Memoria/Historia, Verdad y Justicia

 Por Omar Auton

Voy a embarcarme en una temática difícil pero necesaria, difícil porque cada vez que alguien quiere comprometerse en el imprescindible debate acerca del rol de las organizaciones clandestinas armadas, hasta 1976, comienza la vocinglería de los que han armado su propio relato, algunos ingenuamente o bien intencionados, por mala o parcial información y otros porque han podido vivir, dando charlas, publicando libros, asesorando gobiernos, siempre ejerciendo el rol de “guardianes de la memoria” o sea, han construido una industria que les ha permitido vivir con bastante holgura y por sobre todo manteniendo vivo su antiperonismo, su odio visceral a Juan Domingo Perón, inclusive a partir del endiosamiento a Eva Perón como figura mítica y verdadera revolucionaria para confrontarla con él, traidor, fascista y encima “milico” Juan Perón. 

   El escritor español Javier Cercas en su libro “El Impostor” (calidad aplicable a muchos de estos pensionados de los años 70) se pregunta ¿Que es la industria de la memoria?, un negocio, ¿Que produce este negocio? un sucedáneo, un abaratamiento, una prostitución de la memoria, también de la historia, porque en tiempos de memoria, esta ocupa, en gran parte el lugar de la historia. O dicho de otro modo: la industria de la memoria es a la historia auténtica lo que la industria del entretenimiento al auténtico arte…porque la historia deben hacerla los historiadores no los políticos y la memoria la hace cada uno.”.

   Con menor dureza el Indio Solari decía hace unos años que la memoria no es confiable, uno no recuerda exactamente, fielmente, lo acontecido, a medida que pasan los años nuestra memoria nos juega malas pasadas, modifica hechos para hacerlos más tolerables, justifica egoísmos o transforma fracasos en heroicos intentos semi exitosos. Cuando uno no ha participado de los acontecimientos en análisis, los describe según lo ha recibido de otros (prensa, actores de las cuestiones analizadas) y esas fuentes suelen tener el color de nuestro agrado, si los ha vivido juegan los factores anteriores, además entran a jugar los intereses propios y/o de grupo.

   Según Gieco “Todo está grabado en la memoria”, sin embargo esa “memoria” difícilmente contenga la descripción real, honesta y completa de los sucesos, aún con absoluta honestidad y buenas intenciones, siempre está la pelea entre lo que en realidad pasó y lo que sentí que pasó o deseé que hubiera ocurrido, Ni que hablar cuando esa memoria se transforma en “historia”, es decir se “oficializa” como verdad histórica.

   Para comprender el origen social de estos grupos de los años setenta vamos a tener que hacer un poco de historia, el primer grupo de civiles armados que desde la clandestinidad intentó derrocar a un gobierno fueron los autodenominados “Comandos Civiles” que primero intentaron asesinar a Perón y luego se sumaron al alzamiento militar. Estos hijos de la clase media alta y aristocracia porteña y en particular de Córdoba, estudiantes universitarios laicos y grupos confesionales, provenientes de la Unión Cívica Radical, del conservadurismo o la incipiente Democracia Cristiana, asesinaron policías que estaban asignados en alguna calle o como consignas, pusieron bombas, practicando el más crudo terrorismo para desestabilizar al gobierno justicialista. En uno de sus intentos de magnicidio más ambicioso, asesinar a Perón cuando se dirigiera a la Casa de Gobierno, participó Diego Muñiz Barreto, luego cuadro de conducción de Montoneros y diputado nacional de la Tendencia, el compañero y amigo Aldo Duzdevich ha escrito profusamente sobre esto y a su lectura encomiendo al que quiera profundizar.

   Recordemos que si definimos como “Terrorismo” el asesinar policías, poner bombas, como hizo Roque Carranza en 1953 o intentar asesinar funcionarios de gobierno o al mismísimo presidente esa calificación no puede cambiar cuando dichas acciones las llevan adelante hombres y mujeres afines políticamente contra gobiernos de un signo contrario al nuestro.

A la caída de Perón y en los 18 años de proscripción, el peronismo desarrolló actos de terrorismo en fábricas, metiendo “caños”, pero mostró un respeto casi suicida por las vidas ajenas, tanto así que muchas veces sus militantes murieron o fueron heridos y detenidos por evitar muertes, incluso de las fuerzas policiales, jamás cometió atentados explosivos contra personas o asesinó deliberadamente figuras del “gorilismo” gobernante, tanto de los militares golpistas como de gobiernos civiles fraudulentos, ya que habían llegado gracias a la proscripción de Perón y del Partido Justicialista.

   En los años 60 se producen acontecimientos que van a incidir en la política local, en primer lugar las crecientes luchas de los pueblos coloniales y semicoloniales para desembarazarse de las potencias dominantes, Argelia, Egipto, China fueron revoluciones triunfantes que mostraron que la victoria era posible, la lucha de los “barbudos” en Cuba que acaudillados por Fidel Castro toman el poder en 1959, derrocando a la infame dictadura de Fulgencio Batista, conmocionó a los jóvenes y a los revolucionarios de toda Hispanoamérica.

   En esos mismos años el Concilio Ecuménico II, impulsado por Juan XXIII y llevado a cabo por Paulo VI, provocó otro terremoto, en este caso en la Iglesia católica, convocando a una iglesia junto al pueblo, denunciando la injusticia y desplazando a la filosofía por la cultura como instrumento de evangelización y difusión del mensaje de Dios, lo que obligaba a sumergirse en el conocimiento de las distintas culturas y realidades históricas. Esto llega a América en la reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Medellín donde nace la llamada Teología de la Liberación.

   En la Argentina, se sucedían los gobiernos militares y civiles, los sectores medios comenzaban a expresar su disgusto ante las crecientes dificultades económicas, los trabajadores continuaban en su lucha por defender sus derechos y recuperar la democracia plena con el retorno de Perón, exiliado en España, y las elecciones sin proscripciones.

   En 1966 un nuevo golpe entroniza en el poder a Juan Carlos Onganía, militar de escasas ideas y gran megalomanía, ya imbuido de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la que habían sido instruidas nuestras Fuerzas Armadas, no por EE.UU como se afirma, sino por los militares franceses derrotados en Argelia e Indochina, que de regreso a Francia intentan derrocar a De Gaulle o asesinarlo, fracasan y se emplean como instructores de la “Lucha contra el comunismo” en nuestras tierras.

   Ellos son los que traen las ideas de la “guerra sucia”, el secuestro, asesinato y “desaparición” de “el enemigo marxista”, metiendo en esa bolsa a todos los luchadores por la emancipación de sus patrias, la Escuela de las Américas es su continuación, pero no el origen del terrorismo de Estado.

   Onganía, decide eliminar todo foco de “adoctrinamiento marxista” y pone sus ojos en las universidades, en particular en la UBA que si bien era verdad que había sido conducida por hombres como Romero o Risieri Frondizi, profesantes de un liberalismo de izquierda o un marxismo “académico”, en realidad lo que representaba era un bastión antiperonista, que había sido “depurado” de profesores y auxiliares seguidores del “tirano depuesto”, era llamada la “Isla Democrática”, ya que en sus claustros se podía leer a Marx, Engels o sus epígonos, mientras fuera de ella se perseguía, encarcelaba y torturaba a los peronistas.

   Obtuso como era, Onganía lanzó una brutal represión en la famosa “Noche de los Bastones Largos”, apaleando docentes y estudiantes y lanzando al exilio una generación de los mejores científicos, investigadores, filósofos, producida en el país.

   Rotas las ilusiones que expulsado el peronismo, la Argentina volvería a la arcadia de antaño para los sectores medios, destruidas sus ilusiones “democráticas” de una universidad autónoma y ajena a las desdichas del pueblo que la sostenía con sus impuestos, un sector importante empieza a mirar con interés las luchas revolucionarias de otras tierras, los militantes de grupos católicos comienzan a escuchar a los “Sacerdotes del Tercer Mundo” y se conmueven con la muerte en el monte de Camilo Torres, sacerdote colombiano que había renunciado a los hábitos y se enroló en un grupo guerrillero formado al uso del modelo cubano.

   En estos años aparecen los primeros intentos de constituir un “foco” guerrillero en Argentina, en 1963, en Orán, Salta, aparece el autodenominado Ejército Guerrillero de los Pobres, conducido por Jorge Masetti, que pretendía abrir un frente que sirviera de apoyo al desembarco del Che Guevara en Bolivia, fue destruido rápidamente por la gendarmería y su jefe, supuestamente, se internó en la selva y nunca se supo más de él.

   Masetti, había seguido al grupo guerrillero cubano en Sierra Maestra, a pedido de Guevara fundó Prensa Latina, la agencia oficial de noticias cubana, donde trabajaron, entre otros, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo, enfrentado con el creciente avance del partido Comunista, que no había participado de la lucha pero comenzó a ocupar espacios luego que Castro adscribe al marxismo y sella su alianza con la URSS, renuncia a su cargo en 1962, en esos años también el Che, cuestiona la intromisión de estos sectores y comienza a preparar su salida de Cuba.

   Aquí cabe mencionar un debate que se dio en esos años, Guevara en un reportaje al “Monthly Review” adelanta su visión del camino hacia la revolución latinoamericana, afirma “Faltaron en América condiciones subjetivas, de las cuales una de las más importantes es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente al poder imperialista y sus aliados internos. Estas condiciones se crean mediante la lucha armada…y de la derrota del ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento…apuntando desde ya que las condiciones se completan mediante el ejercicio de la lucha armada, tenemos que explicar que el escenario, una vez más, de esta lucha, es el campo y que, desde el campo, un ejército campesino…tomará las ciudades” (1) un recetario completo, un solo camino La lucha armada, un solo lugar El Campo y un solo actor El campesinado.

   Esta visión fue consagrada por Fidel Castro y transformada en manual por Regis Debray, incluso la Constitución cubana establece la lucha armada como único camino a la revolución y el socialismo.

   La Revolución cubana no triunfó por este recetario, El Granma, yate en el que viajaron los 82 revolucionarios encalló cuando llegó a la playa, fueron emboscados por las fuerzas de Batista y solo sobrevivieron 15, imaginar que con esta fuerza podían derrotar a las fuerzas de Batista, más allá que este ni siquiera tenía más que una guardia nacional armada con fusiles de fines del siglo XIX, suena muy romántico, pero es un dislate.

   El triunfo de la revolución cubana habría sido imposible sin el trabajo de Frank País, un joven dirigente estudiantil reformista y maestro, que organizó las fuerzas del Movimiento 26 de Julio en las principales ciudades de Cuba y cuyo asesinato por la policía en Santiago de Cuba en julio de 1957, disparó una rebelión popular sobre la cual se monta el grupo guerrillero para obtener la victoria, el que duda de lo que afirmo, que vaya a la Habana, al Museo de la Revolución y vea con sus propios ojos la relevancia que tiene esta figura, dicho sea de paso el Partido Comunista Cubano nunca apoyó ni a Pais ni a Fidel, recién desembarca en la Revolución triunfante, cuando el bloqueo y la agresión de los EE.UU deja a Cuba aislada y se ve obligada a caer en el abrazo de la URSS, de ahí el rechazo de Masetti y del propio Guevara, especialmente después de lo que consideraron la “traición” de Moscú en 1962, con la crisis de los misiles.

   Dediqué este largo párrafo para que podamos comprender dos hechos fundamentales:

1) La influencia de Cuba en establecer la lucha armada como único camino hacia el cambio de estructuras, en su necesidad que las revoluciones, que se producirían, en América continental evitarían el aislamiento de la isla del Caribe, el fracaso de esta estrategia provocó no sólo la aparición de la URSS como aliada única, sino la muerte de miles de militantes desde el Río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes.

2) El apresuramiento desesperado de Guevara por generar procesos revolucionarios, primero en África, con el fracaso estrepitoso en el Congo y luego en Bolivia, intentando una revolución campesina en el único país de América del Sur que había hecho, en 1958, una revolución que no sólo había derrotado al ejército y lo había disuelto sino había llevado adelante una reforma agraria.

   Volviendo a nuestro país, la idea de encarar la lucha armada surge de tres hechos centrales:

1) El fracaso del intento de golpe militar, primero con Juan José Valle y luego con Iñíguez, para lograr el retorno de Perón, reprimidos sangrientamente, incluso con el asesinato de civiles.

2) El fracaso del intento de regreso de Perón en 1964, frustrado por la alianza del gobierno fraudulento de Arturo Illia con la dictadura brasileña, que detuvo el avión en Río de Janeiro y obligó al líder argentino a regresar a España.

3) La anulación de las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, en marzo de 1962, en las cuáles el dirigente sindical peronista Andrés Framini logra el 42,22% de los votos, obteniendo el triunfo.

   Los militantes peronistas habían llegado a la conclusión que era imposible terminar con la proscripción si no era por la violencia revolucionaria, Cuba parecía enseñar el camino, y aparecen intentos como el Ejército de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación, más conocido como Uturuncos en 1959, nacidos en Santiago del Estero, donde llegaron a tomar el cuartel policial de Frías, conducidos por Enrique Manuel Mena, quién fue detenido en Tucumán junto al reducido grupo de jóvenes que lo acompañaba,

   En 1968 aparecen las Fuerzas Armadas Peronistas conducidas por Envar el Kadri, e integradas por una mujer, Amanda Peralta y otros doce jóvenes, que se instalan en Taco Ralo, Tucumán, que son apresados rápidamente en un intento de entrenamiento, por haber sido denunciados por los vecinos de la zona creyendo que se trataba de contrabandistas.

   Es bueno señalar que en esos años había sido creada la Juventud Peronista, con figuras inolvidables como Gustavo Rearte, Carlos Caride, Jorge Rulli, Envar el Kadri, Susana Valle. Felipe Vallese, Héctor Spina, en 1960 habían producido una acción, el ataque a una guardia de la aeronáutica en Ciudad Evita, firmada como Ejército Peronista de Liberación Nacional, estos grupos no se conforman con jóvenes universitarios de clase media como ocurre a partir de los 70, casi todos ellos son obreros y muchos activistas sindicales, familiarizados con la acción directa que podía ir desde pegar fotos de Perón y Evita en Corrientes y Esmeralda para esperar que alguno las arrancara y tomarse a trompadas, hasta poner un caño en una vía del tren o un sabotaje fabril.

   Es que entre 1955 y 1970, el peronismo recurrió a todas las formas de lucha posible para poner fin a la Fusiladora, primero, y a los gobiernos civiles fraudulentos, muchos de sus dirigentes fueron asesinados, detenidos y torturados salvajemente e incluso “Desaparecidos” como Vallese, obrero metalúrgico, delegado en la fábrica TEA, en Caracas 940 del barrio de Flores y que al momento de su secuestro tenía 22 años, jamás fue encontrado aunque con los años se supo que fue secuestrado por la Policía Federal, conducido a la Comisaría Primera de San Martín, donde fue torturado por varios días y trasladado a Villa Lynch donde continuaron los tormentos. Se supone que buscaban a Gustavo Rearte.

   Remarco el carácter de trabajadores, sindicalistas y militantes de la Juventud Peronista, porque no se trataba de Grupos de Vanguardia ni pretendían hacer ninguna revolución socialista o tomar el poder ellos para conducir un proceso revolucionario, eran militantes peronistas que solo buscaban el regreso de Perón a la Argentina y que hubiera elecciones libres, sin proscripciones, para que el pueblo pudiera elegir a quién deseara, que el peronismo pudiera ser legalizado y organizarse, en definitiva, recuperar una auténtica democracia, seguros que con ella y habiendo elecciones limpias el peronismo era imbatible, solo deseaban retomar el camino de la Revolución Peronista, detenido por el golpe gorila y criminal encabezado por Aramburu y Rojas, impulsado por la oligarquía y las fuerzas políticas que la representaban, la UCR, el Socialismo, el Partido Conservador, el Partido Demócrata Cristiano, la cúpula de la iglesia católica argentina y Gran Bretaña.

   En esos años se había producido lo que se llamó el proceso de nacionalización de las clases medias, esto es, sacudidos por la crisis económica, el reaccionarismo medieval de las fuerzas armadas y cierto profesorado y los sucesos ya citados de las luchas por la liberación en el Tercer Mundo, gran parte de esa generación, nacida en los años del peronismo, comienza a revisar la historia reciente y a cuestionar el rol de sus padres, muchos de ellos antiperonistas, rompiendo con la versión oficial de la “Segunda Tiranía”, los trabajadores industriales, que seguían siendo el sector más dinámico de la política argentina, se encuentran con una juventud universitaria que se desplaza hacia el campo nacional, comienzan a circular entre estos últimos, los libros de Jauretche, Scalabrini Ortiz, Ramos, Hernández Arregui, José M. Rosa, Fermín Chávez, de ahí el concepto de nacionalización, las ideas y categorías de los países dominantes comienzan a ser desplazados por otras, nacidas aquí o en países en lucha por su liberación.

   Esta llamada Alianza Plebeya, por los sectores sociales que la componen, estalla en 1969, sale a la calle, enfrenta al onganiato en Corrientes, Rosario, Tucumán y muy especialmente en el Cordobazo pone en crisis a la Argentina de la contrarrevolución oligárquica.

   En ninguna de esas luchas encontraremos a los partidos de izquierda y ultraizquierda, menos a los futuros integrantes de las organizaciones armadas, en la provincia de Córdoba los trabajadores salieron con sus dirigentes como Elpidio Torres (Smata), Atilio López (UTA) todos ellos alineados con el vandorismo y los estudiantes por el integralismo, sector nacido en la provincia mediterránea.

(1) “La lucha por un partido revolucionario”; Jorge Abelardo Ramos; Ediciones Pampa y Cielo; Buenos Aires; 1964 

Fuentes Seguras. Un hueso duro de roer

Los 12 días y sus objetivos. Israel, Irán, EEUU, Rusia, China. Davos y OTAN vs Multipolares. Los argumentos de los «agredidos». Las perspectivas silenciosas e intensas de los que necesitan la paz.

Por Gabriel Fernández *

Los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acordaron este miércoles, durante la cumbre que celebran en La Haya, el aumento del gasto en Defensa hasta alcanzar el 5 % del PBI de cada Estado. Desde ya que la presentación de la iniciativa estuvo articulada a partir de la inferencia de tremendos desafíos estimulados por naciones multipolares. A lo largo de la reunión, volvió a quedar claro que la mayor parte de los dirigentes allí congregados, responden a los mismos intereses que vienen damnificando la situación del Viejo Continente; no a sus pueblos.

