11 de junio de 1580: Juan de Garay funda Buenos Aires*


Desde el fallido intento de Pedro de Mendoza, que no pasó de tener vida más que cuatro o cinco años –entre 1536 y 1541− , la Corona tardaría cuarenta años en concretar la tan necesaria repoblación de Buenos Aires.

El reclutamiento de voluntarios para la refundación de Buenos Aires se pregonó en Asunción del Paraguay –fundada en 1537− y en Santa Fe –que databa de 1573-. Para atraer pobladores, Garay ofreció todo tipo de beneficios: mercedes de tierra, encomiendas de indios y aprovechamiento del ganado caballar existente a quienes “por su cuenta y minción” fueran a poblar el puerto rioplatense con sus familias, ganado, armamento y aperos de labranza. Dada la sabida carencia de tribus agricultoras que aseguraran el sustento, Garay reconoció –en términos concretos– solo la propiedad de los caballos mostrencos, única posibilidad económica real, aunque resultara evidentemente precaria.

Mucho más que 65 fudadores


Se suele decir que a Buenos Aires la fundaron 65 personas pero hay en eso un error, que es el de considerar solo a quienes, según la Corona, eran personas con todos los derechos. El contingente que partió de Asunción el 5 de marzo y realizó la travesía fue ampliamente superior a doscientas personas a las que hay que agregar las que se sumaron o desertaron en el trayecto. Tras pasar por Santa Fe, aquellos 65 individuos “propietarios” y sus acompañantes llegaron a las costas del Río de la Plata. De este grupo de “agraciados”, solo diez eran peninsulares y una de ellos, Ana Díaz, la única mujer mayor y soltera. El resto, aproximadamente 50 hombres, eran “mancebos de la tierra” nativos del Paraguay, que, por lo general, conocían y hablaban el castellano y el guaraní. Sus esposas e hijos, que por entonces no se contaban como pobladores, permiten elevar la cifra de fundadores a una centena, por lo cual también resulta un error común afirmar que la “única mujer” fue Ana Díaz: ella era la única viuda o soltera mayor de 25 años, vecina por derecho propio.
El contingente se completó con unos 200 guaraníes, muchos de ellos trasladados también con sus familias. El ganado, unos 300 vacunos y bueyes arrastrando carretas, custodiado por dieciocho soldados, fue traído por tierra. Los restantes expedicionarios llegaron por barco, mientras que los bastimentos (suministros y provisiones) y caballos lo hicieron en cuarenta balsas y numerosas canoas.


La Santísima Trinidad, con San Martín como patrono.


El 29 de mayo, día de la Santísima Trinidad, los navegantes arribaron a la antigua boca del Riachuelo, cerca de la actual calle Hipólito Yrigoyen, detrás de la Casa Rosada. Tuvieron que esperar más de una semana el arribo de la expedición terrestre.
Plantada una cruz en el sitio que se asignó para Iglesia Mayor, luego de que Garay designara a los alcaldes y éstos juraran debidamente, se enarboló un palo por Rollo “para que sirva de árbol de justicia” y Garay mandó que ninguna persona “sea osada de lo quitar vatir ni mudar so pena de muerte”. Representando al adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón y en cumplimiento de lo acordado con el Rey, “en nombre de Su Majestad tomava e tomo posesión de la dicha ciudad e de todas estas provincias leste ueste norte sur” y en prueba de ello, tomó su espada, cortó hierbas y tiró cuchilladas. Preguntó entonces si alguno lo contradecía. Como nadie contestó, dio por terminado el acto.


Aquel 11 de junio de 1580 quedó de este modo fundada el nuevo poblado. Esta vez la futura población fue bautizada con el nombre de “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires”. El reparto de solares, chacras y suertes de estancias no se realizó sino hasta fines de octubre. Se estima que, junto con el trazado de los cuarteles y manzanas y el recorrido de las calles, se dio origen, ese mismo año, a la calle más antigua y larga, llamada por su fundador el “Camino de Santa Fe”, de un trazado paralelo al río y que no es otra que la conocida avenida homónima de Capital conocida hace unas décadas como “la gran vía del Norte”.


