CORAZÓN DE PADRE, MANOS DE TRABAJADOR

Por Federico Berardi*

Todos los jueves, en un galpón de la UOCRA, se juntan alrededor de cien obreros de la construcción desempleados. Tienen un talonario. Cada talonario tiene un número. Cada número es un posible trabajo.

Las empresas de construcción que necesitan trabajadores ofrecen entre uno y cinco puestos. El gremio encontró que la solución más justa es el azar. Así que los puestos se sortean. Uno a uno. Si te toca, hay trabajo por unas semanas. Si no te toca, el sindicato te ayuda con la comida.

Después del sorteo se come un guiso bien pulsudo, y se reparten viandas y bolsones para poner algo en la mesa familiar del fin de semana.

Cien personas. Entre uno y cinco empleos. La matemática es brutal. Como también lo es la solidaridad de los compañeros a cargo de la seccional de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina que reciben, organizan, cocinan, hablan y contienen. Son trabajadores que ordenan el caos de los ingenieros.

Lo que más me golpeó cuando vi la escena no fue lo que desnuda ni el reflejo de época que conlleva. Lo  que más me impactó fueron esas personas con papelitos en la mano, mirando el bolillero. Tipos que se levantan cuando todavía es de noche, tipos que trabajan a alturas de vértigo y que pueden calcular los grados exactos de una pendiente con sólo mirarla. Gente laburante, de verdad. Ahí, parada, esperando que la suerte los acompañe para poder trabajar.

Es una dignidad en suspenso.

Hoy 19 de marzo, la Iglesia celebra a San José. Esposo de María, padre de Jesús. Patrono de la Iglesia Universal y de los Trabajadores.

La poderosa Fe que inspira San Cayetano lleva a que muchas veces nos olvidemos de este último aspecto de San José. La confusión surge porque el que tiene su santuario en el porteño barrio de Liniers es el Santo del Pan: o sea de lo que el trabajo habilita. Pero el del trabajo propiamente dicho, es San José.

¿Y por qué? Sencillamente, porque San José fue el primer trabajador. Con sus manos sostuvo a una familia, y no cualquier familia. Trabajó toda su vida, enseñó a su hijo un oficio. Fue un hombre que se hizo cargo. 

En la pandemia, el Papa Francisco escribió una carta apostólica llamada Patris Corde. Con corazón de padre con motivo de los 150 años de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal.

En esa carta describe siete dimensiones del padre que fue José. Y una de ellas es la del padre trabajador. El Papa Francisco dice esto que señalamos: el trabajo de José no fue solo el medio para ganarse el pan. Fue la manera concreta de amar a su familia. El trabajo como acto de amor, como forma de poner el cuerpo en la vida de los que uno quiere.

“El trabajo se convierte en ocasión de realización no solo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia” dice nuestro Papa.

A eso, los cien tipos que vi el jueves pasado lo sabían bien. No necesitaban que nadie se los explicara.

La seccional de la UOCRA que visité encontró en el azar la respuesta a la exclusión. Pero cuando la suerte reemplaza a la justicia, estamos sonados.

Rescato el ingenio popular que con rapidez de reflejo expresaron los compañeros del sindicato, aplicando la valentía creativa, otro de los aspectos con el que describe el Papa Francisco a San José en Patris Corde. Francisco pone el ejemplo de los amigos del paralítico que lo bajan desde el techo entre la multitud para ponerlo delante de Jesús. Creatividad.

Sin embargo, esa solución temporaria no puede volverse la norma. Y eso está sucediendo. En todas partes. ¿Qué es si no el algoritmo de Uber? Levantar la persiana de un negocio todos los días también se transformó en una quiniela: ¿entrará alguien hoy o nada?

La Argentina del sorteo, como en la timba o como en el péndulo de la grieta, es divertida cuando a uno la suerte está de su lado. Pero esa sensación es pasajera. Va y vuelve. Demasiado riesgo cuando lo que se juega son los destinos de la Patria.

La Argentina que queremos no es esa. Es la del taller de José: donde el trabajo es cotidiano, donde el padre llega a la casa con algo concreto, donde el oficio se transmite, donde la familia tiene previsibilidad sobre su vida. Es la Argentina que abraza con orden y proyecto.

Si aceptamos que el trabajo es un favor que se sortea, y no un derecho que se construye con política industrial, con producción nacional, con industria de la construcción activa, entonces hemos perdido algo medular. Algo que en esa tradición de la Iglesia que fundó el hijo de José, el carpintero, se llama la dignidad del trabajo.

Las manos de esos cien tipos que esperaban en esa seccional  son exactamente lo que este país necesita para crecer. Trabajo sobra. ¿Quién lo ordena? “Si nos organizamos trabajamos todos”.

Hay que campear con una cuota de utopía y compromiso, sin ejercitar el manual militante de las nostalgias autocomplacientes. Quebrar la orfandad que se siente en el ambiente, vertebrar un proyecto con al menos un signo de paternidad: hacerse cargo. De la autocrítica responsable y honesta. De construir un programa posible. De enunciar una convocatoria política con raíces y con alas, una política que engendre futuro, que proponga ir por la huella de la esperanza.

Existe una canción de Jairo que se llama “Carpintería de José”. Es un tema sencillo, casi un susurro. Habla de José como padre. Lo mejor es que lo describe con 4 verbos que cualquier hombre común hace: cantar, pelear, rugir y llorar.

Lo corre por un momento de la dimensión del trabajo, del rezo de las manos que obran en silencio. Lo vuelve alguien que hace ruido.

Es una canción, podríamos decirle así, espiritual. Pero resulta inevitablemente política en la Argentina de hoy, donde el trabajo tiene algo de sagrado precisamente porque escasea. Cuando algo falta, se vuelve visible su valor. Y el valor del trabajo, en este país, está siendo puesto en crisis todos los días. Un hombre que sabe construir paredes y no puede construirlas, pierde el ingreso y pierde el lugar donde se reconoce. Pierde la forma de ser padre, de llegar a la casa con algo concreto para su familia.

José no hubiera podido ser el padre que fue si no hubiera tenido oficio, y si no hubiera tenido taller. Trabajaba y moldeaba su familia, la esperanza de un futuro digno que la iba organizando.  Es la forma que tiene cada persona, cada pueblo, de poner su impronta en el mundo, de decir “acá estuve, acá hice algo, acá serví”.

*Secretario General de la organización Encuentro Peronista. Ex Director Nacional de Primera Infancia (Ministerio de Desarrollo Social). Ex director del Programa Defensoría del Pueblo en Villas.

ESOS BURGUESES ASAZ EGOÍSTAS III

 Por Omar Auton

   Si bien la mayor parte del empresariado de la UIA fue parte del golpe, cámaras empresarias como la de Comercio y la Construcción integraron junto a la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) nave insignia del golpe que se inició con su Lockout o paro empresario del 16 de febrero de 1976, el más célebre acto de desestabilización de un gobierno democrático producido por las clases dominantes argentinas, la “entidad industrial” también fue intervenida y comenzó un proceso de reestructuración del poder interno concentrado en las grandes firmas transnacionales y desplazando a los sectores internos que habían integrado la Confederación de la Industria Nacional Argentina junto a los dirigentes de la CGE.

   El sector más nacional del empresariado tuvo allí su “Canto del Cisne”, nunca más se recuperó, pero Ramos expresa bien las causas de su fracaso (Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, T.5; Edic. Continente; Bs.As.; 2013) “El atraso semicolonial del país había dado nacimiento tardío a una burguesía frágil, que a diferencia de sus gemelas del occidente europeo, no había descripto la evolución histórica capaz de conducirla desde la manufactura a la gran industria y, desde allí, a definir el destino del poder, sino que era por el contrario, el poder mismo conquistado por las masas y una parte del ejército el que brindaba su apoyo a la burguesía otorgándole créditos, ventajas arancelarias y protección legal. De este modo la CGE quedaba fatalmente ligada al destino del gobierno nacional. La UIA y la Sociedad Rural, por el contrario, tenían su apoyo político en el exterior, en los gobiernos imperialistas, la prensa mundial y la banca imperialista”. Esto que era real en 1945-1955, se repite en 1973, solamente que el valor de unos pocos más decididos, lo pagaron con su destierro, la confiscación o directamente el robo de sus propiedades en las mazmorras de la dictadura.

    Para entender la diferencia con la UIA, podemos decir que ésta desde su fundación, expresó los intereses del capital imperial, desde su inveterado presidente Luis Colombo que no solo representaba los intereses de Leng Roberts y Cia. sino que hasta tenía sus oficinas en el mismo edificio donde estaba la embajada británica. En 1945, figuraba entre sus socios Joaquín de Anchorena, en representación del gremio de “Abogados Adheridos”, las firmas eran tan “argentinas” como “Compañía de Petróleo Shell, Sherwin Williams Argentina, Dreyfus y Cía, Squibb and Sons, Dunlop, Philips, Philco, Olivetti, Duperial, Bunge y Born, Compañía Italo Argentina de Electricidad y Coca Cola”.

   Desde aquella época siempre coincidió con los intereses de los ruralistas y de la banca extranjera. En el mundo financiero en principio, estaba separada la banca nacional a quién representaba la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) fundada en 1972, que casualmente en los 90 se fusionó con la Asociación de Bancos de la República Argentina (ABRA) que representaba los bancos extranjeros, para resurgir luego de la crisis del 2001, que puso en cuestión la credibilidad del sistema bancario argentino.

   La UIA poco a poco fue integrada por los hijos o nietos de los representantes originales de aquellas firmas que eran argentinos o por argentinos formados en las escuelas de negocios de las universidades privadas, pero también de las nacionales, de ahí los Think Tank que hemos descripto en capítulos anteriores.

   Después de la crisis del 2001, surge AEA la Asociación Empresaria Argentina, que reúne hoy al grupo más poderoso de los sectores económicos dominantes: Paolo Rocca, Luis Pagani, Héctor Magnetto, Sebastián Bagó, Alfredo Coto, Carlos Miguens, Federico Braun, Luis Perez Companc, Alberto Grimoldi, Eduardo Elsztain, Miguel Arguelles, Martín Migoya y Marcos Galperín. Es que en realidad al estallar la burbuja del 1 a 1, quedó a la luz que se venía una pulseada fuerte para saber quién imponía las condiciones en la salida de la convertibilidad y este grupo, el más poderoso de la UIA, se preparaba para lo que se venía, ¿Como se iba a reestructurar el capitalismo argentino en el nuevo siglo?

   En un muy interesante libro (“El País que Quieren sus dueños”; Edit. Planeta; Buenos Aires; 2025) Alejandro Bercovich, traza una semblanza que quiero compartir “Entender el comportamiento de los dueños del país e identificar su cuota de responsabilidad en el estancamiento productivo, la desigualdad social y el deterioro de las condiciones de vida que hasta ahora arrojó como resultado nuestra joven democracia es una tarea tan indispensable como pendiente desde aquel intento pionero de José Luis de Imaz en “Los que Mandan” sesenta años atrás…fue el primero en identificar las taras y falencias de ese grupo de individuos de origen casi calcado, nacidos y criados en prácticamente los mismos ámbitos (familias, barrios, colegios, clubes) pero a pesar de ello incapaces, según él, para “conducir concertadamente a la comunidad, dirigirla en vistas a la obtención de determinados fines, al alcance de ciertos logros” o para “regirse por marcos normativos más o menos similares”

   “Los que mandan ahora son herederos de los que mandaban en aquel momento o simples capataces de las multinacionales a los que los dueños originales les cedieron sus sillas…y así la simétrica incapacidad de los hijos y nietos para pegar el salto de clase dominante a clase dirigente desembocó en la crisis existencial de la democracia que terminó incubando la convulsión ultraderechista que sacudió las urnas en 2023” todo esto es cierto, tan cierto como la camada del Colegio Cardenal Newman que se hizo cargo del Estado con Macri u hoy en día los “Belgranitos” egresados del Manuel Belgrano como Santiago Caputo, Ramiro Marra, Martín Menem, Javier Iguacel o Eugenio Casielles.

   También acierta Bercovich, cuando señala “La élite económica vio en el Estado una oportunidad para agrandar su tajada del excedente o inaugurar nuevos negocios. Incluso, sobre todo diría, a expensas de sus competidores o potenciales rivales. Así a los empujones, se definieron las concesiones, los peajes, las obras públicas, las exenciones impositivas, los subsidios sectoriales, la regulación o desregulación de mercados, según conviniera, las barreras comerciales para proteger a determinados sectores y hasta la definición de por dónde pasaría un tren o que ruta se arreglaría o cual no”. Macri fue el primer intento de desembarco directo de uno de ellos, “nacido y criado en esa élite” al frente de un grupo de gerentes, asesores y dueños de empresas (a los cuales Paolo Rocca les sumó a la UCR a través de Sanz) en la conducción del Estado y fue un fiasco mayúsculo, el tipo que “les pidió a los dueños de las mayores fortunas del país un 1% de sus patrimonios para la campaña, con la promesa que lo recuperarían con creces cuando todas las empresas se valorizaran apenas asumiera” terminó confrontando por negocios con sus rivales particulares o por las políticas implementadas.

   Es que más allá de los desaguisados que el gobierno de los Fernández dejara, acumulado al fracaso del macrismo, dejó el camino expedito para que apareciera el Golem, de cuya creación luego diremos algo, “el nosotros contra ellos fue necesario potenciarlo, aprovechando el desconcierto postpandémico y las redes sociales. El desafío era gigantesco, como hacer que un tipo como Galperín siguiera pareciendo un “benefactor” aunque exprimiera a los pequeños comerciantes con comisiones abusivas del 11,99% más IVA, que uno como Claudio Belocopitt siguiera posando de “héroe” aún después de subir las cuotas de su prepaga el doble que la inflación y de aclarar que “son un servicio de lujo” o que otro como José Luis Manzano pudiera volver a departir tranquilamente en público sobre el rumbo del país después de haber ejecutado los pases de magia que lo catapultaron del gabinete menemista privatizador al control de esas mismas empresas privatizadas “ y sin embargo lo lograron.

   Existe un anatema aún vigente sobre esta burguesía, desde hace décadas y es que la oligarquía sigue siendo la dueña del modelo cultural dominante y los sostiene, pero en el fondo los desprecia, el “Chatarrin” con que el Golem anatematiza a Rocca es el equivalente actual al “Cucharita” conque la “aristocracia de cuna” motejaba a Franco Macri cuando este intentaba acercarse a sus territorios. A diferencia de la burguesía norteamericana que despreciaba a los latifundistas sureños riéndose de su supuesto olor a bosta de caballo antes de arrasarlos en la Guerra de Secesión, estos “burgueses” admiran los valores de la oligarquía, quieren asistir a sus colegios y clubes y para ello lo primero que hacen cuando alcanzan fortuna es…comprar un campo para ser “productores agropecuarios”.

   Hace muchos años, Don Arturo Jauretche, recurriendo al mismo libro que Bercovich, nos decía” …la clase alta porteña era normalmente permeable a los nuevos. Pero con esta burguesía demasiado nueva y sin pulir fue reticente, como lo había sido con los vencedores del 80, hemos visto como había incorporado en la primera mitad del siglo XIX a los europeos pobres, pero de estilo distinguido, política que siguió practicando habitualmente. Pero ahora los nuevos aparecían masivamente y la clase alta ya tenía seguridad, dictaba cátedra en los salones, en las veladas del Colón, en las tardes de Palermo y en las ruedas de sus clubes, en la escala que empezaba en el Club del Progreso, subía por el Jockey Club y terminaba en el Círculo de Armas”.

   “Nada tenían en común esas gentes de la vara de medir por más pesos que hubieran acumulado…Además estos nuevos ostentaban apellidos imposibles-italianos y hasta españoles-…Los Barolo o Roveranos, entre tanto, con monumentales edificio; los Llorente, Ybarra, del comercio, los Lagomarsino, Merlini, Campomar, Llauró Colombo, Pini, Vasena, de la industria no encontraron fácil la entrada a la clase alta” y aquí viene la referencia al libro de José Luis de Imaz “Salvo algunas excepciones notables (Dodero, Fortabat, Masllorens, Pasman, Bracht, Braun, Menéndez y otros) y contados, el prestigio económico obtenido por los empresarios, no parece haber ido acompañado por su equivalente “reconocimiento” al más alto nivel social”.

   Sin embargo, esa primera burguesía no se afectó por esa falta de reconocimiento y a diferencia de sus herederos no intentó hacerse ganaderos o cabañeros, no intentó acceder a La Recoleta, poblando con sus mármoles a la genovesa, el cementerio de la Chacarita.

   Resulta capital para comprender el rol de la llamada “burguesía nacional”, esa no está en la UIA, en realidad nunca estuvo más que como furgón de cola, el recientemente creado Movimiento Industrial Nacional, simplemente disputa espacios dentro de la entidad para discutir “estrategias de marketing, va a ser un espacio de comunicación” explicaba a Perfil, el 17 de abril de 2025, Tomás Karagozian, el CEO de TN&Platex, la textil que acaba de cerrar sus plantas en Tucumán, y los pequeños y medianos empresarios víctimas de la implacable política de Milei para terminar con la manufactura local no tienen representación.