Esas jefaturas, que nada dijeron cuando una operación norteamericano noruega destruyó el gasoducto Nord Stream, generando dificultades de aprovisionamiento energético sin precedentes, ahora se manifiestan atemorizadas por ataques improbables de las potencias euroasiáticas y asiáticas cuyos modelos necesitan de la convivencia pacífica para el propio desarrollo. Esas jefaturas, que barren bajo la alfombra los crímenes israelíes en Asia occidental, fundamentan su acción pro bélica, además, en la calificación de los emergentes como autocracias riesgosas para la democracia.

La administración norteamericana, hondamente penetrada por el atlantismo, las corporaciones financieras y armamentísticas y los agentes coordinados por la City londinense, no logra orientar el país en sentido productivo; afronta diariamente boicots internos destinados a generar guerras y conflictos donde fuere y como fuere para desarticular las escasas opciones que posee para frenar un camino ruinoso. Esto explica las continuas consultas realizadas entre Trump y sus colegas – adversarios Vladimir Putin y Xi Jingpin. Toda inferencia lineal sobre alineamientos y vertebraciones, puede resultar errónea si no toma en cuenta esos factores.

El ataque que disparó la Guerra de los 12 días fue impulsado por las compañías que gobiernan Israel y mantienen sus garras sobre el aliado americano. Las que bosquejaron hasta el estilo de debate en Davos -enero del año en curso- y el intercambio atlantista presente, en Países Bajos. Son, vale subrayar, las que acaban de impulsar el incremento en los gastos de Defensa. Esa decisión implica, de modo transparente, la desfinanciación de las áreas productivas y sociales de los estados involucrados y un re impulso para el sostén económico de quienes desesperan por bloquear el crecimiento multipolar y mantener el esquema mundial previo, derivado de la hegemonía del Consenso de Washington.

La salida airosa que logró Irán en el reciente litigio, además de evidenciar su potencial en la zona, mostró la solidez de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Sin ruidos innecesarios, esos países -con alguna excepción- sostuvieron aquella prioridad -la Seguridad Regional– que los llevó a crear la entidad. Su evolución los propulsó a configurar un acuerdo estratégico vinculado con la economía, en sus variables infraestructurales y comerciales. Detectaron rápidamente que el hostigamiento del ahora debilitado premier Benjamín Netanyahu iba dirigido contra todos y tenía como objetivo obturar el tramo inicial de la Franja y la Ruta, absorber los recursos petroleros persas, quebrar la comunicación financiera emergente, limitar la cooperación en la elaboración de nuevas tecnologías y desmembrar a los BRICS + forzando contrastes internos.

LAS CLAVES. El modelo argumental es conocido, aunque negado en Occidente. Quien necesita atacar fundado en un interés muy concreto, imputa a su objetivo por pretender hostigarlo. A continuación, pone en marcha un destacado operativo propagandístico y clama a los cuatro vientos el presunto peligro. Enseguida, recorre uno de dos caminos portadores de variantes pero orientados en un sentido: simplemente lo afirma y dice tener pruebas -que nadie conoce- de la futura agresión o genera un impacto de falsa bandera que justifica una réplica acorde.

No es preciso ir muy lejos en la historia. Las salvajes invasiones estadounidenses sobre Irak, en el año 2003 y su equivalente contra Libia, en 2011, fueron forjadas con esos componentes, entremezclados. A su través se desplegó el extraordinario operativo en las Torres Gemelas y el Pentágono, que facilitó en el dramático 2001 aquella intensa campaña comunicacional de denuncia contra naciones, organizaciones y líderes del mundo musulmán y expandió el clima de temor destinado a brindar sostén argumental a las agresiones citadas.

La hegemonía del Consenso de Washington y la labor de los gobiernos amparados en sus zonas de DefensaInteligencia y conducidos por las corporaciones financieras, se extendió por el planeta y alcanzó un control general. Ese armado fue empleado, sin que millones lo percibieran, durante la crisis 2008 – 2010. ¿Cómo? Los ductos transmisores de recursos hacia las firmas armamentísticas dependientes del poder centralizado fueron prácticos para canalizar recursos destinados al salvataje de las entidades bancarias.

En conjunto, los gigantescos acuerdos de Defensa y Finanzas empobrecieron al globo, empezando por los países periféricos. Pero, como se ha explicado en estas Fuentes al abordar el proceso de desterritorialización, se difundieron sobre las naciones centrales. Los Estados Unidos y sus aliados básicos en Europa empezaron a ser saqueados a la vista de todos, en beneficio de aquellas compañías que, para sintetizar, se congregan en Davos y ejercen su poder a través de la OTAN. Aunque remanido, el diseño se aplicó ahora en contra de Irán. Tiene mucho sentido porque la destrucción de la Revolución Islámica que gobierna el país desde 1979 implicaría un retroceso para los factores mencionados párrafos atrás. Podría deteriorar el poder multipolar emergente.

Esa enumeración conjugada de elementos permite explicar el motivo de la agresión pero también de los alineamientos. Cómo dejar de indicar que ambos ítems resultan difuminados y falsificados por los mismos medios apuntados -y sus redes- a la hora de plantear “informativamente” los sucesos que se desarrollan en Asia occidental. Si hemos observado, lector, la lógica guerrera bien representada en este caso por Israel, resulta pertinente abordar con franqueza las aproximaciones entre países considerando -como es habitual en esta secuencia- los intereses geoeconómicos de base que disparan cada posicionamiento.

Ver, pensar y comprender: la cháchara sobre el “aislamiento” persa deja de lado los mismos y evita apuntar que la Organización de Cooperación de Shanghái, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y los BRICS +, así como -en específico, si gusta individuar- la República Popular China y la Federación de Rusia, necesitan ahondar, mejorar, los vínculos con el gobierno que lideran el presidente Masoud Pezeshkian y, esencialmente, el jefe espiritual Alí Jamenei. Este segmento es determinante para la absorción del panorama regional y su derivación global.

CON CUIDADO. Sin embargo, una vez que se ponen sobre la mesa los componentes del litigio, es saludable precaverse de la elaboración de proyecciones absolutas que desdeñen variables propias del proceder político humano; ellas surgen cuando menos se lo espera. Los falsos agredidos, empezando por el país que regentea Netanyahu, están armados hasta los dientes y cuentan con un respaldo financiero decreciente pero de singular volumen. Es decir, el proceso transformador que implica la multipolaridad no tiene garantizada su linealidad ni su victoria inmediatas. Lleva bien el balón, cabe situarlo en relieve, pero el césped no es tan parejo como resultaría deseable.

De hecho, los insistentes ataques padecidos por estado y pueblo iraníes -Qasem Soleimani, Ismail Haniya, Ebrahim Raisi, Hassán Nasrallah, las multitudes en los actos evocativos, los científicos especializados en energía nuclear y tantos más- dieron cuenta de dificultades para articular la seguridad y también de la persistente capacidad de daño originada en la tarea de los servicios secretos británicos y sus adláteres norteamericanos. De allí que, al entender de este narrador, el mediano plazo resulte más claro que el tramo reducido, algo no demasiado habitual en la historia humana.

En sintonía, los Estados Unidos denotan ante la opinión pública mundial sus complicaciones y fracturas puertas adentro. El andar del presidente Donald Trump, así como la secuencia de declaraciones en sentidos contradictorios y hasta zigzagueantes, configuran una muestra nítida de la complejidad que afronta ese país y de un quiebre que, tal vez, carezca de solución. Por eso resulta imposible, y temerario, adelantar pronósticos. Hasta ahora, esas corporaciones armamentísticas, sus gobiernos y esos agentes de Inteligencia vienen gestando conflictos a diestra y siniestra para evitar el giro industrialista e inversor -re canalizador de aquellos recursos destinados a la Defensa y las Finanzas-, que demandó en los comicios el pueblo norteño.

La exigencia masiva se prolonga en el tiempo: hace pocas horas se conoció un sondeo según el cual más del 60 por ciento de los norteamericanos rechazan el bombardeo sobre Irán y un consiguiente dentre de su país en el lejano litigio. Es más, algunas cosas se le escapan -derivan- a la elaboración del poder financiero: en conjunción con los medios concentrados, buscó atiborrar las calles con migrantes enojados; lo logró, pero luego no supo como acallarlos, pues las críticas a Trump se enlazaron con las demandas de empleo, salarios y condiciones de vida adecuadas.

Es que la crisis humanitaria -fentanilo y otras drogas, violencia horizontal, desocupación, falta de vivienda, salud y educación públicas- generada en esa nación por el modelo del Consenso se ha intensificado hasta tornarla raquítica. Por tanto, republicanos, demócratas, sindicatos, migrantes, confluyen en una certeza: los Estados Unidos deben abandonar las aventuras bélicas impuestas por las mega empresas y utilizar sus recursos en dirección interna. A decir verdad a nadie preocupa lo que hagan o dejen de hacer los ayatollahs en Asia occidental, región que la mayor parte de la población estadounidense, con baja instrucción, ni sospecha donde se encuentra.

Es ostensible que entre los diseñadores de las guerras circula nuevamente la idea de refrescar la falsa memoria mediante algún imaginativo suceso equivalente a las Torres y el Pentágono. Como a Israel, poco les importa que la República Islámica de Irán asegure una y mil veces que su crecimiento nuclear tiene objetivos pacíficos y poco les importa, además, que esa aseveración haya sido corroborada por la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). Han comprobado que una parte de la humanidad está dispuesta a absorber las tonterías y mentiras lanzadas por gigantes mediáticos cuyas acciones fueron adquiridas por las corporaciones rentísticas a partir del último tramo de los años 80.

Los profetas del odio intentaron cerrar una puerta hacia el futuro. En plena batalla, observaron que los nuevos protagonistas planetarios resolvieron -y lograron- mantenerla abierta.

El ser humano, con todas sus deficiencias, está revelando que constituye un hueso duro de roer.

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

La proscripción como síntoma de una crisis más profunda

Por Gustavo Matías Terzaga

La ofensiva judicial final contra Cristina Fernández de Kirchner ha alcanzado un punto de inflexión que trasciende lo jurídico y se inscribe de lleno en la disputa por el poder real en la Argentina. Lo que está en juego no es la resolución de una causa penal ordinaria, que no resiste el menor de los análisis jurídicos, sino la consolidación de un modelo de intervención del partido judicial directa en la arena política, en beneficio del proyecto de desguace nacional que encarna el actual gobierno de Javier Milei como fase final del programa antinacional iniciado el 24 de marzo de 1976, y que se enlaza con el 16 de junio de 1955.

El fallo que dejó firme la condena a Cristina —y habilita su encarcelamiento a 6 años de prisión— es la culminación de una operación de disciplinamiento político diseñada por el núcleo duro del poder económico, mediático y judicial del país. Se trata de una acción coordinada entre actores que han usurpado funciones políticas por fuera de toda legitimidad democrática. En este sentido, puede afirmarse sin eufemismos que estamos frente a una forma de golpe de Estado en clave contemporánea: silencioso, técnico, revestido de moralismo y de legalidad aparente, pero con una gravedad institucional comparable a los momentos más oscuros de nuestra historia. En democracia.

La historia política argentina está atravesada por una práctica sistemática de exclusión de los liderazgos populares mediante mecanismos de fuerza, proscripción, fraude y violencia. Hipólito Yrigoyen fue depuesto por un golpe cívico-militar en 1930 que inauguró la «década infame», donde el voto fue sistemáticamente vulnerado a través del fraude electoral. En 1955, Juan Domingo Perón sufrió un bombardeo criminal sobre Plaza de Mayo que dejó más de 300 muertos. Pero no bastó con el exilio: durante 18 años el peronismo fue formalmente proscripto. No se permitía usar su nombre, sus símbolos, su doctrina. La proscripción no fue sólo jurídica, sino cultural y social. Fue el intento de amputar de raíz cualquier posibilidad de que los sectores populares volvieran a construir mayoría política.

En ambos casos, la clase dominante argentina, con apoyo de sectores civiles, eclesiásticos, partidarios, judiciales y militares, buscó sustraer del juego democrático a líderes cuya legitimidad nacía del sufragio popular y del vínculo con las mayorías postergadas. En ese marco, la actual persecución contra Cristina Fernández de Kirchner debe leerse en esta misma línea: no se trata sólo de una causa judicial, sino de un intento de proscripción política —no menos grave por ser encubierta en ropaje jurídico— que busca disciplinar, dividir, paralizar y desarticular al campo nacional y popular.

El lawfare ya no es simplemente una estrategia judicial para corroer liderazgos populares, sino el modo de gobierno mismo del liberalismo antinacional. No hay dictadura clásica, no hay tanques, pero hay proscripción, persecución, hubo bala en su frente que milagrosamente no salió, y una estructura de poder que decide quién puede participar políticamente en la vida democrática y quién no. Consumada esta condena, no sólo queda herida de muerte la posibilidad de una candidatura de Cristina, sino que se rompe el pacto democrático desde 1983. Lisa y llanamente.

Esto no es un episodio aislado, es la maniobra que faltaba para completar el dispositivo autoritario que sostiene al gobierno de Milei: primero fue el vaciamiento del Congreso mediante decretos y superpoderes, luego el ataque a las organizaciones sociales y sindicales, después el empobrecimiento deliberado del pueblo mediante tarifazos, devaluación de nuestra moneda y destrucción del poder adquisitivo del salario. Ahora, la avanzada final y a menos de dos años de gestión: eliminar judicialmente a la dirigente popular que aún conserva legitimidad electoral y capacidad de articulación política. Frente a este cuadro, el silencio o la equidistancia ya no son opciones ni éticas ni políticas. Defender a Cristina no significa negar sus errores de conducción que han favorecido el presente escenario, ni caer en el culto cerrado a su personalidad. Significa defender la posibilidad misma de una alternativa nacional, democrática y popular. Significa, también, resistir la instalación natural y definitiva de una dictadura económica sostenida por jueces serviles y blindada por medios de comunicación que operan como tribunales paralelos.

La ceguera en el análisis político y su factura

Si la historia vuelve a repetirse —como farsa, pero con consecuencias reales—, no es por fatalismo o designio de la providencia, es porque no supimos, no quisimos o no pudimos advertir a tiempo el proceso que se avecinaba. Los actores políticos de la democracia argentina, nacida en 1983, cometieron un error fundacional: colocaron en el centro del horror a los ejecutores —los militares—, pero dejaron fuera del banquillo a los verdaderos arquitectos del terror: los grupos económicos y financieros que diseñaron y capitalizaron la dictadura genocida. En nombre de la unidad nacional, se narró el pasado reciente como una tragedia puramente militar y se concentró allí toda la energía, como si el terrorismo de Estado hubiese sido una anomalía del orden institucional que se solucionaba manteniendo a raya a los militares vaciando a las FFAA, y no la fase más violenta del proyecto económico oligárquico que aún hoy nos gobierna y nos somete a diario.

Esa lectura simplista, aunque políticamente útil en el corto plazo, tuvo consecuencias devastadoras que hoy vienen asomando con toda su evidencia. Esa miopía permitió consolidar la impunidad de los civiles beneficiarios de la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976–1983) que no fueron simplemente cómplices pasivos: fueron actores activos, impulsores e incluso arquitectos del modelo económico y político que impuso el régimen. Identificarlos con precisión histórica no sólo hubiese sido clave para hacer justicia, sino también para entender políticamente el andamiaje y la continuidad del proyecto neoliberal que sigue operando en la Argentina actual: La Sociedad Rural Argentina (SRA); el Grupo Techint; el Grupo Macri – Socma / IECSA; el Grupo Clarín; ACINDAR; La Asociación Empresaria Argentina (AEA) y sectores de la Unión Industrial Argentina (UIA); Ford, Mercedes-Benz, Fiat, La Veloz del Norte, Ingenio Ledesma; los Pérez Companc; Astarsa; Bunge & Born; Mercedes-Benz; la Asociación de Bancos Argentinos (ABA); estudios jurídicos corporativos; y todo el núcleo del poder empresarial que fue ideólogo, impulsor y beneficiario directo del golpe, y que entregaron listas de delegados sindicales, muchos de los cuales fueron secuestrados en operativos represivos dentro de las propias plantas. A todos ellos se les otorgó el privilegio del anonimato. Mientras los militares ocupaban el lugar de villanos unívocos en los discursos escolares y en las movilizaciones del 24 de marzo, los verdaderos ganadores de la dictadura amasaban poder económico, financiero y político en plena democracia. Tanto es así, que hasta alguno se dió el lujo de llegar a presidente, y algún otro, desde las sombras, lo consideró “un puesto menor”.

Una democracia mal parida

La omisión de señalar y juzgar con claridad a los verdaderos beneficiarios civiles del terrorismo de Estado no fue un descuido involuntario del nuevo régimen democrático nacido en 1983. Fue una omisión deliberada, estructural y profundamente funcional a los límites del proceso de democratización liberal que se impulsó bajo la presidencia de Raúl Alfonsín. La transición democrática, celebrada por amplios sectores como una refundación republicana, se construyó sobre un pacto implícito: reconciliarse con un sistema político abierto, si, pero sin revisar el corazón económico de la dictadura. Se juzgaron —con justicia y valentía— los crímenes más atroces de las Fuerzas Armadas, pero se dejó intacto el andamiaje económico del modelo neoliberal instaurado entre 1976 y 1983, por caso, la aún vigente Ley de Entidades Financieras.