Conforme a las disposiciones reales, la ciudad contaría con ciento treinta y cinco manzanas de 140 varas por lado y calles de 11 varas de ancho, dentro de un rectángulo de quince manzanas de frente al Este, sobre la barranca del río, por un fondo de nueve cuadras al Oeste. Tendría un ejido de cinco manzanas −un campo común de todos los vecinos para labranza y establecimiento de las eras−, ubicado entre las actuales Viamonte y Arenales, por una legua de largo. Para atender las tareas portuarias se estableció un segundo ejido sobre la barranca, paralelo al río, desde la altura de 25 de Mayo-Balcarce y entre la avenida Belgrano y Bartolomé Mitre.

A pesar de ser minoría notable, los españoles peninsulares ocuparon la mayoría de los cargos; solo dos de ellos, un regidor y el procurador, eran americanos.
Por sorteo realizado el 20 de octubre de 1580 quedó designado como patrono de la Ciudad San Martín de Tours. Se dice que el sorteo se realizó tres veces porque a todos les disgustó que, al sacar los papeles de un sombrero, saliera elegido un santo extranjero. Pero el nombre de San Martín salió tres veces seguidas y Garay debió aceptar su suerte. Era la de una tercera revelación…


“Abrir las puerta de la tierra”


La segunda fundación de Buenos Aires, concretada por Juan de Garay a nombre de Torres de Vera y Aragón, consolidó el proyecto dinamizado desde el Plata, e hizo realidad aquella máxima acuñada por el propio Garay de “abrir las puertas de la tierra” para un inmenso territorio, con un puerto cercano al mar. Permitió así la emancipación del “Río de la Plata” respecto del Perú aunque, formalmente, el territorio sería por mucho tiempo parte de su Virreinato.

En 1588, el mismo Juan Torres de Vera y Aragón fundó Corrientes y, de ese modo, la línea de asentamientos sobre el Paraná –Buenos Aires-Santa Fe-Corrientes-Asunción– aseguró una presencia continua en el Litoral, puntos de defensa encadenados para enfrentar la ambición portuguesa y asegurando una línea de transporte fluvial rápida y eficaz.
Por su parte, Santa Fe, la ciudad que Garay sentía como propia, será durante mucho tiempo más importante que Buenos Aires. Funcionaba como puerto de comunicación del Paraguay con el Tucumán y logró la más importante producción agropecuaria del Litoral. Cuando se instalen las misiones jesuíticas, la procuraduría –los responsables de administrar y comerciar excedentes económicos como los de yerba y madera a las zonas mineras– se ubicará también en Santa Fe, en línea directa con Córdoba la ciudad geopolíticamente más crucial.


Nuevos Aires.


Otro es el “país” que encuentra Garay respecto de aquel “puerto del hambre” de pésima fama abandonado hacía cuarenta años por los últimos pobladores llegados con Pedro de Mendoza. El campo aparecía “brioso”, cubierto por “más de ochenta mil cabezas de caballos, yeguas y potros”; y los indios que antes eran “tan ligeros que alcanzaban un venado por pies”, los boleaban ahora de a caballo. Dos generaciones habían alcanzado para convertirlos en diestros jinetes. Cuando el poblador nativo saltó sobre el caballo, desprendiendo sus plantas del suelo vivió una transformación decisiva, revolucionaria para su vida. Por un lado, dispuso de la carne de potro, que se convertirá en su alimento preferido y, por otro, le facilitó la caza de venados, gamas, guanacos y avestruces, que quedaron “a su merced”. Además, la abundancia de pieles proporcionó relativo bienestar a su existencia. Finalmente, la distancia, un escollo insalvable hasta entonces −como si se tratara de autopistas modernas− “se redujo a cuestión de tiempo”, como dice Maud de Ridder de Zemborain.
El indio de las pampas contó con un elemento de transporte para trasladar a grandes distancias a su familia, el toldo que constituía su morada y llevar pesos considerables. “No hubo ya lugar del territorio para él inaccesible: lanzose a la llanura, cruzó ríos y torrentes, se internó en las travesías, penetró en la cordillera por los pasos del Sur y hacia Oriente llegó hasta donde concluía la tierra y contempló el mar. Tomó posesión plena del desierto, y entabló relación con sus semejantes –comerció con pueblos distantes− y pudo “visitar a los cristianos de otras poblaciones” como Córdoba, Tucumán o Mendoza” y vio “a las mujeres blancas”.
Como dijimos antes, Garay repartió los indios del lugar entre los fundadores, como si fueran propiedad privada suya y del Rey, “en alguna recompensa de todos los gastos y trabajos que han tenido en la dicha población”. Pero “por lo poco que se podía hacer con ellos” no resultó un beneficio muy fructífero. Cada encomienda implicaba un cacique con su tribu. Solo dos de estas encomiendas subsistieron algunos años, las de los caciques Tubichaminí y Bagual. “Del primero –recuerda Maud de Ridder−, queda su recuerdo en un río del departamento de Magdalena, y del segundo su nombre pasó a identificar un caballo a su semejanza ‘bravo e indómito’, pues este cacique, harto un día “’del rigor de sus amos’, se alzó con su tribu galopando libre por la pampa abierta”. Algo nos dejó su espíritu indómito: hoy se llama bagual al caballo redomón.