   Pero es necesario comprender la mentalidad, la visión de este sector, retomando a Ramos “En los países semicoloniales, según puede observarse, las fuerzas entre la burguesía nativa y el capital extranjero, están desproporcionadamente a favor de este último, que cuenta con el apoyo de la prensa, los partidos políticos, la oligarquía y hasta sectores de la pequeña burguesía privilegiada y enceguecida por la falsificación de la historia y la tradición cultural…Su dependencia de la provisión de maquinarias, materias primas y accesorios de las metrópolis imperialistas impone a la burguesía industrial argentina una extremada cautela política” y es así, mientras la oligarquía (ayer ganadera, hoy agrario-financiera, siempre rentista) cuenta con sus medios de comunicación, ayer la Prensa y la Nación, hoy el grupo Clarín, La Nación, Infobae, Ámbito Financiero, TN, La Nación +, etc., la universidad y sus cátedras de economía, sus políticos “dóciles”, algunas embajadas, etc. para afirmar, sin contradictores, el destino de primarización del país; los industriales argentinos nunca pudieron sostener un diario, una revista u hoy un programa de Youtube. Recientemente el paradigmático José Luis Manzano afirmaba que “el país iba a crecer y algunos sectores a volar”, nombrando la energía, la minería, la tecnología y los commodities, los mismos que explican el supuesto crecimiento del 4% del PBI (petróleo, servicios financieros, minería y agro) todos ellos caracterizados por no crear fuentes de trabajo, no generar actividades industriales vinculadas y no mejorar el nivel de vida de los argentinos de a pie.

    Ramos, en la obra mencionada afirma “Las inversiones imperialistas en la industria argentina eran muy importantes…nuestra burguesía industrial, que teóricamente debería ser el eje para un desarrollo impetuoso, vivió para siempre trabada por antagonismos debilitantes. Aquellas industrias que eran de capital nacional eran asimismo propiedad de extranjeros o de hijos de extranjeros (se refiere a la burguesía original, a la que me he referido, siguiendo a Jauretche, en un párrafo anterior), la influencia de la ideología imperialista era predominante en el último medio siglo, gravitaba en estos industriales y los impulsaba a adorar de rodillas la técnica imperialista, sus instituciones y sus mitos. Rechazaba así una verdadera comprensión de su papel en la Argentina, país al que por lo general juzgaban desdeñosamente”.

   Ahora bien, señalado que fué el momento de oro del intento de generar un país industrial, las dificultades de esa “burguesía nacional” o su cobardía para transformarse en “clase dirigente”, su sumisión cultural frente a la Oligarquía, su modo de vida y su forma de entender el destino del país, el fracaso de los dos intentos de generar espacios de representación propia, con las consecuencias que esta derrota produjo hasta hoy, su dificultad para desprenderse de una representación corporativa y crear otra propia, sin el apoyo del estado y el movimiento nacional ¿Porqué son el apoyo y sustento de Javier Milei hoy en día pese a los agravios y descalificaciones?

   Dejando aclarado que me refiero al sector que conduce la UIA, cuyas características hemos descripto largamente, recordemos que una semana después de la victoria del Golem en la segunda vuelta, Paolo Rocca dijo ante sus gerentes “En la Argentina tenemos grandes oportunidades en energía, acero y litio…ahora se dio un proceso que refleja el hartazgo de la sociedad con una degradación institucional…una hipertrofia del Estado…yo personalmente comparto la esperanza que este cambio está generando”, pocos días después en una conferencia pública para clientes de Techint, se abrazó a Guillermo Francos y pidió un aplauso para el flamante ministro del Interior, éste, a su vez, conoció al hoy presidente en la Corporación América de Eduardo Eurnekian quién tuvo a Javier Milei a sus órdenes durante 15 años y a quién en un brindis en el hotel Alvear ante 500 socios del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción le auguró “Deseo honestamente Javier que tengas la oportunidad de demostrar a la sociedad argentina que el orden, la disciplina y la coherencia son el único camino que llevan al éxito de las naciones”.

   Rocca, hoy denostado y agraviado, colocó a un gerente de su petrolera (Tecpetrol) Horacio Marín, junto a media docena de sus hombres en YPF (puede darse el lujo de tolerar algún insulto o perder una licitación de sus caños). AEA el grupo que reúne a lo más granado del poder económico, publicó tres comunicados en los meses siguientes al ballotage, el primero fue una felicitación “con gran satisfacción” por el triunfo, el segundo, titulado “Una oportunidad histórica” y redactado, según Alejandro Bercovich en su libro ya citado, en su almuerzo asamblea-anual y firmado por Paolo Rocca, Luis Pagani, Héctor Magnetto, Sebastián Bagó, Alfredo Coto, Carlos Miguens, Federico Braun, Luis Perez Companc, Alberto Grimoldi, Eduardo Elsztain, Miguel Arguelles, Martin Migoya y Marcos Galperín y se valora “muy especialmente que el gobierno se disponga a tomar medidas que permitan el más pleno desarrollo del sector privado, sometido durante años a injerencias estatales indebidas, a controles de precios, a una elevadísima presión tributaria, a restricciones arbitrarias en materia de comercio exterior y a amenazas como la Ley de Abastecimiento”

   El tercer comunicado fue, obviamente, tras la aprobación de la Ley Ómnibus por el Congreso, que le daba al presidente prácticamente la suma del poder público.

   ¿Desconocían acaso las características “especiales” del Golem y por eso hoy los sorprende sus desplantes? de ninguna manera. El 16 de noviembre de 2023, en el mismo salón del hotel Alvear, Eurnekian “no cabía en sí”. Todas las miradas se repartían entre su viejo pupilo y él. Alguien le preguntó por sus propuestas de campaña más disparatadas y se permitió una broma fuerte “Tengo 3700 ñatos en mi empresa y uno salió fallado, ¿que querés que le haga?”.

   De todas maneras, vale la pena soportar algún desdén, algún epíteto desmedido mientras los 50 tipos más ricos del país, a fines de 2024 atesoraban entre todos, casi 78.000 millones de dólares, un 70% más que los 46.000 millones que reconocían a fines de 2019, y eso tan solo por la revalorización de acciones y bonos que produjo el acceso al gobierno de la Libertad Avanza, hoy mismo Rocca debería pasar 236 años gastando 100.000 dólares al día para agotar su fortuna y un trabajador no gastar un peso de su salario durante 35 años para tener esos 100.000 dólares “París bien vale una misa”.

   Ahora bien, ¿estoy diciendo que todos estos industriales, más allá de haberse globalizado se han incorporado de pleno a la vieja oligarquía, cuyos apellidos ilustran las estaciones del subterráneo línea D? de ninguna manera. Según cuenta Augusto Tartufoli en “El planeta de los dueños” hay un espacio geográfico llamado “El Bajo”, tal como se la denomina-entre nos y solo entre nos- esa franja sexy que va desde la Avenida Libertador, hacia las curvas plateadas del río. Allí donde los GPS de los autos importados pronuncian indicaciones en inglés, donde no existe el “gire a la derecha” sino el “turn right”, hay un clúster de restaurantes con epicentro en Acassusso, de nombres John Bull, The Embers, Kansas o Friday donde la fauna local no almuerza sino que acude para su “lunch”, bien, en ese lugar, se cuenta que ante la invitación a compartir mesa con Gloria García de Coto, esposa de Alfredo Coto, una familiar de Federico Braun pronunció dos palabras “Mejor no”,  que una integrante de una familia artífice de la Conquista del Desierto se vea obligada a hacer “small talk” con la mujer de un matarife es un hecho inadmisible.

   Asimismo cuando en el desarrollo del recientemente lanzado a las inversiones inmobiliarias Marcelo Mindlin, nada menos que en el Barrio Parque, a metros del Malba, intentó adquirir una unidad Federico Pieruzzini, importador de vehículos de alta gama y representante en Argentina de Land Rover y Jaguar, recibió la “bolilla negra” porque “Barrio Parque no es lugar para un vendedor de autos”, y después cuando uno menciona a la oligarquía, los “ólogos” nos responden “Eso ya no existe”.

   Mas allá de las notas de color, lo cierto es que si el peronismo se debe un debate acerca de cómo acompañar una repotenciación del movimiento sindical, también se lo debe acerca de cómo acompañar y promover la agremiación de los pequeños y medianos empresarios, ellos son trabajadores en el sentido que el peronismo da a esta palabra, como lo son los comerciantes y profesionales independientes, y su organización y defensa de sus intereses debe ser parte de un movimiento nacional “reloaded” (Entre tanta terminología en inglés en nuestro hablar cotidiano, permitanme este desliz).

Fuentes Seguras. Occidente, cada vez más complicado

Inteligencia iraní. Las preguntas esenciales. Un antes, y un después. Contra casi todos. Europa, Europa. EEUU: Revuelo interior y elecciones. El abismo. Irán, fuerte

Por Gabriel Fernández *

INTELIGENCIA Y CHANTAJES. Entre agosto y septiembre del año pasado, las autoridades iraníes completaron un informe reservado sobre los proyectos militares y nucleares de Israel, su colaboración con países occidentales y el espionaje a organizaciones internacionales. El titular del área de Inteligencia, Esmaeil Jatib, declaró que el conjunto de datos fue recopilado por sus agentes operativos en distintos puntos de Asia occidental; entre otras cosas evidencian «la política de ambigüedad nuclear del régimen” [israelí].

«Se ha descubierto información completa que incluye nombres, detalles, direcciones y relaciones laborales de 189 expertos nucleares y militares del régimen y proyectos relacionados de cada uno” precisó el funcionario. Aquellas revelaciones incluyeron grabaciones realizadas dentro de la instalación nuclear israelí de Dimona, en el sur del país hebreo. Asimismo, la información obtenida incluye detalles precisos de sitios militares sensibles con aplicaciones de doble uso, algunos de los cuales fueron atacados por misiles iraníes durante la ‘guerra de 12 días’ del pasado mes de junio, tras ser entregadas sus coordenadas a las unidades pertinentes.

El jefe de la Inteligencia persa precisó, además, que su país obtuvo documentos que rastrean la influencia que funcionarios israelíes y senadores estadounidenses tienen sobre el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para obtener información relacionada con el programa nuclear de Irán. Entre los documentos publicados figuran imágenes que, presuntamente, demuestran que Israel incluso espía -y en relación, chantajea- al director del OIEA, Rafael Grossi.

El alto referente de los servicios iraníes subrayó que los documentos fueron obtenidos y transferidos a través de «capas complejas de protección del régimen», gracias al trabajo del Ministerio con funcionarios nucleares, instituciones militares y ciudadanos israelíes, que colaboraron, según el ministro, motivados tanto por intereses materiales como por el «intenso odio hacia el primer ministro corrupto y criminal», en clara referencia a Benjamín Netanyahu.

LOS GRANDES INTERROGANTES. Los Estados Unidos iniciaron con Israel el ataque contra Irán el 7 de marzo del año en curso, en plena negociación sobre el enriquecimiento de uranio y el desarrollo del plan nuclear de la nación medio oriental. Esos encuentros habían resultado satisfactorios, según ambas partes. «En los intercambios admitimos posponer el enriquecimiento de uranio y ratificamos que no tenemos armas nucleares ni pensamos usar la energía nuclear con destino bélico. Igual Estados Unidos e Israel atacaron”, apuntó el gobierno islámico.

Los interrogantes que este periodista evalúa imprescindible formular son ¿Por qué se desató la guerra? ¿Quién está ganando? Y ¿Contra quién es la guerra? Resultaría irresponsable aventurar respuestas, pero el solo planteamiento de esas preguntas permite enfocar con más claridad lo que viene sucediendo. Veamos los trazos iniciales de la fase reciente del litigio: tras el primer intenso bombardeo norteamericano israelí, el cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán informó el lanzamiento de una réplica muy potente con misiles y drones sobre Israel y bases estadounidenses en la región.

Las imágenes que se observaron en Tel Aviv resultaron estremecedoras. Enseguida, 27 bases norteamericanas más el gran complejo industrial de defensa de ese distrito, redondearon un anticipo de la potencialidad iraní. El presidente Donald Trump dijo, «Quieren hablar y yo he aceptado hablar, así que hablaré con ellos”. La frase surgió como una reacción muy acelerada dada la cercanía del puntapié inicial del ataque. Enseguida el Estado de Irán respondió que no tenía intención de hablar. Entonces el presidente norteño, que quedó en falsa escuadra, redobló la apuesta y afirmó «Vamos con todo. No vamos a permitir que Irán haga tal o cual cosa”.

El lector ya puede comprender que ahí emerge, en cierto modo, una clave del asunto. Los datos de especialistas militares acerca de los pertrechos y las municiones empezaron a llegar en modo de análisis periodístico. Fíjese, pues aunque en la prédica general los medios occidentales afirman que los Estados Unidos e Israel están domesticando a Irán, lo cierto es que las existencias de interceptores de misiles norteamericanos y de la potencia ocupante podrían agotarse en cuestión de semanas si Irán logra mantener el ritmo de los ataques.

Pero ¿quién lo informa? Bueno, no se trata de IRNA. Ya es difícil acceder la Agencia estatal Iraní. Antes, inclusive durante el bombardeo, se pudo ingresar de manera plena. Ahora ya no. No, no lo plantearon los iraníes, lo informó Bloomberg, uno de los centros del capitalismo financiero en el orden comunicacional, junto a otros medios como los que analizamos habitualmente en este espacio. Según Bloomberg, la capacidad de los Estados Unidos, Israel y los Estados árabes del Golfo para sostener la defensa frente a la represalia persa, depende del volumen de interceptores disponible. El medio sostuvo que esas reservas ya estaban “peligrosamente bajas después de los intensos combates con la República Islámica el año pasado”.

Sucede que la Guerra de los 12 días dejó un sabor extraño para Occidente. En realidad, el arco de acero que protegía a Israel fue quebrado por la resistencia iraní, que tampoco había iniciado en aquel momento las hostilidades. El 7 de marzo de 2025, Trump envió una carta dirigida al ayatollah Ali Jamenei señalando que los iraníes “son gente maravillosa”.

Antes, tras años de negociaciones bajo un formato 5+1 (Rusia, China, el Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos) durante el gobierno del presidente Barack Obama, se alcanzó un Acuerdo sobre el Programa Nuclear Iraní, suscrito el 14 de julio de 2015, endosado por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (Resolución 2231 del 20 de julio de 2015) y el Congreso estadounidense, que establecía regulaciones al Programa persa sujeto a supervisión y monitoreo internacional, a cambio del levantamiento de sanciones y desbloqueo de recursos congelados.

La concreción de dicho acuerdo marco permitió cierto oxígeno a la economía iraní, que pudo recuperar recursos y activos congelados en el exterior, relanzar y modernizar su industria petroquímica gracias a inversiones de países como China, así como invertir en el sector aeronáutico severamente afectado por las sanciones luego de la Revolución que encabezara el iman Ruhollah Jomeini en 1979. Los Estados Unidos, bajo el primer mandato de Trump, se retiraron unilateralmente del acuerdo en mayo de 2018, y volvieron a imponer sanciones económicas a Irán, aliviadas posteriormente durante el gobierno de Joseph Biden, y ahora reinstauradas con el gobierno de Trump en su segundo mandato.

Pese al retiro de los Estados Unidos del referido acuerdo en 2018, las autoridades de Teherán aseveraron que su país cumplió con las obligaciones según lo establecido por la Organización Internacional de Energía Atómica. Los Estados Unidos, por su parte, manifestaron sus dudas al señalar que Irán continuó desarrollando su industria nuclear y que estaría cerca de conseguir una bomba atómica, así como el desarrollo de la industria de misiles balísticos. Estas acusaciones fueron respaldadas por el gobierno de Tel Aviv, que ve a Teherán como una amenaza permanente.

Es decir, la coalición norteamericano israelí ha quebrado toda legalidad internacional. En línea, lo ha concretado sin que se conozcan los motivos: ¿amenaza nuclear? ¿democracia? ¿derechos humanos? ¿seguridad interior? ¿seguridad de aliados? Toda la diplomacia del planeta sonríe irónicamente -si cabe el gesto en medio del drama- cuando algún funcionario de la dupla criminal esboza cualquiera de esas “razones”. Nadie cree en los argumentos del Norte; ni quienes rechazan su accionar ni aquellos que, tímidamente, se animan a respaldarlo.

LA NUEVA ERA. Con los sucesos recientes, la confrontación internacional parece estar llegando a un punto de no retorno. Este narrador considera que, si los pueblos no destruyen o al menos no limitan el poder del gran capital financiero, con las tecnologías elaboradas en los meses recientes, sus elites decidirán -y actuarán en consecuencia- que el ser humano es un gasto innecesario. Solo quedarán fuera de la ecuación las dirigencias globales, sus fuerzas de seguridad, sus empleados imprescindibles. En concreto, hasta hace un par de años a ese bloque le sobraban 1000 millones de personas. Ahora si se observan las perspectivas productivas, la cifra se aproxima a 7.000. Solo la Asociación de Estados Multipolares puede frenar este proceso.