Ese modelo fue una imposición estratégica de clase, cuyo objetivo fue disciplinar al movimiento obrero, destruir la matriz industrial sustitutiva de importaciones, voltear las chimeneas de Perón, abrir la economía al capital financiero transnacional y reorganizar socialmente a la Argentina según las reglas de “civilidad” de las potencias occidentales. En esa lógica, acordar con Alfonsín era tolerable para los poderes fácticos. Lo que debía quedar incuestionado no era sólo la titularidad del poder económico, sino también el relato histórico que desvinculó a esos actores civiles del horror dictatorial. La democracia liberal restaurada necesitaba construir un relato purificador, donde el problema fuera la “irracionalidad” de los militares, y no el proyecto de recolonización económica que se vino a ejecutar. Esta narrativa permitió aislar la represión de su finalidad económica, despolitizar el terror, y así garantizar que las élites civiles responsables del saqueo estructural conservaran su lugar sin ser interpeladas. En otras palabras, se juzgaron las formas, el método, pero no los fines. La democracia nacida en 1983 nació con una fractura constitutiva: la imposibilidad de avanzar sobre los verdaderos ganadores del genocidio. Esa fractura sigue vigente. Y explica por qué, casi cincuenta años después, seguimos discutiendo cómo desarmar un modelo de país basado en la exclusión, la valorización financiera y el saqueo externo que ha arrojado 50% de pobreza institucionalizada en una nación rica, grande y despoblada, pero sin dar con los autores del gran crímen nacional.

Desde entonces, la democracia argentina ha estado bajo tutela. No militar, sino financiera. Una dictadura económica sin uniforme ni cuartel, pero con oficinas en la City y terminales en Washington, capaz de vetar programas, disciplinar gobiernos, torcer la voluntad popular a través de corridas financieras, endeudamientos inducidos y ciclos de inflación planificada. Esto explica por qué Cristina Fernández de Kirchner —por haber osado tocar intereses, recuperar parte del patrimonio nacional, enfrentar ocasionalmente a los buitres, reindustrializar parcialmente el país y reconfigurar el clima político nacional con protagonismo popular, aún sin reformar estructuralmente la matriz del país oligárquico— se convirtió en blanco del mismo aparato judicial, mediático y financiero que nunca fue juzgado por su rol en los años más oscuros.

Pero pensemos, qué otra cosa le podría haber ocurrido al peronismo si no la de ir perdiendo su propia identidad con el paso del tiempo en el marco de este “Estado democrático”, formalista, alejado de toda posibilidad de volver a construir un “Estado soberano” como el de Juan Domingo Perón?. Las tres banderas del justicialismo, en la práctica, murieron con Perón, por eso llegamos a este escenario de potencial disolución nacional. La última versión progresista del peronismo, el de la “década ganada”, fueron los mejores gobiernos que el pueblo supo darse luego de Perón.

El desafío, el pleito por el sentido y el esclarecimiento del drama. Por eso, el presente exige una revisión radical del pasado. Ya no alcanza con conmemorar el Nunca Más. Ya no se trata de desapariciones masivas y vuelos de la muerte, sino de exclusión planificada, desnutrición infantil, hambre estructural, desindustrialización, desocupación, pérdida de soberanía, destrucción de derechos, suicidios por desesperación, jubilaciones reducidas a la nada, medicamentos inalcanzables, salud privatizada, educación desfinanciada. La muerte ya no llega con un golpe en la puerta a la madrugada, sino con una factura de luz impagable, con un recorte brutal del salario real, con un hospital sin insumos. No hay comunicados militares en cadena nacional, pero sí un relato mediático sistemático que justifica este sacrificio social como necesario, inevitable o incluso deseable ante una potencial “reconstrucción” desde las cenizas. Lo que está en marcha desde hace décadas es una política sistemática de destrucción nacional y exclusión social. Y, como toda política de exterminio lento, su peligrosidad reside en la naturalización, en la pasividad que genera, en el silencio con que avanza. Como vemos, un dispositivo menos brutal en las formas, pero mucho más sofisticado y eficaz, el cual nunca pudimos desactivar por ausencia de una lectura original y de fondo que nos proveyera de otra claridad y otra voluntad política.

El gran desafío del campo nacional y popular es invertir esa matriz. Nombrar a los verdaderos responsables, contar quién gana y quién pierde. Poner esos apellidos en las pancartas cada 24M y aprovechar esa fecha nacional para debatir y esclarecer al conjunto. Construir una memoria completa sin temor al barro de la historia, sin prejuicios fundantes de la inacción. Asumir que sin justicia económica no hay democracia posible. Que sin romper el pacto de impunidad con los poderes económicos de la dictadura, no habrá futuro para nuestros hijos, ni para los millones de trabajadores, jóvenes y jubilados que hoy son víctimas de una nueva forma de exterminio: el social, el económico, el cultural y, sobre todo, el de destino.

El efecto paralizante de la proscripción. La proscripción de Cristina Fernández de Kirchner no sólo representa un ataque judicial y político dirigido desde los sectores oligárquicos, sino que, en términos más complejos, y en el marco de las categorías menores de la dinámica política coyuntural, interrumpe y congela el desarrollo de la experiencia política del movimiento nacional, del peronismo y de amplias franjas del pueblo argentino. Se trata de una regresión forzada al momento del cierre del ciclo kirchnerista en 2015, con todas sus contradicciones irresueltas y su sistema de representaciones sin actualizar.

Ese congelamiento opera como una detención del tiempo político: en vez de avanzar en una discusión profunda sobre estrategias, liderazgos, reconstrucción del tejido organizativo y nuevos horizontes de sentido para las mayorías, el movimiento se ve empujado de nuevo a un escenario de resistencia identitaria, a una lógica de repliegue. Se interrumpe así la posibilidad de síntesis superadora y maduración, de ensayar nuevas formas de representación popular que surjan no de la negación del pasado reciente, sino de su asimilación crítica para que tribute a un diagnóstico lo más racional posible. Cada vez que el poder judicial ataca a Cristina, la fortalece momentáneamente y la provee de centralidad, pero nuestra política queda en suspenso, a la defensiva y sin iniciativa.

Este fenómeno tiene consecuencias gravísimas: en vez de pensar un proyecto de país en clave de futuro, volvemos a defender posiciones ya conocidas que no han venido arrojando buenos resultados, sin revisar ni superar sus límites. Y esa parálisis también es parte del objetivo del bando antinacional. La judicialización de Cristina funciona como instrumento de disciplinamiento colectivo. Obliga al movimiento nacional a cerrar filas, pero sobre heridas abiertas. Impide elaborar el duelo de las derrotas electorales y de conducción de los últimos años, y desactiva toda posibilidad de disputar el sentido común al interior de nuestras filas, por fuera del eje «con Cristina o sin Cristina», como viene siendo.

Lo más perverso del proceso es que, al pretender eliminarla políticamente, el poder real logra reinstalarla en el centro del escenario sin permitir ninguna evolución. La política deja de ser disputa por el porvenir y se convierte en un ciclo de defensa nostálgica permanente. Es el perfecto empate reactivo: mientras Cristina es atacada y el movimiento nacional la defiende, el país se hunde en una ofensiva neoliberal sin precedentes, sin una conducción estratégica a la altura del momento. En este contexto, la proscripción de Cristina no busca neutralizar una amenaza electoral concreta, sino cumplir una función política más profunda: hacia adentro, disciplinar al campo popular, inhibir cualquier intento de renovación autónoma bajo amenaza de castigo; hacia afuera, consolidarla como emblema del “populismo corrupto” y del pasado a sepultar, anclando al peronismo en una crisis crónica de legitimidad e identidad que impide toda recomposición estratégica. Pero, además, se busca tensar al máximo el escenario político y social, llevar la polarización a un punto de no retorno, donde toda disidencia con el orden neoliberal sea reducida al extremo más sintético posible: corrupción o libertad, barbarie o futuro, combustible para alienar el antiperonismo . Una sociedad partida, sin centro ni amalgama, es terreno fértil para el ajuste sin resistencia dentro de la lógica de la grieta.

En definitiva, la ofensiva contra Cristina no busca simplemente castigar un pasado, sino clausurar un futuro posible con protagonismo popular. No se trata sólo de excluir a una dirigente de peso, sino de inmovilizar al movimiento popular, impedirle reconstruirse, pensarse con libertad, rehacer su identidad. La proscripción pretende disciplinar hacia adentro y estigmatizar hacia afuera; impedir la síntesis, quebrar la continuidad histórica, fijar al bando popular en una escena de derrota sin salida.

Por eso, defender a Cristina —con sus límites, aciertos y responsabilidades— no es un acto de nostalgia, sino una afirmación política: es rechazar la condena de impotencia que nos quieren imponer, es sostener la vigencia de un proyecto nacional ante el intento de disolverlo en el país del neoliberalismo eterno. Si nos quitan incluso la posibilidad de reinventarnos, lo que están proscribiendo no es sólo a una persona, sino al pueblo como sujeto y protagonista de la historia.

* El autor es presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico “Arturo Jauretche”, de la Ciudad de Río Cuarto, Cba.

https://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/la-proscripcion-como-sintoma-de-una-crisis-mas-profunda

Ezeiza, la masacre que no fue, y el relato que quiso justificar la violencia

Un tiroteo en inmediaciones del palco generó pánico y confusión entre la gente que acudió a recibir a Perón

Por Aldo Duzdevich*

Aquel 20 de junio de 1973, Perón regresaba definitivamente a la Argentina. Cerca de dos millones de personas acudieron a recibirlo. El acto preparado en el cruce de la ruta 205 con la autopista Ricchieri se vio frustrado por un accionar faccioso.

Antes del arribo del avión, en la zona detrás del palco, se produjeron incidentes entre grupos militantes que dejaron el lamentable saldo de 12 personas muertas y una cantidad no determinada de heridos. La inmensa multitud ajena a los hechos de violencia vio frustrada su intención de recibir a su líder Juan Domingo Perón que regresaba a la patria después de largos 18 años de exilio.

De los muertos, tres pertenecían a la militancia montonera, cuatro, a la custodia del palco, y el resto eran simples asistentes al acto. En una manifestación de dos millones de personas, donde hubo más de cinco mil militantes armados, la cifra de fallecidos es casi un milagro. Que la militancia montonera hay tenido tres muertos y cuatro los custodios del palco habla a las claras de un enfrentamiento entre dos grupos, no de una “emboscada”, ni mucho menos de una “masacre”.

Al día siguiente, los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras “masacre” o “matanza”. La Opinión tituló: “Debido a las luchas ideológicas de sectores juveniles, Perón debió cancelar su presencia en la masiva concentración de Ezeiza”. La Prensa informaba: “Por enfrentamientos armados, Perón aterrizó en Morón”. Clarín sintetizaba: “Enfrentamiento entre grupos armados”.

Los diarios del día siguiente no hablaron de «masacre»

Seis días después la revista de Montoneros El Descamisado tituló en su tapa: “La matanza de Ezeiza”. Y en el Nº 8 del 10 de Julio, una entrevista a Maria Antonia Berger se titulaba: “Trelew y Ezeiza, una misma masacre”. A partir de allí la prensa de Montoneros y de la izquierda en general construirá el paradigma “la Masacre de Ezeiza” que hoy puede encontrarse hasta en la wikipedia. En el año 2001, cuando cayó el gobierno de Fernando de la Rúa, en el centro de Buenos Aires hubo 30 muertos, sin embargo nadie habla de “la masacre de la Alianza”.

La construcción del relato

Olga Ruiz, Investigadora de la Universidad de la Frontera, Temuco, al analizar lo ocurrido en los años setenta en Chile expresa: “Los grandes relatos sobre nuestra historia reciente se han construido centrados en el heroísmo y la victimización, esquema binario que se afirma y consolida en la figura del traidor. Se trata en realidad de una triada (héroe-víctima-traidor) en las que el quebrado concentra -como un chivo expiatorio- las contradicciones, los fracasos y la derrota de la izquierda chilena. Es más sencillo atribuir la caída sostenida de militantes a unos cuantos traidores que analizar críticamente las políticas adoptadas por las dirigencias de las organizaciones revolucionarias.”

El relato de la historia reciente de nuestro país, esta construido sobre el mismo esquema: héroes-victimas y traidores. En el caso argentino, según el paradigma montado por los periodistas y escritores ex-militantes de las organizaciones ERP y Montoneros, el principal “traidor” culpable de sus fracasos se llama Juan Domingo Perón. A quien se agregan la llamada “burocracia sindical”, y todos los que cuestionaban la política de la conducción de Montoneros. En ese relato, la supuesta “traición a los jóvenes”, comenzó el 20 de junio de 1973 en lo que Horacio Verbitsky bautizó “la masacre de Ezeiza”.

En Ezeiza hubo un enfrentamiento entre grupos armados. El concepto de «masacre» corresponde al posterior relato montonero de victimización y de justificación de la violencia

Veamos qué dice Verbistky en su libro “Ezeiza” publicado en 1986: “La masacre de Ezeiza cierra un círculo de la historia Argentina y prefigura los años por venir (…) Ezeiza contiene el germen del gobierno de Isabel y López Rega, la Triple A, y el genocidio ejercido a partir del nuevo golpe militar de 1976 (…) Los preparativos para el 20 de junio (…) no hubieran sido posible sin la aquiescencia de Perón.”

No casualmente, Jorge Rafael Videla dice a Ceferino Reato en su libro “Disposición Final”: “Qué fue la Triple A, sino la intervención directa personal de Perón, en el conflicto dentro de su movimiento con los grupos de izquierda que le disputaban el liderazgo la conducción. (…) La mano que ejecuta es López Rega. Luego de la muerte de Perón la Triple A y el propio López Rega fueron inmanejables. Al final López Rega termina alejado del país por presión nuestra: nos molestaba porque la gente no sabía si las acciones de la Triple A eran de Lopez Rega, o eran ‘chistes’ de nosotros.”

Videla se sube al mismo relato del “tercer Perón traidor a los jóvenes” para depositar en él las culpas del terrorismo de Estado y de la Triple A, que siempre fueron las tres armas y la prueba de ello es que, eyectado López Rega, siguieron asesinando gente (“chistes”, dice Videla) hasta el 24 de marzo en que “mágicamente” desaparecieron de escena.

En mi libro “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Peron”, Marcela Durrieu, en aquel entonces cuadro orgánico de Montoneros, dice: “No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos (…) Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción de Montoneros tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza”.

Los muertos de ambos bandos

La JP y Montoneros, a través de sus comunicados y su revista El Descamisado, reconocen dos muertos de su sector, Horacio “Beto” Simona, combatiente montonero, y Antonio Quispe, combatiente de las FAR. Verbitsky menciona 13 muertos y 400 heridos, nombrando además a Hugo Oscar Lanvers de la UES.

Recientemente, Hugo Melgarejo, militante de Encuadramiento (los Demetrios) me hizo la aclaración de que Hugo Lanvers no pertenecía a la UES sino a Encuadramiento de Secundarios: “Era compañero mío del Instituto Huergo y yo era su responsable (jefe)”.

Dos millones de personas fueron a Ezeiza a recibir a Perón

En mi investigación, encontré que otra victima fatal, Raúl Obregozo, era militante de la JP La Plata.

Entonces, del sector FAR-Montoneros las victimas comprobadas hasta hoy fueron tres: Simona, Quispe y Obregoso. De la custodia del palco, las víctimas fatales fueron cuatro: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, los militantes del Comando de Organización (C.d.O): Rogelio Cuesta, Carlos Domínguez; y Manuel Segundo Calabrese. Este ultimo era un ex suboficial militar detenido en 1956 vinculado al COR (Centro de Operaciones de la Resistencia) de Iñiguez, según datos que me aportó el historiador Juan Kryskowski.

En el listado emitido por Salud Pública, figuran otros fallecidos, que seguramente fueron asistentes al acto sin militancia activa: Daniel Santana, Antonio Aquino, Pedro Lorenzo López y Hugo Sergio Larramendia. Y un tal Claudio Elido Arévalo (que seria el nombre falso de Jose Luis Nell) que fue gravemente herido pero no murió en Ezeiza.

Si los muertos fueron cuatro de la custodia del palco y tres del sector montoneros, está claro que hubo enfrentamiento y disparos de ambos lados. Puede alegarse que el grupo del palco tenía mayor poder de fuego, pero los cinco mil militantes de FAR-Montoneros provistos de armas cortas y algunas largas no las llevaban armas para un desfile. Cortas o largas, ambas armas disparan y matan.

En Ezeiza hubo armas cortas y largas entre los grupos guerrilleros y en la custodia del palco

Los preparativos del acto

Con el aval de Perón se constituyó una Comisión Organizadora integrada por: Juan Manuel Abal Medina, Norma Kennedy, el coronel (RE) Jorge Osinde, Jose Rucci y Lorenzo Miguel.

En el gobierno de Héctor Cámpora existía una real preocupación sobre la posibilidad de que las fricciones entre los distintos sectores del peronismo emergieran en el encuentro. Por este motivo, el presidente convocó a referentes de las organizaciones armadas para pedirles que no hubiese disturbios ni confrontaciones en el acto.

Luego de la reunión, se comenzaron a planificar estrategias para resolver el movimiento y ubicación de las propias fuerzas en el acto. El ex militante montonero Jorge Gaggero recuerda: “Llegaron a barajarse opciones delirantes. Una que recuerdo bien -y sé que eso se discutió en alto nivel- era montar una grúa de brazo altísimo que depositara en el palco en pleno acto a los sobrevivientes de Trelew.”

El ex militante de las FAP Taco Ralo, Néstor Verdinelli cuenta: “Por parte de Montos/FAR la cuestión era sacarle el monopolio de Perón a la derecha enquistada en el palco. Barajaron diferentes hipótesis, algunas casi psicodélicas, como la de tomar el control de Perón en Ezeiza, cuando bajara el avión. Finalmente fueron descartadas diversas opciones hasta que quedó la final: la columna Sur no entraría por la ruta a Ezeiza sino por el costado, marchando hacia el palco”.

Montoneros y FAR debatieron varias maniobras para «copar» el acto

La puja por el control del palco

Las disputas por llegar con los carteles de una agrupación más cerca del palco son un clásico de los actos peronistas. Lo eran hacen 50 años y lo son ahora. Y lo que empieza con empujones por ganar lugar, muchas veces termina con palazos y piñas. Solo que en Ezeiza además de palos y cadenas había una gran cantidad de gente armada.

La movilización a Ezeiza, para recibir a Perón después de 18 años de exilio fue el acto político mas grande de nuestra historia. Creo que solo equiparado o superado por lo que se vio en la Richieri el 20 de diciembre del 2022 en el recibimiento a la Selección Nacional.

