octubre.

La idea misma de que “reine en el pueblo el amor y la igualdad” es una consigna única entre los grandes movimientos populares que intentaron cambiar un estado de injusticia. El amor entre los argentinos, el amor entre los pueblos de Latinoamérica, y la igualdad que es el único amor posible entre hombres y mujeres libres. Esa cultura ha impregnado toda nuestra acción política.

La Comunidad Organizada que el peronismo presenta como su proyecto social no es otra cosa que el amor entre iguales, entre hombres y mujeres que no son solo iguales ante la ley, como reza el mandato liberal, sino que son iguales en sus condiciones de vida, en su potencialidad de desarrollo. Y hoy que se habla de meritocracia, esa cultura del amor y la igualdad es la condición previa para que los méritos y los atributos personales de todos y todas -al margen de la cuna en la que nació, del dinero del que dispuso, de las relaciones sociales con las que contó- puedan ser coronadas por el éxito, que nunca es individual, sino de la sociedad que permitió su realización.

Esta es la cultura del peronismo, nacida de lo profundo de la Patria y del pueblo. Esta es la cultura que han expresado, por un lado, tantos notables pensadores, filósofos, escritores y artistas de todas las ramas que han encontrado en nuestro movimiento el cauce para sus inquietudes.

Y lo más importante, esta es la cultura que ha expresado nuestro pueblo argentino, en las duras y en las maduras, aferrándonos, como lo hemos hecho en estos 75 años, a una de las Veinte Verdades: “No existe para el peronismo más que una sola clase de personas: los que trabajan”.

Y esto, la reivindicación de quienes trabajan, ha sido el aporte que nuestro movimiento ha hecho a la cultura del pueblo argentino.

Buenos Aires, 16 de Octubre de 2020

*escritor, guionista, documentalista y político

¿Cómo pudimos llegar a esto? Parte 4

 Omar Auton

Sigamos con el Estado

   En el capítulo anterior traté de precisar como concibe el peronismo el rol del Estado, fuerte, eficaz y eficiente, pero de ninguna manera subrogando la actividad empresarial privada y mucho menos avanzando sobre el derecho de propiedad, más allá de encuadrar este último dentro del concepto del bienestar general y por ende dándole una función social.

   En su afán por tomar distancia de los excesos y corrupción del liberalismo privatizador de los 90, algunos compañeros se pasaron a la vereda de enfrente y bajo la consigna de “Estado Presente” cayeron en un doble error, que fue fatal, agobiaron a la sociedad con slogans y consignas, amenazaron con estatizaciones, decidieron que todos los problemas de la comunidad requerían un organismo estatal que los analizara y debatiera, pero aburrieron a la población con sus peroratas y, lo que es peor, no resolvieron ninguno de los problemas, más bien agravaron muchos.

   Pero este aspecto nos deposita en un segundo debate y es el de la organización y funcionamiento del Estado en sí mismo, o sea nos lleva a mirar con detenimiento el Estado hacia adentro, el rol y características de sus empleados, su número, salarios e incidencia en el gasto público.

   Hasta los años 90 había primado el concepto “patrimonialista”, es decir la idea que el ingreso, la carrera, los salarios y hasta sus derechos, eran decisión unilateral del gobierno de turno, incluso nació una teoría en derecho administrativo que decía que, teniendo en cuenta la centralidad de las políticas públicas, los trabajadores estatales no eran “trabajadores”, sus derechos e intereses debían ceder ante la necesidad de atender las demandas de la sociedad.

   Si bien el art. 14 bis de la Constitución Nacional consagra la estabilidad del empleado público, buscando precisamente salvaguardarlo de los vaivenes políticos y evitar que la Administración Pública fuera el “botín de guerra” del partido político gobernante, como la adquisición de esa estabilidad requería la “acreditación de idoneidad”, se recurrió a nombrar sin concurso, confiando que el paso del año de servicios sanearía esta falta con la adquisición de la estabilidad, o a contratar bajo diversas formas fraudulentas.

   Por si esto fuera poco, el poder judicial no sólo “legitimó” los golpes de Estado y sus actos administrativos, sino que en esta materia hasta dio juridicidad a los latrocinios cometidos bajo la doctrina jurídica antes mencionada. De ahí las llamadas “leyes de prescindibilidad” sancionadas luego de cada golpe militar y hasta en algunos de origen constitucional. El criterio era que si bien habían superado el año de servicios, requisito para adquirir el derecho, como a su ingreso no habían acreditado idoneidad mediante un concurso, había una falla ab initio que invalidaba el acceso a la estabilidad. La última fue en 1990.