Es necesario, además de saber qué es lo que está pasando en concreto en el variado frente de batalla, comprender los intereses profundos que llevan a una contienda de esta naturaleza. E insertar algunos planteos más para apuntalar una interpretación certera. Irán no va a capitular. Pero, ¿por qué? Se trata de orgullo, de una filosofía honda y pensada, pero de algo más. Está claro que los Estados Unidos no son confiables, lo cual deriva en que toda aproximación pueda constituirse en un dramático error. En sintonía, que los alrededores permiten diseñar políticas confluyentes -Hezbollah, los agrupamientos armados al interior de Irak, los huttíes- y sobre todo que la República Popular China y la Federación de Rusia necesitan un Irán estable y lo último que anhelan es un gran estado anglosajón con epicentro en Israel dominando la región.

En cuanto al petróleo, aunque resulta pertinente señalar el acierto norteamericano previo -la utilización del fracking- el mismo no logra evitar el descalabro global que produce el cierre del Estrecho de Ormuz. El intento original norteamericano de controlar Yemen, fracasó. Así, esa vía esencial puede ser usufructuada, geopolíticamente, por Irán. Se deduce, razonablemente, que Europa aborda el corto plazo con dificultades irresolubles. Le cortaron el acceso al gas ruso -con aquiescencia de sus “estadistas” a través del quiebre del Nord Stream y le ordenaron “No comerciar con Rusia de ningún modo». Esto llevó a triangulaciones, a ciertas movidas irregulares, pero la complicación de los costos es ostensible.

Todo esto afecta al usuario común directo, pero también a las industrias que ya están golpeadas porque las medidas desplegadas desde el 2022 en adelante a raíz de los sucesos en Ucrania han damnificado los niveles productivos y el ejemplo más claro es Alemania. Entonces ¿contra quién es la guerra? Ya podemos aventurar: contra Irán, contra los países BRICS +, sin dejar de indicar contra la unidad de los pueblos a través de inversiones y comercio, específicamente contra China y, de soslayo, contra las naciones europeas que ya han intentado un acercamiento con la Federación. En tal sentido, no debería olvidarse el inveterado terror histórico del Reino Unido ante la mínima posibilidad de una coalición ruso alemana. Un tema para analizar largo y tendido, ¿no?

Entonces, vale pensar qué sucederá con la vaporosa Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, admitió que los europeos “han sido tomados por sorpresa”. “Ahora, a nivel mundial, responden a los caprichos cotidianos de un presidente estadounidense que está causando una enorme disrupción”, El vocero de la entidad, Julien Barnes-Dacey, añadió: “Están entre la espada y la pared… Por un lado, quieren aferrarse a algún sentido del derecho internacional, o al orden basado en normas, y por otro, intentan desesperadamente ganarse el favor de Trump”. “Mientras Israel y Estados Unidos prosiguen la guerra que iniciaron, los europeos intentan involucrarse sin involucrarse y comprometerse sin comprometerse”, indicó el funcionario en un diálogo periodístico inusualmente sincero con la CNN.

RIESGOS. Ahora bien, si sigue el ataque, además de las señaladas dificultades occidentales, Irán también puede entrar en situación de emergencia. Sin embargo, hay allí un trabajo fuerte en el orden industrial que incluye el Programa Nuclear, para poner en marcha las fábricas. Bajo tierra hay una labor de ingeniería muy sólida que puede llegar a ser trascendente a la hora de afrontar una agresión extensa y compleja. Como se sabe, Israel y los Estados Unidos apuestan a una batalla corta y contundente, pero hay que tener espalda para eso. Algo hay en favor de los agresores: Irán no tiene armas nucleares e Israel tiene armas nucleares. Ahí existe una diferencia a registrar.

Vale precisar que Irán fue atacado por una potencia que, ante la Organización Internacional de Energía Atómica, se negó a mostrar sus arsenales. Por tanto, para buena parte de la comunidad mundial el problema no es Irán; como bien lo señaló China hace pocas horas y como lo plantean varios multipolares, la legalidad le asiste. No hay nada, ni el Congreso norteamericano, ni hablar la ONU, no hay ninguna instancia, ningún factor, ningún elemento que coadyuve a la presunta legalidad del ataque formulado en contra de la nación persa. Pero mientras la irresponsabilidad del gran capital financiero puede llevar a usar armas nucleares en contra de Irán, es muy probable que en la misma dimensión del liderazgo de Ali Jamenei, Irán se cuide porque cuida el futuro, como lo cuida China, como lo cuida Rusia.

Esa falta de contemplaciones hacia el destino del ser humano se percibe en el proceder, y en el decir, del centro occidental. Tantos medios liberales se alegraron del asesinato de Ali Jamenei. Bueno, la conducción que ese guía espiritual llevó adelante como continuador del imán Jomeini, ha dejado una huella muy interesante. Por un lado, una articulación con los sectores políticos internos, la garantía de realización de elecciones, debate, diferenciación respetuosa entre sectores para poder abordar el diálogo y al mismo tiempo firmeza conceptual, pero relacionada con el cuidado. Como ejemplo, Nagorno Karabaj, Turquía, Azerbaiyán, Armenia, el asesinato de Qasem Soleimaní, en la misma dirección el crimen de Hassan Nasrallah. En todas estas provocaciones -y otras- se plantó Jamenei, pero se plantó con una sutileza, con una disección de objetivos muy fina, para evitar que el conflicto se derrame por Asia occidental, porque esa región a futuro puede ser integralmente multipolar.

En este tramo donde las puertas del tiempo se van abriendo, pero no se abren con la rapidez necesaria – todos inciden, todos tienen poder y todos tienen armas-, la situación se complica a la hora de avanzar. Cuando se observa el mapa es posible comprender la trascendencia de mantener acotados los bombardeos y también las acciones defensivas. La defensa de Irán puede ser muy intensa, pero guarda la medida. Se muerde los nudillos antes de ir sobre una zona en la que damnifique futuros aliados. De hecho, fue sobre las bases norteamericanas en los países árabes, evitando involucrar a la población civil. En sentido contrario, tras agitar los derechos de las mujeres, los Estados Unidos e Israel asesinaron 168 pibas en una escuela. Muy edificante. Muy democrático.

Horas atrás, la Asamblea de Expertos de Irán designó a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo del país, en sustitución de su padre. En un vibrante comunicado, la asamblea declaró que “después de estudios cuidadosos y extensos… en la sesión extraordinaria de hoy, el ayatolá Seyyed Mojtaba Hosseini Jamenei (que Alá lo proteja) es designado y presentado como el tercer líder del sagrado sistema de la República Islámica de Irán, basado en el voto decisivo de los respetados representantes de la Asamblea de Expertos”. Minutos después de su nombramiento, la Guardia Revolucionaria juró lealtad al líder supremo. “El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica está listo para la obediencia total y el autosacrificio en el cumplimiento de los mandatos divinos del Guardián Jurídico de la época, Su Eminencia el Ayatolá Seyyed Mojtaba Jamenei”, informaron los Guardianes.

EL REVUELO INTERIOR. Trump tendrá que ocuparse de algunos asuntos internos y explicar por qué se está gastando lo que no invirtió en producción, en el sostenimiento de bases militares gigantescas en distintos puntos del mundo. Se acercan las elecciones legislativas y sube el desempleo. No hay nuevas industrias ni fábricas repatriadas. Todo envuelto en un alarde recio que insertó al país en conflictos que había prometido eliminar.

Pese a todo, cabe insistir, sería irresponsable afirmar: gana tal, gana cual. La situación está muy enredada y las guerras hay que pelearlas hasta el último minuto. Y un poco más, como se recuerda. Nadie puede afirmar estamos en esta dirección o en la otra. Aunque si se puede afirmar que existe una campaña apreciable de los medios occidentales para demostrar dos cosas. Primero que las naciones del Centro Occidental tienen razón y que van a proclamar los derechos, la democracia o la libertad para el país musulmán. Luego, que el poder norteamericano sigue en condiciones de disciplinar, por lo tanto, hay que disciplinarse de antemano en modo argentino para estar en línea con el desarrollo de los acontecimientos.

Ninguna de las dos cosas es cierta. Esto no quiere decir que el anverso resulte una verdad atronadora. No significa la inexistencia de dificultades para aquellos que asumen la defensa del espacio multipolar. Sin embargo, es preciso saber que la propaganda no informa, las consignas no sirven y solo el análisis y el razonamiento pueden permitirnos acceder a un escenario tan complejo.

TRUMP ACABA DE PERDER LAS ELECCIONES. Este periodista tuvo la posibilidad de leer un material extraordinario, realizado desde el Tábano Economista por el licenciado Alejandro Marcó del Pont. Se trata de “¿Cómo Israel convirtió la promesa de América First en una guerra eterna para Trump?” Tiene un desarrollo corrosivo que nos ayuda a pensar. Por eso se resolvió a entrevistarlo en Radio Gráfica. Aquí se incluye el texto en cuestión y la conversación. Los ejes de la misma no tienen desperdicio.

Cómo Israel convirtió la promesa de ‘America First’ en una guerra eterna para Trump

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

La influencia extranjera es uno de los enemigos más perniciosos del gobierno republicano (George Washington)

El 28 de febrero de 2026, las explosiones que sacudieron Teherán no solo alcanzaron los enclaves subterráneos del programa nuclear iraní; su onda expansiva viajó miles de kilómetros hasta fragmentar el cemento político sobre el que Donald Trump había construido su segunda presidencia. En una operación de una audacia y un riesgo extremos, la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en supuesta coordinación con Israel, lanzó el ataque más contundente contra Irán desde la crisis de los rehenes de 1979.

El objetivo declarado por la Casa Blanca era quirúrgico y clásico: eliminar de una vez por todas la amenaza de las instalaciones nucleares y el arsenal de misiles balísticos de la República Islámica. Pero la magnitud de lo que se vivió en la madrugada —con informes que hablaban no solo de bombas sobre centrifugadoras, sino de un misil que alcanzó el búnker donde se refugiaba el líder supremo, Alí Jamenei— delataba una ambición mucho mayor: la decapitación del régimen y su colapso definitivo.

Sin embargo, la pregunta que flota sobre los escombros de Teherán y sobre los mercados de Nueva York no es tanto si Irán puede reconstruirse, sino si Estados Unidos y su presidente podrán sobrevivir a las consecuencias de su propio éxito militar. La paradoja posee una belleza trágica propia de un drama griego. Donald Trump, el presidente que llegó al poder prometiendo enterrar las «guerras eternas» y poner «América Primero», acaba de abrir la puerta a un conflicto de desgaste en Oriente Próximo que amenaza con devorar su legado, su base electoral y la estabilidad de la economía global. Y todo apunta a que no lo hizo solo, que fue conducido hacia allí, con la precisión de un relojero suizo, por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Para entender la magnitud del abismo al que se asoma Trump, hay que abandonar por un momento los mapas de los generales y poner la mirada en las gasolineras de Ohio y Pennsylvania. El corazón del movimiento MAGA late al ritmo del precio del crudo. Su núcleo electoral, la clase trabajadora blanca y la clase media manufactureras, fueron las grandes víctimas de la inflación post-pandemia. Cada dólar que sube el barril es un voto que se aleja de las urnas republicanas. Los analistas de Goldman Sachs y Barclays llevaban semanas advirtiéndolo en sus informes: un conflicto abierto con Irán dispararía el petróleo. El Brent y el WTI, superarían con facilidad la barrera de los 100 dólares, llevando la inflación de vuelta a territorios prohibidos, cerca del 5%. Las hipotecas se encarecerían, el crédito para el pequeño negocio del Medio Oeste se congelaría y el sueño de «America First» se desvanecería en un espejismo de estanflación.

La lógica elemental dictaba que Trump no podía permitirse ese escenario. Su instinto de supervivencia política, que siempre ha sido su principal brújula, debería haberle llevado a contemporizar, a amenazar, quizá a un bombardeo simbólico sobre instalaciones militares abandonadas. Pero no a esto. No a un ataque que, según fuentes de inteligencia, citadas por Reuters y The Straits Times días antes de la operación, fue desaconsejado explícitamente por la CIA. La agencia advertía que un «golpe decapitador» contra Jamenei no provocaría el colapso del régimen, sino su relevo por figuras aún más radicales de la Guardia Revolucionaria (IRGC), dispuestas a una guerra de desgaste infinita. Si la inteligencia americana lo sabía, si los modelos económicos lo predecían, ¿qué nube tóxica nubló el juicio del presidente?

La respuesta, incómoda pero cada vez más aceptada en los círculos analíticos de Washington, tiene dos caras. Una, la más volcánica y pública, es la del propio Netanyahu, un superviviente nato que lleva décadas viendo en Irán una amenaza existencial que debe ser eliminada antes de que sea demasiado tarde. Su lógica era la del «ahora o nunca». Con un presidente americano impredecible y deseoso de demostrar fuerza, y con un análisis equivocado de los ayatolás más débiles por las protestas internas, la ventana de oportunidad se abría de par en par. La otra cara, la más turbia y que circula en los pasillos del poder bajo el sigilo del off the record, tiene nombre y apellido: el lobby israelí y los expedientes Epstein.

Se sabe, y no es un secreto para los servicios de inteligencia, que Jeffrey Epstein no trabajaba solo; su red de influencia y chantaje era una telaraña que conectaba con intereses israelíes, con el Mossad. La teoría que gana adeptos es que el material comprometedor que el Departamento de Justicia estadounidense guarda en sus cajas fuertes sobre figuras clave del establishment no es propiedad exclusiva del gobierno federal. El Mossad, se argumenta, tiene una copia. Y en el momento crucial, cuando la maquinaria bélica dudaba entre la prudencia y la audacia, esa información pudo haber actuado como un sutil, pero eficaz, elemento de coerción. No hace falta un vídeo de Trump en una situación comprometida para doblegar su voluntad; basta con tener la capacidad de filtrar información sobre un colaborador cercano, un familiar o un donante clave para que la geometría de las decisiones empiece a torcerse.

Más allá de la leyenda negra de los videos y las fotos, la influencia del lobby israelí en Washington es una realidad tan tangible como el mármol del Capitolio. Académicos de la talla de John Mearsheimer y Stephen Walt lo documentaron hace años en «The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy». No es una conspiración, es un hecho político: el Comité Estadounidense–Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) y sus satélites financian campañas, moldean discursos y condicionan votaciones en el Congreso con una eficacia aplastante. Ningún político que aspire a mantenerse en el poder quiere enfrentarse a una maquinaria de desprestigio multimillonaria financiada por el lobby. Esa coerción, la financiera y la política, es tan efectiva como cualquier chantaje. Así, cuando el Pentágono y el Departamento de Estado debatían la respuesta a Irán, las opciones que priorizaban la «ventaja militar cualitativa» de Israel pesaban más en la balanza que aquellas que defendían la estabilidad económica doméstica.

Lo que ocurrió sobre el terreno en la madrugada del 28 de febrero revela hasta qué punto las prioridades estaban desalineadas. Si EE.UU. buscaba una operación quirúrgica para degradar la capacidad militar iraní y proteger sus bases en la región, los resultados hablan de otra cosa. Los satélites mostraban impactos en instalaciones navales y lanzaderas de misiles, sí. Pero también llegaban imágenes dantescas desde Minab, donde una escuela elemental cercana a una base militar fue alcanzada, matando a 150 niñas, ataques al Hospitales de Teherán, atestados de víctimas civiles. El sello de un ataque diseñado no para ser corto y ejemplarizante, sino para ser total y, sobre todo, irreversible. Eso no era una advertencia; era una declaración de guerra existencial. Era la firma de Israel, el socio que necesita que el conflicto se convierta en una ciénaga para que Irán no pueda levantar cabeza.

Y en esa ciénaga es donde Trump corre el riesgo de quedar atrapado. Lo que él concibió probablemente como un «show of force» espectacular al estilo Trump —una explosión de grandeza que forzara a Irán a una negociación de rendición— ha sido interpretado por el mundo y por los mercados como la entrada en una trampa de costes infinitos. Irán no colapsó. Su liderazgo ha sido sustituido por líneas duras de la Guardia Revolucionaria que prometen venganza. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 25% del petróleo mundial, tiembla ante la posibilidad de un bloqueo total. Y mientras los petroleros empiezan a desviar sus rutas, el rendimiento del bono americano a 10 años se dispara: los inversores exigen más rentabilidad por el riesgo de una inflación que ya no ven transitoria, sino enquistada por la geopolítica.