Es cierto que las columnas de la JP Regionales con carteles de FAR y Montoneros eran las más numerosas de la movilización. Pero, como bien cuenta Carlos Flaskamp, por entonces miembro de la conducción de las FAR de La Plata: “Estaba claro que para Ezeiza el convocante era Perón. La gente se movilizaba para ir a ver a su líder. Lo que nosotros aportábamos eran la organización y el esfuerzo militante para hacer llegar gente hasta el lugar del encuentro. Pero en los carteles que portaban nuestros activistas se hablaba poco de Perón y mucho de FAR y Montoneros”.

Las columnas de FAR-Montoneros lograron colocar sus carteles frente al palco, como se puede observar en las fotos panorámicas de la Richieri.

La organización había previsto (como hoy día se hace en cualquier acto ) una zona de acceso para la comitiva de Perón detrás del palco. El tramo de Richieri que va desde el aeropuerto hasta el rulo de la ruta a Cañuelas. Esa zona detrás del palco debía estar libre de público.

La portada de La Nación. Los «disturbios» en Ezeiza, en segundo plano

La Comisión Organizadora había dispuesto que la custodia del palco estuviese a cargo de militantes, excluyendo a las policías federal y provincial. El jefe operativo era el ex teniente coronel Jorge Osinde y el ex capitán Ciro Ahumada. Tenían presencia en el palco varios militares y gendarmes retirados, muchos de ellos vinculados al COR, dirigidos por el general Miguel Ángel Iñiguez, de destacada actuación en los años de la Resistencia Peronista. Se habían sumado militantes pertenecientes al Comando de Organización (CdO), Concentracion Nacional Universitaria (CNU), Juventud Sindical Peronista (JSP), la JPRA y otros grupos menores. Muchos de ellos estaban armados con escopetas Itaka y ametralladoras.

Por el lado de la JP Montoneros, Mario Firmenich dirá a Felipe Pigna: “Fuimos con armas cortas. No hubo ninguna directiva de ir armado… es que normalmente la gente iba armada. El activismo iba armado, el nuestro, el del Comando de Organización, cualquiera. En este sentido, en Ezeiza debió haber muchísima gente armada, pero en proporción poquísima: para dos millones de personas habrá habido 5 mil armados.”

Néstor Verdinelli (FAP) recuerda: “Llevábamos armas cortas. Por si era necesario organizar una defensa. Se suele decir que también los montos llevaban nada más que armas cortas. Lo que no es cierto: en la columna Sur iban compañeros montoneros armados con metralletas y fusiles FAL.”

Muchos integrantes de Montoneros fueron armados al acto y no sólo con armas cortas

El ex militante montonero Oscar Balestieri dice: “En los hechos, la indicación fue ir a Ezeiza con armamento liviano. En el grupo que voy, seis u ocho compañeros llevábamos pistolas 22. Sin embargo, Quique Padilla iba en un ómnibus con una ametralladora Madsen pesada que nunca llegó a Ezeiza porque no la podía ni sacar; estaba montada en la parte de atrás de un ómnibus y solo paseó”.

Cinco mil militantes de FAR-Montoneros armados con armas cortas tropezando con 300 pesados del palco equipados con armas largas era un cóctel explosivo que cualquier chispa podía hacer volar por los aires. La cifra oficial de 12 muertos es un resultado milagroso en un espacio donde había dos millones de personas.

Los incidentes detrás del palco

Por la ruta 205 ingresó la columna sur de la JP Regionales, la cabeza de la columna logró ubicarse muy cerca del palco en el sector derecho, el resto del grupo realizó un giro por detrás para intentar ubicarse en el sector izquierdo. Ese movimiento de la columna, dio origen a la confusión de suponer que se quería rodear y copar el palco. Primero fueron empujones, cadenazos y palos, hasta que alguien hizo sacó un arma e hizo el primer disparo y se desató el caos.

El enfrentamiento dejó 12 muertos, un número bajo considerando lo multitudinaria de la concentración, pero sembró el caos y frustró el acto

Carlos Flaskamp relata que la cabeza de la columna sur, pudo ubicarse muy cerca del palco, en el sector derecho. Pero la parte de atrás de la columna que no había podido acercarse hizo un giro por detrás del palco para intentar ubicarse en la izquierda. “Este movimiento parece haber sido mal interpretado por la custodia que supuso que la columna Sur se aproximaba al palco con intención de tomarlo por asalto y abrió fuego. Para nosotros que estábamos ubicados adelante y a la derecha del palco (…) los de la custodia aparecían haciendo fuego en dirección contraria. Por lo tanto (…) optamos por permanecer en nuestra posición convencidos que nuestra columna era ajena a los enfrentamientos.”

Es difícil saber quien disparó el primer tiro y casi que no es trascendente. Cuando hay en un sitio tanta gente armada, lo más posible es que ante la sola explosión de un globo, la mayoría saque sus armas y comiencen los disparos. Esto fue lo que sucedió en Ezeiza.

Marcela Durrieu relata: “Yo no vi entrar a la columna ni nada, yo lo que vi es que volaban tiros y que nadie sabía de dónde venían. Vi gente con brazaletes de todos los colores tirándose al piso y heridos, y todo el mundo puteando contra todo el mundo… como si atacaran los marcianos, digamos, porque yo tenía al lado mío gente con el brazalete verde de la Juventud Sindical. Entonces empezaron a venir las ambulancias, y todo el mundo se paraba, levantaban los heridos, volvían los tiros, nadie sabía qué estaba pasando”.

Prueba de la confusión que reinaba, es la famosa foto del joven izado de los pelos al palco, que todos suponíamos era del sector montonero. En 2010 una investigación del profesor Enrique Arrosagaray develó su identidad. Su nombre es José Rincón. Era militante de la JPRA, había ido en la columna de Herminio Iglesias. Con él, subieron también a Leonardo Torrilla, quien logra que lo reconozcan como parte de los mismos custodios del palco, y finalmente liberan a ambos.

La foto más icónica de Ezeiza también fue parte del relato: José Rincón no era un militante de izquierda; había ido al acto en la columna de Herminio Iglesias

El mismo caso es el de los ocho detenidos y golpeados en el hotel de Ezeiza -Dardo José González, Víctor Daniel Mendoza, Luis Ernesto Pellizzón, José Britos, Juan Carlos Duarte, Alberto Formigo, Juan José Pedrazza, y José Almada-, a quienes salvó la oportuna y valiente intervención de Leonardo Favio. Ninguno de los ocho pertenecía a la JP Montoneros, sino a distintos sindicatos y sectores de la ortodoxia peronista.

Durante los incidentes nunca hubo disparos desde el palco hacia la multitud que estaba frente al palco. Eso hubiese producido un desbande y estampida, como las que hemos visto en La Meca, que se cobran miles de vidas. Quienes estaban frente al palco, sentían el silbido de balas, que en realidad eran los disparos de armas cortas, realizados desde atrás el palco, que pasaban por arriba y llegaban casi sin fuerza al otro lado.

Ezeiza como justificación del asesinato de José Ignacio Rucci

Con el título “A dos años de la matanza de Ezeiza. Ni olvido ni perdón”, la revista Evita Montonera de junio de 1975, luego de dar su versión de los hechos del 20 de junio de 1973, agrega un recuadro titulado “Justicia Popular”. Allí nombran a los dieciséis “ajusticiados” en venganza por los hechos de Ezeiza. El primero de ellos es: “José Rucci. ajusticiado por Montoneros el 25-09-73”. Evita Montonera era el órgano oficial de prensa de la organización Montoneros.

En 1975, la revista Evita Montonera, órgano oficial de la organización, dijo que el asesinato de Rucci había sido en represalia por la «masacre» de Ezeiza

Un signo de cómo se fue modificando el relato es que el comunicado de FAR-Montoneros sobre Ezeiza, emitido el 26 de junio de 1973, decía: “Los principales responsables de esta traición histórica son el Tte. Coronel (RE) Jorge Osinde, Alberto Brito Lima y Norma Kennedy.” No está mencionado Rucci, quien además no estuvo en Ezeiza, porque venía con Perón en el avión.

El ex montonero y poeta Juan Gelman fue más crudo: “Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia de la clase obrera; se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Cuando se produce lo de Rucci(y) lo de Mor Roig después, hay gente de distinta procedencia que no está de acuerdo. Como conclusión, lo de Rucci iba a cercenar el apoyo de la clase obrera y lo de Mor Roig los apoyos de la clase media”.

Pero esta definición de acto cuasi mafioso del asesinato de Rucci no cabía en el relato de héroes-victimas y traidores. Entonces apelaron al argumento de que Rucci había sido el ideólogo y principal responsable de la “masacre de Ezeiza”, razón por la cual la “justicia popular”, representada por Quieto y Firmenich, lo condenó a recibir 23 balazos por la espalda.

El recibimiento a Perón luego de 17 años de exilio empañado por la provocación de algunos grupos

En definitiva, el 20 de junio de 1973, el acto de recibimiento a Perón se vio frustrado por el enfrentamiento entre facciones del peronismo. Montoneros construyó el mito de la “masacre” para justificar su confrontación con Perón y su persistencia de sostener el uso de la violencia en pleno gobierno constitucional de 1973 a 1976.

* Escritor autor de La Lealtad- Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco

https://www.infobae.com/opinion/2025/06/20/ezeiza-la-masacre-que-no-fue-y-el-relato-que-quiso-justificar-la-violencia/

“…el fallo que si va a salir”

Por Omar Auton

“Cristina, entre la bala que no salió y el fallo que sí va a salir”, tituló, el 11 de setiembre de 2022, apenas diez días después del fallido intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, Pablo Vaca en una nota en el diario Clarín. En estos días, posteriores a la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, cuando la ex presidente se lo recordó, dijo que se lo había tergiversado, como si pudiera tener interpretaciones contradictorias una afirmación de tal contundencia.

   Escribo esto apenas 72 horas después de conocerse el dictamen de la Corte y ante la ira popular frente a una decisión que difícilmente podría superar el análisis de un tribunal integrado por juristas íntegros y serios, trataré de dar una visión amplia de la gravísima situación institucional que atraviesa nuestro país, mucho mas dramática y preocupante que el fallo en sí mismo, que agravia el sentido común de cualquier ciudadano medianamente informado, mas allá de lo que piense del matrimonio Kirchner o de la existencia de corrupción en su gobierno.

   Voy a comenzar diciendo que, indudablemente, mas allá de sus debilidades, contradicciones,  escaso compromiso transformador, pese a la riqueza literaria de sus discursos, vocación incomprensible por elegir muy mal sus aliados y fracturar permanentemente el frente que los llevó al gobierno, especialmente Cristina Fernández de Kirchner, a raíz de lo cual llegó debilitada al fin de su segundo mandato, esos doce años fueron los que brindaron al pueblo argentino mayor bienestar, avances en derechos, mejor política internacional y esperanzas, de los 42 años de democracia.

   En segundo lugar, hay que reconocer que un porcentaje mayoritario del pueblo está convencido que hubo serios casos de corrupción en sus gobiernos, nos guste o no, esa es la realidad, la comparación entre el patrimonio de la familia gobernante cuando Néstor Kirchner asumió el gobierno en 2003 y el que se conoce en 2015, los niveles de vida de toda la familia, propiedades, etc. seguramente serían polémicos entre nosotros si se tratara de dirigentes de otra fuerza política. Hechos como el accidente de trenes de Once, de febrero de 2012, que dejó 51 muertos luego de casi una década donde la administración de los hermanos Cirigliano ya no resistía mas críticas y advertencias sobre un posible hecho luctuoso y la inmediata reacción estatizando su manejo, adquiriendo material en China y renovando en dos años lo que no se había hecho antes, dejó flotando la pregunta ¿Porqué no lo hicieron antes?.

   Las dudas con las famosas valijas de Antonini Wilson, algunas licitaciones del Ministerio de Obras Públicas, el manejo de las tarifas y subsidios a la energía, las mediciones del Indec, fueron cuestiones que provocaron suspicacias, magnificadas por cierto por el poder mediático concentrado y la oposición política. Ante esto no alcanza con responder “Los que hablan son los que robaron y vaciaron el país durante todos estos años” o “En los 90 no decían nada”, porque aunque fuera verdad, y en gran parte lo era, no es suficiente, el hecho de ser menos corrupto que mis denunciantes no me exime de responsabilidad.

   Lo escandaloso es que Cristina Kirchner sea juzgada por cuestiones políticas como el Memorándum con Irán (que además fué aprobado por el Congreso de la Nación) o el dólar a futuro y en este caso, el primero que llega a su fin, con la figura, muy creativa pero insostenible, de la “omisión impropia” es decir que ante un hecho de corrupción cometido por un funcionario de nivel medio, que son centenares, se pueda condenar a quién ejerce la primera magistratura, alegando que debería haberlo sabido o averiguado y sobreseer a todos los funcionarios intermedios que deberían haber informado a el o la presidente, preparémonos para condenar a todos los presidentes vivos, los CEO,s de las empresas, titulares de ONG, etc, donde se haya descubierto un acto de corrupción, por ejemplo la sustracción de hojas para las impresoras, aunque suene a un disparate, es que suena a lo que es.

   Recordemos que el caso fué dormido y reactivado durante 17 años, que Cristina no figuraba imputada, que quién la denunció fué Javier Iguacel, administrador de Vialidad Nacional entre 2015 y 2018 por chats de José López, el célebre lanzador de bolsos con dinero por sobre el muro de un convento, sin que jamás se citara a declarar a los involucrados en los mismos, que llamativamente la auditoria que dió fundamentación a la denuncia se hizo solamente en la Pcia. de Santa Cruz y lo que es peor, los peritos designados concluyeron que la diferencia entre lo construido era de apenas el 0,6% ¡¡por una rotonda faltante!!, entre los empresarios llamados a testimoniar, entre ellos el primo del ex presidente Macri, hubo coincidencias en que no hubo cartelización de la obra pública, fué público el manoseo en la integración de las cámaras judiciales intervinientes, una Corte Suprema de Justicia que goza del descrédito general por, entre otras barbaridades, haber tomado juramento a un integrante de la misma (García Mansilla) designado por Decreto, en clara violación de la Constitución Nacional.

   Sería larguísimo enumerar la cantidad de disparates, direccionamiento, faltas al debido proceso que caracterizan a esta sentencia, ni que hablar el hecho que uno de los tres cortesanos (nunca tan bien aplicada esta palabra) haya anunciado semanas antes que “El fallo iba a salir antes de las elecciones”, pero eso está en cualquier medio, la pregunta sería, ¿Porqué si hubo tantos casos de corrupción en los gobiernos de los Kirchner, se enfatiza en cuestiones no judiciables como los actos de gobierno o en este mamotreto impresentable?

  La mayoría de nuestro pueblo da por sentado que se trata de evitar causas en que los involucrados serían conspicuos dirigentes políticos como Macri, sempiterno beneficiario de la obra pública o los mismísimos integrantes del llamado “círculo rojo” empresario, esto es resultarían imputados empresarios y dirigentes políticos de la oposición mas feroz.

   Hace años que en toda América y también en Europa, se habla de la existencia de la “corrupción sistémica” tanto en la obra pública como en el manejo de las finanzas del Estado, para aclarar este concepto volveré a algo que ya mencioné en algún capítulo anterior. El arzobispo de Buenos en 1991, Jorge Bergoglio, nos hablaba de la diferencia entre Pecado y Corrupción, entre la falta aislada, el error puntual (el Pecado) y la conducta habitual (la corrupción) hasta los años 90 nosotros conocíamos los “Pecados” de algún dirigente o grupo de ellos, puntual, pero en ese fin de siglo aparece la corrupción ya no como “Pecado” sino como un sistema para financiar al conjunto de la actividad y dirigencia política, esto pasó aquí y en muchos otros países (el “Lava Jato” brasileño fué un ejemplo).

   En ese sistema, muchos empresarios se volcaron a la política convencidos que ahorraban al no tener que “aportar” para un político que beneficiara sus intereses si asumían ellos mismos la actividad política, de ahí que la “puerta giratoria” entre empresa-cargo público, partido A-partido B o cargo público-empresa se haya vuelto conducta común y normal y ni siquiera se lo ocultó.

   El Poder Judicial no escapó a este festival de “enriquecimientos”, jugar partidos de fútbol, hacer viajes turísticos entre jueces, políticos y empresarios o financiados por el poder económico, designar jueces subrogantes para completar cuerpos colegiados, pasar por encima de la jurisdicción correspondiente por el territorio donde se cometieron los hechos y “traer causas” a Comodoro Py (pinchaduras telefónicas a los familiares del Ara San Juan contra Macri, viaje de un grupo de fiscales y jueces  a la estancia de un magnate extranjero, pagado por un grupo económico), expedientes “cajoneados” o activados según convenga (Mauricio Macri tiene el récord), juzgados vacantes por un Consejo de la Magistratura inexistente, mas aún desde que la Corte, contradiciendo la norma de creación del Consejo, asumió la presidencia y el manejo presupuestario, han sido moneda corriente durante los años de democracia.

La democracia que supimos conseguir.-

   La recuperación de la democracia, aunque sea en términos formales, en 1983, fué la consecuencia del fracaso de la restauración conservadora-oligárquica, iniciada en 1976, de su política económica y de su proyecto de país, como en 1955 y en los 90, el intento de retrotraer el país a los comienzos del siglo XX es imposible. Sin embargo su verdadero éxito ha sido destruir el modelo de país soberano, industrial, inclusivo y con justicia social iniciado en 1946 con Juan Domingo Perón, fragmentar la sociedad en grupos pequeños, borrando la memoria de solidaridad y vivir “en común” que caracterizó décadas de nuestra historia, borrar el aparato industrial, terminar con un sindicalismo fuerte y organizado, abrir las puertas al saqueo de los recursos naturales e intelectuales, borrar el sueño de la movilidad ascendente, concentrar la poca riqueza que quede acá en pocas manos y “latinoamericanizar” el país en términos sociales, es decir una minoría, valga la redundancia, cada vez mas minoritaria, multimillonaria, inclusive con domicilios fuera del país, como mínimo en Uruguay, una clase trabajadora pauperizada y reducida y un enorme ejército de reserva, los excluídos o descartados como control de los reclamos laborales.