   Durante los gobiernos de Carlos Menem y al calor de los llamados Consensos de Washington, las presiones del Banco Mundial y la crisis administrativa se puso en marcha la Reforma del Estado y la Emergencia Administrativa que permitieron implementar el plan de privatizaciones, que fue su rostro más conocido, pero también una profunda reforma administrativa que culminó con el Sistema Nacional de la Profesión Administrativa (SiNaPa), un modelo de carrera que establecía la obligatoriedad del ingreso a planta permanente mediante procesos de selección, el progreso en la carrera vertical a través de concursos y las evaluaciones de desempeño y estándares de capacitación en la horizontal.

   Asimismo, se estableció que los cargos de conducción no políticos (Direcciones Nacionales, Generales y Simples) debían ser cubiertos por concursos abiertos.

   Más allá de los cuestionamientos que pudieran hacerse a las privatizaciones y despidos en las empresas del Estado, en lo que hace a la administración central esto fue un gran avance y un cambio radical en el empleo público, esto hay que dejarlo claro. En la política no todo es blanco o negro, no suscribo ni defiendo las políticas de los 90, pero en este terreno podemos afirmar que fue uno de los pocos intentos en darle un sistema y una racionalidad a la Administración Pública Nacional.

   Luego del desmoronamiento de la convertibilidad y la crisis del 2001comenzó el desarme de este esquema, si De la Rúa recibe su gobierno con un Estado pequeño pero ordenado, donde solo había unos 3000 contratados, todos profesionales y con funciones acotadas, cuando Duhalde asume la presidencia ya había 18.000 contratos de locación de servicios y de obra, o sea contrataciones fraudulentas en violación de las normas de empleo público, asimismo nunca más se concursaron los cargos de conducción, a medida que terminaban su mandato los que habían concursado se los fue reemplazando por partidarios de los distintos gobiernos.

   Duhalde “blanqueó “la anomalía de los contratos y los traspasó al régimen de empleo público pero amplió esta modalidad a todo tipo de trabajadores, profesionales o no.

   Durante la presidencia de Néstor Kirchner hubo un nuevo intento de reordenamiento, se firmó un nuevo convenio colectivo de trabajo y se trató de comenzar a llamar a concurso, pero desde 2011 en adelante no sólo se aumentaron irrazonablemente los cargos de conducción, creando direcciones sin sentido y muchas veces con funciones repetidas, sino que a la barbaridad de designar funcionarios sin concurso “por excepción” se agregó que también se los exceptuó de tener la formación profesional requerida para acceder a los mismo. Esto con los gobiernos de Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y hoy con Javier Milei.

   Se ha cercenado a los trabajadores del Estado la posibilidad de ingresar y acceder a la estabilidad constitucional mediante procesos de selección; los contratos laborales fraudulentos en muchos casos ya tienen más de 20 años de duración, asumen responsabilidades de conducir áreas del Estado gente sin capacidad, ni experiencia ni educación formal para ello, y los profesionales del Estado ni siquiera tienen chance de competir en un concurso abierto con ellos. El actual gobierno que constituye la suma del desprecio por las normas y la crueldad ontológica, además de la incompetencia e ignorancia de cómo funciona una organización, sólo pretende destruir el Estado para sumirnos en la ley de la selva dónde una minoría poderosa, millonaria y apátrida, pueda “llenarse los bolsillos” sin control alguno, según lo manifestó el propio Javier Milei en el acto del Día de la Industria de 2024.

   Recientemente, en el colmo de la soberbia y el desprecio ante los trabajadores, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger obligó a los miles de contratados a rendir un “examen de idoneidad”, llamativamente el examen no era sobre las funciones que realizaban y su formación para ello, sino por ejemplo “Sobre el Código Electoral”, en donde un investigador científico, una enfermera, un técnico de laboratorio debía responder un múltiple choice sobre, por ejemplo, como se oficializaban las boletas electorales. Estaban seguros que los trabajadores iban a tratar de eludirlo, se presentaron a inscribirse masivamente, tanto que colapsaron las plataformas de inscripción

   Apostaron entonces a que no aprobaran, para justificar luego los despidos, sin embargo el 96% aprobó en el primer intento (hay tres), por ello si bien en los primeros días el tema estaba en todos los medios, enseguida desapareció de los portales ante el fracaso contundente de la estrategia gubernamental.

   Fracasado el intento, lanzó a un grupo de improvisados a imponer unas supuestas «dotaciones ideales” ¿como es eso?, muy sencillo:

Pregunta: “¿Cuánta gente trabaja aquí?

Respuesta: 100 personas

Orden: “Eche 50”

   Esto es textual, sin explicación o fundamentación alguna, es la destrucción por la destrucción misma, el odio de clase vestido del poder gubernamental.

   Cierto es que esto puede ser posible ante la pasividad y hasta el festejo de un sector de la población que ha sido permeable a las políticas denigratorias del Estado y sus empleados, de los Alsogaray, Krieger Vasena, Martínez de Hoz, Sourrouille, Cavallo, Macri, Sturzenegger (funcionario al igual que Cavallo de varios gobiernos fracasados), a lo largo de décadas.