La lógica de Netanyahu, fría y calculadora, ha funcionado a la perfección. Ha conseguido que el ejército más poderoso de la Tierra participe en la eliminación de su mayor enemigo estratégico sin tener que sacrificar la totalidad de sus reservas. Ha logrado que EE.UU. queme su crédito político y económico en un conflicto que, para Israel, es de vida o muerte. Para Trump, en cambio, el balance es un desastre absoluto. No solo ha roto su promesa fundacional de terminar con las guerras eternas, sino que lo ha hecho en un momento de máxima vulnerabilidad económica para su electorado. La fractura en su base leal, la profundamente antiglobalista que lo subió al poder, puede ser ya imborrable. Le ven como un presidente que fue engañado o chantajeado, o sencillamente traicionó sus principios por presiones externas.

La teoría de la «captura estratégica» que se estudia en las academias militares cobra aquí vida propia. Cuando un aliado menor logra que la potencia mayor ejecute acciones que sirven exclusivamente a sus intereses regionales, incluso a costa del bienestar interno de la potencia, la relación deja de ser una alianza para convertirse en una tutela invertida. Y eso es lo que ha sucedido. Netanyahu ha mirado a Trump a los ojos y le ha convencido de que asesinar a Jamenei era un regalo. Pero ese regalo venía trasmitido con la inflación, la subida de tipos y la certeza de una derrota en las elecciones de medio mandato.

Mientras el humo se disipa sobre Teherán y las primeras represalias iraníes golpean bases americanas en siete países, una pregunta sobrevuela el Despacho Oval: ¿quién gobierna realmente la política de defensa de Estados Unidos? La respuesta, por incómoda que resulte en un país que se precia de su soberanía, parece apuntar hacia Jerusalén. Donald Trump, el negociador que prometía no dejarse engañar, ha caído en la trampa más antigua del tablero de Oriente Próximo: creer que se puede usar la fuerza sin pagar un precio político. Su legado, el de «America First», yace ahora enterrado bajo las ruinas de un bombardeo que no traerá la paz, sino una guerra eterna diseñada en los despachos de Tel Aviv. Y la historia, una vez más, le recordará no como el presidente que acabó con las guerras, sino como aquel al que su aliado más astuto utilizó para empezar la más peligrosa de todas”.

NOTICIAS DE MAÑANA. Los Estados Unidos están denunciando a través de sus medios afines, que China se predispone a respaldar con elementos de seguridad y pertrechos a Irán. También, que Rusia ya está suministrando información para facilitar ataques iraníes en Medio Oriente. En realidad, la información que poseen estas Fuentes es más voluminosa al respecto. Pero estas líneas no son acerca de esos apoyos, sino de la extrañeza que genera su divulgación. Pensemos más allá de las intenciones de demonización.

Si lo que se pretende es evidenciar que China y Rusia son maledicentes y riesgosos … lo que queda en evidencia es que norteamericanos e israelíes están enfrentando demasiados adversarios. De por sí la lucha específica contra Irán les resulta muy difícil; si el adversario se extiende a otras dos potencias -las más importantes que hasta ahora no aparecían públicamente involucradas-, la derrota está asegurada.

¿Para qué le sirve a los Estados Unidos una difusión de esa naturaleza? Lo que podía esperarse era una mascarada destinada a mostrar que los multipolares se dividen y rechazan bancar a Irán. Si los mismos damnificados apuntan lo contrario, los persas emergen muy fortalecidos. Todavía seguimos en sintonía con el interrogante Quién Gana. Tras algunos diálogos con expertos, se pudo detectar -y transmitir en este espacio- que otras preguntas se instalan en el rubro Contra Quién es la Guerra.

Al entender de esta saga, una sólida labor de inteligencia en el área comunicacional, debía asentarse en mostrar el presunto aislamiento iraní en detrimento de una coalición occidental «democrática». No sucede tal cosa.

Preste atención, lector, a la CNN: “Los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel —que mataron al líder supremo de Irán, el ayatollah Alí Jamenei, desataron un caos regional. Los gobiernos europeos y de Medio Oriente se enfrentaron a una guerra repentina que no les correspondía y que la mayoría no deseaba. Las autoridades se apresuraron a rescatar a los ciudadanos atrapados en una zona de combate cada vez más amplia. El alza de los precios de la energía azotó azotó las frágiles economías y la agitación política interna se apoderó de la política. En el Golfo, los aliados de Estados Unidos se enfrentaron a bombardeos de drones y misiles que destrozó la opulenta calma de las relucientes ciudades de cristal que surgían del desierto y paralizó la encrucijada de la aviación mundial”.

Y añade, editorialmente, “Es difícil entender por qué los aliados europeos y del Golfo no lo vieron venir. Esta guerra es el epítome de una nueva doctrina de “Estados Unidos primero”, que consiste en desatar el poderío estadounidense para imponer una visión novedosa de sus intereses. Al igual que el derrocamiento del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, refleja la declaración del teniente de Trump, Stephen Miller, el año pasado, de que las “leyes de hierro del mundo” significan que las naciones fuertes pueden gobernar por la fuerza. Es la personificación del temperamento volcánico de Trump, su aceptación de grandes riesgos, su alergia a la estrategia y su fervor por el poder sin límites. El presidente más impredecible de la era moderna ha convertido a la principal superpotencia mundial en su influencia más inquietante”.

Cuesta admitir que las agencias de Inteligencia relacionadas con la Defensa más costosas del planeta puedan cometer tantos desaciertos. De allí que este narrador no modifica los interrogantes bosquejados al comienzo.

Vale seguir proponiendo una mirada larga que evite la utilización de conceptos tales como locos o tontos. Los agresores, con su dañina trayectoria, se han ganado el derecho a ser considerados, al menos, astutos en materia bélica.

Aunque quizás, ya no.

Irán está más fuerte de lo que preveían sus agresores.

Lo que estamos viviendo puede ser un antes, y un después.

* Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Panorama Federal

Irán: la poesía como patria

Bruno Carpinetti viajó a Irán en dos oportunidades: en 2023 y en 2025, luego de la guerra de los doce días. En esta crónica de sus viajes Carpinetti sostiene que el haber viajado a Irán no le brindó respuestas definitivas sobre su sistema político, sino algo más valioso: el conocimiento de que Irán no es un eslogan ni un expediente estratégico. Es una civilización milenaria que honra a sus poetas, una sociedad educada, orgullosa, hospitalaria, y un Estado con instituciones complejas que no se ajustan a simplificaciones externas.

Por Bruno Carpinetti

iajé a Irán por primera vez en enero y febrero de 2023. Volví en octubre de 2025, pocas semanas después de la llamada “guerra de los 12 días”. Ese fue mi último viaje. Lo que ocurrió después —el terremoto geopolítico de febrero de 2026— lo viví a la distancia, siguiendo minuto a minuto las noticias internacionales, con los rostros de amigos iraníes atravesándome la memoria.

Entre esos viajes no solo cambió el clima político internacional: cambió mi propia mirada. Irán dejó de ser un territorio lejano atravesado por titulares para convertirse en una experiencia íntima, humana, profundamente transformadora.

Yo esperaba encontrar un país tenso, cerrado, gris. Encontré exactamente lo contrario.

La cuna de la civilización

Irán no es solo un Estado contemporáneo: es la continuidad de una de las civilizaciones más antiguas del planeta. Cuando uno camina por las ruinas de Persépolis entiende que el tiempo puede tener otra escala. Allí, bajo el sol de Fars, la piedra todavía habla el idioma del Imperio aqueménida, aquel que bajo Ciro el Grande y Darío I gobernó desde el Indo hasta el Mediterráneo.

La islamización del país, a partir del siglo VII, no borró su pasado persa: lo reconfiguró. El Irán contemporáneo es una síntesis entre la herencia imperial y el islam chiita que estructura su vida política y espiritual. Esa dualidad —Persia e Islam— no es contradicción: es continuidad histórica.

El país real y el país imaginado

Occidente ha construido sobre Irán una caricatura persistente: fanatismo homogéneo, atraso estructural, uniformidad opresiva, un país detenido en una postal ideológica. Esa imagen funciona bien en los titulares, pero se desarma en cuanto uno pisa el terreno.

Yo encontré autopistas modernas atravesando cordones montañosos, estaciones de metro impecables en Teherán, trenes puntuales conectando ciudades históricas, parques urbanos cuidados y una infraestructura que —sin exagerar— supera en varios aspectos a la de muchos países europeos que solemos considerar “centrales”. Vi universidades con laboratorios equipados, jóvenes discutiendo proyectos tecnológicos, cafés llenos de estudiantes trabajando con laptops hasta entrada la noche.

Pero lo que realmente me desarmó no fue el hormigón ni el acero. Fue la cultura.

En Shiraz, en la tumba de Hafez, vi familias enteras leyendo poesía como quien consulta una brújula moral. No era una ceremonia oficial ni un acto turístico: era una práctica íntima y popular. Jóvenes que abrían el Diván al azar para “preguntarle” al poeta sobre una decisión amorosa o laboral.

Vendedores y taxistas recitan poemas de memoria. No como rareza turística, sino como práctica cotidiana. Un chofer en Isfahán comenzó a declamar versos mientras atravesábamos un puente safávida al atardecer. Otro, en Teherán, intercalaba comentarios políticos con estrofas clásicas. La poesía no es patrimonio de especialistas: es lengua viva.

Más de una vez me pidieron que recitara algo argentino. Jorge Luis Borges o el Martín Fierro de José Hernández aparecieron en esas conversaciones improvisadas, como si la poesía fuera una diplomacia paralela, más eficaz que cualquier cancillería. En esos intercambios entendí que para muchos iraníes la cultura no es entretenimiento: es columna vertebral.

Y siempre, invariablemente, la hospitalidad.

Una hospitalidad que no es cortesía superficial, sino apertura genuina. Invitaciones espontáneas a compartir té, comidas que se prolongan durante horas, conversaciones profundas con alguien que me conocía desde hacía veinte minutos pero me trataba como a un amigo antiguo. Esa disposición a recibir al extranjero —incluso cuando el extranjero proviene de países cuyos gobiernos los sancionan o los bombardean— habla de una distinción muy clara entre política y humanidad.

El país imaginado es monocromo. El país real es complejo, educado, orgulloso de su herencia cultural y extraordinariamente cálido en el trato humano.

Entre la caricatura y la experiencia hay un abismo. Yo caminé ese abismo.

La noche en Varzaneh

Pero si tuviera que elegir una escena que sintetice mi experiencia iraní, elegiría una noche en el desierto de Varzaneh.

Estaba con Hamid, ingeniero mecánico. Trabaja en una fábrica de drones desarrollando sistemas de guiado. Es un profesional altamente capacitado, formado en universidades públicas iraníes. Ferviente musulmán. Y astrónomo aficionado.

Esa noche habíamos armado un campamento lejos de cualquier luz artificial. El cielo era un domo perfecto. Hamid señalaba constelaciones y explicaba sus nombres mitológicos, mezclando tradición persa, referencias islámicas y astronomía clásica. Hablaba de Orión, de Casiopea, de historias que yo había aprendido en clave grecorromana y que él reinterpretaba desde su propia tradición cultural.

En un momento, mientras el fuego se apagaba lentamente y el desierto quedaba en silencio, me dijo:

—Ustedes los occidentales no nos entienden. Yo creo en nuestros mandatos religiosos, creo en el cielo y el infierno, y en todo lo que nos ordena el Corán. Pero lo que ustedes no entienden es la dimensión social del islam. Aunque todo eso no existiera y fueran solo supercherías, el islam ya hizo mi vida mejor.

No lo dijo como consigna política. Lo dijo como convicción íntima.

Hamid no era un estereotipo. Era un ingeniero que diseña sistemas de precisión, un hombre que ama la ciencia, que estudia las estrellas, que cumple el Ramadán y que encuentra en su fe una arquitectura moral y comunitaria. Para él, el islam no era solo metafísica: era red social, solidaridad, estructura ética, pertenencia.

Esa conversación me obligó a revisar mi propio marco mental. En Occidente solemos reducir el islam a dogma o conflicto. Hamid me habló de comunidad.

La revolución y sus logros sociales

La Revolución Islámica de Irán es leída en Occidente casi exclusivamente en clave de restricción política, control moral y confrontación internacional. Sin negar tensiones reales —que existen y son parte del debate interno iraní— hay dimensiones menos narradas que resultan fundamentales para comprender la textura social del país.

Uno de los cambios estructurales más profundos fue la expansión masiva del acceso a la educación. La revolución no solo transformó el régimen político: también amplió de manera significativa la alfabetización, la escolarización secundaria y, sobre todo, el ingreso a la universidad. Hoy la matrícula universitaria femenina es altísima, especialmente en carreras científicas y tecnológicas. Ingenieras, médicas, investigadoras, programadoras, físicas nucleares: el acceso masivo de mujeres a la educación superior es uno de los resultados sociales más visibles del proceso iniciado en 1979.

En las universidades encontré aulas donde las mujeres no eran excepción sino mayoría. Jóvenes con hijab resolviendo ecuaciones diferenciales, programando sistemas de control, discutiendo proyectos de investigación. Esa escena desarma el estereotipo simplificador que asocia islam político con oscurantismo técnico. El sistema del velayat-e faqih convive con una sociedad altamente educada, tecnificada y con una fuerte cultura científica.

También es innegable la expansión del sistema de salud pública, la cobertura en zonas rurales y el desarrollo de capacidades propias en áreas estratégicas, muchas veces impulsadas por décadas de sanciones internacionales que forzaron la sustitución tecnológica. Irán aprendió a producir, a diseñar y a formar recursos humanos bajo presión. Esa resiliencia técnica no es casual: es política de Estado sostenida en el tiempo.

Nada de esto implica idealización. La sociedad iraní debate intensamente sobre libertades civiles, reformas políticas y apertura cultural. Pero reducir la revolución únicamente a un régimen restrictivo es desconocer que, para amplios sectores populares, también significó movilidad social, acceso educativo y construcción de redes comunitarias.

Irán es más complejo que su caricatura. Es un país donde conviven teología y nanotecnología, clérigos y científicas, tradición religiosa y modernidad técnica. Un sistema político singular apoyado en una sociedad extraordinariamente formada.

Y esa complejidad, justamente, es lo que suele perderse cuando miramos desde lejos.

Octubre de 2025: después de la guerra de los 12 días

Cuando regresé en octubre de 2025, el país todavía procesaba la guerra de los 12 días. No era un recuerdo lejano: estaba presente en las conversaciones cotidianas, en los noticieros encendidos en los cafés, en los murales improvisados con nombres de caídos, en los gestos sobrios de quienes habían visto de cerca a la muerte.

Percibí dolor, sí. Un dolor real, concreto. Pero no encontré desmoralización. Lo que aparecía, una y otra vez, era una narrativa de resistencia histórica. En conversaciones privadas —con clerigos, empleados de agencias de desarrollo, comerciantes, o con jóvenes estudiantes— emergía una idea recurrente: Irán ha sobrevivido a imperios más grandes que cualquier coalición contemporánea. La identidad iraní no se piensa en décadas, sino en milenios.

La guerra había reforzado, paradójicamente, una cohesión interna. Incluso personas críticas del gobierno distinguían entre disputas domésticas y presión externa. La noción de soberanía adquiría un espesor emocional que desde lejos cuesta dimensionar. La crítica interna existe —y es intensa—, pero frente a una amenaza exterior se activa un reflejo de cierre de filas.

En las calles de Isfahán la vida cotidiana seguía su curso: estudiantes yendo a clase, familias reunidas alrededor de músicos callejeros en los puentes históricos, bazares llenos. Esa normalidad no implicaba negación del conflicto, sino decisión de continuidad. Como si la sociedad hubiera aprendido, a lo largo de siglos, a absorber el impacto sin perder su eje.

La atmosfera social transmitia la sensación de estar en un país bajo presión, pero no al borde del colapso. Había orgullo, memoria y una convicción casi civilizatoria de permanencia.

No imaginaba entonces que pocos meses después, en febrero de 2026, llegaría un golpe aún mayor, esta vez dirigido al corazón mismo del liderazgo político del país.

Febrero de 2026: la crisis vista a la distancia

Desde fines de febrero de 2026, en Argentina, sigo por los medios internacionales los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel que culminaron con el asesinato del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, junto a otros altos funcionarios del Estado. Fue el impacto más significativo sobre el liderazgo iraní desde 1979.

Khamenei había sucedido en 1989 al ayatolá Ruhollah Jomeini, quien había encabezado la revolución contra el sha Mohammad Reza Pahlavi. Durante más de tres décadas, su figura simbolizó continuidad y estabilidad dentro del sistema político nacido con la revolución.

El presidente Masoud Pezeshkian habló de venganza como derecho nacional. Desde Washington, Donald Trump presentó la operación como un acto de “liberación”, sugiriendo que la eliminación de la “cabeza” precipitaría el colapso del “cuerpo” del régimen.

Pero la realidad muestra un panorama más intrincado.