*Nota tomada de LaNueva.com

La emergencia económica y financiera de la Ciudad.

El Poder Ejecutivo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires presentó a la Legislatura porteña un proyecto de ley de emergencia económica y financiera que abrió un amplio debate entre las fuerzas políticas de la ciudad, especialmente en cuanto a la modificación de la distribución del gasto en cuanto a programas, la revision de compras y contrataciones y la posibilidad de escalonar o diferir el pago de salarios. La emergencia deja al descubierto el orden de prioridades de la gestión.

En el mismo artículo 1 del proyecto, el gobierno declara en emergencia la situación económica y financiera de la ciudad hasta el 31 de diciembre del presente año y luego aclara su aplicación a todos los poderes del estado, incluyendo a las comunas, organismos descentralizados, entidades autárquicas, empresas y sociedades del Estado y las sociedades con participación estatal mayoritaria; siempre de la ciudad por supuesto.

En concreto, el poder ejecutivo propone modificar la distribución funcional, económica y por objeto del gasto hasta el 5 % del total del presupuesto asignado a cada órgano, autorizando al ejecutivo incluso a incrementar los gastos corrientes en detrimento de los gastos de capital, para reforzar las acciones inherentes a la emergencia sanitaria. Pudiendo incluso suspender y/o postergar la ejecución de programas creados por leyes específicas; quedando solo expresamente excluidos de esta emergencia los programas que tengan dentro de sus objetivos el otorgamiento de beneficios sociales a través de subsidios, ayudas o transferencias de cualquier tipo, a personas humanas.

Lo cierto es que resulta tan amplia la capacidad del ejecutivo de redistribuir el presupuesto, que no parece estar en claro cuales son los programas sobre los cuales tiene puesta la vista para efectuar el redireccionamiento, lo cual puede ser peligroso si proyectamos el escenario postpandemia.

Pensemos que el proyecto declara la emergencia hasta el 31 de diciembre, por lo que la redirección presupuestaria puede significar que de aquí a fin de año queden reducidos a cero programas enteros que luego de la crisis coyuntural, puedan ser necesarios para ejecutar; mucho mas considerando que no esta claro en lo inmediato el tiempo que conllevará el tratamiento sanitario del coronavirus y ni siquiera la continuidad del aislamiento.

En este punto entiendo que el ejecutivo debería ser muchísimo mas preciso en determinar aquellos programas sobre los que podría aplicar la propuesta; como así también debería considerar los ahorros presupuestarios producidos consecuencia del aislamiento y la detección económica.

Sí comparto, lo previsto en el capitulo IV en cuanto a la revisión de los procesos, incluso aquellos que se encuentren en trámite, referentes a compras y contrataciones de bienes, suministros, obra pública, de concesiones y de permisos celebrados con anterioridad a la entrada en vigencia de esta propuesta.

Ello implica revisar los cánones que hoy la ciudad abona por servicios, incluso alguno de ellos que se encuentran suspendidos en su ejecución o a proveedores por bienes o suministros que pueden evitarse en el marco de la emergencia, aun teniendo contratos en curso. Tambien esto podría ser una oportunidad, para evitar el gasto de concesión del servicio de subterráneos de buenos aires, asumiendo el estado porteño la administración y operación del servicio.

Diferente es el criterio a tener en cuenta con relación a las contrataciones de servicios, entre las cuales se pueden considerar las prestaciones del personal “contratado” en la administración central o descentralizada, puesto que esta incorporación, sin salvedad alguna, puede incluirlos dentro del paquete de revision.