   Cierto es también que ha sido enorme la contribución a esa ideología y/o resentimiento anti estado y anti empleados públicos por la pésima calidad del funcionamiento de muchas áreas del Estado y la mala atención a los ciudadanos y la falta de respuestas a sus reclamos. Esto debido:

1) A la utilización del Estado como fuente de financiamiento de militantes y agrupaciones políticas que crecieron en base a los recursos del PAMI y la ANSES, por ejemplo.

2)La frustración de miles de empleados públicos que veían cortadas sus carreras ante la llegada de estos “funcionarios”, muchos de ellos en su primer empleo, que ganaban altísimos sueldos frente a salarios que muchas veces no llegaban a la mitad. Además estos jóvenes, y no tanto, exhibieron una soberbia y ejercieron un maltrato que llevó a miles de trabajadores a votar a Milei deseosos que echaran a esta “casta”, hoy comprueban que muchos siguen en sus cargos y los que son perseguidos y despedidos son los trabajadores.

3) La utilización del Estado para generar espacios opositores a gobernadores díscolos, por ejemplo ¿un gobernador no se alineaba incondicionalmente? Se usaban áreas del Estado en esa provincia para nombrar militantes de agrupaciones afines y comenzar, con el erario público, a operar sobre intendentes o líderes locales y armar listas opositoras al gobierno, inclusive a sabiendas que se provocaba la victoria de partidos adversarios, su teoría ha sido “Nosotros o el diluvio”.

4)La impotencia para llevar adelante políticas positivas en temas como la educación, la salud o la seguridad dado que las “internas del partido o frente gobernante se trasladaron a los gobiernos”, neutralizándose entre ellos.

5) La ignorancia absoluta de las potencialidades de las políticas públicas cuando son virtuosas, o sea eficaces y eficientes y la mediocridad de los funcionarios de gobierno, esto fue emblemático entre 2015-2019 y en la actualidad.

   Si hablamos de los poderes Legislativos y Judicial, es poco lo que hay que agregar cuando hay senadores que presentan proyectos de ley y luego los votan en contra, otros huyen a países limítrofes con dineros de dudosa procedencia luego de votar leyes que habían dicho que no votarían, diputados que marchan con los universitarios por el presupuesto y luego votan en favor del veto a su aumento, igual que con los aumentos a jubilados o que votaron el acuerdo con el FMI a cambio que el Estado Nacional ceda un predio en su provincia para “construir viviendas”.

   Del Poder Judicial que se puede opinar, una Corte Suprema de Justicia que funcionaba con solo 3 integrantes, un cortesano, que cuando fue al Senado a defender su postulación juró que “jamás asumiría si era designado por decreto” y no sólo asumió pese a ello sino que ¡los otros tres le tomaron juramento! Llevamos tres años donde ambos poderes se hacen los distraídos frene al DNU 70/23 que es el que permite muchas de las barbaridades del gobierno, cada uno sostiene que la responsabilidad de declarar su inconstitucionalidad es del otro y ninguno hace nada.

   Es necesario ir a una reforma constitucional donde además de corregir los desaguisados de la reforma del 94, que hizo suyos reformas de la dictadura de Lanusse como el ballotage, incorporemos formas de control como la iniciativa popular, el referéndum, el plebiscito, pero sin imponer reglas que hagan inviable llevar adelante esos institutos y quizás el Juicio de Residencia, para los que no saben de que hablo voy a transcribir la definición de la IA, “El Juicio de residencia era un procedimiento judicial que se llevaba a cabo en el derecho castellano e indiano. Se realizaba al finalizar el mandato de un funcionario público para analizar su desempeño y escuchar las acusaciones en su contra” sería darle carnadura a lo que repiten todos en sus actos de asunción “Si así no lo hiciera, que Dios y la Patria me lo demanden” en este caso nos haríamos cargo de lo que a la Patria le corresponde…

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? Parte 3

 Por Omar Auton

Y ahora ¿Cómo salimos de esto?

   Llevo un tiempo escribiendo sobre las causas que nos llevaron a este averno, porque me indigna escuchar a dirigentes y seudo intelectuales, culpar al pueblo por “equivocarse en el voto”, olvidando que, aún en el caso que así hubiera sido, para que eso ocurriera es necesario que la dirigencia política que se reivindica “nacional y popular”, o como yo “peronista”, haya errado bastante o haya estado muy ausente de las demandas populares, y sus intelectuales demasiado atosigados de papers y debates de laboratorio, sin atención a los profundos cambios que se iban dando en nuestra patria.

   Hoy andamos a los tumbos entre los que se niegan a cualquier autocrítica, los que buscan culpables por todos lados sin mirarse al espejo, los que proponen una especie de “revival” a un pasado esplendoroso, que todo indica que tuvo sus aciertos pero no todo fue tan “década ganada” y los que andan como Diógenes, en medio de la noche, con una linterna buscando el “nuevo liderazgo” que nos resuelva los problemas.