La hipótesis de que el sistema iraní es puramente personalista parece desconocer tanto su diseño institucional como la densidad histórica de su sociedad. El país posee una estructura militar dual —el ejército regular (Artesh), el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) y la milicia Basij— concebida precisamente para garantizar la continuidad del orden constitucional incluso ante crisis extremas. No se trata solo de fuerzas armadas, sino de una arquitectura de poder superpuesta, redundante, diseñada para evitar el vacío.

Tras los ataques, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, anunció la activación inmediata de los mecanismos de sucesión previstos por la Constitución. Se conformó un consejo interino integrado por el presidente, el jefe de la judicatura y un religioso del Consejo de Guardianes. La transición no fue improvisada: estaba escrita.

Pero más allá de la ingeniería institucional, hay algo más profundo que explica la resiliencia iraní: su cultura política de larga duración.

Irán es una sociedad que ha atravesado invasiones, golpes de Estado, guerra con Irak, décadas de sanciones económicas y aislamiento financiero. Cada una de esas experiencias dejó cicatrices, pero también dejó aprendizaje colectivo. La población está acostumbrada a vivir bajo presión externa. La escasez, la restricción tecnológica, la incertidumbre geopolítica no son fenómenos nuevos; forman parte de una memoria compartida.

Desde la distancia, lo que se vio no fue un estallido inmediato ni un desmoronamiento automático, sino un reflejo de cohesión. Sectores que en tiempos normales mantienen disputas intensas entre sí —reformistas, conservadores, críticos del sistema— tienden a cerrar filas frente a una agresión externa percibida como violación de soberanía. Esa reacción no elimina el debate interno, pero lo reordena.

La resiliencia iraní no es solo estatal: es social. Es la del comerciante que sigue abriendo su tienda en el bazar, la de la estudiante que continúa su carrera de ingeniería, la del ingeniero que vuelve a su laboratorio. Es la convicción de que la identidad nacional no depende de una sola figura, por poderosa que sea.

Más allá de juicios de valor, el sistema iraní demostró estar diseñado para resistir escenarios de máxima presión. Y la sociedad que lo sostiene —con sus tensiones, contradicciones y debates— parece una vez más, mostrar esa cualidad que se intuye caminando sus ciudades: una capacidad histórica de absorber el impacto sin perder continuidad.

Irán puede cambiar, reformarse, discutir su rumbo. Pero no es frágil en el sentido en que algunos imaginan. Su resiliencia no es un eslogan: es una experiencia repetida a lo largo de los siglos.

Lo que permanece

Mientras leo cables y análisis geopolíticos, pienso en los rostros concretos: el taxista que recitaba a Hafez, la biotecnologa con quien conversamos de genética animal en un oasis en el desierto de Lut, la familia que me invitó a su casa sin conocerme en la estación de ómnibus de Kerman.

Irán no es un eslogan ni un expediente estratégico. Es una civilización milenaria que honra a sus poetas, una sociedad educada, orgullosa, hospitalaria, y un Estado con instituciones complejas que no se ajustan a simplificaciones externas.

Lo que yo conocí no fue un expediente de seguridad. Fue un pueblo que honra a sus poetas, que forma ingenieras y científicos, que debate política con intensidad, que combina fe y tecnología sin pedir permiso a nuestras categorías.

Fue un ingeniero musulmán señalando constelaciones en el desierto y recordándome que la religión, para millones de personas, no es solo teología: es estructura social.

Irán es una civilización milenaria que sobrevivió a imperios, invasiones y revoluciones. Una nación que recita versos en los bazares y diseña drones con sistemas de guiado avanzados. Un país donde el pasado persa y el presente islámico no se anulan, se entrelazan.

Quizás ahí esté la clave. Viajar a Irán no me dio respuestas definitivas sobre su política. Me dio algo más valioso: la certeza de que ningún pueblo puede reducirse a los prejuicios con los que otros lo miran.

Fotos tomadas por el autor de la nota.

Buenos Aires, 4 de marzo de 2026.

Doctor en Antropología Social (Universidad De Misiones). Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación (Universidad de Kent, USA).

ESOS BURGUESES ASAZ EGOÍSTAS II

Por Omar Auton

   Henos de nuevo aquí, tratando de descifrar las causas de la cobardía histórica de la burguesía argentina y las consecuencias pretéritas y actuales de su sumisión cultural  que la llevó y lleva a acompañar las políticas de la oligarquía aún cuando son víctimas de ellas, algo muy parecido al sector mayoritario de nuestras FF.AA que han sido instrumentadas una y otra vez contra los intereses del pueblo argentino (1930, 1955,1976) y luego sufrieron las consecuencias de esos crímenes y desatinos sin que la oligarquía, que siempre protegió a sus miembros partícipes, levantara la voz en su defensa u hoy han sido desarmadas, reducidas a su mínima expresión y siguen acompañando las políticas que conducen inevitablemente a su desaparición (¿para que quiere una colonia FF.AA?) o a su reducción como guardia pretoriana para reprimir los intentos populares.

   En 1958 comienza luego de los peores años de la “Fusiladora”, otro ensayo de encontrar un camino. Arturo Frondizi es elegido presidente y con él las ideas desarrollistas, convengamos que adolecían de un problema de base, el concepto de “Desarrollo” intenta explicar el sistema capitalista como un camino único en el cual hay países más avanzados o “desarrollados” y otros más atrasados o “subdesarrollados”, por ende se trata de encontrar la forma de apurar el avance y alcanzar a los más desarrollados considerando las inversiones extranjeras especialmente en siderurgia y petroquímica como algo valioso en este logro. En resumen las ideas de “Imperialismo”, “Países dominantes y países dominados”, la relación de necesidad de la existencia de colonias y semicolonias para que haya potencias coloniales “desarrolladas” no existen para ellos o las consideran viejas.

   El estudio de  esta visión reviste una gran importancia hoy, dado que una invasión de economistas que se autodefinen “desarrollistas” intenta convencer a un peronismo descerebrado, claudicante y falto de ideas que son la salida esperada, que tienen la receta para lograr, como prometió Frondizi en 1958 “Estabilidad y Desarrollo”, con la condición que abandonemos toda idea “dirigista” o “autonomista”.

   El propio Frondizi que cuando Perón manda al congreso el tratado con la California, se transforma en su principal enemigo y publica su libro “Política y Petróleo” defendiendo el monopolio de YPF, en cuanto asume la presidencia sin embargo hace todo lo contrario de lo que había dicho (quizás por esto Menem lo consideraba “un gran estadista”) anuncia la “Batalla por el petróleo” y firma los contratos petroleros con Panamerican, Tennesee y la Banca Loeb.

    Pero además se pone en marcha un plan de “Estabilización y Desarrollo” cuyas columnas principales eran:

1) Una profunda racionalización del Estado, congelando vacantes y salarios así como implementando retiros voluntarios y reducción de la obra pública.

2) Un acuerdo con el FMI para un Stand By por 75 millones de dólares, con el compromiso de seguir muchas de las políticas económicas del organismo.

3)Un acuerdo con el gobierno de EE.UU y un grupo de Bancos por un préstamo de 254 millones de dólares.

4)Una nueva ley de inversiones extranjeras, otorgando a los capitales extranjeros los mismos derechos que a los argentinos, eliminando cualquier restricción a la repatriación de capitales o dividendos a sus países de origen.

5)Unificación y liberación del tipo de cambio y flotación con intervención del Banco Central, esto significó una devaluación del 300% del dólar oficial y un 64% del paralelo.

   Me detengo en este detalle para que podamos ver como el mismo paquete de medidas se repite una y otra vez, fracasa una y otra vez, pero deja las mismas consecuencias.

 1) Un gigantesco traslado de riquezas al sector agropecuario a partir de la devaluación como principal exportador.

2) Una brutal caída de los ingresos de los trabajadores, que en dos años perdieron 8 puntos del PBI, cayendo su participación del 46 al 38%., esto conjuntamente con la política de achicamiento del Estado provocó durísimos conflictos y Frondizi no vaciló en aplicar el Plan Conintes o Plan de Conmoción interna, encarcelando trabajadores y delegados, militarizando servicios públicos en los casos de huelgas y recurriendo a violentas represiones de marchas y tomas de fábricas (como el caso del Frigorífico Lisandro de la Torre).

3) El comienzo de un largo ciclo de desnacionalización de la industria argentina. Las inversiones extranjeras en países de riesgo como Argentina vienen de tres maneras:

a) Para actividades financieras como el “Carry Trade”, o sea traer divisas, cambiarlas por pesos, comprar bonos o ponerlos en plazos fijos, capitalizar ganancias, recomprar dólares e irse.

b) Invertir en materias primas estratégicas, petróleo, minería, de rápido retorno de la inversión (eso fué el plan petrolero de Frondizi y hoy Vaca Muerta y el RIGI), escasa o nula generación de trabajo, beneficios impositivos y de repatriación de ganancias y dividendos, una vez agotadas las reservas se van (vaciamiento de YPF y del gas de Loma de la Lata por Repsol con el menemismo).

c) Adquirir empresas en funcionamiento bajo la presión de una competencia que por razones de escala es insostenible sin apoyo del Estado.

   Prácticamente los esbozos de industria automotriz y petroquímica de capital nacional desaparecieron, los ramales ferroviarios y las industrias asociadas sufrieron los embates del llamado “Plan Larkin” de eliminación de ramales, lo que además encarecía la producción en las provincias, la devaluación además hacía más caros los insumos importados requeridos por la industria.

   Asimismo la “lluvia de Inversiones” que se esperaba nunca se produjo, el promedio entre 1958 y 1961no superó los 160 millones de dólares, si la inversión interna bruta fija era en 1957 de 1595 millones de pesos y equivalía al 18,5 del PBI,  en 1962 era de 2207 millones de pesos y equivalía al 22,6% del PBI.

   Ramos, hace un acertado análisis de esta época, “Si la Revolución Libertadora implicó un retroceso aunque en modo alguno el retorno al punto de partida-o sea el 3 de junio de 1943- tampoco llegó la oligarquía a realizar su programa hasta el fin. De ahí que los “libertadores se encontraran tan frustrados como los peronistas. Ni la vieja Argentina ni la nueva lograron vencerse de modo completo…Frondizi realiza una política pendular entre ambos intereses y no logra satisfacer plenamente a ninguno de ellos, su actitud dual nacía de la situación misma, no de su maquiavelismo privado”

   Esto se mantuvo, con leves variantes hasta los años 70, en términos políticos en el terreno del pensamiento económico liberal, en los años 60 aparecen nuevas corrientes. El pensamiento católico tras la muerte de Bunge, se expresa en hombres como Moyano Llerena, sin embargo el cambio mas fundamental es que comienzan a ocupar un lugar cada vez más secundario las “preocupaciones sociales” en aras de un “profesionalismo más secular, así aparece una corriente vinculada a los economistas nucleados en el estudio de Carlos García Martínez y Rafael Olarra Giménez, siguiendo la obra “Argentina será Industrial, o no cumplirá su destino” (Marcelo Rougier y Juan Odisio; Imago Mundi Buenos Aires; 2017), García Martínez asumió como ayudante en el Departamento de Estudios Económicos de la UIA en 1958, dos años después, designado por Frondizi, como economista general adjunto de la “Misión Larkin” del Banco Mundial, ya mencionada, tras el golpe de 1962 vuelve a la UIA y termina como jefe del Departamento de Política Económica e Industrial. En 1963 cuando José Alfredo Martínez de Hoz asumió por primera vez la cartera económica, fué designado presidente del Banco Central.

   Su pensamiento siguiendo a los autores citados podemos resumirlo así ”postulaba que la Argentina era una potencia de quinto orden y que su decadencia había comenzado en el Centenario…las causantes del desvarío eran: el catolicismo económico-social, el keynesianismo, el desarrollismo, el autarquismo y el dirigismo. En relación a la política industrial la errónea estrategia adoptada había respondido en lo fundamental a tres principios: La expansión del mercado interno, la protección contra la competencia del exterior y la legislación de promoción sectorial”, en lo referente al aumento de la demanda señalaba “ el crecimiento del crédito bancario, el aumento masivo de salarios y el incremento del gasto público mediante la emisión monetaria” como las políticas a descartar.

   García Martínez fundó más tarde el Centro de Estudios de Política y Economía, que publicó la revista “Política y Economía”, en el CEPE participó Javier González Fraga por entonces empleado del estudio García Martínez-Olarra Giménez y Luis García Martínez (Director  del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina) Roberto Favelevic y Armando Ribas, en las páginas de la revista escribían Mariano Grondona, José Alfredo Martínez de Hoz, Juan y Roberto Alemann, Alberto Benegas Lynch y también economistas de FIEL (Fundación de Investigaciones Latinoamericanas), cuyo staff actual incluye personalidades como Adelmo Gobbi (presidente de la Bolsa de Comercio), Cristiano Ratazzi en el Consejo Consultivo, Daniel Artana y Juan Luis Bour como economistas jefe y a Miguel Kiguel, Ricardo López Murphy, Manuel Solanet y Enrique Szewach.  Una vez más la consigna de cabecera del grupo fue “Una drástica reducción de la intervención del Estado y la fuerte liberalización de los mercados”, como pasos necesarios para ¡la rápida evolución de la industria!

   Seguramente muchos se preguntarán:

1) ¿Los industriales argentinos saben que desde la aparición misma del capitalismo en los países originarios (Francia, Inglaterra, Países Bajos) más tarde en Alemania, Italia , Japón y EE.UU, luego en los “emergentes” como Corea, Singapur, Indonesia, India o China, el proceso se llevó a cabo con fuerte intervención estatal y protecciones aduaneras?

2) ¿Los industriales argentinos no se dieron cuenta que cada vez que hubo “liberalización de los mercados”, o “aperturas económicas” el resultado fue la quiebra y el cierre de empresas nacionales o la extranjerización del sector por la compra directa de empresas (como en los 90)

3) ¿La Unión Industrial Argentina representa los intereses reales de la “burguesía argentina” especialmente en las medianas y pequeñas empresas, hoy podemos decir también en algunas grandes como FATE?

4) ¿Forman parte de la “burguesía nacional” los propietarios de conglomerados económicos cuyas empresas no sólo no tienen domicilio en Argentina si no que se han globalizado y sus propietarios ni siquiera viven aquí, incluyamos al inefable José Luis Manzano, ex “peronista renovador”, ex ministro de Carlos Menem y hoy millonario empresario de las comunicaciones y el petróleo?

   No voy a intentar responder esas preguntas, al que le interese puede ahondar en el tema, estudiar, aportar más información y sobre todo juntarse con otros compañeros a debatir y sacar conclusiones es uno de los grandes temas pendientes para el pensamiento nacional.

   Sin embargo hemos conocido un intento serio y profundo de construir una alternativa a esto y fue la Confederación General Económica (CGE), nacida el 15 de agosto de 1952, fundada por José Ber Gelbard, precisamente a la luz de las políticas del gobierno de Juan Domingo Perón y decidida a representar los intereses de pequeños y medianos empresarios nacionales, y que tenía por objetivo “La defensa de las pymes argentinas, la integración de la economía interna, promover la transferencia del conocimiento y la capacitación constante y la construcción de consensos políticos con la Confederación General del Trabajo (CGT) y el gobierno”, así como “ El desarrollo de la industria, el comercio y los servicios conformado por capitales nacionales, la regionalización de la economía, articular diferentes cadenas de valor en cada región agregando eslabones de conocimiento a través de universidades e institutos de tecnología, la promoción de nuevas tecnologías entre los empresarios nacionales pymes y su capacitación en conjunto con los trabajadores, la promoción de la industria pesada como factor de impulso a pymes proveedoras, promover la logística, fomentar el consumo de productos de fabricación nacional, impulsar las industrias estratégicas y fortalecer el crecimiento económico del país mediante un mercado interno pujante y las exportaciones competitivas con valor agregado” es en su homenaje que por Ley 27.108/14, se celebre el día 16 de agosto como Día del Empresario Nacional.

   Como vemos hubo una “burguesía nacional” capaz de elaborar un programa de desarrollo capitalista, por ello no resulta extraño que en 1955 haya sido ilegalizada e intervenida militarmente, cuando reaparece en 1958 había perdido representación, especialmente en el comercio cuya representación comenzó a ser hegemonizada por las grandes cadenas de supermercados.

   La CGE recuperó protagonismo en los años 70 y en 1972 presentó junto con la CGT un documento que diagnosticaba los problemas económicos del país y presentaba propuestas para solucionarlos, en marzo de 1973 presenta las “Sugerencias del Empresariado Nacional para un Programa de Gobierno” y finalmente el 30 de mayo la CGT, la CGE y El Gobierno firman el “Acta de Compromiso Nacional para la Reconstrucción, Liberación Nacional y la Justicia Social” que comprendía un paquete de 19 proyectos de ley, la primera de ellas el “Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional”.

El documento sostenía que “las empresas extranjeras se habían beneficiado de los regímenes liberales utilizando el crédito interno y remitiendo descontroladamente utilidades al exterior…gozaban de elevada protección aduanera y usufructuaban de la importación indiscriminada de equipos, lo que se traducía en una absorción de las empresas nacionales y una mayor concentración”.