   Ese modelo fué mantenido intacto o profundizado durante la democracia, una clase política arcaica, cobarde y sumisa políticamente pero con una avidez desmedida por enriquecerse a cualquier costo, se hizo cargo de la tarea sucia de las políticas de ajuste permanente, las aperturas económicas suicidas y, he aquí una de las claves, de consolidar e incrementar un endeudamiento externo monstruoso, semidelincuencial e impagable que permitiera la entrega permanente de los recursos nacionales. Los acreedores, bancos, fondos y grupos financieros, con su nave insignia, el FMI, nos transformaron en el país mas endeudado del mundo y nos siguen prestando no porque son idiotas o ignorantes, saben que no vamos a pagar y entonces nos vemos obligados a hipotecar todo, recursos naturales, territorio, el mar argentino, hasta asumir un alineamiento simiesco, vergonzoso y humillante en temas internacionales (desde los ositos Winnie Pooh de Guido di Tella, canciller de Menem, hasta el lacayismo repugnante de Milei),

   En ese esquema el Poder Judicial, que hace dos siglos que, con contadas excepciones, es, de los tres poderes constitucionales, el mas oligárquico, cerrado y coherente defensor del status quo contra cualquier avance de los sectores populares ( legitimó el golpe militar de 1930, pretendió asumir el ejecutivo en 1945, juró por el Estatuto de la Revolución Argentina en 1966 y del Proceso de Reorganización Nacional en 1976, permitió derogar una Constitución mediante un bando militar en 1955, etc,) ha sido y es el cancerbero del país oligárquico y el instrumento para perseguir y encarcelar a los dirigentes populares.

   Nada de esto fue modificado en nuestros gobiernos, no hablo de la década de Menem donde se hablaba de la “mayoría automática” de la Corte, que no vaciló en renunciar para evitar ser investigada después del 2003, incluso uno de sus miembros nunca aclaró la muerte de una secretaria que “se cayó” de un balcón en París, hablo de la “Década ganada”, no olvidemos que Lorenzetti fué impulsado por Néstor Kirchner y Rosatti, el actual presidente de la Corte que acaba de condenar a Cristina Kirchner, fué ministro de Justicia de la Nación entre julio de 2004 y julio de 2005, o sea de los tres cortesanos que condenaron a la ex presidente, dos fueron promovidos o funcionarios de Néstor Kirchner.

   Tampoco se fué a fondo para enfrentar al “círculo rojo” del poder económico, salvo la estatización de las AFJP que puso fin a un negocio vergonzoso de los bancos y la recuperación del 51% de YPF, no se avanzó contra el núcleo del poder económico en la Argentina, la desnacionalización de empresas fué mayor entre 2003 y 2015 que entre 1989 y 1999, la primarización igual, al calor de la “sojización”del sector agropecuario, que aportó los recursos para la recuperación económica y salarial de los primeros años del Kirchnerismo, dejamos de producir alimentos para los argentinos para dar de comer a los cerdos chinos, el conflicto por la Resolución 125/08, fué por la apropiación de una parte de la renta extraordinaria mediante retenciones a las exportaciones, no por un avance para modificar o cambiar ese modelo, es mas, la aparición de los pool de siembra en el sur de Bolivia y en Venezuela fué acompañada entusiastamente por el gobierno.

   La sanción de la Ley de Medios 26.522, el 10 de octubre de 2009, no pasó de ser una esperanza, si se hubiera aprovechado para apoyar la consolidación de una red de radios comunales, por municipio, se habría conformado una alternativa que contrarrestara el monopolio del Grupo Clarín, pero no se hizo. Recordemos que la Corte Suprema rechazó el planteo de inconstitucionalidad presentado por el grupo multimedios, en el 2013, pero mas allá de discursos inflamados y la payasada de un funcionario mandando hacer zoquetes y remeras con la leyenda “Clarín Miente” o yendo a una reunión del directorio del grupo, a lo que se accedía debido a que al estatizarse las AFJP junto con los fondos llegaron acciones de diferentes empresas, lo que permitía designar directores, con guantes de boxeo para aparecer amenazante, no se hizo nada.

   A esta altura no es menor recordar que uno de los últimos actos del gobierno de Néstor Kirchner fué la autorización de la fusión de Cablevisión, del grupo Clarín, con Multicanal, hasta ese entonces su competidora, en junio del 2007, hecho que fué duramente criticado, diez años después por su propio hijo Máximo. Ya con Macri, en 2018, se produjo la fusión con Telecom (Personal).

   Se anunciaron varios intentos de reforma judicial, sin embargo ninguno se efectivizó, por entonces, la presidente Kirchner ya tenía varias denuncias por corrupción, quedando en el imaginario popular que esos intentos estaban motivados mas por el deseo de obtener impunidad que vocación real de transformar el espacio mas nauseabundo del esquema oligárquico-conservador.

   Justamente ese esquema del poder económico-mediático-judicial, es el que logra ahora llegar hasta el final en su ofensiva para destruir a la dirigente que conserva un alto apoyo popular, porque mas allá de las críticas que se han hecho, reitero, los doce años de gobierno del kirchnerismo fueron los que permitieron recuperar y crear mas derechos, mejor redistribución de la riqueza, generación de trabajo y crecimiento salarial y disminución de la pobreza, en los mas de 40 años de democracia.

   Muchos se preguntarán si, a mi criterio, merece tantas críticas este gobierno ¿porqué sus líderes merecen semejante persecución? Precisamente porque avanzó en redistribuir la riqueza, les cobró impuestos, quiso discutir parte de sus ganancias extraordinarias, eso es suficiente para que esta plutocracia, corrupta y delincuencial la persigan y quieran destruir su obra e incluso su memoria, no tienen límites, están llenos de odio y revanchismo como en 1955 y 1976, desprecian al pueblo y quieren eliminar a sus líderes, si pueden hasta físicamente, lo hicieron antes y lo intentaron con Cristina Fernández de Kirchner.

   Le advierten a Milei, lo que le puede pasar sino cumple acabadamente con los compromisos asumidos, por ejemplo autorizando la fusión de Personal (del grupo Clarín), con Movistar (de Telefónica), continuando el proceso de concentración descripto mas arriba, lo que constituiría el monopolio absoluto de las comunicaciones telefónicas móviles y fijas en un grupo, una especie de Entel, pero privada.

   Asimismo nos advierten a todos, lo que nos puede pasar si afectamos sus intereses, pretendemos cobrarles impuestos, controlarlos o regular su actividad, nos están diciendo “o esta democracia, formal, famélica, limitada y vigilada o nada”, nunca perdieron el poder, manejaron la política siempre, entre bambalinas o a la descubierta, quieren terminar de cerrar su proyecto de país para pocos, ellos, y el que se oponga se atendrá a las consecuencias.

   Quizás a alguno le parezca que estoy exagerando, que esto es terrorismo verbal, o mejor dicho escrito, no es así, estamos viviendo un momento de extrema gravedad institucional, el peligro de enfrentamientos violentos, represión salvaje, anomia y anarquía golpea a nuestras puertas, un gobierno débil, con un pretendido autócrata psicótico, megalómano e ignorante, dispuesto a destruir todo los que varias generaciones de argentinos, mal o bien, han construido con su trabajo y esfuerzo, inclusive entregando partes del territorio nacional a las potencias dominantes, la República Argentina donde nacimos y vivimos puede ser “balcanizada” como se hizo con Yugoslavia en los 90 o con Palestina hoy, nuestra representación política es paupérrima, cobarde o corrupta, o nos ponemos en marcha para construir otra democracia, elaborar otra Constitución, reconstruir un Movimiento Nacional con banderas y propuestas modernas, acordes a los tiempos, atentos a que el hecho de corrupción pueda aparecer como pecado pero eliminarla como sistema y lograr una dirigencia capaz de conducir al conjunto de los argentinos en ese camino o ya no habrá mas tiempos para lamentarse.

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? (Parte 8)

Por Omar Auton

Organizaciones libres del pueblo y CGT (Parte III)

   Llegamos así a este nuevo siglo en medio de una crisis profunda, el 2001, la caída del gobierno de De La Rúa y el “Que se vayan todos”, no fue simplemente el fracaso de un gobierno o de un plan económico, como dijimos en el capítulo anterior fue el hartazgo contra una clase política, de todos los partidos, que fracasó en diseñar políticas de Estado sostenibles para superar el desastre que dejó la dictadura. La UCR se mostró como un partido agotado, viejo, que no comprendió los cambios que se habían dado en el mundo y llegó con un recetario que estaba agotado antes de empezar, encima lleno de odio y de resentimiento, profundamente impregnado del gorilismo que lo caracterizó desde 1945, no estaba en condiciones de convocar a un diálogo nacional (como el de Perón y Balbin en 1973).

   El peronismo superaba su desconcierto convirtiéndose en un partido neoliberal, que abandonaba o traicionaba su historia y sólo buscaba demostrar a los organismos internacionales de crédito y a EE.UU que era capaz de ejercer el poder para insertar a la Argentina en la nueva división internacional del trabajo.

   Menem tuvo éxito en su plan de estabilización y ajuste, el Plan de Convertibilidad, pero se enamoró de su criatura, ignoró que tenía un fin cercano ya que dependía del ingreso permanente de dólares para sostener el 1 a 1 del peso, había que transformar el aparato productivo para exportar productos con valor agregado, desarrollar nichos de alta tecnología y profundizar el Mercosur, para asegurar el ingreso de divisas, el equilibrio fiscal y un crecimiento sustentable, nada se hizo, la crisis de los países emergentes (Tigres asiáticos, Tequila; Brasil) cortaron el chorro de dólares en mercados de alto riesgo, la convertibilidad se hizo insostenible y todo estalló, más allá de la impericia e improvisación de De la Rúa, era la crónica de una muerte anunciada.

   Duhalde y Remes Lenicov hicieron el trabajo sucio, la devaluación y la pesificación asimétrica de los depósitos, créditos y deudas, más las cuasimonedas mantuvieron la actividad económica y comenzó una recuperación, Néstor Kirchner aprovechó las divisas de los altísimos precios de los commodities, logró un acuerdo de refinanciación y quita de capital en la deuda en default, luego canceló la deuda con el FMI, y sumado a la reactivación industrial por la interrupción de importaciones, produjo un crecimiento económico y su redistribución a partir de las paritarias.

   La CGT se reunificó con un triunvirato integrado por Hugo Moyano (Camioneros), Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), que representaba a los tres grandes sectores, sin embargo Kirchner cometió un error, basado en su idea que “Él era uno y hablaba con uno”, desconociendo que en la CGT el Secretario General es un “Primus inter pares”, es decir, asume la responsabilidad de representar un conjunto, pero no es el “jefe” de ese conjunto, menos en ese momento donde había un triunvirato, precisamente porque no había una unidad consolidada, comenzó a reunirse solamente con Moyano y este cometió el error no sólo de aceptar esa relación sino de no calibrar adecuadamente que eso lesionaba los acuerdos que habían permitido unificar la CGT.

   Hugo Moyano presidió la CGT entre 2004-2008 y fue reelecto para el período 2008-2012, su mandato sometió a la CGT a los vaivenes de su relación personal con Néstor Kirchner primero y con Cristina después, con esta última nunca logró construir el vínculo que tuvo con Néstor y sus diferencias tuvieron una primera expresión pública en un acto de la CGT en el estadio de River Plate en el 2010, recordatorio del Día de la Lealtad, cuando Moyano expresó en su discurso que su sueño era “Tener, alguna vez a un trabajador en la Casa de Gobierno” lo que provocó que Cristina le respondiera en su discurso, ya que se sintió cuestionada, que “ella había trabajado desde muy joven”. Pocos meses después la muerte de Néstor Kirchner se llevó al interlocutor que buscaba los acercamientos entre ambos dirigentes.

   Si bien el kirchnerismo siempre desconfió tanto de la estructura del PJ como de los gobernadores e intendentes, descalificándolos como “pejotismo” y mostró más simpatía por los gremios de la CTA, fue más realista en reconocer la representatividad de una parte de la dirigencia justicialista y de la CGT, más allá del error que mencioné respecto de cómo manejarse “institucionalmente” con ella. Distinto fue el caso de su esposa, quién siempre fue reacia a dialogar con los dirigentes del movimiento sindical e incluso de los movimientos sociales.

   Si bien en el 2008 cuando se produjo el enfrentamiento del gobierno de Cristina Kirchner con los productores agropecuarios organizados en la Mesa de Enlace los principales sostenes fueron la CGT los movimientos sociales, incluso el gremio de camioneros  se posicionó en las rutas para detener las caravanas de tractores y que no pudieran avanzar hacia la capital y los sindicatos hicieron vigilias en la Plaza de Mayo para frenar posibles acciones destituyentes, la inmensa oleada de simpatía que se produjo a raíz de la muerte de su esposo en el 2010, la convenció de la posibilidad de impulsar un espacio propio, apoyado en los sectores medios y que no dependiera de la base histórica sindical del peronismo, su abrumadora victoria en las elecciones del 2011 y la aparición de algunos grupos juveniles, sumado a acciones como la Ley de matrimonio igualitario y la Ley de medios contribuyeron a ese objetivo junto a su particular rechazo hacia los dirigentes sindicales menos “progresistas”.

   El conflicto con Hugo Moyano, a la sazón secretario general de la CGT fue escalando, pocos días antes de las elecciones de 2011, Moyano le reclamó al gobierno “mayor fidelidad con la doctrina de Juan Perón” y a las pocas horas la presidenta le reclamó “lealtad con los intereses de los argentinos, no sólo con Perón”, la CGT no fue invitada a los festejos por el triunfo electoral y la reelección de Cristina Kirchner.

   Un año más tarde, el 20 de noviembre de 2012 comenzó un enfrentamiento a raíz del reclamo de un sector del sindicalismo de eliminar la cuarta categoría del impuesto a las ganancias. Un mes antes, el 3 de octubre de 2012, se produjo una ruptura en la CGT y un importante número de gremios, los más grandes, se retiraron y conformaron una CGT paralela, eligiendo a Antonio Caló como secretario general, buscando generar un diálogo con el gobierno que evitara la espiralización del conflicto.

Pasaba que varios sectores (Camioneros, petroleros, bancarios) que tenían altos salarios veían neutralizar sus aumentos por los descuentos que sufrían a raíz de este impuesto, tanto que preferían no recibir aumentos pues con cada incremento no sólo les retenían más dinero, sino que ingresaban al tributo más cantidad de trabajadores.

   Este conflicto derivó en cinco paros generales, el 10 de abril del 2014 se llevó a cabo otro, que se agravó ante la devaluación del peso en un 19% lo que incrementó la inflación y el deterioro del salario, el tercero en agosto del mismo año se dio en medio de una inflación que ya se calculaba por encima del 30% para el período y fue agravando el enfrentamiento, tanto que las dos últimas medidas de la CGT conducida por Moyano a los que se sumó la CTA se llevaron a cabo en el 2015 año en que se celebraron elecciones presidenciales.

   La CGT recién se reunificó en 2016, el 25 de agosto, cuando el avance neoliberal del gobierno de Mauricio Macri obligó a superar las viejas diferencias y cuestionamientos a fin de enfrentar las políticas antiobreras y antisindicales que se pretendían implementar, Macri había llegado al gobierno derrotando a Daniel Scioli, candidato del peronismo elegido por Cristina Kirchner para sucederle al no poder modificar la Constitución nacional y poder ir por un tercer mandato.

   La unidad se logró en base a la elección, nuevamente, de un triunvirato que expresara los sectores mayoritarios del movimiento obrero, Héctor Daer (ATSA) propuesto por el sector de gremios más importantes cuantitativamente denominado “Los Gordos” ( en referencia al volumen de los sindicatos, no de sus dirigentes) y los Independientes, Carlos Acuña (SEOESG y PE) del sector vinculado a Luis Barrionuevo y Juan Carlos Schmid (CATT) sector liderado por Hugo Moyano y el 7 de abril de 2017 fue el primer paro general contra las políticas de ese gobierno, fueron 5 en esos cuatro años, que en su segunda mitad, se caracterizó por el crecimiento exponencial del endeudamiento del país, la fuga de capitales y la inflación creciente, sumado a varios intentos de reforma laboral buscando un nuevo ajuste de la economía basado en la reducción “de los costos laborales” a través de contratos precarios, debilitamiento de la fuerza del sindicalismo y pérdida creciente del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

   El fin del gobierno de Macri y la asunción del Frente de Todos, cuyo candidato a presidente fue Alberto Fernández, acompañado por Cristina Kirchner como vicepresidenta coincidieron con la aparición del flagelo planetario que fue la epidemia del Covid 19, que provocó una crisis gigantesca de la economía mundial al detenerse toda actividad durante el año 2020 y reiniciarse lentamente y en forma parcial durante el 2021.

   Esto trajo dos cuestiones que definirían los años siguientes, en lo local el gasto público se disparó en forma exponencial, el país estaba endeudado y carecía de acceso al crédito internacional, por ende la compra de insumos y vacunas, así como el auxilio a las empresas paralizadas, abonando gran parte de los salarios, así como el auxilio a los trabajadores precarios que por su condición, al quedar sometido al aislamiento domiciliario, perdieron toda posibilidad de tener ingresos, debió hacerse incrementando seriamente la emisión monetaria, lo cual ante la caída de la recaudación como resultado de la inactividad económica, se transformó en una bomba de tiempo.

   Pero, casi imperceptiblemente, se produjo un cambio en la economía mundial, la globalización y la deslocalización de empresa así como la fragmentación de los procesos manufactureros por el mundo buscando minimizar costos, al quedar parado el funcionamiento del transporte aéreo, marítimo y fluvial, dejó a la vista la fragilidad que generaba en las empresas ante imprevistos como éste por lo que comenzó, a partir de mediados del 2021, un proceso de relocalización, más cercana geográficamente de las centrales a fin de asegurar la provisión de partes e insumos en los procesos productivos

   Si bien el gobierno argentino logró una negociación con el FMI, principal acreedor de la Argentina, que le permitió prorrogar vencimientos y superar el ahogo que habría producido tener que disponer de las pocas divisas existentes para el pago de los mismos, era evidente que debía implementar una política que asegurara una recuperación de la actividad económica, una reactivación productiva que recuperara el empleo, al mismo tiempo debía ir sacando de la plaza el excedente monetario para acotar el déficit fiscal y las posibilidades de una inflación que impidiera lo primero.