   Creo profundamente que son tiempos refundacionales, o mejor dicho de recrear o reconstruir nuestra doctrina, adaptando a los tiempos lo que haya que adaptar pero haciendo pie firme en nuestras esencias: la Soberanía política, la Independencia Económica y la Justicia Social son banderas innegociables, hoy quizás debe agregarse la Unidad Sudamericana, La idea de Comunidad Organizada es un faro y El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, una bitácora irreemplazable, con esto alcanza para empezar.

   Quizás lo que haya que releer y rediscutir es otro libro, entre los llamados “predicadores” para luego salir a predicar y es “Conducción Política”, especialmente cuando nos recuerda que la conducción es “un arte de mera realización” y que la calidad de la misma se mide por los resultados, “Las empresas se juzgan por sus éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros que maravillosa conducción, pero si fracasó ¿de qué sirve?… La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena resulta y si no lo es, no resulta. Todas las demás consideraciones son macanas”. (1) La primera pregunta es ¿Fueron buenos los resultados alcanzados con la conducción que hoy preside el Partido Justicialista?, y no debemos confundirnos mezclando gobierno y conducción, eso Perón lo explica de forma magnífica, puede haber gestión de gobierno con medidas correctas y aciertos tácticos, pero si no existe visión estratégica el conductor no cumple su rol o fracasa.

Es hora de comenzar a “actualizar” el libro de bitácora, es tarea de cada uno de nosotros el ir viendo cómo, a partir de los cambios operados en la realidad argentina en las últimas cuatro décadas, así como los errores y horrores “no forzados”, llevados a cabo en nuestras distintas gestiones de gobierno, podemos proponer ideas, caminos y acciones, pero me refiero a realizaciones, retomando el concepto aristotélico que el centro de la política son las acciones no las ideas, retomado por Perón en su célebre apotegma de “mejor que decir es hacer” e inclusive por el Papa Francisco en uno de sus cuatro claves “La realidad es superior a la idea”.

El Estado que supimos ¿Construir?

   Desde los primeros maestros de la filosofía nadie en su sano juicio ha negado el sentido gregario de los animales, dentro de ellos los homínidos, existe en la intuición, la definamos como la definamos, el sentido de “comunidad” es decir que la supervivencia primero y luego la propia continuidad de la especie está asociada al “vivir y andar juntos”, la familia, el clan y la horda desde nuestros primeros antepasados, han sido formas de llevar adelante esta vocación, para que surgiera el individualismo, especialmente el individualismo egoísta y salvaje de hoy en día, fue necesario que surgieran las formas de apropiación privada del producto del trabajo social y con ellas la consagración como hecho natural , que haya ricos y pobres, incluidos y excluidos, incluso países dominantes y países dominados, entonces el poder y la riqueza de algunos “necesitó” y necesita destruir la idea de comunidad.

   Dicho esto, para terminar con la falacia del individualismo como valor “original” de la especie humana, digamos también que el Estado Nación, es una evolución de la forma de organización de los seres humanos, quizás, hasta hoy, la más desarrollada en términos de ser una herramienta que asegure la convivencia de una comunidad determinada, en un territorio puntual, y dotado de normas que expresan los valores, principios y garantías de ese mismo colectivo humano, tanto así que de una u otra forma se universalizó, incluso superando visiones ideológicas antitéticas entre sí.

   En los países centrales el Estado surgió como resultado de las revoluciones burguesas (Cromwell, Bismarck, Cavour, Revolución Francesa), con ellas la Nación y el Estado fue su expresión jurídica y social. En nuestros países, en cambio no hubo revoluciones burguesas, la auténtica nación que era América Latina o como mínimo los antiguos virreinatos, se balcanizaron en países débiles gobernados por oligarquías y los Estados no eran más que organizaciones dedicadas a proteger los intereses de estas oligarquías.

   Argentina es un ejemplo de lo expuesto, recién con Roca logra unificar aduana, tener una sola moneda, un ejército nacional, un sistema educativo común y el ejercicio de una soberanía sobre sus territorios. Sin embargo a ese ejército, el primero de carácter “nacional” le faltó la burguesía que, como en Europa, provocara un desarrollo de las fuerzas productivas internas que le diera sostén y poder real.

   Es por ello que tareas como la explotación de los recursos naturales, la siderurgia y la industria pesada, la marina mercante, el desarrollo aeronáutico debió ser acometido por el Estado en la verdadera “década ganada” la de 1945-1955.