   Cabe señalar que, en ese momento, hasta la UIA a través de su presidente Elbio Coelho, manifestó su apoyo afirmando que había que impulsar “fuertes empresas privadas y eminentemente argentinas” (SIC).

   Respecto de las inversiones extranjeras “Las nuevas inversiones se evaluarían en función de criterios que considerasen el aumento de la ocupación, la mejora en la balanza de pagos, el desarrollo regional. El monto y destino de la radicación, las tasas máximas de utilidades que podrán girarse al extranjero y la regulación del endeudamiento externo de las empresas quedarán claramente explicitados en la nueva legislación…se considera prioritario el desarrollo de industrias productoras de maquinarias e insumos básicos, la realización acelerada de los grandes proyectos industriales ya iniciados en siderurgia, petroquímica, química pesada, aluminio, celulosa y papel…el plan declaraba la decisión de controlar el crecimiento “exagerado” en ramas no prioritarias y reconvertir industrias de bienes de consumo (alimentos, aparatos para el hogar, textiles, cuero, muebles e imprenta) y…proponía el aliento a las exportaciones industriales lo cual se llevaría a cabo mediante incentivos fiscales, facilidades crediticias y el desarrollo de una política de inserción internacional y apertura de mercados”

   Pero todo esto no quedó en meras declaraciones, la ley de inversiones extranjeras estipuló que “Debían radicarse en actividades y zonas geográficas determinadas por el ejecutivo y no generar el desplazamiento del mercado de empresas de capital nacional. Quedaron prohibidas a los extranjeros la adquisición de más de un 50% del capital de una empresa que operara en la Argentina y toda inversión en las áreas consideradas vitales para la seguridad nacional, que incluían energía, química, petróleo, servicios públicos bancos y seguros, agricultura y pesca, medios de comunicación social, publicidad y comercialización. La ley restringía al 12,5% las remesas de utilidades al exterior y sólo podrían efectivizarse a partir del quinto año de la radicación y penalizaba con impuestos extraordinarias el incumplimiento”.

   Estamos ante el último intento de las fuerzas nacionales de cambiar el rumbo de la historia y avanzar hacia un modelo de capitalismo autónomo (no autárquico), integrado al mundo pero desde su soberanía y sus propios intereses, que recuperaba parte de los viejos sectores que construyeron el movimiento nacional que catapultó la década extraordinaria de 1945-1955 (la única “década ganada” en realidad), los trabajadores organizados encuadrados en la CGT, los empresarios nacionales organizados en la CGE acompañaban y sostenían el liderazgo indiscutido de Perón, también algunos sectores medios que volvían de su “gorilismo” anterior,  pero ya no contaban con el apoyo de las FF.AA, despojadas a partir de 1955 de todo atisbo nacional y menos peronista.

   Tampoco la Argentina era la de 1955, había crecido la clase trabajadora no solo en número sino en su perfil técnico y profesional, sin embargo sí seguía siendo la misma la oligarquía, que agazapada trató de preservar fuerzas y alianzas, especialmente con los sectores transnacionales del empresariado, su poder de fuego a partir de los estancieros representados por la Sociedad Rural Argentina, que comenzaba a arrastrar tras de sí a sectores medianos, especialmente ante los proyectos como la Ley Agraria y el Impuesto a la Renta Potencial de la Tierra, el predominio cultural en la formación de profesionales y los programas de educación, incluso los partidos políticos se agazaparon almanaque en mano especulando con el tiempo de vida del Gran Argentino.

   Asimismo les apareció un aliado inesperado, los grupos terroristas que despreciando la voluntad popular siguieron cometiendo crímenes y atentados, a los dos días que Perón se consagrara presidente de los argentinos por tercera vez, con el 61,86% de los votos,  un grupo que se proclamaba peronista (aunque su jefe reconocía que no conocían a Perón y nunca habían leído ni “la Comunidad Organizada”), asesinaba al Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci, una figura fundamental para el proyecto de Perón y una de las columnas que sostenían el Pacto Social y el Plan Trienal.

   Rucci pagó con su vida su lealtad a Perón y su compromiso con este intento de reconstrucción nacional, Gelbard fue perseguido por la dictadura militar que le quitó hasta la ciudadanía argentina, muriendo en 1977, la CGE fue disuelta y sus bienes confiscados y Martínez de Hoz se dedicó a arrasar hasta el recuerdo de este intento. Su labor fue continuada por Menem-Cavallo, Macri y ahora el Golem, pero esta es otra historia.

(Continuará)

Ramon Carrillo y la tradición sanitaria nacional

Por: Manuel Fonseca

La salud, como la libertad o el poder, cobra valor cuando no se tienen. No da votos, no ocupa la agenda. Está ahí. Cuando desaparece el que puede paga y el que no, padece. Hubo una persona que pensó al revés y lo volvió obra. Ramón Carrillo quiso y pudo. Las reliquias de su legado se nos presentan como cuentas pendientes. ¿Quién fue y cómo pensó la salud Argentina? ¿Qué pistas nos ofrece para interpretar nuestra realidad sanitaria?

Lo material: la revolución de la capacidad instalada
Ramón Carrillo nació en Santiago del Estero, el 7 de marzo de 1906. Viajó a Buenos Aires a estudiar Medicina y se graduó con medalla de honor. Fue becado y se especializó en Europa de donde volvió consagrado como uno de los más brillantes neurocirujanos de la época. Puso en marcha el servicio de Neurocirugía del Hospital Militar y en 1942 ganó el concurso de profesor adjunto en la carrera de Medicina de la UBA. Tenía 36 años.

Cercano a FORJA, simpatizante de los militares nacionalistas del GOU y trabajador del hospital militar, católico, referente universitario. La excelencia de su formación y sus círculos de relaciones lo acercaron a Perón. Cuando lo trasladan de la Isla Martín García, Carrillo asiste al coronel encarcelado en el Hospital Militar y es quién oficia de “cartero” en los episodios del 17 de octubre.

En 1946 se convirtió en el primer Ministro de Salud de la Historia argentina. El país no contaba con una política sanitaria nacional. Las entidades previas al Ministerio de Salud (Protomedicato realista; Dirección Nacional de Higiene; Dirección de Salud Pública) se limitaban al control de focos infecciosos del puerto y a otras tareas de menor relevancia. El pueblo pobre sufría y los datos hablaban: provincias enteras en las que no había un solo hospital; la mortalidad infantil llegaba a los 300 por mil en las regiones más abandonadas (hoy las zonas de tasa más elevada como Corrientes están en los 17 por mil); y para 1940 un tercio de los argentinos aspirantes al ejército eran rechazados por incapacidad física y problemas de salud.

Antes de asumir como Ministro confeccionó un Plan Análitico de Salud, un documento de cuatro mil fojas que detalla uno por uno los problemas sanitarios y sus posibles soluciones a nivel nacional. Implementó un método de gestión basado en la planificación centralizada y la ejecución descentralizada, según las características, peculiaridades y necesidades de cada región del país.

A esta etapa debemos la organización por “niveles de atención” del sistema público. Es decir, Centros de Atención Primaria de la Salud (se calculan en unos 3,000); ampliación de camas y construcción de hospitales generales (se duplicaron las camas, de 66,300 en 1946 a 134,000 en 1954); construcción de más de 40 Institutos Especializados (del Quemado; de Oncología, de Hemoterapia, etc). Además, creó disciplinas (como la arquitectura hospitalaria), sistematizó un método de gestión e inventó una perspectiva organizativa. Según el propio Ministro: “todo depende de una eximia organización de los consultorios externos, fundada en la asistencia en equipo dentro de los mismos y en forma seriada; de ese modo, un peso invertido (…) rinde 5 veces más que el invertido en camas”.

Carrillo creó EMESTA, la empresa nacional de medicamentos destinada a impulsar la producción pública, pero sobre todo a orientar y fomentar la producción privada en el marco de un plan nacional de desarrollo. Se desarrolló un completo calendario de vacunación para la época e impulsó campañas de erradicación de enfermedades infecciosas, como el Paludismo del Noroeste Argentino.

Escapa a los propósitos de este texto un detalle de esta obra monumental en la que trabajó muchas veces en conjunto con la Fundación Eva Perón. Los nombres de esos hospitales, todavía de pie y dando pelea más de ochenta años después, son la prueba de una epopeya que no tiene comparación a nivel continental y que es poco o mal reconocida a nivel local. Todo para preservar “lo único permanente de una Nación: su caudal humano, que es potencial biológico y el futuro de todas las Patrias”.

Lo simbólico: ciencia y trascendencia
Para Carrillo, hay dos factores que condicionan la salud de un pueblo. El primero las condiciones sociales y materiales, y el segundo la “ignorancia, que impide toda difusión de una cultura sanitaria”. La principal arma con la que pelea es la organización de los servicios médicos organizados en niveles y con médicos generales. Se presta atención médica, pero también se educa a través de capacitaciones, videos y materiales de propaganda sanitaria. Por eso, muchos hospitales tenían sala de cine, y por eso también el pueblo tiene derechos y obligaciones: “es el responsable de su propia salud. El trabajo de los médicos es estéril si no se cuenta con su colaboración”.

Carrillo gestiona en un contexto de posguerra, de creación de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud como entidad sanitaria transnacional. Los problemas de rehabilitación de los soldados tras la guerra, la demanda de atención y asistencia social en los países empobrecidos, y el temor al avance del comunismo y sus ideas de equidad dan como resultado políticas de “bienestar” social en muchos países capitalistas. Las mismas se llevan adelante con distintos modelos solidarios que Carrillo estudia.

Son momentos de estupendos avances científicos y tecnológicos (infectológicos, de producción de antibióticos y vacunas, de desarrollo de estudios de laboratorio e imágenes médicas). Por eso se volvió hegemónica una mirada positivista de la salud centrada en los procesos biológicos. La OMS intenta ampliar esta mirada con su famosa definición de salud del año 1949 “como un completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades”.

Carrillo lleva mucho más lejos estos conceptos. La definición de la OMS es vacua si no se la llena de contenido político. Carrillo lo interpreta de esta forma: la base de nuestra doctrina sanitaria es la doctrina justicialista y, por eso, nuestra política sanitaria no será de atención sino de previsión social. Quiere decir: la atención biomédica es un derecho y todos los argentinos lo tienen por su condición; pero más importante que lo biológico es lo social: trabajo, vivienda y salarios son la mejor política sanitaria. Pero además de eso, quiere decir: más importante que curar, es prevenir. Este aforismo tan correcto como la mayoría de las veces intrascendente, se vuelve política pública y causa de Estado.

Nuestro Ministro sabe que los avances biomédicos son geniales, pero que, sin implementación política con criterios de equidad, no sirven. Es científico y humanista. Es higienista, pero no un policía médico. Es neurobiólogo, pero impulsa la medicina general y familiar. Si para Carrillo la misión más importante de la medicina es alargar la vida humana y evitar muertes prevenibles, la misión más importante de un funcionario público es ofrecer un sentido y propósito a esas vidas en el marco de un proyecto de revolución nacional. No es vivir por vivir. Con su obra dota las vidas que salva de un sentido de responsabilidad nacional. Es un patriota.

Que las personas vivan más y mejor, para que puedan trabajar más y mejor. Que las personas estén más sanas, para que estén más contentas, pero también para que produzcan más. Que lo humano ocupe el centro de la escena, no como humanos consumidores, sino como humanos que son parte de una comunidad -y de un Estado- que los ayuda, pero que les tiene que pedir responsabilidades a cambio.

Hasta acá podríamos decir que más allá de su genialidad personal, estas políticas no tienen nada de diferente a otras experiencias de “socialización de la atención médica”. Pero Carrillo profundiza: no se trata solo de prevenir siempre y de curar cuando se puede, sino del POR QUÉ de esa prevención. Queremos mantener al pueblo sano y prolongar la vida porque es bueno para la Patria, porque es más barato, porque mejora la productividad de los trabajadores, pero por sobre todas las cosas porque es lo justo y lo bello, lo correcto ante la mirada de Dios.

Esto se explica por su formación humanista cristiana. Así habla a pacientes y a médicos: “recordarles mi afecto a aquellos que sufren en hospitales, y recordarles el profundo sentido del cristianismo que nos manda aceptar el sufrimiento como una purificación”; e insiste en que “desea acogerse a las palabras del Gran Maestro como a un mandato, para decirnos, como él: yo estaba enfermo y me visitaste, lo que hagas por uno de estos, lo harás por mi”.

La tercera posición del peronismo es: ni yanquis ni marxistas. Por díscolos, por conveniencia, y por convicción. Para Perón, ambos lados de la contienda de la guerra fría son dos caras de la misma moneda. La explotación del hombre por el dinero, o por el Estado. Son, en definitiva, dos desviaciones materialistas que desmerecen la dimensión humana y trascendente de la humanidad. Insectifican al hombre. Carrillo lo aplica desde su profesión: “el triunfo de la medicina es ya no ser necesaria, de esa formase habrìa consumado el triunfo del espíritu sobre la materia, del bien sobre el mal”.

Carrillo desde lo sanitario y Juan Perón desde la conducción política buscan una salida hacia adelante, que no se queda solo en lo local. Para ellos, Argentina puede ser un faro civilizatorio. Carrillo asegura que “hemos asumido la tarea de preparar a nuestro pueblo, poniéndolo en condiciones de cumplir el destino que le impone su tradición, la fecundidad del suelo patrio y los progresos de nuestras instituciones políticas, unidos al hecho de constituir a la Argentina en una de las reservas de la humanidad. por su cultura y sus fecundas y generosas concepciones de la vida, lo mismo que su tradicional respeto de los hombres y los pueblos”.

Todas las citas mencionadas son extraídas de discursos del Ministro en salones de trabajadores, de congresos académicos y profesionales, e incluso en actos de anuncios políticos como la inauguración de viviendas en un barrio pobre cordobés.

Lo histórico: un héroe con el que rendir cuentas
Ningún Ministro Nacional de Salud estuvo nunca jamás a la altura de Carrillo. Con algunas muy buenas excepciones, la mayoría se dedicó a debilitar o sustraer de sentido la obra aquí mencionada. El gobierno actual es quizá la expresión más humillante: no planifica, no es serio científicamente. Crece la mortalidad infantil, vuelven enfermedades erradicadas como el Sarampión, crecen enfermedades de la decadencia, como la sífilis. Una revolución sanitaria en marcha atrás. ¿Qué habría que hacer?

Carrillo es fundador y al mismo tiempo “completador” del sanitarismo nacional. Es un científico que quiere tener todas las variables que pueda bajo control. Incluso si pudiera, capaz hubiera elegido tenerlas a todas. Pero sabe que no puede: la existencia humana contiene el hecho trágico de sus propios límites. Hay algo más que se nos escapa y nos trasciende. Carrillo como católico dice: es Dios. Cualquier otra persona puede encontrarlo desde otro lugar, siempre que quiera y crea.

La obra científica, artística, política, trascendente de Carrillo se da en el marco de una tradición (que podría definirse como el “arte de curar”, de alargar y mejorar la vida, es decir, una tradición por y para otros) y dentro de ella, inventa lo nuevo. Esto es: el método de planificación, la forma de ejecución, la organización por niveles, el impulso del sector privado con dirección pública, el cambio de lógica de la atención médica, etc. Piensa en salud, no en enfermedad. Lo deja plasmado en su obra política, en sus libros, y en el mensaje oral que dejó en sus equipos.

Carrillo rinde cuentas con “lo médico” hasta ese momento: está bárbaro saber de medicina, pero atendemos seres humanos. Nos exige un esfuerzo para mirar más allá de la enfermedad. Mientras ajusta cuentas con el pasado, nos advierte con su ética de las desviaciones médico-sanitarias con las que lidiamos hoy. Muere pobre, y cuestiona la mercantilización de la medicina y de los médicos. No se puede ser médico para hacer plata. Es una falla de origen. Es incorrecto porque el propósito de la salud es DAR.

Además, combate la desviación “politicista”. En su segundo gobierno, pierde una interna en el gabinete y queda en minoría contra los demás ministros (en particular, Apold de prensa, y Teisaire, vicepresidente). Después de la muerte de Eva, el ala de alcahuetes e inoperantes gana la disputa al gestor eficiente. Si bien esto vale para toda la función pública, estamos cansados de ver familiares y amigos de intendentes y gobernadores como funcionarios públicos con el único criterio de ser garantes de la lealtad mal entendedida. Sin formación técnica ni capacidades, los alcahuetes y arribistas nos hacen mucho mal.

De la misma forma y en un sentido inverso, Carrillo anticipa los problemas de la desviación cientificista de cuadros técnicos “despolitizados”. Carrillo era excelente por su formación técnica, pero era un excelente cuadro político. Antes de renunciar al cargo, le escribe una larga carta a Perón advirtiendo sobre los graves problemas de orientación en algunos aspectos de la política del gobierno, sobre la opacidad del entorno presidencial, etc. Son momentos en donde Carrillo frena su proyecto de ley de profilaxis (correcto desde lo técnico) por encontrar oposición en un aliado importante de la coalición, como era la Iglesia (es decir, incorrecto desde lo político).