    Lo que se desató fue una feroz interna entre el presidente y su vice, cuyos partidarios no sólo pretendieron rechazar el acuerdo logrado con el FMI sino bloquear toda política de ajuste, la falta de iniciativa y decisión de Alberto Fernández paralizó al gobierno, ocasionó la salida de los ministros de Economía, Martín Guzmán y de Producción Matías Kulfas, comenzaron las corridas cambiarias e inflacionarias. Buscando recuperar la iniciativa asumió en Economía, la tercera pata del acuerdo que dio lugar al Frente de Todos, Sergio Massa.

   La CGT convocó a una marcha,  el 17 de octubre de 2021, reclamando el fin del enfrentamiento entre los sectores de la vicepresidenta y el gobierno, que un día antes en un acto en la Plaza de Mayo habían atacado ferozmente al presidente. El 17 de agosto de 2022, marchó nuevamente, esta vez hacia el Congreso de la Nación, contra las subas de precios y reclamando además que se corrija el rumbo económico, reclamando el fin de los enfrentamientos internos y advirtiendo de la gravedad de la situación, pero fue inútil.

   En estas condiciones se llegó a las elecciones de 2023, el oficialismo llevó como candidato a Sergio Massa, ministro de economía, ante el disgusto notorio de Cristina Kirchner que había lanzado otra fórmula presidencial que tuvo que ser retirada, una inflación creciente, una devaluación al día siguiente de haber obtenido una victoria sorpresiva en la primera vuelta de las elecciones generales en el mes de octubre y un hartazgo generalizado que conllevó que un 23% de la población no fuera a votar, Javier Milei Obtuvo la victoria y lo demás es historia reciente.

Movimiento Obrero, situación y perspectivas.-

   En los capítulos precedentes he intentado aportar una opinión sobre el devenir del movimiento obrero en los últimos años, no hacer una historia sino reflexionar sobre ciertos momentos, ciertos actores y hechos que han sido muy comentados en los últimos años, quedan para el debate, no es mas que un aporte a ello, pero no quiero terminar sin hacer mi propia reflexión sobre cuestiones que no pueden faltar en una agenda de futuro de la CGT.

1) Trabajo Informal, blanqueo y planes sociales.-

    Los últimos informes del Indec en esta materia, mas allá de la credibilidad que nos merezca el Indec o algunos de sus informes son terribles en esta materia, mas allá que puedan variar un poco según quién haga el trabajo lo cierto es que no se puede no poner el tema en el tapete, estamos hablando de 42% de trabajo informal, dentro de esto si hablamos de 43,4 en mujeres debemos correr el velo del doble empleo, la mujer que trabaja en su casa y afuera hace de remisera, tareas de cuidado, limpieza de casas etc., en los hombres alcanza el 40,9%, pero si tomamos a los jóvenes alcanza el 58,7 %, es decir 6 de cada 10 pibes trabajan en negro. En el grupo de los llamados trabajadores “independientes” alcanza el 62,4%, pero dentro de los asalariados la informalidad alcanza el 36,1% un drama para la seguridad social y el sistema de previsión social, que obliga a que el 50% de los mayores de 65 años trabajen “en negro” a fin de complementar las jubilaciones de hambre. No es un error ni una casualidad, es el modelo de país que sostuvo la dictadura y continuó con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Macri y Milei y no se atrevieron a encarar Néstor y Cristina Kirchner y menos Alberto Fernández.

   Sentarse a trabajar con los representantes de cientos de empresas textiles, calzado, etc, que hoy fabrican bienes que luego son vendidos por las marcas mas famosas previo ponerle sus nombres y marcas,  o los imitan (La Salada, los manteros, etc) para ver no como empezar a cobrarles impuestos sino a como ayudarlos para que se sostengan, crezcan y se afiancen.

   Hacer lo propio con los miles de trabajadores “independientes” para hacer lo mismo, es falso que los choferes de Uber, Cabify, Rappi, Glovo, no tengan “empleador” sí, que lo tienen no macaneen mas con el algoritmo, Uber, todos los fines de año hace una fiesta en un hotel céntrico para premiar a sus mejores choferes, quien paga el alquiler del hotel, el catering y los regalos, el algoritmo?, pero cuando se habla de ellos se habla que aporten a la jubilación, que aporten al sindicato, a la obra social, como ellos dicen “¡Sólo se acuerdan de nosotros para sacarnos plata!”.

   En el marco de un Consejo Económico Social, que es estratégico e imprescindible crear, hay que discutir como ir incorporando a los trabajadores que hoy subsisten gracias a los planes sociales al mundo del trabajo, reducir los impuestos a los empresarios que los tomen, mantenerles el plan como parte del salario, trabajar conjuntamente con el sindicato del sector en la formación y capacitación permanente a fin de superar las carencias de conocimientos frente a las nuevas tecnologías.

2) Creación del Consejo Económico Social, por ley, donde el Estado, sindicato y cámaras empresarias discutan y promuevan normas y acciones en materia de Crecimiento, Producción y Empleo, entre ellas muchas a generar para avanzar en el punto anterior, con sanciones impositivas o de personería a las entidades que se nieguen a participar u obstaculicen los debates o conclusiones. Cada sector (metalúrgico, mecánico, textil, transporte, empleados públicos, bancario, construcción, etc) deben debatirse las políticas estatales de promoción y defensa de nuestras industrias , la incorporación de tecnología, y el empleo.

3)Recuperación de la representación del movimiento obrero en los espacios de decisión política, Diputados, Senadores, legislaturas provinciales y municipales. Su notoria ausencia en estos últimos años han provocado que en el debate de las leyes sobre economía, sindicalismo, derechos sociales y/o sindicales se hagan sin escuchar su opinión, su voz.

4)Fortalecer la sindicalización y la participación de los trabajadores, especialmente los jóvenes y las mujeres, a fin de ampliar las visiones y formas de resolver los problemas y asegurar el necesario transvasamiento.

   Obviamente que esto no agota la agenda de discusión y de trabajo, pero pondría al movimiento obrero a la vanguardia del reclamo de rumbos para un futuro gobierno de carácter popular que prioricen las cuestiones que hoy preocupan a las grandes mayorías del pueblo argentino y comencemos a resolverlos de verdad, en forma colectiva, con la participación real y activa de todos los actores, seguramente de hacerse, se abrirán las agendas a las demandas que aún no visualizamos y a las que surgirán en esa marcha.

El enigma de los “ELLOS”

Por Omar Auton

   Para los que no leyeron la excelente historieta de Oesterheld, en “El Eternauta” los “Ellos” son el verdadero enemigo, el que no se ve pero conduce a los “Manos”, a los Cascarudos, a los Gurbos y también a los humanos “convertidos”, los llamados “hombres robot”, los responsables de destruir la Tierra en su afán de conquistarla, en la antigua Grecia serían los bárbaros, es decir los que “vienen de afuera” a destruir la civilización, que es la “nuestra”, es decir la que hemos construido a lo largo de generaciones.

   Tanto en uno como otro caso, se representa así a los que no son parte de “nosotros”, sin embargo en los últimos años asistimos a que este trato se dispense a los de “adentro”, al menos a la fracción de nosotros que no actúa o piensa como nosotros y esto sí es un hecho inédito. El antiperonismo descalificaba a los “cabecitas negras” y estos hacían lo propio con los “gorilas”, los “oligarcas”, pero los integrantes de cada sector identificaban y defendían a los “suyos”, podían criticarle alguna defección o flojera pero cuando sus intelectuales orgánicos hablaban o escribían, siempre lo hacían en primera persona del plural, jamás se habrían referido al pueblo, desde afuera, jamás se referirían a sus compañeros como “ellos”.

   Sin embargo cuando Macri gana las elecciones y, en particular, ante la victoria de Vidal en la Provincia de Buenos Aires, aparecen las primeras manifestaciones insultantes o descalificatorias para los que hasta ayer eran compañeros, sectores de la sociedad cercanos o a los que se trataba de sumar a la fuerza política propia, así la clase media, a la que pertenecían los detractores, empieza a ser la “clase mierda”, los trabajadores que votaron al PRO, “desclasados”, traidores de clase, y todos en conjunto “estúpidos”, “ignorantes”, o que “tienen la cabeza quemada” y los sectores más pobres como “lúmpenes” o “marginales”, mas todos los agravios antes citados, los mayores de 60 años, a su vez, comenzaron a ser “viejos de mierda”, hasta se comenzó a cuestionar la democracia y el voto universal.

   Pero si esto fuera poco cuando las políticas conservadoras y antinacionales comenzaron a liquidar el valor de salarios y jubilaciones, a despedir trabajadores, etc. aparecieron los “que se jodan por votarlos”, “tienen que cagarse bien de hambre para aprender”, hasta comentarios tipo “Lo que me jode es que los que votamos bien, los que avisamos que esto iba a pasar tenemos que sufrir lo mismo que los burros, imbéciles, que votaron esto”.

   Aparece una nueva “vanguardia iluminada” que siempre tuvo todo claro, que no se considera como “parte”  del pueblo sino que desde su torre de marfil, desde su formación y capacidad política, expresan su resentimiento y enojo contra la masa que sin conciencia e ignorante no los escuchó, que no pudo, por mediocridad y su carácter de desclasados, comprender el mensaje que ellos trataron de “bajarle” para que defendieran las “conquistas” y derechos concedidos por sus líderes y que no fueron valorados.

   En este tiempo, donde la restauración conservadora es más cruel y colonial que nunca antes, ese mensaje se multiplica, se agudiza, es imposible hallar un solo dirigente o cuadro intermedio que arranque sus análisis diciendo “nosotros”, lo que inmediatamente lo depositaría en tierra, a la par, como uno más del conjunto del pueblo, y siguiera diciendo “nos equivocamos o erramos”, lo que inmediatamente significaría hacerse cargo de la dosis de responsabilidad en el supuesto error colectivo.

   Una conocida e importante dirigente cada vez que habla de los aciertos y avances logrados en su gestión habla de “nosotros” pero cuando tiene que señalar los errores (y horrores) cometidos lo encabeza como “El peronismo”, diluyendo la responsabilidad en el “vosotros” o el “ellos”. 

   Pido disculpas a los lectores por el uso y abuso de las comillas, pero lo hago cuando cito frases que he escuchado de muchos compañeros, se trata de conceptos o de citas textuales oídas de boca de dirigentes o cuadros intelectuales que se reconocen como peronistas.

   No puedo dejar de mencionar que después de 1955 Perón jamás cuestionó al pueblo peronista por no defender su gobierno, incluso con las armas, por no defender los “derechos adquiridos”, jamás se regodeó de los dolores y sufrimientos vividos por nuestro pueblo en los 18 años de proscripción, todo lo contrario, reflexionó sobre los errores de su gobierno (“Estuve rodeado de una sarta de arribistas y adulones”, dijo), asumiendo la propia responsabilidad por no haberlo advertido antes. A su regreso, preguntado por qué volvía, sabiendo que eso acortaría su vida, respondió “Porque me sentía en deuda con mi pueblo, tengo que retribuirle tanta lucha, sacrificios y fidelidad a lo largo de estos años”, jamás se le ocurrió denostar a los que fueron a la Plaza de Mayo a celebrar su derrocamiento, a los que votaron a otras fuerzas cuando el peronismo estaba proscripto, dijo “si no aprendimos, mejor que no volvamos al gobierno”.

    ¿Por qué nos cuesta tanto pensar en la responsabilidad que nos cabe en la desilusión, el hartazgo, la bronca, el rechazo que se extiende en amplios sectores populares cuando se habla de la dirigencia política, empresarial, sindical del peronismo de los últimos 35 años?, podríamos extenderlo a los representantes del periodismo, el poder judicial y la política de los demás partidos pero ninguno de ellos ha defraudado, ya que nunca el pueblo argentino depositó su confianza reiteradamente en ellos y se sintió defraudado con similar reiteración.

   Hoy los de más de 60 años se amparan en sus recuerdos de los años 70 y junto a los de más de 50, disfrutan de asistir a encuentros o charlas, los de esa edad que fueron funcionarios de Menem, se fueron al PRO, venden influencias en LLA o bien siguen en el peronismo pero ante la pregunta ¿hubo tanta corrupción en los 90?, responden “Y, sí” pero prefieren no seguir con el tema, ni hablar si la pregunta se hace sobre “La década ganada”.

   En el año 2006 se reeditó una homilía de Jorge Bergoglio, dada a conocer en 1991, bajo el título “Corrupción y Pecado”, es decir había sido escrita quince años antes, cuando Carlos Menem no llevaba aún dos años de gobierno, sin embargo cayó como un rayo en el gobierno y funcionarios cercanos muy cercanos a la más alta magistratura afirmaban “Es un misil contra nosotros”, el Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a ser visto como un enemigo político, ¿que decía ese texto para generar tanta conmoción?.

   “Una de las características del corrupto es un cierto complejo de incontestabilidad. Ante cualquier crítica se pone mal, descalifica a la persona o institución que la hace, procura descabezar toda autoridad moral que pueda cuestionarlo…no hay que confundir pecado con corrupción…Hoy día se habla bastante de corrupción, sobre todo en lo que concierne a la actividad política. En diversos ambientes sociales se denuncia el hecho, varios obispos han señalado la “crisis moral” por la que pasan muchas instituciones…y en algunos casos ante la impotencia de generar una solución a los problemas, el actuar del pueblo ha producido manifestaciones que orillean una nueva Fuenteovejuna…un corrupto de ambición de poder aparecerá a lo sumo con ribetes de cierta veleidad o superficialidad que lo lleva a cambiar de opinión o reacomodarse según las situaciones, entonces se dirá que es débil o acomodaticio o interesado, pero la llaga de la corrupción quedará escondida…para un veleidoso, una persona que procura tener claros los límites morales y no los negocia, es un fundamentalista, un cerrado, un anticuado, una persona que no está a la altura de los tiempos. Y aquí aparece otro rasgo típico del corrupto, la manera como se justifica”.

   Finalmente el detestado arzobispo y amado Papa, nos dice “Toda corrupción crece y, a la vez, se expresa en atmósferas de triunfalismo. El triunfalismo es el caldo de cultivo ideal de actitudes corruptas, pues la experiencia les dice que esas actitudes dan buenos resultados y así se siente en ganador”, claramente he elegido un viejo documento, de alguien que ha sido llorado a su muerte por muchos que en su momento, ofendidos por sentirse señalados por su prédica, no vacilaron en publicar o difundir las ignominias de un canalla como Verbitsky.

   Tanto en el capítulo anterior, como en éste, me he basado en documentos de quién fuera, más allá de su autoridad eclesiástica, el más profundo pensador de nuestra patria de los últimos 50 años porque claramente todo lo expuesto anteriormente, como el texto aquí resumido, no sólo retratan fielmente la realidad nacional de los momentos en que fueron escritos y de las primeras décadas de este siglo sino que mantienen una vigencia increíble, el comportamiento del actual presidente así como su furia y agresiones cuando se denuncia su corrupción, crueldad y entrega colonial, así lo demuestran.

   Sin embargo nacen dos dudas muy grandes en todo militante honesto, ¿1) Porqué los funcionarios peronistas de varios gobiernos del período analizado se sintieron señalados por estas homilías? y ¿2) Porqué la mayor parte de nuestro pueblo cree que ellos estuvieron involucrados en hechos de este tipo?

   Hace algunos años viajé a Brasil, eran tiempos de una feroz reacción conservadora contra el gobierno de Dilma Rousseff, la acusación de hechos de corrupción estaba en todos los medios, en una reunión con compañeros, preocupados y atemorizados, incluso, por lo salvaje y violento de las manifestaciones, les pregunté: los hechos de corrupción ¿son reales o inventados?. Luego de algunas cavilaciones me respondieron “Y sí, no todos, muchos son falsos, pero ha habido compañeros que seguros de la victoria e imbuidos de un excesivo triunfalismo se involucraron en negocios que no correspondían, algunos con altas responsabilidades y otros, muy jóvenes, que nunca habían imaginado posibilidades de enriquecimiento como las que se les ofrecían y se tentaron”, la prensa los había exagerado, incluso muchos los había inventado, pero la exhibición de riqueza y los notorios cambios de vida de muchos dirigentes eran inocultables.

   ¿No es hora de asumir que lo mismo ha pasado con el peronismo y con una cantidad importante de nuestra dirigencia desde la recuperación de la democracia?, que mientras crecía la pobreza, la exclusión, el descarte, se deterioraba la calidad del trabajo, de la educación, la salud y la seguridad a nuestro alrededor, han aparecido fortunas difíciles de explicar, mansiones en barrios cerrados,  ropa de moda, viajes de placer, “novias” o cuentas en paraísos fiscales que ocultan dineros no ganados con el sudor de la frente precisamente? ¿No estará esperando nuestro pueblo, no Ellos, un acto de contrición de todos nosotros, un pedido de perdón?

   En los últimos años muchos compatriotas han justificado su voto a los sectores o partidos, tradicionalmente vinculados al poder económico, con la frase “Ya tienen mucha plata, no necesitan robar”, claro que esto revela un error fatal, ignoran que la oligarquía y las burguesías de todo el mundo han amasado sus fortunas a partir del robo, en el capitalismo a partir de la apropiación de la plusvalía, o sea la diferencia entre la riqueza que genera el trabajador y lo que percibe a cambio como salario, en el caso de la oligarquía local a raíz de la apropiación de la renta diferencial nacida del valor que produce el monopolio de las tierras más feraces y el trabajo del conjunto de los argentinos, o sea, han hecho la plata robando y lo van a seguir haciendo porque eso forma parte de su naturaleza expropiatoria.

   Sin embargo ese error se sostiene debido a la explotación inteligente que el poder económico-mediático ha hecho de los casos de corrupción en que han estado involucrados decenas de funcionarios de los gobiernos peronistas, desde la recuperación de la democracia, y tengamos en cuenta que de 42 años hemos gobernado 28, o sea que, existe el lawfare y las fakenews, esto es cierto, tan cierto como muchas de las situaciones denunciadas.