   Sin embargo, el peronismo nunca fue estatista, siempre concibió al Estado como Promotor, pero jamás se propuso reemplazar la actividad privada, la empresa, todo lo contrario. Un ejemplo fue el complejo aeronáutico de Córdoba, Fadea convocó a todos los empresarios locales y los instó a hacerse cargo de la fabricación de las distintas partes de los aviones proyectados, de esa iniciativa surge el complejo industrial cordobés que generó además la clase trabajadora mas formada y capacitada, lo que llevó a las automotrices que ingresan al país en las décadas del 50 y el 60 a radicarse en la provincia mediterránea y sigue siendo visto como una de las grandes columnas que sostiene la economía cordobesa.

   Ya en el segundo plan quinquenal, se disminuía notablemente el gasto público y se dejaba a la iniciativa privada gran parte de la actividad económica. La nota diferencial dentro de América Latina de la Argentina, es la existencia de una importante sector industrial, con grandes, medianas y pequeñas empresas, una numerosa, organizada y formada clase trabajadora y una clase media resultado del desarrollo de los servicios (bancos, seguros, comercio, exportación e importación, docencia) que surge como consecuencia de lo primero. Eso es lo que intentaron destruir entre 1976 y 1983 Videla-Martínez de Hoz, entre 1990-2001 Menem-De la Rua-Cavallo , entre 2015-2019 Macri y desde 2023, Milei, cada intento ha sido más profundo, más ideologizado, más violento y hasta autoritario.

   El Estado tuvo un rol estratégico en Impulsar, promover, acompañar y defender, ese desarrollo industrial, pero durante el peronismo jamás buscó reemplazar el rol privado, por algo puso a cargo de la economía a empresarios como Miranda o Gelbard, paradojalmente quiénes “estatizaron” empresas, muchas de ellas casi quebradas, fueron los gobiernos militares como el de Lanusse y Videla (Martínez de Hoz estatizó la Italo mientras declamaba que “Achicar el Estado es agrandar la Nación”).

   Perón lo sintetiza claramente “Cuando los capitalistas comprueben que ganan más con nuestro sistema, no tengan la menor duda que lo adoptarán y serán sus defensores. Y habremos resuelto sus problemas y habremos resuelto el problema que más nos interesa, que es el que afecta a los pueblos”.

   Pero esto responde a un concepto doctrinario más profundo, para Perón el poder real reside en el pueblo, la palabra pueblo tiene un claro sentido filosófico, es la superación de la masa y del individualismo a través de la comunidad organizada, los hombres que naturalmente tienden a reunirse, concientizados que nadie tiene futuro en soledad, crean sus organizaciones, en esas organizaciones libres del pueblo reside el poder, ahí se resuelven los problemas inmediatos, luego se va ascendiendo en la complejidad hacia las decisiones que debe tomar un estado organizado y en última instancia será el gobierno centralizado, una pirámide donde el fin último es poner el capital al servicio de la economía y esta al servicio del pueblo (verdades 16 y 19).

   Esta larga explicación busca mostrar una concepción antitética con toda deriva estatista, la pobreza no la resuelve el Estado (lo hemos comprobado), la exclusión, la desocupación, se enfrentan desde el crecimiento, la producción y el trabajo, con un claro rol del Estado en el sentido que sea con Justicia Social y adecuada redistribución del producto, en este marco y solamente en este marco, el aumento del consumo (No el consumismo) dinamiza y contribuye a sostener el crecimiento y la producción y todo eso solo se consigue en la armonía entre el capital y el trabajo que se asegura con una clase trabajadora organizada y un sindicalismo poderoso, ¿es tan difícil de entender?

   La dictadura genocida iniciada en 1976 se propuso destruir ese modelo de país, consciente que si había comenzado a gestarse con la II guerra mundial, es con el peronismo que alcanza su mayor desarrollo, tanto así que se sostuvo durante los 18 años de proscripción, en una relación de ida y vuelta, se consolidó con el peronismo y, al mismo tiempo, el peronismo se afirma, se consolida en ese país industrial, lo expresa y se alimenta de él simultáneamente.

   La oligarquía, consciente que con la proscripción y la violencias no alcanzaba para eliminar al peronismo, fue más lejos, la apertura de la economía y el dólar barato, más la aparición de un sector financiero que, fruto de la asociación de la vieja oligarquía agropecuaria, sectores del capitalismo transnacional y la extranjerización de la banca, comenzó a ocupar el centro de la escena, como consecuencia empezaron los cierres de cientos de pequeñas y medianas empresas, el abandono del país de otras (Fiat, Peugeot, Citroen), la eliminación de toda legislación protectoria, especialmente con las leyes de inversiones extranjeras y de reforma financiera, la campaña de estigmatización contra el Estado, que nunca había sido tan feroz, (en esos años nace lo de “Achicar el Estado es agrandar la Nación”), se complementó con la persecución, tortura y desaparición de miles de delegados de base y dirigentes sindicales, lo que generó un corte profundo a la aparición de una nueva generación de delegados que aún padece el movimiento obrero.