Si es grave un político que no sabe, más grave puede ser un técnico que no sabe de política. En nuestro país, esa línea de burócratas es interpretada por los cuadros técnicos que post Yalta armaron la Organización Mundial de la Salud. Que hoy, ante el terraplanismo sanitario de Milei defendamos las nociones básicas de la ciencia que promueven estos organismos no significa que no podamos dilucidar que, en buena medida, se vienen dedicando a formar cuadros técnicos desprovistos de mirada política. Esa es, básicamente, la causa del fracaso de todas las profecías de SALUD PARA TODOS EN EL AÑO 2000.

La OMS formó seres humanos que piensan que los programas sanitarios se pueden copiar y pegar de forma enlatada en cualquier contexto. “Sanitaristas” argentinos que no hablan de Carrillo pero que cuando lo citan no hablan del justicialismo, ni de que Carrillo era creyente, ni de su simpatía por los militares nacionalistas, ni de su ética y honestidad inquebrantable. Docentes que lo pasteurizan en su potencia política y que a lo sumo usan una frase trillada de Carrillo para usar de primera diapositiva de un Power Point aburridísimo o de slogan en su remera partidaria, pero jamás leyeron un texto completo de él.

Última: Carrillo muere pobre y exiliado atendiendo brasileños que no pueden pagar por su salud en Belém do Pará. Mientras padece las privaciones y la pobreza en el exilio, la dictadura oligárquica del 55 ha incautado sus bienes en Argentina y lo acusa de “enriquecimiento ilícito”. Una actitud que pinta bien a los que gobiernan este país mientras detestan a sus habitantes: mandaron a prender fuego los pulmotores que Carrillo encomendó comprar para auxiliar a niños y niñas ante brotes de polio. Unos meses después, el último gran brote de poliomielitis produjo más de 6.500 casos, miles de muertes, muchas de ellas de niños argentinos que no contaron con esos pulmotores para su asistencia.

En este país hacer política para defender al pueblo de verdad tiene un precio. Lo pagás con un destierro, o con la cárcel, al menos con difamación y calumnias en contra tuya. No se puede defender al pueblo y que te quieran todos. No se puede servir a dos amos al mismo tiempo.

Ese fue el Dr. Ramón Carrillo y por eso está en el futuro.
Enlace: https://elaluvion.com/2026/03/07/ramon-carrillo-y-la-tradicion-sanitaria-nacional/

¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente?

Por El Comité Editorial

El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y unos valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción.

En su campaña presidencial de 2024, Donald Trump prometió a los votantes que pondría fin a las guerras, no que las empezaría. El año pasado, en cambio, ordenó ataques militares en siete países. Su apetito de intervención militar crece a medida que lo alimenta.

Ahora, ha ordenado un nuevo ataque contra la República Islámica de Irán, en cooperación con Israel, y Trump afirmó que sería un ataque mucho más extenso que el bombardeo selectivo a instalaciones nucleares en junio. Sin embargo, inició esta guerra sin explicar al pueblo estadounidense y al mundo por qué lo hacía. Tampoco ha involucrado al Congreso, al que la Constitución otorga la facultad exclusiva de declarar una guerra. En su lugar, publicó un video a las 2:30 a. m., hora del este, del sábado, poco después de que comenzaran los bombardeos, en el que decía que Irán presentaba “amenazas inminentes” y pedía el derrocamiento de su gobierno. Su razonamiento es dudoso, y presentar sus argumentos por video en la madrugada es inaceptable.

Entre sus justificaciones está la eliminación del programa nuclear iraní, que es un objetivo loable. Pero Trump declaró que dicho programa había sido “eliminado” por el ataque en junio, una afirmación desmentida tanto por la inteligencia estadounidense como por este nuevo asalto. Esta contradicción resalta su escaso respeto por su deber de decir la verdad cuando envía a las fuerzas armadas estadounidenses a un combate. También demuestra la poca fe que los ciudadanos estadounidenses deberían tener en sus garantías sobre los objetivos y resultados de su lista de aventuras militares cada vez más larga.

El enfoque de Trump en Irán es imprudente. Sus objetivos están mal definidos. No ha reunido el apoyo internacional y nacional necesarios para maximizar las posibilidades de éxito. Ha hecho caso omiso del derecho nacional e internacional en materia de guerra.

El régimen iraní, para ser claros, no merece ninguna consideración. Desde su revolución hace 47 años, ha generado miseria en su propio pueblo, en sus vecinos y en todo el mundo. Este año ha matado a miles de manifestantes. Encarcela y ejecuta a disidentes políticos. Oprime a las mujeres, a las personas del colectivo LGBTQ y a las minorías religiosas. Sus dirigentes han empobrecido a sus ciudadanos mientras se enriquecen con corrupción. Han proclamado “Muerte a Estados Unidos” desde que llegaron al poder y han asesinado a cientos de miembros del ejército estadounidense en la región, además de financiar el terrorismo que ha derivado en la muerte de civiles en Medio Oriente y en lugares tan alejados de la región como Argentina.

El gobierno de Irán representa una amenaza distinta porque combina esta ideología asesina con ambiciones nucleares. A lo largo de los años, Irán ha desafiado reiteradamente a los inspectores internacionales. Desde el ataque en junio, el gobierno ha dado muestras de reanudar su búsqueda de tecnología de armamento nuclear. Los presidentes estadounidenses de ambos partidos se han comprometido, legítimamente, a impedir que Teherán consiga una bomba.

Reconocemos que el cumplimiento de este compromiso podría justificar una acción militar en algún momento. Por un lado, las implicaciones de permitir que Irán siga el camino de Corea del Norte —y adquiera armas nucleares tras años de sacar provecho a la paciencia internacional— son demasiado grandes. Por otro, los costos de enfrentarse a Irán por su programa nuclear parecen menos imponentes que antes.

Irán, como explicó recientemente David Sanger, periodista del Times, “atraviesa un periodo excepcional de debilidad militar, económica y política”. Desde los atentados del 7 de octubre de 2023, Israel ha reducido las amenazas de Hamás y Hizbulá (dos de los grupos representantes terroristas de Irán), ha atacado directamente a Irán y, con la ayuda de sus aliados, ha repelido en gran medida su respuesta. El nuevo reconocimiento de las limitaciones de Irán contribuyó a dar a los rebeldes de Siria la confianza necesaria para marchar sobre Damasco y derrocar al atroz régimen de Al Asad, aliado de Irán desde hace mucho tiempo. El gobierno de Irán no hizo prácticamente nada para intervenir. Esta historia reciente demuestra que la acción militar, con todas sus terribles consecuencias, puede tener repercusiones positivas.

Un presidente estadounidense responsable podría presentar un argumento plausible para emprender nuevas acciones contra Irán. El eje de este argumento tendría que ser una explicación clara de la estrategia, así como la justificación para atacar ahora, aunque Irán no parezca estar cerca de tener un arma nuclear. Esta estrategia implicaría la promesa de buscar la aprobación del Congreso y de colaborar con los aliados internacionales.

Trump ni siquiera está intentando este enfoque. Está diciendo al pueblo estadounidense y al mundo que espera su confianza ciega. No se ha ganado esa confianza.

En lugar de ello, trata a sus aliados con desdén. Miente constantemente, incluso sobre los resultados del ataque de junio contra Irán. No ha cumplido sus propias promesas de resolver otras crisis en Ucrania, Gaza y Venezuela. Ha despedido a altos mandos militares por no mostrar lealtad a sus caprichos políticos. Cuando sus designados cometen errores escandalosos —como cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compartió detalles específicos de un ataque militar contra los hutíes, un grupo respaldado por Irán, en un chat grupal no seguro—, Trump los protege de la rendición de cuentas. Su gobierno parece haber violado el derecho internacional al, entre otras cosas, camuflar un avión militar como avión civil y disparar a dos marineros indefensos que sobrevivieron a un ataque inicial.

Un enfoque responsable implicaría también una conversación detallada con el pueblo estadounidense sobre los riesgos. Irán sigue siendo un país fuertemente militarizado. Es posible que sus misiles de medio alcance no hayan causado mucho daño a Israel el año pasado, pero mantiene muchos misiles de corto alcance que podrían superar cualquier sistema de defensa y golpear en Arabia Saudita, Catar y otros países cercanos. Trump sí lo reconoció en su video de la madrugada, al decir: “Es posible que se pierdan las vidas de valientes héroes estadounidenses y que tengamos bajas”.

Debería haber tenido el valor de decirlo en su discurso del Estado de la Unión del martes, entre otros escenarios. Cuando un presidente pide a los soldados y diplomáticos estadounidenses que arriesguen sus vidas, no debe ser evasivo al respecto.

Al reconocer la irresponsabilidad de Trump, algunos miembros del Congreso han tomado medidas para limitarlo en lo relativo a Irán. En la Cámara de Representantes, los congresistas Ro Khanna, demócrata por California, y Thomas Massie, republicano por Kentucky, han propuesto una resolución destinada a impedir que Trump inicie una guerra sin la aprobación del Congreso. La resolución deja claro que el Congreso no ha autorizado un ataque contra Irán y exige la retirada de los soldados estadounidenses en un plazo de 60 días. El senador Tim Kaine, demócrata por Virginia, y el senador Rand Paul, republicano por Kentucky, están patrocinando una medida similar en el Senado. El inicio de las hostilidades no debe disuadir a los legisladores de aprobar estos proyectos de ley. Una afirmación de autoridad decisiva por parte del Congreso es la mejor manera de limitar al presidente.

El hecho de que Trump no haya articulado una estrategia para este ataque ha generado sorprendentes niveles de incertidumbre al respecto. Ha pedido un cambio de régimen y no ha explicado por qué el mundo debería esperar que esta campaña termine mejor que los intentos de cambio de régimen del siglo XXI en Irak y Afganistán. Esas guerras derrocaron gobiernos, pero, comprensiblemente, desencantaron a la opinión pública estadounidense sobre las operaciones militares de duración indefinida y de interés nacional incierto, y desilusionaron a los soldados que sirvieron lealmente en ellas.

Ahora que ha comenzado la operación militar, deseamos ante todo la seguridad de los soldados estadounidenses encargados de llevarla a cabo y el bienestar de los muchos iraníes inocentes que llevan demasiado tiempo sufriendo bajo su brutal gobierno. Lamentamos que Trump no trate la guerra como el grave asunto que es.

“Esos burgueses asaz egoístas…”

Por Omar Auton

Se me ocurrió empezar con un verso del himno anarquista “Hijo del Pueblo” porque basta con mencionar la palabra “Burguesía” para que se desaten la polémicas, si la hay o no en Argentina, su origen, historia y actualidad, ¿es lo mismo que la oligarquía?, ¿cuál es su rol en un país semicolonial?, etc., etc. 

   Para ponernos en tema recordemos que más allá de como rotulemos a los sectores dominantes, la Argentina es un país capitalista, está inmersa en un modo de producción que es universal y que constituye la organización de los medios de producción en cada país según las necesidades del modo global, por ende aunque caractericemos a un sector como “no burgués” porque no base la reproducción del capital en la inversión y captura de plusvalía, no significa que no seamos un país capitalista.

   Digo esto porque hemos caracterizado a la clase dominante argentina como oligarquía porque el sector agropecuario que desde la ley de enfiteusis estuvo en manos de un grupo de familias propietarias de las tierras más ricas del planeta (junto con Ucrania), basaron la acumulación de capital en la explotación extensiva de esas tierras, básicamente de la producción ganadera, más allá que más tarde, a través del sistema de arrendamientos apareciera la explotación agrícola, que además, permitía la rotación de tierras y su regeneración productiva. Es decir acumularon su riqueza a través de la apropiación de la “renta diferencial” debida a la feracidad de las tierras y no por reinversión, contratación de mano de obra, incorporación de tecnología, etc., más allá de la incorporación de nuevas razas vacunas para mejorar especies.

  Paralelamente a la conformación de este sector, en Buenos Aires, sede única del puerto por donde ingresaban todas las importaciones y partían todas las exportaciones, aparece una “burguesía comercial”, que nace del contrabando que burlaba el monopolio español, de ahí la verdadera historia de “los túneles de Buenos Aires”, contrabando que incluía la trata de esclavos. Este sector se apropia de la renta aduanera para su provecho, es decir toda la riqueza que se generaba en las Provincias Unidas o antes, el Virreinato del Río de la Plata, quedaba en manos de la denominada “La Pandilla del Barranco” y de ella salen muchos apellidos ilustres.

   Los ganaderos bonaerenses, que con el saladero tenían una actividad más “burguesa”, tuvieron un vínculo de conflicto de intereses, especialmente durante la época de Rosas, por la distribución de esa renta aduanera, pero luego de Caseros se consolida una alianza que tipifica a lo que llamamos Oligarquía, que al igual que hoy día mediante la apertura a las importaciones, especialmente británicas dejaron que se destruyeran las economías provinciales.

   Mientras en Inglaterra con Cromwell a la cabeza, en Francia con la monarquía absoluta,  e inclusive en Estados Unidos en la guerra de secesión, sus nacionalidades nacen y crecen a partir de la eliminación de las clases parasitarias, especialmente agrarias, por parte de burguesías poderosas y decididas que ponen en marcha la producción industrial, el mercantilismo y las primeras etapas del posteriormente llamado “Imperialismo”, a través de sus políticas coloniales. En cambio Argentina nace del fracaso de constituir en una sola nación a Iberoamérica, mientras EE.UU mediante la compra de territorios o su ocupación lisa y llana conformaba un Estado-nación continental y bioceánico, los antiguos dominios españoles se fragmentaban en un rosario de pequeños países monoproductores y semicoloniales, antes de Inglaterra, hoy de EE.UU.

   Argentina no tuvo nunca una burguesía nacional capaz de enfrentar a la oligarquía dominante, derrotarla y reordenar los sectores productivos de manera de conformar un país capitalista autónomo, con una clase dominante que defendiera su espacio “nacional”, esa tarea quedó para que fuera asumida por otra clase, inexistente en el período descripto y que irrumpiera el 17 de octubre de 1945, los trabajadores.

   Dicho esto y comprendiendo el origen bastardo de nuestra clase empresaria, culturalmente oligárquica, aún hoy para ser aceptada en los círculos áulicos hay que ser propietaria de al menos unas 1000 hectáreas, ideológicamente liberal, proclive a someterse al imperialismo de turno, sin conciencia nacional y muy rehacía a competir, podemos encontrar algunas señales para comprender su naturaleza.

   Tuvo su momento de gloria con el primer peronismo, más allá que la Cámara de Comercio y la Bolsa de Comercio se pronunciaran claramente en el “Manifiesto de la industria y el Comercio” en contra de la política laboral de Perón, comunicado al que luego adhiriera la UIA a través de su presidente Raúl Lamuraglia, escribano y empresario textil que luego financiara a la Unión Democrática y que tiene mucho que ver con las ideas que hoy presenta nuestro Golem presidente como “nuevas”, pero vayamos por partes.

La “Belle Epoque” industrial.

Si bien ya por 1930 había establecimientos manufactureros, el sector “industrial” y de servicios era el que estaba vinculado a nuestras exportaciones agropecuarias (frigoríficos, transporte y almacenaje, seguros, etc.) En ese año y hasta 1945 hacen su aparición los centros urbanos de más de 100.000 habitantes (Córdoba, Santa Fe, Rosario, Bahía Blanca) antes solo estaba Buenos Aires, respecto de los establecimientos industriales, hasta 1935 sobre 40.000, 33.800 tenían hasta 10 trabajadores.

   La interrupción del flujo de manufacturas importadas, primero a raíz de la crisis de 1930 y luego por el estallido de la segunda guerra mundial obliga a reemplazarlos por producción local, comienzan a aparecer capitales nacionales, tanto de propietarios agropecuarios como de sectores preexistentes que se amplían, provocando un crecimiento en todas las ramas industriales, 25% en alimentos y bebidas, 210% en textiles, 138% en maquinarias, vehículos y equipos, 4313% en maquinarias y equipos eléctricos, el capital extranjero que en 1930 representaba el 30% del total se había reducido en 1945 al 15%.

   Pero además crece el tamaño de los establecimientos, por ejemplo los de más de 100 trabajadores aumentan entre 1936 y 1946 un 83%, entre 500 y 1000 un 93% y los de más de 1000 trabajadores un 78%.

   Esto se potencia con la llegada del peronismo, sin embargo siempre esta “burguesía nacional” naciente, fue renuente a apoyarlo, incluso durante la gestión de Miguel Miranda, uno de ellos, a cargo de la cartera económica Pese a que aumentaba el mercado interno, las exportaciones, había crédito y consumo, además de políticas de planificación e inversión, y políticas de protección aduanera, la mayor fuerza de los sindicatos, su capacidad de conflicto y reclamo además de las políticas redistribucionistas del gobierno los llevaba a quejarse permanentemente de la presión impositiva, los aumentos salariales, la disciplina laboral, eran burgueses y querían aumentar la plusvalía pero ser protegidos por el Estado, no pagar impuestos y tener crédito barato, nada nuevo bajo el sol.