Con relación a las facultades que solicita el poder ejecutivo en materia de regulación de ingresos tributarios; vuelvo sobre lo planteado en el epígrafe de esta opinion, considerando que las propuestas realizadas van dirigidas a favor de los contribuyentes con capacidad de pago de los tributos empadronados, a quienes se les propone un descuento por el pago anticipado de las cuotas con vencimiento en el segundo semestre del período fiscal 2020; pero no están dirigidos a quienes como consecuencia de la retracción económica producida en virtud del aislamiento, se encuentran dificultados en abonar esas tasas fiscales.

Esta bien que se habilite la posibilidad de adelantar el pago de las cuotas a vencer, podría ser una alternativa para los contribuyentes que lo puedan abonar de manera anticipada evitándose futuros aumentos en virtud de la evolución inflacionaria una vez vuelta a la normalidad; pero sería mas adecuado plantear, que mientras dure el aislamiento social obligatorio y sectores productivos se encuentren paralizados, se congelen los aumentos previstos en el presupuesto 2020 para estos gravámenes; de manera que aquellos que se encuentran con el agua al cuello por la inactividad tengan posibilidad de abonarlos.

Lo mismo ocurre con el anticipo tributario extraordinario de los Ingresos Brutos; el cual, en este caso, puede resultar una solución o alternativa a los sectores empresariales mas importantes, pero no se trata de un beneficio para el pequeño comerciante o Pyme sin actividad que no va a estar en condiciones económicas de anticipar períodos para el ejercicio 2021.

En este último caso, siendo una propuesta que favorece a las empresas mas importantes, y mas alla de ser una alternativa de recaudación fiscal en medio de esta crisis para la ciudad; podría plantearse que las empresas que se adhieran se comprometan a no presentarse en procedimiento de crisis durante este período y a no suspender personal o reducirles el salario salvo acuerdo paritario específico.

Fuera de estas disquisiones, comparto lo previsto en el artículo 10 del proyecto en relación a las medidas cautelares y/o ejecutorias en los procedimientos fiscales.

Un párrafo aparte merece lo indicado en el Capitulo V del proyecto puesto a consideración del legislativo. En este punto en particular lo que resulta de especial atención es lo previsto en los artículos 17 y 19 en cuanto a la prohibición de instrumentar retribuciones extraordinarias, bonificaciones, premios, incentivos o suplementos salariales en dinero, o especie hasta el 31 de diciembre, a los trabajadores públicos de la ciudad (ejecutivo, legislativo, judicial, órganos autárquicos y autónomos y empresas mencionadas arriba); incluyendo la posibilidad de establecer un cronograma de pago escalonado y/o diferido de los haberes de las nóminas salariales.

En este punto en particular adelanto desde ya mi mas profundo rechazo a estas propuestas realizadas por el ejecutivo de la ciudad toda vez que vuelve a equivocar la prioridad del gasto y del destino de los recursos esenciales del estado. Si hay una prioridad, en el marco de la presente crisis, esta debe dirigirse a los salarios de los trabajadores que deben percibir en su integralidad los haberes, siendo ellos los que se han puesto al frente de la atención, el cuidado y el funcionamiento del Estado en medio de esta coyuntura.

Fueron los trabajadores públicos los que garantizaron el funcionamiento esencial de los organismos declarados como tal, los que garantizaron la presencia pública, los que desde sus casas también mantuvieron el trabajo a distancia para que se den respuestas a la comunidad. Si hace dos semanas se autorizó el endeudamiento del Estado de la ciudad en U$S 150.000.000, esos recursos deben garantizar el cumplimiento de las obligaciones salariales del Estado empleador con sus trabajadores y sino debería permitirse endeudarse para ello.

En definitiva la intangibilidad de los salarios también deben respetarse, y no queda claro de la redacción de los artículos, si aquellos beneficios, o incrementos salariales acordados en paritarias o a acordarse en esa instancia pueden ser racionalizados. El ajuste en consecuencia no puede hacerse a costa de los trabajadores quienes ya bastante vienen sacrificando su poder adquisitivo en la actualidad.

Porque además, si bien el ejecutivo ya anunció de palabra que liquidará los salarios en tiempo y forma, lo cierto es que esta propuesta abre la posibilidad de que en el futuro (de aquí a diciembre) pueda escalonar o diferenciar los pagos salariales, e incluso, le da el fundamento que la legislatura de la ciudad y todas las fuerzas políticas que la integran, avalan dicha medida restrictiva de los derechos de los trabajadores.

Con todo esto, espero aportar un poco de claridad en un debate legislativo, pero que expresa claramente un sentido de prioridad en la toma de las decisiones públicas.

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