   Alfonsín no pudo o no quiso revertir este proceso, el brutal endeudamiento externo y el hecho que las empresas del estado estaban hipotecadas, en algunos casos varias veces, como garantía de ese endeudamiento, o habían sido obligadas a endeudarse en el mercado internacional, hizo que la falta de recursos deteriorara severamente la calidad de los servicios públicos, la administración central así como el empleo público provincial y municipal comenzó a ser el paliativo a la creciente desocupación. Incluso aparecieron los primeros proyectos de privatizaciones de empresas públicas (Aerolíneas y ENTEL).

   En los 90, Menem, que asumió sin un plan económico claro y decidido y con un frente heterogéneo, luego de padecer una nueva híper y corridas bancarias, abrazó los planes del Banco Mundial, profundizando la destrucción de aquél Estado Promotor del que hablábamos, apoyándose en la parálisis de las empresas, la pésima calidad de muchos de ellos (trenes, teléfonos, luz) implementó el modelo diseñado por Domingo Cavallo de privatizaciones y liquidó el Estado empresario en aras del equilibrio fiscal.

   Cuando estas políticas estallaron por los aires en el 2001 (“El año que vivimos en peligro”) con su secuela de muertos, heridos y un presidente huyendo en helicóptero, la pericia de Remes Lenicov para desarmar la bomba y un aparato industrial que estaba parado pero no extinguido, bastaron para poner en marcha una recuperación de la economía, que sumada a el aumento del precio de los commodities, especialmente la soja, y un dólar caro, se mantuvo hasta el 2011 aproximadamente, aunque con dificultades desde 2007.

   Es que el sector industrial nacido al calor de un Estado que como dijimos promovió y protegió, pero que estaba en manos privadas, estimulado por la demanda interna y la desaparición de la competencia, muchas veces de dumping, extranjera, se recuperó rápidamente, creció la ocupación y el trabajo registrado, con ello la afiliación sindical y el consumo popular.

   Sin embargo esta recuperación tenía un talón de Aquiles, podía recuperar la producción y el trabajo que habían caído durante los gobiernos de Alfonsín y Menem, pero era necesario pensar y llevar adelante un programa económico de crecimiento para desarrollar nuevas actividades, incorporar las nuevas generaciones al empleo y modernizar tecnológicamente, además de abastecer la demanda de nuevas tecnologías. Pero esto no ocurrió, desde 2011 Argentina no crece, subsiste la dependencia de las exportaciones primarias para tener divisas y se consolidó un sector de excluidos, que sumó a dos y ahora tres generaciones de argentinos que nunca supieron lo que es un empleo en blanco, registrado y formarse en la cultura del trabajo.

   No estoy diciendo que los gobiernos de Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner fueron los que provocaron la aparición de ese drama, estoy diciendo que no pudieron o supieron dar un salto adelante en el modelo económico argentino que generara la aparición de nuevas empresas, nuevas actividades, nuevos desarrollos en todos los rubros, acompañados de las políticas públicas en materia de educación y capacitación laboral. Si hoy se afirma que una gran parte de los argentinos que están desocupados o con empleos precarios no se pueden incorporar en el mundo del trabajo registrado porque carecen de formación, que la industria moderna contiene avances en materia de tecnología y organización del trabajo que están lejísimo del modelo conocido hasta los años 90, me pregunto ¿Cuáles fueron las políticas estatales en este cuarto de siglo para superar eso? ¿Cuáles fueron las reformas educativas, en los planes de formación secundaria especialmente?.

   Hoy el Estado es cuestionado por tirios y troyanos, por los poderosos porque anhelan una sociedad donde puedan hacer lo que quieran, explotar a sus trabajadores, que cuantos menos derechos y fuerza sindical tengan mejor, pero también por los más pobres y excluidos que durante 25 años solo escucharon discursos y promesas sin que se abriera nunca la ventana de oportunidades que se les prometía, con una dirigencia y funcionarios que repartían bolsas y planes para las elecciones y luego jamás volvía a los barrios más pobres, que se exhibió y se exhibe en grandes mansiones o barrios privados donde el metro cuadrado se cotiza en dólares, restaurantes caros y manejando autos importados, mientras ellos son las víctimas de todos los desastres naturales, (temporales, incendios, inundaciones) enfermedades evitables, sin acceso a la salud o educación medianamente de calidad y ni hablar de la vivienda, ellos en la palabra “ESTADO” visualizan a la dirigencia política que la abandonó, a los “ñoquis” que no solo cobran un sueldo sin trabajar sino que se ufanaban de su situación, y olvidaron a los miles de trabajadores que incluso durante la pandemia estuvieron al pie del cañón a lo largo y a lo ancho del país, pero esa es otra historia…

Roca y Bayer: la nación real y la utopía progresista

Por Gustavo Matías Terzaga*

En los últimos años, o décadas, la figura del general Julio Argentino Roca ha sido objeto de un sistemático proceso de demonización por parte de ciertos sectores que, amparados en una visión moralizante del pasado —más próxima al catecismo de sacristía progresista que al análisis político riguroso—, han pretendido reducir su protagonismo histórico a una caricatura del autoritarismo oligárquico.