   El rol del Estado, haciéndose cargo de los trenes, la industria aeronáutica, la energía, la marina mercante, creando los colegios industriales y la universidad tecnológica para generar el personal calificado que necesitaba el nuevo perfil industrial, el uso de los ingresos por exportaciones para multiplicar el crédito, etc., no nace de un criterio “Estatizante” del peronismo, era la debilidad de la burguesía nacional para hacerse cargo de estas tareas, cosa que sí hicieron las burguesías de las potencias industriales. El Estado tenía que hacerse cargo de llevar adelante las tareas que arrancaran a Argentina de su carácter de semicolonia productora de los alimentos que necesitaba Gran Bretaña para abaratar la comida de sus trabajadores, sin tener que aumentar el salario, incrementando así la captura de la plusvalía, además de materias e insumos necesarias para sus industrias a menos costo.

   De ahí que asignarle al peronismo una filosofía “estatista” es una falacia, sin embargo no deja de ser llamativo una historia que vamos a relatar siguiendo a Juan Odisio (“La Argentina que quisieron sus dueños”, Alejandro Bercovich; Edit. Planeta; 2025). En 1909 nace Alberto Francisco Benegas Lynch, del matrimonio de éste con Sofía del Campo (nieta de Robustiano Patrón Costas) nace Alberto Tiburcio Benegas Lynch quién en 1942, gracias a un grupo de Estudios del que formaba parte, conoce el pensamiento austríaco, especialmente a Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek, convirtiéndose en su vehemente difusor.

   Para esta finalidad consigue el financiamiento de Raúl Lamuraglia, próspero empresario textil, a quién presentamos antes como financiador de la campaña de la UD contra Perón y luego de todo intento golpista contra Perón, incluido el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955. Producido el golpe Lamuraglia es designado presidente del ¡Banco Industrial! y Benegas Lynch, que formaba parte de la Asociación Patriótica Argentina, presidida por el almirante Isaac Francisco Rojas es nombrado agregado comercial en la embajada argentina en Washington, donde conoce a los integrantes de la asociación libertaria Foundation for Economic Education. Decidido a difundir su “ideario” en Argentina crea en 1958 el Centro de Estudios sobre la Libertad” siendo el su directos y el presidente…¡Raúl Lamuraglia!.

   En 1968 un informe de la embajada de EE.UU reportaba las actividades del Foro para Empresas Libres, señalando que era financiado por “industriales y familias adineradas de Argentina, identificando a la GeneraL Electric como una de las principales aportantes”, un año antes se había conformado la “Acción Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres” conformada por la UIA, la Cámara Argentina de Comercio, la Sociedad Rural Argentina y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

   El informe citado en el párrafo anterior describía que Benegas Lynch “ siempre aplicaba un “tornasol” a las ideas que se discutían e invariablemente les encontraba tonos “marxistas” sobre todo si trataban temas como: impuestos progresivos, educación pública, legislación social y negociaciones colectivas. El señor Benegas Lynch considera que estos son síntomas de la penetración marxista en la Argentina y esta religiosamente decidido a combatir su propagación”.

   Un dato de color, en ese informe a Benegas Lynch lo presenta como “Descendiente de una acaudalada familia mendocina dedicada a la industria vitivinícola”. Efectivamente el padre, a quién ya mencionamos fue gerente y director por décadas de la bodega familiar Trapiche, pero en 1971 la disolvió “aquejada por graves dificultades financieras” (seguramente debidas a la gestión marxista de los gobiernos de Onganía, Levingston y Lanusse) se vendieron los activos, se demolió la bodega y se lotearon los viñedos.

   Finalmente este Benegas Lynch (padre del actual diputado de la Libertad Avanza por la Pcia. de Buenos Aires), en 1977 a un año de la instauración de la dictadura de Videla-Martínez de Hoz, escribió para La Prensa “ La disyuntiva de nuestro tiempo parece estar planteada entre el capitalismo, liberalismo, sistema social de libertad o como se le quiera llamar al sistema, siempre que sea fiel a los genuinos principios de la libertad por un lado y por otro, enfrentándose a dichos principios, en el polo opuesto, todos los sistemas totalitarios, comunismo, fascismo, nazismo, peronismo, etc, los sistemas intermedios son ilusorios, siempre tienden a desplazarse hacia uno de los términos de la disyuntiva”

   Odisio concluye, y estoy de acuerdo que para los libertarios “Indudablemente el país del Centenario había sido potencia y ejemplo, pero la prosperidad se había minado con la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912 que estableció el voto universal secreto y obligatorio. Esto abrió la puerta para que líderes populistas tomaran el poder, desde Hipólito Yrigoyen en adelante y fueran menoscabando el espacio del libre comercio” tan es así que por ejemplo que cuestionaron y negaron el carácter liberal de gestiones como las de Álvaro Alsogaray y José Alfredo Martínez de Hoz, por “no resultar suficientemente liberales”.

   Esta larga historia debe ser conocida y estudiada para entender porque para Milei, Benegas Lynch es un prohombre y hasta hace publicidad a la ESEADE (Escuela Superior de Economía y administración de Empresas), fundada por Alberto Tiburcio Benegas Lynch (h) en afiches callejeros con la banda y bastón presidencial. Este Benegas Lynch (h) fue miembro de la sociedad Monte Pelerín fundada en 1947 por Hayek y Milton Friedman, si alguien quiere mas detalles en la aplicación de Amazon Prime Video hay un filme que nos cuenta su historia; Benegas Lynch (n) es el que pretende privatizar el océano y asumió en diciembre de 2023 como diputado.

  Algunas sugerencias:

1) Dejemos de hablar de “las novedosas ideas de los libertarios”, o de “la sorpresa que nos produce su agresividad, fanatismo o intolerancia” esto tiene casi un siglo de existencia, ni siquiera hay que estudiar mucho, ¡Busquen en wikipedia!

2) Dejemos de hablar de Milei como un “outsider” o de presentarlo como algo ajeno a la política, eso fué todo un show, sus ideas son añejas, sus sponsors, encabezados por Eurnekian, son los dueños del poder en Argentina y él un golem, diseñado para aprovechar el enojo y la decepción de los argentinos con la democracia formal fracasada.

3) Cuando alguien vincule a Milei y su gobierno con la Revolución Libertadora (Fusiladora) o con la dictadura de Videla-Martínez de Hoz, dejen de repetir “Eso ya pasó”, o “Eso es historia vieja, a quién le interesa”.

4)Terminen de hablar de “la nueva derecha” e insertar a Milei en las expresiones políticas surgidas en Occidente a raíz de la crisis de la globalización, ninguna de ellas (Trump, Orban, Meloni, Orban) aplica el plan ultraliberal y antinacional de Milei, ni siquiera Bolsonaro es comparable.

5) No nos sorprendamos con el rol de la Bolsa de Comercio o la Cámara de Comercio, ni siquiera de la UIA en esto, las primeras expresan la burguesía comercial porteña, madrina de los unitarios, los fusiladores de Dorrego, los que celebraron las invasiones inglesas de 1806 y 1807, etc etc. Y la UIA hace rato que expresa el poder económico más concentrado, ni siquiera sus popes tienen las empresas domiciliadas en Argentina (Clarín en Delaware, Techint en Luxemburgo, y son solo dos ejemplos), desde que Videla intervino y disolvió la CGE los pequeños empresarios argentinos carecen de representación, algo de culpa les cabe en ello.

Digo estas cosas porque los que afirman tales patrañas revelan su absoluta ignorancia acerca de lo que ocurre en el país, la pereza intelectual de dirigentes políticos y los “ólogos” (sociólogos, politólogos, etc) asombra e irrita, en realidad no sorprende, los primeros hace mas de cuarenta años que se han alejado de la vida, experiencias y necesidades de los argentinos, y los segundos escriben pensando más en las academias y think thanks progresistas, en ser aceptados por ellos que usan las categorías globales y por eso uno no encuentra un diagnóstico “situado” sobre nuestra patria, como canta Serrat en “Llanto al mar” “Por inconsciencia, por imprudencia, por ignorancia o por mala leche” son también responsables de la confusión e impotencia de la dirigencia actual.

(Continuará)

La locura suicida de una guerra con Irán

Por Chris Hedges

El equipo negociador a lo Laurel y Hardy compuesto por Steve Witkoff y Jared Kushner, sumado a la espantosa ignorancia de Trump sobre los asuntos internacionales y su megalomanía, parecen dispuestos a empujar a los Estados Unidos a otra debacle en Oriente Medio, una debacle que el Congreso no ha aprobado y que el público no desea.

¿EE. UU. e Irán están en guerra? - The New York Times
Manifestantes contra ataques estadounidenses contra Irán, frente a la Casa Blanca

Las exigencias impuestas a Irán por la Casa Blanca de Trump no son más aceptables para el régimen de Teherán que las impuestas a Hamás en Gaza en el marco del falso plan de paz de Trump

La exigencia de Trump de que Irán cierre su programa nuclear y renuncie a su capacidad misilística a cambio de no imponer nuevas sanciones es tan descabellada como pedir a Hamás que deponga las armas en Gaza. Pero como hace tiempo que prescindimos de diplomáticos con conocimientos lingüísticos, políticos y culturales, capaces de ponerse en el lugar de sus adversarios, nuestra nueva camarilla de bufones nos está llevando a otra guerra en Oriente Medio. Estados Unidos e Israel creen tontamente que pueden bombardear para decapitar al Gobierno iraní e instalar un régimen clientelista. No se dan cuenta de que este sistema de creencias ajeno a la realidad fracasó ya en Afganistán, Iraq y Libia.

La promesa de no imponer nuevas sanciones no incentivará a Irán a negociar un acuerdo. Irán ya está paralizado por las onerosas sanciones que han destrozado su economía. Esto no servirá para romper el estrangulamiento económico. Irán no renunciará a su programa nuclear, que tiene potencial para ser utilizado con fines bélicos, ni a su programa de misiles balísticos, que Israel ha dicho que atacará en una embestida aérea. El reputado arsenal nuclear de Israel, compuesto por unas 300 ojivas, es un poderoso incentivo para que Irán mantenga la capacidad de construir su propio arsenal nuclear. Irán, al igual que Hamás, nunca se quedará indefenso ante aquellos que buscan su aniquilación.

Un ataque aéreo contra Irán no será como el asalto de 12 días del pasado mes de junio contra las instalaciones nucleares y las instalaciones estatales y de seguridad de Irán. Entonces, Irán calibró su respuesta con ataques simbólicos contra la base aérea de Al Udeid en Qatar, con la esperanza de que no diera lugar a un conflicto más amplio y prolongado. Si se lanza un ataque aéreo, Irán no tendrá nada que perder. Entenderá que apaciguar a sus adversarios es imposible.

Estados Unidos ataca 3 sitios nucleares en Irán | CNN

Irán no es Iraq. Irán no es Afganistán. Irán no es el Líbano. Irán no es Libia. Irán no es Siria. Irán no es Yemen. Irán es el decimoséptimo país más grande del mundo, con una superficie equivalente a la de Europa Occidental. Tiene una población de casi 90 millones de habitantes, diez veces mayor que la de Israel, y sus recursos militares, así como sus alianzas con China y Rusia, lo convierten en un adversario formidable.

A pesar de la relativa debilidad militar de Irán, frente a las fuerzas combinadas de Estados Unidos e Israel, puede infligir mucho daño. Lo hará lo más rápidamente posible. Probablemente morirán cientos de soldados estadounidenses. Irán cerrará sin duda el estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento petrolero más importante del mundo, por el que pasa el 20% del suministro mundial de petróleo. Esto duplicará o triplicará el precio del petróleo y devastará la economía mundial. Atacará las instalaciones petroleras, así como los barcos y las bases militares estadounidenses en la región.

Las crecientes pérdidas y el enorme aumento de los precios del petróleo proporcionarán el combustible necesario para que Trump y su vil homólogo en Israel desencadenen una guerra regional prolongada.

Este es el precio de estar gobernados por imbéciles. Que Dios nos ayude.

*Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que ganó el Premio Pulitzer en 2002. Fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times.

Fuente: https://estrategia.la/2026/02/28/29664/

Las Camas Arden 2026

Por Christian Adrian Salazar

Año 1987, con mis 16 años amaba como hoy la música, y por supuesto el gusto musical de los 80 y 90 marco mi vida. Hoy mientras escuchaba al Grupo Australiano Midnight Oil, me interesé en adentrarme en que significado tenia la letra de su Hit “bed ar Burning” o como simplemente lo conocí en su época “Las camas arden”. Descubrí que la canción hablaba de devolver las tierras que les habían sido robadas a los indios Pintupi. Hoy con mis 54 años por un instante pude aplicar la letra de esta canción a mi querida Argentina.

Habitamos un país que esta insomne pero no por razones que sean correctas, pasamos mucho de nuestro tiempo discutiendo nombres, slogans, partidos. Nos indignamos a través de las redes, discutiendo si son culpables de nuestra desgracia aquellos que se fueron o los que llegaron después, que si es Peronismo o Anti peronismo, si debemos hablar de un estado fuerte y presente o la solución es un mercado libre de toda regulación estatal, pasamos horas en los portales digitales, consumimos horas y horas de programas de televisión, todo esto transcurre mientras nuestro país cruje y sufre en silencio.

La realidad es que mientras los argentinos, danzamos al son de la polarización partidaria, nuestras camas, las de todas nuestros hermanos y hermanas están ardiendo de desigualdad. La grieta política de la que todos hablan, no es ni mas ni menos una puesta en escena de un gran show que nos distrae. Genera un fuerte ruido que nos aturde y logra que no escuchemos lo que es importante: que la matriz productiva de nuestra riqueza es cada vez más injusta y cada vez está concentrada en unos pocos, en perjuicio de muchos.

Pero para no ser meramente un relato podríamos decir que en nuestro querido país podríamos producir alimento para 400 millones de personas, pero a hoy en la mesa de cada argentino comprar el pan y la leche es cada vez mas difícil, y quienes deciden ese precio son dos o tres empresas que nunca pierden, cualquiera sea el fenómeno económico que nos atraviese, ya se inflación o recesión y cuanta definición se haya creado para explicar los ciclos económicos, ellos nunca pierden.

Nos pasamos el día analizando el comportamiento del dólar, si se tienen la cantidad de esta moneda para afrontar los compromisos que vienen, pero se nos pasa por alto y seguramente la mayoría ignora que esos dólares son el fruto de nuestra riqueza , de la industria, se fugan con una rapidez que resulta imperceptible hacia paraísos fiscales, endeudando cada vez mas a nuestro país, y adivinen quien como siempre paga el festival: Los trabajadores.

Nos entretenemos con una discusión si se debe subsidiar las tarifas de energía, pero al mismo tiempo dejamos pasar que un grupo chico de empresas dolarizan las tarifas, hacen fortunas y de paso no invierten ,¡ espero terminar sin que se me corte la luz.

En esta y otras razones esta el incendio, ese que quema nuestras camas.

Acá no es la cosa de radicales Vs peronistas. De los Cámpora contra los libertarios, esa pelea es la que se ve, como la punta de un iceberg, pero como en toda mole de hielo bajo la superficie hay un gran pedazo de hielo, en nuestro caso la cuestión de fondo, y es la de quien se apropia del esfuerzo colectivo de los argentinos.

Nos dividimos en la discusión y todo parece que gira solo en la corrupción que se le puede achacar a cada sector, de los ineptos y faltos de liderazgos de pueden ser los partidos, pero no es común que la discusión ronde a los grandes grupos económicos, y como decía la canción “bailando mientras la tierra gira” ignoramos que ese grupo de los mas ricos se lleva una porción mas grande, por no decir nos birla obscenamente y cuan teoría del derrame, lo que cae no es riqueza, son migajas, y ahí se da la otra batalla la clases medias y las bajas se enfrentan por ellas, en síntesis la lucha de pobres contra pobres, de laburantes un poco mas beneficiados con los no tan agraciados, pero en síntesis todos son pobres.

Que es necesario que dejemos de mirar la bandera, el color, la facción, o sector político, y adentrémonos en el verdadero problema, bastaría con observar balances o resultados económicos de las empresas que históricamente dominaron nuestro país, por que como dice Midnight Oil “ ha llegado el momento de decir que lo justo es justo” y en la Argentina no se construye Justicia en las urnas, al ganar una elección, la verdadera justicia es lograr que quien gobierne priorice la distribución de la riqueza, esa que dia a dia generamos los argentinos y argentinas “de bien”.

Solo debemos entender que ya no importa quien gobierne la Argentina, quien duerma en la casa Rosada, sino logramos resolver estos problemas, las camas de los argentinos seguirán ardiendo.

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