   Bergoglio, como hemos dicho, diferencia el pecado de la corrupción, el pecado es el hecho aislado, puntual, la corrupción es la conducta habitual, el pecado cuando se hace sistema se transforma en corrupción. Cierto es que cuando accede a la función pública un compañero que siempre vivió de su trabajo y que, por lo general, pasó necesidades existen las tentaciones y muchas veces caen en la trampa que le tienden los que corrompen, pero esto se minimiza si la organización política no es corrupta, si sus dirigentes siguen viviendo en los mismos barrios, sus hijos yendo a las mismas escuelas, el problema nace cuando se admira el modo de vida de los poderosos, aunque en los discursos se los critique, en cuanto se mejora la situación económica se quiere ir a vivir a sus zonas de residencia, usar la misma ropa y autos, frecuentar los mismos lugares, eso no se alcanza o se perpetúa con el mejor salario de ser presidente, diputado, senador, intendente o concejal, entonces hay que sumarse o generar un sistema que asegure no volver a pasar necesidades, hoy en día ya se quiere lograrlo no sólo para el dirigente sino para varias generaciones de descendientes.

   Insisto con referirme a los años de esta democracia porque es un fenómeno que antes era ocasional, raro, dirigentes como Perón, Cámpora, la propia Isabel Perón, Balbín, Illia, Alende, etc., no eran gente de fortuna ni la hicieron en su paso por la función pública, existían los sobornos, claro, recordemos el affaire de la carne que le costó la vida a Bordabehere, o el de la Chade, pero no se trataba que la corrupción fuera un sistema que financiara a toda la política y a gran parte de los políticos, eso comenzó en 1983 y se consolidó en los 90, es un fenómeno que caracteriza a gran parte de América Latina y tiene que ver con la aparición del neoliberalismo y el poder del nudo mismo del saqueo y la corrupción, los bancos y el sistema financiero.

   ¿Por qué asombraba a tantos periodistas, dirigentes, analistas y gente común que el Pepe Mujica viviera en su granja, modestamente y encima fuera feliz?, ¿porque tenemos tan incorporado que hay que subir en la escala social a cualquier costo? “hacer guita”, ¿porque reemplazamos el prestigio por la fama, el buen nombre por lo mediático, la conciencia por el hedonismo, el bienestar por el consumismo, la integridad por la viveza? Cuando los verdaderos “ELLOS” toman el poder se dedican a ajustar los resortes para consolidar su poder y fortuna, me pregunto ¿Cuándo abandonamos la idea de conquistar el poder para construir una comunidad más justa, más solidaria, donde existe la justicia social y el trabajo sea la única forma de alcanzar el bienestar para TODOS, y la reemplazamos por ser parte del sistema, integrarnos como “clase política”, al modelo colonial, cuando el “Vamos a estar poco y queremos robar mucho” reemplazó a las 20 verdades peronistas?

   Lejos estoy de pretender establecer un decálogo moralista, pero si asumimos que estas décadas de malas prácticas y exhibicionismo obsceno, sumadas al abandono de principios doctrinarios y valores que provienen de nuestra identidad como pueblo y con el agregado de pésima calidad de gestión en nuestro último gobierno, tienen que ver con que muchos de los nuestros, de nosotros, hayan votado a un psicótico y corrupto, rodeado de ladrones para que “rompiera todo, que hayan sentido que ese “Todo” del sistema democrático no sólo no le había ofrecido una esperanza, una realidad mejor, superadora, sino que, como mínimo, para un tercio de los argentinos todo siguió igual de mal o haya empeorado, para otro tercio hubo un retroceso, un empeoramiento de su situación, y que en el único tercio beneficiado está gran parte de la dirigencia argentina de todo pelaje y color, vamos a comprobar que el voto que hemos perdido no es por “lúmpenes”, “traidores”, “ignorantes” “embrutecidos”, “necios”, a los que encima descalificamos como “ELLOS”, sino por el fracaso, la defección, la venalidad o incapacidad de los que se supone nos representan a “TODOS NOSOTROS”.

   Por eso, a partir del diálogo fraterno pero autocrítico, junto a toda la militancia, solo quedarán afuera las “orgas” y los que quieran venir de nuevo a exhibir dotes de gurúes o pretendan nuevos escenarios para los discursos de siempre, hay que salir a la calle, a todas las calles, barrios, escuelas, universidades, a abrazar a los más humildes, a las víctimas de una dirigencia que asumió la exclusión, el descarte, como un daño colateral del nuevo paradigma del capitalismo mundial y por ende insoluble, a los que se salieron del “ágora” y no quieren ni hablar de política e incluso no van ni a votar, a los que no les interesa estudiar porque ya no creen que haya mecanismos de ascenso social salvo la delincuencia, el juego, el deporte o la prostitución, pero a ESCUCHAR, sepultar para siempre lo de “Bajar Línea” o “Bajar a los barrios”, restaurar la fe de los que nos siguen votando, pese a todo y recuperar la confianza de los demás.

   Esto requiere una nueva generación de predicadores, dirigentes intermedios que han denunciado el camino tomado, que han seguido hablando y trabajando, que los hay y muchos, organización, organización y más organización, fortaleciendo las que ya existen, creándolas donde no las hay, construyendo propuestas para superar los viejos problemas y pidiendo ayuda para elaborar respuestas a los nuevos desafíos, sobriedad en los dirigentes, organizaciones fuertes, respuestas claras a los cuestionamientos de nuestros hermanos en la patria y propuestas serias a las demandas de la hora, no hace falta demasiada “ciencia política” hace falta más honestidad, seriedad, vocación y rebeldía, pero sobre todo abandonar para siempre los fraccionalismos y la soberbia, el egoísmo y la autoindulgencia, el asumirnos como parte de un “Nosotros”, que es el conjunto del pueblo, del que venimos y formamos parte definitivamente.

   Como en “El Eternauta” dejemos el “Ellos” para los enemigos de la grandeza de la Nación y de la felicidad del pueblo, pero, como decía Perón, sobre todo, de la felicidad del pueblo, porque si hay que elegir entre ambos conceptos, elegimos un pueblo feliz en un país pequeño a un país grande con un pueblo desdichado.

UN ESTADO NACIONAL AUSENTE EN EL MUNDO DEL TRABAJO ¿VIVA LA LIBERTAD LABORAL?

La hoy Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social – actualmente dependiente del Ministerio de Capital Humano- cumple una tarea clave en la mediación entre el Capital y el Trabajo. Es una función que históricamente ha ejercido el Poder Ejecutivo Nacional y que hace unos 80 años viene profundizando y profesionalizando su funcionamiento. Veamos brevemente su historia.

En 1907 se crea el Departamento Nacional del Trabajo, bajo el Ministerio del Interior, como un órgano consultivo y estadístico para estudiar los problemas del mundo del trabajo. Con la función de recolectar datos y mediar en conflictos laborales, ante el avance del movimiento obrero, el Estado comienza a intervenir más activamente en estas cuestiones.

En 1943, se transforma en Secretaría de Trabajo y Previsión, para en 1949, pasar a ser elevado a Ministerio de Trabajo y Previsión. Se producen una serie de transformaciones laborales, incorporando a la agenda cuestiones tales como las Jubilaciones y Pensiones, Derechos Sindicales, el Aguinaldo, el Estatuto del Peón Rural, entre otras.

Desde ese entonces hasta la actualidad, se establece el Ministerio de Trabajo como el actor principal para mediar y armonizar la interacción entre el Capital y el Trabajo. Se fortalecen las relaciones con las organizaciones obreras y cámaras empresarias y se van incorporando cuestiones más recientes, tales como la intervención del Estado en materia de empleabilidad de las personas.

Es importante destacar que este proceso de avance en las competencias de nuestro organismo, continuo y cada vez más profundo y profesional, sólo se vio interrumpido durante la última dictadura cívico –militar. 

Características de sus trabajadores y trabajadoras

La Secretaría hoy atiende múltiples cuestiones, complejas y diversificadas, que son parte de la vida laboral de todos los argentinos y que abordaremos más adelante. Para ello, cuenta con una eficiente y dedicada dotación que posee con sobrada capacitación para llevar a cabo sus funciones. Es importante hacer algunas consideraciones al respecto, especialmente en un contexto donde se hace una constante crítica a los trabajadores públicos.

A fines del 2024, el Estado Nacional puso en duda las capacidades de los agentes contratados. Para ello, estableció un sistema de evaluación de competencias transversales. El porcentaje aprobación en nuestro organismo rondó el 98%. Esto demostró, una vez más, que la competencia no es un problema que tengan nuestros compañeros, ni la APN en general (tuvo un porcentaje similar).

En este mismo sentido, es imprescindible agregar otra cuestión. Trabajo es un organismo con un saber técnico específico y sus trabajadores están a la altura: el 50% de ellos tiene formación terciaria y/o universitaria atinente a sus funciones. Esto, sin lugar a dudas habla de la profesionalización de los agentes que día a día se desempeñan en esta Secretaría.

Desde diciembre de 2023, a causa de la no renovación de contratos, despidos y renuncias, se ha visto reducida la planta de nuestro organismo. Esto significa la pérdida de saberes, de muchos años de servicio, que impactan directa y negativamente en la capacidad de respuesta del Estado a sus conciudadanos.

A esta situación, se agrega la constante amenaza de la llegada de la motosierra con la pérdida, no sólo de áreas, sino también de funciones. ¿Qué tareas realiza esta Secretaría? ¿Qué sucedería si deja de existir? Veamos a grandes rasgos:

Desregulación del mercado laboral

¿Qué hace hoy? 

La Secretaría dicta normas laborales, supervisa su cumplimiento y actúa como autoridad de aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo.

¿Qué pasaría?

 Se perdería la capacidad institucional de fiscalizar abusos laborales (trabajo no registrado, sueldos por debajo del mínimo, malas condiciones laborales).

 Aumentarían los conflictos laborales sin resolver por falta de mediación y conciliación.

 Los empleadores podrían actuar con mayor discrecionalidad, incrementándose la precarización y los riesgos laborales.

Desaparición de políticas de empleo y formación

¿Qué hace hoy?

Implementa programas de Empleo con el fin de capacitar a los trabajadores desocupados, teniendo en cuenta la demanda del mercado laboral, como así también mediar y asistir a las personas que buscan construir o reformular su perfil laboral para así insertarse.

¿Qué pasaría?

 Se perderían herramientas para incluir a poblaciones vulnerables.

 La reconversión laboral se tornaría imposible o perdería sustento frente a cambios tecnológicos o situaciones de crisis.

 Se frenaría el monitoreo del mercado laboral (observatorios, estadísticas, diagnósticos).

 No habría una política de formación que acerque los saberes demandados y los ofertados en el mercado de trabajo.

 Habría un retroceso en materia de intermediación laboral, dejando el espacio sólo a actores privados, quienes orientan sus acciones sólo a perfiles de pronta reinserción, quedando al margen las poblaciones vulnerables o con peores condiciones de empleabilidad. 

Aumento del trabajo informal

¿Qué hace hoy?

Coordina con ARCA (AFIP) y otros organismos la inspección laboral y combate al trabajo no registrado (en negro).

¿Qué pasaría?

 Sin fiscalización efectiva, se dispararía el empleo informal.

 Las PyMEs y empleadores informales operarían sin incentivos para regularizar.

 Caería la recaudación, ante la no ejecución de las multas.

 Además, con el aumento de trabajadores no registrados caería proporcionalmente los aportantes a la seguridad social, lo que significaría que se resentiría –aún más- el sistema de jubilaciones y pensiones. Todo esto, profundizado por un contexto de falta de políticas económicas que estimulen la producción y el crecimiento.

Colapso en la resolución de conflictos laborales

¿Qué hace hoy?

Es sede de la Conciliación Obligatoria, audiencias sindicales, registro de gremios, paritarias y convenios colectivos.

¿Qué pasaría?

 No habría mediación institucional entre empresas y sindicatos.

 Se judicializarían conflictos, demorando soluciones.

 El sistema de paritarias perdería formalidad y transparencia. 

Crisis sindical y de representación

¿Qué hace hoy?

 Regula, fiscaliza y registra a gremios y asociaciones profesionales.

 Garantiza el ejercicio del derecho a huelga y la libertad sindical.

¿Qué pasaría?
 Se abriría la puerta a conflictos entre sindicatos por representatividad.

 Posible avance de sindicatos no reconocidos o sin estructura.

 Menor capacidad de representación de los trabajadores ante empleadores o el Estado, debilitando el equilibrio de intereses entre el capital y el trabajo.

Ausencia de información oficial del empleo

¿Qué hace hoy?

Produce estadísticas como:

 Encuestas de Indicadores Laborales (EIL)

 Datos sobre empleo registrado

 Boletines del mercado de trabajo.

¿Qué pasaría?

 El Estado perdería su capacidad de medir el empleo formal, informal y precarizado.

 Las políticas públicas perdería tanto eficacia como eficiencia. La información es un insumo clave a la hora de poder diseñar políticas públicas que den una respuesta adecuada a la problemática que la originó. 

En definitiva, si el Estado se retira de sus funciones actuales en materia de trabajo y empleo sólo habría un impacto negativo en múltiples facetas de la vida de todos los argentinos. Aunque algunos de sus programas o funciones puedan trasladarse a otras áreas, sin una autoridad central y especializada, los derechos laborales, el empleo formal y la negociación colectiva entrarían en una fase de debilitamiento estructural. En ese sentido, sin una presencia estatal que las regule, las relaciones laborales quedarían reducidas en un mero acuerdo entre privados, con una enorme disparidad de poder de negociación entre las partes actuantes. Esto, en materia de derechos nos retrotraería a principios de siglo pasado, además de alejarnos de los consensos y organismos internacionales que rigen la materia.

Que no te engañen: la tan mentada libertad, sólo será buena para unos pocos vivos. La retirada del Estado sobre el mercado de trabajo, y sobre cualquier otra área de la vida social, es perjudicial para la inmensa mayoría del pueblo trabajador argentino.

Sin Estado no hay Nación. Sin Trabajadores no hay Estado. 

El sindicalismo sigue de pie

Por Gustavo Terzaga*

El sindicalismo sigue de pie. A 56 años del Cordobazo, ese alzamiento obrero/estudiantil que desbordó los márgenes y cambió el rumbo de la historia política nacional, el clima de época actual se ensombrece y nos devuelve un espejo incómodo.

En medio del vendaval económico, social y político que sacude a la Argentina, algo resiste, se planta y se expresa con claridad: el movimiento sindical. Mientras el gobierno nacional aplica un modelo de ajuste brutal, traslada el costo de la crisis a los sectores más vulnerables y degrada lo público con la lógica del desguace, en Córdoba -provincia con ADN de lucha obrera- los gremios sostienen con su cuerpo la defensa de los intereses vitales del colectivo trabajador.

Empleados judiciales realizaron paros de 72 horas reclamando una equiparación salarial con la Justicia Federal que hace años les corresponde. El SUOEM tomó las calles de la ciudad y realizó un abrazo simbólico al Palacio Municipal 9 de julio, exigiendo condiciones salariales dignas. En paralelo, trabajadores y trabajadoras de la salud preparan marchas masivas para denunciar despidos y precarización. Los jubilados, cada miércoles, marchan al centro de la ciudad capital pidiendo aumentos acordes a una inflación devastadora. Los obreros de FAdeA se declararon en paro, reclamando condiciones laborales dignas en una empresa estratégica. Y en Río Cuarto, se multiplican las manifestaciones en defensa de las personas con discapacidad, cuyos prestadores cobran con cuatro meses de atraso. Todos los gremios de todos los rubros están en alerta, movilizando, luchando, porque el castigo es transversal y no esquiva a nadie.

Esta enumeración de conflictos no es una mera cronología de protestas, sino el mapa vivo de una resistencia fragmentada pero persistente. El sindicalismo, aún con contradicciones y muchas limitaciones, es hoy el principal sostén del drama económico, social y laboral que atraviesa al país. Es el único actor capaz de contener y pelear para ponerle freno al atropello neoliberal-libertario desde una lógica colectiva.

Lo más grave de esta crisis no es solo la destrucción de derechos y que no alcance el mango para morfar, sino el intento de vaciamiento cultural que la acompaña. Existe una percepción equivocada, falsa, deliberadamente instalada en la psiquis colectiva, que moldea el «clima de época» y condiciona la acción política del campo popular. Hoy, el sentido común dominante en amplios sectores sociales traduce el desastre económico en términos de “castigo merecido”. Se lo adjudica a “los planeros”, a los sindicatos “mafiosos y clientelares”, a los jubilados que “no aportaron”, a los estatales “ñoquis”, al «Estado elefantiásico» o al kirchnerismo, ya fuera del poder, pero presentado como el culpable eterno de todos los males.

Ese relato no sólo es simplista, es eficaz. Exonera a los verdaderos responsables del saqueo, corre el eje del señalamiento y, en el interín, naturaliza la transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados y transforma los derechos populares en privilegios inadmisibles. No surge de la nada. Es el producto de una pedagogía social neoliberal inversa, sostenida durante años por grandes medios, editorialistas, comunicadores y escribas del poder económico. Esa pedagogía logró que los privilegios de las elites se perciban como derechos adquiridos, y los derechos de los de abajo como un gasto a eliminar.

Por eso, una de las principales tareas políticas del presente es disputar el sentido. Desmontar esa falsa moral de época con una contra-pedagogía clara, aguda, sin complacencias, nacional.

Todos los sectores están siendo víctimas del ajuste, aunque aún no lo reconozcan políticamente, si se quiere. La pedagogía política debe partir de lo concreto: del sueldo que no alcanza, del drama del hospital que no atiende, del trabajo que se pierde, del alquiler impagable, del tarifazo cotidiano. Solo desde ahí es posible desmontar la idea de que el problema son los de abajo y evitar la lógica de la grieta que enfrenta argentinos contra argentinos para quebrar el valor estratégico de la solidaridad. Y construir una verdad distinta, que la única salida será colectiva, de base, organizada, solidaria.

El Cordobazo no fue sólo una gesta obrera, fue el resultado de un momento histórico en el que el pueblo no encontró cauce institucional para expresar su descontento. Hoy no hay un estallido, pero sí hay malestar, indignidad, precariedad, rabia contenida, incertidumbre y mucha desorientación. La pregunta no es si habrá una nueva irrupción popular, sino quién conducirá esa energía. Porque si la política no lo hace, lo hará el caos. Y, a río revuelto, ya sabemos quién gana.

Y aquí emerge, como una sombra pesada sobre todo el drama nacional, la ausencia de una conducción nacional clara, lúcida, estable con la realidad, y decidida. La vieja rosca palaciega y de pasillos de institutos, que alguna vez articuló intereses para gobernar, hoy se volvió una rueda de hámster: gira y gira sobre sí misma, pero no va a ninguna parte.