 Bajo el pretexto de cuestionar la consolidación de un modelo económico agroexportador y dependiente —crítica legítima si se realiza con seriedad a un liberal nacional y no desde el púlpito de una sociología de manual—, se ha erigido a Roca como chivo expiatorio del orden liberal del siglo XIX. Se lo presenta como el factótum de una Argentina organizada en beneficio exclusivo de la oligarquía terrateniente, el arquitecto de un país arrodillado ante intereses extranjeros y el ejecutor frío de una política de exterminio étnico. Y todo ello se hace con una ligereza que bordea la irresponsabilidad intelectual: se lo juzga con parámetros contemporáneos, desatendiendo por completo el contexto geopolítico, ideológico y estratégico del tiempo que le tocó gobernar.

Pero lo más grave no es la ignorancia, es la intención. Esta tendencia no es solo un error; en muchos casos, es una tergiversación consciente. Una operación política que pretende, mediante esa condena solemne, romper los lazos históricos entre el pueblo argentino y su propio proceso de construcción nacional. Porque al condenar a Roca con los ojos del presente, lo que se oculta —deliberadamente— es el hecho concreto de que fue él, y no otro, quien ejecutó el acto fundacional del Estado moderno argentino. Fue Roca quien llevó el poder del Estado allí donde antes imperaba el vacío, la anarquía o la proyección del enclave británico. Fue Roca quien clausuró, por la vía de los hechos, el proceso de fragmentación heredado de la disolución del Virreinato.

Despojar a Roca de su dimensión histórica es, en última instancia, degollar la inteligencia nacional, es regalarle el juicio de nuestra historia a una progresía que, entre el lloriqueo multiculturalista y el infantilismo revolucionario, prefiere una Argentina abstracta, moralmente pura, pero política y territorialmente inviable. La de Roca, con sus luces y sombras, fue la estrategia de la unidad nacional, lo demás es literatura del resentimiento y el prejuicio.

Osvaldo Bayer: entre el anarquismo romántico y la negación del Estado Nación.

En el altar laico -no religioso ni espiritual, sino de devoción casi secular- de cierta progresía argentina, Osvaldo Bayer ocupa un sitio privilegiado. Autoproclamado defensor de los pueblos originarios, romántico de la anarquía y profeta del antiestatismo, su figura se ha transformado en emblema de una izquierda sin proyecto de poder, enemiga histórica del Estado nacional.

Pero el anarquismo que Bayer profesa no es una mera filosofía ultra libertaria: es una impugnación total al Estado como forma de organización histórica. En nombre de una libertad absoluta -que sólo existe en los libros o en las catacumbas de la impotencia política-, rechazó todo intento de centralización institucional, incluso cuando éste brotó del sufragio popular o del impulso emancipador de las masas, un buen 17 de octubre de 1945. De allí su desprecio por el peronismo. Y de allí también su obsesiva condena a Julio Argentino Roca, a quien convirtió en símbolo de todos los males del Estado: militarismo, oligarquía, centralismo, racismo, represión.

La campaña del Desierto fue, para Bayer, un acto de genocidio sin matices. Ignoró deliberadamente que la Argentina de fines del siglo XIX era un territorio fracturado, vulnerable, acechado por potencias extranjeras, y atravesado por conflictos internos. Negó la dimensión estratégica de una guerra necesaria para consolidar la unidad nacional. Y lo hizo desde un pedestal moral que, aunque emotivo, renunciaba a comprender la política como conflicto entre fuerzas reales. Su historiografía, más que una crítica, fue una cruzada ideológica, y su anarquismo romántico útil al desarme cultural que dinamiza el progresismo y celebra el liberalismo.

Lo paradójico es que en su rechazo a toda forma de Estado, Bayer terminó alimentando una narrativa útil a la fragmentación nacional. La exaltación de comunidades sin Nación, de autonomías sin centro, de resistencias sin proyecto, terminó por configurar una historia en la que la Argentina concreta -con sus contradicciones, su mestizaje y su drama- era reemplazada por una insoportable utopía imposible.

Bayer fue, en definitiva, el historiador de una Argentina que no fue, ni podía ser. Su prédica puede conmover a los espíritus sensibles y bienpensantes, pero no construye soberanía ni produce destino, todo lo contrario. Por eso atacó con similar saña a Roca y a Perón, porque ambos -con sus diferencias, y cada uno en su siglo- compartieron una convicción fundante que él jamás obtuvo. Ambos creyeron en un Estado nacional fuerte, vertebrador de la patria grande, constructor de integración frente al caos de las guerras intestinas. Básicamente, todo lo que su anarquismo doctrinario le impedía tolerar.

Roca como etapa fundante del proyecto nacional.

Comprender al roquismo no es exculpar, es entender que fue el punto de partida de la Nación, ya que su gobierno representó la clausura definitiva de la fragmentación heredada de las guerras civiles y el inicio de una organización estatal capaz de proyectar soberanía hacia el interior y hacia el mundo, en una muy importante política del espacio. El roquismo fue la bisagra entre la anarquía de los bloques provinciales y la Argentina moderna y unificada. Sin ese Estado fuerte -centralizado, organizado y armado—-no habría existido ni yrigoyenismo, ni peronismo, ni posibilidad histórica de desarrollo autónomo. Porque el movimiento nacional no brota del éter, sino que se despliega sobre estructuras previas y experiencias evidentemente más conservadoras. Y a esa estructura la creó Roca y la fortaleció Perón.

¿De dónde creen que salió Perón, sino del Ejército nacional que fundó Roca?

Quienes repudian a Roca mientras se proclaman peronistas no entienden que el tuétano del peronismo -el Ejército en estrecha alianza con el pueblo y los trabajadores como estructura nacional y popular- fue posible porque antes hubo un proyecto de unificación territorial, institucional y militar. Sin Roca no hay Ejército nacional, sin Ejército no hay Perón, y sin Perón, la Argentina no hubiera transitado la experiencia de la justicia social, ni de la soberanía política, ni de la independencia económica, que es el norte y la pretensión de nuestra lucha política actual.

 Negar esa etapa es amputar el proceso histórico de sus fundamentos, es querer cosechar sin sembrar. Por eso, comprender a Roca es condición para reconstruir un proyecto de Nación. Sin Estado no hay pueblo, sin Roca, no habría historia argentina, solo provincias sueltas, lenguas extranjeras y un mapa regalado al Imperio.

La incomprensión progresista: entre la moralina y la claudicación.

Tal vez la impotencia política del progresismo argentino sea su desconexión con la historia real y su afán por juzgar el pasado con los valores del presente que termina arrasando con toda posibilidad de comprensión, a la vez que creen ser la medida de todas las cosas para juzgarlas. Se refugian en un purismo sin pueblo, en un sentimentalismo sin estrategia. Y así, condenan a Roca como símbolo de todo lo indeseable, sin asumir que fue precisamente ese Estado -nacido del conflicto y no del consenso académico- el que hizo posible la Argentina.

Osvaldo Bayer, convertido en tótem de ese progresismo culposo, fue el abanderado de una cruzada contra el Estado nacional, y desde su anarquismo romántico, puso a Roca en el banquillo y dictó sentencia moral. Pero en el mundo, ¿Quién hizo historia sin cometer actos cuestionables? Si ese es el criterio, detengan la rotativa de la historia, caen San Martín, Bolívar… ¡y hasta Jesucristo!. Pero la historia no se rige por la ética de los deseos, sino por la dialéctica de las fuerzas. Y en esa historia concreta, real, contradictoria, Roca fue un constructor.

Osvaldo Bayer nunca tuvo reparos en ensañarse con Julio Argentino Roca, pero jamás dirigió una línea de condena seria contra Bartolomé Mitre, verdadero arquitecto de la subordinación argentina al Imperio británico. A Mitre -el mismo que entregó el país, falseó la historia y arrastró a la Nación a guerras al servicio de intereses extranjeros vía balcanización-, Bayer lo dejó intacto, subido a sus estatuas y blindado por el bronce liberal.

Sin embargo, a Roca lo crucificó por consolidar militarmente el territorio, resistir la disgregación, y sí, combatir a los pueblos originarios en un contexto histórico brutal, donde no existía aún el romanticismo etnográfico de la academia moderna.

¿O acaso hubo algún gobierno del siglo XIX —unitario, federal o liberal— que no librara guerras contra los pueblos originarios? ¿Hubo alguno que no se apoyara en la fuerza para ordenar el caos territorial heredado del derrumbe virreinal? La diferencia no está en el método, sino en el proyecto. Mitre actuó al servicio de la fragmentación continental; Roca, en función de un Estado nacional. Esa es la verdad que Bayer prefirió callar.

El error ideológico de Bayer no habilita la brutalidad de Milei al arrasar con su monumento. La historia se discute con pensamiento, no con demolición. Y fue justamente el intento de arrasar con todo lo que nos abrió esta oportunidad de debatir y afirmar que Roca fue mucho, muchísimo más que lo que dicen los manuales escolares redactados desde cátedras liberales de izquierda o de derecha. Fue más que un general, más que un presidente, fue el actor político fundador de la Argentina moderna. No comprenderlo es seguir extraviados en el laberinto binario de la historia trastocada. Negar a Roca es elegir la impotencia como destino.

*Gustavo Matías Terzaga es Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

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