El peronismo, Cristina como presidenta del PJ nacional, haría bien en advertir que su conducta actual no es neutral, sino que termina facilitando el avance del despojo nacional. No estamos ante una situación que reclame discursos ilustrados o debates académicos, sino ante la necesidad urgente de que el peronismo vuelva a encarnar con firmeza la representación concreta de la clase trabajadora, que históricamente constituyó su columna vertebral. Aunque de la mano de CFK, eso jamás va a ocurrir.

Mientras los de abajo se organizan para no caer, los dirigentes de arriba se entretienen en internas perjudiciales, en debates de cartel, condicionamientos y reparto de ruinas. El internismo se volvió un sustituto melancólico y dañino de la estrategia. La disputa de cargos reemplazó la batalla de ideas, la calle política y el puente con las grandes mayorías populares. Es la tragedia de una dirigencia que, en vez de estar a la altura del pueblo que sufre y aguanta, sigue buscando en el espejo el rostro perdido del poder.

Por eso, frente al silencio cómplice de muchos dirigentes, el sindicalismo aparece como una brújula. Aún golpeado, sigue en pie. Aún disperso y debilitado, sostiene lo que queda. Si alguna esperanza política queda en este momento oscuro, vendrá de su mano, porque allí donde se organiza el trabajo, se organiza también la dignidad. Y donde hay dignidad organizada, hay materia prima para construir futuro.

* Presidente de la Comisión de Desarrollo Cultural e Histórico ARTURO JAURETCHE de la Ciudad de Río Cuarto, Córdoba

¿Cómo pudimos llegar a esta situación? Parte 7

Por Omar Auton

Organizaciones libres del pueblo y CGT (parte II)

   En el capítulo anterior llegamos hasta la retirada de la dictadura y el regreso de la democracia, y hablo de “retirada” porque en esta oportunidad la dictadura criminal, en sus siete años de duración había logrado producir cambios tan profundos en la sociedad argentina que hasta Martínez de Hoz, ante la victoria, inesperada, de Raúl Alfonsín en las elecciones de Octubre de 1983, se permitió afirmar que esto había ocurrido “Gracias al éxito del Proceso de Reorganización Nacional”.

   Hasta 1976 la República Argentina era un país con un poderoso sector industrial, que aportaba el 33% del PBI, era moderno, es falso cuando aún se sostiene que lo que había hecho una crisis era la economía de sustitución de importaciones, el país no solo había reemplazado manufacturas externas sino que había desarrollado sectores de alto contenido tecnológico y exportaba no sólo productos primarios o agroindustria sino productos industriales.

   Ello tenía como contrapartida un mercado interno, pequeño pero importante, y una gran clase media, en términos de poder adquisitivo, fruto de un sindicalismo muy fuerte, altas tasas de afiliación y muy dinámico. No había trabajo precario o era mínimo, la pobreza no superaba el 5% de la población, la desocupación era del 4%, más allá de la crisis política del gobierno de Isabel, la economía nacional no afrontaba problemas estructurales.

   La dictadura fue, con Martínez de Hoz a la cabeza, quién vino a cambiar de cuajo el modelo de matriz industrial y con ella surge el modelo de capitalismo financiero que había comenzado a crecer a partir de la crisis del petróleo de 1974, en todo el mundo.

   La apertura indiscriminada de importaciones industriales que ingresaba libre de impuestos y muchas veces a precio de “dumping” ya que tenían subsidios directos o indirectos en sus países, llevó a la quiebra a las pequeñas y medianas empresas locales, que no tenían beneficios impositivos ni subsidios. Asimismo muchas empresas grandes o transnacionales se fueron del país ya que les convenía dejar su franquicia a algunos empresarios locales que echaron a sus empleados, vendieron las máquinas y convirtieron los galpones en acopiadores de importaciones, así nace, por ejemplo Sevel con la franquicia de Fiat y Peugeot.

   Miles de trabajadores son despedidos o pierden su empleo ante el cierre de sus empleadores, nacen los remises, las agencias de PRODE, los tallercitos de barrio, el empleo informal o “en negro” comienza a crecer aceleradamente, cae el empleo formal y la afiliación sindical y crece la pobreza que en 1983 ya era del 30% y el endeudamiento externo que pasa de 8.000 millones en 1976 a 45.000 millones en 1983.

   El sindicalismo no sólo se encontró con ese fenómeno sino con sus organizaciones saqueadas y quebradas por las intervenciones militares, que continuaron varios meses en democracia hasta que aparecieron las Comisiones Normalizadoras,  muchos de sus dirigentes seguían presos y se había perdido una generación entera de militantes y activistas entre muertos, desaparecidos, despedidos y muchos que habían abandonado la actividad en los años de plomo.

   Muchos hablaban de la necesidad una “renovación dirigencial”, como si un auténtico dirigente saliera de un huevo o de una cátedra universitaria, un trabajador necesita dos o tres años desde su ingreso para conocer la actividad y ganarse el respaldo de sus compañeros para ser electo delegado, luego cuatro o cinco para llegar a la comisión directiva y comenzar un nuevo proceso de aprendizaje, hasta ahí conocía cómo era la vida laboral en una fábrica, comercio u oficina, ahora tiene que conocer cómo es esa actividad en todo el país, antes hablaba con un empresario, ahora con la cámara de la actividad del país, es un verdadero “cursus honorem”, un aprendizaje empírico que no puede ser reemplazado.

   Hacía casi ocho años que no solo no había nuevas generaciones incorporadas al trabajo sino que las viejas perdían sus empleos, el terror aún anidaba en el alma de las familias argentinas, si un joven hablaba de meterse en el sindicato o en política recibía el cuestionamiento de todos sus familiares y amigos “Dejate de joder, no viste los que les pasó a los que se metieron” y ni hablar si lo hacía quién ya había vivido la experiencia de la represión o el despido.

   A mediados de los 90, me tocó escucharlo de una compañera, había convocado a una jornada de formación, desde mi secretaria en el sindicato, y una joven, Licenciada en Ciencias políticas, ingresando al predio, me dijo “Omar te cuento que yo no dije en mi casa que venía a una actividad sindical, para que no se asusten” y esto provenía de una profesional universitaria y a más de diez años de finalizada la dictadura.

   Es necesario reconocer esta realidad para comprender el cambio que se produjo en el sindicalismo, si bien en 1983 el Justicialismo elige sus autoridades luego de la proscripción y en ellas estaban compañeros como Lorenzo Miguel, Carmelo Amerise o Herminio Iglesias que provenían del sindicalismo y habían sido presos o enfrentado a la dictadura, y en las listas para el parlamento había un tercio de candidatos provenientes del movimiento obrero (35 se incorporaron al Congreso Nacional) la derrota a manos de Alfonsín los transformó en culpables de la derrota.

    Pese a sus notorios vínculos con los militares durante los siete años del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional y que su partido fue socio, con intendentes, asesores y funcionarios, lanzó como eje de su campaña que había un “Pacto militar-sindical” y transformó al sindicalismo en el enemigo a vencer si se quería alcanzar la democracia.

   Los sectores políticos del Justicialismo que, salvo honrosas excepciones, habían permanecido “bajo la cama”, rápidamente culparon a la “burocracia sindical” de la derrota electoral y crearon el anatema de “Mariscales de la Derrota” hacia el sindicalismo, pivoteando en Herminio Iglesias, por la derrota en la provincia de Buenos Aires y en Lorenzo Miguel como jefe de las 62 Organizaciones.

   Si bien en la autodenominada “Renovación Peronista” militaban compañeros como Antonio Cafiero o Carlos Menem (hasta ese momento era impensable su giro posterior) que habían sufrido cárcel durante la dictadura, también aparecían paradójicamente representando al sindicalismo dirigentes como Triacca y Baldassini que habían sido figuras principales del “participacionismo” con los militares.

   A poco de asumir el gobierno Alfonsín junto a notorios gorilas y que exhibían un odio visceral hacia el sindicalismo como Germán López, Roque Carranza (uno de los responsables del ataque terrorista con bombas a un acto del peronismo en Plaza de mayo el 15 de abril de 1953 que dejó seis muertos y varios heridos) y  Antonio Mucci un ex dirigente socialista de los 32 Gremios Democráticos (expresión antiperonista opositora a las 62 Organizaciones) eligió como enemigo al movimiento obrero, una semana después de asumir envía al Congreso, un proyecto de Ley de Reordenamiento Sindical que iba contra el corazón del modelo sindical al imponer el acceso de las minorías a la conducción del gremio (Hasta ese momento la conformación de los órganos de conducción se establecía en los estatutos de cada organización), eliminar la antigüedad mínima de tres años para ser candidato, reducía el mandato a tres años y permitía solamente una reelección, desde allí hasta hoy día siguen insistiendo con la misma obsesión, revelando su profundo odio antipopular.

   En enero de 1984 se unificó la CGT con cuatro secretarios generales, dos por el sector de la CGT Brasil (Ubaldini y Borda) y dos por el lado del sector “participacionista” (Triacca y Baldassini), la respuesta del gobierno fue la intervención, en el mes de marzo, de Foetra (telefónicos), Federación del papel y SUPE (petroleros).

   El proyecto oficial fue aprobado en Diputados pese a las movilizaciones sindicales frente al Congreso pero en el Senado fue derrotado por 2 votos (uno del Movimiento Popular Neuquino y otro del MID formoseño), la ceguera y el sesgo fuertemente antisindical y antiperonista del gobierno lo llevaron a su primera derrota parlamentaria a menos de tres meses de haber asumido.

   Mucho podríamos hablar de esos años, de los 13 paros generales “injustificados”, pese al fracaso del Plan Austral, del cambio de moneda, del Plan Primavera, de la hiperinflación, del aumento de la pobreza, de los saqueos, de la estrepitosa caída de la autoridad presidencial, pero quiero detenerme en un aspecto que va a marcar las próximas décadas.

   El peronismo tardó mucho en recuperar cierta organicidad, en ser un verdadero partido de oposición, golpeado por la derrota del 1983, fracturado entre ortodoxos y renovadores, y, fundamentalmente en un giro interno en su definición ideológica que es el que se consolida en los 90 con Menem, dejó a la CGT como única expresión de oposición al gobierno, en principio porque el gobierno lo eligió como enemigo a destruir, como ya vimos, querían vengar una supuesta complicidad con los militares en el golpe contra Illia, ocultando la ilegitimidad intrínseca de ese gobierno, electo por la proscripción de Perón y el peronismo, luego porque desde 1985 comenzó una crisis económica (en ese año Alfonsín anuncia una “Economía de Guerra”) que agudizó la caída salarial, la pobreza, la pérdida de empleos y el mantenimiento de la suspensión de las discusiones paritarias que había establecido la dictadura, lo que provocó un auge de la conflictividad sindical.

   El sindicalismo argentino desde 1945 no se concibió como un grupo de presión o de interés sectorial, convencido de aquello que “nadie se realiza en un país que no se realiza” comprendió rápidamente que el destino de los trabajadores estaba atado al modelo de país, año tras año fue viendo como el crecimiento económico, el aumento de la producción, en un modelo peronista significaba  mayor inclusión social, acceso a la educación, la salud, la calidad de vida en general, sin dejar de ser trabajadores, desde un punto de vista de la forma de vida y expectativas de futuro se percibe como clase media, ya no por ser los hijos privilegiados de “M´hijo el Dotor” de Florencio Sánchez, sino porque el trabajo le permitía alcanzar un nivel de vida que antes de 1945 estaba limitado a un sector pequeño de las grandes ciudades de la Argentina oligárquica.

Convencidos también que sólo se concebía una clase de argentinos “los que trabajan”, el almacenero, el verdulero, el dueño de un bazar, la modista, el pequeño y mediano empresario que concurría todos los días a su empresa y conocía al dedillo las máquinas que se usaban, eran trabajadores y el movimiento obrero organizado debía asumir su defensa igual que la del asalariado.

   Por ende, hacía suyos los reclamos por acceso al crédito, protección arancelaria, defensa ante la competencia externa, impulso a exportar y ganar mercados, diversificación de la producción y aumento de la industrialización local de los productos primarios, para incrementar su valor agregado. Cuando los gobiernos se desentendían de esto o, por improvisación o mala fe, avanzaban contra esto, la CGT asumía su defensa, desde los programas de La Falda y Huerta Grande hasta los 26 puntos de la CGT en 1985 o la “Agenda para un nuevo Contrato Social” del 2024, tienen este contenido.

    Sin embargo a partir de 1986 comenzó a abrirse una grieta entre el movimiento sindical y las estructuras políticas del peronismo, el giro “modernizador” de la renovación afirmaba que los sindicalistas eran “mal vistos” por la sociedad, que los sectores medios rechazaban a “los morochos con campera de cuero” y que había que olvidarse del 30% de candidatos en las listas, si en 1983 ingresaron 35 dirigentes al Congreso hoy en día pueden contarse con los dedos de una mano y todos ellos llegaron por cercanía a alguna fracción partidaria no por representación orgánica del movimiento obrero.

   Esto coincidió con cierto rechazo a la alta exposición que producía ser la contracara de un gobierno, los sectores más tradicionales del sindicalismo le cuestionaron a Saúl Ubaldini el rol que había asumido la CGT, y si bien no se llegó a la fractura la distancia era visible. Surgió el concepto de “tenemos que replegarnos a los sectores y defender nuestros espacios naturales” dicho en criollo, “dejemos la política a los políticos y cuidemos nuestras quintas”, esto se enmarcaba, además, en un fuerte avance neoliberal que desde los sectores del capital concentrado presionaba por reformas laborales, limitar el derecho de huelga, apertura económica, privatización de empresas del Estado, reducción de “costos laborales”, etc. Lo que no se advirtió fue que la representación política del peronismo era cada vez más permeable a estos reclamos, bajo la consigna “El mundo ha cambiado, nosotros tenemos que cambiar”, las camperas de cuero en el parlamento comenzaron a ser reemplazadas por trajes de Armani o Hugo Boss, corbatas de seda y Perón por Toffler o Peter Drucker.

   El sindicalismo advirtió que se quedaba solo, la mayor parte del empresariado industrial local había cerrado, luchaba a duras penas por sobrevivir o vendía sus empresas, los comercios se llenaban de productos importados e incluso muchos sectores medios, hijos de trabajadores que habían llegado a ser profesionales gracias al país próspero del peronismo marchaban deslumbrados por el vellocino de oro del “Fin de la historia”.

   Al mirar a su alrededor veían caer el número de afiliados por todo lo expuesto con anterioridad, las obras sociales comenzaban a ser deficitarias ante la caída de aportantes y del valor del salario, comenzó una lucha por apropiarse de sectores de otras actividades (Smata vs UOM, Camioneros vs Comercio) o donde había más de un gremio en la misma actividad por “sacarle” afiliados al otro (UPCN vs ATE), el país se achicaba en el lecho de Procusto del neoliberalismo que se extendía por el planeta luego de la caída de la URSS, se achicaba la actividad económica, crecía el trabajo precario, el salario era la variable de ajuste de todos los planes de estabilización, la dirigencia peronista parecía haber olvidado la doctrina o la había tirado al desván de los recuerdos y la dirigencia política, en general comenzaba a constituirse en una “casta” endogámica, la política misma dejaba de ser un instrumento para el bien común y se transformaba en una “caja” desde donde comprar voluntades y lealtades, generar negocios, muchas veces millonarios, el clientelismo y el comercio de adhesiones se extendía a los referentes y agrupaciones.

    El menemismo fue todo esto llevado al paroxismo, si bien hay que reconocer que Menem logró recuperar la autoridad presidencial e intentó transitar, al comienzo de su primer gobierno, un camino menos salvaje, ante el fracaso del plan de Bunge y Born, la corrida bancaria de 1990, y el rebrote inflacionario, convocó a Domingo Cavallo, aceptó las recetas del Banco Mundial y con la Convertibilidad logró una estabilidad que aún al costo de mayor desindustrialización, aumento de la desocupación (en 1999 llegó casi al 20%) y la pobreza y un plan de privatizaciones que desguazó las empresas estatales, las vendió o cerró directamente, además de alta corrupción que enriqueció a funcionarios y a los “liquidadores” de esas empresas, permitió una estabilidad monetaria que duró una década.

    En este período el movimiento obrero se dividió, apareciendo tres sectores de los clásicos y un nuevo fenómeno:

1)Los gremios industriales (Smata, UOM, Textiles, Azucareros) que se opusieron al gobierno desde un principio.

2)Los gremios de servicios (Sanidad, Comercio, Gastronómicos, Seguros, Bancarios) que crecieron ante el auge de esta actividad y apoyaron al gobierno o permanecieron al margen de los conflictos.

3)Los gremios estatales, que no fueron afectados por el desguace (UPCN, Pecifa; Apinta, Aefip) que apoyaron al gobierno o fueron neutrales, los de empresas (Luz y Fuerza, Unión Ferroviaria, Foetra, Aeronáuticos, Petroleros) que acompañaron las privatizaciones y se incorporaron a los Programas de Propiedad Participada (PPP) o trataron infructuosamente de evitarlas

   El nuevo sector que emerge en los 90 es el de las organizaciones de trabajadores despedidos o precarizados que empiezan a manifestarse, en muchos casos con apoyos de las poblaciones más afectadas por las privatizaciones, especialmente del petróleo y los ferrocarriles, se autodenominaron “Piqueteros” y fueron el germen de los movimientos sociales que crecieron a partir del 2001.

    Paralelamente algunos gremios (ATE, Docentes, y agrupaciones disidentes de gremios de la CGT) conformaron la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos) de escaso peso cuantitativo dentro del movimiento obrero o que nunca habían querido ser parte de la CGT como los docentes.

   No obstante estas diferencias a los que siguen diciendo “A Menem no le hicieron paros generales” les recuerdo que se hicieron 8, cuatro en el primer gobierno y cuatro en el segundo.

   El siglo XXI nos halló a todos en medio de un estallido social que expresaba la crisis profunda del sistema democrático tal como fue recuperado, el cántico “Que se vayan todos” fue un aviso, en términos de lucha callejera, del hartazgo, la desilusión, la bronca del pueblo en su conjunto frente a una democracia que no había cumplido la promesa que con ella “se curaba, se comía y se educaba” el sindicalismo, se debía un debate profundo acerca de esos años. 

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